Libros con uasabi La 2

Libros con uasabi

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Para todos los públicos Libros con uasabi - 02/04/16 - Ver ahora
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Vamos a hablar de lo que quizás sea la mejor literatura

que hoy se escribe en el mundo

y, desde luego, la que más interesa a los jóvenes.

Me refiero a la que nos llega desde Japón,

que, durante varios siglos, lo hizo con cuentagotas

y ahora lo hace a raudales.

Fue Mishima, con su seppuku,

quien obligó al resto de la humanidad

a descubrir un filón de alta literatura

que permanecía en secreto,

envuelta por el exotismo, la lejanía y la penumbra

de un país que siempre ha practicado

lo que un célebre ensayista llamó "estrategia de lo invisible".

Mishima, al forzar la cerradura del hara, el chakra del abdomen,

con la llave de una katana,

abrió también, extramuros del Japón,

las puertas y compuertas de esa literatura.

Abramos las nuestras.

Todo está en los libros.

Todo está en los libros.

Todo, todo, todo está en los libros.

¿Han oído ustedes hablar del wabi-sabi?

Del uasabi ya sé que sí, pero ¿del wabi-sabi?

Solo a la luz de ese concepto

cabe entender el país del sol naciente

y percibir el singular aroma de su literatura.

El problema estriba en que ningún extranjero puede desentrañar,

según los japoneses, lo que esos dos ideogramas esconden.

"No se esfuerce", dicen, "no es algo que se aprenda ni que se enseñe.

No está en los museos. Los maestros no lo explican.

Los libros, tampoco.

Si lo analizas, deja de ser wabi-sabi.

Definirlo es traicionar su espíritu".

"Entonces", arguyo, "¿cómo lo has averiguado tú?".

"Nadie lo ha averiguado. Lo hemos mamado".

Negarse a definir verbalmente el wabi-sabi

es actitud derivada del recelo que el budismo zen

nutre hacia el lenguaje.

Este, sostienen sus maestros,

es un obstáculo para la recta comprensión.

La sabiduría no se transmite por el cauce de las palabras,

orales o escritas que sean.

"Cuanto más tenerlo quise", escribió San Juan de la Cruz,

"tanto menos me halló".

"Cuando ya no lo quería, téngolo sin querer".

Hablaba de Dios,

de aquel que no se cuenta, ni se representa, ni se explica.

¿Cómo resolverá esto el diccionario?

Lo hace con dos ideogramas.

El de "wabi": frescura, quietud, sencillez;

y el de "sabi": belleza, serenidad, pátina.

Objeto o ambiente caracterizado por su simpleza rústica,

apunta Google.

Es lo marchito, lo desgastado, lo deslustrado,

lo agrietado, lo desdibujado, lo retorcido, lo agridulce,

lo descolorido, lo débil, lo melancólico, lo solitario,

lo meditabundo, lo lánguido, lo humilde, lo desdichado,

lo intrascendente, lo oculto, lo silencioso, lo provisional.

Nada dura, nada está completo, nada es perfecto.

Alta filosofía del budismo zen y mahayana,

del taoísmo, del sintoísmo.

Eso es el wabi-sabi, y eso es lo que no es.

Decía Quevedo que solo lo fugitivo permanece y dura.

Y nosotros, para hablar de literatura japonesa,

hemos elegido a un escritor español que escribe sobre Japón

y que ha vivido largamente allí: José Pazó,

autor de la novela "Banteki, el salvaje",

recientemente publicada por Libros de la Ballena.

En ella no hay wabi-sabi, sino todo lo contrario.

A ver lo que nos dice quien la escribió.

(Música)

Don José Pazó.

Gran sorpresa la de este libro, "Banteki, el salvaje".

Sorpresa mía, sorpresa de nuestro común amigo Ramiro Calle,

y creo que también de alguna de las chicas del programa.

La vieja guardia oriental. Antecedentes.

Antecedentes tuyos. "El libro de la rana", exquisito.

Variaciones sobre ese haiku celebérrimo de la rana.

Y la traducción de "Un occidental en Japón",

del libro de memorias de Donald Keene.

Los dos eran libros, tanto el que tradujiste

como el que escribiste, y te medio inventaste,

muy admirativos y muy japoneses.

Y ahora, en tu primera novela, que, efectivamente, es salvaje,

trazas una visión apocalíptica, a decir poco,

de la sociedad japonesa. Brusco golpe de timón.

Sí, brusco golpe de timón.

Lo que pasa es que son casi coetáneas.

Yo escribí "El libro de la rana" y "Banteki" prácticamente a la vez.

Pero son dos voces diferentes. O sea, "Banteki" fue una voz.

Salió realmente como una voz dentro de mí.

Yo en ese momento estaba viviendo en Japón.

Había vivido mucho tiempo.

Y Japón siempre ha despertado en mí esta ambivalencia

y estas oposiciones.

Por un lado, la exquisitez;

por un lado, el minimalismo en todo;

pero, por otro lado, hay una corriente en Japón

oscura por debajo, que yo creo que corre en la sociedad,

que es muy diferente.

Has oído mi discursillo inicial, donde hablaba del wabi-sabi.

Y yo he dicho que en este libro no hay mucho wabi-sabi,

y tú, en cambio, sostienes lo contrario, que hay wabi-sabi.

Yo creo que hay. Es verdad que intercalas

algunas estampas del "Genji Monogatari",

en fin, eso de las tres...

El cuento ese que intercalas de los dos viejos.

Pero mucho wabi-sabi no hay, José.

No. Fíjate que disiento en ese sentido,

porque el wabi-sabi es el gusto de lo japonés

por lo imperfecto, por lo incompleto,

por lo torcido, por lo asimétrico.

No añadas más adjetivos a la ristra que he utilizado.

Fíjate que es un concepto que, antes de ir a Japón,

en las primeras lecturas que hice sobre Japón,

que hice algunas que me marcaron mucho,

y algunas, japonesas,

sobre el wabi-sabi leí por primera vez en el "Summa Artis",

que tiene un tomo sobre el arte japonés magnífico.

Y enseguida, aquella definición me tocó de alguna manera.

El hecho de que hubiera un país

cuyo arte lo basara en unos principios...,

primero, dificilísimos de explicar,

pero, después, tan diferentes del occidental,

fue algo que sentí muy cercano de alguna forma.

Luego, en cuanto descubrí un poco el zen...

El zen lo llevó a un extremo mucho mayor,

porque el zen es torpedear el lenguaje, es torpedear la razón.

Y el wabi-sabi yo creo que va por ahí más que nada.

El wabi-sabi va más por la desolación que hay

después de exprimir las palabras.

Sexo por doquier en el retrato de una sociedad

que, en gran medida, es una sociedad asexualizada.

Los famosos hikikomori, los chicos herbívoros

o soshokukei danshi, que se niegan absolutamente a hacer el amor.

Ha descendido la venta de condones estrepitosamente

desde el año 1999 en Japón.

Tú conoces este fenómeno de los chicos

comprendidos entre 18 y veintipocos años

que se niegan a ir con mujeres,

que han creado una moda especial con sostén, con corpiños,

que se pulen las uñas, que se ondulan el pelo,

que se tiñen, etc.

