www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.10.1/js
4058724
Las riberas del mar océano - Cordones y lagunas litorales - ver ahora
Transcripción completa

Enfrente, aquella bruma cerrada bajo un cielo sin firmamento ya.

Y una barca esperando, y otras varadas.

Durante siglos fueron lugares marginados

sometidos a las leyes de los temporales y los corsarios.

A su alrededor, pequeñas aldeas, barracas de cañas y barro

dieron cobijo a gente pescadora y recolectora.

Al fondo, el azul mar colmo de agua salada

la vida en las lagunas litorales.

Albergaron huertas y arrozales, marismas y margales,

saladares y salinas, encañizadas y arenales.

Fueron el lote de sorteo de parcelas de pesca

y relleno para suelo agrícola.

En la actualidad, padecen la implacable presión urbanística.

La costa del mar Mediterráneo,

entre el delta del Ebro en Tarragona y el cabo de Palos en Murcia,

está formada por cordones de arena y apoyados en cabos y acantilados

aíslan las lagunas salobres.

En los últimos 100 años esta franja litoral

ha perdido definitivamente más del 70% de la superficie

ocupada antaño por las aguas interiores.

La mayoría de ellas ya no son salobres.

Los arenales, ribazos y médanos yacen bajo el cemento, el ladrillo

y el campo de golf.

Hace algún tiempo que sus aguas no viven en armonía con el mar.

De vez en cuando de forma cíclica,

la furia de la naturaleza advierte que aquellos son sus pagos

y que más tarde o más temprano los recuperará.

¿Qué procesos naturales han intervenido

en la formación de los cordones y las lagunas litorales?

¿Cuándo comenzó el hombre a transformarlas?

¿Por qué ya no corre el agua salada por la mayoría de ellas?

¿Qué ocurrirá con el ascenso del nivel del mar?

¿Se pueden restaurar sus ecosistemas singulares?

¿Qué legaremos a las próximas generaciones?

Las lagunas salobres del litoral peninsular

son masas de agua de pequeña profundidad,

separadas del mar por una restinga de arena

y conectadas de forma permanente por un canal o cola.

Son una vía de comunicación entre los sistemas oceánicos y continental

intercambiando en los dos sentidos agua, dulce y salada,

materia y energía.

Un intercambio discontinuo, a pulsos,

forzados por la marea y las descargas fluviales.

Y que con la ayuda de la energía solar

provoca fuertes cambios en la temperatura y la salinidad.

Este comportamiento singular encierra las condiciones idóneas

para la aparición de una flora y una fauna específica.

Las laguna litorales son un motor inagotable de diversidad biológica.

Sin embargo,

la mayoría de las lagunas permanecen cerradas una gran parte del año

o con aperturas intermitentes.

Unas pocas están abiertas todo el año, merced de la acción del hombre.

Varias están cerradas permanentemente

o tienen su comunicación controlada por la industria salinera.

Bastantes han dejado de ser lagunas.

Como es el caso dramático de Clot de Galtway

tras la playa de los Arenales al sur de Alicante.

Otras se están alimentando artificialmente

por los excedentes del regadío

o con agua dulce procedente de los embalses.

En muchos casos las lagunas reciben el agua de manantiales subterráneos

por los que afloran una mezcla se agua dulce y salada.

Son los margales,

que cuando no han sido transformados en arrozales o huertas,

permiten que el suseno abunde en numerosas comunidades

de plantas acuáticas que blanquean sus aguas remansadas.

Las playas y las dunas son la transición de la vida terrestre

y marítima.

En la playa seca, allí dónde sólo llegan las olas más impetuosas

queda depositada la materia orgánica.

Ya sobre el campo dunar, comienza la colonización por las gramíneas.

La vegetación se densifica y se estructura.

Entre cordones dunares se forman las mayadas,

zonas deprimidas en las que la intensa evaporación

las convierte en saladares.

Lugares de condiciones ecológicas muy selectivas

que sólo las plantas más adaptadas son capaces de soportar.

En la zona de dunas estabilizadas abundan los pinares

y un sin fin de especies invasoras como la uña de gato.

Desgraciadamente el enebro marítimo, arbusto barrera por excelencia,

está hoy casi extinto.

