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No recomendado para menores de 7 años La Señora - Capítulo 5 - Ángel descubre que Gonzalo de Castro está detrás del encierro de su hermano - ver ahora
Transcripción completa

¡Alto! ¡Alto a la Guardia Civil!

Disparo

No me dejes morir como un perro.

-Aguanta.

-Este no, tenemos órdenes.

Subtitulado por TVE.

¡Vamos, andando!

Adentro.

¡Ahí te quedas!

-¿Dónde están mis compañeros?

-Había uno solo contigo.

-¿Y Tino?

¿Dónde se lo han llevado?

-Tú te quedas aquí. -¿No me va a desatar?

Llevo dos días sin comer. Tengo hambre.

-¡Calla de una vez!

Bueno.

Esto ya está.

Estupendo.

Si quieres contarlo... No, hay confianza.

No nos interesa que tu padre se entere de este trato, ¿verdad?

¿Mi padre?

Si se entera de que te vendo mi parte de los astilleros,...

...le mataría.

Del disgusto, Gonzalo.

No me interesa enemistarme con mi padre.

Solo quiero tener lo que él no me deja.

Los padres intentan marcar el camino y los hijos se salen de él.

¿Te pasó eso con el tuyo?

Perdona.

No quería molestarte.

Ha sido un comentario estúpido. Sí.

Debo felicitarte por lo que ocurrió en la mina.

¿Lo que hicieron te parece un motivo de felicitación?

Fueron detenidos. Después del desastre.

Tenías razón sobre Pablo.

Es cuestión de tiempo que Victoria se dé cuenta de lo inútil que es.

Por eso te interesa hacer negocios conmigo.

Si controlas el astillero y la mina, lo controlas todo, ¿verdad?

Eres un joven con recursos.

Aunque también pienso que eres torpe.

-Gonzalo.

Está el doctor.

Tengo cosas importantes que tratar.

¿Qué ha pasado? ¿Qué sabes del hermano de Ángel?

Está en el penal.

Pero no dejan verlo.

¿No podemos hacer nada? No es fácil.

Han volado una galería.

Han cruzado el límite. Es el hermano de Ángel.

Tenemos que apoyarle.

He dejado que Ángel no vaya al trabajo y esté con su madre.

¿Qué más quieres? Hablar con Gonzalo.

A lo mejor nos puede ayudar.

¿Y te pedirá que te vuelvas a poner en mi contra?

La situación se nos fue de las manos.

Se me fue a mí y te metiste para darme una lección.

Te conté lo de los ingleses y miraste hacia otro lado.

Solo busqué ayuda.

¿En el marqués?

No estoy de lado del marqués.

Intento proteger lo que papá nos dejó.

Yo también.

Pero sin dejarme engatusar.

No te enfades conmigo.

Pablo.

Eres lo único que tengo.

Te vales muy bien por ti misma.

Eres tan fuerte como papá.

Él quería que estuvieras al frente.

Papá no confiaba en mí.

Por el mismo motivo que tú tampoco lo haces.

Si mis principios chocan con los negocios,...

...sabes de qué lado me pondré.

Nadie pretende criticarte.

¿Ah, no?

Recordáis mi incompetencia a cada paso. ¿Te parece poco?

¡Qué fácil, Pablo!

Intento ayudarte y me echas en cara tus celos de niño.

Ya basta.

No seas ridículo.

Puerta

Pase, padre.

¿Ha sabido algo más de él?

-Que está en el penal y que no dejan verle.

Mala cosa.

-Preguntaré a Asunción. Es familia de uno de los guardias.

-No, espera, Amalia. Siéntate.

Hablaré con el sargento.

Haré lo posible para que me dejen verle.

-Es urgente, padre.

Ya ha visto lo de Eusebio. -Lo sé, hija mía.

Esta mañana oficié por su alma.

Salvador puede correr la misma suerte.

No sabemos nada de él.

Puede que esté muerto. -¡Ni se te ocurra decirlo!

-No nos pongamos en lo peor.

Tiene mano con ilustrísima. Háblele de mi hermano.

¿Con qué derecho me exiges?

No era una exigencia. Así sonaba.

No sé cómo eres tan duro con los demás...

...y bajas la mano contigo mismo.

El Señor te mandó una señal.

Debió ser suficiente.

Esperaba que la hubieras recibido. Yo no tengo la culpa.

No, se lo ha buscado él solito.

Pero quizá si hubieras sido más piadoso,...

...si hubieras rezado por él, no habría dado ese paso.

Si no fuera así, no bajarías la cabeza.

Lo que hacemos o dejamos de hacer...

...lo llevamos siempre arrastras.

Si buscas consuelo, ya sabes dónde encontrarlo.

¿Qué te pasa con tu hermano?

Que solo piensa en él.

¿Por qué dices eso?

Piensa que estoy en su contra y solo busco soluciones.

Entiéndelo, es un chico muy sensible.

Ve enemigos donde no los hay.

Me he puesto del lado del marqués.

No debes ponerte de ningún lado. ¿A qué te refieres?

Una señorita no debe meterse en negocios. Son cosas de hombres.

Por mucho alivio que te hayas puesto, todavía estás de luto.

¿Has venido a regañarme?

Pablo tiene que estar al frente del negocio.

Deberías ir a la iglesia para pagar a don Enrique lo que le debes.

No soy una incapaz.

No he dicho eso. ¿Vas a decirles cómo deben llevar la mina?

Hago lo que puedo. No hagas tanto.

Cuidado con lo que dicen por ahí.

No me importa.

A mí sí.

