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Libros con uasabi

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Para todos los públicos Libros con uasabi - 11/06/17 - ver ahora
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Y aún a pesar nuestro,

vuelve, vuelve ese destino de niñez que estalla por todas partes.

Lo escribió Claudio Rodríguez,

acaso la voz más alta de la poesía española

en la segunda mitad del siglo XX.

David Trueba eligió esa cita para encabezar su última novela,

"Tierra de campos", Anagrama.

De ella hablaré con su autor en la primera parte de...

Este es un programa en el que, con alguna otra salvedad,

solo de habla de literatura y no simplemente de libros,

pues no todos los libros contienen literatura.

Al contrario, la mayor parte de ellos no la contienen,

sobre todo, en tiempos tan iletrados y tan aturdidos

por la algarabía de Internet como los que corren.

Asusta pensar que han suprimido

la enseñanza de la historia de la literatura

y no digamos la de la preceptiva literaria

en los planes del bachillerato.

En el que yo estudié había cuatro cursos dedicados a tal asunto

y tres a la filosofía: lógica, psicología, ética,

teoría del conocimiento e historia del pensamiento

y dos de griego y siete de latín.

Ni rastro queda ya de todo eso.

No es la primera vez que traigo aquí a colación

este libro poco más que un opúsculo.

¿Para qué sirve la literatura?

Su autor es Antoine Compagnon, catedrático de literatura francesa,

en la Sorbona de París, la Columbia de Nueva York

y el colegio de Francia, lo edita Acantilado.

No vendría mal que lo leyesen

los responsables de la eliminación de la literatura.

Compagnon se pregunta por los valores

que esta puede crear en el mundo de hoy.

"¿Es de alguna utilidad en la vida?", dice.

Y responde por boca de Ítalo Calvino,

que en sus "Seis propuestas para el próximo milenio",

escritas poco antes de su muerte en 1985, escribía:

"Mi fe en el futuro de la literatura consiste en saber

que hay cosas que solo la literatura

con sus medios específicos puede dar".

Calvino, comenta Compagnon,

hablaba todavía como Proust en "El tiempo recobrado".

"La verdadera vida, la vida al fin descubierta

y dilucidada, la única vida, por tanto,

realmente mi vida es la literatura.

Solo mediante el arte podemos salir de nosotros mismos,

saber lo que otro ve de ese universo,

que no es el mismo que el nuestro

y cuyos paisajes sin él nos serían tan desconocidos

como los que pueda haber en la Luna".

Añade Compagnon: "Ya no está garantizada la transición

entre la literatura infantil, a la cual no le va tan mal,

y la lectura adolescente, considerada tediosa,

porque requiere largos momentos de soledad inmóvil.

Cuando se les pregunta por el libro que menos les ha gustado,

los estudiantes suelen responder "Madame Bovary",

el único que les han obligado a leer".

Hablamos de Francia.

David Trueba en esta novela de intenso recorrido vital

demuestra con suavidad, con elegancia,

con impecable pulso literario

que quien no lee, pasa por la vida sin enterarse de nada.

Voy a entrevistarlo.

Después lo pondré en manos de las chicas.

Hola, David. ¿Qué tal?

No suelo ser tan pródigo

en el elogio como lo voy a ser contigo.

Seguramente sabes que soy poco dado a leer novelas.

Tengo que decir que la tuya me ha gustado mucho.

Mira cómo la tengo acribillada.

Vamos con ella.

Comienzo:

"Todos conocemos el final y el final no es feliz.

Curioso este cuento, porque sabemos el desenlace,

pero ignoramos el argumento.

Hay un coche de muertos en la puerta de casa".

Ese coche es el que se lleva

el cadáver del padre del protagonista

y quien lo anuncia es el hijo del protagonista.

Árbol genealógico. Sí.

Claro, y el cuento...

Tú has señalado el libro cuando has dicho:

"Conocemos el final del cuento". El cuento es la vida.

Exacto, el cuento es esto en lo que estamos.

Sí.

Es interesante eso.

Jodorowski dice que todo ocurre

entre las ramas de un árbol genealógico

y que, a medida que vas ahondando en tu memoria y recuerdos,

pues te vas dando cuenta de eso.

Asoma tu padre, tu madre, tus amigos...

Y tu libro es eso, ¿no? Sí.

Trepas, hablando de árboles, por ese árbol

desde la raíz y cuando vas alcanzando el desarrollo

vas por un tronco donde han estado ellos antes.

A medida que avanzas en la vida,

vas reconociendo lugares donde ellos estuvieron.

Acabas de decir raíz.

Las raíces, la nostalgia y la incertidumbre de futuro

son los tres vectores de tu libro.

Para mí, el personaje de este libro, que es Dani Mosca,

la persona de cuarenta y tantos que protagoniza el libro,

tiene un conflicto básico en su vida.

Mientras devuelve las cenizas de su padre a su origen, al pueblo,

pensando que está haciendo el último homenaje

que le gustaría a su padre por su forma de pensar y de vivir,

está pensando cómo sería o hacia dónde va él

y se da cuenta de que ya no tiene un lugar

y que seguramente pertenece a una generación desarraigada

en cuanto a lo local, a lo geográfico,

que el arraigo está en otra parte,

que obviamente tiene que ver con la familia,

con la gente que ha conocido,

pero también con la cultura, con las cosas que ha escuchado,

con lo que ha leído, con la gente que ha tratado,

con sus influencias en arte.

De pronto dice: ¿Dónde voy? ¿Qué van a hacer mis hijos conmigo?

Por cierto, los funerales del padre protagonista en el pueblo

dan pie a unas páginas descacharrantes,

sardónicas, sarcásticas, irónicas, muy humorísticas,

que a mí me recordaban al leerlo a la película "Ciudadano ilustre".

Sí, claro.

La novela la terminé antes de ver la película,

pero un amigo inmediatamente me alertó y me dijo:

"Tienes que verla, porque me ha recordado a tu libro".

Fui a verla y efectivamente tiene ese concepto que me gusta mucho.

Cuando una persona es relevante y seguramente para serlo

ha tenido que alejarse y distanciarse de su origen,

y de pronto va de visita o de homenaje honorístico,

se convierte en un infierno,

porque quieren convertirte en lo que no eres,

una especie de vínculo: "Todo esto ha salido de aquí".

El nombre de "Ciudadano ilustre" ya lo dice en sí mismo.

Es terrorífica la denominación.

Todo eso que acabas de mencionar

en la respuesta a la pregunta anterior

es lo que aparece en la vida de una persona

cuando mueren los padres.

Su infancia se desvanece, comienza la verdadera edad adulta.

Yo leí una vez un microrrelato

en una revista digital norteamericana, Smith,

un microrrelato en seis palabras y decía:

"Biografía del ser humano de hoy: nacimiento, infancia, adolescencia,

adolescencia, adolescencia, muerte".

