La Sala La 2

La Sala

Sábado a la 01.15 horas (Madrugada del domingo)

Magacín cultural de información global producido por la Fundación Telefónica, donde se presentan sus colecciones, que abarcan desde pintura, fotografía, escultura, nuevas tecnologías...

www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.9.0/js
4028858
La Sala: Guggenheim - Pello Irazu - ver ahora
Transcripción completa

(Música)

El Museo Guggenheim Bilbao

les presenta la exposición Pello Irazu: Panorama.

Una mirada a 30 años de trayectoria

de uno de los protagonistas de la renovación

de la escultura vasca contemporánea.

Yo creo que es una exposición importante para el museo.

Pello es un artista vasco que forma parte de nuestra colección

desde hace 13 años.

Esta exposición es una oportunidad

para contemplar una panorámica de lo que ha sido su evolución

en las tres últimas décadas.

Yo creo que en la exposición demuestra cómo ha sido la evolución,

siguiendo una trayectoria muy sólida con una obra muy coherente,

en sus diferentes ámbitos, tanto escultórico como bidimensional,

en fotografía, en la pintura mural, en los dibujos.

Yo creo que esta exposición es una buena ocasión

de contemplar a Pello Irazu

en un momento importante de su carrera.

Se trata de una exposición especial,

ya que ha sido estructurada por el propio artista.

El museo ha puesto a disposición de Pello Irazu

todos los medios necesarios para realizar esta intervención.

-Pello es un artista que desde el inicio sabíamos

que interviene en el espacio.

Es un artista que activa el espacio.

Y sabíamos que la intervención del propio artista

a la hora de hacer el diseño o la disposición de las obras,

las relaciones entre las propias obras

y las energías que se generan entre ellas,

era algo que le competía al artista.

En ese caso, es toda la instalación, toda la exposición,

todo Pello Irazu: Panorama es una obra del propio artista.

El artista ha estructurado la exposición

de tal manera que sus obras de distintas épocas

dialoguen entre sí,

al mismo tiempo que lo hacen con el espectador.

Pero sin ninguna autocomplacencia, con un gran sentido del rigor.

El reencuentro con su propia obra

no impide que tenga un punto de vista crítico

respecto al trabajo realizado 30 años atrás.

La exposición abarca desde los años 80 a la actualidad.

Realmente, son 30 años.

Básicamente, está sujeto a una idea de lo escultórico.

A través de esa idea se ha organizado el espacio

de dos maneras:

Una que abarca propiamente el recorrido escultórico

en varias secciones, y se ha ideado un pasillo

que atraviesa diagonalmente el receptáculo, el espacio contendor,

de modo que crea una especie de calle.

Y en esa calle iría la parte más asignada a los dibujos.

Ambos recorridos tienen una cuestión en común.

En la parte del pasillo

hay un recorrido que es lineal, prácticamente cronológico.

Empiezas en una de las paredes, haces un recorrido, y vuelves

hasta que encuentras, realmente, el mismo punto,

los dibujos del inicio y los dibujos del final.

En el recorrido en relación a la escultura

sucede un poco lo mismo.

Se ha dividido en cinco áreas,

y esa áreas también abarcan

preocupaciones específicas de cada momento.

Y llegan, alrededor de este pasillo construido,

a encontrarse lo que serían las obras de un principio

y las obras del final.

De modo que se produce una especie de panorámica

y, a la vez, bucle.

Una especie de eterno retorno

donde, realmente, encuentras muchas cosas en común.

Por muchas cuestiones, no es una retrospectiva al uso

sino una revisión construida

en función de la problemática que ha ido surgiendo

en relación al lugar de exposición.

Entonces, el poder acercarte a obras que nos has visto durante muchos años

es muy reconfortante.

Y saber que, de alguna manera, esto es un criterio personal,

poseen lo que yo les exijo a las obras de arte

y que tienen capacidad para mantenerse en el tiempo,

eso es una satisfacción.

Y el hecho de que se produzca eso en un contenedor como el Guggenheim

pues parece que multiplica un poco más las sensaciones.

Pello Irazu es una figura clave

en el panorama artístico contemporáneo

que ha desarrollado una obra coherente

desde los años 80,

alternando la escultura en su espectro más amplio,

desde propuestas tridimensionales de pequeño tamaño

hasta instalaciones colosales

pasando por híbridos objetuales con pinturas, dibujos y fotografías.

