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Transcripción completa

(PRÓCULO) El actual director del Ritz es conocido mío.

Buscan a alguien preparado como tú para un trabajo.

-Me comentó el padre Próculo que está casada.

Sí, lo estoy. -Necesitaremos autorización

de su marido.

No quiero que trabajes.

Antonio, lo necesitamos.

Tú no estás en disposición de trabajar.

-¡Marta!

¡Papá!

¡Papá! (LLORA)

¿Se va a poner bien? -Ha tenido suerte.

¿Dónde conseguiste la penicilina?

De Eutimio. -Pues te la ha jugado.

Recoge tus cosas y lárgate.

No quiero volver a verte por aquí. Da gracias que no te denuncie.

-Le aseguro que esto no va a quedar así.

-Dadas las circunstancias,

convendría que aceptaras el trabajo del Ritz.

El director me llamó ayer. Me ha dicho que no has vuelto.

Es una lástima, porque él estaba encantado contigo.

Antonio no quiere que trabaje.

-No te preocupes por la firma de Antonio.

Yo lo supliré.

¿Por qué tenemos una visión tan distinta de las cosas?

Antes no eras así.

Si no quieres olvidar lo que pasó, allá tú.

Para mí es pasado.

Y algo que no debió suceder.

-¿Qué hace aquí mi jefe? -Es un fijo ya.

Como le van las putas y el polvito blanco, imagínate.

-Vigílamelo y dime lo que hace.

-No me falles esta vez.

-No lo haré.

(Música de violín)

-Nunca más en el portal, Dioni.

Que no. -Nunca más.

Necesito alquilar una habitación. -¿Para eso tanto misterio?

Habérmelo dicho por teléfono y ya está.

-Ya. Ya, ya.

-Nosotros nos vamos.

Julita, nos ha traído a una casa de citas.

-Anda vete. Y no vuelvas por aquí.

-Vaya, vaya. Si no lo veo, no lo creo.

Es amiga de mi hermana pequeña.

-¿Qué hace en un sitio como ese? -Pues ya ves.

No le digas nada a nadie, Basilio. -¿Quieres que guarde tu secreto?

Tienes que llevar esto a esa casa.

Di que vas de parte del Káiser.

(Timbre)

-¿Has perdido algo?

No.

-Si quieres sobrevivir a este negocio, nunca mientas,

porque lo haces fatal.

(Truenos)

(Truenos)

He traído esto.

-¿Y el niño del notario dónde está?

No lo sé. -Te he dicho que no me mientas.

(Truenos)

Está fuera, en el coche.

Pero, por favor, no me haga daño.

¿Me puedo ir?

-Espera.

A ti te podía sacar yo el jugo, pero bien.

(Motor arrancando)

-Seguro que eres virgen.

¿A que sí?

(Revoluciones de motor)

-Toma, anda.

Y vuelve cuando quieras.

(Truenos)

-Y a Basilio Figueroa le dices que se ande con ojo.

Que con Matías no se juega.

(Puerta cerrándose)

Vámonos de aquí, por favor.

(Motor arrancando)

-Me has salvado la vida, Elena. Muchas gracias.

No has abierto la boca en todo el camino.

Estoy cansada. -Espera.

Aquí tienes lo tuyo.

No está mal, 100 duros por recoger un paquete, ¿no?

Basilio, teníamos un trato.

-Tranquila.

Tú has cumplido y yo voy a cumplir.

Nadie debe saber que estuve en casa de doña Celia.

-Descuida.

Voy a guardar tu secreto.

Soy todo un caballero.

No vuelvas a hacer eso nunca.

¡Guarro! -Tienes razón.

Vamos a hacer las cosas bien, ¿eh?

Te llevaré a cenar y luego a bailar.

No voy contigo a ninguna parte. No me hables ni me mires.

Es la última vez que me metes en tus chanchullos.

(Pasos alejándose)

(Música de vodevil)

-Venga, hasta luego. -Hasta luego.

(Algarabía, aplausos)

(KÁISER) ¿Ha ido todo bien?

-¿Y por qué no iba a ir bien?

-Se te ve contento.

Muy contento.

¿No habrás...?

-Sí, pero no de la entrega.

Yo solo consumo de lo que pago de mi bolsillo.

-¿Por qué no te quedas?

Siéntate, quédate. Vamos a beber algo.

¿Qué bebes? -Nada, gracias. Debo irme.

Si sigo llegando tarde, no creerán que estoy estudiando.

-Por cierto, ven un día con tu novia.

-¿Qué novia?

-Oh, esa niña tan guapa que estaba antes contigo.

-¿Elena? No.

Elena no... no es mi novia.

-Tienes que traerla más a menudo por aquí, ¿eh?

¿Verdad, cariño?

-Buenas noches, señor.

Buenos días.

-En la cuarta planta.

