Lazos de sangre La 1

Lazos de sangre

Miércoles a las 22.40 horas

Vuelve 'Lazos de sangre': el retrato más íntimo de ocho sagas familiares de la mano de Boris Izaguirre. Un retrato íntimo y exhaustivo a través de entrevistas a los miembros de la saga, aportaciones de los especialistas e imágenes de archivo

La segunda temporada de ‘Lazos de sangre’ ofrecerá a los espectadores detalles desconocidos de la vida de ocho famosas sagas: los Thyssen, la familia Obregón, los Martínez de Irujo, los Salazar, Los Preysler, la familia Larrañaga Merlo, Marisol y los Pantoja.

Temporada 1

Temporada 2

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No recomendado para menores de 12 años Lazos de sangre - T2 - La saga Obregón - ver ahora
Transcripción completa

(Sintonía)

(ANA G. OBREGÓN) La Ana de verdad es madre, hija, hermana y amiga.

Voy a empezar a pensar en mí. Creo que ahora me toca.

(ROSA VILLACASTÍN) El padre era el capataz.

Un hombre con una visión de futuro.

Y es, luego, el que se dedica a tener inmobiliarias.

Un ama de casa...

Riquísima, porque era la que tenía dinero.

(ANTONIO MONTERO) Lecquio vio en Ana también a una chica guapa,

simpática, cariñosa y también por la oportunidad

de que su fama creciera.

(ANA G. OBREGÓN) No se ha quejado en ningún momento.

Mi hijo me ha dado una lección de vida.

La medalla se la tiene que colgar mi hijo.

(PALOMA LAGO) Javier padre me conoció,

creo que porque él lo buscó.

(ANA G. OBREGÓN) Doy gracias por tener una familia así unida.

Me han inculcado mucho el sentido familiar.

Una pena que yo no lo haya conseguido en mi vida.

Los lazos de sangre más estrechos de Ana Obregón

temblaron por un diagnóstico.

Lo llevé corriendo al hospital y vieron que era un tumor.

Se te cae el cielo encima. Estaba sola con él.

El golpe más duro en el viaje de la vida de Ana.

Un trayecto que tiene su primera parada

en el que ha sido el amor de su vida.

Bueno, yo pienso en él muchísimo, casi todos los días.

En los dulces flechazos.

Nuestro invitado de esta noche no es un personaje público

y el futuro marido de Ana Obregón.

Que acabaron siendo tormentosos.

Me di cuenta que había sido infiel, fuera de casa.

Unos cuernos pero como... Vamos. (RÍE)

Digo: "Ramón, ¿cómo voy a salir, si soy la cornuda nacional

cantando '¿qué apostamos?'?".

# ¿Qué apostamos? Arriesga lo imposible

# y no des marcha atrás. #

El maquillaje con la lágrima,

que no había manera de poner el rímel.

Incluso en los amores de ficción.

"¡Obregón! ¡Resines! ¡Que os hemos pillado!"

Que no, imbéciles, que estamos rodando una película.

La chispa de Ana no siempre ha estado encendida.

Era como el patito feo. Había guateques. No me invitaban.

He creído muchas veces

que el amor no existe, el amor de pareja.

Pero en el recorrido por su historia,

también encontramos una saga unida.

Llevan 64 años... ¡Madre mía!

Y Ana madre es una persona muy tierna,

muy madre.

(EMOCIONADA) Perdona...

Amistades sorprendentes.

¿Pero cómo es posible que yo estuviera

en una mesa comiendo con Franco?

Me ayudó mucho haber conocido a Robert De Niro.

Y yo flipando. Me invita Spielberg.

Y momentos inolvidables.

Un trabajito más. Y así nació lo del posado de verano.

Anita Dinamita.

La saga de los García Obregón ha sido primero conocida

por el tesón de un hombre hecho a sí mismo

en el mundo de los negocios, por una mujer de buena cuna

y unos hijos que nacieron codeándose con la alta sociedad.

Pero, sobre todo, esta saga es conocida

por la frescura y la espontaneidad

de una muchacha que consiguió sus sueños

y que un día vio cómo todo eso no valía la pena,

si no se tenía lo fundamental: la salud de su hijo.

¡Uf! ¡Madre mía!

Fíjate. Yo ahora, por ejemplo, a toro pasado,

digo: "¡Madre mía!". No sé cómo he sido capaz.

Pero... de verlo a él.

El sueño se interrumpe bruscamente una mañana de 2018,

dando paso a una pesadilla en forma de diagnóstico

que afecta al hombre de su vida, Álex.

Llevaba tiempo que se encontraba mal.

Le llevé corriendo al hospital, lo tuvieron que ver y era un tumor.

Pues un momento en el que se te cae la vida.

Es que no sé cómo explicarlo. Se te cae la vida.

Se te cae el cielo encima y... Y se te para el tiempo y...

Y se hace oscuro todo... y yo estaba sola con él.

Pero, bueno, mi derrumbe duró desde las dos de la mañana,

que no le dije nada porque estaba sedado,

hasta las ocho que llegó su padre.

Y ahí ya no me derrumbé. Para adelante.

Era como una misión.

Misión: salvar la vida a tu hijo.

No hay otra. Corté. Corté. Hablaba con mis hermanas,

con mis padres, hermanos y nadie más.

Mi hijo Álex me dice: "Mamá, tú te rompes una uña

y estás '¡ay, Dios mío, que me he roto la uña!".

Te dicen que tu hijo tiene cáncer

y dices: "Tranquilo, vamos a salir de esta".

Así es.

Y no sé por qué es así.

No hay que hacer victimismo ni dramas sobre el drama.

Cuando hay una situación muy dramática,

no puedes hacer drama sobre el drama.

Yo, en ese momento, era para adelante.

De aquí se sale y hay que hacer lo que sea.

Lo que cueste. He trabajado toda mi vida

y lo pago de mi trabajo.

Lo pago gracias a "Ana y los siete",

a Televisión Española, a todos los millones de personas

que me han visto, son los que me han ayudado

a poder pagar y salvar la vida de mi hijo.

Así de claro.

Mi hijo no se ha quejado.

No me tengo que colgar ninguna medalla como madre.

La medalla se la tiene que colgar mi hijo.

Todo el rato con sentido del humor.

No se ha quejado en ningún momento. Nada.

Mi hijo es el... Me ha dado una lección de vida.

Han sido seis meses de... ¡Uf! Yo qué sé.

Pues, igual, hemos contado en total

como 90 días de hospital.

Sesiones de quimio de diez horas,

de tres y cuatro días, tres días seguidos. Y sola.

Y en una ciudad, de verdad, que es una locura.

Hay veces que necesitaba apoyo.

Por ejemplo, como yo era la que estaba con él

en las quimios y en los hospitales: Álex, un día más, un día menos.

Una palabra que he utilizado mucho es "ya está".

Yo, desde la primera quimio, dije: "Ya está".

"Está reduciendo el tumor increíble".

Bueno, yo me puse a llorar.

Le abracé, que el pobre me cogía así y me daba así.

Y me dice: "Mira, mamá, por favor, no dramatices".

¿Cómo lo ves?

(PALOMA LAGO) Todos hemos estado volcados.

Pero digo todos: la familia, los amigos,

los medios de comunicación.

Ana ha sido una auténtica madraza. Ha hecho admirarles muchísimo más.

Ha sido algo que realmente les ha hecho

muy fuertes y estar, si cabe, más unidos todavía.

(ANA G. OBREGÓN) ¡Uf! La vida.

"Podéis seguir el tratamiento en España".

Entonces, ahora que todo está bien...

Eh...

Creo que he llorado más de felicidad ahora,

que del dolor cuando me dijeron lo que tenía. Fíjate.

Y he llorado muy poco, muy poco.

Igual, lloro dentro de un mes, me da

y me tiro unos dos meses llorando.

Creo que en las buenas vibraciones. Creo en el universo. Creo...

Pero es que ahora creo en Dios. Sí.

Yo me imagino lo que Ana tiene que haber sufrido

en Estados Unidos, viendo a su hijo así,

que es... que es su ojito...

Su vida.

Yo creo que Ana ha estado muy cerca de su hijo,

porque es su hijo, evidentemente, porque ella es Agustina de Aragón.

Han sido muchos meses de soledad.

Y mira por donde, Alessandro Lecquio,

el padre del chaval,

iba cuando podía, porque trabaja en un programa de televisión.

