www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
1646457
No recomendado para menores de 7 años La Señora - Capítulo 34 - El legado papal exige resultados - ver ahora
Transcripción completa

Rugidos

Rugidos

Aullidos

Aullidos y ladridos

"Todos cabemos en la República".

"A nadie se proscribe por sus ideas".

"Pero la República será republicana".

"Es decir, pensada y gobernada por los republicanos".

"Ni militares ni agitadores".

"Hombres y mujeres libres".

"Que aman a su país y que, legítimamente y por derecho,...

...sueñan un futuro mejor para sus hijos".

"La libertad no hace felices a los hombres".

"Los hace simplemente hombres".

"La República no promete glorias, promete paz, libertad...

...y justicia".

"Cuando todo español no solo sepa leer, que no es bastante,...

...sino que tenga el ansia de leer y conocer,...

...de gozar y disfrutar,...

...sí, disfrutar con el conocimiento,...

...solo entonces habrá una nueva España".

Gracias, Carmela.

Es muy atractiva.

Haber encontrado la veta sur ha sido un golpe de suerte.

Podremos comenzar la excavación a cielo abierto, como una cantera.

¿Y qué más?

No quisiera que pensaras que me aprovecho de tu poca experiencia.

Y has sido tú quien querías verme.

Creo que ya deberíamos haber visto algún fruto.

Bueno, esto es así.

El principio de todo negocio es inversión.

Se trata de sacar mineral y venderlo, parece algo rápido.

Parece.

No te preocupes, pronto tendremos cuentas.

Así lo espero, y en eso no soy tan inexperto.

Claro, claro.

La Iglesia siempre ha sido una experta en recaudar dinero.

El obispo espera restaurar la fachada de la catedral enseguida.

Confía en que le proporcione el dinero que necesita.

¿Y tú qué esperas sacar?

¿Dinero?

¿El puesto del obispo?

¿O llegar a ser cardenal?

Lo único que me interesa es cumplir con la tarea que me han encomendado.

Pues entonces no tienes de qué preocuparte.

Me interesa tanto como a ti que tu carrera sea rápida y brillante.

¡Quién iba a decir que algún día acabaríamos compartiendo intereses!

No es la primera vez.

"Un día os alzaréis a este grito que resume mi pensamiento:

¡Abajo los tiranos! Firmado: Prometeo".

No es un periódico, es un libelo revolucionario.

Eso es. -No se altere, padre.

-Ese bolchevique de Prometeo ¿quién es?

-Alguien que agita a los estudiantes y hace que cierren las universidades.

-Escoria. -Solo saben andar con mano firme.

-¡Adónde vamos a llegar!

¡Pobre rey! -Caballeros...

-Doctor.

¿A qué debemos esta visita?

-¿A qué va a ser? Al reconocimiento.

Teníamos una cita acordada.

-Será mejor que os deje solos.

-Pase.

No sé si esta visita es muy prudente.

Es necesaria, créeme.

¿Qué ha pasado?

El último artículo de Prometeo ha caído como una bomba.

Imagino que esos artículos son para eso.

Ha calado más entre los enemigos del republicanismo que entre sus adeptos.

Eso puede parecerte. Los republicanos están aislados.

No tienen un casino donde comentar el periódico.

Encarna, es muy peligroso.

Aquí les traigo el café.

Y unas pastas.

Gracias, Vicenta, ya lo sirvo yo.

Prometeo ha de dejar de publicar.

Al menos de momento.

Si nos escondemos al primer contratiempo, no conseguiremos nada.

¿Y con Prometeo muerto?

O en le mejor de los casos, en la cárcel.

El ambiente se ha calentado mucho.

Empiezan a hacerse listas con los simpatizantes de la República.

¿Y qué puedo hacer yo?

Dile a Prometeo que tenga cuidado.

Yo no sé quién es Prometeo.

Encarna, si queremos ganar, tenemos que ser prudentes.

Bájate los pantalones.

Vamos.

Solo es un examen para desechar ciertas anomalías.

-¿Qué le ha dicho mi padre?

-Que te haga un reconocimiento.

-¡Pues ya soy un hombre y no un niño al que haya que llevar al médico!

Yo decido quién me examina.

-Nadie duda de tu hombría, al contrario.

Hay que descartar que una infección venérea haya podido afectarte.

No has sido ningún santo.

-De esas cosas hablo con mi confesor.

Con el médico solo hablo cuando estoy enfermo, y no es el caso.

-¡Qué tozudo eres!

-Estoy perfectamente bien. Dejemos que la naturaleza siga su curso.

-A veces, hay que ayudar a la naturaleza.

"Un día os alzaréis al grito de 'abajo los tiranos'".

"Prometeo".

-Tiene mucha razón en lo que dice.

-¿Qué se puede esperar de alguien que firma con un nombre pagano?

