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No recomendado para menores de 7 años  La Señora - Capítulo 9 - Gonzalo parece decidido a convertir a Victoria en su futura esposa - ver ahora
Transcripción completa

Subtitulado TVE.

Catalina.

¡Catalina!

¡Catalina!

¿Qué te ha pasado?

Me dispararon en el coto.

Han matado a Tordo.

Ya me encargo yo.

Salvador.

Gracias por tu ayuda.

-¿Necesita algo más?

Sí. Avisa a Tomás.

Habrá que recoger el caballo.

Sí, señor.

Deberíamos haber avisado a Freire.

¿Para qué? Estás tú.

Mañana te cambio el emplasto.

Gonzalo, ¿quién fue?

No sé, supongo que algún furtivo.

Deberás tener más precaución a partir de ahora.

Tranquila. Sé cuidarme.

Notarás calor, pero no te asustes, estará curando.

Ahora tienes que descansar.

¡Sh!

Descansa.

Gracias, Catalina.

No deberías meterte.

Ha hablado con don Enrique, ¿no?

Contar a monseñor lo de los niños de la mina...

¿Qué iba a hacer?

¿Quedarme quieto? Mira, hijo,...

...tu padre pensó que él solito podía arreglar el mundo, y mira.

Y ahora tu hermano.

Pensé que a ti no te pasaría eso. ¿Por qué?

Los curas estamos para ver, oír y callar.

No. Porque los curas estáis para dar consuelo,...

...no para meteros en líos.

Lo siento. Yo no lo veo así.

Espero que no fuese un pretexto para verla.

Salvador, hijo.

¿Qué te ha pasado? -Nada.

Estuve de caza con el marqués.

-¿Te han herido?

-No. Pero su caballo no tuvo tanta suerte.

-Bueno, ten cuidado, hijo. Te pongo la cena.

-Descuide, madre.

¿Qué has hecho?

Nada.

Ha pasado lo que tenía que pasar.

Dispararon al marqués en el coto.

Seguramente unos furtivos.

(RECUERDA) "Si eres infeliz, todos deben serlo".

-"Suelta. -Basta".

Irene. "Quiso matar a Nicolás". -"Es tu culpa".

"Tratas a ese niño como si fuera el que no puedo darte".

"¡Loca!"

"¡Loca, loca!" -¡Shsss!

¡Shss!

Estabas llamando a Irene.

He tenido una pesadilla.

Trata de dormir.

Nunca pensé que se moriría.

-Pues bien muertito que estaba.

-Hay que ver con el mono, con lo que me hizo rabiar y me da pena.

-¿Qué haces ahí como un pasmarote? ¿Y la infusión?

Ni muerto nos dejará en paz. Sácalo de aquí.

-Qué bruta. -Ahora va a resultar...

...que le tenemos que guardar el luto.

-Victoria está triste. -Ya pasará.

Saca la caja de la cocina o la tiro con los desperdicios.

No será el primer animal que corte.

-Tan sensible y tan bruta.

-Bah.

-¿Qué hago con él?

-No lo sé. Victoria dijo que la avisáramos.

Quiere encargarse ella misma.

-Señora Vicenta. -Llévatelo.

Te he traído una infusión.

¿Estás mejor?

Alfonso ya tenía sus años, Victoria. Tarde o temprano...

...tenía que pasar.

Venga.

Que no me gusta verte triste.

No estoy triste.

(RECUERDA) "¿Notas cómo palpita la montaña?"

"De la montaña y de esta tierra sacamos fuerza para seguir".

"No importa lo difícil que sea el camino".

"Siempre nos levantamos y seguimos".

¿Te duele? Deja, no te preocupes. Estoy bien.

¿A qué hora esperas a la guardia civil?

No los he llamado.

Sabes que los que te dispararon no eran furtivos.

Por favor. Gonzalo, casi te matan.

Habla con la guardia civil...

Ya está bien. Sé solucionar mis propios asuntos.

Buenas noticias.

Excelentes.

Siento lo de antes. Sabes que no soporto el dolor.

Bien.

Tráeme algo para que se me pase.

Claro.

Campanilla

¿Has hecho lo que te dije? Sí, señor.

Hay hombres vigilando el palacio. Manda recado a la mina con lo mismo.

Lo quiero todo vigilado. Muy bien, señor.

-No sé cómo pude fallar.

-Eso ya no importa. -Claro que importa.

El marqués averiguará quién le disparó.

-Coge ese barco.

-Tampoco estás seguro aquí. Vente. -No.

No dejaré a mi madre. Lo pasó mal cuando me apresaron.

