Actualmente más del 70% del litoral español está urbanizado. Esta serie documental, producida en colaboración con el Ministerio de Medio Ambiente, estudia la evolución de la costa y la riqueza de los ecosistemas acuáticos, ofreciendo un espectacular viaje audiovisual.

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Las riberas del mar océano - Calas, rasas y acantilados - ver ahora
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Quizás sea el vértigo por la altura,

o los sonidos entremezclados del viento y las olas,

al abrazar el acantilado,

o la profunda lejanía que amalgama el aire y el agua.

¿Acaso es, la levedad del alma frente al mar del paraíso?

Al contemplar su infinidad, se escucha en el interior

que todo es uno.

El mundo y el hombre,

el pasado y el presente, la eterna inmensidad.

Los acantilados son los bordes de los continentes

La parte emergida de la plataforma continental.

El punto de encuentro y reunión del mar océano con la tierra.

Proa y quilla del Arca de Noé.

Siguiendo los pulsos de la tierra, los bordes de los continentes,

fueron unas veces fondo del mar, otras, tierra emergida.

En sus entrañas se encuentran los restos fósiles de sus moradores.

Sabemos que la península Ibérica tubo en otros tiempos,

diferentes climas y relieves, otros mares y otros seres vivos.

Los cabos son los testigos de la lucha frontal

de la tierra y el mar.

Últimos reductos terrestres, lugar sereno,

que invita a la meditación durante los descansos del mar.

Lugar salvaje e inhóspito, durante los temporales.

Machichaco en Vizcaya.

Ajo en Santander.

Peñas en Asturias.

Ortegal y Finisterre en La Coruña.

San Vicente en Portugal.

Gata en Almería.

Palos en Murcia.

Nao y San Antonio en Alicante.

Creus en Cataluña.

La larga lista de cabos repetida una y otra vez,

entre ensoñaciones adolescentes.

Ignorando los procesos que intervienen en el retroceso

de los acantilados.

El hombre ha edificado en su coronación,

ha construido carreteras y paseo marítimos en su píe,

ocupando las laderas con viviendas que retan por la pendiente,

colmenas que rompen la armonía del entorno.

¿Por qué se construye sobre ellos?

¿Por qué el hombre instala sus moradas,

en lugares de belleza singular de difícil acceso y asiento?

¿Por qué se ignoran los procesos de erosión,

que conforman los acantilados?

¿Cómo se ha llegado a esta situación y qué nos depara el futuro?

A diferencia de las playas de arena, los acantilados son el borde duro

de los continentes.

Planos inclinados y verticales donde las olas chocan y se reflejan.

Dependiendo de su configuración y su forma geológica,

y de la intensidad de los agentes climáticos

los acantilados retroceden en el tiempo.

Los restos que quedan son un paisaje de gran belleza,

ensenadas y calas y en el pie, piedras y arena,

y una rasa de pequeña pendiente que nos indica

que en el tiempo pasado el acantilado estuvo allí.

Los acantilados tal y como los vemos hoy en día,

han sido labrados por la acción erosiva de las olas,

los agentes meteorológicos y los organismos vivos.

Todos ellos pueden actuar al mismo tiempo,

pero es el nivel de las aguas,

el que determina la zona de encuentro de las fuerzas del mar,

y la resistencia de la tierra.

Hace unos 100.000 años comenzó la última glaciación.

El mar se alejo, y los acantilados sintieron

la nostalgia del aire cargado de sal.

Del embate de las olas sobre sus pies.

Durante el largo invierno las olas trabajaron

y moldearon los fondos marinos

hasta que el planeta tierra inicio un nuevo ciclo de calentamiento,

en el que ahora nos encontramos inmersos.

Las aguas procedente del deshielo de los polos,

propiciaron una subida vertiginosa del nivel del mar.

En menos de 5.000 años, las aguas ascendieron más de 100 metros,

hasta alcanzar una situación parecida a la actual.

Bajo las aguas, testigo mudo de la erosión,

se observan las rasas marinas. Un fondo de mar de pendientes suave,

que la marea descubre y airea y en las que prolifera la vida,

a pesar de las condiciones adversas.

Cuando la resistencia de la roca es desigual,

la acción erosiva destruye rápidamente las partes

más débiles del acantilado y deja para un tiempo futuro,

los estratos duros.

El paisaje se ilustra con cabos, calas y ensenadas,

formas y colores entremezclados en un entorno

de incomparable belleza.

La resistencia a la erosión esta marcando su destino.

Los acantilados de rocas duras apenas han perdido una decena

de metros en 9.000 años.

Sin embargo, algunos acantilados formados por materiales blandos,

han retrocedido más de 100 metros en ese período de tiempo.

Cuando las grandes olas alcanzan la base del acantilado, se reflejan,

rompen e impactan contra él.

La roca se humedece y se seca miles, millones de veces

hasta que fatigada se cuartea, se rompe, o se disuelve.

Los trozos de roca desprendidos del acantilado,

actúan de proyectiles que de nuevo, impactan contra él,

incrementando su capacidad de erosión.

Cuando llegan los temporales,

el mar adquiere condiciones indescriptibles

las olas chocan contra el acantilado se cruzan con las corrientes,

se increspan, rompen y saturan el aire de agua, espuma y sal.

Grandes cantidades de agua ascienden por grietas, hendiduras y bufaderos,

y resurgen hacia el exterior en espectaculares

chorros y surtidores.

Pero, si la vista se queda asorda ante al espectáculo,

los silbidos atronadores y el ruido ensordecedor,

de la furia marina y del viento aullando sobre los acantilados,

encoge el alma y te hace sentir pequeño, muy pequeño, insignificante

En la parte alta del acantilado la mezcla de aire y agua salada

impregna el territorio.

Los cristales de sal aumentan su volumen

y estallan las pequeñas grietas, rompiendo lenta pero inexorablemente

la coronación del acantilado.

Por allí, discurre el agua de lluvia que filtra en el terreno,

lubrica los mantos rocosos e inestabiliza la ladera

facilitando su deslizamiento.

Los organismos vivos contribuyen a desmantelar el acantilado,

Unos, trepanan la roca buscando morada en ella,

otros, levantan su piel a la caza de comida,

y otros, la disuelven mediante reacciones químicas,

provocadas por su metabolismo.

Por su parte, las raíces de las plantas también contribuyen

a desmantelar el acantilado abriendo vías de agua

que desagregan y apalancan las diferentes capas,

de la matriz rocosa.

Los restos de la batalla, bolos, gravas, arena y polvo

yacen en la base del acantilado.

A merced de las olas y las corrientes que rápidamente

lo redistribuyen a lo largo y ancho de la costa.

En algunos casos, estos restos conforman una playa de pie,

que protege la costa de la acción del oleaje.

En otras, al contrario, son una plataforma

sobre la que se encumbran las olas y aumentan su fuerza destructiva.

El resultado de este proceso es una costa orientada

para enfrentarse a las fuerzas del mar.

Las rasas son testigos de la antigua morada de los acantilados.

Los cabos y las puntas son los tramos más resistentes,

los últimos en retirarse, entre ellos,

se inscriben las calas sobre los tramos mas débiles.

En las rasas, las rocas que quedan al descubierto en la bajamar,

abundan los invertebrados las lapas y las estrellas de mar.

En las pozas pueden quedar atrapados peces que rápidamente sufren

el acoso de gaviotas ilimícolas.

En algunos lugares como en las faunas de Galicia,

la acción del hombre ha consolidado estas pozas

transformándolas en piscinas mariales.

Permanentemente cubiertos por las aguas,

en los fondos marinos rocosos hay una gran diversidad ecológica.

En algunos de estos roquedos se afirman las algas,

entonces el número y la densidad de las especies se incrementa.

En la parte terrestre de los acantilados,

las comunidades vegetales se disponen en bandas,

según el progresivo alejamiento del borde marino.

En la pared vertical, la acción mecánica de las olas,

el viento y la alta salinidad impiden la formación de suelo.

En este territorio inhóspito, sólo habitan plantas

extraordinariamente resistentes.

y capaces de vivir en grietas como el hinojo marino.

Entre ellas y en las pequeñas cavidades,

encuentran refugio los halcones, las gaviotas y los cormoranes.

En la coronación del acantilado, donde durante los temporales

llegan los rociones de aire y el agua salada,

se desarrolla un cinturón de gramíneas.

Tras él, en la sierra de Irta, aparece un matorral bajo

presidido por brezos, palmitos y algarrobos.

En los últimos años la siega de los matorrales,

la construcción de carreteras y la edificación,

están aniquilando estas comunidades vegetales,

y su papel protector del suelo.

El hombre de todas las culturas,

ha sentido la llamada de la inmensidad oceánica,

observada desde la atalaya.

Durante el neolítico se enterraba a los prohombres de la tribu

frente al mar, como es el caso del ídolo de Peña Tú.

Quizás, impulsado por la misma llamada,

muchos cementerios de los pueblos y villas litorales,

se asientan sobre los acantilados.

Los pueblos primitivos cuya fuente de alimentación era el mar,

se asentaron en sus proximidades sobre acantilados y promontorios,

como los castros construidos en el siglo I antes de nuestra era.

Sólo tenían un flanco expuesto al ataque de las hordas invasoras.

El nivel del mar por entonces estaba por debajo del actual.

La villa turística de Isla en Cantabria imita la ubicación

de aquellos castros.

Sólo que ahora el nivel del mar esta subiendo,

y por el flanco marino llegaran las olas destructoras.

La mayoría de las costas peninsulares están rodeadas,

por superficies planas casi horizontales.

Antiguas rasas costeras como en el cabo de Peñas,

a 100 metros de altura, o en las playas de las catedrales

a cinco metros sobre el nivel del mar.

Desde ella se controló el paso de ballenas y cachalotes,

y se dirigió su caza.

Se encendieron hogueras y humaredas para avisar de la llegada

de vikingos y piratas.

y guiar la arribada costa de los barcos durante el mal tiempo.

Pudo ser Aníbal, el primero en promover la construcción,

de torres vigía. Durante el Imperio Romano,

esta experiencia se extendió por costas españolas y africanas.

Durante los reinados de Carlos V y Felipe II

se reforzaron las almenaras árabes, y se amplió su número,

hasta conseguir una tupida red en la que desde una torre,

se podía ver al menos la torre más cercana.

Resulta curioso saber que la financiación de las obras,

corría a cargo de los que vivían en las tierras vigiladas.

Con el paso del tiempo, cesó el peligro corsario,

las torres perdieron su utilidad y se abandonaron.

Muchas de ellas siguen sobre el acantilado

majestuosas, desafiando el tiempo y el rigor de la canícula.

Algunas yacen en al orilla del mar informando del retroceso

del acantilado sobre el que fueron construidas,

otras han sido amuralladas por altos y largos edificios,

que cuelgan del acantilado ajenos a los procesos

que ocurren en él.

Desde hace más de dos siglos, los acantilados sirven de base

de la red de faros para aviso a navegantes,

siendo testigos mudos de la sustitución de la madera

por el petróleo y la electricidad,

de la incorporación de la lentes giratorias y los pulsos en la señal.

Grandes cambios en la vida del hombre

frente a pequeñas alteraciones en el acantilado.

Los acantilados de la península Ibérica,

son los pilares de un pequeño continente

que se apoya en los fondos marinos.

La variedad de formas y texturas, vigor y actividad

se debe a sus orígenes geológicos.

Desde el cabo Iller, hasta el cabo Creus,

se pueden observar acantilados duros blandos, de capas duras y blandas

inertes, meteorizados, verticales,

desde Fuenterrabia hasta Fumaya la costa es abrupta y escarpada,

casi recta, con escasas ensenadas y calas.

En muchos tramos la estructura del acantilado es como un milhojas,

en el que alternan los extractos duros y blandos de pequeño espesor.

Estos paquetes de sedimentos se depositaron en el mar

hace más de 60 millones de años.

Posteriormente durante la formación de los Pirineos,

se plegaron y giraron quedando con diversas inclinaciones y formas,

que transmiten sufrimiento y desequilibrio.

La acción de las olas sobre la base del acantilado,

extrae los materiales del extracto blando,

dejando el extracto duro emboladizo que finalmente se rompe.

El agua de lluvia que se filtra desde la coronación del acantilado,

drena por los extractos blandos arrastrando el sedimento fino,

dejando descalzada la parte dura que al no soportar su peso

se rompe y cae.

Los bloques caídos actúan de protector del acantilado,

el oleaje los golpea, redondea y finalmente los convierte

en polvo fino que se aleja hacia el mar y comienza un nuevo ciclo.

Hace más de 60 años, se construyó la carretera de la costa

entre Deba y Zumaia sobre el playazo de bolos y bloques

al pie del acantilado.

Tras diversos intentos, la carretera debía de protegerse con un muro

que hiciera las funciones de playa de pie.

Pero el muro refleja las olas en vez de provocar su rotura.

Por lo que en algunas ocasiones las olas rebasan la carretera,

descalzan el muro, y se debe cerrar al tráfico.

Cuando los vientos recios del Cantábrico

ascienden por el acantilado, discurriendo entre los extractos

duros y blandos producen silbidos y ronroneos.

Quizá fue al escuchar estos sonidos o quizá la imagen simbólica

de los extractos como cabellos del acantilado

lo que inspiró a Chillida,

la creación de "El peine de los vientos".

Desde un punto de vista geológico Galicia es un territorio

muy primitivo, se formó hace unos 300 millones de años.

Después, la génesis de la cordillera pirenaica,

creó una compleja sucesión de sierras,

valles encajados y las rías.

Largos valles fluviales

rodeados de montes bajos que se adentran en el mar.

Entre la desembocadura del río Miño y el cabo Silleiro,

se produce el encuentro entre el mar y la sierra Do Galiñeiro.

Formando una costa de acantilados colonizada por explotaciones

de eucaliptales.

Desde lo alto del monte de Santa Tecla,

se puede otear la línea de acantilados

al amparo del poblado Galaico-Romano.

Sólo hay dos recodos A Guarda y Olla,

y en ellos la pendiente se suaviza y se colma de arenales.

Con el paso del tiempo A Guarda se convirtió en puerto pesquero,

Y en Olla se construyó a principios del siglo XII

un monasterio cisterciense que actuó de baluarte defensivo

frente a piratas.

Sus cinco capillas albergan los silencios y los rezos

al abrigo de los embates del mar.

Entre el cabo Finisterre y la punta de la Barca,

a un lado y al otro de las rías de Corcubion y de Camariñas,

surgen entre la niebla

los acantilados de la costa de la muerte, la costa maldita.

Es aquí, en lo alto de estos acantilados donde nació la leyenda

que habla de bandidos disfrazados de labriegos en noches oscuras

y de tormenta.

De un mar furioso cuyas olas crecen y crecen tragándose

todo lo que encuentran en su camino.

Misticismo, leyendas, brujería y superstición.

Historias que van de boca en boca entre los habitantes

de unas pocas casas alrededor de una iglesia pequeña y antigua

entre los pueblos de pescadores que arrancan sus frutos,

a un mar impetuoso y bravío.

Al norte, la costa de acantilados más altos de Europa,

los de Herbeira, allí algunos ríos y arroyos,

vierten sus aguas directamente al mar,

formando increíbles cascadas con cientos de metros de altitud.

Después el cabo Ortegal, mezclado las aguas atlánticas y cantábricas,

protegidos por los tres afilados aguillones,

agujas que emerge del mar ocultas por la espuma

del oleaje que las bate.

Los acantilados de la Andalucía occidental,

se formaron por depósitos marinos en un mar en retirada,

tras haber inundado y reinundado el valle del Guadalquivir,

hace varios millones de años.

Es habitual encontrar entre sus arenas, fósiles y restos marinos

Entre las desembocaduras del río Barbate en Cádiz,

y del Guadiana en Huelva, el litoral andaluz esta formado

por una línea de acantilados de arcillas y arenas

de múltiples colores,

albinos, ocres, anaranjados y rojizos,

coronados por cadenas de dunas cubiertas de enebros y pinares,

por urbanizaciones, o por pastos y cultivos.

Cuando los terrenos tras el acantilado

tienen pendiente hacia el mar, la lluvia que cae sobre ellos,

se recoge en pequeños arroyos y cauces,

que al desaguar sobre el acantilado forman cárcavas en la cabecera,

y conos de depósito en el pie.

En períodos de bonanza sobre los conos se forman

pequeños cordones dunares.

Durante los temporales

el nivel del mar asciende y permite que el oleaje

erosione el pie del acantilado forzando su deslizamiento o desplome

Se han contabilizado retrocesos de los acantilados

de más de 20 metros en un siglo.

Pero este retroceso no ocurre gradualmente,

sino que lo hace a pulsos, durante la arribada de los temporales

más severos del suroeste coincidiendo con las mareas vivas.

entonces, tras decenas de años sin pasar nada,

todo ocurre en unas pocas horas sin previo aviso.

Ya que la resistencia del acantilado no es uniforme,

el retroceso deja una costa en dientes de sierra,

que albergan pequeñas calas, playas de pie, bagios y restingas.

Los materiales quedan a merced de la acción de las olas

y de las corrientes y los transportan a lo largo de la costa.

Contribuyendo a la formación de otras playas

tal como es el caso de las playas de Punta Umbría y Mata las Cañas.

La construcción y urbanización sobre los acantilados,

las malas prácticas agrícolas y la pérdida de suelo

y de vegetación protectora y los accesos construidos

directamente sobre el acantilado, contribuyen a incrementar

el ritmo de erosión.

Más importante que estos efectos,

es el incremento de la tasa de retroceso

que está provocando la subida del nivel del mar

asociado a la variabilidad climática.

Por esta causa los acantilados de la Andalucía occidental,

podían retroceder entre 50 y 75 metros.

Cuando el retroceso hace que a un tramo de acantilado urbanizado,

su protección incrementará la erosión de los tramos adyacentes,

y fundiendo su efecto por todo el litoral.

Habrá que enfrentarse al dilema o proteger todo el litoral

o desmantelar las urbanizaciones

en peligro de acabar como la torre del Asperillo.

¿Quién deberá pagar los costes asociados

a cualquiera de las dos opciones?

Entre Almuñécar y Nerja se encuentran los acantilados

de Cerro Gordo.

Paisaje formado por el encuentro de la sierra almijara

con el mar de Alborán.

El acantilado se yergue bruscamente alcanzando

hasta unos 80 metros de altura,

alternando con pequeñas playas y diminutas calas algunas

de muy difícil acceso desde tierra,

formadas por la acción del oleaje y deslizamientos de las laderas.

Las torrenteras y los manantiales afloran cerca de la orilla,

y en algunos lugares, las aguas dulces descargan en el fondo del mar

Una vez superado los límites del paraje natural,

el paisaje cambia drásticamente. Los acantilados de la Herradura

Punta del Este, Almuñécar, las playas de la Velilla

están ocupados por secuencias interminables de urbanizaciones,

un paisaje urbano en un lugar imposible.

Más al este desde Motril hasta Almería,

se han escalonado los acantilados y se han poblado de invernaderos

bajo techos de plásticos, mar blanco frente al mar azul de Alborán.

EL cabo de Gata marca el final del mar de Alborán,

para que las aguas invadan el Mare Nostrum.

Es una de las regiones más áridas de toda Europa continental,

y hasta hace pocos años fue santuario de las últimas

focas Monje de Europa. a ambos lados del cabo

el litoral ofrece una fascinante secuencia de dunas

arenales y saladares.

Los acantilados son de pared vertical,

y tienen una variada continuación bajo el agua,

con profusión de grutas, cuevas, paredes, extraplomos, bloques

y afloramientos magmáticos típicos de su origen volcánico

y de la erosión marina.

La sierra Yelada se alza abruptamente

sobre las playas de Benidorm, lÁlfas del Pi, y Altea.

Y en su frente litoral forma una línea de acantilados

de más de 300 metros de altura. Su relevancia se prolonga

bajo las cálidas aguas mediterráneas configurando un excepcional mosaico

de comunidades y ecosistemas marinos.

Sin embargo durante los últimos decenios,

las acciones urbanísticas alteraron profundamente el paisaje,

las actuaciones directas o indirectas desde la modificación

de la dinámica litoral a la extracción de arena,

pasando por la omnipresente urbanización y vertidos de todo tipo

han tenido como efecto la alteración casi irreversible del territorio,

las aguas, y las especies que hasta hace poco años prosperaban en ellos.

Desgraciadamente al norte de sierra Yelada,

la historia se repite con idéntico efecto,

la visión desde el mar y aire de los acantilados de Moraira

y cabo de la Nao, estremece los sentidos

y provoca preguntas sin respuestas, ¿por qué?

¿Acaso no hay otras maneras de urbanizar,

menos gravosas para el entorno.

En la comarca gerundense del Alto Ampurdán,

entre Rosas y Port de la Selva se encuentra arrogante

un promontorio abrupto y rocoso,

cuyo extremo más oriental es el cabo Creux.

Forma parte de las estribaciones del pirineo,

que se alarga al encuentro del mar Mediterráneo,

encadenando las sierras de Albera, Balmeta y de Rodas.

Sus materiales geológicos le confieren un color grisáceo

que algunas veces blanquea por la acción del mar

y otras ennegrece mostrando orgulloso su origen volcánico.

Abrigada por el cabo de Creux se encuentra la única cala

con dimensiones suficientes para albergar embarcaciones

con mal tiempo y acceso por tierra entre terraza de olivos y viñedos.

Durante siglos, Cadaqués, fue la base del comercio marítimo

compartiendo peligros y penurias con la pesca de bajura.

Ahora, en Cadaqués, todo es turismo.

El cabo Creux cumple otra función hasta hora desconocida

pero importante.

Al mismo tiempo que las borrascas generan fuertes oleajes,

producen una corriente de agua fría procedente del Golfo de León.

Estas aguas más pesadas se hunden formando cascadas que arrastran

sedimentos y nutrientes alimentando la vida de los fondos abisales.

Curioso mecanismo natural, que saca agua sin nutrientes

del fondo del mar, las sube a la superficie

la carga de nutrientes, la apila tras el cabo Creux

y la vuelve a sumergir.

Los acantilados también son costa y por tanto también están sufriendo

la presión de las urbanizaciones.

Cuando la roca cumpla su ciclo y comience su deslizamiento

camino del mar arrastrara con ella todo lo que se ha construido,

y se planteará la duda de si proteger o no proteger.

Pero, ¿debemos pagar todos los españoles por esta sinrazón?

¿Debemos ser responsables de todas estas construcciones?

¿Dejaremos esto a las siguientes generaciones?

Cualquier acantilado de la costa Española,

como este de Langre en la costa Cantábrica,

nos invita acercarnos a su borde y desde su atalaya contemplar

los encuentros del mar y la tierra.

Quizás, nos vengan a la cabeza los versos

"Heme aquí frente a ti, mar, todavía con el polvo de la tierra

sobre mis hombros".

Y si el poeta sevillano Vicente Aleixandre

estuviera todavía entre nosotros, diría:

"Rodeado de esta sinrazón de construcciones

rectando arriba y abajo por tu belleza".