Del lado de tierra, los entornos de una laguna litoral

están ceñidos por margales y encañizadas,

y a su alrededor más allá, arrozales, huertas

y la agricultura intensiva y de invernadero.

En las zonas profundas del lago, se pueden observar carrizales,

eneas, juncos y formaciones de carices,

plantas que aunque viven emergidas,

necesitan estar arraigadas en suelos húmedos o encharcados

la mayor parte del año.

Las lagunas litorales

son un festival en el que dominan las aves acuáticas,

azulones, cucharas, cercetas, foras.

A su alrededor, invernan las especies vinícolas

que se alimentan de una amplia variedad de organismos acuáticos

que encuentran removiendo el barro y la arena con sus picos.

Ave frías, correlimos, chorlitejos.

También se dejan ver las garcetas, garcillas y el mormoran,

que en los arenales, sobre su lecho,

se refugian las garzas reales y los martinetes.

Las tierras litorales desde la sierra de Aitana

hasta el campo de Cartagena,

se formaron hace unos diez millones de años,

cuando el Estrecho de Gibraltar estaba cerrado

y el mar Mediterráneo parcialmente desecado.

Los movimientos tectónicos y la reapertura del Estrecho

dejaron en seco la gran llanura al borde del mar,

una amplia bahía de poca profundidad.

Mucho después siguiendo el ritmo de las glaciaciones,

un trasiego que duraba unos cien mil años

cambiaba la altura de las aguas en más de cien metros.

Y la posición de la ribera avanzaba hacia el mar

o retrocedía hacía tierra.

Tras la última glaciación,

la temperatura de la atmósfera terrestre

se estabilizó siendo similar a la actual.

Desde entonces el clima en la tierra fluctúa entre ciclos cálidos y fríos

con intervalos de 1.100 años aproximadamente.

La explosión de la vida humana y la evolución de las civilizaciones

se produjeron con el ritmo de la variabilidad climática.

Con ella, el nivel del mar oscila unos cinco metros aproximadamente

y las aguas saladas inician un viaje de ida y vuelta

moviendo la posición de las riberas.

Cuando asciende se forman lagunas.

Los estuarios se transforman en bahía.

Los cauces de los ríos se aterran.

Cuando desciende, emergen las tierras fértiles.

Avanzan los estuarios, se forman nuevos deltas y cordones litorales

y avanzan las lagunas hacia el mar.

Arriba, abajo.

Arriba, abajo.

Así ha ocurrido ocho veces desde que se estabilizó el clima en la tierra.

Así está ocurriendo ahora en su nuevo tránsito ascendente

siguiendo la pauta del calentamiento en busca de la tierra emergida.

Así ha ocurrido con el Mar Menor.

Al comienzo de nuestra era y desde el siglo XII hasta el XVIII

era una amplía bahía.

La laguna rodeaba el monte de El Carmolí.

Y la línea entre los Nietos y los Alcázares

era el cordón litoral que las separaba.

A principios del siglo XVIII, con el último descenso,

emergió de nuevo el cordón de arena de La Manga,

separando el mar de la laguna que quedó híper salinizada.

En este siglo, con el actual ascenso del nivel del mar,

la laguna está en la senda de ser otra vez bahía,

en busca del terreno emergido,

ocupado esta vez por la incesante, tenaz,

y necia capacidad transformadora del Homo sapiens.

Hace tres mil años empezó la colonización del este o sureste,

iberos, fenicios, griegos, cartagineses y los romanos,

llegaron a esta región atraídos por sus riquezas naturales,

unas extraídas de las sierras cercanas,

otras proporcionada por las lagunas, pesquerías, salinas,

el refugio portuario.

La llegada de los fenicios coincidió con un nivel del mar

de unos dos metros más bajo que el actual.

Sus refugios portuarios deben encontrarse sumergidos.

Sin embargo, la romanización y el esplendor medieval del siglo XII,

fueron coetáneos con un nivel del agua entre dos y tres metros

por encima del actual.

Los restos de su cultura deben encontrarse en lugares elevados.

Entre tanto, los ríos impetuosos y cargados de sedimentos finos

alcanzan las aguas tranquilas de las lagunas

desarrollando amplios deltas en forma de abanico.

Con el paso del tiempo sobre ellos se asentaron los pueblos y huertas.

