Libros con uasabi La 2

Libros con uasabi

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Para todos los públicos Libros con uasabi - 30/04/17 - ver ahora
Transcripción completa

Marta Robles es periodista, es escritora, es rubia,

y tiene esa clase de físico que el vulgo asocia con el "pijerío".

"Pijerío" que ella ha retratado y retrata,

implacablemente, en su última novela.

Así comenzaba la entrevista que Anna Grau le hizo

poco después de que apareciese este libro:

"A menos de cinco centímetros",

editado por Espasa.

La publicó, la entrevista, en "El español".

De él y de otras cosas vamos a hablar hoy con su autora

en esta nueva entrega de...

Todo está en los libros.

Todo está en los libros.

Todo, todo,

todo está en los libros.

La primera entrega de "Libros con uasabi",

hace ya de eso muchas lunas, estuvo dedicada

a la primera novela de Milena Busquets,

"También esto pasará", publicada por Anagrama.

Y hoy, año y medio después,

extraigo y doy lectura a algunos párrafos

del artículo que esa autora publicó hace unas semanas

en "El Periódico" de Cataluña.

De un tiempo a esta parte -decía- intentan convencernos

de que todo es sexi.

Supongo que los especialistas en marketing y comunicación

se han dado cuenta, a buenas horas,

de que casi todo lo que hacemos lo hacemos por amor,

para que nos quieran los demás o querernos más a nosotros mismos.

Después de todo, el narcisismo también es una forma de amor.

Tal vez sea incluso una de las más extendidas.

Y como el amor es el hermano mayor y trascendente del sexo,

y van tan a menudo cogidos de la mano,

han decidido repetirnos lo de "sexi" hasta la saciedad.

Así que ahora resulta que la política es sexi,

que las pizzas congeladas son sexis,

que el feminismo es sexi,

que beber zumos gigantescos de color verde oscuro es sexi,

que ir al dentista es sexi,

que ir en bicicleta es sexi,

que limpiar la casa es sexi,

que pedir una hipoteca es sexi

y que leer también es sexi.

En el caso de la lectura, entre otras muchas iniciativas

para animarnos a leer, han hecho unos pósteres preciosos

con fotos de Paul Newman y de Marilyn Monroe

en todo su esplendor, ambos leyendo,

y debajo, el eslogan "leer es sexi".

Bueno, pues tiene Milena Busquets malas noticias para ustedes.

Leer no es sexi.

Leer es una experiencia honda,

a veces dolorosa, casi siempre ardua,

mucho más ardua que plantarse

delante de la televisión o del ordenador.

Leer requiere esfuerzo, concentración,

constancia, paciencia,

cultura, práctica y determinación.

Y si queréis que os diga la verdad, escribir tampoco es nada sexi.

No hablemos ya de vivir con un escritor.

Un ser ensimismado y gruñón

que pasa la mayor parte del día en su mundo

imaginando cosas y violentando la realidad.

Tampoco es sexi pensar.

Enfrentarse una y otra vez a las propias limitaciones

resulta más bien agotador y frustrante.

Ni aprender alemán, ni parir,

ni buscar una cura contra el cáncer,

ni acompañar a tu madre al médico.

A veces, ni siquiera el sexo es sexi.

Es sexi que te lean un libro en voz alta,

igual que es irresistible que alguien te cuente una historia

cuando estás a punto de dormirte.

O si te dedicas a escribir a cualquier hora del día,

que es el equivalente humano de dejar una luz encendida

para no sumirse solo y a tientas en los sueños.

La noche es sexi, y el mar,

y las fiestas de dos personas, y los coches descapotables,

y el despilfarro, y los extremos,

y los casinos, y el caviar a cucharadas,

y una caja de botellas de champán en la puerta de casa,

y una cajetilla de Ducados olvidada encima de una mesilla de noche.

Desear resulta sexi, mucho más sexi que ser deseado.

Y los escotes femeninos, y también Paul Newman y Marilyn Monroe

leyendo o bailando sardanas, da igual.

Pero leer no, leer no es sexi.

Leer es importante.

Y punto.

Hasta aquí, Milena Busquets.

A partir de aquí, Marta Robles a la que, a renglón seguido,

entrevistaré a cuento de su novela ya citada:

"A menos de cinco centímetros".

Espasa.

Es un relato negro en el que hay,

además de otros ingredientes glamurosos y clamorosos,

generosas dosis de sexo multicolor, pero no siempre sexi.

Vamos con ello.

Hola, Marta.

No te digo que vienes muy guapa para que no se metan conmigo.

Ya lo están viendo.

Anna Grau ha dicho, literalmente,

que tu novela es "una especie de fresco porno criminal".

No sé si estás de acuerdo.

Yo lo estoy solo a medias.

No he encontrado tanto sexo como Anna me anunció.

No hay tanto sexo, desde luego que no.

Yo creo que hay el sexo justo.

Además, a veces es un sexo, muchas, vacío de amor.

Con lo cual, simplemente sirve para situar a los personajes

y para ver también un poco por lo que están pasando.

Porque hay sexo por compasión, hay sexo por obligación,

hay sexo por sometimiento e incluso sexo como arma de guerra.

Hay muchos tipos de sexo en la novela.

El género de la novela negra, que tan de moda se ha puesto,

te interesaba ya de niña.

En el cole, te censuraban las redacciones

por encontrarlas demasiado sangrientas.

Quién lo diría viéndote,

no sé, tan rubia, tan amable, tan civilizada.

¿Es tu lado oscuro?

Tú ya sabes que tengo un lado oscuro.

Tengo que tener un lado oscuro, cómo no.

Pero sí es verdad que, a lo mejor por la influencia

de las lecturas de Poe o algo así,

escribí al menos, que yo recuerde,

dos o tres redacciones muy sangrientas.

Y yo creo que si las hubiera escrito ahora siendo niña,

me hubieran sentado en...

en un diván de psicólogo y no me hubiera vuelto a levantar.

Porque ahora, todo se arregla en el psicólogo.

En aquel momento, me preguntaban: "¿Te pasa algo? ¿Tienes problemas?".

Pero estaba sorprendida. ¿Has ido a un psicólogo?

Yo nunca. No.

Los escritores, se supone que nos "psicologizamos"

a nosotros mismos.

Pero yo tengo muchos amigos escritores

que van al psicoanalista. Eso sí.

Psicoanalizarse les parece lo más.

Yo fui una vez a un psiquiatra, en un momento determinado de mi vida,

estuve veinte minutos y nunca más volví.

No te voy a decir lo que me dijo.

Pero después de escucharme, me dijo:

"Tiene grandes dotes para la comunicación".

Dije: "¿Sí? Muchas gracias". Y me fui.

Hombre, te clavó. Me clavó.

Ya de adulta, no te decidías

a dar el paso de escribir una novela negra

porque sus exigencias de armazón, de estructura, te imponían.

Y eso duró

hasta que un buen día te topaste con un personaje

que olía a perfume de violetas, y lo viste todo claro.

Lo he puesto ahí el perfume de violetas,

para que lo olieras tú.

¿Me estás pidiendo que me acerque?

A menos de cinco centímetros no.

(RÍEN)

Pero ¿fue así? Pues sí.

La verdad es que...

yo tenía la ilusión de construir una novela negra,

pero, tú que me conoces,

sabes que soy muy exigente conmigo misma y muy prudente,

así que he ido paso a paso.

Primero, empecé en no ficción, seguí por la ficción,

por relatos, por novela.

Y entonces, en el momento en el que yo pensé

que tenía la destreza literaria suficiente

como para hacer esa estructura que no defraudara al lector,

con ese tipo de lenguaje muy visual,

con una prosa puesta al servicio de la historia,

menos adjetivada y menos lírica,

fue cuando dije: "Me quiero lanzar".

Pero me faltaban dos detalles:

uno fue el del detective que yo quería construir,

y que se me ocurrió que tuviera que ver con la guerra

a partir de unas fotografías que yo encontré de un tema...

de mi paso por los informativos.

Y en ese mismo momento, una amiga mía me regaló

una muestrecita de un perfume de Chanel, de violetas,

que se llamaba Misia.

Misia, como sabes, era...

la íntima amiga de Coco, la que la introdujo

en la alta burguesía y aristocracia y todo esto,

y era una pianista casada en terceras nupcias

con el muralista español José María Sert.

Y entonces, hacía unos años, Olivier Polge,

que es la nariz de la casa Chanel,

hizo un perfume en homenaje a esta mujer.

Entonces, el olor y el nombre me hizo que...

que... adivinara el personaje.

¿Y ese frasquito se acabó ya y te has comprado otro?

No, me lo regaló Chanel.

Me lo han regalado.

Me lo regalaron de la propia casa.

Misia y Sert acabaron fatal.

Misia y Sert acabaron fatal. Sí, sí, sí.

Bueno, al mismo tiempo, cuando ya barruntabas esta novela,

Fernando Marías te encargó un relato porno-criminal

para una antología en la que iban a colaborar

todos los grandes nombres de la novela negra en España,

y te salió de un tirón.

Me salió de un tirón.

Cuando me lo preguntó Fernando, dije: "No sé si puedo,

porque no sé si sabré", y me salió de un tirón.

Y en ese mismo momento, se lo pasé a... mi marido.

Y cuando lo terminó, de pronto buscó en Internet

y dijo: "¿A que la protagonista es como esta?".

Y dije: "He triunfado".

Pero a partir de ahí, fue muy gracioso,

porque hemos ido de gira

todos estos grandes nombres del género negro;

y claro, yo iba con ellos y decía: "Lo vuestro ya se sabía,

pero nadie imaginaba que yo, rubia, como dices,

y amable y de colegio de monjas,

dijera estas cosas".

No las he contado ni en casa.

En ese relato, había ya otros ingredientes

que luego trasladaste a tu novela:

algo de reivindicación feminista, cómo no,

y un pellizco de humor. Sí.

Sí, sí. Para mí era fundamental.

La reivindicación me parecía imprescindible en ese relato

porque se trataba de dotar al porno de argumento.

Entonces, en un argumento escrito por una mujer

de un relato porno-criminal, me parecía que era imprescindible

que hubiera esa gota de reivindicación feminista.

Pero, ya te digo,

con ese humor que lo facilita todo

y hace que todos lo entiendan, hombres y mujeres.

En definitiva, se trata de la vieja fórmula

que siempre se ha utilizado en la novela llamada policiaca:

"c'est la femme", buscar la mujer. Sí, sí, sí.

Sí, sí, sí.

Bueno, retratas el mundo de la alta sociedad madrileña

y dentro de él, entre otros,

a los grandes magnates de la comunicación,

que tú conoces muy bien debido a tus actividades como periodista.

¿Hay retratos reconocibles? Yo no voy a revelarlos.

¿O todo es punchball, ganchillo y punto de cruz?

En realidad, el retrato que yo hago

de esos magnates de la comunicación,

de ese mundo...

tan de lujo y tan excesivo

y, a veces, casi ordinario de puro excesivo,

es más neoyorquino que español,

es más internacional.

Hay grandes nombres del mundo de la comunicación,

que yo he seguido y que hemos seguido todos

porque hemos leído biografías y visto cómo se comportaban

y los hemos visto en televisión, que tienen más que ver

con el retrato que yo hago que con los españoles.

Ni el escritor...

Por ejemplo, el escritor protagonista,

yo no creo que haya ninguno de esas características en España.

Ni tan atractivo, ni tan millonario,

ni tan "cool", ni todas esas cosas.

Yo creo que es un retrato más de un escritor neoyorquino,

un salto. Pero hay una contradicción.

El mundo de los poderosos, le dijiste a Anna Grau,

te parece aburridísimo. Sí.

Pero lo utilizas para escribir tu novela.

Lo de "aburridísimo", según, ¿no?

En Roma o Egipto, no lo era.

En la Francia revolucionaria o en la soviética, tampoco.

Los Kennedy, Marilyn Monroe, los jerarcas nazis,

Leni Riefenstahl, muy aburridos no eran.

Sí. Pero el mundo del poder empresarial,

que es del que hablamos Anna y yo, me parece muy aburrido.

Y, sobre todo, me parece que los empresarios...

y esa... esa especie de devoción por el dinero,

me resulta tristísima y aburridísima y muy vacía de cosas.

Lo utilizo en la novela, pero como contrapunto.

En definitiva, es fundamental

que yo estructure eso que estructuro.

Yo estructuro una historia que, bueno...

Alguien puede pensar que soy pija,

que yo no soy nada pija y nunca lo he sido, pero...

No es que yo esté mostrando un mundo pijo,

estoy mostrando un mundo

en el que el dinero lo puede comprar prácticamente todo.

Un mundo que está muy delimitado, en el que pongo las marcas,

porque no es lo mismo que alguien lleve un Porsche amarillo

que un Jaguar verde, no es lo mismo.

Eso determina una forma de comportamiento, de educación...

Un Porsche amarillo lo llevaría un futbolista,

y no llevaría un Jaguar verde, por ejemplo.

Entonces, para delimitar un poco todos los extremos

donde sucede el lujo,

donde... se desarrolla la vida de estos personajes,

necesitaba pintarlo todo con muchísimo detalle.

Pero esto es el contrapunto de otros escenarios,

escenarios de garitos de música, escenarios de la guerra,

tremendamente sórdidos,

y escenarios de la trata de mujeres y niñas.

Es importante saber...

que en esos espacios sórdidos,

a veces es donde se genera el dinero

de los espacios luminosos.

¿Me permites que indague algo

en los secretos del fondo de tu "almario",

con ele? Por supuesto.

Yo siempre busco en los libros, aunque no parezcan autobiográficos,

y este no lo parece, el rostro del autor.

Decía Borges: "A veces, en las tardes, una cara se dibuja

en el fondo de un espejo, el arte debe ser como ese espejo

que nos devuelve nuestro propio rostro".

Algo así, cito de memoria.

Entonces, me pongo a indagar en tu intimidad

y te pregunto, mirándote,

si la belleza es un arma de doble filo.

Ya sabes eso de que "la suerte de la fea, la guapa la desea".

La belleza es un arma de doble filo.

En tu caso, el éxito te ha acompañado siempre.

No te creas. No parece que ese refrán se cumpla.

No te creas. El éxito no me ha acompañado siempre.

Y el hecho de ser más o menos atractiva,

en momentos determinados, me lo han hecho pagar muy caro.

La primera vez que presenté un informativo...

Sola, sola. La única mujer que presentaba sola un informativo,

que lo subdirigía también además.

Al día siguiente, todo el mundo me decía

que me había puesto la chaqueta roja porque, de esa manera,

salía más guapa y era lo que quería potenciar.

Y yo no sabía lo que me iba a poner.

Pero...

Y hubo un compañero que me dijo:

"Si quieres tener credibilidad, te tendrás que cortar la melena".

Y digo: "Ya, porque las mujeres somos animales de pelo largo

e inteligencia corta", como decía Schopenhauer.

Bueno, pues no te creas, ¿eh?

No solamente eso.

La belleza y el...

el aparentar que soy una...

niña bien...

me ha causado muchos problemas a lo largo de mi vida.

En cualquier caso, esto es una confesión tuya,

has padecido inseguridad muy insistente

a lo largo de tu vida. Sí.

Una inseguridad fraguada en la difícil relación con tu padre,

que te negaba el reconocimiento intelectual e incluso el físico.

Y te has pasado media vida suspirando por su aprobación.

Sí. Siempre digo que, cuando murió, mucha gente me dijo:

"Tu padre estaba muy orgulloso de ti".

Y yo decía: "Me hubiera gustado que me lo dijera alguna vez".

En definitiva, yo...

Yo creo que la inseguridad tiene una parte positiva y otra negativa.

Creo que la duda es imprescindible para que el ser humano se mueva

y vaya para adelante, pero hay veces que te inmoviliza

y hay veces que te hace estar permanentemente

comparándote con los demás, y siempre sales perdiendo

y nunca miras dentro de ti,

lo único que te interesa es lo que dicen los otros.

Y te pasas permanentemente

pidiendo la aprobación de los demás y sin atreverte a decir que no.

Y... eso a mí me ha pasado mucho tiempo.

Ahora... ahora...

ahora, he aprendido a convivir con mi inseguridad.

Pero la inseguridad,

tú misma acabas de insinuarlo, es la madre de la curiosidad,

y la curiosidad es lo que te llevó a ser periodista y escritora.

Ese es el legado de tu padre. Bueno...

Deberías agradecérselo.

Bueno, bueno, no sé si es el legado de mi padre.

Los padres escriben derecho con reglones torcidos muchas veces.

Pues será, será.

Yo no tengo ninguna mirada ni de revancha ni de rencor

hacia mi padre.

Creo que su época fue una época determinada.

Y, bueno, pues él...

también tenía sus propias inseguridades.

Hace unos meses, sacaste un ensayo, de descarnada confesión,

que se titulaba, se titula,

"Haz lo que temas".

Aquí, en el decorado, no sé si el espectador alcanza a verlo,

hay una frase de Krishnamurti que yo repito a troche y moche:

"Haz lo que temes y el temor desaparecerá".

¿Tú lo has hecho? Sí.

Sí, sí.

Esta frase es de Ralph Waldo Emerson.

"Haz lo que temas", en realidad es

"haz siempre lo que temas hacer".

Él tiene un ensayo sobre la autoconfianza

que a mí me ha servido de guía

en muchos momentos de mi vida.

Y sí, sí, sí, yo...

Para empezar, ya solo en lo físico,

yo he sido muy bruta.

Yo tengo vértigo y me he tirado en parapente,

he hecho ultraligero...

O sea, he hecho todas las barbaridades...

Te has tirado en parapente. Sí.

He hecho todas las barbaridades habidas y por haber.

He tratado de vencer mis miedos siempre a lo bestia.

Siempre digo que no lo recomiendo exactamente,

que cada uno los venza como pueda.

Pero para mí, saltar... es muy importante.

Anna Grau, en esa entrevista que ya ha salido a relucir,

subrayaba que, en tu novela, tienen mucha importancia

las apariencias, los códigos de indumentaria,

"que mandan -dice- señales y mensajes".

Yo, con mi torpe aliño indumentario a cuestas,

nunca me fijo en esas cosas.

Es un rasgo más femenino que masculino.

No sé si me condenarán como supuesto machista por esto.

Sin embargo, antes...

Los hombres soléis tener prisa,

depende en qué momento, y ya no os fijáis.

Pero... pero... Os cortáis el pelo

y no nos damos cuenta, cambiáis de traje y no nos damos cuenta,

no recordamos la joya que lleváis colgada al cuello.

Yo no estoy tan segura de eso.

En realidad, aunque parezca que no lo veáis,

lo habéis visto, lo habéis intuido, y eso...

supone algo...

de reflejo en vosotros.

Pero además, aquí se describe cómo van vestidos los hombres

y cómo van vestidas las mujeres. Ya.

Y, bueno, lo que te decía...

Antes de empezar esta entrevista, decíamos:

"No es lo mismo una persona que lleva un coche determinado

o que se pone una ropa determinada".

No es exactamente lo mismo.

De hecho, los códigos de vestuario sirven

para determinar la vida que vivimos.

Es una de las reglas que tenemos que seguir,

porque si no, la vida en sociedad sería muy difícil.

Pero de todos modos, yo te vuelvo a insistir.

Este apartado del lujo,

de detallar con precisión todo el vestido,

tiene mucho que ver con que yo quiero delimitar

la jaula de oro en la que viven determinados personajes,

y cómo hay un determinado dinero

que puede pagarlo prácticamente todo.

Fíjate si puede pagarlo todo que incluso

cuando el detective Roures

va a investigar a Londres

uno de los encuentros de Artigas, el escritor,

con una de las amantes,

va al Hotel Connaught de Londres

y pasa el bar Coburg, que es el bar normal,

y se va a la Habitación del Champán, que es un bar clandestino.

Es el único lugar del mundo donde se vende

el champán más caro del mundo por copas,

y cuesta la friolera de doscientas cincuenta libras,

por copa.

Roures se queda y dice: "¿Cómo es posible?

Esto es la mitad del salario base interprofesional".

Dice: "¿Qué pasa,

que hay dinero que puede pagarlo prácticamente todo?

¿Y de dónde sale todo este dinero?".

El que paga eso y el que paga, como sabes,

que hay mucho en este libro,

libros, libros muy muy caros:

una primera edición de Joyce que cuesta 459 000 euros,

por ejemplo.

Misia se acuesta con su marido por gratitud al principio,

y por cariño después,

pero sin el acicate de la atracción ni de la pasión.

Vienes a decir o a sugerir que es una relación contra natura.

Vengo a sugerir

que es una relación de resignación y contra natura

que se da mucho en la sociedad.

Hubo una lectora que me dijo algo que me dejó...

totalmente estupefacta.

Me dijo: "Es muy gracioso, pero, en realidad,

casi todos los matrimonios están pactados.

¿Quién se va a la cama con su marido apeteciéndole?".

Yo me quedé, y digo: "Qué horror".

Bueno, pues en el caso de Misia, es...

Es una mujer resignada con esa suerte hasta que, de pronto,

pues se encuentra con el volcán.

Y detrás de eso está el eterno problema

y la eterna sospecha de las mujeres que fingen el orgasmo;

cosa que el hombre, en principio, no puede hacer.

Pero solo en principio. Sí, también.

Pero solo en principio, también hay quien trampea.

También hay quien trampea.

Pero aquí sí hay una escena también de sexo por compasión.

Sexo por compasión.

De un hombre que quiere a una mujer, pero no la desea.

En tu novela, sale mucho mejor parada,

incluso en la cama, la mujer madura que la joven.

Hacer el amor, como todo, se aprende.

Pero eso vale también para los hombres maduros,

que tampoco te gustan. Bueno, no.

No digo que no me gusten los hombres maduros,

digo que no me gusta tanta diferencia de edad.

Yo te digo...

No he tenido ninguna relación

con una diferencia de más de veinte o veinticinco años,

lo máximo ha sido mi marido que me lleva siete y medio.

No...

No. En general, me gustan más de mi edad,

de mi edad, un poquito más o un poquito menos.

Qué le vamos a hacer.

Otro tema, Marta: el de los corresponsales de guerra

y la dolorosa carga que acumulan. Sí.

De hecho, al final del libro aparece la lista de gratitudes,

incluso a Arturo Pérez-Reverte. Sí, sí.

Hablé muchísimo con Arturo, más que con ningún otro,

pero también hablé con Alfonso Rojo

y con Jon Sistiaga, que me dio la clave de todo.

Para mí era imprescindible... Yo quería crear un detective clásico.

Entonces, quería crear un detective desencantado,

pero sobre...

unos mimbres determinados. Yo quería que mi detective

hubiera estado en primera línea de guerra

porque, de esa manera, sabía bien que no había ni buenos ni malos

y sabía que cuando las personas están al límite,

se pueden convertir en verdaderas alimañas.

De esa manera, no iba a juzgar.

Yo quería que se quedara en ese duro un poco descreído,

pero que, sin embargo, tuviera un código de valores,

un código de principios,

que eso me parece muy importante dentro de las novelas negras,

y que hiciera cualquier cosa por lealtad o por amor.

Es un tipo que viene con muchas cicatrices de la guerra.

Es un tipo que al principio se ríe de sí mismo

porque se ha reconvertido en detective de infidelidades

y le acaba de dejar su mujer.

Y como le dice a su mejor amigo: "Vaya mierda de detective debo ser

que ni me he dado cuenta de que mi mujer me ponía los cuernos".

Bueno, pues este tipo...

necesitaba de verdad que tuviera esas cicatrices

y alguna turbiedad,

que es para mí el corazón de la novela.

Esa turbiedad de Roures es quizá

lo más importante de la novela.

Y lo que le deja de verdad más tocado a él,

que solamente puede paliar gracias a su colección de vinilos,

a esa música que es la banda sonora original de la novela.

Última pregunta, y moraleja,

y, en definitiva, el corazón de la novela.

"El mecanismo que mueve la sociedad es

el engaño en sus infinitas formas".

Todas las relaciones, vienes a decirlo, son de poder.

Esa es una conclusión de mujer madura, o de varón maduro.

Siempre hay en la madurez un deje de misantropía.

Seguramente, sí. Seguramente, sí.

El otro día, hablando con Luis Landero,

me lo definió perfectamente, me dijo:

"Todos tenemos nuestro escaparate y nuestra trastienda".

Y yo creo que todos tenemos una trastienda.

Y, al final, hay muchos engaños:

a veces son grandes; a veces, pequeños.

Pero quizá sin esos engaños, sería imposible que conviviéramos.

Fin de esta charla a quemarropa.

Te he interrogado a cinco centímetros de distancia.

No, no, no. Y ahora...

A cinco sería un poco más cerca.

A menos de cinco centímetros.

Sabes cuándo sale esa frase, ¿no?

El escritor le contesta, después de una relación sexual, a Misia:

"No me gusta contar mis sentimientos por escrito,

así que la próxima vez que te vea,

lo haré con las manos, con los ojos, con el aliento,

y será cuando esté a menos de cinco centímetros

de tu boca o de lo que sea".

"In shaa Allah".

Dos afrodisiacos, Marta, de regalo.

Chocolate negro. Ah, qué bueno.

Tan negro como tu novela. Qué bueno.

Y uasabi. Tan picante como sus escenas de sexo.

Disfrútalos. Vamos con las chicas. Muchas gracias.

Todo está en los libros.

Todo está en los libros.

Las tres Gracias de "Libros con uasabi",

adiestradas por mí, no están a cinco centímetros de distancia,

sino a cinco kilómetros de distancia,

porque son traviesas y revoltosas.

Hoy, tenemos toda la segunda parte del programa para nosotros.

Bien. Recomendaciones.

Empecemos por ahí. ¿Quién? ¿Tú, Elia, por ejemplo?

Bueno.

Vale. Habéis hablado de...

Fíjate que cuando Marta estaba en la entrevista,

tiene que estar excusándose

constantemente:

"No soy pija" o "no soy...".

Eso a la mujer le ha pasado siempre a lo largo de la historia.

A los hombres también, pero a lo mejor en otros ámbitos.

En la literatura, creo que en menor medida.

Nosotras hemos tenido hasta que tirar de seudónimos

para publicar.

Y a mí eso me sigue dando mucha pena.

Porque es...

es una mujer muy inteligente, hay que decirlo,

y se ha atrevido con la novela negra,

que es un género...

A mí no me gusta la novela en general, negra tampoco, pero...

me da pena eso de tener que excusarse.

En el caso de Madame de Stäel,

que es el libro que quiero recomendar:

"Consideraciones sobre la Revolución francesa"...

Bueno, no solo sobre la Revolución francesa,

es lo que vino después: el desencanto de ella misma

con el señor Napoleón, lo que podía haber sido y no fue.

Esta mujer le dio un cambio a la literatura...

enorme,

fue muy valiente, yo creo.

Y, sobre todo, de las bellas letras

ella pasó a hablar de literatura, ya sabes, el concepto...

de literatura.

Y esas tertulias que se organizaban en su casa...

Bueno, ella, constantemente, desde los doce años,

ya estaba por allí correteando.

Al menos eso cuenta, yo no estaba allí para verlo.

En las rodillas de unos y otros, escuchando lo que se decía.

Bien. Inicio de la literatura,

el compromiso del escritor con su público.

Algo que, a lo mejor, yo en la novela no atisbo demasiado,

pero ella sí hablaba de esto mismo.

Hay... En este prólogo

que es fantástico

sobre las consideraciones de Madame de Stäel,

que es de Xavier Roca Ferrer,

habla precisamente de su relación con Napoleón.

Y hay un momento genial que define muy bien

a la mujer que era.

El hermano de Napoleón, José Bonaparte,

se va a hablar con ella, ella estaba exiliada.

Que cuánto más peligro no tiene un exiliado que un disidente,

porque un exiliado, desde fuera, tiene muchas más ventajas

a la hora de maniobrar

que alguien que está en el mismo sitio.

Pues José Bonaparte fue a hablar con ella y le dijo:

"Me dice mi hermano

que qué es lo que quieres".

Porque ella no paraba de hacer una contrapropaganda

contra Napoleón,

y claro, él ya le dijo:

"Ve a decirle a esta qué quiere,

que pare ya de conspirar contra mí,

a diestro y siniestro".

Y él le preguntó eso: "Dice mi hermano que qué quieres".

Y ella dijo: "El problema es ese, que no es lo que quiero,

sino lo que pienso".

Y claro, esa es la gran diferencia,

en el momento en el que se escribe este libro,

de que ella tenga esa personalidad.

Dibuja a la mujer genial; en "Delphine" también,

en esa otra obra de ella.

La mujer genial, y otro tipo de mujer más pasional.

Pero dice que no tiene por qué estar reñido ser pasional,

que ella lo era mucho, y amante de sus amantes,

y ser ortodoxa a la hora de escribir,

de historia por ejemplo,

incluso que la razón y la emoción no están reñidas.

Hay una cosa que has dicho que me ha llamado la atención,

remontándonos a otro momento con Marta Robles.

Sí, sí.

Yo creo, sumando todo lo que dices,

que una gran decisión importante

que las mujeres hemos tenido que tomar

a lo largo de la literatura es si queríamos ser musas

o queríamos ser autoras. Ahí está.

Si queríamos ser una creación vicaria...

Lo digo porque he visto gente muy a la greña.

Por ejemplo, la biógrafa de Lucia Joyce

y la biógrafa de Nora Joyce, la mujer y la hija,

arrancándose el moño por quién de las dos

había inspirado más a Joyce,

lo cual es casi de verduleras. Total.

Entonces, dices: "A ver, ¿en qué momento...?".

Ventajas y desventajas...

Si pudierais elegir entre ser musas y creadoras,

imagino que, conociéndoos, sé lo que diríais.

Pero ¿entendéis la...?

La dicotomía. El "gustirrinín".

Porque ser musa es más descansado que ser autora.

Sí, sí. Aunque quizá un poco menos...

Madame de Stäel tenía sus "musos".

Claro, exacto, los "musos".

Benjamin Constant, que era un gran...

Un gran. Ahí lo dejo.

Tenían verdaderas escaramuzas verbales,

y la gente se mataba por verlos discutir

en una tertulia o en... Yo preferiría ser vuestro "muso".

¿Ves? Un "muso", mucho mejor.

No me lo creo. ¿Preferirías ser "muso" a creador?

Me encantaría ser "muso".

Pero a mí me encantaría ser musa y creadora, las dos cosas.

¿Por qué me voy a enfadar? Porque, a ver,

el punto débil de la musa, "muso" o "musaraño" es

que la última palabra la tiene el autor o autora.

Entonces, yo no creo que todas las musas se reconozcan

en todos los autores. ¿Cabe mayor homenaje a una persona

que la conviertas en protagonista de una novela?

Pero además, hay muchas musas y "musos"...

Claro, depende de en qué clase de personaje te convierta.

Hay muchos "musos" y musas que son además creadores.

O sea, que, bueno, se han relacionado con creadores

y se han convertido a su vez... Las dos cosas.

en musas. No digo lo contrario.

Obligado a elegir entre lo uno y lo otro...

Por cierto, Elia, no has dicho

el editor del libro.

Arpa. Arpa Editores.

Y es una edición maravillosa,

con una notas a pie de página inmensas.

A mí me gusta mucho. Es una edición valiente.

Muy valiente. Sacar libros así...

Y con unas notas a pie de página que, a mí me pasa,

me parecen hasta más interesantes que la propia obra.

En este caso, no.

Vuelvo a decir que es más interesante.

O sea, que no es más interesante.

Pero aclaran mucho, sobre todo,

el concepto de esa literatura

que ella quería dibujar, y no tanto las bellas letras.

Déjame añadir una cosa a lo que estabas diciendo, Elia.

Porque la temporada pasada,

trajimos a un autor, o autora,

con un libro, del que no recuerdo el nombre,

que hablaba de la literatura para mujeres.

No sé si lo recuerdas, padre.

En ese libro, hablaba de Mary Shelley,

de todas las circunstancias fabulosas

en las que se escribió "Frankenstein",

o "El moderno Prometeo".

Y ahí hacía un análisis muy curioso

en el que decía que las mujeres no solo han tenido

enormes dificultades a la hora de convertirse en escritoras,

si hablamos de literatura,

y han llegado relativamente tarde

a ocupar un lugar en las letras,

sino que incluso grandes personajes escritos por mujeres,

como Frankenstein,

siempre se le ha dado,

y ahora Fernando me dará...

un mordisco en la yugular...

Ese es Drácula, no Frankenstein. No, no.

Bueno, ese es Drácula, sí. ¿Por qué dices "Frankistein"?

Frankenstein.

Frankenstein. Podría decir "Frankonstin", como...

Porque en italiano dicen "Frankinstein".

A Frankenstein... Sí.

se la ha otorgado,

sin que Mary Shelley en ningún momento

lo dijera así,

como si fuera un personaje masculino.

Es verdad. Y hay todo un análisis

de que, en realidad, Frankenstein,

que es un análisis interesante, no es un personaje...

ni masculino ni femenino,

sino más bien un híbrido entre las dos cosas.

Ahí no te sigo. Pero déjame terminar.

Déjame terminar.

Pero, en todo caso, es interesante hasta qué punto

el alma de Frankenstein es femenina,

porque es el...

Mary Shelley vivió

en una época en la que las mujeres tenían

un contacto con la cultura

solo escuchando hablar a los hombres,

en que las mujeres no podían acceder

a estudiar, a aprender a leer y a escribir;

estudiaban solo cosas como...

música, las labores,

este tipo de cuestiones.

Y hasta qué punto este personaje,

que está relegado, que está en un segundo plano en la humanidad,

que escucha agazapado

en la puerta de esa familia perfecta

a la que accede al principio de la historia,

es en realidad...

cómo se sentía alguien como Mary Shelley,

o cómo se sentían...

las mujeres en esa época. Es una teoría, sí.

Es interesante.

Yo lo veo un poco traído por los pelos.

Es discutible, pero es interesante.

Yo más bien veo a Frankenstein como, no sé,

casi un prototipo de la virilidad.

Bueno, pero porque estamos acostumbrados...

Torpón... Grandote.

Pero porque estamos acostumbrados a ver al personaje como masculino.

Pero en realidad...

Y esa famosa escena de las margaritas y la niña,

que tira al río...? Eso es un...

desvirgue en toda regla, podríamos decir.

Lo que sí que es verdad es...

que a un Frankenstein femenino no lo degluto.

Pero sí que creo que el personaje puede estar situado

a nivel como de...

Como lo de las células madre antes de definirse.

Un híbrido, sí.

En un estadio "presexual" o "pregénero".

Sí, sí, por eso lo decía. Porque es verdad...

Pero yo jamás lo había pensado, y cuando lo vi...

Pero a mí también se me decanta más hacia lo masculino.

Lo veo una especie de...

cosa trágica, pero masculina.

Pero quizá es porque se nos decanta todo a lo masculino.

A lo mejor sí, pero...

Bueno, veréis que hoy estoy calladísimo.

Sí, estás muy callado. Sigamos. Anna.

Bueno, a ver, yo...

Eh...

No sé qué hacer primero.

¿Puedo tirar al cohete un libro? Eso lo dejamos para más adelante,

que yo también quiero tirar uno. En ese caso, pues...

Vamos juntos a tirarlos. Ay, una cosita, Fernando.

Es que os va a gustar. Se me olvidaba. Solo una cosa.

La mayor tragedia de Madame de Stäel era

no haberse podido casar con su padre.

Esto lo decía ella mucho, y me parece precioso.

Tuvo muchísimos amantes. ¿Precioso?

Sí, porque le tenía...

En biografías que hay sobre ella y escritos que deja,

le tenía un amor muy muy especial,

no era solo lo sexual. Era fantástico.

Es lo mismo que le ha pasado a Ayanta.

He escuchado en entrevistas que has llegado a decir eso.

De niña siempre decía que quería casarse conmigo.

He acabado. El padre es la primera referencia...

masculina que tiene cualquier hija. Pues ella decía eso,

que su mayor trauma era ese. Perdona, Anna.

De hecho, esta mañana te he dicho que cada día te veo más guapa.

Sí, y me ha encantado.

Me ha encantado. Sí, sí. Es bonito.

Y además, por fin llevando trajes, trajes de mujer.

Tú has pedido que me vistiera de señorita y lo he hecho.

Has tardado en obedecerme. Igual aquí vemos un idilio.

El primer matrimonio logrado de esta familia.

Hablando de familias.

Yo quería recomendar un libro

editado por Espasa,

la autora es Pepa Roma: "Una familia imperfecta".

A ver.

¿Por qué quería recomendar este? Porque acaba de salir,

porque creo que está muy bien,

porque sucede en Cataluña...

Pero no se asusten,

la escenografía catalana es muy menor.

Y tercero, porque, a ver, habla... No, era la cuarta, ¿no?

Habla de...

La protagonista es una mujer.

Hoy, cuando veía la entrevista que le hacías a Marta Robles,

esto sería como...

Estaría en las antípodas de ese tipo de novela femenina.

Es una novela femenina

sufriente, dolorida,

sobre una figura femenina de todo menos triunfal,

y que además, nos cuenta una historia familiar,

una historia muy torturada, con una serie de problemas.

Pero, sobre todo, incide en una problemática

que nadie menciona de las mujeres, que es la de la dependencia.

La protagonista de esta novela

es una mujer que lucha

por tener su lugar en la sociedad, por hacer sus cosas,

pero se ve constantemente entorpecida

por su dependencia de sucesivos familiares

que le plantean situaciones extremas,

desde enfermedades...

Las dependencias de ellos hacia ella.

Sí. Ella tiene que hacerse cargo de una tribu de dependientes.

Además, es un trabajo sordo, en la sombra,

que va minando poco a poco su personalidad y sus defensas.

Está contado de una manera como en sordina.

Nos cuenta dramas lacerantes como... como quien no dice nada.

Y realmente, es un libro que te va envolviendo

y te va dejando el corazón en un puño.

A mí me ha gustado porque es una novela sobre mujeres perdedoras,

sobre mujeres derrotadas,

con las armas de hoy en día.

Porque tú hablabas de Madame de Stäel.

Nos gusta a veces ver la literatura femenina

como una línea ascendente

y, en realidad, no. A veces, digamos...

(HABLA EN CATALÁN)

Cuanto más vamos...

Yo me siento obligado a decir algo sobre Pepa Roma.

No he leído todavía la novela. Yo te la recomiendo.

Me llegó ayer.

Digo "ayer" por la fecha en la que estamos grabando el programa.

Con Pepa Roma tengo una relación de amistad

y una relación de lector muy estrecha.

Yo descubrí a Pepa Roma hace ya bastantes años,

cuando publicó una novela

ambientada en la India de los jipis,

en la misma India que yo había recorrido,

que se llamaba "Mandala"; le dieron el Premio Andalucía.

Escribí un artículo sobre esa novela

y a partir de ahí, nació una estrecha amistad con Pepa.

Yo conozco muy bien el trasfondo de esa novela,

el trasfondo de la vida familiar de Pepa Roma.

Siempre le digo que tiene un karma familiar

como la copa de un pino,

porque va enredándose la madre, el hermano, el marido,

etcétera, etcétera.

E incluso yo presidía el jurado del Premio Azorín

cuando también premiamos la novela anterior de Pepa Roma.

A mí lo que me ha gustado,

al margen del karma que se trasluce en la historia,

no damos más detalles para no chafar...

Creo que hace falta valor hoy en día para escribir una novela

de una mujer que pierde, de una mujer a la que le sale mal,

que toma decisiones equivocadas.

En la novela de Marta Robles,

hemos visto que, así sea a trancas y barrancas,

los personajes femeninos intentan salir adelante,

intentan vencer a los hombres con sus propias armas,

intentan incluso...

Pero es que la novela de Marta no es autobiográfica

y esta sí que lo es.

Quiero decir que no a todo el mundo le gusta desnudar las pérdidas

o desnudar las derrotas.

Intentamos mostrar una imagen de nosotros mismos...

Y como no hago carrera de vosotras...

Porque tampoco tú has dicho el nombre del editor.

Sí lo he dicho, Espasa. Lo primero que he dicho.

¿Seguro? Además, con retintín.

Espasa.

Seguramente, nuestros espectadores estarán notando

que yo tengo la voz ronca.

Efectivamente, la tengo; seguro que también me afectó al oído.

Ah, vaya. Bueno, yo también...

Pero cómo estamos.

Qué maravilla.

Gatunos, un poco, ¿no? Podemos hablar a nuestras anchas.

Un poco gatunos. Podemos ronronear.

En muchas ocasiones, tenemos al invitado aquí

y nos reportamos un poco, nos contenemos.

Sí, ahora estamos como en el salón, digamos, en zapatillas.

Como en la casa de Madame de Stäel.

Bueno, a mí me pasa lo mismo que a Elia,

yo tampoco soy lector de novelas,

y menos aún lector de novelas negras,

aunque me lo haya pasado muy bien con la novela de Marta Robles.

Sí quería recomendar a quien a mí me parece

uno de los grandes nombres de la novela española,

que es Carlos Salem,

que lleva ya un montón de novelas publicadas.

Yo lo descubrí hace muchos años, con su primera novela,

lo llevé a un programa de televisión.

Y ahora, la editorial Navona está publicando

prácticamente su obra entera.

Y acaba de aparecer, no las he leído tampoco,

"Cuando mi sombra te alcance".

Hay que decir que Carlos, novela negra o no,

escribe maravillosamente bien.

Escribe con una gracia, con una chispa, con un ingenio.

Os lo tengo dicho, que ahora el talento se agazapa

en la novela negra.

Como las series de televisión, en la novela negra.

Porque saben que es lo que vende. Bueno, por lo que sea.

Yo preferiría que se agazapara en otros cubiles, pero bueno.

Aquí, en este novela...

Yo me lo encontré el otro día

y me contó que en esta novela vuelve a aparecer...

el personaje de su detective, que es una especie de Marlowe,

se llama Arregui.

Y la novela lleva una faja, de Pere Sureda,

que imagino que será un escritor catalán de novela negra.

Yo no lo conozco, quizá Anna sí. Debo admitir que no.

Dice: "Les voy a contar lo que creo,

lo que creo es que Osvaldo Soriano y Chester Himes tuvieron un hijo,

sí, un hijo; no se supo nada en aquella época,

ya imaginarán por qué, ese tipo de relaciones...

Y ese hijo se llama Carlos Salem.

Sí, señores, eso es lo que creo". Pues yo también.

Más libros. ¿Más libros?

Pues voy yo con una recomendación

de un libro...

He traído este libro, padre, porque creo al menos,

espero no equivocarme, que tú también lo has leído.

"Basada en hechos reales". Espera, espera.

Es que la primera novela

me gustó una barbaridad. No digas.

Esta me ha gustado menos. Esta es una novela

de Delphine de Vigan. Que todavía no estáis casados.

No os peleéis. Ahora te cedo la palabra.

"Basada en hechos reales", de Delphine de Vigan.

Editorial Anagrama.

Y estaba diciendo que la he traído porque está bien también

que, de pronto, hayamos leído los libros que recomendamos

para que haya un debate.

Efectivamente.

Esta autora

escribió hace unos años

un volumen, voluminoso además,

que se llamaba "Nada se opone a la noche"

y que era un libro que, además, recuerdo que leí

en un larguísimo viaje yendo a tu encuentro en Birmania,

en un viaje que hicimos hace un tiempo.

Y, bueno, empecé a leerlo y realmente no pude parar,

porque es una autobiografía novelada, sin duda.

De ella y de toda su familia. De ella y de toda su familia.

Aterradora,

porque cuenta una historia muy muy dura.

Y, bueno, tiene todo ese...

ese... esa fuerza que tiene la literatura

de que, efectivamente, está basada en hechos reales,

que era lo que pasaba en la anterior novela.

Me quedé fascinada, además, con su manera de escribir,

con esa sencillez absolutamente limpia;

una literatura...

verdaderamente fabulosa.

Y me emocionó profundamente. No literatura maleducada.

No es una... Bueno, podríamos discutirlo.

Porque, claro, ella cuenta cosas de su familia

que creo, por las entrevistas que he leído luego,

que le generaron unos problemas espantosos.

De hecho, uno de los capítulos de aquella novela

lo empezaba diciendo algo así como:

"Si quieres tener problemas con tu familia,

con que escribas un poco sobre ellos, bien o mal,

tendrás el problema en la mesa".

Vosotros dos sois la excepción que confirma la regla.

Tú acabas de escribir una novela, que todavía no ha aparecido,

que es familiar. Lo que pasa es...

¿Vamos a tener problemas? No.

Porque tengo la suerte de tener, creo, un padre escritor

que sabrá comprender... ¿La has titulado?

No. No has titulado.

Sabrá comprender perfectamente la situación.

Bueno, el caso es que esta es la novela,

después de esa que fue un gran éxito,

y, bueno, sale a la venta.

"Basada en hechos reales".

Es curioso, porque tiene, por un lado, el afán,

o el juego literario, de proponer;

de hecho, hay varias citas de Stephen King,

de proponer algo que tenga que ver

con el best seller a lo Stephen King,

pero con esa autoficción

que Delphine de Vigan sabe perfectamente elaborar.

Entonces, evidentemente, hay una parte de... thriller,

que sucede toda una serie de cosas...

Es que parece una novela negra, por lo que dices.

Sí, porque es la historia de una mujer...

Bueno, hoy estamos... Hay un personaje demoniaco...

Demoniaco. que se va adueñando,

se va infiltrando en la vida de esta persona.

Y, efectivamente,

tiene algo de novela negra. Tiene algo de "Misery".

Tiene algo de monstruo de Frankenstein.

Sí. De vampiro, ¿no?

Tiene algo de "Misery", que era una novela de Stephen King

de la que se ha hecho película, versión teatral, etcétera,

y que funcionaba muy bien realmente.

Y ella propone

un juego literario,

que me resulta interesante.

Además, el personaje principal son dos mujeres.

Es la historia de dos mujeres:

una que es la escritora, que ha sido víctima

de un gran éxito literario,

así que se ha quedado completamente destrozada:

tiene que abordar un nuevo libro después de ese éxito literario,

está bloqueada;

si enciende el ordenador, le dan arcadas.

Está en una situación así.

Y aparece una admiradora...

que va...

comiendo toda su vida. La va suplantando prácticamente.

La va suplantando. ¿Es una "Eva al desnudo"?

Sí, tiene algo de "Eva al desnudo". Entonces, bueno,

es interesante, es un libro que se lee bien.

Pero a mi juicio, no sé tú, ahora te cedo la palabra,

se me ha quedado un poco...

superficial, en comparación con la hondura que tenía

el libro anterior. Recuerdo, cuando yo leí ese libro,

que a medida que lo iba leyendo, que fue hace unos meses...

Al principio me enganchó y me gustó mucho;

y luego, poco a poco...,

Va de más a menos. me fui desenganchando.

Porque es un libro demasiado largo, demasiado prolijo,

retuerce demasiado el argumento, retuerce demasiado la situación.

Pero recuerdo que te dije esto mismo que te estoy diciendo

y que tú te rebelabas: "No, papá, es magnífico".

Veo que... Porque estaba en la primera parte.

Porque no lo había terminado de leer.

Y es verdad que, poco a poco, pierde.

Me gustan esos libros que...

Me está pasando mucho últimamente,

que empiezo fatal y luego, digo: "Bien".

O que empiezo bien y luego, digo: "Buf".

Por eso, un libro está vivo. A mí me pasó

con el libro de Carrère, el de San Pablo.

El del cielo... "El Reino".

"El Reino".

De hecho, yo leí la primera parte... Me parece magnífico.

A mí me gustó mucho. Yo leí la primera parte,

la parte autobiográfica, que me encantó,

toda su crisis y tal,

y la segunda parte la abandoné.

A mí me interesa la parte autobiográfica.

Pero cuando empieza a contar lo de San Pablo, me pareció malo.

Los que abomináis la novela.

Os dais cuenta de que la novela es un ámbito

donde se manifiesta la psicología del lector.

Sí. Todos reaccionamos

en función de cómo somos ante la novela.

Lo que pasa es que la novela, a diferencia de la poesía...,

Cuando es buena y...

es un género en el que, además de alzar la voz, hay que sostenerla.

En un poema, la lees.

Yo no estoy de acuerdo con tu percepción de "El Reino".

Me parece una novela redonda de principio a fin.

Yo hoy vengo en plan frívolo. Qué bien.

Voy a recomendar este librito, muy breve, muy breve,

que se lee en media hora,

de Marc Augé.

Que es un... O sea, Augé.

Augé, Augé.

Marc Augé.

Es un etnólogo, un antropólogo, un hombre ya mayor.

No has dicho la editorial. Todavía.

(TODAS RÍEN)

Cría cuervos...

Cría cuervos...

La editorial es Gallo Nero,

si nos ponemos refitoleros con el italiano como Ayanta.

Si lo decimos a la española, será Gallo Negro.

Vamos a dejarlo a la mitad.

Este señor, Marc Augé,

es un etnólogo y antropólogo

y hombre ya de enorme peso intelectual,

uno de los grandes intelectuales franceses,

en el ámbito académico.

Y en la parte final de su vida, ha decidido dedicar su pluma

y sus pensamientos y sus desvelos

a ambientes más familiares, ambientes más íntimos.

Y ha escrito este libro delicioso:

"Elogio del bistrot".

Decir bistró es decir París.

Verdaderamente, todos hemos sido seducidos

por esa imagen tan parisina del bistró.

Resulta que no se conoce el origen de la palabra "bistrot",

según cuenta él en la primera página del libro.

Puede venir de "bistroit",

que era un término utilizado en el norte de Francia

para el café muy aguado o el café mezclado con aguardiente.

Una especie de carajillo.

Pero también puede ser que venga de "bistro",

que era cuando los cosacos pasaban por París

y entraban en las tabernas y decían: "¡Rápido, queremos más alcohol!".

"Bistro, bistro".

Me gusta más esta. A mí también.

La de los cosacos.

"Bistro, bistro!". "Bistro, bistro!".

Además, ya sabéis que... Haciendo honor a su fama.

Los cosacos. En los bistrós franceses,

siempre tienen esos molinillos de pimienta extragigantes

que se llaman rubirosas,

en homenaje al miembro viril de Porfirio Rubirosa,

que medía once centímetros en reposo, según Truman Capote.

Pero ¿qué me dices? Qué barbaridad.

De lo que me acabo de enterar.

El bistró es como una planta que solo puede crecer en Francia.

Se ha imitado hasta la saciedad.

En Madrid, o en Nueva York, o en Tokio,

te vas a encontrar con bistrós, pero no son bistrós.

Es algo que está a mitad de camino.

No es exactamente una taberna, no es un café,

no es un restaurante.

Tiene algo de café, tiene algo de restaurante.

Es un sitio al que se va, normalmente, a la barra.

Se va a la barra, se toman unos vasos de vino.

Y es un sitio para hablar de cosas ligeras,

tampoco para hablar de grandes cosas.

Y me he puesto muy contento porque siempre que voy a París,

voy a vivir a un sitio donde él...

Son los primeros bistrós a los que él fue,

que es en la Rue Monge,

en Cardinal Lemoine...

Estos escenarios que conocemos todos,

y que es el sitio de París

donde quedan más y mejores bistrós. Anda.

"Elogio del bistrot". Muy bien.

Cuando queráis, os invito a unas ostras allí.

Tenéis que venir a París.

Qué buenas. Oye, padre,

¿y no nos haces el jueguecito del libro ese de los principios?

Os lo iba a decir. Estoy impaciente.

Qué revoltosas que sois. Me divierte.

Hoy que no tenemos invitado.

Antes de que el tiempo se nos vaya.

Os voy a hacer el juego. Qué masoca. A ver.

Como este es el primer programa en el que lo hacemos,

tengo aquí este librito de "Sesenta principios sin final",

publicado por Edhasa cuando cumplió sesenta años de vida.

Y son comienzos de obras célebres de la literatura.

Bueno, esto es un acertijo,

un juego amable en el que os leo el comienzo

de un libro y tenéis que averiguar de quién es.

Va. En el comienzo que os voy a leer...

Voy a hacer una trampa, pero también os voy a dar una pista.

El nombre del protagonista

está ya en la primera línea. Eso pasa mucho.

Si digo el nombre del protagonista, vais a saber de qué libro hablo.

Entonces, voy a decir las iniciales.

Y al mismo tiempo, como pista, para compensar,

os voy a decir que se hizo una celebérrima película

basada en este...

en esta novela.

(LEE) "G. A. - O. V. A.,

como se le conocía oficialmente

desde su quincuagésimo aniversario,

salió de su apartamento de la Pinzregenten Strasse...,"

¿Cómo has dicho las iniciales?

G. A.

"Salió de su apartamento de...," un nombre larguísimo,

"en Múnich, para dar un largo paseo a solas.

Era una tarde de primavera

de aquel año de mil novecientos...".

¿Qué novela empieza así? Novela corta, más pistas.

Relativamente corta.

Película célebre. G. A.

G. A. Resulta especialmente imperdonable

en tu caso, Ayanta, que no averigües quién escribió este libro.

Es que yo voy fatal, yo pierdo siempre.

Además, ya me da igual.

Hombre, imperdonable... Seguro que cuando lo digas,

sabré de qué libro se trata. Faltaría más.

Espero. Bueno, mirad.

Voy a decir el nombre

del personaje.

Y ahora, no lo sabemos tampoco por el nombre.

Como no lo sepáis con esa ayuda, la cosa será más grave.

Gustav Aschenbach.

¿Y es necesario este escarnio? Uy, uy, uy, uy, uy.

Gustav Aschenbach.

Aschenbach. ¿No sabéis quién es?

No. ¿Quién es Aschenbach? "Muerte en Venecia".

"Muerte en...".

¿Qué? "Tonio Kröger".

Thomas Mann.

Debes reconocer que no es un principio muy...

muy principal.

A mí me das la descripción que él hace del querubín...

No es García Márquez yendo...

No es el coronel Buendía yendo a conocer...

Al pelotón de fusilamiento. No es un principio de esos...

No es "En un lugar de la Mancha...". Hombre, ya.

Ni "llamadme Ismael..." ¿Cómo era...

el comienzo de "La Regenta"?

¿Cómo es?

(TARAREA)

Es muy famoso. Una cosa es que te lea...

Es tipo "En un lugar de la Mancha..."

Es que no me acuerdo.

Como no me gusta nada "La Regenta"...,

Ya. Vamos a dejarlo así. la he borrado de mi memoria.

Bueno, venga,

hay que tirar libros al cohete.

Hay que poner libros, aquí no tiramos.

Tú traes uno. Yo traigo uno.

Hablando de "La Regenta".

Sí, traigo "Madame Bovary". ¡No!

Sí, sí. ¡No!

Y lo voy a tirar por...

por dos razones: una, porque es un libro que nunca me ha gustado,

nunca le he visto la gracia.

No digo que esté mal escrito, digo que me aburre.

Y, sobre todo, creo que encarna

una cosa que me parece una peste de la literatura,

que es cuando dicen: "Cómo comprende ese autor

los grandes arquetipos femeninos".

Normalmente, esos arquetipos femeninos

no tienen nada que ver con ninguna mujer con cara y ojos.

Eso es verdad. Entonces, yo creo...

Yo también quiero a Emma Bovary,

pero, sobre todo, por lo poco que la comprende su autor.

Efectivamente. Un besito a Emma.

Pero el libro, al cohete. Yo apruebo...

Nada, nada.

"Madame Bovary" es un falso prestigio.

Es uno de mis libros favoritos.

"Madame Bovary" es la novela escrita por este hombre,

Flaubert, obsesionado por encontrar

lo que era "la palabra justa".

Él decía que...

son las palabras las que crean las ideas

y no las ideas las que crean las palabras.

En ese debate que existe siempre

entre si lo más importante en la literatura es

el fondo o la forma, él optaba por la forma.

Aparte de eso, este libro generó oleadas de suicidios.

Ha sido un libro no precisamente positivo

para la suerte de las mujeres.

Yo creo que este libro solo gusta

a algunas mujeres, no a todas..., Yo lo aborrezco.

y a Mario Vargas Llosa,

que en su derecho está.

El otro día, escuché decir a Mario Vargas Llosa

que la lectura de "Madame Bovary" fue

la que le ayudó a averiguar qué tipo de escritor quería ser.

Ahora me explico muchas cosas. Yo debo decir...,

Pero qué malos sois.

y no hablo de todas las novelas,

me gusta más cómo escribe Mario que cómo escribe Flaubert.

En general. El mejor efecto de "Madame Bovary"

es Mario Vargas Llosa. Sí, sí.

Sin Mario Vargas Llosa, no me habría enterado

de que en "Madame Bovary" hay una escena sexual.

No me había percatado.

Pues vaya.

A mí me parece un libro, pero de verdad,

fundamental.

Me parece un libro fundamental, en mi conocimiento literario.

Por supuesto, vamos.

¿Lo rescatas? Pero absolutamente.

Vamos de mal en peor, hija.

Hija. Hija, vamos de mal en peor.

Yo también voy a colocar un libro aquí.

Por cierto, italiano. Estoy de acuerdo. Insufrible.

"La esposa joven", de Alessandro Baricco, de Anagrama.

La portada es bien bonita.

Es como todos los libros de Baricco, es la nada.

Los libros de Alessandro Baricco son como esculturitas de Lladró.

Bueno, se venden como churros. Perdona, pero...

no solo es la nada.

Es de una simpleza tal. Y además, es farragoso.

El estilo y lo que cuenta.

Encima, es farragoso, no es simple.

Me parece que la manera en la que Baricco escribió "Seda",

que es un libro que a mí me gustó en su día,

no lo he vuelto a leer,

tenía una sencillez que era hermoso de leer.

Esto, además, es bastante farragoso de leer.

"Seda" era como un encaje de bolillos.

Pero era un cuento bonito, ¿no?

Antes, cuando dije que quería ponerme frívolo,

es que quería también mencionar este libro,

que tiene muy poco texto. Qué buena pinta.

Al hilo del estreno de la película "El bar", de Álex de la Iglesia.

Porque, de la misma manera que...

que París es el bistró, España es el bar.

Todos sabemos que en España, el bar es fundamental.

Y además, este bar está inspirado...

La película es una reproducción del bar al que yo he ido media vida,

porque está en mi barrio, y al que todavía sigo yendo.

Incluso hay un artículo mío colgado en la pared.

Es El Palentino,

en la calle del Pez.

Aparece en una canción de Siniestro Total.

Es que El Palentino es un clásico. Un clásico.

Y uno de los mejores cafés de Madrid.

Es la fidelidad a sí mismo, sigue siendo igual...

Y unas porras y unos bocadillos extraordinarios.

Calle del Pez con Plaza Carlos Cambronero.

Es un libro muy agradable de mirar, porque es un libro con poco texto.

Lleva un prólogo de Álex de la Iglesia.

Muchos dibujos, pocas letras. Tiene un defecto:

hay otros bares que no están en él;

si no, habría sido así de grueso.

Oye, te estás quedando muy delgado.

Una tapita de tortilla de un bar...

Es el momento de que leas el poema.

Hazlo bien, ¿eh?

En homenaje a la distancia corta

de "A menos de cinco centímetros".

El poema se llama "Bocas", es de Mario Benedetti,

de "Insomnios y duermevelas".

(LEE) "¿Dónde empieza la boca,

en el beso, en el insulto, en el mordisco,

en el grito, en el bostezo, en la sonrisa,

en el silbo, en la amenaza, en el gemido?

Que te quede bien claro:

donde acaba tu boca, ahí empieza la mía".

Todo está en los libros.

Todo está en los libros.

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Libros con uasabi - 30/04/17

30 abr 2017

Programa divulgativo sobre literatura. Hoy entrevista con la periodista y escritora, Marta Robles.

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  1. Igustu

    Entonces era mujer!!!!

    13 may 2017
  2. CESAR

    Enhorabuena por el programa. Hoy ,me ha parecido escuchar en el programa cuando se hablaba de Frankenstein que era torpón. Creo recordar que en la novela era un ser extraordinariamente inteligente y ágil.

    30 abr 2017