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No recomendado para menores de 7 años La Señora - Capítulo 30 - La pasión de los enamorados hace que Angel y Victoria se encuentren en una playa solitaria - Ver ahora
Transcripción completa

Vicenta, te acompaño en el sentimiento.

Que Dios lo tenga en su gloria.

-Gracias.

La próxima vez iremos juntos a Londres, te lo prometo.

Pero no en viaje de negocios. Ha sido agotador.

¿Cómo fue con la naviera?

Bien, bien.

Muy bien, he cerrado un contrato muy ventajoso para Álvaro.

Tengo que salir.

¿Adónde vas?

Voy a ver a Vicenta.

Ya sabes lo que ha pasado.

Sí, ¡qué desgracia!

Quiero estar con ella.

Me necesita.

¿Quieres que te acompañe?

No, no hace falta.

Termina de desayunar.

Victoria.

Te quiero.

Gracias por tu donativo.

Saluda a tu marido, me gustaría verlo más por aquí.

Gracias, gracias.

¡Ángel!

Me marcho, padre.

Pero antes me gustaría saber algo.

Justo...

Vicenta está muy rara.

No es normal...

...que no nos deje ir al entierro de Julio.

No quiere ni oír hablar del funeral.

Y se va sola al cementerio.

Justo, Vicenta no está bien.

-Se le pasará, Adelina. En esta vida todo se pasa.

-¡Adelina!, ya estoy aquí.

-Hola.

-Tengo cosas que hacer.

-Voy a ayudar a Justo.

-Quiero hablar contigo.

-Si es por lo del otro día, yo...

-Sí, es por lo del otro día, sí. Quiero decirte...

-Ya entendí perfectamente.

Y ya le dije lo que pensaba.

-Si me sigues interrumpiendo, me voy a arrepentir.

-¿Arrepentirse? ¿De qué?

-He estado pensando y...

Bueno, puedes salir y ver a quien quieras.

Tú sabrás...

...lo que quieres hacer con tu vida.

Se llamaba Aurora.

Cuando nos conocimos éramos muy jóvenes.

Yo acababa de llegar a la parroquia. Era muy hermosa.

Yo nunca había sentido nada igual.

No pensamos que hacíamos nada malo.

Algo tan puro no podía ser malo.

Cuando me dijo que estaba embarazada no supe qué hacer.

Ella lo ocultó mientras pudo y jamás dijo nada.

Le hubiera sido muy fácil descubrirme.

Pero no lo hizo.

¿Qué pasó?

El parto fue muy complicado y...

Estaba sola. Murió a las pocas horas.

Su padre te trajo a mí para que te entregara a las monjas.

Debí tener valor, ser consecuente,...

...dejarlo todo por ella.

Pero no lo tuve.

También hace falta valor para renunciar a lo que se ama.

Tú eras lo único que me quedaba de ella.

Perdóname.

No tengo nada que perdonarle.

Mi futuro no era ser un hombre de Dios.

Padre, yo necesito empezar un nuevo camino.

Pero dentro de mi alma seguiré llevando su luz.

Elige tu camino, hijo.

Como yo no pude.

¿Estás bien?

¿Qué quieres?

Era de Pablo.

Tienes que luchar.

Prométeme que nunca te olvidarás de quién eres...

...ni de dónde vienes.

Que lucharás por lo mismo que queríamos Pablo y yo.

Pero yo no soy nadie.

Eres mucho más de lo que piensas, Encarna.

Prométemelo.

Te lo prometo.

Campanilla

Señora Victoria... Buenos días.

Buenos días.

Victoria...

¡Qué alegría verte!

¿Cómo está Alejandro?

Mal.

Gracias.

Ya solo queda esperar el final.

Y yo voy a estar junto a él.

Me admira ver lo fuerte que eres.

Tú harías lo mismo.

¿Y tú cómo estás?

Pues muy feliz, Encarna.

Muy feliz.

Y tú también lo vas a ser, ya verás.

Ha sido maravilloso conocerte.

Tú me has enseñado muchas cosas.

Hablas como si te despidieras.

Es que me pongo muy sentimental.

