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No recomendado para menores de 7 años La Señora - Capítulo 7 - Ángel y Gonzalo hicieron un pacto: si el joven se ordenaba sacerdote el marqués liberaría a su hermano - ver ahora
Transcripción completa

Solo quiero a mi hermano conmigo.

Con eso me conformo. Claro.

Recuerde su compromiso.

Padre.

Bendición.

Muy interesante.

Al fin, hermano,...

...al fin.

¿Cómo estás?

Vivo.

Han pasado muchas cosas.

Madre está deseando verte.

Vamos a casa. Espera.

Solo un momento, por favor.

Puerta

¿Quién llama?

Alguien que tiene ganas...

...de abrazarla, madre. ¿Qué pasa, hijo?

Salvador.

Salva.

Hijo.

¿Qué te han hecho, hijo?

¿Qué te han hecho? Venga, madre.

Tenemos apetito. Sí, claro.

Venga, pasad.

De haberme avisado os hubiera preparado algo contundente.

Para mí sola me conformo con poco. Seguro que algo inventa.

¿Un poco de sopa caliente? Una sopa está bien.

Sí.

Sí.

Menuda semanita llevamos, es un no parar.

-Pues así serán todos los días hasta que pase la fiesta.

-Ya y lo de dar los trastos no pudieron pensarlo en otro momento.

La casa llena de cajas. -Si no os quejáis os cundiría.

La señorita tiene...

...derecho a celebrar su cumpleaños. No siempre se cumplen sus años.

-No, yo ya los veo muy lejos.

-Tú de eso ni te acuerdas.

-Me acuerdo más que otras. -¿Ya vas a empezar?

¿Dónde se habrá metido esta?

-¿De quién hablas? -Pues del castigo que me cayó.

-¿De Conchita? No la he visto.

-Se me ha escapado. -No.

Está con la señorita.

-Ya, voy a verla.

-¿Qué le pasa con Conchita?

-Creo que en el fondo no la quiere mal.

Pero anda un poco alterada.

-¿Alterada, por qué?

-Por quién, más bien.

-¿Por lo del cura? -Que no, niña, que no.

¿Qué hago con estos?

-Déjalos ahí, en esa caja.

-Qué generosa donando tantos vestidos.

Los pobres de la parroquia se lo agradecerán.

Enrique los repartirá entre quien los necesita.

-Falta hace con tanta escasez.

-Y tanto, que se le llena la iglesia de pobres.

Ahora tendrá ayuda con el nuevo.

Qué bien te queda ese vestido, pruébatelo.

¿De verdad?

Sí, llévatelo a tu cuarto.

-Yo creo que deberías dejar...

...de jugar y ponerte a trabajar.

La señorita se deshará de cosas...

...para que las usen los necesitados. Bueno, no seas tan dura.

Fue idea mía. Además, ¿qué más da un vestido más?

Llévatelo a tu cuarto y baja esta caja.

Anda, venga.

Ya hablaré luego contigo.

Haces mal. Tiene la cabeza llena de pájaros.

Es joven.

Va para 19, no tanto.

Y es más lista que el hambre. Demasiado.

Si quieres quedarte con algo es el momento.

Me quedo con Pepita.

Era la favorita de mamá.

Victoria, ¿seguro que quieres desprenderte de todo esto?

Sí.

Cuando acabemos, avisa a Justo para que se lo lleve todo.

Muy bien.

Las pérdidas son una señal de alarma.

Debe seguir guardando...

...reposo absoluto. -Este niño...

...nacerá sano y fuerte.

-Para que eso sea así tómate en serio mis recomendaciones.

Está muy débil, me preocupa. Descuide.

Catalina y yo nos encargaremos...

...de que le haga caso. -Puede confiar en ellos.

Mi marido es muy atento.

Y Catalina...

No sé qué hubiera hecho sin la ayuda de mi hermana.

Se ocupa de mis asuntos y es buena enfermera.

¿Verdad, cariño? Claro.

-Está bien.

Les daré una lista de alimentos.

Verduras, aceite de pescado,...

Pero lo más importante es el reposo.

Solo puede estar tumbada o sentada.

Nada de bajarse de la cama.

Ahora tengo prisa.

Pero deben tomar nota.

-Bien, explíquemelo mientras le acompaño.

Gracias, doctor.

-Adiós, Irene.

-Gracias.

Esta vez sí, Gonzalo.

Estoy segura.

Claro que sí.

¿Lo has notado? Sí.

¿Y qué? Parece que no tienes...

...sangre en las venas.

-¿A qué viene esto?

-Viene a que si alguien habla de mí como yo hice contigo...

...me enfadaría. -No merece al pena.

-Ay, Justo, perdóname.

No sé qué me pasó, enloquecí.

No era mi intención hacer daño.

-Ya lo sé, no tienes por qué disculparte.

-Sí que tengo.

Sí, no me he portado bien, Justo. -Vamos, vamos.

Que no es para tanto.

-¿Cómo que no, metiendo ideas locas a Vicenta?

A quién se le ocurre, si tú eres...

...como de la familia. -Tampoco hay que exagerar.

