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No recomendado para menores de 7 años La Señora - Capítulo 23 - Tras recibir una paliza descomunal, Salvador, confiesa ser el autor del asesinato - var ahora
Transcripción completa

Te cargan la muerte de Pablo Márquez.

¿Me acusarán de asesinato? Tienes que decir lo que sepas.

Yo no sé nada.

A mí me liberó, pero contigo no tendrá compasión.

Tu vida está en juego.

Prefiero morir, me llevaré dignidad a la tumba.

No vas a delatarlo, ¿verdad?

Vamos.

Ventura estaba implicado.

Salvador.

¿Quién mató a Pablo?

No te diré nada.

Esta vez no podré salvarte.

Subtitulado por Teletexto-iRTVE.

¡Venga, que te vienes con nosotros!

Mi hermano es inocente.

Buenas noches, padre.

No me alegro de verle.

Él no mató a Pablo. Sé quién fue.

Y ha esperado a esto para decirlo.

Ventura Escaso. Es el nombre que buscas.

¿Se lo dijo antes de ayudarle a huir?

¿Tan idiota se cree que soy? Sé que fue él.

¿Y piensa que acusando a un prófugo vamos a soltar a su hermano?

No podéis juzgar a Salvador. Las cosas no funcionan así.

No se coge a dos sospechosos y se elige a uno.

Tú quieres un culpable. El que sea.

Da gracias a que la Iglesia te protege.

¿Y las pruebas? ¡Alguien las puso ahí!

¿Quién?

¿Tu amigo el anarquista?

Ah, no, nosotros.

Tendríamos que haberlas robado de casa Márquez.

O tal vez nos ayudó alguien de la casa.

O esa persona las puso allí para que acusáramos a tu hermano.

¿Quién pudo hacerlo, padre?

¿Quién?

Julio, deja eso, por favor.

Disculpa por hacerte esperar aquí. Abajo la cosa está revuelta.

-¿Pasa algo? -Adelina y su sobrina.

Esa chica es un desastre.

Adivina quién carga con todo.

-¿Qué te pasa, Vicenta?

No estás así por la casa.

-Julio.

¿No nos estaremos equivocando?

¿No iremos demasiado rápido?

¡Julio, aquí no, por favor, que nos pueden ver!

-No, Vicenta, no nos estamos equivocando.

Ya hemos esperado demasiado.

¿Se puede saber qué te pasa hoy?

-Que no descanso bien.

Estoy pendiente de esa criatura.

Hablaré con Vicenta.

-Rosalía no se ha vuelto a levantar de noche.

-Ya, Justiño.

Pero todo el mundo sabe...

...que si andas dormido, te lleva la Santa Compaña.

-Bastante tiene Vicenta con el juicio.

Ya sabes cómo quería a Pablo.

-¡Qué bien la conoces, Justo!

¡Qué pena lo vuestro!

-No empieces, Adelina.

¿Qué os pasa?

-Nada. ¿Qué nos va a pasar?

-Os calláis según entro.

-Bueno, me voy a dormir. Buenas noches.

-Lo del juicio le tiene trastocado.

Ya sabes cómo quería a Pablo.

-¡Qué lástima!

-¿Qué ha pasado?

¡Qué desastre!

No veo cuál es el problema.

Lo van a declarar culpable.

Puede.

Es un anarquista. Lo va a juzgar un tribunal militar.

Hasta el abogado será militar.

No ha podido conseguir a nadie que lo defienda.

Ya lo ven condenado.

Puede que tengas razón, pero no me gusta dejar las cosas al azar.

¿No exageras?

No.

El resultado de un juicio es siempre incierto.

El gobernador es un hombre justo. Es un militar.

Y Salvador, un reo anarquista.

Su hermano va sembrando la duda de que ha sido otro.

Es su hermano.

¿Quién le va a hacer caso?

Yo no le subestimaría.

Además, Hugo, tú necesitas que lo condenen.

Supongo que todos lo necesitamos.

No, yo no lo necesito, lo quiero.

Quiero que esto salga bien.

Ese cura va a sufrir con esto.

Si no haces las cosas como quiero, vendrá otro que lo haga mejor.

Sí.

Un guardia civil ha desaparecido. ¿Un desertor?

Puedes estar tranquilo.

Las cosas se resolverán de una manera satisfactoria.

Estoy seguro de eso.

Hemos conseguido mantener la cantidad de extracción.

Cuando reparen el pozo antiguo, esa cantidad se doblará.

