Actualmente más del 70% del litoral español está urbanizado. Esta serie documental, producida en colaboración con el Ministerio de Medio Ambiente, estudia la evolución de la costa y la riqueza de los ecosistemas acuáticos, ofreciendo un espectacular viaje audiovisual.

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Las riberas del mar océano - Estuarios históricos - ver ahora
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Con Andalucía por babor, se navega con rumbo al Mare Nostrum,

cuna y crisol de civilizaciones.

Con Andalucía por estribor, el rumbo te lleva al océano infinito,

al encuentro del paraíso terrenal donde el clima es benigno,

y donde los árboles producen manzanas de oro;

según la vieja tradición "Del jardín de las Hespérides".

Como una línea dibujada por un dios griego,

la costa atlántica de Andalucía, es un arco de parábola

interrumpido por múltiples ballestas.

Son los estuarios de la Andalucía atlántica,

orgullo y fundamento de la cultura occidental.

Por ellos discurren los ríos Guadiana, Piedras, Odiel y Tinto,

Guadalquivir, Guadalete y Barbate.

Ya cerca de Tarifa, tras la playa de los Lances,

serpentea el río Jara.

Al norte, entre brumas, nos rodea Sierra Morena.

Al este, la sierra de Grazalema, culminando la cordillera subbética.

Y al oeste, el macizo montañoso de El Algarve.

Al sur, en el continente africano, los observa la cordillera del Rif,

sosteniendo el cielo al borde del océano,

más allá de las columnas de Hércules.

Ante los brillos de sus aguas y tierras,

han dialogado las culturas occidentales y orientales,

tartesias y fenicias, púnicas y romanas, árabes y visigóticas.

Su fluir y refluir, anunciaron las voces del nuevo mundo;

su opulencia y sus miserias.

Pero los estuarios históricos, ya no sirven

de diálogo e intercambio de la vida terrestre y marina.

Ya sólo esconden en sus entrañas su historia morfológica y biológica.

Han llegado al colapso.

¿Ha sido la acción del hombre la que ha causado su pérdida?

¿Podemos desentrañar cómo ha sido su evolución?

¿Es posible reconstruir su contribución ambiental?

¿Qué destino les espera?

Los primeros pobladores de la Andalucía occidental,

se asentaron en estas tierras hace nueve mil años.

Allá por los siglo XIII y XII antes de Cristo,

se produjo el encuentro entre las poblaciones indígenas, los tartesios

con los comerciantes fenicios; buscadores de plata

que transportaban materiales y dominaban novedosas técnicas

y herramientas de muy distinta procedencia.

Los estuarios, reunían las condiciones ideales,

para consolidar el encuentro entre culturas,

y el asentamiento de la colonia fenicia.

Del lado del mar: río y estuario; puerto o refugio;

abundancia de pescado y marisco.

De lado de tierra: pastos para ganado y un ante país rico en minas.

Además, una población tartesia dispuesta a proporcionar,

la necesaria mano de obra.

Este proceso, continúo con los griegos y cartagineses,

pero sobre todo, con la llegada de los romanos.

Allá a finales del siglo III antes de Cristo,

con la fundación de Itálica,

el Guadalquivir fue la entrada al paraíso.

Al sur, Gades, fundada unos seis siglos antes,

edificada y fortificada alrededor de las tres islas:

Erytheia, Cotinusa y De León, tomó el mando

y se convirtió en el centro del comercio atlántico y mediterráneo.

Después, todo ha sido un vértigo.

Llegaron por tierra los visigodos.

Por mar, los árabes.

Por tierra, los cristianos.

Por mar, los descubridores.

Por tierra, los constitucionales.

Por mar, los conspiradores.

Aquellas tierras y estas aguas ¡Ay dolor!

Fueron tiempo atrás estuarios famosos.

Allí se entremezclaron las aguas dulces y saladas,

al olor de marismas y salinas; caños y esteros; orégano y espliego;

río y océano.