-La fotografía es parte de su obra,

y yo creo que aquí hay fotografías tremendamente interesantes

porque son fotografías de 1984,

que sería por donde empezamos el recorrido por esta exposición,

porque son fotografías de instalaciones

que hoy en día no perviven, ya no existen,

pero que sí registró

y hablan mucho de esas relaciones con el arte povera,

con Joseph Boyce.

Vemos las influencias de esta primera etapa,

también en piezas que vemos en este espacio de Oteiza

y de otros artistas de la escuela vasca.

Y estos registros que fueron tomados en los inicios, en el 84,

en una zona donde estos artistas de la nueva escultura vasca en los 80

compartían estudio.

Estaban Ángel Bados, Txomin Badiola,

estaba María Luisa Fernández,

también estaba Darío Urzay, pintor.

Había una serie de artistas que compartían estudios

y compartían experiencias de trabajo.

Y de todos estos surgió una nueva corriente.

Y estas obras son el registro de estos primeros trabajos

que se hicieron a pocos metros del museo,

porque se hicieron en la zona donde están las torres de Isozaki,

que es donde estos artistas tenían todos sus estudios.

-Las fotos que hay son como registros fotográficos

dentro del estudio.

Con lo cual, son obras efímeras,

que se trabajaban de una manera muy material y muy directa,

y que producen como una especie de...

No sé, aprendizaje muy real sobre las cosas,

que nunca está prefigurada hacia un exterior

sino que está pensada hacia un interior,

hacia un trabajo propio del artista.

Algunas de estas fotografías

también recuerdan a las famosas "Splash pieces" de Richard Serra.

No en vano el escultor norteamericano

fue invitado por varios artistas de la llamada nueva escultura vasca,

que también eran profesores universitarios,

a dar una conferencia en la facultad de Bellas Artes de Bilbao en 1983.

Fue entonces cuando Serra se quedó sorprendido

al ver la obra de Jorge Oteiza, hasta entonces desconocida para él,

y fundamental para entender el trabajo de estos artistas,

incluido Pello Irazu.

Lo que veis aquí

es la materialización, en cierto modo,

de ese período muy intenso que vivimos aquí

unos cuantos artistas

en relación al trabajo de Jorge Oteiza.

Lo que a mí me ha interesado, como os explicaba antes,

primero era una idea que no se ha trabajado

o que no era una idea muy extraña en el mundo de la escultura,

que es la idea de paisaje.

Cuando sacas las cosas de la peana,

los elementos comparten tu propio espacio.

Entonces, tú participas de ese espacio.

Los objetos participan de tu espacio.

Eso es algo ideológico. Se produce un efecto de paisaje.

No solamente a nivel de imagen

sino a nivel de vivencia de ese entorno.

Esa es la razón por la cual todos los objetos que hago,

básicamente, están en el suelo.

Porque dejan de ser en principio,

esculturas referidas a una tradición escultórica tradicional, redundante,

y se sitúan en el espacio del espectador.

Eso sería la herencia del minimalismo,

del posminimalismo, de parte del arte conceptual,

en el cual tú te enfrentas a las cosas en un espacio real.

En esta primera etapa, Irazu establece algunos de los parámetros

que le acompañarán durante toda su trayectoria,

como limitar el tamaño de la obra

en relación con sus propias posibilidades físicas

de manera que la pieza actúa

como condensador de un acto performativo

o afrontar siempre desde la heterodoxia

su acercamiento al minimalismo y a Oteiza.

Pello Irazu crea en estos años obras de intensa densidad material,

como "Gante", que produce una discontinuidad espacial

allí donde se insertan.

Poco a poco va incorporando el color en su trabajo

a través de gruesas capas de pintura al óleo.

El color no lo contemplo como concepto, como color.

Mi referencia tiene que ver,

a pesar de que sea una herramienta muy obvia, transparente y visible,

tiene que ver más con la referencialidad

a lo que sería la pintura,

a lo que sería el gesto de poner pintura sobre un soporte

que remite al gesto básico a la hora de pintar.

Remitiría más a esa disciplina.