Si tienes algo que contarme, puedes hacerlo.

¡Victoria!

Tenemos que iniciar los trabajos en esa tierras.

Cierra la puerta, Eloy.

Sí, señor.

No va a ser fácil. Oficialmente, no soy el titular de esas tierras.

¿Qué has averiguado de Julio?

No era él.

La Guardia Civil encontró un muerto descompuesto.

Llamaron a Vicenta para reconocerlo.

Ya.

Y ella reconoció el cuerpo como el de su marido, ¿no?

Sin dudarlo.

A veces es difícil llevar ciertas cargas a cuestas.

La vergüenza puede ser más fuerte que todo, créeme.

Pero la verdad es terca y casi siempre sale a la luz.

Ya sabes lo que hay que hacer.

¿Cómo te encuentras?

Bueno...

La vida a veces viene de cara y otras...

Está claro que hay cosas que no eran para mí.

Lo siento tanto...

¿Sabes?

Últimamente me acuerdo mucho de cuando Pablo y yo éramos pequeños.

De las trastadas que te hacíamos.

Esta casa estaba llena de vida.

Éramos tan felices...

¿Estás bien?

Sí.

Solo que me ha dado por pensar.

Solo quiero que sepas que te quiero mucho.

Y yo a ti, cariño.

Tú has sido como una madre para mí.

¡Mi niña!

Como arrecie,...

...nos arruina lo de esta noche.

Esos no se arriesgarán a llegar a la orilla.

Y menos con ese cargamento.

¿Lo has pensado ya?

-Acabo tan cansado que no me queda tiempo para pensar, solo para dormir.

-Y para abrazar a tu mujer.

-Eso también.

-Esa chica se merece algo más de lo tiene, ¿no?

-Yo me mato por ella cada día.

-Si te unieras a nosotros, podrías darle mejor vida.

Y te harías un favor.

Esta noche hay un trabajo seguro.

Y hay dinero.

-No, no quiero líos.

-Necesitamos dos manos más.

Y tú eres el hombre adecuado.

-Escúchame, Alfonso.

Yo ya estuve en la cárcel y no pienso volver allí. ¿Lo entiendes?

-¡Salvador!

-¿Qué pasa?

-Es Alicia. No está bien.

¡Vaya!, hoy estamos tempraneros, ¿eh?

-Si ya sabes que yo no soy de beber.

¿Sabes algo de Rosalía?

-Por aquí no ha venido.

-¿Y no la viste cuando fuiste a ver a tu hermana?

-Pío...

Hay que tener paciencia.

Que todo llega en esta vida.

Ten fe.

-Está vivito y coleando.

Han interrogado a uno que habló con él antes de zarpar.

Julio dijo que se iba a América a darse la gran vida.

-¿Julio, el de Vicenta? -El mismo.

Mi hermano trabaja en el cuartelillo y lo sabe.

A Vicenta le han dado gato por liebre.

Adelina no puede ponerse, está ocupada.

¿De parte de quién?

¿La madre de Basilio?

Sí, Adelina nos ha hablado mucho de ustedes.

A ver si viene alguna vez a visitarla.

Claro, mujer, y se trae usted a su hijo.

Ya dice Adelina lo buen mozo que es.

Bueno, tengo que dejarla.

Sí, ya le digo yo a Adelina que ha llamado.

Sí, adiós, adiós.

¡Y recuerdos a Basilio!

Adiós.

Era una llamada para Adelina.

-Ya.

Teléfono

¿A qué esperas? Venga, cógelo.

¿No te gusta tanto?

¡Pues venga, cógelo! ¡Venga!

Residencia Márquez, dígame.

Sí.

Sí, ahora mismo.

Del cuartelillo.

Otra vez preguntan por usted.

-¿Sí, dígame?

Sí, soy yo.

Llaman a la puerta

¡Alicia, abre!

-(BORRACHA) Márchate.

-Alicia, ábreme, por favor.

Hola, Alicia.

-Hola.

¿Qué pasa?

¿Tanto he cambiado?

¿Ya no me encuentras una mujer deseable?

No puedo creer que no quieras besarme.

No.

No puedo creerlo.

-Alicia...

Alicia, quiero ayudarte, pero lo nuestro se acabó.

-No necesito que me ayudes, ¡necesito que me quieras!

¡Necesito que me quieras!

-Te quiero de otra manera, Alicia.

-Solo me haces daño. ¡Márchate!

No quiero verte nunca.

¡Nunca!

¡Suéltame!

-¡Alicia, Alicia! -¡Suéltame!

-Ali...

Llantos

Anda, ve, pero sé prudente.

-Hola, Pío.

-Hola.

-No pareces muy contento de verme.

(TARTAMUDEANDO) Rosalía...

Creo que me voy...

...a desmayar.

-No.

Siéntate.

¿Nos tomamos una sidra?

-Visi, ¿tienes el pedido?

-Sí. Enseguida.

-¿Qué les pasa a esas cotillas? -Habla con Vicenta.

-¿Por qué, qué pasa?

-Un hombre asegura haber visto vivo a Julio.

Se marchaba a América.

Y se lo ha contado a la Guardia Civil.

Venceremos sin problemas. No hay motivo de preocupación.

Gracias.

-Gracias.

-¡Por nosotros!

-¡Por África!

-No va a ser fácil, Fernando.

Y esta vez no va a ser la sed ni el cansancio.

Eso me da igual, ya lo he vivido, y a todo se acostumbra uno.

Lo que más me dolerá será no ver los ojos de Isabel.

-La quieres mucho, ¿verdad?

-La quiero más de lo que yo imaginaba.

La quiero a pesar de que sé que ella ahora no siente lo mismo por mí.

-¿Por qué dices eso?

-No he estado a la altura. Lo reconozco.

Y no la culpo.

Durante mucho tiempo he sido un idiota.

Y ahora sé que Isabel es la mujer de mi vida.

Lo es, amigo.

Lo es.

Brindemos por el amor.

Es posible que no podamos hacerlo en mucho tiempo.

-Por el amor.

Discúlpame un momento.

Pensé que no podría venir.

Ya no tendremos que escondernos nunca más.

Podremos besarnos y abrazarnos sin escondernos más.

Alfonso nos estará esperando con la barca.

¿No será peligroso?

No me gusta estar en manos de contrabandistas.

No te preocupes, Alfonso es buena gente.

Es la forma más segura de escapar.

¿Qué te pasa?

Nada.

Estoy bien.

Solo...

...que esto es el principio de algo maravilloso.

De una nueva vida.

Pero también es un final.

Tengo que decir adiós a demasiadas cosas.

¿Te arrepientes?

No me arrepiento de nada.

¿Está Vicenta?

-No, la han llamado del cuartelillo y se ha ido.

-¿Sabes para qué? -No.

Se ha ido preocupada.

-¡Dios!

-Justo, ¿qué pasa?

-Yo sabía que Julio era un canalla, pero ahora lo sabe todo el mundo.

-Pero ¿qué ha pasado?

-Han visto a ese sinvergüenza coger un barco a América.

-¡No está muerto!

¡Hombre!

Estaba preocupada.

-¿Por qué? -Porque ibas a llegar antes.

-Alfonso tuvo un problema con su barca y le ayudé.

-Ese Alfonso no me gusta nada.

-Yo no me meto en esas cosas.

¡Ángel!

Los niños y los enfermos han mejorado.

Aquello ha cambiado mucho.

Ha merecido la pena.

Y he aprendido que las cosas pueden cambiar.

Se acabó, Salvador.

¿Dejarás de ser un cura del demonio?

Sí.

¡Bien!

¿Y qué piensas hacer ahora?

Me marcho, me voy de esta ciudad.

Puede que para siempre.

De momento, es todo lo que puedo contarte.

Si es eso lo que quieres...

Solo quiero que sepas que esté donde esté,...

...seguiré siendo tu hermano.

Suerte.

Te voy a echar de menos.

Isabel...

Para ti.

-Es...

...precioso.

No tenías por qué.

-Quiero que lleves algo que te recuerde a mí.

Estaremos demasiado tiempo sin vernos.

-Me lo pondré cada día.

-Osuna dice que las cosas andan al rojo vivo en África.