-Peor es si mueres.

-He dicho que no.

-Como quieras.

Pero ándate con ojo.

No te confíes.

El marqués no da la cara.

-Y tú ten cuidado en América.

-Me jode con haber acabado con ese hijo de mala madre.

-Algún día cogeremos desprevenido a ese cerdo...

...y tendrá su merecido.

En Marruecos se masca la tragedia. -¿No cree que exagera?

-Abdelkrim no tendrá contemplaciones. Créanme.

-Dios no lo quiera. -Dios está fuera de esto.

Será un desastre.

-No sea agorero.

Nuestro ejército es valiente. Tenemos jóvenes...

...dispuestos a todo. -Claro.

Que me pongan un rifeño de esos por delante.

-Baja esos humos por tu propia seguridad.

-No serán tan feroces como dicen. -No.

Son peores.

¿Cuándo te vas?

-Mañana salgo para Madrid. -Pues que tengas suerte.

La vas a necesitar.

-Vamos.

No asustes al chico. Rendirse es lo último.

Bastante sangre nos costó implantar la fe cristiana.

-Señores, si me disculpan, voy a beber algo.

-Dígame, doctor.

¿Cómo sigue el señor Marqués?

Ha tenido un percance, ¿no?

-Todo quedó en un susto sin importancia.

-¿Un disparo?

-Digamos que sufrió un accidente en el bosque...

...atribuido a un furtivo.

-No tiene muchos amigos.

-No.

No los tiene.

-Pero los que tiene le son fieles. Sin ir más lejos: Pablo Márquez.

-¿Pablo de la mano de Gonzalo?

-Más bien de la mano de esa italiana.

"Los trámites frente la aseguradora han resultado satisfactorios".

"El proceso de exhumación del cadáver del señor Ricardo Márquez...

...ha sido suspendido y el caso archivado. Reciba un saludo".

¿A Gonzalo podrían haberlo matado?

-Pudo ser un cazador.

-Por un cazador no se blinda todo un palacio, Pablo.

¿Lo ves? Tú también lo haces.

-¿Qué hago el qué?

-Tratáis a las mujeres como si solo pudieran ocuparse de los jardines.

Pero eso ya me da igual.

-Está el contrato del gobernador.

-Unos días más y estará firmado.

-En cuanto se firme, te vas.

-Vamos, Pablo.

No es para tanto. Y tú ya tienes...

...tus ocupaciones: la mina y el dispensario

-Nada importa si tú te vas.

-Nada debe ser más importante para ti...

...que tú mismo.

Tú eres el centro del universo, Pablo.

Timbre

¿Está el señor? Sí, en el invernadero.

Avísale. Debo hablar con él.

No puede.

Necesito que me firme unos pedidos. Pero...

No hace falta tanto protocolo.

¿Estás seguro?

Está bien. Puedes marcharte.

Yo me ocuparé de todo.

Puerta

Tómate esto.

Te sentará bien.

No sabía lo de los guardas.

No quería alarmarte.

La casa parece un cuartel.

Será hasta que las cosas se tranquilicen.

Necesito tener todo bajo control para la cena.

¿Qué cena?

La que organizarás para unos invitados.

Estamos de luto. Por eso mismo, Catalina.

Debemos sobreponernos al dolor.

Es natural que tras la muerte de Irene estemos afectados.

Pero tenemos que enterrar el duelo y seguir.

Claro.

Decisiones importantes dependen de esa cena.

Necesito que todo salga bien. Lo entiendes, ¿verdad?

Sí.

¿Vas a salir?

Sí. Debo ir a la mina.

Salvador ha venido ya, ¿no? Sí. ¿Le mando llamar?

No. No es necesario.

Señorita Victoria, ¿cómo no me avisó de que venía?

¿Qué hacen esos hombres armados? Son órdenes del señor marqués.

¿Por qué? ¿Ha pasado algo?

Las cosas no están tranquilas.

No debería venir sin avisar.

Explíqueme por qué los niños vuelven a trabajar.

Espero que tu marido se ponga bien. Gracias.

Suerte.

-¿Tú sabías algo de esto?

¿Del Obispado? Del Obispado.

Reclamando tu presencia.

¿Qué quieren de mí? Eso me gustaría saber a mí.

Tu charla con monseñor dio mucho de sí.

Le conté mi preocupación.

Pues diste en la diana de pleno.

Te reciben en audiencia.

No voy a ir. ¿Qué?

No soy quien para hablar con ellos.

Y ya le dije a monseñor todo.

Era mi único interés, aunque no lo crea.

¿Tú te has vuelto loco?

