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No recomendado para menores de 7 años La Señora - Capítulo 4 - Hugo de Viana reta a duelo a Ángel - ver ahora
Transcripción completa

Vengo de parte del señor Viana.

Quiere batirse en duelo con usted por el deshonor que le ha causado.

¿Le han quedado claros los términos de este emplazamiento?

Está en mi casa, salga inmediatamente.

Espero una respuesta. Esto es una locura.

Dígale... Déjame hablar a solas.

No hay nada de qué hablar. Puedo ocuparme solo.

Por favor.

Me doy por enterado.

Muy bien. Quiere hacerle llegar este mensaje.

Me pidió que le facilitara la lectura.

Sé leer.

Puede marcharse.

"La gente de tu ralea no entiende qué es el honor".

"Por eso te advierto".

"Sé quién eres y quién es tu familia".

"Si no acudes a la cita, me ocuparé de que los tuyos sufran".

"Hugo de Viana".

Que no se manche. -No se acaba nunca.

-Un poco de paciencia. -Tira.

-Ya tiro. Paciencia.

-¡Señora Vicenta! -¿Qué?

-Victoria está llorando. -Coge esto.

-Un duelo por el amor de la señorita.

¡Qué romántico!

-¡Esto no te incumbe!

Como hagas comentarios por ahí, te pongo en la calle.

¿Entendido?

-No tengo mucha gente con la que comentar.

Las doncellas de otras casas ni me dirigen la palabra.

Lo que ocurre me incumbe.

-Ya ajustaré cuentas contigo más tarde.

-¿Qué he dicho yo ahora? -Más de la cuenta.

Y venga, dale.

Pasos

Victoria, ¿puedo pasar?

Alguien va a morir por mi culpa.

Si fuera él, me muero.

Niña, no digas eso.

Igual ni se presenta.

Va a ir, Vicenta, lo sé.

Has jugado con fuego.

Rechazaste a Hugo de Viana.

¿Qué creías que iba a hacer al enterarse de lo que todos saben?

Primero, mi padre.

Y ahora, él.

Si Hugo lo mata, me muero. No.

Vicenta, me muero. No, no.

Mira.

Ya sabes lo que pienso sobre lo tuyo con ese chico.

Pero no le deseo mal a nadie.

Todavía puede evitarse.

No.

Solo podría la policía. No.

Puede haber otro modo, pero tienes que tranquilizarte.

Solo espero que esto sirva para medir tus pasos.

Nada de lo que hacemos cae en saco roto.

Escúchame bien.

Solo hay una persona que puede ayudarnos.

¿Quién?

Padre, tiene que ayudarme.

¿No vas a comer?

¿Qué te pasa? ¿Vas a dejar que te maten por esa fulana?

No vuelvas a insultarla.

Es lo único que te importa. Que no la insulte.

Vas a destrozar a madre por una niña rica.

¿Le has dicho algo a madre? No.

Está enfadada contigo porque dejaste la sotana.

Así ha de seguir, sin saber nada de esto.

¡Estás loco!

Un duelo de señoritos.

¿Piensas que me gusta esto?

Si lo evito, ¿qué crees que pasará?

Yo te lo digo.

Hugo de Viana nos haría la vida imposible.

Si no me enfrento, condeno a la familia.

Ese señorito puede matarte.

Si no, tendrás que matarle tú a él.

Vas a ir al degolladero. Escucha.

No tengo elección.

Además, es cosa mía.

-Hijo.

-Hola, madre.

Tengo que irme.

Adiós, madre.

Yo también la quiero.

Puerta

¿Sí?

Gonzalo.

Está aquí Hugo de Viana.

¿Le esperabas? Sí, que pase.

Puerta

¡Adelante!

¡Qué puntual!

Te agradezco que seas mi padrino.

Me alegra ver que se defiende el honor.

¿Tu padre sabe algo? No.

Mejor así.

Usa estas joyas.

Vamos, cógela. Debes familiarizarte con ella.

¿Cómo te atreves a pedirme por él? ¡Qué descaro!

¿Por qué me habla así?

Cada uno de nosotros somos responsables de nuestros actos.

Se lo advertí.

Le dije que esa locura no podía ser.

Que os haría desgraciados. Pero no me escuchó.

Después rogué a Dios para que tú entraras en razón.

Y no hubo respuesta.

Padre, yo le quiero.

Es un hombre de Dios y tú lo sabes.

Se lo estás arrebatando a Cristo.

¡Pueden matarlo!

Es una locura innecesaria.

Lo sé y ojalá no tuviera que hacerlo.

Pero debo hacerlo. ¿No hablarás de orgullo?

No tiene nada que ver con eso.

¿Te ha amenazado, es eso?

Aún queda tiempo.

Pide cobijo en la iglesia. Don Enrique lo entenderá.

Te protegerá a ti y a los tuyos.

La iglesia no está de mi lado.

Soy un hombre y no voy a esconderme.

Relincho

Ahí están.

¿Estás seguro?

Si quieres marcharte, lo entenderé. Te dije que sería tu padrino.

Aguanta todo lo que te sea posible.

Hugo es buen tirador, pero impaciente.

Que no te tiemble el pulso.

Deja que sea él quien se precipite.

Señores.

Empecemos cuanto antes.

Lo justo es que elijas primero.

Las reglas son sencillas.

Hay una bala por pistola. El lance es a muerte.

Los padrinos velaremos por que se respeten los términos de honor.

¿Entendido? -Empecemos de una vez.

-Recuerda lo que te he dicho.

Y suerte.

Gracias.

Colocaos espalda contra espalda.

Cuando dé la señal, daréis diez pasos.

Giraréis y dispararéis.

-¡Rápido, cochero!

¡Uno, dos, tres, cuatro, cinco,...

...seis, siete, ocho,...

...nueve... -¡Ángel!

¡Maldito tramposo!

Cobarde.

¡Respeta tu honor y no te muevas!

¡Dispara!

Es tu turno.

¡El lance es a muerte, a muerte!

-¡En nombre de Cristo, deténganse!

¡Deténganse inmediatamente...

...o no volverán a pisar mi iglesia!

¡Me avergüenzo de ustedes por desafiar a la ley de Dios!

Es un hombre, un hijo de Dios.

No puedes hacerlo.

Ángel, no lo hagas.

Dispara

El chico está bien, ¿no?

-Ni me incumbe ni me interesa.

-Acompañaste a la niña a ver a don Enrique.

No me creo que el cura no le echara la reprimenda.

-¡Déjalo ya!

¡Dichoso tema, a ver si lo olvidamos!

-Dudo que lo olvidemos mientras ronde la cabeza de la niña.

-Estamos de luto.

Debemos comportarnos con discreción.

¿Entendido?

-Sí, mujer.

-Ya era hora.

Hace más de una hora que te mandé de recados.

-¿No han visto la fachada?

-¿Qué le pasa a la fachada?

-Está toda pintada.

-¿Cómo que pintada?

-Lo poco que sé leer...

...pone cosas horribles contra la señorita.

-¡Virgen santísima! -¡Vaya!

Lo siento, madre.

Siento lo que ha pasado. No quería hacerla sufrir.

Te has equivocado, hijo.

Y lo peor es que no sabes cuánto.

Puerta

Padre.

-Quería ver cómo sigue.

-Mejor, gracias. Pase.

-Gracias.

¿Ha tenido fiebre? -No, fiebre no.

-Tu hijo es fuerte como un roble.

-¿Me perdona, padre?

Tengo muchas tareas que atender. -Sí, ve, hija.

Le vas a costar la vida a tu madre.

No me diga eso, padre.

Es la verdad.

Has estado a punto de matar a un hombre.

¿Cómo es posible?

No podía hacer otra cosa.

¿Cómo puedes decir una cosa así?

¿Y todo lo que aprendiste?

¿No sirvió para nada?

La quiero.

La quiero con toda mi alma.

Hijo mío, eras un hombre de paz.

¿En qué te has convertido?

No sé, padre, no sé.

Debes pensar cómo llegaste a esa situación.

Cómo pudiste traicionar hasta ese punto tu fe.

Y también en lo que aún eres.

En lo que siempre serás. No, padre.

Ya se lo dije.

El Señor hizo contigo un milagro.

Evitó que mataras a ese hombre.

Y te protegió de una muerte segura.

Ángel.

No debes echar en saco roto esa señal.

Nuestro Señor te quiere a su lado.

¿Dónde están Vicenta y Adelina?

Cada una a sus tareas.

Necesito que me hagas un favor.

Quiero ver a Ángel. Está herido.

Yo no puedo llevarla allí.

Justo, claro que puedes.

Tienes que hacerlo por mí.

No estaría bien visto. Ni por la familia de él.

Confía en mí, lo van a entender.

Espéreme aquí un momento.

-Justo tiene razón.

Si vas, le meterás en problemas.

Pensaba que podía confiar en ti.

Lo hace por ti y por Ángel.

Si te ven allí, no solo te perjudica a ti.

Conseguirás que pinten su fachada.

Victoria.

No solo debes pensar en lo que tú necesitas.

Está herido.

Igual necesita que vaya a ver cómo está.

Si es por eso, voy yo.

Le llevaré lo que necesite.

Te diré cómo está. Quiero ir yo.

-Haga caso a su hermano.

No está bien que vaya a esa casa. No es seguro.

-No podrá trabajar en la mina en mucho tiempo.

Quizá sea mejor que trabaje en las oficinas.

Justo, vámonos.

Antes de que se haga tarde.

¡Vaya, qué prisa tenían!

-No quieren perder su tiempo.

-¿Y qué hacen aquí?

-Más que tú.

No alardees después de haberte portado como un cobarde.

-No es como cuentan.

-Ya que el marqués de Castro te tiene tanta estima,...

...debió hablarte del honor. -¿Qué tiene él que ver?

-¡Eres un estúpido! Te libré de Marruecos para quitarte del peligro.

Y te retas a duelo. -¡Me humilló!

Se ve con Victoria.

-¡Esa rata tuvo más valor que mi propio hijo!

No habría sido mala idea mandarte a Marruecos.

Gracias, madre.

Puerta

Adelante.

-Perdona.

-¿Qué?

-Luisa sigue sin querer comer.

-¿En qué estará pensando? -Tiene el miedo metido en el cuerpo.

-Mucho le dura el susto. A ver si es cuento.

-El señorito de Viana le recordó las palizas de su padre.

Y ahora prefiere limpiar.

-No recuerda lo que es comer la mierda de los demás.

-¿Y esta noche qué hacemos?

-Que descanse.

Mañana te la llevas al mercado y le compras un detallito.

A ver si se le pasa la tontería. -¿Y si no se le pasa?

Ninguna tormenta dura toda la noche.

Venga, que ya estás tardando.

¿Cómo está?

Quiere verte.

Dile...

...que estaré bien si ella está bien.

Yo se lo diré.

Pero le haría feliz que aceptaras trabajar en las oficinas.

No puedo hacer eso.

Me ganaría el desprecio de mis compañeros, incluido mi hermano.

¿Y qué vas a hacer?

No podrás trabajar en mucho tiempo.

Me recupero rápido.

-Por favor.

-Gracias.

Muy amable.

-No tendría que haber traído tantas cosas.

-No es nada. -Para nosotros, es mucho.

-Tienes que aceptar.

Hazlo por tu madre, necesitáis el dinero.

No puedes quedarte sin trabajo.

¿Por qué haces todo esto?

Sé que trataste de interceder por mí ante tus compañeros y tu hermano.

El enfrentamiento no nos llevará a ninguna parte.

Escúchame, yo estoy de vuestro lado.

Quiero que las cosas cambien, pero necesito tiempo.

Sé que esto no es fácil.

Pero no me queda otra salida.

Tienes que ayudarme.

Si el duelo quedó en un rasguño, ¿por qué veo preocupación en tu cara?

¿Es por ese muchacho?

Pues sí.

Sabía su historia con Victoria.

Cuando vi a Pablo, me di cuenta de su influencia sobre los Márquez.

Y no me gusta.

Tiene valor, pero dudo que esté a la altura.

Pica demasiado alto.

Deberíamos quedarnos en nuestro sitio.

Esa es la base del orden.

¿Quién mejor que tú lo sabe?

-¡Qué tranquilo está esto! -Estaba.

-Estoy aquí para animaros.

No te preocupes, yo me encargo.

Hugo.

¡Hombre, no esperaba verte por aquí hoy!

Vamos a celebrarlo. Hoy invito yo.

La chica que más le guste.

¿Así piensas reponer la vergüenza que arrastro?

¿Con licor y mujeres? Gonzalo.

¡Demuestra que te queda dignidad y sal de mi vista!

Otra partida de dinamita en mal estado.

¡Lo que nos faltaba!

¡Date prisa con los asientos! Toda la que pueda.

Eres igual de insolente que tu hermano.

Un poco más listo, pero nada más.

Salvador se meterá en un buen lío y le voy a estar esperando.

Es cuestión de paciencia.

Es impulsivo, pero no se vende a dos amos.

Hay que saber elegir cuál será más fuerte.

Si te equivocas, caerás.

A mí no me la das.

Te ha parido la misma tierra y no eres mejor que ellos.

Un poco más listo, pero no mejor.

Aunque te escondas bajos sus faldas, serás un muerto de hambre.

¡No la nombres!

No la nombres.

Cuando salga de aquí, me voy a beber todo el licor.

Tengo ganas de guerra.

-Espera a ver cómo se te queda el cuerpo.

-No debimos volver a trabajar. -¿No?

¿Y que se lo llevasen otros?

-Las cosas no cambiarán.

Si agachamos la cabeza, nos joderán vivos.

-Con el nuevo patrón, se puede hablar.

-El nuevo patrón.

Es un pelele.

¿qué hizo cuando llegó el remplazo? Perdonad.

-¿Qué haces aquí?

No he venido a ver vuestra cara.

Está en marcha la escuela en la fábrica de tabaco.

Decídselo a vuestras mujeres. Aprenderán a leer...

-¿Para qué?

Vete con ese cuento a otro.

¿Es un cuento que tu mujer no sea analfabeta?

No necesitan que les llenéis la cabeza de pájaros.

Te da miedo que aprenda a ver lo bruto que eres.

-No le hagas caso, se lo diremos a los demás.

Anda, vamos.

Díselo.

-Me han dicho que estabas aquí.

No es el mejor sitio para ti.

Podré soportarlo.

¿Sigues con lo de la escuela?

Si convenzo a estos zoquetes de que den permiso a sus mujeres.

Las cosas importantes no son fáciles.

¡Qué sabrás tú lo que es fácil!

Siempre has tenido educación, pero los demás no.

Se llevan a tu hermano a Marruecos.

¿Es verdad?

Adivina quién mantendrá a mi familia.

No sé por qué te cuento esto. Me han sacado de mis casillas.

Lo siento, tengo que irme.

Si quieres, te acerco en el coche.

No, gracias.

Debiste ver la cara de Lourditas cuando le dije que veníamos.

Si se entera mi madre, me castiga un mes.

-Si no venimos, no nos enteramos.

Me da un poco de lástima.

-A mí me da lástima Pablo. Siempre sufre por su hermana.

-¿Ese?

-Sí, ese, Isabelita.

No empieces. Pablo es un hombre hecho y derecho.

Su padre se equivocó con él. -No tiene remedio.

-Perdonen.

Las recibirá enseguida.

-Gracias.

Perdona.

¿Sabes leer? -Sí.

Perfectamente. -Muy bien.

Ayúdanos a salir de dudas.

Hemos oído que han escrito cosas terribles.

¿Tú las viste? ¿Qué decían?

-Siento no poder ayudarlas. No me fijé mucho.

Eran cosas sin sentido.

-Parece que Vicenta te está enseñando deprisa.

-Vicenta.

Disculpad. -Con su permiso.

-¡Qué agradable sorpresa! No esperábamos verte.

-¿A qué se debe este honor?

-Veníamos a confortar a Victoria por...

-A daros apoyo.

-No hacemos caso de esos chismes.

¿Chismes?

No.

Debemos agradecer tener tan buenas amigas.

Os preocupáis demasiado, ¿verdad?

¿Me has mandado llamar?

Sí.

Vuelve a colocarlas en su sitio.

Todo el mundo sabe lo del duelo entre Hugo y ese chico.

Le faltaba poco para ordenarse sacerdote.

¿Qué más dicen?

Que lo dejó todo por Victoria. Un arrebato.

Su madre está a nuestro servicio.

Amalia, sí.

Me pidió dispensa para atenderle.

Esa mujer...

Hace tiempo tuvimos problemas con ella, ¿no?

Se le acusó de haber robado. Fue el ama.

Nunca se supo qué había pasado exactamente.

Quiero que la despidas. ¿Despedirla, por qué?

Por volver a robar.

¿Por qué piensas que es ella?

Porque lo sé. No, Gonzalo.

Es una buena criada.

Es trabajadora y honrada.

¿También debo darte explicaciones?

Hay cosas que no podemos permitir.

No deben perdernos el respeto.

No, claro que no.

Haz lo que te pido y despide a esa mujer.

Como desee el señor marqués.

No pierden un momento.

Debo ser la comidilla.

¿Te importa mucho? No.

Me importa que Ángel esté bien.

Se está recuperando perfectamente.

Las oficinas no son peligrosas.

No me refiero a eso.

Estás haciendo un buen trabajo.

Eso evitará que Gonzalo te pida que te pongas en mi contra.

¿Por qué no es sincero?

¿Un lobo no atacaría a un rebaño? No me trates como a una niña.

Guárdate tus ironías.

¡Espera, Victoria! Perdona.

Estoy nervioso, tengo demasiadas cosas en la cabeza.

Pero sé que no nos podemos fiar de él.

Lo mismo dice Suances.

Si papá se asoció con él, por algo sería.

No le dejó otra opción.

¿Vas a dejarte engatusar?

No, pero no pienso como tú.

Entonces, ejerce tu poder.

Y oponte a mis decisiones.

Eso no tiene nada que ver.

¿Qué quieres, Victoria?

Que todo vuelva a ser como antes.

¿Por qué ha cambiado todo?

¿Por qué nos peleamos continuamente?

No lo sé.

Han pasado demasiadas cosas.

Perdóname.

Todo es por culpa de Hugo.

Habría dado lo que fuera por que no se hubiera librado de las milicias.

Estaría en Marruecos.

Y esto no estaría pasando.

Eso es, Marruecos.

Tengo algo importante que hacer.

Luego te cuento. ¿Qué pasa?

Justo.

¿Me puedes atender un segundo?

-Faltaría más.

-Justo.

¿Te acuerdas de la chica que vino a darme el pésame?

-Encarna.

-Sí.

Necesito que le entregues esto.

Debes dárselo en mano.

No lo comentes con nadie.

Sé que puedo confiar en ti.

-Por supuesto, Pablo.

-¡Pablo! ¿Qué haces aquí?

¿Querías algo?

-No.

Justo puso en marcha el reloj y quería agradecérselo.

Nada más.

-¿Qué le pasa?

-Cosas del trabajo.

-Demasiada faena y con todos en contra.

El señorito no lo tiene fácil.

-Se basta para hacerse con el negocio.

-Lo tienes más claro que su padre.

-De eso no se habla.

-No se habla, pero es una verdad como un templo.

-¿Te vas?

-Tengo cosas que hacer.

-Este hombre siempre será un misterio.

-Los hombres son un misterio.

Sobre todo, para nosotras dos.

Buenas noches, madre.

Enseguida te pongo la cena.

¿Qué le ha pasado?

Nada, un descuido tonto.

He cogido la olla sin el trapo y me he quemado la mano.

Habrá que vendarlo mejor.

Deja, ya lo haré yo.

No puede seguir así conmigo.

Ya le he dicho que lo siento.

No sirve decirlo si no eres sincero.

No puedo evitar sentir como siento.

No podía volver al seminario.

¿Cómo puedes ser tan inconsciente?

Esto es lo que hay.

¿Quieres condenarla a este futuro?

¿Piensas que a ella no le importaría?

Ella me quiere.

Si la quisieras, evitarías su sufrimiento.

No deseo su mal ni el de ninguno de nosotros.

Demasiado tarde.

Me han despedido de casa del marqués.

¿Y eso por qué?

¿Y tú me lo preguntas?

¡Maldita sea!

Te lo dije, Ángel.

Hay cosas que no se pueden hacer sin pagar por ello.

Nos toca pagar.

¿Victoria?

¿Adónde vas?

A ningún sitio.

Quería ver si Alfonso estaba en el jardín.

Hace lo que se le antoja.

Pero siempre vuelve.

¡Ah!

Voy a ver si está en mi habitación.

¿Cenas con tu hermano?

Sí, claro.

Vicenta.

La fachada está limpia.

Dios sabe hasta cuándo.

Victoria.

¡Ángel!

¿Qué haces aquí?

No ha sido fácil. ¡Aaa!

Intenté ir a verte, pero me dijeron que era mejor que no fuera.

¿Te duele mucho?

Ahora, menos.

Siento presentarme así. Tenía que verte.

Yo te quería ver.

Pensé que estarías enfadado. ¿Por qué?

Por hablar con don Enrique. No.

Espera, Victoria, espera.

No he venido para esto.

Esto no está bien.

No es lo correcto.

No puedo tocarte.

¿Por qué, qué pasa?

Tenemos que hablar, necesito saber...

¿Qué quieres saber?

Que no nos estamos equivocando.

Que no haremos sufrir a nuestras familias por un sueño.

Un sueño...

...hermoso.

Pero solo eso, un sueño.

Tenerte aquí conmigo es un sueño.

Ángel, te quiero.

Te quiero, Victoria.

¿Seguro que el recado es del marqués? -Sí, le espera en el casino.

-Gracias.

Necesito hablar con tu señor.

Pasa.

Dígame, patrón, ¿cómo pensaba cobrarse este favor?

Nunca podría devolverle tanto dinero.

Era por tu hermano.

Para que no fuera a Marruecos. ¿Te lo pidió?

No necesitamos tu caridad.

A ver, era por la escuela...

Ayuda a la escuela, pero no vuelvas a intentar comprarme.

¿Qué te pasa? ¡Solo era un favor!

No tenía otra intención oculta. Que tenga un buen día.

Encarna.

Encarna, por favor.

¡Amalia!

¡Amalia!

¡Amalia!

-¿Qué te pasa? -No encuentro mi camisón de encaje.

¿Dónde está Amalia?

-Seguro que el camisón está por aquí.

-¡Ve a buscarla, ella sabe dónde guardo mis cosas!

-No estará más en esta casa.

-¿La has echado?

Lo has hecho aposta para molestarme.

-Irene, tú no lo entiendes. -¿No lo entiendo?

¡Vete de aquí!

¡Vete!

¡Vete!

Te agradezco que hayas venido.

¿Cómo van las cosas por la mina?

Creo que has tenido problemas con una partida de dinamita.

Nada que no tenga solución.

Me tranquiliza oírlo.

Nuestro negocio no está en un buen momento.

Hasta que no se cierre el trato con los ingleses,...

...no podemos permitirnos ningún fallo.

Lo sé, pero puedes estar tranquilo.

Los ingleses nos darán un adelanto.

Eso solo son palabras.

No debes fiarte. ¿Y los mineros?

Son capaces de todo.

Un incidente sin importancia motivado por ese remplazo.

¿Qué quieres decir, que debimos dejar que fueran a la huelga?

¿No estarás de acuerdo con eso?

Solo digo que hubiera sido mejor negociar.

¿Negociar?

Eres un joven entusiasta, lo reconozco.

Pero pecas de ingenuo, cosa que tu padre no hizo.

Era un gran hombre para los negocios.

Espero que sigas su ejemplo. Nos conviene.

Gonzalo.

Me alegro de que tengas presente a mi padre.

Eso hará que no olvides que él dirigía el negocio.

Por supuesto, y ahora tú estás al frente.

Por supuesto.

¡Aaa!

-¡Vamos!

¡Aquí no pagamos por dormir, a trabajar!

¡Lo mismo para los demás!

Esto no es un casino.

-Es nuestra hora libre.

-Ten cuidado conmigo.

No eres como tu hermano.

No te guardan las espaldas.

-Os está provocando.

Quiere que entremos en su juego.

-¡Quien me busca me encuentra!

-Todavía no es el momento.

¿Cogiste lo que necesitamos?

Pues habrá fuegos artificiales.

-¿Cuándo? -Pronto.

Hablaremos en mi casa.

¿Qué pasa?

-No te ofendas.

En tu casa, está tu hermano.

-¿Y qué? -Que no es seguro.

Si no confiáis en mí, se acabó.

-No es eso. -¡Pues no me jodáis!

Yo me ocupo de mi hermano.

Trataré de conseguirte otro trabajo. No será fácil.

-Lo que más me preocupa no es el trabajo.

Es que todo se ha torcido.

Con lo feliz que parecía cuando le ordenaron diácono.

Sabía que dejar los hábitos le traería desgracias.

-Todavía no los ha dejado.

-Él me dijo que ya ha hablado con el obispo.

Para que le den el permiso de Roma.

Y que en pocas semanas, estaría hecho.

-Eso si hubiera hablado con el obispo, pero fui prudente.

A ver cómo se desarrollan los acontecimientos.

-Ya.

Siempre que no llegue a sus oídos el asunto del duelo.

Una locura que trae pena de excomunión.

-Eso nunca, padre. Mi hijo es un hombre de fe.

-Lo sé, Amalia.

Le aprecio y sigo tratando de ayudarle.

En el fondo de su corazón, la llama de la fe no se ha extinguido.

Cuenta con la bendición de Dios.

-¿Qué quiere decir, padre?

Él le protegió de la muerte.

Una señal divina.

Yo no pierdo la fe y rezo para que encuentre el camino.

-¿Y si no lo encuentra?

-Descuida, lo encontrará.

Lo siento mucho.

Si lo sintiera, no la habría despedido.

No seas insolente y baja la voz.

Yo aprecio a tu madre.

Intentaré encontrarle otro trabajo.

Por tu culpa, no será fácil.

¿Esa es la razón?

¿Y qué esperabas, que nadie hiciera nada?

¡Mi madre no merecía ser tratada así y menos por mi culpa!

¡Soy yo quien tiene que pagar! ¿Qué pasa aquí?

El chico ya se iba.

Nadie grita en mi casa.

¡Mi madre ha sido despedida sin motivo!

Tu madre es una ladrona.

Eso no es verdad.

Da gracias a que no la he denunciado.

Si no, estaría en la cárcel.

¡Lárgate antes de que mi paciencia se agote!

¿Por qué no?

No sabemos leer ni falta que nos hace.

Sois carne fácil para el que quiera engañaros.

-Fáciles somos, no nos andemos por las ramas.

Trabajáis en la casa de alterne.

-Si te oye la jefa, te marca la cara.

Esa mujer se aprovecha de vosotras.

¡Qué sabrás tú!

Vete a destrozarte las manos liando tabaco.

Nosotras sabemos ganarnos los cuartos.

Lo único... ¡Ya!

La gente nos está mirando.

¡Habrase visto pesada como esta! Vamos.

¿Qué hay, Paco?

¡Justo!

Me ha costado encontrarte. Esto es para ti.

¿Y esto?

De parte del señor.

Me pidió que te entregara esta nota.

"No es caridad, no es justicia".

¿Qué significa esto?

Creía que sabías inglés.

No sé a qué viene. ¿No lo sabes?

Está claro. Demasiados retrasos en las entregas del hierro.

No habrá más adelantos de dinero.

¿Creías que la obligación de doblar la producción era por capricho?

Que quería molestar a los mineros. ¿Pablo sabe esto?

Nuestros clientes no confían en él.

Y tienen sus razones.

Supongo que entiendes la gravedad del asunto.

Solo quiero el bien de la empresa.

¿Tu padre habría obrado así?

No tiene las mismas ideas, pero tiene su sangre.

¿Por qué no has ido a verle?

La sangre de los Márquez corre más por tus venas.

¿Adónde quieres llegar?

Se muestra beligerante. No puedo vencer esa barrera.

Victoria.

Esto no es un juego.

No se trata de escondes los amores con un don nadie.

Victoria, la situación es insostenible.

Sin ese adelanto de dinero, no podremos asumir los pagos.

Hay que tomar decisiones.

Tu padre era un hombre duro.

Muy bien.

Lo solucionaremos.

Hay que tomar decisiones.

Me alegra que pienses así.

Gracias por preocuparte.

¿Algo más? No, eso es todo.

Conozco el camino, gracias.

Victoria.

Confío en tu sensatez.

Haces muy bien.

¡Vaya maña tienes!

-La cocina nunca se me ha dado.

-¿Qué se te da a ti?

Vicenta. ¿Qué pasa?

Haz llegar estas invitaciones.

No se pueden celebrar fiestas. Estamos de luto.

Es una reunión de negocios. ¿Qué hace aquí?

Llévatelo.

Alfonso, vamos.

Se abre la puerta

¡Vaya!

Tu hombro va mucho mejor.

¿Volverás al tajo?

Quieres guerra y no te la voy a dar. Te entiendo.

¿Cómo te vas a negar a las ventajas de ser el protegido?

No entiendes nada.

¿Lo haces por nosotros?

Ya ves la suerte que ha corrido madre.

Yo no hago el juego a la contra. ¿Qué?

¿Por qué no quieres que lleguen a un acuerdo?

Te han sorbido el seso los que no son de tu clase.

Mi clase son los que persiguen la paz.

No los violentos.

Yo no me batí en duelo.

Ya no es como cuando éramos pequeños.

No puedes manejarme a tu antojo.

Y no estoy ciego. Veo lo que haces y no lo comparto.

Nos traicionas por la hermana del patrón.

El que está a favor de los mineros. Ingenuo.

Salvador.

Alonso espera vuestros movimientos.

No le deis la razón. Esto no te incumbe.

Me incumbe tanto como a ti y no tienes derecho a elegir.

Hazme caso, Ángel.

Ya que has dejado a Dios, dedícate a tus amoríos.

Vivirás mejor que nosotros.

Déjalo, ya me ocupo yo.

Gracias.

¿Qué pasa, Victoria?

Gonzalo ha venido a verme.

No adelantan más pagos hasta que no reciban más material.

¿Qué?

¿Por qué no me ha informado?

¿Quiere ponerte en mi contra? No.

Te ha convencido.

Te ha dicho que soy peligroso. No seas orgulloso.

Hay que tomar una decisión.

Ya la ha tomado por los dos.

Pablo.

No voy a vetarte.

Confío en ti. Sabes perfectamente que siempre lo he hecho.

Mañana he citado a los amigos de papá. Ellos nos pueden ayudar.

Eso sería una buena idea.

Si no fuera por un detalle.

¿A qué te refieres?

A tu amigo el marqués.

Tus invitados no darían un paso sin su aprobación.

Les va mucho en ello.

Nunca vas a confiar en nadie.

Eres incapaz de creer en la gente.

Lo que hago es porque creo en la gente.

Pero hay que ser realistas.

Gonzalo quiere ponerme a prueba.

Y lo está consiguiendo.

Déjame demostrarte que no me equivoco.

Haz lo que quieras.

Pero no cuentes conmigo para que me humillen.

Vicenta, ¿qué haces?

Conchita, deja eso donde está.

¡Cuánto se retrasa Álvaro! ¿Habrá ido a casa de Márquez?

-Buenas tardes.

Perdonad. -Pensábamos que no vendrías.

-¿Cuándo he dejado yo perder una buena partida de mus?

Álvaro.

Pensé que irías a la merienda de los Márquez.

Ya ves que no. ¿Quién iría a esa invitación?

Te hacía liado con los astilleros. La cosa está tensa.

¿Me disculpáis?

Nada que no se pueda controlar.

Eso espero por la cuenta que me trae.

Hazme llegar cualquier novedad.

No sé nada de ti. La duda ofende.

¿Cómo está tu hijo?

Recuperándose.

Tranquilo.

Me ocuparé de que no trascienda. Pero debes atarlo en corto.

Sobre todo, de noche.

Suele ir a cierta casa en la que no es bien recibido.

Acumula cuantiosas deudas que he asumido.

No me habías dicho nada.

¿Por qué?

Tú y yo tenemos negocios.

Hay confianza para que me haga cargo de algún desmán de tu hijo.

Venga, tu partida te espera.

¡Vicenta!

Vicenta. Sí.

Ya se pueden llevar todo esto.

Siento haberos molestado.

Ahora se lo llevan.

¿Necesitas algo?

Nada, gracias.

Estoy bien.

Avisa a Justo, voy a salir.

¿Adónde vas?

Te dije que no quería verte por aquí.

No me hubiera atrevido si no fuera urgente.

Cuando doy instrucciones, quiero que se respeten.

No debías venir.

Nadie me ha visto, he tenido cuidado.

Van a volar una galería.

Ya sabía yo que estaban preparando algo.

¿Estás seguro?

Me jugaría el alma. Bien.

Pues ya sabes lo que hay que hacer.

El capitán estará encantado de saber lo que sabes.

Pero yo no puedo ir... Tranquilo, todo está bajo control.

Y ahora, vete.

Pero señor...

Que te tranquilices. Vete ya.

Sí, señor.

Puerta

¿Sí?

Gonzalo, perdona.

Han venido a verte.

A esta hora no recibo a nadie.

Es Victoria Márquez.

¿Qué hace aquí esa mujer?

Coger el toro por los cuernos.

¿Qué haces aquí a estas horas?

No has usado la puerta de servicio. Pues...

Si vienes a pedir trabajo, estamos completos.

Vengo a ver al señor Márquez.

¿Al señor Márquez?

Sí.

¿Para qué?

Déjame a mí el recado.

-Me temo que es asunto nuestro.

-Sí, señor.

Supongo que estás al tanto de lo que ha pasado.

Me temo que no sé a qué te refieres.

¿Ah, no?

Yo creo que sí lo sabes.

Pero te lo cuento.

He intentado pedir ayuda.

Mi hermano no lo hubiera hecho.

Y he recibido desprecio.

Sí, has convocado una reunión.

Sí.

Y no ha venido nadie.

¿Qué estás insinuando?

¿No creerás que he tenido algo que ver?

Lo único que me mueve es el interés por la empresa de tu padre.

Soy parte de ella. No tengo nada en tu contra.

¿Qué debo hacer?

¿Cómo se supone que debo comportarme?

Me da mucha lástima verte así.

Te aconsejo que hagas lo que haría tu padre.

Mi padre confiaría en su hijo.

¿Sí, estás segura de eso?

Por eso te dejó a ti el derecho a veto.

A Vicenta casi le da algo.

Está un poco nerviosa.

Por lo de tu hermana, ¿no?

Ya he oído los rumores. Pobre chico.

¿Pobre chico?

Un pobre enamorado de una rica heredera.

¿Puede haber mayor desastre?

¡Qué bonito!

Eran de mi madre.

Son preciosas.

Me encantan las flores amarillas.

¿A qué has venido?

A pedirte perdón.

El otro día fui muy dura.

Y tenías razón.

Era un favor sin más.

Me comporté como una tonta.

Soy pobre y tengo muchos defectos, pero hay uno que no tengo.

Sé reconocer mis errores.

Así que lo siento.

De verdad.

Me comporté como una estúpida y tú me mandas esos libros.

No sabes lo que significan para mí.

Son solo libros.

No.

Es dar algo sin esperar nada a cambio.

¿Y qué iba a pedirte?

Te llenas la boda diciendo que eres pobre.

Escucha, Encarna.

No sé a qué tratos estás acostumbrada.

Pero no guardo más intenciones de las que ve.

No soy de ese tipo de hombres.

Bueno.

Ahora ya lo sé.

No lo entiendo.

¿Qué hará Victoria a estas horas con el marqués?

-Está con Justo. -¿Y Pablo?

¿Qué se traerá entre manos con esa chica? No sé qué pasa.

-Los males con pan son menos.

-No tengo apetito, prefiero descansar.

-¿Seguro? -Sí, seguro.

Esa niña me va a oír. ¿Qué pensará la marquesa?

-Buenas noches, Vicenta.

-Buenas noches.

-¡Pobre mujer!

Victoria.

Quiero ofrecerte un préstamo.

¿Un préstamo? Sí.

Quiero ayudarte. Será un préstamo personal.

Entre tú y yo, al margen de la empresa.

¿Qué buscas?

Lo mismo que tú. Nuestro bien.

Será suficiente para acabar la galería y hacer los pagos.

Ya me lo devolverás. Pero insisto, es un préstamo personal.

¿Eh?

¿Qué te voy a decir? Muchas gracias.

Pero no puedo aceptarlo.

Sí puedes.

Haz lo que querría tu padre.

Ricardo sabía que esto podía pasar.

Me habló mucho de la familia, de la tierra.

De la fuerza que veía en tus ojos.

Y sabía que Pablo sería víctima de su forma de pensar.

Eso sí que no.

Mi padre nunca diría eso.

No solo me lo dijo a mí. Lo dejó claro en su testamento.

Victoria.

Lo sabes tan bien como yo.

Es hora de dejar de mirar hacia otro lado y tomar decisiones.

Por nuestro bien.

Y por el de tu hermano.

¿Qué pasa, madre?

Nada.

Te pongo la cena, que estarás muy cansado.

¿Salvador no ha llegado todavía?

¿Qué está pasando?

Llegó hace un rato con Tino y Eusebio. Estaba muy raro.

Han salido fuera a hablar y luego se han ido.

Tu hermano no está bien.

Está inquieto.

Van a hacerlo esta noche.

¿El qué?

¿Qué van a hacer?

No me asustes.

Tengo que salir. Tranquila.

Le traeré a Salvador.

Irene, estás temblando como una hoja.

¿Tienes frío? -Mírala, ya se va.

Llevan ahí horas.

Gonzalo cree que puede engañarme.

-No llevan horas.

Llevan unos minutos y tú tienes que descansar.

-Necesito verle.

Necesito dormir con él.

Gonzalo.

¡Gonzalo!

¡Gonzalo! -¡Irene!

¡Irene! -¡Gonzalo!

¡Gonzalo!

¿Qué hacías con esa mujer?

Son cosas de negocios.

¡Mentira!

He visto la cara que has puesto.

Por favor. Se ve en los ojos.

No estás en tus cabales.

¡Por eso quieres encerrarme!

¡Para sembrar lo que no te puedo dar!

Cálmate. ¡Ya no te sirvo!

-¡Irene! Irene, por favor.

Explosión

Salvador.

Deja eso.

Déjalo, por favor.

Lo quiero en mi vientre.

Lo quiero.

Dame eso, cariño.

Ya está, dámelo.

Dámelo, mi amor.

Dámelo.

-¡Irene, no!

¡Llama al doctor, corre!

¡Juan, llama al doctor!

No me lleves lejos, por favor.

No te voy a llevar a ningún sitio.

No me lleves. Irene, por favor.

Ya está, tranquilízate.

Tranquila, Irene, ya está. Ya está.

Tranquilízate.

Coges una cuadrilla y limpiáis esto. Y mañana, todos a trabajar.

Esta mierda no nos va a retrasar las entregas.

-Lo que ordene. ¡Salvador!

¿Qué ha pasado?

-¿Tú has dado el aviso? Responde.

¿Cómo iba a hacer eso?

Estaba todo lleno de guardias.

-¡Ya está bien, vamos!

-No os habéis salido con la vuestra. -¡Calla, cabrón!

-¡Llevaos a esta escoria!

¡Deja de incordiar!

¿Quieres que te lleven a ti también?

Te dije que tu hermano acabaría mal.

¿Y qué pasó?

¡No me dejes en ascuas!

-Se los llevaron al cuartel y de ahí, al penal.

-Pues de ahí no salen.

-Lo menos que les podía haber pasado.

-Pobre señorito.

Si le faltaban problemas...

-Ese negocio necesita mano dura.

-Ahora eres negocianta.

-No, pero sé lo que digo.

Andan los del sindicato mareando y eso no es bueno para el negocio.

Si el marques se encargara... -¡Ya estamos!

-¿Qué?

-¡Arrea con lo que estás haciendo y deja de decir sandeces!

Como te oiga Vicenta, te pone en la calle y con razón.

-La verdad escuece.

¿Se puede saber qué has hecho?

Pablo.

No estaba segura de que fueran las mejores medidas.

Cuestionas mi forma de dirigir.

No.

Pero debemos tener cuidado.

Hay mucho dinero en juego que no es nuestro.

Me has fallado. Te has puesto en mi contra.

A ver, Pablo.

Deja que te explique.

La situación es muy comprometida.

Deberíamos dejar... Te has puesto contra mí.

Pero esto no se va a quedar así.

Pablo.

Suspira

Puerta

¡Adelante!

Pase.

Gonzalo, tienes visita.

No quiero ver a nadie. -¡Ejem!

-El padre Enrique insistió.

Claro, padre, pase.

Gracias, Catalina.

¡Qué agradable sorpresa!

¿Tiene problemas con sus tierras? No, no se trata de eso.

Me traen asuntos más serios.

Siéntese, por favor.

Le escucho.

Te supongo al tanto de la detención de los mineros tras el incidente.

Uno de los detenidos es hijo de una de mis feligresas.

Amalia.

Servía en tu casa.

¡Ah, sí, sí!

Prescindimos de sus servicios. Catalina no la consideró apropiada.

Escucha.

Tenemos una misión.

Debemos asegurarnos de que el orden social y moral...

...encuentren su lugar.

Claro que sí, padre.

¿Adónde coño nos llevan?

Alguien nos ha dado el cambiazo.

La dinamita estaba vacía.

¿De dónde la cogiste?

-De las cajas del almacén.

-Explotó solo una carga. Es casi imposible.

-¿Qué estás diciendo?

-Ata cabos.

Aquí hay gato encerrado.

Los guardias nos estaban esperando. -Mi hermano no fue.

-¿Y cómo lo sabes?

-¿Por qué paramos?

-¡Abajo!

¿No tenéis ganas de mear? -No.

-¡Abajo!

¡Mead ahí, en el río!

-No tenemos ganas.

-Sí tenéis ganas.

Andando.

-Tranquilos.

-Van a disparar por la espalda.

No quiero morir como un perro.

-Corred. ¡Corred!

-¡No, Salvador!

-¡Alto! -¡No corráis!

¡No corráis!

-¡Corre! -¡Alto!

-¡Alto!

¡Alto a la Guardia Civil!

¡Alto!

¡Alto a la Guardia Civil!

Disparo

-No me dejes morir como un perro.

-Levanta.

-Este no. Tenemos órdenes.

  • Capítulo 4

La Señora - Capítulo 4

22 nov 2012

Hugo de Viana, el despechado pretendiente de Victoria, reta a duelo a Ángel. Victoria teme por la vida de su enamorado e intenta por todos los medios evitar el duelo. Gonzalo de Castro, el marqués, se presta a ser el padrino de Hugo.

Histórico de emisiones: 27/03/2008

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  1. MLKWQI654346QSBNM,.-

    Hugo de Viana es abuelo del que fundó FUERZA NUEVA. Chi lo sabes está demás comentar.

    23 nov 2012
  2. qwertyuiolkjhgfds

    En la edad media los duelos eran con espadas pero cuando aparecieron las pistolas a balazos. Al actor que hace de Gonzalo cuando acabe la serie le van a dar 3 premios ¿O ya se los dieron?. El cura no quiere que maten a su hijo pero al que trabaja en la mina como no es hijo suyo que le den y , pues claro, como buen anarquista acaba asesinado.

    23 nov 2012
  3. Blanche.

    Oye, oye, ¿qué pasa aquí que nadie dilucida? Pues mira, voy a dilucidar yo. El duelo de Ángel y Hugo ,versus Aznarito, me pareció de lo más cutre, preámbulos y expresiones incluídas. Yo no me creo que eso de "o te mato o me matas" fuera tan facilongo, el "venga, tonto, te reto" no me parece real, muy peliculero lo veo yo. Dos mequetrefes sin flaquearles las piernas van al campo a ver quien de los dos empieza a criar malvas; lo lógico y más real, señores guionistas, hubiera sido una pelea a puño limpio donde el señoritingo cobardica podría haber sacado un arma a lo zorrito y que, por ejemplo, Pablo ( padrino de contienda ) se diera cuenta y abortara el disparo, quedando en evidencia la honra del mamarracho. /// Bueno, hasta mañana, anímense a comentar. Saludos.

    23 nov 2012