En ellas, alevinaron lubinas y doradas;

hallaron cobijo los boquerones y medraron los langostinos y navajas

en caños y esteros, tapizados por mares de espartinas.

Una parte de aquellas aguas, tornaron a tierra

y sufren la opresión de la demanda de suelo fácil y barato.

La ocupación del territorio con ladrillos y hoyos.

La otra, al amparo y protección de las leyes ambientales,

es una muestra del potencial de los procesos marismeños

y del desarrollo de los ecosistemas acuáticos.

En los estuarios, se conecta el agua de la tierra

con el agua de la mar.

En esta mezcla, el océano tiene importantes beneficios.

Estuarios como el del Guadalquivir,

fertilizan importantes zonas de la costa de la Andalucía atlántica;

esto a su vez, permite la existencia

de importantes caladeros de pesca en la zona.

Estos caladeros, se sustentan sobre el oasis de producción

que genera el estuario, en una zona marina

que tiene una producción similar a de un desierto.

Además, estuarios como el del Guadalquivir;

durante la época del verano, en la pleamar,

calienta las aguas que la entran, y este calentamiento se produce

en contacto con el sistema terrestre.

Durante la bajamar, ese agua caliente, es exportada

al conjunto de la mar y mediante este sistema tan sencillo,

estuarios como el Guadalquivir, pueden controlar

el sistema de circulación de vastas regiones oceánicas;

en este caso, de una región que comprende

desde el estrecho de Gibraltar hasta el cabo de San Vicente.

Es como si una zona tan pequeña

-como un término municipal, de un pequeño pueblo-

fuera capaz de controlar todo el sistema meteorológico,

toda la circulación, toda la meteorología

de una vasta región como Andalucía.

La evolución de los estuarios andaluces, es un reflejo

de su ubicación, entre el zócalo de la meseta, Sierra Morena,

las cordilleras Béticas y la depresión del Guadalquivir.

Durante centenares de miles de años,

siguiendo las pautas marcadas por las oscilaciones del nivel del mar,

las corrientes de agua y sedimentos,

fueron excavando y modelando los valles fluviales.

Los agentes atmosféricos y marinos, se responsabilizaron

del retroceso de la costa,

produciendo ingentes cantidades de sedimento y la energía necesaria

para crear nuevas formas de equilibrio costero.

Al mismo tiempo, las intensas lluvias

producidas por las borrascas atlánticas,

erosionaron las laderas de cordilleras y serranías.

Las aguas cargadas de sedimentos, fluyeron rápidamente

hacia las tierras bajas.

Allí, al cambiar la pendiente, los ríos de la Hispania occidental,

fueron rellenando su curso natural; elevaron el fondo de su cauce;

colmataron los remansos y construyeron deltas

en la cabecera de los estuarios.

La última fase de su formación, comenzó cuando la Tierra

inició su último ciclo de calentamiento.

Al tiempo que los hielos polares y los glaciares

entregaban sus aguas a los océanos,

y con ellas el nivel del mar iba ascendiendo,

se inundaron los valles fluviales,

y se trasladó la línea de costa hacia tierra.

La temperatura media de la Tierra, subió alrededor de 9 C.

Y el nivel de las aguas en los océanos,

ascendió algo más de cien metros.

Pero hace unos nueve mil años, ocurrió lo inesperado;

el clima en la tierra se estabilizó y desde entonces,

transita dulcemente entre ciclos cálidos y fríos,

de aproximadamente mil cien años de duración.

El nivel del mar, con ascensos y descensos,

imita con destreza este comportamiento.

En este período de tiempo, los estuarios históricos

han pasado de tener unos treinta metros de profundidad,

a ser dragados para mantener su curso navegable.

De ocupar más de un tercio de la superficie

de las tierras bajas del occidente andaluz,

a quedar encorsetados en los cauces fluviales.

A lo largo de este período de tiempo,

las civilizaciones han convivido con los estuarios

y se han ido adaptando a esta transformación natural.

Pero también, especialmente en los últimos 50 años

han alterado su proceso evolutivo.

¿Cómo se ha producido esta evolución?

y ¿Qué responsabilidades tiene el ser humano en su estado actual?

En el siglo XVIII, pescadores catalanes,

se asentaron en isla Cristina, en la desembocadura del río Guadiana

frente a isla Canela.

Entre las dos islas, un amplio canal de navegación,

por el que fluyen el Guadiana y el Carreras.

Este asentamiento, motivó que en la ribera portuguesa,

se iniciara la construcción de la Vila Real de San Antonio,

para que sus pescadores pudieran competir con sus homónimos españoles

Los acarreos del río y su tendencia a hacer meandros,

alteraban continuamente la morfología de la desembocadura,

afectando a las condiciones de navegación.

Unas veces del lado portugués y otras, del lado español,

las riberas del río quedaban anegadas por aguas o arenas.

Sólo Ayamonte, construido en alto sobre el bastión rocoso,

estaba protegida de la furia del Guadiana.

A principios del siglo XX,

y para mejorar las condiciones de navegación

y evitar las inundaciones, se inició del lado portugués,

la construcción de un espigón de encauzamiento.

La suerte de la desembocadura del Guadiana, ya estaba echada.

La morfología actual de la costa, a un lado y otro del río,

tiene su origen en esta obra.

El dique retuvo los sedimentos

y provocó el crecimiento de un inmenso arenal,

que sigue amenazando la existencia de las lagunas

y cordones litorales del Algarve.

Del lado español, también se construyeron

espigones de encauzamiento, que modificaron

la dirección de descarga del río.

Con ellos, se dificultó la circulación mareal,

la limpieza de caños y la renovación de las aguas interiores,

anticipando el colapso del estuario.

De esta forma, la desembocadura del Guadiana,

comenzó su avance hacia el mar,

facilitando la formación de nuevas barras, nuevas islas canelas.

Desde 1970, las antiguas islas Canela y Cristina,

han sido ocupadas por un intenso desarrollo turístico.

El curso bajo del Guadiana, que fue navegable

hasta su encuentro con el río Chanza, hoy es un estuario

colmado de sedimentos, cuyas riberas, genéticamente marinas,

están siendo transformadas en tierra firme edificada.

Su desembocadura irregular; de canales y caños de marea,

lagunas y humedales; fuente inagotable de recursos pesqueros,

está siendo asfixiada por, carreteras, rellenos,

campos de fútbol.

La diáspora urbanística que cabalga hacia el mar,

en una carrera suicida.

En este siglo, acabará descabalgada e inundada por un nivel del mar,

que inexorablemente reclamará su territorio.

El avance de la desembocadura del Guadiana,

tuvo consecuencias sobre los ríos de la Andalucía atlántica.

El río Carreras, fue el primer afectado.

Durante muchos años, el Carreras permitió la explotación

de la almadraba de La Redondela; si bien requería

labores de dragado, para facilitar el acceso

de las embarcaciones por su cauce: El canal de La Tuta.

Actualmente el canal de La Tuta, es poco más que una acequia.

Las obras en la desembocadura del Guadiana,

aceleraron el cierre del canal.

Dejó de hacerse la almadraba; La Redondela empobreció,

y sus habitantes debieron abandonar la actividad atunera

y dedicarse a la agricultura.

Tras el colapso del río Carreras,

los sedimentos que liberaba el Guadiana,

viajaron a horas sin interrupciones,

hacia la desembocadura del río Piedras.

Allí, las descargas del río y la mermada circulación mareal,

no pudieron evitar, que las olas, rompiendo oblicuamente,

iniciaran la formación de la flecha del Rompido.

En poco más de doscientos años,

la flecha ha crecido más de cuatro kilómetros.

El avance de la flecha, hizo que la antigua desembocadura

se transformara en la marisma del Catalán.