Tú no puedes negarte a ir. Yo no pinto nada allí, padre.

No es solo una deferencia.

Es tu obligación. Lo es velar por la gente...

...más desfavorecida. Entra en razón.

Te lo dije: el orden no es cuestiona.

Y menos metiéndote con el marqués.

Si él cuidara mejor de sus trabajadores, no intervendría.

Hijo mío, solo quiero lo mejor para ti.

Nunca he querido otra cosa.

Pero si has de llegar donde yo no pude, debes ir con cautela.

Pero es que yo no tengo interés.

Tú quieres ayudar a los demás, ¿no?

Pues eso solo se consigue desde arriba. Créeme.

-Han venido sus padres...

...exigiendo el trabajo.

Mandé recado al señor marqués y les dimos permiso para trabajar.

No queda más remedio.

Pues no, señorita, no queda.

¿Por qué vigilan fuera? Por lo que le pasó al marqués.

Han disparado contra él.

¿Quién?

No se sabe.

Pero iban con las peores intenciones. ¿Querían matarle?

Los ánimos andan revueltos últimamente.

Y una señorita como usted no debería venir a la mina de visita.

¿Eso cree, Alonso?

¿Que vengo a la mina de visita?

Escúcheme.

Esta mina era de mi padre.

Mientras mi hermano y yo estemos aquí nadie hará indebido.

Yo solo digo que es peligroso que venga por aquí.

Su padre no querría que le ocurriera nada.

Ni tampoco que muriera ningún niño.

Y no voy a permitirlo. Nadie va a permitirlo, Victoria.

He dado instrucciones para extremar la seguridad en la mina.

No te preocupes por esos niños, no va a pasarles nada.

¿Cómo estás? Bien. Apenas es un rasguño.

Victoria, Alonso tiene razón.

Ahora solo debes preocuparte de ti misma.

Gracias.

Señor marqués.

-El señor marqués no está.

Hay cosas que no me gusta hablar delante de Alonso.

Pensé que confiabas en él. Es un buen capataz.

Y tiene razón. Esos niños estarán bien, no te preocupes.

Podríamos buscar otra manera de abrir galerías.

Sí. Pero sus padres no están dispuestos a que sea de otra manera.

Deberíamos cambiar las condiciones para que no tengan que trabajar.

Cambiar las cosas no es tan fácil.

Ya, ya lo sé.

Pero es que tampoco lo intentamos.

¿Ahora va a ser siempre así?

De momento, hasta que las cosas no se calmen...

¿Sabes quién te disparó? No tardaré en saberlo.

Ahora lo único que tiene que preocuparnos es nuestra seguridad.

¿Entiendes? Las cosas están muy revueltas.

Prometí a tu padre que cuidaría de ti y eso pienso hacer.

Eh.

Mientras yo esté cerca de ti no tienes de qué preocuparte.

Consuelo.

¿Te gusta?

Mucho tiene que quererte este señorito.

El dispensario no es mío, ni tampoco es un regalo.

Ni que fueras boba. Está claro lo que hay detrás.

Tú piensa lo que quieras.

Pero ¿te paga? Claro que sí, por mi trabajo.

Ningún hombre gasta dinero en una mujer sin esperar nada a cambio.

Eres incapaz de ver más allá de ti misma.

No me vengas con monsergas.

Solo debería importante Pablo Márquez. Lo has cazado.

Entre nosotros no hay nada.

¡Ya está bien! Espabila, anda.

Te vas a quedar con menos de lo que tenías.

Lo haré yo.

-Muy buenas.

¿Qué le duele, señora?

Consuelo es mi madrastra.

Ay, disculpe.

El doctor. -Encantada.

Bueno, pues yo me voy, que ando con prisa.

Padre Ángel.

Monseñor. Me alegra que hayas venido.

Su ilustrísima desea conocerte.

Yo soy un simple sacerdote. No sé por qué me han hecho llamar.

Hablé a su ilustrísima de tus inquietudes y él solicitó verte.

Solo le hablé de las familias de los mineros.

A veces estamos tan ocupados en otras cosas...

...que olvidamos los verdaderos problemas.

Su ilustrísima quiere tener esa información de primera mano.

Y ese eres tú.

El padre don Enrique lo sabe, es su parroquia.

Enrique tiene suficiente tarea.

Y quien sabe el problema eres tú. ¿Por qué darle tantas vueltas?

La iglesia siempre debe estar al lado de sus fieles.

Y su ilustrísima arde en deseos de escucharte.

Vicenta, ya lo has hecho todo.

Venga, mujer.

Aquí tienes el café, Justo.

