www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
1602323
No recomendado para menores de 7 años La Señora - Capítulo 13 -  Los mineros deciden prolongar su huelga, alentados por Encarna y Alejandro - ver ahora
Transcripción completa

¿Por qué me has hecho algo así?

Pensaba que estabas de mi lado.

Que podía confiar en ti.

Yo también lo pensaba.

Y pensaba que me querías.

Pensaba que me elegirías a mí y no a otra mujer para casarte.

Mi amor, ¿es que no lo ves?

¿No lo ves? Yo te adoro.

Yo te adoro. He vivido siempre por ti, me he desvivido por ti.

Y tu prefieres a una mujer que no te ama.

Está enamorada de otro hombre. ¡No vuelvas a decir eso! ¿Me oyes?

Jamás me hubiera casado contigo, ¿comprendes?

Jamás.

Porque por tus venas corre sangre negra y tus hijos,...

...o los hijos de tus hijos, tendrán el mismo color.

Más te vale que no digas nada, o te juro que la ciudad...

...sabrá quién eres.

Victoria, ¿qué ocurre? ¿Qué ocurre, mi amor?

Ya está, ya pasó.

Ven, cariño, ven. Cariño, ya pasó.

Reconozco que llegué a pensar que no contestaría mi recado.

-Puestas a ser sinceras...

...tengo que decirle que pensé que era una broma.

-¿Quiere sentarse? -Explíqueme...

...por qué me ha hecho venir.

-Necesito hablar con usted.

Y es un asunto muy delicado.

-Usted dirá.

-Escuche, Alicia, yo podría contarle muchas cosas.

Cosas que quizá, incluso usted, desconoce de Gonzalo.

Y seguro que usted puede hacer lo mismo.

Las dos hemos pasado mucho tiempo con él.

-Demasiado.

-Puede ser.

Ambas sabemos que Gonzalo ni olvida ni perdona.

No tiene esa capacidad.

Y las dos hemos caído en desgracia.

-¿Hemos?

-Las dos hemos hecho algo en su contra.

La única diferencia es que no sabe lo que ha hecho usted.

-¿Qué está buscando, Catalina? -Ayuda.

-¿Para qué?

-Para defenderme de él.

-¿Y qué es eso tan grave que le ha hecho usted?

-¿Conoce el cuento de Barba Azul?

Trata de un noble...

...y su joven esposa.

Al llegar al palacio él le da todas las llaves.

Pero le advierte que puede entrar en todas las habitaciones salvo en una.

La que alberga su horrible secreto.

-¿Qué secreto?

-La sangre de sus crímenes.

El secreto que terminaría con la confianza y el amor...

...de su propia mujer.

-Victoria.

-Dentro de unos días,...

...un detective inglés llamará a su puerta.

Debe recibirlo y darle alojamiento.

Entonces todas las piezas encajarán.

Y usted tendrá la llave para vengarse de él.

-¿Y por qué no la utiliza usted misma?

-Porque yo ya no puedo hacerlo.

Mi tiempo se acaba.

¿Hará lo que le he pedido?

-¿Por qué tengo que confiar en usted? Siempre ha estado al lado de Gonzalo.

¿Cómo sé que no es una trampa?

-Porque usted sabe reconocer a una mujer desesperada.

Márchese.

Ríen

Todo está en tu habitación. Pablo está en la principal.

¿Al marqués no le importará?

No. No, descuida.

Ha entendido que necesitaba volver a casa.

Ha sido muy fácil. Ay, Victoria.

Estoy tan contenta.

Yo también, Vicenta. Yo también.

¿Sabes que esa casa me daba miedo?

¿Miedo? Si tú nunca has sido miedosa.

Ya.

Allí no era la misma.

Fue una sensación muy extraña.

Las casas se impregnan de lo que viven. Esa ha visto mucho.

-¿Se puede complicar más?

No. Otras veces se han puesto de huelga. ¿Cuánto aguantarán?

¿Unos días más?

¿Habláis de la mina? ¿Se sabe algo?

Siguen en huelga. Acabará pronto.

He ordenado colocar seguridad en la mina y en la casa.

No salgas sin protección. ¿Otra vez?

Gonzalo, sentémonos con sus representantes.

Estoy convencida de que si ven disposición...

Ya hemos hablado de esto.

No tenemos margen para negociar.

¿Mostramos nuestra debilidad?

No. Quiero que vean que entendemos lo que piden.

Los buenos propósitos no sirven para los negocios. Acuérdate...

...de lo que le pasó cuando quiso mostrar sus buenas intenciones.

No es para tanto.

Dentro de unos días, se solucionará.

No creo que a tu marido le haga mucha gracia esa costumbre tuya.

Me temo que no le hacen gracia muchas de mis costumbres.

Ni que te metas en sus negocios. Ya lo hice.

Me puse en contacto con la Louis Corporation.

Y lo volveré a hacer.

Voy a buscar a Mr. Harrington.

¿Te has vuelto loca? No.

Les explicaré la situación y se van a hacer cargo.

Confías en tus socios italianos, pero no pagan.

Los ingleses han funcionado bien.

¿Qué les vas a decir?

¿Que la mina está paralizada por una huelga?

No es una buena carta de presentación.

Claro, es que no lo haré.

Les diré que las peticiones de los obreros son legítimas.

