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No recomendado para menores de 7 años La Señora - Capítulo 29 - El viaje de Gonzalo a Londres para entrevistarse con los americanos posibilita el buscado reencuentro de Victoria y Ángel - Ver ahora
Transcripción completa

¿Quieres a Gonzalo?

¡Contéstame!

Solo hay un hombre en mi vida. Moriría por él.

Daría mi vida entera.

Y eso arrastra esta penitencia cada día,

cada minuto que pasa;

por eso recorrería una y mil veces

el camino que separa este infierno de mi casa,

porque todo el desprecio y toda la humillación

no serían suficientes para contenerme

porque por mucho que trate de engañarme,

por mucho que trate de negar la verdad;

solo hay un hombre en mi vida.

Si lo dices ahora ya no habrá vuelta atrás.

Que Dios me perdone.

El hombre al que quiero no es mi marido.

Señor.

Estamos llegando a Londres.

Ahora mismo baja la señora. -Gracias, Juan.

La señora ha salido a deshora últimamente.

-Sí, señora.

-Es ese cirio que nos traemos entre manos que nos da problemas.

Le dije que no se lo tomara tan a pecho.

Pero me fue imposible convencerla.

Victoria.

Tenemos que hablar.

¡Aaaah!

No queda nada que hacer, ¿verdad?

Le dije que un movimiento brusco podría desencadenar la infección.

¿Por qué se movió? Él se sentía con fuerza.

Hija.

Me gustaría darle mejores noticias.

Pero estaría mintiendo.

¿Cuánto tiempo?

Depende de su naturaleza.

No mucho.

¿Sufrirá?

Los dolores serán muy fuertes.

Teléfono

Lo justo...

...para que no sienta dolor hasta el final.

Usted sabe cómo utilizarlo. Sí.

-Doctor.

-Si tienes que avisarme, no lo dudes.

-Descuide, doctor.

-Gracias.

-Residencia Márquez.

Buenos días.

Sí, pero ahora mismo no puede ponerse.

Sí, señor.

Yo se lo digo.

-Encarna.

Puedo hacerme cargo yo misma.

No, ya me ocupo yo.

-Señora Vicenta. -Sí.

-Han llamado por teléfono.

Yo no lo hubiera cogido si hubiera sabido que estaba con la señora.

-¿Quién era?

-Del cuartelillo.

Dicen que Julio está allí.

No necesito detalles de lo que pasó.

Me basta con saber que te marchaste inesperadamente.

Volviste entrada la noche.

Suficiente para que el servicio saque conclusiones.

No fue algo premeditado.

Tú no lo entiendes.

¿Por qué crees que no puedo entenderlo?

¿Porque la Isabelita de siempre no entendería...

...que te estabas conteniendo?

Que lo habías intentado.

Que habías luchado con todas tus fuerzas.

Pero que todo se vino abajo en un instante...

...cuando él te besó y te tuvo entre sus brazos.

El mundo se paró.

Porque se cumplió lo que llevabas media vida deseando.

Y eso era lo único que importaba y lo único que existía.

Porque te hizo feliz.

¿Eso es lo que no iba a entender?

Te prometo que yo no quería. No querías.

No querías, pero lo deseabas con toda tu alma.

Y pasó.

Y volverá a pasar porque lo sigues deseando.

¿Qué puedo hacer?

Lo primero, asegurarte de que el servicio no te manche.

Esos comentarios pueden ser la ruina de una mujer.

Y Gonzalo no está, pero volverá.

¿Crees que sospechan?

Le he dado una explicación a Juan, pero debes asegurarte.

Y quítatelos de en medio.

¿Qué quieres decir?

Escucha, Victoria.

Tú eres hábil en los negocios.

Yo, en las apariencias.

No seas inocente y sé práctica.

Si lo necesitas, yo te ayudaré.

¿Por qué haces esto?

Porque en el fondo, Victoria,...

...tú y yo somos iguales.

Y si le quedan solo dos chicas, tiene bastante,

que tal y como está la cosa...

-¿No ha venido?

-No, Rosalía no ha venido.

Nadie de los Márquez.

-Pues tengo que irme ya.

Por favor, Visi, si la vieras... -Sí.

Le digo que has estado esperándola.

Fortu.

Que...

Hay que ir al almacén a por manteca. Ya no queda.

Lleváis toda la tarde hablando por lo bajo.

-Noticias del palomar.

-¿Qué pasa con eso?

-Alicia se queda sin género.

Por favor, Lola, Alicia siempre te ha tratado bien.

¿Quién estuvo contigo cuando tuviste esas fiebres?

-Los clientes no vienen y ni se inmutan.

De mi dinero viven dos casas.

-Yo estoy segura de que Alicia... -Escúchame.

Si fueras lista, harías lo mismo.

-No, yo no. Yo no puedo dejarla.

-Te echaré mucho de menos.

Alicia.

A mí no me queda otra.

-No me vengas con excusas.

Si te vas a ir como las demás, vete sin dramas.

-Ojo con la Julia, es un mal bicho.

Ver, oír y a lo tuyo.

Anda.

Que vas a perder el tren.

Anda.

Ya se han ido todas. Y tú, sin mover un dedo.

Estarás contenta.

-¿Tú también me vas a montar una escenita?

No entiendo por qué no luchas por lo que es tuyo.

Por esto, que tanto te ha costado conseguir.

No lo puedo entender.

-Porque ya no me quedan fuerzas.

Dame eso.

A la cama los dos, venga.

La comida y la medicina hacen efecto. Todos mejoran.

¿Cuándo se marcha?

Pronto, Cándida, muy pronto.

¿Lo ha pensado bien, padre?

No es fácil dejar atrás una vida entera.

Tampoco es fácil negarse uno mismo día tras día.

Llevo toda la vida pensando en ello. No me queda otro camino.

Ella debe ser muy importante para usted.

Será la mujer más feliz de la tierra.

No debe retrasarse.

Gracias, Cándida.

¿Por qué no lo has dicho antes? -¡Ay, Justo!

La señora Vicenta me pidió que no lo hiciera.

-¿Seguro que te dijeron que estaba en el cuartelillo?

-Que sí, ya os lo he dicho.

Para una vez que cojo ese aparato, me dan malas noticias.

-¿Cómo sabes que son malas?

-¿Del cuartel de la Guardia Civil?

-En eso, tiene razón.

Neniña, vete a seguir con lo tuyo, que ya bastante has hablado.

-Porque me preocupa la señora Vicenta.

Que yo no soy chismosa, que conste.

-Que sí, mujer, pero ahora vete a atender a la señora Encarna.

¿Tú crees que lo habrán detenido?

-No sé. Nunca fue trigo limpio.

-Vicenta dijo que Julio estaba en el pueblo.

Pero ¿por qué lo llevan al cuartelillo?

¿Y por qué no vino aquí directamente?

-Hay algo que no cuadra. A ver si me entero de algo.

-Vicenta.

-Vicenta, ¿qué ha pasado?

-Es Julio.

Está muerto.

-¡Dios mío!

¿Cómo ha sido, qué ha pasado?

-Lo encontraron en un camino.

Parece ser que lo asaltaron.

Me llamaron para que reconociera el cuerpo.

-Lo siento muchísimo, Vicenta. Lo siento muchísimo.

-Voy a mirar mi ropa.

Creo que todavía no había guardado los vestidos negros.

-Sí.

Espérame, Vicenta, voy contigo.

Justo.

"Juan ,quiero que el servicio se marche de palacio estos días".

"Que vean a sus familias, ahora que el señor no está".

"No es necesario que nadie se quede"

"Yo estaré en mi casa".

Casi te ahogas el día que fumaste tu primer cigarrillo.

Y mírate ahora.

-Aprendo rápido.

Tú mismo lo dijiste.

-Y puede decirse que últimamente estás de mucho mejor humor.

-Sí.

Puede ser.

-¿Y cuáles son las causas de ese cambio?

No es por el tabaco.

-Hoy ha sido un día estupendo, Alejandro.

-¿Por qué?

-Porque después de años odiándola, tengo en mis manos a Victoria.

Sé algo sobre ella que nadie sabe.

-Y vas a utilizarlo en su contra.

-No.

-¿No? -No.

Porque he descubierto que es solo una mujer más.

Ni mejor ni peor que yo.

-Eso significa que tú también guardas un secreto.

-Familia. Ya estoy de vuelta.

-¡Primo! -¡Hugo!

-¿Qué pasa?

Tan raro os parece que me hayan dado unos días de permiso.

-¿No me das un abrazo de bienvenida?

-¡Hugo, por Dios!

¿Cómo no has avisado? Te habríamos ido a buscar.

Has adelgazado una barbaridad. -Estoy bien, ven aquí.

¿Me has echado de menos?

-Mucho.

Es para hoy.

-Perdón, me dijo medio, ¿verdad?

-Sí.

-¿Dónde está la mujer más guapa?

-Parece que te ha ido bien. -Bien no, mejor.

Mira.

-¡Esto es mucho dinero!

-Encontramos un buen banco y no me moví hasta que llené la barca.

Vamos a comprar el vestido de novia.

-¿Comprar un vestido de novia?

Estás loco.

-Un vestido bonito. -No.

Guárdalo por lo que pueda pasar. -Escúchame.

Vas a ser la novia más guapa.

A eso no me dirás que no.

Serás mi mujer y no te faltará de nada.

Fortu, me llevo a la novia.

-Ya estamos. -No refunfuñes.

Echa demasiadas horas de más aquí.

-¿Y el almacén quién lo coloca? -Yo le ayudaré.

-A ver si se casan y se les pasa la tontería de una vez.

Tu sacrificio no ha servido de nada.

Él se ha ido y yo no tengo solución.

No hables así.

El doctor dice que confíes.

Y tú eres fuerte.

Siempre se te ha dado mal mentir.

Tranquilo.

El dolor pasará.

¿Dónde te crees que vas? -De sobra lo sabes.

-Ya oíste a tu tía. No salimos.

-La señora Vicenta me dio permiso para salir dos veces por semana.

Manda más ella que mi tía.

-Si crees que enfrentándolas vas a conseguir algo, andas lista.

Vicenta no está para defenderte. -¡Me da lo mismo!

Sé defenderme por mí misma.

Me pasé media vida sola.

Y mi tía no quiso enterarse.

-Se hizo cargo de ti y bien contenta que te pusiste.

Rosalía.

No pierdas lo que tanto te ha costado conseguir.

-Para amargarme la vida, esto y el convento es lo mismo.

-Muy bien.

Pues no seguiré mintiendo por ti.

Mira lo que me ha salido.

Una fiebre.

De los nervios que me haces pasar.

-¿Ibas a salir?

-No, que fui yo.

Le dije que se pusiera el abrigo para salir al jardín.

-Ha llegado esto del pueblo. -¿Del pueblo?

-Sí.

Fui a ver a Remedios. Somos amigas de toda la vida.

Ella tiene un hijo en edad de merecer.

Y no tiene novia.

Muy buen mozo.

Le pedí que te enviara una carta y no ha tardado.

Así tienes en qué entretenerte.

Y también con quién practicar las letras.

Se llama Basilio.

¿Vamos a seguir mucho más tiempo con este juego?

(ACENTO INGLÉS) Me preguntaba cuánto tardaría...

...en detenerse, marqués.

Y yo, cuánto tardaría en presentarse.

Supongo que no le gustó la carta.

No eran buenas noticias.

Nos movemos en un terreno pantanoso.

¿Cómo sé que tienen esos informes contra mí?

Vamos, marqués.

Sabemos que no le queda ninguna duda de quiénes somos.

No va a tener más remedio que confiar.

¿Confiar?

Alguien me dijo que para sobrevivir no había que confiar en nadie.

Supongo que su amiga Alicia opinaba lo mismo.

Estuvo cerca de hacer público...

...un pago extraño que hizo usted a una compañía de seguros...

...para que cerraran la investigación sobre la muerte de Márquez.

O, dicho de otra manera,...

la prueba de que necesitaba tapar su implicación en ese accidente.

¿De verdad...

...duda de que tenemos todas esas pruebas?

¿Qué garantías tengo de que el asunto quedará zanjado?

Si nos da lo que buscamos,...

...nosotros seremos los primeros interesados en blindarlo.

Se lo aseguro.

Y no volverá a preocuparse por esa incómoda acusación.

¿Qué tengo que hacer?

Nos pondremos en contacto con usted.

Tose

No hay nadie.

Pensé que no vendrías. Sabías que lo haría.

"Soy un hombre corriente, ni alto ni bajo".

"Ni muy bien parecido ni todo lo contrario".

-Eso es que es feo. -Seguro.

Si no, ¿de qué le iban a buscar mujer?

"Trabajo en el campo y no me gusta beber".

-Eso está muy bien. Luego están más muertos que vivos.

-"Busco una mujer trabajadora que sepa llevar una casa".

"Que sea limpia".

"Y, antes que nada, decente".

"A una mujer así yo podría quererla mucho y tratarla muy bien".

-A lo mejor no es tan feo.

Y es que no ha tenido suerte. -Ludi.

-A veces, pasa.

-Ya le escribí explicándole qué es una mujer decente.

-¿Habéis visto a Vicenta?

-Se marchó a primera hora, Justo.

Si me disculpan, voy a saludar a un buen amigo.

-Hugo.

-A ti quería yo verte.

¿No vas a darme un abrazo?

-Sí, hombre, sí, por supuesto.

¿Te han dado un permiso? -Un par de semanas.

Se prevé que después no tengamos ese tiempo.

-¿Crees que entraréis en batalla?

-Hay que acabar con ese moro y dejarse de sandeces.

-Eso mismo pensaba Silvestre.

-Ahora es distinto. Podemos ganar y lo necesitamos.

¿Por qué no charlamos tranquilamente?

Pensaba invitarte a comer a casa. Gracias.

-No sé si será lo más oportuno. Estás...

...recién llegado. -Isabel querrá.

Le caes en gracia.

De eso no presume cualquiera.

¿No se puede hacer nada?

Solo morfina hasta el final.

No quiero amargarte con estos temas.

A ver.

Yo creo que si lo metemos de largo, te quedará perfecto.

¿Qué pasa?

Tú me pediste el vestido. ¿Prefieres uno nuevo?

No, no es eso.

Ya convencí a Salvador de no malgastar el dinero.

El problema no es el vestido ni la boda.

¿Entonces cuál es?

Alicia pasa por un mal momento.

Las chicas de su casa se han ido.

¿Y eso qué tiene que ver?

Conmigo no, con Salvador.

En cuanto se entere, irá a ayudarla.

Y no voy a parar de pensar...

¿Tú confías en Salvador?

Sí, sí.

No permitas que el miedo te impida ser feliz a su lado.

No malgastes la felicidad.

Puede que cuando quieras disfrutar de ella, sea tarde.

¿Eh?

Pensaba que había sido un sueño.

Pues ya ves que no.

Sigo aquí contigo.

¿Hasta cuándo? Hasta que tú quieras.

Gonzalo va a volver.

Y el servicio también.

Y tú te marcharás.

Y todo volverá a ser como antes. No.

Ya te dije que nada sería como antes.

He dado el paso, Victoria.

Lo he dejado todo.

Esta vez nada me va a separar de ti, te lo prometo.

Abrázame.

Por favor.

No tengas miedo.

Puerta

Puerta

Puerta

Puerta

Puerta

¡Vicenta! Victoria.

¿Y Juan?

¿Tuvo que marcharse a ver a su familia? Estaba dormida.

¿Y el resto del servicio? Les di permiso también.

Estoy sola y no necesito mucho. ¡Pero Victoria!

¿Ha pasado algo?

¿Es por Alejandro? No.

Es por Julio.

Las manos no me responden.

Están muertas.

Tienes que relajarte.

O te pondrás peor. No puedo.

Quiero más morfina.

¿Y el maletín?

No puedo darte más morfina. Te matará.

Pues hazlo.

Hazlo y acabemos con todo esto.

¿Qué?

¿Cómo puedes decir eso?

No he hablado más en serio en toda mi vida.

No puedo más, Encarna. No lo aguanto.

Eso no está en nuestra mano.

Tienes que seguir luchando.

Pero yo me muero.

¿Cuándo vas a asumir la realidad?

Yo te quiero. No puedo hacer eso.

Encarna, esto puede durar.

Y no quiero pasar por ello.

Si me quieres y quieres compensarme por algo,...

...líbrame de este sufrimiento, te lo suplico.

No puedo.

¡No puedo!

Pues vete.

Déjame solo.

¡Vete!

¡Que te vayas!

¡No quiero volver a verte!

¡Solo quiero morir en paz!

¿Tan difícil es de entender?

¡Dime!

¿Tan difícil es?

Vicenta llora

Solo me consuela...

...que todo este martirio está a punto de acabar.

Ahora tienes que ser fuerte.

Parece como si me estuviera escuchando a mí misma.

Si necesitas cualquier cosa, lo que sea,...

Eso había venido a pedirte.

Los gastos del funeral son muchos.

Por eso, cogí dinero de la caja.

Todo lo que necesites está a tu disposición.

Yo hablaré con Encarna.

Dios te lo pague, Victoria.

No me digas esas cosas.

¿Por qué no te vienes a casa conmigo?

No me gusta que estés sola.

Porque lo prefiero.

Además, Gonzalo no va a tardar en volver.

Después de todo lo que pasó entre vosotros...

Me alegra verte tan feliz.

Pero no tienes muy buena cara.

Señor Marqués.

Gracias a Dios.

Dime que tienes algo.

Se ha complicado más de lo esperado.

El telegrama ha llegado hoy.

La espera ha merecido la pena.

¿Esto es seguro?

El geólogo se tomó tiempo en verificarlo. Cuente con ello.

¿Cómo que no hay dinero? -Lo que oyes.

Fui a pagar al carbonero y no había nada.

Y como Vicenta no está, que es la que lo lleva...

No sé, igual Vicenta se ha llevado el dinero para algo.

-Voy a salir un momento.

-¿Adónde? -Cosas mías.

Aquí está el rey de la casa.

¡Hola!

¿No hace frío para sacarlo?

Necesitaba tomar el aire. Ya.

Creo que tiene hambre.

Pues ahora mismo le preparo su comidita.

No se tiene que preocupar de eso mi príncipe, ¿verdad?

Si me haces el favor, voy a ver a Alejandro.

Descuide.

¡Eh!

¡Dios mío! ¿Qué ha pasado?

-Está todo lleno de sangre.

-¡Ay! ¡Dios mío!

-Ha sido él, Adelina.

Ha roto el espejo.

No me gusta que te quedes aquí tan sola.

¿Seguro que no te quieres venir? No te preocupes.

¿Quieres que te mande a Ludi? No, no hace falta.

Si necesitas cualquier cosa, dímelo.

Gracias por todo, Victoria.

Cuídate mucho.

¿Estás bien?

Sí.

¿Crees que ha sospechado algo?

No.

Yo no puedo vivir así.

No puedo vivir en una mentira.

Escondiéndome. No tendrás que hacerlo.

Debemos pensar fríamente, pensar en lo que queremos.

Yo lo tengo claro.

Pero necesito saber que estás dispuesta a dar ese paso.

¿Todavía no te has dado cuenta?

Ya no podría ser de otra manera.

Entonces, solo podemos marcharnos.

Estoy dispuesto a firmar un contrato.

Sabía que entraría en razón.

Pero no el que ustedes pretenden.

¿Qué quiere decir?

Que ya sé qué interés tienen en esas tierras que solo eran de paso.

Hasta que los geólogos descubrieron que en ellas, había wolframio.

Un mineral curioso el wolframio.

Antes no daban más que por el estaño.

Pero las cosas han cambiado.

¿Por qué estarán los alemanes tan interesados en el wolframio?

Si los alemanes están interesados, es porque hay razones.

Lo que antes era un mineral sin valor...

...ahora es el más deseado por todos.

No me extraña que no quisieran darme datos de su interés.

¿Qué es lo que quiere?

No, lo que ustedes quieren está en mis tierras.

Quiero negociar.

¿Por qué cree que admitiríamos una negociación?

Tenemos pruebas contra usted.

Si tenían pruebas de mi implicación y no me denunciaron,...

...es porque no se iba a abrir ningún proceso.

Aunque los indicios podrían dar al traste con mi matrimonio,...

...bajo estas circunstancias, sería una pérdida asumible.

Me faltaría tiempo para negociar con los alemanes.

Ellos entenderían mis razones.

Solo yo explotaré mis tierras.

Les cederé el mineral a mi precio y con mis condiciones.

Y esos informes quedan anulados.

Anula el peligro y además, saca partido.

Nos se equivocaban los que me hablaron sobre usted.

Velo por mis intereses.

Pero todo buen jugador debe saber hasta dónde puede arriesgar.

Cogeré el primer tren para Portsmouth.

Tienen tiempo para pensarlo.

Tenemos el mejor ejército, los mejores hombres.

Pastas almendradas. Son las favoritas de Fernando.

-¡Qué casualidad! No tenía ni idea.

-Necesitamos jóvenes dispuestos a luchar con valor.

Y no es fácil encontrarlos.

-También son mis favoritas.

-Hablando de nuestro tema, primo.

¿Cuándo te vas a alistar?

-Sabes que eso no es lo mío.

-En intendencia, hay mucho trabajo. Y mucho ladrón.

Me han asignado esa tarea y necesito gente de mi confianza al lado.

-Ya, pero... -No sé si es el más indicado.

-¿Por qué no? -Es parecido a llevar un negocio.

Si estuviera Fernando, tendría en quién confiar.

¿Qué haces?

-Perdón. -No tiene importancia.

¿Le pasa algo?

-Es que no me encuentro muy bien.

Me echaré un rato.

-¿Avisamos al doctor Freire? -No es necesario.

-Ve a descansar. Avisaré a la criada.

Lo siento, Fernando.

Siempre les pasa esto en el momento más inoportuno.

¡Dolores!

¿Qué?

¿Cómo iba a decir eso?

¡Escúchame!

¡Escúchame, eso no es verdad!

¡Mi familia y yo somos decentes y bien decentes!

¡Eh, sin faltar!

¡Si perdemos el respeto, lo perdemos todo!

¡Oye!

¡Oye, oye! -¡Adelina!

¡No dé esas voces!

-No grite, tía. El niño duerme.

-¿Que no grite?

¿Que no grite?

¡Me vas a oír!

-No podemos molestar a la señora Encarna.

-¿Qué le has dicho a Basilio? -Nada que no fuera verdad.

-Que sales hasta las tantas, que los domingos no vas a misa.

Los vestidos, por encima de la rodilla.

-Lo de misa es casi verdad.

-Te ha tomado por una fresca. -Pues mejor.

-Eso era lo que querías.

-Usted no me deja otra salida.

No entiende que yo quiero a Pío.

Y eso no va a cambiar.

-¡Qué ingrata eres!

-Y lo que usted quiera.

Pero seguiré queriendo a Pío.

Así que ya lo sabe.

-Que digo yo, Adelina,...

...que como lo ha dejado claro y Basilio sigue libre,...

...podría cartearme yo con él.

Te lo agradezco en el alma. Estoy que no me puedo mover.

Luego podrías meter el saco de patatas.

-Fortu, Salvador no trabaja para ti.

-Déjalo. Me hace pagar las veces que te saco a pasear.

-Salvador. -Que esto lo hago con gusto.

-No es eso.

Tengo que hablar contigo.

-¿Qué pasa?

-Es algo que han venido contando y sé que te vas a enterar.

-Me estás asustando.

-Es sobre Alicia.

Sus chicas se han ido a Riaño porque ya no hay clientes.

Ella no quiere atenderlos.

-¿Qué tiene que ver con nosotros?

-Pensé que querrías ir a verla.

-Eso ya lo sabía, Visi.

Te lo dije y te lo repito.

Es un asunto del pasado.

Lo que haga no es asunto mío.

-Pensé... -Y no debería preocuparte.

Cuando yo me meto en algo, me meto hasta el tuétano.

Y soy hombre de una mujer.

Y esa mujer eres tú y no otra.

Te lo juro por mi vida.

¿De verdad te encontrabas indispuesta?

-¿Qué haces aquí?

-Dadas las circunstancias, no hace falta que te cubras.

Sabes que no soy ningún peligro.

No soy Fernando Alcázar.

-No sé de qué me hablas.

-De tu amante.

-¿Cómo te atreves?

-No te esfuerces.

Igual que tú, sé muy bien lo que vi.

Por cierto,...

...tu enamorado sigue fumando y bebiendo con tu marido.

Mi primo está un poco borracho. Espero que Fernando tolere la bebida.

El alcohol afloja la lengua.

-Solo ha sido un momento de debilidad y no se volverá a repetir.

-¿Cómo era eso que me decías?

Basta con controlarse, ¿no?

Alejarse de la tentación.

Eso es lo que tenía que hacer yo con mis pecaminosos instintos.

-Si le cuentas algo a Hugo, nos matará.

-Todavía no lo entiendes.

Sé cómo se ha comportado contigo todo este tiempo.

Te consolé, te enseñé a disfrutar del mundo.

Te animé cuando nadie lo hacía.

Y te comportas conmigo como si fuese una de tus amigas mojigatas.

-Yo no quería hacerte daño. -Escúchame, Isabel.

Tienes derecho a ser feliz.

Aunque esa felicidad esté prohibida.

Como la mía.

-Perdóname, he sido una tonta.

-De remate.

Pero una tonta con buen gusto.

-¡Alejandro!

No debería haber venido aquí.

Es todo lo que he podido conseguir.

-Pida un adelanto de su sueldo.

-No puedo.

Ya lo hice, pero había que pagar los impuestos de la fincas.

-Su marido ha dejado un río de deudas.

Y no es mi culpa.

-Necesito tiempo.

-¿Cuánto debe y cuánto tiempo tiene?

-¿Quién es? -Un amigo.

Contéstame a lo que te he preguntado.

-Por ser ella, estábamos haciendo la vista gorda.

Su marido dejó mucho a deber. -¡Ah, ya!

Le sacáis a la viuda el oro y el moro a costa de los intereses.

Sé cómo funcionáis. -¿Viuda?

Esta señora no es la viuda de nadie.

Su marido vive en América.

-Bajo tierra o en América, vamos a resolver esto.

Y cuando terminemos,...

...no quiero volver a verte cerca de esta mujer.

Sube al despacho y espérame allí.

-Yo me quedo contigo. -Haz lo que te digo.

Yo arreglo cuentas con este señor.

Cuéntame qué es eso de que Julio está en América.

Risas

Ese sinvergüenza ya no te molestará más.

Está todo arreglado.

-¿Cómo?

-Lo he pagado yo.

Con lo que había ahorrado para la boda.

Ya puedes dejar el dinero donde estaba.

-Justo, déjame que te explique, por favor.

-¿Qué me vas a explicar, que nos has engañado?

-No podía enfrentarme a vosotros.

Sabía lo que pensabais de Julio.

-Y no podías dar el brazo a torcer.

Hay cosas que no haces. Sobre todo, comerse el orgullo.

-De eso ya no me queda.

-Has reconocido a un hombre como si fuera tu marido.

¿Pensabas que todo quedaría bajo tierra?

-¿Crees que no lo sé?

¿Y que no me avergüenzo de ello?

¿Cómo podía contar...

...que se casó conmigo porque no tenía dónde caerse muerto?

Que le daba tanto asco, que no esperó a la noche de bodas para dejarme.

-Pero tú no tienes la culpa de eso.

Ese hombre es un malnacido. -Sí.

Y a pesar del daño que me hizo, volví a caer.

De eso sí tengo la culpa.

¿Vas a contárselo a los demás?

-Si piensas eso de mí, es que no me conoces.

-Gracias, Justo.

¡Qué haces!

¿Dónde está la morfina?

Sabes que lo volveré a intentar.

¿Qué quieres de mí? Ya lo sabes.

Que seas mis manos. No.

Para estar enamorada de Ventura, tienes muchos escrúpulos.

¿Cómo puedes ser tan cruel?

Porque me muero.

Y no me dejas que lo haga en paz.

Pasos

Piensa que todo ha sido un mal sueño.

Que nunca regresé del penal.

Y cuando despiertes, podrás seguir con tu vida.

Ojalá te vuelvas a encontrar con él. Ojalá vuelva a buscarte.

Y te dé la felicidad que nunca tuvimos.

Pero no te preocupes.

Yo estaré bien, me voy en paz.

Y tú serás el ángel que me ha ayudado a conseguirlo.

Si lo hago, nunca sabré...

...si fue para acabar con tu sufrimiento o con el mío.

¿Qué más da? El resultado es el mismo.

¡No!

No. Tú nunca lo harías.

Perdóname, pero no puedo hacerlo.

Volveré a intentarlo.

Lo juro.

No me separaré de tu lado.

Me quedaré contigo todo el tiempo que te quede.

Estaré aquí día y noche.

Hasta el final.

Necesito tiempo para prepararlo todo. No va a ser fácil.

¿Y por qué no nos vamos ahora?

Ahora que no está.

Si nos precipitamos, no llegaremos muy lejos.

Escúchame, Victoria.

Gonzalo se volverá loco.

Removerá cielo y tierra para encontrarte.

Todo estará de su parte.

Por eso, debemos hacerlo bien.

No podrás llevar muchas cosas.

No necesito mucho.

Solo quiero estar contigo.

Y lejos.

Lejos también de tu casa, de Vicenta, de los tuyos.

Te lo vuelvo a preguntar y no te lo pregunto más.

¿Estás segura de lo que vas a hacer?

Nunca he estado tan segura.

No me importa el peligro ni lo que deje atrás.

Solo me importa estar contigo.

Es lo único que quiero.

Señor.

El tren va a salir. Debemos subir.

La máquina se ha parado. Voy a ver qué pasa.

Sabía que vendría.

No es nuestro estilo aceptar presiones.

Pero tampoco lo es perder un buen negocio.

Prepare el contrato.

Usted mantiene la posesión de las tierras y las explota.

Y nosotros nos convertimos en sus clientes exclusivos.

¿Y los informes?

Si hace lo pactado, no tendrá problemas.

Solo si cumple su parte del trato.

Recuérdelo.

Creo que el tren ya va a salir.

Feliz vuelta a casa.

-Era una pequeña avería. Ya está solucionada.

Un ligero contratiempo.

Volvemos a casa.

Puerta

¿Sí?

Señora, el coche del señor acaba de llegar.

Gracias, Juan, enseguida bajo.

¿Qué tal el viaje, señor? Larguísimo, Juan. ¿Y la señora?

Victoria.

Tu telegrama llegó puntual.

¡Ay!

No sabes qué largo ha sido estar lejos de ti.

Espero que haya salido como querías. Mejor aún.

Pero es mejor estar a tu lado.

Me alegra que hayas vuelto.

  • Capítulo 29

La Señora - Capítulo 29

31 dic 2012

"En secreto": El viaje de Gonzalo a Londres para entrevistarse con los americanos posibilita el buscado reencuentro de Victoria y Ángel. Esa misma noche se presenta en palacio y ambos consuman su amor.

Histórico de emisiones: 02/11/2009

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