-¿Pasa algo?

-No, nada.

Llevaste a la niña a la mina y volviste solo.

-Se quedó con el marqués.

-Ya.

-¿Qué pasa, Vicenta?

-El marqués todavía está de luto y Victoria no debería tomar confianza.

-Tampoco es para tanto.

Tienen sus cosas de la mina.

-No debe meterse en asuntos de la mina. Para eso Pablo.

-No le des más importancia de la que tiene.

-Seré yo la exagerada.

Después de los líos en los que se ha metido...

-Pero eso ya pasó, ¿no? Pues eso.

No lo menees más. -¡Vicenta!

-Vicenta. -¿Qué pasa?

-En la puerta. -¿De qué hablas?

-Hay dos hombres con escopetas.

-Voy a ver.

¿De verdad es necesaria tanta protección?

Hasta que todo vuelva a su sitio, sí.

Nadie atenta contra mí y queda impune.

Hasta que todo el mundo entienda el mensaje, cualquier cuidado es poco.

Además, debo cuidar de mi socio, ¿no?

Estoy muy satisfecho con nuestro acuerdo. ¿Tú no?

Esa línea de ferrocarril nos beneficia a todos.

Para celebrarlo he organizado un cena.

Será una despedida a la altura de Bianca.

Qué transparentes somos. ¿Decías?

Es buena ocasión para que conozcas a un miembro de la familia.

¿Quién es?

Se llama Rodolfo de la Fuente.

Primo de mi mujer, señor de Castro Viejo y de la Fuente.

Tras morir Irene, el único con título oficial de marqués de Castro.

Y no será el único en venir. Tú sigues interesado en política, ¿no?

¿Y cómo no con todo lo que está pasando?

No puedes faltar. Habrá un invitado especial esa noche.

Os espero a tu hermana y a ti.

Cuenta con ello.

Pablo, he de serte sincero.

Estoy muy preocupado por tu hermana.

¿Cuál es el motivo?

No creo que sea apropiado que ante metiéndose en asuntos de hombres.

Creo que exageras, Gonzalo.

Tu hermana está llamada a ser una gran señora.

Y así echa su futuro por tierra.

Eso por no tener en cuenta su pasado con ese muchacho.

Si tu padre viviera, hablaría con él.

Deberías darme tu consentimiento.

¿Mi consentimiento?

¿Para qué?

Para cuidar de ella, claro está.

Me temo que mi hermana sabe cuidarse muy bien solita.

Tu hermana es una mujer muy especial.

Ni ella sabe hasta qué punto.

No quiero que se eche a perder por su carácter.

¡Aaah!

¡Ah!

No te vayas.

-Demasiado tarde.

-¿No oíste a Germán? Sabes lo que cuentan.

-Disfruta haciendo sufrir al que no es un liberal.

-Victoria no te hará más caso porque te juegues la vida.

-Victoria me hará caso.

Es cuestión de paciencia.

Quien no se arriesga, no gana. Eso seguro.

Venga.

-Rodolfo.

Dichosos los ojos.

-Amigo Freire.

-Le imaginaba entre ungüentos sanos y olorosamente poco recomendables.

-Permítanme. Rodolfo de la Fuente.

-Marqués de Castro. Un placer, señores.

-Digno heredero de su tío.

-No sé si tanto.

Mi tío era demasiado serio.

No tenía humor.

Igual que mi prima Catalina.

-¿A qué has venido?

-Negocios. Gonzalo quiere hablarme de negocios.

Pero no hablemos más de cosas aburridas.

La última vez que vine este casino tenía fama de organizar...

...las mejores partidas de cartas.

Juguemos.

Este es el rojo que quiero. -Me habías dicho granate.

-Que está mojado.

-Debías hacerlo a primera hora.

-Lo siento. No me dio tiempo. -Haber madrugado.

A ver. Dame.

-Perdone, doña Alicia.

Quería pedirle que si esta noche... -Y dale.

Mira que eres tozuda. Ya hablamos de eso.

-Solo arreglarme un poco.

-Eres muy joven. -Más lo es Luisa.

-Y ella lleva vestidos caros y no madruga.

-Pues sí.

-No le tengas envidia. Hay que tener mucho estómago.

-Yo lo tengo. -Tú tienes...

...demasiados pájaros en la cabeza.

-No quiero trabajar así. Para eso me hubiera quedado con los Márquez.

-Tienes la puerta abierta.

Victoria te recibirá muy bien.

-No puedo hacer eso. Qué vergüenza.

-Más vergüenza debería darte lo otro.

-¿Por qué a las otras las deja y a mí no?