También están las chicas carnívoras, claro,

que es la respuesta de las mujeres a ese fenómeno.

Pero tú pintas sexo por todas partes.

Sí, porque creo, primero, que Japón es una sociedad muy sexual,

muy sexualizada simbólicamente.

Y en cierta manera, es un adelanto de lo que está ocurriendo

en occidente también. Estoy de acuerdo, sí.

En occidente, el sexo está, no te digo desapareciendo,

pero pasando a un plano totalmente diferente.

Vivimos de un sexo simbólico.

Estamos rodeados de símbolos sexuales todo el día.

Y Japón estaba ya así hace bastante tiempo.

Pero ¿no crees que está desapareciendo

sobre todo en lo concerniente a los varones, y no a las mujeres?

Como lo demuestra este fenómeno de los chicos japoneses

que renuncian al sexo, y, en cambio, las chicas carnívoras,

normalmente mujeres de 30 años...

Aparecen también chicas carnívoras en tu novela.

Esa chica que en el metro, en fin, se empieza a rozar

con el protagonista, que eres tú,

y le pasa el teléfono con la palabra "amor".

Claro, porque...

En Japón, gran parte del sexo se da en sitios rarísimos.

Uno de ellos, los metros y el transporte público.

El chikan, ¿no?, los hombres que aprovechan esas situaciones

para meter mano a su manera. Son muy comunes.

A mí en Japón me sorprendió saber que había libros

que decían cómo meter mano en el metro.

Te puedes comprar un manual en una librería,

que está en una estación, sobre algo así.

En Japón puedes comprar libros de cosas rarísimas.

Puedes comprar libros sobre cómo suicidarte mejor,

sobre cómo meter mano en el metro.

Hay una libertad de prensa tremenda.

Pero al mismo tiempo hay vagones en el metro

exclusivamente para mujeres. Cuando yo vivía, no había.

Luego los hicieron.

Pero yo creo que esas cosas los japoneses, primero,

no sé si tienen muy claramente un discurso moral sobre ello.

Segundo, sus reacciones muchas veces tienen que ver

con la opinión de los occidentales.

Japón, desde Meiji,

gran parte de sus reacciones en la vida diaria

tienen que ver con si es algo vergonzoso o no,

y si pierden la cara con occidente o no.

Yo creo que estas cosas,

en fin, este tratamiento del sexo muy particular,

muy raro, es algo que se puede ver en obras ya antiguas.

En el "Genji Monogatari", Genji, hay un momento

que no se puede acostar con una mujer y coge al paje:

"Bueno, me acuesto con el paje".

O en otro momento, una mujer muy fea,

dice: "Le voy a hacer un favor. Esto es un favor kármico.

Me acuesto con ella.

Y no me atrae".

Este tipo de relación con el sexo, que aquí nos extraña en el fondo,

en Japón creo que forma parte de la corriente.

Pero esa promiscuidad a la que aludes en la novela,

y que es la que anima el episodio de la chica en el metro,

al mismo tiempo es un país donde la gente,

si la rozas al pasar por la calle, da un salto y se aparta.

La gente no se toca.

Yo creo que el tabú es lo que exacerba

el sexo en ese sentido.

En Japón hay ciertos tabúes en cuanto al contacto muy fuertes

en la vida diaria.

Y eso provoca que luego el sexo salga de otras formas.

Y otras formas muy particulares.

En los jóvenes, comentabas antes...

Claro, los jóvenes en Japón es un mundo muy particular.

Fascinante para el resto del mundo, creador de tendencias,

de un montón de cosas. Pero, realmente,

esos jóvenes son particulares, son diferentes.

Muchas veces tienen estos principios tradicionales que...

Más contradicciones, José.

Suciedad y mugre, en el cuadro que tú pintas de Japón,

en el país más pulcro del mundo.

En un país donde casi puedes freír huevos en la acera.

Sí, porque, vamos a ver, no todo Japón es totalmente limpio.

En Japón hay muchas cosas, digamos, sucias o anómalas.

Yo vivía cerca de Osaka, en Kobe. Kobe es una ciudad preciosa.

Eso te iba a decir, tú pintas el Japón de Osaka y de Kobe,

que no es... Kobe es una ciudad muy bonita.

Es una de las ciudades internacionales.

Para ellos está relacionada con lo extranjero,

con lo francés en cierta manera.

Además, el urbanista es el mismo que hizo después Barcelona.

Se parece a la Barcelona nueva. Tiene cierto parecido con Kobe.

Osaka es muy diferente. Es una ciudad de comerciantes.

Es la ciudad tradicionalmente de comerciantes japonesa.

De gente más ruidosa, a la que le gusta mucho comer,

le gusta mucho el placer, y me refiero a los vicios,

y a otras cosas. Y Osaka refleja eso aún.

Es una ciudad desordenada. Con callejones continuamente.

Luego en Japón, incluso en Tokio, está lo que es el uramachi,

o sea, todas las calles de atrás.

Y ese uramachi, que es el que algunos fotógrafos como Daido Moriyama,

Araki, reflejan, sigue existiendo.

Lo que pasa es que para los extranjeros

es difícil acceder a eso, es difícil verlo.

Las dentelladas a la naturaleza, a los bosques, a las montañas,

que tú describes, e insistes en ellas a lo largo de la novela.

Bueno, es verdad, llama mucho la atención.

Agarran esos trozos enteros de montaña para construir autopistas

túneles, puentes, rascacielos, de todo.

Pero, al mismo tiempo, resulta que Japón es el país de la Tierra,

en proporción a la superficie del país,

con mayor densidad boscosa del universo.

Más que la Amazonía. Sí.

Bosques donde no penetró nunca el ser humano,

donde no puedes penetrar, a no ser que te armes de un serrucho.

Y el gran problema es que están en montañas

que no pueden penetrar ni los japoneses.

Porque los japoneses viven en los corredores al lado del mar.

Efectivamente. Las montañas grandes,

por el momento, las tocan menos.

Pero a mí, de todas maneras, me sorprendió esa capacidad

para alterar la naturaleza.

Hoy, por ejemplo, venía en el taxi oyendo

que la ONU está diciendo que el planeta se va a ir...

al tacho, y que hay que arreglarlo, hacer algo.

Los japoneses llevan arreglando el planeta, o modificándolo,

muchísimo tiempo. Esta idea de quitar una montaña,

de hacer una isla artificial con esa montaña,

de trastocar totalmente ese orden natural,

que es tremendamente japonés, es una cosa, para mí,

un poco traumática cuando yo lo vi.

Reconozco que viajaba por el país y aquello me producía...

Palabras dominantes en tu libro: apestoso, mierda, hostia...

Mucho lenguaje coloquial. Escatológico, malsonante.

A lo Cela, vaya. Sí.

Vamos a ver.

Cuando en Japón prácticamente no hay tacos.

No hay tacos, es difícil. Hay, hay.

Pero poquitos. En la zona de Osaka, un poco más.

Y ruedan las erres cuando pronuncian los tacos.

Kobe es el centro de la mafia... Pero, prácticamente,

el insulto universal japonés es llamarte "baka", que es "tonto".

Pero luego existe el "aho", cosas así, más fuerte dichas,

que son muy ofensivas, o pueden ser muy ofensivas.

Existe todo ese submundo.

Tú has citado a Cela. A mí Cela me gusta.

Sobre todo el Cela hasta... Bueno, hasta cierto momento.

Pero me gusta en general.

Y siempre me ha gustado el tipo de literatura

que, con el lenguaje, mete lenguaje coloquial.

No quiere decir que solo escriba con lenguaje de este tipo,

pero sí me gusta. Bueno, tu libro es collage.

No sé si te va a gustar esta comparación.

Es una especie de chanko nabe, una especie de pote,

que es como se alimentan los luchadores de sumo,

en el cual se echa de todo: berzas, verduras, zanahorias,

pedazos de carne, de pescado... De lo que sea.

Hombre, a mí el chanko nabe me encanta.

Bueno, una especie de cocido. A mí también me gusta.

Pero sí, el libro tiene muchas influencias.

Hay algunas influencias que son muy japonesas,

que tienen que ver con esa oscuridad, esa mugre que cuentas,

que es por ejemplo Kobo Abe, Osamu Dazai,

"La vida de un idiota"...

Hay ciertos autores,

incluso Kawabata en algunas obras suyas,

como "La pandilla de Asakusa",

que a mí me han marcado algo, y reflejan ese Japón también canalla,

ese Japón oscuro, y ese Japón muy desesperado.

Alberto Olmos, que prologa el libro,

dice que hay dos Japones, que se corresponden

con los dos Murakami.

Con Ryo Murakami, que es el Japón oscuro;

o con Haruki Murakami, que es el Japón amable,

el Japón agradable, el Japón simpático.

Tú te has fijado en el de Ryo. Sí, me he fijado más en el otro.

Murakami a mí me ha interesado algo, lo he leído bastante,

pero no me interesa tanto... Es un autor occidental.

Es occidental, aunque yo creo que su tema literario,

su topos, digamos, literario sigue siendo oriental.

Porque los personajes de Murakami lo que buscan siempre

es la comprensión del otro. Ese es el gran tema japonés.

Cuando un personaje...

Lo que en otras literaturas es la conquista de algo,

de la felicidad, de la pareja, del amor, etc.,

en Japón es comprender al otro.

Muchas veces es que otros te comprendan.

Cuando eso no se produce,

se produce una alienación en los personajes,

y se producen personajes desesperados.

Que Mishima es un poco eso, un personaje suyo propio desesperado.

Y como Osamu Dazai, que mencionabas. Claro, que mencionaba.

El por qué esa...

Fíjate que creo que, incluso en el cine actual,

el gran dilema, el gran topos literario japonés,

es la comprensión del otro.

Es una cosa curiosa para nosotros, que no buscamos eso.

En tu libro hay muchas referencias literarias,

no solo japonesas, también occidentales.

Sí. Libro tsunami, libro de flujo.

Henry Miller, Céline, por ejemplo. Son nombres que me vienen.

Sí, tiene algo de todo esto.

A mí la literatura que me ha gustado

siempre ha tendido a ser literatura personal y literatura fuerte.

Me gustan los libros que, de alguna manera,

me mueven, me conmueven. Me dan una patada en algún sitio.

Y estos autores que comentas me han gustado y los he leído mucho.

Volviendo a la literatura japonesa, yo creo que tu libro se inscribe,

varias décadas después,

en ese nihilismo de la generación de Osamu Dazai,

que vino después de la derrota en la guerra.

La de los autores que se perdieron

en los barrios más sórdidos de Tokio.

El "Japón cruel", que dice Olmos.

De Dazai Osamu, la generación del "yo",

la de la posguerra, el burai-ha,

o escuela de los decadentes de Akutagawa,

incluso de Tanizaki, sobre todo en su primer periodo.

Escriben toda esa corriente. Sí, sí.

Yo creo que sí, que tiene algo.

Es un libro español, está escrito por un español,

pero creo que encajaría dentro de la tradición japonesa literaria,

lo que lo convierte en un libro un poco particular.

Luego, es un libro también...

Con estos autores que comentas, sí, indudablemente tiene relación.

El libro pertenece también a un género literario nuevo,

que es el relato japonés en plumas españolas,

o en plumas francesas, o italianas, o inglesas.

"Tokio ya no nos quiere", de Ray Loriga;

"Trenes hacia Tokio", de Olmos;

"Japón, entre la sonrisa y el vacío",

de Fernando González Viñas, que me gusta muchísimo;

"La cabeza cortada de Yukio Mishima",

que también me gusta mucho, de Fernando Molero Campos,

publicado por Berenice.

Hay un creciente interés entre los escritores españoles

sobre Japón.

Alguna vez creo que te he comentado

que yo creo que Japón es un estado mental,

entre otras cosas.

En Japón, cuando vas allí, aparte de lo que ofrece como objeto,

es, sobre todo, un estado de la mente.

Y en ese sentido, Japón es un escenario literario.

Lo fue desde el principio.

Los primeros europeos que fueron allí ya fantasearon con Japón.

Y en cierta manera, al menos en mi caso,

Japón sí es un escenario literario.

Yo creo que reduciéndolo, llevándolo a un extremo,

mi obra, "Banteki", podría pasar en cualquier sitio.

Pero pasa en Japón.

Otro libro en el trasfondo del tuyo: "El guardián en el centeno".

Frase breve, monólogo interior, frase aguda, frase cortante.

Retrato de un adolescente,

del cual el protagonista del libro se siente muy lejano.

Está estupefacto, pero, al mismo tiempo, se siente cómplice.

Sí, sí. Tiene algo de esto.

Porque el personaje principal aquí, el "banteki", el "salvaje",

es una persona que va en busca de algo, pero no sabe bien qué.

Es una persona muy insatisfecha con lo que le rodea.

Es sordomudo y va un casco, tiene una moto ensordecedora.

Y come comida basura.

Está muy preocupado por las fotos,

que es una cosa previa a esta época de los selfies.

Y él se viste de formas raras y se va haciendo fotos

en un estudio constantemente.

Entonces, todo...

Para mí, aquello y este Japón es como un escenario.

En el que cosas que tienen que ver con el ser humano actual

pueden tener su cabida, su desarrollo.

Tú sabes que los japoneses siempre nos han visto a los gaijin,

a los extranjeros, a estos hombres altos,

fornidos, peludos, sudorosos, parlanchines,

nos han visto como salvajes.

Tú aquí vuelves las tornas.

Describes el Japón, tú, que eres un gaijin,

como si ellos fueran los salvajes.

Claro, porque en cierta manera creo que es así.

El japonés siempre ha estado llevando al occidental a ese terreno

de los nanban, los salvajes del sur.

Toda esta, digamos, selva.

Pero Japón es una selva también, y es una selva complejísima.