-Padre, esto no hay quien lo pare. Y mejor estar con nosotros.

-No me incluyas en vuestros líos. -¿A quién quiere engañar?

Sabemos que ve mal los abusos de los patronos.

-Yo soy un sacerdote y estoy con quien me necesita.

De ahí a la revolución hay un paso muy largo, hijo mío.

¡Lo que nos faltaba!

-Que se preparen el marqués y los suyos.

-Salvador, voy a trabajar con el marqués.

-¿Qué?

-Necesitaban un mozo en las cuadras. Tendré que ganarme la vida, ¿no?

-Puedes trabajar aquí.

-Yo te ayudo con el aguardiente cuando pueda.

Pero sin favores, saldré adelante solo.

No quiero depender de nadie, pensé que tú lo entenderías.

-Tienes que tener mucho cuidado con él.

Es muy peligroso.

-No te preocupes.

Señora Vicenta...

Yo quiero agradecerle personalmente...

...lo que ha hecho por mí.

-Si yo soy la primera que se alegra. Sin Ludi no damos abasto.

Siento las caminatas que tendrás que darte.

-Si lo hago con gusto. -Ya está.

¿Y a tu marido no le importa?

-Me gano mi jornal y...

Ayudo a Pío con las vacas. Él no se queja.

Es un buen marido.

-Claro.

Voy a ver qué pasa con el fotógrafo, que no llega.

-Muy bien.

-Yo lo siento, me ha salido sin querer.

-No le des importancia a eso.

Vicenta está preocupada por otras cosas.

-¿Qué otras cosas?

-Ella no lo dice, pero yo sé que es por la señora Encarna.

Últimamente no duerme demasiado bien.

-¿Qué es, por la comunión del niño?

-No, porque escribe.

Se pasa toda la noche dándole a la matraca de la máquina de escribir.

-Me extraña que usted lo oiga.

Ni un cañonazo la despierta por la noche.

-No te creas, últimamente no pego ojo.

-¿Y por qué?

-Pero ¿tú no has oído cómo aúlla...

...todas estas noches de luna llena?

-¿Otra vez con eso?

-Dios nos libre.

-¡Cómo va a haber un "lobishome"!

¡Menudo hombre lobo sería si me deja ir por el bosque!

-¡Adelina!

¿Y Vicenta? Está aquí el hombre de las fotos.

¿Quiere tomar algo?

-No, gracias.

-Me alegro de que haya podido venir.

-¿Por qué tenía tanto interés en que viniera?

-Es mi primera clienta, quería darle las gracias.

-¿Se lo ha contado a alguien?

-Esperaba que lo hiciera usted.

-¡Ah!, ¿sí?

-Una dama sin prejuicios que viste con la última moda de París...

...debería compartir sus secretos.

Mire.

Esto acaba de llegar de París.

La reina de Rumanía encargó uno igual.

-Es precioso.

¿Qué es?

-Muaré.

-¿Y cuánto cuesta?

-Bueno, el precio se puede ajustar.

Siempre que cuando sus amigas le pregunten, les diga dónde venir.

Y ninguno de sus vestidos lo vestirá otra.

Tiene mi palabra.

-Sé que mi marido visitaba su casa con frecuencia.

Y debo confesar que durante un tiempo,...

...eso me tuvo muy preocupada.

-Señora de Viana,...

...las personas cambian.

-Tiene razón.

Señora...

Y por eso mismo voy a ayudarla a conseguir lo que quiere.

El fotógrafo ha prometido que tendrá las fotos el domingo.

No sé cómo se nos ha ido el santo al cielo.

Podríamos hacerlas el mismo día. No sería lo mismo.

Menos mal que estás en todo, Vicenta.

Encarna, hay algo más que quería comentarte.

He estado buscando el traje que se puso Pablo ese día.

Es precioso.

Solo necesita unos arreglos. Si te parece...

Sí, claro. Me parece bien.

Sé de alguien que puede hacerlo.

Alicia Santibáñez.

Ha decidido cambiar de vida, seguro que el trabajo le viene muy bien.

Es un traje de comunión.

No creo que sea conveniente.

Si podemos ayudar a que se gane la vida dignamente, debemos hacerlo.

Es algo bastante cristiano.

-Señora Encarna, tiene visita.

¡Agustín!

-Hola, Encarna.

Pero ¿qué haces aquí?

¿No estás listo?

Lo siento, querida, las obligaciones se imponen.

Se me ha complicado un asunto. ¿Y no puede esperar?

No si tu sucio es Su Ilustrísima.

No entiendo por qué aceptaste que se asociara contigo.

No nos hemos asociado con Ángel sino con la Iglesia.

Él solo es una especie de intermediario molesto.

Menos peligroso de lo que él se cree.

Pero conviene tenerlo cerca para adelantarnos a sus movimientos.

