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No recomendado para menores de 7 años La Señora - Capítulo 3 - Tras la muerte de su padre el mundo que rodea a Victoria se tambalea - ver ahora
Transcripción completa

Usted tendrá la última palabra en los negocios.

¿Qué hago, Señor?

Ya he hablado con don Enrique para pedir las novenas.

He excusado al servicio para ir a la iglesia.

Te teñiré de negro la ropa de casa.

El resto la guardo.

¿Cuánto tiempo?

Ya lo sabes, un año hasta el alivio.

¿Un año es bastante para olvidarme de mi padre?

¡Pues claro que no, cariño!

Nunca le olvidarás.

Los que se marchan siempre estarán con nosotros si los recordamos.

¡Le quería tanto!

Y él a ti.

Eras la niña de sus ojos.

Nunca se cansaba de hablar de su pequeña.

Nada va a ser igual sin él.

No.

Pero debes aprender a guardarle en tu corazón y seguir.

Él verá todo lo que hagas desde arriba.

Te convertirás en la mujer que él quería.

Debes hacerlo por él.

Se abre la puerta

-Hugo de Viana está aquí.

Dígale que no le puedo atender.

-Tranquila, yo me ocupo.

¿No te han enseñado a llamar? -Lo siento.

La señorita Victoria no recibe visitas.

-Quiero verla. -No recibe a nadie.

-Yo no soy nadie y menos para ella.

Me necesita.

-Hay que respetar el luto, señor.

-Sí.

Está bien, pero dígale que volveré.

Hace años auspicié la entrada en el seminario del hijo de una feligresa.

-Lo recuerdo.

Me pediste que facilitara su ingreso.

Y si no recuerdo mal, todo resultó bien.

Ese chico vale para el ministerio. Estará a punto de ordenarse, ¿no?

-Es diácono. Solo le falta un año de estudios.

Y nuevamente tengo que pedirte un favor relacionado con él.

-¿Cuál es el problema?

-Necesito que vuelva al seminario pronto.

-¿Antes de tiempo?

-Cuanto antes.

Creí escuchar algo.

No sabía si ya te habías ido.

Me iba ahora. ¿Irene cómo está?

Sigue en su cuarto.

¿Ha comido?

Un poco.

Un par de cucharadas de caldo.

Catalina, esto no puede seguir así. Irene cada vez está peor.

Se le pasará, ya lo verás.

Como siempre. ¿Cuánto hace que nos conocemos?

Me conociste cuando a Irene. ¿A qué viene eso?

Hace mucho de eso, ¿verdad?

Catalina.

Por eso sé que eres incapaz de mantener la calma cuando mientes.

Si no confías en la recuperación de tu hermana, ¿cómo voy a hacerlo yo?

Hay que hacer algo.

Tienes razón.

Nos conocemos hace mucho.

Y también sé cuándo mientes.

Estos son los balances del trimestre.

Estos los pedidos pendientes y estos los pagos que debemos afrontar.

-¿Todo esto?

-Ud. me pidió la información para ocuparse del negocio.

Esto está aquí. Lo demás está en el almacén.

-Pero no sabemos si las cajas estarán bien por la humedad.

-¿Y no hay otra forma? Quizá Ud. pueda contarme.

-¿Qué le puedo contar?

-No sé.

Hábleme de la rutina.

O de los calendarios bienales.

-¿Bienales? Pero ¿de qué me está hablando?

-¿No hay previsiones?

-La mayor previsión de su padre era de un día para otro.

¡Pero Pablo!

¿Ya estás aquí?

-Gonzalo.

No tenías por qué correr tanto.

Me hago cargo del duro momento por el que pasas.

Lo primero es el negocio.

Tu padre dejó las cosas bien atadas. El negocio casi marcha solo.

No me ha parecido eso.

No, a falta de cuatro detalles, poca cosa.

Y para eso estamos los amigos.

Para ayudarte en tu responsabilidad.

Mira, Pablo.

Yo mejor que nadie sé lo que significa la ausencia de un padre.

Y supongo que ahora tu cabeza no está para pensar en negocios.

¿Me equivoco?

Claro que no. Y no te avergüences de ellos.

Desgraciadamente, vuestro padre os ha dejado muy pronto.

Pablo, no tienes por qué preocuparte de nada.

Estoy aquí para lo que quieras.

Para lo que necesites, ¿eh?

¿Qué hace la ropa limpia cogiendo olor a guiso?

Tienes todavía mucho que aprender.

¿Dónde has trabajado antes?

-Te lo dije. La manda la lavandera de los marqueses.

-Hace falta un salario en casa.

-Vienes en mal momento.

¿Has visto a alguien ahí fuera?

-¿A quién?

-Da igual.

Tu hermana espera un hijo y es soltera.

-Mi hermana es mi hermana, pero yo no soy así.

-Veo que no has trabajado.

-Hago de todo. A mi hermana la ayudaba a planchar.

Y sé lucir los muebles y el suelo con cera.

Aprendo rápido.

No he enfermado en la vida... -¡Está bien!

No me cantes tus virtudes y demuéstramelas.

Venga, que hay mucho que hacer. Hay que teñir la ropa de la señorita.

-¿Qué? La chica parece dispuesta, ¿verdad?

-¡Con la que tenemos encima y esta que no sabe ni por dónde anda!

Tu hermano se fue temprano.

Está nervioso por el nuevo patrón.

Pablo Márquez es buen hombre.

Espero que no se meta en líos. Salvador sabe cuidarse.

Desde que murió Márquez, la marea está baja.

¿Eso influye en la mina?

Yo solo sé que cuando la marea anda baja, pasan cosas extrañas.

Tengo que lavar tu sotana.

Vas a volver la seminario y debe estar lista.

Hay una cosa que tengo que hablar con usted, madre.

Dime, hijo.

Es sobre mi vuelta al seminario. ¿Qué pasa?

Llaman a la puerta

A ver.

Pase, padre.

-Necesito hablar con tu hijo, Amalia.

Llaman a la puerta

Adelante.

-¿Está ocupado?

-No, ¿qué pasa?

-Alguien quiere hablar con Ud.

-¡Encarna!

No sabía si venir o no.

No es de buen tono que una antigua criada se presente sin avisar.

No paraba de pensarlo y me encontré con Justo.

Gracias.

Lo siento mucho.

Siento mucho lo de su padre.

Te lo agradezco, de verdad.

Además, ha sido todo tan inesperado que resulta mucho más duro.

¿Y usted cómo está?

Háblame de tú, por favor.

Supongo que ahora me toca ser fuerte.

Eres fuerte.

¿De verdad lo crees?

Estoy segura.

Son demasiadas cosas.

No solo he perdido a mi padre.

Además ahora todos se fijan en mí.

Te toca estar al frente de los negocios.

Sí. Soy el heredero.

¿Sabes qué significa eso?

Muchos esperan que falle.

No les des la razón.

Es fácil decirlo.

Es el momento de hacer lo que no se hizo antes.

De todas formas,...

...lo harás muy bien.

¿Y si no sé?

Sabrás.

Has nacido para esto.

Y tu padre lo sabía.

No se preocupe, Justo.

Conozco la salida.

-La chica tiene razón.

-Nunca me gustó el negocio de mi padre.

Y discutimos cuando se fue.

Por lo del niño en la mina.

Lo último que le dije fue un reproche.

-Tú puedes hacer que las cosas cambien.

A no ser que tengas miedo.

-¿Miedo de qué?

-De no estar a la altura. Las cosas se ven distintas desde fuera.

-¿Eso es lo que piensas, que soy un cobarde?

-Eso lo pensará todo el mundo si renuncias a ponerte al frente.

-No me importa qué piensen.

-Lo sé. En eso tu hermana y tú sois iguales.

-Mi padre confiaba más en mi hermana que en mí.

Por eso le dio a ella la última palabra.

Si no, no lo hubiera hecho.

-Señor.

Yo no entiendo de orgullo.

Pero ¿así, tan pronto?

-Tan pronto.

Ángel, coge tus cosas y vamos al seminario.

-¿No puede esperar a Salvador?

Así se despediría de él.

-Urge que marche cuanto antes.

-Como usted diga, padre. Voy a preparar sus cosas.

Déjelo, madre, no voy a ir.

Pero ya has oído a don Enrique.

Quiere que vuelva para hacerme cambiar de idea, pero es tarde.

¿Qué?

No me ordenaré sacerdote.

¡Hijo, te has vuelto loco!

¿Qué pasa aquí? -Explícaselo a tu madre.

Explícale tus motivos.

Tiene que intentar entenderlo, madre. No me queda otro camino.

-Pero, hijo, eres diácono.

Has tomado votos.

-Tu hijo se comprometió ante Dios y la Iglesia.

Pero parece que su fe no es tan fuerte...

...para mantener la promesa que hizo ante Dios.

-No puede ser. Ángel es hombre de Dios.

-Lo abandona todo por una locura que le va a destrozar la vida.

Una mujer.

-¿Quién?

¿Quién?

No deberías cortar tanto.

Mamá no lo hacía así.

¿Crees que lo hago mal?

Solo digo que mamá no cortaba tanto y salían rosas más grandes, nada más.

Apenas hemos hablado de todo lo que ha pasado.

Ya no podrás ponerte los vestidos alegres que trajiste de Madrid.

Sé que hoy has ido a la mina.

Me alegra que estés al frente. ¿Estás segura?

¿Por qué?

Papá lo dejó bien claro. No estoy al frente de todo.

No puedo creer que te moleste eso. Era una disposición más.

Siempre fuiste su preferida.

Y yo intentaba pensar que era normal.

Y que no importaba quién estuviera por encima.

Y ahora sé que me importa más de lo que creía.

Tenemos que estar juntos.

Ya no tenemos a nadie más.

¿Qué te parece el testamento de nuestro amigo?

Deja a su hija la potestad de revocar las decisiones de su hermano.

-Es una chica lista.

-¡Germán! ¿Desde cuándo las mujeres entienden de negocios?

-No será una excepción.

Aunque sí en este lugar.

Los vecinos y tú nunca aceptaréis esos cambios.

-¡Tú tan liberal como siempre!

-Te guste o no, Victoria es como su padre y Ricardo lo sabía.

-Con permiso, Germán. Debo hablar con mi padre.

-A ver, ¿qué quieres?

-Me alisto en el Ejército.

-Pero ¿qué dices?

-Es por el rechazo de Victoria.

-¿Sabes lo que he pagado por librarte?

-¡Es mi decisión! -¡Ni hablar!

-No es la única mujer y aunque así fuera, así no te ganarás su corazón.

Sienta la cabeza y merece su respeto y el mío.

-Me alisto para luchar por España.

-¡Trabaja, maldita sea!

Todavía espero que te intereses por nuestro negocio.

-Si yo me libro de las milicias...

-¡Por ti no pienso pagar un real!

Nos vendrá bien que estés en el Ejército, a ver si te hacen hombre.

Y tú deja de perder el tiempo y gánate la confianza de Victoria.

Ahora estará más sola que nunca. No puede salir.

-¡Pero si me ha rechazado!

-¡Pues conquístala!

-¿Vamos a casa de Alicia? Invito yo.

-Gracias, pero no estoy de humor.

Tararea

¿Qué quieres? Busco a la señorita Victoria.

¿Seguro? Sí, seguro. Dile que vengo a verla.

Pero... -¿Qué haces tú aquí?

Vengo a ver a Victoria.

¿Cómo te atreves? Haz el favor de marcharte.

No hasta que hable con ella.

¿No te da vergüenza?

A punto de ser sacerdote, vienes a perturbar una casa de luto.

Vete o haré que te echen.

Usted no lo entiende.

De sobra lo entiendo.

Fuera. Aquí no pintas nada.

Vicenta.

Ángel es amigo de la familia.

Y es bien recibido en casa.

¿Entendido?

Perdona a Vicenta.

No es contra ti. Le preocupa mucho lo que se diga.

No importa, de verdad.

Necesitaba verte.

Y yo a ti.

¡Está siendo todo tan duro!

Lo sé, ya lo sé.

Pero tienes que ser fuerte, Victoria.

Él no querría verte triste.

Escucha.

No voy a volver al seminario.

Ya no puedo volver.

Podríamos irnos de aquí.

Vámonos. ¿Irnos?

Lejos, donde no nos conozcan.

Si no pusieras tanto hijo, sería mejor.

¿Quién te ha enseñado a coser?

-¿El chico que quería ver a la señorita quién era?

-Nadie que te importe.

¿En qué piensa Victoria?

-¿Ese chico es amigo de la señorita?

Parece recadero. -¡No te importa!

Bastante tenemos ya.

-Pero ¿qué pasa? -No quieras saber.

-Pues ya me dirás qué preparo de cena.

-¿A mí qué me dices?

¡Yo no pinto nada! -¡Vicenta, Vicenta!

¿Qué mosca le ha picado? -Yo no digo nada.

Ha venido un novio de la señorita. Parece un don nadie.

Y Vicenta ha querido echarlo.

Y la señorita se lo ha impedido.

-Niña, para no enterarte de nada...

Solo tengo que esperar a que termine el luto.

Pablo no se opondrá. Pero los demás sí.

¿Y qué nos importan los demás?

¿Te vas a poner tú también como Vicenta?

Deben aceptar que nos queremos.

No lo harán.

Podremos con ellos.

Ángel, escúchame.

Nuestro amor está por encima de todo y terminarán aceptándote.

No me van a aceptar.

No hay nada más importante.

Se abre la puerta

El chico que has traído está bebiendo mucho.

¿Hugo? Ajá.

Tiene mucho que aprender.

Tú eres el mejor maestro.

¿No es así? Depende de lo que se aplique.

No entiendo qué ves en él.

Es un pelele en tus manos.

Es de los pocos que me ve con otros ojos.

No quiero decepcionarle.

Dale a la mejor chica.

Invito yo. La mejor es para ti.

Esta noche me apetece otra cosa.

¿Estás seguro?

Sí. Tráeme algo dulce.

La cena me ha dejado sabor amargo.

Esta amargura la trajiste de Inglaterra.

¿No me cuentas qué pasó allí?

¡No pasó nada que no sepa todo el mundo ya!

¿Tanto te afectó la muerte de Ricardo?

Perdóname.

Pero sé que te preocupa algo.

Pensarás en cómo controlar los negocios de Ricardo.

¿O vas a dejar que su hijo se ocupe de todo?

Ese diablo no tiene nada que hacer. Es un bolchevique.

Felicidades.

Un logro para tu imparable ambición.

Prémiame.

¿Con quién?

Contigo.

¿Por qué me pides algo imposible?

La señora marquesa empeora, ¿verdad?

-¡No, no, no!

Grito

¡Zorra!

¿Qué pasa aquí?

-¡Dios! ¿Qué te ha hecho?

¿Estás bien?

Llévatela de aquí.

¡Miserable!

-No ha querido venir conmigo.

-Nunca he permitido que peguen a mis chicas.

-Me prometiste a la mejor.

-Cualquiera es mejor que un medio hombre como tú.

¡Hugo!

¿Sabes cuanto se tarda en morir con la vejiga agujereada?

Se acabó.

-No permito... Mejor cállate.

Llévatelo y que no vuelva.

-No puede prohibírmelo.

Hasta que sepas tratar con damas.

¿Damas? La única dama de la ciudad me rechaza.

Hugo. Soy hijo de Álvaro de Viana.

Mi familia tuvo toda esta tierra.

¡Basta ya!

Compórtate.

Alicia.

No volverá a ocurrir. -Eso espero.

Trae el gabán del marqués y que su chófer le espera.

Irene, tienes que comer. Estás en los huesos.

Por favor.

No tiene gracia.

No tiene ninguna gracia, Irene.

-Ya no soy la misma de antes.

-No digas eso. Sigues siendo la más guapa.

-¿De verdad?

-Sí.

¿Conoces a otra que tenga tu pelo?

¿O tus ojos?

-¿Crees que aún gusto a Gonzalo?

-Claro.

Tú eres su mujer. ¿A quién va a querer más que a ti?

-A alguien que pueda darle hijos.

-Ahora no pienses en eso.

-Para ti es fácil decirlo. No debes satisfacer a nadie.

Tú no te sientes vacía por dentro.

Inútil.

Más muerta que viva.

-No digas eso.

-Así es como me siento.

-Tranquila, ¿eh?

Tranquila.

Ya verás como todo vuelve a ser como antes.

El capataz me manda deciros que esperemos aquí.

Que tiene que hablarnos.

-¿De qué?

-No sé, nada bueno.

-Querrá quedarse la mina ahora que don Ricardo no está.

-Está su hijo.

-Ese no sirve ni para contar.

-A ver.

A partir de mañana, tenemos que doblar la producción.

Trabajaréis el doble.

Y avisad al resto.

-Un momento.

¿Como que trabajaremos el doble? Terminamos la jornada a duras penas.

-Sacadlo a destajo. Eso es problema vuestro.

-Eso es imposible.

Las vetas son hondas.

-¿Y a cambio de qué nos la jugamos?

-De conservar el trabajo. ¿Te parece poco?

-Que nos lo pida el patrón si tiene cojones.

-El que no esté de acuerdo que se dé de baja ya.

¡Vamos!

-Nadie está de acuerdo.

-Muy bien.

Uno que se ha quedado sin trabajo. ¿Alguno más?

-Sabéis que nos jugamos la vida.

Si quiere más hierro, que invierta en otra mina.

Que contrate a más hombres.

-Eso. Es que quiera peces que se moje el culo.

-Estás despedido. -Todos lo estamos.

Dígaselo al patrón. -¡Eso!

-¡Dígaselo!

-¡Silencio!

-¡Dígaselo!

-¡Coño, silencio!

-¡Dígaselo!

-¿Qué pasa aquí?

No quiero hablar.

¡Quieras o no, vas a hablar conmigo!

¿Te has vuelto loca? ¿Recibirle aquí y de luto?

No hicimos nada.

¿Tú te crees que yo soy tonta y que no sé lo que tramáis?

Va a ser cura.

Ya no. Lo ha dejado porque me quiere.

Claro y crees que la cosa está arreglada.

¿Cómo eres tan ingenua?

¿Tú sabes a lo que te expones?

A la ruina para ambos.

Quiero que entre por la puerta principal.

¿Qué pretendes?

¿Qué se sepa? No me importa.

No mides las consecuencias. Pues no lo consiento.

No me lo impidas. Te lo advierto.

Si sigues con esto, no cuentes conmigo.

¿Qué dices? Prefiero irme a verte tirarlo todo.

Incluida la memoria de tu padre.

Vicenta... Ya me has oído.

Señor Hermosilla.

Por favor.

Don Pablo no está.

-Vengo a ver a la señorita, si es posible.

-Un caballero quiere verte.

-¡Victoria, querida! Alejandro.

¿Cómo estás? Bien, gracias.

¿Qué deseas?

Necesito hablar contigo en privado.

Ha sido un malentendido.

Yo desconozco el acuerdo.

Pero hay que producir más.

No es la primera vez que pasa.

Eso es todo.

-¿Por eso estaban a punto de ir a la huelga?

-¿Huelga?

¿Quién ha hablado de huelga?

Aquí todos barren para casa, como en todos lados.

Mire.

Siempre encuentran motivos de queja.

-¿Qué ha pasado aquí?

-Trabajamos en malas condiciones.

Si doblamos, se nos caerá la mina encima.

-¿Doblar?

-Es por el acuerdo que su padre y el marqués firmaron con los ingleses.

Para cumplirlo, hay que doblar la producción.

-Váyanse tranquilos.

Aquí nadie trabajará a destajo.

-Don Pablo, el señor marqués dijo...

-Ahora se hará lo que yo diga.

Si hace falta, se traerán más hombres y se abrirán más túneles.

No hay nada más que hablar.

Le espero en la oficina.

¿Tan mal la ha encontrado?

Está peor de lo que yo pensaba.

Ya.

¿Qué me recomienda?

Ahora te necesita a su lado.

Aunque no sé si será suficiente.

Tú eres un hombre demasiado ocupado.

Haré todo lo que pueda.

Escúchame.

Soy amigo de un hijo del doctor Esquerdo.

Y podríamos llevarla a su clínica.

¿A un psiquiátrico?

Es la mejor opción.

Piénsalo, Gonzalo.

Bien, lo haré.

No te demores.

La salud de tu mujer está en juego.

¡Nicolás!

No se puede hacer ruido.

La marquesa está enferma.

¿No lo sabías?

¡Irene! -Llévame a la cama.

-Estás enferma. ¿Qué haces levantada?

-Catalina, quiere encerrarme.

Quiere encerrarme.

-¿De qué hablas? Va, ven.

¡Shh!

Escucha.

Te voy a dar un tranquilizante.

Estás muy alterada.

-Gonzalo quiere meterme en un manicomio.

-Pero ¿qué dices?

-Que sí, que le he oído hablar con el doctor Freire.

Planean quitarme de en medio.

-Anda, bebe.

-Si me encierran, les contaré a todos la verdad sobre ti.

-Nadie va a encerrarte en ningún sitio.

-Júralo.

-Te lo prometo.

Ahora cierra los ojos y no pienses en nada.

¿Cómo está Hugo? Le noté distante en el entierro.

Está algo avergonzado por lo ocurrido.

¿Como para perder los modales?

Será el despecho del rechazo.

Pensé que nos unía una noble amistad.

Entre un hombre y una mujer no existe eso.

¿O no estás de acuerdo?

No. Depende de la nobleza del hombre en cuestión.

Y de la mujer, claro.

Y Hugo no es suficientemente noble como para merecerte.

¿No es así?

¿Hugo te ha pedido que intercedas?

Hugo piensa en alistarse, pero mi tío ha pagado para librarlo.

Pues me alegro. Sería una tontería arriesgarse por un malentendido.

Pero yo no tendré la misma suerte.

Nadie está dispuesto a pagar por mí.

Bueno, Hermosilla.

Te las arreglarás para no morir. Ya.

Y tu tío tiene mucha influencia. No va a permitir que peligres.

Es que no tengo intención de alistarme.

¿Qué harás? No debes desertar.

Pagar para quedar exento.

¿Cómo?

Quizá tú me proporcionarías ese dinero.

¿Yo?

¿Cómo se te ocurre semejante disparate?

Sé algo que no querrías que se supiera.

¿Están aquí los acuerdos de explotación?

-Sí, señor.

-¿El de los ingleses?

-El marqués lo guarda.

-Entiendo.

-Puedo mandar a buscarlo.

Pero al marqués no le gusta que le molesten si no es urgente.

-Mañana quiero una copia en mi casa.

¿Entendido?

-Como quiera.

Pero si me permite un consejo,...

...yo dejaría que el marqués se encargara.

Él sabe bien tratar a los obreros.

-¿Insinúa que mi padre no llevaba bien la empresa?

-¡No, en absoluto, faltaría más!

-¿O duda de mi capacidad de gestionar la empresa?

-No me malinterprete. -Entonces, no se meta.

-Yo solo quería decir que Ud. acaba de llegar.

-Escuche, usted solo tiene que hacer lo que yo le pida.

Gonzalo de Castro es un socio.

Nada más. ¿Queda claro?

-Sí, señor.

-Espero no volver a repetírselo.

-¿Y tú de qué te ríes?

Vete a buscar al marqués y dile que tenemos que hablar.

Tu secreto estará a salvo.

Nadie sabrá que rechazaste a Hugo por es el curilla con quien te diviertes.

A cambio de dinero.

Poco comparado con lo que sería que se supiera la verdad.

Peor sería decirle a tu tío que me chantajeas.

No te atreverás.

¿Quieres verlo?

Tienes mucho que perder. ¡Vete, miserable!

¿Con las manos vacías?

Tú no tienes vergüenza.

Eso es para las mujeres recatadas y tú no lo eres.

¡Vete y no vuelvas!

Piensa bien... ¡No tengo que pensar! ¡Fuera!

Bien, tú lo has querido.

Mañana se sabrá con quién andas.

Se llama Ángel y me voy a casar con él.

No te olvides de contar eso.

-Le acompaño a la puerta.

Deja eso o se te quedará tibio y a ti te gusta abrasando.

Cada vez hay más asuntos que atender.

Y tengo la sensación de que todo pasa por mis manos.

¿La mina?

Sí.

El joven Márquez nos dará más de un problema que tendré que remediar.

No has dicho lo de tu dolor al doctor.

Esto no es nada.

Ven.

¿Está dormida?

Profundamente gracias al sedante.

No es mala idea que pase una temporada en un sanatorio.

No, por favor.

Por favor, ni se te ocurra.

Pero tú sola no puedes cuidarla.

Sí que puedo, pero no es lo que necesita y no está sola.

También estás tú. ¿Sí, yo?

¿Y qué hago yo si no puedo ni tocarla?

Llaman a la puerta

Sí.

-Pablo Márquez quiere hablar con usted.

Que pase.

Por favor.

¡Pablo, qué agradable sorpresa!

¡Pablo! ¿A qué debo esta visita?

No tolero que actúes a mis espaldas.

¿Quién ha actuado a espaldas de quién? ¿Qué dices?

El capataz exigió doble turno a los mineros.

¿No estabas enterado?

La gestión de la mina es cosa tuya, no mía.

¿Por qué iba a estarlo?

Mi padre no confiaba en ti.

Yo no estaba de acuerdo con él en muchas cosas.

Pero en eso sí coincidíamos.

No entiendo a qué viene esta escena.

¿Te he dado motivos para desconfiar de mí?

Solo soy tu socio, Pablo.

Te crees que soy un pelele como esos que manejas.

Y que cuando hubiera problemas en la mina, te lo dejaría todo a ti.

No, no, no, no.

No te consiento que vengas a insultarme a mi propia casa.

Quiero aclarar las cosas.

Yo he ocupado el lugar que me corresponde por derecho.

Nada más. Y no pretendo usurparlo.

Eso espero.

Eso sí.

Seré implacable en mi exigencia.

Somos socios del mismo negocio y velo por lo mío.

Los patronos hablan de boquilla.

Al principio, buenos gestos y después...

...nada cambia.

Y nosotros nos quedamos parados.

-Menor parados que buscando líos.

Pablo no es así.

-¿Pablo?

¿Has visto, madre? Mi hermano se tutea con los patronos.

¿Qué le has hecho a madre? Nada.

Hace días que no te habla.

¿Qué pasa? No quiero hablar.

¿No será porque no te he vuelto a ver con la sotana?

¿Así que los cuervos han perdido? ¿No serás uno de ellos?

No es cuestión de risa.

Me alegro de que hayas entrado en razón.

Los curas impiden pensar a la gente. No.

La fe es necesaria.

Mi fe me la da mi trabajo.

Y estas manos.

Por cierto, necesito pedirte un favor.

Habla con el capataz para que me dé trabajo.

¿En la mina?

¿Estás seguro?

Ahora soy un hombre como todos.

¡Perdona, Alfonsito, perdona!

Venga.

Ven.

Es por culpa de ese malnacido.

Tú me puedes ayudar.

¿Verdad que sí?

¿Verdad que sí, monito?

La señorita no ha comido.

Dice que no tiene hambre y que quiere estar sola.

-¿Qué quería el señorito que vino? -Nada que nos incumba.

Si el señor estuviera vivo, esto no pasaría.

-Se equivocó.

-¿Por qué dices eso?

-Debió dejarlo todo a su hijo.

-Eso es lo que hizo.

-No.

Le dio a la niña la última palabra y eso es negarle la confianza.

-Sabía bien lo que hacía. La niña tiene más cabeza.

-La ha perdido por un pobre.

-Yo no he dicho nada.

-Ya ajustaremos cuentas.

-Tranquilas.

Eso es algo pasajero y ya se le pasará.

-La marea ha estado baja y ya sabéis qué pasa.

-Esto no se pasa con la marea. Esto va a ser la perdición de la niña.

-No llores antes de que te peguen.

Lo olvidará cuando vea que es imposible.

-Yo la conozco y sé que no.

Se quedará sola.

Ni yo no estaré para consolarla.

-Pues mejor así que con Hugo de Viana.

-¿A mi guiso qué le pasa?

-No quiero más. No es bueno para la figura.

Voy a calentar las camas.

-¡Bueno! ¿Habéis oído?

Con más hambre que un perro y se preocupa de la figura.

¡No, si esto...!

¡Lo que hay que oír!

¿Ángel?

¿Cómo se te ocurrió?

No tenía otra manera de mandarte recado.

¿Qué te pasa?

¿Eh?

Vicenta amenaza con irse si nos seguimos viendo.

Y...

...le prometí no dejarte entrar en casa.

Bueno.

Lo entiendo.

Así que, de momento, nos veremos así.

No importa.

Esconderse es casi más fácil.

Ya te lo dije. No todo el mundo lo entiende.

Mejor así.

Por lo menos hasta que pase tu luto.

¿Y si todos los supieran antes?

¿Y por qué iba a pasar eso?

¡Abrázame más!

¿Qué pasa, a qué viene esto?

A que te quiero.

Y te seguiré queriendo pase lo que pase.

Escucha.

No tengas miedo.

Estoy aquí contigo.

¿Vale?

Campanadas

Habla en latín

"Corpus Domini nostri Iesu Christi".

-Amén.

-"Corpus Domini nostri Iesu Christi".

"Corpus Domini nostri Iesu Christi". -Amén.

-"Corpus Domini nostri Iesu Christi".

"Corpus Domini nostri Iesu Christi".

Amalia.

No corras tanto, mujer. Levantarás más comentarios.

-¿Por qué tenemos que sufrir esto?

-Advertí a Ángel, pero no me escuchó.

-Todos saben que anda con esa mujer.

¿No es posible arreglar todo esto?

-No, Amalia. Ángel ha roto los votos.

Y debo comunicarlo al obispado. -Espere, no lo comunique.

Aún puede arrepentirse de su error.

-Tu hijo ha quebrantado sus votos.

Está en pecado y no se arrepiente.

Ya no es un hombre de Dios.

-Mi hijo es buen chico.

Su alma es pura, pero es joven y su carne es débil.

¿Tan raro es eso?

No lo condene, padre.

Podemos convencerlo.

Tú eres el hermano de Salvador.

Sí.

¿Cómo no te vimos antes?

-Ha estado con los curas.

-Menos mal que te has librado.

-Eso pienso yo.

-¿Y podrás con esto?

Puedo trabajar duro.

Espérate a terminar el turno.

Tu hermano te habrá dicho que las cosas no van muy bien aquí.

-¿Se sabe algo más?

-Alonso anda más fino después de que el nuevo patrón le parara los pies.

-¿No habrá doble turno? -No se dicho más.

-Tranquilos. Por algún lado saldrán.

Deberíamos hablar con el comité.

Estemos prevenidos.

-No somos bien vistos. -Aun así.

Os vendáis antes de heriros.

No te metas.

No lo entiendes.

-No, deja hablar a tu hermano.

Ahora es un compañero más, ¿no?

Solo digo que esperéis a ver si las cosas cambian con el nuevo patrón.

-No cambiarán. ¿Cómo lo sabes?

Por ahora ha cumplido lo que prometió.

¿Qué sabrás tú?

Sí, tienes razón.

Yo no sé nada.

¿Cuánto estarás fuera?

Todavía no lo sé. Lo de Marruecos es muy serio.

Y peligroso. Tranquila.

Los periodistas sabemos cuidarnos.

Madrid puede ser más peligroso que Tetuán.

Pero ten cuidado.

Descuida.

Le echas mucho de menos, ¿verdad?

Vicenta dice que el tiempo lo cura todo.

Pero no sé...

Sentí mucho no asistir al funeral.

Pero lo principal es que Pablo y tú sigáis adelante.

Sí.

¿Cómo van las cosas en la mina?

No sé. Pablo no me lo dice.

Los mineros andan revueltos.

No lo sabía.

¿Gonzalo de Castro ha venido a visitarte?

No. La última vez lo vi en la lectura del testamento.

Si no lo ha hecho, lo hará.

¿Por qué?

Hay algo muy importante que debes saber y prefiero hablarlo contigo.

El marqués era socio de tu padre, pero tu padre no confiaba en él.

Por eso fue a Inglaterra.

Para tratar con los ingleses y así sacar del negocio a Gonzalo.

A Pablo tampoco le gusta.

Pero Pablo le encarará de frente y eso no vale con el marqués.

Es un hombre poderoso que lleva mucho tiempo anhelando vuestros negocios.

Por eso hay que ser cautos, ¿comprendes?

Esperen a la señorita en el invernadero. Irá enseguida.

-Bien, pero tráenos té, que llegamos heladas.

-Sí, señora.

-¡Señorita, hija, señorita!

-Disculpe, señorita.

-¿De dónde sacarán el servicio?

¡Pablo! -¿Venís a ver a Victoria?

(AMBAS) Sí.

-Y a huir del viento, si somos bienvenidas.

-Por supuesto, Isabel. Aquí todos son bienvenidos.

-Con la mina y los negocios no tendrás mucho tiempo libre, ¿verdad?

-La verdad es que no.

-Es que ya casi no se te por el paseo.

-No tengo tiempo para esas cosas.

Si me disculpáis.

Adiós. -Adiós, Pablo.

-Así no llegarás a ningún lado con este chico.

-¡Déjame!

-No me imagino nada peor que tener a Pablo como marido.

Perder a los nuestros pronto supone crecer más rápido.

Sin apenas darnos cuenta.

Y eso te ocurrirá a ti.

Te preocuparás por cosas que antes ni conocías.

Aprenderé. Lo sé.

Si te sientes perdida, puedes contar conmigo.

Puerta

-Señorita, sus amigas la esperan. -Enseguida voy.

Hoy he visto a Elisita.

Su familia es íntima de los López, que meriendan con los Viana.

-Lo sé de sobra.

-Hermosilla le dijo a Elisa que tras el desplante de Victoria hay más.

-¿Más? ¿Qué quieres decir?

-Victoria rechazó la petición de Hugo por otra persona.

Ya me entiendes.

-¿Victoria tiene otro novio? ¿Y quién podrá ser?

-¿No te da que pensar? -¿Qué?

-Si no lo sabemos quién es es porque lo esconde.

¿Y por qué va a esconderlo?

-Porque no le gustaba a su padre.

-Victoria sería capaz de todo por dar la nota.

¡Victoria, hija!

Nos tenías abandonadas.

Estaba con Germán de Suances.

¡Qué horror, ese periodista!

Escribe para revistas nada recomendables.

Mi padre decía lo contrario.

¡Ay1

Te felicito, Pablo. Tu padre estaría orgulloso de ti.

-No sé cómo toleraba a Alonso de capataz.

-Por mucho que nos disguste,...

...no es fácil dar con alguien que controle bien a los obreros.

-No creo en la mano dura. -A veces es necesaria.

-Alonso apoya al marqués.

-Cuidado, hijo. Estas paredes oyen.

Y no deben oír según qué cosas.

-Que escuchen bien. Ese indeseable es solo un empleado.

Y prescindiré de él.

-No tan rápido.

Gánate su confianza antes de tomar ninguna decisión.

Si le echas ya, no se irá con las manos vacías.

-Lo tendré en cuenta.

-No te conviene contrariar al marqués.

Risas

¡Mi sobrino! No se cansa de perder el tiempo.

-¿Os imagináis al curilla oficiando su propia boda?

-¿Dónde has dejado a tu primo?

-Ha cambiado el Ejército por un seminario.

Victoria ve más atractivos a los curas que a los militares.

-¿Qué dices?

-Por suerte, tu hijo no lo sabe aún.

Pero el verdadero motivo por el que Victoria lo rechazó...

...es porque se ve con otro hombre o, mejor dicho, con un medio hombre.

-¡Basta de tonterías!

¡No sabes lo que dices!

-Sé muy bien lo que digo.

Vi como Victoria se encontraba en el acantilado con ese seminarista.

La pobre huerfanita no se chupa el dedo, tío.

-¡Cierra tu sucia boca!

-Déjalo, hijo.

No te ensucies las manos con ese cretino.

Cuidado con el cuchillo.

-Gracias. No estoy en lo que tengo que estar.

-Señora Vicenta.

Siento haber hablado de más con Adelina.

Como ella me metió en la casa...

-No te preocupes. Da igual.

-¿Por qué?

-Es cuestión de tiempo que todos lo sepan.

-¿Lo de la señorita y el chico? -¿A qué crees que vienen esas dos?

Se dicen amigas, pero les come la envidia.

Solo quieren hacer mala sangre.

-¿Pregunto en el mercado?

Si algo ronda, allí me entero.

-Pero tienes que ser discreta.

-Como una monja.

-Pues venga, ¿a qué esperas?

¿Qué buscas?

Nada.

El acuerdo con los ingleses.

¿Tú también?

¿Por qué lo dices?

Castro no quería dármelo.

Guarda sus cartas.

¿Qué quieres decir?

Que el marqués quiere la mina.

¿Qué pasa?

Germán de Suances vino a vernos.

Me advirtió de lo mismo.

¿Y qué más dijo?

Que fuéramos prudentes.

El marqués siempre ha estado volando sobre los negocios de papá.

Germán tiene razón. No hay que dar pasos en falso.

Ha pasado algo en el casino.

Vi a Hermosilla.

Estaba hablando...

...sobre ti.

Le ha faltado tiempo.

Intentó comprar mi silencio.

Entonces es verdad lo que decía.

Sí.

Hubiera querido que lo supieras por mí.

Es Ángel, ¿verdad?

No somos tan libres.

Ya lo sé.

Sí que lo sabes.

Esta mañana le vi en la mina.

Firmé su contrato.

¿Qué?

Pensé que lo sabías.

¿Es cierto lo que he oído que dices?

-Hugo, cálmate. -Y me tengo que enterar así...

-Estabas demasiado ciego para ver.

Espera, Hugo.

-Victoria me rechazó.

Pero nadie habla de ella así.

Don Pablo dio instrucciones. Que ignorarás.

Eso sí.

Que los mineros piensen que fue Márquez.

Pero los mineros andan revueltos. Se van a reunir con el sindicato.

¿Y qué crees que pasará?

Puede que hagan una huelga.

Bien.

No les pongas trabas.

¿Algún problema?

No, no. Ninguno, señor marqués.

Bien.

Catalina, ¿qué te parece mi vestido?

-Muy muy bonito.

-Sí.

-¿Necesita más ayuda? -No. Te puedes retirar.

-Gracias, Amalia.

-¿A Gonzalo le gustará?

-Claro. Estás preciosa.

¿Tú no estabas mal?

-Un poco de debilidad. Nada importante.

Y una mujer debe estar por encima...

...de esos inconvenientes por su marido. ¿No crees?

-Supongo.

-¿Tú qué vas a saber de esas cosas? Siempre con esos vestidos...

...y sin hablar con hombres...

...más allá de los criados. Y Gonzalo.

Claro está.

Pero Gonzalo no cuenta.

Porque es mi marido. Es solo mío.

Que sea la última vez. Si no quieres venir, no vengas.

Pero no te pongas contra mí. Dije lo que pensaba.

Te equivocabas. El patrón nos la ha jugado.

Pablo se puso del lado de los mineros.

Sí, para mantenernos callados. Típico de los patrones.

Pablo no es así.

Aunque mantengas relaciones...

...con su hermana, solo hay una verdad:

Todo ellos son iguales.

Tenlo presente.

¿Desde cuando piensas por mí?

Desde que te metí en la mina.

No sabía que pagaría por eso.

Me provocas.

Pienso que te equivocas.

No te esperaba.

Ya lo sé.

Estás tan distinta... Como antes.

¿Se puede saber qué haces cenando aquí tú solo?

¿Te sirvo un poco más de vino?

¿Vas a encerrarme como si estuviera loca?

No lo entiendes, Gonzalo.

Lo único que quiero es darte un hijo.

¿Qué haces?

Estás enferma, Irene.

No. No estoy enferma.

¡No estoy enferma! Lo que quiero...

...es darte un hijo.

¡Gonzalo!

¡Gonzalo, ven por favor! ¡No estoy enferma!

Lo único que quiero es darte un hijo.

Gonzalo.

¡Gonzalo!

¿Cuánto llevas despierto?

No he dormido mucho.

Ella tampoco ha dormido.

Tienes que perdonarla.

No sabe lo que hace. ¿Por qué la defiendes?

Solo hago lo que tengo que hacer.

Irene no está bien.

Se comporta cada vez peor. Y la cosa contigo es intolerable.

Es mi hermana.

Y está enferma.

Ni un mal gesto. Ni la hermana más fiel...

...tendría tanta paciencia.

Entiendo por lo que pasa.

No sé si se puede entender ya, no lo sé.

Sufre por ti.

Voy a pedir que te preparen el aseo.

Pablo.

Menos mal que te encuentro.

¿Qué pasa? Los mineros quieren ir a la huelga.

¿Qué? Les pedí que confiaran en mí. Piensan que tú doblaste sus turnos.

Y alguien ha contratado el reemplazo de hombres.

¿Quién?

De acuerdo. Voy a la mina.

Ten cuidado. No serán muy amables contigo.

Gracias.

De nada.

Pensé que no vendrías. Creías que iba a traicionarte.

Sirena

De aquí no nos movemos.

¿Los demás?

-Fuera, sin moverse.

-Están entrando hombres.

-¿Qué?

-De reemplazo.

¿Qué? -Hijos de puta.

Se organizan en poco tiempo.

-Este es tu patrón.

Señor.

-Señor Marqués, don Pablo no está. No vengo a ver a Pablo.

-Todos fuera. -¿De dónde salen esos mineros?

-Gente que no da problemas.

Todos para casa.

-Traidores. -No nos quitarán lo nuestro.

-Nuestras familias comerán. Dejémoselo claro.

-Eso. Quietos.

-Vamos.

Para los pies a tu hermano.

Acabará arruinando lo que tu padre levantó con esfuerzo.

Señor marqués, no sé si lo ve, pero hace rato que le escucho...

...sin entenderle.

No, no te hagas la tonta.

Si tu padre te dejó ese poder, es porque confió en tu buen juicio.

Tu hermano no sabe dónde tiene la cabeza.

Sus medidas son válidas. Es tu hermano.

Pero esas medidas son las de un señorito bien que no sabe.

Me advirtieron.

Me dijeron que vendría a ponerme en su contra.

Mira, Victoria, hay mucha gente que no me aprecia.

Me acusan de estar detrás de cada tropelía.

Y es porque he sabido cuidar lo mío. No tengo nada contra tu hermano.

Solo velo por mis intereses. ¿Qué hay de malo?

Y Pablo lo hará también, descuide.

¿Estás segura? Completamente.

¿Y cómo es que los mineros están en huelga?

Se han declarado en huelga cuando les ha dado margen.

Quieren dejar clara su fuerza. ¿Qué vendrá después de la mina?

Los astilleros.

No saldrá ningún barco.

La producción está comprometida.

Y usted está muy al tanto.

Pues sí.

Alguien tiene que velar por la seguridad.

Pero no siempre podré estarlo.

Aprobaré las decisiones que tome Pablo.

Está bien.

Respeto tu decisión.

Solo espero que no lo tengas que lamentar.

¡Señor! -Cuidado.

-¿Qué pasa? -Trae algo para limpiar la herida.

-Avisa a la señorita. -En el sofá.

-Id al doctor. -El doctor atiende un parto.

Ahora viene.

-¿Qué ha pasado? -La mina.

¿Me oyes? ¿Qué ha pasado?

Una pedrada. ¿Estás bien? Sí.

Tú tranquilo.

Pablo.

Pablo, ¿qué ha pasado? Los ánimos estaban tensos.

Pablo no debió ir.

Es culpa de Gonzalo.

No hables.

Él contrató los reemplazos. Provocó a los mineros...

Déjalo ya. Que te vea el médico.

Deja, ya lo hago yo.

Hay que lavar la herida. No será la primera.

No me des lecciones.

Y ya está el médico.

¿Ha dicho algo? Está con él.

-Es un médico muy bueno. Dice mi madre...

...que te saca de morir.

-Esto no es para tanto.

Aunque pudo haberlo sido.

El agua.

Traté de evitarlo.

Desde que conociste a Victoria solo han ocurrido desgracias.

¿Cómo está? Bien.

Descansando.

El doctor no cree que sea nada grave.

Gracias a Dios. ¿Qué pasó, Ángel?

Estaban todos muy encendidos. No pude sacar a Pablo de allí.

Quería hacerse entender.

Menos mal que estabas tú.

Señorita.

Un hombre pregunta por el señor.

¿Qué desea?

¿Ángel Ruiz?

Soy yo.

Vengo de parte del señor de Viana. Le presento...

...su petición de batirse en duelo con usted.

Alguien va a morir por mi culpa.

Cuatro, cinco.

Seis, siete.

¿No han visto la fachada? -¿Qué le pasa a la fachada?

-Está toda pintada. -¿Cómo que pintada?

Dile...

...que estaré bien si ella lo está.

Busca la manera de demostrar que hoy te queda dignidad.

Aunque te escondas tras la señorita Márquez, eres un muerto de hambre.

No la nombres.

¿Despedir a Amalia por qué?

Por robar.

No puedo tocarte, Victoria.

¿Por qué? ¿Qué pasa?

Dígame, patrón. ¿Cómo pensaba cobrarse este favor?

Los clientes no confían en tu hermano.

Y tienen sus razones.

Cálmate. Me encerrarás porque ya no te sirvo.

Irene, por favor.

¡Corre! -Alto.

¡Alto, guardia civil!

  • Capítulo 3

La Señora - Capítulo 3

21 nov 2012

Tras la muerte de su padre el mundo que rodea a Victoria se tambalea. Angel es su único apoyo. El diacono ha tomado una decisión definitiva: abandonará los hábitos. Su amor esta por encima de todo. Mientras, Pablo Marquez, convertido en el nuevo patrón, debe ocuparse de los problemas de la mina.

Histórico de emisiones: 20/03/2008

 

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  1. Bernardita

    Yo la estoy viendo, por canal claro,no se ni por cuál capitulo va, pero es hermosa, me encantaría vela desde los inicios. Estoy tratando de verla en Internet. Excelente producción, Ángel muy guapo y el Márquez también aunque muy malicioso.

    12 nov 2015
  2. Nelly de Argentina

    Hola! soy Nelly de Argentina y estoy viendo por primera vez a LA SEÑORA...por lo que veo por internet, esta ya se dió en el 2008 y se nota a los actores "mas jóvenes"...porque casi todos, actuaron en AMAR EN TIEMPOS REVUELTOS, mi serie FAVORITA y jamas igualada!!!! tambien los ví a algunos en Aguila Roja, Cuentame como pasó, con distintos papeles y epocas y son INCREIBLES ACTORAZOS!!! verlo al actor Alberto Jimenez haciendo el despreciable Armenteros y ahora tambien un viudo y adorable padre... su versatilidad es admirable...no quiero hablar de Sancho....ya TODAS lo dicen, jaja! pero es tan bello y como actor IMPRESIONANTE...su expresion en los ojos es impagable...lo veo por internet "a la carta" porque por TVE internacional para Argentina desde hace un tiempo, sale todo escrito, ocupando la pantalla, no se puede ver la imagen, y quedan frases dichas de otros programas sin borrar....un verdadero desastre...tanto para noticieros, como programa de cocina, como de politica, y lo peor las series....hay que ESCUCHAR....como una radio....imposible VER!!! se podrá SOLUCIONAR esto...podremos seguir como antes? ALGUIEN VERA ESTE PEDIDO!!! es imposible VER...por eso recurro a internet y lo veo cuando me viene en ganas, pero no es LO MISMO, toda la gente de aqui dejaron de ver a RTVE Internacional ... por eso, ahora ven D Welle internacional en español de Alemania y es un canal increible....porque tenemos que cambiarlos?? gracias y saludos!

    27 dic 2012
  3. olga

    Que serie tan encantadora , amé a Angel , Victoria, su papá tan tierno y lindo , fue muy grato para mí ver a Alberto Jiménez como padre de victoria ,interesante verlo en un personaje tan diferente, pero una verdadera lástima que solo duró 3 capitulos , yo no habia visto esta serie que bueno que la repongan , por cierto me encantó la música principalmente la de la entrada y adoro a Alfonso el monito , me dió ternura cuando Victoria le pega por error , pobrecito animalito tan bello.

    23 nov 2012
  4. Gitana

    Me encanta esta serie...actores maravillosos...Ángel es adorable...y Victoria preciosa Estoy enamorada de Angel... :)

    22 nov 2012
  5. we56uikmnba

    Al hermano de la S también se le carga Gonzalo.

    22 nov 2012
  6. asdopgj

    Gonzalo ni es marqués ni se llama Gonzalo, Es un impostor pero eso se sabe en los últimos capítulos.

    22 nov 2012
  7. Blanche

    El señorito Hugo de Viana, el "aznarito", es rematadamente repelente, y las amigas tontitas tienen un peligro.... En cuanto a la relación Ángel-Victoria, la interpretación de ella es mucho más apasionada, a él lo veo más comedido, como si le faltara alegría. El marqués se hace el cojo, con lo que da a entender que él fue el responsable del accidente y quiere aparentar que iba en el mismo coche. Ya nos enteraremos. Me encanta el servicio, cada uno en su papel, me parecen muy buenos los cuatro. La mujercita del marqués va a dar problemas, y su hermana, aparentemente enamorada de él, quiere mantener a toda costa la estabilidad familiar, quizás para tenerlo cerca, quizás para mantener los derechos, chi lo sa.

    22 nov 2012