Y desde esa disciplina,

a distintos modos de proceder en esa disciplina

que van desde lo virtual y meramente visual

a lo puramente material.

Estas piezas están pintadas con óleo.

No están pintadas de manera sintética como un espray,

como si fuese un coche, en principio, sino que estaban intentando,

digamos, en cierto modo,

violentar una parte de la escultura con la pintura

y mantener esa referencia a la pintura desde lo escultórico.

Es un campo extraño, realmente.

Entonces, el objetivo no es buscar la belleza,

en el sentido clásico,

sino que es buscar un espacio de fricción de esos campos

de modo que eso pueda generar algo.

Que pueda generar sensaciones, presencias y cosas de este tipo.

Decía Nazim Hikmet que las personas realmente cambian

cuando cambian de sitio.

Y en Pello Irazu ese cambio se produce

cuando se muda primero a Londres y después de Nueva York,

ciudad en la que vivió durante casi una década,

y en la que su obra adquiere otro matiz.

Decidí marcharme a Nueva York por una cuestión vital.

Como de distanciamiento de los lugares que conoces.

Ahí se producen cambios

que tienen que ver con el entorno, con la sociedad,

con cómo tú percibes el mundo.

Tiene que ver con un posicionamiento

que es distanciarte un poco de ti mismo

y mirarte a ti mismo

con el efecto psicológico que eso produce.

Hay un cambio de materiales y de materialidad de los objetos.

Empiezo a trabajar materiales más profanos.

Materiales que tienen que ver con la cotidianeidad

de lugares donde vivía.

Con la asequibilidad, con la posibilidad de trabajarlos.

Todo eso va cambiando, en cierto modo,

la fisionomía de la obra y la estructura conceptual también.

-Cuando llega a Nueva York,

se encuentra con una ciudad diferente,

se encuentra con una ciudad que le aleja de ese confort

en el que estaba acostumbrado

y que se encontraba rodeado por un entorno de artistas

y de un ambiente conocido.

Eso le lleva a plantearse su obra de una manera diferente,

porque parte de esa extrañeza

y parte también del replantearse una nueva mirada

hacia sí mismo y hacia su trabajo desde la extrañeza,

desde la distancia que te crea un nuevo ambiente.

En esta etapa se nota también el cambio de materiales y soportes.

Empieza a utilizar las maderas contrachapadas,

empieza a realizar pinturas que cubren estas maderas o plexis,

que consiguen una especie de piel que cubre estas obras.

Y, sobre todo, empieza a trabajar el objeto doméstico,

que es una imagen muy cotidiana para nosotros,

que enseguida la identificamos, pero el propio artista lo transforma.

En este caso, la manera de transformarlo

era modificando su escala

o transformándolos cubriéndolos con una piel

que no corresponde a ese objeto doméstico.

Una mesa, por ejemplo, en la que pinta ladrillos.

Una caja de madera en la cual pinta pata de gallo,

que es más característica de un traje.

Esa sería la etapa de Nueva York de Pello Irazu.

Siempre te cuestionas dónde empieza el arte

y dónde empieza la realidad.

¿En qué momento las cosas se convierten en arte?

Entonces, intentas articular otro tipo de relatos

en los cuales sí pueden intervenir objetos exteriores

u objetos que no sean construidos, objetos reales.

Y eso también se produce en todo ese proceso neoyorquino.

Lo cotidiano, cuando lo presentas de una manera muy directa

se convierte en extraño, en el espacio del arte.

Es como un campo de trabajo.

Y luego, antes estábamos hablando de la pintura.

Un modo de entender la pintura en relación a la escultura.

Aquí hay como un desarrollo de todo eso

al entender o al ampliar esa visión,

al ser un poquito más específico,

al entender la pintura como algo que envuelve,

como una piel, algo que viste las cosas.

Un campo que trabaja la publicidad, la moda, etcétera.

En el cual parece que no hay soporte

sino que todo es envoltorio.

Nada es lo que parece en la obra de Pello Irazu.

Pero, al mismo tiempo, retomando la máxima minimalista,

lo que ves es lo que ves.

Es en ese intersticio donde brota la posibilidad de sentido

de la obra de Pello Irazu.

