Actualmente más del 70% del litoral español está urbanizado. Esta serie documental, producida en colaboración con el Ministerio de Medio Ambiente, estudia la evolución de la costa y la riqueza de los ecosistemas acuáticos, ofreciendo un espectacular viaje audiovisual.

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Las riberas del mar océano - Nuestro legado - ver ahora
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Las Riberas del Mar Océano nació como serie documental informativa.

En ella hemos visto

cómo el hombre ha compartido historia con el litoral,

hemos estudiado las formas litorales que el mar es capaz de construir

y también cómo el hombre es capaz de ocuparlas.

Hemos analizado la Ley de Costas y su necesidad,

cómo cumple el mandato constitucional.

Necesitamos ahora preguntar a otros expertos que nos digan su opinión

para que al final de la serie el ciudadano se pueda preguntar:

¿Es esto sostenibilidad?

¿Es esta la costa que queremos legar a las siguientes generaciones?

¿Es esta nuestra Ribera del Mar Océano?

La costa española,

si se permite el ritmo de construcción de los últimos años,

estará en poco tiempo urbanizada casi en su totalidad.

Hoy, una tercera parte del litoral mediterráneo

tiene ya totalmente edificado su primer Km de mar a tierra.

En nuestro país la construcción triplica la media de Europa.

Esto ha supuesto la destrucción de humedales,

el deterioro medioambiental

y el crecimiento insostenible del consumo de agua y energía

en urbanizaciones para segunda vivienda

y en complejos turísticos de gran porte.

Ante este panorama es necesario hacerse algunas preguntas

relacionadas con los derechos y obligaciones

de ciudadanos y administraciones.

¿Cuáles serán las consecuencias de agotar

los tres recursos fundamentales: suelo, agua y energía?

¿Qué sucederá con el agotamiento de la capacidad de defensa

del litoral ante la subida del nivel del mar?

¿Qué ocurrirá con la pérdida

de los grandes valores ambientales de nuestra costa, lagunas litorales,

rías, estuarios, ramblas, acantilados, playas y graveras?

El medio ambiente es un elemento absolutamente esencial

para el desarrollo de la personalidad

por eso dice que el medio ambiente constituye un derecho,

que es lo primero que tomamos en consideración.

Como derecho nos beneficia, nos sirve y lo explotamos

pero también es un deber, una obligación.

Constituye un derecho y una obligación al mismo tiempo

porque es un elemento esencial para el desarrollo de la personalidad

de cualquier ciudadano, la interconexión es lógica y natural.

La ley que aprobó el Código Penal en el año 1995

incluyó también los delitos ambientales y consideró como tales

algunas infracciones al medio ambiente, al orden del territorio...

Con lo que se elevó a la máxima sanción penal

indicando el interés del legislador en proteger estos bienes y valores.

Tras la revisión de la ocupación en los últimos 50 años

y en especial en los últimos 20, es necesario preguntarse

y preguntar en voz alta sin complejos:

¿Garantizan nuestras administraciones la protección,

el libre acceso, tránsito y uso público

del dominio público marítimo terrestre

cualquiera que sea la naturaleza de los bienes que lo integren?

¿Es coherente que los ayuntamientos tengan la potestad

de autorizar recalificaciones sin apenas limitaciones medioambientales

de un territorio que afecta, cuando no invade, la costa y su entorno;

que es de todos los españoles?

¿Han utilizado las autonomías su competencia

de ordenación territorial para ayudar en la protección

ante la destrucción medioambiental del litoral

y para coordinar su papel de tutela de los derechos constitucionales

de todos los españoles?

El Estado, como garante último ante los organismos internacionales

y reasegurador final de los daños al bien público,

¿Ha actuado conforme a derecho ante el expolio social?

¿Debe el Estado ser observador o debe actuar con firmeza,

respetando y haciendo respetar las leyes?