-Porque las cosas no son siempre como queremos.

Y menos aún como las imaginamos.

Ponte con lo tuyo.

Muchas chicas no han podido decidir su futuro.

Tú sí puedes. Si de mí depende, no te ensuciarás.

-Pues es lo mismo.

Entonces es usted la que decide por mí.

Señorita, la comida está servida.

Muy bien.

Cuando oímos lo de Marruecos nos preocupamos mucho por ti.

-Descuida. Los periodistas vamos un paso por delante de los hechos.

Ya lo sé, pero nos preocupamos.

Pues como ves, de momento, sano y salvo.

No sabes cuánto me alegro. Pero Hugo no tiene cabeza.

Tranquila. Los hijos con buenos apellidos no van a primera línea.

¿Por aquí va todo bien?

Me ha sorprendido ver a esos hombres armados.

Es que la situación no es fácil.

Y Gonzalo cree...

...que es necesario.

Parece que vuestra amistad con Gonzalo se ha estrechado.

Bueno, es nuestro socio.

Y habéis hecho grandes negocios gracias a él.

¿Y es eso malo?

Depende de las contrapartidas.

Tu prevención contra Gonzalo es excesiva.

Te dije que no debíais confiar en él.

Tu padre lo sabía tan bien como yo.

Gonzalo se ha portado bien con nosotros.

Porque le interesa.

Dime una cosa.

¿Qué pasará cuando quiera algo que no queráis darle?

Puerta

Adelante.

Está aquí don Rodolfo de la Fuente.

Hazle pasar.

Y diga a Catalina que está aquí. La señorita ha salido.

Rodolfo. -Gonzalo.

Cosas de la caza.

Siéntate, por favor.

Me temo que no podrás saludar a tu prima.

Ya habrá tiempo.

Y tampoco creo que vaya a dar saltos de alegría por verme.

Veo que sigues tan directo como siempre.

Y tú sigues dando vueltas, como es habitual en ti.

Pero llegaremos al centro del asunto, ¿no?

Dejémonos de protocolos. Quieres saber por qué compré tus pagarés.

No estaría nada mal. Tal vez por Irene. En recuerdo...

...la consideración que te tenía.

O porque siempre me has caído bien.

¿No podríamos dejar al margen los sarcasmos?

Vayamos directamente al grano.

A ti te gusta el jugo.

Depende.

Te ofrezco romper todos tus pagarés...

...y abonarte el importe de los mismos.

Pasarás de deber ese dinero a tenerlo en tus manos.

¿Dónde está el truco?

No hay truco. Ahora eres el legítimo propietario del título.

Ya.

Y quieres comprármelo.

Pues no entiendo por qué, primo.

Para todos el marqués de Castro eres tú.

Bueno, no es lo mismo entrar en la nobleza por matrimonio,...

...ser el consorte, que poseerlo por derecho.

Y ahora que Irene ha muerto...

...quieres comprarme ese derecho propio.

Es como si me fuera a estallar la cabeza.

Esto te calmará.

¿Tienes algo para el corazón?

¿Para el corazón?

¿Quieres que llame a Alejandro?

Ese dolor que tengo ahí no se calma con nada.

No sé a qué te refieres. Pues que me he enamorado.

Como si fuera un crío.

De la invitada de los Castro, Bianca.

¿Y por qué me cuentas esto a mí?

Tienes razón.

Tú tendrás cosas...

...más importantes en las que pensar.

Y te cuento mis penas. ¿Ella siente lo mismo?

Al principio es lo que parecía.

Pero muero solo de pensar que se ha cansado.

Si te quisiera de verdad, no se cansaría.

No lo sé.

Quizás debería dar un paso más, echar toda la carne en el asador.

Arriesgarme.

Pedirle que deje a su marido.

Y fugarnos los dos juntos.

¿Tú qué harías en mi lugar?

No lo sé, Pablo.

Muchas gracias igualmente.

-Señor Márquez. ¿Quería algo?

-Quería saber qué tal todo por aquí. -Pues bien.

Aunque sin medicinas poco hacemos.

-Firmé los pedidos. No os preocupéis por el dinero.

-Sí, claro. -Adiós.

Adiós.

-Que no nos preocupemos por el dinero.

Valiente niño rico.

Sin él esto no existiría.

Sin gente como él no habría otros problemas.

¿Qué te pasa? Te paga, te trata bien, ¿no?

¿Pues qué más quieres?

Siempre que hablamos de Pablo terminamos discutiendo.

¿Qué te pasa por la cabeza?

Mejor vamos a dejarlo.

Perdón.