¿Qué tal van los ánimos? Mejor.

Los turnos los han hecho los propios mineros.

Tenemos motivos para estar contentas.

Cuando pase todo esto, quizá.

¿No echas de menos tu casa?

Claro.

Pero todavía tengo que terminar de recuperarme.

Sé que piensas que no debería estar aquí.

A su lado.

No se trata de lo que yo piense.

Sino de lo que tú sientas.

Ahora solo puedo pensar en Pablo.

Y en ese juicio.

Está removiendo muchas cosas, muchos recuerdos.

Y todos son en esa casa.

A mí me gusta estar allí, cerca de él.

Buenos días.

Encarna.

Victoria, querida.

Traigo noticias.

Salvador ha confesado. Ya no hay duda.

Él asesinó a Pablo.

Este hay que acortarlo un poco.

Y a este hay que despejarle el escote. Me lo pondré esta noche.

Amalia.

-Perdóneme, señora.

Es que...

Ya sabe usted por lo que estoy pasando.

-Lo siento mucho.

Si hay algo que yo pueda hacer...

-Podría hablar con su marido.

Decirle que ayude a mi hijo.

No ha hecho nada de lo que se le acusa.

-Amalia, no lo entiendes.

No puedo pedirle eso al señor. Ya sabes cómo es.

-Usted no tiene hijos.

¿Se imagina lo que es tener un hijo inocente en la cárcel...

...y venir aquí sabiendo que hay alguien que puede hacer algo por él?

-No estás bien, Amalia.

Lo mejor es que dejes de venir mientras todo esto se pasa.

-¿Y los vestidos?

-Le dices a Consuelo que ella me los traiga.

-¿Hablará con su marido por lo de mi Salvador?

-Ya veremos.

Vete y descansa.

Espero que vengas mañana a la recepción.

Debes acostumbrarte a nuestras maneras.

No se puede estar con los patronos y con los obreros a la vez.

Es peligroso, hay que tener cuidado.

¿Puedo pedirle una cosa?

No vuelva a besarme la mano para saludarme.

No estoy cómoda.

Yo siempre he sabido quién soy y de qué lado estoy.

Gracias, Juan.

Menos mal que Rosalía no se ha vuelto a levantar.

-Yo no la he oído.

-Mientras sea cosa de un día, no hay de qué preocuparse.

Una mala noche la tiene cualquiera.

-Recoge. La señora no come. -¿Otra vez?

-Sí, otra vez. Haz lo que te digo.

-Vicenta, ¿es verdad eso que dicen por ahí...

...de que el hermano del cura mató a nuestro Pablo?

-Sí, Adelina.

Eso dicen.

Por eso a Encarna se le cierra el estómago.

-¡Qué horror, Vicenta!

¡Santo Dios, imagínate!

La pobre Victoria.

-Sólo de pensarlo me pongo mala.

¿Has visto a Justo?

-Salió antes.

Está escribiendo esa carta a su enamorada.

-Y yo pensaba que andaba revuelto con lo de Pablo.

Tiene la cabeza en poner cuatro letras de amor.

-Vicenta, cada uno mata los demonios como puede.

-Sinceramente, no creo que sea el momento de hacerlo.

-Tú tampoco has dejado de ver a Julio.

-Pero hay muchas cosas que no me planteo.

Justo debería hacer lo mismo.

Todavía estamos de luto. -¡Ejem!

Voy por el lápiz.

¿No tenía tu hermana otro hombre en el que fijarse?

Salvador es bueno. Es un desgraciado.

Le van a dar garrote. No digas eso, por favor.

No deberías tomarte esto tan a la ligera.

Si ha confesado, por algo será.

Ese hombre te dejó viuda.

Todavía no me lo puedo creer.

-Señorita Encarna.

-Yo me marcho, que tengo mucha faena.

Padre Ángel, luego me paso a ver a su madre.

Gracias, Consuelo.

¿Cómo estás? ¿Y Ventura?

¿Por qué me preguntas por él? Salvador es inocente.

Alguien puso esas cosas en casa para inculparlo.

Salvador ha confesado que fue él. ¿Qué dices?

¿No sabes nada?

Salvador ha confesado esta mañana.

Salvador.

Salvador, soy yo.

¿Qué te han hecho?

¡Hijos de puta!

Túmbate.

¡Alicia!

Alicia.

-¿Qué pasa?

-Salvador.

Ha confesado.

¿Has oído lo que te he dicho? -Perfectamente.