La ausencia de lealtad administrativa,

la politización de las actividades que estrictamente son de gestión,

las fuentes irregulares de financiación

o las actuaciones impunes de mafias bien establecidas,

en suma: la corrupción,

¿Son las causas del deterioro medioambiental de la costa?

Todo lo que tiene que ver con la gestión de los temas ambientales

y explotación de recursos naturales

lógicamente, tiene que estar en manos de la Administración.

Basándose, como dice el párrafo segundo del artículo 45,

en la necesaria solidaridad colectiva.

Es decir, la Administración con participación del ciudadano

y con control por parte de ese ciudadano

que tiene que estar en condiciones de exigir a la Administración

que la norma ambiental se cumpla.

El ciudadano tiene que cumplir

por la referencia al principio de solidaridad del párrafo segundo

y también poder exigir ese cumplimiento.

El trinomio fundamental sobre el que descansa

el desarrollo socioeconómico y ambiental de la costa

son los tres recursos limitantes: suelo, agua y energía.

Las poblaciones a lo largo de la historia que han podido elegir

sus lugares de emplazamiento para vivir

siempre han buscado lugares cerca del mar, pero resguardados.

La primera línea cerca del mar, en lugares con agresión marítima,

acantilados y territorios no resguardados

siempre ha estado libre porque eran lugares no habitados.

La moda de las últimas décadas

de ocupar territorios costeros inhabitables

degradando los paisajes litorales, es como un sarampión

que sería deseable superar cuanto antes.

¿Por qué este caótico modelo de crecimiento económico?

¿Por qué un modelo turístico

basado en la acumulación de urbanizaciones en las playas

y en la fórmula "sol y playa"?

¿Quienes se han beneficiado con la ocupación totalitaria

del territorio próximo a la costa?

El agotamiento del recurso suelo litoral,

¿Destruye las bases de nuestro crecimiento económico a medio plazo?

Al dictado de la ley de la oferta y la demanda,

¿Tiene el ciudadano español acceso a la vivienda con costes más bajos

que en resto de los países de la Unión Europea?

¿Existe un lobby inmobiliario encubierto

en connivencia con las Administraciones?

Más del 90% del territorio español recibe lluvias escasas

y regularmente distribuidas en el tiempo y en el espacio

que son difícil y costosamente regulables.

Esta realidad está recogida en nuestro refranero popular:

"Septiembre seca las fuentes o arrastra los puentes".

"En abril, lluvias mil". "Año de nieves, año de bienes".

En España el agua disponible para el uso agrícola, industrial,

consumo urbano y ocio es un bien escaso.

La estrategia de desarrollo urbanístico del litoral

se determina ajena a esta realidad.

¿Por qué?

Más del 70% de la energía producida en España

viene de la combustión de las fuentes fósiles.

La dependencia española de las fuentes de energía externas

es una de las mayores de la Unión Europea.

¿Cómo se puede promover una estrategia de desarrollo

basada en tasas de crecimiento de urbanización

superiores al doble de la media europea?

En un futuro inmediato,

con las oscilaciones del precio del barril de petróleo,

¿Cómo se podrán sostener estos consumos?

El turismo dejará de venir porque el atractivo por el que venían

lo están destruyendo ellos mismos directa o indirectamente.

Desde el punto de vista económico

es un suicidio no cuidar la línea de costas.

En los últimos años se ha progresado en la protección de la costa

pero, a la vez, se han producido algunos de los mayores atentados.

En momentos de desarrollo económico hay una demanda fuerte

e intereses en ocupar zonas de alto valor económico y turístico

y que compromete estas zonas.

La responsabilidad que tenemos

con las generaciones futuras, con nuestros hijos,

nos exigen que definamos y dejemos un modelo territorial

que garantice que el desarrollo urbano.

Sea compatible con los valores territoriales existentes.

Existen medios y conocimientos para que los lugares degradados,

destruidos; tanto sean dunas, marismas como paisajes litorales,

podamos recuperarlos en los próximos años.