Y que sus pagos van para modernizar las instalaciones.

No sé si te parece buena idea.

¿Hablas de mecanización?

Pero no solo eso. Te estoy hablando de ampliación de turnos.

Y que se cobre por jornada, no por extracción.

¿Y crees que será suficiente para que nos den el dinero?

Les daré ventaja frente a los italianos.

Tu marido está en el jardín.

Será mejor que no se entere de nada de esto.

Pablo. ¡Pablo!

Me gustaría hacer esto contigo.

Si no me apoyas, lo haré sola.

No cuentes conmigo, Victoria.

"Que no se enfrenten a ellos".

No quiero funerales.

¿Podrás negociar con él?

La Iglesia me apoya, me da fuerza.

La que no tenéis. Los trabajadores son la única fuerza.

¿Quieres que consigan lo que piden o que esto acabe en una matanza?

A menos que tus motivos sean distintos.

¿Qué quieres?

¿Venganza? ¿Es eso?

Tú no lo entiendes, Ángel.

Ese hombre me robó la vida, y también la de mis compañeros.

Salvador, la venganza no va a darte la paz que buscas.

¿Y qué sabrás tú?

Voy a hablar con ellos.

Justo.

Justo. ¿Sí, Victoria?

Perdón. ¿Señora?

Déjalo. Necesito que envíes un telegrama.

Pero nadie tiene que saberlo.

¿Entiendes? Nadie. Y menos que nadie mi marido.

Vale.

Y me tienes que hacer otro favor.

Manda un recado urgente.

¿A quién?

A Ángel.

Justo, que no es lo que te imaginas.

Es por la huelga. Hablaré con él.

Tu familia trabajó allí.

Yo no quiero que se convierta en una sangría.

Mi padre no lo hubiera permitido.

Si hay que hablar con la Iglesia, se habla.

Cuenta conmigo, Victoria.

¿Se puede saber por qué mi esposa me tiene abandonado?

No sabía que estabas aquí.

Aquí estoy.

¿Algún problema, Justo? No, no, señor.

Estábamos hablando sobre la hortensia.

Con permiso.

No pasa nada, Victoria. Están aquí por tu seguridad.

Ya lo sé.

Me tengo que ir. Nos vemos para la cena.

Sí.

"¡Adelante!".

Salvador, pasa, pasa.

¿Y bien? -Siguen en huelga.

Hay piquetes...

...para que no entren. -¿Aguantarán?

-Sí, mientras permanezcan unidos. -Bien.

Por si los ánimos decaen, cada día que pasa con esa mina cerrada...

...es un día que Gonzalo pierde y uno que yo gano. Y debe seguir así.

-No eres la única que está ayudando. La iglesia...

...también lo intenta. -¿La iglesia?

-Mi hermano.

-Tu hermano.

Tu hermano, en su día, anduvo con la señora marquesa.

Recuerdo que Gonzalo estuvo muy preocupado por eso.

Victoria estaba enamorada de verdad de Ángel.

Tanto, que me pidió ayuda para sacarte del penal.

No lo sabías.

-Él también la quería mucho.

-¿Tu hermano tiene verdadera vocación?

-¿Qué quieres decir?

-Quiero decir que... quizá la mina no sea la forma más práctica...

...de hacer daño a Gonzalo.

Quizá Victoria fuera el camino más fácil.

Si tu hermano volviera... -No.

Tú pediste mi ayuda. Solo yo, Alicia.

Mi hermano y esa mujer están fuera.

-Eres leal, Salvador. Por eso te aprecio.

Descuida. No haré nada que pueda comprometer a tu hermano.

-Gracias, Alicia.

-Salvador.

Oye, ¿crees que Salvador es...? Que no le gustamos las mujeres.

-No me hagas reír, mema.

Escucha y céntrate en lo que te voy a decir.

Si apareciera un cliente inglés...

...tiene que pasar directamente a mi habitación, ¿vale?

-Sí. -Bien.

-¿Has oído? Un inglés.

Barullo

Bueno, bueno. Señores, por favor. Señores. ¡Señores!

Un poco de calma. No pasa nada.

Esta huelga no tardará en anularse.

Miren los astilleros, ¿verdad, Álvaro?

Esa situación está controlada.

Aunque tuvimos que negociar.

Cosa que, les aseguro, no pasará en la mina.

Y así con todos los negocios.

Si necesitan mi ayuda,...

...solicítenla.

Me han garantizado la protección de la Guardia Civil.

Si fuera insuficiente...

...contamos con nuestras iniciativas para defendernos.

Esos mercenarios han tomado la ciudad.

La seguridad no es un asunto ligero. Debemos protegernos.

-Hasta que el ejército no intervenga, no será como antes.

En eso tienes razón, Hugo. Pero tranquilo.

Démosle tiempo al tiempo.

Barullo

Escucha, inventa cualquier excusa ante mi padre.

Me voy a Madrid. -¿A Madrid? ¿A qué?

-Se está preparando una gorda. -Pero tú...

-Tengo una baza.

Mi uniforme. Y te juro que no pienso desperdiciarla.

Si esto cambia y él sale reforzado, quiero ocupar un buen lugar.

Esta vez no me pillará con la guardia baja el señor marqués.

Por un momento pensé que no vendrías.

Me dijo Justo que era importante.