Las canteras locales construidas bajo la influencia del turismo,

han ayudado a desecar la laguna,

y a estrangular los caños principales,

por los que se alimenta la marisma.

En pocos años será estepa salina y posibilitará el crecimiento urbano

La acción conjunta de la naturaleza y del hombre,

hace necesario dragar periódicamente el acceso hacia el puerto del Terrón

y otros fondeaderos interiores.

Con ello, se trata de controlar el avance de la flecha

que actualmente, es de unos cuarenta metros al año.

Aguas arriba quedan Lepe y Cartaya;

dos poblaciones que nacieron y crecieron

bajo el impulso del comercio marítimo.

Sus dársenas y muelles, fundados por los fenicios,

ya no reciben embarcaciones.

Al oeste del Guadalquivir; dos ríos: Odiel y Tinto,

se unen para formar el estuario,

cuyas aguas atesoran las esencias de Andalucía.

Desde los tartesios y fenicios,

hasta los asentamientos británicos de finales del siglo XIX,

todos y cada uno de los episodios que hacen de España,

un país con historia única e irrepetible, han surcado sus aguas

Aguas arriba, en el río Odiel, se encuentra Gibraleón,

que fue el puerto de la comarca,

hasta que el desarrollo del puerto de Huelva

y las dificultades de calado,

terminaron por clausurar su actividad; bien entrado el siglo XX.

Navegando por el Tinto, se alcanzaba Niebla,

hasta que sus acarreos,

intensificados por las numerosas canteras a cielo abierto,

ya explotadas por los fenicios, colmaron el río.

A los pies del castillo árabe arribaban las embarcaciones

que recogían el mineral generado corriente arriba.

A partir del siglo XIII y hasta bien entrado el siglo XIX,

San Juan del Puerto y Moguer, a casi 20 kilómetros del mar,

eran puertos con muelles,

habilitados para el comercio de exportación y de cabotaje.

Por aquel entonces, la navegación se trasladó a Palos

y desde aquí salieron las carabelas con destino a América.

La reducida circulación mareal; las salinas, esteros y rellenos

y los aportes del río, terminaron por colmar la laguna de Palos,

y lo que fue isla, pasó a ser península; con el Tinto por el norte

y el estero de Domingo Rubio por el sur.

Sobre ella, creció Palos y en su extremo,

se asienta el monasterio de La Rábida,

último vestigio de la isla que fue.

La cuenca del Odiel, al igual que la del Tinto,

recorre desde la sierra de Aracena, gran parte de la provincia de Huelva

La diferencia en densidad y salinidad de las aguas

de los ríos Odiel y Tinto,

mantuvo sus desembocaduras separadas durante milenios.

El Odiel, desembocaba por el oeste; recogiendo las aguas del Aljaraque;

el Tinto lo hacía por el este.

Entre las dos corrientes entremezcladas,

se formó una gran isla: Saltés.

A comienzos del siglo XVIII,

con la ayuda de la construcción de molinos de marea,

y el incremento de las arenas transportadas por el oleaje,

el río Odiel dejó de descargar por el oeste,

y sus aguas, junto con las del Tinto,

comenzaron a salir por una única desembocadura: la del este.

En el lugar donde se entrecortaban las aguas del Tinto y el Odiel,

se formó una punta de arena y fango.

Sobre ella, a partir del siglo XVII, se extendió la ciudad de Huelva;

se construyeron los primeros embarcaderos;

luego pasarelas y puentes de carretera y ferrocarril,

que unieron ambas orillas,

y dificultaron el desagüe del Tinto y de la circulación mareal.

Poco después, llegó la ocupación industrial.

En el siglo XX, el hombre,

buscando el mantenimiento del comercio marítimo

y la seguridad de los barcos, inició la construcción de un espigón

que mantuviera el canal de navegación.

En el interior del estuario, comenzaron a emerger,

las barras longitudinales apuntando hacia el mar.

Y Punta Umbría, progresó estrangulando la desembocadura,

y el dique creció.

