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Libros con uasabi

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Para todos los públicos Libros con uasabi - 24/04/16 - Ver ahora
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Otra vez aquí.

La literatura solo terminará cuando llegue el fin del mundo,

aunque a lo peor, su supervivencia será virtual,

y no sujeta al formato de lo que hoy por hoy todavía llamamos libros.

Los electrónicos no lo son, o no lo son del todo,

son otra cosa, ajena a mí.

Nací y eché los dientes de mi vocación en un mundo de papel,

y como escritor y como lector,

me extinguiría si el papel desapareciera.

¿Cuestión de edad? Seguramente.

Es posible que alguna de mis tres colaboradoras

no suscriba lo que acabo de decir. Cuatro españoles, cinco opiniones.

De momento, con el papel en ristre,

empieza un nuevo capítulo de...

Todo está en los libros.

Todo está en los libros.

Todo, todo, todo está en los libros.

Todo está en los libros.

Fue el último de los malditos.

Ya no los hay, o si los hay,

son tantos y tan desdibujados, como si no los hubiera.

La corrección política es el instrumento de su extinción.

Baudelaire, Verlaine, Rimbaud, Van Gogh, Modigliani,

Boris Vian, Genet, Bukowski y tantos otros,

de haber nacido ahora, estarían entre rejas,

o puestos en la picota por el feroz puritanismo

de quienes al amparo del anonimato disparan

desde las trincheras de las redes contra todo lo que se mueve.

Umberto Eco decía que son las redes el multiplicador de la estupidez.

Vienen estas consideraciones a cuento de Serge Gainsbourg

y de la biografía "Elefantes rosas",

editada por Expediciones Polares,

que Felipe Cabrerizo ha escrito sobre él.

No es una casualidad que ese último maldito,

fuese, por encima de cualquier otra actividad,

y en su vida hubo muchas,

compositor, letrista, pianista y cantante.

Lo digo porque el malditismo que en el siglo XIX

y buena parte del XX echó raíces y dio frutos

sobre todo en el mundo de las letras y de la pintura,

se refugió y se enquistó luego, a partir de mediados de los 60,

en el de la música.

Serge Gainsbourg, se lee en la contraportada,

escribió docenas de canciones radiantes,

compuso joyas de orfebrería a las que dio formato de disco,

sedujo a las mujeres más hermosas de Europa,

se fumó varias toneladas de Gitanes,

dejó secos decenas de bares de la "rive gauche" parisina,

dirigió películas desconcertantes,

escribió novelas que nadie entendió,

y emprendió una carrera de pintor

a la que puso fin destrozando todos sus cuadros.

Poeta maldito y provocador, vivió mil vidas en una,

pero ninguna le satisfizo, y decidió dejarse destruir por la fama,

tras cerrar una de las discografías

más importantes de la historia de la música europea.

No solo, también hizo mucho cine,

algo de publicidad, provocó a diestro y a siniestro,

se metió en toda clase de líos y organizó monumentales marimorenas.

Lo dicho: un maldito.

El último de esa estirpe, solo superado

en el arte del exceso por el japonés Mishima.

Tuvo suerte, buena o mala, según se mire.

Nació y vivió en una época en la que aún había libertad de costumbres,

en la que los inquisidores no habían empuñado el timón de la sociedad,

y en la que el prestigio de la creación artística

permitía a los artistas vivir de modo diferente

al resto de los mortales.

Se les perdonaba casi todo, otros tiempos.

De ellos y de Gainsbourg,

al que también se le llamaba Gains-bar

por su afición a quemar las noches acodado

junto a una chica guapa en las barras de los bares,

trata el libro de Cabrerizo. Un rato de charla con él.

(Música)

Felipe, "Elefantes rosas" en este circo de Gainsbourg,

pero también hienas, cocodrilos y buitres de color mucho más oscuro.

Llama la atención en la vida de ese hombre la ambivalencia

entre la inteligencia de su obra,

y la falta de inteligencia para gobernar la propia vida.

En efecto, en realidad es un gran maldito, creo yo, Gainsbourg,

y fue una persona que su propia incapacidad de manejarse

con el mundo que le rodea, con la gente que tenía en su entorno,

le lleva a tomar unas decisiones disparatadas en la vida,

agravadas sobre todo por este consumo de alcohol absolutamente industrial

que tuvo a lo largo de su...

Alcohol, tabaco, y toda clase de vicios. Se apuntaba a todo.

Menos la droga dura, era una cosa que como buen moralista,

rechazaba profundamente, y nunca quiso catar,

regañaba a los amigos y compañeros que embarcaban en esas aventuras.

¿Es verdad que vas a menudo a pintarrajear grafiti

en el número 5 de la calle Verneuil de París, antiguas caballerizas,

todo pintado de negro, de arriba a abajo,

donde estuvo las más significativa de sus casas,

y que te vas a fumar un Gitanes junto a su tumba

en el cementerio de Montparnasse?

Como buen idólatra que soy, hago estos pequeños homenajes.

Fetichismo. Un poquito, la verdad.

(RÍEN)

Pequeños homenajes que me gusta hacer,

siempre que puedo ir a París,

siempre me acerco a la casa de Gainsbourg, a su tumba,

y dejó un pequeño souvenir mío allí.

Prólogo excelente de Javier Rebollo, dice:

"Este es un libro rápido, como un tequila malo,

que aparte de Serge Gainsbourg,

habla de una época gloriosa en Francia,

en la que en el mundo de la música importaba más

hacer buenas canciones que ganar dinero,

y en el que no imperaba, como lo hace hoy, la censura".

Yo, que soy del 36, Felipe, alcancé a conocer este mundo.

Tú, no. Hablas de oídas, nunca mejor dicho, ¿no?

Yo he leído tu libro con nostalgia, con envidia y con rabia,

por todo aquello que el tiempo se llevó para nunca más volver.

¿Por qué has escrito este libro, en cierto modo ya estaba escrito?

Es el retrato de un artista adolescente,

porque Gainsbourg siempre lo fue, y el retrato de una época.

El libro lo empecé a pensar porque yo tengo un programa de radio,

se llama "Psyco Beat"... Lo sé, lo sé.

Pongo música yeyé, sobre todo italiana y francesa.

Pero al final siempre el espacio, la horita de programa,

no te deja avanzar demasiado en la narración de historias,

anécdotas, circunstancias que rodean las canciones,

y esto me creaba una pequeña frustración.

Ahí empecé a pensar en la posibilidad de darle forma,

y contar eso de manera un poquito más generosa,

y tras unos años de periplo, investigación, documentación,

al final terminó saliendo este "Gainsbourg. Elefantes Rosas",

que recupera desde luego un tiempo...

No sé si mejor, esto de "cualquiera tiempo pasado fue mejor",

nunca sé si es verdad o no.

Pero es un tiempo en el que la cultura

tenía una preponderancia diferente a la de hoy en día,

la libertad era un concepto muy respetado y sagrado,

que hoy en día el tema es muy diferente, la verdad.

Felipe II fue mejor, te lo digo yo. (RÍE)

Javier Rebollo en el prólogo, hablando de Gainsbourg, dice:

"Poliédrico, imposible, melódico, mediático, pudoroso, punki, rockero,

frágil, generoso, clásico, coqueto, inocente, canalla, amable,

arrogante, frívolo, escandaloso, egoísta, excesivo, ruso, genial,

hiperactivo, borracho, cínico, paranoico, estrellado, inocente,

incómodo y provocador, ingenioso ingenuo,

desconcertante, fumador, sincero, conmovedor, culto, emocionante,

pero ateo, borracho, surreal, nervioso, folletinesco,

iluminado, doble mimado, tranquilo, juguetón, moderno, infantil,

de pulp y serie b y z, burlón, preocupado, erótico, bromista...".

Etc., etc., etc.

Casi dos páginas enteras llenas de adjetivos en tropel.

¿Era todo eso?

Era todo eso, y mucho más.

Javier, aparte de un director de cine excelente,

es un escritor excepcional,

ha captado muy bien esta idea de este personaje,

completamente volcánico y torrencial, y lo ha plasmado en este prólogo,

me parece un prólogo excelente.

Me decía el otro día un lector que debía haber estado como posfacio,

en vez de como prefacio del libro,

porque es una especie de conclusión del personaje,

no un adelanto de lo que está por venir.

El libro es excelente, lo digo de corazón.

Muchas gracias.

Muchos otros personajes desfilan por estas páginas:

Sartre, Juliette Gréco, Françoise Hardy, Orson Welles,

Miterrand, Brigitte Bardot, Moustaki, Catherine Deneuve,

Alain Delon, Dalí... Todo el mundo.

Casi, casi, leyéndolo, tenía la sensación de que solo faltaba yo.

(RÍE)

Es muy interesante, porque al final la vida de Gainsbourg

atraviesa por completo la columna vertebral

de esta cultura francesa, y quien dice francesa, europea,

de la segunda mitad del siglo XX.

Es un momento particularmente efervescente en el mundo artístico,

y en el mundo cultural, y es uno de los grandes encantos

que tiene la vida de Gainsbourg. Aparte de esta vida,

en cierto modo un poco sedentaria y encerrado en sí mismo,

con la creación, lo compaginaba con este contacto con todo el mundo.

Él nace en el 28. Su padre, judío askenazi,

su madre, no sé si era también judía, porque no lo dices.

Lo era, lo era. Padre pianista,

Serge estará marcado de por vida por esos dos factores de su infancia:

la condición de judío en los años de ascenso del nazismo,

y la profesión de su padre. Familia feliz, padres enamorados,

ocho hijos, tu libro es también un psicoanálisis.

Bueno, ha habido un intento de hacer algo de esto.

Es muy complicado, es la primera biografía que escribo,

en los libros que he escrito hablo de personajes

que me interesan particularmente,

por lo cual de todos ellos terminas elaborando unas pequeñas biografías,

pero nunca lo había hecho con este detenimiento.

Esto para mí ha sido un reto muy interesante,

muy difícil por otra parte también,

pero sí, hay una vida pública de Gainsbourg, digamos,

que él mismo daba a conocer continuamente,

era una persona adicta a los medios,

a salir en televisión, radio, periódicos,

pero luego hay también un Gainsbourg oculto,

que es el que lo humaniza,

quizá el que da el encanto definitivo al personaje, ¿no?,

que él se cuidó siempre muy mucho de guardar.

Sin embargo, yo creo que tiene al final...

Como todos los grandes artistas, hay una posibilidad de llegar a esto,

que es a través de su obra.

Es esta gente que en su obra vuelca su vida,

rastreando ahí, poquito a poco,

a lo largo de lo que él fue escribiendo,

haciendo a lo largo de los años,

se descubre un personaje, que he querido reflejar.

Otro vector de su psicología es el aspecto físico:

endeble, feo, nariz aguileña, orejas enormes,

martirizado toda la vida por eso,

a pesar del estrepitoso éxito que tuvo siempre con las mujeres.

Sí, pero quizá una cosa sea consecuencia de otra,

si siempre en la infancia, adolescencia, primera juventud,

son momentos particularmente traumáticos

casi en la vida de cualquier persona,

en una persona tan fea como Gainsbourg, le marcó profundamente.

Los compañeros de clase siempre se burlaron de él,

incluso cuando él salta a la música,

y te pones a revisar las hemerotecas,

ves que los críticos no hablan nunca de su apuesta musical,

por otra parte excelente,

sino que hablan del extraño aspecto que tenía,

en contraste con otros héroes de la "chanson" de aquellos años,

que era gente con voces melodramáticas, presencia escénica,

y con un físico arrebatador, la verdad.

El momento en que él, tras mucho penar

en estos primeros años, sin vender discos,

empieza a encontrar un éxito. Yo entiendo que esta segunda parte

de su vida es una revancha sobre este sufrimiento

que él había vivido en su juventud.

Traumas. Dos al menos citas en el libro.

Uno, la novatada salvaje

que le sucedió sus años de estudios, y que nunca quiso relatar.

Es curioso que en una persona tan sumamente exuberante,

tan expresiva y exultante como Gainsbourg,

le gustaba muchísimo hablar de su vida y de sí mismo,

lo decían siempre sus amigos,

era una persona con la que era difícil tener un diálogo,

solo hablaba, se embebía en sí mismo, y se encerraba ya.

Sin embargo, siempre mantuvo algunos secretos.

Sobre estos años de infancia, es curioso, porque sus narraciones

siempre son heroicas, nunca son narraciones reales,

o que parezcan reales, siempre las embellece,

las degrada, o las heroiciza, de una manera u otra,

para contar una vida paralela,

quizá es la que le hubiera gustado tener de la que tuvo en realidad.

Es curioso cómo mantiene veto sobre una serie de anécdotas

o de curiosidades, entre ellas, esta,

cuando una vez terminada la guerra,

entra en la Universidad, con pocas ganas de estudiar,

con muchas de dedicarse a la pintura, primera vocación,

pero sin embargo pasa algo allí,

decide ese día dejar los estudios definitivamente,

fue una catástrofe familiar monumental, nunca la quiso revelar.

Las primeras veces que estuvo con una mujer eran putas,

dos putas, se quedó también traumatizado,

una de ellas, por lo visto, se dedicaba a mascar chicle

mientras estaba haciendo el amor con él, y la otra se negó

a hacer el amor, porque le repugnaba físicamente.

Sí, sí. Es curioso, porque en estos años de exuberancia sexual

de esta primera adolescencia,

el recurso en aquellos años tan habitual era la prostitución,

era una sociedad diferente.

Sí, sí, él siempre contaba que estos primeros contactos no fueron fáciles,

ni muchísimo menos, cuenta esta historia, como unas cuantas más,

que siempre el contacto con las prostitutas del barrio

donde estaban en aquel entonces,

le resultaba complicado, y se solían reír muchísimo de él,

lo cual todavía aumentó este trauma inicial,

y aumentó las ganas de revancha posteriores.

Y otro trauma del que nunca quiso hablar,

es por qué se separó de su primera mujer, Elisabeth,

con la que hizo el amor por primera vez en la cama de Dalí.

(RÍE)

Sí, es verdad, porque Elisabeth era una chica francesa, parisina,

y ella tenía las llaves de la casa de Dalí,

porque su jefe, del que ella hacía de secretaría,

le guardaba las llaves cuando Dalí se iba de viaje.

Un día le robaron las llaves, y fueron a aquella casa,

a Gainsbourg le fascinó profundamente,

era un joven pintor, con gran vocación,

y se encontró con aquella casa de una delicadeza exquisita, perfecta,

concebida en realidad como obra de arte independiente,

y cuando Gainsbourg salió de allí,

después de hacer el amor con esta chica,

de robar a Dalí unos grabados pornográficos,

entonces rarísimos y difíciles,

empezó a maquinar la posibilidad de reproducir eso en su vida,

y cuando esta casa que comentabas antes, de rue Verneuil,

en realidad era una reconstrucción de esta casa de Dalí,

que era una casa que él entendía como un museo, donde no se podía vivir,

solo se podía observar y admirar continuamente.

Un buen día, o mejor dicho, una buena noche, llega al Milord,

el local en el que se había cantado por primera vez "La Marsellesa",

y allí conoce a dos personas fundamentales en su vida:

Michèle Arnaud y Boris Vian.

Sí, van a ser dos personas fundamentales.

El Milord era un cabaret elegante,

los más canallas estaban en el lado izquierdo,

este estaba en el Palais-Royal, en la orilla derecha,

y allí conoce por un lado a Michèle Arnaud,

de la que se va a enamorar perdidamente,

aunque no de manera correspondida,

que tenía en aquel tiempo un affaire con Miterrand, ni más ni menos,

era la intelectual de la canción.

Ella comprendió la apuesta de Gainsbourg,

y como tenía contactos en las radios, en las televisiones,

le fue abriendo puertas para ello.

Pero la presencia fundamental es la de Boris Vian,

dentro de este mundo de la "chanson", tan bien reglado, que había entonces,

Gainsbourg, la primera vez que vio a Vian se quedó fascinado,

era una persona que jugaba ya no con su físico,

sino con unas letras agresivas, muy molestas, con un tono de cinismo,

y él entendió que ese era el camino que él podía tomar.

De hecho, al poco tiempo conocería a Boris Vian,

y Boris Vian hace la primera crítica positiva

de un disco de Gainsbourg, se conocieron,

fue un contacto tan importante,

que la primera película que hace, 20 años después,

se la dedica a Boris Vian, que lleva muerto tiempo.

Tuvo amores, cómo no,

con otra intelectual de la canción, Juliette Gréco,

que cantó la famosa "La Javanaise".

¿Es verdad que Juliette Gréco hizo el amor por primera vez

con Miles Davis entre los andamios de una obra?

Bueno, no sé si es verdad...

O se cuenta, al menos.

Es una leyenda que circula mucho,

dudo mucho que Juliette Gréco, que era una persona bastante liberada,

se iniciara en estos asuntos, pero es verdad

que tuvo estos amores con Miles Davis,

era una cosa bastante llamativa, una pareja interracial.

Por la raza de Miles Davis, ¿no? Sí, sí.

Aún así, decía Juliette Gréco

que la relación más compleja para ella fue la de Gainsbourg,

que la gente aceptó mejor que estuviera con Miles Davis,

que con una persona tan fea como Gainsbourg,

de la que se reían por la calle.

Y un buen día aparece Françoise Hardy,

canta "Tous les garçons et les filles", y llega el yeyé.

A partir de ahí, Gainsbourg se va

a apuntar a todos los estilos musicales, la música yeyé,

después de haber hecho música melódica,

música hippie, el rock, el punk, el reggae, tecno... Todas.

Toca todas las teclas.

Sí, es parte del genio de Gainsbourg,

la capacidad de amoldarse a lo que sea,

él empieza como una persona rigurosa, empieza con la pintura,

cuando no encuentra un estilo propio,

no va a sobrevivir con la pintura, salta a la música,

pero él solo respeta la música clásica, y como tal, el jazz,

la forma más elevada de música popular.

Empieza en la música de manera muy estricta,

con unos discos rigurosos, pegados al jazz,

pero al jazz más de vanguardia, más americano, más arriesgado.

Pero pasa 6-7 años grabando discos que no tienen éxito,

sigue viviendo en casa de sus padres, sin ingresos,

y llega un momento en que le ofrecen la posibilidad

de saltar al yeyé, lo que parece que va a empezar a reventar.

Él en un principio se resiste, y no quiere,

pero después, tiene una frase maravillosa:

"Yo no quería cambiar de chaqueta,

hasta que descubrí que la nueva era de visón".

Descubre que aquello le abre la puerta a un mundo diferente,

a otros ingresos, otra posibilidad de manejarse con su vida.

Otra buena noche, se va a cenar a un restaurante de Montmartre,

con Brigitte Bardot y más gente, y Brigitte Bardot le coge la mano

por debajo de la mesa, y empiezan tres meses de amor tempestuoso.

El gran amor de la vida de Brigitte Bardot,

y uno de los dos grandes amores de la vida de Gainsbourg.

Bardot en sus memorias recuerda que esta fue la relación definitiva

para ella, aunque fue ella la que la rompió, y de mala manera,

después de solo tres meses de duración.

Pero para Gainsbourg era un momento complicado,

él estaba dando este salto a esta nueva canción,

que él no respetaba, nunca respetó la canción popular,

y nunca respetó su propia obra.

Sin embargo, conocer a Brigitte Bardot le abrió la puerta

a un mundo de mujeres fascinantes,

con las que pensaba que nunca podría estar,

y dentro de esta revancha continua de la infancia,

en el fondo la de la vida de tanta gente,

fue el momento culminante, y aunque la relación durara tres meses,

para Gainsbourg estuvo viva durante muchísimos años.

Fue un recuerdo que le mantenía en pie.

Bonito cómo evocaba ese momento:

"Mi mano en la suya provocó inmediatamente un shock para ambos,

una unión inacabable e inacabada, una electrocución ininterrumpida,

un ansia por abrazarnos, por diluirnos el uno en el otro,

una alquimia mágica y extraña,

un impudor púdicamente infinito.

Sus ojos miraron fijamente los míos, y ya no dejarían de hacerlo.

Estábamos solos en el mundo".

Es quizá el mejor párrafo de un libro horrible,

las memorias de Brigitte Bardot,

un libro de una egolatría muy desagradable, por otra parte,

larguísimo, pesadísimo de leer, pero el capítulo que ella dedica

a los amores de Gainsbourg, se ve que lo vive de otra manera,

y como tal lo plasma de otra manera, con frases como esta.

No solo París, no solo Francia, una vida cosmopolita.

Hong Kong, los fumaderos de opio, los antros pornográficos,

Gabón, donde se mete también en mil líos,

Colombia, Cartagena de Indias, Katmandú...

Va por el mundo armando siempre líos.

Sí, sí, él tenía esta capacidad de montar líos donde fuera,

y durante unos años, sobre todo, luego le costó más,

cuando se asentó con Jane Birkin, pero durante unos años,

quería viajar continuamente, conocer nuevos lugares,

y embarcarse en líos monumentales.

Ha pasado desde por una cárcel colombiana,

hasta por un fumadero de opio con escenas zoófilas en una pantalla...

Una mujer con un perro, y no sé qué, ¿no?

Sí, es parte de la curiosidad que él tuvo toda su vida,

también se traslada después a la música,

y a ese salto que comentabas de un género a otro,

siempre probar cosas nuevas.

Tercer buen día, esta vez sí fue de día.

Ve a Jane Birkin aquí, en España, en Almería.

La primera vez que la ve dice que llevaba una minifalda,

creo que fue la segunda, no la primera, minifalda estrepitosa,

dice: "Tiene las piernas torcidas".

Y se embarca en el segundo gran amor de su vida, 11 años.

Van a ser 11 años de amor...

Le llega en un momento, justo después de la ruptura con Bardot,

le va a sumir en una muy comprensible depresión,

amenazaba continuamente con tirarse al Sena, y suicidarse,

y en este momento en que a él se le empieza a amargar el carácter,

la gente del entorno dice que estaba insufrible,

encuentra a esta chica, Jane Birkin, una chica muy jovencita, inglesa,

venía del swinging London, muy moderno en aquellos años,

llega a París intentando buscarse la vida como actriz,

en un principio la desprecia profundamente,

pero lentamente se van a enamorar.

Van a desarrollar una relación de amor maravillosa y fastuosa,

aparte, hay un detalle delicioso, este arranque,

estos momentos tan apasionados del amor entre ellos,

quedan reflejados en una película, ellos se conocen

porque les contratan para una película, "Slogan",

una delicia, en la que el director quería contar una relación rota

que había tenido él, de la que no se podía desapegar,

pero cuando terminó la película, Grimblat decía:

"Esta película ya no es mía, es de Gainsbourg y Birkin".

Ellos tuvieron una copia en 16 mm que se proyectaban continuamente en casa,

para rememorar su...

El nombre de Jane Birkin está inevitablemente asociado

a la celebérrima canción "Je t'aime... moi non plus",

pero esa canción la había escrito para Brigitte Bardot,

estuvo retenida por la censura durante muchos años.

Bueno, más que por la censura, por los celos terribles

del marido de Brigitte Bardot. Es una forma de censura, ¿no?

También. (RÍEN)

En estos tres meses que estuvieron juntos...

Gunther Sachs, ¿no? Gunther Sachs, sí.

Un playboy internacional, que se decía en los 60.

En estos tres meses de relación de Gainsbourg y Brigitte Bardot,

son tres meses de una hiperactividad tremenda creativa de Gainsbourg,

estos amores le llevan a volcarlo todo continuamente en partituras,

y de ahí surgen un montón de canciones maravillosas,

y esta no surge, sino que la rescata. Era una canción que había escrito

para una película desconocidísima anterior,

pero era un tema instrumental. Decide ponerle una letra carnal,

disparatadamente carnal, inconcebible para la Francia del 68,

y graba la versión con Bardot, la versión definitiva de la canción.

Siempre hubo el misterio de si los gemidos y susurros

que se escuchan en la canción eran reales.

Estaban haciendo el amor cuando se grabó.

Esto fue un bulo que soltó la prensa, que detestaba a Bardot,

y la primera vez que escucharon la canción,

dijeron que estaban en alegre coyunda carnal,

no era cierto, pero estaban muy pegados y arrimados en la grabación.

Hablando de celos, él también tenía unos celos enfermizos.

En cierta ocasión, cuando rodaba una película en la piscina,

con Alain Delon y Maurice Ronet, se presentó con un revólver,

diciendo: "Como estos cabrones se atrevan a tocarla, disparo".

Sí, esto es parte de la contradicción en la que vive Gainsbourg,

siempre dio una imagen de persona segura de sí misma,

muy exuberante y muy afianzada,

y sin embargo era una persona tremendamente frágil,

y con un punto de equilibrio complejo.

Esto se manifestó con los celos.

Con Jane Birkin, tuvo una relación larga, provechosa,

tuvieron una hija en común,

y vivieron muchísimas cosas juntos,

pero él nunca consiguió quitarse de encima estos celos,

que lo devoraban, con escenas bizarras,

como esta de plantarse en el rodaje de una película,

porque está Alain Delon, muy normal, por otra parte.

Alain Delon y Maurice Ronet. Sí, claro.

Es una competencia compleja, la verdad.

Vivió esto, y gran parte de su obra en realidad es una respuesta

a los celos que sentía, porque Jane Birkin

había estado casada con John Barry, el famoso compositor.

Cuando John Barry empieza a tener éxito con sus bandas sonoras,

gana Oscars, es cuando él decide dar un salto adelante,

hacer cosas mucho más complejas y elaboradas en la música,

para demostrar a Jane que también está a esa altura.

Escenas bizarras, dices.

Un día Jane Birkin agarra una tarta de nata,

y se la tira, y se arrepiente de por vida,

dice que nunca jamás volverá a hacer algo así.

El pobre Gainsbourg sale lleno de jirones de nata,

van cayendo los jirones de nata, y llegan hasta el Sena, prácticamente,

hasta la rue Verneuil, y se tira al Sena Jane Birkin.

La rescatan los bomberos de milagro. Sí, porque no sabía nadar.

Se tira como acto de contrición por lo que...

¿Es para tanto? A mí me han tirado una vez una tarta.

No es para tanto. (RÍEN)

Bueno, son historias de borrachos, en realidad.

Fueron 10 años de mucha alegría y felicidad,

de vida en pareja, y llenos de momentos de grandísimas borracheras,

y grandísimas juergas, que esto siempre distorsiona la mente,

y hace que los comportamientos sean poco habituales, vamos a decir.

Otra historia divertida relacionada con el Sena,

es cuando se encuentra a ese camionero. Cuéntala.

(RÍE)

Es una historia fantástica, hubo un tiempo en que Gainsbourg,

que aún no había podido salir de casa de sus padres,

porque no tenía ingresos suficientes,

consigue alojamiento en una residencia para artistas

que había construido Malraux, el ministro de Cultura.

Se queda allí, era una casa abierta a un montón de aventuras y de gente,

convivía con otros 50-60 artistas,

él pasaba mucho tiempo en un bar enfrente,

donde estaba siempre bebiendo pastís.

Le pasó esta anécdota maravillosa,

Gainsbourg, que ya era un personaje más o menos popular,

estaba acodado en la mesa, pasó un camión a su lado,

se asoma el camionero y dice: "Señor Gainsbourg,

¿quiere ver una cosa que no va a olvidar nunca?".

"Sí, por supuesto".

"Venga, voy a tirar el camión al Sena".

Se montó en el camión, fueron hasta la orilla del Sena,

hizo bajar a Gainsbourg, y el hombre tiró el camión a la...

Era una protesta contra la empresa, ¿no?

Decía que le pagaba mal la empresa, le habían quitado una paga extra,

o algo, y dijo: "Mi venganza va a ser esta".

Hundió el camión en el Sena, y al día siguiente

Gainsbourg fue primera plana en los periódicos franceses.

Tu libro está lleno de cosas así, no podemos detenernos en ellas.

Pero llega un momento en que Gainsbourg entra en decadencia.

A todo esto, es como el doctor Jekyll y míster Hyde.

Serge Gainsbourg era el doctor Jekyll,

y Gains-bar, el de la barra de los bares, era el doctor Jekyll.

Era míster Hyde, perdón.

Se abre un momento bastante complicado en la vida de Gainsbourg.

La cirrosis, el ataque al corazón, el delirium tremens...

Misoginia, misantropía, todo lo que se diga es poco.

Se mezclan dos elementos complejos.

Por un lado, el importante es que a finales de los 70,

en este momento empieza a llegar el punk de Inglaterra,

la juventud empieza a manejarse de otra forma,

Gainsbourg, que había sido un cantante con éxitos ocasionales,

nada más, se convierte en una gran figura popular en Francia.

Su éxito va a ser monumental.

Tiene que empezar a afrontar la manera

de llevar esta fama adelante, y de convivir con ello,

decide vivirlo como un salto hacia adelante continuo.

"Lo voy a disfrutar y agotar hasta el último extremo".

Es el momento en que Jane Birkin va a dejarlo,

porque dice que ese hombre ya no es al que ella amaba.

Él se encuentra con, pasados los 50 años,

se encuentra solo, enfermo

y con este éxito monumental,

con toda la gente persiguiéndole por todos los lados.

Entonces se abren diez años que podemos decir

que es un suicidio programado.

Él se encuentra muy mal con la nueva situación que tiene,

va a complicar todavía más, encuentra una nueva pareja

que tiene apenas 19, años. Bambú.

Bambú. Estaba metido en la heroína.

Y esto va a crear una serie de distorsiones en su vida

que no van a ayudar.

Ahí se abre una década terrible en esta última década de Gainsbourg

en la que se deja devorar definitivamente por el alcohol

y por la confusión mental.

Y va a dar lugar a un anecdotario amplísimo muy conocido en Francia,

donde Gainsbourg fue conocido, sobre todo,

por esta especie de esquizofrenia.

Hasta que llega un momento en el que se niega a salir de casa.

Maniático del orden. Se encierra en casa.

No quiere ver a nadie. No quiere hablar con nadie.

Sí. Hubo un momento de cansancio.

Él ha optado por disfrutar hasta la última gota

y apurar este éxito monumental, pero llega un momento

en que el éxito no le interesa. Le deja de interesar.

Y se encuentra sin alicientes en la vida.

Entonces se queda encerrado en casa...

Y lo encuentran muerto allí, con una botella de Lexomil,

que era una benzodiacepina para combatir el delirio...

Sí.

Tuvo una muerte plácida, curiosamente.

Muy similar a la que había tenido Boris Vian 30 años antes,

que era el gran mentor que había tenido él.

Ahí es cuando empieza la leyenda de Gainsbourg.

El momento en el que la gente empieza a revalorizar la música,

desaparece el personaje y empieza a valorar la obra

que él había creado.

François Mitterrand, presidente de la República,

dice de él que era nuestro Baudelaire,

nuestro Apolinar.

Gainsbourg elevó la canción a categoría de arte.

Françoise Hardy dice: "Fuimos muchos los que sentimos que su desaparición

marcaba el final, no solo de toda una época,

sino también de nuestra juventud".

El entierro fue tumultuoso. Multitudinario.

La gente desde entonces no deja de llevar paquetes,

coles, grafitis... Donde está enterrado.

Eso es.

La muerte de Gainsbourg fue una muerte que llegó posiblemente tarde.

Los últimos años fueron unos años de mucho sufrimiento.

Es verdad que esta creación de este personaje alternativo

para ocultar sus miserias que había hecho Gainsbourg,

va a tapar también lo que él hace.

Es verdad que al final la muerte es lo que permite depurar

todo aquello y comenzar a valorar qué es lo que había hecho este señor.

Qué es lo que había puesto del cancionero francés

y la cultura francesa.

Termino con una última pirueta.

Esa entrevista posmortem.

Esa ficción publicada por "Liberación",

en la que él es entrevistado después de haberse disparado

un tiro en la nuca,

y desde el subsuelo de Montparnasse, del cementerio, vaya,

respondiendo al periodista "Liberación",

que le preguntaba: "¿Te construimos un mausoleo

de gran artista ahora que estás muerto?"

Y él dice: "Un poco más adelante. Hay que hacer las gestiones.

No enseguida. Por otra parte, es absolutamente inútil.

Inútil sobrevivir por sus actos, por sus obras.

Querer sobrevivir a sí mismo es de una arrogancia monstruosa.

La única manera de sobrevivir a uno mismo es procrear,

como los perros".

Es un epitafio de excelente.

Felipe. Uasabi, chocolate negro

y mi gratitud por haber escrito este libro.

Nada, no te lío. Ahora con las chicas.

Estupendo, vamos con ellas.

Todo está en los libros,

todo está en los libros, todo...

Felipe.

Gainsbourg habría estado encantado en este momento

de estar rodeado por estas tres gentiles señoritas.

Y no sé si tú vas a estar igual de encantado.

A ver lo que te dicen. ¿A ver quién empieza?

Yo creo que va a estar encantadísimo, ¿no?

Yo quería preguntar algo de lo que no habéis hablado

en la entrevista inicial del programa.

Es de la relación entre Gainsbourg y su hija Charlotte.

Una hija muy talentosa,

con un físico muy especial.

No fea, pero no es, desde luego, una de las guapas oficiales

dentro de las actrices, que comienza una carrera cinematográfica

siendo muy joven y que gana un César

creo que casi antes de cumplir la mayoría de edad o algo así.

Por lo que tú cuentas en tu libro,

no te da tiempo a ahondar en la relación entre padre e hija

porque realmente es tanto que, imagino que eso ya sería parte

de la segunda parte, ¿no?

Es verdad que cuentas que en un momento dado,

antes de que él muriera,

pasan 15 días juntos de viaje, donde el padre, Gainsbourg,

se da cuenta de que realmente le ha ocasionado

los problemas de tipo emocional,

porque ella tenía una relación con un hombre mucho mayor que él.

Además, ellos en un momento dado, hacen una película

que se titula "Forever". No me acuerdo ahora cómo se llama.

-"Charlotte forever".

En el que, el padre realmente, llega a arrepentirse.

Son unas secuencias muy duras

en las que se obliga a una joven, por guión,

a realizar unas determinadas secuencias.

En el periplo vital y profesional de Charlotte Gainsbourg,

que lleva también una carrera muy peculiar,

trabajando, entre otros se convierte en la musa

del que yo considero un auténtico psicópata.

Es Lars von Trier.

Hace la trilogía de "La depresión" con Lars von Trier

y es la única actriz que aguanta más de dos películas

a la orden de este director tan polémico,

que a unos les gusta mucho y a otros no nos gusta nada

o solo pequeñas cositas, ¿no?

Entonces quería preguntarte en todo lo que tú habrás estudiado

en relación a Gainsbourg,

si realmente todo lo que esta mujer,

Charlotte ve a lo largo de su infancia,

de este hombre tan atractivo por un lado

y por otro lado un alcohólico con, como decíais,

unos años así finales tremendos, que la hija, evidentemente,

se los traga todos,

¿hasta qué punto esto también influye,

esta cosa así tan negra en la carrera de la hija para bien y para mal?

Por lo pronto había dos hijas, ¿eh?

Había una hija anterior que era hija de Levitsky con...

Y luego tenía dos hijos previos con los que no tenía relación.

La relación que tiene con su hija,

es como la que tiene con todo el mundo.

Una relación llena de momentos absolutamente deliciosos y brillantes

y de momentos de meteduras de pata monumentales.

O sea que, con una pareja, con un amigo es más llevable,

con una niña es mucho más difícil.

Gainsbourg siempre reprodujo en su casa el esquema

que él había vivido con sus padres.

Esa unión familiar absoluta con un cariño enorme.

Esto es algo de lo que salgo siempre agradecido.

Sigue adorando a su padre,

pese a todas las meteduras de zarpa que decíamos.

Pero sí que es verdad que va metiendo una serie de caminos,

algunos de ellos sin retorno, y otros que, curiosamente,

va a abrir vías posteriores.

Uno de ellos fue este empeño que tuvo siempre

de que su hija se dedicara al mundo del arte.

Fue el que le impulsa a que se dedique al cine y a la música.

Es una carrera que ella después ha seguido de manera más guadianesca,

pero que siempre ha tenido, ¿no?

Entre los momentos bajos que tienen ellos,

es la realización de esta película.

Es una película excelente, me parece a mí,

que se llama "Charlotte forever".

Es una película que quiere hacer con tonos bastante autobiográficos,

sobre la ruptura de la relación que ha tenido con Jane Birkin,

la relación con sus hijas.

Todo esto pasado por la batidora de Gainsbourg,

lleno de escenas escabrosas y momentos chocarreros.

Pero cuando no encuentra financiación para esta película

decide interpretar él mismo personaje central.

Esto crea una distorsión todavía mayor.

-Se les acusa de algo incestuoso. -Sí.

Esto tiene una cola aparte, una vez termina la película,

que la película sí que tiene unos elementos incestuosos,

pero sobre todo, elementos autodestructivos.

Gainsbourg no se corta un pelo en meter escenas en las que sale

toquiteando adolescentes, vomitando sangre,

mostrando enfermedades.

La propia degradación física, que era suya ya, por otra parte.

Entre la realidad y la ficción,

en esa película no hay prácticamente diferencia.

Charlotte tiene 14 o 15 años en aquel momento.

Ella va a llevar muy mal esta dinámica.

Tanto es así, que el día de preestreno de la película

ella sale antes de que termine la película llorando.

Y durante el resto de su vida, se ha negado a hablar de la película.

La cola que tiene esto es que el éxito de Charlotte en el cine

empieza a ser grande, incluso la dan un César, como decías,

y ella tiene 14 o 15 años.

Gainsbourg la anima a dar el salto a la música,

que es el terreno en el que él se maneja bien.

Le compone un disco, como había hecho con muchísimas mujeres.

Con otras adolescentes. -Sí, sí.

-Él intenta reeditar el éxito que había tenido tantos años antes

con France Gall, hacerlo con Charlotte también,

aunque ella no quiere.

Entonces, en aquellas grabaciones que hacen,

hay una canción que es curioso,

que refleja un poquito el elemento de parodia

en la que está convirtiendo Gainsbourg su propia vida.

Hace una canción que se llama "Lemon Incest",

es un juego de palabras que significa "Incesto de limón".

Graba un videoclip que él mismo dirige

en el que se le ve a él con Charlotte en la cama,

cada una lleva una parte del pijama.

No hay escenas... -Ella lleva braguitas.

-Ella lleva braguitas, él el pantalón...

Digamos que es una... -Cambiado, sí.

-Y todo esto con estos flus, y esta cosa elegante,

y este erotismo a lo Emanuel...

Que tanto le gustaba a Gainsbourg.

Él lo lanza como un nuevo intento de hacer un nuevo escándalo.

Él sabe que siempre un escándalo es lo que más vende

y quiere lanzar a su hija al mundo de la música

con un gran escándalo del que hable todo el mundo.

Resulta curioso que esto llega un momento

en que la gente no toma muy en serio Gainsbourg

y este escandaloso solo termina escandalizando

a dos viejas de sacristía, porque...

Resulta una cosa tan inocua

y con uno elemento tan poco corrosivo,

que curiosamente, Canal Plus Francia, al cabo de unos meses

le termina encargando que componga la sintonía

de sus programas infantiles.

(RÍEN) -Se le termina volviendo en contra.

¿La hija vive? Sí.

-Está en un momento álgido de su carrera.

-Es la protagonista de las películas de Lars von Trier.

Acaba de estrenar "Ninfomanía", que ha sido uno de los grandes...

-"Anticristo".

-"Ninfomanía" ha sido un escándalo.

Es una película que han prohibido en muchos países.

Y que, desde el ojo, han censurado, ¿no?

-Pero ella es una de las grandes actrices europeas

y sí que ha absorbido tanto de Gainsbourg cómo de Birkin...

está puesta siempre por un cine arriesgado.

Un cine radical y siempre intentando hacer cosas nuevas

y no amoldarse a lo previsible.

De tal palo tal astilla. Típico. Anna.

Yo debo decir que si tú hubieras entrado antes en mi vida,

probablemente me hubiera ahorrado un divorcio.

-No sé si esto es bueno o es malo, ¿eh?

Yo me case con un señor que era fan de Gainsbourg,

y en aquel momento teníamos discusiones apasionadas

y él decía que era un genio. Y yo decía que era un jeta.

Que era el típico tío sobredimensionado por la leyenda...

Que no me interesaban nada sus canciones.

La verdad es que tu libro me ha hecho redescubrir.

Le he vuelto a escuchar.

Realmente he descubierto un gran artista. Es verdad.

Un artista muy sufriente.

Yo soy de las frikis que les gusta Lars von Trier,

yo soy fan de Lars von Trier.

Eso, probablemente, habla bien o mal de mí,

pero me pone en el carril masoquista que me guste la obra de Gainsbourg.

De hecho, una cosa que me ha hecho descubrir tu libro,

es que creo haber descubierto un gran,

no sé si estarás de acuerdo, un gran genio transitivo.

Yo debo decir que las canciones de Gainsbourg

me gustan más interpretadas por otra gente.

Gainsbourg para mí alcanza su cima cantado por Jane Birkin,

pero bueno. Me encanta lo que hace por otros.

Creo que es un genio muy generoso. Se da mucho.

Creo que ese afán de provocación es más bien como un respiradero.

Ahí puede haber un paralelismo con Lars von Trier.

Hay gente que provoca por gilipollas, por tocar las narices,

y hay gente que provoca para sobrevivir.

Yo creo que estos provocan para sobrevivir, para hacer un break.

Entonces no sé si tú estás de acuerdo que la mayor genialidad de él

es cómo se ha dado a las personas que ha dado las canciones

para Jane Birkin e incluso para Gérard Depardieu,

que cantaba como un gato.

Seamos realistas.

-Bueno, pero hay maullidos interesantes.

Sí, hay maullidos interesantes, pero también necesitas...

Que este hombre que ha pasado a la historia...

A ver, no pasaría un tribunal feminista.

En cambio, yo creo que todas estas mujeres

han sido algo gracias a él.

Artísticamente e incluso humanamente.

Y Charlotte no sería tan interesante, no sería tan apetitosa,

si no fuera hija de Gainsbourg. Con todo lo que eso conlleva.

Que sale a cuenta. Que el balance es positivo.

-Es un balance artístico que yo creo que se traslada

el aspecto personal y humano de Gainsbourg.

Todo el mundo habla bien de él. Es una cosa muy curiosa.

Un señor que ha montado semejantes pifostios en todos los lados,

que insultaba a la gente en público, que ha hecho de todo.

Hoy en día hablas con sus antiguos colaboradores,

con la gente de su entorno, con su familia

y todo el mundo habla bien de él. Era un seductor.

Sí, sí. No solo con las mujeres.

Pero hay seductores sin alma y seductores con alma.

Hay seductores que no ponen el alma en ello.

Yo, tu libro lo que me transmite,

es un seductor que pone el alma en ello.

-Y un hombre muy generoso.

Los regalos económicos cuantiosos que hacía de pronto.

-Jane Birkin, tú insistes, amablemente en su voz quebradiza.

Le hace canciones a medida.

La vocecita de Jane florece en las canciones de Serge.

-Jane Birkin tiene una carrera musical gracias a él.

Él sabe perfectamente escribirle temas

que se amoldan perfectamente a ese timbre de voz

tan sumamente particular que tiene.

Durante toda su vida, los mejores temas que escribía

se los guardaba a ella.

Jean Birkin decía que para Gainsbourg el mayor regalo que se le podía dar

era ponerle en el camino de la fama.

Él había descubierto la fama en una edad avanzada,

tras muchos años de muchos problemas económicos.

Decía que pensaba que era lo más grande que te podía suceder.

Y diseminar siempre entre todo el mundo de su entorno.

A todo el mundo se lo quería regalar.

En la última etapa de su vida empezó a pensar que la fama

era una de las peores cosas que le pueden pasar a una persona.

Pero eso les pasa a muchos...

-Ella lo supo a agradecer.

Me acuerdo que leí unas declaraciones de ella no muy lejanas diciendo:

"Yo a lo mejor no tenía mucho talento,

pero tuve la suerte de inspirar algunas de las más bonitas

canciones en francés que se han escrito nunca".

Resume bastante bien la historia. -Sí.

Esto lo dice todo el mundo que ha trabajado con Jean Birkin

en el mundo de la música y del cine.

Es donde ella ha hecho la carrera más larga.

Todo el mundo coincide en que Jean Birkin es una persona

capaz de generar inspiración a todo el mundo.

-Una musa. -Una musa, sí.

-Además tiene esa cara de bondad. Elia.

Habéis sacado el tema de Lars von Trier.

Son de esos malditos, entre comillas, que lo que hacen es proyectar

sobre una pantalla o el papel esas filias y fobias

que todos tenemos.

A veces lo detestamos porque lo deseamos mucho en el fondo

sin hacer psicoanálisis, pero me venía a la cabeza "Dogville",

por ejemplo, de Lars von Trier.

También un poco el crucificado.

Se resigna, en este caso, una actriz.

Volviendo a Gainsbourg, decía Scott Fitzgerald

que la vida es un proceso de derrumbe,

y en él se ve clarísimamente.

En las primeras páginas está él, exultante, conociendo,

sí, muy sensible, muy feo,

la fealdad es más resistente que la belleza,

porque la fealdad dura toda la vida, pues es verdad.

-Muy interesante.

-Muy interesante, a mí me gusta el personaje,

pero ya digo proceso de derrumbe,

no sé si comido por su propio personaje,

o siendo al final muy auténtico, no sé cómo decirlo,

porque yo en él sí que veo esa autenticidad.

-Es cierto que es muy evidente en estos últimos años de vida

este proceso de infelicidad profundad de Gainsbourg, ¿no?,

pero creo que si miras entre líneas todo lo que pasa,

la vida de Gainsbourg es una vida llena de alegría,

pero no de felicidad. -Siempre está insatisfecho,

el genio siempre está insatisfecho. -Es un buen matiz, Felipe.

No es lo mismo alegría que felicidad.

-Yo creo que al final es el motor que le genera seguir en su carrera

es este, el ir marcándose siempre nuevos retos,

va saltándose de géneros, va introduciéndose,

estoy en la música y va bien, pero es que ahora voy a saltar al cine

y luego voy a saltar a la novela, y luego a la publicidad, ¿no?

Entonces, él tiene ese motor continuo de búsqueda de felicidad

a través de nuevos retos que se va planteando continuamente,

pero, sin embargo, una vez que llega a este reto y lo consigue,

y normalmente lo consigue con éxito,

encuentra aquello que no le satisface

y esto le obliga nuevamente a hacer una huida hacia delante

y buscar otra cosa, lo que crea, por un lado,

esta hiperactividad artística o creativa suya

que es lo que nos enamoró a todos, pero al mismo tiempo,

yo creo que también tiene una vida profundamente triste.

Basta de Gainsbourg, que me estoy poniendo celoso.

Elia, yo creo que tú querías hablar con Felipe de otra cosa.

Era un tema sobre Tono y Mihura,

que hablando de lo políticamente incorrecto,

Fernando, Anna, Ayanta, y a todos los que ven,

a veces lo políticamente correcto también pasa factura.

Es el caso de Tono y de Mihura, la otra generación del 27,

muchos otros más que eran geniales, que por estar en el bando, no bando,

en España, todo esto como compartimento estanco no vale,

y son de esta ideología y ya está, yo creo que eran geniales.

Tiene un libro, Sergio, y quiero que nos cuente,

y es "Un bigote para dos", basado en una película que hicieron ellos,

traduciéndola a su modo, surrealista. Cuéntanos un poquito.

-Esto fue una aventura...

Con brevedad, que se nos va el tiempo.

Rápidamente. Me embarqué con Santiago Aguilar,

que es un compañero de afinidades selectivas.

Hay una película que dirigió Antonio Miguel Mihura

que no es una película como tal, si no que es una película austriaca

que detestan, es muy hortera,

y hacen un doblaje completamente disparatado.

Esta película se quemó, en el año 49, todas las copias que quedaron.

Santiago y yo hicimos una reconstrucción de la película

tras localizar la original y el guión que habían presentado

y salió un librito que se llama "Un bigote para dos",

el eslabón perdido de la cinematografía española,

que, por otra parte, va a tener continuidad,

porque en el mismo momento Enrique Jardiel Poncela

hace una película con este mismo esquema,

"Mauricio o una víctima del vicio",

estos títulos geniales, que es un librito

que publicamos hace un par de meses,

que fue una especie de dueto de este cine desgraciadamente olvidado

e incluso un poco despreciado,

porque a esta gente se le embarcaba en unos bandos,

que por otra parte, no militaban.

Son esas lecturas a posteriori que se hacen.

También Gainsbourg era una víctima del vicio.

Grande, además. Recomendaciones.

Leyendo tu libro, Felipe, otra cosa que me he reconciliado mucho

es la época en que el mundo de la cultura,

la capital de la cultura mundial era Francia,

que la cultura era a la francesa,

y sobre todo esa raíz interesantísima eslava o del este de Europa

que encontramos en la cultura francesa tan provechosa.

El mismo Gainsbourg, que su padre era un judío ucraniano.

Entonces, yo voy a recomendar una de mis novelas francesas favoritas,

que es "Clímax", de André Maurois,

que es un dramón maravilloso, pero muy bien dosificado,

un drama de amor, de celos, maravilloso.

Me sorprende que no sea más conocido, porque el autor es muy conocido.

Fue un best seller en su época.

Sí, pero hace tiempo, es un best seller olvidado hoy en día.

En España también.

"Clímax", de André Maurois, pero hace tiempo que no se habla.

Es una novela, digamos, muy clásica, comparada con lo de Gainsbourg,

pero yo creo que todo bebe de una misma raíz,

que podríamos resumir como "Vive la France".

Dos tipos de mujer, Odile e Isabel, y alguna más.

Sí, alguna más, pero no hagas spoilers,

que la gente se lo lea. Solo he dicho los nombres.

Es una historia de amor maravillosa, sí, sí, porque hay que frenar,

y es una de las historias de amor más..., bueno,

una de las varias historias de amor, porque hay varias,

más bien contadas que he leído nunca, muy a la francesa.

Ayanta. Yo recomiendo este...

Hoy hablamos de música, por lo tanto,

un libro que tiene que ver con la música,

que es "El maestro invita a un concierto",

de Leonard Bernstein, está editado por Siruela.

Estas son las 15 lecciones magistrales, fundamentales

de la pedagogía de la música que dio el propio Bernstein.

Al principio, haciendo una serie de programas de televisión,

con concierto incluido, y después de gira por todo el mundo,

cosa que, por cierto, también ha seguido haciendo su hija.

Es un libro para niños y jóvenes, sí,

pero desde luego también lo es para adultos,

porque yo se lo regalé a mi hijo cuando era un pequeño músico,

y con este libro entendí todo lo que no había entendido

de la música.

Habla de clásicos, habla de música moderna,

y se crea con este libro el método Bernstein.

Una auténtica maravilla.

Además, escrito de una manera que te hace entender, por ejemplo,

conceptos tan extraños o ese matiz de la música,

que al fin y al cabo es lo principal, como que es lo que hace

que una música suene a americana, o entender qué es la armonía,

qué es un acorde, qué es un contrapunto,

y además con unas ilustraciones preciosas

y un libro que es fundamental.

Luego tengo otro, pero no sé si da tiempo.

No hay tiempo, Elia. Simplemente lo enseño.

"El ritmo perdido", de Santiago Auserón,

una auténtica maravilla.

Ya habías dicho lo de auténtica maravilla.

Campanilla, padre, campanilla.

No, eso no es un error, simplemente una repetición, venga, Elia.

"Insumisos", de Todorov.

Habla de algunas historias de insumisos,

pero sobre todo insumisos desde el punto de vista positivo.

Digamos la resistencia que inspira principios morales.

Habla de la resistencia moral, no violenta.

Sobre todo yo he descubierto algunos personajes muy interesantes

como Germaine Tillion o Etty Hillesum, dos mujeres,

que del odio hicieron precisamente todo lo contrario, el amor,

y fue en campos de exterminio. Ahí es nada.

Y lo cuenta de manera fantástica. O Borís Pasternak también.

Habla de cuando estuvo totalmente...

dado de lado en la propia Unión Soviética.

Por otro lado, Solzhenitsyn era todo lo contrario.

Él quería ser más reivindicativo, pero tampoco lo consigue.

Y va contando diferentes capítulos de estos insumisos.

Luego añade algunos con los que puedes estar

más o menos de acuerdo, pues Mandela, Malcolm X,

David Shulman,

Snowden, también habla de él,

pero creo que hay tres personajes fundamentales que están muy bien.

Y en esto de ser políticamente incorrecto,

cuando a Pasternak le pregunta un compañero:

"¿Cuál ha sido tu delito?", y dice: "Ganar el Nobel".

Pues al final depende de en qué momento estés

para ser políticamente incorrecto. Felipe, ¿tú qué nos traes?

He traído este libro, que es un pago de una deuda que tengo,

porque se llama "El gran depredador", una biografía de Gabriele d'Annunzio

que escribe esta señora de nombre endiablado,

Lucy Hughes-Hallett se llama,

y es un libro que, pese a no tener mucho que ver con Gainsbourg,

lo he tenido muy presente a la hora de planificar y...

Hombre, tiene, ¿eh? Dos trasgresores.

Tiene, sobre todo porque D'Annunzio es la quintaesencia

de este maldito romántico del tránsito del XIX al XX,

que yo creo que Gainsbourg coge un poco esta herencia.

Es un libro voluminoso.

Cuenta esta vida apasionada y apasionante de D'Annunzio.

Y tiene esta cosa maravillosa de los historiadores británicos,

que son capaces de hacer esta narración hiperminuciosa,

pero de manera barojiana, donde avanza la acción continuamente,

y es un libro divertido. -La diferencia con Gainsbourg

es que D'Annunzio es bastante olvidado, ¿no?

Empieza a recuperarse. Fuera de Italia.

Aquí recomendamos el libro de cartas de amor.

Sí, sí. Lo traje yo, sí.

Yo quería recomendar...

Tenemos ahí tres libros de Hugo Ball:

"Dios tras Dadá", "Flametti", que es una novela,

y este libro sobre el cristianismo bizantino.

Este Hugo Ball, heroicamente editados por Berenice,

era un francés de Renania que nació en el 86

y murió en el 27. Tengo aquí chuleta,

porque hay que ir rápido.

Poeta creador de los poemas fónicos, dramaturgo, actor, pianista,

ensayista y novelista.

Casi como Gainsbourg o como Boris Vian.

En 1916, fundó el Cabaret Voltaire,

y en el Cabaret Voltaire es donde se generó el dadaísmo,

bisabuelo de nuestro nanaísmo, que ha creado este decorado.

Dedicó obras a Bakunin y a Nietzsche.

En 1920, regresó al catolicismo de su infancia

y se retiró a vivir monásticamente en un cantón suizo.

Allí, entre otras cosas, escribió una biografía de Hermann Hesse

y la interesantísima obra sobre el cristianismo bizantino,

en la que establece un paralelismo entre la liturgia

del cristianismo bizantino y las vanguardias.

Y quería poner algo en el cohete. A ver.

Porque como he titulado este poema "El último maldito",

quería poner en el cohete la poesía completa

de Leopoldo María Panero. Falso maldito.

Leopoldo María Panero no era un maldito,

aunque jugaba a serlo. Panero estaba loco.

Pero estar loco no es un mérito literario.

Precisamente hablábamos el otro día con Mauricio Wiesenthal

de cómo Lou Salomé le dijo a Rilke que no se confundiera

y que no creyera que la locura era un mérito artístico.

Te estoy mirando a ti porque sé que te gusta mucho.

Es que lo voy a rescatar ahora mismo. Yo, en este libro mío,

libro de memorias, aprovecho para dar un hachazo

a este falso malditismo que tanto encandila a mucha gente.

Hablando de ese malditismo, decía:

"Literatura enferma para lectores enfermos.

Psicopatología del arte contemporáneo.

Feísmo, depravación, distorsión,

convicción de que los malos sentimientos

son buenos para las bellas artes.

Locos que hacen garabatos para locos.

Quien lo está o finge que lo está recibe consideración y aprecio

por malo que sea lo que escribe, compone, pinta o esculpe.

Todo cuela".

Más adelante, a propósito de Panero, decía:

"Como María Panero, que me tiene y al que tengo por amigo,

aunque solo en la medida en que sepa serlo de una persona así...".

Cuando escribí esto, aún vivía Panero.

"Sus versos, como los de los 'Cantos pisanos' de Ezra Pound,

son farfolla, jerga ininteligible a los que cabe aplicar

lo que a propósito de la vida dijese en 'Macbeth',

'un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia

que no significa nada'". Leopoldo, no se lo tengas en cuenta.

Tendría que mirar para abajo, a los infiernos.

No está en el cielo Leopoldo. A los infiernos.

-¡Pero bueno, encima! Al cohete.

No lo rescates tan deprisa. Jefe, lo siento.

¿Forcejeamos aquí? No, no. Me lo llevo.

Explica por qué rescatas a este pseudomaldito.

Panero era un maldito.

El sí tenía un problema, evidentemente.

Hay gente que juega con la locura. Él no, él tenía un problema,

y más que diagnosticado.

No creo que su poesía sea mala. Es más, marca tendencia.

El primer libro, el de "Carnaby Street".

Todos los demás son farfolla.

Representa también la hipocresía, tan humana,

de que cuando alguien está en su buen momento

todos son "amigos de",

y cuando estás asqueroso y más viejo que Matusalén

y más feo que pifio, nadie te hace ni caso

y no quieren saber de ti. Y te encuentras en un manicomio solo.

-Que se te vaya la olla puede ser bueno para la leyenda,

pero no ayuda a componer ni a escribir.

-A mí sí me parecen buenos poemas. Los últimos años no.

-Lo mejor de Panero es la película de Ricardo Franco.

-Si no se le hubiera ido la olla, igual habría llegado a algo.

De Ricardo Franco, y la primera fue de Jaime Chávarri.

Tuvo dos. Efectivamente, las dos.

-Después de tantos años, muestra ya ese derrumbe

del que estamos hablando, y sería una persona totalmente...

Elia, has rescatado el libro demasiado pronto.

Tenías que haberlo dejado un poquito ahí, en el cohete.

¿Por qué? Está siempre vacío.

¿Ninguna de las dos quiere volver a poner en el cohete el libro?

El del papa lo tenía que haber rescatado.

-Yo no puedo caminar. ¿Por qué?

Porque tengo el micro aquí suelto.

Bueno, dejémoslo así. Llega el momento del poema.

Ahora voy a hablar de una buena poeta

que me ha descubierto Ayanta. Se llama Elvira Sastre.

Por lo visto, es una joven poeta de Segovia.

Está teniendo un éxito estrepitoso en las redes y en los teatros,

porque va dando recitales.

Ha escrito dos libros de poesía, publicados los dos por Valparaíso.

El primero se titula "43 maneras de soltarse el pelo",

y este que tengo en las manos, el título es "Baluarte".

Y realmente me ha parecido que escribe muy bien esta chica,

y perdón por llamarla así, pero es muy joven.

Voy a leer unos cuantos poemitas que hay al final,

que son los siguientes.

"Día 12 sin ti.

He conocido a alguien. Soy yo.

Voy a darme una oportunidad.

El amor es un paréntesis abierto.

'Me quieres más que a mi vida', dijo el suicida.

Supe que aún la quería

porque la odiaba con una brutalidad de ensueño.

Supe que ya no la quería porque el odio desapareció.

Doble o nada.

Estaba tan guapa que me hizo dudar.

¿Iba a quererla por fuera o a quererme por dentro?

Pasábamos tanto tiempo juntas

que creíamos que no hacíamos otra cosa.

Nos equivocábamos, lo estábamos haciendo todo.

Me pidió que le escribiera un poema de amor.

Dibujé un pájaro y se fue.

Te empeñaste en ser la primera y lo fuiste,

pero no te diste cuenta de que en el amor

quien gana siempre es quien llega el último".

Con esto yo creo que vale. Está muy bien.

Felipe, muchas gracias. Gracias a las tres.

Gracias a ustedes por la atención.

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Libros con uasabi - 24/04/16

24 abr 2016

Serge Gainsbourg fue el último de los malditos y Felipe Cabrerizo ha escrito sobre él la biografía Elefantes rosas.

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  1. José Álvaro

    Me encanta su programa Sr. Dragó. Tiene valor de enfrentarse a las fieras de las chicas como a veces dice. Enhorabuena a las tres en especial a Ana Grau con ese acento tan catalán que hace tan bonito al castellano.

    25 abr 2016