(ANTONIO MONTERO) Yo creo que los padres somos así.

De repente, la madre tiene ahí toda la fuerza

y los padres nos venimos abajo.

Hombre, claro que estaba sola.

Me hubiera encantado. Pues sí.

Porque yo era la que... Yo era la que daba el ánimo.

Hubiera necesitado a alguien... Un abracito.

Un día abracé al portero de mi casa.

Soy madre soltera, orgullosa de ser madre soltera.

He tenido que hacer muchas veces de padre y de madre.

Orgullosa también de haberlo conseguido.

¡Vámonos!

El padre de Álex, el joven nieto de Alfonso XIII,

llega a la vida de Ana y la pone del revés, la revoluciona.

Ese joven dandi no es otro

que el aristócrata italiano Alessandro Lecquio.

Ahí nos pusimos el mundo por montera.

Y, sobre todo, él. En realidad, lo conocí en Italia.

En Italia yo estaba rodando una película

con Peter Fonda, que hacía de mi padre.

En una cena aparece... aparece una chica muy simpática.

Veo a una chica guapísima, enloquecida,

que se acerca: "¡Ah, Ana Obregón!

Sei tu?" Digo: "Sí, soy yo".

Dice: "Ah, mira. 'Io sono Antonia". Tal, no sé qué.

Dice: "Mira, este es mi marido". Me presentó a Alessandro.

Y luego, dos años después, los sentaron juntos

a Ana Obregón con Lecquio.

Parece ser que estuvieron hablando toda la noche.

Congeniaron mucho. Le pareció un tío muy simpático.

Y ahí se dieron los teléfonos y luego vino lo que vino.

Nos extrañó el coqueteo,

el cruce de miradas, los gestos de Ana.

Pero la realidad es que Ana salió,

cogió un coche y, al minuto, salió Lecquio y le siguió.

Ellos se estaban separando.

Y ahí fue el momento en que empezamos a salir.

Que fue complicado. Fue complicado.

La presentación en sociedad de la nueva pareja

y primera aparición en televisión del Conde Lecquio

fue en el programa "Caliente", que Ana presentaba con Rody Aragón.

Fue el programa estrella del verano.

Te tengo una sorpresa, Ana. -¿Ah, sí?

Va a venir el conde. Que va a venir el conde.

-¿Qué conde? -El "condemento". No, hombre.

Alessandro Lecquio viene aquí. -¿Qué dices? ¿Alessandro?

-No estoy de broma. -¿Viene aquí? ¿Ahora?

-Sí, ahora mismo. -¡Y yo con estos pelos!

Con esos pelos te va a pillar. Ahora me río yo.

Le hice una entrevista a Alessandro.

Nuestro invitado de esta noche no es un personaje público.

No es un político. No es una persona

que necesite promocionarse en ningún sentido.

Él es doctor en Historia, máster en Economía,

cinturón negro de kárate, tercer Dan,

y el futuro marido de Ana Obregón.

Buenas noches, señor Lecquio. -Yo creo que has olvidado algo, ¿no?

-¿Ah, sí? -Bueno, 1,86, 78 kilos.

¿No? -No.

Llegó un momento que le hizo a Alessandro

dos preguntas de guión y el resto ya empezaron a reírse.

Y fue más casi Alessandro

el que llevaba la entrevista que Ana.

¿Qué te gusta de Ana Obregón?

Si te has enterado solo por la prensa

de lo que escriben de ella...

No te gustaría mucho. ¿Qué te gusta de ella?

Me gusta la Ana sin el Obregón. Ana. Ana mujer.

Qué celoso era, oye. Qué celoso era.

Tenía celos de Rody Aragón. ¿Te lo puedes creer?

Te iba a decir si te querías esposar conmigo,

porque estuvo todo el programa con esposas.

Gracias a Dios, me han liberado.

No te puedo pedir que te esposes conmigo.

¿No? ¿Tú sabes que "esposar" en italiano

quiere decir "casarse"? -Sí.

¿Entonces?

¿Sí o no? -¿Eh? Por supuesto que sí.

Alessandro llegaba a veces... Totalmente imprevisible.

En medio de la grabación o antes de empezar el programa.

O al final, cuando ya más o menos calculaba que terminábamos.

¿Ves cómo te gustan los infieles, pillina?

Estaba yo en la "roulotte" y de repente llega Alessandro

y me dice: "¡Te has liado con Rody!".

¿Pero qué dices? No me quería dejar salir.

"Ana, en cinco minutos en el directo".

¿Este hombre de qué va? Era muy celoso.

Vi esa etapa de un inicio de noviazgo con Alessandro,

donde... bueno, aportaba muchísimo de energía.

Estaba radiante y feliz.

Quién le iba a decir a Ana que aquella entrevista

sería la primera de las muchas que le harían a Alessandro Lecquio

y que la televisión se convertiría

en el medio de vida del noble italiano.

Me hacía reír mucho. Tiene un sentido del humor

que no te lo puedes ni imaginar. Me hacía reír una barbaridad.

Entonces aquello fue una auténtica revolución en España

y en toda la familia, ¿no? Y yo creo que Ana ahí brillaba,

que era algo muy especial. Se la veía completamente enamorada.

A él también.

Era demasiado perseguido. Yo me acuerdo que hasta

con Tiziana Ciarrapico, que era la hija

del embajador de Italia, una vez nos tuvimos que meter

en la embajada a tomar asilo

porque era muy difícil ir a cualquier parte.

Eran miles de coches que te seguían por aquí, por allá.

Una barbaridad.

Una barbaridad.

Vivía con Antonia todavía, pero ya estaban separados,

no estaban juntos. Y me acuerdo que la llamó

delante de mí. Le dijo: "Te he dicho

que estoy con Ana y que estoy enamorado de ella.

Y que lo siento mucho pero esto es lo que hay".

Así se lo dijo.

Desde que se conoce el romance de Lecquio con Ana,

pues ella no ha dejado de participar en programas,

despachándose a gusto sobre lo que pensaba de Ana.

Los dos han jugado juntos.

Cuando me he dado cuenta

que ha sido infiel, fuera de casa.

Si la relación estaba rota, no entiendo por qué

se enfadó tanto. La verdad es que no lo entiendo.

Y le duró luego 20 años el enfado.

Lecquio no se atrevió a salir del coche

para ir a dejar a su hijo donde vivía

y donde él había vivido

y vivía Antonia. Y, entonces, Ana guapísima,

espectacular, con un traje blanco maravilloso,

traje pantalón maravilloso, cogió al niño

para llevarlo al portal y que bajase su madre a recogerlo.

Pero Antonia estaba en la ventana, esperando que eso ocurriera.

Había llenado un cubo de agua, pero de agua sucia.

Y se lo tiró... y la puso como un trapo.

Mirándolo desde ahora, me parece una cosa hasta de risa.

A Antonia le sentó mal.

Que todavía no he entendido por qué, porque yo era libre.

Le fue muy rentable en lo económico,

porque de no conocerla nadie, pasó a que la conocieran todos.

# Ya ves que me faltas tú. #

# Y ahora te falto yo. #

# Desátame o apriétame más fuerte. #

Fue muy rápido todo. Además, nos conocimos,

nos enamoramos.

A los tres meses, yo estaba viviendo con mis padres,

me fui a vivir con él.

De hecho, a los seis meses me quedé embarazada.

Me hice el test y digo: "A ver. Esto ha sali..."

Estoy embarazada. Es que no me lo puedo creer.

Mira. Vamos a hacer una cosa. Hazlo tú, a ver si a ti te da.

Y si te da... -Está mal.

Y se lo hice hacer a él también. Claro. A él no le salió.

(RODY) Coincidimos en un programa de "Telepasión".

Comenzaba con el embarazo.

Y estaba todo el mundo preocupado. "Ana, de verdad..."

Y ella: "¿Cómo que no?" Levantaba la pierna.

Yo estaba embarazada e hice de Olivia Newton-John.

(RODY) Y yo de John Travolta.

¡Madre mía! Estaba embarazada de cinco meses,

levantando la pierna.

Luego lo vio el ginecólogo y dijo: "¿Estás loca?"

# No aguanto este plan. Ya no aguanto el plan. #

# ¡Uh, uh, uh! ¡Qué polvorín! ¡Qué polvorín! ¡Vaya trajín! #

Lo que siempre ha demostrado Ana estar muy orgullosa,

es del parentesco que tiene su hijo

con la Familia Real española.