No me gusta todo esto.

¿Por qué?

¡Señor marqués!

-¡Gonzalo López!

Marqués de Castro.

Dame un abrazo, hombre.

¡Alonso!

Esta hermosa dama debe de ser tu esposa.

Pero ¿qué haces aquí? ¿No te alegras de verme?

Victoria, Alonso de Castro, conde de Villahermosa.

Un placer.

Me encantan las mujeres que montan a caballo; son mi gran afición.

Ya te lo dije, son artículos claros y sin esa dichosa retórica.

Están llenos de sinceridad y de entusiasmo.

Encarna, lo que tú escribes son discursos.

Mucho más reales que un frío artículo de prensa.

Muchas gracias.

Agustín, como mi editor, sé que no te gustará lo que te voy a decir.

Pero Prometeo tiene que dejar de escribir una temporada.

Esto no es Madrid, tenemos que ser prudentes.

Ya llegará nuestro momento.

Quizá tengas razón. Justo por eso he venido a verte.

¿Quieres que lo deje? No es eso.

En Madrid impresionaste a los de la Unión Republicana.

Y me pidieron que te visitara.

Mateo Alonso no quiere seguir en política.

El partido necesita gente inteligente como tú.

Y han pensado que entres en las listas.

¿Yo?

Sí. Todo apunta al cambio, a unas elecciones.

Es el momento de organizarnos.

Pero, Agustín, yo no puedo.

Aquí está mi casa, mi hijo.

Todos tenemos hijos que necesitan un futuro.

Hemos de lograr que este país lo tenga.

Yo no estoy preparada para eso.

-¡Mamá!

Hijo, estoy en una reunión. Mira lo que te he hecho.

¡Qué bonito!

-Me quedaré unos días...

...antes de volver a Gijón mientras te lo piensas.

No se trata de fijar prioridades, pero este país también te necesita.

Aquí están los mejores recuerdos de mi infancia.

En esta casa.

¿Y a qué se debe esta grata sorpresa?

No creo que tus cortijos se te hayan quedado pequeños.

Te aseguro que no.

Ojalá este país funcionara como mis tierras.

Con mano dura.

¿Alonso de Castro preocupado por la situación política? No me lo creo.

El nuevo Gobierno me ha ofrecido un puesto.

¡Ah!, ¿sí?

Gobernador civil de esta comarca.

Al fin y al cabo, soy un Castro. Nobleza obliga.

Es maravilloso. No tenía noticias.

¿Ves? Otra prueba de que las cosas no van como deben.

Quizá tengas razón.

Los negocios con los americanos me tienen tan ocupado...

...que olvido la política local.

Pero, bueno, estás tú, que es como si estuviera yo mismo.

Todavía no he aceptado.

¿Y de qué depende tu decisión?

Quiero saber si tus caballos siguen dejando que desear.

Si el tiempo sigue siendo un asco y si las mujeres son virtuosas o feas.

Razones suficientes para rechazar una oferta, ¿no crees?

Sigues siendo el mismo de siempre.

-Perdón.

Pasa, quiero presentarte a alguien.

Alonso de Castro, conde Villahermosa, mi hija.

Encantada.

-No sabía que tenías una hija, Gonzalo.

Ave María purísima.

-Sin pecado concebida.

-Padre, perdóneme porque he pecado.

-Dios te escucha.

-Mi corazón no consigue perdonar sinceramente.

Siento odio dentro de mí.

-Hija mía, estás ante Dios.

Si no abres tu corazón, Él no podrá perdonarte.

-Gonzalo me quitó lo que más quería.

Padre...

Necesito su perdón. Si no, no podré recuperarlo.

-¿Recuperar qué?

-La carne de mi carne.

-¿Tu hija?

Pero, tía, aún es muy pronto.

-Mejor, que después se hace muy tarde.

-Al final, tus historias de miedo las pagamos todos.

-Que yo me quedo.

-No, vete, y que tu tía se tranquilice.

-Venga.

Toma.

-Hasta mañana. -Adiós.

Gracias, Vicenta.

-¿Sabéis dónde está Pedro? -No.

-Se fue con Justo y con el fotógrafo...

...a hacerse las fotos de comunión.

-¿Y se va a perder las clases de hoy solo por eso?

-¿Y qué problema hay?

Las podrá dar mañana.

-Mañana tiene unas clases y hoy tenía otras.

-Marcelina, ¿es más importante una clase que puede darse hoy o mañana...

...o un sacramento único en la vida?

-Su educación.

-Esto es parte de su educación.

Por ti, Pedro no haría la comunión. -Pues mira.

A lo mejor no.

-Venga... -Ni venga ni nada.

¿Alguien ha preguntado al niño?

-¡Por Dios, cómo vamos a preguntar eso a la criatura!

-¿A ti te preguntaron? -No.