-Pero cómo vas a pretender tener algo más.

Eres como un hermano.

-Bueno, ya está bien.

He servido aquí media vida pero soy un hombre, aunque no lo veáis.

Soy un hombre.

Un hombre como cualquier otro.

-Lo sabía.

Dígale al señor Márquez que estoy aquí.

-¿Y usted es? -Dígale que soy la italiana.

Vamos, chica, presto.

Presto.

Se llama Alfonso.

Es como uno más de la familia.

Aunque ya está mayor el pobre.

-En el fondo sois una familia de excéntricos.

-Puede ser.

-Tu casa es molto bella, distinta a la de Gonzalo.

-No tenemos mucho que ver con el marqués.

-Sí, ya sé que no te gusta Gonzalo.

Me lo contó mi esposo.

-¿Y qué más cosas te ha contado?

-Que eres un joven inteligente.

Lleno de posibilidades.

Tardaste mucho en bajar.

Demasiado.

¿Es que no te intereso?

-Si me hubieras mandado el recado de tu visita estaría preparado.

-Caro Pablo.

Yo nunca sé lo que voy a hacer.

Y nunca... nunca aviso.

¡Juan! ¿Qué hacían las ventanas...

...abiertas ahora? -La seño...

-Da igual quién las abra.

Y quiero que la bebida esté guardada. Que no lo tenga que repetir.

Puedes retirarte.

¿Algún problema?

Nada.

Este piensa que todo el monte es orégano.

Creí que era de tu agrado.

No lo es quien tú quieres. ¿Esto a qué viene?

Ya lo sabes.

Catalina,...

...Bianca se quedará en casa lo que quiera.

Que nunca será poco.

No entiendo el drama.

Son sus formas, me saca de quicio.

Sabes que tenemos negocios que atender.

Eso no son negocios, es política.

No sabes de qué hablas. No es solo hablar...

...con militares.

Escúchame.

Hay mucho más en juego de lo que crees, te necesito a mi lado.

No me pidas más de lo que te puedo dar.

Me gusta sentir...

...el frío en mis pies.

Estar en contacto con la tierra.

-No deberías hacerlo.

Los suelos son fríos.

No quisiera devolverte enferma a tu marido.

-Yo soy una donna sin propietario.

Ni Gonzalo ni nadie...

...puede devolverme.

Juguemos, Pablo.

¿O eres un ratón?

No besas como un ratón.

Pero ¿sabrás hacer más cosas?

Ya puede sentarse, padre.

Se va a chupar los dedos. -Qué manos tienes.

Dios te las guarde.

-Gracias.

Monseñor está entusiasmado contigo.

Con tu formación, las puertas del arzobispado se te abren.

No sé, tengo mucho que aprender. Claro.

Pero para eso necesitas maestros.

Si yo hubiera tenido tus opciones.

Hazme caso, estás llamado a hacer grandes cosas.

-Haz caso del padre Enrique, sabe lo que te conviene.

-Hola, Salvador.

Tu madre es feliz...

...al tenerte.

Refúgiate en la familia, hijo.

Es el marco para ser feliz.

-Anda, hijo.

Siéntate y come con nosotros.

-No traigo hambre, me acostaré.

-Pero tienes que comer.

-Perdóneme, padre.

-No es el mismo de antes.

No sé lo que le han hecho, pero no es el mismo.

-Ten fe, Amalia, ten fe.

Aunque te parezca un contrasentido, quizá lo que le ha pasado...

...sea lo mejor. -Yo no sé, pero...

...le veo tan triste... Es como si anduviera muerto en vida.

Si al menos pudiera volver a la mina.

-No están bien las cosas en la mina.

Desde que tú no estás...

...andan muy revueltos.

¿Qué ha pasado?

Pensé que lo habían calmado.

El marqués ha tomado las riendas con buen criterio.

Él intenta modernizar las cosas. Lo sé bien.

Pero los trabajadores no responden, no confían en él.

Quizá no les falte razón.

La razón solo le pertenece a Dios.

La Iglesia debe velar por los intereses del alma.

Las cuestiones materiales no son para nosotros.

-Vamos a dejarlo y a comer.

-Tu madre tiene razón.

Demos gracias a Dios por lo bueno.

Sobre Salvador, ya encontraremos algo.

Por no hablar de los Urquijo, que de estirados se pasan.

¿Y vas a invitarlos a todos?

Bueno, una fiesta es una fiesta.

Qué suerte tienes, hija.

Como no rindes cuenta a tus padres...

...lo tienes todo más fácil.

Perdón, quiero decir que...

Que mi madre controla cada paso.

Y buena es administrando gastos.

Ahora todo es para el ajuar.

-Huy.

¿Es que no nos has contado algo, Isabelita?

-No es que tenga novio ni nada así.

Pero hay que estar listas.

-El caso es que estás estupenda desde que dejaste el luto.

Y con esos vestidos tuyos que son divinos.

¿Cuál te vas a poner?

No sé, aún no lo he decidido.

¿Podemos ir a tu cuarto a escoger vestido?

Por favor, di que sí, venga.

Está bien.

Mira.

Había pensado en ponerme el azul para Pablo.

-Chicas.

Enseguida estoy con vosotras.

-Muy bien.

Si tuvieras trabajo, otro gallo cantaría.

Y dale. ¿No buscas otra cosa?

Hay muchas bocas y no me encargaré de todo.

Mis hermanos son asunto mío.

Que no se te olvide. Si no, ya sabes.

Como si fuera algo nuevo. ¿Qué dices?

Nada. Sí.

Lo has dicho y bien que lo he oído. Déjalo, siempre igual.

Maldita sea la hora en que me casé con tu padre...

...y me dejó a sus hijos como regalo.

Te casaste porque creías que tenía más.

No vengas con cuentos. Me casé.

Y soy la madre de tus hermanos, no lo olvides.

Ya está ese otra vez.

Me marcho. No.

No voy a seguir mintiéndole por ti.

A ver si al menos sacas algo.

-Encarna.

Ven aquí.

-¿Sí, señorita?

-Necesito que me cuentes algo.

Necesito saber...

...si don Hugo viene a esta casa.

-No puedo hablar de eso. -Tonterías. ¿Son de don Hugo?

Está bien.

Esto es suficiente.

Y no tires más de la cuerda...

...a ver si me arrepiento.

Responde a lo que te he preguntado.

Son de don Hugo, ¿verdad?

-Sí, señorita.

-¿Cuántas veces ha venido?

-Casi cada día.

Siempre por la tarde.

-¿La ronda?

¿Y ella consiente?

-Sí, señorita.

Ella consiente.

-Está bien, puedes irte.

-"Déjame ayudarte".

Puedo hacer que te admitan en la fábrica.

No hables con ese desgraciado.

Escúchame, lo he estado pensando.

Mi familia tiene una casa que era de mi madre.

Y se podría acondicionar.

Acondicionar.

¿Para qué?

Para montar un dispensario médico.

Eso sería ayudarles en lo que necesitan.

Me gustaría que estuvieras al frente. ¿Qué te parece?

¿Por qué haces todo esto? ¿Por qué hago el qué?

Vuélvete a tu casa con tu gente.

Con cualquiera que te pongas estarás fantástica.

Qué exagerada eres, mujer. Pues claro que no.

¿Qué hombre no querría estar contigo? Mira este.

"¿Qué hombre no querría estar contigo?"

"¿Qué hombre no querría estar contigo?"

"Las cosas han cambiado. ¿Qué ha cambiado? No entiendo".

"Vuelvo al seminario. ¿Qué?"

"Vuelvo al lugar del que no debí salir".

"Me estás engañando, es una broma".

"No puedo negar el camino que Dios eligió para mí".

Oye, si tú no te lo pones, igual me lo pongo yo.

-¿Te pasa algo?

No, nada.

Entonces enséñame tus vestidos. Sí, claro.

Habrá que distribuir todo esto.

Ya verás qué lío se nos forma. Tranquilo, yo me encargo.

No, te ocuparás de otras cosas.

Hay que poner en marcha las metesillas.

Están deseando estar ocupadas.

Me hace gracia que llame así a sus fieles.

Mejor eso que llamarlas beatas.

Que por cierto ya me hacen cola en el confesionario.

Señor, qué cruz, todo el día con los mismos pecaditos.

¿Estás seguro...

...de que no quieres confesar? Has de hacerlo.

Esperaré, no estoy listo.

Claro, hijo, todo se andará.

¿Qué le pasa, padre? ¿Por qué preguntas?

No sé, le noto distinto, animado.

Me alegra tenerte aquí.

Ángel, no te preocupes.

Verás cómo lo de Salvador se soluciona.

Nunca le había visto así.

Está todo demasiado reciente.

El tiempo cura las heridas. Hasta las más profundas.

Si estuviera ocupado con algo.

Encontraremos algo para él. Eso corre de mi cuenta.

Y dejemos la conversación, que toca la obligación.

Ora et labora.

Si la cojo, te juro que la mato.

-¿Qué ha hecho? -Lo que no debía.

Me la ha mandado el diablo.

¿Qué habré hecho para merecer esto?

-Vaya lío con las visitas, si no son amigas...

...es el...

-Es la gota que colmó el vaso.

-Pero si no he hecho nada. -¿Ah, no?

¿Y esto...

...qué es?

Has aceptado dinero a cambio de contar intimidades.

Debería despedirte ahora.

-No va a hacer falta, me marcho yo misma.

-Vamos, tranquilizaos. -No.

No tengo nada que hacer. -Más floja que tú no vi.

-A ver si creyó que me iba a quedar pudriéndome como una fruta.

Ni hablar. -Ya sabes dónde está la puerta.

-Espera, niña. Conchita.

Conchita.

Ya está.

¿Querías despedirla? No te hizo ni falta.

-Y yo me lo creo.

En menos que canta un gallo, vuelve a pedir trabajo.

Si la conoceré yo.

Pues sí, precisamente el otro día estuvo visitándome... Gracias.

El capitán Caloto.

¿No estaba destacado en Annual con Silvestre?

Parece ser que gana terreno espectacularmente.

Es un gran militar, sin duda. -Señores, por favor.

No hablemos de la guerra.

-A diferencia de mi sobrino, me fascina el coraje de los soldados.

Enfrentarse cara a cara con la muerte.

Nuestros soldados defenderán las posiciones.

-Hay más formas de defender la patria.

Pero solo una es propia de un valiente.

-Señores.

Por favor.

Estamos en buena compañía.

Has estado algo perdido. Sí.

He estado ocupado. Visitando a los Márquez.

-Por fortuna, todo vuelve a su cauce.

Me temo que mi hijo ha colocado sus aspiraciones en la mejor mujer.

-Las mujeres...

...causan más estragos que la guerra. -El sabio.

Qué sabrás tú de mujeres. -Tranquilízate, padre.

Es lento, pero seguro. Pronto anunciará su boda.

-Que sea verdad. Un problema menos. Por lo pronto me conformo, hijo,...

...con que todo vuelva a la normalidad con Victoria.

¿Sabes cuál es el problema?

Querer aspirar a lugares que nos vienen grandes.

-Si nos disculpáis, tengo asuntos que tratar con mi primo.

-Señores.

¿Qué le has hecho para que te hable así?

-A saber qué mosca le ha picado. No importa.

Mi interés está en Victoria.

-¿Y eso? -Mira lo que le compré.

¿Crees que esta vez lo conseguirá?

Tenemos mucho cuidado.

Ella guarda reposo y el doctor la visita a diario.

Es la primera vez que llega a un estado tan avanzado.

Quizá esta vez sea verdad.

¿Y ella cómo está?

Mejor, parece la misma de antes.

Pero tú no.

Yo hace tiempo que perdí a mi esposa y ahora...

Ahora me cuesta volver a tenerla.

Es como si me fuera a despertar.

¿El doctor opina lo mismo?

El doctor se muestra prudente.

Y yo ocupo el lugar de amante esposo.

Y de perfecto anfitrión, según me han dicho.

Bianca resulta incómoda, pero no hay otra.

Tengo negocios, por mucho que se altere mi cuñada.

No te engañes.

Las razones de ese nerviosismo están más en su hermana...

...que en tu invitada.

Hablando de invitados, hace mucho...

...que no vienes con tu perrito faldero. ¿No te tratas con él?

No pensaba que fuera santo de tu devoción.

Me han dicho que visita a los Márquez.

Supongo que rondando a tu socia.

¿El noviazgo ha rebrotado?

Ni lo sé ni me importa.

Por supuesto, ¿por qué...

...iba a importarte?

Voy a buscar a Matilde, te veo un poco nervioso.

Alicia.

Pero ¿qué te pasa?

Nada, estoy bien.

A veces me pasa.

Necesitas que te vea un médico.

No digas tonterías, se pasará.

Abre la ventana, por favor, estoy bien.

Tararea

¿Quién está abajo? -Don Enrique.

-¿A estas horas y qué quiere?

-Tiene asuntos con Gonzalo.

-A saber.

Seguro que querrá sacarle algo.

Espero que este aceite de pescado...

...haga mucho bien a mi hijo porque es un suplicio.

-Va, Irene, de un trago.

-Ya pasó.

Gracias.

Espera un segundo, hay algo que quiero pedirte.

Ocúpate por mí del regalo de Victoria.

-¿Un regalo, por qué?

-¿No te lo comentó Gonzalo? Nos ha invitado a su cumpleaños.

-Bien, pero no tenías que molestarte en pedírmelo.

Según llegara la invitación hubiera comprado algo.

-Por supuesto, querida.

Siempre te encargas de todo.

Pero esta vez será diferente.

Gonzalo y yo ya hemos decidido el regalo.

Tú solo tienes que recogerlo y asegurarte que Gonzalo lo lleve.

-Irene,...

...¿no te molesta que Gonzalo tenga interés en hacerle un regalo?

-No, ¿por qué?

Quiere hacerle un regalo fabuloso para que vean que somos espléndidos.

Ay, Catalina, los Castro estamos...

...por encima de esa chusma. Y más ahora que tenemos que celebrar.

-Claro que sí.

Descuida, me encargo. ¿Necesitas algo más?

Con esa en casa, se me acumula la tarea.

-Ten paciencia, verás que todo acaba pronto.

-Sí.

Disfruto tanto de estos puros, que a veces creo que es pecado.

Según tengo entendido, es uno de los pocos placeres que no lo es.

Falsos placeres.

Solo son falsos placeres. Por supuesto.

Pero no creo que haya venido solo a fumar conmigo.

Dígame, no prolongue más mi curiosidad.

En realidad, amigo,...

...lo que hagas por un cristiano es como si lo hicieras por mí.

¿Y puedo preguntar qué cristiano es?

Se trata de Salvador Ruiz.

Ya le he sacado de la cárcel.

Teniendo en cuenta el daño que ha hecho a mi negocio, no merece más.

¿Qué mensaje daría a los demás trabajadores?

Un mensaje de misericordia que beneficiaría su imagen.

Seamos sinceros, hijo mío.

Todos sabemos que esas acciones resultaron de gran utilidad...

...para que se cumpliera...

...el deseo de ambos sobre Ángel.

Y seguro que ese hecho...

...no ha pasado desapercibido para todos.

¿Adónde quiere llegar?

La cárcel hizo mella en Salvador. No podrá...

...trabajar en la mina.

Un hombre de su edad sin empleo, en una familia pobre.

Si le ofreciera un trabajo que él pudiera realizar,...

...nadie pondría en duda la bondad de sus intenciones.

Si todos los curas fueran tan persuasivos,...

...la Iglesia no tendría problemas.

Puede trabajar...

...de mozo en las oficinas de la mina...

...o a mi servicio en el palacio. Gracias, hijo mío.

Eres un buen hombre y un buen cristiano.

Pero padre,...

...no olvide nuestro trato.

Su ayudante debe mantenerse fiel a su vocación, nada de desmanes.

No se preocupe el señor marqués.

No se preocupe.

Vete a buscar leña.

-Pero si hay de sobra.

-Haz lo que te digo, contra. Venga.

Venga ya, apura.

-Si vuelves con eso, me voy.

-No digas tonterías, necesito hablarte de otra cosa.

Sabes lo que ha pasado, ¿no?

-¿Qué?

-Que tu Vicenta enloqueció y se subió a la parra.

-¿Mi Vicenta? -Tu Vicenta ha echado...

...a Conchita. Ni hizo falta.

-¿Conchita se ha ido?

-Lo raro sería que se hubiera quedado tal como le arreó.

-¿Y eso qué tiene que ver conmigo?

-Vamos a dejarnos de tonterías.

Podéis mirar para otro lado, pero solo hay una verdad.

Y es que estás colado...

...por Vicenta.

Que conste, al principio me chocó.

Pero más vale tarde que nunca.

Tú la quieres, ¿no?

Pues si llegas a tardar más, no lo contamos.

El caso es que estoy convencida...

...de que ella también.

-¿Tú crees?

-Sí, pero hay que empujarla.

Ella no se va a decidir.

Así que ya sabes tú te acercas a ella,...

...te decides y cuando la tengas tierna,...

...me la convences para que traiga a Conchita.

Fíjate si tienes tarea.

Venga, donjuán.

Ya le dije a Gonzalo que no era necesario.

No lleva anillo, ¿no está casado?

-Me lo quito para hacer exploraciones.

Y a veces se me olvida.

No vaya a pensar... -No se preocupe, doctor.

Conozco a los hombres, distingo al bueno...

...con mirarle a los ojos.

Es grave, ¿verdad?

-¿Por qué piensa eso?

La exploración ha sido normal.

Lo que le pasa, señora, es propio...

...de su edad.

Son cambios naturales.

-Escúcheme, cierto que no soy una de esas mujeres que usted trata,...

...conozco mi cuerpo y esto no es normal.

-Menopausia.

Su etapa fértil está por concluir.

Ni más ni menos, eso es lo que le pasa.

-Pero si todavía soy joven.

-Desde mi experiencia le diré que varía de unas mujeres a otras.

Pero lo importante es que está sana, que no hay...

...de qué preocuparse.

Le he escrito unas recomendaciones que pueden aliviarla.

Beber infusión de cebada, hacer ejercicio...

-¿Ejercicio?

-También le diré...

...que busque médico.

A mí me es imposible asumir más pacientes.

Lo de hoy es una excepción.

-Comprendo.

Dígame cuánto le debo por su visita.

-No se preocupe.

El marqués ya se ha ocupado.

Y a fin de cuentas esta visita...

...me ha dado una excusa para conocerla a usted y a su casa.

-Está usted invitado a venir siempre que quiera.

-Yo...

...no debo... no puedo.

No soy de ese tipo de hombres.

Pero gracias igualmente.

No se moleste, sé el camino de salida.

-Doctor Freire.

-¿Sí?

Gracias.

¿Cómo está Irene? Estamos todos preocupados.

Bueno, mi esposa es una mujer de salud frágil, ya sabes.

El médico dice que debe reposar.

Pero ella está ilusionada con la idea de ser madre.

Es normal.

Tiene que ser un momento feliz para ambos.

Hermosas flores.

Las trajo Hugo de Viana.

Un joven muy atento.

Y muy insistente.

En poco tiempo te convertiste en mujer.

Necesitas un hombre...

...que esté a tu altura.

Bueno.

Vicenta se encarga de recordarme que aún soy una niña.

Una niña que tuvo que crecer demasiado rápido.

Disculpe, señorita.

Tiene una visita.

Hugo.

-Victoria. Gonzalo.

Precisamente hablábamos de lo rápido...

...que pasa el tiempo. Dentro de poco será su cumpleaños.

Pero pasa, siéntate.

Golpes en una puerta

"¡Abre la maldita puerta!"

¡No!

¡No!

Pero ¿en qué pensabas?

¿No te das cuenta que no tengo...

...otra cosa que darles? Sin tu trabajo, ¿qué comeremos?

No tengo qué darles y te haces la digna con el señorito.

Si tuvieras lo que hay que tener, te tragarías tu orgullo.

Como hacemos todas.

Justo, qué bien que estés aquí.

Pensé en retirar el sofá,...

...habrá más espacio y estarán más cómodos.

Quiero ver el efecto. ¿Me ayudas? -Sí.

-Coge por ahí.

¿Te has hecho daño? A ver.

¿Te duele?

-No es nada.

-Teníamos que haber llamado a Carlos.

-No debiste dejar que Conchita se fuera.

¿Cómo te apañarás para la fiesta?

-Ya me las apañaré, ya.

Voy a llamar a Carlos.

Tú y yo no podemos.

-Pero Vicenta...

Señor, qué angustia.

-¿Seguro que estás bien? -¿Tengo pinta de estar bien?

Puerta

Vete a ver quién es, no te quedes ahí.

-Sí, hija, cómo estás.

-Dios mío, parezco una estufa.

-Quiero ver a la señora Alicia.

-Una chica pregunta por ti.

-¿Qué chica?

¿Qué quiere? Maldita sea.

Ayúdame. -Solo quiero...

...trabajar.

-¿Quién te ha dicho que puedes pasar?

-Perdón, creí que debía seguirla.

-Lo siento, no necesito a nadie.

-No puede venirle mal una chica más.

-Eso lo decido yo, ¿no crees?

-Soy muy trabajadora.

-¿De dónde sales, criatura?

-De casa Márquez, señora.

-Cierto, servías allí.

-Pero no me trataban bien.

-Me extraña mucho.

Pero más me extraña que hayas podido pensar que esto es lo tuyo.

De la cofia a la cama, bien. -No me conoce.

-Conozco a otras como tú. No durarías más que el agua en una cesta.

-Déme una oportunidad. Demostraré que se equivoca.

Quería hablar contigo, Hugo.

¿Cuáles son tus intenciones con Victoria?

Puedes ser sincero.

Sabes lo que siento por ella desde el primer momento.

No puedo ser más claro, Gonzalo. ¿Por qué debo darte explicaciones?

Me preocupo por ella como si fuera hija mía, su felicidad me importa.

Te aseguro que también para mí es importante.

No fue así en el pasado, ¿verdad?

Pero bueno, es momento...

...de mirar al futuro, ¿no te parece?

Vaya.

Don Enrique, qué sorpresa.

No solemos verle por aquí.

-Tenía que recoger el donativo y tenía que saludar...

...a los feligreses.

Por supuesto.

Además, quería traer al padre Ángel.

A partir de hoy será mi mano derecha. Ustedes le conocen.

Por supuesto.

El domingo Ángel...

...oficiará su primera misa.

Espero verles ahí.

Está hablando con buenos cristianos. Padre Ángel.

Ya conoce al señor Hugo de Viana.

-Señores, voy a marcharme.

Me temo que la compañía no es muy grata.

Hugo.

Creía que estaba claro que dejaríamos atrás el pasado.

Discúlpenle, señores,...

...aunque se empeñe su padre, el joven no sabe estar a la altura.

Me alegra encontrarle.

Tengo una consulta.

¿Es cierto que contrata niños para la mina?

Aumenta la producción.

Se abren galerías estrechas.

Donde solo entran niños.

¿De dónde sacó eso? De madres que rezan por sus hijos.

No creo que sea asunto suyo.

No, pero a Pablo Márquez le gustaría saberlo.

¿Sí?

Me temo que Pablo está muy ocupado para atenderle.

¿Tan seguro está de eso? -Señor Marqués.

Nosotros tenemos que retirarnos.

¿Te has vuelto loco?

Te recuerdo que el Marqués ha empleado a tu hermano.

No tiene nada que ver. Todo tiene que ver.

Yo que pensé que podía confiar en ti.

Esos niños no deberían trabajar.

¿Crees que puedes cambiar el mundo?

Ahora eres un sacerdote y tienes...

...que comportarte como tal.

Don Enrique.

Padre.

¿En qué podemos atenderte?

Quería hacer el donativo anual.

Claro.

Y me gustaría invitarle...

...a mi fiesta de cumpleaños.

Usted también está invitado, padre.

Ya veremos, hija, tenemos mucho que atender.

Claro.

Lo que nos faltaba.

Estarás a cargo de las cuadras, nunca pases por aquí.

Entrarás y saldrás por las cocinas.

Si necesitan algo, habla con Juan.

Cuidado con los caballos, especialmente el pintado.

Al último mozo le molió a palos.

¿Te entiendes con los caballos?

-No mucho.

-Entonces ¿por qué Gonzalo te manda a la cuadra?

Salvador, escúchame bien,...

...ahora te vas a la cuadra y te pegas a Tomás.

Pregúntale tus dudas.

¿Vale?

-Gracias.

Mi madre me habló de usted.

Y no se equivocaba.

-¿Cómo está?

-Mejor desde que he vuelto.

-Nunca tendría que haber dejado esta casa.

Venga va, ve con Tomás.

Y recuerda lo que te he dicho.

Si no, tendremos problemas.

-Descuide. Hombre.

Mi nuevo mozo.

Pero ¿cómo? -Como lo oyes.

Preocupada por su mano y él me pregunta por esa calamidad.

-Yo se lo pedí.

Pensaba que le harías más caso.

-¿Por qué iba a hacer eso?

-No me hagas decirte lo que sabes.

-¿Lo que ya sé de qué?

A ver, dilo si tienes valor.

-Tú sientes por él lo mismo que él por ti.

Pero ninguno de los dos...

...queréis daros cuenta. -Mira...

-Mira, mira.

¿Qué sabes?

-A ver, habla.

¿Te comió la lengua el gato?

-Ha estado buscando trabajo.

-En casa de los López, te lo decía yo.

-Conchita ha ido a casa de... Alicia Santibáñez.

-A casa de esa.

-Ay, mi niña.

¿Qué te ocurre, Catalina?

Mi hermana...

...me ha pedido que recoja un regalo. ¿En qué joyería?

Ya sé que piensa que estoy ocupado y que no me dará tiempo. Ni caso.

No va a pasar.

Me sorprendió cuando me lo contó.

No sabía que preparara una fiesta.

Pablo Márquez...

...nos lo contó y hablando con Irene lo recordé.

Le gustan estas cosas.

La pobre se aburre tanto...

...encerrada todo el día en la habitación...

No sabes cómo la entiendo.

Y siento que vayas solo.

Siempre vas solo a estas cosas.

Son mis socios, no puedo faltar.

-Supongo que habláis de la fiesta de Victoria Márquez.

El otro día me invitó.

En persona.

No te preocupes por Gonzalo, ya no irá solo.

-Bien.

Ya es tarde, me voy a retirar.

Que descanses, Catalina.

Buenas noches.

-Buenas noches.

Qué triste.

¿Por qué lo dices?

Lo es cuando se ama y no se es correspondido.

Vas demasiado lejos.

Siempre, querido, siempre.

Como con tu...

...querido gobernador.

¿Qué te dijo?

Parece fascinado con la idea de firmar...

...un convenio de colaboración con mi esposo.

Quiere pasar a la historia como el político...

...que modernizó el ferrocarril en el norte.

¿Y la línea pasará...?

Por tus tierras.

Per te, Gonzalo.

Y por tus negocios.

¿No duermes?

Ya no duermo como antes.

Tienes que intentar superar esto.

Siempre jode más que te peguen cuando acabas de coger el primer sueño.

Yo siempre he soportado bien los golpes.

Pero te destrozan la mente.

Tú lo llamarías el alma.

Pero ya sabes que no creo en esas cosas.

Lo que te han hecho no tiene nombre.

Pero tienes que dejarlo atrás.

¿Y qué me dices de lo que te han hecho a ti?

¿Qué quieres decir?

Apareces vestido de cura.

Me sacan de la cárcel.

Trabajo en casa del marqués.

Puede que esté jodido, pero no soy idiota.

Y tengo memoria, Ángel.

¿Qué pasó con Victoria Márquez?

Que decidí volver a mi camino.

Esta es mi vocación, no tengas duda.

Ahora piensa en ti y supera lo que te ha pasado.

Perdona a quienes te lastimaron.

El problema es cómo perdonarme a mí.

¿Puedes confesarme?

Soy tu hermano, Salvador, puedes contarme lo que sea.

No.

Necesito un cura.

Reza en susurros

Se llamaba Venancio.

Era del sindicato.

Todos decían que era un chivato.

Que le iba con el cuento al capataz de lo que hacíamos.

Alguien me dijo...

...que nos cogieron por su culpa.

¿Por qué me lo cuentas?

Me juró por Dios que nunca dijo nada de mí.

Y me pidió por favor...

...que hablase con los chicos.

Que le salvase el pellejo.

Yo le insulté.

Le escupí en la cara.

Le dije que se podía ir al infierno.

Al día siguiente...

...le encontraron colgado de una lámpara.

Fue por mi culpa.

Ego te absolvo.

In nomine patri et fili...

...et espiritu sancti.

Buenas tardes, padre. -Buenas tardes.

Hola, buenas.

-¿Lo ves? Te dije que iba a venir.

-¿Qué dices? Eso lo decía yo.

Tú decías que no se atrevería. -¿Cómo voy a decir yo eso?

Anda que no, si es un desahogado. -¿Qué importa eso? Mira.

Qué increíble.

El cumpleaños de su hermana y no nos saluda.

-Sobre todo, a ti.

Mira, ahí está Hugo. Hugo.

Pensábamos que no llegabais, qué suplicio.

Con tanta chusma.

¿Por qué no confía en mí?

¿Por qué no voy a confiar en ti?

Ella nos ha invitado a su fiesta y no podíamos faltar, ¿no crees?

Pablo.

Guapa.

Gracias por venir.

-Felicidades. -¿Cómo perdérnoslo?

Estás guapísima. Gracias.

-A nadie le sentaría el vestido...

...como a ti.

Padre.

Feliz cumpleaños. Gracias.

Gracias por venir.

Feliz cumpleaños, hija.

Gonzalo.

No me hubiera...

...perdido tu cumpleaños por nada.

Pues menos mal.

Bianca. -Bellísima.

Estás preciosa, me encanta verte. Gracias.

Un beso.

Venga, que es para hoy. -Hacemos lo que podemos.

Qué guapa estás.

¿Qué pasó?

¿Qué?

-Demasiados invitados, se lo dije a Victoria.

-Vicenta. -Que no ha pasado nada.

Ha llegado y ella le ha saludado correctamente.

-Ni menos ni más. Bueno, mujer, bueno.

-Menos mal.

A ver.

Date la vuelta.

Ya conoces la casa.

Sí.

Ya sabes lo que tienes que hacer.

No hables con los invitados.

Ponte recta.

¿Quién pudo regalar algo así? -Adivina.

Gracias.

Es estupendo.

Tú sí que estarás estupenda con él puesto.

Tus amigas se pondrán verdes de envidia.

-Parece que ha llegado tu turno.

Victoria.

Me alegra verte radiante.

¿Te gusta mi vestido?

Es genial, pero está incompleto.

¿Qué?

Yo creo que está perfecto. Lamento decir que te equivocas.

Para alcanzar la perfección le faltaría esto.

¿Desea algo el señor?

Pero ¿tú qué haces aquí?

Vamos, ábrelo.

Acompáñame.

Vamos.

No puedo aceptarlo. Tonterías.

Mi mujer insistió. No puedo.

¿Puedo ponértelo?

Claro.

Date la vuelta, por favor.

Ahora sí que estás perfecta.

¡Aaah!

-¿Qué pasa?

-Ve a por mi cuñado.

Su mujer está de parto.

Deprisa.

Te dije que te podía ayudar a volver a la fábrica, pero no a servir.

Que no es lo que quieres.

¿Y qué más da?

No da igual, Encarna.

¿Qué ha pasado con tus ideas?

¿Qué te pasa?

Me ofrecía a ayudarte.

¿A cambio de qué?

A cambio de nada.

Nadie da nada por nada.

Estoy a tu lado porque creo en ti.

Sin condiciones.

Pero...

...tú me buscas.

Me ofreces favores.

Igual que tú me los haces a mí.

Pero no hay nada detrás.

Encarna.

-¿Y Encarna?

-No lo sé.

-Venga.

-Gonzalo.

¿Puedo hablar un momento contigo, Victoria?

Sí.

¿Me disculpas? Claro.

Yo había comprado un regalo para ti.

Pero ya no tiene sentido.

No hace falta, basta con que estés. A mí no me basta.

Te demostraré que soy digno de ti.

Que no soy como tú crees. Hugo, estamos en una fiesta.

Vamos a divertirnos.

Solo prométeme una cosa.

Una sola cosa.

Que dejarás una puerta abierta para mí cuando vuelva.

¿Cuando vuelvas?

Señores.

Señores, por favor.

Tengo que anunciarles algo.

Por favor.

Aprovechando que estamos reunidos,...

...quiero anunciarles...

...que he decidido alistarme en el ejército.

Y mi destino será Marruecos.

Brindemos por los hombres que defienden el honor español.

Espero volver, Victoria.

Has estado a punto...

...de perderte lo mejor.

Puerta

Buenas noches. -¿Tú qué haces aquí?

¿Qué quieres? -Me envían a por el marqués.

-¿Ha pasado algo?

-Me temo que sí, señora.

¡Pide un deseo!

Gonzalo.

¿Se sabe algo?

Nada.

Esa mujer nunca fue demasiado fuerte.

Por mucha sangre azul que tenga. Pobre.

Victoria.

¿Todavía está aquí?

Necesito hablar contigo.

Déjanos a solas, por favor.

Padre.

¿Y bien?

Tienes que saber lo que está pasando en la mina.

En la mina.

He hablado con algunas mujeres.

Están contratando a sus hijos, son niños.

¿Quién te has creído que eres?

¿Crees que puedes venir a decirnos lo que está bien y mal?

Pablo lo hace lo mejor que puede.

El problema no es Pablo, es el marqués.

Gonzalo ha sido nuestro único apoyo.

Y lo más importante, fue fiel a nosotros.

No tienes derecho a juzgarle.

No tienes derecho a juzgar a nadie.

Ángel, vete de nuestra casa.

Vete.

Lo siento.

No he podido hacer más.

Lo sabía.

Sabía que el niño no nacería vivo.

Irene.

-Gonzalo.

Reza entre sollozos

Mi hermana.

  • Capítulo 7

La Señora - Capítulo 7

27 nov 2012

 Ángel y Gonzalo hicieron un pacto: si el joven se ordenaba sacerdote el marqués liberaría a su hermano. Pero Salvador no volverá a ser el mismo después del tiempo pasado en la cárcel. Victoria parece haber olvidado a Ángel y se prepara para celebrar su fiesta de cumpleaños.

Histórico de emisiones: 17/04/2008

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