La herencia que deseamos es una herencia valiosa

que nos haya permitido superar lo ocurrido en las décadas pasadas.

La mayor parte de los desarrollos urbanos

han provocado profundas transformaciones de la costa

con el resultado de su desmarinización

y el enladrillamiento de su borde costero.

Las lagunas litorales del Mediterráneo

han perdido su carácter salino

y la mayoría de las que quedan son lagunas de aguas continental

alimentadas artificialmente con agua dulce del regadío

y de las presas de almacenamiento.

La mayor parte de las rías del Cantábrico

han perdido más del 40% de su superficie a comienzos del S XX.

En gran parte hoy en día se albergan industrias, infraestructuras,

servicios, agricultura y pastos para la ganadería.

Los históricos estuarios de Andalucía

han quedado reducidos al caño principal y algunos secundarios,

perdiendo la mayor parte de la superficie inundable por la marea.

Estas llanuras mareales se han transformado en áreas agrícolas

y en espacios urbanos básicamente dedicados a segunda residencia.

La regulación de los ríos frente a las avenidas

y el consumo de agua con embalses y presas

ha provocado que no lleguen los sedimentos a la costa

con lo que los deltas se encuentran en clara regresión.

Se están desarrollando bancales en los acantilados

en los que se construyen urbanizaciones de difícil acceso

y costoso suministro de agua y energía.

Centenares de kilómetros de playas y dunas

han quedado sumergidos bajo paseos marítimos y urbanizaciones

y se han recreado nuevas playas con arenas gruesas de gravera,

carentes de vida marina.

Yo he podido ver algunas islas del Caribe cómo en los últimos 10 años

se han destrozado irreversiblemente por un turismo mal calculado.

Hace solo 15 años eran playas paradisíacas de color turquesa

que atraían mucho al visitante

y ahora no se ve el mar desde el interior.

Eso hace que el visitante,

para el cual se ha destrozado la costa, ya no vaya.

(Yo no sé si las soluciones radicales son siempre buenas).

(Pero a veces ocurre que son las únicas

porque no podemos estar pactando situaciones ilegales, criminales,

con el pretexto de que ya está hecho, vamos a intentar que no se repita,

esto no lleva a nada).

(Aunque parezca radical, yo solo tendría una palabra: demolición).

(Demolición de todo lo que infrinja la Ley de Costas).

(Si no se tiene el coraje, la valentía así, sin paliativos

o parches, no conseguimos nada).

Lo que se pretende con la Ley

es que más que el que contamina pague, que repare,

deje el entorno en iguales condiciones que lo encontró

cuando atentó contra el mismo.

Los agentes de la dinámica marina, atmosférica y fluvial

que modelan la línea de costa son impredecibles,

no se conoce el momento en el que ocurren

ni el instante en el que se presentan, ni su magnitud.

El hombre todavía no ha conseguido conocer con anticipación

estos fenómenos naturales.

¿Pueden volver a repetirse las inundaciones de Calpe y su entorno

con las mismas o mayores consecuencias?

¿Y en otros lugares, como Peñíscola, Mazarrón, Antilla, Isla Canela,

Isla Cristina y un largo etcétera?

Desgraciadamente, la contestación es afirmativa.

Así habría sido si las lluvias hubieran ocurrido

simultáneamente con un fuerte viento y subida del nivel del mar

y un fuerte oleaje generados por una borrasca profunda.

En ese caso, la dinámica marina

habría retenido el desagüe de las ramblas

y el nivel de las aguas en la laguna sería más alto durante más tiempo.

Los maremotos son sucesos naturales que no ocurren todos los años

pero su probabilidad de aparecer no es despreciable, pueden ocurrir.

El último gran maremoto lo generó el terremoto de Lisboa en 1755

y produjo grandes inundaciones en la costa del Golfo de Cádiz.

Desde entonces, la costa ha recibido la visita

de un número importante de maremotos aunque no de la misma magnitud.