Todavía a mediados del siglo XVII el cartógrafo portugués Teixeira

no reflejó La Manga en su atlas del rey Planeta.

Hasta el siglo XIX el nivel del mar continúa descendiendo,

momento en el que emergen y se consolidan los cordones de arena.

Entonces solamente los frecuentaban pescadores

para acceder a las aguas interiores y a las encañizadas

o para salir al mar a través de las golas en épocas de bonanza.

Las carreteras, los caminos de la economía y de las gentes,

transitaban por las riberas interiores de las lagunas,

ahora tierra adentro muy alejados de las restingas arenosas.

Durante ese largo periodo de tiempo de más de cinco siglos,

la renovación de las aguas de las lagunas

dependía de las escasas aportaciones fluviales

y del intercambio de agua por desembocaduras.

Pero la apertura o cierre de las golas,

estaba en manos de la actividad pesquera.

Esta actividad estuvo sometida a continuos conflictos de competencias

entre diferentes localidades.

Y en varias ocasiones, las golas se cerraron de forma natural

por la paralización total de la pesca.

Entonces se repetía la misma secuencia de hechos históricos,

el cordón litoral se consolidaba como un arenal continuo

donde la acción del viento

desarrollaba importantes sistemas dunares.

Quedaba en suspenso el intercambio de agua con el mar

y la evaporación intensiva de las aguas de la laguna

incrementaba su salinidad.

Escaseaba la pesca y tras varios años de disputas y juicios

se procedía a reabrir artificialmente algunas de las golas

y retomar la actividad pesquera.

Estos hechos ocurrieron en repetidas ocasiones en el Mar Menor.

Otras lagunas como Torrevieja, La Mata y Santa Pola

tras uno de estos procesos, no se volvieron a abrir nunca más.

Se convirtieron en salinas industriales.

Pasaron a manos privadas y dejaron atrás en las páginas de la historia

la actividad pesquera y los puertos de abrigo.

Desde mediado del siglo XX,

dos nuevas actividades humanas han irrumpido en el proceso descrito

el regadío y la fertilización intensiva de los cultivos

y el desarrollo turístico.

El excedente de regadío está alimentando las lagunas con agua

de forma regular,

pero acompañada de ingentes cantidades de nutrientes, pesticidas

Con el turismo, los arenales libres de dueño

sufrieron la opresión de la demanda de suelo fácil y barato,

la ocupación de su territorio con ladrillos y cemento,

la construcción de nuestra particular muralla china.

De la noche a la mañana, los cordones de arena

quedaron sepultados bajo carreteras y urbanizaciones.

Se construyeron puentes sobre las desembocaduras

y un sin fin de edificios, muros, paseos marítimos,

puertos deportivos, espigones,

indujeron la mayor transformación de las riberas del mar y las lagunas

en sus 9 mil años de historia.

En el horizonte próximo amenazando las lluvias torrenciales

abriéndose paso entre caños sellados,

canales llenos de desechos y escombros,

golas cerradas y playas erosionadas por la acción de los temporales.

Un poco más lejano pero ya próximo, la subida del nivel del mar

y la reinundación de las cubetas.

¿Quiénes son los responsables?

La Costa Blanca en el sureste español

tiene la forma de arbotante apoyado en dos pilares,

uno al sur, el cabo de Palos en Murcia,

el otro al norte, el cabo de la Nao en Alicante.

Una gran bahía en las aguas del mar nuestro.

Entre estos cabos, acantilados y playas de arenas blancas.

Costa di Fronte, escultura de dos cabezas

moldeada por un prodigioso trabajo de orfebrería geomorfológicas.

A 400 kilómetros de Madrid

se extiende como un prodigio de la naturaleza

este ismos de arena de 20 kilómetros de largo,

lugar irrepetible dentro de la geografía española

que ya se conoce como la Manga del Mar Menor.

Por su morfología y topografía

estrecha, larga y plana cinta de arena,

rodeada entre dos grandes masas marinas,

el mar Mediterráneo por frente y el gran mar salado por su espalda,

La Manga tiene un paraje y un ambiente indestructible.

El Mar Menor con sus 200 kilómetros cuadrados de área,

con sus aguas limpias, tibias, constituye una verdadera reliquia

que el pasado ha legado intacto a nuestra generación.