Estar, de alguna manera, ligada a los Borbones.

Estoy encantado con Ana y con mi hijo.

Lecquio vio en Ana también a una chica guapa, simpática,

cariñosa y, también, por qué no decirlo,

la oportunidad de que su fama creciera.

Y de eso sigue viviendo hoy.

Lecquio se fue con Ana y dejó a Antonia.

Lo tenía muy claro. Nunca se casaron.

Fíjate qué curioso.

Y yo creo que él sí hubiera querido casarse.

Llega un momento en el que el amor se rompe.

No precisamente de tanto usarlo.

Más bien, porque el que más lo usaba, era Lecquio,

pero fuera de la pareja.

Unos cuernos pero como... Vamos. (RÍE)

Cuando sale la portada de Silvia Tinao

con Alessandro Lecquio, para Ana es...

Se le cae el mundo encima.

Se le cae el mundo encima porque no solo se entera

de que su marido le es desleal,

sino que, además, se entera todo el mundo.

Ella era azafata. Yo creo que Lecquio era como era.

También tuvo otras, que no salieron, pero que las tuvo.

Era el día que teníamos el "¿Qué apostamos?" en directo.

Entonces, yo me acuerdo que salió en la revista

Alessandro con otra mujer en un campo de golf.

Estaba Ramontxu. Y yo le decía...

Yo no paraba de llorar. Me estaban maquillando

y otra vez y seguía llorando y no había manera de maquillarme.

El maquillaje con la lágrima,

que no había manera de poner el rímel.

Pues fueron momentos complicados.

Digo: "Ramón, ¿cómo voy a salir, si soy la cornuda nacional

cantando '¿Qué apostamos?'?".

Ese momento fue muy duro. Pero bueno.

Pero cuando nos poníamos en aquel túnel de salida,

siempre hacíamos una cosa. Nos agarrábamos de la mano,

nos mirábamos y empezaba... (TARAREA)

Y empezaba la sintonía.

y ahí ya Ana se transformaba.

A Ana se le quitaba la lágrima y era la Obregón

en bruto comiéndose la cámara.

(CANTA) #Y suena una mazurca de Chopin.

#Si tienes olfato de elefante

#y corres más veloz que un avestruz

#aquí te damos todo lo que pidas.

No me lo creo. #El resto ya lo debes poner tú.

(AMBOS) Venga ya. #Qué apostamos, qué apostamos.#

Y encima la Dell'Atte por su lado con lo suyo, como que me alegro

que esta para que sepa luego, lo que fastidia esto.

Tenía razón, salió la verdad y la razón, tenía razón.

Lo lamento, si lo hubiera hecho antes

ya habría acabado mucho antes esta relación, pero ya está.

Perdí, sí, siete u ocho kilos en la separación, claro,

porque tengo un ejemplo muy importante en mi vida

que es mi familia, mis padres. Ver padre, madre, hijos,

todos unidos, y yo fracasar en eso

o haber separado a mi hijo de su padre...

-Lecquio es muy difícil como pareja,

yo creo que es el amante perfecto y el amigo perfecto, seguramente,

pero no el marido perfecto. -Alessandro fue, como pareja,

es fatal, el peor, lo peor que puede pasar en la vida

es tenerle de pareja, madre mía.

-Y nunca le ha hablado a Álex mal de su padre, lo contario,

siempre lo puso por las nubes.

-Él tuvo, bueno, hace tiempo que no, pero llaves de casa

yo ni visitas ni nada, cuando quieras estar con tu hijo,

es tu hijo y con el derecho de estar con él porque es tu hijo.

Ana y Lecquio mantienen una relación cercana

y amistosa, ¿pero curó el tiempo las heridas entre Ana y Antonia?

Es que yo por mi parte nunca he tenido nada contra ella.

Ana y Antonia no creo que estén reconciliadas,

no creo que tengan simpatía

ni se vean ni se llamen por teléfono ni nada de nada.

El viaje de la vida de Ana García Obregón

comienza en 1955. El viaje de mi vida fue muy largo,

también, el viaje de mi vida

ha sido agridulce, con momentos maravillosos

y momentos muy duros. "Lazos de sangre" recorre con Ana

ese trayecto vital al tiempo

que la conduce a un lugar especial.

¿Nadie me dicen dónde me llevan? Vamos a un lugar que ella

no espera y que forma parte de sus mejores recuerdos.

Un viaje donde aprendí muchísimo y me siento en el fondo orgullosa

de tener la valentía de superarlo.

Lo primero que tiene que superar una jovencísima Ana es un bache

de salud que acaba dando forma a sus sueños.

Siempre era como la que tenía

más imaginación, pero creo que empezó a los 13 años

que me puse malita y entonces, me imaginaba porque, bueno,

estaba muy mal, llegó un momento que no pude ir al cole.

Era un tumor, un tumor. Es durante esa época cuando Ana

descubre que lejos de lo que le enseñaron los cuentos

de hadas, la belleza, para muchos, no estaba en el interior.

Empecé a adelgazar mucho, me veía horrible, era el patito feo

y no me desarrollaba porque estaba mala.

Un día llego al cole y veo en el encerado:

"Ana está plana como una rana", y digo: "Serán desgraciados".

Entonces, ¿qué hacía? No había "wonder bra" ni nada

y le dije a mi madre: "Mamá, cómprame un sujetador"

y me lo rellenaba de algodón. Había guateques en esa época

o fiestas de niños y era como que a las fiestas

nos invitaban o tal, sí.

Creo que de pequeña tenías complejos físicos, además.

-Sí, totalmente. -Qué complejos tenías.

-¿Yo? De todo, por eso era una empollona

no hacía más que estudiar, si no soy guapa por fuera,

pues, al menos, por dentro. -Esa madre que estuvo a su lado

cuando cayó enferma y superó un tumor,

pues eso no lo ha olvidado.

Su madre ha sido alguien fundamental en su vida.

Nació en una familia con cuatro hermanos más y era una familia

muy divertida porque hacíamos muchas cosas,

pero la más trasto y quien nos engañaba con sus cosas

desde pequeña, era Ana.

No, Ana, no, Antoñita la fantástica a ver qué trola cuentas hoy.

-Y Ana madre es una persona muy tierna, muy madre.

(SE EMOCIONA) Perdona.

Es que creaba... creaba y crea un clima familiar increíble,

o sea, tiene detalles para todos. -Murió su madre cuando ella nació,

no tuvo madre, no sabe qué es ser madre entonces, se volcó.

-Creo que las conocí, a la madre en la tienda,

sobre todo, te diré que los clanes familiares,

ese era uno de los más importante de esos 80.

Diría que es lo más divertido el verlas probarse como locas

y se hubiese llevado la tienda entera.

La autoestima de Ana se recupera no solo por superar su enfermedad,

también gracias al nieto de Franco,

Francis, quien con un piropo la hizo verse con otros ojos.

Porque Mary era muy amiga mía de mi hermano mayor, Juancho,

y venía a casa y un día dice: "Qué mona es tu hermana",

yo me quedé, digo: "¿Mona, soy mona?"

Sí, sí. Iba al pazo a veranear,

cómo es posible que yo estuviera en una mesa comiendo con Francos,

es que es muy fuerte y casi le mato con una gamba, también, o sea...

Pues sí, una gamba salió disparada.

Ana, a lo mejor, el mismo susto que te llevaste al presentarte

Francis a su abuelo. -Sí, le llamé señora.

-Ahí, ahí iba yo, dijiste: "Buenas noches, señora".

-Sí, eso fue lo que le dije

y a la mujer: "Buenas noches, generalísimo".

(RIENDO) O sea, todo al revés.

Lo de Antoñita la fantástica es porque es la manera

que tiene ella de contar las cosas que muchas son verdad.

Soñar es bueno, pero con eso solo no se construye el futuro

y eso lo sabía muy bien su padre, empresario y constructor.

Mi padre nos inculcaba de pequeñitos el luchar,

trabajar, nos hacía estudiar muchísimo, era muy militar

en su educación, como no tuviéramos los dos zapatitos así puestos,

la cama hecha, era una cosa increíble.

pero se lo agradezco. (P. LAGO) Les cogí muchísimo cariño

a todos porque son especiales,

son muy humanos, creo que heredan la fuerza

y la garra de Antonio padre. -Es una presión porque siempre

tienes que ser el mejor en todo lo que hagas.

