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Para todos los públicos Libros con Uasabi  - 25/06/17 - ver ahora
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"Si haces lo que te dicen los mayores

que no se puede hacer, verás que es posible hacerlo".

Thoreau, citado por Iñaki Uriarte en sus "Diarios".

Parafraseo:

"Si escribes lo que la gente te dice que no debes escribir,

verás que es posible hacerlo y habrás dado el primer paso

para ser un buen escritor".

Seguro que alguien le dijo a Toni Montesinos

que no se embarcara en la heroica tarea

de escribir este libro de más de 500 páginas

dedicado, precisamente, a Thoreau.

"El triunfo de los principios". Ariel.

Falta nos hacen. Los principios, digo, y libros así.

Tarea heroica, dije. Honor y fuerza, Toni.

Comienza...

Todo está en los libros,

Todo está en los libros,

Todo, todo, todo está en los libros.

Otra cita de Thoreau.

Está en la contraportada del libro de Montesinos.

"Cómo vivir, cómo sacarle el mayor partido a la vida.

Cómo libar la miel de la flor del mundo.

Ese es mi trabajo diario".

"El triunfo de los principios" es una biografía de Thoreau

y un recorrido por sus reflexiones y experiencias.

Libro, este, utilísimo

para cobrar conciencia del delirio de nuestra vida actual,

cuestionarlo y salir de él.

Tarea heroica, dije antes y recalqué después. Pues sí.

Otra cita al respecto:

"La nación que se empeña en trazar una ancha línea de demarcación

entre el guerrero y el pensador,

se arriesga a que, un día,

sus batallas sean libradas por ignorantes

y sus ideas sean pensadas por cobardes".

En ello andamos.

Quien escribió eso no fue Kipling, ni fue Hemingway, ni fue Mishima.

Fue un militar británico allá por el siglo XIX.

El general Gordon, héroe del sitio de Jartum,

que en 1885 fue degollado

por las fanáticas huestes de "el Mahdi" al entrar en la ciudad

tras una resistencia numantina.

Indaguen. Hay no pocos paralelismos entre lo de ahora y lo de entonces.

Entrerismos, radicalismos, integrismos, identitarismos,

multiculturalismos y buenismos sobre el fiel de la balanza

que transforma la historia en actualidad

y la actualidad en historia.

Un asunto palpitante que desborda los límites de la literatura.

Volvamos a ella tras la digresión.

Juan José Millás acaba de publicar

en la Biblioteca furtiva de Seix Barral esta novela.

"Mi verdadera historia".

Su protagonista no es un héroe, sino un niño, un adolescente

y un adulto condicionado, machacado y acobardado

por el sentimiento de culpa.

¿Tintes kafkianos?

Sí, como en buena parte de la obra de Millás.

También dostoievskianos.

Anna Grau lo entrevistó hace cosa de un mes y medio

en "El Español".

Millás, en esa entrevista, decía:

"Por de pronto,

toda mi última novela está basada en la ambivalencia,

en un complejo sentimiento de culpa".

Un adolescente provoca de la manera más tonta

un accidente de tráfico de gravísimas consecuencias,

y eso desencadena una culpa que remodela toda su vida.

y eso desencadena una culpa que remodela toda su vida.

Tiremos de ese hilo.

(Música de cabecera)

Juanjo, bienvenido.

Gracias.

Es verdad que este libro, esta última novela tuya

es la historia de un determinado personaje

y el título es: "Mi verdadera historia",

que sería la historia de ese personaje,

pero también es verdad que tú ves el libro y dices:

"Juan José Millás. 'Mi verdadera historia',

no 'La verdadera historia'".

¿Es tu verdadera historia?

Eh, bueno, no en su literalidad. Claro.

Pero sí en su sustancia, ¿no?

Sin duda alguna,

todos y quizá, cuando uno escribe sobre un personaje,

pretende que ese personaje metaforice a muchos más.

Y yo creo que lo que caracteriza al adolescente,

al niño adolescente es que es el contenedor de un secreto

que muchas veces es dramático y a veces es banal,

pero que el niño vive de todas formas de manera dramática, ¿no?

Para, que voy a contar brevemente la historia.

Su desencadenante roza el absurdo.

El protagonista vuelve a casa después del cole,

quiere suicidarse

para llamar la atención de sus progenitores,

sobre todo de su padre, que anda siempre enfrascado

en sus lecturas.

Se asoma a un puente, tendido por encima de una autopista,

tira una canica, la canica rebota en el parabrisas de un coche,

el conductor se distrae, el vehículo salta a la mediana

y eso provoca un accidente en el que mueren tres personas.

Ahí comienza un calvario psicológico que le atormenta

que le atormenta durante años y años.

"¿Hasta qué punto es todo eso autobiográfico?"

Te preguntaba Anna Grau en una entrevista para "El Español".

Se refería, naturalmente, como acabas de decir,

no a la literalidad de la historia que inventas,

sino a un posible trasvase simbólico y psicológico

de elementos de tu adolescencia al de un personaje

del que ni siquiera se nos dice el nombre.

Desde ese punto de vista,

toda la literatura es autobiográfica.

Sí. Desde Homero, vaya.

Es una pregunta que nos hacen a los escritores, como sabes.

Casi siempre: "¿Esta novela es autobiográfica?"

y yo siempre digo:

"No es en la medida en que puede no serlo",

porque finalmente nos nutrimos de nuestras experiencias

y de las experiencias de la gente cercana a nosotros,

de manera que todo...

Yo oí decir un día a Vargas Llosa

que lo que hace un escritor en realidad

es metamorfosear su experiencia,

y entonces esa metamorfosis, a veces, es más completa o menos completa,

a veces, entre la peripecia del escritor y lo que cuenta,

aparentemente, no hay nada en común

pero sí lo hay, como decía, en la sustancia

y, a veces, la peripecia se acerca más.

Pero, en fin.

Ahí siempre hay un proceso de metamorfosis mayor o menor

y, quizá, uno es un escritor más experimentado

cuanto mayor es la metamorfosis, ¿no?

No es casual que pronuncies la palabra "metamorfosis".

Es el título de la obra de Kafka.

Gregorio Sanz ha tenido una difícil relación con su padre.

También más semejanzas. Voy a riesgo de pasarme de listo, Juanjo.

A los seis años, tu mundo infantil se desploma.

Traslado de Valencia a Madrid, de lo luminoso a lo ominoso,

de lo cálido a lo gélido, de lo acogedor a lo inhóspito,

del mar a la tierra adentro.

Eso también está aquí,

trasladado a la crisis existencial de un niño que se siente desamparado

por la falta de atención de sus padres.

Bueno, esto es como cuentas, quiero decir,

a mí, aquel traslado a los seis años de Valencia a Madrid

me supuso un antes y un después en mi vida, ¿no?

Todavía, a estas alturas,

yo considero que es un antes y un después

y considero, además, que mi vida en Madrid

siempre ha sido provisional pese a los años que llevo aquí

porque mi destino sería acabar en un sitio que tuviera mar,

porque el mar es una de las cosas que más eché en falta

cuando llegué a Madrid.

Es más, no entendía que hubiera ciudades sin mar.

Me explicaban, me enseñaban los mapas y decían:

"Estamos en el centro".

Pero me parecía que el mar de niño tiene muchísima importancia, ¿no?

Los sábados y los domingos, íbamos a la playa

y quien ha crecido con el mar al lado,

no puede imaginar que haya sitios sin mar,

hasta el punto de que en un recoveco de mi casa de Madrid

había un cable de la luz, algo que dibujaba una puerta,

y yo imaginaba que esa puerta secreta que solo conocía yo

se abría y daba al mar.