Yo no he podido elegir muchas cosas.

-¡Ni tú ni nadie!

El domingo Pedro hace la comunión y se acabó.

Ruido

Respiración entrecortada

Respiración entrecortada

¿Y qué vas a decir?

Estoy hecha un lío.

-Tienes que aceptar.

¿Eso no te parece peligroso?

Pero merece la pena.

Necesitamos alguien que sea visible y que una a todos los partidarios.

-Pero se juega el pellejo.

-No irán contra alguien reconocido.

Primero irán contra algún clandestino.

-Es una locura, Encarna.

Y tu vida ya nunca sería la misma.

-Ojalá que nuestras vidas sean muy diferentes pronto.

-Deja de soñar.

¿Tú le pedirías algo así?

-Precisamente por eso.

-Vive en una de las mejores casas.

-Miembros de esas familias verán...

...que se puede ir con los obreros por un objetivo.

-¿La revolución? -No.

La caída del rey y la llegada de la República.

-Habrá que ponerse de acuerdo primero en qué república es esa.

-Lo importante es que haya una república.

Luego le daremos la forma que más convenga a la mayoría.

Por cazar en el coto de otro hombre, diez bastonazos.

¿Y por robar?

Le cortaría una mano.

Como dice el Corán.

Entonces las dos.

Y los pies, para que no pueda correr.

-¿Y por mentir?

-Depende.

¿De qué?

Si es una mujer, le cortaría la lengua.

-¿Y si es un hombre?

-Eso estaba pensando.

¿Qué haríamos con tantas lenguas?

Todos los hombres mienten para seducir a una mujer.

Un mundo de hombres mudos.

Después de escucharte toda la noche, creo que tu justicia no es tan mala.

"Touché", señora marquesa. No me lo tengas en cuenta.

Estoy acostumbrada, descuida.

Alonso...

Queremos darte un regalo de bienvenida.

Gracias.

¡Qué maravilla!

Espero que el regalo de despedida...

...esté a la altura.

Y yo que ese momento tarde en llegar.

Mañana tenemos una partida de caza, conocerás a lo mejor de la ciudad.

Lo mejor ya lo he conocido.

Y espero que veas...

...que por el norte la vida puede ser muy divertida.

-Nunca he ido a una cacería.

No creo que sea buena idea, Carlota.

-¿Y por qué no? La caza es la mejor representación de la vida que hay.

Todos somos cazadores, aunque no lo sepamos.

Yo os esperaré a la vuelta.

¿Y eso?

Prefiero ver la representación de la vida en un teatro.

El teatro es una mentira.

Allí nadie muere de verdad.

¿Y por qué tiene que morir alguien? Hablamos de la vida.

Y para que unos vivan, otros tienen que morir.

¿Tengo que preparar algo para la cacería de mañana?

No voy a ir a ninguna cacería.

En el pueblo, el señor cura iba a las cacerías importantes.

¿Cómo haces para enterarte de todo?

En la plaza no se habla de otra cosa.

La organizan los marqueses.

Por la llegada del nuevo señor De Castro.

También es conde o algo así.

Dicen las mujeres que trabajan en el palacio que tiene pinta de ser...

...una buena pieza.

¿Me da la bendición, Ilustrísima?

Buenos días.

Buenos días.

Deberías venir.

No creo que me vayas a echar de menos.

Siempre.

Y no solo yo, todos te vamos a echar de menos.

Eres la anfitriona.

No me gusta la caza.

Ni que fuera la primera vez que vas.

¿Alonso va a vivir con nosotros?

No lo sé. De momento, sí.

¿Y crees que es aconsejable?

Es algo especial, lo reconozco, pero es un caballero de pies a cabeza.

¿Qué te preocupa?

No sabes nada de él en mucho tiempo y de repente aparece.

¿No te parece raro?

Le han ofrecido un puesto importante aquí y es pariente nuestro.

Yo no acabo de confiar en él.

Su visita solo puede beneficiarnos.

Créeme.

No te preocupes.

Estás apuntando a la señorita, inútil.

¿Cómo se llamaba el del aguardiente de Madrid?

-Pacheco.

-Te ha contestado.

¡Venga, ábrela!

-Léemela tú.

-Estimado señor Ruiz.

Por la presente, queremos transmitirle nuestro interés...

...en vender su aguardiente.

Para lo que reque...

Para lo que requeriremos...

...una partida inicial de 20 cajas,...

...que le pagaremos al precio de...

¡Esto es un dineral!

-Bueno, ya será menos.

-Hay que hablar con Antón.

-Está de caza con el marqués. -¡Cuando vuelva!

Ya me veo con una casa bonita y con niños.

-¿Qué niños? -Los que vengan.

-Si no quieres.

-Porque no era el momento. Pero todo llega en esta vida.