Lo siento. Sé que no es una hora muy corriente.

-Doña Alicia no está.

¿Y Matilde?

-Tampoco.

Y las otras han salido.

-Vaya.

Pues qué lástima.

En fin, si no hay ninguna otra chica disponible...

-Espere.

-Sí.

-¿Le valgo yo?

Riki.

-Alicia. -¿Qué tal, Pablo?

-Estoy esperando a Bianca.

-No me des explicaciones.

Mi casa siempre está abierta para ti.

-Muchas gracias.

-¿Puedo darte un consejo de esos que nunca se siguen?

-Faltaría más.

-Olvídate de ella.

-Tienes razón, hay consejos que nunca se siguen.

Es demasiado tarde.

-Lola.

Rodolfo, tú por aquí. -Alicia.

Tu nueva adquisición, una maravilla.

No quiero a otra que no sea ella. Adiós.

-Buenas noches, Rodolfo.

¿Qué te crees que haces?

-Vino y no había nadie. -Creía que había quedado claro.

-Lo siento. -Puedes recoger todas tus cosas.

-¿Me está echando?

-Quien trabaja aquí y de qué lo decido yo.

-Hola, Conchita.

-Señorito Pablo...

Disculpe. Pasa.

La silla de Tordo, señor.

¿Qué hago con ella? Dile a Tomás que se la quede.

Era un excelente animal.

Estoy a punto de coger al hombre que intentó matarme.

Un prófugo de la justicia.

Va a coger un barco para América.

No lo cogerá.

Nadie que atenta contra mí en mis tierras...

...se marcha sin pagar un precio.

Puedes irte, se está haciendo tarde. Buenas noches.

(BORRACHO) Sírveme otra copa.

-Será mejor que no.

-¿Insinúas que estoy borracho? -Lo estarás...

...si sigues bebiendo. Pablo,...

...no vendrá.

-Llevo más de tres horas esperándola.

Y aún no he perdido la esperanza.

Es que soy idiota.

¿Le habrá pasado algo?

-Es más sencillo. Te ha dado plantón.

-Casi lo mejor será que me vaya a casa.

Sí, creo que es lo mejor. Buenas noches, Pablo.

-Gracias, Alicia.

Eres muy buena.

Adiós. -Adiós.

-Le he dejado su abrigo colgado en el armario.

-Gracias.

Bueno, pues...

Adiós.

-Conchita.

-Sí. -Hay que tener mucho estómago...

...para dedicarse a esto.

-Ya le dije que no tanto comparado con fregar suelos.

-¿Cómo estás?

La primera vez siempre es duro.

-No fue tan malo.

-Hagamos un trato: dejaré que trabajes aquí.

-¿De verdad?

-Pero te escogeré los clientes.

-Gracias, doña Alicia. No la defraudaré.

Ya sé qué vestido me quiero poner.

Puerta

¿Necesitas ayuda?

¿Dónde estabas, Catalina?

Tu primo Rodolfo aún no te ha visto.

Se me olvidó.

Espero que todo esté listo para la cena de mañana.

Claro que sí. Como siempre.

No me conteste que querías comprarle...

...el título.

¿Te parece mal? No.

Yo siempre he estado de tu parte.

Cuando vivía Irene y ahora.

Y yo te lo agradezco, Catalina.

Ya sabes que yo no sé hablar,...

...que soy torpe expresándome.

Eres menos torpe de lo que tú misma crees.

Gonzalo.

Yo... Yo por ti...

Quiero que sepas que...

Que puedes contar conmigo, que siempre voy a estar aquí.

Para lo que quieras.

Lo siento.

No pasa nada. Lo siento.

Escúchame. La muerte de Irene...

...ha sido un golpe duro, estamos algo desorientados.

Pero no ha cambiado nada más allá de eso.

Eres alguien imprescindible para mi vida.

Y sobre todo en alguien insustituible.

Buenas noches.

Que descanses.

Ríe

Pablo, estás borracho.

Y tú alicaída.

¿No te da vergüenza?

Toma, una flor. Son para ti.

Deja de hacer el tonto.

Venga. ¿Por qué?

Si siempre lo he hecho.

Además, tú eres la dura de la familia.

Bueno, no empieces.

¿Cuándo pensabas decirme que el marqués...

...está enamorado de ti?

¿Qué dices?

Gonzalo quiere cuidarte...

...y hacer de ti una señora.

Para tenerte lo más cerca posible.

Y así tenerlo todo.

Bueno, Pablo, ya está. Vamos.

¡Como dijo el duche! No.

Hemos rasgado todas las verdades reveladas,...

...escupido sobre todos los dogmas.

Y esto sí que es bueno.

Rechazado todos los paraísos. Pablo.

Y escarnecido a todos los charlatanes.

Ya, Pablo.

¿Estás seguro?

Claro como el agua.

Ha ido al bosque a avisarle.

Por un momento pensé...

...que el miedo no le dejaría hacer algo así.

Le dije que no era de fiar, que no debía meterle en su casa.

Prefiero tener a mis enemigos a la vista, es más seguro.

¿Avisará a la guardia civil? No.

Esto es cosa mía.

¿Qué quieres que haga?

Nada, tranquilo.

No quiero que se alarme.

No.

¿No qué?

Que todavía no.

¿Se ha despertado Pablo? ¿Pablo?

Se levantará por la tarde, tal y como llegó anoche...

Vicenta. ¿Qué?

¿El marqués sentirá algo por mí?

¿A qué te refieres?

A si siente algo más de lo que sentiría un padre.

Yo no puedo contestarte a eso, Victoria. No lo sé.

Quiero que me digas lo que piensas.

Lo que pienso es que visita muy a menudo esta casa.

Se ve demasiadas veces contigo. Y eso no está bien, está de luto.

Mamá decía que quería mucho a Irene.

Sí.

Se torcieron las cosas, pero la quería.

A su manera, la quería.

¿Se puede estar con alguien a quien no se quiera?

Yo creo que se puede.

Lo que no sé es si se debe.

Yo creo que es imposible.

-"Padre".

¿En qué puedo servirla?

Necesito aliviar un peso.

¿Hablamos en el confesionario?

El pecado no es mío.

¿Entonces...?

Tenemos que parar algo, padre.

Un compromiso que va a anunciarse si no hacemos algo al respecto.

El marqués de Castro y Victoria Márquez.

Puede impedirlo.

¿Por qué yo?

Todavía la quieres.

Aunque eso fuera cierto, soy sacerdote.

No debo oponerme a ese enlace.

Cuando Gonzalo quiere algo, no hay nada que le detenga, tú lo sabes.

Casarse con Victoria...

...es conseguir el control de los negocios de la familia Márquez.

Si sientes algo por ella, sálvala.

Pablo. ¿Aún no te has vestido para la cena?

¿Qué te pasa?

Bianca se marcha.

Gracias.

Pablo,...

...me gustaría que me explicaras lo que dijiste ayer de Gonzalo.

¿Ayer?

¿Qué te dije ayer?

Pablo, si hay algo importante, quiero saberlo.

No dejaré que nadie decida por mí.

No sé, Victoria.

Me duele la cabeza y no sé de qué hablas.

Me hablaste sobre sus intenciones. ¿De qué hablasteis?

De nada importante.

Si hablasteis sobre mí, quiero saberlo.

Germán me advirtió sobre Gonzalo.

-Pablo.

Tienes una visita.

-¿Quién es? -Una mujer. Se llama Consuelo.

Dice que es la madre de Encarna.

-¿Qué explicaciones?

-Las intenciones que tiene con ella.

-Perdone, señora, pero se confunde.

-No me chupo el dedo. Los libros, el regalito del dispensario. Vd. dirá.

-Admiro a su hija. Apoyo su vocación social, pero nada más.

-A ella la puede engatusar, pero a mí no me cuela gato por liebre.

-Le juro que ente su hija y yo no hay nada.

-Ahora se hace el inocente.

-Yo no quiero...

-No le rompa el corazón y si te he visto no me acuerdo,...

...como hacen cuando las preñan.

-Esto es de locos.

Marqués de Castro.

Se le puede llamar así oficialmente. Gracias por la colaboración.

Gracias por tu generosidad.

Solo se habla de tu invitado sorpresa.

Pensé que era yo, pero me descarté.

Sin título no tengo ni la mitad de gracia que antes.

Pablo, buenas noches. -Gonzalo.

¿Tu hermana no viene? Se estaba acabando de arreglar.

Pablo Márquez, Rodolfo de la Fuente, un familiar.

He oído hablar de usted. -Mal.

Gonzalo iba a revelarnos la identidad de su invitado.

Don Miguel Primo de Rivera. Buenas noches, general.

Ya se le puede llamar así. Don Rodolfo de la Fuente.

Un placer.

Y don Pablo Márquez, dueño de la mina de hierro.

-Encantado. Por favor.

-Querido general.

Tengo entendido que mi tío fue gran amigo suyo.

Pablo.

¿Y Victoria?

¿No va a venir?

Te noto un poco nervioso, Gonzalo.

¿Qué es eso?