Hace más de dos mil años, entre Sanlúcar y Chipiona,

en la desembocadura del Guadalquivir;

las olas erosionaron el acantilado y transportaron

el sedimento hacia el interior del estuario,

formando la flecha de La Algaida.

Tras ella, a refugio de los fuertes oleajes de poniente,

fondearon las naves fenicias, romanas y árabes,

bajo la mirada atenta de los pobladores del Villar de Palomares.

El impulso del comercio marítimo,

favoreció el crecimiento de la ciudad que Ptolomeo llamó Calduba;

Plinio: Colomba,

y el geógrafo árabe Al Idrisi:

Portus Tarbusana, Tarbusena o Trebujena.

Con el paso de los años, el río fue corrigiendo su curso

y colmando de sedimentos los cauces antiguos.

La naturaleza dinámica ocupó aquellos espacios,

con marismas, caños y esteros.

Desde el siglo XVI, el hombre ayudó a convertirlos definitivamente

en salinas, praderías y huertas.

Siguiendo la variabilidad climática,

el Guadalquivir avanzó al encuentro del mar,

construyendo frentes deltaicos en el lago Ligustino.

Sobre ellos, crecieron Sevilla, isla Menor e isla Mayor.

Y a su amparo creció, lo que hoy en día es Doñana y su entorno.

El lago Ligustino ya no existe;

en su lugar, lo que hoy podemos encontrar,

es una inmensa planicie casi horizontal,

con pequeñas cotas elevadas, paciles y vetas;

indicios de antiguos cordones litorales, dunas y brazos de río.

Al mismo tiempo del lado del mar,

el oleaje, el viento y la corriente de marea,

continuaban trabajando con los sedimentos;

se inició el avance de arena,

extendiendo el acantilado del acebuche

hacia el interior del estuario, formando la playa de El Asperillo.

Entre los siglos XIV y XVI,

se encontraron el frente deltaico y las arenas de la playa.

La pérdida de la superficie de estuario,

contribuyó a reducir el volumen de agua que entra y sale

con cada ciclo de marea.

La costa progresó, ocupando la desembocadura del río,

formando la playa barrera y el cordón dunar de Doñana.

Desde su extremo, la punta del Malandar,

casi podemos tocar Sanlúcar de Barremeda.

Atrás quedan sepultados bajo la arena, las antiguas líneas de costa

y los abandonados puestos vigía.

Nos encontramos en la laguna del Hondón,

inicio del caño de la Junquera,

que conectan sus aguas con el caño de la marisma de El Rocío.

A mi derecha, se encuentra el cerro de los Ánsares,

ingente masa de arena; que las masas de aire,

fuertes, violentas del atlántico, nos traen hasta este punto.

Aquí, las arenas; el sistema dunar compite con la laguna.

Y entre ambos, tratan de encontrar el territorio y el espacio para los dos.

Normalmente el sistema dunar está ganando,

y la laguna está perdiendo espacio;

pero también el sistema dunar proporciona agua dulce,

recogida de las lluvias; aquí debajo

y dándosela a la laguna como un soplo de vida.

El Guadiamar y el río madre de las marismas,

cambiaron su curso para encontrarse con el Guadalquivir

en las proximidades de La Algaida.

Juntos, con la ayuda de la marea, luchan contra el oleaje

para mantener abierta la desembocadura

y construir un delta fluvial en el mar;

fuera del estuario; el último, el definitivo.

Este delta aún no ha emergido, pero en su seno están escritas

las barras formadas por la lucha entre el mar y el río.

El hombre interviene dragando el canal de navegación,

pero la marea ya no inunda el estuario

con su agua salobre y fresca.

Solo puede viajar por el cauce actual del río Guadalquivir.

Entre los dos puertos: de Santamaría y Real,

en lo que fue el estuario del Guadalete;

por el que surcaron las naves fenicias y romanas,

hoy también encontramos una estepa salada,

aún más transformada que la del Guadalquivir.

El fallido intento de poner en regadío la planicie deltaica,

forzó su transformación.

