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No recomendado para menores de 16 años
Transcripción completa

(Sintonía de la serie)

(Gentío)

(Sintonía de la serie)

Mamá.

-Marta.

¿Lo ves? A muchos padres no les ha importado

traer a sus hijos a la recepción.

Ya, mamá, pero Elena tiene solo cinco años.

(Música swing)

-Pero si es por tu padre.

Está loco por ver a su nieta.

Y yo también, claro.

Tendréis tiempo de disfrutarla en París.

Oh, estoy deseando

que vengáis a vernos.

Antonio vendrá, espero. Pues no lo sé.

Le he dicho a papá que lo convenza,

porque está empeñado en no cerrar la tienda.

-Me comentó que en la embajada de España era usted...

-Agregado cultural. -Ah, sí.

Pues salude a mi amigo Madariaga cuando regreses a París.

-Señor embajador.

-Ah.

-Le presento a nuestra hija, Marta.

"Enchanté. -Enchanté.

Vous parle français? Oui. J'ai connu votre femme

l'anne dernier. Elle est vraiment charment.

-Comme vous, même. Merci".

-Conoce ya a su marido, Antonio Montejano.

-Sí. -El mejor anticuario de Madrid,

por cierto.

Si su mujer decide redecorar la embajada,

llámelo, no se arrepentirá.

(Aplausos)

-Celebramos la Fête National Française,

mientras las espadas vuelven a estar en alto.

-Nuestros socios alemanes están inquietos

con las últimas noticias. -Normal, tras lo sucedido.

-Ajá.

¿A qué se refiere exactamente? -A la Operación Colibrí.

La... La... La Noche de los Cuchillos Largos.

El canciller mandó ejecutar a un centenar de traidores,

sin ningún tipo de juicio.

-¿El... Canciller?

-Ajá, Hitler.

Adolfo Hitler. -Adolf Hitler, sí.

Dará mucho que hablar.

-Está muy informado de todo lo que sucede por Europa.

-Ajá. -Más lo que se calla.

Me perdonarán, pero acabo de ver a un colega y me gustaría saludarlo.

Permiso.

-Se avecinan tiempos difíciles, querida señora.

-Sí, muy difíciles.

Qué maravilla, qué bien toca.

-Bah, tú tocas igual de bien. No.

Sí. No tienes nada que envidiarle. ¿No?

-Marta, hija. Papá, no.

Sí, un poquito. -No te hagas de rogar.

Sí, un poquito. -Venga.

Hace mucho que no toco en público. -Les va a encantar a todos.

¿Estás bien? -Sí, bien. Todo bien.

Una fiesta maravillosa.

Gracias por invitarnos.

No, eso díselo a mis suegros. Gracias.

¿Y Rafa? -Creo que está saludando a alguien.

(Apertura y cierre de compuertas)

(TOSE)

Mi amor.

¿Qué te han hecho? Nada.

Estoy... un poco resfriado.

Es normal. No, esa tos no es normal.

Aquí sí.

(TOSE)

Toma.

De parte de doña Fermina.

Esto te va a aliviar.

Pero que te vea un médico, por favor.

¿Qué pasa, que no te acuerdas cuando fui doctor?

Claro que sí.

¿Eh?

Si por lo menos no lo hubiera dejado,

ahora tendríamos eso, ¿eh?

No tenemos nada. Nos tenemos el uno al otro.

Y a nuestra hija.

¿Cómo está? Está bien.

Todo se resolverá. Te sacaré de aquí, te lo prometo.

Nuestra suerte cambiará.

Nuestra suerte hace tiempo que nos dejó de lado.

Antonio, escúchame. Vamos a volver a ser felices.

Rafael no puede seguir así, te sacará de aquí.

No, escúchame tú a mí.

Este asunto no tiene que ver contigo.

No hables con nadie. Tampoco era tu asunto

y él te metió en esto.

Tengo que hablar con él. No.

Antonio.

Por favor.

Oiga.

Espera.

Por favor, lleven a mi marido a la enfermería.

-Esto es una cárcel, no un hospital, señora.

(TOSE)

-Pero no es la primera vez. Siempre nos equivocamos por arriba.

Un momento, Fermín.

Rafael.

Tengo que hablar contigo. -Disculpe, don Rafael.

Señora, aquí no se puede entrar

si no tiene cita. Tranquilo, Eutinio.

Déjanos a solas.

Siéntate. Estoy bien así.

Vengo de la cárcel.

Está mal, muy mal.

Marta.

Estoy haciendo todo lo posible. Pues haz más.

¿Qué más quieres que haga?

No tengo tantos contactos

como crees. Rafael.

Si sigue ahí, se va a morir.

A vosotras os puedo ayudar... Eso ya no es suficiente.

Está en la cárcel por tu culpa.

(MUJER, GRITA) ¡Ah!

¡Ah! (LLORA)

-¡Asesino! ¡Asesino!

(HOMBRE) ¡Alto ahí!

(VECINA) ¡Llamen a la Policía!