¡Vamos a ser ricos!

Marcelina, ya está.

-A ver.

¿Y esto qué es, una guerra?

-Es el infierno.

-¡Ah!

¡Pobrecitos!

-Son los malos.

-Ya.

¿Y este niño negrito también? Es muy pequeño para ir al infierno.

-Se ha muerto sin hacer la comunión.

-¿Y a ti eso te parece bien?

Yo creo que ni sabía lo que es la comunión. No me parece justo.

-Quien no hace la comunión va al infierno.

-¿Y eso quién te lo ha dicho? -El cura.

-Y por eso tú quieres hacerla. Y por la tarta, supongo.

-Sí, y Vicenta me va a regalar algo que me va a encantar.

-Pedro, no puedes pensar siempre en los regalos.

Hacer la comunión es algo muy importante.

Es decir sí a Dios. -Ya lo sé.

-Eso también te lo habrá explicado el cura.

-Marcelina, ¿tú qué me vas a regalar?

-Pedro, tú y yo tenemos que hablar.

¡Vamos!

Llaman a la puerta

Alicia, será mejor que salgas.

-¿Qué pasa?

-Ven.

-Buenos días.

-Buenos días, necesito unos arreglos para un traje de comunión.

-Pase, por favor.

-Gracias.

-Solo sería subirle el dobladillo del pantalón...

...y estrechar la chaqueta por los hombros.

-Ya, pero si no lo probamos, no sabemos si le queda bien.

-Lo he marcado yo, no iba a hacerle venir.

Como está con las clases...

-Entiendo. Toma.

Cuando esté listo, mandaré a una de mis costureras a su casa...

...para probarlo.

-Gracias.

-Nunca cobro...

...antes de terminar el trabajo.

-Gracias. Buenos días.

-Vicenta.

¿No va a preguntarme por Conchita?

Ahora vive en París.

Se encuentra bien.

-Me alegro mucho por ella.

-Las cosas no han sido fáciles para nosotras.

La vida nos ha enseñado a hacer renuncias.

Por eso mismo ahora sabemos lo que no queremos volver a vivir.

Todo cambia, Vicenta.

¿No cree?

-No se engañe, señora.

Solo cambia lo de fuera.

Nosotras, en el fondo,...

...seguimos siendo las mismas de siempre.

Buenos días.

Disparos

Disparo

¿Está lista el arma?

-¿Sabe cómo usarla?

-Por supuesto.

-Mire.

Ahí hay uno.

Dispara

¿Está bien?

-Sí.

-Lo primero que hay que hacer es poner la culata pegada al hombro.

Con esta manos sujeta en el segundo gatillo.

Y con esta sujeta el rifle con firmeza.

Luego apunta bien...

Cae una pieza

Su primera pieza.

-La mujer de mi padre tiene razón.

La caza solo le puede gustar a los imbéciles.

-¿Adónde va?

-A dar un paseo sola.

-¡Pero puede ser peligroso!

-¿Acaso parezco yo una pieza de caza?

Hugo y su padre cada día están más nerviosos.

Tendríamos que contarle a mi suegro la verdad.

Decirle que jamás tendremos hijos.

-¿Y Hugo está dispuesto?

-Dice que no puede dar ese disgusto a su padre.

-¿Estás segura de que eso es lo que te pasa?

-Si te das prisa, llegarás a esa cacería.

-Isabel, ¿qué te ocurre?

-¿Me vas a decir qué te traes entre manos?

Tu cara lo dice todo.

-Últimamente no nos hemos visto mucho.

El cuartel me tiene muy comprometido.

-Olvidas que estoy casada con Hugo.

Sé bien el tiempo que ocupan vuestras obligaciones.

-No entiendo qué te pasa.

-No me mientas, Fernando.

Dime una cosa.

¿Qué tienes que ver con Encarna?

-¿Con Encarna?

-¡Sí!

Sé que fuiste a visitarla a casa Márquez.

-Así que es eso.

-¿Qué trataste con ella?

-¡Nada!, nada.

Se interesó por los dos soldados que detuvieron.

-Y tú se lo explicaste de buen grado. -Sí, por supuesto.

¡Estás celosa!

-No. -¡Sí!

-No. -Sí, estás celosa, y me encanta.

-Fernando, déjame. -¡Celosilla!

-Que me dejes. -¿Qué pasa?

-No estoy celosa. -Sí.

-No.

Tenemos que adelantar lo posible, mañana no tendremos tiempo.

-No te preocupes.

Esta noche quedan preparados los pichones y mañana se asan.

-Rosalía, ponte...

¿Qué te pasa?

¿Te encuentras bien?

-No es nada, es que estaba pensando en el camino.

El camino de vuelta a casa.

-Con todo el lío que tenemos en esta casa,...

...deberías quedarte a dormir aquí.