A partir del año 2000, de regreso en Bilbao,

Irazu inicia una nueva etapa

en la que sus obras cuestionan los signos que nos rodean

mediante formas educadoras para el espectador,

alejadas de sus referentes,

creando una sensación de familiaridad, ambigüedad,

y extrañeza al mismo tiempo.

El artista se apropia del espacio,

combinando la pintura mural con materiales tridimensionales

y deslizándose entre los desdibujados límites

de las categorías artísticas que marcan los cánones,

como sucede en "Acrobat",

en la que la pintura mural fractura la pared,

que la escultura sella.

Yo siempre pienso que los objetos median

con el contenedor.

Y tiene un trabajo.

Entonces, la pintura mural también me sirve de mediadora

de esa relación entre el espectador y dónde se encuentra.

En un principio, realicé una intervención muy sencilla,

en un pasillo, y a través de pintura,

pintando el pasillo.

Era a través de la virtualidad, de lo que es la pintura.

Una cosa es el color, otra es la pintura.

Cómo se producen situaciones en las cuales el espectador

no tiene esa seguridad que le da el receptáculo

en el que se incorpora, sino que tiene más un cuestionamiento

de dónde está, qué hace, qué relaciones tengo.

Es el mismo tipo de cuestionamiento que se produce

a través de la mediación de los objetos o las esculturas.

Entonces, realmente,

cuando hablo de espacio de arquitectura,

lo que trato, a través del trabajo,

es de mediar en esa relación humana

entre el espectador y el entorno que le rodea.

Los últimos espacios albergan los trabajos más recientes,

que debaten la noción de la representación en escultura

a través de procesos de reproducción como el moldeado en escayola,

la fundición en aluminio, bronce o acero

o la fotografía.

Esta de aquí, que se titula "Noli me tangere",

remite un poco a un pasaje bíblico

en el cual a Jesucristo, después de resucitar,

sale de la tumba y se encuentra con María Magdalena.

Y le dice, en un gesto así: "Noli me tangere", "no me toques".

Lo que le pide a María Magdalena

es: "No me toques y ten fe, cree lo que tienes delante.

Si me tocas, puede que esa magia se pierda".

Entonces, crea una suspensión de sentido

la cual hace que ese momento se convierta en algo trascendente.

Entonces, a través de esa referencia, con estas piezas,

querría, en cierto modo, sí cercar un poquito ese tema,

que tiene que ver entre lo visual, lo que se te presenta,

lo material y lo óptico.

Que tengas una sensación en la cual...

...tú te creas que esto es lo que es.

No tengas dudas de si esto es cartón o si es madera

sino que sea capaz de crear su propio espacio de representación

en el cual tú tengas confianza.

Entonces, en esa mecánica es cuando la obra realmente funcionaría.

Realmente, ese es el espacio del arte

o el espacio de representación del arte.

Toda la obra de Pello Irazu se basa en dicotomías

imposibles de superar, o dialécticas,

tales como lo visual frente a lo material,

el sujeto frente al objeto y viceversa,

el espacio y el cuerpo o el arte y la realidad.

El artista sitúa el cuerpo del espectador

en un espacio real a la vez que virtual,

donde su relación con los objetos y el mismo espacio

cobra una enorme importancia

para la percepción del mundo que le rodea.

El recorrido por la muestra se plantea

como una experiencia espacial compleja

en la que el visitante puede escoger en todo momento

entre diferentes itinerarios, más o menos lineales.

El espacio pasillo central contiene un desarrollo cronológico

de los trabajos sobre papel más significativos de Irazu,

así como una pintura mural realizada para la ocasión

que ilustra la evolución de sus dibujos, collage y pinturas.

Mientras que las áreas periféricas

albergan sus trabajos escultóricos y fotográficos.

La obra de este artista aborda todo el rango posible

La obra de este artista aborda todo el rango posible

de formatos y técnicas

que van desde el apunto diminuto hasta el gran formato.

Empleando desde el lápiz y la acuarela

hasta el papel pintado, la cinta de adhesiva,

o impresiones de todo tipo.

Estaba estructurado esto como pasillo y como modo de articular

el espacio de alrededor, sin que hubiese nada.

Previamente, es algo estructural.

Esto me ha servido.

para medir la relación nuestra con el contendor.