Es por la huelga.

Necesito que me ayudes.

¿Qué quieres de mí?

Tiempo.

Ángel,...

...la mina no es de Gonzalo.

No renuncié a mi parte de la herencia.

Puedo tomar decisiones.

Quiero tiempo para contactar con los ingleses.

¿Qué estás intentando, Victoria?

Los ingleses se han sentido desplazados.

Buscan pretextos para anular los contratos.

Han retrasado los pagos. Y sin los pagos, no podemos...

...mejorar las condiciones.

Las mismas condiciones que tu marido lleva negando años.

Lo que quiere él no es lo que quiero yo.

Ángel, mírame.

Me conoces.

En este mismo sitio te conocí hace años.

Aquí me enamoré de ti.

Mírame.

Sabes cómo soy.

Y sabes que voy a remover cielo y tierra para ayudarles.

Tu marido no te va a dejar.

Él no se va a enterar.

Necesito que confíes.

Y que me des tiempo.

Confío.

Gracias.

¿Qué pasa?

-Hace una hora que se fue Victoria.

-Bueno, ya volverá. -Como está el panorama en la mina...

¿No te acuerdas lo que pasó cuando volvió de Madrid?

-¡Dios no lo quiera, Vicenta!

-Adelina. -¿Qué?

-Al señor no le gustan los guisantes.

-Aquí siempre lo hemos hecho así.

-Cambia las cosas.

-El señor traerá problemas. Ya lo verás.

-No empieces.

-No, no le busques que tampoco está. Ya también lleva fuera toda la tarde.

Más te valdría espabilarte.

¿Hablaste con Conchita? -Que te calles. Pueden entrar.

-¿Pero qué te dijo? ¿Eh?

Consejos no creo que le falten. Igual que yo sé de guisar, ella...

-Sí. Me dio consejos. Muchos consejos.

-¿Y?

-Pues que no me atrevo. Ya está.

No me atrevo.

-Porque lo que te dijo que hicieras con Justo...

...es pecado, ¿verdad?

No, no, está bien, gracias.

¡Qué curioso!

Nunca había tomado el estofado...

...preparado así. Siempre se ha hecho así.

Está delicioso, ya verás.

-¿Se lo cambio? No, no.

No es necesario. Te va a encantar.

Es su especialidad.

Estoy seguro, querida.

Es que, en casa, siempre se ocupaba Catalina.

Por cierto, ¿no está sola?

He pensado que debería visitarla. No, no te molestes.

Catalina siempre ha sido muy especial.

Esa casa es muy grande.

No para ella, querida.

Mucho me temo que la pobre Catalina tiene la misma tendencia de Irene.

Supongo que es hereditario. Últimamente...

...estaba demasiado alterada.

Pues yo no noté nada de eso. Es normal.

Apenas la conoces. Yo sé cuándo algo no va bien.

Bueno, he hablado con el Dr. Freire.

Aunque la opción del psiquiátrico sea bochornosa, es la única salida.

¿Encerrarla en un sanatorio?

Mejor que un desenlace fatal.

-Vamos, Victoria.

¿Es que no te has dado cuenta de que es muy previsor?

Brindo por mi cuñado.

Por su capacidad para tenerlo todo bajo control.

Eso tiene mucho mérito, Gonzalo.

Que quede todo bien cerrado. -¿Quiere que me marche?

-Sí, Juan, estaré bien. No te preocupes. Gracias.

Irene.

-¿Has venido a conocer a tu sobrino?

Es normal que quieras verlo.

No lo dejaste vivir.

Y a mí tampoco.

-No quería que te pasara nada.

-Claro.

No querías que me pasara nada.

Pero me diste esas hierbas para que el niño no naciera.

-Yo no quería hacerte daño.

-No, ¡pero lo hiciste!

¡Nos lo hiciste a los dos!

Y lo único que te empujaban eran los celos.

La necesidad de tenerle solo para ti.

No soportabas verme feliz con él y darle ese hijo.

-Cállate, cállate.

¡Cállate!

-Sí, Catalina, sí.

Y tú lo sabes tan bien como yo.

-No hay un solo día que no piense en ello.

-La culpa, que no te deja vivir.

-No debió ocurrir, Irene. Nunca debió ocurrir.

-Y ahora solo hay una solución.

Tú ya sabes lo que el bebé y yo esperamos de ti.

-Es la única manera de estar en paz.

Pero ten cuidado, ¿o es que eres tonta?

Este sombrero cuesta más de lo que tú ganas.

Lo siento, señor. Pon más cuidado.

-¡Vaya!

Hoy no te has levantado de buen humor.

Te hacía en el casino. Demasiados hombres asustados...

...por metro cuadrado.

Sí, no estamos para celebraciones.

Tú también estás inquieto.

Sí. Están tardando más de lo previsto en dejar la huelga.

Mientras teníamos reservas conteníamos la cosa.

Pero...

Se acabaron los excedentes y esto se ha complicado.

Pablo, no podemos permitirnos seguir sin suministrar a nuestros clientes.

O termina la huelga, o tomaremos medidas.

Seguro que sabrás reconducir la situación como siempre has hecho.

Confío plenamente en ti.

Gracias, Pablo.

Gonzalo.

Ten paciencia con el servicio.

Están acostumbrados a los Márquez y no a ti.