-Es una nota para el marqués.

-¿No va a ir a la cena? -Eso parece.

-¿Te pasa algo?

-¿A mí? ¿Qué me iba a pasar?

-No sé. Parece que estás enfadado.

-No estoy enfadado, Vicenta, solo decepcionado.

Te creía valiente.

-¿De qué hablas?

-Una cosa es guardarse los sentimientos para uno...

...y otra avergonzarse de ellos.

No me avergüenza decir que me gustas mucho.

Pero ya veo que a ti sí.

Puerta

Debo hablar con Victoria. Es urgente.

Está en su habitación. Pasa.

¿Qué haces aquí? Necesito hablarte.

Es sobre el marqués.

¿Qué haces? No permitiré que hagas una locura.

¿Que no puedes permitir?

Él no te quiere.

¿Vas a venir a mi casa a decirme lo que tengo que hacer,...

...a prevenirme de quien no me quiere?

Sí. No quiero que cometas un error.

No. No quieres que quiera a nadie más.

No es eso. Casándose contigo el marqués controlará los negocios.

¿No lo ves?

¿Por qué te cuesta tanto decirlo?

"Victoria, te quiero".

"Estoy aquí porque te quiero".

"Y no podría verte con nadie". No es verdad.

No es verdad. Estoy aquí como sacerdote.

Estás aquí por celos.

No estropees tu vida.

¿Qué otro camino me has dejado?

Solo intento que abras los ojos, que veas lo que pasa.

Sé la vida que me espera al lado de Gonzalo.

Pero no te esperaré eternamente.

Lucha por mí...

...o déjame libre.

Esto no tiene que ver con nosotros, nuestra historia murió.

Olvídala. Está enterrada.

Pues si está enterrada, déjala descansar.

Y vete para siempre de esta casa.

¿Y no te alegras por tu hermano?

A don Enrique no le habrá sentado bien.

Ya se le pasará. Todo se pasa.

¿Me estás escuchando?

¿Dónde vas? -Al muelle.

Tengo que ver a alguien. -¿Ahora?

-Sí, madre. Sí.

Disparos

¿Y esos disparos?

Será el mismo furtivo de la otra noche.

¿Mando servir la cena? Esperaremos a que llegue Victoria.

¡Salvador!

Salvador.

-¡Eh, eh!

-Hijo. -¡Hijos de puta!

Tienes razón.

No podría verte en brazos de otro hombre.

Bianca, necesito hablar contigo.

A solas. -Interesante ese Primo de Rivera.

Pero ¿quién lo compara con el duche?

-Escúchame, Bianca.

Me he enamorado de ti.

Quiero pasar mi vida contigo.

Habla en italiano

-Bianca, tú y yo. -No te enteras de nada.

Mañana me vuelvo a Italia con Endo.

La subida al poder del duche Mussolini...

...no quiero perdérmela.

Salvador, hijo.

Buenas noches, señor marqués.

(LEE)"Lo siento, Gonzalo. No he podido acudir a tu cena".

"Perdóname".

Ya puedes mandar que sirvan la cena, Victoria no viene.

Campanadas

¡Traed más agua, rápido!

¡Toma! Rápido.

-Toma. -El agua.

Más agua. ¿Y mi madre y mi hermano?

¿Dónde están? Se los ha llevado el médico.

¡Ángel! Espera.

Déjale, es mejor que vaya solo.

Venga. Llamad a más gente.

Rápido.

-"Si vuestra alma menospreciara mis derechos...

...no ejecutando todos mis mandamientos...

...e invalidando mi pacto, yo también haré con vosotros esto".

"Enviaré terror,...

...extenuación y calentura...

...que consuman los ojos y atormenten el alma".

Y si no fuerais corregidos, sino que anduvierais conmigo en oposición,...

...yo también procederé con vosotros en oposición.

Y os castigaré aún siete veces por vuestros pecados.

Y traeré sobre vosotros espada vengadora.

Enviaré pestilencia entre vosotros...

...y seréis entregados en mano del enemigo...

...por cuanto menospreciaron mis derechos.

Porque yo, Jehová,...

...soy vuestro Dios.

  • Capítulo 9

La Señora - Capítulo 9

29 nov 2012

 Por sus acciones, Gonzalo parece decidido a convertir a Victoria en su futura esposa. Sin embargo, el amor reprimido entre Ángel y Victoria acaba por imponerse y ambos se rinden, dando rienda suelta a su pasión.

Histórico de emisiones: 01/05/2008

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  1. Alfredo

    "Lucha por mi, o déjame libre", Victoria Márquez.

    31 dic 2012