El contenedor, como os decía antes, siempre me ha parecido

de escala, excesivo,

con una dificultad de abordar la escala de las cosas

que te sitúa en una escala de gigantes.

Entonces, siempre da la sensación o la tentación

de que todo lo que tienes que hacer en un espacio así debe ser gigante

para estar a la altura.

Yo le he hecho la operación inversa,

que ha sido escalonar un poco este volumen

de modo que podamos acercarnos a cosas pequeñas

de un modo natural.

El artista intercala en esta galería central

obras bidimensionales de distintas épocas y tamaños,

pero que responden a un mismo impulso estético,

a un mismo proceder,

abordando desde lo escultórico una práctica, en principio,

contrapuesta históricamente a la escultura.

El dibujo ha sido siempre una práctica...

En este momento, estamos hablando de los años 80 a la actualidad.

Entonces, la aproximación es la que te he dicho:

Lo que haces es generar un campo de trabajo

en el cual tú puedes experimentar

no cosas que posteriormente vas a trasvasar a la escultura,

sino pensamiento, en cierto modo.

Es un campo abierto en el cual, en ese momento,

podías trabajar con cartones, con cosas pegadas, etcétera.

En otro momento puedes trabajar con soportes de periódico,

con contenidos de prensa...

Es un campo de elaboración.

Realmente, es un procedimiento o una disciplina

que atraviesa todo mi trabajo, realmente.

En su constante indagación sobre lo visual y lo material

Pello Irazu también ha abordado de muy distintas maneras

la cuestión de la imagen y de su construcción.

Como por ejemplo en "Summer rain".

Es una vía en la cual trabajo con imágenes o papeles de prensa.

Vas recogiendo, y luego vas articulando.

Pero las articulas desde un punto de vista del arte.

Lo que sucede es que nada es inocuo a las imágenes.

Las imágenes tienen su efecto siempre.

Eso es una estructura, se titula "Summer rain".

Evoca un momento

en el que Israel atacó Líbano.

Todos los medios de comunicación

sacaron imágenes de esa batalla.

Y, posteriormente, dejaron de sacar imágenes,

en un período muy cortito.

Yo lo que creé ahí es como un paisaje de ese momento.

No es una denuncia propiamente.

No es un acto político.

Aunque todo hecho artístico es un acto político,

pero no es un acto político reivindicativo.

Es un acto de presencia de un momento y una situación.

(Música)

Quizá podamos observar la obra de Pello Irazu así:

como acto político,

como una presencia del arte, de la escultura,

de la escala humana, de la materia, de la piel de las cosas,

de la fe en ese mismo arte,

en el cuestionamiento de la percepción

que nos viene dada de antemano.

Quizá debamos observar su trabajo como un paisaje de ese momento

y esa situación que nos lleva en un trayecto de 30 años

desde el Bilbao de los 80 al Bilbao de hoy en día.

La escala de Pello Irazu es humana,

y esa preocupación está presente en toda su obra.

Es una constante que configura su trabajo

hasta el punto de necesitar estructurar

el mismo espacio expositivo.

(Música)

(Música)

(Música)

(Música)

(Música)

(Música)

-"Sin título: máscara humana" es una obra de 2014

que estamos contentos de presentar aquí

porque, de alguna manera, es un hito

en el desarrollo de ciertas investigaciones del artista.

El film no tiene, por así decirlo, historia.

Es una especie de retrato.

Yo diría que, de hecho, si tuviéramos que buscarle

un género artístico tradicional a esta pieza,

lo encontraríamos en el género del retrato.

En este caso, es un retrato de un animal

que se comporta, en cierto modo, como humano.

Que vacila, que duda,

que busca en ese sitio sus puntos de referencia.

En "Untitled: human mask" encontramos un caso bastante singular

porque el animal lleva una máscara humana...

...a diferencia de otras obras,

en las cuales ciertos humanos llevan máscaras animales.

Y, evidentemente, tiene miembros que se asemejan a los nuestros.

Los gestos del animal y las actitudes de espera, de impaciencia, de juego,

son inquietantemente similares a los nuestros.

Esa gran angustia que sentimos al desconocernos y al vernos

y reconocernos en el comportamiento de un animal amaestrado.

(Música)

La Sala: Guggenheim - Pello Irazu

20 may 2017

Los últimos 63 programas de La Sala

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios