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Libros con uasabi

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Para todos los públicos Libros con uasabi - 07/05/17 - ver ahora
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"Dente parabienes el mayo florido,

los alegres campos, los montes y ríos".

Así comenzaba el epitalamio dirigido a Casilda,

la mujer Peribáñez, que se casaba ese día

al comienzo de una de las obras más célebres y más celebradas

del más celebrado y más célebre de nuestros dramaturgos:

Lope de Vega

Reciban también ustedes esos parabienes

que por mayo era, por mayo lo es ya,

aunque sea hoy el día de su boda, o por no serlo.

Sí lo es, curiosamente, para mí, el del padre.

Redacto este guion, por casualidad o causalidad, el día 19 de marzo,

aunque desde entonces hasta hoy ha pasado mes y medio.

Comienza la tercera entrega de la tercera época de...

(Música cabecera)

La filosofía también es un género literario

de escaso predicamento en España,

lo que no significa que desde Séneca hasta Gustavo Bueno,

recientemente fallecido,

pasando por Averroes, Maimónides, Suárez...

El filósofo, no el futbolista.

Por Unamuno, Ortega, Gaos, Santayana y Zubiri.

Cito algunos de los que ya no están entre nosotros

y pido disculpas a los que, por fortuna, aún lo están,

no haya habido aquí pensadores ilustres.

Uno de ellos de creciente prestigio es la persona rara avis

a la que voy a entrevistar solo sobre su última obra,

que abrocha el círculo de las anteriores

y con la que luego charlaremos en nuestra mesa de redacción.

Javier Gomá, doctor en Filosofía,

licenciado en Filología clásica y en Derecho,

letrado del Consejo de Estado con el número uno de su promoción

y director de la fundación March, su currículum apabulla,

acaba de publicar en Galaxia Gutenberg este libro,

poco extenso pero muy intenso,

que lleva por título "La imagen de tu vida".

En sus páginas encontrará el lector

un ensayo sobre la ejemplaridad de los héroes anónimos

y sobre los posos del café, digamos,

de esa novela ejemplar que fue "La vida de Cervantes"

y un monólogo dramático escrito durante el duelo provocado,

en la vida del autor, por la muerte de su padre.

Esa figura, la del padre en general,

ha generado cursos fluviales de letra impresa

a lo largo de los siglos.

Quizá excepción hecha del amor romántico

a ningún otro asunto,

ni siquiera el de la madre o al de la descendencia

han dedicado tanta atención las gentes de pluma.

Está en Homero y su "Odisea",

está en Sófocles y en toda la tragedia griega,

está en Virgilio y "La Eneida".

Está, por poner un ejemplo cercano, en Jorge Manrique,

está con tintes sobrecogedores en "Carta al padre" de Kafka

y en el resto de su obra, incluyendo "La metamorfosis",

reeditada ahora por Atalanta con el título de "La transformación"

y aconsejo vivamente su lectura o su relectura

por ser una obra maestra.

Está en "Pedro Páramo", de Juan Rulfo, otra obra maestra.

Está, por ejemplo, en "Patrimonio, una historia verdadera",

de Philip Roth,

y estoy dejándome en el tintero decenas y decenas de autores

en muchos libros recientes, algunos de ellos españoles.

El de Marcos Giralt, por ejemplo, "Tiempo de vida",

premio nacional de literatura.

El de Fernando Marías, "La isla del padre",

premio Biblioteca Breve,

al que ya dedicamos una entrega de "Libros con Uasabi"

y uno mío, "Muertes paralelas", premio Fernando Lara.

Disculpen que lo cite, salió hace mucho.

Y ahora, recién incorporado a tan extensa lista,

el de Javier Gomá.

(Música)

Hola, Javier.

Un aviso inicial:

Este libro abre una trayectoria nueva en tu literatura,

que es de transición hacia algo que, hoy por hoy,

percibes envuelto en una nube de incertidumbre.

Son tus propias palabras.

Sí, porque, por un lado,

es lo que me quedaba por rebañar del plato,

"La imagen de tu vida".

Cuando algo se me enreda en la falda,

y esto se me lleva enredando 40 años también,

pienso que merece la pena convertirlo en un libro.

Y estaba presente en cada uno de los cuatro libros de la tetralogía

y uno de los microensayos que compone "Filosofía mundana"

se titulaba así: "La imagen de tu vida".

Y cuando he rebañado el plato de esa intuición original

y he publicado este libro, me daba cuenta que terminaba algo

y estaba en dirección hacia algo, de manera evidente,

pero el punto de destino sigue siendo incierto para mí.

Aunque, sin duda, va a representar un cierto potenciamiento

del aspecto literario de esa literatura conceptual

con la que suelo definir la filosofía.

Has rebañado muy a fondo el plato de la ejemplaridad

porque, en realidad, con este son ya cinco volúmenes dedicados a ella.

A la ejemplaridad, tanto la pública como la privada.

Y ese era también el grueso de casi toda tu obra anterior,

recogida en este estuche, que contiene cuatro libros

y lleva un título que pone de manifiesto

lo que acabo de decir.

"Tetralogía de la ejemplaridad", Taurus.

Uno de los cuatro volúmenes se titula "Ejemplaridad pública".

Título más bien sardónico en el contexto de esta corrupción

que todo lo impregna en el momento actual.

Me gustaría primero aclarar que el adjetivo "público"

no añade nada al concepto de ejemplaridad.

Simplemente lo confirma.

No hay, en mi criterio, una ejemplaridad privada

que opone a la pública.

Lo que ocurre más bien es que todo ejemplo, por su naturaleza,

es ejemplo público, porque somos ejemplo para alguien,

y ese alguien es el público que observa

y se beneficia o se perjudica de la responsabilidad del ejemplo.

Por tanto, somos todos personas públicas.

Todos. Y todos tenemos un ejemplo público.

Pero ese público, a veces, es muy reducido.

Te lo digo, y aquí me vengo a tu último libro,

porque en este libro hablas del héroe actual.

Que ya no es Aquiles, como en otro de tus libros,

sino el que alcanza la gloria

a través de lo que llamas "medianía democrática".

"Medianía sin relieve". Elogias, en definitiva,

lo que Nietzsche llamaba "la moral de los esclavos".

Te confieso que al leerlo no pude evitar un respingo.

Mi misión aquí no es discutir contigo, pero ¡uf!

No me siento cómodo con la declaración

de que cualquier ciudadanos que vive y envejece sea un esclavo.

Al contrario.

Y tampoco estaría de acuerdo con esa afirmación

de que esto prescinde o se emancipa del libro dedicado a Aquiles.

Al contrario.

Hay un determinado momento en que traigo a comento

la observación conocida:

"No compares lo elevado con lo pequeño

sino lo pequeño con lo elevado".

No digo que Aquiles sea como ese ciudadano

que, sin manierismos, sin afectación y sin énfasis,

simplemente vive y envejece, y está estremecido por el dramatismo

del hecho de que, teniendo una dignidad infinita,

esté abocado a la indignidad de la muerte.

Eso es sublime, y eso nos ocurre a todos.

Es algo abierto a cualquier persona que respirar sobre la Tierra.

No digo que Aquiles sea ese ciudadano

que después de una jornada más o menos rutinaria

vuelve a casa a ayudar en las tareas del hogar.

Lo que digo es que ese ciudadano, en el atasco volviendo a casa,

es como Aquiles.

No comparo lo superior con lo pequeño sino lo pequeño con lo superior.

Porque, como decía en ese libro, "Aquiles en el gineceo",

que se subtitula "Aprender a ser moral",

no hay aventura superior a la de aprender a ser mortal,

y en ese aprendizaje nos igualamos con Aquiles,

cualquiera que hoy vive su vida con dignidad

y, al mismo tiempo, es consciente

de estar abocado a la indignidad de la muerte.

Cuatro partes en tu último libro.

La última, de la que hablaremos enseguida,

es un monólogo dramático inconsolable.

Lo titulas: "Escrito en pleno duelo por la muerte de tu padre".

Hay otra parte, la tercera,

dedicada a la imagen de la vida de Cervantes

y dos, más genéricas, cuyo eje es el intento de responder la pregunta:

¿Qué es lo que escapa a la fugacidad

en este mundo donde todo pasa,

o donde, como escribió Quevedo, solo lo fugitivo permanece y dura?

Es una pregunta que, realmente, noto que ha atravesado mi vida

desde el principio.

Quizá, por lo menos, desde la adolescencia.

Toda la vida es extrañamiento, por lo que antes decía.

¿Cómo es posible que seamos la flor más exquisita de la naturaleza

y, al mismo tiempo, esa naturaleza luego nos pisotee?

Eso genera en nosotros un extrañamiento.

Cuando yo tenía 15 o 16 años,

sentí ese extrañamiento llevado al máximo.

Y por eso me costó tanto adaptarme.

Y antes de entrar en este mundo, por esencia fugitivo,

necesitaba un mapa, para atravesar ese mundo

con alguna garantía de perduración.

Y esa ha sido mi vida.

Y ahora, lo he cuajado en un libro que pregunta:

Sí, es verdad, todo pasa, nada queda.

El tiempo lo devora absolutamente todo.

Pero ¿podemos encontrar algún sitio donde construir un monumento sólido?

Porque, justamente, el concepto que propone este libro

es el monumento a aquello que permanece.

Vamos con la imagen de la vida, no de la obra del artista,

que tú identificas con el ejemplo, lo acabas de hacer,

dejado por alguien al morir

en la memoria de quienes los sobreviven.

Un ámbito muy reducido, te decía yo antes,

y de hoja perecedera.

Amigos, familia, hijos, nietos ya por los pelos,

y se acabó.

No necesariamente. Casi siempre.

A Sócrates no le ocurrió, al padre de Jorge Manrique tampoco,

y, en todo caso...

Aprovecho para hacer esta precisión. Antes, una objeción.

A Sócrates no le pasó porque llegó Platón.

Sí.

Y al padre de Jorge Manrique no le pasó

porque llegó Jorge Manrique y escribió las coplas.

Fue la sublimidad del arte lo que lo perpetuó.

Y la otra forma de perduración, que es la del arte,

muchas veces viene a subvenir o a socorrer

el carácter efímero de la vida.

Pero respondo a tu pregunta:

Lo que el libro propone, e interroga, no es tanto lo que de hecho perdura.

Dice en determinados momento ese ensayo del libro,

está los azares y las contingencias

de lo que una comunidad es capaz de retener,

sino lo que es digno de perdurar.

Porque perdurar, también perduran las rocas.

O los esqueletos.

Lo importante lo que perdura de hecho

sino aquella transformación de tu vida

en algo que sea digno de perdurar.

Y eso es un ámbito al que podemos aspirar todos.

Desde que apareció Internet, perdura todo,

y perdura especialmente lo trivial, lo indigno, lo que no es ejemplar.

En la Nube todo se mezcla, todo se confunde,

todo se convierte en engrudo no biodegradable.

¿Cómo vamos a pelear con eso?

Pues si fuera exacto lo que dices de Internet...

¿Qué pienso? Que más bien es reflejo de la naturaleza humana

y de lo que antes también existía pero no se exhibía.

Experimento antropológico el de la Red.

(RÍEN)

Tanto más es el anhelo de hacer no algo que perdure

sino algo digno de perdurar.

Porque si es cierto lo que tú comentas,

y es posible que lo sea, entonces, Internet se acabaría convirtiendo

simplemente, en un yacimiento arqueológico

donde es la contingencia de la vida lo que hace perdurar una roca o hueso

y lo verdaderamente importante, insisto, también en Internet,

no es lo que permanece sino hacer de tu vida algo

que sea digno de perdurar.

"Ejemplaridad de la imagen dejada por Cervantes",

otra parte de tu libro.

Tú dices que en ella hay tres ingredientes principales:

Idealismo, cortesía y humor.

¿Idealista Cervantes o idealizado por ti y por muchos?

No, no, no.

Precisamente, el encanto absoluto y esquivo

para la definición que tiene Cervantes,

y que lo hace tan superior, a mi juicio, a Shakespeare,

Shakespeare es siempre la historia de una descomposición.

Es como, pese al desconsuelo de la vida,

y a la negatividad de la vida,

y a cómo a todos nos golpea la negra lotería tarde o temprano,

este hombre, con 50 años,

hace salir de su casa a otro hombre también frisando los 50 años,

que es Don Quijote,

después de conocer el desconsuelo de la vida

y la negatividad de la existencia,

pese a eso vuelve a citar las fuentes del entusiasmo

hacia un idealismo que conmueve y que hace que, por ejemplo,

su personaje sufra revolcones, sea objeto de mofa,

pero, paradójicamente, admiramos y le reconocemos una superioridad

por ese idealismo que mantiene pese a todo y pese a todos.

Nuestro común amigo, el marqués de Tamarón,

que fue la primera persona que me habló de ti,

no estaría de acuerdo con esto que acabas de decir.

Él es muy duro sobre Cervantes. Pero bueno, esto es otra historia.

Literatura del Yo, Javier, "Inconsolable".

Publicado íntegramente por el periódico El Mundo

y representado por ti un par de veces

en domicilios de amigos.

Va a estrenarse el 28 de junio en el María Guerrero.

Sigues en él, dices, la estela de las antiguas oraciones fúnebres

y tu texto dibuja con amor filial la imagen de la vida de tu padre,

tembloroso aún tu pincel

por el dolor de su reciente fallecimiento.

Murió en noviembre de 2015.

Y tuve la pulsión de escribirlo

pocos meses después, en abril.

Lo escribí entre mayo y junio de 2016.

Y la paradoja es que la experiencia de la orfandad

merece el nombre que lleva ese monólogo: "Inconsolable".

Y sin embargo, como siempre me ha ocurrido,

a la hora de escribirlo, la experiencia fue más bien gozosa.

Imposible no traer al retortero el psicoanálisis,

aunque tu texto no incurra en esa tentación.

En 1897, muere el padre de Freud,

y este decide aplicar a su caso la experiencia clínica acumulada.

En ese momento nace algo que con anterioridad no existía:

el autoanálisis.

Freud reconstruye su infancia

a través de los recuerdos, deseos y emociones.

¿Hay algo de eso aquí?

Casi diría que es la contraposición, que sé que conoces.

Lo de la literatura maleducada

como legitimidad de la expresividad del Yo,

del autoanálisis del Yo, que busca la terapia

y que casi interpela al público para que sea mudo testigo

de la terapia que el autor se hace a sí mismo

para expulsar sus demonios interiores y cosas parecidas en escena.

Aquí, en lugar de la expresividad reiterativa del Yo

lo que se busca es un itinerario.

Antes mencionabas el "Aquiles", que es la historia de la madurez.

El paso de la adolescencia a la madurez

y ahí me nutro en mi propia experiencia,

pero de mi experiencia solo me interesa

aquello que comparto con los demás.

Y aquí lo mismo,

establezco un itinerario en el que digo:

"Si lo que me ha pasado a mí solo a mí me interesa,

ni siquiera a mí me interesa".

Voy a hacer aquello que pueda, de alguna manera,

sentirse reconocido cualquier persona que haya pasado por esto.

Un itinerario universal.

"Tótem y tabú" es de 1913.

Muchos años después de la muerte del padre de Freud.

El padre de la horda primitiva es asesinado por sus hermanos

y así llegan al mundo el sentimiento de culpa

y el tabú del incesto.

Y ese es, según Freud, el fogón en que se hornea la condición humana

y el comienzo de la mitología.

Es que todo esto de envolver los grandes temas...

Si antes me decías: "¿Adónde va tu literatura?

¿Adónde va tu pensamiento en el futuro?".

El futuro también es una manera de autoconocimiento,

de algo que realmente ha estado crepitando en tu corazón

y murmurando durante mucho tiempo, algo que me llama

y sobre lo que quiero dedicarme los próximos años

es lo que podríamos llamar "el estilo sublime".

El estilo elevado.

¿Cómo proponer un sublime en el siglo XXI,

y un estilo literariamente elevado que sea verosímil y convincente,

a la altura de nuestro tiempo? Entonces, en este proyecto,

esa especie de suciedad de la literatura de Freud

que trata de rebajarlo todo, hasta los temas más nobles,

como es la paternidad o el idealismo,

llevarlo al mundo casi delictivo.

Es algo con lo que no simpatizo.

No quiero decir que en las intuiciones de Freud

no haya una parte de verdad.

Pero no es la parte de verdad que ahora me interesa,

ni siquiera pienso que es la que a la sociedad le interesa,

puesto que la modernidad, en gran parte,

ha sido una gran empresa de lucidez,

de desmontaje de los mitos tradicionales.

Y hemos desmontado los mitos tradicionales

antes de haber tenido la precaución de montar los nuevos mitos.

Estamos en ese interregno desmitologizado

y sin, todavía, los mitos modernos capaces de movilizar.

Y yo estoy, más bien, en la fase de:

¿Cómo podemos crear una nueva mitología?

Veo que vas a recoger el testigo de Kant,

"Lo bello y lo sublime".

Voy a lanzarte una serie de citas, Javier.

García Márquez:

"Un hombre empieza a envejecer

cuando se mira al espejo y descubre que se parece a su padre".

Yo diría que uno empieza a envejecer

cuando empieza a decir frases como: "Me siento joven por dentro".

(RÍEN)

Paul Foster:

"Cuando el padre muere, el hijo se convierte en su propio padre

y se siente como si interpretara el papel de este".

Tampoco veo exactamente eso.

Más bien, lo que noto es que toda una vida,

en casa, mi padre, con 85 años,

compartida conmigo en torno a 50,

se compendia toda ella, lo cual es una meditación,

en una docena de imágenes.

En una docena de anécdotas.

Extremadamente intensas, significativas y con poder simbólico.

Y esa imagen, así condensada,

ejerce sobre ti algo así como un tutelaje,

una orientación, una iluminación,

con las dos características de la luz: que alumbra y da calor.

Entonces, no me siento muy identificado

con estas terminologías que podríamos llamar psicoanalíticas

y que esconden siempre algo un poco morboso,

sino, en sentido positivo,

la imagen de mi padre sigue ahí, guiándome, instruyéndome,

y estableciendo un paradigma,

pero más bien respetuoso con mi independencia

y con esa mirada que, cuando vivía,

se posaba largamente en mi cosatisfacción.

Malarmé, después de la muerte de su progenitor:

"Padre, siento que la nada me invade".

Con él se borraba su historia,

desaparecía el testigo de su infancia y adolescencia,

lo desarraigaba. Eso sí que es cierto.

El padre es el héroe de esa mitología que es la infancia.

Y mientras el padre vive,

eres un istmo conectado, aunque sea con una estrecha lengua,

con el continente de la infancia.

Y cuando muere, ese istmo se convierte en una isla.

La infancia se desprende.

Y, en fin, el gran héroe

que durante tu época mitológica vencía al dragón, ha sido derrotado.

Entonces, sí, en efecto, creo que se produce una pérdida

y un objetivo empobrecimiento del mundo.

La madre, según Freud, no es nada de todas estas cosas que decimos,

en igual medida al padre.

Porque el padre es el que instaura la ley,

sustrae o rescata el hijo al goce de la madre,

y lo proyecta al mundo.

Lacan lo llamaba "la metáfora paterna".

En definitiva, cuando un niño deja de ser un lactante,

lo estamos arrojando a la sociedad,

y en ese momento llega la ley del padre.

Yo te responderé por la madre.

Es decir, se convierte en "zoon politikon".

Al final, en esa época de elaboración,

casi como con la arcilla,

que va moldeando el subconsciente antes de que tú puedas decir "yo",

antes de que puedas decir "papá",

ya hay cuatro manos que están moldeando

los sótanos de tu subconsciente.

Al final, ese moldear, esa arcilla más o menos dócil

en manos del alfarero, que son los padres,

cuando todavía no puedes filtrar la influencia,

te generan una doble opción fundamental,

como dirían los moralistas:

El mundo que te rodea, ¿es hostil o es digno de confianza?

Y esa actitud fundamental,

si el mundo que te rodea te hostiliza o te protege de manera nutricia,

esa actitud fundamental, creo que tiene que ver con los padres

y, muy particularmente, con la madre.

Tres efectos, según el psicoanálisis,

de la muerte del padre.

Uno: piedad filial, puesta de manifiesto en tu texto

de una forma paradigmática.

Otra: identificación con el muerto.

Y otra: sentimiento de culpa.

Una culpa, nos dicen, que es insoportable

por ser la de una deuda que ya no puede pagarse.

"Aletheia", en griego, significa "no olvido".

Justamente algo que se razona en el monólogo y algún texto anterior

es que mientras vivimos, no llames sabio a nadie

antes de que se muera.

Pues nuestra ejemplaridad es en marcha, abierta, tentativa.

Nuestra verdad está combinada con lo accidental, lo irrelevante,

pero cuando te mueres, de pronto, se descorre la cortina

y ves por primera vez la verdad de tu padre,

ese ejemplo póstumo.

Y cuando ves la verdad, te golpea inmensamente

porque comprendes que todo conocimiento es póstumo.

En lo personal, todo conocimiento es póstumo.

Entonces, te gustaría decirle una palabra de devoción

y es demasiado tarde.

Entonces, nace la pregunta inevitable:

¿Esa imagen póstuma de tu padre está bendecida?

¿Fue una vida bendecida?

¿Ayudaste a que fuera una vida bendecida?

¿Dejaste algo por hacer? ¿Creaste un conflicto innecesario?

Y sí, estoy de acuerdo, se te abre juicio.

Quieras que no, se te abre juicio.

Y parte del duelo consiste en aceptar el sufrimiento de la pérdida

y aceptarte a ti mismo en la imagen de la vida que tu padre ha dejado.

Alguien ha dicho que el peor momento

es cuando cierras los ojos del muerto.

Su mirada es insoportable.

Es la mirada de la ausencia, porque esos ojos ya no te ven.

¿Tú cerraste los ojos de tu padre?

No, materialmente no.

Y no le concedo, necesariamente,

una importancia enfática

ni a los últimos minutos ni a las últimas palabras

ni a los últimos gestos.

No tengo esa tendencia a poner ese énfasis a lo último

cuando ha sido muchas veces la casualidad

la que ha querido que sea lo último.

Pero, con todo, en el monólogo se cuentan algunas escenas,

si no finales, sí de las postrimerías,

que, quieras que no, te acaban alcanzando

con especial fuerza

porque también esas conversaciones tuvieron algo de recapitulación,

o de suma de toda una vida.

Una última reflexión paradójica. Vuelvo a citar a Freud,

perdona que lo haga, no es santo de tu devoción.

Freud sostiene que el verdadero duelo,

el duelo por antonomasia, por excelencia,

no es el de la muerte del padre, sino el de la muerte de un hijo,

porque, entonces, es cuando el padre deja de serlo.

Lo de la muerte del hijo,

que, afortunadamente, no he experimentado,

supongo que debe ser una especie como de cruz que te ponen,

que te tachan, te convierten en aborto de ser.

Porque, al fin y al cabo,

la pérdida del padre, aun cuando sea prematura,

forma parte del discurso de las cosas.

Pero la muerte del hijo tiene que ser algo así

como el habitar el absurdo y el sinsentido para siempre.

Por otra parte, debo decirte que me encanta leer a Freud

por razones literarias.

No le considero un gran intelectual, pero sí un gran escritor.

Y lo leo con mucho placer,

y pienso que es, quizá,

una de las inteligencias más lúcidas que ha existido

dentro de la finalidad de la modernidad,

que ha sido una finalidad muy desencantada, muy finita,

muy de desencantamiento del mundo.

De una lucidez que paraliza y mineraliza.

Y aun cuando si no hubiera Freud tuviéramos que inventarlo,

ahora que lo tenemos, puedo pensar en cosas superiores.

Javier, termina mi amistoso tercer grado.

Un libro extraordinario, "La imagen de tu vida",

Galaxia Gutenberg, de Javier Gomá.

Llega el interrogatorio, el debate con Ana Anna Grau,

con Elia Rodríguez y con mi hija Ayanta,

cuya madre murió cuando era muy niña.

Lo que me condujo a la doble tarea de sustituirla

sin dejar de ser padre. A ver qué te dice.

Y una ofrenda: "El chocolate negro", de los nanaístas.

El uasabi, supongo que te gustará la cocina japonesa.

Y este libro escrito, precisamente, por mí y por Ayanta:

"Pacto de sangre", que habla del padre, de la madre, del hijo.

Muchas gracias.

No vidas paralelas, sino vidas cruzadas.

Seguimos.

(Música)

Se platica al fondo de una botica.

Javier, tú que tan cervantista eres:

"Nunca fuera caballero de damas tan bien servido".

Señoritas, Javier Gomá.

Encantada. Igualmente.

Una maravilla tenerte aquí, Javier.

Acababais la entrevista anterior

comentando, precisamente, que yo soy huérfana.

Perdí a mi madre cuando tenía nueve años.

Medio huérfana.

¿Medio huérfana? Bueno, huérfana de madre.

(RÍE)

Y leer la última parte de tu libro...

Además, la he estado leyendo en situación pública, en un tren.

La verdad es que acabé como medio escondida

enjuagándome las lágrimas,

porque me ha producido una gran emoción porque entendía,

y creo que cualquiera puede hacer, por supuesto,

sea huérfano o no,

lo inconsolable de tus palabras

y, al mismo tiempo,

esa energía y esas ganas de vivir y de sobreponerte

a lo que estaba sucediendo.

Y hay algo que dices en tu escrito,

que es un concepto que quizá ahora perdamos cada vez más de vista,

y es no solo la tristeza por perder a un padre,

ese ser mitológico, ese ser mágico,

ese ser que ha poblado todos los sueños de la infancia,

sino el concepto del buen hijo,

que creo que es un segundo paso

y que, sin embargo, nos acompaña a lo largo de toda nuestra vida.

Esa pregunta de si, realmente, hemos sido, cada cual,

un buen hijo.

Y no solo un buen hijo mientras el padre vivía, o la madre,

sino un buen hijo después, que es algo también,

yo creo que es una reflexión sobre uno mismo interesante.

Yo, por ejemplo, he pasado todo tipo de fases

con una madre muerta.

He sido buena hija de madre muerta, y he sido mala hija también.

Es como si, en cualquier caso, me hubiese acompañado

a lo largo de mi vida, sin estar.

Ese concepto romano que antes Fernando ha mencionado,

el de la piedad filial, parece que...

...se refiere a una obligación elemental,

casi te diría que con la tierra.

Cuando Jesús, en el evangelio, le dice a un discípulo:

"Sígueme".

Y él le dice: "Deja que primero entierre a mi padre".

Y le contesta: "Deja que los muertos entierren a los muertos".

Los que han estudiado ese pasaje

llaman la atención sobre la barbaridad que dice Jesús.

El radicalismo de su llamada

es porque, si hay una obligación natural, básica,

una obligación, casi te diría yo, que con el hecho de estar vivo.

Es una piedad fundamental

que tiene que ver con enterrar a tu padre,

como le ocurría también a Antígona con su hermano,

el dar sepultura a las personas que te han dado vida,

en el caso de tu padre,

o te han acompañado, en el caso de tu hermano.

Y sí que se produce una obligación natural

cuyo incumplimiento no tiene más consecuencia

que el sentimiento de tu indignidad.

Si tú incumples esa obligación, nadie te va a penalizar.

No te van a meter en la cárcel ni te van a poner una multa.

Pero sí, quizá, tendrás el sentimiento

de tu propia indignidad, de tu propio envilecimiento.

Por otra parte, insisto, tenemos que ver el lado positivo.

No ver si aquel día, aquella noche, aquel mes,

no estuviste a la altura, sino si, en general,

con todas las caídas que son propias de lo humano,

de todas las deyecciones y todas las debilidades

que son inherentes a nuestra condición,

hemos altura mientras vivió, y mientras murió,

evitando esos ajustes de cuenta intempestivos cuando ya ha muerto,

atribuyéndole cosas que te han pasado

y, por el contrario, permitiendo que la imagen de la vida póstuma

se convierta en una imagen luminosa, cálida.

Para ti y para la cadena, enlace familiar,

que pueden ser tus nietos.

Pero creo que, en efecto, estamos tocando

como la médula de lo humano.

El padre muere y te preguntas, inevitablemente,

qué tipo de hijo has sido.

Permitidme que introduzca una brevísima cuña poética.

Es de este libro: "Padre",

de un poeta que yo desconocía, Juan Vicente Piqueras.

Valenciano de Requena.

Publicado por Renacimiento, espléndida editorial, por cierto.

Y es el poema que abre este libro dedicado a su padre.

Se titula "La manga" y dice: "El día que me fui,

tendida en la azotea blanca, al sol,

la camisa de mi padre levantaba una manga.

¿Me llamaba? ¿Se despedía de mí?

¿Me estaba diciendo: 'vete'?

¿Me estaba diciendo: 'vuelve'?

¿O simplemente la movía el viento?".

Anna, Elia.

Fíjate, a mí el libro de Javier, como todos los que he leído de él,

me inspiran mucho.

No porque tenga todas virtudes que él plasma en su libro.

No hablo desde la posesión de las mismas

sino que me gustaría tenerlas, hablo desde la carencia.

En eso tengo que ser humilde y consecuente.

Tengo aquí un libro también, no es recomendación,

es que yo hablo de Zygmunt Bauman.

Este sí es recomendación. Sigue. Este también sería.

"Extraños llamando a la puerta".

Zygmunt Bauman está muy ligado a Javier Gomá,

porque la última vez que el desaparecido Bauman,

la última vez que lo vi fue en una conversación

que tuvo contigo, no recuerdo si fue en Burgos.

Y era maravilloso porque Javier habla de ejemplaridad

y tú lo has llevado un poco también, Fernando,

que puede crear confusión, a la moral de esclavos,

a aquello tan nietzscheano, y tan mal entendido, por otro lado.

En "La gaya ciencia" habla de la muerte de Dios,

pero dice: "Vosotros le habéis matado".

Es una lectura diferente.

Bauman, en su libro, aparte de la modernidad líquida

que todos conocemos, y la falta de valores sólidos,

habla de la sociedad del rendimiento.

Estamos en la sociedad del rendimiento constante.

Del trabajo, de estar siempre ocupados,

incluso para ocuparnos de nuestro cansancio

nos ocupamos de llenar nuestro tiempo

en vez de descansar.

Yo le añado lo de la rendición, nos hemos rendido un poco.

Y, en ese sentido, yo creo que la ejemplaridad es fundamental.

El querer intentar ser ejemplar, pero en la vida ordinaria.

Tampoco hace falta...

Ahora, la fama, claro...

Es por admiración,

pero a Javier Gomá, a lo mejor, le ven por la calle

y no sé si te han pedido muchos autógrafos,

pero, probablemente, ahora les pedimos autógrafos

a una clase de gente que dices: "¿Este qué tipo de ejemplo es?".

Porque es extravagante.

La propia "extravagante", "vagar", está fuera.

Me hace gracia la etimología, de la que hemos hablado antes,

es muy sabia, y el propio lenguaje se ha corrompido.

Kant distingue, en un momento memorable de su libro,

entre cosas que tienen dignidad y cosas que tienen precio.

Entonces, que la sociedad nuestra, alentada por un capitalismo,

que hay que educar y civilizar,

el capitalismo ha proporcionado cosas buenas a esta sociedad,

que el capitalismo tienda al máximo rendimiento

en las cosas que tienen precio, a mí no me choca

ni tampoco me escandaliza.

Siempre y cuando, al mismo tiempo, los que producen el precio

o los que lo consumen, los consumidores,

seamos conscientes de que antes que consumidores

somos ciudadanos dotados de dignidad.

Siendo la dignidad, precisamente, aquello que estorba.

La dignidad es...

Es el "todo necio confunde valor y precio" de Machado.

Sí, lo que pasa es que ojalá no se confundan, se separen

pero al mismo tiempo vivan en una tensión creadora.

Porque yo, como consumidor, me gusta que las tiendas funcionen

y hayan productos que tenga que pagar con precio.

Lo que no me gusta, en cambio, es que la mentalidad del precio

trate de moldear mi conciencia

y hacer de mí mismo una mercancía más.

Soy ciudadano, estoy dotado de dignidad,

igual que el resto.

La dignidad me gusta definirla como "aquello que estorba".

Estorba el precio, el rendimiento, el pragmatismo,

y sin embargo es lo que hace la vida digna de ser vivida.

Bueno, yo...

Yo seré más breve.

Yo, básicamente, te tengo que dar las gracias

porque creo que tu obra es de esas pocas obras

que, aparte de disfrutarse, van más allá, consuelan,

son obras que entran en el alma.

De hecho, cuando acabé de leer el libro,

que ha centrado la entrevista que te ha hecho el maestro,

se lo mandé inmediatamente, lo tenía en versión PDF,

a una persona que sé que lo está pasando mal.

Le dije: "Léetelo, es bueno para el alma".

Entonces, quería dar las gracias por muchas cosas.

Por alguna cuestión de estilo, lo de "enredar en la falda".

Eso me ha encantado, me lo apunto.

También, evidentemente,

por esta reivindicación de la ejemplaridad, de la dignidad.

Yo estaría más con Elia que con Fernando en este asunto.

Yo no creo que reivindiques la moral de los esclavos.

Creo que reivindicas el "aura mediocritas",

el heroísmo de lo ordinario, el heroísmo de lo no aparatoso,

y que, en cambio, mantiene...

Esa dignidad que estorba lo obvio y, en cambio, ensalza lo sublime.

Me encanta esa visión de lo sublime al alcance de todos los públicos.

Al alcance de cualquiera.

No una idea de sublimidad que tienes que ser la remegahostia,

sino que, realmente, esforzándote un poco...

Creo que das mucho al lector, ofreces mucho al lector.

Y, sobre todo, me encanta la visión de Cervantes.

Ahí me retengo un poco

porque tiene que ver con la recomendación que haré.

Esta idea de idealismo, cortesía y humor.

Creo que están requeridos en el lector de Cervantes,

con Cervantes mismo.

Yo creo que Cervantes era una persona, un autor,

muy idealizado y, posteriormente, muy dinamitado

y me gusta una recuperación

del componente idealista de Cervantes.

Lo cual no significa convertir a Cervantes en un cretino,

como algunos parecen... Pero me lo reservo,

tiene que ver con un libro que voy a recomendar.

Ante todo, gracias, gracias, gracias.

Bueno... Bueno, Ana, dos observaciones.

Yo tengo una. No has sido tan breve como decías.

Otra... Es un truco muy viejo.

En tu falda de hoy no es fácil enredar.

(RÍEN) Bueno, en el sentido metafórico sí.

Tiene mucho mérito que un caballero

admita que tiene algo enredado en la falda.

Tu caligrafía.

(RÍEN)

Lo primero que me gustaría decir,

que también tiene que ver algo con esta sección,

por programas anteriores que ya he visto.

Y es que me gusta mucho de esta sección

el desprenderte de la beatería de la cultura.

A todos nos encanta la cultura.

Pero no hace falta ser un beato de la cultura.

Tampoco un beato del padre.

Porque también eso lo veo algo mórbido.

No hay que hablar del padre de rodillas.

El padre es una fuente de energía extraordinaria,

pero también de potencial conflicto.

Y la mayoría de las personas que han tenido padre,

han notado la fuerza inmensa de la energía,

pero también una dificultad en administrar esa energía

y tratar de buscar tu propia identidad.

Con lo cual, todo lo que tenga que ver

con evitar la beatería en las cuestiones y, por ejemplo,

lo hace magníficamente Cervantes con el humor.

Cómo propone un idealismo que a mí me parece,

lo que él llama ese "ansia" hasta el extremo.

Pero es capaz de hacerlo riéndose, sobre todo, de sí mismo.

Eso me parece una lección perdurable.

Y luego, si hay algo que noto que me ha hecho palpitar

y me ha intrigado desde que tengo vida consciente

es el inmenso dramatismo

implícito en cualquier vida corriente.

En el hombre común.

¿Qué hay superior al hecho de vivir y envejecer y morir...?

En la sombra. Sí, también en la sombra.

Es decir, cuando veo las marcas de la edad

en el rostro de una persona, pienso:

"Es que esta persona participa de un estremecimiento universal".

Yo creo que tú has dicho antes algo impresionante.

Yo creo que lo que perdura...

No te cito, te interpreto.

...es la punta del iceberg de lo que es digno de perdurar.

Eso es. Y esa es una idea exaltante.

Sí, y claro, ahí vemos un ejemplo de cómo lo sublime,

que mucha gente exquisita de nariz arrugada

piensa que solamente puede ocurrir en los griegos y...

Y lo último quizá sea una elegía de Duino.

Sin embargo, está aquí. Está en todos.

Y el hecho de que vivamos de manera consciente, envejezcamos,

se vayan acentuando las marcas del tiempo en nuestro rostro,

y, finalmente, nos espere el sepulcro,

personas que somos la flor de la evolución,

porque los individuos somos la flor más exquisita de la evolución,

destinada, sin embargo, a ser aplastada,

esto es de un dramatismo tan extraordinario

que simplemente abrir los ojos a ello

te hace imaginar qué podría ser un sublime contemporáneo

para el común de los mortales.

Fíjate, ha dicho "sepulcro".

Y antes hablabas del evangelio también.

La última vez que hablamos te lo comentaba:

"Fíjate, hasta el evangelio se ha tergiversado".

Que tu mano derecha no se entere de lo que hace tu mano izquierda.

Eso, hoy en día, se utiliza como: "La caja B".

(RÍE) Sí.

No, es ejemplar.

Porque has dicho que no hay ejemplaridad privada,

o está ligada con la pública. Es no darse publicidad a uno mismo.

Es dar limosna pero no decir: "Le he dado limosna, soy el mejor".

Hoy en día todo hay que publicitarlo y decir: "Qué bueno soy".

Y lo aúno con lo de los sepulcros.

Sepulcros blanqueados que dentro solamente tienen huesos flotantes.

Pues, al final, hay que ser lo contrario.

Está bien que vayamos blanqueados, pero...

Elia, ¿te acuerdas de Kafka, que dio una cantidad a un mendigo

pero se la dio en siete veces?

Iba pasando, le daba... Para no llamar la atención.

Pues mira. Ni siquiera del mendigo.

Ahora es todo lo contrario.

La manía de relatar lo que nos sucede constantemente.

A lo mejor era para que no se lo gastara en vino.

Jesús Pardo, en sus memorias, contaba una anécdota muy graciosa

de sus tías, que eran una familia ricachonas de Santander.

Al mismo tiempo, muy chapada a la antigua,

muy reaccionaria, muy cavernícola,

y un día llegó a su chalet, no sé dónde, un mendigo,

y que una de las tías le dio cinco céntimos de peseta

y le dijo: "No se lo gaste usted en vino".

Y el mendigo: "No, señora, me voy a comprar un piano".

(RÍEN)

Eso se suele decir.

A mí me resulta también interesante, leyendo tu libro, Javier,

no sé si estarás de acuerdo o no, que, al fin y al cabo,

trascendiendo el hecho literario en sí,

también personas que no se ocupan de literatura,

que no escriben,

que al final todo está en cómo contamos, en cómo relatamos,

en cómo nos contamos nuestra propia historia.

Porque el hecho de caer en la literatura maleducada,

en culpabilizar a los demás,

al padre en este caso, o a quien sea,

el hecho de estar continuamente buscando todo el feísmo,

todo lo absolutamente vulgar, incluso, de nuestras vidas,

pues es nuestra responsabilidad contarlo de otra manera.

En el momento en que lo cuentas de otra manera, y hay mil formas,

eso ya pertenece a tu historia.

Me parece un acto muy saludable, además de hermoso.

Por una parte, telegráficamente, la fuerza de lo narrativo

tiene que ver con el hecho de que los hombres y las mujeres

somos seres narrativos.

Si tú le preguntas a alguien cómo es Fernando,

no te dirá: "bípedo implume", aunque tiene pluma.

Me refiero a que escribe mucho.

(RÍEN)

Lo habíamos entendido, Javier. Te ha quedado un poco...

Me he quedado un poco perplejo. Ha sido una exclusiva auténtica.

...sino que cuentas un relato:

dónde nació, dónde estudió, dónde trabajó,

quién fue su padre, su madre...

Somos seres narrativos, y por eso

la manera en que nos entendemos a nosotros mismos

es también una narración.

Además, me gusta decir que literatura es literalidad.

Estoy pasando ya a otro tema.

Cuando uno escribe, si escribes de verdad,

lo que verdaderamente eres es un juntapalabras.

Y el modo en que las juntas es lo que hace de ti un escritor.

Si te pueden compendiar, si te pueden resumir,

si te pueden parafrasear, no eres un verdadero escritor.

Igual que un músico...

Entonces, en vez de un juntapalabras eres un juntacadáveres.

Como hay.

Perdona, no estoy entendiendo. ¿Hablas de ser sincero?

No, no, no. A lo que me refiero es que...

Hablas de ser... Literal, es decir...

Irremplazables tus palabras por otras.

Sí, exactamente. Es decir, lo que te hace escritor

es la específica combinación de palabras,

la específica secuencia de palabras...

No exactamente la historia que cuentas,

que puede ser como una hoja. Y, a lo mejor, esa historia...

A lo mejor, la historia de "La Ilíada" o "La Odisea"

la cuenta otro, y no nos llama la atención.

Porque es la manera exacta

en la que tú has elegido esa secuencia de palabras

lo que te hace escritor.

(HABLAN A LA VEZ)

Es el punto de vista también. Sí, pero claro, el punto de vista,

si eres literato, es una visión que se refleja

en una secuencia de palabras, que es lo que hace de ti escritor

y lo que hace que tu libro sea una lectura fecunda.

Y luego, ya termino...

Es que el modo en que concibo yo la literatura del futuro,

que me preguntaba antes Fernando.

¿Cómo hacer algo que podríamos llamar de contenido sublime

y de estilo elevado en siglo XXI de manera convincente?

¿Qué problema tiene hoy la novela, a mi juicio?

Es que en la novela del siglo XXI,

si quieres ser convincente,

los personajes deben expresarse de manera vulgar.

Sí, hay que creérselo. Tú te lo crees y lo consigues.

Pero el esfuerzo sería cómo elegir las palabras

para que tu literalidad sea de cierto estilo elevado

pero que, al mismo tiempo, sea convincente

y no resulte anacrónico, cursi, en falso.

Yo creo que solo con probarlo,

quedaríamos pasmados de la cantidad de gente

que sigue detrás.

Porque la gente está hambrienta de eso.

Totalmente de acuerdo, hay sed.

En cierta ocasión le preguntaron a Hemingway,

y él redactó 32 veces las últimas frases

de "Adiós a las armas".

Un periodista le preguntó por qué había hecho eso 32 veces.

Y Hemingway contestó:

"Encontrar las palabras adecuadas". Eso fue todo.

Exactamente, totalmente de acuerdo.

Y una fuente de inspiración en esto, a mi juicio,

es justamente Cervantes.

Porque él presenta un idealismo moderno.

Y es moderno porque, a diferencia del idealismo grecorromano

en el que el personaje simplemente puede hacer una hazaña extraordinaria

y resulta convincente, para su época y mentalidad,

la manera en que hoy nos podemos aproximar

al idealismo sublime es mediante el truco del humor.

Y de la autoironía.

Pero humor fino, fino. Sí, no necesariamente es el grueso.

Pero me refiero a que pienso que esa especie de mundanidad,

que esa especie de autoironía,

esa especie de ausencia de beatería a la que antes me refería,

puede llegar a hacer convincente, si utilizas la secuencia adecuada,

un sublime contemporáneo.

Yo siempre cuento una anécdota, que un día estaba en un bar

leyendo un libro, y me estaba tronchando de la risa

rato y rato.

De manera tan escandalosa que viene el tabernero y dice:

"Señorita, toda la parroquia pregunta qué lee usted".

La primera parte de "El Quijote".

No se lo querían creer, pero era verdad.

Como la escena de la película,

parece que tiene un orgasmo. Sí, pero mejor.

Y empieza todo el mundo a pedir la bebida.

No compares a Harry con Cervantes. (RÍE)

He de interrumpir

esta agradabilísima e ilustradísima conversación.

Tenemos que pasar a recomendaciones y al cohete.

¿Qué nos recomiendas, Javier?

Este libro es una edición de 1936, al cuidado de Jorge Guillén,

de la traducción y comentario que Fray Luis de León hizo

de "El cantar de los cantares" en 1561.

Su primera obra, publicada póstumamente,

que es una obra maravillosa de leer,

y es, quizá, el castellano más refinado, elegante,

que se ha escrito nunca.

Y que, además, tiene la paradoja, la curiosidad,

de que un monje severo como llegó a ser Fray Luis después,

es su primera obra de juventud,

aquí comenta un poema, "El cantar de los cantares",

que no menciona a Dios.

Y como es comentario literal, no simbólico o místico que luego hizo

pues se trata, prácticamente, de un libro erótico

escrito por un monje y dedicado a una monja.

Lo recomiendo intensamente,

aun cuando hoy solamente se puede encontrar

en la colección BAC, que es de 1944.

Recomiendo su reedición urgente. Esta es mi recomendación.

Mes de mayo, decía yo al comienzo del programa, Javier.

Fray Luis: "Del monte en la ladera por mi mano plantado tengo un huerto

que con la primavera de bella flor cubierto

ya muestra, en esperanza, el fruto cierto".

Más recomendaciones.

Pues yo quería recomendar "Cáscara de nuez".

Lo traía yo también.

Yo estoy siempre esperando a que salgan sus libros

porque lo leo todo con entusiasmo.

Y pensé que este libro, de algún modo,

tenía que ver con el tema que abordamos hoy, Javier.

Porque, una vez más, Ian McEwan,

que tiene esa capacidad, como escritor,

de convertirse en mujer, en niño, en niña,

en señor, en señorita, en cualquier tipo de personaje

sin que eso chirríe, pues ahora se convierte en feto.

Y esto es impresionante, porque es una novela

en la que este feto, este bebé ya,

de siete u ocho meses de gestación,

pues va viendo en qué mundo va a nacer,

qué madre va a tener... Más bien oyendo.

Oyendo, sí. E imaginando.

Historia culebronada en la que está envuelto.

Qué madre va a tener... Misterios, intentos de asesinato...

Bueno, intentos no, con asesinato incluido.

Se mezclan aquí varios géneros, entre otros, la novela policíaca,

porque tiene algo de policíaco. Avaricia... En fin de todo.

Es, por un lado, aterrador, porque es una historia de terror.

Y, por otro, es impresionante la capacidad de este escritor

en convertirse en un bebé de ocho meses de gestación.

En Anagrama, como siempre, todo lo de Ian McEwan.

Y bueno, pues a partir de aquí, hacia atrás,

cualquiera de sus libros.

Yo llevo años proponiéndolo al Premio Príncipe de Asturias,

y no hay forma, siempre queda finalista.

Señorita Grau.

A ver, mis recomendaciones son dos guiños.

Uno es un libro de La Esfera de los Libros,

de un señor de estos que busca la ejemplaridad en las sombras.

Un autor que no conoceréis nadie,

aunque ha sido finalista del Fernando Lara.

Manolo Hurtado Marjalizo.

Es una hermosa novela titulada: "La librería del callejón".

Es su segunda novela, no con la que quedó finalista.

Os la recomiendo mucho. Hay un hombre aquí...

Se me ocurrió recomendarlo porque el protagonista

tiene una auténtica crisis de la imagen propia.

La novela cuenta la reinvención de la imagen de esa persona.

Pero, de algún modo, quería romper una lanza

a favor de los escritores no profesionales.

Este señor trabaja en una multinacional.

Escribe en sus ratos libres, y escribe novelas muy buenas.

Y para vosotros, bestias antinovelísticas,

voy a recomendar un libro que es un ensayo.

Es un ensayo de un amigo mío, Pedro Insua,

filósofo seguidor de Gustavo Bueno.

"Guerra y paz en 'El Quijote': el antierasmismo de Cervantes".

Es un libro con el que yo discrepo en su totalidad

porque viene a criticar, digamos, la idealización de Cervantes

que él define como "etimológica", de una manera un tanto despectiva.

Critica que todo lo bueno de Cervantes

se atribuye a Erasmo de Rotterdam.

Yo...

Esa es la interpretación de Bataillon.

Sí, exacto.

Yo creo que a Erasmo de Rotterdam se le ve mucho el plumero en esto

porque él era un falso pacifismo, un pacifismo oportunista,

que iba contra las potencias militares cristianas de la época,

pero es una reflexión inteligente sobre "El Quijote"

que permite llevarle la contraria, hablar de Cervantes,

permite hablar de todas estas cosas, y permite pelearse muy a gusto.

Está muy bien escrito.

Rápidamente.

Traía varios y me decían por ahí: "¿Todos esos?".

Digo: "No, en función de la conversación recomendaré".

Y recomiendo a Victoria Camps, "Elogio de la duda", editorial Arpa.

Es una reflexión muy buena sobre lo que significa dudar

y la necesidad que tiene el ser humano de dudar

y plantearse las cosas.

Precisamente, en este programa estamos dialogando,

algo que es fantástico, y sin demasiadas prisas,

todas aquellas que tiene la tiranía televisiva por el reloj,

pero nadie te interrumpe.

Hoy en día, en las tertulias, en los coloquios,

existe eso que se llama "zasca", que yo no entiendo, Fernando.

"Zasca" es como darle a alguien el "touché".

Cortarle y dejarle mal.

Efectivamente, no hay una antidialéctica

más feroz que esta: el "zasca".

Pues vamos a dudar... Un sopapo.

Sí y no, pero con palabras cortas.

Hiriente. Efectivamente.

Yo reniego de eso y me abomina.

Yo traía varios libros, de algunos ya he hablado.

"Padres", libro de poemas de Juan Vicente Piqueras.

He hablado también de "La transformación",

o "La metamorfosis" de Kafka. Espléndida edición esta de Atalanta.

Hay que decir que, aunque no lo parezca,

Kafka, que ajustó cuentas con su padre

en la famosa "Carta al padre", aquí también las ajusta.

Con ese personaje que es el padre.

Gregorio Samsa, que se transforma en algo

que nadie sabe muy bien qué es, porque hay grandes discusiones.

Hay gentes que ven en el animal, el insecto en el que se transforma,

un escarabajo, yo por ejemplo.

Otros ven una cucaracha, otros que ven una araña,

cualquier cosa.

Y luego, este librito de Miguel Hernández:

"Cuentos para mi hijo Manolito", lo ha publicado Nórdica.

Excelente editorial también.

Son cuatro o cinco cuentos que escribió en la cárcel

entre el 41 y el 42, muy poco antes de morir,

Miguel Hernández, y los escribió en papel higiénico.

Los recortó, encuadernó

estos pedazos rugosos de papel higiénico como pudo,

y este libro se recupera ahora. Es un libro lleno de ternura,

lleno de esperanza y lleno, al mismo tiempo, de amor.

Y ahora ya tenemos que irnos a los poemas.

Yo te había encargado a ti la lectura del poema.

Pero hete aquí, y este es el libro que más recomiendo:

"Tu sangre en mis venas, poemas al padre".

Edición de Enrique García-Máiquez, Renacimiento una vez más,

que me llegó hace exactamente 48 horas.

Lo he abierto, mirad cómo lo tengo. Es un libro extraordinario.

Son poemas, de poetas muy conocidos, algunos,

otros muy poco conocidos, o incluso desconocidos para mí,

y está repleto, verdaderamente, de poesías extraordinarias.

Yo quiero aportar también, intercalándolo con tu poema,

la lectura de un par de poemas de este libro. Empieza tú.

¿Empiezo yo? Bueno, este libro se titula:

"No te acabes nunca", está en Espasa.

Es un libro que ha escrito María Leach,

que es una escritora y periodista,

a propósito del luto.

Ha perdido a su marido, siendo muy joven además,

con un bebé recién nacido, por lo que he podido entender.

Escribe este libro de poesías y, obviamente, se lo dedica.

Me parece un recorrido muy interesante

a través de ese luto.

Por ejemplo, una poesía titulada "La pasta de dientes", dice así:

"La pasta de dientes, el jamón, la ropa sucia.

El recibo de la luz, los cereales, tus cartas, nuestro champú.

Todo cuanto dejaste a medias se acaba.

Y como la vida que sigue su curso y nos separa,

yo también contribuyo a tu erosión.

Uno o dos jerséis, un par de zapatos, gafas de sol,

camisetas, un reloj.

Cada noche, con guante blanco, robo un poco de ti.

Sin dejar pruebas evidentes que permitan darse cuenta

que cada vez estás menos aquí".

Ahora yo. Este poema de Miguel D'Ors

está en un libro que se titula, curiosamente, "La imagen de tu cara"

que es un libro de 1994.

El poema se llama "Arma virumque", el comienzo de "La Eneida",

"Retrato de mi padre", dice.

Y parafrasea, no sé si es adrede o no,

el poema que a mí me gusta más de Borges que es "Conjetural".

Y el poema de Miguel D'Ors dice...

Evidentemente, su padre murió en la batalla de Guadalajara.

Su padre debía ser tradicionalista, Carlista.

Esto lo deduzco yo de la lectura del poema, no lo sé.

"Que de todas las fechas de su vida, perdure para siempre en esta hoja

aquella que contiene, resumida, su más honda verdad.

Con boina roja, el Mauser, el "détente"

y el fulgor de un sueño, ennobleciéndole la cara,

oye acercarse la batalla

por los recios campos de Guadalajara.

Con un trasfondo de ametralladora,

se eleva una oración de su alma fuerte.

Llega la prueba ya.

Llega la hora de mirarle a los ojos a la muerte.

Adivino 'La Eneida' en su bolsillo con un olor de pólvora y tomillo".

Y el otro poema, más breve, es de Jesús Cota.

Que yo, la verdad, no sé quién es. No sé si vosotros lo conocéis.

Está en un libro que se llama "Menos la luna y yo".

Se llama "Vía personal" y dice:

"Porque el azar no explica a Rita Hayworth.

Porque mira esa flor en la colina.

Porque si no, ¿a quién daré las gracias?

Porque también existes tú, mi vida.

Porque no he muerto 33 000 veces.

Porque tengo una sed que es infinita.

Porque apuntan a Él todos los árboles,

los zigurats, los ríos y las vidas.

Que sí, que Dios existe, me lo dijo mi padre en su agonía".

Muy bien, qué bonito. Muy bonito.

Y muy bien leído.

Hasta la próxima semana.

(Música)

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Libros con uasabi - 07/05/17

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