Por eso, pesan sobre el peligrosamente

los factores de la civilización.

Si todos los que más o menos estamos vinculado con este paraje

tenemos la responsabilidad de velar por ello.

Porque es una prenda que vale la pena de amar y conservar.

En la Costa Blanca la laguna litoral por excelencia es el Mar Menor.

Con más de 20 kilómetros de longitud

y con un anchura que oscila entre 100 y 900 metros.

Su ribera interior supera los 60 kilómetro de longitud

y la restinga de arena el cordón litoral

que se conoce con el nombre de La Manga, separa la laguna del mar.

La comunicación con el Mediterráneo se hace a través de cinco golas.

La Manga se encuentra en la actualidad prácticamente urbanizada

y la playa ocupada por edificios, paseos marítimos, terrazas y calles.

El Mar Menor sufrió una situación de aislamiento del Mediterráneo

soportando unas condiciones extremas ambientales

como era la alta salinidad,

condiciones que no todas las especies son capaces de soportar.

Estas especies van a generar un ambiente particular y singular

distinto a cualquier ambiente marino próximo.

Pero debido a las presiones humanas de las últimas tres décadas,

entre otras cosas se está produciendo una entrada masiva

que va a generar un cambio drástico del paisaje lagunar

y una perdida de biodiversidad.

Es necesario cambiar el planteamiento de gestión y planificación de la zona

y es plantear una gestión un poco más integrada

si queremos preservar todavía el paraíso que sigue siendo el Mar Menor

El funcionamiento del sistema lagunar

depende de las aportaciones fluviales de agua dulce

y principalmente del intercambio de agua con el mar por las golas.

Con la marea entra agua salada, fresca y oxigenada en la laguna.

Con la marea saliente, el agua más caliente y más salada

cargada con los nutrientes terrestres retorna al mar.

En el Mar Menor la apertura permanente del Canal del Estacio

como paso de embarcaciones deportivas,

ha aumentado la entrada de agua de mar en cada ciclo de marea,

reduciendo su salinidad y marinizando la laguna.

Pero por otro lado, este proceso está reduciendo la biodiversidad

del Mar Menor.

Si todas las golas estuvieran cerradas

no habría renovación de las aguas lagunares.

Y la evaporación provocaría la híper salinización.

Si además, esto ocurre en el periodo estival,

la temperatura del agua ascendería notablemente

y se distorsionarían todos los procesos ecológicos.

La costa del Azahar se extiende desde el promontorio de La Nao

hasta el Delta del Ebro.

En ella se encuentra al sur del río Turia, la albufera de Valencia.

Quizás uno de los humedales más importantes de España.

A pesar de las figuras de protección que ostenta

es también uno de los humedales sometidos a mayor presión agrícola

y urbanística.

A comienzos de nuestra era,

el lago llegó a tener una extensión de unas 30 mil hectáreas.

Sin embargo, la información del siglo XII

indica que la Albufera tenía en aquella época unas 20 mil hectáreas.

La causa de la reducción debió ser doble,

una de origen natural, asociada a la subida del nivel del mar

y al crecimiento de la superficie del Turia y Júcar.

Y otra, asociada a la actividad humana,

de relleno de las riberas con fines agrícolas.

El proceso de perdida de superficie siguió imparable.

A mediados del siglo XVIII, la Albufera tenía 14 mil hectáreas.

Y en 1927 cuando el rey Alfonso XII firmó el acta oficial de cesión

del lago de la Albufera al ayuntamiento de Valencia

sus dimensiones eran poco más de tres mil hectáreas.

La acción humana y los acarreos de los ríos

habían dejado la superficie inundable

en un 10% del original.

En la actualidad,

el lago de la Albufera está comunicado con el mar por tres golas

de las que tan solo la meridional parece ser natural.

Las otras dos fueron construidas a principios y mediados

del siglo pasado.

Las tres se encuentran reguladas mediante compuertas.

La renovación de la laguna mediante agua salada

está bloqueada por la acción del hombre.

La laguna litoral es esencialmente una laguna de agua dulce

y su flora y su fauna responden a ese carácter.

Tras la Devesa del Saler se observan 2.000 años de transformación,

control y cierre de las golas, marismas echadas a margales,

margales rellenados con barro y arrozales,

tierras inundables cultivadas con cítricos y huertas,

almacenes y polígonos industriales sobre suelos de laguna.

Sobre la restinga, el paradigma de 50 años de urbanización despiadada.

Durante mucho tiempo,

todas estas actividades humanas vertieron sus residuos al lago.

Uno de los principales problemas es la falta de renovación del agua

que supone un peligro ya que los contaminantes presentes en el mismo

y provenientes de la industria y de la agricultura

se acumulan y concentran.

De entre los contaminantes que están presentes en el agua

se encuentran pesticidas, fungicidas, además de contaminantes orgánicos.

Este cúmulo de sustancias presentes y concentradas en el lago

acaban suponiendo un problema para la diversidad,

para la vida y para la existencia del mismo.

Cuando llega el mal tiempo, la laguna muestra su eficiencia.

Con el paso de las borrascas,

baja la presión atmosférica y se intensifican los vientos.

Las olas crecen en altura, el nivel del mar asciende,

las lluvias torrenciales anegan los cauces,

entonces, la laguna evita la catástrofe

al almacenar el agua que no puede llegar al mar.

Cuando cesa el temporal, comienza el desagüe de la laguna

y el transporte de los alimentos finos y nutrientes hacia el mar.

El flujo de salida limpia las golas y restituye las arenas en la playa

reforzando su papel de barrera.

Por el contrario, si el hombre urbaniza la laguna,

reduce la superficie y cierra las golas, llega el drama.

Las calles se convierten en cauce por las que circulan las aguas

tratando de encontrar una salida hacia el mar.

En el año 2007 Calpe y su comarca

sufrieron las consecuencias de esta forma de actuar.

El drama estaba servido.

Ni las lluvias torrenciales y la altura de las olas

y la subida del nivel del mar fueron extremas.

Pero las perdidas resultaron millonarias.

Todo antes era campos de naranjos, eran de hortalizas

y ahora la gente se asusta de lo que ocurre.

Y no ocurre más que era esto debería ser lo que era antes

y no pasaría nada.

En Calpe el peligro llegó por tierras a través de ramblas

y torrenteras.

En otros lugares como La Manga, Benicasim, Oropesa,

el peligro también puede llegar desde el mar.

Cuando las olas rebasen los paseos marítimos

e inunden los edificios y las calles,

entonces el drama tendrá lágrimas salobres.

Las administraciones locales autonómicas y estatales

y los arquitectos y urbanistas,

son responsables de este drama que ser volverá a repetir

mientras que las lagunas no recuperen

la capacidad de absorber los procesos naturales.

Estas inundaciones podrían haber ocurrido

en otras localidades de la costa mediterránea.

Cuya trama urbana está construida directamente sobre la laguna

y las arenas de las dunas y playa.

Desgraciadamente ambos peligros pueden ocurrir simultáneamente.

Lluvias torrenciales y fuerte temporal en la mar.

Mientras los ríos inundan los antiguos margales y las dunas,

las olas barrerán los paseos marítimos.

Tras ellos, por un tiempo, reinaran las aguas sobre suelos y ribazos.

La situación de las lagunas de la Costa Blanca y del Azahar

se repite una y otra vez a lo largo y ancho del litoral español.

Al otro lado del Estrecho de Gibraltar,

entre Tarifa y Trafalgar,

las ensenadas de Valdevaqueros, Polonia y Zahara,

albergan tres lagunas efímeras que evolucionan en el tiempo

al ritmo marcado por la marea, el oleaje, el viento y las torrenteras.

Sin embargo, la apertura efímera y la reducida dimensión de la laguna,

han fomentado la presión sobre ella

con la construcción ilegal de viviendas sobre su suelo de estero.

Al igual que en Calpe, sufre ocasionalmente inundaciones.

Y es cuando la población reclama la intervención pública

para evitar daños en sus propiedades.

Las salinas que se encuentran al cobijo del Cabo de Gata

son una antigua laguna utilizada como explotación salinera

desde tiempo inmemorial.

Hoy es un espacio protegido por la Junta de Andalucía.

Sin embargo, la baja actividad de la industria salinera

y el acecho urbanístico,

hacen temer por su integridad funcional.