De símbolos, un poco en el sentido de Roland Barthes

en el libro "El imperio de los signos",

que antes te comentaba de lecturas que yo leí antes de ir a Japón.

Me parece muy acertado en todo este juego.

Y los japoneses son unos salvajes semióticos.

Son unos salvajes semiológicos.

Es verdad que suavizas, como te decía antes,

todo este panorama salvaje, intercalando algunas historias

de sesgo tradicional.

Las andanzas del príncipe Genji, protagonista del "Genji Monogatari",

libro genesíaco y canónico de la literatura nipona,

e incluso, aunque sea muy duro,

ese diario encontrado en una olla de arroz,

que se podría casi haber escrito en España,

porque habla del acoso escolar.

Un acoso escolar en el cual se intercambian bragas

que compran en las estaciones del metro las chicas,

pero muy parecido a cosas que están pasando.

Es que... Con la sombra del suicidio,

que gravita precisamente. Está por encima.

Y con esas familias deshechas y desestructuradas.

Con personajes como la tía abuela, que le sirve un poco de referencia.

Pero ella se siente totalmente perdida.

Yo creo que Japón va adelantado respecto al resto del mundo.

Lo que pasa a Japón nos va a pasar a nosotros después.

Japón hace tiempo que decidió tomar esa avanzadilla.

Deshacerse de cierto aspecto natural.

Me estoy riendo, José, porque cuando llegué a Japón,

cosa que hice en 1967, ya lo sabes tú,

escribí una larga serie de artículos, y el título genérico

de la serie era "Los marcianos están entre nosotros",

y lo que yo decía era que lo que nos enseñaba Japón en un espejo

era nuestro futuro. Y, efectivamente, es así.

Pues yo estoy de acuerdo con eso. Fíjate que si hay alguien

preparado para poder vivir en el espacio, es un japonés.

Porque el japonés ve el dibujo de una rama de un pino

y está educado y preparado para que eso le evoque

una cantidad de sensaciones artísticas,

casi vitales, te diría,

cuando en realidad no está en contacto con la naturaleza real,

está en contacto con un símbolo. Entonces, Japón ha empezado

a sustituir la naturaleza por los símbolos.

¿Este libro es algo personal, es una vendetta?

¿Es simplemente una ficción literaria?

¿Es una cuestión de estilo, un desahogo?

¿O de verdad piensas así? Hombre, es una...

Tiene algo de vendetta con la vida. ¿Con la vida fuera de Japón también?

Con la vida en general, sí.

Hay algo allí que yo creo

que trascienda incluso a Japón un poco.

Hay algo. Yo sí he tenido cierta sensación vital

de vendetta con la vida. No me preguntes por qué.

Tu bisabuelo fue el primer español que subió al monte Fuji.

Tú has bajado el monte Fuji con este libro, ¿no?

Ya veremos a qué profundidades.

José, no te puedo dar wabi-sabi, porque es intangible,

pero sí te voy a dar uasabi. Muchas gracias.

Y ahora te dejo en manos de las chicas del programa.

Muchas gracias, Fernando. A ti.

Todo está en los libros.

Todo está en los libros.

Señoritas, aquí tenéis al salvaje, al buen salvaje,

al autor de ese libro que se llama "Banteki, el salvaje".

Bueno, el libro a mí me ha parecido una auténtica salvajada.

Llevaba tiempo sin leer algo tan fuerte

en todos los sentidos.

Y también desde el punto de vista erótico, por supuesto.

Entonces, me ha llamado mucho la atención,

porque te veo tan civilizado, José, que creo que hay algo de tu persona

que me he perdido, lo cual me genera mucha curiosidad y misterio.

Esto pasa con muchos escritores o creadores en general.

Pero a veces pasa al contrario, que le conoces,

y la persona no tiene ningún interés.

En este caso, resultáis interesantes los dos.

Vaya por ahí el primer requiebro. Ayanta, permite que te recuerde

que tú presentaste este libro de Joaquín Campos

que se llama "Faltan moscas para tanta mierda",

y que no transcurre en Japón, como el de Pazó...

Sino en Camboya. En China.

Bueno. Fundamentalmente, en China.

Y eso en libro tan salvaje como el de...

Quisiera corregir, lo presentaste tú. Ayanta presentó otro libro de Campos.

Ah, sí, el siguiente. El segundo. Es verdad.

Este libro es tan salvaje como el de José.

Es más, creo que ese libro es considerablemente más salvaje.

Porque yo, cuando empecé a leer el tuyo, José,

me recordaba mucho a ese, que es un libro lleno de...

De odio, de odio hacia un país, que es China.

Tú lees ese libro y llegas a la conclusión

de que habría que exterminar China de la faz de la Tierra.

Tú, en cambio, en tu libro, empieza, parece ser, así,

pero, poco a poco, va evolucionando y va cogiendo un vuelo poético.

Yo creo que el punto en común entre los dos libros...

Es un libro sobre la extranjería, sobre el dolor del salvaje.

A mí me da la impresión de que ante una literatura

tan excelsa como la nipona, parece que solo hay dos opciones,

el desconocimiento absoluto, la inopia,

o, cuando uno accede a ella, parece que accede...,

me vas a perdonar, jefe, con ciertas pretensiones.

Quiero decir que uno...

Tengo en mis manos una de las mayores novelas de amor que he leído,

que es "Samurai", de Hisako Matsubara,

de una sacerdotisa shinto, con prólogo del jefe,

de Sánchez Dragó. De cuando el jefe era joven.

Es del año 83. Y evidentemente ignorante.

Porque dice, por ejemplo, que en Japón el amor no existe.

Esta novela es la demostración de todo lo contrario.

Claro, uno interioriza la literatura y la vida nipona

con tanta intensidad

que luego le resulta muy difícil aceptar otras interiorizaciones.

Y lo que me ha gustado de tu libro es esa humildad, decir:

"A ver, ni uasabi ni leches.

Se ha acabado el acomplejarse, el sentirse el salvaje.

Vamos a intentar penetrar lo impenetrable.

Y si es impenetrable, es tan culpa de ellos como mía".

Y a partir de aquí hablamos.

Supongo que querías decir "ni wabi-sabi ni leches".

Ni wabi-sabi ni leches. Has dicho uasabi.

Perdón, rectifico. Ni wabi-sabi ni leches.

A ver, José, has sido interpelado.

Me gusta lo que dices, te lo digo ya.

El libro...

puede tener en algún momento una superficie...

-Y no hay tanto sexo, ¿eh?

Hay poco erotismo. -Hay sexo particular, ¿no?

Hay un erotismo, que yo creo que tiene que ver mucho

con la propia narración, con cómo se va contando,

y con los personajes.

Pero el libro no tiene odio hacia Japón, yo creo.

No está hecho desde ese punto de vista.

No es una crítica a Japón tampoco. Al revés, al revés.

Es casi una declaración de amor, pero a los lados oscuros de Japón.

A los lados que normalmente no se hablan.

Y que en el fondo son los lugares oscuros míos propios, yo te diría.

-En tu soledad allí. Parece que hables de tu soledad allí.

-Claro, porque el...