Si se repitiese uno de características similares

la catástrofe en el litoral andaluz tendría magnitudes épicas

y la recuperación del entorno sería varias veces más costosa

y llevaría más tiempo que la catástrofe del Prestige.

La ocupación de la costa ha provocado

la pérdida de su protección natural, su factor esponja,

su capacidad de laminar la acción brutal de los temporales y maremotos

dejando esta función en manos de las obras humanas.

Hemos destrozado la costa en su mayor longitud.

Todavía estamos a tiempo de cambiar el comportamiento de los ciudadanos

ya en un sistema democrático es la mejor manera para el futuro.

Hay dos maneras de hacerlo:

Una, dictando unas normas o reglas y otra, dando conocimiento.

Con el conocimiento el ciudadano comprende,

y al comprender, es la mejor manera de cambiar el comportamiento.

Estas dunas de Oyambre han sido el símbolo

de la batalla de los cántabros por su patrimonio

y tras una llamada de los profesores de los colegios de la zona

movilizaron a miles de personas en pleno invierno, en primavera.

El Colegio de Arquitectos y algunas personas sensibles

hicieron una propuesta de declarar un espacio protegido aquí

y lograron lo que parecía imposible:

Que una gran zona de la costa occidental de Cantabria

muy importante por su fauna, paisajes, cultura tradicional,

aves migratorias que se refugian aquí de la zona norte de Europa,

pues pudiera salvase para las generaciones futuras.

Este ejemplo de los paisanos y de los jóvenes de Trasvia,

de El Tejo, de La Rabia, de San Vicente de la Barquera,

de Comillas, que salieron en defensa de su litoral

enfrentándose a las máquinas y a los grandes proyectos urbanísticos,

deben constituir un verdadero símbolo y un ejemplo

para que toda la población se movilice en defensa del patrimonio

que es el litoral y la riqueza de nuestras costas.

En las últimas décadas, tanto el Estado

como las Comunidades Autónomas han tenido sensibilidad ambiental

y han adoptado numerosa protección para los tramos litorales:

Parques y parajes naturales, espacios naturales protegidos,

y reservas de la biosfera que, en muchos casos,

han podido contener la furia urbanística.

A partir de su protección se han centrado a su alrededor.

En nuestras costas son múltiples los ejemplos de esta protección.

Sin embargo, es necesario un paso más,

deben incorporar su capacidad de desarrollo ambiental

y cuando el entorno esté colapsado se debe proceder a su restauración

para poner en marcha, de nuevo, los procesos naturales:

Carácter y calidad.

El estuario del Guadalete fue transformado en una llanura polvera

para acoger un desarrollo de regadío allá por los años 60.

Hoy en día acoge unas salinas, el cauce del río San Pedro,

algunos lucios artificiales y una llanura explotada para cazar.

Solo cuando hay grandes mareas se inunda la llanura.

Para que esta vuelva a funcionar como llano mareal y marisma salina

es necesario actuar, restaurar sus funciones vitales,

poner su reloj biológico en marcha para seguir su evolución natural.

Si entendemos los procesos, si cuantificamos la evolución,

¿Es posible otro desarrollo? La contestación es afirmativa.

Pero no solo es posible, es estrictamente necesario.

El legado actual deja en manos de nuestros descendientes

una pesada carga económica y ambiental, además de un riesgo

frente a las acciones previsibles de la dinámica marina

y de las disfunciones de la economía mundial que no podemos admitir.

Hay que revisar la idea de progreso, que no es necesariamente crecimiento

y muchas veces lo confundimos, cada día más.

Deberíamos acercarnos a una idea de progreso mucho más refinada:

La que nos hace ganar independencia respecto de la incertidumbre.

Creo que es la mejor definición de progreso que podemos darnos.

Hoy en día sabemos que desarrollo territorial

no ha de implicar destrucción de territorio

y sabemos que el crecimiento urbano puede ser compatible

con la conservación de los valores ambientales

y con el progreso económico y social.