Sí, claro, claro.

-"Ya está bien".

Tampoco es para tanto.

Si todo fuera tan fácil como recoger el sombrero...

-Pero el marqués me llamó tonta. Y ya vio cómo me miraba en la cena.

No le gusto.

-No digas tonterías, Ludi.

-Y ahora es el nuevo señor.

Si no le gusto, me va a despedir.

Y yo no soy como Conchita. Que yo soy decente.

-Pues claro que sí. Como todas. -¿Dónde voy yo...

...sin trabajo?

-Ya está bien. Nadie va a despedirte. Faltaría más.

El único señor que hay aquí es el señorito Pablo.

Esta casa era de su padre.

Venga, toma. Ve a ayudar a Adelina.

-¿Qué le pasa a esta?

-Nada.

El señor marqués la ha llamado tonta.

Justo.

Yo quería hablar contigo.

-Tú dirás.

-Pues...

Le he estado dando vueltas.

-¿A qué?

-¿A qué va a ser? A lo nuestro.

-¿Y? -Pues...

Ya sé que últimamente he estado un poco arisca, pero ya me conoces.

Me cuesta ser amable.

-Ya sabes que no me lo tomo en serio. No importa.

-Pues claro que importa, Justo.

Y mucho.

-¡Justo!

-Sí.

-Justo. -Sí, Pablo.

-Ven, por favor.

-Faltaría más. Vicenta.

-Tú tranquila, Vicenta.

Que no pasa nada.

Tranquila.

Es un cura. Temor de Dios y valle de lágrimas.

-Trata de negociar a nuestro favor. El marqués le escuchará.

-¿Negociar?

Nadie que quiera negociar llena la mina de matones.

Ángel lo sabe.

Y sabe que habrá huelga hasta que consigan lo que quieren.

Y después de la mina, la fábrica de tabaco.

-¡Qué! Las mujeres se han unido a nosotros.

Deberías hablar con el sindicato. La huelga se extiende.

-Muy bien. Esto ya no hay quien lo pare.

Alejandro, por favor. Que me voy a poner de parto.

¡Ay, se me olvidó! Se me olvidó.

¿Se te olvidó?

Me parece que tu padre es un poco despistado.

Sí, despistado. Despistado.

¿Qué es esto?

Es lo que hay.

No acepta ninguna de sus peticiones. ¿Qué es esto?

Es una declaración de buenas intenciones.

¿Para quién?

Para el obispado.

Con esto no conseguirá sacarme de aquí.

Bueno, supongo que tus superiores no pensarán lo mismo.

Has decidido...

...jugar con fuego, curita, y vas a ver hasta qué punto todo vale.

Da por hechas demasiadas cosas.

¿Sabe?

Mi única posesión la llevo dentro de mí.

No tengo nada.

No aspiro a nada.

No tengo nada que perder.

Haga llegar ese falso acuerdo al obispado.

Yo seguiré aquí, con los míos.

Eso lo veremos, padre.

Lo veremos,...

...marqués.

¿Dónde vas? -No pregunte, madre.

-¿Vas a la mina o a casa de esa mujer?

-Déjeme, madre, por favor.

-¿Por qué no hablas con tu hermano?

-Mi hermano y yo no compartimos las mismas ideas. Lo sabe.

-No debes enfrentarte a Ángel.

Él solo quiere lo mejor para ti.

-¿Cree que no lo sé? Es mi hermano.

-Tú no sabes hasta qué punto tu hermano está dispuesto a ayudarte.

-¿Qué quiere decir?

-Ángel sacrificó su futuro por ti.

No se ordenó sacerdote por vocación.

Sino para sacarte de ese penal.

-¿Qué dice?

-Era la condición impuesta por el señor marqués.

Don Enrique acordó un precio por tu vida.

Y ese precio era Ángel.

Sí, hijo, sí.

Tu hermano renunció a su vida por ti.

Portazo

Señora, ¿puede acompañarme? Quiero enseñarle los brotes nuevos.

Claro, Justo.

Esta es la respuesta. Gracias.

"Querida señora Márquez, sentimos comunicarle...

...que Mr. Harrington no podrá responder a su solicitud,...

...ya que se encuentra de viaje".

Maldita sea.

¿Entonces, señor?

Seguiremos mandando lo poco que nos queda.

Los ingleses...

...no se han quejado. Sí.

Quieren quitarnos de en medio.

No les daremos el gusto.

¿Has conseguido más hombres? Sí.

En cuanto los vean esto va a saltar.

Que salte. La mina no seguirá parada.

Juan, pasa a mi despacho.

Dime, Juan. ¿Con quién se ha visto mi cuñada?

Lo siento.

No puedes entrar. -Quiero hablar con don Enrique.

Llámale o entro por las malas y monto la de Dios...

...en el puto casino.

-Perdonen.

Salvador, ¿qué haces aquí?

-Quiero una explicación.

-¿De qué? ¿De qué hablas?

-El precio para que saliera de la cárcel era que Ángel se hiciera cura.

-¿Has hablado con tu madre?

-¿Por qué?

-Hablemos fuera. -No voy a ninguna parte.

-¿No lo entiendes? Era lo mejor para él.

-Y también para el marqués. Para dejarle el camino libre.

El marqués hace con usted lo que quiere.

