Libros con uasabi La 2

Libros con uasabi

Domingos a las 13:00h

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Para todos los públicos Libros con uasabi - 14/05/17 - ver ahora
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El equipo técnico de Cronos Multimedia,

Cada uno en su sitio.

Ustedes ahí y nosotros aquí.

¿Quiénes?

El equipo técnico de Cronos Multimedia,

mis tres colaboradoras, Ayanta Barilli,

Anna Grau y Elia Rodríguez,

nuestro invitado de hoy, enseguida sabrán quién es,

y yo. O sea, quienes hacemos

con la ayuda de Javier Redondo, nuestro coordinador,

y de Jorge Jiménez, nuestro jefe de producción...

Todo por los libros.

Todo por los libros.

Todo, todo,

todo por los libros.

Hace tres programas dije que dedicaría un comentario

a la decoración que nos rodea.

Es muy distinta a la anterior.

Lo han diseñado Laura Domínguez y Yolanda Agudo

y lo ha elaborado bajo su batuta la agencia Lauradom.

Las bolas de papel arrugado aluden a la tarea del escritor,

que consiste en escribir y tachar, en escribir y corregir,

en escribir y reescribir casi hasta el infinito,

sin cejar nunca. La condena de Sísifo.

Cierto escritor célebre dijo que él publicaba

para dejar de corregir.

Papeles arrugados envolviendo todo y un par de lienzos en blanco

a la espera de que la tinta les dé vida.

Comienzos de libros, alfabetos de lenguas muertas y vivas

y algunas frases escogidas por mí.

Encontré una de ellas hace más de seis decenios

pintarrajeada en la pared de un cenáculo existencialista:

las Cuevas de Sésamo. Decía...

Me marcó. También lo hizo otra frase convergente de Jung.

En la Viena de comienzos del siglo XX,

antes de las dos guerras mundiales, decían:

"Deja vivir a la vida".

Otra frase de Krichnamurti.

Un buen consejo.

Y un texto de Romain Gary que no quería ser Premio Nobel

y no lo fue, pero sí quería ser Víctor Hugo, ser todo o ser nadie.

Y en cierto modo lo consiguió porque ganó dos veces el Goncourt.

La segunda, después de haber sido inicuamente apaleado

por los críticos, a los que Hemingway llamaba

los toros mansos de la literatura,

lo hizo con nombre falso y volvió a ganar.

Hay otros textos, pero son largos. Falta uno de María Zambrano:

"Hay cosas que no pueden decirse". Y es cierto.

Pero lo que se tiene que escribir es lo que no se puede decir.

Eso es la literatura a mi juicio.

La de Paul Leautaud por ejemplo.

"Diario literario", Fuentetaja.

O la que defendía Anaïs Nin en un texto

sobre los bellos durmientes del bosque.

Se vive así, cobijado en un mundo delicado

y uno cree que vive.

Entonces lee un libro, "Lady Chatterley", por ejemplo,

o va de viaje o habla con Richard.

Eso es todo: monotonía, aburrimiento, muerte.

Hay millones de personas que viven o mueren así sin saberlo.

Trabajan en oficinas, tienen coches,

salen al campo con su familia y educan a sus hijos

hasta que llega una brusca conmoción, una persona,

un libro, una canción y los despierta

salvándolos de la muerte.

Hoy hablaremos de libros y de escritores con Rafa Reig,

que acaba de publicar en Tusquets el segundo volumen

de su "Manual de literatura para caníbales. La cadena trófica".

Divertidísimo, aunque ha suscitado opiniones muy encontradas

entre mis tres colaboradoras. Luego se las verá con ellas,

antes lo hará conmigo.

Hola, Rafa. Buenos días, Fernando.

Te vas a vivir al campo, pero vuelves por donde solías,

vuelves a las andadas.

El primer volumen de tus lecciones de canibalismo

llevaba el título de "Señales de humo"

y ahora llega "La cadena trófica".

Me he reído a mandíbula abierta. Me alegro mucho.

De eso se trata.

"Callejón del gato", "Esperpento", la historia de la literatura escrita

en lengua española desde una óptica parecida a la de la última etapa

de la literatura de Valle-Inclán.

Sí, sin duda...

la idea era contar

una novela sobre la historia de la literatura.

Como "El mundo de Sofía", pero con siete güisquis encima.

Una cosa más punky y que en lugar de intimidar a la gente

le diera ganas al lector de decir:

"Y este Rubén Darío

a lo mejor no era solo un poeta cursi de 'Margarita está linda la mar',

a lo mejor vale la pena leerlo".

Creo que aparte de dar mi visión personal e intransferible,

bueno, intento transferir,

personal, idiosincrática y caprichosa

de la literatura de dos siglos que son...

XIX y XX. XIX y XX.

Y el anterior se refería a lo anterior.

Desde las jarchas hasta donde empieza este.

Lo que intento es transmitir

lo que para mí ha supuesto la literatura,

el poder leer, el aprender a leer.

No solo físicamente, sino aprender a disfrutar de los libros.

Intento contagiar la gran emoción que me sigue produciendo

cada vez que encuentro un libro.

Es un libro que tiene un afán didáctico.

De hecho, está dividido en unidades didácticas

y con unas notas prácticas para asenderear al lector

con ejercicios. Con ejercicios

que los buenos lectores deben hacer y los recibo.

Si me los mandas, yo te los corrijo.

Un libro lleno de nombres propios.

Y no de nombres propios del Siglo de Oro,

como el primer volumen, sino de nombres

que muchos de ellos están vivos. ¿Se han dolido en banderillas?

Alguno se me ha dolido en banderillas, la mayoría no.

La mayoría, incluido tú... ¡A mí me llamas astrólogo!

Astrólogo no es un insulto. No es un insulto.

Simplemente, creo que lo que han visto todos

es un cierto cariño.

Le podría haber dolido más a algunos muertos,

como Cela por ejemplo. Sí, o como Rubén Darío

o como Espronceda o como Larra. Darío está tratado con mucho cariño.

Con mucho respeto, pero cuentas de él cosas...

Ríete de tus siete güisquis. No, claro.

Darío su frase sacramental era: "Tengo sed, mucha sed".

Y bebía desde que se levantaba hasta que se acostaba.

Pero eso no era un secreto.

Incluso te metes tú en el libro.

Eres un "cursivista". "Cursivista", sí.

Esta guerra que narras aquí a las órdenes de Carlos Pujol,

que ya murió el pobre. Murió el pobre,

pero yo le tenía mucho respeto como persona y como escritor.

Todos se lo teníamos. Un grandísimo editor.

"Jardín inglés" me sigue pareciendo una novela estupenda.

Además, era una persona muy urbana.

Muy urbana. ¿Inventas mucho, Rafa?

Tu libro lleva tres citas iniciales.

La tercera es de Antonio Machado y dice:

"Se miente más de la cuenta

por falta de fantasía.