Para ello manejamos tres criterios:

el primero, utilizar el sistema territorial heredado

de asentamientos urbanos, de poblaciones, de caminos,

de equipamientos e infraestructuras.

En torno al sistema heredado, proponer crecimientos por extensión

como se ha hecho a lo largo de la historia,

impidiendo la difusión de construcciones por el territorio.

En segundo lugar, y en el caso de Comillas y poblaciones costeras,

proponer el desarrollo hacia el interior

y no hacia las zonas costeras más frágiles .

Y en tercer lugar, estudiar las unidades territoriales valiosas

por sus características históricas o naturales y protegerlas

para que permanezcan al margen de desarrollos no deseables.

El vertiginoso crecimiento de países emergentes

y las justas demandas de países en vías de desarrollo

están produciendo choques frontales

en el uso y distribución de los limitados recursos energéticos.

El desarrollo socioeconómico de España, la inflación

y la capacidad crediticia, su política económica;

dependen directamente del balance y distribución de la energía.

Lo primero es cambiar buena parte de nuestros esquemas.

Si todo el planeta quiere vivir en lo que llamamos "primer mundo",

pues necesitamos ocho planetas, la Tierra ya no es infinita.

La variabilidad climática

esta modificando la distribución espacial y temporal de las lluvias

afectando la disponibilidad del agua para consumo humano

y producción agrícola.

Nuestro desarrollo socioeconómico y ambiental

también depende del balance y distribución

de los recursos limitados de agua.

La subida del nivel del mar está retrasando la posición

de la línea de costa y modificando los procesos morfológicos,

alterando la disponibilidad de suelo en la costa

y poniendo en peligro los intensos desarrollos urbanos, industriales

y agrícolas de las últimas décadas.

El futuro socioeconómico y ambiental de nuestras costas, ciudades,

pueblos y villas, de nuestras playas, lagunas, deltas, rías y estuarios,

de nuestros ecosistemas acuáticos,

depende también de la magnitud de la subida del nivel del mar

y de su vulnerabilidad frente a sus acciones.

La adaptación de España al contexto de recursos de suelo, agua

y energía irregularmente distribuidos

manda nuevas actitudes en el uso y gestión de los recursos

y en el diseño de nuevas estrategias económicas y ambientales.

Las riberas del Mar Océano son las zonas más sensibles

del territorio español, las más vulnerables.

Ellas van a necesitar la mayor atención del Estado

y requerir las mayores inversiones para su adaptación, reordenación

y redistribución.

Solo desde el Estado, su titularidad la globalidad de sus recursos

y durante muchos años de acción coordinada

se pueden afrontar los retos de este siglo XXI.

Como reconocen partidos políticos, sindicatos, algunas ONG

y diversas asociaciones,

las costas españolas tienen una destacada importancia

por su diversidad biológica y valor para las actividades económicas,

siendo prioritaria su planificación

según estrategias de gestión integrada.

Incluyendo programas de prevención, adaptación y defensa

frente a los efectos del cambio climático.

Es un compromiso adquirido por España, que ha firmado

respetar, cumplir y hacer cumplir numerosos protocolos ambientales

y directivas de la UE relacionadas con el uso, la conservación

y la gestión del agua, fuente vital de la vida en el planeta Tierra.

Para cumplir con estos compromisos, las Cortes aprobaron

la Ley de Costas de 1988.

La legislación ambiental, concretamente la de costas,

desgraciadamente, no siempre se cumple.

En parte no se cumple porque los ciudadanos a veces no la conocen.

Pero la mayor parte de las veces no la cumplen por intereses,

unos intereses muy exagerados en evitar unos recursos

que se basan en preservar, conservar su estado actual.

Para hacer negocio con el desarrollo urbanístico

que comprometen la viabilidad y el futuro de las zonas protegidas.

¿Por qué no se obliga el cumplimiento de la Ley de Costas?