Los acantilados son los bordes de la península Ibérica,

una franja de costa que no una línea formada por la rasa, el talud

y la coronación.

Retroceden por erosión

a través de complejos mecanismos en los que interviene la lluvia,

el viento, las olas, y el nivel del mar.

Para su protección, la Ley de Costas incorpora

la ordenación territorial de la franja costera.

Al amparo de la ley, la declaración como paraje natural,

se puede disfrutar de algunos acantilados

aunque sufren igualmente el acoso en los costados de sus entrañas.

En los últimos años han surgido pueblos nuevos,

de casas apiñadas sobre los rellenos de las rasas,

colgadas del abismo en terrazas esculpidas sobre las laderas,

y en la coronación del acantilado saturada por muros de hormigón

y caminos de asfalto.

Este urbanismo mísero y avaricioso,

destruye la belleza, privatiza los senderos

e impide ejercer el derecho de paso.

¿Por qué no se coordinan las administraciones

estatal, autonómica y municipal para frenar esta barbarie?

El crecimiento económico insostenible de la última década,

será insoportable para la siguiente generación.

¿Quiénes son los responsables?

Subtitulación realizada por Francisco José Fernández Rey.

Las riberas del mar océano - Calas, rasas y acantilados

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    44:02 02 jun 2017 Como una línea dibujada por un dios griego, la costa atlántica de Andalucía, es un arco de parábola interrumpido por múltiples ballestas. Entre ellas discurren los ríos Guadiana, Piedras, Odiel y Tinto, Guadalquivir, Guadalete y Barbate. Ya cerca de Tarifa, tras la playa de los Lances, serpentea el río Jara. Son los estuarios históricos. Durante milenios, visitados dos veces al día por la marea, que llegaba con sus aguas frescas, salobres y oxigenadas. Hoy, sólo algunas mareas vivas consiguen inundar los estuarios de la Andalucía Atlántica. Histórico de emisiones: 31/10/2010

  • 44:48 26 may 2017 Las rías cantábricas constituyen unos ambientes costeros excepcionales. Muchas de ellas están, en su mayor parte, ocupadas por campings, carreteras y urbanizaciones que lenta, pero inexorablemente, reducen el ritmo vital de sus humedales. Histórico de emisiones: 24/10/2010

  • 45:30 19 may 2017 A finales de los años 40, se podía caminar en grandes franjas de litoral español sobre playas de arena dorada. Primero líneas férreas y carreteras, más tarde autovías y autopistas, invadieron las arenas y dunas de las playas. Histórico de emisiones: 17/10/2010'

  • Orden en el caos

    Orden en el caos

    45:15 12 may 2017

    45:15 12 may 2017 La costa, es un organismo vivo, que está en permanente proceso de remodelación y embellecimiento gracias a los procesos geológicos y a la acción de las dinámicas marina y atmosférica. El resultado es un paisaje de gran belleza, complejidad y multiplicidad de colores y texturas en el que habitan flora y fauna diversas, capaces de soportar fuertes variaciones de salinidad. Histórico de emisiones: 10/10/2010

  • La historia compartida

    La historia compartida

    47:02 05 may 2017

    47:02 05 may 2017 Hace 9.000 años el hombre inició la transformación de la corteza terrestre para adecuarla a sus intereses y necesidades.

  • Las costas españolas

    Las costas españolas

    47:37 03 oct 2010

    47:37 03 oct 2010 La transformación de las costas españolas ha sido enorme en los últimos 50 años. Apenas quedan espacios vírgenes en nuestro litoral.

  • Entre el mar y la tierra

    Entre el mar y la tierra

    50:40 26 sep 2010

    50:40 26 sep 2010 Desde la Ley de las Siete Partidas, hasta la ley de costas, apoyándonos en la Constitución, defendemos que el litoral español es de todos los ciudadanos; pero deltas, playas, acantilados, lagunas, estuarios y rías del litoral español están sometidos a una gran presión urbanística y en gran medida han sido privatizados.

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