Bajo la superficie albariza, yacen los sedimentos originales;

fangos negros saturados de sal.

Tapón impermeable, cuya superficie está preparada

para albergar marismas y que repudia los cultivos de agua dulce.

La evolución morfológica del estuario del Guadalete,

es similar a la del Guadalquivir;

ha tenido al menos, dos avances deltaicos.

El hombre desvió el cauce original, e incluso le cambió el nombre:

río San Pedro.

Entre los siglos XII y XVII, se terminó de gestar,

la última fase evolutiva natural de la costa de la Luz.

Así, de forma natural, y con la participación activa del hombre,

a principio del siglo XX, los estuarios históricos,

mostraban una cara apacible de salinas y esteros;

zonas de pastos, cultivos y rellenos y uno o varios cauces fluviales;

Uno de ellos, el principal, difícilmente navegable.

Del lado del mar,

las arenas organizadas en diferentes morfologías,

cordones litorales, playas barrera y flechas,

dificultaban el acceso a los estuarios

y por la desembocadura, asomaba el frente deltaico.

Fue el último episodio, el colapso de los estuarios históricos.

Con la llegada del barco de vapor, la industrialización

y el incremento comercial marítimo, se intensificaron los dragados,

se construyeron espigones, se ocuparon amplias zonas inundables

para albergar muelles y tinglados y se pusieron en regadío

extensas zonas de estuario.

El encuentro de los estuarios con el mar, sufrió su última transformación

Nos encontramos en El Algarve,

entre la Vila de San Antonio y Tavira.

Estamos en un lugar paradisiaco que se ha formado en los últimos 250 años

A mi derecha, al fondo, se ve un acantilado a 10 ó 15 metros de altura

A su pie, la playa y adelante, siguiendo hacia el mar;

mirando hacia el sol, nos encontramos el canal de marea,

las plantas halófilas, el fango mareal, las dunas

y al final del todo, nos indica el sonido de las olas

rompiendo en mar abierto.

A levante del río Guadiana, ya en España,

entre isla Canela y punta Umbría; el territorio,

hace 250 años era igual que este.

Hace 100, hace 80; desde entonces, se ha convertido en un territorio urbano

La costa de la Luz, ya es un arco continuo de sedimentos,

cortado brevemente por las salidas de agua de los ríos domesticados.

La unificación de la línea de costa, favorece la desnaturalización

y la sobre explotación turística, con desarrollos urbanos,

sin solución de continuidad.

Los caminos que en el siglo XII

unieron los pueblos de cabecera de los estuarios;

tienen ahora su imagen en los caminos

que unen los pueblos turísticos de la costa.

Todavía no cruzan los estuarios, pero de seguir este proceso urbano,

Cuándo se demandará la construcción de puentes,

apoyándose en el tiempo que se invierte en rodear el estuario.

Cuando los tartesios comerciaban con los fenicios,

el paisaje de la Andalucía occidental,

estaba formado por el encuentro de las manos de la tierra

y del mar océano.

Entre sus dedos, entrelazados, discurrían las riberas fluviales.

Transcurridos tres milenios, aquel paisaje ya no existe.

Hoy nos ofrece unas estepas salinas,

ceñidas por innumerables caminos de gleba y hierro;

rodeadas de desarrollos agrícolas, industrias salineras,

esteros y acuicultura,

y superficies urbanizadas por el hombre del siglo XX.

Los dedos oceánicos, apenas entrelazan la línea de tierra

y observan asombrados; cómo gigantes de hormigón y acero,

permanecen la mayor parte del año enmudecidos,

esperando la bimensual muchedumbre veraniega.

En algunos casos, como el del Odiel y el Tinto,

el espigón de más de 14 kilómetros de longitud,

ha llevado el estuario fuera de sus límites naturales,

y tras él, han surgido marismas, lagunas, humedales

y se han implantado salinas,

que de nuevo, están alterando el flujo mareal.