-Sí, tía, prefiero quedarme a pasar la noche, si no le importa.

-Claro, claro.

-Adelina, quiero chocolate.

-Ya te hartarás de chocolate mañana en la comunión.

-Pero quiero ahora.

-Se te estropearán los dientes.

Verás qué tarta va a hacer Adelina.

-No voy a hacer la comunión.

-¡Ah, muy bonito!

Como no hay chocolate, no hay comunión

Harás que el Niño Jesús se enfade y se ponga triste.

-Él no se enfada con los niños.

-A los malos los manda al infierno.

-Eso no es verdad. -¿No?

-No. -¿Y por qué?

-No es justo.

-Adelina, dale un poco de chocolate.

-A ver.

Toma, Pedriño.

Un besito.

-¿Tú le has oído?

Esa mujer lo va a volver loco.

-¡Ay, Virgen santa!

Señora marquesa, su Ilustrísima no puede recibirla, no está.

Esperaré.

¿Va a esperar todo el día?

La señora marquesa desea hablar con su Ilustrísima.

Déjanos solos.

¿Has ordenado no recibirme?

En esta casa todo el mundo es bienvenido.

Entonces deberías tener cuidado con tu servicio.

¿Carmelita?

No he conocido a nadie más inocente en toda mi vida.

Ruidos

¿Hay alguien ahí?

¡No disparen, por favor!

Jadeos

Grita

Respiración entrecortada

Pero ¿qué haces con eso?

-Oí ruidos.

-Claro que has oído ruidos.

Aurora se ha manchado los zapatos de barro y estaba restregándolos.

¿Qué te pasa?

-Nada, nada.

-¿Sabes lo que van diciendo por ahí?

Que el otro día la Juana, la criada de los Arriaga,...

...volvió de lavar del río casi desnuda.

Todo el mundo sabe que tiene un pretendiente y estaba allí.

Y, claro, pasó lo que pasó.

Él no pudo contenerse, y hasta mordiscos...

...que le había dado.

-Pero ¿qué contó ella?

-¡Pues qué va a contar!

Que alguien la atacó por el camino, que no vio nada...

¡Toda mordida y arañada!

¡Qué bestia ese hombre!, como si fuera un animal.

Vamos, ni un "lobishome" de esos de tu tía.

¡Aurora!

¡No corras, que vas descalza y te vas a manchar!

¿Por qué has vuelto?

¿De qué sirve que te vuelva a responder?

No creo nada de lo que dices.

Y empiezo a tener miedo.

¿De mí?

Y de Gonzalo.

No entiendo vuestra asociación.

Me gustaría que estuvieses lo más lejos posible de nosotros.

A mí también, pero los intereses de la Iglesia me lo impiden.

¿Qué hay en el fondo de todo esto?

¿No debería contestar tu marido a eso?

Un día fuimos importantes el uno para el otro.

¿No podríamos ser amigos?

Por ese mismo motivo podríamos ser...

...enemigos irreconciliables.

¿Así piensas mantener segura a tu familia, ofreciéndome tu amistad?

¿Qué más estarías dispuesta a ofrecerme?

Será mejor que nos dejemos de juegos.

¿Te envía tu marido?

Algo trama. Nunca pensé que fuese un socio leal.

¿Cómo has podido hacerte esto?

No te reconozco.

Yo a ti tampoco, señora marquesa.

¿Sabes?

Te miro y pienso:

"¿Cómo pude creer que no podría vivir sin ella?".

"¿Cómo puede ser que no quede nada?".

Tuvimos suerte de salir de todo eso.

De no llevar nuestra equivocación hasta el final.

Deberíamos dar gracias por ello.

Sí.

Gracias.

Fue una suerte.

Adiós, Ángel.

¡Por favor! ¿Me escucha alguien?

¡Padre!

¡Padre!

Grita

Llora

-Tranquila, chiquilla.

Vamos.

Vamos.

¡Vaya por Dios!

¡Ludi!

Ludi...

Señora, ¿está bien?

Sí, no te preocupes. ¿Dónde está Aurora?

En la sala, jugando.

Hola, cariño.

¿Cómo está mi niña?

-Bien.

Esta eres tú, mami.

¿Quién le mete esas ideas a Pedro en la cabeza?

-El niño no es tonto, él saca sus propias conclusiones.

-¡Qué conclusiones!

¿Se puede saber qué pasa? No es nada.

-Estamos hablando de la comunión de Pedro.

-Sí, es verdad.

Adelante, Marcelina.

Sabrás bien qué decir para convencerla.

¿De qué? De que no haga la comunión.

Que se condene y todos le señalen. -Si no es eso.

Pero Pedro tiene que saber por qué la hace...

...y no pensar solo en regalos.

-Queremos lo mejor para él. -Sí, pero aún es pequeño.

Podemos esperar a que comprenda...

...qué quiere y qué piensa.

¿Por qué no educarle como un hombre libre?

Pedro va a hacer la comunión mañana.

Y espero que entre todos hagamos...

...que sea un día muy feliz para él.

Bien.

Ya está, voy a ver qué hace.

-Gracias, Encarna.

Señorita, ¿cómo se encuentra?

No ha sido nada. Toma.

Que la preparen una tisana.

-Padre, tenía razón. No tenía que haber ido a esa cacería.

Ya has oído al doctor, lo importante es que no hay peligro.

Verás como cuando descanses, te encuentras mucho mejor.

No entiendo por qué te has perdido la cacería.

-Pobre Carlota, lo habrá pasado mal.

-Ya está fuera de peligro.

Si no es por Alonso, no sé qué habría pasado.

Es un hombre muy interesante, con las ideas muy claras.

¿Se quedará mucho? -Espero que sí.

Es inspirador.

-¿Inspirador?

Cualquiera hubiera hecho lo mismo.

-No. Alonso es partidario de la mano dura.

Hierro y fuego contra los enemigos de la patria.

-¿Eso lo ves inspirador?

-A mí me ha inspirado para mandar detener...

...a ese editor que publica soflamas contra el rey aprovechando su visita.

-¿Por qué?

-Porque no quiero que ensucie el nombre del ejército.

-En dos días tendrás que soltarlo. -Ya.

Al menos echará de menos su hotel.

Y si habla mal del ejército, será con motivos.

-¿Esa es tu satisfacción?

-Sí, pero lo mejor es que nos dirá quién está detrás de los artículos.

-Se me ha hecho tarde.

Si me disculpáis,...

...debo marcharme.

Isabel...

-Isabel.

No te preocupes.

Le he estado dando muchas vueltas y tenías razón.

No podemos mantener en silencio nuestro secreto por más tiempo.

Ha llegado la hora de tomar una decisión.

Debemos tener un hijo.

No estoy enfadada. Sí, y quiero que sepas mis razones.

No hace falta, usted me contrató para educar al niño.

Porque pienso como tú.

Y creo que tienes razón en lo que dices.

¿Entonces?

No vivimos los tiempos que nos gustaría.

Si no actuamos, nunca cambiarán.

Pedro es un niño.

Si la madre de un niño que lo tiene todo no lo hace, ¿quién lo hará?

Las cosas van a cambiar.

Mi deber es proteger a mi hijo. Y necesito tenerte a mi lado.

Me han pedido que me ponga al frente de Unión Republicana en el norte.

¿Ha aceptado?

Enhorabuena.

Gracias.

Aún no lo sabe nadie.

Como comprenderás, no quiero llamar la atención más de lo necesario.

Creo que podremos soportar una comunión más en la familia.

Sin olvidarnos de quiénes somos.

Bueno, ¿qué? ¿Has hablado con Antón?

-No.

-¡Salvador! Esto no es una cosa que podamos dejar para mañana.

-Es que yo no sé si estoy preparado para dar ese paso.

-¿Qué paso? -Sabes lo que pienso sobre ser rico.

Con este negocio nos va bien.

-Puede irnos mejor.

-¿Lo necesitamos? -Sí.

-No.

Párate a pensar.

Tenemos suficiente.

Tenemos de todo. Pan no nos falta y trabajo tampoco.

-Pero es tu aguardiente. Es lo que los dos queríamos.

Es porque lo he decidido yo, ¿no?

-¿Qué?

-No te gusta que una mujer decida su futuro por sí sola.

Es como lo que decías de mi hermana.

-¿Qué tendrá que ver eso con esto?

Es absurdo que una mujer participe en política si no puede votar.

-No pueden votar por hombres como tú.

-Y que sea así por mucho tiempo.

O serán los curas los que decidan nuestro futuro.

-¿Por qué solo vale lo que tú quieres?

¿Por qué yo no puedo tener mis propios sueños?

Llaman a la puerta

¡Ilustrísima!

¡Ilustrísima!

Llama a la puerta

¡Ilustrísima!

Pasa, Carmelita.

¿Le dijiste a la señora marquesa que no quería verla?

Me dio a entender que estaría ocupado.

No vuelvas a hacer algo así.

Yo solo quería serle útil. Perdóneme.

No es cuestión de perdonarte, Carmelita.

Debes saber poner límite a tu abnegación.

¿Entiendes?

Sí, padre.

Está bien.

Está bien.

¿Si vuelve?

No va a volver.

Mejor.

Esa mujer solo puede causarle daño.

María...

Pedro, esto es de parte de todos.

-Gracias.

-Estás igualito que tu padre.

-También te hemos comprado esto entre todos.

-¡Justo, herramientas como las tuyas!

-Escucha, Pedro.

Jesús fue durante muchos años un humilde carpintero.