No he sufrido por ti para que ahora te traten como a una cualquiera.

¿Estamos?

"En el bosque, esta tarde".

¿Qué le puede haber pasado a Salvador?

No lo sé, no tengo ni idea.

No lo entiendo.

Deberían dejaros verle para saber si está bien.

¿Por qué iban a hacerlo?

A Eusebio lo asesinaron. Pueden hacer lo mismo.

No digas eso. Es verdad.

Estamos lejos de volver a verle con vida.

He hablado con Pablo.

Podemos llamar a nuestro abogado.

Salvador atentó contra vuestra mina.

Pablo no puede hacer nada.

Algo se podrá hacer.

Piensa que sí.

¿Le has dicho a las putas que pueden venir a estudiar?

Prostitutas. Sí, se lo he dicho.

Por muy fino que lo digas, son putas, más putas que las gallinas.

Tienen derecho a aprender. No queremos estar con cochinas.

Son mujeres normales.

Con la misma necesidad de aprender que vosotras.

¿Sois como vuestros maridos?

No estamos en contra de que estudien, sino de que lo hagan aquí.

¿Os da miedo?

-¿Qué es eso de salir de la fábrica antes de tiempo?

-Hemos terminado nuestro turno.

-¡Qué humos tienes desde que vienes aquí!

No volverá a pasar. Eso espero.

Si no, tendré que cerrarte la dichosa escuela.

Descuide.

¿Tan leona y ahora bajas la cabeza a la primera?

Buscaba una excusa para cerrar la escuela.

No voy a darle ese gusto.

Las nuevas vetas no son tan puras. Demasiado sucio.

No podremos cargar y no servirá. ¿Y qué hacemos?

O sacamos el mejor hierro o adiós a los contratos.

Mantén a los hombres a raya. Sí, señor.

Andan más suaves desde las detenciones.

La advertencia tuvo efecto.

Hay que trabajar y respetar las entregas.

Sé muy bien cómo tratarles.

Siempre que el señorito Márquez no ande cerca.

Corre de mi cuenta.

-¡Qué raro encontrarte aquí!

O quizá no sea tan extraño.

-Si me disculpan, tengo asuntos que atender.

-Los principales ya los has atendido.

-Sí, claro, señor.

Para eso me pagan.

-Te pago.

Desprecias a Alonso y no deberías. Es un buen capataz.

La mina sin él no funcionaría.

Eso habría que verlo.

¿Crees que tu padre estaba equivocado?

Yo no soy mi padre.

Tengo mis propias ideas.

Por mucho que pongas a mi hermana en contra.

Lo único que he hecho es intentar arreglar las cosas.

Quieres dirigir este negocio. No sé si tanto como tú.

Tu gestión no es buena.

Por eso tengo que intervenir.

Mira, Pablo.

No estoy tan lejos de tus ideas.

Quiero que mejore el negocio, pero soy un hombre práctico.

Eso es cierto.

No paras hasta que consigues lo que quieres.

Creo que me he equivocado contigo.

Pensaba que no te harías la víctima, pero no es así.

Además, así tu incompetencia queda cubierta.

¡Yo no soy así! Demuestra que tu padre se equivocó.

No debo demostrarte nada.

Dios está con vosotros.

-Don Enrique.

El manto de la Virgen está raído. Así no puede salir.

-Saldrá como sea.

-Podría tener un manto de raso nuevo y podrían arreglar el paso.

-No aceptamos donativos.

-Padre, hay mucha necesidad.

Al menos, para la sopa de los pobres.

-Con la limosna, nos apañamos.

-Prefiere que pasen hambre. -No acepto dinero del pecado.

-Nuestro Señor vio en María Magdalena su devoción.

-María Magdalena se arrepintió y tú no.

-Yo no hago mal a nadie.

-¡Cuánta arrogancia!

¡Pecadora!

Vengo a pagar las misas de mi padre.

No es el momento.

Cuando vengáis a misa, podréis pagarlas.

¿Entendido? Entendido.

A ver si es verdad.

-¡Qué genio se gasta!

Y hoy tiene un buen día.

Victoria Márquez. Alicia.

Alicia Santibáñez. Sí, sé quién es.

Encantada.

Señorita.

Señora. -Buenas tardes.

Estaremos en la biblioteca. Tráenos algo caliente.

-Claro, señora. ¿Café? -Está bien.

¿Alicia Santibáñez?

¡Cuidado, quita eso de ahí!

¡Dios mío, se ha vuelto loca!

¿Cómo se le ocurre meter a esa mujer en casa?

-Si vierais qué broche.

Los brillantes casi me dejan ciega.

-¿Te digo cómo consiguió el dinero?

-Se la habrán regalado. Trata con hombres importantes.

-Hablas como si fuera una reina y lo que es...

Una desahogada.

-La señorita la trataba con respeto.

Me ha pedido que les lleve café.

-Vete a preparar café.

Por si no tuviéramos bastante con lo de ese chico, ahora esto.

-A Vicenta le da algo.

-Loca, se nos ha vuelto loca.

-¿Quién?

¿Qué os pasa?

-Nada.

Voy a preparar el café.

-¿Para quién? -La señorita y una invitada.

-¿Una amiga? -Sí.

Supongo que sí.

-Deja que lo lleve yo. -¡No!

No, es mi trabajo.

-Mira la chica.

Mi padre era un gran lector.

Ese amigo suyo... ¿Cómo se llamaba? Don Benito.

Era un escritor famoso. Muy buen amigo.

Su padre era un hombre muy importante.

Sin formalidades, tutéame.

Así que es cierto. ¿El qué?

He oído que las formas no te importan demasiado.

Me hubieras hecho entrar por la puerta trasera.

Sería una falta de educación. La que tienen todos conmigo.

Pero no les culpo por ello. Soy quien soy.

Ya ves lo claro que lo tiene don Enrique.

Yo no soy como los demás.

Ya lo veo.

Por eso espero que me expliques por qué me has invitado a tomar café.

¿Qué quieres de mí?

Sé quién eres.

Todos los hombres importantes pasan por tu casa.

Y no solo eso.

Tienes trato y confianza con ellos.

Si alguien necesitara un favor,...

...lo tendría mucho más fácil si fuera tú.

Puede ser.

Pero supongo que depende del favor en cuestión.

Una persona muy importante para mí tiene un problema.

Su hermano está en el penal. ¿Qué ha hecho?

Una locura.

Pero ese no es el caso.

Si alguien intercediera ante el gobernador,..

...se le levantaría la mano.

Es posible, pero el gobernador es picar muy alto.

Ya. No aspiro a que le saquen.

Pero si su familia pudiera verle...

A su madre le daría la vida.

Claro, a su madre.

Debes querer mucho a ese hombre.

¡Amalia!

¡Maldita sea!

¡Aaa!

¿Qué es esto?

-¡Dios santo! ¿Qué haces en el suelo?

-Te estaba llamando.

Necesito orinar.

-El doctor ha dicho que no te muevas ni te agaches.

-¿Me lo hago encima?

-Como quieras.

Te ayudo, pero en la cama.

Vamos.

-Espera.

¡Aaa!

-Lo único que importa es que te pongas bien.

-¿Seguro?

-Gonzalo se preocupa por ti y quiere lo mejor.

-Como tú.

-Claro que sí.

Voy a por el orinal.

¿Cómo le conociste? Hace unos cinco años.

Volando una cometa.

El primer amor.

Por mi vida han pasado muchos hombres.

Pero no olvido el primero.

Ningún amor es tan fuerte como el primero, el único de verdad.

Porque no dura. ¿Por qué dices eso?

He vivido más que tú y sé de amores.

Sé ver cuándo son imposibles.

Me vas a decir lo que todos: que me olvide de él.

Eso no.

Porque sé que no serviría para nada.

Haré lo que pueda.

Pero no te prometo nada.

Gracias.

Eres una chica valiente, Victoria Márquez.

Pero deja que te dé un consejo.

Eres joven y no lo valoras.

Pero las apariencias son más importantes de lo que crees.

Y más en una ciudad donde todo se sabe.

El tiempo pasará.

Y no te sentirás tan fuerte.

Cuando ese momento llegue,...

...lo que no te importaba se clavará en tu alma.

Y te escocerá como el ácido.

No te quedes sola.

Sabré cuidarme.

Eso espero.

Me marcho antes de que corra la voz de que estoy aquí.

Hazme caso.

Es lo mejor...

...para las dos.

Muchas gracias, Alicia.

-¿Ya se va? Si le traigo el café.

-Quizá en otra ocasión.

¿Sabéis algo de Salvador? No.

El padre Enrique intentaría verle...

...o saber cómo se encuentra.

¿Por qué no os dejan verle?

El penal es así.

¿Seguro que está allí?

Mi hijo está vivo.

Si estuviera muerto, lo habríamos sabido.

¿A quién le interesaría esconderlo después de lo que hicieron?

Mira que les avisamos.

El sindicato no vio con buenos ojos lo que se traían entre manos.

Nadie imaginaba que llegarían a tanto.

Pues han llegado.

La mala suerte ha entrado en esta casa.

Tú no crees en supersticiones absurdas.

Solo sé que todo iba bien hasta que bajó la marea...

...y mi hijo dejó el seminario.

¿Qué tiene que ver?

Nos hacen la vida imposible.

Me han echado de casa del marqués. La gente mi mira por la calle.

Y ahora, lo de Salvador.

Ha sucedido al mismo tiempo.

Cuando la marea anda baja, todo se tuerce.

No quiero ver a mi hijo envuelto en una sábana blanca.

¡Aaa!

¿Qué ha pasado?

¿Estás bien?

Sí.

No ha pasado nada.

¿Tienes prisa?

-Me interesa saber la hora.

-¿Nada más?

-No quieras saber más. Hay líneas que no se pueden cruzar.

-Yo pienso igual.

Tu padre opinaría lo mismo...

...si supiera lo que te traes entre manos.

-¿Perdón?

-Gonzalo te paga lo que tu padre no quiere pagarte.

Y es evidente que Gonzalo no paga por nada.

-¿Qué quieres?

-Ya lo sabes, que tu padre no me mande a Marruecos.

-Veré lo que puedo hacer.

-No esperaba menos de ti.

-¿Cómo no viven nerviosos con lo que está pasando en su país?

Esos anarquistas son peligrosos. ¿No creen?

Nada que no puedan controlar las fuerzas del orden.

Sus militares estarán ocupados con lo de Marruecos.

-¿Qué haría usted para contener a esos fanáticos?

¿Lanzarles al ejército?

-No es la opción más inteligente.

-¿Entonces qué haría?

-Dejarles sin argumentos para poner bombas.

¿Cambiar sus condiciones de vida?

Son el motor del país.

La sangre que hace que el cuerpo viva.

Hay que cuidarlos.

-¿Y cómo es que habla tan bien nuestro idioma?

-La madre della mia mamma era española, de Sevilla.

Se llamaba Carmen González.

Todo muy español.

-¿Y cómo conoció a su abuelo?

-El abuelo Ennio...

...era todo un personaje.

Hacía mapas, viajaba por el mundo hasta que la encontró.

Ustedes saben de mujeres españolas.

Por cierto, Enzo.

Querías saber cosas de la nobleza. Freire fue amigo de mi suegro.

-Efectivamente.

El linaje del marqués venía de lejos.

Su nobleza estaba fuera de dudas.

Sí, igual que su capacidad para arruinar a la familia.

¿Qué ha pasado?

No sabemos quién ha sido.

Una piedra casi da a tu madre.

Habrán sido los chicos.

No, lo sabe tan bien como yo.

Hay que recoger esto y nos olvidamos.

Voy a parar esto de una vez.

No lo compliques más todavía.

Demasiado tarde, madre.

¿A quién va a buscar?

Irene, ¿qué haces levantada?

-¿Buscas esto?

¿Creías que no lo encontraría?

-No lo entiendes.

-¿Cómo te atreves?

Eres igual que tu madre. Una criada que guarda sus tradiciones.

-Solo quería protegerte. -¡Mentira!

Querías que mi vientre se secara.

-Eso no es verdad.

-Tu madre odiaba a mi madre y tú me odias a mí.

Estás llena de rencor.

Pero conmigo no podrás.

-¿Se lo vas a contar a Gonzalo?

-Es lo único que te preocupa.

Que Gonzalo sepa que por tus venas...

...corre sangre de una esclava negra.

-¿Se lo vas a contar?

-Todo depende.

¿Se quedará mucho tu amigo italiano?

Lo necesario para cerrar sus negocios.

Parece que los tuyos progresan.

Parece.

A pesar del altercado en la mina.

Hubo tres detenidos, ¿no?

Estás muy enterada. Sí.

Uno de ellos es el hermano del chico que se asocia con Victoria.

¡Qué casualidad! ¿Qué te extraña?

La gente de su clase es capaz de todo.

Me llama la atención cómo lo tienen custodiado.

Ni siquiera le permiten visitas.

¿A qué viene tanto interés?

Digamos que es por una amiga.

¿Una de tus chicas? Sí.

Dile que es mejor que se olvide de él.

Ese hombre no saldrá de allí hasta que yo lo diga.

Lo extraño no es mi interés, sino el tuyo.

¿Qué tienes con ese chico?

Quiso atentar contra mi negocio. ¿Te parece poco?

Lo que somos, el lugar que ocupamos, lo que tenemos...

...lo tenemos gracias al orden, que no se puede romper.

Y el que se arriesga a romperlo ya sabe a lo que se atiene.

Brindemos.

Brindemos por nuestro amigo italiano. Por su mujer.

¿Todo bien?

-Tu amigo no sabe beber.

Sí, no sabe demasiadas cosas.

Ya ha habido suficientes brindis por hoy.

Es hora de irse a casa.

¡Hombre!

La próxima vez que intentes algo,...

...no me dejes con vida o te mataré con mis propias manos.

¿Y por qué no lo haces ahora?

Te vas a pudrir en la cárcel como tu hermano.

De eso se encarga el marqués. ¿Qué tiene que ver él?

El marqués decide si tu hermano vive o muere.

¿Alguna puede decirme cuál es esta letra?

¿Ninguna lo sabe?

¿La F?

Muy bien, Anselma.

-¿La F, de fulana?

¡No tiene gracia!

Sí, sí que la tiene.

Con la experiencia que tienen, nos llevan ventaja.

-Somos más listas. -Depende para qué.

-Para ganarnos el pan.

-A cualquier cosa le llamas ganarse el pan.

Somos mujeres trabajadoras y decentes.

-¡Vuestros maridos no!

¡Ya está bien!

¡Habéis venido a lo mismo!

¡Lo que hagáis fuera de aquí no es el asunto!

Debemos ayudarnos entre nosotras.

-Ellas no son como nosotras.

Todas somos desgraciadas.

Más de una os acostaríais con un hombre por vuestros hijos.

Y otras hubieran preferido estar muertas...

...para no oler al cerdo que tenían encima.

Ya veis, no estamos tan lejos unas de otras.

Si no aprendéis, si no sabéis leer ni escribir,...

...seguiréis igual que ahora.

Bien jodidas.

-¡El patrón, que viene! Sentaos ya.

Tranquilos, mi primo es más duro de lo que parece.

Un altercado en mitad de la noche no va a matarle.

A menos si no se repite.

Que Dios no lo quiera.

-No está mal. ¿Lo hacen aquí mismo?

-Con tabaco traído de Cuba.

Mi padre comenzó exportando tabaco.

-¿Su padre vivió en América?

-Pero decidió volver a su casa.

-A su patria.

No hay nada como volver a casa.

-No vivo ese sentimiento con tanto ardor como otros.

-Nadie le ha privado de él.

La nación de uno se lleva metida dentro, en la sangre.

Si alguien hace algo contra nuestra patria,...

...es como si nos lo hicieran a nosotros.

Si la patria sangra, nosotros sangramos.

Si la patria muere, morimos con ella.

-¿Eso piensa su partido?

-Mi partido cree en los trabajadores.

Solo ellos con su fuerza podrán liberarse.

-Eso es socialismo.

-Los socialistas defienden a los burgueses.

Yo le hablo de revolución desde el obrero.

Sin pacto ni urnas.

Solo el sindicato y la nación.

-¿Sin democracia?

-No me haga reír.

Queremos cosas muy distintas a las de los señoritos.

-¿Y los nobles como el marqués?

-El marqués es distinto.

En el fondo, piensa como nosotros. Que hay que actuar.

¿No se ha parado a pensar que quizá...

...se ha equivocado eligiendo enemigo?

Quizá Gonzalo está más cerca de usted...

...y de sus ideas de lo que usted piensa.

O quizá es peor.

Quizá lo que le pasa a usted...

...es que no sabe lo que piensa.

¡Qué bonito!

¿De dónde sois?

No recuerdo haberos visto por aquí.

Son alumnas. No son de la fábrica.

¡Qué más da! ¿Qué más da?

Te dejé montar esta locura como para encima aguantar esto.

El tiempo de trabajo terminó.

Salís corriendo para venir a aprender Dios sabe qué.

-Se va a liar.

-¿Qué va a ser, patrón?

¿A juntar dos y dos para saber que son cuatro y no tres, como nos decía?

-¡A mí no me discutas!

-No queremos molestar. No.

Antes de que la cosa se ponga peor. Peor no va a estar.

Hasta que no se cierre la escuela, no pararán.

-No me busques, Encarna.

¡Le encuentro y a diez más!

¡Lo que pedimos nos lo tenemos ganado!

Se ganan las horas trabajadas.

¿Y las robadas, esas quién se las lleva?

¿O le da miedo que ellas sepan quién las engaña?

¡Hasta aquí hemos llegado!

¡Fuera de aquí todas!

De aquí no nos movemos.

¡Vosotras lo habéis querido!

-Esa sí que eres tú, Encarna.

¡Madre mía!

Siento no poder devolverte más.

Me comprometo a hacerlo en cuanto pueda.

Nos interesaba a los dos.

Gonzalo, es lo justo.

Si eso hace que te sientas más tranquila...

Por lo menos, confías en mí.

Tu hermano no piensa lo mismo.

No solo desconfía de ti. Ya.

Está mucho más cerca de mí de lo que piensa.

Y tú también, Victoria.

¿O crees que no sé lo que es estar solo?

Yo no estoy sola.

Los que antes eran amigos ahora han desaparecido.

Nadie sale libre de un rumor.

Pensé que venías a hablar de negocios.

No quería molestarte.

Ni meterme en tus decisiones.

Eso sí.

Siempre que no nos afecten.

No tengo que dar cuentas.

Por supuesto.

Afortunadamente,...

...las aguas se han calmado después de las detenciones.

¿Cuánto tiempo estarán metidos en el penal?

Han volado una de las galerías.

El tiempo necesario para que los demás comprendan...

...que no puede volver a pasar.

No lo justifico.

Pienso en las familias y en su sufrimiento.

Han intentado hundir lo que es tuyo, Victoria.

Una debilidad propia de las mujeres.

Pero impropia de ti.

Vas a desgastar la plata.

-Si no le doy con fuerza, no sirve.

-¡Y un cuerno!

-¿Qué pasa?

-Tiene los nervios de punta desde que estuvo aquí esa mujer.

Voy a buscar tu cena.

-¿Qué?

-Nada, tú verás.

-Es una exagerada, ya la conoces.

La niña se ha vuelto loca.

Loca de la cabeza.

¿A quién se le ocurre invitar a esa mujer?

Como si no tuviéramos bastante. -¿Qué quieres decir?

-Lo de ese chico. Nadie quiere venir a esta casa.

Como si tuviéramos la peste.

-No saques las cosas de madre. No es para tanto.

Es joven y está enamorada.

-¿Tú qué sabes de amores?

-Cuando se siente aquí dentro, no se puede parar.

-Si a ti te da igual, a mí no.

Ya no está con ese chico.

-¿Cómo lo sabes? -Me lo prometió.

-Ya me dejas mucho más tranquila.

-Ya estoy aquí.

-¿Qué?

-Nada.

-¿Nada? -No, señora.

Si se rondaran algo, me hubieran cosido a preguntas.

Aunque de lo del chico sí que se sigue hablando.

-¡Qué!

-Nada, nada.

-No entiendo por qué se pone así, con lo elegante y rica que es.

Avisaré para que sirvan la cena.

¿Cómo está?

Sigue en su habitación.

No tiene ánimo para bajar a cenar.

¿Pero está mejor? Sí.

Se ha recuperado un poco.

-¿Pensabas que no iba a bajar?

¿Cómo iba a dejar que mi marido cenara solo?

Me alegro de que estés mejor.

Gracias.

Por cierto,...

...mi hermana y yo tuvimos una conversación muy interesante.

¿Verdad?

¿Y de qué hablasteis?

¿De qué íbamos a hablar?

De cosas de mujeres.

La nueva doncella me ha contado chismes sobre Hugo de Viana.

¿En qué nuevo lío se ha metido ese chico?

Pensé que estarías con la clase. Pues ya ves que no.

Has terminado antes de tiempo.

Te los di para que los dejaras aquí.

Ya no hacen falta. ¿Cómo que no?

Cuando aprendan... Nadie aprenderá nada.

El patrón ha amenazado con despedirnos a todas.

¿Qué? Ya ves lo que ha durado.

Vienen después del trabajo. No es tan fácil.

No quiere que las mujeres sepan más de la cuenta.

Tratarán de cambiar lo que no está bien.

¿Crees que eso le interesa?

Nada es como tú piensas.

Rendirse no vale de nada.

¿Vas a darme lecciones de cómo enfrentarme a la vida?

Yo solo quiero ayudarte, Encarna.

No necesito tu ayuda.

¿Has vuelto a sangrar?

-Un poco.

-Si no te hubieras levantado, esto no pasaría.

-Despacio.

¿No quieres saber por qué no le he contado nada?

-Tus razones tendrás, como siempre.

-Sí, en eso tienes razón.

Me vas a contar por qué estaba tan interesado en echar a Amalia.

Despacio.

-Pensó que era lo mejor.

-La verdad, Catalina. O se lo cuento a Gonzalo.

-La despidió para darle una lección a su hijo.

-¿Qué hijo?

-El que no quiso ordenarse cura.

-¿Y...?

-Dicen que anda con Victoria Márquez.

-¿Victoria?

-La misma.

Pero ya sabes.

Seguro que son chismes que corren por ahí.

Puede que no sea verdad.

Este vestido no está mal, pero hay que quitar el adorno.

-Con lo bonito que es. -Es muy llamativo.

-Es lo que tiene el luto.

Toda la gracia va fuera.

-Ya no tiene que ser tan riguroso.

Los Méndez se quitaron el luto a los seis meses.

-Esos no tienen respeto por nada.

-Hay que respetar el luto. Pero no me gusta verla tan negra.

-Menos mal que no es una niña. Recuerda cuando lo de la madre.

Había que ver a esas criaturas.

Tan pequeños y vestidos de negro. Parecían dos cuervos.

-Se fue demasiado pronto.

-¿Cómo era?

-La mujer más elegante.

-Y era la más buena.

¡Cómo nos trataba! Tan sencilla.

-Tenía devoción por Pablo. ¡Cómo jugaba con él!

Le hacía unas carantoñas.

Si no se hubiera ido, las cosas serían diferentes.

Se habrían criado de otra forma.

-Sobre todo, la niña.

No andaría con ese.

-No quiero que se hable de eso.

-Vale, mujer, vale.

¡Como tú quieras!

Pero como mi padre decía,...

...por mucho que no se hable, las cosas son como son.

-¿Y la señorita? -No sé.

-La peinadora ha llegado y no la veo.

-¿Has buscado bien? -Por toda la casa.

-Lo que yo decía. Si la madre viviera, no pasaría esto.

¿Qué pasa, Catalina?

¿Está peor?

Ha sangrado más.

No, cada vez hay menos sangre.

¿A qué viene esa cara?

Son sus nervios.

Cambia de carácter, pide cosas imposibles.

Tengo miedo de que se haga daño.

Deberías hablar con el doctor.

Para que la mantenga calmada.

Puerta

Hablaré con el doctor.

¿Dónde está? Tengo que hablar con él.

Tu madre no va... ¡Mi madre no tiene que ver!

¿Qué pasa?

Vengo a hablar de mi hermano.

No te preocupes, Catalina.

Puerta

¿Quién es?

Soy Victoria Márquez.

¿Qué desea?

Necesito hablar con Ángel.

Mi hijo no está en casa.

¿Sabe dónde puedo encontrarlo?

No, no lo sé.

Y aunque lo supiera, no se lo diría.

Es importante, se trata de Salvador.

Solo quería que Ángel y usted...

...supieran que hago lo imposible para que les dejen verlo.

Si todo sale según lo previsto, no tardarán.

Supongo que debo estarle agradecida.

No.

No busco su agradecimiento.

Sé de sobra lo que busca.

Somos gente humilde.

Lo poco que tenemos lo hemos ganado con nuestro sudor.

Su caridad nos sobra.

No quería ofenderla.

No era mi intención.

Pues si no quiere ofenderme, deje en paz a mi hijo.

Y ahora, váyase.

Lo siento mucho.

¿Tu hermano?

Sabe quién soy yo.

Y mi hermano. Salvador Ruiz.

Se pudre en la cárcel por orden suya.

¡Ah!

No te equivoques.

Tu hermano, junto con otros, voló una galería de la mina.

Otros sí reciben visitas.

¿Por qué crees que tengo que ver? No lo sé.

Quizá por el mismo motivo que despidió a mi madre.

Me la tiene jurada. Desde el primer día que me vio.

He venido para saber la razón.

Digamos que es así.

¿Qué harías? ¿Qué quiere de mí?

Dígame a la cara lo que busca.

Quiero que te ordenes sacerdote.

¿Qué? Faltaba un año para tu ordenación.

Hablaré con su ilustrísima. Te aceptará en el seminario.

¿Qué tiene que ver mi hermano con esto?

Todo, muchacho, todo.

Solo saldrá de ese penal cuando tú te ordenes sacerdote.

¿Me está comprando?

No, solo te ofrezco la posibilidad...

...de que salves a tu hermano. ¿No era lo que querías?

¿Por qué hace esto?

A veces, es mejor no preguntar el porqué.

¿Y si me niego?

Puedes hacerlo, nadie te obliga. Eres completamente libre.

Solo que entonces dudo que vuelvas a ver a tu hermano con vida.

Las condiciones del penal son muy duras.

Ángel.

¿Qué ha pasado?

¿Preparo judías para la noche o con el caldo es suficiente?

-¿Cómo quieres que lo sepa?

-El señorito no toma sopa por la noche.

Pero la niña llegará con frío y querrá entonarse.

-Prepara lo que quieras.

-Mujer, eres tú siempre la que decides.

-Para el caso que se me hace...

No sabemos dónde está metida.

-No le des más vueltas.

Tú ya has hecho todo lo que estaba en tus manos.

-¿De verdad lo crees?

Va a arruinar su futuro y no sé cómo evitarlo.

-Ya no es una niña y sabe de sobra dónde se mete.

-Pero yo podría haber hecho algo más.

Y no he sido capaz.

Le prometí a su padre que la cuidaría y no sé cómo hacerlo.

Tenías razón. Si estuviera su madre, esto no habría pasado.

-Escúchame, Vicenta.

Te has desvivido por ella.

Te has pasado noches enteras a su lado...

...mientras estaba enferma.

No hay un solo día que no pidas por ella en tus oraciones.

La llevas aquí dentro.

Has sido para esa niña mucho más que una madre.

Y no voy a consentir...

...que te mortifiques pensando que lo has hecho mal.

¿Eh? Anda, ven.

¡Ay!

¿Te pasa algo, hijo?

¿Dónde has estado?

En la iglesia.

¿Has estado rezando por Salvador?

Sí, madre.

Esa chica estuvo aquí.

Vino buscándote.

Dice que está tratando de ayudar a tu hermano.

No se preocupe.

Salvador saldrá del penal.

Dios te oiga, hijo.

Dios te oiga.

Dios me oirá.

¿Cuánto tiempo lleva sin comer? -No sé.

Varios días. -Desatadle y dadle agua.

Y traedle algo de comer.

-Pero... -No quiero que se muera.

Tenemos órdenes de arriba.

¿Entendido? -Entendido, mi capitán.

¡Despierta, desgraciado!

Te ha venido la Virgen a ver.

¿Qué haces levantada, Irene?

No tienes buena cara.

Quería verte.

¿Hoy también estarás fuera? Sí, Enzo sale para Italia.

Sí, tus amigos italianos.

Son negocios, Irene.

Siempre dices lo mismo.

¿Hay algo que no sean negocios?

¿También hablaste de negocios con el chico que estuvo aquí ayer?

El hijo de Amalia.

¿Y qué trataste con él?

¿Tengo que darte explicaciones?

Haces cualquier cosa por eliminar a los pretendientes de Victoria.

Esto es absurdo.

Te conozco, no me engañas.

Buscas lo que no te puedo dar.

¡Estás perdiendo los nervios!

Tu sangre vale tanto como la de ese muerto de hambre.

Tú sin mí no eres nadie. ¿Me estás amenazando?

No me gusta que me amenacen.

Pensaba que habías ido a la mina.

Pues ya ves que no.

No te puedes venir abajo.

He hablado con Germán de Suances.

Ha contactado con la Lloyds Corporation.

Bravo por Victoria.

¿No lo entiendes?

Los ingleses han hecho efectivos los adelantos.

No sirve si lo echas a perder.

Sabes que lo haré.

Quiero que estés al frente.

¿No lo ves?

El marqués tenía razón. No estoy hecho para los negocios.

¿Qué te pasa?

Te juro por Dios que no te entiendo.

¿Vas a dejar escapar la oportunidad?

¿Por dónde se ha metido sus palabras?

-Por salva sea la parte.

No os paséis de listas, basta de jolgorio. Sentaos.

-El patrón ha vuelto más tierno que un cordero. ¿Qué le has dicho?

Yo no he sido.

¿No?

Ha sido...

...un amigo.

Pues ese amigo tiene que quererte mucho.

Siéntate. -¿Se puede?

Sí, claro.

Nos dijeron que al final no habían cerrado.

-Por los pelos.

-¿Puedo decir una cosa?

Claro, mujer.

Cuando Encarna dijo que todas éramos iguales,...

...nos quedamos pensando.

A veces, tenemos mucho tiempo y eso es malo.

Una piensa demasiado. Por eso queremos leer.

Para pasar el tiempo.

Cuando estamos en la casa,...

...hablamos entre nosotras, tejemos.

Y sin darnos cuenta, nos salen cosas de niños.

Botitas, chaquetas, gorritos.

Como el invierno está tan frío, os lo hemos traído, por si queréis.

Para vuestros hijos.

Esto no lo hacía ni mi madre.

Le va a quedar a mi niña...

Mira qué mono.

¡Qué bonito!

¿Cómo que los ingleses vuelven a hacer efectivos los adelantos?

Yo también me quedé helado al verlo.

La propia señorita Márquez fue la intermediaria.

¿Victoria? Sí, señor.

Ahora va a llevar el negocio.

Alonso.

Victoria es toda una cajita de sorpresas.

Felicidades.

Pablo.

Hablé con Villar sobre la escuela.

Me dijo que no me preocupara.

No podía rendirme.

A los mineros les pasa lo que a ti.

Que no confían en mí.

Y sin ellos, no puedo cambiar nada.

Dales tiempo.

No es fácil confiar en quien te explotaba.

¿A quién quiero engañar?

Me siento de su lado y estoy del otro.

No tengo credibilidad ante ellos. Como no la tenía ante mi padre.

Pero la lucha sí tiene sentido.

La lucha y la revolución es de los trabajadores.

Lo sé y estoy de su lado, pero son solo palabras.

La única verdad es que me detestan.

Yo no.

Una cosa es echarle una mano a tu hermano.

Y otra es enviar mensajes a los ingleses como si fueras la patrona.

Gracias a los ingleses, el negocio vuelve a salir a flote.

Pablo debe comportarse como un patrón.

Ya sabes cómo es.

No, Vicenta, no lo sé.

Y cada día lo sé menos.

¿Le he impedido que esté al frente?

Dime una cosa. ¿Dónde estuviste el día que te envié a la iglesia?

Me entretuve con Isabelita.

¿Te he fallado alguna vez?

¿Alguna vez lo he hecho?

¿Por qué me preguntas eso?

Contéstame.

No, nunca.

Voy a ver la cena.

Lo siento.

Bien.

¿Quién se cree que es?

Baje el tono, doctor.

No le administraré más tranquilizantes.

Verá, doctor.

Voy a serle sincero.

Los nervios de mi mujer siempre han estado alterados.

Pero pensé que la cosa había mejorado.

No creo que sus servicios sean todo lo eficaces que sería de desear.

En su estado, es peligroso aplicar demasiada medicación.

Hay cosas más peligrosas.

Lo más razonable sería ingresarla en un sanatorio.

El manicomio no es una opción para esta familia.

No quiero que mi mujer vuelva a hacer algo...

...como lo que hizo y responsabilizarle a usted.

¿Eh?

Años de impecable trayectoria profesional...

...a cargo de esta familia manchados...

...por un incidente como este.

¿Lo va entendiendo, doctor?

Menos mal que te has dignado a subir.

Casi me quedo sin voz llamándote.

¡Doctor Freire, qué alegría!

¿Qué hace aquí?

-Vengo a verte.

-Menos mal, esto es un suplicio.

Nadie me entiende.

Me tratan como una loca.

Una demente.

¿Qué hace?

-Es por tu bien, Irene.

-¿Usted también?

¿También contra mí? -Catalina.

-¡Que no!

¡No!

-Quieta, Irene. -¡Zorra!

¡No!

¡No!

¿Y Adelina, dónde está?

Con la hora que es.

-Yo quiero hablar contigo. -Dime. Después se queja.

-Vicenta. -Es que me va a oír.

-Yo llevé a la niña a casa de Ángel. -¿Que hiciste qué?

-Que la llevé. Conozco a esa familia hace tiempo.

-¿Por qué lo hiciste?

-Porque se quieren.

Y no quiero que les pase lo que a ti y a mí.

He hablado con esa mujer. Nos va a ayudar.

El gobernador dejará que le veáis.

¿Qué te pasa?

Las cosas han cambiado.

¿Qué ha cambiado? No te entiendo.

Todo lo que ha pasado...

Todo lo que nos ha pasado...

...me ha hecho darme cuenta de mis sentimientos.

No te entiendo.

Vuelvo al seminario.

¿Qué?

Nunca debí salir.

Me estás engañando, es una broma.

No puedo negar el camino que Dios ha elegido para mí.

¿Por qué mientes? No te miento.

Ya te he dicho que todo ha cambiado.

¿Qué ha cambiado?

Yo te sigo queriendo como siempre.

Y sé que tú a mí también.

¿Qué ha cambiado?

Mi vocación ha sido más fuerte.

Nada es más fuerte.

¿No lo entiendes?

Mírame a los ojos y dime que no me quieres.

¡Dímelo!

El amor no tiene nada que ver con esto.

¿Seguro que está arriba?

-Sí, llegó corriendo. No contesta.

-Igual no te ha oído. -La he oído llorar.

-¡Victoria!

¡Victoria!

¡Victoria!

¡Déjame!

¡Victoria!

¡Que me dejes!

Llora

Duerme, tranquila.

Ángel.

Me alegro de verte.

Yo a ti también.

El padre Anselmo quiere verte.

La muerte de Dato solo viene a demostrar lo que ya sabíamos.

Que la anarquía y el desorden solo traerán el desastre al país.

Eso es algo que no podemos consentir.

Su ilustrísima no opuso ninguna pega para solucionar...

...esta incómoda situación.

Tanto usted como yo hemos hecho lo que debíamos.

Nos aseguramos de que cada cosa vuelva a su sitio.

  • Capítulo 5

La Señora - Capítulo 5

23 nov 2012

Salvador esté en la cárcel. Ángel pide ayuda a Victoria que no duda en recurrir a Alicia, la dueña del burdel, para que medie en el caso, ella conoce a todos los hombres importantes de la ciudad. Ángel descubre que Gonzalo de Castro está detrás del encierro de su hermano.

Histórico de emisiones: 03/04/2008

 

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  1. Loraine

    Blanche, estoy de acuerdo contigo Pablo es desesperante, hay cosas de la serie que aún no asimilo como las tonterías de Victoria y del mismo Angel que a veces no logran convencer, me digo quizás es porque esta ambientada en los años 20. El cura me molesta aunque es más de lo mismo la doble moral. La serie me gusta le daría un toque muy interesante ver a Victoria con el marques!!! Al igual que a ti me gusta el papel de los sirvientes. No soy muy buena comentando pero nada tratare de ver lo mejor que me sale.

    26 nov 2012
  2. Blanche.

    Parece que Gonzalo, el marqués, tiene como objetivo quedarse con los Astilleros ( ya compró a Huguito) y con las minas a través de Victoria, supongo que casándose con ella. Si la marquesa fuera un poco lista se lo haría saber a la señorita Márquez, pues su propia vida peligra. Me está gustando la serie, aunque algunos de los actores no los termino de asimilar, como Pablo y los propios protagonistas, quizás con el tiempo; sigue gustándome mucho el grupo de los sirvientes, la gallega Adelina es fabulosa, y Vicenta y los demás bordan su papel. /// Veo que a nadie le apetece comentar, es una pena, porque podría ser interesante y entretenido, como en AETR. Hay temas como el de los mineros, la mezcla de clases, la infravaloración de la mujer, etc, y de ahí, las ramas que puedan salir, infinitas y caprichosas./// Espero haber convencido a alguien, si es que alguien entra a leer; si no, me quedaré con las ganas pero lo asumiré. Abrazos para todos.

    26 nov 2012