Ha habido un proceso de renaturalización;

curioso ejemplo de la acción negativa sobre la naturaleza,

que termina creando y renovando

unidades ambientales, antes desaparecidas.

Nos encontramos en el caño de Brenes,

en el mismo corazón del espacio natural Doñana,

que engloba actualmente lo que era antes el parque natural

y el parque nacional.

Tenemos una marisma amplia que se abre al río Guadalquivir;

y que tiene por detrás el Lucio del Membrillo,

la zona más profunda de marisma, la zona más conocida del parque.

Desde los años 1800, la agricultura y la ganadería extensiva,

han modificado profundamente el paisaje.

Lo que antes se abría como una joven marisma, con gran conectividad;

tanto con el río como con el mar,

ahora mismo, está reducido a lo que es el espacio natural.

Pero aún faltaba por llegar el acoso y derribo

de la parte oceánica de los estuarios, de las playas barrera

y de los cordones litorales.

Protegidos por ley, los arenales de Doñana y el Rompido,

la maquinaria turística ha puesto todo su empeño,

en las restantes zonas del litoral.

La desembocadura del Guadiana, Ayamonte, isla Canela

e isla Cristina, ocultan bajo el asfalto,

su origen estuarino y deltaico.

Las urbanizaciones de Antilla e isla Antilla,

desalojaron la laguna litoral

y crecieron sobre las arenas y dunas del cordón litoral.

Los accesos y la comunicación a nueva Punta Umbría y el Terrón,

están echando a pasto, la marisma del Catalán.

Desde la margen izquierda del río Piedras,

hasta las nuevas marismas del Odiel,

parecen destinada a formar, una población con Punta Umbría.

Será el colapso de las formas litorales.

La predicción de que en este siglo,

se va a producir un ascenso importante del nivel de mar,

pone en cuestión, estos desarrollos urbanos

y obliga a anticipar un debate abierto sobre las responsabilidades

y la forma de enfrentarse a la inundación de extensas zonas urbanas

¿Se protege o se desmantela y se traslada hacia tierra?

¿Quién debe costear la operación?

Es un hecho cierto, que existe la tentación de ocultarse,

tras la incertidumbre o la falta de certeza

de los desarrollos científicos.

Pero queda aún por resolver la pregunta:

¿Y si llega un tsunami o maremoto?

¿Es posible?

Los datos históricos confirman que es posible

y que tras el último maremoto devastador de 1755,

la probabilidad de que se repita no es despreciable.

Es hora de invertir el proceso de ocupación

y de detener los desarrollos urbanos suicidas,

que ponen a la población y sus propiedades,

a los pies de las olas, de la marea y de los maremotos.

Es hora de iniciar la construcción de un paisaje,

que permita la recreación de la naturaleza en su plenitud,

para que las generaciones futuras, se identifiquen y disfruten de él.

Es hora de iniciar la preparación de nuestro legado.

Subtitulado por Teresa García Román

Las riberas del mar océano - Estuarios históricos

44:02 02 jun 2017

Como una línea dibujada por un dios griego, la costa atlántica de Andalucía, es un arco de parábola interrumpido por múltiples ballestas. Entre ellas discurren los ríos Guadiana, Piedras, Odiel y Tinto, Guadalquivir, Guadalete y Barbate. Ya cerca de Tarifa, tras la playa de los Lances, serpentea el río Jara. Son los estuarios históricos. Durante milenios, visitados dos veces al día por la marea, que llegaba con sus aguas frescas, salobres y oxigenadas. Hoy, sólo algunas mareas vivas consiguen inundar los estuarios de la Andalucía Atlántica.

Histórico de emisiones:
31/10/2010

Como una línea dibujada por un dios griego, la costa atlántica de Andalucía, es un arco de parábola interrumpido por múltiples ballestas. Entre ellas discurren los ríos Guadiana, Piedras, Odiel y Tinto, Guadalquivir, Guadalete y Barbate. Ya cerca de Tarifa, tras la playa de los Lances, serpentea el río Jara. Son los estuarios históricos. Durante milenios, visitados dos veces al día por la marea, que llegaba con sus aguas frescas, salobres y oxigenadas. Hoy, sólo algunas mareas vivas consiguen inundar los estuarios de la Andalucía Atlántica.