(MASCULLA) Tira, tira, tira.

Yo no quería que pasara lo que pasó.

Pero pasó.

O sacas a Antonio de la cárcel

o tendré que hablar de quién era esa chica.

Y lo haré con quien haga falta.

(Campanadas)

Antonio está muy enfermo.

Y Marta está desesperada.

Dice que es capaz de hablar con quien sea.

-¿Y qué vas a hacer? No lo sé.

-¿Qué vas a hacer, Rafael? No lo sé.

Tiene que haber algo que podamos hacer.

-¿Pediste ayuda al juez?

¿Al que lo metió en prisión? -No, hombre, no. A tu vecino.

¿Y qué le digo, que sé que es inocente?

(SUSPIRA)

A mí me escuchará.

-Yo hay veces que no sé si quiero a Dionisio.

¿No sabes si lo quieres y sigues con él?

-Bueno, mi padre lo ayuda a preparar las oposiciones.

Y mi madre le ha cogido un cariño...

¿De qué te ríes?

-De la cara que pondría mi madre si supiese que el Dioni es un pulpo.

Tengo que tener cuidado con él.

Julita, no te habrás dejado... -No.

Pero como siga así, yo no sé qué va a pasar.

Cuando me besa, me sube algo por el cuerpo.

Ay, mira, Julita, tienes que tener cuidado.

Ya sabes cómo son los hombres.

Mucho "Te quiero", y luego, hala, si te he visto, no me acuerdo.

Y eso te deja marcada de por vida.

¿Vas a estar toda la vida con alguien que no sabes si quieres?

-Bueno, mis padres no están locos de amor y andan tan felices.

A mí, la verdad que me gustaría casarme enamorada.

-Anda, y a mí.

Pero no se puede tener todo.

El que te quiere, no tiene, y al que tiene no lo quieres.

Ah, sí... ¡Ay! -¡Ah!

¡Tonto! ¿Qué haces? -Ay, Basilio, qué susto, tonto.

¿Sabes que tienes un aspecto horrible?

Anoche no viniste a dormir.

-Vengo de estudiar en... en casa de un compañero, hermanita.

-Ya.

Desde luego... Te dejan hacer lo que quieres.

-Me duele la cabeza, envidiosa.

Me esfuerzo mucho por labrarme un buen futuro.

Es lo único que os importa a las mujeres.

¿A que sí?

¿Y a este qué le pasa?

Está de un tonto...

-Mi madre dice que sale demasiado.

Llega cuando quiere y bebido.

¿Y tu padre no le dice nada?

-Es un hombre.

Al final siempre hacen lo que les da la gana.

Hasta mañana, Julita. -Hasta mañana.

(Puerta cerrándose)

-Antonio Montejano.

Ya veo dónde quiere ir, padre, y no voy a poder ayudarlo.

-No le pido nada que un buen cristiano no haría.

No solo es mi amigo.

También le aseguro que es inocente,

pero ahí dentro no puede demostrar nada.

Lleva meses pudriéndose en la cárcel esperando un juicio que no llega.

-Llegará a su debido tiempo.

El juez instructor no piensa eso del caso.

-Sé que esto es un asunto muy engorroso.

No se lo pediría si no fuera porque lo conozco.

Sé lo que pasó de primera mano, con testigos,

y pondría la mano en el fuego por su inocencia.

-Usted lo ha dicho.

Es engorroso,

y entienda que nadie quiera meter las manos en el fango.

-Su esposa.

-Ajá.

(SUSPIRA) Sí.

-¿Cuánto tiempo hace que falta?

(SUSPIRA) Me dejó hace ya dos años.

Ay, Teresa...

Sin posibilidad de hijos. -Ya.

¿Me permite una pregunta indiscreta?

La esposa de don Rafael, doña Virtudes,

me confesó el otro día que...

estaba convencida de que usted había puesto la vista en su hija mayor.

-¿En Virtuditas?

-Sí. Quizá haya malinterpretado algún gesto,

algún detalle hacia esa pobre muchacha,

que usted... usted, sin duda, sin segunda intención,

haya podido... -Yo, con Virtuditas, por favor.

No.

Es muy mayor.

-Bueno, hay que comprenderla.

Lleva años guardando luto por su prometido.

-Yo también por mi esposa. -Pero usted es un hombre, Mauricio.

Y no es bueno que el hombre esté solo, ¿verdad?

-¿Lo dice por experiencia, padre?

-Bueno, en cierto sentido.

Entiéndame, hablo con muchos feligreses.

Mauricio, es usted un hombre muy joven para quedarse viudo.

Antonio tiene una hija encantadora.

Elena. -Sin duda.

-Quiero decir... -No pasa nada por decirlo.

Es muy guapa. Sí, muy guapa.

Y está en una edad

en la que cualquier consejo y apoyo de un padre

puede resultar decisivo a la hora de tomar compromiso.

(Campanilla de tranvía)

-Buenos días. Don Mauricio, buenos días.

¿Cómo usted por aquí?

-Volvía del juzgado y quería unos zapatos del escaparate.

Pero el juzgado está en la otra punta de Madrid, ¿no?

-No seas impertinente, niña, y atiende al señor.

¿Cuál le gusta?

-Los segundos de la primera fila.

-Un 43, ¿verdad?

-Sí.

Acompáñeme, por favor.

Tome asiento por aquí.

Disculpe. No quería ser impertinente.

-Descuida, no pasa nada.

-Toma, hija. Gracias.

A ver...

El otro por aquí.

Ya verá. Son comodísimos.

Y muy elegantes.

(Latidos de corazón)

Pues le quedan perfectos.

¿Le gustan?

-Sí.

Justo lo que buscaba.

Me los llevo puestos.

(Tintineo de carrillón)

(Campanilla de tranvía)

-¿Le pongo más, don Próculo?

-No, no, gracias, Virtuditas. No conviene abusar.

(VIRTUDITAS) ¿Y tú, papá?

No. Y déjanos, que tenemos que hablar.

-Ya me encargo yo, hija.

¡Venancia!

¿Y bien? -Mauricio ayudará a Antonio

a cambio de la mano de Elena.

¿La mano de Elena? -Sí.

¿Lo has hablado ya con Marta? -No le digamos nada

hasta que llegue el momento.

Si es sensata, lo apoyará.

Se trata de la libertad de su marido.

-Qué barbaridad.

Tenéis muy clara su inocencia, pero yo no lo tengo tan claro.

Basta.

No vamos a discutir otra vez sobre eso.

¿Estás seguro? No tenemos derecho a decidir en su nombre.

-Antonio sale de la cárcel y recuperan su respetabilidad

casando a su hija con un juez.

¿Tan mal te parece?

¿Y la voluntad de esa muchacha? ¿La voluntad de Elena no cuenta?

-Pero ¿qué te importa a ti la voluntad de Elena?

A ver.

Si el juez quiere casarse,

que lo haga con alguien digno de su posición.

Virtuditas.

Sería la mujer ideal para un juez.

-Mauricio quiere a Elena.

-Pues don Mauricio se equivoca.

Se equivoca.

(TOSE)

¿Qué pasa?

Creo que podemos sacarte de aquí.

Pero hay algo a lo que te tienes que comprometer.

¿A qué?

-Se trata de tu hija Elena.

(Sirena de cárcel)

Antonio.

¿Estás bien?

¿Vamos? Sí.

(TOSE)

-Bueno.

Pues eso. ¿Falta algo? Eso es todo.

Apúntemelo, por favor.

-¡Doña Marta!

Espere.

Un poco de carbón,

que el invierno viene duro.

Gracias.

-A mandar.

(Música en la gramola) (TOSE)

(Finaliza la música)

(RADIO) "Señores, como ustedes saben,

estamos en la era de los niños superdotados...".

-Te compro la gramola, pero con una condición.

¿Cuál?

-Que vengas a oír música siempre que quieras.

Fermina, gracias. -Venga.

No sé qué haría sin ti, de verdad. -Ay...

Anda, toma.

Toma, cuéntalo. Gracias.

No, solo faltaba. -Cuéntalo.

Juana, ¿vienes a recoger la gramola, por favor?

(RADIO) "Don Vito Parra es la auténtica revelación en el...".

(CARRASPEA)

Buenos días a todos.

(CARRASPEA) -Antonio.

¿Qué haces aquí?

Bueno, trabajo aquí, ¿no te acuerdas?

Antonio.

Qué alegría que estés otra vez con nosotros.

Dame un abrazo.

(TOSE)

Un vaso de agua.

-¡Chico!

¿Estás bien?

Ahora se me pasa.

Si quieres, tómate el día libre. No, no.

No discutamos más el asunto.

Si Antonio quiere trabajar, que trabaje,

que trabajo aquí, precisamente, no nos falta.

Eh...

¿Recojo un poco la mesa?

Digo que la habéis convertido en una estantería.

-Chico.

-Sí, yo lo ayudo a recogerla.

(TOSE)

¿Algún problema? -No.

Solo que tenía ya repartido todo el trabajo del día.

Pues se reparte otra vez.

No... os preocupéis.

Le quito trabajo a Meroño, ¿eh?

Estupendo.

A trabajar todo el mundo.

-Julita, hija, pregúntale a tu padre qué quiere almorzar,

si pescado o carne empanada. -Ajá.

Buenos días, señor juez. -Buenos días.

Buenos días, doña Virtudes. -Buenos, don Mauricio.

-Su hija está hecha una mujercita, y bien guapa que es.

-Es más guapa la mayor, y más mujer.

El que la lleve al altar no sabe lo que se lleva.

-El hombre que se case con ella será muy afortunado.

-Y la mujer que se case con usted también.

Es usted un hombre de bien.

Siempre mirando por el bien de los demás.

Anda, que lo que ha hecho con Antonio sacándolo de la cárcel...

-Soy juez, he de velar por la justicia.