También la verdad se inventa".

Es una cita preciosa. Preciosa.

Es la pura verdad,

la gente miente por falta de imaginación.

Hay que inventarse la verdad.

Yo tengo mucha imaginación para lo real.

Todo lo que cuento es real o podría haberlo sido.

Un anecdotario tan rico como novedoso.

Ahí es cuando al lector le asalta la duda:

"¿Esto se lo estará inventando?".

¿Cuáles son tus fuentes? Algunas lindan en la chismografía.

Hay algunos escritores aquí que no desentonarían

por lo que cuentas en los programas de telebasura.

Algunos están ya en los programas de telebasura

y con Premio Nobel y todo, que no es tan raro.

No, mis fuentes son 30 o 40 años de lectura.

He leído cosas muy curiosas como un epistolario de Valera

donde habla de unas barbaridades atroces

y que estaba publicado por la Casa de Moneda y Timbre

o algo así en el año 74.

Y que no estaba inaccesible, no era ningún secreto.

Y luego tomo muchas notas cuando leo, igual que tú.

Y te cuentan cosas.

A mí, por ejemplo,

pues la gente llega y te cuenta una versión

de qué pasó con Benet. Ya.

Y te cuentan otra y vas haciendo como los topógrafos,

dices: "Va a ser esto". Y aciertas. Menuda tropa la de los escritores.

Ya lo había escrito con más saña y menos humor Blas Matamoro

en "Novela familiar. El universo privado del escritor".

Llegas a la conclusión de que la mayoría de los escritores

son casi psicópatas, degenerados.

Yo creo que no. Nos quedamos cortos.

¡Yo es que conozco muchos escritores! ¡Yo mismo!

Y sí que somos un poco psicópatas.

Vamos, pregúntale a Violeta, a mi novia,

ya verás que te dice que soy un psicópata absoluto.

Los escritores son gente curiosa.

Pero estoy seguro de que si esto se hiciera con fontaneros,

arrojaría el mismo resultado. Asimismo antropológico.

Misantropía. No somos gente tan especial.

Creo que media humanidad está loca.

Lo que pasa que hay una parte pequeña de la humanidad

que pasa ratos leyendo,

yo querría que fuera más grande,

y hay una parte inmensa de la humanidad

que lee dos periódicos diarios y ve cuatro programas especializados

todo ello de fútbol.

Dices: "Coño, esa energía, ese tiempo dedicado al latín,

al griego, a leer a los rusos..."

He intentado encontrar en medio del maremágnum de posits

un párrafo delicioso de cómo nos suelen ver desde fuera

a los escritores, incluso las chicas a los escritores varones

o viceversa. Habla por ti

que tienes más éxito con las chicas. Yo no tengo ninguno.

Imaginando que somos seres glamurosos, divertidos.

¡Bueno! Con ingenio y tal.

Y los pintas como seres aburridos, gruñones,

que se pasan la vida en un rincón con unas zapatillas de fieltro

escribiendo y escribiendo. Sí.

Huraños, esquivos, antipáticos.

Una cosa es escribir y otra cosa es ser escritor.

Ya. Y cuando se está escribiendo,

eso que se habla tanto, el hecho literario,

bah, eso no existe.

La literatura consiste en un tipo

que está en pijama en casa

y que madruga o se queda despierto por la noche,

en pijama en una mesa, escribiendo con un lápiz.

Y por más vueltas que le des,

al otro lado de la cadena, pasa por un editor o lo que sea,

hay...

otro tipo que llega a casa, se descalza,

pone los pies encima de la mesa y lee lo que escribió ese hombre en pijama.

O un niño aburrido en el patio que está sentado solo en un rincón

porque no juega bien al fútbol y está leyendo

lo que ha escrito ese tío o esa tía en pijama.

En pijama o en bolas, como Hemingway.

O en bolas como Hemingway o Anna Smith.

Dices que los escritores no leen libros, que se los comen,

de ahí lo de caníbal, por lo general crudos.

Son depredadores de sus semejantes y siempre lo han sido.

¿Lo han sido o lo son ahora?

De guerrillas, capillas, etc.

Creo que los escritores, lo cuento por mi experiencia

y por la de los escritores que conozco, tú por ejemplo,

los escritores leen de otra manera.

Leen desmontando el juguete,

masticándolo, viéndolo cómo está hecho.

Fijándose en cosas que les interesan por motivos particulares.

No en lo que el autor quiere que se fije.

Cuando uno está escribiendo una novela,

suelo decir que es como estar embarazado,

que solo ves embarazadas. (RÍE)

Cuando la novela funciona, todo lo que oyes en un bar, dices:

"Coño, si trata de mi novela". Perfecto, me viene muy bien.

Ya sabes eso que le he oído contar varias veces a Antonio Gala,

que la gente va a los velorios para comprobar que el muerto

está muerto de verdad, no sea que no lo esté.

Creo que los escritores leemos sobre todo a nuestros coetáneos

de nuestro mismo país para ver si sus libros son malos.

Por supuesto, eso lo primero. (RÍE)

Esto lo digo con objetividad

e incluso con entusiasmo

porque no eres de mi edad.

Pero los libros de Azpeitia, Orejudo, lo primero, digo:

"A ver si la han cagado por fin".

Pero a Orejudo lo pones por las nubes.

Se lo merece. Prácticamente vienes a decir

que la historia de la literatura española, la buena,

es Cervantes, "Fortunata y Jacinta", mejor aún que Cervantes,

y Orejudo. Y Orejudo.

Y yo a lo mejor me hago sitio, pero como amigo de Orejudo.

Ya que hablamos de la historia de la literatura,

te asoma la oreja marxista. Ya te asomaba en el primer volumen.

La historia de la literatura como una carrera de relevos

que arranca con la controversia de "El ornitorrinco",

pasa por "El Albatros" de Baudelaire,

desemboca en la guerra de "Las dos Marías"

y concluye con un lamentable armisticio firmado a la sombra

de lo que ya no es milagro, acaso nunca lo fue, sino industria.

De la redacción de libros a la producción de libros.

No es baladí a ese respecto la cita de Bécquer

que colocas al comienzo del libro que dice:

"Pienso cual tú que una oda solo es buena

de un billete de banco al dorso escrita".

Marx. Marx.

En función de la lucha de clases, la economía

y todas estas desventajas. Sí, bueno, soy marxista.

No es que me hayas visto el plumero,

yo el plumero lo llevo como los indios, en la cabeza.

Y lo digo en todos los sitios. Soy marxista-leninista.

Sí, creo que lo material es lo importante

y la lucha de clases es el motor de la historia,

pero también de la literatura.

Aunque eso lo trato más en el primer volumen.

Aquí lo que hago es ridiculizar la teoría de las generaciones.

Bueno, la lanza Ortega. La lanza Ortega

y algún sueco, algún alemán, Jensen y todos estos.

Y en Alemania. La respuesta al marxismo, ¿no?

Lo que hay son generaciones, no clases.

No hay ricos y pobres, hay jóvenes y viejos.

La literatura, bueno, entre Quevedo, Cervantes y Góngora

y Lope de Vega pues hay 50 años de diferencia entre uno y otro.

Y estaban en el mismo tomate.

Es a partir del romanticismo cuando la literatura

se convierte en una cosa de jóvenes contra viejos.

Antes no era así.

Consistía en escritores de distinta edad.

Y eso ha seguido hasta hoy. La literatura hasta hoy

es una cosa de generaciones. Es decir, de jovencitos

que expresan un estado de ánimo y que, por supuesto,

tienen un peinado peculiar. Fíjate en la magia de los libros

a pesar de todo lo que estamos diciendo.

Antes te he dicho que me he tirado dos horas

intentando buscar la cita en la que describes...

Y aparece. No lo he encontrado,

lo he revisitado varias veces. Ahora abro el libro y lo encuentro.

Ella también te estaba buscando. Efectivamente.

¡La cita! Bueno, romanticismo, estoicismo,

naturalismo, modernismo, noventayochismo, costumbrismo,

experimentalismo, realismo, venecianismo, sonajerismo,

a lo Umbral, las frases de Marsé, bestselerismo...

Más que lucha de clases es lucha de "ismos".

Y así hasta la guerra de "Las dos Marías".

Es algo así como la lucha final de la internacional literaria.

Se acaba. Protocolo de religión incondicional

recíproca, se acabó. Se acabó.

Fin de la historia. Se acabó la literatura.

Es un final poco esperanzador, no creo que vaya a pasar.

Pero realmente...

Digamos que la música, hasta cierto punto, se acabó ya.

Cuando te dicen: "¿A ti qué música te gusta?".

Y dices:

"A mí Rajmáninov no me desagrada".

Y dicen: "¡Pero es música clásica!".

¡Como si no fuera música! Dicen que la música terminó

cuando se inventó el fonógrafo. Claro.

La música de hoy día, la música clásica ha quedado,

lo que llaman música clásica, música culta,

es una cosa como coleccionar sellos, de numismáticos

o de filatélicos. Es para chiflados.

Y con la literatura

corremos el riesgo de que pase lo mismo.

Aún no hemos dicho, y conviene decirlo

para que tu libro se venda un poco más,

que este libro que parece

una historia de la literatura no es historia de la literatura,

es una novela. Es una novela.

Una novela sui géneris. Con personajes.

Es una novela cuyo título pone que es novela.

Y tenía razón, en eso tenía razón.

Y es una novela protagonizada por el último de los Belinchón,

no solo el último, también Belinchones anteriores.

¿Eres Agustín Belinchón? ¿Tienes una marca de color vino

en la nalga derecha en forma de media Luna en cuarto menguante?

No la tengo. Bájese los pantalones.

¡No!

No sé si traigo ropa interior limpia.

Los Belinchones son una gente... Hemingway dijo,

a saber si es cierto, que la única vez

que usó calzoncillos en su vida fue para recibir el Premio Nobel.

¡Toma ya! Sigamos.

Yo cuando me den el Nobel, me los quitaré.

Aquí lo prometo.

Los Belinchones van siempre con una generación de retraso.

Cuando acaban de inventar el romanticismo,

el Belinchón de esa época es aún neoclásico, ilustrado.

Cuando todos están escribiendo novelas realistas,

el Belinchón que toca es romántico.

Siempre van con una generación de retraso

y hacen el payaso. Como escritor,

no como Belinchón, sino como Reig, ¿vas con una generación de retraso?

Creo que sí. Fíjate, ahora escribo novelas sobre literatura.

Y en lo último que me he embarcado

es una novela sobre un niño huérfano. ¡Cual si fuera Dickens!

Con una o con varias. En cualquier caso,

aparte de lo que dices de los Belinchones,

sobre los Belinchones cae en 1820 una maldición,

sobre Agustín Belinchón, que es la maldición del alfabeto,

que aprendió a leer y escribir, gran catástrofe.

El primero de su sangre que sabía leer y escribir.

Vaya catástrofe, sí. Eso es como morder la manzana.

Significa ser expulsado del paraíso del instinto

y entrar en otro mundo que está fuera de la naturaleza

y que tampoco...

Está en la cultura, está en otras cosas,

pero que no está en la naturaleza.

Creo que somos exiliados. La gente ahora es feliz,

ahora ya no saben leer ni escribir. Con los pulgares sí escriben, ¿eh?

Páginas y páginas, no te creas. (RÍEN)

Lo que no saben es escribir todo seguido los renglones,

pero con los pulgares escriben mucho.

No me quiero meter mucho con los jóvenes,

primero porque mis hijas son jóvenes, mi hija es joven.

Retiro lo que acabo de decir de los jóvenes. Sigue.

Porque además, creo que...

Yo voy mucho a institutos a dar charlas

y allí conozco a jóvenes

y los jóvenes, bueno, hacen lo mismo que nosotros.

Al que les trata como idiotas le dicen: "Tienes razón,

me voy a comportar más idiota aún".

Y si les escuchas y hablas con ellos,

pues como con las personas de nuestra edad.

También hay jóvenes que leen muchísimo.

En mi pueblo hacen una tertulia literaria

las chicas del instituto, digo las chicas

porque los chavales somos idiotas, y por no leer un libro,

están ahí todas las chicas más guapas, no van.

Una tertulia literaria no es leer, ¿eh?

La gente cree que cuando asiste a una tertulia literaria

ha leído el libro y no. No, con libro, ¿eh? Con un libro.

Están con Mishima ahora. Es un libro didáctico.

Este es un libro que puede apreciar en su justa medida

alguien que tenga una inmensa cultura literaria.

Hablas de nombres que ya no son conocidos,

como Rajmáninov digamos, voy de la música a la literatura,

o el libro está trufado de citas solapadas.

Hay que haber leído mucho para darse cuenta

de la intención de esas citas solapadas.

Sí, pero como argumento de venta no me funcionará eso.

Sí. Creo que disfruta más

quien sepa de qué estoy hablando y pesque las alusiones

y quien tenga una imagen previa de Azorín.

Ridiculizo un poco a Azorín, pero claro,

si ridiculizas a Azorín y el lector no sabe quién es Azorín,

pues maldita la gracia. Claro.

Ese es el problema. "That is the question".

La mayor parte de la gente ahora no sabe quién es Azorín.

Si sales a la calle y preguntas, lo verás.

Es posible. Pero, hombre, en el bachillerato

se estudia a Azorín.

En todo caso, para ayudarte a vender...

¡Hombre! Es un libro divertidísimo.

Elia Rodríguez... Hay muchos hechos.

Una de las chicas dice: "Es uno de esos libros

que se lee con la yema del dedo índice mojada

y apoyada en la esquina superior de la hoja derecha para ir pasando".

Más rápido. Cáustico, sarcástico.

¡Esta chica sabe! Irónico, burlón, nunca cruel,

aunque crueles son muchas de las notas.

Será joven. Sí.

¿Ves cómo los jóvenes leen? Es joven y hasta guapa.

¿Ves cómo leen muy bien? Vas a conocerla.

Estoy deseando.

¿Qué deudas has contraído con Antonio Orejudo? "Gran caníbal,

largos años de insociable antropofagia compartida", dices.

Cuando tenía 18 años y llegué a la universidad,

yo quería ser escritor. Y supongo que lo primero

que debe hacer alguien que quiere ser escritor

es agenciarse unos cuantos amigos que escriban

para poder darles la plasta porque a una persona normal

no puedes darle la plasta con lo que escribes.

Y quien me aguantó fue Antonio Orejudo

y creo que...

por los siete u ocho años que pasamos ininterrumpidamente

leyendo a medias el mismo libro, comentándolo,

hablando todo el tiempo de libros,

pues ese es el venero de donde saco el resto de mi vida.

"Fabulosas narraciones por historias", su primer libro.

No sé si el primero que publicó. Sí, el primero que publicó.

Menos mal que hablamos bien de alguien.

Hablemos ahora mal de algunos. Larra, un intocable,

un icono de los progres. Menudo pollo.

¡Tú lo describes! Larra era millonario.

Entre otras cosas. El mejor pagado...

Y eso que escribir era llorar. Sí, pero no para él.

(RÍEN)

Y Larra, bueno,

no sé por qué es el icono de los progres.

Larra era...

Bueno, era muy inteligente y tenía artículos maravillosos.

Pero era un hombre que para mí era una especie de resumen

de la catástrofe de España. Era un hombre que, obviamente,

era afrancesado porque creía en el progreso y en la razón, etc.

Era un romántico a traspié porque en realidad

no era un romántico, era un ilustrado.

Y era un patriota a traspié también porque su padre había sido médico

en el ejército de Napoleón.

Aprendió a hablar francés antes que español.

Y sus relaciones familiares y amorosas no se puede decir

que fueran un dechado de virtudes. No, no.

Y Espronceda, otro icono, un mito de los rebeldes.

También vaya pollo. Vaya pollo.

Espronceda era el típico poeta fanfarrón

que ejerce de poeta. Eso es algo difícil de soportar

para cualquiera que tenga que convivir con él.

Imagínate, quedas una tarde con un poeta

y te da la tarde seguro.

Y Espronceda era de los que daba la tarde a todo el mundo.

Porque era...

Y Rubén, una deidad poética.

Su cerebro anda por lo visto todavía...

Se rumorea la posibilidad de que Somoza,

el dictador nicaragüense, se lo zampara.

Leyendo las páginas que dedicas al cerebro de Rubén Darío

pensaba en el pene de Rasputín. Por ejemplo.

He visto fotos del pene de Rasputín y del cerebro de Darío también

antes de que se perdiera. También dicen que lo tiene,

¿cómo se llama el de la...?

El revolucionario nicaragüense, Ortega.

Sí, lo conserva todavía. Ortega. Unos que Somoza.

Somoza era un caníbal. Y los sandinistas.

No sé si era la mujer de Ortega que tenía una relación familiar

con la viuda oficial de Darío y por lo visto

también pudo conseguir el cerebro.

Quizá cada uno se zampó un hemisferio.

Unos el izquierdo y otros el derecho.

Saltémonos a Juan Ramón Jiménez, a Valle-Inclán.

Saltémonos, aunque no sea español, a Verlaine

y lleguemos, casi para terminar, a Cela.

Te ensañas con él y no te falta razón.

"Dicho sea en el año de su centenario,

más bien de su incensario".

Creo que Cela ha tenido suficientes costaleros,

pesebristas

y elogios flatulentos aparte de los que se propinó a sí mismo.

Cela no ha sido parco en autoelogiarse.

Entonces un poco decir la verdad.

O incluso,

decir una opinión de buena fe

sobre la trayectoria política, moral

y hasta intelectual de Cela,

pues no está mal, ya iba siendo hora

de que alguien dijera que es impresentable.

No eres el primero. No soy el primero.

Ya lo han dicho. No soy el primero.

Pero lo he dicho más claro. Lo has dicho de forma rotunda.

Citas, no me resisto a leerlo... Porque por un rincón

de este decorado, las dos mujeres que lo han preparado

son de Guadalajara y le tienen especial afecto

a "Viaje a la Alcarria" de Cela e incluso me han colado

algún fragmento de "Viaje a la Alcarria".

José María Ridao. Tampoco sospechoso de marxismo.

Dice de "Viaje a la Alcarria": "Tontos felices cazando moscas;

pastores fornicando a la sombra con su ganado;

niños defecando en un tejado o trazando

una soberana parábola de orina desde un balcón;

tartamudos que responden al viajero y provocan una sorna previsible

y pueril; lisiados que sobrellevan apodos de vulgar

y escalofriante ingenio con la perspectiva de medio siglo.

La descripción de la Alcarria realizada por Cela

produce a la vez estupor e indignación".

A mí más indignación, la verdad.

Me parece que ese tremendismo

es como...

Eso, reírse de los cojos.

Me parece un programa de esos de chistes

que cuentan uno de gangosos, otro de mariquitas y otro de cojos.

Me parece de una falta de sensibilidad absoluta.

Hay sensibilidad ante el paisaje,

pero ante el paisanaje ninguna.

Rafa, tenemos que terminar y lo haremos por la última página.

En algún momento de la charla has mencionado

la posibilidad de que no crees que la literatura haya muerto,

muchas personas lo han dicho, lo han creído.

El final de tu libro es muy pesimista,

porque hablando de Belinchón, que es tu reflejo,

dices: "Entonces vi a mis sueños alzar el vuelo en desbandada,

a contraluz, aleteando hacia poniente,

hacia el pasado cárdeno y oscuro.

Eran sueños de juventud hereditarios, inservibles

y dolorosos. Sueños de gloria literaria".

Y unas líneas después: "En el momento de leer

la última línea comprendí que con ella

se detendría mi corazón ahora mismo, aquí".

¿Significa que te retiras de la literatura?

No, he escrito otra luego.

No, yo no soy como María. Eres un farsante.

Un farsante más. Es un personaje.

El final tiene un juego,

que en eso tiene razón mucha gente,

disfrutas un poquito menos, disfrutas, pero un poco menos

porque uno se da cuenta

de que es una especie de recreación del final de "Cien años de soledad".

Entonces, también creo,

pues que las estirpes malditas como las literarias

podemos tener una segunda oportunidad sobre la Tierra,

como dijo García Márquez en su discurso del Nobel.

Te voy a regalar el chocolate negro. Chocolate negro.

Te voy a regalar el frasquito de wasabi.

Qué maravilla, gracias. Puesto que cuentas en el libro,

seguro que te lo has inventado, que Juan Ramón Jiménez

se negó a estrechar la mano de Rubén Darío en cierta ocasión:

"No, usted con la vida que lleva, si le estrecho la mano

igual me contagia una enfermedad venérea".

Pues yo te doy la mano. Yo también.

Un placer, gracias. Nos vamos al debate.

Vámonos para el debate.

Todo por los libros.

Todo por los libros.

Ya estamos todos reunidos.

Aquí está el libro, "La cadena trófica",

y ahí está Rafael Reig, el autor.

Y aquí están nuestras tres chicas que te elogiarán o te despellejarán.

¡Lo que quieran!

Depende de si le gusta que le despellejemos o no.

Le gusta. ¿Le gusta?

Una de cal y otra de arena preferiría yo.

(RÍEN)

Anna. No nos centremos en el despelleje.

Unos azotitos, ¿no? Yo te voy a dar una de cal.

Me ha encantado tu libro.

Son como escenarios de soledad laicos.

Consigues una emoción no metaliteraria,

sería "egoliteraria", literatura contada

desde dentro de la literatura.

Consigues escribir de escritores para escritores,

pero no solo para escritores. Un lector que no sea escritor

también puede sumergirse en tu literatura.

Yo tengo una queja, creo que eres muy blando,

que no das suficiente cera, sobre todo a dos personajes

que salen excesivamente bien tratados en tu libro,

que son Cela y Pérez-Reverte.

Creo que eres condescendiente con ellos dos.

Ahora que me lo dices, sí.

¿Qué pasa, les debes favores? ¡No, no!

No frecuentamos los mismos círculos. Pero igual...

No, no quiero ser académico, es una ambición muy humilde,

yo quiero ser más. Y tampoco quiero ser Nobel,

eso también me parece humilde.

Hombre, tampoco quería hacer demasiada sangre.

Pero, bueno, me extraña que me lo digas.

Yo creo que, a mí...

Sí, he sido un poco generoso. En el caso de Pérez-Reverte

no he hablado de sus libros. ¡Sí, bueno!

Por pura generosidad. En la próxima edición de tu libro,

que después de este programa es segura,

puedes cargar las tintas. A partir de cien ejemplares,

que es lo que se hace ahora. Cargaré las tintas.

Perfecto. Voy a tirar papeles al suelo y volver a escribirlos.

Os veo a todos peleando en este libro,

a todos los grandes del siglo XIX y del XX también.

Esa última guerra... Yo era la del dedo pasando las páginas.

He dicho tu nombre. Ya, bien.

Menos mal que lo has explicado, porque lo del dedo húmedo

no suena bien. Lo de húmedo lo añadió él,

tengo pruebas. O sea... Por supuesto que lo añadió él.

No, señor. Sí, vas añadiendo.

Elia, ¿me dijiste o no me dijiste en un correo

que con el dedo húmedo...? Lo de húmedo lo has dicho tú.

No entraba esa palabra. Mojándote en saliva.

Lo escribí para que esa imagen viniera a la cabeza.

Sosegaos, sosegaos. Eso, sosegaos.

Sadomasoquismo, dedos húmedos. ¡Esto después de la misa!

Como os veía a todos peleando,

los Rubén con los Valle-Inclán, los otros, yo decía:

"¿Y dónde está la mujer en todo esto?".

Porque, Rafa, has hablado de Laforet;

de Gaite y encima has dicho que llegaba tarde,

que casi era un desastre con patas.

Perdona, Ana no, Carmen Laforet. Era Ana María Matute.

Gaite creo. No.

Pero pregúntaselo al autor. Un momentito.

Laforet. ¿Veis?

Era Laforet. Bueno.

De todas maneras... De cara a la pared.

Durante un... Qué programa llevamos.

El libro es tan amplio. Qué sé yo, Carolina Coronado

podía haber salido, ¿no? Hablas también de la Serna.

O podía haber salido Gómez de Avellaneda;

podía haber salido Ferrán Caballero, que era Cecilia "Bon" de Faber.

¡Böhl! Böhl de Faber.

Por segunda vez de cara a la pared. ¡Ay, Fernando, ya!

Quiero decir, me extraña que en todo esto,

y tú que eres marxista y que tratabas más a las mujeres,

a la primera mujer y a sus hijas las has tratado fatal.

Cecilia Böhl de Faber es una escritora interesantísima

y lo digo en un ejercicio práctico. Me alegra que lo hagas.

Lo de Faber tiene que ver con los lápices.

Ella se casó con von Faber, un noble alemán

que tenía las minas de grafito y los pinares.

Dijo: "¿Qué hacemos? Lápices.

Ya que tenemos grafito y pino". Debió casarse con Johann Sindel.

Hubiera unido dos grandes fortunas. Era Ferrán Caballero,

no lo olvidemos. Se tuvo que llamar así

para poder escribir. Una vida interesantísima.

Yo entonces no sabía tanto de esto. Es una vida interesantísima.

Cecilia Böhl de Faber mató, o murió el noble,

y se dedicó el resto de su vida a comprarse bien amantes

o bien maridos de 20 años.

Una buena inversión. Tampoco le duraban mucho, ¿eh?

Has dado a entender que los mataba. Has dicho mató.

¡No, no! Se los beneficiaba.

Cuando heredó, ella pagaba, ella mandaba.

"Tú ven aquí..." Pues por eso.

La estoy encomiando. Gómez de la Serna sale.

También. Y con su tía iba a tertulias.

He echado de menos a la mujer, punto, ya está.

Vale. Habla de esa etapa,

por eso no hay más mujeres. Me alegro de no ser ornitorrinco

ni ave de rapiña ni paquidermo. Ni albatros.

Ni albatros. Ni Rubén Darío.

Claro, claro. Rafa, te lo agradezco.

Es cierto, podía haber nombrado un poquito más a las mujeres.

Pero en estas épocas tan legionarias con Cela, Pérez-Reverte y tal...

Cuidado con la legión,

que soy hermana e hija de militar. De caballero legionario.

Y de caballero legionario. Y Millán Astray sale por ahí

bastante malparado y me da rabia. Porque Unamuno,

aquello de "Abajo la inteligencia", se ha tergiversado tanto

esa anécdota, que se fue Unamuno de la mano de Carmen Polo...

¡Hombre, por favor! Aquello fue un guirigay.

Dijo Machado: "Ha muerto hoy como un soldado Unamuno.

No sabe nadie contra quién o contra él mismo".

Unamuno era en ese sentido una persona que no se le entendía.

Millán Astray ha pasado... "Venceréis, pero no convenceréis".

Tampoco quedó a la altura... Aquel discurso estuvo bien, ¿eh?

Aunque el discurso lo apuntó en un papel...

¿Y qué había de verdad?

Parece que sí, lo que cuentan los que asistieron

es que llegó a decir todo eso. "Me venceréis porque tenéis

sobrada fuerza bruta, pero no convenceréis

porque para eso hace falta razonar, persuadir".

Si estaba del lado... Sí, y luego se fue para el otro lado.

Murió contra él mismo. No acabéis, como es costumbre,

hablando de la Guerra Civil. ¡No!

Pasemos a la historia de la literatura.

O de las mujeres, de la visibilidad de las mujeres.

Yo acepto que podía...

Pero la literatura en ese periodo era como un barco o un submarino,

donde solo iban hombres sudando y las mujeres traían mala suerte.

En los barcos, es verdad. En los barcos no dejan,

y en los submarinos menos, entrar a las mujeres.

Entonces he reflejado esa literatura un poquito

de legión extrajera. (RÍE)

No de caballeros legionarios.

Pero sí, acuso el golpe.

A partir de que dices que no ligas nada

en comparación con Dragó, pero que ahora tienes novia,

una de las cosas que más me ha gustado de tu libro

son las escenas sexuales. Me parece un libro

donde hay unas escenas eróticas verdaderamente eficaces

o por lo menos a mí me han producido ese efecto.

Con una sexualidad muy fuerte, muy interesante,

que deja atrás a los best sellers... Pareces la directora

de un programa de sexo. Y a todos los libros eróticos

que se están publicando ahora que son verdaderamente horribles.

Sin embargo, estas escenas con estas mujeres tan extrañas,

tan fuertes. Habéis dicho antes sadomasoquismo...

¡Sadomasoquismo! Bueno, quiero decir,

hay escenas que realmente son muy fuertes.

Anda, Rafa, que no te quejarás. Un pavo por Navidad.

La pregunta es... Y entonces, la pregunta,

la pregunta, Rafa, claro, esa es la pregunta,

es la siguiente. Claro, los escritores...

La decapitación no. Usan sus propias experiencias

para luego crear una ficción. En tu caso...

(RÍEN) ¿Es experiencia propia vivida?

Espera, tomo notas. ¿Es una fantasía erótica?

¿Es un deseo?

¿Qué es?

Ah, yo no veo la disyuntiva, ¿eh?

Las experiencias propias vividas también son fantasía.

Ves más bien la copulativa, ¿no? Sí.

Cuenta mucho más la fantasía. El órgano sexual es el cerebro,

en mi opinión. Ya.

Y la imaginación.

Bueno, el hardware también hace falta.

Pero el software es lo importante.

Bueno, sí, algunas son vivencias, otras son un poco, ya sabes,

uno es escritor. Pues cuando no sabe qué poner,

se lo inventa todo y se queda tan campante.

(ASIENTE) Si no, sería un científico serio.

A mí me interesa el sexo, me gusta mucho...

Me parece que se habla poco de sexo.

(RÍE) ¿Tú crees? Se habla muy mal del sexo.

No conozco a nadie que no me cuente nada

que no haya visto en una película. Claro, bueno.

A ver. Cuando la gente

te cuenta esas experiencias sexuales, en general,

no creo que las haya vivido, son cosas de película.

Cómo se ve que no lees mis libros. Bueno, salvo algunos

que lo cuentan todo. Está todo sexualizado prácticamente.

Creo que sí, pero es una sexualidad...

No es superficial, te hago esta pregunta

porque lo que has escrito en este libro tiene una profundidad.

Yo creo que la idea de un sexo sano

me parece contradictoria

con la idea de una vida sexual satisfactoria,

que tiene que incluir culpa, vergüenza.

El sexo en sí. El sexo no es hacer gimnasia,

no es una dieta macrobiótica. Es algo que implica personalidad.

Para Rafa tiene que ser más complicado.

Rafa, como buen marxista, acabas de descubrir

tu profundo lado cristiano. Por supuesto.

Culpa, arrepentimiento.

Soy partidario del sentimiento de culpa.

Rafa, por ejemplo en la escena que, perdona por la ignorancia,

que se come un huevo crudo. El huevo, sí.

Eso es absolutamente erótico. Es muy bonito.

Es una escena de una peli. Eso está en Galdós.

Cuando Juanito Santa Cruz se encuentra a Fortunata,

ella está con un huevo crudo y la yema le cae...

Bueno, y Ana Belén, que tiene también algo que ver.

Ana Belén. ¿Y basta con eso para enamorarse?

Uf, y con menos. (RÍEN)

Con una mirada te atraviesan.

A mí me interesa más el sexo que el amor, la verdad.

A mí no, pero bueno. Anna,

Dante se cruza una vez, nada, un visto y no visto,

unos segundos con Beatriz en el Puente Vecchio

y ya para toda la vida. Ocurre en Florencia.

Pero se muere virgen, no hubo sexo.

No hubo sexo, claro. Pero deseo seguro que sí.

Ahora no podría ser eso en el Puente Vecchio.

No, hay una muchedumbre. Una muchedumbre que no la verías.

Yo delante de gente que sepa de sexología,

me da vergüenza decirlo, pero creo que el deseo

tiene un lado oscuro. Y si no lo tiene, no hay deseo.

Me alegro que me digas eso. Pues me gusta

ese lado oscuro. ¿Y lo de la decapitación?

La decapitación no, eso es más bien cultural.

Judith y Holofernes es todo...

¿Es una fantasía? ¿Que me decapiten? No...

(RÍEN)

Iba a apuntarla como mía.

Me interesa mucho la parte pedagógica.

Lo habéis abordado ligeramente en la entrevista

porque hay una serie de notas al final de cada capítulo.

Hablabais de los jóvenes, no sé si en un tono despectivo.

No de notas, de ejercicios. Ejercicios, exactamente.

Son muy bonitos. Y me gustaría saber,

bueno, ya que has escrito un libro que creo pocas personas pueden leer,

pocos pueden tener la cultura necesaria

como para disfrutar de este libro, ¿qué piensas de...?

Acabas de hundir lo que has dicho sobre el sexo.

¡No, pero es verdad! Necesitas una serie de referencias

que si no las tienes, no lo vas a disfrutar, ¿no?

Yo quería saber en estos momentos, el otro día que hablaba

con mi hija adolescente y me decía que acabarían quitando

la carrera de filosofía, en estos momentos

en que las humanidades están tan mal vistas

y que hay una pérdida de vocación absoluta

por miedo a no tener trabajo y todos estos rollos,

¿cómo piensas que se aborda pedagógicamente

la literatura, en fin, toda la parte humanística

que está tan abandonada? Al proponer estos ejercicios

en tu libro que creo que nadie sería capaz de abordarlos

porque son muy complicados.

Bueno, si ha leído el capítulo, creo que sí.

Eso depende de si eres optimista o pesimista.

A mí me parece que la literatura,

que todo en la vida es leer y escribir.

Si no sabes leer, si no sabes interpretar

lo que te están contando, la cara que te ponen,

y si no sabes escribir,

de entrada no vas a ligar

ni vas a tener una entrevista de trabajo con éxito.

Yo, cuando empezó lo de Internet, a veces ligaba por chat,

no había imágenes. Por messenger.

No, era una cosa que era Ibertex o algo así, era para empresas,

muy al principio. Bueno, pues contaba:

"Qué te haría y qué no te haría".

Y empezaba: "Uy, cuánto sabes, debes ser un amante excepcional".

Y me cansé un poco y dije:

"No, lo que soy es un escritor de puta madre".

Pero no confundas. Claro.

Una cosa es la realidad y otra...

Creo que leer y escribir te ayuda para todo.

Siempre le digo a los chicos cuando voy a mi instituto

que pueden suspender una o dos asignaturas,

pero jamás literatura.

Puedes suspender cosas inútiles como matemáticas o física,

pero no algo que te sirve para vivir todos los días.

Si no sabes leer un gesto,

si no sabes leer una mirada, una insinuación,

pues no estás viviendo.

Esa es la epistemofobia, podríamos decir, ¿no?

En vez de epistemología, epistemofobia:

horror al conocimiento. Ahora sabes inglés,

sabes manejarte en una empresa y poco más,

son los conocimientos básicos. Historia de la literatura, nada.

¿Sabéis? Eso es una tontería. Realmente, ¿eh?

Siempre cuento esto de Madariaga.

"¿Conoces a Salvador de Madariaga? -No caigo.

-Sí, hombre, ese que es tonto en cinco idiomas".

Eso lo dijo tu amigo Ortega. Bueno, Rafa...

¿Cuál es la utilidad de ser tonto en cinco idiomas o en dos?

Tú estás diciendo esto y en cierto modo

en tu novela metes mucho humor y mucha cosa

y creo que en los ejercicios estos es donde muestras verdaderamente

tu alma. Sí, sí.

Es lo único que está escrito en serio.

¿No te atreves a escribir en serio la totalidad de la novela?

Sabes que la letra con sangre no entra.

Anna, imagínate si pusieran estos ejercicios en un instituto

o en la carrera, se quedarían desbaratados.

Ya, ojalá. Yo repetiría curso

para no irme, me quedaría allí.

No, tienes razón.

Los ejercicios son lo más serio.

Pero también pongo todo mi entusiasmo que quiero contagiar

y lo pongo en César Vallejo, por ejemplo.

En Rubén Darío. En "Fortunata y Jacinta".

En "Fortunata y Jacinta", la mejor novela española

con diferencia.

O sea que... En Orejudo.

En Orejudo.

¡Dios mío! Orejudo...

No creo que... Entiendo que llame más la atención

cuando me meto con un escritor o cuento una chusca,

pero para mí la parte importante del libro es la otra,

la positiva, el amor a la literatura. El libro está lleno de amor.

De amor, de amor en mayúsculas. Y de sexo.

También. Pero una cosa no quita la otra.

Esa dicotomía, ese dualismo. No, al contrario.

El sexo es amor. Perdonad que os interrumpa.

Vamos a pasar a la sección de libros recomendados.

Ahora que hablamos de sexo. Sí, pero como siempre

el inmensurable "omnes vulnerant, ultima necat"

nos impide seguir. Tengo que decir, Rafa,

que has escrito un libro extraordinario.

Gracias. Y que a mí me parece,

y ya se ha dicho aquí, que cualquier persona,

entienda o no entienda todo lo que dice,

que tenga el más mínimo interés por la literatura

debería leer el libro. Y te hago una última pregunta difícil

y me tienes que contestar rápido. Supongamos que después

del último Belinchón hay otro Belinchón,

que se puede escribir un tercer manual

de antropofagia literaria. ¿Qué diría de ti?

De Rafa Reig, no de Belinchón.

¿Cómo saldrías a relucir en ese libro?

¿Qué anécdotas, disparates, metáforas surrealistas contarías?

Creo que pondría...

A ver, si fuera ajedrecista, que lo soy, pero malo

o peor aún que escritor,

siempre he pensado

que mi necrológica sería,

bueno,

un ajedrecista muy bien dotado,

pero con poca capacidad de cálculo

y una tenacidad exagerada.

Yo en realidad lo que te estaba pidiendo

era alguna anécdota íntima.

Igual a las muchas que tú reflejas en otros autores en el libro.

Pero veo que te escabulles. ¿Quieres ver si tiene...?

Eso ya se lo pregunté. Se lo ha preguntado ya.

Pero no nos lo creemos hasta que nos la enseñe.

Ahora que han prohibido fumar, ya no.

Pero se podía decir de mí

que hasta los 45 años o 50,

hasta que podía fumar en los bares,

yo tenía oficina en los bares.

Tenía un sitio de la barra reservado

y a mí lo que me gustaba era beber, fumar y escribir.

Es de muy de escritor, lo de escribir en el bar.

Pero en la barra.

A mí me gusta, como decía Joan Didion,

no me gusta exactamente estar solo,

pero me gusta estar en presencia de desconocidos.

(ASIENTE)

No hay nada más íntimo que estar en un bar lleno de gente

y dedicado a tus cosas. Esa podría ser mi manía.

Recomendaciones, ¿qué nos recomiendas?

Rafa, para empezar tú.

¿A que no lo adivinas?

¡Tachán! (RÍEN)

Antonio Orejudo.

Acaba de salir, ¿no? Acaba de salir.

Habrá que invitar a Orejudo a que venga al programa.

Digo yo, ¿no?

Además, es muy celoso. (RÍEN)

Esto es una novela, "Los cinco y yo".

Yo soy de la misma edad que Orejudo y me crié con Los Cinco.

Y del mismo editor. También.

Ah, "Los Cinco", de Enid Blyton. Sí.

Qué maravilla, sí.

Es una historia de su vida con Los Cinco,

es la única seña generacional que tenemos.

En la novela cuenta miles de cosas.

Es una novela descacharrante de risa, como todas las de Antonio,

y con un espesor muy inquietante.

Cuenta la vida de los chicos de mayores,

que es una vida parecida a la gente de nuestra generación.

Pues uno se hace yonqui...

Eso es como "¿Qué paso con Shirley Temple?".

Pero muy divertido. Y cuenta cómo se relacionan

ficción y realidad.

O como "El tiempo y los Conway" de Priestley.

Cómo se pasa de la realidad a la ficción.

Qué bueno.

Eso que me pasaba a mí de pequeño. Ya está,

ya has cumplido con Orejudo. Vale.

Antes del segundo libro, Anna Grau.

Bueno. Por si no queda tiempo.

Voy a recomendar un libro cuya lectura

me ha inspirado el tuyo, aunque se parecen

como un huevo a una castaña. "Mirlo blanco, cisne negro"

de Juan Manuel de Prada. Conciso punto de partida,

hablar de la literatura desde dentro.

Pero a ver, donde tu libro es un águila

esto es más bien como un topo.

Es un libro escrito con una mezcla de malignidad e inocencia;

es un libro escrito en agonía. Tú tienes una visión

de las letras... Olímpica.

Sí. Y él tiene una visión agónica, sufriente.

Yo diría que... Perdona, Juan Manuel,

porque siempre que hablo de ti te enfadas.

Creo que aquí hay un desdoblamiento donde el malo y el bueno son él,

son la misma persona, el mirlo blanco y el cisne negro.

No os cuento más. Eso ya lo dijo Stevenson.

Es un escritor en agonía, hablando de la agonía de escribir.

Para este hombre escribir en España no es llorar,

es pasarlas canutas. Y, bueno, hay un extraño linaje

que comunica vuestros libros. Aunque el tuyo se lee

con el alma henchida de gozo y este se lee

desde las mazmorras del sufrimiento. Es como el lado oscuro. Interesante.

Elia. Massimo Recalcati,

"La hora de clase. Por una erótica de la enseñanza".

Como tu libro es muy didáctico con esos ejercicios prácticos...

Y de erótica también hemos hablado. Bueno, bien.

La erótica a veces es lo prohibido, el estar en un sitio

y no poder hacer algo; que algo te llame

y no puedas alcanzarlo, pero quieras conseguirlo.

La literatura debería volver a ser eso.

A lo mejor decir: "Niño, no te acerques a ese libro".

Como al bote de lejía, pues tampoco al libro.

A ver si así de esa manera captábamos también

a esa anorexia intelectual, que así es como lo califica

el autor, Massimo, que tenemos, esa inapetencia.

Habla de tres complejos: el de Edipo, el de Narciso

y el de Telémaco. Evidentemente el de Edipo

es luchar contra el profesor, contra el colegio.

El de Narciso, pues esa idolatría de imágenes que tenemos

y de bulimia digital en ese caso.

Y Telémaco, pues la figura máxima es Méntor,

el que le acompaña en busca de lo que sea en el viaje.

Ayanta.

Pues a mí me gustaría,

querría hablar de este libro

que es de una autora que se llama Lucía Berlín,

"Manual para mujeres de la limpieza" es su título.

Y recuperar ese género un poco desgraciadito,

que es el de los cuentos. Y que, sin embargo,

pues a mí me gusta mucho, lo disfruto mucho.

Esta es una escritora de tu quinta

porque nació en el año 36.

Y se acaba de traducir y de publicar en España

a lo largo de este año en la editorial Alfaguara.

Y han hecho una selección de sus mejores relatos

por primera vez traducidos.

Es una escritora americana, estadounidense.

Y tiene en sus relatos pues todo ese ambiente

de las lavanderías, ¿no?

Tiene una vida complicadísima.

Es una mujer alcohólica, con cuatro hijos.

Bueno, algo desastrada

y que refleja toda esa realidad difícil

y al mismo tiempo fascinante.

Dicen que es heredera de los cuentos de Chéjov,

que no dejan de ser algo absolutamente perfecto.

No diría yo tanto,

pero en esta edición son unos cuentos fantásticos

que os van a sorprender.

Y, bueno, han hecho una selección de sus mejores cuentos.

Es un libro bastante voluminoso y tienen sentido.

Me parece una muy buena selección porque se pasa de uno a otro

bueno, en un recorrido muy interesante.

Ahora yo. Sí.

La editorial Nórdica está publicando libros muy buenos

y está ocupando un hueco muy original que casi nadie ocupa.

Acaba de sacar este libro:

"22 cartas extraordinarias de escritores muy reales".

Los escritores son Twain, Jack London, Louisa May Alcott,

Salgari, Andersen, Brontë, Lewis Carroll, Julio Verne,

Salinger, etc. Y son 22 cartas inventadas,

22 cartas apócrifas en las cuales estos escritores

con mucha sabiduría literaria, como tú, Rafa,

con muchas citas solapadas de esos mismos libros,

van dando datos biográficos, datos sobre sus obras.

A veces se escriben entre sí estos escritores

que no se conocieron nunca, no se trataron nunca.

O son cartas a los lectores. A veces lectores extemporáneos,

lectores de otras épocas.

Es un libro que enseña mucha literatura,

es un libro muy bonito. Además, es un libro

que a lo largo de todas estas cartas la autora, que lo que hace

es repasar las lecturas de su infancia y adolescencia,

porque estos son los autores que leímos de niños y adolescentes,

va pasando lista a las respuestas, a las preguntas que un niño,

un adolescente y un adulto se va formulando

a lo largo de las lecturas y a lo largo de su vida.

Altamente recomendable.

Solo queda tiempo para el poema. Pero antes, por favor, muy deprisa.

Siempre quiero lanzar este nuevo cuento,

"Sesenta principios sin final", con el que la editorial Edhasa

celebró los 60 años de existencia y donde vienen comienzos de libros.

Y quiero lanzaros un comienzo de libro

para ver si sabéis qué libro empezaba así.

Este es facilito.

"Si de verdad les interesa lo que voy a contarles,

lo primero que querrán saber es dónde nací;

cómo fue todo ese rollo de mi infancia;

qué hacían mis padres antes de tenerme a mí

y demás puñetas estilo David Copperfield".

"El guardián". ¿Cuál?

"El guardián entre el centeno". Muy bien.

¡Muy bien! ¡Vaya!

¡Rafa, Rafa!

¿Veis cómo sabe de literatura? ¡Sí!

El poema, Elia. Os lo dedico a vosotros, hombres,

de los que está plagado este libro

de "La cadena trófica" y con el permiso de Sor Ángela.

O sea, Rafa y yo, los únicos hombres presentes.

Ella hace tiempo ya lo dijo muy bien.

"Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón,

sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis.

Sin con ansias sin igual solicitáis su desdén,

¿por qué queréis que os lo envíen si las incitáis al mal?

Combatís su resistencia y luego con gravedad

decís que fue liviandad lo que hizo la diligencia.

Queréis con presunción necia hallar a la que buscáis,

para pretendida, Tais, y en la posesión, Lucrecia.

Con el favor y el desdén tenéis condición igual,

quejándoos si os tratan mal, burlándoos si os quieren bien.

¿Cuál es más de culpar aunque a cualquiera mal haga?

¿La que peca por la paga o el que paga por pecar?

Bien, con muchas armas fundo que lidia vuestra arrogancia,

pues en promesa a instancia juntáis diablo, carne y mundo".

Las feministas se van a quedar encantadas, Elia.

Fin del "Uasabi". Muchas gracias por estar aquí.

Y a todos ustedes por estar ahí sin enfadarse,

siempre con la sonrisa en los labios.

La semana que viene más.

Todo por los libros.

Todo por los libros.

  • Libros con uasabi - 14/05/17

Libros con uasabi - 14/05/17

14 may 2017

Anna Grau, Ayanta Barilli y Elia Rodríguez debaten con Dragó y Rafael Reig sobre los temas tratados en la obra.

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