Tenéis que ser la mejor posibilidad de vosotros mismos.

-El café, Ana, bióloga, el café, ¿no es tan malo como el tabaco?

-Sí. -Es verdad, ¿y por qué fumas?

-El padre era el capataz, la que tenía dinero

era la madre Ana, pero un hombre con una visión

de futuro, inteligente, guapísimo.

-Me inculcaron mucho el sentido familiar,

la pena es que no lo conseguí en mi vida, pero esa familia

de padre, madre, hijos, que ya casi no existe

porque todos se separan, desgraciadamente,

pues esa era mi infancia, maravillosa.

(Música)

Lo de Miguel fue, creo que estaba aún en el cole,

yo le conocí en una fiesta de niños por la tarde

que yo iba con mis hermanas y me acuerdo que apareció Miguel

por ahí, qué guapo, madre mía, llevaba, te lo juro,

llevaba el pelo por aquí, una coleta, vaqueros,

fíjate, para la época, una bota alta

y ya había hecho, creo, un tema, "Linda".

(CANTA) # Linda, haz de modo que te sienta.

# Que el amanecer sorprenda

# mi silencio sobre ti. #

-Todas estábamos locas por él.

(J. YUSTE) La conozco hace muchos años en la época en la que ella

flirteó... estuvo un tiempo con Miguel Bosé.

Éramos una pandilla, yo y Millán éramos amigos

del grupo de Miguel y estaba Ana,

ahí Ana tenía 18 años me parece o 19 no lo sé

porque somos de la misma quinta. (RIENDO) Anita dinamita.

-Digo ya tenía una venilla ahí que quería ser actriz,

quería ser actriz. Me paró una chica por la calle

yendo a la universidad y me dice: "¿No te gustaría ser modelo?",

Y yo: "¿Modelo?" y empecé así e hice mogollón de anuncios.

Perdón, ¿por qué usáis el servicio CrediModa de Galerías Preciados?

-Por ser la manera de anticiparte.

Mi padre como no me dejaba,

en los anuncios me ponía así en la tele

y mi padre: "Hija, quítate" porque salían todos.

Todo esto del faranduleo no le gustaba,

pero Ana es muy chana y le dijo al papá:

"O me dejas que me dedique a lo que me gusta

o se acabó la carrera de Biológicas".

Le digo: "Mira, papá, lo siento, pero es lo que voy a hacer".

Te vistes a la moda ahora. -Y pagas en seis meses.

Los García Obregón son algo más que una saga

alrededor de Ana, cada uno de los hermanos

ha sabido ocupar un lugar importante

en sus distintas carreras.

Así, mientras Ana se convertía en actriz,

su hermana Amalia desfilaba en las mejores pasarelas.

Mi hermana Amalia, era una modelo espectacular

y es la más guapa de toda la familia

-Tanto Anita como Amalia

creo que eran dos mujeres de bandera.

A Ana, realmente, la conocí, tendría como nueve o diez años,

daba la casualidad que conocía mi familia,

eran muy amigos de sus padres.

En la época donde Amalia era top model

Mi padre tenía "Aplauso"

y la quería fichar y cogerla de presentadora,

pero se tenía que rapar el pelo. Fueron meses que si sí,

que si no, entonces, al final, desistió.

Fue otra presentadora, la norteamericana Rox

quien prescindió de su cabellera para sorpresa de los espectadores

de "Aplauso" mientras Amalia siguió triunfando como modelo.

Y fue una modelo de talla internacional,

o sea, podías ver a Amalia desfilar en París, en Milán, en Londres,

en Madrid, en los mejores lugares.

Desfilaba yo creo que mejor que ninguna

te puedo decir, en aquel momento, tenía mucha categoría.

Amalia estuvo casada con Giorgio Aresu

que en aquella época era un superpersonaje

porque era el creador del ballet Zoom, fue superrompedor

el traer a todos los programas

de la tele ese ballet que se hizo famosísimo.

Y el ballet "Aplauso", así que entregamos el trofeo

que lleva el nombre del programa a su coreógrafo Giorgio Aresu.

(Aplausos)

(Música)

Giorgio Aresu es un gran bailarín, apareció aquí con el ballet Zoom

que era un ballet que montó Valerio Lazarov.

Giorgio que tenía un pelito lacio, rubio así muy raro,

no se sabía muy bien lo que era, de qué iba.

¿Giorgio? Giorgio es un amor, es mi cuñado y es...

Con él hice el primer programa

de "Qué barbaridad" con Fernando Navarrete.

Qué maravilla. (CANTA EN INGLÉS)

Fue el primer programa de Nochevieja que dirigí,

realicé, ese trabajo era la primera vez

que se hacía después de muchísimos años un programa

en directo la noche de Fin de Año.

Entonces, la primera cosa, para mí era: ¿quién presenta?

El gran coreógrafo Giorgio Aresu me habló de Anita que era su cuñada

y, claro, quiere hacer famosa a la hermana de su mujer.

Y cuando la vi en el ensayo ya me di cuenta que aquella chica

no era una chica normal y es un animal televisivo

por muchas razones. -Yo le agradezco mucho,

le agradezco muchísimo, no sé si soy animal televisivo o no,

pero la verdad, Fernando iba a ciegas conmigo.

(Música)

Y queremos desearles a todos ustedes

y a todos quienes estuvieron en sus casas esta noche

un muy feliz 1984.

-Por mi parte, lo mismo, feliz 1984.

-¡Vamos! -¡Por vosotros!

-Ana trabajó con nosotros en ese especial de Fin de Año

e hicimos un sketch, la atábamos, me parece,

la envolvíamos en papel o en cuerdas o en papel celofán,

no me acuerdo y me la llevaba del escenario.

(Aplausos)

(Gritos)

Huyamos, ¡allí está!

-Era en directo, los programas de Nochevieja de TVE

eran siete horas en directo

porque empezábamos a las 11 de la noche

y creo que acabábamos a las cinco o seis de la mañana.

-Al día siguiente de Fin de Año, de aquel Fin de Año,

Ana Obregón ya se conocía en España

y ahí empezó su despegue como gran artista.

(Música)

(CANTA EN INGLÉS)

Ella explota, absolutamente, su lado femenino,

muy sexy, muy mujer.

(CANTA EN INGLÉS)

En los años 80 el pequeño de los Obregón, Javier,

se convierte en un soltero de oro, atractivo y deseado que pasea

su soltería por las principales fiestas de la sociedad madrileña.

Susana Uribarri, hija del prolífico periodista

José Luis Uribarri,

fue una de las primeras novias del hermano de Ana.

Conocí a Javi, al hermano de Ana,

y tuvimos una relación maravillosa,

una relación seria, nos queríamos mucho, es adorable.

Y, al final, tuve que elegir, a lo mejor, hoy en día

hubiera estado casada con él y sería más feliz,

pero tuve que elegir y me fui con una persona,

con mi primer amor, digamos. Fue Pino D'Angió.

(CANTA "MA QUALE IDEA")

Lo conocí en "Aplauso", el programa de mi padre,

le hice coros, o sea, trabajé ahí haciendo coros

y, bueno, ahí surgió y me fui para Italia.

(CANTA "MA QUALE IDEA")

Lejos de terminar siendo cuñadas,

Susana Uribarri siguió relacionada con Ana

además de como amiga, como representante.

La mujer que guiaría su carrera.

En su día, Javier García Obregón, ocupó los titulares de la prensa

del corazón por su boda con Paloma Lago.

Me conoció creo que porque él lo buscó

por lo que me dijeron se compincharon entre Ana

y él para crear ahí un momento, un encuentro

que yo no me esperaba para nada.

Empezamos en el mes de marzo en junio nos prometimos

y en octubre estábamos casados de ese mismo año.

Fueron 10 años maravillosos, muy intensos y muy vividos.

El vehículo que lleva a Ana

pone rumbo a un enclave emblemático,

un lugar donde millones de ojos han seguido sus pasos.

Que millones de personas me hayan seguido en mis trabajos

significa que algo he hecho bien,

que lo difícil del éxito no es tenerlo, es merecerlo.

Ana Obregón es demasiado grande como para que sus ansias

por triunfar se limiten al territorio español.

En un afán emprendedor, digno de su padre,

Ana cruza el charco para convertir su sueño en algo internacional.

Pero ¿estaba Hollywood preparado para el torbellino español?

¿Qué tal el curso en Nueva York?

Va bien, es muy disciplinado, son muchas horas de trabajo;

estamos haciendo teatro gratis, al aire libre,

este verano hemos hecho mucho. Estoy muy contenta.

Me ayudó mucho haber conocido a Robert de Niro antes de irme.

Tenía, encima del váter, el Óscar que le habían dado

por "Toro salvaje", le dieron el Óscar por "Raging Bull",

lo tenía encima del váter.

Yo decía: "¿Cómo puede tener este hombre el Óscar en el váter?".

Yo le dije que cumplía 21 y que en casa de un amigo hacía,

mi apartamento era esto, le dije que haría una fiesta.

Yo pensé que no iba a venir pero apareció,

pero muy suyo, en chanclas y tal. Apareció y...

Y más que un "affaire" fue un...

Sí, un algo.

Un algo, la verdad, pero no llegó a más.

Realmente, ¿qué significa ser una española allí?

Porque durante muchas épocas nos daban papeles de mexicana.

Esa ha sido una lucha grande, porque por culpa del acento,

normalmente, te ven de mexicana,

pero como yo no tengo mucha pinta de mexicana, tenía un problema,

tenía una cara más internacional. He hecho de italiana, de rusa...

Si quieres, te hablo en ruso. (HABLA EN RUSO)

El "casting" de verdad es en América.

Era una película que hacía Tom Cruise y mi mánager me dice:

"Ana, es de prostituta".

Le llamaron y dijeron que muy bien pero que tenía demasiada clase.

Así que le dije: "¿Qué hago? ¿Parezco más sucia?",

así que no me lavé el pelo.

Te dan otra oportunidad, así que me fui a Sunset Boulevard,

con la minifalda por aquí, los pelos ni te quiero contar...

La pinta que llevaba era... Iba maquilladísima.

Veo que me sigue un coche y que es un coche de Policía,

y digo: "Joder". Me dicen: "Eh, señorita".

"¿Sí?", les respondo. Y me dicen: "No puedes trabajar aquí".

Y les dije que no era trabajo, que era una actriz.

Y me dicen: "Es lo que decís todas, entra".

Así que me llevaron y les dije: "¿Puedo hacer una llamada?".

Llamé a mi mánager y le dije: "¿No lo parezco? Estoy detenida".

Y, encima, no me dan el papel.

El primer papel en una película internacional

es gracias a John Derek, que triunfó con "La mujer 10".

Tras pasar el "casting" se convierte en una componente

del reparto de "Bolero", película que le dio a conocer

y le ayuda a librarse de un complejo.

Ahí fue cuando decidí operarme el pecho,

yo tenía claro que me lo pondría; porque, claro, veía a Bo Derek

y tenía una envidia que me moría.

Su estancia en Hollywood hace que viva en casa de Julio Iglesias,

donde se convierte en una más de la familia.

La imagen que tienen de Julio no es la de un ser humano.

A mí me ha ayudado mucho su cariño, a nivel familiar,

de verdad, es totalmente cierto.

Era como irse a comer tortilla de patata y vino tinto

en mitad de Los Ángeles, imagínate, paella...

Todo eso que se echa de menos cuando no estás.

Estuvo viviendo en casa de Julio casi dos años,

no tenían una relación amorosa, pero la conocía de Madrid.

Alfredo Fraile, mánager de Julio Iglesias en esa época,

convivió con Ana en la casa del cantante en Bel-Air.

Ella vivía en el dormitorio de al lado y compartíamos baño,

espero que sea más ordenada, porque entonces era un desastre.

Era un ser entrañable, muy graciosa,

con muchas ganas de comerse el mundo.

En esa etapa hubo gente que la ayudó,

uno de ellos fue Ramón Arcusa, del Dúo Dinámico,

que vive, todavía, en Miami.

(RAMÓN ARCUSA) Sabía que tenía relación con gente de Hollywood

porque en la casa donde estábamos

Alfredo Fraile, Toncho Navas y yo, las sirvientas de Julio

tomaban mensajes diciendo: "Ana, te ha llamado Steven,

devuélvele la llamada", Steven era Steven Spielberg.

"Llama a Bo, acaba de llamarte", y era Bo Derek.

Que te haga una película no una paella.

-Tuve que hacer la paella por teléfono,

porque me dijo que le encantaba la paella,

así que llamé a mi madre, porque yo no sabía cómo hacerla,

y ella me iba diciendo cuándo echar el arroz, los calamares...

Yo estaba flipando de que me invitara Spielberg,

pero hacía cosas raras, como si me estuviera grabando.

Un ten con ten pero no pudo ser.

Los Ángeles fue una época maravillosa,

tuve la suerte de trabajar en la serie más vista entonces,

"Who's the Boss?", con Tony Danza; luego, estuve en el "Equipo A"

y, entonces, conocí a Fernando.

Fernando estaba en España y dije: "Hollywood, os quiero mucho".

Pero los dejé colgados, elegí el amor.

Y no me arrepiento, no me arrepiento.

-¿Con quién te hubieras casado?

Con Fernando.

-¿Ha sido el gran amor de tu vida?

Sí.

Sin lugar a dudas. Pasa el tiempo y cada vez, te digo más que sí.

Sí.

La historia de amor entre el as del baloncesto y la famosa actriz,

que acabaría en tragedia, encandiló a todo el mundo.

Me disfrazaba de viejecita e iba a los partidos del Madrid.

(RÍE) Sí.

Solo he podido verlo en Estados Unidos,

cuando Fernando se fue a jugar a la NBA, a Portland;

pero, mala suerte, empezó a jugar y estaba mucho en el banquillo.

"Están jugando ahí", yo miraba el banquillo.

A mí, el partido me daba igual.

Creo que la historia de amor más grande que ha vivido Ana.

No fui a ninguna discoteca con él, que se hace cuando tienes 20 años,

ni fui a cenar a ningún sitio que me apeteciera de Madrid...

Por la carretera me llevaba a sitios donde van los camioneros,

que se come muy bien, ahí nos íbamos a cenar.

Gracias a eso no nos pillaron hasta el final.

-Estaba profundamente enamorada de Fernando

y se veían a escondidas.

Recuerdo que les hice unas fotografías

poco antes, desgraciadamente, de fallecer Fernando Martín.

Antonio y Fernando eran grandes y tenían mala uva,

no entendían muy bien el interés de la prensa por su vida privada.

No hablaba, Fernando no hablaba nada.

Decía: "¿Para qué? Si hablas por los dos".

-¿Te dijo "te quiero"? -Sí, eso sí.

Pero lo decía poco, aunque, a veces, es mejor.

Si te lo dicen pocas veces, cuando lo hacen te derrites.

Fernando era... Era un ser muy especial

que, quizá, no era feliz en esta vida porque no le gustaba

que la gente estuviera pendiente de él,

en los periódicos, en la prensa...

A Fernando no le gustaba nada mi trabajo como actriz, nada,

y era una época en la que yo no paraba;

rodaba películas en Italia y él era genial.

Su madre me decía, la quería un montón,

Carmela siempre decía: "Este niño es tonto,

cuando no estás, va a entrenar y, luego, se queda viendo la tele".

No salía, si yo no estaba, él no se movía de casa.

Era increíble, sí. Fue una época en la que dije:

"Me voy a hacer un máster en Dirección de Empresas",

y empecé a trabajar con mi padre en la inmobiliaria,

pero me aburría muchísimo.

Ana estaba dispuesta a sacrificarse por amor,

pero la velocidad y un charco se cruzaron en el camino del 10

del Real Madrid de baloncesto, un diciembre de 1989.

Cuando Fernando Martín se mató en aquel desgraciado accidente,

cuando iba a salir, creo que iba por la M-30,

creo que Ana no ha llorado más en su vida.

Cuando ella se entera de la muerte de Fernando, siempre le quedó

esa cosa de no haberle dicho por la noche que le quería.

Muy duro, la verdad es que fue duro, sí.

Fue su primer gran amor y son los que se recuerdan.

Pienso en él muchísimo, casi todos los días, sí.

Sí, pero de otra forma, porque tienes que desapegarte,

un poco, de esas cosas, pero...

Pero me encanta, porque ¿qué sería de la vida de nadie

si no tuvieras recuerdos maravillosos?

La vida de Ana Obregón viaja desde la tristeza más extrema

a la felicidad más rotunda.

El público te da la vida, gracias a Dios me siento querida.

De verdad que sí.

Ana se dirige a un destino cuajado de recuerdos.

Pero ¿dónde vamos?

Solo unos años antes de la muerte de Fernando

protagoniza una película, cuyo título describe sus días

en aquella época previa a la tragedia.

Pensé que era un papel que le iba bastante bien,

en "La vida alegre" queríamos tener un reparto de actores conocidos.

¿Hacía de mi amante? Ah, sí, era mi amante.

Era la amante del ministro y yo le ponía los cuernos con...

"La vida alegre" es una película que es un descojone.

-Ella fue muy entusiasta.

Ana me dijo: Mi personaje tiene cierta importancia

y en la película desaparece, no se despide".

Y le dije: "Tienes razón".

Amorcito, ¿estás listo?

-Le daba ideas, le decía cosas. No es que le diera ideas

y las cogiera, pero le daba tal coñazo...

Aparece Ana y dice: "Amorcito, que nos vamos al Japón".

¿Adónde vais?

(AMBOS) ¡Al Japón!

Quedó muy bien, porque se cerraba su historia.

-¿Qué te voy a decir? Es que hay que verla,

está muy graciosa la tía, lo hizo muy bien.

-Hay una escena donde están metiéndose mano y tal...

Había un colegio, era de noche, pero serían clases nocturnas.

Aparecieron los niños del instituto e imaginaos:

"Obregón, Resines, os hemos pillado y tal".

"Imbéciles, es una película".

La Obregón que marchó a Estados Unidos no es la misma,

esa joven, que se ha codeado con los más grandes,

la llaman en España para hacer las campañas más importantes

y con los más importantes.

Me llamaron para hacer al anuncio con Plácido Domingo, imagínate.

Recuerdo que estaba en Los Ángeles y dije: "Dios mío, ¿qué hago?

Yo bailaré y el cantará. Y, de repente, me dicen:

"Vais a hacer un dueto", y dije que ni de coña.

Yo no canto, canto fatal.

(CANTA) # Un tiempo lleno de luz, la luz de Navidad...#

El lugar donde llevamos a Ana es sinónimo de Navidad,

al igual que la Navidad es sinónimo de familia.

Mi vida me la ha marcado mi hijo, sin lugar a dudas;

ha sido mi Norte, mi Sur,

mi guía y mi motor.

El peso de la fama cae sobre los hombros

de un pequeño Álex que, ante la constante atención

que despertaba su madre, se convierte en protagonista

involuntario por sus reacciones ante los micrófonos.

Se dedicaba a morder las alcachofas de los reporteros.

Le ponían las alcachofas aquí, ¿qué hace un niño de un año?

No veas lo que era el niño. Bueno, no es que solo las mordiera

es que se quedaba con los trozos de alcachofas en la boca.

Mi hijo es mi mayor defensor;

es increíble como un niño tan pequeño se haya dado cuenta

de esa agresión que siente su madre.

Cada vez que salimos y ve a los "paparazzis"

les dice "tontos", les llama de todo.

Me defiende y me lo dice antes de salir de casa:

"¿Me llevo una pistola por si vienen los...?". De juguete.

"Por si vienen los "paparazzis"".

Sí, ese fue un momento en el que estallé.

Creo que es una agresión a un menor, no tiene que vivir eso.

No entendía cómo a una mujer trabajadora, madre soltera,

que se acababa de separar, que iba con su niño en brazos,

agredían de esa forma a su hijo. Era una verdadera agresión.

Ella, de alguna forma, se lo buscaba.

Por un lado, sufría porque le hacían fotos,

o porque le hacíamos fotos; pero, por otro lado,

ella lo ponía a posar en sus reportajes.

Yo le doy clases. -El fútbol es lo que más me gusta.

Lo que más le gusta es jugar al fútbol.

En la época que fui Defensor del Menor

algunas personas, como Ana, vinieron a vernos.

Llamé a Terelu, que vino encantada; Eugenia Martínez de Irujo, también;

fuimos juntas y al pobre Javier le dimos mucho la lata.

Las revistas sacaban, con alegría, las imágenes de los niños

y yo dije: "Esto no puede ser. Reservemos a la infancia

y cuando tengan 18 años que decidan si quieren ser famosos

y lo que ello conlleva".

Desde entonces, gracias a Dios, y a más personas famosas,

con sus hijos, cambiaron la ley y todos los hijos de los famosos,

a partir de entonces, salen distorsionados.

Me atengo a la Ley del Menor

y a quien saque a mi hijo le denuncio.

El posado, otra vez, fue por un tema de mi hijo.

Nació mi hijo y quería ir a la playa con él,

como cualquier madre, quería jugar en la arena

y hacer castillitos de arena, así que dije: "Hagamos una cosa,

me pongo aquí, me hacéis 300 fotos, hago un posado de verano,

todos los veranos, y, luego, me dejáis tranquila, os vais".

No había verano si no empezaba

con un posado de Ana Obregón en Mallorca.

No hay nadie en este país capaz de ponerse los triquinis

y los biquinis que se ha puesto Ana.

Es que no hay nadie.

Luego, empezaron los productos y gente a contratarme

por hacer el posado de verano y dije: "Bien, un trabajo más".

Y así nació el posado del verano.

Para Ana Obregón, Alberto de Mónaco es uno de sus amores.

La verdad es que no hubiera podido, en mi vida, tener una relación

con un príncipe o tal, no hubiera podido.

No sabes qué incómodo es todo el protocolo,

es incomodísimo, es horroroso, porque soy una persona muy natural.

Es verdad que eran amigos, ella fue al Baile de la Rosa,

que se conocieron, todo eso es verdad.

-En el Baile de la Rosa me dediqué a contar chistes

y, además, Rainiero se reía, ¿sabes? No sé...

Acabé, de repente, bailando con el príncipe,

abriendo el Baile de la Rosa.

Yo decía: "¿Por qué? No entiendo cómo he acabado aquí".

Ahí acabé y me quedé porque me gustaba, sí.

-Hay unas fotografías donde están juntos,

pero creo que la relación se limitó a eso.

Ana sabía la importancia que tendría para ella tener esa...

Si no tenían una relación, al menos, una fotografía.

-No hubo nada, no hubo ni una noche de pasión.

El programa "¿Qué apostamos?" supuso la consagración

de Ana Obregón como presentadora.

Convirtiéndola en la otra mitad de la pareja,

que fue a la televisión de los 90, lo que Laura Valenzuela

y Joaquín Prats a la de los 60. Ana Obregón y Ramón García.

Creo que fue el programa, "¿Qué apostamos?" fue el programa.

Una gran estrella muy conocida, como era Ana,

le dio la oportunidad a un chaval que venía de Bilbao.

Una cara familiar para todos, sobre todo, para mí,

que tengo la suerte de ser su cuñada.

Un aplauso para Paloma Lago.

(Aplausos) (PÚBLICO) ¡Bravo! ¡Bravo!

Creo que a Ana le gustaba más que a nadie la ducha, ¿no?

Cuando le caía el agua y estaba con el pelo mojado

estaba, realmente, espectacular y guapísima.

En el fondo le gustaba, a Ana le va la marcha.

(CANCIÓN) # ¿Qué apostamos? #

Empecé a trabajar cuando Álex tenía un mes,

estaba haciendo "¿Qué apostamos?". Pasaba 14 horas fuera de casa.

Yo he estado con ella cuando Álex era pequeño, iba al plató,

lo tenía en el camerino y le daba el pecho, volvía...

"¿Me he arrepentido de trabajar tanto?".

Cualquier madre trabajadora se arrepiente.

En un trabajo como el nuestro, donde no hay horarios...

Yo trabajaba doce o catorce horas, hacía un programa, una serie,

una película... Todo al tiempo. Pues... sí.

La rivalidad perpetua entre Obregón y Dell'Atte

llega a televisión cuando Ana, al dejar "¿Qué apostamos?",

es sustituida por Antonia como compañera de Ramón García.

Antonia, que era otro terremoto distinto,

ella no sabía tanto de televisión, lógicamente, como Ana,

que había hecho mucho, yo he lidiado un montón.

(CANCIÓN) # El resto ya lo debes poner tú.# ¡Venga ya!

Yo lo dejé y entonces luego ya me dio pena

que cuando lo hizo ella bajó muchísimo la audiencia.

Eso fue muy triste.

(Risas)

Ahí queda eso. Ahí queda eso.

(Risas)

Anda, de verdad, eres la monda.

"Joer", si no fuera por estos momentos.

Y si es así, perdonadme, por favor.

-No te preocupes.

Y en ese momento me ofrecieron hacer

el "Hostal Royal Manzanares".

En el "Hostal Royal Manzanares" Ana conoce a Lina Morgan.

Y se hacen íntimas amigas. También estaba Mónica Pont.

Y, no sé, había muy buen rollo.

Así como a Lina se le iba la pinza

porque ella improvisa todo el rato, Ana no.

Ana tenía sus textos perfectamente aprendidos,

daba el pie perfectamente

y tú sabías cuándo tenías que entrar.

Yo hacía un personaje, Sonsy, que era como una

que trabajaba en el topless.

Hacía de...

y era muy torpe y se caía.

Sí había una cierta rivalidad con Lina Morgan.

Eran dos estrellas.

Dos gallos en un gallinero no puede haber.

(ANA G. OBREGÓN) No, no, no, no.

Lina ha sido una compañera y una amiga.

Siempre, siempre.

Presentamos juntas para TVE la gala de...

¿Qué gala era, de Navidad? De Reyes.

Sí. -A ver, qué alegría.

Ya estaba más mayor y tal.

Y bueno, tenerla ahí conmigo otra vez fue...

Un momento. -Un momento.

Un momento, un momento.

Que yo también me quiero despedir.

Yo también me quiero despedir de mis amigos.

Sí, por supuesto. -Os quiero con toda mi alma.

Os deseo lo mejor del mundo para el año nuevo.

Os quiero. Soy Lina Morgan.

¡Olé, bravo! -¡Bravo, bravo!

¡Bravo! -¡Feliz Año!

En las series de televisión Ana encuentra el lugar ideal

para desarrollar su talento, además de convertirla

en mucho más popular y entablar relación

con grandes actores de nuestro país.

Que ahí los protagonistas éramos Carmen Maura,

Ana Obregón y yo.

Y Ana hacía de mi mujer, de mi segunda mujer,

con los niños y tal.

Qué sentido del humor tenéis. Te voy a echar de menos.

Es difícil que encuentre un enemigo a mi altura.

Me das una envidia...

Nunca, jamás ni un día; estuvimos tres años;

ni un día hubo ni un problema con ella de...

Porque hay a veces la imagen

de gente que aparentemente es frívola,

pues que no trabajan seriamente.

Lo que quiero decir en alto y en público

que profesionalmente de una categoría excepcional.

(Música rock)

Cuando ideé "Ana y los siete", que se me ocurrió decirlo

en algún medio: "Pues he escrito una serie".

"Ja, ja, la Obregón ha escrito una serie".

Toma, una de las series...

No una, con "Médico de familia" la serie más vista

de la historia de la televisión de este país. Y "ja, ja".

He tenido la suerte de estar en las dos...

dos de las series

con más éxito de este país.

En "Ana y los siete" y en la otra

que también tuvo mucho éxito.

O sea, que Ana no solamente tenía buena visión como actriz,

sino que también era una buena guionista.

"Ana y los siete" fue como un regalo.

Señor, el café.

Muchas gracias, Bruno.

Yo siempre la recordaré llegando a las 8 o 7

de la mañana vestida de una manera...

Y digo: "¿Adónde vas?"

Siempre tan vestida como de portada de revista

a las 6 de la mañana.

Hubo una secuencia muy graciosa que yo llegaba borracho a casa.

Ella estaba tumbada en mi habitación

y yo me confundía y me pensaba que era una chica

que había quedado allí con ella.

Y le tenía que tocar las tetas. Y me daba muchísima vergüenza.

Yo hacía así y acercaba la mano un poco,

pero no llegaba a tocar.

Y al final ella cogió y me dijo: "¿Quieres tocar bien de verdad?"

Y me cogió la mano y me apretó la mano.

¡Toma!

Un besito. -Joder.

Recuerdo que estábamos en maquillaje,

estaba viendo una revista. Estábamos a punto de rodar

esas escenas finales de la serie

en la que nos casábamos.

Y estaba el vestido de la mujer del sah de Persia.

Y no se cortó nada. Cogió el teléfono

y entonces dijimos: "Va a llamar por teléfono

a la embajada de Irán".

Y efectivamente: "¿Embajada de Irán?

Hola, soy Ana Obregón. Quiero este vestido".

Santo Dios.

En fin, bueno, entonces le dije:

"Mira, mamá, me voy a casar. Si quieres vente de público

y te pones ahí en primera fila y me ves vestida de blanco".

Es que mi madre siempre decía: "Es que yo soñaba con ver a Ana

salir de casa vestida de novia".

¿Quieres recibir a Fernando por esposo

y prometes serle fiel en las alegrías y en las penas,

en la enfermedad y en la salud, y así amarle y respetarle

todos los días de tu vida? -Sí, quiero.

Y también recuerdo a propósito de la boda

que el anillo de pedida era un anillo

de 400 millones de pesetas con un pedruscón así,

un diamante espectacular que consiguió

que le patrocinara no sé quién.

Y yo recuerdo que estábamos en el plató

con dos guardias jurados ahí al lado todo el rato

para el tema del anillo.

Hicimos el pico de 7,5 millones de espectadores.

Hicimos el mismo pico que hizo

la boda del príncipe con Letizia.

Así que mira, muy orgullosa que estoy de eso.

Puede besar a la novia.

(Aplausos)

Yo cuando la conocí realmente fue haciendo "Blasco Ibáñez",

que era un reparto que Berlanga quería cuidar muy bien.

¿Acaso tiene miedo?

Tengo que vengar una afrenta.

Que no fui yo. -¡Ah!

Nos lo pasábamos muy bien,

porque es una tía muy divertida Ana.

Y muy gamberra, ¿eh?

Voy a contar una anécdota muy divertida que le dije:

"¿A que no te quitas el sujetador?"

"¿Cómo que no?" Y la tía sin quitarse nada

se quitó el sujetador, lo tiró al aire

y yo que iba en el coche atrás lo cogí.

Como todos saben, monsieur Blasco Ibáñez

es uno de los duelistas más pertinaces

de nuestro tiempo. Es más, yo creo que él debería

ser el juez de esta contienda.

Oh, en ningún modo. Siga usted, por favor.

Pues ella salió con muchos novios y yo decía:

"Oye, Ana, a ver si voy a tener detrás un fotógrafo.

No me fastidies, a ver qué va a pensar mi mujer".

Yo en esa época estaba casado con la madre de mi hijo.

Con lo cual no había ninguna posibilidad.

Ana, madridista declarada,

llevó su afición más allá de las gradas del Bernabéu,

llegando hasta el vestuario y entrando en la estable

vida matrimonial de una spice girl.

Lo de Ana Obregón y David Beckham

es otra de las "obregonadas" de ella.

La verdad es que el pollo

se lo montó Victoria Beckham a ella.

(CANTA UN TEMA DE SPICE GIRLS)

(CANTA UN TEMA DE SPICE GIRLS)

Yo sólo recuerdo cuando vino al gimnasio.

Y eso es que digo: "Ya es historia de España".

Que yo no lo entiendo, ¿porque si tan asquerosa era yo

y todo eso por qué estaba celosa y se vino

a mi gimnasio a montarme el pollo la tía?

Y si no la llegan a separar se quedan sin pelo.

Y fue cuando la otra dijo: "Es que no me gustan

los españoles porque huelen a ajo".

Cómo no me voy a aguantar si llevaba dos guardaespaldas.

Claro. Yo no, yo no dije nada. Sólo le dije una frase.

Era la época del "Tomate" y no lo entendió porque digo:

"Voy a sacar sentido del humor".

Y le dije: "Victoria, be careful for the 'Tomato'".

Y claro, no entendió nada.

Dirá: "¿Esta tía que ha tomado?"

El vestuario del Real Madrid seguía siendo una auténtica

cantera no sólo de futbolistas, también de novios de Ana.

Davor fue la paz que llegó a mi vida, fue la tranquilidad.

Qué gusto, de verdad, después de toda esa vorágine

cuando llegó Davor fue una tranquilidad,

un paz, un caballero.

Una maravilla.

Perfecto. Demasiado perfecto para mí en ese momento.

Una vez dice: "Es que tengo una cosa de trabajo".

Entonces se un poco antes de un ensayo.

Y al día siguiente en toda la prensa

aparece en los toros con Davor Suker.

Y yo: "Anita, que te hemos pillado.

Que estabas aquí en los toros".

Y se partía de risa, ¿no?

Es que se juntaron dos explosivos,

que eran Davor y ella.

Que fue cuando yo a Ana la he visto más divertida.

Realmente porque estaba con un gamberro total.

Él se fue a jugar creo que fue al Manchester...

Ah, no, al Arsenal, a Inglaterra.

Y yo a mi hijo con la vida que ya llevaba,

una separación de padres, todo el lío que llevaba

mediático no le podía separar ni de su cole, ni de su padre.

Pues decidí quedarme aquí y no casarme con él.

Pero también sé yo que estuvo con Hugo Sánchez,

que fue un futbolista mexicano muy conocido

que estuvo en el Real Madrid.

Cuando a Ana mejor la he visto siempre ha sido enamorada.

Los lazos de sangre familiares están tan presentes

en la vida de Ana que hasta en su serie

"Ana y los siete" dos de los personajes

llevan el nombre de dos de sus hermanas:

Amalia y Celia.

Celia por ejemplo es una persona maravillosa.

Una grandísima profesional muy muy bien preparada.

La cerebro de la familia.

Trabajó con su padre mucho tiempo.

Una familia... cinco hermanos.

Imagínate, peleas a las horas de comer, de cenar,

porque éramos los cinco malos.

Cada uno traía amigos del cole.

Maravillosa. Yo de verdad que doy gracias

por tener una familia así unida.

Álex ha heredado el espíritu emprendedor de su abuelo.

Y a diferencia de sus padres ha querido vivir alejado

de los medios de comunicación.

¿Mi hijo? Uf, cómo es.

Se me cae la baba.

Sacó dos carreras con unas notas increíbles.

Y dice: "Mamá, voy a montar una empresa".

Y empezó en el garaje de casa con dos personas.

Y ahora mismo tiene una empresa

que tienen unas oficinas ya de dos pisos,

a 22 personas que trabajan con él y...

Impresionante.

Con Álex tengo muy buena relación.

Es un chaval de la leche.

Y... y ya te digo, muy buena gente.

Ha sacado fuerzas de donde no las hay.

Y está saliendo todo genial

y seguro que va a salir todo genial.

Álex es una mezcla.

Yo creo que el sentido del humor tanto el padre

como yo tenemos muchísimo sentido del humor.

Pero yo creo que Álex nos lleva ventaja,

como ser humano, como fortaleza, como...

Nos lleva ventaja en todo, es mucho mejor en todo.

Los niños me encantan, y me hubiera encantado.

Lo que pasa pues que la vida me lo ha puesto así.

O no he encontrado después

de separarme otro hombre para tener niños.

En este momento el corazón de Ana, y nunca mejor dicho,

está en coma profundo.

Es lo último que pienso, en Ana.

Y voy a empezar a pensar en mí.

Creo que ahora me toca.

He creído muchas veces que el amor no existe.

El amor de pareja.

Lo que me ha demostrado la vida es que hay amores

que son mucho más inmensos que el de pareja.

El amor de pareja siempre está muy condicionado

y siempre tiene fecha de caducidad.

Menos en el caso de mis padres.

Me encanta, ¿no? Llevan 64 años.

Madre mía.

Es que mi madre era una niña. Se casó con 19 años.

Fíjate qué barbaridad. Qué barbaridad.

Y ha sido el hombre de su vida, el único hombre.

Y me encanta.

Ahora ya están muy mayores, tienen 90 años.

Estoy con ellos todo lo que puedo.

Y cuando llego a casa y les veo de la mano

viendo la tele digo: "El amor existe".

Ana descubre, al igual que lo hizo cuando era niña,

que la belleza tiene dos caras, y mientras las fiestas

y los reconocimientos se suceden

hay quienes piensan en ella para convertirla

en una más de sus víctimas.

"¿Ana has visto la portada del 'ABC'?"

Digo: "¿Qué?" "Que estás en objetivo de ETA".

"¿Cómo? O sea, ¿perdona?"

Digo: "No me lo puedo creer".

Parece ser que en zulo de Ortega Lara encontraron

una serie de documentos de seguimientos

que había tenido yo de ETA.

El ministro del Interior tiene la obligación

de avisarles para que tomen ciertas medidas.

Que había un momento que me seguían los paparazzis,

ETA y la contravigilancia.

La conmoción llega a todos los españoles

cuando ETA decide acabar con la vida

de Miguel Ángel Blanco.

Y Ana, al igual que otros muchos artistas,

forma parte del concierto

homenaje del joven asesinado.

El programa era yo la directora.

A la hora de elegir presentadores creo que también

fue un acierto elegir a Ana,

a Concha Velasco y a Matías Prats.

Lo primero que dije: "Estoy aquí.

Sé que soy objetivo.

Así que si queréis cogerme venid aquí".

Así, con dos.

Estamos aquí porque la muerte

no puede tener la última palabra.

Porque nosotros somos la mayoría,

porque contamos con la razón, porque tenemos la palabra.

Y con ella pedimos la paz y la libertad.

(Vítores y aplausos)

Ya estamos en Gran Vía, bien. Bien, Gran Vía.

¿Y ahora qué?

Nuestro viaje con Ana nos lleva al lugar frente al reloj

que marca un punto de partida no sólo en el calendario,

también en cualquier viaje.

Un lugar que aunque marque un cero, paradójicamente

es un diez para cualquier presentador de televisión:

las campanadas de Año Nuevo.

Ya sé dónde me han traído. Madre mía...

Ay, este balcón.

Si el balcón hablara, qué de recuerdos.

(SUSPIRA)

Mis primeras campanadas fueron con el maestro,

con Joaquín Prat, que fue maravilloso.

¡Feliz Año!

Dice: "¿Estás nerviosa, Ana?" Y digo: "Para nada".

Cuando sé que me ven más personas más me vengo arriba.

Ana, ¿cómo has conseguido llegar hasta aquí

con toda la marabunta, con ese traje tan escasito

y pasando fresquito?

¡Por favor, Joaquín! ¡Ay! -Ay, madre.

¡Hay un viento que me está llevando!

¿Qué llevas ahí, Ana? -Tápame.

Es una liga roja. Yo no sé si saben todos ustedes

que para entrar con mucha suerte en este año

nos tenemos que poner algo rojo.

Y luego ahí seguí, seguí, seguí.

Y luego con Ramonchu, fue mi compañero de campanadas.

Muy buenas noches a todos.

Nos encontramos en la noche más mágica del año.

Yo estoy realmente feliz de volver a estar

con todos ustedes, con mi querido Ramón

para recibir este nuevo año, el año 1996.

Dar las campanadas es la retransmisión

más intensa, más difícil.

Lo más emocionante que se puede hacer en España.

Pues hay que saludar a mamá. -¡Mamá!

A papá, a Patricia. -A todos, os queremos.

Besos a toda la familia. -Besos, besos.

Me siento muy orgullosa de haberle tirado

por el balcón la capa. Muy orgullosa. No lo sabían.

Pero qué gusto. Toma. -El edificio estaba en obras.

Y cuando Ana tira la capa,

y yo me asomé para atrás me acuerdo,

y miro y digo: "¡Oh, la capa!"

Y se había quedado colgada ahí en un andamio, ¿no?

Pero bueno, las cosas de Ana.

Y la tiré ahí abajo, en toda la plaza.

Qué risa.

Pobrecito, se quedó alucinado.

Yo creo que lo mejor de mi carrera

es que nunca he perdido la pasión.

Después de tantas series de televisión,

de tantos programas, de tantas películas,

nunca jamás he perdido la pasión en algo que me gusta,

que es eso, mi profesión.

(AMBOS) ¡Feliz 2005!

Bueno, yo sé que no es Fin de Año,

yo sé que nos ha llegado todavía las campanadas,

pero quiero hacer un brindis muy especial.

Y voy a brindar solamente por una cosa,

y es por la salud de todos los españoles.

Y voy a beber.

Feliz salud a todos.

Adiós.

(RÍE)

Lazos de sangre - T2 - La saga Obregón

17 jul 2019

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