Muchas gracias por venir y disfruten de su estancia.

Buenos días, señora Ribas.

Hola. Vengo a ver a la señora Moretti.

-Sí, cómo no. La acompaño.

Sígame, por favor.

(RADIO, LOCUTOR) "...por salir triunfante,

(Llaman a la puerta) y ya que no pudimos...".

-Adelante.

-¿Da su permiso, señor director? -Sí, sí, adelante.

Buenos días. -Buenos días.

No se siente. La señora Moretti no la va a recibir.

Lamentablemente, me ha defraudado profundamente.

Usted y el padre Próculo me ocultaron información importante.

No sé de qué me está hablando.

-No puedo recomendar a la señora Moretti

a una mujer cuyo marido ha estado acusado de homicidio.

Fue acusado injustamente, fue un error.

-Nuestros clientes solo reciben lo mejor.

A mi marido se lo declaró inocente. -Pues me alegro por él.

Y lo lamento por usted.

Eso es todo. Buenos días.

-Señora Moretti, el coche está listo.

-Gracias, Óscar.

Óscar, esa mujer que está saliendo.

Llámala. Quiero hablar con ella, por favor.

-Por supuesto, señora Moretti.

Disculpe.

Señora.

-Buenos días, señora Moretti.

-¿Conoce a esa mujer?

-Sí. Es...

Marta Ribas de Montejano,

una de las candidatas, a la que ya he descartado.

-Pues lo ha hecho demasiado rápido. -Pensaba que...

-Cuando quiera su opinión, se la pediré.

-Claro. Disculpe.

(RADIO, LOCUTOR) "El embajador francés en España viaja a París

tras ser llamado a consultas por el gobierno galo.

Portavoces desde el ministerio español de Asuntos Exteriores

han calificado el hecho de provocación

y aseguran que no tolerarán injerencias extranjeras.

Seguiremos informando en próximos boletines".

(MORETTI) Ya está. Vale, gracias.

Marta Ribas.

Cerquetti.

Cerquetti.

De Montejano. Sí, mi nombre de casada.

-¿Azúcar? Un terrón, gracias.

-Hablas tres idiomas, ¿eh? Sí, señora.

Español por parte de padre,

italiano "per mia madre", Marcella Cerquetti,

y francés porque fui educada en París. Gracias.

-Licenciada en Música y además tocas el piano.

Sí, pero hace mucho que no practico.

-¿Y por qué?

Nos vimos obligados a vender el piano.

-Con tu preparación, tus referencias,

¿qué puede tener contra ti el director del hotel?

No es por mí, es... por mi marido.

-¿Qué pasó?

Estuvo preso.

Lo acusaron de practicar un aborto en el que murió la paciente.

-¿Y? Le juro que mi marido es inocente.

Se demostró y ahora está libre y sin cargos.

-La historia de un criminal se recuerda más que la de un inocente.

Sí, y en este país la mujer vive a la sombra de su marido.

-Bueno, pero tu permiso de trabajo no lo firma tu marido,

lo firma un cura. Mi marido está enfermo

y no puede autorizarme.

-¿Y qué tiene? Neumonía.

Está ingresado en el hospital.

-Bueno.

Ya está.

Aquí la mujer vive a la sombra del hombre,

pero yo no soy de aquí.

Imagina que estás en una embajada extranjera.

Ya esto, entre nosotras,

no es España.

¿Eh?

Marta, ¿puedes empezar a trabajar hoy mismo?

Sí, por supuesto.

-Vale.

Óscar.

Por favor, llama a recepción.

Que envíen a un sastre, dos costureras...

-Todo el equipo.

-Eso es. -Ahora mismo.

-Gracias. Necesitas trajes nuevos, ¿eh?

Ah, sí.

Muchísimas gracias, señora. Gracias.

-No hace falta que me llames señora, basta con Roberta.

Y de tú, por favor, ¿eh?

Eso es. De acuerdo.

(Llaman a la puerta)

(COSTURERA) 51.

-No, el negro no.

-88.

(ROBERTA) El azul...

-15. -Esto de color.

-32.

(ROBERTA) Déjame ver, por favor.

Cómo sale cuando...

-¿Le gusta? (ROBERTA) Demasiado oscuro.

-Mira, aquí tengo otro mejor.

¿O este color le va mejor a su cara?

(MAQUILLADORA) A ver, mírame. Arriba.

-Sí. Qué guapa va a estar.

Gracias.

(RECUERDA) (MADRE) "Estás radiante, hija.

(Música swing)

Tienes la piel tan tersa como cuando tenías 15 años.

El agregado cultural dice que pareces mi hermana.

-Ay... Un adulador tu padre.

Aunque debo reconocer

que tiene sus ventajas ser madre joven.

Y la mejor del mundo.

-¿Eres feliz, hija?