Este libro está escrito cuando yo vivía allí.

Y es cierto que hay una posición mía

que tiene que ver con cierto exilio interior y exterior

cuando estaba allí.

O sea que el libro está marcado por eso.

Pero una vez que ya está esa situación,

lo que hay es un intentar comprender, en cierta medida,

lo que hay a mi alrededor.

Sin juicios morales ni éticos, ni nada parecido.

Sino simplemente cosas que a mí me parecen raras,

que me chocan, que me parecen extrañas.

Están pasadas por el tamiz de mi sensibilidad.

Pero cuando estabas en Osaka, en la ciudad de "Blade Runner",

por así decir. Sí, Osaka...

Kansai es una región de Japón muy particular.

Es una región muy clásica... Está Kioto también.

Claro, está Kioto, está Nara. Nara.

Son ciudades históricas. Pero luego está Osaka,

la ciudad de los comerciantes, del vicio, la de Saikaku.

No es Saikaku exactamente suya, pero él era originariamente de allí.

Vas a conseguir que millones de turistas españoles vayan a Osaka

con eso que acabas de decir. Osaka tiene un atractivo.

Pero es una ciudad gris, desordenada. Es un jardín particular.

Porque es un jardín como los de roca japoneses,

que la gente tiene una veneración tremenda.

Pero hay que comprenderlos, que son rocas y piedras,

y no hay nada más. No hay ningún verde ni nada.

-Precisamente por eso, perdona que te interrumpa,

como has dicho, "la comprensión", en la entrevista lo habéis dicho.

Fundamentalmente, entiendes la cultura japonesa...

-La literatura.

-Literatura japonesa como comprensión.

Y yo creo que hay de todo menos comprensión

entre los personajes,

porque están huérfanos de otredad, de altruismo.

Hay un momento terrible en el que él dice:

"Me encantaría tener una relación con ella,

si no tuviera que conocerla". Es como puro sexo,

sin ningún tipo de relación. Algo que se vislumbra en el futuro.

En la entrevista habéis dicho eso mismo,

que, probablemente, Japón vaya a la vanguardia

y nos enseñe un poco nuestra foto social.

Y yo creo que somos perezosos sociales,

y eso en la novela queda totalmente dicho.

-Estoy de acuerdo con esto que dices, pero...

Esta comprensión no significa tener una conversación

y llegar a un acuerdo. Esa es nuestra idea.

Comprensión es hacerlo tú, es vivirlo.

Es pensar que eso es posible en tu vida.

Eso para mí es la comprensión.

La comprensión es una revelación,

y la comprensión de las cosas y del mundo tiene algo casi...

Desagrado, yo diría, en esos términos.

El personaje, con todo lo que su extrañeza,

con esa alienación,

lo que hace es dejarse llevar y vivir eso que hay allí.

-Porque no comprende lo que le rodea. Ese gaman, es el término,

que vosotros entendéis más, o sea, el aguantar con...

-Sí, el gaman suru. -A mí ese término me fascina.

Lees un tipo de literatura japonesa y luego te encuentras con esto...

Un vacío. -Es que es un anti-Hemingway.

Es un extranjero que llega y no entiende nada,

y en vez de decir: "Soy un bárbaro, soy un inútil",

se rebela contra esa sensación.

Dice: "¿Por qué no tengo que entender nada?

¿Y por qué esto tiene que ser tan impenetrable?".

Es el equivalente salvaje de "Lost in translation",

que cuenta la historia de un gaijin que llega allí y no entiende nada.

Pero creo que es más interesante,

y creo que él alcanza al final un vuelo poético,

del que podemos hablar más adelante, porque nos desviaríamos.

-El diario es poesía, es verdad. -El diario es muy poético.

-"Lost in translation" es el desconcierto absoluto

de un hombre que llega a un país que desconoce

y tan completamente diferente,

y que ni siquiera casi consigue salir del hotel.

Sin embargo, Banteki es el extranjero

que se lanza a vivir incluso las cosas más imposibles.

Eso aumenta su desconcierto, lejos de disminuirlo.

(HABLAN A LA VEZ)

Yo creo que hay una diferencia fundamental.

En relación a esto, quería preguntar, a esta literatura sucia,

metafóricamente, entre comillas, en que se utilizan palabrotas,

en que llega a ser agresiva la manera de contar la historia

que estás contando.

Quería saber hasta qué punto tú te reflejas

en este Banteki salvaje.

Es decir, si el hecho de haber vivido tanto tiempo en Japón

y haberte enfrentado a una realidad,

que tú has dicho antes a mi padre que lo que sucede ahora en Japón

sucederá dentro de poco aquí, en Europa, o en occidente.

Si es una manera de salvarte de todo eso.

-Sí. No sé si entiendo muy bien la pregunta.

Por eso recuperas lo de Leonardo: "Salvaje es el que se salva".

Claro, el salvaje es el que se salva.

-Quiero decir, eres profesor, eres traductor,

eres un hombre absolutamente correcto,

y te lanzas a este mundo salvaje, a las antípodas.

Estás escribiendo a lo Henry Miller. ¿Qué buscas ahí?

Te lo pregunto también, José, porque me interesa mucho eso,

porque en cierta medida me sucede.

Me resulta excitante todo eso porque no lo conozco.

Bajo cualquier punto de vista.

Incluso sexual, lo erótico que hay en esta novela.

Todo lo que cuentas por un lado me echa para atrás,

de decir: "No quiero ni saberlo",

y por otro, la curiosidad gana la partida.

Tú, como escritor, te pregunto cómo te relacionas

con este personaje que has creado. Antes de que te contesté José,

una ligera objeción, Ayanta. El libro es milleriano

en su tono y en su estilo, pero Miller,

aquello de lo que habla Henry Miller,

en "El trópico de Cáncer", en "El coloso de Marusi",

le gusta a Henry Miller. Le gusta París, le gusta Grecia.

Yo diría que es más bien celiniano, porque a Céline,

lo que está contando en "Viaje al fin de la noche",

no le gusta, le disgusta.

Y creo que a ti lo que estás contando te disgusta.

¿No os dais cuenta de que en este libro

casi no fornica nadie? -No es verdad.

-Parece, parece, parece, pero en realidad no hay casi amor.

-Amor es otra cosa. No hemos hablado de amor.

-No estoy usando "amor" en el sentido romántico.

-Antes comentabais...

Es cierto, Fernando comentaba en el prólogo de este libro,

decías que no había amor en Japón.

En Japón hay otra cosa, pero no hay amor.

De hecho, el término es muy moderno.

Ellos usan el préstamo del inglés. Claro, dicen "love".

Y lo que hay son unas relaciones muy diferentes.

Eso es un asunto que yo creo que está ahí de verdad.

Pero volviendo a lo que tú comentabas, Ayanta,

el personaje, Banteki, sí tiene algo de santón, de eremita.

Tiene algo de persona que vive

en un vórtice de movimientos y de personajes,

pero él tiene ese apartamento vacío en el que va y se tumba en el tatami

y tiene estas referencias.

Es un poco como una guarida de su ser.

En cierto modo, es también como un otaku.

Sí, tiene algo. -¿Qué es un otaku?

Estos chicos que se aíslan por completo en una habitación,

que están todo el santo día con Internet,

que prácticamente les pasan la comida por una rendija.

Son personajes...

Digamos que este es de la era pre-Internet.

Hoy en día, esto está pasado por Internet.

Los que se aíslan, se relacionan por Internet, etc.

-Eso me parece importante destacarlo.

Tú hablas de un desvalimiento, de una soledad,

de un aislamiento pre-Internet,

que ahora, en el mundo pos-Internet, nos puede parecer incluso trivial,

pero que, en un mundo pre-Internet, es más estremecedor si cabe.

-Porque la gente piensa que...

Hoy en día dice: "Es que los jóvenes están solos,

es que Internet aísla". Yo no lo creo.

Los jóvenes estaban solos antes y estaban aislados antes.

Este libro, por ejemplo, tiene algo en este sentido

de la pregunta que me has hecho, Ayanta,

y es la ausencia y la negación del país de origen del protagonista.

-Es el gaijin domado, ¿no?

-Tiene un rechazo, una negación. Él arrastra todo un vacío.

Y arrastra un vacío que está lleno de cosas oscuras también.

De rencores, de sensaciones de incomprensión, etc.

Lo que pasa es que llega a este escenario raro,

maravilloso, contradictorio, que es Japón,

y lo que hace es proyectar todo eso.

Pero lo proyecta en la oscuridad.

Lo proyecta desde el silencio, sin nombrarlo.

Por eso tiene esa vida tan peculiar y extraña,

porque es una vida en la que están los símbolos japoneses,

pero hay otra cosa también, que es lo que él ha llevado ahí.

Pero eso no lo va a enseñar. -Pero muy incomunicados.

Veo una falta de comunicación terrible.

Hablando del sexo,

no sé si estos datos los miraba esta semana,

creo que son 20 millones de dólares lo que mueve al año

la industria del sexo en Japón. -¿Cuánto crees que mueve aquí?

-Claro, voy al tema... No hago comparación con España.

A lo que hablaba Fernando en la entrevista de los herbívoros,

los carnívoros... Las carnívoras y los herbívoros.

Eso, la vagina dentada, podríamos decir,

esa figura de vagina dentada,

está muy presente en nuestra sociedad.

Y el chico, cada vez más apocado.

Llama la atención que el sexo al final se ha convertido

como el comer.

Tengo necesidad de comer porque tengo hambre, me alimento.

Voy a un supermercado y compro. Lo mismo con el sexo.

Lo que implica todo eso es una castración social

hacia el otro inmensa. Es lo que me ha quedado de la novela.

Por eso, cuando terminé, te soy sincera,

mandé un e-mail al equipo y puse: "Bajón".

Bajón existencial, te lo juro. Y ya lo del diario...

-Elia, lo has dicho tú misma, si Japón podría ser,

en ciertos aspectos, como ir un paso adelante

de lo que nos espera culturalmente,

el sexo, que teóricamente, originariamente, biológicamente,

puñeteramente, poned lo que queráis, estaba pensado para acercar,

parece que se ha convertido en un camino cada vez más estrecho

de soledad, en un tubo que te lleva hacia la nada.

Y eso es espantoso.

-En Japón están los matrimonios blancos.

Hay un porcentaje notable, por lo menos reseñable,

de la población que se casan

y no llegan nunca a consumar el matrimonio

y se reproducen a través de fecundación artificial.

Según el ministerio de salud japonés,

el 35 % de los varones en edad de merecer

no tienen el más mínimo interés por el sexo.

Lo he leído yo también, sí. -Pero es lo que nos espera un poco.

-Pero ¿por qué dices eso, José?

¿Por qué dices que es lo que nos espera? Qué espanto.

-No hace falta más que leer cualquier periódico en occidente

y ver todas las noticias sobre formas artificiales de tener niños,

sobre la obsesión que hay ahora de controlar

las enfermedades de los hijos, etc.

Sobre las edades medias a las que están teniendo hijos

las mujeres en occidente.

Es un cambio tremendo. La gente no es muy consciente de esto.

Y los ligues por Internet. Al fin y al cabo, es sexo virtual.

Aunque a veces pueda desembocar en el otro.

Como comentaba antes a Fernando, es un símbolo.

Estamos rodeados de caras, de penes, de vaginas,

más o menos claros o simbólicos.

-El símbolo desplaza a lo simbolizado.

El símbolo elimina lo que debería simbolizar.

-Es lo que se ve también con lo híper.

En una sociedad hipersexualizada como es esta,

se llega al extremo contrario.

Lamento interrumpir tan interesante conversación,

pero tenemos que empezar a recomendar.

La espada inexorable del tiempo nos obliga a ello.

José, como invitado del programa, ¿qué libro nos traes?

Hombre, yo, que veo aquí los libros que tenéis colocados...

Yo recomendaría "Cosas de Japón", el que está arriba a la derecha.

Un libro de Basil Chamberlain

muy interesante. Es una recopilación.

Es una especie de guía del Japón Meiji de hace más de 100 años,

y es un libro enciclopédico, son como entradas,

y va dando un repaso a la cultura japonesa.

Libro irónico, gracioso,

con un sentido del humor muy británico,

por un conocedor muy profundo de Japón.

Fue el primer traductor del "Kojiki".

Y una persona interesante,

porque él acabó un poco quemado con Japón.

Como tú. Yo no he acabado quemado con Japón.

-Yo no tengo esa impresión. -No, no es así.

Pero él, por otras razones. Por el militarismo de Japón.

Vivió muchos años en Japón, se fue a vivir a Suiza,

y allí escribió un epílogo a este libro muy particular.

Es un libro muy interesante

y que cualquier persona que tenga interés por Japón...

Lo ha publicado Satori, si no estoy equivocado.

Como su mismo nombre indica, se dedica sobre todo

a publicar libros relacionados con la cultura japonesa.

El libro tiene una historia particular

porque es una traducción de un bisabuelo mío que yo terminé.

El del monte Fuji que decíamos antes.

Exacto, el que subió al monte Fuji.

Es un libro que tiene para mí cierta historia personal.

¿Tú has subido al monte Fuji? No.

Ya sabes lo que dicen los japoneses,

que quien no sube nunca al monte Fuji es un mal japonés,

pero quien sube más de una vez está loco.

Está loco, sí. En este libro, que no lo tengo aquí,

tengo solo la carátula, lo mencioné también.

"Japón, un viaje entre la sonrisa y el vacío",

del cordobés Fernando González Viñas.

Es un libro divertidísimo. Una vis cómica extraordinaria.

Él sí subió al monte Fuji. Y dedica un capítulo entero

a lo que fue esa ascensión abracadabrante.

Más que subir a los cielos, una bajada a los infiernos.

Pero no solo hizo eso tu bisabuelo.

La historia de tu bisabuelo me ha encantado.

Se relacionó con el traductor del "Quijote" al japonés.

-Él dio clases en Tokio. -¿Cómo se dice "Quijote" en japonés?