Histórico de emisiones:
31/10/2010

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    45:24 16 jun 2017 Los deltas son acumulaciones de sedimentos depositados en la desembocadura de los ríos por las sucesivas avenidas. Allí, la acción marina del oleaje y las corrientes los dispersan a lo largo de la costa y hacia mar abierto. Histórico de emisiones: 14/11/2010

  • 44:32 09 jun 2017 Hasta mediados del siglo pasado, el litoral español estaba festoneado por un amplio número de lagunas. Eran la vía de comunicación entre los sistemas oceánico y continental, e intercambiaban, en los dos sentidos, agua, materia y energía, motores inagotables de diversidad biológica. Hoy, la superficie de estas lagunas está reducida a su mínima expresión, rodeadas por urbanizaciones, calles y carreteras. Histórico de emisiones: 07/11/2010

  • Estuarios históricos

    Estuarios históricos

    44:02 02 jun 2017

    44:02 02 jun 2017 Como una línea dibujada por un dios griego, la costa atlántica de Andalucía, es un arco de parábola interrumpido por múltiples ballestas. Entre ellas discurren los ríos Guadiana, Piedras, Odiel y Tinto, Guadalquivir, Guadalete y Barbate. Ya cerca de Tarifa, tras la playa de los Lances, serpentea el río Jara. Son los estuarios históricos. Durante milenios, visitados dos veces al día por la marea, que llegaba con sus aguas frescas, salobres y oxigenadas. Hoy, sólo algunas mareas vivas consiguen inundar los estuarios de la Andalucía Atlántica. Histórico de emisiones: 31/10/2010

  • 44:48 26 may 2017 Las rías cantábricas constituyen unos ambientes costeros excepcionales. Muchas de ellas están, en su mayor parte, ocupadas por campings, carreteras y urbanizaciones que lenta, pero inexorablemente, reducen el ritmo vital de sus humedales. Histórico de emisiones: 24/10/2010

  • 45:30 19 may 2017 A finales de los años 40, se podía caminar en grandes franjas de litoral español sobre playas de arena dorada. Primero líneas férreas y carreteras, más tarde autovías y autopistas, invadieron las arenas y dunas de las playas. Histórico de emisiones: 17/10/2010'

  • Orden en el caos

    Orden en el caos

    45:15 12 may 2017

    45:15 12 may 2017 La costa, es un organismo vivo, que está en permanente proceso de remodelación y embellecimiento gracias a los procesos geológicos y a la acción de las dinámicas marina y atmosférica. El resultado es un paisaje de gran belleza, complejidad y multiplicidad de colores y texturas en el que habitan flora y fauna diversas, capaces de soportar fuertes variaciones de salinidad. Histórico de emisiones: 10/10/2010

  • La historia compartida

    La historia compartida

    47:02 05 may 2017

    47:02 05 may 2017 Hace 9.000 años el hombre inició la transformación de la corteza terrestre para adecuarla a sus intereses y necesidades.

  • Las costas españolas

    Las costas españolas

    47:37 03 oct 2010

    47:37 03 oct 2010 La transformación de las costas españolas ha sido enorme en los últimos 50 años. Apenas quedan espacios vírgenes en nuestro litoral.

  • Entre el mar y la tierra

    Entre el mar y la tierra

    50:40 26 sep 2010

    50:40 26 sep 2010 Desde la Ley de las Siete Partidas, hasta la ley de costas, apoyándonos en la Constitución, defendemos que el litoral español es de todos los ciudadanos; pero deltas, playas, acantilados, lagunas, estuarios y rías del litoral español están sometidos a una gran presión urbanística y en gran medida han sido privatizados.

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