Yo he titulado esta entrevista "Mar de fondo".

"Mar de fondo". Título de Patricia Highsmith,

que también se menciona en tu novela.

Sí. Sí, que es un excelente título, por cierto.

Sí, y aquello, bueno,

pues yo tardé mucho en volver a Valencia.

Volví con veintitantos años ya

porque no quería contrastar la imagen que yo tenía de Valencia,

que era la de un paraíso perdido.

Eso lo contabas en la novela

por la que ganaste el Planeta: "Mi calle".

En "El mundo", sí, que hablaba de mi calle.

Sí. Sí, efectivamente.

Pero bueno, ese suceso fue determinante

y fue, además, más determinante porque los mayores nos contaban

que ese cambio era muy bueno, que era un cambio a mejor, pero...

(RÍE) Te ibas a la capital.

Ibas a la capital donde se podía ser todo,

hacer de todo,

pero ellos no se lo creían, ¿no?

Y el niño, como tú sabes, escucha más lo que no se dice

que lo que se dice.

Un padre, el de esta novela, enfrascado en la lectura.

El tuyo no era lector sino, por lo que sé de ti, inventor.

Inventor.

Pero sus inventos lo absorbían tanto como los libros al padre del cuento.

"Yo escribo porque mi padre leía". Esa es la primera frase del libro.

(ASIENTE) Tú inventas historias, Juanjo.

¿Inventas historias porque tu padre inventaba cosas?

Bueno, alguna vez he hecho ese paralelismo, ¿no?

Porque mi padre, efectivamente, estaba...

El mayor favor que le podías hacer a mi padre

era proponerle un problema mecánico para que se lo llevara a la cama

y, al día siguiente, ya se levantaba con ese problema mecánico resuelto.

En alguna ocasión he pensado que lo que yo hago

no se diferencia mucho de lo de mi padre

porque yo me acuesto pensando cómo resolver

una situación novelesca,

cómo escribir un cuento, cómo escribir un artículo,

e incluso, siempre he pensado que el trabajo de escribir

más que con un gran arte, tiene que ver con un oficio, ¿no?

Es decir, yo me identifico más que con un artista,

con un fontanero o un electricista que monta...

O con un orfebre, por ejemplo.

O un orfebre, pero me gusta la idea del oficio artesanal, ¿no?

Este electricista que hace un circuito muy complejo,

pero al final si le da al interruptor y no se enciende la luz,

ese circuito...

En una novela, hay otra frase reveladora e insistente

que completa la ya citada y que dice:

"Escribo también del modo en que habría sido preso

si mi padre hubiera sido funcionario de prisiones".

¿Tú crees que ese esquema,

ese planteamiento de las relaciones entre padres e hijos

es genérico universal?

¿Vale para todo el mundo y no solo para los personajes de tu novela?

Al fin y al cabo, el mayor mérito

o la mayor apuesta del género novelesco, creo yo,

es la de reflejar lo universal en lo particular.

Madame Bovary no es solo Flaubert, es también el lector.

Todos somos Gregorio Samsa, todos somos Madame Bovary.

Claro, esta novela

que podíamos calificar como novela de iniciación

o de aprendizaje, que es un género

que para nuestra generación ha sido muy importante, ¿no?

Efectivamente, se dan todas las circunstancias, creo yo,

que se dan en la adolescencia

en relación al padre, la competitividad con el padre

y, al mismo tiempo, en la necesidad de ser mirado por él.

En el caso de esta novela, el padre es un crítico literario

que se pasa la vida leyendo novelas, abstraído en las novelas,

y el niño ve con asombro los títulos.

"El idiota", "Crimen y castigo".

Y le asombra que su padre lea una cosa

que se llama "Crimen y castigo"

y, además, piensa que es una alusión a lo que le ha ocurrido a él,

o lee "El idiota"

y piensa que está leyendo algo que se refiere a él,

y sueña con que su padre lea un libro suyo.

Por eso, empieza a escribir.

Y, a través de estos títulos,

El niño va reconstruyendo su biografía, ¿no?

Pero estos hijos de escritores y tal

lo deben haber sentido mucho en la infancia

porque claro, los títulos son...

¿Tú te imaginas a un niño

que ve a su padre leyendo "El encomio de la locura

o elogio de la locura", por ejemplo?

Cuando no tienes mecanismos mentales para organizar eso, ¿no?

Pues este niño va con los títulos de las novelas que lee el padre,

va organizando su propia biografía. ¿Tú tienes hijos?

Sí. Te lo pregunto porque doy por hecho

de que tú, como yo, te pasas la vida enfrascado en los libros

y en tu tarea de escritor. Sí.

Una situación muy paralela a la del protagonista.

Sí, pero fíjate, yo no me identifico en ese sentido

porque yo he sido un padre hiperprotector,

yo creo que... A diferencia de este, claro.

Que se desentendía. Sí.

Que me he ido un poco a otro lado.

Pero, de todos modos, yo muchas veces pienso...

porque claro, la imagen que mis hijos tienen de mí

es la de un hombre escribiendo o leyendo con mucha frecuencia.

Vienen a verme adonde yo esté para despedirse o para decirme algo,

y tal, y claro, la imagen que tienen es la de alguien que está leyendo

o escribiendo.

Que está muy concentrado en algo. Ahí iba.

Y eso es un... Siempre pienso, ¿cómo se elaborará esa imagen?

Porque claro, la mayoría de los padres no son así.

La mayoría van al trabajo, vuelven del trabajo,

pero luego, pues yo qué sé, ven la televisión

o están por allí por casa.

Pero la de un hombre centrado en una cuartilla o en un libro

debe ser una imagen rara para un hijo.

Siempre lo he pensado.

Volvemos a lo de "Madame Bovary soy yo"

yo digo, lector en este caso de tu novela.

Tu novela me ha tocado

porque he sido toda mi vida un padre enfrascado en la lectura

y en el trajín literario.

El ruido de mi máquina de escribir

era el cricrí del grillo en todos mis hogares sucesivos.

Como el padre del adolescente de tu novela, he dirigido,

presentado

o intervenido en programas de libros de la televisión

durante más de media vida y sigo haciéndolo.

Una de mis hijas, Ayanta, que está aquí en el Uasabi

y a la que conoces bien, ha salido escritora.

Soy hijo de un escritor y periodista asesinado

al comienzo de la guerra civil

y he terminado haciendo todo lo que no pudo hacer.

Es un planteamiento muy al halo el de mi vida y el de tu novela.

Sí, porque yo decía antes... Me reconozco en ella.

...que es una novela de estas que llamamos de iniciación

o de aprendizaje,

pero no solamente para el niño, sino también para el padre.

Efectivamente.

O sea, yo creo que, leída desde un padre,

esta novela tiene significados muy potentes

y creo que muy inquietantes.

¿A quién se lo cuentas? Y creo que muy inquietantes también,

porque, claro, cuando los hijos llegan a la adolescencia,

nosotros reeditamos nuestra propia adolescencia en ellos

y la adolescencia es una edad muy confusa,

muy difícil.

Es una edad en la que se producen verdaderas mutaciones.

Mutaciones como "La metamorfosis" de Kafka, ¿no?

y es una edad, por lo tanto,

que yo creo que genera cierto rechazo en los padres

porque se ven en los hijos, ¿no?

Y, a veces, unos padres no quieren saber.

Ya. Ese secreto que el hijo tiene

y que a veces desea deshacerse de él,

hay una especie de pacto implícito por el que el padre le dice al hijo:

"Mira, no me cuentes". (RÍE)

Juanjo, Ortega reprochó a Valle-Inclán

el preciosismo de sus sonatas y lo combinó en un texto célebre,

a dejarse de "bernardinas", literalmente,

e irse al hoyo de las agujas de la literatura.

En tu novela, sabiéndolo, no sigues ese consejo.

No hay "bernardinas". Te tiras a matar

y los personajes, los toros de esta corrida,

se caen redondos. No hay héroes.

Creo que ningún lector querría parecerse

a ninguna de las personas que salen en el libro.

Bueno, yo siempre he sido...

Antes decía que me identificaba más con un artesano

o con un oficio artesanal más que con el gran arte, ¿no?

Y en el oficio artesanal, lo que se pide...

Lo que tú le pides a un electricista no es que te haga un circuito bello,

sino que te haga un circuito que funcione.

Lo que le pides a un fontanero que va a cambiarte la instalación

no es que el circuito de las cañerías sea hermoso, sino que funcione.

Que la cisterna no gotee. Exacto. Que funcione, ¿no?

Sin embargo, un circuito eléctrico o un buen aparato de tuberías

es hermoso, pero la hermosura es un efecto secundario

de la funcionalidad.

Yo siempre pienso que las cosas que funcionan como efecto secundario,

son bellas.

Un reloj.

El relojero... Un reloj de los antiguos, de ruedecitas.

El relojero no intenta que esa maquinaria sea bella.

Quiere que funcione y que ocupe poco espacio.

Que sea económica.

Sin embargo, tiene un efecto secundario

y es que hay pocas cosas más hermosas que una maquinaria de un reloj.

Tu libro es así.

Un reloj de los antiguos que funciona perfectamente

con ruedecillas, que ocupa poco espacio, es breve,

pero si yo lo he titulado "Mar de fondo" como te decía antes,

no es casual, porque este libro me parecía como la resaca.

Esa fuerza telúrica que te devuelve a alta mar

después de que las olas te hayan traído a la orilla.

Bueno, esta es la imagen con la que yo trabajé, precisamente.

La de la maquinaria de relojería,

la de que yo llamo, a veces, "la complejidad sencilla"

o "la sencillez compleja",

cuyo máximo exponente quizás sea,

y volvemos de nuevo a "La metamorfosis" de Kafka:

es una novela de 70 folios

que la puede leer un chico de 15 años,

es decir, un chico que todavía no tiene bagaje lector,

no tiene experiencia lectora

y la comprende en su nivel, ¿no?

Es una novela enormemente sencilla, "La metamorfosis"

y, simultáneamente, enormemente compleja, ¿no?

Y esta ha sido mi ambición casi desde que empecé a escribir.

Hacer un artefacto que, simultáneamente,

fuera sencillo y complejo.

Novela sobre lo que se oculta, sobre lo que se esconde.

Todo el mundo en ella anda lleno de secretos

que, poco a poco, se van revelando, a veces, solo por una rendija.

La madre, en un determinado momento de la novela, dice:

"¿Sabes?" Está hablando con el hijo.

"Antes de que yo abriera la boca,

no es preciso contar todo a los padres.

Cada uno tiene sus secretos". Eso se parece bastante,

en un estilo completamente diferente a la teoría del iceberg de Hemingway

y el autor que lo sabe todo

pero que solo revela la cumbre del iceberg.

La séptima parte que emerge de la superficie.

Claro. Cuanto más económico eres escribiendo,

más es lo que queda por abajo, y Hemingway decía, efectivamente,

que un cuento, un cuento de un cuento,

el lector solamente debe ver 10%. El 90% debe estar sumergido,

no se ve, pero está actuando, ¿no?

Yo creo que el 90% de esta historia no se ve claramente

pero está actuando porque es una novela muy corta

pero que va desde los 12 a los 17 años,

que es donde se produce la mayor transformación

de un ser humano,

seguramente, por parte del hijo y por parte de los padres

va, prácticamente, desde que se casa hasta que se divorcia,

que también es un modo...

es un trayecto moral, ¿no?

O sea, que tenemos como dos trayectos morales

o tres trayectos morales paralelos,

que son el del niño, el de la madre y el del padre.

Los padres, efectivamente, se separan

y el niño se culpabiliza,

y yo creo que eso sucede en muchos casos

de hijos de padres separados,

que la culpa de la separación de sus padres

ha sido suya.

Creo que no hay ningún caso de divorcio o de separación

en el que el hijo no piense que la culpa es suya. Es inevitable.

Y los hijos se quedan tocados.

Mi experiencia es que todos los hijos de padres separados,

en mayor o menor medida, a medio, a corto o a largo plazo,

se quedan tocados. Y de los que no se separan, también.

Quiero decir, no sabemos qué produce más malestar.

La vida es muy difícil

y es muy difícil tanto en una situación como en otra.

"Era un niño..." (lo dices tú), "...lleno de agujeros.

No los que tiene todo el mundo aquí, allá, en el cuerpo,

sino los agujeros negros que dicen que posee el universo

y que devoran cuanto pasa cerca de sus bordes,

incluida la luz".

Sí, porque es una de las características, también,

de esas edades.

Esa indefinición que sufre el adolescente,

es decir, que ha dejado de ser niño pero no ha empezado a ser adulto.

Ahí hay un déficit de identidad que es tremendo

y que es una especie de agujero negro, ¿no?

A propósito de esta novela,

en las entrevistas que me están haciendo,

cito con frecuencia

la frase con la que John Cheever empieza sus diarios,

que es:

"En la madurez hay misterio, hay confusión", que es una frase

con la que se podría empezar una historia de la adolescencia.

En la adolescencia hay misterio, hay confusión.

Por eso, creo que,

quien mejor puede comprender al adolescente es el viejo,

porque la confusión y el misterio de la vejez

se parecen mucho al misterio y a la vejez...

Al misterio y a la confusión de la adolescencia, ¿no?

Otro de los factores del libro es el miedo.

El protagonista va descubriendo que no solo él,

sino que también los adultos están llenos de pánico.

Descubre con terror que sus padres,

que los adultos están llenos de pánico

que fingen no poseer, que disimulan.

Y esta, yo creo, que es una constante, también,

en la vida de todos, es decir, creo que cuando nos hacemos adultos,

no entendemos las cosas; fingimos que las entendemos.

La educación, en cierto modo,

es un proceso por el cual uno acaba entrando en la realidad

fingiendo que la entiende pero sin entenderla.

Y hay niños que tienen esta capacidad para percibir el miedo de los padres.

Hay niños que no, pero hay niños que lo tienen.

Y este niño tiene esa capacidad para percibir la fragilidad

que hay detrás

de la aparente seguridad de sus padres.

El adolescente, en un determinado momento,

entra en amores

con la única niña superviviente al accidente

que él provocó con la canica.

Además, le falta una pierna y se van a unos ejercicios espirituales,

y ahí, dices:

"Mientras un sacerdote habla del pecado original

como de una llaga con la que venimos al mundo.

Se trata de un daño que está en nuestra naturaleza,

que nos conforma y que transmitimos a nuestros descendientes

del modo en que transmitimos la información genética".

Es ese sentimiento de culpa

que el cristianismo induce en los seres humanos

desde que nacen.

Nosotros vivimos en una cultura de la culpa.

La religión en la que nos han educado y que forma parte de nuestra cultura

con independencia de que creas en ella o no,

dice que nacemos con un pecado original,

de manera que vivimos inmersos en esa cultura de la culpa

de la que intentamos desprendernos

pero que no estoy seguro que lo hayamos conseguido

y, por otra parte...

"Mar de fondo". "Mar de fondo".

Y, por otra parte, yo tampoco estoy muy convencido

de que ciertas dosis de culpa no sean convenientes.

Quiero decir que una sociedad sin culpa

es una sociedad peligrosa, también.

Lo que pasa es que, claro, hay grados de culpa patológicos.

Última pregunta, Juanjo.

Ya al final del libro, el niño, el adolescente ha escrito un cuento,

el cuento ha sido premiado, está deseoso de que lo lea el padre,

el padre dice que él no lee textos premiados,

etcétera, etcétera.

Y, en un determinado momento,

el niño le dice que se siente huérfano,

que siempre se ha sentido huérfano, y el padre le dice:

"Déjate de huérfanos. Escribe tu verdadera historia".

Efectivamente.

Y la verdadera historia

es que el niño no sabe si su padre quiso tener un libro

o quiso tener un hijo, ¿no?

Y si quiso tener un hijo, si quiso tener un hijo de ficción

o quiso tener un hijo real.

En alguna medida, este niño al escribir su verdadera historia

se convierte en un hijo de ficción,

que es lo que quería el padre.

Un relato esférico, redondo, geométrico, que funciona

como un devastador artilugio de relojería.

Juan José Millás. "Mi verdadera historia",

Seix Barral.

Juanjo, chocolate negro de los nanaístas y uasabi.

Qué bien. Muchas gracias.

Esto es un lujo, ¿eh?

(RÍE) Hombre, tanto como un lujo... A mí me gusta.

Ahora está en todas partes.

No, pero a mí me gusta muchísimo. Y el chocolate negro también,

que, además, es muy sano, ¿no? Efectivamente. Catecolaminas.

Aprovéchalo, el chocolate, el uasabi.

Me lo tomaré todo.

Un placer.

Todo está en los libros,

Todo está en los libros.

No, estas risas tienen justificación.

La justificación no la han visto ustedes.

Es lo que se produce en este programa

antes de que las cámaras se pongan a funcionar.

Bueno, risas aparte, si podéis contenerlas,

yo creo que podríamos empezar o podríais empezar diciendo algo,

si da lugar a ello, sobre la novela de Juan José Millás.

Podéis elogiarla, criticarla, matizarla, apostillarla...

Lo que queráis.

Que te has marcado un destripe. Sí. Un destripe, padre...

Verdaderamente... Lo ha destripado. Ayanta.

Sí.

Sí, o sea, pero, además, veo que últimamente lo haces así

con cierto...

con cierta alegría.

Llego a ser el autor y te mato, vamos.

No, vamos a ver, en primer lugar, la novela de Juan José Millás

no es una novela policiaca.

No, pero entonces, ninguna. Es psicológica.

Eso es como si dices que el argumento, en realidad,

da igual. Lo importante es como lo cuentas.

La literatura que haces con eso, que es cierto, en parte,

pero claro...

Si yo le hago las preguntas a Juanjo que le he hecho

y él me da las respuestas que me ha dado

y no se explica un poco cuál es la historia

que sustenta esas preguntas y esas respuestas,

parece como si Juanjo hubiera venido al psicoanálisis.

Todo se convierte en una cosa etérea y abstracta.

Eso en primer lugar.

Y, en segundo lugar, esto es una estrategia,

porque cuando tú destripas, como decís vosotras,

que no es verdad pero, en fin,

destripo el libro y el invitado, el escritor

se da cuenta de que has leído verdaderamente el libro,

cosa que casi nadie hace en el mundo de la televisión

y eso lo agradece

y, a partir de ahí, el autor se relaja

y te habla con más sinceridad, se encuentra más cómodo, etcétera.

Pero todavía tienes el prurito

de demostrar que has leído los libros.

En realidad, todos esos papelillos fucsia

que pone... Los Post-it son de palo.

Son de atrezo. ¡Mentira!

Eres una mentirosa. Si tú abres los libros,

verás que cada Post-it se corresponde

con algo subrayado en fosforito. Si lo sé, lo sé.

Claro, por supuesto.

Vamos por partes como Dragó el destripador.

Faltaría más.

A ver, yo...

Me gustaría romper una lanza sin que sirva de precedente.

También entrevisté a Millás.

Es muy difícil hablar de este libro sin destriparlo,

precisamente porque es muy compacto, muy esférico.

(ASIENTE)

Es como un huevecito.

Entonces, es muy complicado no destripar.

Más bien, la crítica que te haría es otra.

Íbamos a hablar de la novela de Millás, no de mí.

Pero ya puestos... Ya como lo ha hecho todo el mundo...

No, creo que en tu obsesión por ver egografías

donde no siempre la hay,

por ver padres donde, a veces, solo hay hijos...

O sea, digamos por apropiarte,

por "dragonizar" la entera literatura universal.

A ver... La verdad es que viendo la entrevista,

me han llamado la atención dos elementos muy interesantes.

Uno, que ya ha contado con él, es la culpa.

Creo que es un libro

que trabaja mucho el sentimiento de culpa,

que lo profundiza mucho,

y dos, es un tema que él ha dicho

y que, de hecho, se ha hecho carne durante la entrevista.

Él ha hablado

de la decodificación infantil del discurso del adulto.

Más que la novela, se refería a su vivencia:

cuando él llega a Madrid y le venden que es fantástico,

que iba a Madrid como quien llega a Hollywood a triunfar.

En realidad, lo que se encuentra el niño Millás

es que llega a Madrid a ser pobre.

En Valencia a lo mejor no era rico pero no era tan pobre,

y cómo decodifica el discurso...

la decodificación infantil del discurso adulto.

Pero eso también se produce a la inversa:

la decodificación adulta de esa decodificación infantil

del discurso,

porque, por ejemplo,

creo que haces una lectura muy de padre

de un libro que hay que leer como un hijo.

Ya está por ahora.

Pero yo... Ayanta, dime tú como hija, también.

Cuando leía que el padre del protagonista, de este niño,

como crítico, tú lo has dicho en la entrevista,

como crítico de libros, como programa de televisión,

presentador...

Sí me imaginaba tu figura,

pero luego no tiene nada que ver el trato,

a no ser que Ayanta nos quiera decir otra cosa,

el trato con el hijo.

A él parece que el hijo no le hace ninguna gracia

hasta que se entera de su truculenta historia

y ya lo ve como un personaje literario más.

El trato, no. Sin embargo, por ejemplo, una imagen como la mía,

de un señor que se pasa la vida leyendo y escribiendo,

a los ojos del hijo, eso el hijo lo puede interpretar

como que te están describiendo. Un desprecio. Sí.

No, pero no creo, porque la imagen de este padre

del padre que relata Millás,

es un padre con un desapego afectivo tremendo.

En realidad, es de una frialdad aterradora.

Yo creo que el hecho de estar concentrado

en un trabajo que te apasiona, que es vocacional,

ya sea el que tenga que ver con la literatura

o cualquier otro,

para un hijo siempre es un ejemplo y es una línea a seguir,

siempre y cuando haya una relación afectuosa,

o sea, una cosa es que uno esté leyendo un libro

o siempre así, digamos, inclinado hacia algo que te absorbe,

y otra cosa es que no te relaciones afectivamente

con el hijo, que no es el caso.

Y parece que le hace gracia

cuando se entera de su truculenta historia.

Que tengo aquí a un psicópata en potencia.

Es un padre

que se desentiende por completo del hijo,

cosa que no ha sido mi caso,

hace programas de televisión, escribe, lee, etcétera y dices:

"Tate. A ver si me está pasando esto a mí también".

Yo creo que el padre se vería, ya puestos a destripar terrones...

Tiene sentimiento de culpa.

Ya lo ha dicho Millás en toda la novela.

Hay una frase terrible de la novela que es cuando los padres se separan

y se pelean por la biblioteca,

y el padre quiere llevarse todos los libros

con típica prepotencia intelectual muy masculina

y como diciendo: "Tú para qué quieres...

Tú te quedas el hijo y yo me quedo los libros".

Y dice: "Llévate la novela negra y el niño".

Hay un desprecio en el concepto de familia

y, de hecho, él solo acepta ese hijo

cuando el hijo le parece lo suficiente "freak", raro y gore,

cuando el hijo hace algo lo suficientemente excéntrico

como parte de una cultura literaria. Claro.

Lo que hay es un rechazo casi...

que eso sí entraría en tu sistema.

Siempre te has lamentado de que,

por mucho de que quieras a tu familia, a tus hijos y tal,

que es obvio que los quieres,

que sin hijos habrías escrito más a tus anchas.

Claro. El lamento de cualquier escritor.

Pero eso no quiere decir que no quieras a tus hijos.

Los hijos quitan tiempo. En este caso, sí.

De cualquier escritor, pero subrayo, de cualquier escritora.

(ASIENTEN)

¿No es verdad? Es verdad.

(ASIENTEN)

Porque, a ver, un padre...

O de cualquier escritor que haya tenido hijos

de cuatro relaciones diferentes y que tenga un hijo mayor de 60 años

y un hijo menor de cuatro.

Con lo cual, toda mi vida ha sido inundada por hijos

en edad de merecer.

Pero Fernando, a un hombre que escribe,

los hijos se los tienen.

A una mujer que escribe, encima, les tiene que dejar.

La mujer lleva el papel doble.

Incluso tiene que comprarles el desayuno antes.

Un momento, porque yo me he hinchado a preparar el desayuno de mis hijos.

Al menos de dos o tres de ellos.

(RÍEN) He sido padre, madre,

abuelo, abuela, comadrona, costurera. He sido de todo.

Bueno, venga. Es así.

La novela de Juan José Millás,

yo creo que la verdadera historia es la del adolescente.

A mí la verdad es que me ha estremecido,

por centrar el tiro, me ha estremecido esa...

(DUDA) Esa blandura que tiene esa etapa de la vida

en la que yo jamás rebobinaría, no sé vosotros.

Yo no rebobinaría nunca a la adolescencia.

Me parece una época atroz, con cantidad de dudas,

y eso que ha dicho del abuelo y el adolescente,

que muchas veces se entienden...

Entonces, Salinger no habría escrito "El guardián entre el centeno".

Hay contacto entre esta novela y Salinger.

Es durísima, y ver, sobre todo cómo el niño se empapa de todo,

de esos comentarios que oye o que interpreta,

y es una época muy muy difícil.

Lo considero casi un libro, fíjate, juvenil.

A mí me ha parecido un cuento, un cuento largo. No es despectivo.

Es que podría haber cabido...

Es una época muy difícil para los hijos adolescentes

y para los padres. Y para los padres que los sufren,

pero el niño, verdaderamente, es que ves que está perdido

e incluso quiere abandonar la vida

y no encuentra apoyo por ningún lado.

Creo que es un libro

que podrían leer también los jóvenes.

No sé. Como "El guardián entre el centeno".

Eso es. Un libro para jóvenes,

la gente se imagina un libro fácil. Es un gran libro para jóvenes.

Es un gran libro que pueden leer los jóvenes.

(A LA VEZ) Eso.

Yo creo que esa es la diferencia.

Con unas referencias bastante frecuentes

a lo largo del libro de Dostoievski. (A LA VEZ) Como "Crimen y castigo"

y "El idiota".

Porque este es un niño que se cree que es el bobo de la familia,

que, además, tiene enuresis. Se hace pis en la cama

y deja de hacerse pis cuando comienza a escribir.

La referencia clara de Millás hacia estos dos libros,

que son dos libros capitales en la historia de la literatura,

me parece que está muy bien traída

desde el punto de vista del adolescente,

porque, en general, los adolescentes ahora son incapaces

de mantener la concentración en libros,

como pueden ser "El idiota" y "Crimen y castigo",

y de cómo el adolescente y la cultura del adolescente,

en el caso de que se lean este tipo de libros en las casas,

es que, simplemente, reconocen el título,

que ya es algo. Claro.

Ya es algo, pero que jamás va a acometer la lectura

de esos libros que, en otras generaciones,

han sido fundamentales, ¿no?

En el proceso de crecimiento.

Bueno, yo creo que ya está bien del libro de Juanjo Millás.

Le he pedido a Juanjo Millás que no se quedara al debate

para ver si, por una vez en la vida,

podemos hablar con cierta calma de los libros que recomendamos,

especialmente, yo, que no lo consigo nunca

y ahora nos estamos enredando y enredando.

Así que, libros recomendados. Anna.

Bueno, quisiera recomendar un libro

que viene muy a cuento del sentido de culpa.

Un libro de nuestro viejo amigo Stefan Zweig,

que no sé si estamos bajos de forma

porque hace muchos programas que no salía.

Stefan Zweig es para nosotros como "Orejudo" para Rafa Rey.

(ASIENTEN)

Bueno, es un libro que lo he leído, no sé si habrá otros.

La traducción de Joan Fontcuberta para Acantilado.

Es un libro muy curioso porque también plantea un...

El protagonista es muy joven,

no tan joven como el protagonista de Millás.

Es un joven soldado que, en un baile, en una familia,

invita a bailar a una chica que está sentada en una silla

y la chica se echa a llorar.

Luego descubre que se echa a llorar porque es paralítica.

A partir de aquí,

se desencadena una historia de amor un tanto forzada

por las circunstancias,

y, digamos, que este hombre se ve arrastrado a un noviazgo

que, en realidad, no desea y por compasión,

lo cual nos lleva a... No voy a seguir destripando.

Nos lleva a un análisis muy inteligente

de cómo el sentido de culpa, a veces, no es tan piadoso

ni bien intencionado como parece,

y saca nuestras capas más oscuras.

O sea, a veces, queriendo ser generosos,

hacemos más daño del bien que creemos poder hacer.

Un libro muy interesante. También densito, como este de...

Lectura breve pero sabrosa.

Ayanta.

Este libro se titula "Tú no eres como otras madres"

y la escritora tiene un apellido realmente difícil:

Angelica Schrobsdorff.

No sé muy bien cómo se pronunciará.

Es un libro que está en Periférica

y que me ha gustado mucho.

Tiene un periplo bastante extraño

porque habiéndose publicado en otros países europeos

a principios de los años 90, no se había traducido al español

y, bueno, se publicó creo que hace un año o así

y ha tenido, de nuevo, un gran éxito.

Reconstruye la vida de la madre de la autora,

una mujer nacida en una familia burguesa en Berlín,

judía y que vive en los locos años 20

antes de, obviamente,

de todo el desastre que se generará después

con el nazismo y con la Segunda Guerra Mundial.

Esta autora está casada con el autor de la Shoah.

El holocausto.

Mítica película sobre el holocausto.

Shoah.

Y, bueno, es un recorrido impresionante

por la historia reciente de Europa,

muy emocionante, y que yo creo que, aunque se ha hablado mucho del tema,

da una luz nueva

sobre el recorrido de esas personas que se creyeron alemanas

y, en un momento dado, fueron expulsadas de su país

por el hecho de ser judías.

Por otra parte, que vivieron esos años

en los que había una libertad sexual e intelectual

sin parangón, ¿no?

Y en este libro, se cuenta.

Por lo tanto, es el recorrido de una mujer

a lo largo de una vida muy extensa,

muy dramática y, al mismo tiempo, extraordinaria.

Pues toma nota, Ayanta, a ver cuándo escribes un libro

que se titule: "Tú no eres como tus padres".

(RÍE) Ole.

Estás escribiendo una novela familiar,

al fin y al cabo. Sí, sí.

Que no se acaba nunca. No se acaba nunca, no.

En ello estoy.

Elia.

Bueno, me gusta que hayas mencionado a este director de cine

porque es tan importante esto de diferenciar la Shoah

del holocausto...

Creo que nadie le hizo caso y como el lenguaje...

Lanzmann.

Efectivamente.

Él decía que "holocausto" tiene un tinte peyorativo, ¿no?

Es un sacrificio, y para nada fueron sacrificados

porque ahí no había nada de religioso ni de místico,

sino que fue una Shoah, que significa "catástrofe".

Shoah significa "solución final", ¿no?

"Catástrofe".

En hebreo, precisamente, es "catástrofe",

entonces, lo señala como tal.

Catástrofe es la solución final.

También, sí.

Pero para nada, que un holocausto signifique un sacrificio.

Un holocausto parece que tiene un sentido último.

Claro. O alguna justificación.

Esto es. Sobre todo, la justificación

y no hubo ningún tipo de justificación.

Alguien hace un sacrificio para algo

y ellos no fueron bueyes sacrificados

ni una hecatombe, ni nada por el estilo.

Bueno, bien.

Veo que tienes ahí, Fernando,

el libro "El triunfo de los principios".

Lo he mencionado en mi editorial.

"Cómo vivir con Thoreau" y es de Toni Montesinos,

¿Se dice "turó"?

"Zoró".

No, "zoró", no. O "toro".

Tú que eres la anglófona.

¡"Toro"! "Turó", ¿no?

Es broma. ¿"Turó"?

¿"Turó"? Creo que es "zogó".

¿No es "zoró"?

Creo que lo mejor es decir "toreau".

"Toreau". Para que nos enteremos

y podamos comprarlo.

Toni Montesinos, que me gusta muchísimo cómo escribe

y los ensayos que hace,

y aquí, mira, precisamente,

este hombre, "zoro",

Yo es que diría "zuró", pero bueno.

Ese señor.

Ese señor, este trascendentalista de la mano de Emerson,

que fue otro trascendentalista,

pues al final es el modelo de desobediencia civil

pero bien entendido, ¿no?

No desobediencia civil

desde el punto de vista de la anarquía.

Él estuvo en la cárcel, incluso por no pagar impuestos.

En ese momento, Estados Unidos estaba en la guerra con México,

continuaba el tema de la esclavitud,

no estaba de acuerdo con el estado

en tanto en cuanto no llevaban a cabo políticas

que a él le parecieran éticas y dijo: "No pago impuestos".

Imaginaros si dijéramos eso hoy en día,

revelarnos contra esto, desobediencia civil,

pero, a propósito de la culpa de la que estábamos hablando,

muchas veces, las personas que se sienten tan culpables,

que van de mártires e intentan dar buenos gestos.

ser bondadosos.

Por lo menos, esa impronta es la que encontramos.

Él decía que la buena gente en exceso

lo que tenía era falta de voluntad y pereza.

A mí me parece que hay mucho de eso.

Es lo que decía un personaje de "La impaciencia del corazón",

que regaña al protagonista y le dice que para arreglar el mundo

o para calmar el dolor, no se pueden tomar atajos

y hay que tener paciencia. Eso es.

Efectivamente. Él habla sobre todo de eso.

El "carpe diem". Esa gran frase, ese latinajo: "carpe diem".

Hoy en día se asemeja mucho a lo hedonista, ¿no?

"Carpe diem". Vive el momento.

Y para Thoreau no tiene nada que ver con eso,

sino todo lo contrario.

Habla de Mateo Leví cuando repartió todos sus talentos

y se fue con Jesús, ¿no?

Pero los talentos, al final, más que la moneda,

que la dracma de aquel momento,

es lo que uno tiene dentro y que debe explotarlo.

Pues eso es lo que dice, una convicción del "yo" total

y que deberíamos hacer como los osos, hibernar

y alimentarnos de nuestro propio tuétano,

no solo el "conócete a ti mismo" socrático,

sino ir un poco más allá. Hay mucho en Thoreau.

Como ya he insinuado yo en el comienzo del programa,

es heroico que una persona como Toni Montesinos

en estos tiempos,

se dedique a escribir un libro de 500 páginas

y que haya un editor dispuesto a publicarlo.

Es un libro fantástico. La vida de este hombre fue ejemplar.

Ya está.

¿Me toca? ¡Te toca!

¡Milagro! ¡Alabado sea Dios! ¡Aleluya! ¡Hosanna!

Pobrecito hablador.

Yo he traído dos libros sobre dos escritores enigmáticos

y misteriosos, como lo es el propio Millás.

Los dos han sido publicados por la Editorial Fórcola,

que está publicando muchos libros de este tipo.

Editorial excelente y a la cual tenemos que agradecer

que haya sacado estos dos libros:

Uno es sobre Juan Rulfo y otro es sobre Italo Svevo.

El libro de Italo Svevo... Tú sabes quién es Italo Svevo.

Por supuesto. Lo has leído.

Tú que eres medio italiana. Ese libro no me ha dado tiempo...

Incluso al extremo de renunciar el apellido de tu padre

para poner el de tu madre italiana.

No. Claro que he leído a Svevo, pero no has dicho el título.

(RÍEN)

Reproche familiar al canto. Estaba practicando pedagogía.

Eso ha sonado a cofradía del santo reproche.

Pero total, total.

No. Era broma, solo broma. Si es broma...

Ya lo sabe ella.

Bueno, Mauricio Serra.

¿Has leído a Italo Svevo? Sí.

¿Has leído "La conciencia de Zeno"? Sí, fantástico.

¿Y qué te ha parecido? Me encantó.

¿Habla mal de ello o qué?

No, no, no. En modo alguno.

Le dedica un libro entero...

Italo Svevo es un señor que fumaba 300 cigarros al día.

¡No da tiempo! Sería uno con otro.

Italo Svevo es un autor secreto

que pasa mucho tiempo antes de que se le dé a conocer.

Pasa un poco por ser el Kafka italiano

y era un escritor... Había nacido en Trieste,

ciudad de por sí rara.

En Trieste hay un porcentaje de locos.

Claudio Magris era nacido allí. La ciudad es esquizofrénica en sí.

Sí, efectivamente. Medio yugoslava.

Claudio "Magris".

Medio italiana.

Le estoy corrigiendo y no me hace caso.

No es "magrís", sino "magris".

Un acento de más, un acento de menos...

Pero le he podido corregir.

Es lo "drago" que "dragó".

Drago. Te vamos a llamar "Drago".

Después de lo de "toro", "toró", "zoró", "toureau" y tal...

Bueno, ¿y el nombre imposible de esta mujer?

"Dragao".

Sí.

Como los toros. "Dragao".

Este es un hombre que arrastra una existencia mediocre

y, de hecho, El título es: "La antivida de Italo Svevo".

y esa antivida que él llevaba... Es tipo Kafka.

Una vida mediocre, una vida totalmente...

Padre impecable, como yo. (RÍEN)

Marido impecable. (A LA VEZ) Como tú.

Bueno, eso ya...

La sangre es la sangre... Ya, ya.

Y es gracias a la amistad con Joyce,

que también vivió en Trieste bastante tiempo,

y a la de Valery Larbaud como él sale del anonimato.

Entonces, se dedica durante toda su vida

a escribir este libro, "La conciencia de Zeno",

que pasa por ser, como decía, la primera novela psicoanalítica.

Luego, dejó un libro sin terminar,

que era "Las confesiones de un anciano".

Entonces, este libro está escrito por Mauricio Serra...

Muy bueno, también.

Es muy bueno. Ese ya no lo he leído.

Mauricio Serra es un diplomático, escritor,

embajador de Italia ante la UNESCO en estos momentos

y lleva un prólogo de Jorge Edwards,

porque todos estos libros de Fórcola,

además del texto en sí,

les ponen un buen prólogo firmado por alguien de prestigio.

Así que, "La antivida de Italo Svevo",

un autor prácticamente desconocido en España.

Difícil de traducir, eso sí, difícil también de leer.

Este es un libro para entendidos. Mejor de leer.

La conciencia... ¿Cómo es?

(A LA VEZ) "La conciencia del Zeno".

No es difícil de leer.

Porque tú eres hija de quien eres hija...

No, no. Lo leí con 20 años. No es difícil.

"No alce los ojos al cielo que caerá".

Se desplomará sobre ti como pasó el otro día. Un foco.

Anna, sé buena.

Sí, sé buena, Anna. Sé buena. ¿Más?

¿Más, dice?

El otro libro, también sobre un escritor raro...

¿Ah, dos?

Pero ahora, como vamos bastante bien de tiempo,

seguramente, si es que tenéis algún otro libro,

vais a poder recomendarlo.

"Drago". "Drago".

Te estás pasando. (RÍE) "Drago".

"Barilli".

Bueno.

Juan Rulfo, de Reina Roffé.

Reina Roffé es una escritora argentina

que vive en Madrid y que, la verdad es que deberíamos traerla

a "Libros con uasabi" para hablar de este escritor extraordinario,

Juan Rulfo, misterioso a más no poder,

que, como sabéis,

publica lo que quizá sea la mejor novela,

la que desencadena el llamado "boom",

la que pone en marcha ese mecanismo

de la literatura escrita en español del siglo XX, que es Juan Rulfo.

Luego, publica este otro libro de cuentos,

"El llano en llamas" y ya está.

30 años de silencio, pero no solo de silencio literario.

Yo conocí a Juan Rulfo en un congreso de escritores

que hubo recién muerto Franco en las Palmas

y, definitivamente, no hablaba, no decía nada.

Estaba entregado a la fotografía, al alcohol...

Por cierto, vuelvo a Italo Svevo porque las pasiones de Italo Svevo,

además del tabaco, eran las botas femeninas.

Entonces, él dedicó su vida entera a las botas femeninas, la literatura

y el tabaco. Inciso.

Sigo con Juan Rulfo.

Aquí se revelan las fobias, las filias, las manías,

los porqués del espectral silencio,

y si digo espectral,

lo digo también pensando en "Comala" y en Juan Rulfo,

que caracterizó siempre a este escritor.

Qué interesante.

Sería muy interesante hacer un programa

sobre aquellos escritores, que los hay,

que han escrito solo una gran obra y luego han callado.

Una gran obra o dos. Que no han sido nada prolíficos.

Suele decirse que los escritores siempre escriben el mismo libro,

pero uno solo, en definitiva.

Hombre, "Pedro Páramo" y "El llano en llamas" es...

Creo que es difícil superar eso. Claro.

Lo que pasa es que Juan Rulfo,

cuando se le preguntaba, como seguramente sabéis

dada vuestra vasta cultura,

como explicaba el porqué. Muy vasta.

Y luego, lo demostramos cuando el concurso

de los comienzos de los libros de nuestra vasta cultura...

Hoy os lo voy a poner tirado el concurso.

Sí, ya veremos. Mayor humillación, entonces.

¿Te lo podemos hacer un día a ti? Sí.

(IRÓNICA) Sí.

Fingiré que no lo sé para no humillaros.

¿Qué estaba diciendo de Juan Rulfo? Ah, sí.

Que Juan Rulfo explicaba, como sabéis,

el porqué de su silencio,

porque se había muerto un tío suyo

que era el que le contaba las historias

que él recogía en los libros.

Sí, pero García Márquez no dejó de...

Que es lo que te va a pasar a ti cuando muera yo.

García Márquez no dejó de escribir porque se le muriera la abuela,

que era la que le contaba los cotilleos de Bacondo.

Creo que fue bastante longeva, no lo sé.

Esto me lo estoy inventando.

Cohete.

¿Cohete? Yo no tengo cohete. Yo sí. Lo he puesto ya.

Es este libro, muy grueso, además,

publicado por Demipage, que es otra editorial muy buena

y a la que le agradezco todos los títulos que publica,

que saca este libro muy grueso sobre Félix Francisco Casanova.

¿Sabéis quién es Félix Francisco Casanova?

Ninguna de las tres lo sabéis. Retiro lo de vasta cultura.

Félix Francisco Casanova fue un joven poeta,

adolescente, casi adolescente, canario.

Sí, sí. Que murió con 19 años.

En circunstancias un poco enigmática.

Se habló de la posibilidad de que se suicidara.

En cualquier caso, apareció muerto en la bañera por un escape de gas

y fue un chico muy precoz,

que, además, se mezclaba con grupos de rock.

Un característico hijo de nuestra época

y que publicó una serie de poemas, publicó una novela,

murió a los 19 años y publicó unos diarios.

Todos esos fragmentos de diario, la novela y algunos poemas

son los que se recogen en este volumen.

En realidad, por lo que lo pongo al pobre

en el cohete no es por ningún tipo de animadversión hacia este muchacho

que, hubiera podido llegar a ser un buen escritor.

Es porque en ese libro no hay nada.

Es uno de estos prestigios

que se quedan alrededor de una persona

porque muere joven o simplemente porque es un maldito,

o simplemente porque se suicida,

o llevado al extremo, porque lo asesinan,

o se ve envuelto en un caso raro,

y eso no basta para ser buen escritor.

Fernando. Perdóname.

No hemos hecho nada malo en desconocerlo, ¿no?

No, pero es que lo conoce muchísima gente,

hasta el extremo de que tiene tan inmenso prestigio

que le han dedicado este grueso libro.

Y, además, el libro viene avalado

con una serie de textos introductorios

de introducciones, de epílogos, de parafernalia crítica

y de frases en la contraportada del libro

de escritores muy conocidos, vamos, entre ellos Aramburo,

que en estos momentos es el escritor de moda

por la novela "Patria", que dicen que es una cosa extraordinaria.

La verdad es que me he puesto a ojearlo,

porque leerlo creo que es imposible,

y es uno de estos libros que no hay nada,

es decir, que son palabras inconexas puestas unas al lado de la otra,

metáforas que no tienen el más mínimo significado,

surrealismo barato.

Así que, lo envío al espacio exterior.

Más libros.

Este libro, más que recomendarlo, quería presumir de él.

Quería enseñarlo porque si veis, está dedicado a mí, a Anna Grau.

Este es un libro de una editorial nueva

que se llama Aba,

que es de libros juveniles e infantiles

de temática, más bien, ecologista

y la gracia es que pueden ser personalizados.

Este está en inglés porque me han hecho la chulada

de hacérmelo en inglés porque saben que yo leo en inglés.

Normalmente, serían en español.

Pues no lo has demostrado

cuando hablábamos de "zoró", "zuró".

Me he acercado bastante más que tú,

con el debido respeto a tus limitaciones con el idioma.

Perdona que te diga que no. Sigamos.

(HABLA EN INGLÉS) MAR es Miguel Ángel Rodríguez,

fundador de esta editorial y, de hecho, el autor del cuento.

Me hace gracia.

Son historias para niños

con un mensaje de ayuda al medio ambiente.

Esta es la historia de un niño en el Amazonas, lo típico,

que llega con una apisonadora,

una multinacional que se quiere cargar la selva,

él quiere salvar el fuego y llevarlo a otro sitio

y no cuento más para no destriparlos como es ocasión y costumbre

en este programa.

Qué bonito.

Son muy bonitos y, además,

se puede poner la foto del destinatario en el libro.

Creo que es una chulada, sobre todo, para niños.

Nora, tendrás el tuyo.

Venga, campanilla.

Enérgica protesta.

¿Qué falta? ¿Solo el poema?

No, las recomendaciones. Falto yo, falto yo.

Me sacáis de quicio. Desde luego.

Voy a recomendar a James Boswell, "Una visita a Voltaire y Rousseau",

de la colección "Vidas ajenas".

Es un libro muy interesante, un libro de José Manuel Prada Samper

que trae a colación las cartas de este James Boswell

con Voltaire y con Rousseau.

James Boswell sobre todo es conocido

por ser el que biografía a Samuel Johnson,

uno de los autores ingleses más importantes,

pero, sobre todo, estas cartas ayudan a comprender un siglo XVIII

que, a veces, cualquier época,

nos llega por los escritos del momento, las novelas,

pero cosa oficial.

Él era un oidor, un testigo oidor de tabernas, de mercados,

y en estas cartas se ve,

nada más y nada menos que con Voltaire y con Rousseau.

Con el filósofo salvaje... Bien.

Voltaire, un grande. Rousseau, un miserable

que abandonó a cinco hijos en el orfelinato

y que escribió "El contrato social".

De él son muchos de nuestros males. Rousseau.

Has dicho Voltaire.

He dicho "Voltaire, un grande, Rousseau, un miserable".

¡Qué susto! Creía que... ¿Cuál de las dos te parece peor?

Una se refiere a su familia y la otra al resto de la humanidad.

Que cubre todo el espectro.

Con el Emilio también tuvo que irse. Rousseau es caso aparte.

Pero este hombre, lo que decimos de malditismo,

pues él fue un poco un maldito, un padre calvinista,

al final, coge y dice:

"Como eres calvinista, voy a ser católico",

"No, por favor. Católico, no". "Pues un punto medio, anglicano".

Un lío. Llega el conde de Eglinton y se lo lleva a Londres.

Lo que hace allí es aficionarle a la prostitución,

al alcohol, vuelve su padre a por él,

con una gonorrea estupenda.

Una alhaja. Una alhaja.

Pero dejó escritos unos diarios y unas epístolas fantásticas

que se llegaron a encontrar entre los papeles de un pescadero

que usaba para envolver el pescado.

O sea, de estas cosas muy rocambolescas.

"Fish and chips".

Es una de las cosas más repugnantes

que existen en toda la faz de la tierra.

No sería "fish and chips"...

"Una visita a Voltaire y a Rousseau",

si queremos saber cómo fue ese siglo XVIII

de la mano de las cartas de este hombre

con estas personalidades.

Chicas, el concurso.

Hoy lo tenemos facilísimo.

¿Me dejas decir cómo pueden concursar...?

@librosconuasabi es nuestro Twitter.

Publicaremos el comienzo del libro que tenemos que adivinar

y entre todos los que hayáis participado

y acertado, por sorteo,

uno de vosotros se llevará un libro de "Drago".

Menudo premiazo. De "Turó".

De "Turó". No, de Dragó.

Solo tenéis que ver el programa para saber de inmediato.

Bueno, sí. Es para que participéis.

Este libro cuyo comienzo voy a leer, es tirado,

pero os voy a dar una pista.

He hablado con Millás del cristianismo,

del peso del judeocristianismo, del pecado original, la culpa...

El libro en cuestión empieza así:

"Como ha dicho su presidente,

el tema acerca del cual voy a hablar esta noche es:

'Por qué no soy cristiano'.

Quizá sería conveniente, antes de nada,

tratar de averiguar lo que uno quiere dar a entender

con la palabra 'cristiano'.

Hoy en día la emplean a la ligera muchas personas".

Hombre, yo... No invita a seguir leyendo, ¿no?

Nada. No lo sabes. Qué angustia, de verdad.

Pues el título del libro está en el párrafo que os he leído.

Es un libro de Bertrand Russell que se titula:

"Por qué no soy cristiano y otros ensayos".

Qué difícil. Más fácil...

Hombre, no era tan fácil. No es fácil.

No era tan fácil, padre. Ni tan relevante.

Tampoco.

Por qué Bertrand Russell no es cristiano...

Me inquieta tan poco...

Es un filósofo. Por supuesto, por supuesto.

Que no entra entre mis prioridades.

Bueno, pues te acabas de cargar a Renan entre otros.

No es mi problema.

Es decir, que por qué este señor... Sé buena, Anna. Sé buena.

No tiene por qué justificar... Sé buena.

Pórtate bien.

Anna, lees tú hoy el poema, ¿verdad? Sí.

Ahora os voy a pedir que os pongáis un poco serios.

Será triste, como todos los poemas que eliges.

Sí. A mí me gustan los poemas tristes.

Estás en tu derecho.

Además, es de Claudio Rodríguez. Estamos en un valle de lágrimas...

y de risas. Hoy especialmente. También.

Me voy a poner en pie porque si no, aquí no hay seriedad.

"Como el son de las hojas del álamo".

"El dolor verdadero no hace ruido.

Deja un susurro como el de las hojas del álamo

mecidas por el viento.

Un rumor entrañable de tan honda vibración,

tan sensible al menor roce

que puede hacerse soledad, discordia, injusticia o despecho.

Estoy oyendo su murmurado son

que no alborota, sino que da armonía,

tan buido y sutil,

tan timbrado de espaciosa serenidad en medio de esta tarde

que casi es ya cordura dolorosa, pura resignación.

Traición que vino de un ruin consejo de la seca boca de la envidia.

Es lo mismo.

Estoy oyendo lo que me obliga y me enriquece

a costa de heridas que aún supuran.

Dolor que oigo muy recogidamente

como a fronda mecida sin buscar señas, palabras o significación.

Música sola, sin enigmas,

son solo que traspasa mi corazón.

Dolor que es mi victoria.

No se hable más.

Todo está en los libros.

Todo está en los libros.

  • Libros con Uasabi - 25/06/17

Libros con Uasabi - 25/06/17

25 jun 2017

Programa divulgativo sobre literatura. Hoy nos presentará su libro Juan José Millás. "Mi verdadera historia"

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