-Tranquilo, padre.

Volveré sano y salvo.

-Yo también me marcho en breve.

-¿Adónde?

-Ha llegado el momento de vivir por mí mismo, como lleva diciéndome años.

-Dime que te han ofrecido un trabajo.

-En París.

-¿Y a quién debo mandar mi sincero agradecimiento?

-A mademoiselle Coco Chanel, regenta una casa de moda muy importante.

-¿Trabajarás en una casa de modas? -Como asesor.

-Es un trabajo estupendo.

Estoy muy contenta por ti, Alejandro.

-Si me ofrecieran un trabajo de modistillo,...

...me sentiría insultado. -Todo son partidas.

Fernando también va a incorporarse a la movilización.

Mañana partimos juntos.

-¡Ah!, ¿sí?

-Sí. Siempre es bueno contar...

...con un amigo en circunstancias como esta.

¿Te ocurre algo, querida?

-No, estoy perfectamente.

-Volveré pronto, mi niña.

De verdad.

¿Lo sabe ya todo el mundo?

Sí, ya se sabe que el cadáver no era el de Julio.

Lo han exhumado.

Ya le han dicho a Vicenta que ha sido reconocido por otra familia.

Y no me quedó otra que recomprar las tierras para que Vicenta...

...no tuviera problemas y la finca volviera a los Márquez.

Asunto resuelto.

Ahora esas tierras me pertenecen por derecho.

Quiero que des los primeros pasos para su explotación.

Pero quiero discreción, ahora no nos podemos permitir ningún error.

No se preocupe, así se hará.

Señor...

Se trata... Se trata de un asunto incómodo.

Hoy he visto algo...

Llaman a la puerta

-Señor marqués...

¿Qué ocurre, Juan?

Es la señora.

¿Qué ha pasado?

Hace varios días que no me encuentro bien.

Yo creo que podría estar enferma.

He conocido casos parecidos.

He estado con niños enfermos y los síntomas eran similares.

Yo también he conocido muchos casos parecidos al tuyo.

¿Qué quiere decir?

No temas.

Tu malestar no responde a ninguna enfermedad grave.

Es mucho más sencillo.

Entonces ¿estoy bien?

Perfectamente.

Estás embarazada, Victoria.

¿Estás bien?

Estoy un poco mareada.

Enhorabuena.

Seguro que esta noticia hará muy feliz a Gonzalo.

No quiero problemas, Alfonso.

Descuida, todo estará listo.

Gracias.

-¡Eh!

Tú y yo tenemos que hablar.

¡Doctor!

¿Cómo está? ¿Qué es lo que tiene?

Tranquilícese, Victoria está perfectamente sana.

¡Gracias a Dios!

Pero ¿y entonces?

Tengo que darle mi más sincera enhorabuena, Gonzalo.

Su esposa está embarazada.

Ahora hay que cuidarla mucho.

¡Dios mío!

Gracias, doctor. Me hace el hombre más feliz del mundo.

Muchas gracias.

Victoria...

Gracias.

Gracias.

El doctor me ha dicho...

...que he de cuidarte para que el niño nazca sano.

Y eso es lo que voy a hacer.

Te voy a tratar como a una princesa.

¿Y si fuera una niña?

No, será un varón.

Bueno, pero si no lo fuera, seré igualmente feliz.

Victoria, ¿tú te das cuenta?

Ya nada será igual. Ahora somos una auténtica familia.

Nada puede romper lo que tenemos.

Tenemos toda la vida para ser felices.

Perdóname, estoy cansada.

No, perdóname tú a mí.

Te dejo descansar.

¡Vicenta!

¿Cómo ha ido todo?

-Ha sido como una pesadilla.

No han hecho más que hacerme preguntas.

Me he sentido como una delincuente.

-Bueno, mujer, no le des tanta importancia.

Al fin y al cabo, no has hecho nada malo.

-No, Adelina. Yo no he hecho nada malo.

-No.

-Señora Vicenta...

Dicen que Julio no está muerto.

-¿Cómo?

-En la cantina dicen que lo vieron subirse a un barco hacia América.

-¿En la cantina?

-Eso parece.

Pero son solo habladurías, Vicenta.

La gente habla de lo que no sabe.

-Eso es una sucia mentira.

¡Julio está muerto!

¡Muerto y enterrado!

-Claro que sí, Vicenta. Claro que sí.

Si tú misma lo viste.

Tú lo que tienes que hacer ahora es descansar.

¿Eh?

Yo te voy a preparar una tila, ¿vale?

Y te la tomas en tu cuarto, anda.

Ve a tu cuarto, anda.

Anda.

¡Eloy!

Me gustaría compartir algo contigo.

Voy a ser padre.

Vamos, brinda conmigo.

¿Tan poco me aprecias que no quieres compartir mis alegrías?

No, no es eso, señor.

Es que antes me gustaría decirle algo.

¿Qué ocurre?

Algo referente a la señora.

Truenos

Vicenta, siento mucho todo lo que ha pasado.

-No quiero hablar contigo, Justo.

-¿A qué viene eso?

-¿Y todavía te atreves a preguntármelo?

-Yo solo he intentado ayudarte.

-¿Traicionándome? ¿Esa es tu forma de ayudarme?

-¿De qué hablas? No entiendo nada.

-Por ti estoy en boca de todos. -¿Eso piensas?

-¿Quién sino tú sabía toda la verdad?

Ya no podré salir sin que me señalen.

¿Eso querías? ¡Lo has conseguido!

Ahora estamos los dos solos. ¿Contento?

-Pero ¿cómo puedes pensar eso de mí?

Yo nunca haría nada que te hiciese daño.

-De mi boca no ha salido nada.

-¡Mentira!

-Vicenta, por favor,...

-¡Sal de aquí!

¡Déjame en paz!

-Busco algo para recogerlo.

-No te necesito. ¡Fuera!

Llaman a la puerta

Señor...

¿Has traído lo que te pedí?

Me costó mucho encontrar a esa mujer.

Vive muy apartada en el bosque.

Sí.

Se ocupa de lo que nadie quiere ocuparse.

Ella dijo que bastaría con una infusión de esta raíz.

¿Estás seguro?

Eso dijo.

Necesito que hagas algo más por mí.

Haré lo que sea necesario, señor.

Ese cura ya ha hecho suficiente daño.

Tiene que dejar de ser un obstáculo.

No se preocupe.

Yo me encargaré de eso.

Confío en ti.

No me falles, Eloy.

Déjelo todo en mis manos.

Ese cura no volverá a molestarle.

Gracias.

Isabel...

No podía marcharme sin despedirme.

-¿Por qué no me habías dicho nada?

No me dijiste que te ibas con Hugo.

-Sé que debí decírtelo antes. Lo siento.

Mi obligación como militar...

...es unirme a la movilización, entiéndelo.

No podía quedarme aquí mientras mis compañeros cumplen con su deber.

-¡Qué bien se te da buscar excusas!

-Estás siendo injusta conmigo.

-¿Y yo qué hago ahora?

Pudrirme aquí, sola.

Esperando que me digan que estás muerto.

-Isabel, parto en unas horas. No quiero que nos despidamos así.

Te quiero.

Siempre te he querido.

Créeme si te digo que serás mi único pensamiento mientras esté allí.

-Pero ¿por qué?

Podríamos estar juntos y ser felices.

-Soy militar.

Esa es mi vocación, mi vida.

Lo siento.

Siento hacerte daño.

-No te vayas, Fernando, por favor.

No me dejes.

-Te juro que no dejaré de pensar en ti ni un momento.

-Te quiero.

Te quiero.

Fernando...

Cuídate mucho, por favor.

No podría soportar perderte.

-Lo haré.

-Isabel, ven aquí.

-Os vais todos y me dejáis aquí sola.

-París no está tan lejos.

Puedes venir a verme cuando quieras.

Señor...

El doctor Freire me ha recomendado estas hierbas para Victoria.

Son fortalecedoras.

Haz que le den una infusión bien caliente.

Enseguida. ¡Ah, Juan!

Tomaos el resto del día libre para celebrar la buena noticia.

¿Quiere vino?

-Sí, por favor.

Vale, gracias.

"Salvador, haz llegar esta nota a Ángel, por favor".

"Me espera en la playa".

-Salvador, tengo que hablar contigo.

-¿Qué te pasa, Alfonso?

-Ángel cerró un trato conmigo, pero todo se ha venido abajo.

Está en la playa. Ve a buscarle, está en peligro.

Llaman a la puerta

Pareces agotada, deja que me quede un rato.

No, eres tú la que tiene que descansar. Yo estoy bien.

No puedes estar todo el día a su lado.

Vas a acabar enfermando.

No te preocupes por mí.

Este es mi sitio.

Tu hijo también te necesita.

Ve un rato con él. Anda, ve.

Avísame si pasa algo.

No te preocupes, ve tranquila.

-Vicenta, ayúdame.

-Tranquilo, don Alejandro.

-No puedo más.

Ayúdame, por favor.

Ven conmigo.

¡Huy!

Este niño...

¡Cómo es de guapo!

Victoria...

¿Estás bien?

No me encuentro muy bien.

Estoy un poco mareada.

Victoria...

Tú eres mi vida entera.

¿Por qué me dices eso?

Me hubiera gustado ser un buen marido para ti.

No haberte causado tanto dolor.

Porque...

...yo hubiera sido capaz de cualquier cosa por ti.

A pesar de tu desconfianza y de tus acusaciones,...

...hubiera hecho todo por ti.

Solo quería que...

Solo quería...

...que fueras feliz a mi lado...

...y que me quisieras tanto como yo te quiero a ti.

Yo te quiero.

Vas a ser el padre de mi hijo.

Ruido

¡Victoria!

¿Quién está ahí?

Levanta las manos.

No sabes qué ganas tenía de que llegase este momento.

Ya puedes ir rezando tus últimas oraciones, curita.

¿Adónde crees que vas a ir?

¿Al cielo o al infierno?

¡Acércate!

Pasa.

¿No te atreves a matarme mirándome a la cara?

El marqués te manda hacer...

...lo que no tiene valor de hacer él.

¡Vamos, camina!

¡Vamos!

¡Para!

Siempre te creíste más de lo que eras, curita.

Pero ahora solo serás alimento para los peces.

-El marqués estaba al tanto de todo.

Sabía dónde estabas y dio la orden de matarte.

¿Y Victoria?

Ángel...

Victoria me mandó esta nota para que te la entregara.

¡Suéltelo!

¿Estás bien?

Está muerto.

Ópera

Grita

¡Gonzalo!

¡Gonzalo, por favor!

Ópera

¡Gonzalo!

¡Gonzalo!

¡Gonzalo!

¡Gonzalo!

¡Gonzalo!

¡Gonzalo!

¡Gonzalo!

¡Gonzalo!

Tu familia está a salvo.

Tienes razones de sobra para dar gracias por este día.

Monseñor parte para Roma, podrás ir en la comitiva.

Nadie sospechará nada.

¡Alicia!

Me voy y solo dejo rencor.

Traición.

Muerte.

No pienses en lo que ha ocurrido. No se puede huir de algo así.

Cariño, ¿no tenías algo para papá?

Empiezo a cansarme de este juego. -¿Te has cansado de mí?

-Ángel no volverá, jamás perdonará lo que ella le hizo.

Su amor se ha transformado en odio.

Tenemos muchas cosas que celebrar. ¿Sí?

Lo primero que hará la República será acometer la reforma agraria.

No quiero que vuelva a la cárcel.

-Te prometo que eso no va a pasar.

Confío en Gonzalo.

Tú nunca has confiado en él.

Él nunca nos pondría en peligro ni a mí ni a la niña.

  • Capítulo 30

La Señora - Capítulo 30

02 ene 2013

"HUIDA"  La pasión de los enamorados hace que Angel y Victoria se encuentren en una playa solitaria sin ser conscientes de que Eloy está siendo testigo de su amor.  Mientras, Vicenta es descubierta ya que han visto a Julio regresando a América en un barco.

Histórico de emisiones: 09/11/2009

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  1. Cristina

    No se ve el capitulo

    03 ene 2013