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No recomendado para menores de 16 años
Transcripción completa

Un testamento escrito a mano por la difunta.

Dice que doña Fermina Carrascosa deja el usufructo de su casa

a doña Marta Ribas de Montejano y familia.

-Le daré esas clases. Será en mi casa cada tarde.

¿Vive usted solo? Completamente.

-¡Maricones!

(PRÓCULO) Debemos sacar a Camilo de la cárcel.

Yo me encargo. -Estoy bien, estoy bien.

¿Has vendido a nuestra hija? Le procuro un futuro mejor.

No me quiero casar con un hombre 15 años mayor que yo.

-Marta, los estoy tratando de ayudar.

Cuando su marido se recupere,

lo estará esperando un buen trabajo en mi juzgado.

-Mis amigos me llaman Hanno,

aunque aquí todo el mundo me conoce por Juanito. (RÍE)

-Gracias.

-Ven un día con tu novia. -¿Por qué queréis conocer a Elena?

Necesito morfina, Carlos. La necesito.

(KÁISER) Debes hacer lo posible para que abuse de los calmantes.

(Se abre una puerta)

-Nunca más en el portal, Dioni.

-Necesito que me alquile una habitación.

-Sabes que vas a arruinar tu vida y la de esa muchacha, ¿verdad?

-Él la quiere. Es verdad, que yo lo sé, yo los vi.

¡Puta!

¿Por qué tenemos una visión tan distinta de las cosas?

Antes no eras así. Si no quieres olvidar lo que pasó,

allá tú; para mí es pasado

y algo que no debió suceder.

(Balbuceos de bebé)

(Balbuceos de bebé)

Huy... -Cosita linda.

Huy, no... -Ay, cariño, espera.

Hola. -Así.

Hola. (CHASQUEA LA LENGUA)

¿Qué pasa, Julita?

Qué preciosa es.

-¿La quieres coger?

¿Puedo? -Claro.

¿Te vienes conmigo, Julia?

-Te tienes que ir acostumbrando. Huy.

-En nada estás igual que yo. Hola, preciosa.

(RÍEN)

-Madre mía, es la cuarta y yo ya sé lo que se me viene encima,

pero tú prepárate.

Esto lo cambia todo.

Pero vosotros lo estaréis deseando después de tanto tiempo.

Sí, estamos deseando que nazca la pequeña o el pequeño.

¿Ya tenéis pensado el nombre? Pues...

si es chica, Elena, por la madre de Antonio,

y si es chico, Pablo, por mi hermano, que en paz descanse.

A mí me gustaría que fuera una niña.

Sería casi una hermana para Julia.

Julia ya tiene a sus hermanos. Sí.

Pero son mayores.

(Timbre de la puerta)

Elene tendría alguien de su edad con quien jugar y crecer.

-No, es mejor un niño, un buen pretendiente para Julia.

Ah, de esos van a sobrarles a las dos.

Ven aquí.

Lo que se necesita en la vida son buenos amigos,

como nosotros, ¿verdad que sí?

Y ellas lo serán. (AMBAS RÍEN)

Qué carita, es preciosa.

-La verdad, es una niña buenísima. Come bien, duerme bien.

Familia, lo encontré en una liquidación de bienes

hace unas semanas.

Nada más verlo supe que tenía que ser para vosotros.

Mirad.

-Es la casa de Galicia, qué maravilla.

¿No os parece una casualidad increíble?

Pues sí que lo es. No he sabido nada del artista,

es todo un misterio. Igual era familiar tuyo.

Está claro que conocía bien la casa.

Qué buenos veranos pasamos ahí.

(Trinos)

(Música, Charleston)

-Julita, hija, siéntate bien.

¿Qué te pasa? ¿No tienes hambre?

-No me encuentro bien, me duele el estómago.

-Eso te pasa por no cenar en casa.

A saber adónde te llevó ese novio tuyo.

(VIRTUDITAS PIENSA) "A saber, sí".

Venancia, cuanto termine aquí, prepara un caldo

de esos que hace usted.

(Voces distorsionadas, lejanas)

-¿Puedo ir a mi cuarto? Es que necesito tumbarme.

-Claro, hija, vete, vete.

No vaya a ser que al final nos lo contagie a todos.

¿Ha despertado a Basilio?

-Ya marchó, señora.

El señorito salió temprano a la facultad.

-Mira, parece que se lo está tomando en serio.

A ver lo que le dura.

-Lo de la última vez.

Se dan las gracias.

-Eh... Sí, perdón, gracias.

-¿Qué te pasa, eh?

Últimamente estás distraído.

¿Algún problema?

-Estoy de exámenes.

Me están metiendo mucha presión en casa.

(CARRASPEA)

Estudio mucho y duermo poco.

Si quiero que me dejen tranquilo, tengo que aprobar como sea.

-Entonces, ¿puedo seguir contando contigo?

Porque no me gustaría perderte.

-Por supuesto, señor, lo que necesite.

-"Sehr gut".

Voy a dar una fiesta

el próximo viernes.

Me gustaría que vinieras

con esa amiga tuya.

Ya sabes cuál.

-Elena. -Ajá.

-Puedo conseguir chicas mucho mejores.

-¿Ves? Un buen amigo

viene de visita.

Conozco sus gustos

y me gusta complacer a mis invitados.

Me da igual cómo lo hagas,

quiero a esa chica en mi casa el viernes.

Pero, señor... -Basilio.

Sigue estudiando.

Para que te concentres.

Entonces, ¿la casa de Fermina es nuestra?

Solo en usufructo. Es de Camilo

pero nosotros podemos disfrutarla hasta que él considere.

¿Y cuándo nos mudamos?

No lo sé. ¿Tantas ganas tienes?

¿Tú no? Sí.

Pero quedan asuntos legales por resolver,

así que puede ser mañana o dentro de un mes.

Qué buena era doña Fermina, ¿eh?

Gracias a ella tendremos una casa mejor.

No va a ser nuestra. Bueno.

Y si tu padre se queda sin trabajo, estaremos como antes.

Lo que ahorré con Roberta no nos da para mucho.

Yo puedo trabajar. Bueno, ya lo veremos.

A ti, ¿los abuelos te hubieran dejado trabajar?

Sí.

Mi padre siempre decía que trabajar dignifica,

que moldea el carácter.

Eran maravillosos.

Qué horror.

En vez de evolucionar vamos para atrás.

Los echas de menos, se te nota.

Pues ¿sabes qué?

Hanno también lo pasó muy mal con la guerra.

Tuvo que salir huyendo. ¿Sigues viendo a ese chico?

No sé si le ha pasado algo, porque...

hace semanas que no sé nada de él.

Dadas las circunstancias de la muerte de tu madre,

debemos garantizar la autenticidad del documento

y ajustarnos a la más estricta legalidad.

Estamos siendo meticulosos.

De ahí la demora. -El testamento es legal.

No entiendo el porqué de tanta traba.

¿Por qué?

¿Quiere someter a los Montejano a su voluntad

más de lo que ha hecho ya?

¿Qué estás diciendo?

¿Acaso se te ha olvidado que fui yo quien pagó la fianza

para sacarte de la cárcel?

-El testamento es perfectamente legal.

(PRÓCULO CHISTA)

-Si no acelera los trámites inmediatamente,

me voy a ver obligado a resolver este asunto

en otra notaría. -Tiene usted toda la razón.

El retraso es imperdonable.

Se hará.

Me encargaré personalmente de ello.

Todos queremos cumplir la voluntad de su madre

y por el bien de los Montejano.

-Eso espero.

Ahora, si me disculpan,

tengo asuntos más importantes de los que ocuparme.

-Claro.

-Ah, y la próxima vez, que esté aquí Marta.

Ella es la beneficiaria. Es su vida, es su futuro

y no entiendo qué pintan ustedes tres decidiendo por ella.

(RÍE) Hay que reconocer que el maricón los tiene bien puestos.

-Bueno, es hijo de su madre.

-En lo que a mí respecta, me encargaré

de agilizar las diligencias judiciales

y el certificado de defunción del hijo mayor.

Bien. -Espero que con eso

puedan solucionar el resto. -Se lo agradezco, Mauricio.

-No hay nada que agradecer, para eso estamos.

Ahora debo irme. Antonio empieza hoy.

Quiero enseñarle todo personalmente.

¿Qué gana usted con todo esto?

-Sencillo, no quiero a la familia de mi futura esposa

viviendo en un cuchitril. Necesito ajustarlos a mi categoría.

Aunque sea en apariencia, el piso de Fermina

es un comienzo de lo que queda por venir.

Y de camino, alejamos a ese desviado

que solo da problemas.

Señores.

¿En casa de doña Celia?

Pero ¿desde hace cuánto?

-Al poco de ir los tres a merendar.

¿Y ya tienes una falta?

-Me tienes que ayudar, Elena.

¿Por qué no me preguntaste nada antes de dejar que Dionisio...?

-Porque sabía lo que me dirías.

Además, no solo fue culpa suya, yo también he querido.

¿Ni siquiera me vas a preguntar cómo es?

Julita, céntrate.

Debes hacer algo antes de que sea tarde.

-Pero ¿el qué? Pues no sé.

Habla con Dionisio, también es problema suyo, ¿no?

-Le va a dar algo. De verdad, eres tonta.

Preocúpate por ti y no por ese idiota.

-Elena, me tienes que ayudar.

Yo voy a hacer todo lo que pueda, de verdad, Julita.

Pero esto es algo que solo tú puedes solucionar.

(SE EQUIVOCA)

(SE EQUIVOCA)

-Marta.

Debe aprender a volver a andar antes de correr otra vez.

No tenga prisa por ser la que era. Lo conseguirá.

Y con mis clases se superará.

Pero tiempo al tiempo, que llevamos pocas clases.

Lo siento, tiene razón, disculpe.

-¿Quiere un café antes de continuar? Sí, me encantaría.

Se lo preparo si me dice dónde están las cosas.

-¿Cree que por ser hombre y vivir solo soy un inútil?

No, no.

-Vaya, por fin la veo reír.

Al contrario que usted.

Siempre tan... -¿Hostil?

Quizás. Sí, un poco.

-Me temo que algo me han dicho. ¿Y sabes qué?

Me da exactamente igual.

O sea que hay un motivo.

-Siempre lo hay.

¿Qué le pasó?

Disculpe, perdone, no debería haber preguntado.

-Durante la guerra, en los bombardeos de Milán,

perdí a mi mujer y a mi hija. Dios mío, lo siento muchísimo.

-Entenderá entonces que no he vuelto a ser el mismo.

Reconozco que desde esa pérdida me he vuelto más...

áspero, más retraído.

La música es lo único que me queda.

-Como verá, el trabajo no difiere mucho

de lo que ha venido haciendo en la notaría.

Aquí trabajará directamente para mí.

Quiero que entienda algo, Antonio, antes de que le presente

a los que serán sus futuros compañeros.

Su presencia aquí está avalada personalmente por mí,

lo que significa

que debe estar a la altura de mi buen nombre, ¿eh?

Espero de usted lo mejor o a la mínima duda se va a la calle.

¿Queda claro? Por supuesto.

-Ah, una cosa más.

He despedido a uno de mis mejores empleados,

casado, tres hijos.

Puede que note cierta hostilidad entre sus compañeros

los primeros días, no lo tenga en cuenta.

Todo lo he hecho para que usted trabaje aquí.

Caballeros.

Dejen un momento lo que están haciendo.

Quiero presentarles a su nuevo compañero,

Antonio Montejano.

Buenos días.

-Que...

Que tengo una falta.

-¿Cómo una falta?

-Es que... creo que estoy embarazada.

Pero ¿cómo estás embarazada? ¿Y a mí qué me quieres contar?

Eso es problema tuyo. -¿Mío?

Algo tendrás que ver en esto. -Eso porque tú lo dices.

-¿Qué quieres decir? -Pues eso.

Que... ¿cómo sé yo que es problema mío?

A lo mejor es de otro y me lo quieres cargar a mí.

Pero ¿qué haces? -Con otro, eso es lo que piensas.

-Dime tú, Julita, si lo hemos hecho solo tres o cuatro veces,

y deprisa y corriendo. ¿Cómo te quedas de repente?

Es imposible, te lo digo yo. -Lo dices como experto en la materia

Parece que sabes mucho de estos temas.

-Yo no quiero problemas, Julia, a mí no me metas en esto.

Pero que no llores.

Como nos oiga alguien, verás.

Julia, por favor.

Vamos paso a paso, ¿eh?

(CAMILO) Te juro que estoy intentando

acelerar los trámites con todas mis fuerzas,

pero Rafael

siempre poniéndolo difícil.

No me extraña nada viniendo de él.

-Yo no sé cómo lo permites.

O Antonio, ¿por qué no le dice algo?

Si no nos ha escuchado en temas más importantes,

¿cómo lo iba a hacer ahora?

-Si la gente supiera cómo es en realidad.

Con lo que os ha hecho.

Yo quiero creer que el tiempo pone las cosas en su lugar.

¿De qué te ríes?

-No, que me hace gracia que digas exactamente esa frase.

¿Por qué?

-Porque hablando de poner todo en su lugar

hay una cosa que tu amigo, el notario,

seguramente no te ha querido contar.

¿A que no? Seguro que no. ¿El qué?

-Mi madre ha dejado pagado el traslado de tu piano

porque quería que lo recuperases.

¿De verdad?

-En cuanto os mudéis.

¿Voy a recuperar mi piano?

-Aquí está el documento.

Guárdalo muy bien.

Camilo, gracias.

Gracias.

-Es mi madre.

Gracias, Fermina.

(RÍE)

Hola, don Rufino.

-Elena. Mire, venía a ver si sabía...

-No, no, no, aquí no.

Ven conmigo.

Nunca se sabe quién puede estar escuchando.

Hay que tener cuidado.

Imagino que estás aquí por Juanito.

Sí, hace semanas que no sé nada de él.

No ha vuelto a tocar en sus sitios habituales

y no sé si le ha pasado algo.

-Por aquí no ha venido.

¿Sabe dónde lo puedo encontrar? -Me habló de una pensión

donde suele ir a dormir.

He querido acercarme yo mismo, pero me ha sido imposible.

Bueno, puedo ir yo. -No, una señorita como tú

no puede meterse en estos líos.

Vuelve dentro de unos días y ya te digo algo.

Usted no lo entiende, no puedo esperar unos días.

Tengo que saber si le ha pasado algo.

-Vuelve mañana.

-Ya está. -¿Y?

-Hay que esperar 24 horas.

Si la rana desova, significa que estás embarazada.

-¿Un día? Dios mío, esto es un sinvivir.

-Pasaos mañana a esta misma hora. Ya sabremos algo.

(VIRTUDES) Toma, Julia, coge el amarillo.

(Risas)

(Risa de bebé)

A mí me gustaría que fuera una niña.

Morena.

Sería casi una hermana para Julia.

Elena tendría alguien de su edad con quien jugar y crecer.

(Se cierra una puerta)

¿Qué haces, Rafael, qué haces?

Esta es ya la única manera que tengo de hablar contigo.

Me ignoras, no respondes a mis notas.

Me rehúyes cada vez que nos vemos. Te empeñas en complicarnos la vida.

No, se trata de lo contrario, de ser libres por fin.

Eres tú la que se empeña en coger el camino más complicado.

Te recuerdo que Antonio es tu mejor amigo y mi marido.

Y tú, la mujer que amo.

Y la madre de mi hija. Rafael, por favor.

Vámonos los tres lejos de aquí. ¿Has perdido la cabeza o qué?

Sí, claro que la he perdido, por ti.

Di que Elena no es mi hija.

Niégalo.

Antonio es su padre.

No puedes hacer como si no hubiera pasado nada.

Sí, sí que puedo y tú deberías hacer lo mismo.

¿Va a abandonar tu vida por mí?

¿Dejarás tu carrera, a tu mujer, a tus hijos?

¿Vas a dejarlos por mí?

Hola, cosa preciosa.

(Balbuceos de bebé)

(CARRASPEA) -¿Tienes un momento?

Quiero hacer una merienda con los Sánchez Ocaña.

Su hijo es un buen pretendiente para Virtuditas y...

es de su agrado, según me han dicho.

Me gustaría formalizar una presentación entre las familias.

Obviamente, querría que estuvieras.

(Campanada horaria)

¿Es necesario?

-Es tu hija mayor.

Tendremos que casarla en algún momento, ¿no?

(Campanada horaria)

Si me hubieras dejado actuar con Mauricio,

no tendríamos que recurrir a candidatos de segunda.

No empieces.

Organiza lo que quieras.

-¿Esta semana?

Arréglalo con Eutimio, él tiene mi agenda.

-Solo era eso.

He oído que doña Fermina también les ha dejado dinero

para recuperar nuestro piano. ¿"He oído"?

Virtudes, por favor.

No soporto que espíes conversaciones ajenas.

-No puedes permitirlo.

Nunca ha sido nuestro.

-Está aquí, en nuestra casa.

Nunca te ha importado ese maldito piano.

¿A qué viene ahora ese interés? -Nos lo están quitando todo.

¿No te das cuenta?

Esto es solo el principio, pero si no haces algo,

el borracho de tu amigo y la puta de su mujer

¡acabarán arruinándonos!

No vuelvas a hablar así de ellos.

(TORRES, LEJANO, DISTORSIONADO) Todo evoluciona como yo esperaba.

Hay que ver los resultados de los análisis,

pero parece que te recuperas.

Entonces, ¿por qué siento como si me arrancaran las entrañas?

-Son los efectos secundarios.

El dolor irá mitigando con el tiempo,

pero los primeros meses serán duros. Lo siento.

No lo sientas tanto y dame algo.

Así no puedo estar.

-¿El alcohol no te basta?

Ayuda, pero...

no es suficiente.

Necesito algo más. -Antonio.

Es peligroso, ya te lo dije. Si abusas demasiado,

podrías convertirte en un adicto. No me vayas con sermones.

Como se nota que no eres tú el que sufre.

Por favor. Sabes que he empezado a trabajar en los juzgados.

Así no puedo estar.

Me la estoy jugando.

(Se abre la puerta)

-No tengo más, así que no vengas a por ellas.

Gracias. -El dolor,

deberás aprender a controlarlo tarde o temprano.

Esto solo es un parche.

¿Entiendes lo que te digo? Sí, claro.

Solo es para una urgencia.

-En la pensión tampoco saben nada de él.

Nadie lo ha visto, ni siquiera sus compañeros,

como si se hubiera esfumado.

Han vuelto a realquilar su cuarto.

He pagado la cuenta y me he traído sus cosas aquí.

¿Y el violín? ¿Te lo han dado?

-No, no me lo dieron.

Si salió con el violín, le tuvo que pasar algo antes de regresar.

-Eso parece.

Tiene toda la pinta de que la Policía está por medio.

La Policía.

Pero ¿y cómo lo sabe?

-Llámalo intuición, hija.

Cuando uno desaparece sin más y sin dejar rastro...

¿Y ahora qué hacemos? -Si no sabemos nada,

¿qué vamos a hacer?

Mira, Elena,

hazte idea de que es posible que no volvamos a verlo nunca más.

No, por favor, no diga eso.

Estoy segura de que va a volver.

(Teléfono)

(Risas)

-Toma, que te lo firmen todas las partes.

Antonio, no nos han presentado formalmente.

Soy Alberto Reaño, uno de los fiscales.

Encantado.

-Nos habrás visto que estábamos ahí comentando.

Perdónanos, es que tenemos una tradición aquí,

la de ponerle mote al nuevo que entra.

Pero estamos un poco confundidos. Quizá puedas ayudarnos.

Contigo estamos entre el Enchufado

y el Asesino.

Ya. -Así que es verdad.

Llevaste a esa chica a abortar ilegalmente

y dejaste que se desangrara en la calle.

Creo que Asesino te va como anillo al dedo.

Te condenaron por ello, ¿no?

Y me liberaron por inocente.

-Eso decís todos, pero ¿sabes qué?

Me juego el sueldo de un mes a que fue con la ayuda del juez

y una casual falta de pruebas.

Confirmado, señores.

A partir de ahora pueden llamarlo el Asesino.

-Buenas tardes, Elena. Qué susto me ha dado.

-¿Puedo hacer algo por ti? No, da igual, no pasa nada.

-Insisto.

Si hay algo en lo que puedo ayudarte, solo tienes que pedirlo.

Estoy para complacerte.

Bueno, verá, no es para mí, es...

Es por un amigo.

-Un amigo.

Sí, creo que tiene problemas.

-Tienes un amigo con problemas.

Bueno, la verdad, es solamente un conocido.

Creo que lo ha podido detener la Policía.

Y he pensado que quizá usted me podía ayudar a...

saber dónde está o averiguar alguna información.

-¿De qué lo conoces?

Es un músico callejero.

Es que no tiene a nadie y, bueno...

La verdad, si pudiera ayudarlo... -Te haría sentir mejor.

Sí, bueno, me alegraría por él.

Pero sobre todo se lo agradecería a usted

por ser tan bueno.

Sé que a usted no le gustan las injusticias y...

de verdad, se lo prometo, este chico no ha hecho nada malo.

-No, no, tu palabra me basta.

Si me dices su nombre o... alguna información que tengas,

veré qué puedo hacer.

Aunque no prometo nada.

En cumplimiento de la voluntad de la fallecida,

doña Fermina Carrascosa de Escribano,

y en presencia de su único heredero,

don Camilo Escribano Carrascosa,

se hace efectiva la cesión de uso y disfrute de la vivienda

a doña Marta Ribas Cirquetti.

¿Están de acuerdo con los términos aquí referidos?

¿Antonio?

Claro, claro. Pues entonces, procedamos.

Por favor, Eutimio.

No.

Primero a ella.

Bueno, pero tendré que firmar yo, ¿no?

Ella es la beneficiaria. Tú autorizas su firma.

Firma, firma. Firma.

Así que... mi querido Camilo,

la casa se la estás dejando a ella, ¿no?

-No, no, yo no dejo nada. Fue mi madre.

Yo solo cumplo su voluntad.

Y además estáis casados, lo que es de uno, es del otro, ¿no?

Pues que así sea.

Pues si estamos, yo...

(VOZ CON ECO) "...debería volver a los juzgados".

-Yo lo acompaño.

Oye, necesito una cosa.

¿Tú podrías conseguirme algo de morfina?

-¿Morfina?

Pues no lo sé.

No, si... si es por dinero, ahora me van bien las cosas.

-No.

No es una cuestión de dinero.

Tú le dijiste a don Rafael que no se podía fiar de mí,

cuando lo de la penicilina.

¿Qué pasa, ahora has cambiado de opinión o qué?

Si esto para ti es un negocio.

Tú me prestas un servicio y yo te lo pago.

¿Te interesa o no?

-Deja que me lo piense.

Gracias, Rafael.

-Muchas gracias, Rafael.

Bueno, ¿qué, Marta? Estás contenta, ¿no?

Mucho. -¿Mucho?

*

(Agua corriendo)

(Música de piano)

Lo siento, no... No puedo tocar hoy.

No sé qué me pasa.

Tengo la cabeza en otro sitio.

-No se preocupe.

Desde que la vi llegar, por su cara sospechaba...

que más que interpretar una sonata, lo que necesitaba era...

desahogarse.

¿Tanto se me nota?

-¿Su marido?

¿Su hija?

Un poco de todo.

Cuando creo que las cosas pueden mejorar y...

y empiezo a respirar, de repente todo se viene abajo.

-Uno de mis maestros solía decir que...

cuando una composición se estanca...

y no hay modo de seguir con ella,

el compositor debe abandonarla...

y empezar una nueva melodía.

La vida es mucho más compleja. Eso servirá para la música.

-La música vale para todo.

-Estás embarazada.

(Cantar de rana)

-¿Por qué sonríes?

Ah, ¿que te parece una buena noticia?

-Ay, no sé. No puedo evitarlo.

-Julia, compréndelo, que no podemos tener un niño ahora.

Yo no tengo trabajo.

Piensa en lo que diría tu padre, el mío, la gente...

Hay que hacer las cosas bien.

-¿Y cómo es eso, según tú?

-Pues espera a que apruebe las oposiciones

y cuando sea notario, nos casamos y tenemos los niños que quieras.

Además, tú no te mereces esto.

Tú te mereces tener primero una boda de postín.

¿Eh? Con un vestido de cola de... de tres metros.

¿Qué tres metros? De cuatro. Y un velo de encaje... largo.

¿No es eso lo que dices siempre?

Y nada de doña Celia hasta después de casarnos.

Palabrita.

Paco, ¿tú sabes adónde podemos ir?

-¿Te refieres a una abortera?

¿Y por qué tendría que conocer yo a una?

-Venga, hombre, no te hagas el tonto que yo sé que tú oyes de todo.

Además, seguro que sabes de algún sitio...

donde se lo hayan hecho a alguien ya.

Hola. -Hola, buenos días.

(Motor arrancando)

Hola.

(Vehículo aproximándose)

(Campanadas)

-Buenos días.

(RECUERDA) "Conozco a Pablo Zabaleta

y a muchas de sus conquistas, de las que presume abiertamente.

¿Negocios... o placer? -Negocios.

Aunque no me importaría mezclarlo con placer.

Y mucha lujuria.

Y mucha lujuria".

Pero ¿ya es seguro?

-Del todo.

Además, que tampoco necesitaba yo una rana para eso.

Lo sabía.

¿Y qué vas a hacer?

-Pues...

Quitármelo.

Hombre, yo creo que es lo mejor, pero...

-Dicen que es rápido y que casi no duele.

¿Sí?

-Me lo hacen y para casa.

Pero Dioni lo ha organizado y dice que tiene que ser por la noche.

¿Y qué vas a hacer para que te dejen salir por la noche?

-Para eso necesito tu ayuda. Claro, ¿qué necesitas?

-A ver...

He pensado que podríamos decir que vamos al cine los cuatro,

Dioni, Basilio tú y yo.

En el Avenida reponen "Los Últimos de Filipinas"

y así, mi madre se queda tranquila de que no hacemos lo que no debemos.

Y como vienen Basilio, mi padre no dirá nada.

Lo ven un adulto responsable.

¿Basilio, un adulto responsable? -Últimamente está mucho mejor.

Parece centrado.

(Campanadas)

(Chiflo del afilador)

Marta Ribas.

¡Rafael!

¿Qué haces por aquí?

Dímelo tú.

¿Cómo?

¿Qué hacías ahí arriba con ese don Juan de pacotilla?

No tengo por qué darte ninguna explicación.

Seguro que a tu marido le interesa saber

que mientras se mata a trabajar,

la perdida de su mujer se acuesta con un impresentable.

¿Qué dices? ¿Has perdido la cabeza?

Por tu culpa, que te regocijas martirizándome.

¿Por qué a él sí y a mí me rechazas?

Suéltame. Suéltame, Rafael.

Suéltame o grito. Grita todo lo que quieras.

¿Vas a negar que has estado en ese piso más de una hora

con Pablo Zabaleta? Ese piso es de Roberta Moretti.

Zabaleta y ella tienen negocios.

Como ella está en Nueva York, me ha pedido unos documentos.

Así que sí, he estado con Zabaleta.

He cogido los documentos y me he ido.

Se lo puedes preguntar al chofer, estaba ahí con nosotros.

Le dijiste a Antonio que lo de la italiana acabó.

Se ha terminado. Le estoy haciendo un favor a una amiga.

Quiero creerte, Marta.

Veremos qué opina tu marido.

Por favor, no se lo digas.

Lo malinterpretará.

¿Por qué habría de hacerlo?

Si no ha pasado nada, no tienes de qué preocuparte.

Antonio lo comprenderá.

¿También le vas a decir que me estabas siguiendo?

Por supuesto que no.

Tengo unos buenos clientes que justamente viven aquí al lado.

Ahora mismo iba a verlos, así que, si me disculpas...

(Continúa la melodía de piano)

Antonio, espera, espera...

Espera, espera.

Oye, espera.

Espera. ¡Ah!

Espera, espera.

Antonio.

¡Ah!

Antonio, para.

Antonio, para.

¡Ah!

(Golpes en la puerta)

-Estoy estudiando.

(JULITA) Soy yo. ¿Puedo pasar?

-No. -Es solo un momento.

-Entra.

(Puerta abriéndose)

-Me tienes que hacer un favor con mamá y papá.

Necesito que mañana seas mi carabina con Dioni.

-¿Qué tramáis?

-Nada. -Ya.

Quiere llevarte a casa de doña Celia, ¿no?

-¿Qué?

No sé de qué me hablas.

¿Me ayudas o no?

-Es un poco raro los tres solos. No se lo van a creer.

-Bueno, he... he hablado con Elena y vendrá también con nosotros,

así que...

Solo tienes que decir que vamos... -Está bien.

-...al cine.

-Me debes una.

-Gracias.

(Puerta abriéndose y cerrándose)

-¿Quieres tomar algo? No.

No, solamente será un momento.

Quería preguntarle si había podido averiguar algo

sobre el amigo que le conté. -¿El violinista?

Sí.

-Me temo que no tengo buenas noticias.

Por lo que he podido saber,

fue trasladado la semana pasada a la cárcel.

Cerca de Toledo.

¿Cómo que a la cárcel?

-Es un antiguo soldado nazi.

Está acusado de crímenes de guerra.

Pero eso es imposible.

-Alguien lo reconoció y dio aviso a las autoridades.

Encontraron con él documentación falsa.

Se la robó a un soldado de la División Azul,

al que se cree que también asesinó.

Gracias a eso pudo entrar en España.

Debieron de tenderle una trampa. -Son asuntos muy serios.

Estamos bajo la lupa de Francia e Inglaterra,

y todas las detenciones

se hacen bajo estrictos controles de investigación.

Es...

Es triste.

Pero me parece que vas a tener que olvidarte de tu amigo.

Lo siento.

Lo siento, Elena.

Puedo intentar averiguar algo más, pero me va a resultar difícil.

Lo tienen aislado. No, no se preocupe. Ya...

Ya he hecho suficiente.

-¿Ya te vas?

Sí.

Es que me esperan Julita y Basilio, que voy al cine con ellos.

-¿Al... cine?

Bueno, pues...

Espero que lo paséis muy bien.

Ya me contarás.

Muchas gracias.

-Siempre a tu servicio.

Pepe.

¿Qué? -Que das pena.

Vergüenza ajena.

Pero ¿tú te has visto? Si vas completamente borracho.

No te puedes ni mantener erguido.

No vas a durar mucho por aquí, ¿me oyes?

Un buen hombre, trabajador, padre de familia,

está en casa buscando trabajo, porque tú, un asesino, está aquí.

¿Y por qué?

Porque vas a casar a tu hija con el juez. No me jodas.

¡Ah!

¿Cómo era el mote ese?

¿Asesino? -Estás loco.

Me gusta.

Escúchame bien.

A partir de ahora, no te vas a volver a acercar a mí.

Tú vas a ir a lo tuyo y yo a lo mío.

¿Eh?

No, no, no, no.

Es más.

Si ves que alguien se acerca para molestarme...

-Ah.

...tú me lo vas a quitar de encima.

¿Eh?

Si no, igual te hago una visita...

y te lo explico mejor.

(Música de piano)

-No sé qué es lo que quiere que le enseñe.

Si se sentía oxidada, ya no lo está.

Técnicamente no tengo nada más que enseñarle.

A menos que...

¿A menos qué?

-A menos que quiera dar un salto al siguiente nivel,

dejar de ejecutar y empezar a componer.

¿Componer? No, sería incapaz.

-Yo puedo ayudarla,

guiar su creatividad.

Piénselo.

¿De verdad cree que podría hacerlo? -Creo que debería intentarlo.

Reúne todas las condiciones.

Gracias.

-¿Por qué?

Por hacerme creer en mí.

Porque usted me hace sentir que las cosas pueden ir a mejor.

Y yo se lo agradezco.

-No me gusta verla triste, Marta.

Y es como viene siempre.

Pero me voy feliz.

Y eso es lo que importa.

(Latidos del corazón)

(Campanadas)

-Nos vemos aquí a las 23:00. Aquí estaré.

Todo va salir bien.

-Venga, vámonos, Julia.

Bueno, ¿vamos al cine o...? -Se me ocurre algo mejor.

Una fiesta. Ay, no.

Que no quiero líos, de verdad. -Te va a gustar.

Es una fiesta con clase, con categoría.

Es en un pisazo en el barrio Salamanca.

Así te olvidas de tu mal de amores con el violinista.

¿Qué sabes tú de eso? -Nada.

Nada.

Lo que tú quieras contarme.

Pero por tu cara, diría.

que deberías olvidarte de todo un rato.

Y eso es lo único que quiero, ni más ni menos.

¿De dónde vienes a estas horas?

De los juzgados.

Espero que Mauricio pague bien tanto esfuerzo.

Vamos, te invito a una copa. No, me voy a mi casa.

Venga, joder, por una vez que podemos hacer algo juntos.

Como en los viejos tiempos.

He quedado a tomar una copa con un colega de Barcelona.

Capdevila. Ya te he hablado de él alguna vez.

Venga, no te hagas de rogar, que sé que a casa no quieres ir.

Me voy.

¿Tú puedes conseguirme algo de morfina, Rafael?

¿Todavía sigues con eso? La necesito.

Para soportar los dolores.

Por favor.

¿Puedes?

Está bien.

Algo encontraremos, no te preocupes.

Pero no ahora, no esta noche.

Deja que hoy sea el alcohol el que te ayude a mitigar el dolor.

¿Eh?

Tratar con gente y tomarte algo te vendrá muy bien.

-Tiene que ser por aquí.

-Pero ¿tengo que entrar yo sola? -Son las reglas, mi amor.

Pero yo voy a estar abajo esperando todo el rato.

-Dioni, es que tengo miedo.

-No te preocupes.

Todo va a ir bien.

Y después de esto, empezaremos de nuevo, ya lo verás.

(Timbre)

-¿Has traído el dinero?

-Sí.

-Pasa. Cuanto antes empecemos, antes terminamos.

(CARRASPEA)

La fiesta la organiza el varón Fraijar.

Invita siempre a la gente más exclusiva. (RÍE)

En su mayoría son extranjeros.

Empresarios, banqueros...

Personal de las embajadas....

Artistas.

Que están de paso o que viven en la capital y...

y no conocen a mucha gente.

En fin, se trata de...

confraternizar.

Sí, ya he oído hablar del tal varón.

Hasta tiene su propio reservado en Chicote.

¿Y tú cómo has conseguido que te inviten a... a esto?

-Bah, estoy llevando algunos negocios inmobiliarios

en la Costa Brava a un buen amigo suyo;

que, por cierto, no lo he visto aún.

(Música ligera)

-¡Soltadme! ¡Que me soltéis!

¡Soltadme! ¡Ah!

Basilio.

-¡Soltadme! ¡Dejadlo!

¿Qué haces aquí? -Hay que sacarla.

¿A quién? -Elena está arriba

en una de las habitaciones. Pero ¿qué dices?

¿Elena?

¡Elena!

¡Elena!

¡Elena!

¡Elena! ¡Papá, por favor, papá!

¡Antonio!

¡Ayúdame, por favor! Aquí.

(Golpes en la puerta) ¡Elena!

¡Papá, por favor! ¡Elena!

¡Elena!

¡Papá! ¡Abre la puerta!

¡Ah!

(MAURICIO) ¿Qué tipo de fiesta? -Muy exclusiva.

La señorita Elena ha estado dentro poco más de una hora.

-Soy el comisario Olarte.

Requerimiento para trasladar a su hijo a la Dirección General.

Que me tenga que enterar de su amistad con un músico callejero

con el que va a comer y a pasear por Madrid a la vista de todos...

(FLAVIO) Marta, no pasó nada de lo que tengas que avergonzarte.

Nada.

No me provoques.

A partir de ahora, se hará lo que yo diga.

-Espera, tengo una cosa que contarte.

¿Quieres recuperarlo? Demuéstralo,

o la próxima vez que me hables del piano, te juro que lo quemo.

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La sonata del silencio - Capítulo 6: "Julia"

18 oct 2016

Hace pocas semanas que nació Julita, y Marta está próxima a dar a luz a Elena. Es la primavera de 1928 y la relación entre ambos matrimonios fluye aparentemente armoniosa. Rafael predice lo amigas que serán las dos niñas. Casi como hermanas, dice Virtudes. Furtivas, las miradas de Rafael y Marta se cruzan.

De vuelta a 1946, Julita no se encuentra muy bien. Lleva un par de días vomitando y su madre, que no sospecha lo que le sucede, no le da importancia.

Los Montejano se trasladan al piso de doña Fermina. Elena está preocupada por Hanno: ha desaparecido y teme que haya podido ocurrirle algo. La muchacha está enamorada, pero Antonio -cuyo carácter está empeorando- parece decicido a casarla con Mauricio.

Aunque al principio ambos parecen no congeniar, Marta comienza a tomar clases de piano con Flavio Tassoni.

Finalmente, Julita descubre que está embarazada, y Antonio y Rafael unen sus esfuerzos para salvar a Elena de una comprometida situación en la que la imprudencia de Basilio la ha metido

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  1. silvia

    Los capítulos no se pueden ver, si es por la venta de la serie....bloqueen el acceso a la web.

    01 dic 2016
  2. Antonio

    Me parece perfecto que vayáis a poner a la venta un DVD de la serie, pero si tenéis los capítulos en la pagina web, es para poder verlos y no se puede.

    06 nov 2016
  3. Anartve

    Excelente serie. Me fascina. Felicitaciones

    04 nov 2016
  4. Lucía

    Fabuloso trabajo, felicidades a todo el elenco que participa en la serie, no puede estar mejor realizada. Me hacéis disfrutar cada semana, muchísimas gracias!

    23 oct 2016
  5. Kathy

    De ensueno la serie Y con grandes actores...felicitaciones!! Saludos desde suecia

    22 oct 2016
  6. marcela

    Me atrapo desde el primer momento que comence a verla, definitivamente las series españolas son las mejores. felicitaciones!!! desde Israel, Marcela

    20 oct 2016
  7. Pat

    Muchas felicidades por esta nueva serie, es excelente, me atrapó desde el principio

    20 oct 2016
  8. Avatar de cristinagutierrez cristinagutierrez

    Me gustan mucho las series Españolas,son de una cotidianidad cosas que le suceden a cualquiera. desde Colombia (Bogotá)MIl gracias Cristina

    20 oct 2016