No vuelvas a nombrar a Salvador.

-No puede ser. ¡No puedes creer que él lo haya hecho!

-Si ha confesado, no importa lo que piense.

-Nunca podría hacer algo así. -Todos somos capaces de todo.

De ahí, tanta prisa para irse a América.

Espero que sea el último hombre que me engañe.

-Alicia, él te quería.

-Está claro que no era hombre para mí.

-¡No puedo creer...! -¡Se acabó, mema!

Salvador es hombre muerto.

Llama a la puerta

¿Qué te ha dicho?

Que ya no soy una enferma.

Pero...

...es una estupenda noticia.

Toma.

¿Y esto?

Para ti.

Me alegro de que coincida con tu recuperación.

Ya no tendrás que esperar para usarlo.

Es precioso.

Es el adecuado para que una dama acuda a una recepción.

Gracias.

Gonzalo, no voy a ir.

Ahora estás bien.

No es por eso.

Perdona, no volveré a insistir.

Es solo que me hacía feliz la idea de que estuvieras con todos.

Como si todo hubiera quedado atrás para siempre.

¿Qué hace en cama? ¿Lo has visto?

Está bien.

¿Sigue diciendo a todos bien alto que es inocente?

¿Qué va a decir si no?

Ese día Salvador volvió a casa y comió conmigo.

Pero no quieren creerme.

Piensan que una madre diría cualquier cosa para salvar a su hijo.

Pero es la verdad.

Seguro que apenas come.

¿Le llevaste la ropa que te dejé?

A ver cómo nos lo encontramos mañana.

¿No pensará ir estando así?

¿Cómo quieres que me quede en casa?

Es un consejo de guerra. No podrá entrar nadie.

Menos mal...

...que tú estarás a su lado.

Hijo.

Vamos a rezar juntos por tu hermano.

Rezar no sirve para nada.

Aún podemos conseguir la ayuda de los hombres.

Tose

No tengo nada para ponerme esta noche.

-No has mirado bien en el armario.

-Amalia tenía que arreglarme un vestido, pero está...

Lo de su hijo me tiene preocupada. -¿Por tus vestidos?

-No te rías de mí. Tómame en serio.

-Con esa facha, no sé si será posible.

-Si puedes hacer algo para ayudar a ese chico, deberías hacerlo.

-¿Por qué no hablas de lo que sabes y evitas ponerte en ridículo?

-Yo puedo hablar de buenos sentimientos.

-Es un asesino confeso.

Mató a alguien y lo hemos cogido.

-Yo solo digo... -¡Tonterías!

Ocúpate de tus asuntos y cumple con tus obligaciones.

-¿Mis obligaciones? -¡Sí!

¡Empezando por vestirte decentemente y terminando por no crisparme!

Portazo

Si tuviera un juicio normal, tendría alguna oportunidad.

-A los militares les gustaría tener a todos los obreros en el banquillo.

-No hay juez que lo saque.

-¡Basta!

Si no hacéis nada, cerrad la boca. -¿Qué hacemos?

-Nada, no hagáis nada. Seguid cotilleando como viejas.

Hasta que os cojan a todos y no quedéis ninguno.

-¿Por qué nos iban a coger? -Porque sois obreros.

Han decidido que ellos o vosotros.

Por eso le han cogido.

-Vamos. -¡Déjame!

¿Creéis que lo mató?

-El patrón está muerto. Eso no se lo inventó nadie.

-¡Qué más da!

Un obrero mata a un patrón y todos somos culpables.

-¿Qué ganas poniéndote así por ese infeliz?

-No creo que fuese él.

Pero no hay nada que hacer. Ya está decidido.

-Dentro de un mes, diréis que lo hizo. Y luego, que se lo merecía.

Sólo eso os dejará vivir tranquilos.

Porque ninguno de vosotros va a hacer nada.

Ya os han ganado.

Ya han hecho de vosotros unos cobardes.

-¿Qué te pasa, hija?

Hugo no ha querido recibirme. Se preparaba para la fiesta.

Yo no tengo nada que celebrar.

No pienso ir a esa fiesta.

Reza por Salvador. Rezar no sirve para nada.

No debes perder la fe.

Mi hermano siempre ha pagado por mí. No es justo.

Si pudiera hacer algo... Puedes.

Di que él no lo hizo.

¿Cómo puedes pedirme eso? Porque es inocente

y te pido que digas la verdad.

Si dijera eso, mentiría. Yo no sé cuál es la verdad.

Salvador es tu hermano.

Pero Pablo era el mío.

Espero que este juicio... ¡Este juicio es una farsa!

Salvador tenía cosas de Pablo. Sabes quién las puso allí.

Tu marido. Pero cierras los ojos.

Él no tiene la culpa de todo lo que pasa.

Por eso sigues junto a él.

No me conformaré con un juicio que no sea transparente.

Irás a ese juicio con tu luto.

Pedirás una condena que te ayude a terminar con tu dolor.

La muerte de Salvador no es nada si te devuelve la paz.

Se abre la puerta

Vicenta.

Me han dicho que estabas aquí. ¿Ha pasado algo?

Adelina se empeñó en que te trajera frisuelos.

No quería discutir con ella.

Qué buenos. Dale las gracias de mi parte.

Estás helada.

¿De dónde venías? De tratar un asunto urgente.

Es por Salvador, ¿verdad?

¿Cómo está el padre Ángel?

Me odia por no declarar a favor de su hermano.

¿Por qué tiene que ser todo tan complicado?

Vicenta, ¿ha pasado algo?

¿Qué quieres que pase?

Hace mucho que no me hablas de Justo.

No hay nada que hablar.

Es por ese hombre, ¿no?

Julio.

Adelina me contó.

Adelina habla demasiado. Pero te quiere.

Igual que yo.

Vicenta, ¿qué te pasa?

Nunca te había visto así.

Son demasiadas cosas, Victoria.

Yo tenía mi vida, la casa.

A vosotros.

Y, de repente, aparece Julio.

Después de 20 años.

No quiero volver a equivocarme.

No puedo.

Tenías razón.

No es un vestido muy afortunado.

¿No vas a decir nada?

-Trato de cumplir con mis obligaciones.

Una de ellas era estar callada.

-Isabel.

No deberías venir a la recepción.

Sí, ya he tomado la decisión. No vendrás.

-Ya estoy arreglada.

-Estás un poco alterada. No estás en tu mejor día.

La gobernadora no ha venido. Te disculparemos.

-Estoy perfectamente.

-Puedes quedarte rezando por el alma de ese asesino.

-No me basta con rezar. -Entonces lee.

Buenas noches, querida.

-No necesito tu permiso para ir. Soy tu mujer.

Podría ir a la recepción si yo quisiera.

Puedo hacer lo que quiera sin darte explicaciones.

Si yo quiero... -¡No vas a querer!

Porque sería la última vez.

Le daré recuerdos a todos de tu parte.

Buenas noches.

Gobernador, encantado de volver a tenerlo con nosotros.

-Me alegro de saludarlo. ¿Qué tal los astilleros?

-Si le soy sincero,...

...vivimos momentos difíciles.

-¡Qué me va a contar!

-Señor marqués. Eloy, ahora no.

Señor.

¿Qué ocurre?

El cura está abajo.

Que suba.

Discúlpenme.

No te he invitado. No vengo a verte a ti.

Esta es mi casa. Échame.

Señor gobernador, quería hablarle de algo.

Si me disculpa un momento.

Soy el primero en darte el pésame.

Tu falta de humanidad no me sorprende.

Siento que tengas que irte ya. ¿Y perderme la fiesta?

Es una pena que te hayan dejado solo en tu propia fiesta.

¿Cómo se te ha ocurrido invitar al cura?

Para que Isabel se pierda esto, debe estar con un pie en la tumba.

-Ha sido solo una indisposición.

-Esta tarde tenía muy buen color.

-Una indisposición de última hora.

-Ni la marquesa, ni mi mujer, ni la delegada.

Una epidemia afecta a las damas.

Mi esposa no vive las circunstancias más felices.

No la disculpes, Gonzalo, lo entiendo.

Aplausos

Gracias, Victoria.

Victoria, está bellísima.

Gracias, gobernador.

Siento que nos reúnan circunstancias tan tristes.

Siempre he admirado la entereza.

Más en una mujer que no tiene por qué mostrarla.

Espero que la solución a esto mitigue su dolor.

Sólo la certeza de la verdad y la justicia pueden ayudarme.

Le pido que mi dolor no interfiera su deber.

Que el juicio tenga todas las garantías.

Victoria, la duda ofende.

No me ofende. Al revés.

Admiro sus palabras y las agradezco.

He venido a hacer justicia.

Y tiene mi palabra de que nada me apartará de mi camino.

Tome.

-Gracias, hija.

Vete a descansar, que ya has hecho bastante.

-¿Cómo voy a dejarla sola?

La que tiene que descansar es usted.

-¿Y cómo quieres que lo haga...

...sabiendo por lo que estará pasando mi hijo?

-Yo tampoco puedo dejar de pensar en eso.

Alicia ha hecho más que yo.

-Es una buena mujer.

Pero no era para mi hijo.

Si te hubiese conocido a ti antes,...

...no habría dado tantos tumbos.

Y ahora, podríais estar casados y...

¡Qué pena!

Tose

-Tranquila.

¿Qué mundo es éste en que los asesinos beben y celebran

y los inocentes son condenados?

Guarda tu fe para Salvador.

Va a tener un juicio justo. Mi hermano no tuvo esa oportunidad.

Esta noche terminas tu luto...

...y empiezo yo el mío.

Pablo y tú habéis sido lo más importante.

No me abandones tú también.

Victoria.

¿Va todo bien? Sí, claro.

Te echamos de menos. Ahora voy.

Señor marqués.

¿Ocurre algo?

-Un mensaje para el delegado. Yo se lo haré llegar.

Al guardia civil desaparecido lo han encontrado muerto en el bosque.

¿No nos vamos a librar nunca de esa gentuza?

Esa fiesta era un aburrimiento. -¿En serio?

-No te lo puedes ni imaginar.

¿Te encuentras mejor?

-Sí, mucho mejor, gracias.

-¿Y tus pantalones?

-No era una buena idea.

-No me gusta el uniforme de Hugo. -Ni a mí.

-Venga.

Que ya te he visto fumar y a mí no me gusta fumar solo.

La madre de Hugo...

...solía encendérmelos.

Aprendió a fumar para no dejarme solo.

Pero nunca en público. Eran otros tiempos.

Le hubiese gustado conocerte.

-¿La quería mucho?

-Sí.

Tuve mucha suerte.

Los matrimonios son una lotería. No sabes con quién te casas...

...hasta que no puedes hacer nada.

Hay que resistir y no perderse.

Es para toda la vida.

Pero, ¿tú no sabías fumar?

A ver.

Tienes que tragarte el humo.

Como si bebieras agua.

Primero, una caladita corta.

Así.

¿Estás segura...?

Sí.

¿Qué significa, Victoria?

Me has hecho muy feliz. Pensé que todo había quedado atrás.

No significa nada.

Pero lo necesito.

Y me gustaría tener tu apoyo.

Tus deseos son lo más importante para mí.

Gracias.

Música de piano

A la salud del señor gobernador.

-Hacía mucho que no brindábamos juntos.

-Me tenías muy abandonada.

-Sabes que siempre estás en mis pensamientos.

¿Por qué brindamos tú y yo?

-Por la libertad de los hombres inocentes.

-De mí, un inocente no tiene nada que temer.

-Hay muchas cosas que no van a salir en ese juicio.

Por ejemplo, que el marqués de Castro...

...estaba enfrentado a Pablo.

Y Gonzalo sabe deshacerse de sus enemigos.

-¿Y qué más?

¿Que el reo era tu amante y que estuvisteis a punto de dejar el país?

Me sorprendes, Alicia.

Nunca pensé que pudieras querer así. De alguna manera, es afortunado.

-Es un buen hombre.

-Pero ¿es inocente?

-Iré al tribunal y diré que estuvo conmigo.

-Te meteré en la cárcel por perjurio y obstrucción a la justicia.

-Muy bien.

-¿No hay nadie en esta ciudad que crea en la justicia?

¡Virgen santísima!

¡Esto es lo que no te deja dormir!

-No, tía.

-¿Para qué sirvieron tantas monjas?

-Señora.

-¡Tú te callas, sinvergüenza!

¡Lo mato a él y después a ti!

-¡Tía! -¿Qué pasa aquí?

-Ya lo ves, Justo.

Ya ves por qué se levanta por las noches.

-Rosalía. -No hice nada malo.

-Tartamudea

-¡Que te calles!

¡Y tú, cúbrete!

¿Qué llevas ahí?

Una cartilla.

-Es culpa mía. -No.

Yo me empeñé en que aprendiera a leer.

-Que aprenda a hablar. -¿Eso es lo que hacéis?

¿Por qué no se lo contaste a tu tía? -¿Me iba a dejar?

-¡Claro que no!

Vamos, si se entera Vicenta...

-Pues mira, acaba de enterarse.

Mañana mantente firme. No digas nada, no te acuses.

Si encuentro a Ventura, todo se arreglará.

Mañana van a condenarme a muerte.

Y todo habrá acabado por fin.

No digas eso, Salvador.

Aún quedan esperanzas.

No.

No para mí.

Esta vez no puedes salvarme, Ángel.

Necesito que me ayudes a encontrar a Ventura.

Estoy de vuestro lado.

Estás del lado de tu hermano.

Mi hermano no se merece esto.

Y tú lo sabes.

¿Conoces al arroyo que pasa al norte de la fuente del cura?

Sí.

Síguelo.

Detrás el bosque se hace más espeso.

"Avanza siempre en dirección sur".

"Si no lo ves y él está en el bosque,...

...él te encontrará".

Trueno

¡Ventura!

¡Ventura!

¡Aaaah!

Llaman a la puerta

Victoria.

He visto luz.

¿Puedo pasar? Claro.

He vuelto.

Estás guapísima.

Es porque no me ves de negro.

No soporto los lutos.

Es algo que se lleva por dentro. A nadie más le importa.

¿No puedes dormir?

Hasta el niño parece notar que pasa algo.

Se despierta todo el rato.

Este juicio lo está cambiando todo.

Encarna, estoy muy confundida.

Ángel siempre ha sido mi apoyo.

Y ahora, está cada vez más lejos.

Y Gonzalo...

Por eso he vuelto.

No porque Freire me diera permiso.

Sino porque necesitaba pensar con claridad.

Has hecho bien. Esta es tu casa.

Nosotros somos tu familia.

Siempre he pensado que era necesario encontrar al asesino...

...para poder seguir con nuestra vida.

Pero ahora preferiría no saber quién lo hizo.

No, Victoria.

Tenemos que saber qué ocurrió para poder seguir viviendo.

Quizá en tu caso.

Tal vez puedas rehacer tu vida.

Incluso encontrar a alguien.

Pero ¿qué va a cambiar para mí?

Me siento como si tuviera 100 años.

Como si estuviera al final de un camino y delante no hubiera nada.

Trueno

Ya está aquí la tormenta.

Quizá sea eso lo que me pasa.

No me hagas caso.

Trueno

Hoy es el juicio de Salvador. Tienes que venir conmigo.

¿Y qué pinto yo ahí?

Tú mataste a Pablo.

No vas a dejar que un inocente pague por lo que tú has hecho.

Eso pasa cada día, páter.

Sólo hay que considerar lo que es mejor para el mundo.

No pensé que fueras tan despreciable.

A ese guardia civil también lo mataste tú, ¿verdad?

Ese guardia civil murió porque era él o yo.

Luchar, siempre.

Entregarse, nunca.

Tu hermano sí que tiene ideales.

Lo está demostrando. Eso lo dice un cobarde.

De alguien que prefiere que otro pague por sus errores.

Piensa lo que quieras.

Voy a llevarte a ese juicio. Vamos.

Victoria ha vuelto y quiero que la mesa esté perfecta.

Así no me ayudas, me distraes. -¿Así?

-Julio, dame... ¿Quieres darme...?

Julio, por fa...

Julio.

Compórtate, que nos pueden ver.

-Nos vamos a casar.

-No digas tonterías. -Vicenta, nos vamos a casar.

-Es muy pronto y estamos de luto.

Hay que resolver lo de Pablo.

-Te trataría como a una reina.

-Déjame acabar.

-Irías de mi brazo a las terrazas.

Como las señoras.

-¿Quién te ha dicho que quiero ser una señora?

-¿No quieres?

-Me conformo con ser feliz.

-Pues entérate, Vicenta.

Esta va a ser tu vida. Te voy a tratar como a una reina.

-Estando de luto no puedo pensar en bodas.

-Todo llega, Vicenta.

-Por favor.

Julio, por favor.

Déjame acabar, Julio. Ya, Julio.

Julio, por favor.

No había necesidad de devolvérmelo con tanta prisa.

-Es su dinero.

-¿Por qué me lo traes tú?

-Amalia está en cama.

Y Ángel es un sacerdote.

-Y la curiosidad es más grande que cualquier vergüenza.

-Tengo que preguntarle algo.

-Tú dirás.

-¿Le regaló Salvador una alianza?

-No.

Nunca me dio un anillo de boda.

¿Alguna otra pregunta?

Nuestra visita se va y yo vuelvo a la cama.

-La alianza es lo único que echaron en falta los Márquez.

Y no ha aparecido.

Lo demás pudo ponerlo cualquiera.

Pero sólo el asesino puede tener esa alianza.

Y Salvador no la tenía.

Buenos días.

-Pudo venderlo.

Al fin y al cabo, era lo más comprometido.

-Salvador es inocente.

-Estaba siempre borracho y buscando dinero para irse a América.

Ese día no estuvo conmigo.

Parece que no estuvo con nadie.

Y ha dicho que él lo hizo.

-¿No la has oído? -¡Qué más da!

-Tienes una piedra en lugar de corazón.

Salvador va a morir.

¿Qué sentido tiene que otra mujer arruine su vida?

Es mejor que piense que él lo hizo, que la engañó, que le odie.

Salvador nunca estuvo enamorado de ella.

¿Por qué tiene que entregar su vida al recuerdo de algo que no existió?

Soy yo la que debe llevar ese dolor el resto de mi vida.

¿Qué más da si es culpable o inocente?

Puerta

Victoria.

¿Por qué no me avisaste?

Me gustan las sorpresas.

Vaya gracia, estaría la habitación helada.

Vamos a sentarnos un poco.

¿Qué pasa?

¿Y esto?

He decidido poner fin al luto en la casa.

Dos meses más y nadie nos pondrá colorados.

Han pasado muchas cosas.

Y yo solo he pensado en mí.

En esta casa, hay un niño.

Y gente que debe seguir con su vida. Es lo que nos ha tocado.

No.

Hay que volver a la vida.

Ya puedes poner fecha para tu boda.

Es el título de propiedad de la finca de Las presillas.

Pero ¿te has vuelto loca?

¿Cómo me vas a regalar una finca?

Tú siempre has cuidado de nosotros.

Y de todo lo que es nuestro.

Y no te puedo estar más agradecida.

Te casarás y te marcharás de esta casa.

Victoria, si tú no quieres...

Vicenta.

No tendrás que preocuparte de nada más el resto de tu vida.

Es mi regalo.

Gracias, mi niña.

Yo quiero que seas muy feliz.

¿Qué haces aquí?

Él no fue, Encarna.

Él no pudo hacerlo.

Aunque lo haya dicho él mismo.

Me lo dice el corazón.

Salvador no tiene la alianza.

Tienes que ayudarle, Encarna.

Tienes que hacer algo.

Ya casi me había olvidado de preparar un buen desayuno para los señores.

-Y a mí fregarlo.

Encarna, cuando estaba sola, tenía suficiente con un tazón.

-Pues se acabaron las vacaciones. Y a cerrar la boca.

Aprende de Rosalía, que las mata callando.

-Todo el mundo trabajando. Muy bien, Victoria ha vuelto.

Rosalía.

Una tarde sí y una no podrás salir a enseñarle a leer.

-¿Cómo va a hacer eso?

-Mejor eso a que se duerma.

-A ver si va a acabar con el zarrapastroso ese,...

...que no tiene oficio ni beneficio.

-Mujer, que solo le va a enseñar a leer.

-Gracias, señora Vicenta.

Y es vaquero. -Bueno.

Y ahora que la normalidad vuelve a esta casa,...

...espero que se acaben los cuchicheos.

-Claro.

¿Por qué no nos dirá si se casa o no?

-¿A quién le importa?

Rosalía, tú escribes bien.

¿Me corriges una carta? -Sí.

-Entre todos,...

...me la vais a volver catedrática.

Siento que te perdieras la fiesta. -Tenías razón.

Me vino bien quedarme y pensar.

-Bien, me alegro de que te hayas dado cuenta.

Hagamos como si nada hubiera pasado.

-¿No desayunas?

-No, he pedido que me suban el café. Quiero llegar antes que el gobernador

-Amalia es una mujer buena.

Si podemos hacer algo por ella, debemos hacerlo.

Y lo único que podemos hacer es que tú seas justo.

¿Sabrás ser un hombre justo?

Se abre la puerta

¿Ángel no ha venido?

Nadie le hubiera impedido estar.

Pero comprendo. Si está convencido de su culpabilidad,...

...querrá evitarle esa vergüenza.

Por las leyes especiales dadas en el estado de excepción...

...y por la naturaleza social del crimen a juzgar,...

...el reo será sometido a un consejo de guerra con todas las garantías.

Damos por iniciado el juicio.

Por esas fechas, era normal...

...ver al acusado borracho en su taberna.

-Sí, señor, pero no era el único.

-El único que nos importa. Limítese a contestar.

-Sí, señor.

-¿Borracho hasta el grado de cometer una locura?

-Dejemos que el testigo saque sus conclusiones.

-Borracho. Yo no sé más.

-Señor abogado, ¿alguna pregunta? -Ninguna pregunta, señor.

¿Tú sabes lo que significa esto?

Eres una mujer rica. -No digas tonterías.

-No como una marquesa.

Pero no tendrás que casarte para que te mantenga tu marido.

-En esta casa, las cosas no se hacen como Dios manda.

Dejar el luto sin saber qué va a pasar en el juicio.

Y Victoria ha sido tan generosa...

Pero yo no creo que sea el momento.

-¿Entonces qué?

¿Nos casamos?

¿Reconoce estos objetos?

Sí.

Continúa la declaración sin que se oiga lo que dice.

¿Reconoce estos objetos?

¿Está segura? Sí.

Me cuesta pensar que fuera Salvador.

Nunca me haría una cosa así.

Somos amigos, somos compañeros.

Declara sin que se oiga lo que dice

Finalmente, tuvimos que prescindir de él.

He tenido acceso a informes policiales...

...sobre un accidente en su coto de caza.

El acusado fue investigado por pensarse que estaba involucrado.

No sabía que ese hecho hubiera trascendido.

Es normal no saber todo lo que ocupa a los que nos protegen.

Traté de encontrar al culpable y no lo conseguí.

¿Y su opinión? ¿Cree que el acusado tuvo algo que ver?

Bueno.

Mi opinión sobre este asunto...

...carece de fundamento para lo que nos ocupa.

Se abre la puerta

-No puede entrar. -Tengo algo importante que decir.

Salvador estuvo conmigo aquel día. Él no pudo hacerlo.

-Esto contradice todas las declaraciones.

No se puede tener en cuenta.

-Otros deberían dar cuenta de sus crímenes.

-Está mintiendo.

-Lo dicho por esta mujer contradice a cuatro testigos.

¿Tiene el acusado algo que decir?

-Por favor, no le hagan nada.

Solo quiere protegerme.

-Sáquenla de la sala.

Prosigamos.

Entiendo que este hecho no va a tener consecuencias.

Debido a la naturaleza de la relación que les une,...

...la consideraremos propia de un cónyuge y no se tendrá en cuenta.

A no ser que tenga alguna objeción.

No, no.

La caballerosidad nunca tendrá objeción de mi parte.

Aun a costa de elevarla a la categoría de esposa.

Sigamos.

-Recapitulemos lo que ha quedado claro mediante los testigos.

El acusado estaba en una situación desesperada, sin trabajo.

El dinero lo recibía de la mujer con la que convivía.

La cual regenta una famosa casa de placer.

Su estado habitual era la inconsciencia por las borracheras.

Frecuentaba cédulas anarquistas.

Y tenía relación con la banda que robó el banco de Gijón.

Uno de sus cabecillas huyó tras intentar causar una masacre.

El rencor hacia su víctima...

...nació al trabajar como minero para él.

Si no se lo transmitió su padre.

También anarquista reconocido.

Puerta

Dicho rencor queda documentado cuando unos años antes,...

...participa en un atentado en casa de la víctima.

Por ello estuvo en prisión.

Se ha certificado su participación en las huelgas más violentas.

Y ha quedado demostrado...

...que el acusado intentó huir a América.

Y al ser detenido,...

...tenía objetos de la víctima que sólo pudieron ser robados.

Señores del tribunal, nunca he tenido un caso más claro.

-Habiendo escuchado a los testigos,...

...el acusado puede dirigirse al tribunal.

¿Tiene algo que decir?

Este tribunal se retira a deliberar.

Tose

¡Isabel!

¡Isabel!

¡Isabel!

Isabel.

Isabel.

Isabel.

¡Qué susto, Dios!

Por el poder que me confieren las leyes militares,...

...este tribunal ha tomado su decisión.

Puerta

-Yo maté a Pablo Márquez.

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La Señora - Capítulo 23

20 dic 2012

Tras recibir una paliza descomunal en el calabozo, Salvador, confiesa ser el autor del asesinato. Al mismo tiempo Ángel pide ayuda a Victoria y culpabiliza a Gonzalo de todo lo que está ocurriendo. Victoria defiende a su marido.

Histórico de emisiones: 21/09/2009

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