En el noroeste peninsular en tierras de rías gallegas

sobreviven algunos tesoros lagunares.

Al norte de la ría de Muros,

se encuentran las lagunas de Carlota y Caldebarcos,

protegidas por un cordón litoral de más de siete kilómetros de longitud

de arenas finas y blancas.

Ligeramente desplazada hacia el norte,

se encuentra la boca de dos gargantas

por la que la marea bombea y succiona el agua de mar.

La forma en media luna del cordón litoral

mimetiza las crestas de las terribles olas de la Costa da Morte

cuando arriban a la playa.

Belleza de azul, verde y oro,

belleza que atrae y enajena a los turistas.

La misma que alimenta a las codicias urbanas del territorio de todos

y termina destruyendo el paraíso.

A lo largo de la historia, las actividades humanas han transformado

sustancialmente las lagunas litorales.

Primero fueron lugar de pesca y salinas,

después zonas de relleno para la agricultura, arrozales y huertas.

Ha sufrido una profunda transformación

perdiendo parte de su riqueza ambiental,

una riqueza que es eterna, infinita, sostenible

para crear una riqueza económica temporal

basada en el consumo de sólo agua y energía, insostenible.

A su amparo, confinadas por los desarrollos urbanos e industriales

ha aparecido una nueva laguna, una nueva riqueza.

Una riqueza de agua dulce, ajena al medio marino que se encuentra.

Esta existencia depende de la mano del hombre

para su mantenimiento.

La existencia en sí misma es precaria

y difícilmente se podrá mantener con el paso del tiempo.

Muchas de las lagunas litorales son humerales en los que se mantiene

artificialmente un nivel mínimo de agua durante todo el año

con lo que se favorece la llegada de aves migratorias

y la recuperación de algunas especies de agua dulce.

Sin embargo, a nadie parece preocupar

que las lagunas ya no sean transición de flora y fauna

terrestre y marítima.

Tampoco parece preocupar que las urbanizaciones

sobre los cordones litorales ocupen las playas secas y las dunas.

Y que ya no sean la reserva de la arena necesaria para su protección

frente a los temporales, los maremotos

y la subida del nivel del mar.

A nadie la llama la atención

que los edificios actúen de barrera integrales

y bloquen la circulación de aire de un lado a otro

dentro del cordón litoral,

perdiéndose su capacidad de refrigeración

y de limpieza de la contaminación.

Aún es más sorprendente la aparente tranquilidad de los municipios

cuyo desarrollo urbano se encuentra sobre las antiguas lagunas

tras paseos marítimos construidos sobre la arena.

En su estado actual, la laguna, las playas y las dunas

ya no cumplen la función de barrera,

de esponja absorbente de los temporales

y de los raros pero no imposibles maremotos.

Las inundaciones serán sucesos frecuentes en estos municipios.

Pero esta perdida de función protectora es aún más grave

si se tiene en cuenta que en este siglo

el nivel del mar ascenderá un metro

aumentando la vulnerabilidad de la costa

y la amenaza sobre las propiedades de los hombres,

sus huertas, sus viviendas.

La función ambiental de las lagunas litorales es única

y sólo se puede hacer en el entorno litoral.

Entonces, ¿por qué no iniciamos su restauración?

Si ansiamos el bienestar social

y la sostenibilidad ambiental es una actitud y una conducta,

sólo hay un legado posible.

Al César lo que es del César y al mar lo que es del mar.

SUBTITULACIÓN REALIZADA POR: LORENA TORRES SÁNCHEZ.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Cordones y lagunas litorales

Las riberas del mar océano - Cordones y lagunas litorales

09 jun 2017

Hasta mediados del siglo pasado, el litoral español estaba festoneado por un amplio número de lagunas. Eran la vía de comunicación entre los sistemas oceánico y continental, e intercambiaban, en los dos sentidos, agua, materia y energía, motores inagotables de diversidad biológica. Hoy, la superficie de estas lagunas está reducida a su mínima expresión, rodeadas por urbanizaciones, calles y carreteras.

Histórico de emisiones:
07/11/2010

ver más sobre "Las riberas del mar océano - Cordones y lagunas litorales" ver menos sobre "Las riberas del mar océano - Cordones y lagunas litorales"

Los últimos 14 programas de Las riberas del mar océano

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios