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Transcripción completa

(PRÓCULO) Quien dirige el hotel Ritz es un conocido mío.

Sé que buscan a alguien preparado como tú para un trabajo.

-Me comentó el padre Próculo que estaba casada.

Sí, lo estoy. -Necesitaremos, entonces,

una autorización de su marido. No quiero que trabajes.

Lo necesitamos. Tú no estás en disposición de trabajar.

-¡Marta!

¡Papá!

¿Se va a poner bien?

-Ha tenido suerte. ¿Dónde habéis conseguido esa penicilina.

De Eutimio. -Te la han jugado.

Recoge tus cosas y lárgate. Y da gracias a que no te denuncio.

-Le aseguro que esto no quedará así. Yo no quiero perjudicarte,

a don Rafael tampoco. Cuanto antes vuelva a la notaría,

antes funcionarán las cosas. Es fácil, no tienes que hacer nada.

Coges el expediente y me lo traes. -Mañana saldrá de la notaría

como que me llamo Basilio. -¿Qué hace, Basilio?

Tú, calladito. ¿Qué es eso? "El amante de Lady Chatterley".

-No es mío. -Ni se te ocurra hacer esto

con mi hermana. Te juro que te rompo la cara.

Me voy a la cama, me encuentro mal. Ni una palabra a mi madre.

Ya se me pasará.

-La señora que quiere contratarte, Roberta, italiana,

te está esperando. -Marta Rivas.

Puedes empezar a trabajar hoy mismo. A Antonio no le hará gracia

que trabajes a sus espaldas rodeada de hombres.

No tengo de qué avergonzarme. Pero tu marido sí.

-No he venido a España solo a levantar pisos.

He venido a buscar a un hombre. Se llama Francisco Castillo.

Enseña piano en el conservatorio. ¿Profesor Castillo?

-¿Quién la ha enviado a verme? Roberta...

-No he dejado nunca de buscarte.

-El destino nos ha dado una segunda oportunidad.

Buenos días, Virtuditas. -Te hacía en el hospital.

Voy a la iglesia con Julita a bordar.

(MUJER) ¿Es su esposa?

-Sí.

(Trinos)

(Claxon)

(Claxon)

(VIRTUDITAS) ¡Ya están aquí! ¡Ya han llegado!

El tren llegó tarde, como siempre.

Pedrito, saca la maleta de Marta. -Ahora mismo.

(VIRTUDITAS) ¿Y Antonio?

¿Dónde está Antonio?

Se ha tenido que quedar en Madrid trabajando.

Qué alta estas. Ven, dame un beso.

Hola, Basilio, qué guapo. ¿Y este libro?

-¿Me lo leer? Claro, ahora cuando subamos.

-Pero Antonio vendrá, ¿verdad?

Claro, en cuanto termine de trabajar.

-Virtuditas, las personas mayores no deben dar explicaciones.

Marta.

¿Cómo estás? -Mal.

No sabes lo que me ha costado encontrar servicio.

La mitad viene con unos humos... Y no han salido nunca del pueblo,

imagínate. Ya. Vamos.

Oye, qué guapo está Pedro. -Ay, Pedrito, qué guapo.

-Mamá, como no ha venido Antonio, ¿podré dormir con Marta?

-Qué pesadita estás, hija. Claro que sí.

Pero cuando venga Antonio, ya no. -¡Bien!

(RÍEN)

-A que no me pillas. -Hola.

Gracias. -Gracias, Venancia.

¿Estás embarazada? Pero ¿es seguro?

-¿Cómo no lo voy a estar?

No hace tanto calor y mira los sudores que tengo.

Además, con los tres anteriores fue exactamente igual.

Creía que con Pedro y Virtudes ya mayores, ya no...

-Bueno, en estas cosas, el hombre propone y Dios dispones.

Yo estoy feliz. Enhorabuena.

-El día menos pensado tú también te quedas en estado.

¿No? No me digas que no tienes ganas.

Sí, claro que sí.

-Estaba jugando. No se lo digas a mamá.

¿Te gusta mi pintalabios rojo?

¿Sí?

Pues te lo regalo, pero no se lo digas a mamá.

-No, no, no.

-¿Qué haces?

¿Te has vuelto loca?

No pensarás salir así a la calle

y que te vean.

¿A ti quién te ha dicho que puedes quitarte el luto?

-¿Hasta cuándo, mamá? ¿Hasta cuándo?

-Todo el tiempo que la decencia aconseje.

Se lo debes a tu prometido.

-Mi prometido murió en Rusia hace tres años.

Tres años, mamá.

Soy viuda sin estar casada.

-El Señor recompensa nuestro sacrificio.

Quítate esta ropa, anda.

La mujer cristiana debe rezar

y practicar las obras de misericordia.

-¿Qué obras de misericordia?

-Dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento,

visitar al enfermo.

Dame eso.

Límpiate la cara y cámbiate.

(Se cierra la puerta)

(Risas)

(CHISTA) Espera, mira.

"Sentía el deslizamiento de su mejilla sobre sus muslos,

su vientre, los botones de sus pechos,

y la caricia de su bigote y su pelo espeso y suave

y sus rodillas comenzaron a estremecer".

¿Qué hacéis ahí de cháchara? ¿Aquí no se trabaja?

-Sí, teníamos una duda y consultaba el código civil.

Meroño, acompañen, por favor, al señor Antúnez a la puerta.

-Sí, don Rafael. Gracias por su comprensión.

Contactaremos con usted lo antes posible

y cerramos el asunto.

Quiero que deis la vuelta a esta oficina

hasta que aparezca ese expediente. -Estamos en ello.

No se preocupe, don Rafael, seguimos buscando.

Cómo está, ¿eh? Desde que se fue Eutimio.

Mira, ven. Mira este.

-Buenos días. -Buenos días.

-Dionisio, ¿qué haces? -¿Eh?

-Que qué haces.

-Nada, aquí, mirando el código civil.

-Anda, trae, que te lo repaso.

¿Qué es esto? -¿Qué es eso?

Adiós, mamá. Adiós, hija.

(Pasos en descansillo)

-Elena, qué casualidad.

Buenos días, don Mauricio. -Sin el don.

Tu padre, ¿está mejor? ¿Alguna novedad?

Bueno, sigue igual.

Voy a verlo al hospital.

Me voy que llego tardísimo. -Si quieres, te puedo acercar.

Tengo un coche abajo esperando.

Ay, pues... sí, bueno, si no es... molestia...

-Ninguna, ninguna.

Muy bien, gracias.

(Claxon)

-Aquí tenemos la planta de los pisos.

-Ajá. -Y aquí, la fachada.

Mira que está llegando Marta.

Marta, ¿lo encontraste todo? Sí.

-Déjame ver. Eso es.

Buenos días. -Buenos días.

(ROBERTA) A ver...

Bien, la carretera...

Déjame orientar.

La carretera de acceso vendría por allí.

-Sí. -Y los bloques de viviendas

se agruparían en esa dirección.

Marta, dinos, ¿qué te parece?

Estaba pensando... -Como habrá comprobado,

la señora Ribas tiene opiniones muy personales.

-Me gustaría mucho conocerlas.

¿Por qué construir tan lejos de la ciudad?

-Los terrenos son baratos. Es una buena manera de invertir.

Sí, es cierto, pero ¿por qué no invertir

en reconstruir la ciudad? Aún quedan huellas de la guerra.

-Cada cosa a su tiempo. Este sitio resulta desolado ahora,

pero por allí pasará una carretera y pronto se llenará de vida.

Pero hasta que eso suceda creo que sería importante

invertir en construir la ciudad. Como usted dijo,

Madrid está creciendo de forma desmesurada.

-Con permiso, ¿eh?

Siento que hoy no hayas podido ver a tu marido.

Yo tampoco he tenido tiempo para reunirme con Francisco.

Pero es que este negocio es demasiado importante para mí.

Y por eso te necesito aquí, a mi lado.

Señor Zabaleta.

Por favor, el otro plano.

-Buenos días, don Eutimio. ¿Lo de siempre?

-No, gracias, Isidro, hoy llevo un poquito de prisa.

¿Es cierto que me quería ver?

Pues usted dirá.

Son tiempos duros, Eutimio.

Los negocios no van bien para nadie.

-En eso vamos a estar de acuerdo. No corren buenos tiempos, ¿eh?

Tienes una familia que mantener.

No quiero que caiga sobre mi conciencia

que los tuyos pasan necesidad. -Muchas gracias, don Rafael.

Se lo agradezco, pero no se preocupe, de verdad,

que de peores hemos salido.

Y ahora, si me disculpa...

tengo muchas cosas que hacer. ¿Qué cosas?

-Mis cosas, don Rafael.

Mis cosas.

Con su permiso.

No tengas tanta prisa.

Ya sabes que me pierde mi buen corazón.

Yo olvido lo sucedido y te readmito en la notaría.

-¿Se le olvida que me echó y de muy malas maneras?

Me dejé llevar por mi temperamento, pero ahora quiero que regreses.

-Se lo agradezco, don Rafael, pero tengo otra oferta.

Una buena oferta. ¿De quién?

-Como comprenderá, eso no tengo por qué decírselo.

Me estás mintiendo.

No tienes ninguna oferta.

-Hasta más ver. Espera.

No te vayas, quédate.

Bueno, pues...

Muchas gracias, don Mauricio.

-No hay que darlas. Que se mejore tu padre.

Ojalá. -Hay que confiar en Dios

y no perder la esperanza. -Buenos días.

¿Así vienes vestida, como si fueras a una fiesta?

¿Por qué?

-A mí me parece que la señorita Elena

viene correctamente vestida.

-Si los dos lo creen así, no tengo nada que decir.

Tu padre sigue igual.

Yo ya me iba.

-Paciencia, Elena, solo es cuestión de paciencia.

-Te acompaño a la habitación y así te voy contando.

Adiós.

-La paciencia todo lo alcanza.

-Por cierto, ven un día con tu novia.

-¿Qué novia? -Ah, esa niña tan guapa

que estaba antes contigo.

-¿Elena? No, Elena no es mi novia.

-Mejor, tienes que traerla más a menudo por aquí.

¿Verdad, cariño?

(VENANCIA) Señorito, ¿está despierto?

Tengo que limpiar la habitación. -Vete, Venancia.

Déjame tranquilo.

-Si quiere que vuelva,

tendrá que igualar la oferta económica que me han hecho.

¿Cuánto?

-100, 100 duros más al mes. No me jodas, Eutimio.

Eso no lo gana ningún oficial en Madrid.

-Pues usted verá.

Muy bien.

Pero te quiero a las 07:00 en la oficina.

-Ahí estaré.

Por cierto,

dele recuerdos a su familia de mi parte.

¿Qué tal? ¿Todos bien? ¿Su hijo Basilio está bien?

Sí, muy bien.

¿Por qué? -No, no, por nada.

Cabrón, hijo de puta.

-Su cartera, don Eutimio. -Gracias, Colás.

-Muchas gracias.

(SILBA UNA MELODÍA)

-Sobre todo, procura que no se enfríe.

Te lo digo porque a veces se revuelve en la cama.

Y no lo dejes solo. Sí, no te preocupes, Virtuditas.

-Si pasa algo, me llamas. Ya sabes el teléfono de casa.

Y mira que venir así al hospital...

-Me voy, que tengo ropa que lavar. Le iba a pedir

que le echara un ojo a mi marido, pero veo que también se va.

-Todos tenemos cosas que hacer. -Ya.

Por cierto, esa chica que acaba de entrar...

-Es mi sobrina, la hija de mi hermana.

-Ah, tiene una hermana. Como no la he visto por aquí...

-Ni la ha visto ni la verá. Mi hermana es una mala mujer.

Intentó quitarme a mi marido.

Ay...

Es tardísimo. Hoy no voy a poder ir a ver a tu padre.

Ve tú, por favor.

Roberta me pidió que le haga un montón de recados.

Mamá, ¿sabes qué?

Ayer cuando fui al hospital me encontré con Virtuditas

que había ido a ver cómo estaba papá.

Me voy.

No dejes de ir a ver a tu padre.

(Se cierra la puerta)

Ay. -Perdón.

Perdón.

-Eres tú.

¿Te he hecho daño? No, no, no, no, estoy bien.

-¿Seguro? Sí.

-¿Venías...? No.

Bueno, es que pasaba por aquí.

-¿tienes prisa?

No.

¿Por?

-Hoy hace un hermoso día para pasear.

Me llamo Elena.

-Jonathan.

Pero mis amigos me llaman Hano.

Aunque aquí todo el mundo me conoce por Juanito.

Pues Hano es mucho más bonito.

-Más bonito es Elena. (RÍE)

-Te he visto estos días.

Y yo.

Tocas muy bien. -Gracias.

(RÍE)

-Hola, papá.

¿Qué pasa ahora?

-Mamá ha dicho que te diga que se ha ido a hacer unas visitas.

¿Y no podía decírmelo ella misma?

-Dice que si te interrumpe en el trabajo, te enfadas.

Claro.

Y por eso te manda a ti, ¿no?

Tú, por lo visto, no interrumpes.

El vago de tu hermano, ¿se ha despertado ya?

-Pues no.

Dice Venancia que no se encuentra bien.

Se encuentra tan bien como tú y como yo.

Él en la cama y yo hasta las cejas de trabajo.

Y como tengo poco lío,

a repasarle las oposiciones al zángano de tu novio.

-No te preocupes, papá. Yo se lo repaso.

Vamos a repasar.

-Vamos, vamos.

¿Y de dónde eres?

-Yo nací en Berlín.

¿Alemania? -Sí.

¿Y tu familia vive allí?

-Vivía.

Pasa.

Gracias.

-Señor Rufino, buenos días.

-Juanito, hijo. Hace días que no se te ve el pelo.

¿Te han vuelto a molestar?

-Nada grave, pero no puedo quedarme mucho tiempo en el mismo sitio.

-Te quedarás a comer, ¿no?

No, gracias, solo quería saber si podía guardar mi violín.

-Hombre, eso está hecho. -Gracias.

Ella es Elena.

-Hola. Encantada.

-Es mi amiga.

-¡Paula!

¡Paula, mira quién ha venido!

-Hola, Juanito...

y compañía. -Buenos días, Paula.

-¿Qué haces aquí tan temprano?

Íbamos a dar un paseo por el parque.

-Me parece una idea estupenda, pero antes os pondré algo

para llenar el estómago.

Venga, venga, a sentarse a la mesa.

-Gracias.

-Es muy mona.

-El código.

El otro.

-¿Qué otro?

Ah...

(SUSPIRA EXASPERADA) A ver.

"Él la alcanzó

y la enlazó con su brazo...". -Julita.

-"Rodeando la humedad...". -Tu padre.

-"Y la desnudez de su cintura suave" -Puede entrar tu padre.

-"Ella dejó exclamar un grito". -Que no.

-Señor Tassoni, ¿tendría un minutillo?

¿Me puede corregir los ejercicios? -Primero a mí, por favor.

-Los míos, por favor. -Entren en la clase, por favor.

-Has estado como siempre, divina.

-Mira que si no me aceptaran... -Superarás la prueba.

La superaremos los dos. -¿Tú crees?

Perdón, pensé que habían terminado. -Eh... Adelante, por favor.

Bien, Teresa, repase muy bien la romanza, ¿eh?

Nos vemos mañana.

-Hasta mañana. -Hasta mañana.

Adiós.

-Lo siento mucho, me he retrasado. No, por favor.

¿Puedo mirar las partituras?

-Ah, claro. Gracias.

Eh... ¿El "Nocturno"?

-Cuando quiera.

-Estos años últimos han sido una locura.

Mucho cambio.

Yo estudiaba en conservatorio,

muy centrado, enamorado de la música.

Pero me reclutaron.

Yo no quería, pero...

Y, bueno, un año después

tras la campaña en Rusia,

nos trasladaron a Francia.

Y deserté.

Huí a España.

No quería más muertes.

Y, bueno, un año después...

-¿Qué? ¿Cómo está todo?

Bien, está riquísimo.

-Pero si no has comido nada.

Comes menos que un pajarito.

-¿"Parajito"?

(RÍE)

-Para... Pajarito.

-¿"Parajito"? Pajarito.

-Paraji... Para...

Pajarito.

(Campanadas horarias)

No me lo puedo creer. -¿Qué pasa?

Es tardísimo. Me voy. Lo siento. -¿Qué? Elena.

-Pero ¿qué le pasa?

-Elena.

¿Qué pasa? Me tengo que ir.

Tengo que ir a ver a mi padre al hospital.

Lo siento.

-¿Cuándo volveremos a vernos?

Te buscaré.

Adiós.

-Adiós.

-Mantenme informado.

-Por supuesto.

-Tengo una carta y paquete urgente, vienen por correo aéreo.

-Una carta y un paquete. -Yo, con su permiso.

-Tira, Pepe.

-¿No es aquí doña Fermina Carrascosa?

-Eres nuevo.

Doña Fermina vive dos pisos más arriba.

-Usted perdone.

-¿Quién era, hijo?

-Para doña Fermina, el cartero.

-Precisamente estuvo aquí antes, cuando tú no estabas.

Llorando.

-¿Qué quería? -Ponerte en un compromiso.

Nada menos que sacaras a su hijo del calabozo.

Lo han detenido en uno de esos sitios

a los que van los que son como él. -¿Qué le has dicho, madre?

-¿Qué le iba a decir? -Que tienes una reputación.

Cuando se tiene una reputación, hay cosas que no pueden hacerse.

Bueno, yo marcho ya a casa, que está tu tía sola.

Te he planchado las camisas y te he dejado la cena en la cocina.

Mañana nos vemos, mi niño.

-La verdad, no sé a qué vienen tantas urgencias.

-Tiene que presentarse a un examen y necesita repasar.

-Repasar.

Ya, ahora precisamente.

-Traemos el código civil. -Ajá.

-Pues repasadlo, repasadlo.

Y rapidito,

que solo habéis pagado una hora.

-¿Cómo que solo una hora? Te he dado más dinero.

-Le dije a Eutimio que tenía que hacer una gestión.

-A estudiar, que se pasa el tiempo.

-Eh...

El artículo 58.

-Artículo 58. -¿Qué dice el artículo 58?

-La mujer...

está obligada

a seguir a su marido

donde fije...

donde...

este fije

su...

-Venga. -Su residencia.

-Ajá. -Joder, Julita.

-Venga. -Los tribunales...

sin embargo, con causa justa

pueden eximirla de...

de esta obligación

cuando el marido

cambie su... su residencia

a ultramar

o a un país extranjero.

-Muy bien.

(VIRTUDES) Ya está. (VENANCIA) No, pero...

-Quita de en medio, Venancia. -Señora, déjelo descansar.

Estaba cansado. Vino de la biblioteca tarde.

-¿Este? Parece mentira que no lo conozcas, Venancia.

Por favor, llevo días sin verlo y quiero una explicación.

-Y se la dará, pero ahora deje que duerma.

Ya sabe cómo se pone si no ha descansado sus horas.

¿Dónde estoy?

-Bendito sea Dios.

Antonio.

Qué alegría.

Estás en el hospital.

¿Cómo en el hospital?

-¿No te acuerdas de nada?

Menudo susto nos diste.

Te caíste en medio de la calle desmayado.

Has estado varios días aquí sin recobrar el conocimiento.

Pero ¿qué me ha pasado?

-La penicilina provocó una reacción porque estaba en malas condiciones.

Pero ya todo pasó.

Te pondrás bien.

¿Y mi mujer?

¿Dónde está mi mujer?

-Casi nunca viene a verte.

¿Por qué?

-Está...

trabajando.

Trabajando, ¿de qué?

-Pues no sabría decirte.

Yo solo sé que todos los días la veo salir de casa

muy maquillada y con ropa nueva

y que le ha pagado a nuestro padre todo lo que le debíais.

Parece que también ha podido cerrar las cuentas...

¿Qué te pasa, Antonio? ¿Te encuentras bien?

Llama al doctor y vete.

-Pero yo... Vete, vete.

Vete.

(CASTILLO, EN ITALIANO)

-¿Qué tal? -Ahora mucho mejor.

-¿Sí? -Sí.

-Alto, muchacha. ¿Adónde vas? A ver a mi padre, Montejano.

-Lo siento, ya es tarde.

Por favor, déjeme pasar. -No son horas de visita.

No he podido antes. -Vuelve mañana.

Por favor, déjeme. Es solamente un momento.

-Vuelve mañana.

-Espera, Marta.

Tengo dos noticias que darte, una buena y una mala.

Dime. -La buena es...

que Antonio ha despertado.

¿Y cómo está, está bien?

-Bien, bien. Está bien.

Dios mío.

-La mala es que ni tú ni su hija estabais allí.

(Puerta abriéndose)

(Puerta abriéndose)

(Puerta cerrándose)

Hola.

Hola, mamá. ¿Cómo estás?

Cansada.

¿Has ido a ver a tu padre? Sí.

¿Y cómo estaba?

Como siempre. ¿Ningún cambio?

¿Por qué me mientes? Sé que no has estado en el hospital.

Tu padre ha despertado hoy.

Mamá, perdóname.

No quería mentirte.

¿Dónde has estado?

(MEROÑO) Bienvenido, don Eutimio.

No sabe cómo se ha notado su ausencia en el despacho.

¿Verdad, compañeros? -Como dicen los clásicos,

sin un buen piloto, la navegación peligra, ¿no, don Eutimio?

-Y vaya peligros desde que usted se fue.

-Ya estamos salvados, compañeros. Otro aplauso para don Eutimio.

(Aplausos)

-Caballeros, tantas muestras de adhesión me abruman.

¿Se puede saber qué es este escándalo?

-Los compañeros, don Rafael.

Se alegran de mi reincorporación a la notaría.

Pues menos alegrías y a trabajar,

que no estamos aquí para celebraciones.

Y a ti no te quiero ver levantar la cabeza del Código Civil.

No quiero vagos en esta notaría.

Te lo advierto.

-Caballeros, ya han oído a don Rafael.

Todo el mundo a trabajar.

Se acabó que las cosas vayan aquí manga por hombro.

Mira que perder el expediente del señor Antúnez...

-¡Por favor, ayuda, enfermera!

Mi marido.

Mi marido. -¿Qué ocurre? ¡Vamos!

Rápido. -No puede respirar. Está muy mal.

-Cálmate y no grites. -Ayúdenlo.

-Alborotarás a los enfermos. -¡Haga algo, por favor!

-Vamos, enfermera.

Vosotros bajadlo al quirófano, vamos.

-Ayúdelo. -Tranquila.

(LLORA) -Una, dos, tres.

-Ay, mi marido.

(LLORA) Que se me muere.

Juan, Juan.

Juan. ¿Qué le pasa?

-Nada, nada. Tranquilo, ya nos hacemos cargo nosotras.

Dile a papá que lo quiero muchísimo.

Y que rezo por él todos los días

para que se ponga bueno y vuelva a casa.

Sí. Toma, la lista de la compra. Hay dinero encima del mueble.

Venga, adiós.

Fermina. -Ah, hola, Martita.

¿Podríamos hablar un momentito? Si no es molestia.

No lo es, pero voy al hospital. Se ha despertado Antonio.

-Ay, hija. No sabes cuánto me alegro.

Gracias. Luego te toco el timbre y me cuentas.

-Muy bien. ¿Estás bien?

-Sí, sí.

Sí. Dale un beso a Antonio de mi parte.

Vale.

Adiós, mamá. Adiós, hija.

Fermina.

-Cariño.

No sabes cuánto me alegro de lo de papá.

Gracias. -Anda, vete para casa.

Y no le abras a nadie mientras no sepas quién es.

Que sí. -Anda.

Ya sabes que te quiero mucho.

Sí.

Y yo.

-Anda, ve. Vete a casa.

Entra.

Mi amor.

Cuánto tiempo.

Ay, qué alegría.

Mi amor, qué bueno verte despierto.

Tus ojitos.

A ver si no me vas a dejar respirar.

¿Qué tal estás?

Ya verás qué pronto vienes a casa.

¿Has hablado con Carlos? No.

Voy a hablar yo. Espera, espera, espera.

¿Adónde vas? Estás muy nerviosa, ¿no?

He pasado tanto miedo...

¿Sí?

Sí, claro.

Por eso te has puesto a trabajar.

Antonio, lo necesitábamos.

Crees que soy incapaz de mantener a mi familia, ¿no?

Claro que no, pero estabas enfermo

y alguien tenía que llevar dinero a casa. ¿Cómo...?

Esto no lo haces solo por dinero.

Me gusta lo que hago y me hace sentir útil.

Pues haces que yo me sienta como un inútil.

¿Qué buscas, que se rían de mí? ¿Eso quieres?

Claro que no. Bueno, pues se acabó.

Se acabó, ¿me oyes?

Ese trabajo y cualquier otro.

¡Se acabó!

-Silencio. ¿Te queda claro?

¿Entiendes? -Llamaré a...

Dime si me entiendes. Se acabó.

-Váyase, que lo pone nervioso. Se acabó, ¿está claro?

-Por favor, Antonio. Se acabó.

-Por favor, no me obligue a llamar al doctor.

¿Me has oído? (CHISTA)

Cálmese. ¡Dime!

-Cálmese.

Respire.

Respire, Antonio.

Respire.

(Trinos)

(ROBERTA) Así que eso es lo que te ha dicho, ¿eh?

Que estás poniendo en duda su hombría.

Marta.

Dime. Perdona.

-Estaba diciendo que tendremos que intervenir.

¿Qué vas a hacer?

-Óscar, por favor, ¿puede traerme el teléfono?

-Señora. -Gracias.

¿A quién vas a llamar? -Al director del hotel.

(Marcación en el teléfono)

-Ah, Benítez. Soy Roberta Moretti.

Ha surgido un problema con la señora Marta Ribas de Montejano.

Eh... Su marido se ha puesto...

cómo decir, eh...

un poquito demasiado racial.

Sí, eso es.

Si puedes llamar a ese cura amigo suyo, por favor,

y que se vaya a hablar con él...

No, es todo.

Muchas gracias.

Hasta luego.

Roberta, creo que no es buena idea.

Antonio tiene mucho orgullo y... -Menos amor propio

y más amor por los demás.

Tranquila.

Yo sé lo que me hago, ¿eh?

Ahora olvídate y ve a hacer las gestiones pendientes.

Vámonos. Tranquila.

-Don Eutimio, la señora no está en casa

y debemos despertar al señorito.

-Traigo recado de don Rafael para su hijo.

-Déjemelo a mí y yo se lo daré.

-Es personal y urgente. -Ya.

¿Y no tendrá nada que ver

con los golpes que tiene en la cara

y con los papeles que hay bajo su cama?

Una con los años aprende a hacerse la tonta,

pero no significa que lo sea.

De esto por ahora no quiero saber nada,

pero como mi Basilio se meta en problemas por su culpa,

no pienso callarme.

¿Estamos?

-No se preocupe.

(SILBA)

-¿Tú qué haces aquí?

-Vengo a buscar el expediente del señor Antúnez.

Lo necesitan en la notaría.

¿Cómo estás?

-Lárgate.

Me duele mucho la cabeza.

-Basilio.

Te vas a poner bien.

Muy pronto, ¿eh?

Anda.

¿Te has mirado lo que tenías detrás de la oreja?

(SILBA)

(Puerta abriéndose)

(Puerta cerrándose)

(PRÓCULO) Antonio, tú no eres así.

Marta lo está haciendo por ti. Pero sin mi conocimiento.

No le di permiso. -¿Cómo ibas a darle permiso

estando inconsciente?

Yo la recomendé para ese trabajo. Tú.

-Sí, yo. Marta estaba con el agua al cuello

y no sabíamos si te recuperarías. Habría sido lo mejor, ¿no?,

que no me recuperara.

A la mierda Antonio. Que cada uno haga lo que quiera.

-A veces me gustaría no ser cura

para darte un puñetazo en esas narices, ¿entiendes?

Deja de decir estupideces. Estoy harto, Próculo, harto.

-¿Harto de qué? De todo, de la vida de mierda.

De que todo se vuelva en mi contra. -¿Pero qué contra ni qué contra?

Es un trabajo digno,

un trabajo para el tipo de gente con la que tratabais antes.

Antes.

¿Antes de qué?

¿De convertirme en un estorbo? -¡Ya basta!

Ya basta, ¿vale?

Deja de lamentarte y ayuda.

Empuja a Elena hacia Mauricio.

Ese matrimonio podría resolver tus problemas.

Debo elegir entre vivir de mi mujer o vivir de mi hija.

¿Es eso? -Pero bueno. ¿Qué pasa aquí?

¿Qué, Próculo? -Carlos.

-¿Intentando convertir al amigo? -No, es muy testarudo.

No creo que se deje. -Ya.

¿Cómo has pasado tu primera noche consciente?

-Dice que tiene muchos dolores. -Y los que tendrá.

Antonio es médico y sabe que... Necesito morfina, Carlos.

La necesito.

-Antonio, por favor.

Antonio, tranquilo, por favor.

Tranquilo.

Pero ¿tú dónde has aprendido a afeitar?

-Antes afeitaba a mi padre.

Ahora prefiere bajar a la barbería.

Te he comprado el periódico.

Virtuditas.

-¿Sí?

Quería pedirte disculpas por lo de ayer.

-No importa.

Tú estabas nervioso y tenías muchos dolores, es natural.

Pero ahora ya te encuentras mejor.

¿Tú cuántas veces has venido a visitarme?

-Todos los días.

¿Todos?

-Estabas tan solo...

Peor me lo pones.

Con todo lo que has hecho por mí

y yo te lo devuelvo así.

-No, Antonio, tú no tienes que preocuparte.

Yo lo entiendo, puedo entenderlo...

todo.

Tú siempre has sido como un padre para mí.

Los padres no siempre son justos.

Pero se los quiere.

Ahora descansa.

-Salva a mi marido.

Iré descalza detrás de tu Madre Santísima

vestida de escapulario.

-¿Qué pasa, Rosa? ¿Por qué llora? -Virtudes, mi marido...

Que todavía sigue en quirófano.

Dicen que espere aquí, que ahora lo traen.

Pero yo creo que es para quitarme de en medio.

-No... No diga eso.

-Se me muere, Virtudes. -No.

-Se muere. -Rosa,

no hay que ponerse en lo peor nunca.

-Es un castigo de Dios por no haberlo cuidado lo suficiente.

Cuide a su marido, que no le pase nada.

No deje que se lo quiten.

-¿Que me lo quiten?

-El mundo está lleno de malas mujeres

y los hombres son muy tontos.

Pero cuando se ponen enfermos siempre vuelven.

Siempre.

Siempre vuelven.

(SUSURRA) Rafael, no, por favor.

Marta.

Rafael, no puedo, no... Ven.

No me hagas esto, por favor. Déjame. Ven.

Rafa.

Solamente quiero que me escuches un segundo.

-El pobre estaba muy mal.

Pero yo no me quería hacer a la idea.

Ya, es muy difícil.

-Pero bueno, usted ha tenido suerte y va a salir adelante.

Y como lo cuida su mujer...

Mi mujer.

-Claro.

Usted estaba sin conocimiento, pero ella...

La de horas que se ha pasado a su lado.

Ah, Virtudes. Hablábamos de ti.

No, no. Ella no es mi mujer.

-Pero ella m... Ella me dijo que sí.

-Hemos tenido suerte.

Una vez superada la fase crítica,

la mejoría ha sido más rápida de lo que esperábamos.

Significa que está recuperado por completo.

-Bueno, por completo...

Va a ser un proceso doloroso.

Y largo. Hay que tener mucha paciencia.

Ahora Antonio está muy débil,

de cuerpo, pero también de alma.

Aquí en el hospital poco más podemos hacer por él.

En casa, rodeado del cariño de los suyos,

la recuperación puede ser más rápida.

En cualquier caso, debes hacer lo posible

para que no abuse de los calmantes.

Antonio es médico y sabe bien el peligro que corre de adicción.

De acuerdo, lo tendré presente.

-Muy bien. Bueno.

-¿Bajas a verlo?

No, ahora no.

No, estaba enfadado conmigo. No quiero alterarlo.

Esta tarde cuando venga para llevarlo a casa.

Gracias por todo, Carlos.

-De nada. Y adiós.

Lo que pasa es que lo has malinterpretado.

Si yo te aprecio mucho.

-No, no tienes que preocuparte, Antonio.

Lo entiendo.

Verás que encontrarás a alguien que te quiera

y a quien querer. -Yo ya lo he encontrado.

Siempre he sabido quién sería ese hombre.

Lo que debes hacer es quitarte el luto.

Eres muy guapa. -Yo quiero arreglarme,

por ti, para ti.

No me estás escuchando. -No, no, no.

Escúchame tú a mí.

Es muy fácil. Tú y yo podemos estar juntos.

Juntos los dos para siempre.

Bastaría que mi padre se quedara con Marta.

Tonterías. -Él la quiere.

Sí, es verdad, que yo lo sé. Yo los vi.

Y tú y yo...

Tú y yo podríamos empezar de nuevo.

Juntos los dos, lejos de aquí.

Empezar... Tú estás enfadada con tu padre.

Hablaré con él y que te busque un buen marido.

-Es que yo no quiero ningún marido.

Yo estoy enamorada de ti.

Por favor. -Desde siempre.

Y tú lo sabes.

Y aunque tú ahora no me quieras,

yo te cuidaré y estaré siempre contigo.

Llegará un día que también me quieras.

Un día... Cállate. Estás confundida.

-Tú dices eso solo para defenderla, pero ella no te quiere.

Ella no te quiere. ¡Basta!

No quiero escuchar. -Te engañó.

Vete. ¡Vete! -Te engañó.

(ROSA) Es ella.

Decía que era su mujer y es mentira.

-Por favor, no grites más y sal. -No.

-Vamos, Virtuditas. -No.

-Esto es un hospital. -No. (LLORA)

-Por favor. -Antonio.

-Vamos, venga.

-Antonio.

(LLORA) No.

Él... Él me quiere.

Él me quiere.

(LLORA) Él me quiere. (CARLOS CHISTA)

-Virtuditas. -Él me quiere.

-Escúchame, Virtuditas, por favor.

Intenta calmarte o le diré a la enfermera

que te ponga una inyección, ¿estamos?

Y vete a casa. -Él...

-Por favor, por favor. -No.

-Ve a casa. Verás como mañana te encontrarás mejor.

Por favor, vete a casa.

-Solo está con...

(Vehículo acercándose)

(Claxon)

Llegamos.

¡Galicia! (RÍE) (VIRTUDES) Bienvenidos.

(PRÓCULO) Por fin.

Rafael.

Rafael.

¿Qué tal? Bienvenido. -Nunca mejor dicho.

Marta, te veo guapa. ¿Qué tal? Gracias.

¿Estás contenta de vernos?

(BASILIO) Hola. Basilito.

Niña, no molestes. No molesta.

-¿Qué tal? -Cansadísimos.

-¿Qué tal el viaje? -Un infierno, Virtudes.

Larguísimo. Échame un cable aquí.

Échame una mano. -Cansados.

Auxilio. -Y...

Bueno, vendréis con hambre. -Un poco.

Te ayudo, que no puedes.

-Sí puedo. Ellas tampoco.

Tenga cuidado con eso, ¿eh?

-Últimamente solo hace tonterías.

¿Qué tal? Bienvenido. Gracias.

Y Madrid, ¿qué? -Está insoportable.

Yo me he dicho: "Este año, aunque pierda algún negocio,

no paso el verano en Madrid". -Un horno.

Aquí vais a estar en la gloria.

Venga, deja que te ayude, Virtuditas.

Venga.

-Puta la madre, puta la hija.

Como si Antonio les importara mucho.

No permitiré que me lo vuelvan a quitar.

Yo valgo mucho más que ellas.

¡Mucho más!

(Abalorios rodando)

(Golpes en la puerta) (VIRTUDES) Virtuditas.

Virtuditas, ¿qué haces?

¿Te encuentras bien?

(MASCULLA) Estoy rezando, mamá.

Estoy rezando.

(Timbre)

Hola, Óscar. -Buenas tardes. Adelante.

Gracias.

(CARRASPEA)

-Acompáñeme, por favor.

(Radio encendida)

-La señora Ribas. Roberta.

-¿Qué te parece? Me encanta.

-¿Eh? ¿De verdad? Es precioso.

-Ahora mis estancias en Madrid te resultarán más acogedoras.

Estaba harta de hoteles.

Toma, lo que me pediste.

-Déjame ver.

Muy bien, muy bien.

Precioso, ¿eh?

El antiguo dueño lo dejó aquí.

Dijo que verlo le recordaba una vida mejor

y que prefería dejarlo atrás.

(RADIO, LOCUTOR) "Le haremos unas preguntas

sobre lo que ha de ser la nueva emisora...".

-Toca algo, venga. Oh, me encantaría, Roberta,

pero debo irme al hospital. A Antonio le han dado el alta.

-Antonio... Bueno,

pero necesito que mandes estos contratos

antes de las 17:00. Urgente, son importantes.

Vale. ¿Necesitas algo más? -Nada, nada.

Puedes irte, venga. Vale. Chao.

-Ah.

Por cierto, he dicho a Francisco

que desde ahora podéis dar las clases de Piano aquí.

¿Aquí? -Si a ti no te importa, claro.

Es una manera de ir recuperando lo nuestro sin forzar,

poco a poco.

Quiero decir, que surja...

que se venga a vivir conmigo.

(RADIO) "...una tierra antiespañola,

símbolo de la España que llevamos dentro".

Roberta...

Tengo algo que contarte.

(Tacones bajando escaleras)

-Dichosos los ojos, señorita Elena. Está radiante.

Gracias.

-Si me permite la pregunta, ¿adónde va?

Voy al hospital a ver a mi padre.

Un poco tarde, ¿no cree? No son horas.

No, es que tenía muchas cosas que hacer

y como a mi padre le han dado habitación, podemos ir más tarde.

-Qué bien, espero verlo pronto por aquí.

Tenemos un asunto pendiente.

Ya sabe, Elena.

Cosas que deberíamos zanjar.

Buenas tardes.

-Siento mucho haberte mentido,

pero no sé... no sé ni qué decirte.

Me queda poca dignidad.

-Cuando hizo falta ni tú ni yo la tuvimos.

¿La quieres?

Guárdate el dinero y empezad los dos una nueva vida.

-Roberta, te devolveré este dinero.

-No hagas promesas que luego no vas a cumplir.

Y además no quiero que me lo devuelvas.

No he venido a eso. -¿Y entonces, a qué has venido?

¿A humillarme más de lo que me siento?

-Que no. He venido a despedirme.

Solo... me equivoqué.

Pensé que quizás...

podríamos volver a empezar donde lo dejamos.

Y fue un error.

Yo represento el espejo de lo que tú no has podido hacer.

-Es que yo no soy el mismo hombre.

"E tu lo sai". -Eso me ha quedado claro.

Por suerte me he dado cuenta antes de que me hicieras daño de verdad.

Cuida de Francisco.

"Addio".

(Puerta abriéndose)

Me ha llamado Carlos, no ha localizado a Marta.

Julita tampoco sabe dónde está Elena.

¿Qué?

-Un... "chocolat". Chocolate.

-"Chocolat". Chocolate. Chocolate.

Chocolate.

(Puerta abriéndose)

(Puerta cerrándose)

¿Papá?

¿Qué haces aquí? ¿Te han dejado salir del hospital?

¿Y mamá?

¿De dónde vienes tú?

De la iglesia.

Estaba bordando con Julita.

De la iglesia de bordar con Julita.

¿Si? Sí.

¡Ah!

¿Me mientes?

¿Para qué? ¿Y tu madre? ¿Dónde está tu madre?

¿Eh? ¿Bordando también?

¡Dime!

-Marta.

Solo quería informarte que Antonio ya está en casa.

Le han dado el alta esta tarde.

Pero ni su mujer ni su hija estaban allí, otra vez.

Suerte que mi padre sí ha podido ir a por él.

Antonio.

Elena. ¿Qué ha pasado?

¡Puta! ¡Ah!

¡Ah!

¡Puta!

¿Por qué lo haces? Antonio.

¿Por qué lo haces? ¿Por qué?

Por favor.

¿Por qué?

¿Por qué? ¡Ah!

Basta.

¡Papá! Déjala.

Aparta.

¿Por qué? Mentirosas.

Me mentís. ¿Por qué? Ah.

¿Por qué me mentís? ¿Por qué?

¿Por qué?

¿Por qué? ¡Ah!

¿Por qué? ¿Por qué?

¿Estás bien? ¿Estás bien? Sí.

¿Antonio? Dios mío.

-¡Socorro, socorro!

¡Virtuditas!

Avisa a tu padre, por favor. ¡Auxilio, auxilio!

-¿Qué pasa Juana? -Don Mauricio, por favor, suba.

-¿Qué ha sucedido?

Virtuditas, ¿qué ocurre?

¿Qué pasa, hija?

-¡Por favor, vengan!

¿Y esos gritos? -No sé, Juana.

Nadie me explica lo que sucede.

-¡Por favor, don Mauricio, don Rafael, suban!

Suban, por favor.

-No deberíamos alterar el lugar del crimen.

-¿Crimen? Ustedes la conocían. ¿Creen que haría algo así?

¿Qué tienes? Me golpeé con la puerta.

No digas tonterías.

-El armario está vacío, se lo ha llevado todo.

-Creo que a ninguno nos conviene avisar a la Policía.

¿Qué pasa aquí? -Te presento a Pepe Mateos,

un detective que he contratado.

Buscamos las cosas de Fermina.

Está bien saber qué opinan de uno.

-Algo pasó con don Eutimio. -Pongo la mano en el fuego por él.

Cuidado no te quemes.

-Se nos acaba el tiempo.

No podemos mantener el cuerpo sin llamar a la Policía.

¿Qué es eso?

Se lo dio Fermina a Juana para que me lo entregara si pasaba algo.

¿Interrumpo? Mamá, ¿qué haces aquí?

¿Nos vas a presentar?

Señor Tasoni, quería recibir clases de usted.

-Lo siento señora, es mayor para ser alumna.

La música es algo muy serio.

Si se aburre, pruebe en una escuela de baile.

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La sonata del silencio - Capítulo 4: "Virtuditas"

04 oct 2016

Antonio Montejano (Daniel Grao) despierta del coma en el cuarto capítulo de La sonata del silencio. Pero junto a él no están ni su mujer, Marta (Marta Etura) ni su hija Elena (Claudia Traisac), sino Virtuditas (Agnès Llobet). Precisamente a través de los recuerdos de esta viajaremos al pasado... cuando a los Montejano y los Figueroa les iban bien las cosas y eran felices. O eso parecía.

A través de la mirada y la memoria de Virtuditas, conoceremos un hecho que marcará las vidas de sus protagonistas y será la raíz de muchas de sus desgracias. Unos recuerdos que harán crecer la tensión entre Marta y Antonio.

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