-A ver si ayuda a esa pobre familia, que levante cabeza.

Últimamente van de mal en peor.

No sé si sabe que ahora... -Perdón, tengo un poco de prisa.

-Sí, no lo entretengo más.

Eh... Disculpe.

Bonitos zapatos. ¿Son nuevos? -Sí.

-¿Dónde los ha comprado? Mi marido necesita y...

-En la zapatería de don Críspulo.

-Ahí es donde trabaja Elenita, ¿no?

-Sí.

Que tenga un buen día.

(TOSE)

-Lo siento, don Rafael. Disculpe.

Es que esto no puede seguir así.

Tengo al personal atemorizado

de contagiarse con lo que sea que ha traído este.

Está bien.

(SUSPIRA)

A ver cómo lo convenzo de que se vaya a casa.

-Es usted el jefe.

Se lo dice y punto, ¿eh?

Antonio no es solo mi empleado.

¿No lo entiende?

No, veo que no.

Usted, amigos debe de tener pocos.

-Los justos y necesarios.

Mire, don Rafael,

si Antonio es tan... tan amigo suyo,

lo mejor que puede hacer por él es mandarlo a casa,

que se meta en la cama y que llame a un médico, ¿no le parece?

¿Mejor, Antonio?

(Latidos de corazón)

-Coge aire, todo el que puedas.

Oye, yo no sé para qué vienes.

¿Qué te debo, cinco consultas ya? No te las voy a poder pagar.

-Te he dicho que respires, no que me sueltes la filípica de siempre.

Vamos.

Por favor, haz lo que te pide.

-Suelta lentamente el aire.

Otra vez.

¿Qué tiene?

-Neumonía, Marta.

La infección está muy avanzada.

Necesitas quedarte en cama y un tratamiento con penicilina.

Sí, claro. No tengo para comer, voy a comprar penicilina.

-Háblalo con Rafael.

Prefiero morirme a pedirle otro favor.

-Me ha dicho que tiene buenos contactos, de confianza.

Te pueden conseguir las ampollas para el tratamiento de una semana.

Diez gramos durante cinco días.

Eso sería suficiente, al menos por el momento.

¿Qué pasaría si no las toma?

-La próxima vez que venga a esta casa

será para escribir un parte de defunción.

Te acompaño. -No hace falta, Marta. Gracias.

Antonio, hazme caso.

Ahora vengo.

¿Adónde vas?

A buscar la manera de curarte.

-Creo que con este largo ya vale.

-Más arriba.

-¿Y el luto?

-¿De qué color es la falda?

-Negra. -¿Entonces?

-Mamá, que se me van a ver las rodillas en cuanto me siente.

-Mejor.

Así, a lo mejor se fija en ti quien se tiene que fijar.

(Timbre)

-Será don Próculo.

-Virgen Santísima. Ese hombre empieza a hablar y no calla.

Hola, Venancia. ¿Está Virtudes?

Gracias.

-Es la señora Marta. ¿Le digo que pase o que están ocupadas?

(VIRTUDES) No, que pase, que pase.

A ver qué quiere. Vendrá a pedir algo.

No sabe hacer otra cosa.

Pedir, pedir y pedir. Parece que no sabe

que los tiempos han cambiado. -Mamá, que te va a oír.

Hola, Virtudes.

-Pasa, pasa.

¿Qué tal está Antonio?

Ya me ha dicho Julita esta mañana que no podía parar de toser.

Está mal.

Muy mal.

-Virtuditas, hija, déjanos solas un momento.

Ojalá pudieras llevártelo.

Aquí solo molesta y coge polvo.

Ojalá. Este no es su sitio.

-¿Qué quieres?

El doctor Torres nos ha dicho que tiene neumonía

y que necesita penicilina para curarse.

-Ah. ¿Quieres que hable con Rafael para que le pida dinero?

No, no quiero vuestra caridad. -¿Entonces qué quieres?

Trabajo.

Puedo fregar, planchar, coser... Lo que sea.

-Bien sabe Dios que te lo ofrecí, Marta,

y no una, sino varias veces.

Y tú cabezota que nada.

Con ese orgullo tuyo que está matando a tu marido.

Virtudes, por favor.

¿Puede ser o no?

-Pues mira, no.

Hace un mes vino de Betanzos la prima de Venancia

y ya le he dado el trabajo a ella.

¿Quieres que ahora le diga que no para darte el trabajo a ti?

No, claro.

Buscaré otra cosa.

-Venga, anda, no seas ingenua.

¿Adónde vas a ir? Siéntate.

Que parece mentira que no sepas cómo están las cosas.

Algo se nos ocurrirá, mujer, para que te ganes un dinerito.

Gracias, Virtudes, pero yo me apaño.

(Música en la gramola)

# Y espero que un día

# todo sea como fue.

# Y yo sigo esperando ese día

# en que tú regreses

# para amarte con locura

# y olvidar aquel error. #

(Timbre)

(HOMBRE) Mamá, por favor, a estas horas no llega el correo.

Hola, Camilo. -Marta.

Cariño.

¿Qué necesitas?

¿Puedo hablar con tu madre?

-Faltaría más. Pasa, pasa.

-Un poquito más.

(Puerta cerrándose) -A la oreja.

Ajá.

# Ahora me pregunto... # -Ya está.

-Ahí va bien.

Hola, Fermina. Hola, Juana. -Ah, hola, Marta.

Pasa, pasa.

Es que me voy al teatro, ¿sabes?

Si quieres animarte...

Me ha dicho Camilo que es una función muy divertida,

Los... -Los Vieneses.

-Los Vieneses.

Oye, que si quieres, te consigo entradas para ti también,

que veo que tú también necesitas una alegría, mujer.

Es que Antonio está mal.

-Ya, hija, ya lo sé.

¿Necesitas algo?

¿Sabes dónde puedo conseguir penicilina?

-¿Penicilina?

Ay, Marta, que eso ya son palabras mayores.

En Madrid solo se puede conseguir en Chicote.

Imagínate qué lujo.

No. Lo siento, pero yo ya no llego a ese nivel.

Bueno, gracias de todas formas.

-Lo siento, de verdad. No, no, por favor.

Chao, Camilo.

-Mama, dile lo de Juanillo.

-Marta.

Marta, espera.

Un momentito.

Mira.

Te vas a ir aquí de mi parte.

Pero esto es un cuartel.

-Sí, hija, sí, es de un amigo de mi hijo.

-Bueno, un conocido. -Tiene muchos.

Gracias, Fermina.

-Venga. No tengo con qué pagarte.

Pero he pensado que igual...

mi alianza te sirve.

-Marta, por favor.

¿Cómo...? ¿Cómo se te ocurre?

Mira, todavía llevo yo la del mío.

No te consentiré que te deshagas de la de Antonio,

no mientras él esté vivo.

Gracias, Fermina.

-Pero venga, quita.

Anda, quita, quita.

Me vas a hacer llorar también

y voy a llegar al teatro hecha una María Magdalena.

(JULITA) Que nos van a ver. -Solo un poco más.

-No, que nos van a ver. -Vale, vale.

Solo te pido una cosa. -¿Qué?

Muéstrame los pechos.

Así sueño contigo esta noche.

Que no.

Por favor.

Ay... Ay, Julita.

(Se cierra una puerta)

-Buenas noches, Marta.

Buenas noches. -Buenas noches.

Nunca más en el portal, Dioni. Que no.

-Nunca más en el portal.

-Alto ahí, ¿quién anda?

(Portazo)

(Crujidos metálicos)

(HOMBRE) Dame un cigarro, anda.

¿Qué haces con rubio americano? -De la última redada.

El sargento repartió algunos.

-Joder, me pierdo todas las fiestas. (RÍE)

-Vamos, chaval.

Quiero irme a la piltra antes de que toque.

-Buena idea.

-Perdone, perdone que la haya asustado.

(CHISTA)

(Voces en piso superior)

-Tenga.

Pero esto...

Pero esto solo es una. -Es lo único que puedo darle.

No puedo sacar más de la enfermería. Me juego el cuello.

Así que dígale a Fermina que con esto estamos en paz.

Salga, salga por allí.

Eh, y dele recuerdos a Camilo.

Gracias.

Corra, vaya por allí.

Mamá, ¿dónde estabas?

Estaba muy preocupada.

Buscando penicilina para tu padre.

Solo he conseguido una ampolla. Espero mañana conseguir más.

¿De dónde la has sacado?

¿Cómo está tu padre? No lo oigo toser.

Dormido. Estaba agotado.

Bueno, que descanse entonces.

Mañana le pondré la primera dosis.

Venga, descansa, que es tarde.

Me da miedo dormirme.

¿Por qué?

Porque sueño con...

cuando era pequeña y...

Y no nos faltaba de nada y...

papá estaba sano. Hija.

Tenemos que ser fuertes.

En esta vida hay que luchar cada día, cada instante.

Es lo que nos ha tocado y lo que tenemos que hacer.

Mi reina.

Venga, acuéstate.

Buenas noches. Buenas noches.

¿Qué es eso?

Penicilina.

¿Rafael?

No, doña Fermina, y gratis.

Vaya tiempos estos.

Una estraperlista cuida más a la gente

que los que se supone que son honrados.

Mi padre decía que en las guerras mueren las personas

y en las posguerras, la decencia.

Voy, cuidado, no te muevas, que no tengo práctica.

Cuidado, cuidado.

A ver si en vez de morir de una neumonía

me vas a matar tú de una estocada. Va.

Ya está, ya está, ya está.

(TOSE)

¿Te encuentras mejor?

Gracias a doña Fermina.

Y a Marta. Pero es solo una dosis.

Necesitarás más.

No, no, no.

No quiero que hagas nada más.

Nos las apañaremos.

Déjame ayudarte. Estoy harto, Rafa.

Siempre estás ahí, pagando mis deudas, mi casa,

resolviendo mis problemas.

No quiero que siga así.

Lo que hiciste no se paga ni con todo el oro del mundo.

Si no tomas esa penicilina,

Si no completas el tratamiento, te vas a morir.

Todos nos vamos a morir.

Además, no sé quién me iba a echar de menos.

Marta te echará de menos

y tu hija también.

Y yo, coño.

Que somos amigos.

Marta y yo...

No sé, siento que...

que le estoy arruinando la vida.

Y a mi hija, a mi hija también.

Ahora, esto de Mauricio no...

No sé, lo pienso y no lo veo claro.

Ahí no seré yo quien insista para que aceptes.

Lo dices por Próculo.

No, a lo mejor tiene razón.

¿No?

Él siempre tiene razón.

Desde luego, a Elena, con el señor juez

no le iba a faltar de nada.

¿Qué más le podemos pedir a estos tiempos?

¿Amor?

El amor está sobrevalorado.

Ya lo pensarás, no tengas prisa.

Ahora lo más importante es tu salud.

Luchar para curarte del todo.

Me da igual lo que digas, puede meterte tu orgullo donde te quepa.

Pienso pagarte el tratamiento. Es muy caro, Rafa.

Mejor que lo pague yo a que Marta se ponga a trabajar.

¿No lo sabías?

¿El qué?

Ha pedido trabajo a Virtudes.

Fregar, planchar, lo que fuera.

No seas terco.

Yo te conseguiré la penicilina, ¿estamos?

(TOSE)

El que le guste. (RÍE)

-Bien. Buenas tardes.

-¿No vas a decir nada, Elenita?

¿Se te ha comido la lengua el gato?

Tengo mucho que hacer antes del cierre.

No quiero que su padre lo pague conmigo.

-Hablo con él.

Le digo que te deje salir antes y nos vamos a tomar algo.

No, gracias.

-Venga, no te resistas, que lo estás pidiendo a gritos.

Ven aquí.

(LLORA)

(LLORA)

-Buenos días, Elena.

-No diga tonterías, señora.

Mi hijo no le ha hecho nada a Elena. -La de mentiras que hay que oír.

Su hija es una ladrona.

Mi hija no es una ladrona. No le consiento que la llame así.

(CRÍSPULO) Eso es. Ha robado 100 pesetas de la caja.

Mi hijo la pilló con las manos en la masa y salió corriendo.

Eso es mentira. Pienso ponerle una denuncia.

-Hágalo, será su palabra contra la mía.

¿A quién cree que escucharán? ¿A un policía municipal

o a la hija de alguien que acaba de salir de la cárcel?

Al menos podría tener la dignidad de admitir que se propasó con ella.

-Su hija va provocando, me extraña que no le haya pasado más veces.

No quiero volver a verla. No la volverá a ver.

Antes quiero el dinero de los últimos días trabajados.

-Ni muerto. Váyase ahora mismo

o el que va a poner una denuncia contra su hija seré yo.

Fuera.

-Padre.

-Don Mauricio.

-Tengo que hablar con usted. -¿Algún problema?

-¿Usted qué cree? No se está cumpliendo lo pactado.

Muevo cielo y tierra para sacar a Antonio de la cárcel

y ahora nadie se da por aludido. -Paciencia, paciencia.

Lo primero es que Antonio se cure. Está muy grave, ¿no lo sabía?

-Sé que bien no está, pero grave... -Lo está.

Y mucho.

-Tendré que hablar con Marta. -No, escuche.

Las cosas de hombres se arreglan entre hombres.

Además, no es conveniente molestar a Marta.

Bastante tiene ya con lo que tiene.

Y más ahora

que a Elena la ha despedido don Críspulo de la zapatería.

-¿La han despedido? -Sí.

-¿Por qué? -Bueno, su hijo dice

que la pilló robando.

-¿Mi prometida es una ladrona? -Por supuesto que no.

-¿Entonces?

-Verá, no es algo muy agradable de contar.

-No importa, cuéntemelo sea lo que sea.

Eutimio.

-¿Señor?

¿Cuándo vamos a poder disponer de lo que hemos hablado?

-Me he estado informando.

Un gramo de penicilina se consigue sin problema de hoy para mañana.

Vamos a necesitar más. Diez gramos, lo antes posible.

-Para esa cantidad necesito tiempo. No tenemos tiempo.

-También saldrá más caro.

Al precio que sea.

-Déjeme hablar con mi contacto y lo informo.

Cuanto antes.

Le digo a mi hija que siga luchando y yo no puedo con mi alma.

-No digas eso, Marta. No te dejes vencer por el desánimo, mujer.

Ojalá tuviera la misma fe que tú. -Sí, sí la tienes.

No.

No puedo creer en lo que no veo cuando lo que veo

es que no puedo dar de comer a mi familia.

No me fían ni en los ultramarinos.

La cartilla no nos da ni para pan.

-Antonio se recuperará, ya verás.

No, si no puedo pagarle la penicilina.

(TOSE)

No se tiene en pie, ¿cómo va a trabajar?

(TOSE)

¿Y yo? Hablo tres idiomas, toco el piano.

Virtudes no me quiere ni para fregar.

¿No dice el catecismo que hay que ayudar al prójimo?

Muchos que se dicen católicos deberían leerlo.

-No juzgues si no quieres ser juzgada.

A Antonio y a mí nos han juzgado y condenado.

(TOSE)

-No, no, gracias.

Gracias.

Creo que tengo la solución.

Verás, quien dirige hoy el hotel Ritz es un conocido mío.

Sé que buscan a alguien preparado como tú para un trabajo.

¿Qué trabajo? -No sé, pero me enteraré.

Haré que te reciban mañana mismo.

Esto lo arreglará todo, Marta.

Gracias, Próculo.

Al final voy a acabar creyendo en los milagros.

(RÍE)

¿Y papá?

Se ha ido a trabajar.

He intentado convencerlo de que no fuera,

pero ya sabes cómo es tu padre.

¿Adónde vas tan guapa?

Próculo me ha conseguido una entrevista para el Ritz.

Este vestido tan bonito, ¿de dónde lo has sacado?

Era de la abuela.

Cómo la echo de menos. Y yo, hija.

Malditas guerras.

(Rasguido)

Mamá, no te preocupes, no pasa nada.

Busquemos otro vestido. Mi mejor vestido...

¿Y este? No es de la abuela, pero te quedará igual de bien.

A ver.

(Campanilla del tranvía)

(RECEPCIONISTA) No se preocupe. En dos minutos estará listo.

Hola, buenos días. -¿Puedo ayudarla en algo?

Sí, vengo por la entrevista de trabajo.

-La entrada para aspirantes a camareras

es por el otro lado del edificio. Tengo una entrevista

con el señor Benítez. Soy Marta Ribas.

Salga, por favor.

¿Perdón?

-¿Está usted sorda o qué?

Buenos días, señor Benítez. ¿Desea algo?

-Estoy esperando a doña Marta Ribas.

En cuanto llegue, la acompaña personalmente a mi despacho.

-Sí, descuide.

¡Señora Ribas!

¡Espere, por favor!

Perdone, pero ha habido una confusión.

El señor Benítez la espera.

Asistente personal. ¿Qué tendría que hacer?

-Eso se lo comentaría personalmente la señora Moretti.

¿Quiere beber algo? No, muchas gracias.

-Lo que sí quería comentarle es que estoy encantado con la entrevista.

Buena presencia, una educación exquisita.

Un excelente italiano, mejor que el mío y eso que he vivido en Roma.

No tiene mérito, mi madre era italiana.

-¿Le parece bien el trabajo? Sí.

¿Cuánto cobraría? -Eso no sería ningún problema.

Si algo le sobra a la señora Moretti es clase y dinero.

Siempre trata bien a sus empleados.

Ah, un último tema.

Me comentó el padre Próculo que estaba usted casada.

Sí, lo estoy. -Necesitaremos, entonces,

una autorización de su marido. Nos la exigen.

Claro, por supuesto.

Hola.

¿Qué tal estás?

Bien.

¿De dónde vienes tan guapa?

Por tu cara creo que ya sabes de dónde vengo.

No quiero que trabajes.

Antonio, lo necesitamos.

¿Cómo vamos a pagar la comida, los medicamentos?

(ATURDIDO) No estás en disposición de trabajar.

Y han despedido a Elena.

Parece que soy el último en enterarse de todo.

No quería darte un disgusto.

Por Elena no te preocupes.

Lo estoy arreglando para que se case con Mauricio.

¿Qué?

¿Has concertado el matrimonio de Elena sin contar con ella?

¿Sin decírmelo?

¿Has vendido a nuestra hija?

No he vendido a nuestra hija.

Le estoy procurando un futuro mejor.

No le va a faltar de nada.

Pero ¿qué futuro, Antonio?

Elena no está enamorada de Mauricio.

Claro.

Por eso te sacó de la cárcel, ¿verdad?

(TOSE)

Por eso te sacó de la cárcel.

No me encuentro bien.

Antonio...

No podemos hacerle esto a nuestra hija.

¿Y qué hago?

¿Qué hago?

Yo no encuentro otra salida.

La vamos a encontrar, pero así no, por favor.

Estás ardiendo.

Siéntate.

Te voy a poner paños. Espera, espera, espera.

No le cuentes nada a Elena.

Por favor.

A ver si salimos de esta.

He conseguido una entrevista de trabajo.

No le diré nada.

-¿Como siempre?

-Hoy con un poco más de brillo.

-Si es mucho brillo, te costará más caro.

¿Penicilina?

-Vaya, ¿qué eres, adivino?

-La penicilina está de moda.

Miseria más heladas igual a pulmonía.

Por eso te costará más que esto. -¿Cuánto?

-El otro billete que llevas por si te pedía más dinero.

-Eso es mucha pasta. -Es lo que hay.

¿Lo tomas o lo dejas?

Ve a las 11:00.

-Oye.

¿Qué hace aquí el pimpollo de mi jefe?

-¿Basilio? Es un fijo ya.

-¿Está metido en algo? -El Káiser lo tiene más agarrado

que si bailara un chotis.

Como al chaval le van las putas y el polvito blanco, imagínate.

-Ese alemán se lo va a comer vivo. -Eso pienso yo.

El nazi ese tiene que tener contactos hasta en El Pardo.

Mira que es cabrón y nunca le pasa nada.

-Vigílamelo y dime lo que hace.

-Si me pagas.

-¿Cuándo he dejado de pagarte, eh?

Dime dónde se mete y lo que hace.

-¿Para avisar al padre?

(Golpes en la puerta)

¿Qué quieres? Están todos durmiendo.

Traigo la penicilina.

Muchas gracias, Rafael.

Sabes que puedes pedirme lo que quieras.

Buenas noches.

¿Qué tal está? Tiene mucha fiebre.

Tengo que ponerle esto ya. Por supuesto.

Ya está.

¿Seguro que te encuentras bien?

Queda la mitad del tratamiento.

Me encuentro bien, mi amor.

Además, no puedo faltar a esta entrevista.

Pagan el doble de lo que paga Rafael.

¿Y Rafael lo sabe? No.

Le he dicho...

que me diera el día libre.

Que iba al especialista de lo mío.

¿Y te ha creído?

Me da igual si me ha creído.

Es algo que tengo que hacer.

Ya va siendo hora de que lleve las riendas de mi vida.

Intentaré evitar que Elena se tenga que casar con Mauricio.

Aunque deba volver a la cárcel.

Cómo me gusta oírte hablar así.

Con respecto a mi trabajo, he pensado...

Dame tiempo, Marta.

Dame tiempo.

Buenas tardes, don Mauricio. -Buenas tardes.

Querría hablar contigo un momento.

Usted dirá.

-Ven conmigo.

Pasa.

Por ahí.

Siéntate.

(RESPIRA HONDO)

¿Y esto? -Lo que te debían en la zapatería.

300 pesetas.

Ay, muchísimas gracias.

-Llegó a mis oídos y fui a exigir que te lo pagasen.

Bueno, el doble, por el mal trago que te hicieron pasar.

Iba a subírtelo, pero...

como tu padre está enfermo, no me atreví.

Muchísimas gracias, don Mauricio, de verdad, muchísimas gracias.

-Es mi obligación.

Siempre voy a ser bueno contigo.

Siempre.

Todos los días, te lo juro.

Ya se lo he jurado a tu padre.

Estoy deseando que seas mi esposa.

Pero, ¿qué está diciendo?

(VIRTUDITAS) ¡Un médico!

¡Un médico!

¡Un médico!

¡Un médico!

¡Un médico!

¡Marta!

¡Marta!

¡Marta!

¡Papá! ¡Papá!

¡Papá!

-¡Antonio!

¡Papá!

-Antonio!

¡Antonio!

¡Una ambulancia! ¡Llamad a una ambulancia!

¡Antonio!

¡Antonio!

¡Papá!

Aléjate de mi familia. Bastante daño nos has hecho ya.

Si te refieres a la penicilina, yo no tuve nada que ver.

-No he robado su dinero, se lo juro.

Me pegaron una paliza.

Tenemos muchas deudas que pagar.

Por eso me casáis con Mauricio.

-¿Creías que me acostaría contigo así, sin más?

-Me lo dijiste el otro día: "Nunca más en el portal".

-¿Estás loco o qué? -Loco por ti, Julita.

-¿Quieres que guarde tu secreto?

O sales conmigo o lo cuento todo.

-Eso son recibos, ¿no? Sí, y se pagarán.

-¿Con qué dinero?

No sé qué hacemos aquí. Me quiero ir.

-¿Quieres ganarte 100 duros en cinco minutos?

¿De dónde sacaste la penicilina?

Me has puesto en una situación muy complicada.

  • Capítulo 1: "Marta"

La sonata del silencio - Capítulo 1: "Marta"

13 sep 2016

Marta Ribas (Marta Etura) es una mujer culta, sensible y de buena familia, hija de diplomáticos, políglota y melómana, que sufre con especial dureza las consecuencias de la guerra civil. Casada con Antonio Montejano (Daniel Grao) verá cómo su vida se desploma hacia la pobreza y la opresión, teniendo que vivir de la caridad de sus viejos amigos, Rafael Figueroa (Eduardo Noriega) y su mujer Virtudes Molina (Lucía Jiménez). Los cuatro viven en la madrileña Plaza del Ángel, donde comparten alegrías, tristezas y secretos con sus hijos y otros vecinos. Son años duros para toda España, una década de penuria económica y falta de libertad ideológicaEl primer capítulo de La sonata del silencio, dirigido por Iñaki Peñafiel y escrito por Anaïs Schaaff y Javier Olivares, adapta la novela del mismo nombre de Paloma Sánchez Garnica.

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