-Al principio, es interesante,

porque sabéis que cuando hacen las primeras traducciones

del "Quijote" al japonés, se hacen desde el francés.

En los manuales de literatura japoneses

aparece: "'Don Quichotte', una obra de un autor francés

llamado Cervantes. Muy interesante y tal".

O sea que el "Quijote" entra en Japón

como una obra no española, sino francesa.

Una cosa curiosa. -Que siempre quedaba mejor, ¿no?

-Claro. -Qué horror.

-Sí, sí, es uno de los, no voy a decir agravios,

pero sombras del "Quijote". -Esto es de katanazo.

-Es un poco quijotesco, es un poco borgesiano.

-¿Es verdad que, a tu bisabuelo, Millán-Astray le robó

la traducción del "Bushido"? Es que el "Credo Legionario"

se me ha caído ya por completo entonces.

-No es exactamente así.

Parece que la traducción de Millán-Astray,

tras cotejarlas, es del francés.

-Hay mucha similitud en esas filosofías.

-El "Bushido" está escrito por Nitobe, que es un japonés,

pero lo escribió en inglés.

Mi bisabuelo lo tradujo en 1906 del inglés al español.

Yo aprovecho. Uno de los libros que quería recomendar,

que tiene bastante que ver con el "Bushido",

es este clásico de Miyamoto Musashi, "El libro de los cinco anillos",

publicado también por Satori, y es el texto de este samurái

del siglo XVII que se retiró, y en lugar de hacerse el seppuku,

como lo hacían muchos samuráis, se dedicó a escribir

este manual de instrucciones, en definitiva,

para alcanzar el vacío, lo que está al final del "Bushido".

Es un libro extraordinario. Que le encantaba a Mishima.

Mishima tiene una edición comentada. Hizo el "Hagakure".

Cuando Mishima lo editó, que es en la misma dirección.

Tiene una edición comentada interesantísima.

Hace comentarios personales suyos de la vida diaria.

Por ejemplo, te dice cómo no bostezar en público.

Dice que un buen samurái... Y Mishima lo comenta.

Lo dice en el "Hagakure" originalmente, y luego lo comenta.

Es un libro con mucha gracia. ¿Cómo se hace eso?

Lo de no bostezar en público.

Espero que nuestros espectadores no estén bostezando.

Frunciendo el ceño. -¿Frunciendo el ceño?

-Sí, hay que fruncir el ceño, y dice que si lo haces muy fuerte

dejas de bostezar. Bueno.

Si veis a alguien fruncir el ceño... -Más libros. Yo tengo uno.

Venga, tú, Ayanta. Para que no haya demasiados.

Es un libro de Jeanette Winterson. Japonesa, como su nombre indica.

Japonesa de Inglaterra, ¿no?

Se titula "¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?".

Es un título que a veces se puede confundir

con un libro de consulta. Quiero decir, de autoayuda.

Sin embargo, no. Es un libro autobiográfico

de esta mujer, que es una escritora de mucho éxito.

Ha escrito "La pasión", "Escrito en el cuerpo",

"La niña del faro", y más.

De hecho, su primera novela la escribió con 23 años,

y se hizo una adaptación para la BBC.

O sea que empezó apuntando maneras.

Y ella nunca había contado su historia.

Y es una niña que la adoptó, con seis semanas,

una familia de evangélicos pentecostales integristas y pobres

que le hicieron tener una infancia y una adolescencia

absolutamente desgraciada, un poco a lo Dickens.

En un momento dado, su madre, que ella llama "el monstruo",

le dice aquello de: ¿por qué ser feliz cuando puedes ser normal?,

en un momento en que ella le cuenta que es lesbiana.

Es un libro autobiográfico terrible

que cuenta una historia personal absolutamente desgraciada,

pero, sin embargo, de cómo el descubrimiento de la escritura,

de la literatura y, por lo tanto, de la escritura,

y de la lectura, la salva y la convierte

en una espléndida escritora. Muy recomendable.

Ayanta, ¿quién lo habrá editado? Lo ha editado Lumen,

y va por la segunda edición. Anna.

Yo quería recomendar "El efecto del aleteo de una mariposa en Japón",

publicado por Planeta, de Ruth Ozeki.

Ozeki es hija de americano y japonesa.

También fue ordenada monja. De hecho, hay una parte de...

Me ha recordado mucho a tu libro. Me venían oleadas en paralelo.

Porque en este libro también aparece el diario de una joven adolescente

que también se ve sometida a unas vejaciones sexuales tremendas

en Japón, que incluyen un cierto tráfico de bragas usadas,

y esto, que puede parecer, según cómo lo leas,

muy sórdido, muy agresivo,

puede también resultar muy poético y muy conmovedor.

A veces, en el horror, en lo más horrible,

en el centro del infierno, aparece algo diáfano.

Y yo creo que es un punto de paralelismo importante

entre este libro y el tuyo.

"El efecto del aleteo de una mariposa en Japón", de Ruth Ozeki,

y "Banteki".

Los dos habéis dado en la misma diana de la vulnerabilidad.

Y para acabar con una nota más amable,

un libro más alegre, de esos que a todos gusta leer.

No hay críticas, no hay ceños fruncidos,

no hay bostezos.

Amélie Nothomb, que también tiene sangre japonesa,

por lo menos literaria, en sus venas,

escribió "Ni de Eva ni de Adán",

llevada al cine con el título de "La novia de Tokio".

Ya me conocéis, soy una repelente, una cursi.

Yo tengo la versión francesa. -Menos mal que no tienes la japonesa.

-Por Anagrama. No, ella lo escribió en francés.

Anna, sangre japonesa en realidad no tenía.

Literaria sí. -Ella vivía en Japón.

-Ella es una persona que se obsesiona.

Es lo contrario que tu personaje.

Ella va a Japón, se obsesiona con japonizarse todo lo que puede,

y encima tiene suerte.

Se echa un novio japonés que es un encanto,

y de hecho, al final, no es más japonesa porque no quiere.

Ella es el antibanteki.

Pero creo que todo junto forma un mosaico interesante.

A mí me parece Amélie Nothomb en estos momentos la novelista

más interesante del mundo.

Bueno, no voy a ser yo quien te diga que no.

Escribe cuatro novelas al año y solo publica una.

Ha escrito ya, qué sé yo. Infinitas, infinitas.

-Son encantadoras.

-Es ensayo, y es "En defensa del error.

El ensayo sobre el arte de equivocarse".

A colación de eso mismo, ¿eres feliz, eres normal?

Prefiero ser normal, porque la felicidad no es una constante.

Si fuéramos felices constantemente, sería esto...

Habla un poco de la importancia de no ser contumaz en el error,

pero equivocarse, saber equivocarse.

Habla de "El libro de la locura", de Erasmo,

habla de la fenomenología, de Kant, de Gertrude Stein,

y sobre todo lo importante que es que no nos dañe tanto el ego

el equivocarnos, porque eso muchas veces,

tanto en la ciencia, por serendipia,

se ha dado lugar a grandes acontecimientos,

y la propia locura muchas veces es una equivocación.

Qué os voy a decir, si estamos hablando de libros

y la locura, ¿no? Fuente de creatividad.

De manera muy sucinta, lo he contado.

Siruela, "En defensa del error", sobre el arte de equivocarse.

Me toca a mí.

Quiero recomendar por enésima vez, porque llevo años haciéndolo,

este libro del que he hablado contigo en la entrevista, José,

que es "La cabeza cortada de Yukio Mishima",

de Fernando Molero Campos, publicado por Berenice, cordobés.

Y es una novela en la cual él imagina

que el momento en que Mishima se hace el seppuku,

cuando le cortan la cabeza, mal cortada,

porque aquello fue una carnicería. Una chapuza.

Pasan esas décimas de segundo sobre las que se ha especulado,

por la cual la conciencia, la lucidez, sigue,

y el propio Mishima revisa toda su vida

hasta llegar al momento del seppuku. Es una novela extraordinaria.

Reconozco que soy exagerado,

pero esta es la novela española que más me ha gustado

de todas las que he leído en los últimos 10 años.

Traigo más libros. Hemos hablado de Osamu Dazai.

Ha aparecido también en Satori siempre.

Pues estos "Recuerdos", de Dazai Osamu.

El primer libro que leí de literatura japonesa

se tradujo en la editorial Seix Barral en España

con el título de "Ya no humano".

Luego se ha traducido con otro título.

Leí otro en Italia que se llama "El sol se apaga".

Son las dos novelas clásicas de él. Y aquí hay ocho relatos

sutilmente autobiográficos de este hombre

verdaderamente desgarrado de vida,

de esa generación del nihilismo japonés

posterior a la derrota en la guerra mundial

del que hablábamos antes.

Y cómo no, traigo, siempre en Satori,

dos libros de haikus muy diferentes entre sí.

De la misma manera que en José Pazó hay un lado luminoso,

el doctor Jekyll, y un lado sombrío, el de "Banteki", Mr. Hyde,

pues hay también haikus luminosos y haikus muy lúgubres.

Uno es de Kobayashi Issa, que es uno de los cuatro

grandes clásicos del haiku en Japón,

a caballo entre el siglo XVIII y el siglo XIX,

y basta leer el haiku de la contraportada del libro

para darse cuenta de que aquí estamos

ante un autor de haikus gozoso, luminoso, alegre.

"Sea bienvenida mi nueva primavera. Más bien gozosa".

Sin embargo, nada menos que Akutagawa,

el autor de "Rashomon", otro escritor desgarrado,

de los que se suicidó, como Osamu Dazai,

también escribió libros de haikus.

Entre ellos, este, "En la ceniza escribo".

También basta leer el haiku de la contraportada

para darnos cuenta de hasta qué punto estos haikus

son distintos a los anteriores. Dice, bonito haiku este:

"En la ceniza, escribo un nombre de mujer

al calor del brasero".

Y yo quería... Iba a mencionar de pasada

dos clásicos de la literatura japonesa,

como es "Kokoro", la gran obra de Natsume Soseki,

cuya efigie está incluso en los billetes de 1000 yenes en Japón.

Esta es una obra clásica, este es su culmen,

por encima de "Yo, el gato", de "Botchan", que tú tradujiste,

donde nos cuenta las relaciones entre un maestro, Sensei se llama,

que es lo que significa en Japón "maestro",

con un discípulo, donde este maestro acaba contando

todos los misterios, todas las nieblas,

todas las turbiedades de su vida.

Y luego, recién aparecido, estos "Cuentos de amor",

de Junichiro Tanizaki,

quizá el gran clásico de la literatura japonesa.

Decadentista, diabólico, cruel a más no poder,

fetichista, extraordinario. Ahí tienes tú, Elia,

"El elogio de la sombra". Y si me lo permitís,

quiero enviar un libro al espacio exterior.

La verdad es que el libro que voy a colocar en el cohete

se titula "Pan de limón con semillas de amapola",

y lo ha escrito Cristina Campos y lo ha publicado Planeta.

No tengo nada contra la editorial Planeta, que es mi editorial,

tampoco tengo nada contra Campos, porque no he leído la novela.

Y no estoy enviando este libro al cohete exterior

por lo que haya dentro del libro, sino por lo que hay en la faja.

En la faja del libro se lee:

"Un fenómeno internacional antes de su publicación".

Me parece escandaloso. No puede ser. Sí, es un poco...

Hiperbólico. La frase célebre del "Quijote":

"No milagro, sino industria".

Resulta que la literatura solo es industria.

Sabemos que la autora no tiene ninguna culpa de la faja.

Mi querida Cristina Campos, no tengo nada contra...

Voy a poner solo la faja.

Lo mismo te invitamos a que vengas.

Después de esto, promete que lo vas a leer este fin de semana.

Te has metido en un lío, padre. Al contrario.

¡Guerra a la faja! Denuncio un fenómeno escandaloso.

Sí, sí, sí. Totalmente. -En una novela mía me ponían:

"La novela que fundaba el neofeminismo".

No sabía dónde meterme. -Qué barbaridad.

-Las editoriales hacen cosas raras últimamente.

La mía se atrevió con "Banteki".

Si solo fueran las editoriales las que hacen cosas raras...

En tu libro hace cosas raras todo el mundo.

Para compensar la áspera dureza erótica de "Banteki",

vía leer unos cuantos haikus de amor.

Editados por Hiperión y traducidos por Elena Gallego,

que fue compañera mía en el claustro de la Universidad de Estudios

Extranjeros de Kioto, y por Seiko Ota,

que no sé quién es. ¿Tú sabes quién es?

Los dos lo han traducido. Son haikus de verdad.

No esos haikus de mentirijillas que se dedican a escribir ahora

los poetas españoles, que no son malos,

pueden ser haikus buenos, pero no tienen nada que ver

con lo que es realmente el haiku de verdad.

Rápidamente, leo unos cuantos haikus.

Son, como todos los haikus, brevísimos.

Todos tienen tres versos. Uno.

"Llevando a su hijo, cariño de la gata,

lluvia primaveral".

Otro.

"Profunda melancolía.

El peine de mi esposa difunta en la alcoba he pisado".

Es de Soseki. Otro. Sí.

"Añoro a una persona.

Al encender el farol, flores de cerezo caen".

Esto es wabi-sabi de verdad. Sí.

"Totalmente triste, sombra mía, intento moverte".

El penúltimo.

"A ese amor me tengo que resignar. Cerezas".

Qué bonito. El último que leo,

dedicado a las tres damas que tenemos aquí, dice así:

"Así son las mujeres. Oscuridad primaveral".

Sayonara.

  • Libros con uasabi - 02/04/16

Libros con uasabi - 02/04/16

03 abr 2016

Sánchez Dragó entrevista a José Pazó, con la publicación de Banteki (El salvaje). Hablaremos en Libros con uasabi de lo que quizá sea la mejor literatura que hoy se escribe en el mundo. la que nos llega desde Japón, que durante varios siglos lo hizo con cuentagotas y ahora lo hace a raudales.

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