Dani Mosca y sus amigos, que pesan mucho en la novela,

tienen algo de adolescentes perpetuos, ¿no?

Él se dedica, entre otras cosas,

aparte de que creo que el microrrelato tiene razón,

es decir, hay una negación casi estructural

como si todo estuviera confabulado

para negar la posibilidad de hacerte mayor,

de ir avanzando en tu vida, la perpetuación de tu adolescencia,

ya sea corriendo por los parques, comportándose como un joven.

Eso está aún más extremado en la profesión del protagonista,

que es un cantante de un grupo de rock y pop.

Si te fijas, es una profesión que no admite la vejez,

aunque admite el envejecimiento, es decir,

Mick Jagger y Keith Richard pueden tener 70 años,

pero si en algún momento se comportan como personas cabales, mayores,

serían rechazados inmediatamente por el concepto

que los sigue elevando a los altares.

Ellos tienen que subirse al escenario

y volverse a poner la cazadora de cuero,

el tatuaje, dar saltos, porque está asociada la música a la juventud.

Hay un refrán que decía mi padre, en castellano viejo

y que está en el libro, que tiene que ver con eso

de que al trovador y a la ramera con la edad le vienen los problemas.

Mientras eres joven, en esos dos oficios no hay ningún problema,

pero cuando vas cumpliendo años, ¿qué haces?

¿Cómo te sigues dedicando a eso?

El protagonista no es un cineasta y un escritor como tú,

sino un cantante, ya lo has dicho, pero eres tú, David.

Esto es literatura de la memoria,

literatura de no ficción, disfrazada de ficción.

Inventas un personaje ajeno, Dani Mosca,

pero incrustas en él todo lo propio.

Sí, no todo. Me imagino.

Metí en el proyecto muchas cosas que no he podido ser

o que no me han sucedido y he visto que les han sucedido a otros,

pero es que, para mí, eso sería como si estuviéramos hablando

de la esencia de la ficción, es decir,

cuando Flaubert, cabreado, en el juicio aquel de "Madame Bovary"

declara: "Madame Bovary c'est moi", Madame Bovary soy yo,

está respondiendo a cualquier pregunta que venga después

sobre qué hay de ti en los personajes.

Mejor dicho que eso no hay nada.

Él lo pudo decir porque Madame Bovary era una mujer adúltera,

suicida, incluso, en la búsqueda de su amor

y no un hombre como él, más bien ilustrado

y dedicado a sus labores.

Parece que para él la diferencia era una reivindicación.

Pero entérense que yo soy todo esto.

Cuando oigo que siguen buscando al verdadero Alonso Quijano,

al verdadero, al que inspiró a Cervantes, digo:

Pero si Alonso Quijano es Cervantes.

Si no, no puede hacerse ese libro.

Tú acabas de decir también no solo lo que has sido,

sino lo que has querido ser.

Pero mira, ando ahora enredado en la redacción de mis memorias,

me doy cuenta de que, en definitiva, pesa más en mi vida

más que lo que he sido, lo que quise ser y no puede ser.

Eso forma parte de tu ser, de tu propia vida.

Por supuesto.

Todas las frustraciones de la vida.

Los caminos no recorridos provocan el despertar...

Hay un momento en el que él compone una canción,

que se llama "Fugaz", me parece,

y que está dedicada a esas mujeres

con las que se ha cruzado y no ha tenido ni una palabra,

es decir, una mirada, un cruce.

Ahora me alegro de que cuentes esto,

porque creo que la vida tiene algo de eso también.

Cuántas veces giras en el camino, haces así y dices:

Todo esto me quedo sin explorarlo.

David, narrador omnisciente, pese a todo lo que estamos diciendo,

tú dices en un determinado momento que mientras duermes y sueñas,

el niño y el adulto están completos, a la vez, sin trascurso temporal.

Dani Mosca en 360 grados a la redonda.

Una visión esférica del personaje.

Sí.

Ahí hay una cosa especial.

A mí me interesa mucho el tiempo.

Me parece que la acotación es el gran teatro de la vida.

A nosotros nos conceden un tiempo que no conocemos en toda su magnitud

pero que intuimos los márgenes que tiene.

Sobre ese tiempo se desarrolla el drama,

es decir, a las personas que retiran de nuestro lado, etc.

El tiempo está ahí.

¿Qué ocurre?

El soñar es el único momento donde yo creo que no hay tiempo.

La sensación que tiene uno en los sueños

es que se juntan todas las capas de tu persona,

incluidas algunas que no han sucedido porque hay miedos y pasiones

y que se cruzan con el niño.

Es muy típico, la gente te dice que ayer soñó una cosa muy rara.

Era yo, estaba hablando con no sé quién,

pero no era no sé quién, era un profesor que tuve en el instituto.

Es maravilloso.

Porque vivimos de una manera que no nos permite mezclar las cosas.

El orden se ha convertido en una obligación,

incluso narrativamente tenemos que buscar un orden,

pero existe esa esfera maravillosa de cuando uno cae rendido,

se apoderan de ti todos los tiempos y toda la esfera de tu vida.

De hecho, ya que hablas del tiempo.

A medida que iba leyendo tu novela,

pensaba en "En busca del tiempo perdido" de Proust.

Naturalmente con un estilo literario muy diferente,

con un carácter y enfoque muy diferente,

pero tu libro es una búsqueda del tiempo perdido.

Sí. Incluso en la estructura.

Sí.

Por ejemplo, no sé si sabes lo que es la analepsia,

yo como estudié preceptiva en el bachillerato, sí.

La analepsia es el recurso a los flashbacks,

al ir y venir de la vida entre los senderos del tiempo y la memoria

y tu libro es eso.

Claro, totalmente.

De hecho, eso para mí era el gran reto estructural:

conseguir que eso funcionara de una manera fluida.

Que en una misma frase hubiera 30 años de la vida del protagonista,

es decir, desde una remembranza hasta una proyección futura.

De la literatura que a uno le gusta,

habitualmente la crítica o tú mismo como profesional,

tiende y creo que es un gran error...

Se ha caído algo. Bueno, seguimos.

Tiendes a una imitación.

Creo que ahí está la gran traición.

Por ejemplo, yo fui muy amigo, esto creo que no lo he contado nunca,

muy amigo de Rafael Azcona,

pero nunca jamás pretendí escribir como él escribía

o hacer los guiones que el hacía.

Me parece que el peor tributo a un amigo

o a una persona que admiras es imitarlo.

Lo que tienes que hacer es tratar de entender

la búsqueda que él hacía o las cosas que hacía,

pero no imitarle.

Imitar es penoso, porque tienes que hacerlo tuyo

y hay cosas en las que te contradices

y mantienes una guerra.

Por ejemplo, a mí me pueden gustar muchas cosas de Proust,

pero puedo sostener una guerra estilística contra él.

Por ejemplo, abro el libro con una cita de Claudio Rodríguez

y la segunda parte con una de Thomas Bernhard,

que me parece un autor que cuando noto que alguien lo copia,

roza más el patetismo.

¿Por qué?

Porque es un autor inimitable.

Es él, es una particularidad

y seguramente habría que leerlo en alemán

para entender su estilo profundamente.

Haré un inciso.

Tú que eres cineasta, ¿crees que esta caída,

porque lo que se ha caído es un foco,

vamos a aparecer envueltos en la penumbra?

(RÍE)

¿O no afectará demasiado? No me ha dado la sensación.

Como cineasta he tenido una deformación profesional

y te voy a decir cuál es.

Cuando se ha caído un foco, solo he mirado tu cara,

porque es en la cara de los actores donde miras la luz.

En general, cuando uno va al teatro o al cine,

mira a los focos pensando que así descubre cómo está la luz.

Yo he mirado tu cara y te veo igual.

Claro, debe ser que se ha oscurecido un fondo.

Bueno, te he interrumpido.

No, a lo que me refería es a eso.

Para mí, Proust es un fundamento esencial de la escritura,

es decir, sobre todo, a los que nos gusta el tiempo como tema.

Es el hombre que hizo la exploración novelística

del tiempo más asombrosa, ya desde el título de su libro.

No es que uno pretenda emularlo, está infiltrado dentro de ti.

Lo que intentas es no emularlo estilísticamente,

no producir una imitación,

que si hay un roce, sea un roce porque te fijas en las mismas cosas

y no porque quieras pasar por ser un impostor.

Bueno, eso que yo pedantemente he calificado de analepsia,

ese ir y venir es lo que carga de tensión el relato,

porque muchas veces estás leyendo cosas

sabiendo ya en qué desembocaron esas cosas.

Lo mismo que hace Priestley en esa pieza magistral,

"El tiempo y los conways" o "La herida del tiempo".

Alterar, en definitiva, poner el segundo acto en el tercero

y el tercero en el segundo y el efecto es demoledor.

El libro comienza, como tú has dicho, con una frase que dice:

"Todos conocemos el final y el final no es feliz",

referida a la vida.

A lo largo del libro, creo que hay unas 30 o 40 ocasiones

en las que el narrador anuncia

lo que va a ocurrir antes de contarlo.

Dice: "Cuando me separé de tal"

y aún no nos ha presentado a este personaje femenino,

es decir, yo ejecuto esa danza que anuncio al principio

como gran enigma de nuestra vida.

La coloco en el libro 30 o 40 veces,

porque me parece que narrativamente es maravilloso.

El poder decir que te voy a contar el día que tú y yo discutimos

y ya no nos volvimos a hablar nunca más.

Y aún no he contado la amistad entre nosotros.

Bueno, tratar de interesar al lector a partir de ahí conociendo el final

es para mí el paso de madurez que da uno

del lector niño al lector un poco más maduro.

El lector niño dice: "A ver si me entero de lo que pasa al final

y quién lo ha matado".

Cuando te haces mayor dices: "Ahora que ya sé quién lo ha matado

y no me interesa nada el argumento del libro,

voy a leerlo otra vez porque sé que lo voy a disfrutar más".

Ese es el paso también en la vida.

Cuando uno entiende cómo se lee la vida.

Además de Dani Mosca, el protagonista,

hay muchos personajes secundarios o no tan secundarios.

Es una novela coral.

Llena de mujeres, de amigos,

de gentes que se cruzan en la vida del personaje.

Sí, es un personaje que ha sido hijo único,

pero ha creado una familia fuera con sus amigos, con su grupo.

Obviamente, una persona que se dedica a estas profesiones

tiene un contacto con la sociedad.

Me parece que, a veces, en la literatura

recurrimos a un fingimiento de la realidad,

porque la realidad es que estamos todo el rato

con gente que nos aborda y que nos perturba,

pero que también nos cambia.

Curioso que sea hijo único.

En tu caso has tenido siete hermanos.

Sí, siete por encima de mí, soy el octavo.

Pero he pensado muchas veces en qué sería la vida de un hijo único

y eso que hablábamos antes de que hay cosas tuyas,

pero también otras.

Siempre recuerdo que cuando algún compañero mío de clase

era hijo único,

yo pensaba estúpidamente que ir a su casa a jugar

estaría muy bien, o sea, es una casa para ti solo como niño.

Me descubría que los padres no querían que fueran otros niños.

En cambio, a mi madre le encantaba que vinieran mis amigos

y se juntaba en casa mis amigos, más tres de mis hermanos mayores,

más otros cuatro y, de pronto, la casa tiene 20 personas

donde todos eran bien recibidos.

Pero yo siempre me preguntaba cómo sería tener todo esto,

no tener este andamiaje alrededor.

Es una novela de muchos ejes.

El amor y los celos, la sexualidad, la amistad,

el arte, la música, el columpio entre lo subjetivo y lo objetivo,

el análisis de distintos ámbitos sociales,

el barrio, el pueblo, la familia, la ciudad,

la noche y la farra.

Realmente es una novela muy rica, David.

Es un gran fresco. Gracias.

Es una crónica de tu generación y de nuestro tiempo.

Te lo agradezco mucho.

No tengo aspiraciones de fresco.

Siempre he pensado que, desde la intimidad,

muchas veces consigues más universalidad

que pretendiendo hacerla.

A veces, noto que las novelas que pretender ser un fresco

o las películas que pretenden ser un fresco generacional

son una retahíla de arquetipos sociológicos uno detrás de otro.

En lugar de buscar el conocimiento de las personas,

se ha buscado la ideología de las personas

o la estampa de las personas.

Eso de "los chicos de 15 años ahora son así".

La realidad es que no.

Cuando conoces a un chico de 15 años,

es un poco como te dicen que tienen que ser

y un mucho de cómo es él.

Ese ejercicio, creo, cuando no está en un libro,

estás empobreciendo el recurso principal de un libro,

que es comentarte a ti, contar lo que has visto

más allá de lo que dicen los sociólogos de como tenía que ser.

Cuando te dicen: "Años 30, la guerra española,

estos eran así, estos eran tal".

Yo siempre me he revelado contra eso.

Cuando he conocido, por suerte, gracias a mi padre,

que me tuvo con 53 años, a un montón de gente mayor, que eran sus amigos.

Cuando yo tenía 8 o 9 años, los veía y decía:

"Esto no es lo que nos cuentan. Estos no son así.

Esta gente era mucho más libre,

esta gente era mucho más compleja de lo que nos dicen que eran".

¿Qué es esta superioridad sobre el juicio de los demás?

Creo que me hizo novelista eso.

El escarbar en la gente y saber que esta persona seguro no es

como dicen que es.

Muchas mujeres en el libro

y cierto victimismo por parte del protagonista.

Son ellas las que siempre ponen punto y final a la historia.

El protagonista se queda un poco acoquinado.

Pero sí hay una historia grande a la que él pone el punto final

y luego la mujer pone el punto final final.

El definitivo. Sí, esto también pasa mucho.

Muy a menudo, sí.

Las historias nunca las cierra uno

y más en las personas que no creemos en la posesión

de la otra persona en la relación amorosa,

sino todo lo contrario, en la reivindicación de su autonomía.

Sí, el protagonista tiene una cosa que me gusta en ese sentido.

Es una persona que ama,

le gustan las mujeres, las disfruta,

pero les concede siempre la autonomía propia

y entre otras está la de entender

que él puede ser un desastre para ellas.

A una le compone la canción donde le declara su amor ya perdido.

Le dice: "Espero que para ti yo haya sido tu gran fracaso".

Le dice que, por lo menos, incluso habiendo salido mal,

o mal en continuidad,

porque hay que entender qué es salir mal en una historia de amor.

Cuando te dicen que ha salido mal una historia de amor,

después de haber vivido 4, 5 o 15 años con alguien,

¿cómo va a salir mal?

Ha salido muy bien, pero ha tenido un final.

Como siempre en tu literatura, mucho sentido del humor.

Te tomas el pelo a ti mismo.

Un poco como lo hace un amigo mío y tuyo, Jorge Sanz,

en esas películas y esas series.

Es que yo creo que debemos tomarnos con un poco de sentido del humor.

Antes lo cuento y creo que no revelo nada raro aquí,

me estabais leyendo algunos de los insultos

o las críticas que os dirigen por las redes,

el integrismo con el que se juzga a veces desde las redes

y en un momento dado nos hemos empezado a reír.

Creo que eso también hay que contárselo a la gente.

Quiero decir, hay determinados insultos

en los que se están poniendo en evidencia a sí mismos

o quién sea que lo haga.

En tu novela hay eso que los antiguos llamaban acedia:

un suave trastorno mental característico de la vejez,

no es el caso de su autor ni de su personaje,

en el que se oscila entre la apatía y la melancolía.

También eso nos reenvía a Proust.

Sí, seguramente.

Mis amigos, cuando era joven,

me decían que ya tenía yo un tono un poco...

(RÍE)

Me decían paternal, viejo precoz.

A veces era insultante, a veces, elogioso.

Para justificarme, para no entrar en juicios sobre mí mismo

decía que estaba fabricado con un semen muy, muy, muy viejo,

el semen de un hombre de 53 años

y que eso me había hecho un jubilado precoz,

es decir, una persona más bien prudente,

con una cierta devoción por la observación.

Cuando un amigo se estaba tirando desde el acantilado más alto al agua,

yo decía: ¿Estás seguro de que necesitas esto

para seducir a esta chica?

A lo mejor charlando con ella también lo conseguimos.

(RÍE)

Dices que en todas las familias hay un secreto y es cierto.

En la familia de Dani Mosca también lo hay.

Yo no sé si estoy revelando la novela, no querría,

pero hay un episodio casi rocambolesco,

por el cual el personaje descubre de repente

que no es biológico ni adoptado del todo,

que está nadando entre dos aguas.

Sí, es un episodio que me ayuda a contar una cosa que quiero contar,

que es que la genética, la raíz o la sangre

no es tan importante como la palabra, como la vida cotidiana,

como la educación, como formar parte de algo.

Claro, vivimos en un mundo

donde las patrias se definen en su bandera, en sus símbolos

y nosotros, creo, las personas inteligentes,

debemos definirlas de otra manera.

No nos pueden servir esos valores tan artificiales.

Nos tienen que venir valores profundos.

Si encontramos una patria, la tendremos que buscar

hacia aquello que para nosotros es importante

y si eso coincide con las de mis conciudadanos, hay patria,

y si es coinciden con unos que viven en Tailandia,

a lo mejor me siento más tailandés que español.

No, simplemente es que tienes acuerdos comunes con ellos.

La página 14 de tu libro, ya que has mencionado esto:

"Nada agobia más a un español que dejar de serlo".

Es que parece que con ser español tienes resuelta la mitad del día.

No, me hace gracia, porque a veces viajo al extranjero

y veo que los españoles se juntan entre españoles.

Nos juntamos, todo el mundo lo hemos hecho.

Nos da pánico adentrarnos en otras civilizaciones o culturas,

cuando quizás uno de los enriquecimientos mayores es ese.

Parte del español también ha sido eso.

El español ha sido emigrante, viajero,

incluso conquistador en el sentido antiguo de la expresión,

es decir, de ir a cortar matojos a ver qué hay aquí detrás.

Los románticos alemanes decían que los españoles

somos hispanocéntricos.

Mira, pues no lo sabía y tienen toda la razón.

Reitero unas cuantas frases de tu novela rápidamente,

porque se nos ha acabado ya el tiempo.

"Los amantes pasan, pero un buen bar es para toda la vida".

"Amar es no poder tomarte otra cuando quieres".

Es que hay una equivocación entre el amar y el secuestrar.

"Uno muere a plazos en contra de lo que pensamos,

porque el final del amor es lo más parecido a la muerte

para todos aquellos que no han experimentado la muerte real".

Unas líneas más adelante añades:

"Mi padre murió de manera definitiva poco después de que Kate y yo

tomáramos la decisión de separarnos.

Mi segunda e inmensa separación.

Nos separamos por una razón principal.

Igual que a veces enciendes la luz de un baño

y ves cucarachas que corren a esconderse,

un día encendimos la luz de nuestra relación

y le vimos la cola a la tristeza.

A veces, adiós es una forma de decir te quiero".

Doloroso. Sí.

Rasca. Sí.

Pero creo que esas cosas son las que hace que mucha gente,

cuando lee el libro,

encuentre una veta por la que él esté involucrado en el libro,

que es lo que finalmente lo que cada escritor buscamos.

Abrir territorios muy secretos, pero que de pronto alguien comparte,

porque tiene una cosa maravillosa el libro,

que la lectura se hace en la intimidad.

Dos intimidades juntas, que eso es imposible en la vida real.

Cuando estoy contigo, estoy quebrando tu intimidad,

pero cuando tú estás con mi libro, está tu intimidad y la mía.

Miguel Hernández decía: "Yo solo soy yo cuando estoy solo".

Claro.

Esto rasca también, David:

"Siempre he estado convencido de que el primer mordisco

de la enfermedad de mi madre se llevó lo que yo más quería,

el beso de buenas noches".

Más adelante:

"La segunda noche consecutiva sin beso lloré en silencio.

Sentí algo amputado dentro.

Si te arrancan un brazo, dudo que duela como perder ese beso".

Sí.

Hay un momento en el que lo pierdes.

Ese trato por parte de la madre hacia el niño,

porque la madre desarrolla un pudor seguramente y tú.

Sin embargo, el secreto lleva esa pérdida para siempre.

Claro que sí.

Última cuestión.

En el libro hay mucho Japón. Ya conoces mis conexiones con Japón.

El protagonista se casa con una japonesa,

tiene dos hijos con una japonesa

y mencionas una palabra japonesa, "hajime",

que significa origen en japonés y una frase entrecomillada:

"Envidio la ola que regresa al origen".

En el "Manual de zoología fantástica" de Borges

hay un pájaro fantástico que vuela con la cabeza vuelta hacia atrás,

porque le importa menos saber adónde va que dónde está.

¿Es tu caso? No.

Tengo curiosidad por saber adónde me lleva la corriente,

pero sí que envidio la ola que cada vez vuelve,

que tiene energía para volver a empezar,

para volver a hacer eso que consiste la vida,

en repetirnos unos a otros el mismo proceso,

uno detrás de otro.

Sin embargo, queremos ser personas auténticas.

David, chocolate negro de los humanistas y uasabi.

Maravilla.

Tu libro no es uasabi, pero es wabi sabi.

No sé si sabes lo que es. No.

El día que entiendas lo que es el wabi sabi,

entenderás el Japón.

Tú sabes mucho más de Japón que yo.

Solo espero que te lo hayas creído,

que te haya funcionado lo poco que cuento.

No solo me lo he creído,

sino que me he reconocido en todo lo que cuentas de Japón

y cuentas muchas cosas de Japón.

El protagonista se pasa cinco años en Japón.

Sí.

David, muchas gracias por venir. Gracias.

Vamos.

Señoritas, podéis salir en busca de David Trueba.

David, antes de que salgan en tu busca,

tengo que decirte que, cuando yo anuncié

que iba a invitarte a que vinieras a "Libros con uasabi",

hubo un grito de entusiasmo generalizado

proferido por estas tres mujeres.

"Bien, viva, hurra".

Supongo que esto te halagará.

Muchas veces no está el invitado,

porque nos quedamos nosotros cuatro conversando sobre libros

y en tu caso dijimos que no, que esté David con nosotras,

porque nos apetecía mucho conversar contigo.

Tomo la palabra la primera,

porque decías al final de la entrevista,

que has leído algunas frases que, efectivamente, rascan,

tal y como decía Dragó.

El libro me ha gustado mucho,

pero una de las cosas que verdaderamente me han rascado

es a lo que hacía referencia él.

Toda la parte que se refiere a lo femenino,

todas las mujeres que salen en tu historia

y tal y como lo relatas,

me parecen historias muy dolorosas.

Empezando por el personaje de la madre,

todo el recorrido que tiene,

como el de la primera novia tan amada

y todo lo que viene después.

Claro, decías antes:

"Madame Bovary c'est moi".

Yo también reconozco muchas cosas tuyas personales en este libro.

Es inevitable cuando se lee un libro de ficción

de alguien a quien tú conoces.

La verdad es que me resultaba aún más doloroso,

porque era una faceta de ti que seguramente escondes muy bien

y que sacas en este libro.

Te reconozco, David, que me han entrado ganas de...

No sé, decir, ¿qué pasó?

(RÍE)

¿Qué pasó con ese amor hacia las mujeres?

No.

Es un libro que habla, te lo explico y lo vas a entender,

aparte de que me han pasado, como a todo el mundo, muchas cosas.

Pero es un libro que, uno de los asuntos de los que trata

es de las ilusiones y de los ideales.

Pero no solo las amorosas, sino también el de la amistad,

la profesión, la paternidad, es decir,

la persona necesita ideales para ser quien es,

porque los construye él mismo, los fabrica.

"Estos son mis ideales", los pone ahí

y su vida emprende un viaje hacia esos ideales.

¿Qué ocurre?

Que los ideales van siendo saboteados,

él mismo no es capaz de alcanzar sus ideales.

Las personas no somos capaces de alcanzar nuestro estado ideal.

Entonces, entras en una encrucijada que tiene que ver con los 40 años,

que es cuando dices: ¿Qué hago?

¿Fabrico nuevos ideales

o trato de seguir caminando hacia los míos,

aunque sepa que son inalcanzables

o aunque sepa que son muy difíciles de conseguir del todo?

Y él toma la decisión más optimista del mundo,

porque una de las cosas que puedo ser es fatalista,

pero optimista, es decir,

no pierdo la energía de volver a levantarme

y de volver a salir al campo.

Dejadme una pregunta más.

En relación al tiempo, que también decíais en la entrevista

está esa maravillosa obra de teatro, que es "El tiempo en los Conways".

La hemos mencionado.

En la que los actos están cambiados de manera que sabes al principio

lo que va a suceder al final, todo el proceso de esta familia.

Tú lo haces en tu novela

y recuerdo que hace unos meses estábamos grabando con Jorge Sanz

y dijiste una cosa que también me tocó el corazón, porque es cierta

y es que decías: De esta serie y del arte,

señalando al cielo como has hecho antes,

lo que sucede es que las cosas que cuentas en ficción

te acaban sucediendo en la realidad.

Es como si estuvieras llamando a los dioses o a lo que sea

para que esto te ocurriera luego en la vida.

Esa es una versión un poco dura.

Yo creo que tú escribes de algo porque es algo a lo que temes.

Entre otras cosas.

Hay cosas que conoces y hay cosas que temes.

Escribes de ellas y suceden.

Y piensas, supersticiosamente:

Dios mío, cuando escribo de algo, me pasa.

En esta novela, para mí, está la cosa más gorda que me ha pasado nunca.

En esta novela, la madre,

desde el momento que empieza la novela,

cuando él tiene 12 o 13 años, desarrolla el alzhéimer.

Yo tenía un amigo al que le había ocurrido eso

y éramos muy jóvenes.

Teníamos 15 años y su madre tenía alzhéimer.

Yo pensaba que era una enfermedad de ancianos.

Era muy desasosegante.

Entonces, ese personaje me lo quedo, lo transporto para mí

y, cuando acabo el libro, me llaman del hospital,

por mi madre, que está perfecta de cabeza y de todo,

ha sufrido un infarto cerebral

y va a quedar como está ahora,

con enormes lagunas y muchas cosas.

Entonces, mis hermanos, cuando leyeron el libro dijeron:

¿Esto lo has escrito antes?

No, esto estaba escrito después.

No puedes pensar en la superstición.

Simplemente de lo que hablas es de los miedos cotidianos

y los miedos cotidianos, un día u otro, te atrapan.

Un día u otro te atrapan.

David, yo quisiera agradecerte

tu presencia aquí por varias razones.

Una porque por fin hemos conseguido que Dragó se lea una novela,

que se la lea de verdad, sin remilgos y sin reparos,

sin melindres.

Es una novela maravillosa.

Creo que ha quedado claro que a todos nos ha gustado mucho.

Es una novela que está muy por encima del nivel

de lo que se está escribiendo hoy en día en todo.

Pero yo tengo una sospecha sobre esta novela tuya.

Una intuición.

A ver, yo te conozco menos personalmente que Ayanta

y creo que eso juega a mi favor como lectora.

Dragó está fascinado con tu novela, porque era muy egográfica.

Yo creo que no es tan egográfica.

Creo que tú, astutamente,

pareces más autobiográfico de lo que eres, o sea,

que destilas y decantas más de lo que parece.

Obviamente, abrevas en tu vida y en tus sentimientos,

pero como nos acabas de contar, el alzhéimer era prestado,

que hay más cosas prestadas, azules

y viejas de lo que parece en la novela.

Eso me ha generado una reacción muy curiosa.

Cuando normalmente lees a un autor que te gusta,

tienes muchas ganas de tenerlo delante, de hablar con él.

Como decía Ayanta, que peleamos aquí a muerte las tres.

Vi un cambio, sobre todo, después de leer esta última novela,

siento un extraño pudor ante ti.

Como decías antes en la entrevista, las intimidades se tocan al leer.

Yo siento la extraña vergüenza de tenerte delante.

Entre otras cosas, porque a mí la cosa

que más me ha rascado de tu libro es tu obra tan creativa de perder

que además viene de otros libros.

Tu manera magistral de literaturizar la pérdida,

de dar carpetazo al amor.

Yo también he tenido que dar un carpetazo de esos no hace mucho

y por esa razón voy a hacer una cosa

que es una gran trasgresión en este programa.

El maestro no nos deja prestar libros.

Yo voy a hacer algo peor, yo te lo voy a regalar.

Yo os dejo prestar libro, lo que no hago es prestarlos yo.

Nos aconseja no hacerlo.

Te voy a regalar el libro de Orhan Pamuk, "El museo de la inocencia".

No lo voy a recomendar, porque ya lo recomendé en su día.

Este es un libro que me salvó la vida

en una crisis amorosa no muy lejana, bastante reciente.

Yo diría que, entre este libro y el tuyo...

Se puede fabricar una casa. Sí.

Además, está dedicado por él, por Pamuk, el Premio Nobel.

Es un honor. Te lo doy de todo corazón.

A cambio de lo que tú me has dado en tu libro, gracias.

Muchas gracias.

Ha dicho antes Fernando que la novela era wabi sabi.

Decías esa belleza imperfecta que acabáis de hablar

de las ilusiones, de la vida, de lo que supone empezar,

de la adolescencia, lo que uno quiere ser.

Déjame que intercale una cosa.

Es que tengo aquí marcado es este libro,

que era uno de los libros que iba a recomendar,

libro de una escritora de la cual no sé nada,

Perla Domínguez, que es una uruguaya.

Es un libro sobre Japón y aquí dice,

hablando de la ética y la estética en Japón:

"Sus tres principios fundamentales son wabi, sabi y shibui.

Tres términos intraducibles.

Wabi constituye un gusto pronunciado por la sencillez y la tranquilidad,

en oposición a la profusión y la dispersión, fuentes de inquietud.

Sabi es la traza del tiempo sobre la materia,

que hace de cada objeto algo único y agudiza la conciencia del presente

y shibui es la belleza en sí, capaz de satisfacer

nuestras necesidades emocionales, intelectuales y espirituales".

Creo que es una buena definición de la vida.

Sí, porque la vida no es perfecta ni mucho menos,

ni la felicidad es una constante

y en el libro, en ese sentido, se conduce,

como se dice en inglés, "slow drive", un viaje tranquilo.

Si me permites. Un momentito.

Para matizar lo que he dicho antes,

por los comentarios que haces, que no se ha entendido.

Dar carpetazo al amor cuesta,

pero se aprende mucho de desamor en tu libro.

Y ya está.

Todos los carpetazos cuestan en la vida.

Sí, pero es creativo.

La única reflexión que quería hacer es esa.

Que sobre la pátina de óxido que se posa en lo dorado,

que eso es un poco el wabi sabi.

A mí no me gusta leer novela, porque normalmente,

por mi vena empollona, me gusta memorizas cosas,

las frases y tal y de la novela no voy a sacar mucho en conclusión,

pero de la buena novela sí,

porque tienes personajes que están muy bien definidos

y esto es la vida.

La vida, efectivamente, no pasan tantas cosas

como en esas novelas que nos quieren contar hoy en día,

en la novela negra, que todo es tan estresante.

La vida es más lineal y pasan muchas menos cosas.

Hay frases, David, que son geniales.

Tengo algunas de ellas.

"Un hombre es una pelota sin dueño".

Me encanta ese eufemismo.

Luego también dices:

"Morir, como nacer, es un proceso laborioso y sucio".

Es verdad.

Por otro lado: "El orgasmo masculino es una celebración exterior,

como una verbena de pueblo, la fiesta de San Juan".

(RÍEN)

Cuando lo hay.

Me quedan dos.

"Volvemos al pasado porque tenemos miedo de no existir en el futuro".

Esto también es verdad y es muy humano.

Luego, por otro lado: "Las últimas pasiones de una persona

son el mejor complemento a las primeras de otra".

Por las relaciones de una persona joven con una mayor.

Es casi ensayística la obra.

Solo quería decir eso.

Al final, yo sí he aprendido leyendo esta novela

y me ha gustado mucho tanto la reflexión que haces

de este Dani Mosca que puedes ser tú o no,

no sé si te pones muy serio cuando haces el amor,

como dices en la novela.

Es ensayística porque es una novela filosófica.

Totalmente.

Me encanta las excusas que os estáis buscando.

Aquí te salvo, Ayanta, de esta cursilería,

para justificar que os ha gustado esta novela.

Todo por no admitir que os ha gustado

porque es buena de cojones.

No tengo ningún inconveniente en decirle al invitado

que no me gustan las novelas pero en este caso sí.

Ahí se demuestra que vuestro desprecio a priori,

que Ayanta no comparte,

es un postureo cuando no una debilidad.

No, no.

Aquí tenemos un contencioso con novela sí o novela no.

Ese contencioso existe.

Sí, pero no tienen razón.

Fernando, yo diferencio entre narración y novela.

A mí la novela no me gusta y esto es una narración.

Yo creo que toda la literatura debe ser narrativa,

también el ensayo, también la filosofía.

No es una pose, es que es así.

A mí lo que no me interesa es que se inventen personajes.

A mí me interesa que relaten personajes.

Lo que realmente me parece que es tu novela,

porque la he definido como crónica de una generación.

Es la crónica también de mi generación.

Por supuesto que hay elementos distintos.

Sin ir más lejos, la banda sonora.

La banda sonora de tu novela

no es la de mi adolescencia y juventud, es distinta.

Pero yo me he reconocido egográficamente en tu novela

tanto como te he reconocido a ti y a cualquier otro ser humano.

Esa es la virtud de la gran literatura.

Es un retrato del ser humano.

¿No puedes ser simplemente que este hombre escriba tan bien

que tú te creas que es egográfico algo que está creando?

¿Contemplas esa terrible posibilidad?

No se trata de que el yo narrativo sea el yo personal,

que por lo que lo conocéis a él se intuye.

Yo lo he leído y no sé si David de verdad es así,

pero me gusta porque lo veo muy real dentro de lo que dice Fernando.

Cuenta una generación que no es la mía,

pero la veo y a veces la envidio y otras veces la aborrezco

y me crea sensaciones.

Esa es la buena narrativa, insisto, que no novela.

No es novelero.

No es novelero pero es novela.

Os gusta porque está bien escrito

y está bien escrito porque trasciende.

Nos reconocemos.

Di algo, David.

(RÍEN)

Yo soy un gran defensor de la novela.

Me parece que la novela sigue teniendo una fuerza y una potencia

en su filosofía, en su manera de acercarte la vida de los demás,

pero no siendo presa de la vida de los demás.

La biografía tiene algo intrascendente,

porque es la vida de alguien

y ese alguien ha tenido unas condiciones y sucesos únicos

que le han hecho ser como es.

La novela te permite ampliar esa perspectiva

y hacer algo un poco más amplio donde metes muchos personajes

para crear o universalizar algo de la peripecia,

pero estoy de acuerdo con vosotros en que, en gran medida,

la novela contemporánea ha decidido ser dos cosas,

las dos totalmente, para mí, erróneas:

una es un conjunto de narrativa o de peripecias

o de suceso folletinesco, del folletín de antes.

Es abrir una puerta y se ha muerto el niño,

luego la madre no es su madre, entonces el padre se ha ido...

Es un folletín sin sentido.

La otra es que, en ocasiones, traiciona tanto a la novela,

es decir, es tan artificiosa o tan metaliteraria,

es casi un ensayo de un profesor de universidad,

un catedrático que está muy preocupado de las comas,

que tampoco es una novela.

David, aquí hay mucho de profesor universitario.

Eso de "las lágrimas del padre son de plomo".

Me parece que da para un ensayo.

Eso no quita que haya buena novela al igual que hay muy mal ensayo.

Lo que digo es que cerrar las puertas en plan búnker

como se la cerráis vosotros a la novela,

es una limitación literaria.

Pero la hemos leído. Claro, a la fuerza ahorcan.

La prueba es lo que estaba diciendo de la novela David Trueba.

La novela es una metáfora.

Las metáforas son útiles.

Fernando ha dicho antes una cosa muy inteligente,

que quiere que sea narrativo un ensayo.

Cuando un buen profesor, cuando un buen ensayista

sabe contar, se abre un mundo.

Bueno, ahora en la política se habla de relato.

Cuando un político hace un relato,

la gente entiende de qué está hablando.

Cuando hace son palabras vacuas,

tenemos el problema que tenemos ahora.

Un montón de palabras bonitas al servicio de nada,

libertad, independencia, ¿pero qué significa?

Lo narrativo es la cortesía hacia el lector.

Además, los orígenes de la literatura

es la tentativa de explicar el mundo y sus misterios

en forma de mitos, de leyendas, cuentos infantiles, fábulas.

Y con cierta profundidad, para nada superfluo.

Fijaros en un escritor como Zwaig,

que vuelve a este programa una y otra vez,

que era capaz de escribir novelas, ensayos,

incluso una autobiografía sobre su pensamiento y tantas cosas.

Todo estaba narrado de tal manera que cualquier género que abordara

que realmente podría interesar,

independientemente que te gustara o no ese género.

Por lo tanto, obviamente lo que prima

es que quien escribe sepa escribir y sepa contar algo.

Es una pregunta de lectora.

En vez de Dani Mosca, ¿por qué no hubiera podido ser David?

Claro, debería ser real.

¿Da pudor al escritor decir: "Este soy yo"?

No el decir "soy Madame Bovary".

No, este soy yo.

Creo que si escribo de mí,

tendría que escribir completamente de mí.

Ahora lo llaman autoficción a eso. Terrible también.

Cuando leo la autoficción,

en muchas ocasiones me encuentro que hay una trampa,

que es autoficción hasta donde él quiere.

Claro.

Es decir, si yo escribiera de mí, sería muy impúdico,

iría hasta el final y contaría lo que pienso,

lo que digo y lo que hago, porque ese es el género que adopto.

Entonces, podría hacerlo, pero me parece que mi vida

es más limitada que la de los personajes que hago.

Me parecen que ellos obtienen un sentido.

¿Cuál es el drama de las personas?

Que no hay sentido a nuestra vida.

La narración es la que le da sentido.

Cuando alguien viene y cuenta su vida, bien,

pero desde dentro solo veo caos.

Estoy aquí ahora, saldré y me iré a una comida.

Es un caos.

En cambio, en una novela...

Dani Mosca, forzosamente, es más rico que tú,

porque incorpora, como hemos dicho antes en nuestra conversación,

lo que has querido ser, lo que has sido, lo que pudiste ser.

Claro, ordeno sus peripecias,

no quito cosas por si ofendo a no sé quién,

con esto se va a enfadar.

No, todo lo contrario.

Hago el ejercicio con él,

pero conmigo sería un género distinto.

Lo podría hacer en alguna ocasión.

Antes de que se pusiera tan de moda esto,

había un libro de Hanif Kureishi, "Intimidad", que me gustó mucho

y que desató, quizás, una ola

y la ola hay un momento en el que nos ahoga,

pero tenía interés.

Cuando leo libros de autoficción, me gustan

y tengo amigos que lo practican.

Al final siempre sale también, yo me pinto a mí mismo.

En cualquier caso, queda claro que esta novela de David Trueba

es una de esas novelas que da pie a hablar de cualquier cosa

y que necesitaríamos estar con una chimenea,

con unas botellas de buen vino, unas lonchas de jamón,

hablando, hablando y hablando.

No lo podemos hacer, nos quedan cinco minutos.

¿Qué nos vas a recomendar, David?