Como hace con todos, menos conmigo.

-Salvador, espera. ¡Salvador!

Agradezco que haya venido.

¿Por qué me ha hecho avisar?

Necesito contarle algo importante.

Solo usted puede entenderme.

Si necesita confesión... No quiero secreto de confesión.

Bueno, usted dirá.

Gonzalo estuvo implicado en la muerte del padre de Victoria.

Usted sabe hasta dónde es capaz de llegar.

Y él sabe que yo dispongo de esta información.

Gonzalo hará cualquier cosa para que yo no diga lo que sé.

Padre, si me pasa algo, quiero que sepa la verdad.

A ver, ¿qué tiene de malo mi estofado?

-Al señor marqués no le gustan los guisantes.

-¡Qué tontería! -Bueno, en el fondo, le gustó.

-¿Ves? -Pero es cómo es. Es lo que hay.

-¿Y el señorito Pablo no pinta nada?

-Pues claro.

-Pues a él sí le gustan los guisantes.

-Adelina.

-No haced camarilla.

-Tenemos muy claro de parte de quién estamos.

-Y quién nos manda. -Eso.

-Oye, Ludi.

A ver, el señor marqués es el marido de Victoria.

Vive aquí y le debemos un respeto, ¿está claro?

-Pero no más que al señorito Pablo.

-No, no más, ni tampoco menos, ¿entendido?

-Muy bien, entendido.

Venga, niña. Vamos al corral que habrá que matar una gallina...

...para hacer por la noche, a ver si es del gusto del señor marqués.

-¿Será posible?

-Hola.

-Hola.

Yo te sirvo.

-Vicenta, lo de antes...

¡Vicenta!

Querías decirme algo, ¿no?

Antes -¿Qué?

No.

-Vicenta, ¿te pasa algo?

-¿A mí?

No. ¿Por qué?

¿Por qué?

¿Por qué me iba a pasar algo?

-No, será cosa mía, como siempre.

Me voy fuera. Tengo cosas que atender.

¡Quiere hablar contigo! Sobran las presentaciones.

-No te preocupes.

Parece que tu servicio desconfía.

Será que tiene razones.

¿De qué hablas? ¿Pensabas que no me iba a enterar?

Ese inglés nunca llegará.

-¡No la toques!

-Gonzalo. Gusano de mierda.

¡Gonzalo, no!

Bueno, ya es muy tarde.

Me voy a dormir.

-Anda, ve. Yo me quedo hasta que llegue el señor marqués.

-Entonces me quedo aquí contigo. A hacerte compañía.

-No hace falta.

-Vicenta, ¿te pasa algo?

-No. Estoy bien.

Anda, ve. Estoy bien.

-Vale. Bueno, pues nada.

-¿Te quedas aquí toda la noche?

-Hasta que llegue el señor.

-Entonces me quedo contigo.

-No hace falta, Justo.

-Sí que la hace.

Porque...

...ya no vas a tener que esperar sola nunca más.

Nunca más.

Será mejor que me vaya.

-No te vayas.

A mí no me importan tus cicatrices.

Pensé que tardarías más en llegar.

Pero ya veo que estabas ocupado.

Estuve visitando a Alicia.

A Alicia. Sí.

¿Qué pensabas?

¿Que no me iba a enterar de que esperaba a ese detective?

Esa visita nunca llegará.

Y te juro que ella y Salvador tendrán lo que se merecen.

No vas a poder conmigo.

Ya lo sé.

Catalina.

Pero ¿qué has hecho?

Ahorrarte tiempo.

Tranquila.

Voy a avisar a Freire.

No, Gonzalo.

No irás a llamar al doctor.

Volverás a tu casa con tu mujer.

Y no avisarás a nadie.

Esperarás a que me muera.

Después de todo, es lo que habías venido a hacer.

Por lo menos, quédate hasta el final.

Todo lo que he hecho lo he hecho por ti.

Yo le di a mi hermana esas hierbas para que no pudiera tener a su hijo.

Se queja

¿Tú?

Yo quería que tus hijos fueran míos.

¿Por qué?

Porque te quiero.

Mataste a mi hijo. ¡Bastarda!

Te arrastraré conmigo al infierno.

Todo el mundo va a saber que me has matado tú.

Señores.

Gracias por haber venido.

¡Gonzalo!

Está en su habitación. ¿Cómo ha sido?

-Tomó un veneno...

...y murió en pocas horas. -Jesús.

No debí marcharme y dejarla sola, aunque insistiera.

Nunca pensé que llegara a esto.

¡Quién lo iba a pensar! Catalina era una mujer piadosa.

Sí, por eso, me gustaría que se tratara esto con mucha prudencia.

Catalina ha de ser enterrada en el panteón familiar.

Por supuesto,...

...será una ceremonia discreta.

Mi mujer, yo y algún criado.

Hace unas horas de su muerte. Subiré y le daré la absolución.

Juan, por favor.

Acompaña al padre.

-Certificaré una parada cardiaca por motivos desconocidos.

Dedique ese dinero a unas misas para rezar por su alma.

Eso será suficiente.

Ave María Purísima.

Sin pecado concebida.

Padre, perdóneme porque he pecado.

¿Qué pecados has cometido?

Amenacé a mi cuñada y ahora ella está muerta.

¿Has tenido algo que ver con su muerte?

No, padre, yo no. Se quitó la vida.

Yo solo quería que no hablara de mi secreto. Era algo entre nosotros.

No podía permitir que hablara de ello.

Ni siquiera con un sacerdote.

Padre,...

...Catalina sabía que yo mandé matar a un hombre.

Mandé matar...

...al padre de mi mujer.

Me arrepiento de mis pecados, padre.

Necesito su perdón.

Necesito su absolución, padre.

Absolución, padre.

Padre,...

"Ego te absolvo a pecatis tuis".

"In nomine Patri,...

...et Filii, et Spiritu Sancti".

Amén.

Señores, pasen a la cocina a comer algo.

Y las escopetas me las dejan en la entrada, ¿eh?

¿Esas campanas? Tocan a difunto.

No será por la mina. Tienes que avisar a Justo.

¿Pasa algo? No, nada.

Ya está bien. Puedes irte.

Padre.

Vicenta.

Ángel, ¿ha pasado algo? ¿Ha muerto algún minero?

No. No es eso.

¿No has hablado con tu marido?

No.

No he podido contactar con los ingleses.

Necesito más tiempo. No he venido para hablar de eso.

¿Entonces?

Esta mañana han encontrado a Catalina muerta.

¡Qué! Creen que se quitó al vida.

¿Cómo que creen?

Victoria, Catalina me contó que temía por su vida.

Creía que el marqués quería matarla.

Ángel, estaba muy nerviosa.

Sí.

Habían discutido, pero por problemas domésticos.

Ángel.

Gonzalo ha estado conmigo hasta en los peores momentos. Y es mi marido.

Victoria, tu marido...

Mi marido, ¿qué?

Que tengas cuidado con él, por favor.

Prométemelo.

¿Qué hay? -Hola, Justo.

-Justo.

Que Victoria necesita que vayas. Quería pedirte un recado.

-Ahora mismo voy, pero antes, ¿me das un beso?

-¿Qué pasa?

Que te has quedado con cara de boba. -No, nada, nada, nada.

-Pues ve acostumbrándote. ¿No es lo que querías?

-Ay, mi Vicenta.

¡Mi Vicenta!

¡Mi Vicenta que se me casa!

Y mi Justo. -No empieces.

-No llores, mujer. -Si es que...

...lloro de alegría. ¿Cómo no?

-Señora Vicenta. -¿Qué pasa?

-No se habla de otra cosa.

-¿De qué?

-Que la señorita Catalina ha muerto.

-¡Qué!

-Dicen que se le ha parado el corazón.

-"Mientras...

...las huelgas...

...y los altercados...

...sacuden todo el país,...

...los políticos miran para otro lado".

"España se rompe".

"Y la situa..."

"La situación es insosteni..."

"Insostenibile... insostenible".

Insoste... -Sí, como en Rusia.

-No digas tonterías. -Se acabaron los clientes.

-Conchita, ven a mi habitación.

-¿Y esto?

-Hoy sales para Madrid. Ve a preparar tu maleta.

-¿A Madrid?

-Me ha llamado el señor Revuelta.

-Pero ¿para qué? -Escúchame atentamente, niña.

-Quiero que estés en Madrid cerca de los que nos pueden proteger.

-No sé si sabré... -Sabrás.

Tú has nacido para sobrevivir.

Perdón, se me olvidaba.

Es para mi abogado. Le pido que te haga mi socia.

Tendrás un porcentaje de mis negocios.

-¿Yo?

-Sí, tú.

-Pero ¿por qué?

-Defenderás lo tuyo como si la vida te fuera en ello.

-Sí, señora.

-Ahora somos socias. Puedes...

...llamarme Alicia.

-Voy a preparar mi maleta. -Una cosa más.

Cuando llegues a Madrid, con el dinero que te he dado,...

...compra unos chocolates y llévalos a una dirección.

-Claro.

-También quiero...

...que se los entregues a una niña pequeña.

Quiero...

...que te fijes bien en ella y me digas si está bien.

Es muy importante para mí.

-Sí, Alicia.

¿Esta es la residencia de los Márquez, señorita?

-Sí, adelante, señor.

¿Quién ha llamado?

¡Mr. Harrington!

-¿Victoria Márquez? ¡Sí!

He removido cielo y tierra. Estaba de viaje.

Es cierto, de viaje hacia aquí.

Pero ¿cómo? ¿Venía hacia aquí antes de que le llamara?

¿Para qué?

-Porque yo le mandé llamar.

Mr. Harrington.

-En el contrato se especifica claramente.

En caso de fallos evidentes en la gestión...

...o de deficiencia en las entregas,...

...su padre nos dio un derecho de compra sobre las acciones...

...en su día vendidas a su socio minoritario.

-Que es justo la situación que acaba de producirse.

Pero no entiendo... -Hace...

...exactamente una hora, la Lois Corporation...

...ha ingresado en la cuenta a nombre de don Gonzalo López...

...la cantidad que él mismo pagó en su día a don Ricardo Márquez...

...como compra de sus acciones.

¿Eso qué quiere decir?

-Que tu marido no tiene ninguna potestad sobre la mina.

-La Lois Corporation, ahora,...

...es socio minoritario de la mina,...

...cuya gestión depende por entero de los herederos de don Ricardo Márquez.

-Como siempre debió ser, Victoria.

Siempre trataste de recuperar la mina.

No era verdad que no te interesara.

No, Victoria, no lo era.

Al principio no lo entendía.

Luego entendí lo que papá siempre quiso explicarme.

Carraspea

-Si me lo permiten, creo que hay un pequeño asunto...

...en la mina que exige nuestra intervención.

Creo que tenían algunas ideas para tratar de solucionarlo.

-Mi hermana estará encantada de explicarle las alternativas.

Le aseguro que no hay nadie mejor que ella a cargo de este negocio.

-Usted dirá, señora.

"¿Por qué no me lo dijiste?".

Porque necesitaba que Gonzalo confiara en mí.

Y mirara para otro lado.

No creo que le guste quedarse fuera de la mina.

Fue lo que pretendía papá cuando viajó a Inglaterra.

Viajó para cerrar un contrato.

Y para ofrecerles las acciones que vendió a Gonzalo...

...valiéndose de esta cláusula. ¿No lo ves? Quería negociar...

...un paro y sacar a Gonzalo del negocio.

Pero papá nunca llegó a esa cita.

¿Qué quieres decir?

Que solo había un interesado en su muerte.

Eso no puede ser.

Piénsalo, Victoria.

Todas las piezas encajan.

Gonzalo no tenía pensado ir. Se apuntó a última hora.

Lo que dices no puede ser.

Sin papá, él tenía el control. Me quitó...

...de en medio.

Se casó contigo.

Firmó unas capitulaciones.

Para hacerte confiar, Victoria.

-Pablo.

¡Pablo!

Están mandando retenes a la mina con la Guardia Civil.

Vienen refuerzos. Están de camino.

Todavía hay tiempo. -Avisemos.

Buscan excusas para pasar por encima.

Tranquilo, Ángel. No vamos a dársela.

Vamos a avisar.

Cuantos más seamos, mejor. Vamos.

-Escucha, Encarna, no quiero que vengas.

¡Qué! Estás avanzada, puede ser peligroso.

No pienso dejarles solos.

Sí, soy mujer.

Y estoy embarazada.

Y por eso, valgo el doble que cualquier hombre.

-Claro que sí.

Aplausos

-Te quiero.

Y yo a ti.

No, no. Ha llegado el momento de plantarle cara.

Si no quieren trabajar, otros lo harán.

Por las buenas o las malas.

Esa mina volverá a su plena producción. Lo celebraremos.

-Gonzalo ha hablado con el gobernador.

Tiene a la Guardia Civil de su parte. -Los mineros no cederán.

Aquello va a ser una sangría.

¡De aquí no nos movemos!

-Carguen.

Apunten.

¡Fuego!

Carguen.

Apunten.

¡Fuego!

-No, sí, sí, sí.

Es un susto. Adelante, lleváoslo.

Adelante.

¡No nos movemos! -Vuelvan a cargar.

Apunten.

Disparo

-¡Alto!

¡Pero esto no puede ser!

-Pues ya ves que sí.

La mina vuelve a ser de los Márquez.

-El señor marqués...

-Ya no pinta nada. Y tú tampoco.

Quedas despedido, Alonso.

-Señor Márquez...

-Te confundiste de bando.

No se puede servir a dos amos.

Cristobal,...

...a partir de hoy eres el nuevo capataz.

-¿Yo?

-Sí, tú.

Si me disculpan.

¿Qué haces aquí?

He venido lo antes que he podido, señor.

¿Qué ha pasado?

No nos lo podíamos imaginar.

¿Quieres ir al grano?

Los Márquez, señor. El señorito Pablo...

¿Qué ha pasado?

Apareció en la mina con un contrato.

Dice que usted ya no tiene las acciones.

Que ahora ellos la van a dirigir.

-Malas noticias.

-¿Eso no significará que los obreros han ganado?

Lo siento, señora, usted no puede pasar.

Soy la señora Márquez. Apártese.

Victoria, ¿a qué viene esto?

¿Qué es eso que me han contado de la mina?

Esto es por mi padre.

Llora

Llora

Llora

¡No!

¿Cuándo?

-Monseñor ha sido claro.

Quiere a Ángel en Roma lo antes posible.

-¿En Roma?

-El Vaticano, Amalia. Junto a su Santidad.

¿No lo entiendes?

-Yo lo único que entiendo es que me vuelvo a quedar otra vez sin él.

-Es un gran honor.

-Es lo que usted siempre soñó para él.

Pues ya lo ha conseguido.

-¿Tan malo es soñar con lo mejor, Amalia?

-No, supongo que no.

Supongo que todos queremos lo mejor...

...para nuestros hijos.

-Te lo traje cuando tenía un mes de vida, Amalia.

Para que lo criaras con tu familia.

-Y lo crié como a mi propio hijo.

-Ángel debía ser un hombre de Dios destinado a lo más alto.

-Y así será.

Su hijo llegará donde usted no pudo.

¿De quién es?

-Una amiga mía.

Le pedí un favor y ha sabido atenderlo.

-¡Qué generosa!

-Igual que tú.

-¿No estábamos juntos solo por venganza?

-Estamos juntos porque juntos seremos más fuertes.

No te creas que Gonzalo se va a quedar quieto.

Ha perdido una batalla, le queda la guerra. Ni olvida...

...ni perdona.

-Entonces estaremos aquí.

Esperándolo.

-Tranquilidad, señores. Sánchez, Ruiz.

-¿Qué ocurre? -Como saben...

...esta mañana Primo de Rivera ha asumido el gobierno.

-¿Golpe de Estado? -Restitución del orden.

Restitución. -¿A qué viene esto,...

...Hugo? -Tranquilícese. No se preocupe.

Nosotros, el ejército, garantizaremos que todo vuelva al orden de siempre.

-¿Con el ejército?

-Evidentemente. El ejército, la sólida base de nuestra patria.

Por lo pronto,...

...el gobierno militar se hará cargo. -Y te has reservado un puesto.

-La duda me ofende, padre.

Bien, señores, por favor,...

...vuelvan a sus rutinas.

Por favor, señores, con total normalidad.

¿Un golpe de Espado? -Han entrado en el casino.

-Voy para allá.

Ha llegado el momento. -¿Para qué?

-Ya te explicaré.

-Señorito, preguntan por usted. -¿Se acuerda de mí?

Soy la madre de Encarnación. -Sí, claro.

-¿Puedo hablar con usted? A solas.

-Vicenta, por favor. -Buenos días.

-Señor, no habría venido si no fuera urgente.

-¿Qué pasa?

-Encarna no ha dormido casa. El dispensario está cerrado.

-¿Cree que se han ido?

-Todo el mundo sabe que el médico es comunista.

-¿Y usted sabe dónde?

-Creo que a Barcelona.

-¿A Barcelona?

¿Sin avisar de que cerraban?

-Está muy avanzada y el viaje no es bueno.

-Tranquilícese.

Viaja con Alejandro y él podrá atenderla.

-Señor, no lo entiende. El hijo que espera no es del médico.

-¿Cómo que no? Si él mismo me lo dijo.

-Le mintió.

El hijo que espera Encarna es suyo, señor Márquez.

¡Virgen santísima! Que Dios nos libre de los militares.

-Que no cunda el pánico.

Nosotros con quedarnos aquí tenemos bastante.

Y nada de salir. Ni al mercado.

¿Nos apañamos? -Sí, claro que sí.

-Lo siento. La puerta estaba abierta.

-¿Y qué quiere?

-¿Tanto he cambiado, Vicenta?

La última vez que nos vimos éramos mucho más jóvenes.

Fue el día antes de nuestra boda.

-Julio.

-Virgen Santísima.

¿Que te vas? ¿Dónde?

Me voy a Barcelona. A buscar a Encarna.

Pablo, Barcelona es muy grande.

Es mi hijo, Victoria.

¿Por ella o por el niño?

Lo hago por los dos.

Entonces no pares hasta encontrarla.

No lo haré.

Mientras, tú te quedas al frente de todo.

No te preocupes.

La mina no podría estar en mejores manos. ¿Lo sabes?

Eres tú.

Los mineros han aceptado tus propuestas.

Lo sé.

Tenías razón.

¿En qué?

No podía dudar de ti.

Nunca lo he hecho.

Y ahora, ¿qué vamos a hacer?

Tengo que contarte una cosa, Victoria.

¿Dónde está mi mujer? ¿La señora Victoria?

Está en su cuarto. ¿Sí?

Pues estás tardando en avisarla.

No hace falta.

¿Qué haces aquí?

Quiero preguntarte una cosa.

¿Lo dudaste en algún momento?

¿A ti no te da vergüenza venir a preguntarme eso?

No sé lo que te han podido contar.

Pero ha tenido que ser algo muy grave para que me humilles así.

¿Cómo has podido creértelo?

Yo te quiero. Y jamás hubiera hecho nada que te hubiera hecho daño.

Eres un cínico.

Vete de mi casa.

¡Vete!

No, querida.

No me voy a ir.

Porque soy tu marido.

Y ese es el lazo que nos une.

Victoria Márquez, quizá esa mina te corresponda.

Cosa que me da absolutamente igual.

¡Pero tú eres mi mujer! A mí no me une nada.

¡Eres mi mujer!

¿Me oyes? Suéltala.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 13

La Señora - Capítulo 13

05 dic 2012

Los mineros deciden prolongar su huelga, alentados por Encarna y Alejandro. Ángel tratará de mediar sin éxito entre el Marqués y los trabajadores. Ante este conflicto, Victoria tomará partido en los negocios familiares.

Histórico de emisiones: 29/05/2008

 

ver más sobre "La Señora - Capítulo 13" ver menos sobre "La Señora - Capítulo 13"
Programas completos (38)
Clips

Los últimos 131 programas de La Señora

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

Añadir comentario ↓

  1. micomar

    No se por que utiliza catalina velas cuando en esa epoca habia luz electrica...

    25 may 2016
  2. Chris

    Que pena! Los capitulos desde 7 hasta 13 de la primera temporada no fuccionan. Ojala que puedan arreglarlos!Por favor!!!

    15 ene 2015
  3. Pimpinela

    Muy bien la. App de TVE. Se ve fenomenal, pero no se oye nada.

    25 ene 2013
  4. Loraine

    Así es Beatriz!!! Casi muero :)

    06 dic 2012
  5. beatriz

    Gonzalo, sueltala! que gran frase final, que grande es Angel!

    06 dic 2012