Aunque era el hijo de Dios,...

...trabajó y vivió entre los más pobres.

Y nos enseña que todos los hombres,...

...ricos o pobres, nacemos iguales.

Y que todos tenemos la obligación de ayudarnos los unos a los otros.

Hoy tú vas a seguir su ejemplo.

Y estoy muy orgullosa de ti.

-Bueno...

Vámonos.

-Y cuando volvamos, nos ponemos a arreglar la casa. ¿Eh, Justo?

-¡Menudo ayudante! Con la de trabajo que hay, me vas a venir de miedo.

-¡Marcelina!

-Gracias.

¿Has tomado ya una decisión?

Este clima sigue siendo un asco,...

...pero tus caballos han mejorado bastante.

Y las mujeres no son tan feas como recordaba.

¿Entonces?

Aquí tienes al nuevo gobernador civil.

Enhorabuena.

Fernando, hoy es un día de locos en esta casa.

No te entretengas. Será un momento.

-Siento presentarme así.

Si me alegro de que hayas venido. Voy a decir que sí al partido.

Espero tener tu apoyo.

Han detenido a Agustín.

¿Qué?

Quieren detener a Prometeo y saben cómo hacer que Agustín hable.

¿No puedes hacer nada?

Llevo toda la noche intentándolo. Será mejor que te escondas.

Cuando empiecen con él, no tendrás mucho tiempo.

"No quiero que un hombre inocente pague por mi culpa".

"Puedo asumir mis responsabilidades".

"Cumpliré mi palabra y me entregaré sin oponer resistencia".

"Solo pido un favor a cambio".

"Un poco de tiempo".

"Será muy poco".

"Corpus Domini nostri Jesu Christi custodiat te in vitam aeternam".

-Amén.

¡Pedro!

Ha sido precioso. Me parecía estar viendo a Pablo.

Me acuerdo mucho de él.

Yo también. Estás muy guapa.

Estoy un poco más gorda.

Marcelina, ocúpate de Pedro.

¿Qué pasa?

Voy a esperar a los invitados fuera.

Prométeme que pase lo que pase, vais directos a casa.

Sí.

¡Encarna!

La verdad es que lo recuerdo todo vagamente.

-Yo prefiero el mar al campo. ¿Sabes nadar?

-Buenos días, señora de Viana.

-Buenos días, Alicia.

-El vestido le sienta de maravilla.

-Carlota, déjame que te presente a Alicia.

Ella es la mejor modista de la ciudad.

¿Qué pasa?

No tengo ni idea.

Me están esperando.

Victoria, cuida de Pedro hasta que todo esto pase, por favor.

¿Qué está pasando? Pero ¿qué has hecho?

¡Encarna!

Deténganla.

-¡Mamá!

-¡Pedro, Pedro!

¿Por qué no haces lo que te digo? ¿Por qué?

¡Exijo ver a mi abogado! No...

Habla cuando se te pregunte.

Tranquila.

Haré cuanto esté en mi mano para sacarla de allí.

Isabel está en estado.

Lo supimos ayer.

Enhorabuena, pero una de mis feligresas...

...está detenida sin mínimas garantías.

Deberías haberme pedido ayuda a mí.

Yo soy el cabeza de esta familia y no me gusta que usurpen mi lugar.

Tienes más influencia sobre la autoridad que Ángel y no haces nada.

¿Por qué?

Ver no vio, pero oír sí que oyó.

Como si le gruñeran.

-¿No sería un animal? -Andaba como un hombre.

¿Y qué hacemos con ese editor?

-Debería quedar en libertad.

¡Agustín!

Agustín.

Sé lo que me gusta y lo que no.

Pero mis manos están hechas para la caza.

No son como las tuyas.

Así que te pido permiso para cortejar a tu hija.

¿A mi hija?

¿O a su dote?

¿Qué es la una sin la otra?

¡Señorita Carlota!

-Veo que ha recibido mi regalo.

¿Piensas que aún tienes poder sobre mí?

Respiración entrecortada

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 34

La Señora - Capítulo 34

08 ene 2013

Mediados de Mayo de 1930. El legado papal, como socio formal de Gonzalo, exige resultados. La situación encoleriza al marqués. Victoria, ante la situación de desprotección de su familia con respecto a la iglesia, no duda en ir a visitar a su antiguo amor y enfrentarse a él.

Histórico de emisiones: 07/12/2009

 

ver más sobre "La Señora - Capítulo 34" ver menos sobre "La Señora - Capítulo 34"
Programas completos (38)
Clips

Los últimos 131 programas de La Señora

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

Añadir comentario ↓

  1. Sole

    No puedo ver los capítulos en el iPad por qué?

    26 ene 2013
  2. Eudosia

    Por qué no puedo ver los capítulos de La Señora en mi iPad....

    25 ene 2013