¿Antonio te hace feliz? Mucho, mamá.

-Te lo mereces.

-Venga, vamos. Sí.

-Y no me dejes beber más.

Digo muchas tonterías. Nada grave".

-Yo creo que el proyecto es impecable.

Lo hemos trabajado muy seriamente.

Trabajar costes es posible, naturalmente,

pero a costa de sacrificar calidad. -No, que no.

Yo entré en el negocio de la construcción para ganar dinero,

pero no a cualquier precio. Quiero levantar buenos pisos.

-Entonces, presupuesto aprobado.

-Claro.

-¿Alguna otra cuestión?

-Me parece que no.

-Y usted no... no dice nada.

-Marta va a decirme a mí lo que tiene que decirme, descuide.

-Sí, por supuesto.

-Los números son perfectos, Zabaleta.

¿Cuándo nos reunimos con su amigo del ministerio?

-Quizá mañana podamos verlo. -Perfecto.

-Con su permiso, voy a telefonearlo ahora mismo.

-Muchas gracias.

Adelante.

-Rafael Figueroa.

Dichosos los ojos. Cuánto tiempo.

Don Pablo. ¿Cómo estás? -Bien, no puedo quejarme.

Lo siento, Roberta.

-¿Qué? ¿El qué? No he sabido qué decir.

No sé de construcción ni arquitectura.

-Tranquila.

Comes, disfruta la comida.

No puedo aceptar 3000 pesetas a la semana por acompañarte a comer.

-Claro que sí. Tendrás muchas más tareas.

Cada cosa a su tiempo.

-¿Qué haces por aquí, negocios? Bueno, ya sabes, lo de siempre.

¿Y tú, negocios?

¿O placer? -Negocios.

Aunque no me importaría mezclarlo con placer.

Y mucha lujuria.

Oye, tengo que telefonear.

Te veo muy bien, Rafael.

Cuídate.

(Música burlesque)

-¿Cómo estás, Basilio?

-¿Esto qué es? (KÁISER) Tranquilo.

No te va a pasar nada.

Esto es la Conferencia de Potsdam, no los Juicios de Núremberg.

Las peleas son malas para el negocio.

Basilio, le debes una disculpa a Matías.

Él no te robó.

Discúlpate o te voy a dejar en sus manos.

-Lo siento.

Siento haber dicho que me habías robado.

-Sin rencores, chaval.

-Eh. ¿Estamos en paz?

¿Podemos dejar las peleas y dedicarnos a ganar dinero?

Vamos a brindar.

¿Cómo está tu madre? Olvidé preguntarte.

(Campanadas)

De verdad, ya voy yo al hospital. Quiero ver a tu padre.

Si me doy prisa, me da tiempo.

Oye, ¿dónde estuviste la otra noche?

Con Julita.

No quiero que salgas de noche. (CAMILA) Pero bueno.

Estás impresionante.

Gracias. -Caramba, hija. Estás desconocida.

-Oh. Pero ¿has visto el corte, mamá?

Está hecho a medida. En el trabajo...

Es la hora de visitas en el hospital.

-Sí, no vayáis a llegar tarde.

Oye, ya hablamos, ¿eh? Sí.

-¿Trabajo?

-¿Eh? ¿Trabajo? -Ha dicho "trabajo".

Está trabajando. ¿Quién...? -¿En qué?

Carlos, tú mismo me has dicho que necesita estar tranquilo.

-Nada me gustaría más que pasar a Antonio arriba.

¿Entonces? -No es tan fácil, Marta.

El hospital tiene unas normas.

Ya, los ricos arriba y los pobres abajo.

-Te doy mi palabra de que Antonio está en las mejores manos.

No le quito el ojo.

Confía en mí.

Somos amigos, Marta.

Solo quiero lo mejor para vosotros.

Te han dicho que no, ¿no?

Voy a hablar con dirección. Tengo que solucionarlo.

Ahora vengo.

(Radio, aviso horario)

(LOCUTOR) "Son las 14:30.

'Diario hablado' de Radio Nacional de España.

El Generalísimo ha contestado hoy

a las acusaciones de países como Polonia o Panamá,

que denunciaban a España ante la ONU

de constituir un peligro

(Llaman a la puerta) para la paz internacional.

'España', ha dicho el Caudillo,

'no debe temer una eventual...'"

-Es tarde, Marta. Lo siento mucho.

-Muy tarde. Disculpa el retraso.

-¿Qué ha pasado? Los médicos me han entretenido.

El hospital está lejísimos. Cogí dos tranvías.

-Pues tomas un taxi.

No te das cuenta del negocio que significa para mí esta comida.

Lo siento muchísimo.

-Bueno.

Lo de esta semana.

Para otra vez, no pases un mal rato, mujer, ¿eh?

(LOCUTOR) "...se puede ver en el estadio municipal de La Coruña

el decimosexto España-Portugal de selecciones...".

-El problema de la vivienda es un problema grave.

Desde el 39, la población de Madrid ha crecido de forma descontrolada.

Si no vamos con cuidado,

acabaremos teniendo a la gente hacinada de mala manera.

-El proyecto de viviendas de la señora Moretti

es de largo el mejor expuesto y la relación entre coste y calidad.

Es imbatible. -Oh, hay muchos factores.

No solo la cosa técnica.

Lo humano cuenta. -Pero...

-No se moleste, señor Zabaleta.

La adjudicación es cosa hecha, ¿verdad?

No hay nada que hacer.

-Me temo que no.

Su proyecto era bueno,

de corazón se lo digo,

pero...

ha habido una empresa muy pujante, nacional para más señas,

que ha demostrado tener... (ROBERTA) Bueno.

Entonces, disfrutemos de la comida

y no nos empeñemos más.

Con permiso.

-José Luis, por favor.

-Disfrutemos de la comida.

Por cierto, esta salsa de naranja es una cosa fuera de serie.

Estraperlo, seguro. (RÍE)

Pero bueno, habrá que hacer la vista gorda.

Usted sabe que la señora Moretti es una Rothschild, ¿verdad?

-Anda, si habla.

Pensé que era mudita.

Francia va a romper relaciones diplomáticas con España.

Si cierran la fronteras, tendremos problemas de abastecimiento.

Argentina está de nuestro lado,

pero si Estados Unidos no les vende petróleo,

no podrán enviarnos ni carne ni trigo.

¿No cree que es bueno tender la mano

a los pocos inversores extranjeros que siguen trayendo divisas?

Si España no hace este tipo de gestos,

dentro de poco nos moriremos de hambre.

Por cierto, la salsa es de pomelo.

Y sí, está exquisita.

(Relinchos)

-Me ha costado Dios y ayuda sacar esto de la notaría.

-¿Cancelaste la reunión con el gerente de Santa Lucía?

-No, eso no lo puedo hacer, don Eutimio.

-Isidro.

Recado de escribir.

Tendré que poner una nota a tu futuro suegro

diciéndole qué cosas sí has podido hacer con su hija y dónde.

-Don Eutimio, compréndame usted.

Si la cancelo, don Rafael sabrá que he sido yo.

-Eso es problema tuyo.

Gracias, Isidro.

Yo en cinco minutos le digo a Isidro

que vaya con el recado.

-Espere, espere.

Madre mía.

Vale, lo hago.

Pero don Rafael me va a matar. -Que no, hombre, que no.

No quiero perjudicarte y a don Rafael tampoco.

Solo quiero que vea lo mucho que me necesita.

Cuanto antes vuelva a la notaría,

antes volverán a funcionar las cosas como Dios manda.

Y conste que yo no te juzgo, ¿eh?

Que llevar a una muchacha a una casa de citas

es lo más normal del mundo, ¿eh?

Pero si tú no me ayudas, pues yo no te puedo ayudar.

-Descuide, hombre, que lo traeremos a usted de vuelta.

Pero después, ¿estamos en paz?

-Marta. ¿Seguro me necesitas para la firma?

Puedo esperar fuera. -¿Por qué estás tan nerviosa?

Será un momento

Roberta, tengo que contarte algo.

Hace tiempo tuve una discusión fuerte

con el director de este banco.

Antonio vino a pedir un crédito

para reemprender su negocio de antigüedades.

Había quedado muy dañado con la Guerra.

Pero como tenía antecedentes políticos, se lo negaron.

Y ese fue el principio de nuestra ruina.

-Buenos días.

Señora Moretti.

Perdón por la espera.

Qué honor recibirla en nuestras oficinas.

Mi secretaria ya me ha dicho

que va usted a hacer negocios con la Administración,

negocios de envergadura. Enhorabuena.

Naturalmente, para nosotros será un placer

avalar las cantidades requeridas por el ministerio.

Bueno, y ahora, si tiene la amabilidad...

Eh... Firme aquí.

Aquí, señora. -Perdone.

¿Es usted corto de vista o es la memoria lo que le falla?

-¿Disculpe? -Usted sabe muy bien

quién es mi asistente.

¿Por qué hace como si no la conociera?

-Perdone, no sé a... a qué se refiere.

-Gracias a esta adjudicación del ministerio,

voy a depositar en este banco enormes cantidades de dinero.

Exijo que se me muestre un respeto.

En adelante, cuando vea usted entrar a doña Marta Ribas de Montejano,

hágase cuenta que soy yo misma quien llega.

Muestre a ella el mismo respeta que muestra conmigo.

-Señora Moretti, yo le aseguro que en ningún...

-Y quiero nombrar a mi asistente apoderada de todas mis cuentas.

En lo sucesivo, será ella quien realice los movimientos de dinero.

-Si me permite una observación,

no creo que sea el mejor modo para llevar este asunto.

-Ahora, por favor.

Ahora.

-Oh, sí.

-La pluma, por favor.

-Sí, claro, sí.

Quédesela.

Qué tipo. Siempre es divertido poner a un hombre en su sitio, ¿verdad?

No quiero parecer ingrata, pero ¿estás segura de lo que has hecho?

-Marta.

Hoy en el restaurante,

me has demostrado que puedo confiar en ti.

Y no hay nada más valioso en esta vida

que poder confiar en alguien.

De hecho,

hay un asunto...

para el que necesito a alguien de confianza.

Tú dirás.

-Yo no he venido a España solo a levantar pisos.

He venido a buscar a un hombre.

Se llama Francisco Castillo

y según he podido averiguar, enseña Piano en el Conservatorio.

(Chopin, "Nocturne, op. 27, No. 1")

-Aquí no se puede estar.

Busco al profesor Castillo,

Francisco Castillo. -No. Se ha equivocado.

Me han dicho que da clase aquí. -Le digo que se ha equivocado.

Y aquí no se admiten visitas.

Por favor.

-Señora.

¿Busca a Castillo?

Sí.

-Espere en la puerta.

Yo lo avisaré.

Sale de su clase en diez minutos.

Gracias, señor...

-Tassoni, Flavio Tassoni.

Marta Ribas.

Toca usted a Chopin con mucho estilo.

-Lo sé.

-¿Me buscaba?

¿Profesor Castillo?

-¿Y usted es...? Marta Ribas. Encantada.

-Encantado.

Por favor.

Un amigo dice que es usted el mejor profesor de Piano de Madrid.

-Muy amable su amigo.

Pero ya no tiene razón.

Era el mejor.

Así, en pasado.

Ahora ya no doy clase.

¿Y qué hace usted en el conservatorio?

Estoy preparando un concierto y no tengo piano en casa.

Le pagaría por adelantado.

-¿Qué obra prepara? La "Rapsodia",

sobre un tema de Paganini.

-¿Quién la ha enviado a verme?

Yo solo enseño a gente de confianza.

Solo le pido que me escuche tocar

y usted decide.

(Música de violín)

-¿Qué pasa?

¿Lo oyes? -¿El qué?

¿La música?

(Música de violín)

Ven. -¿Qué?

Vamos a llegar tarde. Suena por ahí, ven.

-Pero... Calla.

(Música de violín)

-¿Quién es ese? (CHISTA)

¿Cómo se llamará? -¿Qué?

Nada.

-Muchas gracias. ¿Nos quedamos a escucharlo un rato?

-¿Qué dices? Llegamos tardísimo.

Y yo no quiero a don "Porculo" diciéndole nada a mi madre. Vamos.

Que no voy a cenar.

¿Cuántas veces debo repetir que no se me...?

Marta, disculpa.

Pensé que era la niña. No te robaré mucho tiempo.

No te preocupes, pasa.

Perdona el desorden.

Desde que eché a Eutimio esta oficina es un desastre.

Toma, comprueba si coinciden con las tuyas.

¿Qué es esto? Lo que te debemos.

Marta, por favor, no corre ninguna prisa.

No tienes por qué devolvérmelo ahora.

No deberías salir a la calle con tanto dinero.

Acabo de cobrar y tengo muchas deudas que pagar.

¿Qué pensará la gente cuando te vea de pronto hecha una potentada?

Me da igual lo que piense la gente, siempre piensa mal.

Aparecer de buenas a primeras con el monedero a reventar,

es normal que la gente piense mal.

Tengo un trabajo honrado, Rafael.

¿Seguro?

¿Qué insinúas?

Conozco a Pablo Zabaleta

y a muchas de sus conquistas de las que presume abiertamente.

No trabajo para Zabaleta, trabajo para Roberta Moretti.

Ella tiene negocios con él.

Deberías tener cuidado de con quién te rodeas.

A Antonio no le hará gracia que trabajes a sus espaldas

rodeada de hombres.

No tengo nada de qué avergonzarme.

Si alguien quiere detalles, que se los pregunten a Próculo.

No.

No tienes nada de qué avergonzarte,

pero tu marido sí.

(Música)

-Toma una pizquita. -No quiero.

-¿Qué coño haces? ¿Sabes lo que vale esto?

No sé qué te pasa hoy.

Voy a por un Martini, a ver si te animas un poco.

-A ver si tienes más cuidado.

-Lo siento. -¿Adónde vas, chaval?

¿Tienes mucha prisa?

-Venga, anda... -A ver, ¿qué pasa ahí?

-Tranquilo, jefe, está todo controlado.

Vas a acompañarnos a dar una vuelta.

Quieto ahí.

Quieto ahí, coño.

(BASILIO) ¡Soltadme!

-Esto, de parte de Matías.

Para que vayas por ahí hablando mal de él.

(EUTIMIO) Te han dejado hecho un Cristo.

Un Cristo.

Así no puedes ir a tu casa, que matas a tu madre de un susto.

¿Quieres que te busque un sitio para pasar la noche?

Muy bien.

A ver esa nariz.

Habrá que ponerla bien derecha.

Venga, coño, échale cojones, va a ser solo un momento.

Coge aire.

(A PLENO PULMÓN) ¡Ah!

-Ahora me tienes que ayudar a mí a enderezar otra cosa.

Es muy fácil, no tienes que hacer nada.

Coges el expediente y me lo traes.

-Señor Núñez, ¿verdad?

-No, Núñez no, Antúnez.

Señor Antúnez. -Eso.

Mañana ese papel sale de la notaría como que me llamo Basilio.

¿Algo más?

-¿En qué líos andas metido?

-¿A qué te refieres?

-El Káiser ese.

No es buena compañía. -¿Qué sabrás tú de compañías

si siempre andas solo?

-Mira, a mí me da igual lo que hagas con tu vida.

Pero...

tener tratos con el mayor contrabandista de este país

antes o después te pasará factura.

-Puedo dejar a ese alemán de mierda cuando quiera.

-Sí.

(CHISTA) Primero tendrás que dejar la cocaína, ¿no?

-Yo no... No estoy con eso.

-¿Con quién cojones te crees que estás hablando?

-Con un hijo de puta y mala persona.

Lo que tenga con el Káiser no es asunto tuyo.

Pero te diré algo.

Estoy con él por dinero.

Paga muy bien por casi nada.

En un par de meses,

cuando haya ahorrado suficiente para irme de casa, lo dejo.

-¿Un par de meses?

No creo que llegues a tanto.

(EUTIMIO CARRASPEA)

Y menos ahora.

Me han dicho que andan buscando menores para ese cabrón.

Mira, hijo, te voy a dar un consejo.

Gratis.

Yo no te gusto, ¿verdad?

¿Eh? No quieres ser como yo.

Pues deja a ese nazi antes de que sea demasiado tarde.

(CELIA) El cuarto está listo.

-Doña Celia.

Es usted un ángel. -Lo que soy es boba.

Debería echarlo a patadas de aquí, a usted y al pingajo ese.

-Si me disculpas...

-Sonría usted, mujer.

Está usted más guapa cuando sonríe.

-Quite, baboso.

Más le vale a ese piernas no armar escándalo,

porque lo echo de aquí a escobazos.

Ya verás qué bien estarás aquí.

Pronto estarás en casa,

con nosotras.

Y te haré una tortilla de patata que tanto te gusta.

Me voy, mi amor.

Mañana vengo a verte.

-Aquí está, cepillado y planchado.

En el bolsillo derecho,

hay unas pastillas que ha dejado don Eutimio,

para el dolor, dijo.

-Gracias, doña Celia.

Vaya por Dios.

Han quedado manchas de sangre.

-No, si todavía me lo echará en cara.

Pero vamos a ver, ¿tú qué te crees? ¿Que mi casa es una tintorería?

-¿Qué le digo a mi madre? -No le dices nada.

Te vas con mi batín puesto.

Mira, ya está, fuera de mi casa.

¡Fuera!

-Tranquilícese, mujer. -Demasiado tranquila he estado.

Ese es el problema, ese, que todo el mundo,

todo el mundo te consiente demasiado.

(Timbre de la puerta)

Buenos días, Virtuditas. -Buenos días, Elena.

Te hacía ya en el hospital.

No, está mi madre allí.

Yo voy a la iglesia con Julita a bordar.

-No me digas que tu madre

se ha quedado sin ese trabajo tan bueno que tenía.

No, no, es que entra más tarde.

-Aparta, pesada, deja de dar la lata ya.

Qué bien que tu madre te haya dejado venir.

Pues a mí me da pereza ir a bordar.

(RÍE) -Anda. Oye, tu hermana es majísima.

-Ay, de verdad, qué cara de loca.

(RÍE)

Lamento lo del otro día.

No sabía que habían quitado la cátedra al profesor

y daba clases en clandestinidad. -Recuerde, no pregunte nunca

por el profesor Castillo. Usted diga que viene

a devolver la partitura del "Retablo del maese Pedro".

¿Estamos? De acuerdo.

-Espere aquí a que termine la clase. Gracias.

# Tú sin duda te has creído # que yo soy una cualquiera,

# porque tú tienes un puesto # y yo voy con la vasera.

# Pero ya saben lo que eres # más de dos y más de tres,

# porque tú eres una cosa # que ya sabes tú lo que es.

# Déjenla ustedes.

# No la contengan.

# Que esa me teme # más que a un nublao.

# Estoy segura, que si la dejan,

# no va conmigo a ningún lao.

Esto, esto, esto. Esto la va a poner bien caliente.

-Buenos días. -Buenos días, ¿qué tal?

-Pues mal. -¿Y eso?

-No he pegado ojo. -Vaya.

Tiene mala cara, ¿eh?

-¿Está mi padre?

-Sí, está en el despacho con unos clientes. Lo aviso.

¿Qué hace? ¿Qué hace, Basilio? -Tú, calladito.

No querrás que nadie se entere de lo de doña Celia.

Pues siéntate.

¿Qué es eso? -¿Eh?

-Eso. -¿El qué?

(RÍE) -¿Qué es esto de aquí? -¿Qué es esto?

-"El amante de Lady Chatterley". -No es mío, estaba por aquí.

-Esto lees en tus horas de trabajo.

Ni se te ocurra hacer nada de esto con mi hermana.

Te juro que te rompo la cara.

¿Entendido? -Ya.

Esto le va a gustar también.

-Tienes que seguir practicando. -Vale.

-En el cambio de frase entra con confianza.

Hola. -Señora Ribas, qué puntual.

Es mi alumna, la señorita Teresa Ruiz.

-Tanto gusto. El gusto es mío.

-Bien, Teresa, hasta mañana.

-Adiós, profesor.

-Bien, señora Ribas, adelante. Gracias.

-Puede tomar asiento.

Gracias.

-Toque algo que sepa de memoria o lo que quiera.

De acuerdo. Gracias.

(Schubert, "Impromptus N. 4")

(VENANCIA TARAREA)

-Buenos días. -Cuidado, que está mojado.

-Me voy a la cama, me encuentro mal.

-¿De dónde viene a estas horas? -De la facultad.

Llevo allí desde las 08:00. Vuelvo porque tengo náuseas.

-Aviso a la señora. -Ni una palabra a mi madre.

Ya se me pasará.

No me despertéis.

-Señorito, ¿le preparo...? -¡Joder, lárgate!

-Buenos días.

-Buenos días.

Desde que llevo aquí no lo he visto moverse.

-Mientras duerme parece que sufren menos.

A mi marido le han tenido que poner unas inyecciones,

porque no había manera. Nosotros no tenemos posibles,

pero el jefe de mi marido lo aprecia mucho

y es familia del administrador del hospital.

¿Es su esposa?

-Sí.

-¿Llevan mucho tiempo casados?

-Siete años.

-Yo, 23.

-Perfecto.

Simplemente perfecto.

Me encantaría seguir escuchándola, pero hay otro alumno esperando.

¿Mañana, quizá? Si acabo de llegar.

-No, lleva usted tocando hora y cuarto.

Lo siento, qué vergüenza, lo siento.

¿Cómo no me dijo algo? -No.

Hace tanto que no toco que se me ha ido el santo al cielo.

-Nada, por favor, por favor.

No la hubiera interrumpido por nada del mundo.

Ya, pero tenía que contarle algo. -Bueno, mañana podemos hablar.

¿Vendrá?

Sí.

Sí, claro.

Gracias.

-Ha sido un verdadero placer.

Adiós.

(Se cierra la puerta)

(Se abre una puerta)

(Pasos)

(Pasos)

-Buenos días, Marta.

¿Cómo está Antonio? ¿Mejora?

Eso parece.

-No sabe lo que me alegra su mejoría.

Dele saludos a Elena de mi parte, por favor.

(VIRTUDITAS RESPIRA FURIOSA)

(Campanada)

(Campanada)

(Campanada)

(Campanada)

(Campanada)

(Campanada)

(Campanada)

-Bueno, ¿qué te contó? En realidad, no hablamos nada.

Roberta, lo siento muchísimo.

Fue culpa mía. Me puse a tocar y se me fue el santo al cielo.

Yo sé que le tenía que haber preguntado, iba a eso,

pero... -No pasa nada, mujer.

Esta tarde has quedado otra vez con él, ¿verdad?

Sí, lo que pasa es que...

-¿Qué?

Me da apuro decirte esto, no sé qué vas a pensar.

-Pues cuéntamelo y lo sabrás.

Verás.

Al terminar la clase, antes de despedirnos,

él se sentó a mi lado

-¿Y?

Y...

Debió de malinterpretar mi interés por ser alumna suya.

-¿Y se acercó a ti y te tocó la pierna

como si fuera la cosa más normal del mundo?

Sí. -Es Francisco Castillo.

No cambiará nunca, siempre fue un seductor.

(RÍE)

No, tranquila, el Francisco que yo conocí

lo habría intentado aunque hubiera estado tu marido delante.

Cosas que no cambian, ni la guerra, ni el hambre...

Bueno, ya está.

Manda recado a Francisco

de que no puedes ir a la clase

y queda con él para verlo fuera del conservatorio.

Descuida, no irás tú.

-Roberta...

(EN ITALIANO)

(EN ITALIANO)

-Aquí estoy, de vuelta.

-Elenita, Elenita, ¿de dónde vienes tú tan bonita?

¿Cuándo saldremos tú y yo? Contigo no saldré en la vida.

-Yo no estaría tan segura.

No sea que alguien se entere de que saliste de casa de doña Celia.

Me dijiste que no se lo dirías a nadie.

-Y así será. No seas tonta, te divertirás.

Además, habrá una buena propina.

Ya sabes que soy generoso.

Hoy no puedo. -¿Cuándo, entonces?

No sé, ya veremos.

-Acabarás viniendo.

-No deberíamos haber venido.

No voy vestido para estar aquí.

-Olvídate de eso, estás conmigo.

-"Non è vero". -Sí.

-"Tu ne sei cambiata". -Oh, sí.

-Sigues igual.

Y... en este tiempo... ¿has vuelto a...?

-Nada comparado con lo nuestro.

-Pensé que no volvería a verte. -Y yo también.

Te di por muerto.

El plan era reunirnos en París.

-Yo... -Yo te esperé.

Te esperé.

Pero cuando los nazis entraron en Francia,

tuve que huir.

En París corría peligro de deportación.

Te quiero mucho.

Dicen que están llevando a los judíos al velódromo.

-No hay tiempo, tienes que irte esta misma noche.

Vete directa a Lisboa y coge el primer vuelo a Nueva York.

Europa ya no es segura.

-Entonces, adiós, Dani.

-Vamos.

-Me ayudaron, pude salir de París

y reunirme con mi familia en Nueva York.

Bueno...

parte de mi familia.

Muchos murieron en los campos, ¿sabes?

-Yo...

Iba en el tren

de camino a París

cuando cerca de la frontera cayó un obús.

-¿Y qué pasó? -No, no recuerdo mucho más.

Me desperté un mes después en el hospital.

Atrapado.

Estaba cojo.

Durante dos años apenas pude andar.

Aún se me nota.

-Si no hubiera sido por la guerra, nos habríamos casado.

He tardado, pero no he dejado nunca de buscarte.

-Yo también quería buscarte,

pero no sabía ni por dónde empezar.

Roberta...

"Ora siamo qui".

El destino nos ha dado una segunda oportunidad.

-Francesco, yo quiero ayudarte.

Déjame hacerlo, por favor.

Toma.

"Ti prego", Roberta. No puedo aceptarlo. "Non posso".

-No quiero verte así.

Hazlo por mí.

Por favor.

Por los viejos tiempos, ¿eh?

Guárdalo.

Y ya está.

(SILBA UNA MELODÍA)

-Mi amor, pero qué tarde vienes. Iba a hacer ya la cena.

-No, déjalo, sal, cenamos fuera. -¿Y eso?

-Tu hombre quiere darte una sorpresa como te mereces.

-Me arreglo un poco y salgo. -Vamos, vamos.

(MUJER) Buenas noches.

Da la vuelta a la oficina hasta que aparezca ese expediente.

-¿Así vienes vestida? ¿Como si fueras a una fiesta?

Ayer en el hospital me encontré con Virtuditas

que había ido a ver cómo estaba papá.

(ROBERTA) Siento que hoy no hayas podido ver a tu marido.

Te necesito aquí, a mi lado.

Yo olvido lo sucedido y te readmito en la notaría.

-Hasta más ver. Espera.

No te vayas.

-Mantenme informado. -Por supuesto.

Ay. -Perdón.

Perdón.

-Eres tú.

-Puta la madre, puta la hija.

¡Yo valgo mucho más que ellas!

¿Dónde estoy?

-Marta, espera. Tengo dos noticias que darte.

La buena es que Antonio ha despertado.

¿Y cómo está?

-La mala es que ni tú ni tu hija estabais allí.

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La sonata del silencio - Capítulo 3: "Roberta"

27 sep 2016

Mientras Antonio sigue en coma, Marta tendrá que tomar una decisión sobre el trabajo como secretaria para una importante empresaria italiana.

Marta necesita el permiso de su marido para poder trabajar, pero, al estar incapacitado, don Próculo se ofrece a firmar por él. Las cosas empiezan así a dar un giro en la vida de nuestra protagonista.

Roberta Moretti, que así se llama la empresaria, la contrata con un sueldo que deja a Marta sin aliento. Uno de sus primeros encargos es encontrar a un antiguo amor de Roberta, concertista y profesor de piano, que se ofrece a darle clases a Marta. Ya en el conservatorio, Marta conocerá a Flavio Tassoni, un hombre misterioso y huraño que puede cambiar la vida de Marta.

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