¿Habría que adecuarla a los nuevos retos

que supondrán el cambio climático y a la subida del nivel del mar?

Si somos los protagonistas, ¿nos quedaremos de brazos cruzados?

Las futuras generaciones deberán recuperar la herencia natural

de las costas que nuestra generación no ha sabido conservar.

Debemos empezar a preservar con firmeza

los pocos paraísos naturales que nos quedan.

Alfonso X el Sabio en el Código de las Siete Partidas

reguló el uso y la gestión de las riberas del Mar Océano.

Ahora nos encontramos en una encrucijada similar:

¿Cuál es la costa que vamos a dejar a las siguientes generaciones?

Estamos en condiciones de restaurarla desde el conocimiento

y estamos en condiciones de decidir qué es lo que queremos hacer.

Es nuestro turno, nuestra opinión.

Con ella decidimos y con ella alcanzaremos una costa sostenible.

Busquemos afanosamente, sin concesiones, con tolerancia 0

la calidad de vida y el bienestar social

en un entorno de sostenibilidad ambiental

y diversidad biológica.

Respetemos la ley y la igualdad de todos ante la ley.

Defendamos el dominio público marítimo terrestre,

la costa, nuestra costa frente a los intereses de los particulares.

Estos objetivos son vitales para las futuras generaciones.

Está en nuestras manos, es también nuestra responsabilidad.

Su consecución será el mejor de los legados.

(No cambiaremos la vida, sino cambiamos de vida).

(Nosotros, no los de mañana).

(Quien tiene que cambiar de vida somos nosotros).

(Y yo me quedé estremecido con la esperanza rota).

(Desolada voz marinera acechando playas cautivas,

desoladas albuferas riscos de roca, argamasa y mezcla).

(Y tu canto de belleza ya grita:

¡Es nuestra hora desde el mar de tu compostura!).

(Peregrinando temblorosa obra vigía de las cuatro cunas,

por las riberas de todas las criaturas).

Las riberas del mar océano - Nuestro legado

42:04 28 jul 2017

En el capítulo "Nuestro legado" se hace balance y se trata de responder a algunas preguntas relacionadas con los derechos fundamentales de todos los españoles, los derechos y las obligaciones de las diferentes administraciones, las consecuencias futuras de agotar los tres recursos fundamentales: suelo, agua y energía, el agotamiento de la capacidad de defensa del litoral ante sucesos extremos, grandes temporales, maremotos y el ascenso del nivel del mar, la pérdida de los grandes valores ambientales de nuestra costa: lagunas litorales, rías y estuarios, ramblas y acantilados, playas.

Histórico de emisiones:
19/12/2010

En el capítulo "Nuestro legado" se hace balance y se trata de responder a algunas preguntas relacionadas con los derechos fundamentales de todos los españoles, los derechos y las obligaciones de las diferentes administraciones, las consecuencias futuras de agotar los tres recursos fundamentales: suelo, agua y energía, el agotamiento de la capacidad de defensa del litoral ante sucesos extremos, grandes temporales, maremotos y el ascenso del nivel del mar, la pérdida de los grandes valores ambientales de nuestra costa: lagunas litorales, rías y estuarios, ramblas y acantilados, playas.

Histórico de emisiones:
19/12/2010

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    42:04 28 jul 2017 En el capítulo "Nuestro legado" se hace balance y se trata de responder a algunas preguntas relacionadas con los derechos fundamentales de todos los españoles, los derechos y las obligaciones de las diferentes administraciones, las consecuencias futuras de agotar los tres recursos fundamentales: suelo, agua y energía, el agotamiento de la capacidad de defensa del litoral ante sucesos extremos, grandes temporales, maremotos y el ascenso del nivel del mar, la pérdida de los grandes valores ambientales de nuestra costa: lagunas litorales, rías y estuarios, ramblas y acantilados, playas. Histórico de emisiones: 19/12/2010

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