Pues os iba a recomendar una novela, que se llama "Martutene",

que es una novela de hace ya un par de años

de un escritor que se llama Ramón Salzarbitoria.

Una novela escrita en euskera, yo la he leído en castellano.

Es un novelón gordo, que me gustó mucho,

porque tiene personajes muy eléctricos.

Es una novela que habla de sentimientos pero no es sentimental,

que es una cosa que suele confundir la gente.

Les molesta que hables de sentimientos

y es que si no hay sentimientos seguramente no haya nada interesante.

Pero eso no significa que seas sentimental

o que el tratamiento sea sentimentalizador.

"Anna Karenina", "Madame Bovary" están llenas de sentimiento.

Sin sentimiento no hay novela,

pero los que escriben la novela miran los sentimientos

como mirarían por un microscopio a una rana a la que operar.

Esta novela me gusta en ese sentido.

Tiene ese valor de meterse en unos terrenos muy pantanosos

para la novela contemporánea y salir muy bien dotada.

Ayanta, tu recomendación. A toda mecha.

Mi recomendación es "El balcón en invierno" de Luis Landero.

Pensé en recomendarlo, David,

no sé si lo has leído.

Es un libro que cuenta la historia también de la pérdida del padre

y también de este problema entre la ficción y la memoria.

De hecho, Luis Landero empieza a escribir una novela de ficción

y llega a la tercera o cuarta página y dice:

"Basta, no quiero en estos momentos de mi vida escribir ficción,

lo que me apetece es contar mis recuerdos infantiles

y no tan infantiles,

todo el periplo a raíz de la desaparición del padre".

Al principio se presenta como una figura negativa y autoritaria,

así muy oscura y, poco a poco,

va cobrando la luz que él mismo no supo ver en vida.

Por lo tanto, me parece una novela muy bien escrita,

con un castellano verdaderamente extraordinario

y una historia que a mí me ha emocionado

no solo por lo autobiográfico, sino porque es universal.

Es ese amor reconocido cuando ya la persona no está.

Ana, 30 segundos.

A toda mecha, un libro que se recomienda solo.

Lo conocerá todo el mundo, "Pedro Páramo".

Hay muchas ediciones en el mercado.

Lo recomiendo, primero, porque siempre es un buen momento.

El centenario.

Y aparte de eso, porque bajo el humor,

que es la mejor máscara de las lágrimas,

bajo el humor de tu novela he encontrado una veta trágica,

que me ha llevado directamente a Comala.

Elia. Rápidamente.

"En defensa de la conversación".

El poder de la conversación en la era digital.

Yo insisto mucho con este tema, porque creo que hoy en día

estamos hipervigilados, en esto que decías

de "yo a la mujer le dejo".

Hoy en día existe una hipervigilancia.

Comparto, luego existo.

Parece que si no tienes eso de mercadear con la felicidad.

Fíjate en los estudios que dicen la universidad.

Los estudiantes preferían que les dieran descargas eléctricas

a pasar un día solos en una habitación con sus pensamientos.

Es fuerte y me lo creo.

Dice que tiene que haber tres sillas:

la de la soledad, estar con uno mismo y conversar con los amigos.

Hay mucho en el libro de conversaciones muy reales.

También la laboral.

Pero dice que hemos incluido una más, con la máquina

y hablamos constantemente con ella.

Como seres ontológicos que somos, debemos reemplazar las sillas

y ponerlas en su sitio.

Esa era la reflexión.

Yo, humilde como soy, como es mi naturaleza,

renuncio a hablar de los dos libros que traía.

¿Pero tenemos concurso, padre? Efectivamente.

No renuncio a plantear el concurso.

Tenemos un concurso que consiste en leer el comienzo

de algún libro célebre a ver si lo averiguan.

Lo hace para humillarnos.

No, porque hay algunos que ni yo sé.

Por cierto, para humillaros,

¿en qué novela celebérrima aparece un personaje importante en ella

que también se llama Mosca,

como el protagonista de la novela de David Trueba?

A ver, listillas.

A ver, dilo.

"La Cartuja de Parma".

Muy bien, David. Es verdad, cierto.

Efectivamente, el conde Mosca.

Podéis participar todos los que nos estáis viendo.

Todos los espectadores en el Twitter,

en @librosconuasabi.

No vale mirar el Google.

Bueno.

Y hay premio.

Os enviaremos un libro, no hemos dicho qué libro esta semana

o es el mismo de la semana pasada, "Pacto de sangre".

Bueno, ya veremos.

No lo habíamos pensado.

Un libro, un libro bonito.

Un libro mío. Sí, un libro de Dragó.

@librosconuasabi es nuestro Twitter

y a ver si adivináis este comienzo.

Bueno, esto deberíais saberlo todos.

"Una alegre y suave oleada eléctrica silbada por el despertador

automático del órgano de ánimos que tenía junto a la cama,

despertó a Rick Deckard sorprendido.

Siempre sorprendía despertarse sin aviso previo.

Emergió de la cama, se puso en pie

con su pijama multicolor y se desperezó.

En el lecho, su esposa Irán abrió sus ojos grises, nada alegres,

parpadeó, gimió y volvió a cerrarlos".

Cuando digo que deberíais saberlo, especialmente Ayanta y David,

es porque es una novela, pero también es una película.

Sí.

¿El del sueño con las ovejas de K. Dick?

¿Acaso sueñan las ovejas?

"Blade runner".

Lo ha ganado todo David.

Dadme el libro.

(RÍEN)

Y eso que no tengo Twitter. Haces bien.

Llega el momento del poema.

He escogido un poema que creo que es consonante

con la novela de David Trueba.

Es del último de Antonio Machado, que dice:

"Hoy te escribo en mi celda de viajero

a la hora de una cita imaginaria.

Rompe el iris al aire el aguacero y al monte su tristeza planetaria.

Sol y campanas en la vieja torre.

Tarde viva e inquieta que opuso al panta rhei su nada corre,

tarde niña que amaba a su poeta.

Y día adolescente, ojos claros y músculos morenos,

cuando pensaste a amor, junto a la fuente,

besar tus labios y apresar tus senos.

Todo a esta luz de abril se transparenta;

todo en el hoy de ayer, el Todavía que en sus maduras horas

el tiempo canta y cuenta, se funde en una sola melodía,

que es un coro de tardes y de auroras.

A ti, Guiomar, esta nostalgia mía".

Antonio Machado dijo que la poesía es palabra del tiempo.

El wabi sabi es belleza sometida al paso del tiempo.

Sirva también esa definición para la novela "Tierra de campos"

de David Trueba.

Me ha parecido magnífica.

Nos vamos.

Libros con uasabi - 11/06/17

11 jun 2017

Programa divulgativo sobre literatura. Entrevista a David Trueba por su novela "Tierra de campos".

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