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No recomendado para menores de 7 años La Señora - Capítulo 25 - Las campanas tocan a muerto - ver ahora
Transcripción completa

¿Me estabas mirando?

No podía dormir.

Me has hecho el hombre más feliz del mundo.

Tengo que irme a casa. No hace falta.

Diré a Vicenta que traigan tus cosas.

Tenemos que hablar.

¡Chist!

No te vas a arrepentir de haberme dado una segunda oportunidad.

A partir de hoy, empieza una nueva vida para nosotros.

Sin reproches, sin desconfianza. No.

Lo siento.

Pero todavía no estoy lista.

Lo de anoche fue maravilloso.

Pero inesperado.

No quiero volver a equivocarme.

Sufriríamos demasiado.

Haga lo que haga, nunca vas a perdonarme.

No te enfades.

Solo necesito tiempo.

Quiero estar segura.

No sé de qué me extraño. Siempre has sido distinta.

Supongo que eso...

...es lo que hizo que me enamorara de ti.

Está bien.

Te daré el tiempo que me pides, pero por la mañana.

Todavía es pronto.

Amalia tose

No irá usted a salir, ¿verdad, madre?

-Sí, hijo, voy a ir a casa de los Viana.

Ya me encuentro mejor.

Lo que me mandó el médico me está haciendo bien.

-Sí, ya lo veo.

Váyase a la cama, que ya les aviso de que no puede ir.

-No podemos permitirnos esos lujos.

Necesitamos el dinero.

-Se acabó el que usted cargue con todo.

He encontrado algo fijo con Portela.

-¿Vas a seguir pescando?

-No me queda otra. Es un trabajo como otro cualquiera.

No me quejaré mientras me queden fuerzas y pueda hacerlo.

-Ese es mi Salvador.

-Mientras yo esté aquí, usted no volverá a trabajar.

Tampoco le faltará para medicinas.

-Visi te está haciendo bien.

No la dejes escapar.

Pinchazo

¿Qué coño...?

Disparo

Disparos

-¿Estás bien?

-Sí, es un rasguño.

Me alegro de verte, compañero.

Mateo.

-Tengo mujer e hijos.

¡Por favor!

-Disfruta de ellos mientras puedas. Levanta.

¡Vamos, vete!

Disparo

-Sin testigos.

Vámonos.

Aquí no tenemos nada más que hacer.

Enseguida está el café.

-No se preocupe, ya está hecho.

Y bien fuerte, como a usted le gusta.

-Buenos días.

-Y con las tostadas.

-Están muy buenas.

Parecía que no, pero esta chica está aprendiendo muy rápido.

Y todo gracias a ti.

-¡Bueno, ya está bien!

Esto lo habéis preparado.

¿Verdad? -Eres una cabezota.

Permites que se la lleven las monjas. ¿No tienes corazón?

-¿Que no tengo corazón, Justo?

Llevo toda mi vida aquí.

Y ahora, llegas tú,...

...con esa cara de no romper un plato, y los pones en mi contra.

Eres como tu madre.

Se acabó, te vuelves al convento con las monjas.

Ahora mismo voy a avisarlas.

-¿Qué tal ha ido, te quedas?

-Ya buscaremos otra solución.

-¿Se ha despertado Victoria?

Sus camiones están transportando la mercancía fuera de la mina.

Anoche lo comentaban en el casino.

-Pensaba que Gonzalo estaba de nuestra parte.

-Esto no puede prolongarse o saldremos perjudicados.

Si los números de la mina se ven muy afectados...

-Todos terminaremos afectados. -Nuestra suerte ligada a Victoria.

¿Más bizcocho? -Buenos días.

-Buenos días, Alejandro.

¿Te sirvo un café? -Sí, gracias.

Por esas caras, supongo que habláis del boicot a la mina.

-No tiene gracia.

Podrías contribuir al engrandecimiento de tu apellido...

...casándote con una mujer con dinero.

Para otra cosa no sirves.

-Está hecho para deleitarse con los placeres, no para enterrarse.

-Pues esto no es un hotel.

Me harto de darte de comer.

-Bueno, tío, no dramaticemos.

¿Y si hay alguien interesado en mí?

Es reticente a mis galanteos por ciertos inconvenientes familiares.

Estoy seguro de que pronto me aceptará.

-La familia tiene dinero.

¡Qué calladito te lo tenías!

-Más vale que no lo estropees. ¿Cuándo nos la presentas?

¿Qué ocurre?

¿Seguro que Victoria falta desde anoche?

A lo mejor salió temprano.

La cama está hecha y no está la ropa.

-He ido hasta la fuente del cura y nada.

-¿Dónde se habrá metido esa criaturiña?

-Si le ha pasado algo, me muero. No va a ser nada.

Justo.

-No la he visto por ningún sitio.

Ni en la parroquia. Don Enrique nos avisará.

-¡Ay, Dios mío!

-Y se lo dirá al padre Ángel cuando vaya a la iglesia.

-¿Entonces el padre Ángel tampoco está?

No te lo vas a creer. -¿Qué?

-Salvador está en la calle.

-¿Qué hace?

¿Por qué tarda tanto en entrar?

No grites, por favor. Por favor, no grites.

Me he escapado.

Pero antes de marcharme, tenía que hablar contigo.

Explicarte.

-Ya están aquí los soldados.

Escúchame.

Han venido por Victoria.

No sabemos dónde está.

Si te encuentran aquí, te matarán.

Así que saldré y los entretendré.

Sube al trastero sin que nadie te vea.

Espérame allí.

¡Qué susto!

¿Tu madre está bien? -Mañana el pescado lo traigo yo.

Que te den propina.

Más fresco no lo hay. -¿Y eso?

-Portela me ha dado trabajo para ir a faenar.

-Es muy peligroso.

-El marqués no me puede buscar las vueltas.

Y no dependo de nadie.

-Pero... -Te necesito a mi lado.

Tú me das fuerzas.

-Siempre estaré a tu lado.

¿Tampoco estaba en la mina?

No.

Está bien.

Mandaré patrullas a que rastreen la zona.

-Deberían mirar en el acantilado.

Le gustaba ir allí cuando era pequeña. Y después.

-Les prometo que removeré cielo y tierra para encontrarla.

-¿Qué ocurre?

Tenemos derecho a saberlo.

-El furgón que llevaba al asesino de Pablo ha sufrido una emboscada.

Lo han liberado y han matado a dos guardias.

Quizá hayan cogido a Victoria. La primera vez no les salió mal.

No puede ser.

Hay que movilizar a todos los efectivos.

Coge al niño y vete fuera de la casa.

Haz lo que te digo ya.

Avisa al resto de destacamentos.

Quiero que estén alerta.

Señor delegado.

Hay algo que debería saber.

Deben actuar con discreción. Pero ¿qué pasa?

¿A qué viene esto? -¡Victoria!

¡Victoria!

Pero ¿dónde estabas?

He estado en la oficina.

¡Qué susto nos has dado!

Lo siento.

-Mantendremos una unidad en la casa para protegeros.

No quiero correr riesgos con los anarquistas.

¿Anarquistas?

¿Dónde te has metido?

Tenía que pensar. ¿A qué viene esto?

Justo cuando Victoria pasa la noche fuera de casa.

No me tomes por tonto.

Tus feligreses me piden explicaciones.

Yo se las daré. No harás nada.

Vas a meditar sobre tus actos.

Hiciste voto de castidad y has vuelto a traicionarlo.

Debería dar parte al obispado.

Haga lo que quiera. Tengo la conciencia tranquila.

Dígale que no convenceré a Victoria para que retire sus medidas.

Esa es la voluntad de Dios.

No, es la de los que ven amenazados sus intereses.

Su ilustrísima está muy preocupado. Que haga otro el trabajo sucio.

No, quiere que sea yo, ¿verdad?

Sabe que Victoria confía en mí. ¡Deja de pensar en ella!

Nos jugamos algo más importante.

Puedes acabar con esta situación tan penosa.

Lo intentaré.

Pero no dejándome utilizar para perjudicarla.

Muchos mineros pueden acabar en la calle por la soberbia de dos mujeres.

¿Por eso debe ceder ante el chantaje y la cobardía?

Va en contra de mi conciencia.

Tu conciencia se compromete sin remedio por esa mujer.

Lo de la mina no hay quien se lo crea.

¿A qué iba a ir sin avisar a Justo?

-Lo que faltaba para dar más que hablar.

Como se entere el marqués...

Justo me ha contado que Rosalía estuvo a punto de marcharse.

Adelina.

¿Qué te hizo tu hermana para que lo pagues con su hija?

-Mi hermana.

Mi querida hermana me lo quitó todo.

Me pasé mucho tiempo cuidando de mi abuelo enfermo.

Ella solo lo visitaba los domingos. Tenía cosas mejores que hacer.

Cuando iba a verlo, todo eran carantoñas y mimos.

Y cuando él se murió,...

...le dejó un terruño que me había prometido a mí.

-¿Y vas a deshacerte de tu sobrina por una herencia?

-Esa herencia sirvió para que mi hermana se casara.

Mientras que yo, ya me ves, aquí estoy.

¿Quién iba a querer a una rapaza fea y pobre?

¿Te parece una tontería?

-No, Adelina.

Pero no creo que tu hermana y su hija te den igual.

-Ella no hizo nada en su vida por mí.

¿Por qué tendría que hacer algo por su hija?

¡Dime, dime por qué!

¿Por qué, por qué?

Ventura.

Soy yo.

Se han enterado de que te has escapado.

Han puesto vigilancia en la casa.

¡Maldita sea!

De momento, tendrás que quedarte.

No hagas ruido.

En cuanto pueda, te traeré algo de comida.

¿No me preguntas por qué he vuelto?

Que te quede claro...

...que no te he denunciado para que no corra más sangre.

La gente que vive aquí me importa.

¿Y yo, te importo yo?

Deja que te explique, necesito que comprendas lo que pasó.

¿Para eso has matado a dos guardias?

Ya me dijiste suficiente en la cárcel.

En la cárcel, pensaba que iba a morir.

Te dio tiempo a pensarlo.

Pablo solo pensaba en casarse y ser feliz.

Dejaste a mi hijo sin padre.

Eso no tiene justificación.

Te facilitaré la huida en cuanto pueda.

Pero mientras estés aquí,...

...no quiero que me dirijas la palabra.

No quiero escuchar nada que venga de un asesino como tú.

¿A qué estás jugando?

No pude resistirme a ayudar a una dama en apuros.

Y menos cuando esta es mi propia esposa.

Si la situación se prolonga, las empresas se verán afectadas.

Cuando uno se mete en una guerra, tiene que estar dispuesto a todo.

Es eso lo que pretendes, ¿no?

Que acabemos debilitados para quedarte con nuestros negocios.

Si así fuera, me lo estaríais poniendo en bandeja.

Pero tengo que decirte que mis prioridades son otras.

¿No me digas que lo haces para ganarte el perdón de Victoria?

A veces, la respuesta más sencilla es la explicación a todo.

Quizá cambies de idea cuando sepas qué hace por las noches.

O mejor, con quién las pasa.

Querido Hugo,...

...no me gusta la gente que tira la piedra y esconde la mano.

¿Como haces tú, quieres decir?

¿Qué dirías si te dijera que he pasado toda la noche con mi mujer?

¿Crees que debería preocuparme?

Los camiones no dan abasto. Se está acumulando la mercancía.

Si no llega a los clientes, los perderemos.

Y habrá que parar. Revisaste las cuentas.

No vamos a poder pagar los salarios.

Habría que cuadriplicar los camiones o buscar otro modo.

Barcos.

Los controlan los Viana. No van a ceder.

Podemos contratarlos fuera. Será más caro.

Tardarían dos semanas en llegar.

¿Qué vamos a hacer?

Encarna, no lo sé.

Necesito tiempo para pensar en esto y buscar una solución.

Yo no me rindo.

Yo tampoco.

Toma, llévatelo.

No sea que no te dé de comer.

Ten cuidado.

-Gracias.

Y no le digas a nadie dónde me voy.

-Pero ¿cómo que te vas?

-No pienso volver al convento. Antes me voy debajo de un puente.

-¿Te has vuelto loca?

¿Cómo se lo consientes?

¿No tienes dos dedos de frente?

-Se va con el vaquero. -¡Ludi!

-Si le dices lo del puente, no te deja ir.

-¿Piensas vivir escondida toda la vida?

-Si no me dejas irme donde Pío, me escaparé del convento.

-Rosalía, no tienes que volver al convento si no quieres.

Te dije que te ayudaría.

-¿Cómo?

Mi tía no va a cambiar de opinión.

-Yo me haré cargo de ti.

Si tú quieres.

Espero que este sea el último.

El marqués se ha pasado de generoso.

¿Cuánto crees que tardará la gente en saber dónde has pasado la noche?

¿Cómo se te ocurre hacer algo así?

Lo siento.

No sé por qué lo hice.

Fue un impulso, una necesidad.

¿No te he enseñado nada en todo este tiempo?

¿No te he inculcado unos principios?

Entiendo que lo tengas como confidente, de apoyo.

Pero esto...

Victoria, es un sacerdote.

¿Crees que he estado con Ángel?

No.

Dormí con Gonzalo.

¿Y por qué has mentido?

Estoy hecha un lío, Vicenta.

Tranquila, mi niña, que yo estoy aquí para ayudarte.

Le diré a Ludi que corra la voz de que os habéis reconciliado.

No, Vicenta.

Prefiero que nadie se entere.

¿Nadie?

¿O alguien en concreto?

Contarlo supondría admitir que voy a volver con él.

Y que mi decisión no tiene vuelta atrás y eso no es así.

Tengo que estar segura.

¿Sabes lo que la gente...? Vicenta, por favor.

Haz lo que te digo. Tengo que aclararme.

Bueno.

Hola, Encarna.

Casi todas eran de mi madre.

Pero apenas me las he puesto.

Ahora pueden hacer un mejor servicio.

Podemos pagar a los mineros.

Lo conseguiremos, ya verás.

Victoria.

No.

No puedo aceptarlo.

Es lo único que te queda de él.

Me queda un hijo maravilloso.

Además,...

...Pablo querría que se utilizase para salvar la mina.

Bien.

Hay que conseguir que alguien las lleve al monte de piedad.

Si saben que son nuestras, no las querrán.

Ya encontraremos otra iglesia.

-No quiero otra. Siempre soñé con casarme allí.

-Tendríamos que esperar seis meses a que terminasen las obras.

No pueden ir más deprisa. -Pues esperamos.

Seis meses no es nada. Y deja de seguirme.

No quiero que te vean. Sube esto al trastero.

¡No!

Quiero decir que ya lo subo yo, mujer.

No, Encarna, es mi trabajo.

Vicenta, atiende a Julio.

Tendréis cosas que preparar.

Anda, trae.

Puerta

Espérame en la cocina, por favor.

Buenos días, padre Ángel.

Vicenta.

La parte de atrás está muy vigilada.

Es imposible que saltes al bosque.

Toma, para esta noche.

Tienes que escucharme. No hables.

Yo nunca tuve la intención de matarlo.

¿Cómo tampoco tuviste intención de matar al cardenal?

Y a los militares que te custodiaban.

O matamos o nos matan.

Así de sencillo.

Pero lo de Pablo... ¡Cállate!

¡Vuelve a pronunciar su nombre y te denuncio!

Te engañas. No me vas a denunciar.

Sé que admiras nuestra lucha.

Te gustaría ser como yo, pero no te atreves.

Temes descubrir de lo que serías capaz.

Eso te gustaría creer.

Pues me das asco tú y lo que haces.

No hace falta matar para luchar.

Victoria y yo lo demostramos. Mientes.

¡No me toques! ¡Aaaah!

¿Qué te pasa?

¿Estás herido?

Siempre hay que pagar un precio.

Pero de esto no voy a morir.

Aunque es lo que te gustaría que ocurriera.

Te estuve esperando en el acantilado.

Pensé que estarías allí después de nuestra última conversación.

Estaba muy ocupada con todo lo de la mina.

Tu desaparición ha causado mucho revuelo.

Creen que estuvimos juntos.

¿Qué te traes entre manos?

¿A qué has venido?

La curia se ha puesto de parte de los empresarios.

Quieren que te convenza para que desistas.

Nunca pensé que me dirías eso.

Esta vez no voy a seguirles el juego. Estoy de tu parte.

¿Como con los astilleros?

Prefiero que te mantengas al margen.

Es mejor la ayuda de tu marido, ¿no?

Con qué poco te hace olvidar lo que has pasado con él.

Perdona, no quería decir eso. Vete.

No tengo fuerzas para discutir contigo.

Debo sacar adelante la mina.

Cuando me dijiste que nos estábamos alejando, no quería creerte.

Ahora sé que es verdad.

No hay nada como la paciencia para hacer negocios.

Hay que asegurarse de que el cura no se entrometa.

No creo que esté para eso teniendo en cuenta el rumor.

Nadie quiere confesarse con él.

Eloy, te pago para que hagas bien tu trabajo.

Entonces, ¿le hacemos una visita?

No.

Hay cosas que duelen más que una paliza.

Aseguraos de que hasta el último minero...

...conozca el rumor que circula.

Pero se trata de la señora marquesa. No, te equivocas.

Se trata de hacer dudar a los mineros...

...de la imparcialidad del cura.

Y hacerle dudar a él de si merece la pena arriesgar tanto por ella.

Pero eso ya es cosa mía.

¿Cómo te atreves?

¿Novio?

Tú no estás bien de la cabeza.

Una cosa es pelar la pava...

...y otra bien distinta es lavarle los calzoncillos cada día.

-Lo quiero.

-Del amor no se come.

¿Qué pasará cuando tengas que alimentar seis bocas más?

No tiene oficio ni beneficio.

Se ha pasado media vida en el presidio.

-Intenta labrarse un futuro.

¿Y sabe lo que le digo?

Que seguro que le va muy bien. -Sí.

Hasta que el vino le nuble la vista y le tiemble el pulso.

-No.

Salvador ha cambiado.

No quiere saber nada de su antigua vida.

Quiere estar tranquilo.

-Eres tonta de remate.

¿Crees que uno deja la bebida así?

¿No te acuerdas de tu padre?

Prometió que no volvería a caer.

-Salvador no es como padre.

Yo confío en él.

-Ya. Más te valdría aprender de tu hermana.

Un ricachón y la vida resuelta.

-Pues mire. Prefiero que sea pobre y esté conmigo a rico y bajo tierra.

-Ya me lo dirás cuando llegue apestando a vino y queriendo meterla.

Visi.

Cuando un hombre tiene algo tan dentro, no lo deja fácilmente.

Ya verás el vestido que me he comprado.

Es muy chic.

-Hugo es mi primo.

-No puedo soportarlo más.

Ojalá te hubiese conocido antes.

Hugo volverá tarde, estará en el casino.

-¿Qué haces aquí? -Traidores.

-No es...

-¡Puta! -¿Cómo te atreves?

-¡Noooo!

-¿Qué pasa? -Baja la pistola.

Por favor, baja la pistola.

-Pensaba que te estaban atacando.

¿Estás bien?

-Solo ha sido un mal sueño.

-¿Quieres que me quede aquí esta noche?

-No hace falta.

-Como quieras.

¿Qué dice Conchita?

-Todo buenas noticias.

-No ha cambiado nada desde la última vez que estuve aquí.

No sabía si vendrías.

Ni yo.

Necesitaba enfrentarme a mis fantasmas.

¿Tú tampoco podías dormir?

Esos soldados me traen malos recuerdos.

Eres la única que no me ha preguntado dónde estuve anoche.

Es tu vida.

Si uno no habla de lo que le pasa,...

...es porque no quiere reconocer que es real.

Teníamos que haberle dado las joyas a Ángel.

Su sotana habría conseguido más que Julio.

Eso es verdad.

Pero no quiero colocarlo en una posición peor de la que está.

El problema es que no tenemos capital.

¿Qué hacemos si no llegan los barcos?

Solo nos queda rezar para que lo consigan.

¿Y Gonzalo?

Ya sabes lo que pienso de él.

Pero pondría todo lo que tiene por ti.

No, de verdad.

Prefiero agotar todas las posibilidades.

Espero que no sea demasiado tarde.

No sabes cuánto te he echado de menos.

Todo este tiempo he estado perdida sin ti.

Pero esta vez no pienso dejarte marchar.

Todo volverá a ser como antes.

-Lo siento.

Tengo que irme.

-¿Cuándo volveré a verte? -Escucha.

Esto no puede volver a repetirse.

-¿Qué pasa, no te ha gustado?

-Me ha costado recuperar lo que perdí estando contigo.

No puedo volver a caer en lo mismo.

-Salvador.

No volveremos a cometer los mismos errores.

La vida nos ha dado una segunda oportunidad.

-Lo siento.

No puedo.

-Salvador.

Te quiero.

No tengas miedo.

La misericordia del Señor es infinita.

Cuéntame, ¿qué te aflige?

Una duda, padre.

¿Qué haces aquí?

Búscate otro cura. No quiero ser cómplice de más crímenes.

¿Acaso la misericordia de Dios no es infinita?

Para quien se arrepiente y trata de enmendarse.

¿Me está negando la posibilidad de salvarme?

¿No vale lo mismo mi alma que la de ese miserable anarquista?

Ave María Purísima.

Sin pecado concebida.

Padre.

Hay algo que me atormenta.

Peco contra Dios por yacer anoche con mi esposa.

¿La has forzado, miserable?

No, ella vino a mí, me pidió que le hiciera sentirse viva.

No sabe cómo me anhelaba su cuerpo.

Y su alma.

No te creo, mientes.

Eso es lo que te gustaría.

El secreto de confesión te impide preguntárselo.

La duda le quema a uno por dentro envenenándole el alma.

Ella no te quiere.

Estaba decidida a vivir separada de ti.

No la conoces tanto como pensabas.

Te dije que un día me elegiría a mí.

¿No me va a dar la absolución?

Por ella, pagaría la peor de las penitencias.

¿Qué haces así todavía?

Vamos a llegar tarde.

-No puedo ir. -¿Y qué hago sin ti?

Isabel.

Eres mi pareja. -No, no lo soy.

Estoy casada con tu primo. Asumámoslo.

-¿Y eso nos impide jugar al tenis?

-No se trata del tenis, lo sabes perfectamente.

No disimulemos más.

Yo siento lo mismo que tú.

Durante el tiempo que hemos estado juntos, has despertado...

...sentimientos que no creí que fuesen correspondidos.

Pero después de lo que le dijiste a tu tío,...

...sobre la mujer...

-Isabel. -No, por favor.

Déjame terminar.

Si no, no podré decirlo.

Al menos,...

...quiero que sepas que si te hubiese conocido antes que a él,...

...todo hubiese sido distinto.

-Isabel, no sigas.

-He de hacerlo.

Tenemos que terminar con esto. Si Hugo se enterase...

No quiero que te mate.

No podría soportarlo. Prefiero renunciar a lo que siento.

-Lo mejor es que dejemos de vernos durante un tiempo.

Hasta que esto se calme.

-Sabía que lo entenderías.

-Isabel.

-Eres un gran hombre.

Por eso te quiero más.

Si la mina deja de producir, nos vamos todos a la calle.

Calma, por favor.

Ellas quieren mantener la plantilla para producir al mismo nivel.

Os piden que sacrifiquéis un porcentaje durante dos semanas.

Es el tiempo que necesitan.

-¿Y qué hacemos? Nuestros hijos tienen que comer.

-Debemos buscarnos otro trabajo.

En la conservera y en los astilleros buscan gente.

¿Por qué iban a contratar gente que ha luchado? Es un señuelo.

Vuestro destino está en la mina.

Y os jugáis algo más que la comida de vuestros hijos. Es su futuro.

-Suena bonito.

Pero son palabras.

Tú quieres que apoyemos a la marquesa...

...porque te conviene.

¿Qué quieres decir? -Vamos.

Sabemos lo que se traen entre manos.

Intentan indisponeros contra ella y contra mí.

¿Por qué tenemos que creerle? Porque es verdad.

Si no les apoyáis, el boicot surtirá efecto.

¿Queréis que vuestros hijos vivan esta miseria?

-¿Qué alternativa hay? Dadles tiempo.

Demostrad a los empresarios que no hace falta la violencia.

Que tenéis algo que no se puede pagar con dinero.

Dignidad.

Victoria os dio su palabra y no la traicionará.

"Ha unido su destino al vuestro".

Gonzalo.

Quería traértela personalmente.

¿Qué te pasa?

Estás asustada como si el ama te fuera a pillar con tu novio.

No te rías.

Dijiste que me dejarías tiempo.

Y pienso hacerlo.

¿Qué tiene de malo que intente cortejarte?

¿Te molesta?

Me gustaría llevarte de mi brazo por la calle.

Y decir que fuimos marido y mujer.

Y acallar los rumores. No lo hagas, por favor.

Estoy harta de que nuestra vida esté en boca de todos.

Que todo el mundo opine.

¿Entonces qué debería hacer?

¿Cruzarme de brazos mientras ponen en duda tu decencia?

Lo que pasó ayer es lo natural.

No podemos comportarnos como dos adúlteros.

No me presiones, por favor.

No, eso jamás.

Solo quiero que pienses en los momentos que vivimos anoche.

Victoria.

¿Por qué no vienes esta noche otra vez a casa?

No puedo. ¿Por qué?

Tengo que resolver los problemas de la mina.

Podemos resolverlos juntos.

Encontraremos una solución al boicot.

Déjame estar a tu lado.

Sabes que nada me gustaría más.

¿Vas a permitir que sea Justo quien la tutele?

-Si él quiere hacerse cargo, es cosa suya.

-Esas rencillas fueron hace mucho tiempo.

Y ya está muerta. Olvídalo ya.

Nos hacemos mayores.

Algún día echaremos en falta a alguien que nos cuide.

-A este paso, vamos a tener que buscarlo juntas.

Porque tú, desde luego,...

Mejor me callo.

-No, habla.

¿Qué me quieres decir?

-Que siempre haces lo mismo.

Te ibas a casar con Justo y lo dejas.

Ahora te vas a casar con Julio y estás poniendo pegas.

-No, solo intento encontrar el sitio perfecto.

-Si quieres engañarte a ti misma...

-Yo pienso en los demás antes de liarme la manta a la cabeza.

En Victoria.

No puedo dejarla ahora.

-Si esta casa se hunde, tú te hundes con ella.

-Puede que tú no. Yo soy leal.

-¿Leal con quién?

¿Con Encarna, a la que no soportas?

¿O con Victoria, que hace su vida sin hacerte caso?

-El que me haces tú. -¡Alto!

-¡Quíteme las manos de encima!

Soy el novio de la gobernanta. -¡Suéltelo y salga de aquí!

-Solo saben utilizar la fuerza.

-A ver si atrapan a esos anarquistas y nos dejan.

-Vicenta.

Ve a ponerte el abrigo y ven.

Tengo algo que enseñarte.

Buenas tardes.

-Buenas.

Tose

¡Madre! Madre, ¿qué le pasa?

¿Está bien?

Tranquila, respire. Respire, respire.

Voy a buscar al doctor.

No pasa nada, hijo. Estoy bien.

No está bien, necesita un médico. Las medicinas no le hacen nada.

Quédese tranquila, no tardo nada.

¿Qué hacemos aquí? -Te he dicho que es una sorpresa.

-Tengo mucho que hacer.

-Está bien.

Ya tengo la iglesia para nuestra boda.

-Ya lo hemos hablado.

Me caso aquí o no me caso.

-¿Quién ha dicho lo contrario? -Esto está en obras.

-He contratado a todas las cuadrillas.

Les pagaré el triple.

-Eso es una fortuna.

-Nada comparado con las ganas que tengo de hacerte mi mujer.

Ya no tienes excusa para fijar la fecha de la boda.

¿Qué me dices?

-Que sí, Julio.

Te digo que sí.

¿Crees que debería mandarle algo de la cocina?

-¿A quién?

-A Amalia.

Está enferma y seguro que en esa casa comen fatal.

¡Hugo! -¡Qué!

¿Qué quieres que te diga? No lo sé.

¿No tienes que hacer esas cosas que haces con mi primo?

-No.

Tenía asuntos que no podía desatender.

Creo que no nos vamos a ver mucho en un tiempo.

-Tenía asuntos que no podía desatender.

Solo le preocupa divertirse.

Se ha cansado de ir contigo.

-Tu primo es un caballero. -No se lo reprocho.

No quiero que la gente comente cosas que no son.

Mira lo que le pasa a Victoria.

-Vaya, mi primo y tú juntos.

Muy bien.

Tengo asuntos que atender.

Volveré durante la madrugada.

¡Carmen!

Que un muchacho lleve esta nota al club.

Para el señor Hermosilla.

-Sí.

¿Y Salvador, cómo es que no está aquí?

-Salió esta mañana al pueblo de al lado.

Ya debería haber vuelto. -Debería estar aquí.

Le dije que fuera al médico.

Mira que se lo dije.

¿Cómo está?

-Está muy mal. Sus pulmones están colapsados.

¿Qué se puede hacer? Da igual el dinero.

No es una cuestión de dinero.

Que se quede incorporada para ayudarla a respirar.

Y recen por su alma, padre.

La medicina no tiene nada que hacer.

No puede ser.

Mi madre es una mujer fuerte.

Su madre les ha ocultado la gravedad de su estado.

Lo siento.

Lo siento mucho.

-Vete a buscar a Salvador. Tiene que estar aquí.

¿Has visto a alguien correr? Sí.

¿No sería una sombra? Era un hombre.

¿Lo han encontrado? Así es.

Era un vaquero de la zona.

Quería encontrarse con la sobrina de la cocinera.

¡Qué tonta he sido!

Pero pensar que podría repetirse. No hay de qué preocuparse.

Han visto al grupo anarquista cerca de Jaca.

¿Jaca?

Es una de las rutas para pasar a Barcelona.

Así es.

Veo que estáis al tanto.

No se necesitan soldados aquí.

No creo que vuelvan desde Jaca. Nunca se sabe.

Es mejor ser cauto que lamentarse después.

Y pueden estar esperando a que bajemos la guardia.

¿No estarás utilizando al ejército para tenernos vigiladas?

Me ofendes, Victoria.

No hay ningún problema en que retires a tus soldados.

No.

No.

No puedo más.

-Una cucharada más te hará bien.

-Esto...

Esto no se arregla con un caldo.

Salvador...

...va a cuidar muy bien de tu hija.

Ya verás.

No estés triste, hijo.

¿Por qué no nos dijo nada?

Es ley de vida.

Ángel.

Necesito que hagas algo por mí.

Quiero irme en paz.

Necesito hablar con alguien.

Bueno, terminé la faena.

Démonos prisa si queremos ver a don Enrique.

-¿Está seguro de querer hacerlo?

-¡Claro!

-Lo mismo a Marcelina no le gusta.

-Eso es cosa mía.

Además, solo es un papel.

-Espera, Justo.

Tengo que hablar con mi sobrina.

No tengo perdón de Dios.

Desde que llegó, la he tratado muy mal.

Y también tengo que decirle...

...que dejé que el rencor me cegara.

Por eso no hice las paces con su madre.

Siempre he tenido dentro el dolor de no llegar a tiempo...

...para pedirle que me perdonara.

Y que soy una burra...

...por no haberme dado cuenta de lo que tenía delante.

La hija de mi hermana...

...a la que voy a tratar...

...a partir de ahora como si fuera mi hija.

-Tía.

No quiero volver a hacer esto.

Visi es una buena mujer.

-Lo sé.

Pero ella nunca te dará lo que yo te doy.

-Tengo que irme. -No, quédate un poco más.

-Antes deseabas que me marchase.

-No te fíes de lo que dicen las mujeres.

Sino de lo que sienten.

-¡No puedes entrar! -¡Sé que está aquí!

-¿Qué pasa? -Nada.

-Visi.

-Será mejor que vuelvas a tu casa.

Tu madre se está muriendo.

-Lo siento, intenté pararla, pero parecía una leona.

¿Qué va a pasar ahora?

-Que dos leonas van a luchar a muerte.

Toma, no es gran cosa.

Durante unos días no tendrás que parar en ningún pueblo.

Este es el final, ¿no?

Me perderás de vista y podrás vivir tranquila.

¿Qué haces? ¡Suéltame!

No me he arriesgado para marcharme sin hacer lo que vine a hacer.

Fue un accidente, te lo juro.

Un accidente.

Yo me imaginaba que Pablo volvería. Forcejeamos y cayó.

Intenté agarrarlo.

Pero fue imposible.

Sé que si no hubiera estado allí, no habría muerto.

No eludo mi responsabilidad.

Suéltame o grito.

Tu boca dice una cosa y tus ojos dicen otra...

...muy distinta.

Solo espero que algún día me puedas perdonar.

No puedo soportar que me recuerdes con odio.

Lo siento.

Lo siento tanto.

Puerta

Ahora no, estoy esperando a alguien.

Se trata del cura.

Ha convencido a los mineros para que le den un margen a la marquesa.

¡Maldita sea!

Averigua qué se trae entre manos.

¿Qué haces ahí? Vete.

La señora marquesa está visitando la casa del cura.

¿Estás seguro?

Su madre se está muriendo y la ha mandado llamar.

Bueno, eso nos dará algo más de tiempo.

Gracias por venir.

Significa mucho para ella.

Lo siento mucho.

Señora Victoria.

Le agradezco mucho que haya venido. Por Dios.

No, Ángel, no te vayas.

Quiero que lo oigas.

Quiero pedirle perdón.

Pero si usted a mí no me ha hecho nada.

La juzgué mal.

Pensé que solo quería jugar con mi hijo.

Recé para que se alejara de usted.

Eso forma parte del pasado, ya no importa.

Sí que importa.

Te he visto sufrir mucho por ella.

Creía que con el tiempo, la olvidaría.

Pero no ha sido así.

Cálmese.

Es mejor que descanse un poco.

No, déjeme acabar.

Necesito irme en paz.

Quiero pediros perdón.

Y que sepáis que me arrepiento mucho...

...de todo el daño que os he hecho.

Hubieras sido la mejor mujer para mi hijo.

Ruido

Reza en latín

-Madre, perdóname.

He sido un mal hijo.

-No digas eso.

Cuídamelo,...

...Visi.

-Lo haré. No se agite, madre.

-Dame la mano.

Ahora solo os tenéis el uno al otro.

Prometedme...

...que, pase lo que pase,...

...estaréis siempre unidos.

Se lo prometo, madre. -Claro.

-Yo ya les he cuidado...

...durante todo este tiempo.

Ahora le toca a usted.

Deben saber la verdad.

¡Aaaah!

-Madre. Madre.

Madre.

Madre.

Madre.

Madre, no me deje.

No me deje, madre.

-Reza en latín

Tranquilo.

Déjala descansar en paz.

Ya está con Dios.

Piensa que te has podido despedir de ella.

La habéis acompañado hasta el final.

Llora

¿Qué voy a hacer sin ella?

No me dejes tú también.

No me dejes, no podría soportarlo.

  • Capítulo 25

La Señora - Capítulo 25

24 dic 2012

Las campanas tocan a muerto. Han fusilado a Joan y a Ventura se lo llevan a Oviedo para ejecutarlo allí. En el camino, unos anarquistas interceptan el vehículo.

Histórico de emisiones: 05/10/2009

 

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  1. Alfredo

    ¡Excelentes actores!

    08 ene 2013
  2. Sofía

    A qué hora la suben? Cuándo ponen el 26?

    26 dic 2012
  3. Prodjca

    Muy buena serie, cada cuando la pasan?

    26 dic 2012
  4. LUNITABONITA

    FASCINANTE....

    25 dic 2012