Adaptación para TVE de la novela homónima de Leopoldo Alas 'Clarín'. Narra la vida de Ana Ozores mujer joven y de gran belleza, hija de un militar librepensador, cuya boda con el ex regente de la audiencia, don Víctor Quintanar, la permite entrar en la mejor sociedad de Vetusta, una imaginaria ciudad de provincias.

Ana vive atormentada con un continuo sentimiento de pecado debido a la educación recibida en su infancia. La fuerte presión social a la que se ve sometida hará que busque apoyo en tres hombres: su esposo, su confesor, el magistral don Fermín de Pas y el jefe del partido liberal, Álvaro Mesías. Su esposo, mucho mayor que ella y más preocupado por sus inventos y aficiones, le profesa un amor paternal. Esta situación provoca que Ana encuentre dos estímulos diferentes: la exaltación religiosa y los deleites del amor. La religiosidad de la regenta se convierte en una morbosa enfermedad, fomentada por el magistral que acaba enamorándose de Ana. Esta, al descubrirlo, se entrega a don Álvaro. El adulterio es descubierto y desemboca en un duelo entre don Víctor y don Álvaro. Este mata a don Víctor y huye de la ciudad. Ana queda sola con el único apoyo de Frigilis, amigo del regente, y de su médico.

La adaptación-resumen de la obra de Clarín corrió a cargo de Fernando Méndez-Leite, un proyecto personal que perseguía desde su época de estudiante. El escritor y director confesó que le había dedicado una completa atención a la serie durante más seis años y que había llegado a escribir doce versiones distintas del guión. Una de ellas, su preferida, se desarrollaba en diez capítulos, pero el recorte de tiempo y presupuesto impidió que se pudiese llevar a cabo.

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La Regenta - Capítulo 3 - ver ahora
Transcripción completa

¡Vete, vete, vete!

¡No, no, no!

Petra.

Petra, despierta.

¿Qué pasa? Levántate.

¿Qué hace usted aquí? No es lo que te imaginas.

¿No oyes los gritos de la señora? Es el ataque otra vez.

¡Vete, vete!

No.

Vete, vete.

Vete. No, no.

Señora.

¡Vete, vete! ¡Señora, cálmese!

Sujétela, le haré una tila.

No me toques.

Vamos. ¡No, vete!

¡Vete, vete!

Se ha desmayado.

Sí.

Ya no hará falta la tila.

¿No?

Pero ¿qué hace? Pero, señor, ¿aquí?

¿Eh?

Imita llanto de perro

Calma, Quintanar.

Calma.

Más vale así.

Pero, señor.

Deja eso ahora, hija.

Vístete y ve a buscar a don Robustiano.

¿Está peor la señora?

No, pero el mal no ha pasado.

Dese la vuelta.

Tú, que eres tan lista,...

...convence al médico para que venga pronto.

Le digo lo que usted quiera,...

...pero si no se quita de ahí no puedo vestirme.

Nada, no encuentro nada de particular.

Ya lo sé, ya lo sé.

No tengo nada, todo está aquí.

¿Por qué no se sienta?

Con usted tengo que ser sincera.

Lo que yo tengo son nervios.

Amiga mía, esa es una enfermedad que yo no puedo curar.

Pero sí puedo decirle que debe olvidarse de esas aprensiones...

...y solo pensar en su salud.

Tiene que hacer un régimen, pero lo más importante,...

...dada la naturaleza de su mal,...

...es que se distraiga, que tome el aire,...

...que busque la alegría.

Sí, tiene usted razón, y estoy dispuesta a obedecerle.

¿Por qué no se va al campo?

¿Al campo?

Sí, iremos al campo.

El médico exige que vayamos...

...a una aldea con una porción de circunstancias...

...bastante difíciles de reunir.

A Anita se le ocurrió ir a mi tierra.

Ya estoy viejo...

...para un traqueteo tan grande de mis huesos.

Y separarme de todos ustedes...

¿Cuáles son esas circunstancias?

Ha de estar cerca para que su moza pueda visitarnos frecuentemente...

...y para que Anita pueda ser traslada a la ciudad.

Tiene que ser...

...bastante cómoda, amena, ofrecer un paisaje...

...alegre, tener cerca...

...agua corriente, hierbas frescas,...

...leche de vaca...

¿Qué sé yo? ¿Qué sé yo?

-El vivero.

-Solo conozco una quinta que reúna las condiciones que el doctor exige.

-El vivero. Qué buena idea.

-Bravo, bravo, eureka. Paquito tiene razón.

El vivero.

Se van ustedes al vivero.

Música

Piano

"La donna è mobile...

...qual piuma al vento,...

...muta d'accento...

...e di pensier".

"La donna è mobile...

...qual piuma al vento,...

...muta...

...d'accento...

...e di pensier".

"E di pensier".

"E di pensier".

Cuando salí a la calle, me pareció que se burlaban,...

...que comentaban mi locura. Usted no cometió ninguna locura.

Sí, una tontería a la que me llevó un sentimiento noble,...

...pero equivocado.

Esa compasión hacia el magistral ha desaparecido.

He sido un instrumento en sus manos.

Mi fe se desmorona.

A usted se lo puedo contar, porque sé que me comprende.

Quisiera romper esa relación con mi confesor,...

...pero temo que los remordimientos me arrastren a otra locura.

Ay. Temo volverme loca.

Dios se me hace migajas en el cerebro...

...y la voluntad me flaquea.

Créame, Anita, el misticismo es una exaltación nerviosa.

Sí, es verdad.

Y le confieso que aún me siento asustada...

...con los recuerdos de esas aprensiones.

Me equivoqué con el magistral. ¿Puedo ser sincero?

Me está abriendo su corazón.

El magistral no es un místico.

Lo mejor que piensan de él es que quiere a las señoras de categoría.

Para adquirir más influencia.

Y esto no son calumnias, son verdades.

No, Álvaro, es injusto con él.

Otra cosa es que mi salud exija que yo sea como todas,...

...que no acabe siendo una loca, pero mi decisión está tomada,...

...basta de cavilaciones y de propósitos quijotescos.

Quiero paz, quiero calma.

Y seré como todas.

"La primavera ha entrado en mi alma".

"Vivir es esto, gozar del placer dulce de vegetar al sol".

"Se me antoja que el vivero es el escenario de una comedia".

"Está todo en silencio".

"Recordando los ruidos de la alegría que latieron aquí...

...o preparándose a retumbar con las fiestas".

"Y algo olfateo de la alegría pasada o algo presiento de la futura".

¿Para quién es eso?

Para don Álvaro.

Las encargó antes de irse. Yo misma lo llevaré esta tarde.

Que Dios se lo pague.

¿Y tu señora cómo está?

Huy, parece otra.

Tan alegre,...

...tan revoltosa.

Nada de encerrarse en la capilla ni de rezar tanto...

...ni de leer a Santa Teresa.

Vamos, es otra.

Y de salud, como un roble.

El señorito Paco vino, ¿no?

Sí, hará un cuarto de hora.

Con el señorito Álvaro. Tomaron un refresco.

Corrieron al pueblo al encuentro de los señores.

Vienen muy a menudo.

Ya.

La iglesia está cerca, creo, saliendo por el bosque, ¿verdad?

Sí, señor.

Pero hay tres callejas que se cruzan y puede perderse.

Si quiere, le acompañaré, ahora no tengo nada que hacer.

Muy bien. Si eres tan amable.

Ay, qué sofoco, don Fermín.

Sí, hija, sí.

Y eso que a usted la fatiga no debe rendirle.

Tengo entendido que corre usted como un galgo.

¿Quién te lo ha dicho?

Teresina.

Sois amigas. Mucho.

No creas, yo soy un aldeano.

Juego a los bolos que hay allá.

Que es usted fuerte no hace falta decirlo.

Bien a la vista está.

Vamos.

Vamos.

Se nos ha hecho tarde.

Cuando lleguemos a la iglesia ya estarán en el vivero.

Es mejor volvernos.

Perdóneme usted este paseo, esta molestia.

No, hija mía, al contrario, aquí se está bien.

Estoy algo cansado y voy a sentarme un rato.

¿Cansado un mozo como usía?

¿Qué haces ahí de pie? ¿Quieres crecer?

Bastante buena moza eres.

¿Tienes prisa?

No.

Siéntate.

Quiero preguntarte algunas cosas.

Como usted quiera.

Por aquí no pasa nadie.

Pero si quiere hablar a sus anchas,...

...allá hay una cabaña.

Estaremos muy cómodos.

Mejor que mejor.

Allí hablaremos más a gusto.

¡Eh, locos!

Que os echo a los perros.

Que destrozáis la hierba de Pepe. ¿Qué va a hacer ahora?

¡Eh, locos!

Va.

-Ahí va.

-Vamos a por ellos.

Don Álvaro.

Toma.

Ya está usted aquí, Fermín.

Creíamos que se había perdido.

Con lo que le he echado de menos.

Ahora veréis.

Somos nosotros.

Pero, bueno, qué traviesos.

¿Reunión de hombres solos?

Nos han abandonado, y no crea que me gusta.

Doña Rufina y otras señoras dijeron que se iban a pasear...

...por la vuelta. Y las demás desaparecieron...

...sin dejar rastro.

Deben andar correteando por el bosque.

Petra, dame un coñac.

-Lo que usted quiera.

Nada, si a usted le debo la felicidad.

Anita es otra.

Qué alegría, qué salud, qué apetito.

Se acabaron las cavilaciones, la devoción exagerada,...

...las aprensiones y las locuras, como la de la profesión.

Cada vez que me acuerdo se me crispan los nervios.

Ella también se avergüenza.

Se ha dado cuenta de que la santidad no es de este siglo.

Este es el siglo de las luces, no el de los santos.

Anita no estaba enferma.

Se lo he dicho a usted 100 veces.

Lo que tenía se curaba cambiando de vida.

Ese optimismo solo es el reverso de la misma medalla.

Me asusta usted.

Ayer era mística, estaba enamorada del cielo.

Ahora come bien, pasea al aire libre,...

...tiene el amor por la vida alegre y la manía de la salud.

Es verdad.

No habla más que de salud.

Ella es así, exaltada, necesita mucha actividad,...

...necesita... ¿Qué necesita?

Un estímulo fuerte.

Ella es extremosa por temperamento.

Cree que ayer era devota porque había alguien...

...que influía en su espíritu.

Y este cambio es otra influencia.

Sí señor, es un aforismo médico.

Habla en latín

Perfectamente.

Habla en latín

Justo.

Continúa hablando en latín

Bien, de acuerdo.

Pero, aquí, ¿ese nuevo influjo dónde está?

El otro, lo conozco.

Pero ahora, ¿quién representa esta nueva influencia, esta...

..."irritaciu"?

El nuevo régimen,...

...la higiene, el pelo, usted, yo,...

...los alimentos sanos,...

...el aire, el heno, la brisa de la mañana...

¿Yo qué sé? ¿Anita está salvada?

Sí señor.

Y esta exageración no le llevaría a nada malo.

A nada.

Truenos

¡Santa Bárbara!

-Las tormentas me sacan de quicio.

¿Me lo va a decir a mí? -Las señoras están a salvo.

Se han refugiado bajo la cúpula. -¿Y los chicos?

-Se adentraron en el bosque.

Se pondrán perdidos.

Vamos, don Víctor. Usted es cazador y yo también.

-Bravo, Fermín, bravo.

Por lo mismo que soy cazador conozco el peligro.

El árbol atrae al rayo, y allí hay laurel.

El laurel atrae la electricidad.

Si fueran pinos, pero laurel...

¿Quiere que les parta un rayo?

Con ellos está Ana.

Los chicos se habrán refugiado en la casa del leñador que no conoce.

Al monte, don Víctor.

Aquí no hay más que arañas y espinas.

Espere usted, don Fermín.

Usted parece un caballo.

Si yo me caigo, me pierdo.

En nombre de la humanidad...

Parece mentira que sea cazador.

Soy cazador en seco, pero esto es el diluvio.

Me gustan las hazañas heroicas que tienen alguna utilidad.

¿Adónde vamos nosotros? A buscar a doña Ana,...

...que estará poniéndose perdida. ¿Perdida?

¿Cree que son tontos? Seguro que están bajo techo.

¿Cree que van a estar nadando?

¿Y para qué sirven los paraguas aquí?

Haga lo que quiera, yo sigo.

¿Eso es darme una lección? No señor.

Sí señor.

Eso es ser más papista que el Papa.

Me parece a mí que mi mujer me importa más a mí que a nadie.

Dispense el lenguaje,...

...pero esto ha sido francamente una quijotada.

Don Víctor.

Si queremos encontrarlos, debemos separarnos.

Siga por aquí. No, no.

Separarnos sería una locura. Si no se atreve a seguir solo,...

...vamos juntos.

De perdidos al río.

Me ha dado usted un susto.

¿No están?

¿Cómo iban a estar aquí?

Mire lo que me he encontrado. ¿Qué es eso?

Una liga de mi mujer.

¿Una liga de su mujer?

Una liga que fue de mi mujer.

Pero me consta que ya no es suya.

No le sirven, se las regaló a su doncella, Petra.

Esta liga es de Petra, así que Petra estuvo aquí.

Pero ¿a qué ha venido Petra aquí?

Petra es de mi casa, ¿no?

Y está a mi servicio.

Y me importa su honra.

¿O no?

Menos mal que ya están aquí.

Alguna desgracia.

¿Desgracia? No, señor. Que los señoritos y las señoritas...

...ya estaban en casa cuando ustedes estaban en el monte.

Apenas se han mojado.

Pero ustedes están hechos una pena.

¿Dónde están?

En casa, muertos de la risa.

Menos la señora, que teme por usted y por el señor cura.

¿Y dónde va ahora?

Cosas suyas.

Oye, oye.

¿Has subido a la casa del leñador?

¿Yo? ¿Con lo que estaba lloviendo?

¿Para qué?

Ya hablaremos tú y yo.

Dese prisa, ¿no ve que voy calado hasta los huesos?

¿Y don Fermín?

Don Fermín es un botarate.

Perdona.

Quería darme lecciones de galantería.

Parecía un loco.

Sí, ya me contaron.

Los excesos de galantería son ridículos y más en un sacerdote.

¿A quién le va a importar más mi mujer?

¿Qué le tengo dicho?

No hay que fiarse del provisor.

Sus intenciones son oscuras.

Solo es una cuestión de celos.

¿Celos?

Sí, Ana, sí.

Él está enamorado de usted.

Loco, loco.

Eso se lo conocí yo hace mucho tiempo.

Qué horror.

Qué asco. Amores con un clérigo.

Ha sido usted muy buena con el magistral.

Le ha abierto su alma,...

...le ha dado su cariño...

...y él ha malinterpretado su generosidad.

Y ahora no puede contenerse. Pero eso es repugnante.

Risas

Creo que he bebido demasiado.

Me estoy mareando.

Está lloviendo otra vez.

Usted sabe bien de quién sentía celos el magistral.

¿No? No me diga que no.

No tenga usted miedo.

No pido nada,...

...ni siquiera una respuesta.

Me basta con que me mire.

Dios mío, he callado tanto tiempo.

Ya sé que hay millones de obstáculos, pero solo le pido que me escuche.

Todos están contra mí.

Es normal.

Un hombre que le habla de amor a la señora de otro.

No le pido que salte por encima de tantas tradiciones,...

...de tantas leyes y costumbres que me condenan.

Solo pido que me escuche.

Claro, que...

...hay mujeres en el mundo...

...tan virtuosas como la que más...

...que saben a qué atenerse respecto de la moral que condena este amor.

Pero ¿cómo le voy a pedir a usted,...

...educada por fanáticos, que ha vivido siempre en Vetusta,...

...que siquiera me dé una esperanza?

Me conformo con que me oiga.

¿Cuántos años ha estado sin querer oírme?

Pero usted no hablaba. Sí.

Claro que hablaba.

Hablaba con la mirada.

En el teatro, en el espolón,...

...en casa de la marquesa, en la casa de usted.

Con Quintanar delante.

Calle, calle, por Dios.

Todo es pequeño, madre,...

...asqueroso... y bajo.

Mire usted.

Yo, sin creerme un Tenorio,...

...siempre he sido afortunado en mis tentativas amorosas.

Pero no sé por qué tibieza, encogimiento del carácter...

...o frialdad...

...mis aventuras se han quedado a mitad de camino.

No tengo el don de la constancia.

Pues es indispensable.

Pero no lo tengo. Mis pasiones son...

...fuegos fatuos.

He tenido más de 10 mujeres...

...medio rendidas...

...y muy pocas han sido mías. Desde hace un tiempo,...

...la doncella de mi mujer, Petra,...

...me hace víctima de sus persecuciones.

Miraditas, provocaciones más o menos lascivas.

Ya puede usted imaginarse.

Esa Petra es mucha Petra.

También lo había notado, ¿eh?

Le mira de una manera... Y a usted.

Bueno, a lo que iba.

Después de aguantar mucho tiempo como un San José,...

...una noche tuve un momento de debilidad.

Me cegué y me jugué el todo por el todo.

Qué callado se lo tenía.

Y tan callado.

Nada, no pasó nada.

Ella opuso la resistencia que su fingido pudor le exigía...

...y yo, que estaba seguro de vencer, me enfrié...

...y dejé ese propósito.

Me contenté con pequeños favores...

...y con el conocimiento exacto de esa hermosura que ya no poseería.

A veces, la prudencia obliga. Calle, calle.

Ahí no termina la cosa.

La otra tarde,...

...cuando ese insensato de don Fermín me llevó a la cabaña,...

...encontré una liga de Petra que...

...yo conocía muy bien. Petra estuvo allí.

Parece que sí.

¿Cree que debo despedirla?

¿Está usted celoso?

No, no, no. No.

Yo no soy como el perro del hortelano.

Aunque debo confesar que algo me molestó.

Voy a avisar a estos señores tan aburridos, me tienen harta.

Basta ya de secretitos.

Les estamos esperando para jugar.

El...

...tres.

Me quiero morir. Vaya, es raro.

Mañana es el último día.

Ana. Álvaro, por Dios.

Habla en latín

Te quiero, Álvaro.

Te quiero tanto.

Te quiero.

Y yo a ti también.

Hace más de cinco años que lo sabía.

Aunque llegué a dudarlo.

Como no me decías nada...

Lo que pasa es que no me oías.

Sí.

Sí que te oía.

Pero fingía no adivinar.

¿Me querrás para siempre?

Claro que sí, tontina.

Júramelo. Para siempre.

Júramelo.

Si no es para siempre, esto es un bochorno,...

...es un crimen infame.

No digas eso, Ana. Sí.

Si me faltara tu amor,...

...volverían esos fantasmas.

Ya no hay fantasmas, Anita.

Conmigo no debes tener miedo.

Si me dejaras, me volvería loca.

Tengo miedo en mi cerebro cuando no estoy contigo,...

...cuando no pienso en ti.

Te adoro, Álvaro, te adoro.

¿Esto es hambre atrasada?

Es hambre atrasada, Anita.

Si supieras cuántas veces he soñado por tenerte así.

No hables.

Me caso, Petra.

Me caso.

-¿Cómo le conociste?

-Lo había visto en el pueblo del señorito.

Y ha venido aquí de vez en cuando.

Don Fermín le ha encargado la administración de unas fincas.

-Mírala.

Buen partido te llevas. -No puedo quejarme, no.

El señorito ha sido siempre muy bueno conmigo y muy generoso.

¿Quién anda por ahí?

Ahí le tienes. Sabes qué quiere? -Algún recado para tu señora.

Es Petra.

Hazla pasar.

Buenos días, don Fermín.

¿Quería usted verme?

Sí.

Pasa. Gracias, Teresina.

Bueno, bueno.

Ya sabes que Teresina se casa. Sí.

¿Y tú, no te casas?

No.

No será por falta de pretendientes.

No, señor.

¿Y ninguno te conviene?

No.

¿No será que eres muy exigente?

Será.

Hace mucho tiempo que no te veía. Desde la romería de San Pedro.

En la cabaña del leñador.

Estoy preocupado con tu señora.

¿Y qué tengo que ver?

Tú podrías ayudarme...

...y ayudarla.

¿Yo? Sí, tú.

Por razones de mi ministerio...

...y de mi responsabilidad sobre su salud moral,...

...tengo que saber lo que pasa en esa casa.

Quiere usted que la espíe.

¿Me ayudarás?

Yo te sabré recompensar.

¿No te gustaría venir aquí, ocupar la plaza de Teresina?

¿Qué quiere que haga?

Quiero saber si doña Ana recibe visitas, qué hace al estar sola,...

...si entra alguien cuando no está don Víctor o si se queda.

¿Si se queda quién? ¿Eh?

¿Si se queda quién? No sé, quien sea.

¿Lo harás?

Sí.

Muy bien.

El día que sea necesario salir de allí vendrás aquí.

Yo me ocuparé de tu futuro.

¿De acuerdo?

No sé dónde tengo la cabeza.

Me había acostado sin prepararle la cama.

Oye.

¿Sabes dónde he metido "El castigo sin venganza"?

¿Yo?

¿Yo qué voy a saber?

Ya se puede usted acostar.

Pero ¿qué hace usted?

¿Qué voy a hacer, hija?

En cuanto me descuido un momento...

Aunque sea el amo, tiene que respetarme.

Pero si te respeto, hija.

Te respeto. ¿Y mi honra?

Buena pieza está usted hecho.

¿No manda nada más?

¿En qué quieres que te mande sin faltar a tu honra?

Si al menos supiera dónde está "El castigo sin venganza".

No podemos seguir así.

¿Así cómo?

Así.

Teniéndonos que ver furtivamente,...

...deprisa y corriendo...

...y con el peligro de que, en cualquier momento, nos sorprendan.

Pero yo te quiero.

Precisamente por eso.

Cuando dudaba de que mi amor por ti fuera correspondido,...

...me conformaba con verte así,...

...rozar tu mano,...

...mirarte a hurtadillas.

Pero ahora no.

Pero no podemos hacer otra cosa.

Sí podemos.

Yo podría buscar un rincón...

...en donde nos podríamos ver.

Pero ¿qué dices? Qué vergüenza.

Hay una solución.

Tu casa.

¿Aquí?

Ni hablar.

Es lo más tranquilo, lo más seguro...

...y lo más cómodo.

No, en mi casa no.

Entiendo tus escrúpulos,...

...pero hay que saber vencerlos.

Peor es esta inseguridad.

Álvaro, por favor, no insistas.

Pues tarde o temprano esto se acabará.

Si no encontramos...

...una solución, esto se acabará.

No digas eso, por lo que más quieras.

Si esto terminara, me moriría de pena.

Tranquilízate.

Visita está mirando.

Pues se equivoca usted.

El venado cola prieta tiene mayor parecido con el cola blanca.

Tiene color café y el trazo de la cara es exacto.

Pero tiene la cola negra.

Eso y la cornamenta lo distingue del cola blanca.

El cola prieta es el eslabón perdido entre el cola blanca y el mula.

-Dicen unas cosas que bajan el ánimo.

Si pudiéramos contar con la complicidad de tu doncella,...

...todo sería más fácil. ¿De Petra?

No, qué horror.

Bueno.

Olvidémonos de Petra si tú quieres.

Ya me las arreglaré solo...

...para entrar aquí de noche.

Lo mejor...

...es que el señorito salte por la pared, tiene buenas piernas.

Y después de llegar al balcón, solo tiene que trepar por la reja.

-¿Y si al entrar o al salir me ve don Víctor?

-De ese me ocupo yo.

Yo estaré atenta para combinar las horas.

-Oye.

Don Víctor me ha contado...

...que él y Frígilis suelen ir de caza.

Mucho más temprano de lo que ella cree.

-No se preocupe por eso, yo misma le despierto.

Sé siempre a qué hora llega don Tomás.

-Yo te pagaré.

Te pagaré todo esto que estás haciendo por mí...

...y por tu señora.

¿Se ha hecho daño?

-No, no, nada, nada.

-Le voy a traer un tonel viejo para que pueda usted subir...

...sin peligro de caerse. Y ahora tenga cuidado.

Esa es la ventana.

-Gracias.

Déjame entrar.

Mujer.

Aquí corremos más peligro.

Peor ¿te has vuelto loco?

¿No ves que es ridículo negarte a recibirme?

Ya te has entregado a mí por completo.

Cariño.

¿Y eso es todo?

No hay nada más, don Fermín.

¿Estás segura?

Sí, señor, completamente.

Ese don Álvaro se pasa las horas muertas en el caserón,...

...pero casi siempre con el amo.

La señora se alegra cuando le ve llegar, no le digo que no.

Le sonríe.

Y él la mira mucho.

Pero a solas no se quedan ni un segundo.

Puede estar seguro.

¿Puedo marcharme ya? Espera, espera.

Tengo que darte la absolución. Ah, sí, la absolución.

Habla en latín

Amén.

Qué sorpresa.

-Te vi de lejos, pero no puedo entretenerme.

¿Cuándo te casas? -El mes que viene.

Pero esta semana voy a Matarelejo.

El señorito me preguntó por ti. -¿Por mí?

-Creo que quiere proponerte que ocupes mi puesto.

-¿Qué dice D Paula?

-No sé, ella sabe que eres amiga mía.

-Me voy corriendo, tengo muchas cosas que hacer.

Hola, Petra.

Buenos días.

Siéntate.

Supongo que Teresina ya te habrá dicho algo.

Sí.

Piénsatelo, Teresina va a salir de aquí de un momento a otro.

No tengo nada que pensar.

Puede usted contar conmigo, señora.

¿Y cuándo vendrás?

Si no le importa,...

...yo le daré la contestación esta semana.

Tengo que avisar a doña Ana.

Es natural.

Pero ¿no irás a echarte atrás? No, señora.

Descuide.

¿No has oído?

¿El qué?

Un ruido como de pasos.

Escucha.

No oigo nada.

Imaginaciones tuyas.

¿No será Petra?

¿No nos estará espiando?

Qué va, tontina.

Déjalo ya.

A la hora en que yo llego,...

...Petra lleva ya horas durmiendo.

Les dejo a ustedes solos.

Voy a descansar un rato.

He comido demasiado.

Vaya por Dios.

Creí que no se marchaba hoy esta muchacha.

Ahora podemos hablar.

Usted dirá.

Actualmente todo me sonríe.

Soy feliz en mi hogar. No entro ni salgo en la vida pública.

Y ya no temo la invasión absorbente de la iglesia.

Pero esa Petra me parece que me quiere dar un disgusto.

¿Ha vuelto usted a las andadas?

No, he vuelto y no he vuelto.

Quiero decir,...

...ha habido escarceos, explicaciones, treguas,...

...promesas de respetar lo que esa tunanta no quiere que le respeten.

En suma, está picada porque prefiero la pureza de mi lecho...

...a la satisfacción de efímeros placeres.

¿Me entiende?

Finge que se alborota por defender su honor.

Pero lo que en realidad le irrita es mi frialdad.

Pero, ¿qué es lo que hace?

Comprometer la paz de esta casa. Quiere dominarnos.

Pero valiéndose de mi situación falsa, lo confieso.

Para Anita sería un golpe terrible cualquier revelación...

...de esa ramerilla hipócrita.

¿Qué es lo que hace Petra?

Petra sabe que quiero evitar a toda costa un disgusto a mi mujer.

Porque temo que cualquier crisis nerviosa lo eche todo a rodar.

Un desengaño la llevaría a ella a sus antiguas cavilaciones.

Y aquí tendríamos otra vez...

...al señor magistrado.

Y antes que eso cualquier cosa.

Hay que evitar a roda costa que Anita sepa que yo, en un momento...

...de ceguera intelectual y sensual,...

...fui capaz de solicitar los favores de esa bribona.

Le comprendo muy bien.

Ella quiere hacerle a usted la forzosa.

Necesito un consejo, Álvaro. ¿Qué hago?

Calma, hombre, calma.

A Petra hay que echarla.

Pero usted no se preocupe más de eso.

Me comprometo a allanarle el camino.

Petra se marcha de esta casa.

Adiós espías.

¿Petra? ¿Se marcha Petra?

Sí, él me ha encargado que la despida.

Dice que es insolente, que te trata mal.

¡Dios mío, lo ha notado! Tontina, no te asustes.

Él lo toma por donde no quema.

Se ha enredado con ella.

¿Que se ha enredado con ella?

¿Mi marido?

Mi marido,...

...a quien he sacrificado lo mejor de mi vida.

¡Qué asco!

¿No estarás celosa?

No son celos.

Qué van a ser celos.

Es asco.

Y una especie de remordimiento...

...por haber sacrificado a semejante hombre mi vida,...

...mi juventud.

Cálmate.

Lo importante es que no es lo que tú temías.

Es probable que esa pobre chica no sospeche nada,...

...que su atrevimiento solo sea una amenaza al amo.

Vamos, tontina.

¿Vas a llorar ahora?

Ahora que estás apunto de conseguir esta felicidad...

...que tantos años de martirio te ha costado.

Vamos, mi amor.

Cariño.

Petra.

He pensado que quiero tenerte más cerca.

-¿Más todavía?

-Además, aquí no puedes estar.

El amo está furioso.

Dice que tratas a la señora con altivez, con insolencia.

Tontina.

Ya no te necesito en esta casa.

Entro y salgo sin guías. He pensado que vengas de doncella a la fonda.

¿Qué dices?

-No debe apurarse tanto para convencerme...

...de que debo irme de esta casa.

-Hija, si lo tomas por donde quema, no insisto.

-No, es que no me deja usted explicarme.

Quiero salir de aquí, pero irme a la fonda no, señor.

Una cosa es que una tenga sus caprichos.

Y otra cosa es que a una la regalen los amigos.

-Pero, Petrica, si no es eso.

Es por tu bien.

-Quédese tranquilo, esta noche pediré el sueldo y me iré tan contenta.

Pero no a la fonda, sino a otra casa.

Una proporción que tengo,...

...y que no puedo decir todavía cuál es.

Por lo demás, tan amigos.

Y si el señorito me necesita,...

...yo le diré dónde puede encontrarme.

Porque la ley es ley.

Y en lo tocante a callar, un sepulcro.

Lo que he hecho ha sido por afición a una persona.

No hay por qué ocultarlo.

Y por lástima de otra casada con un viejo chocho y chiflado,...

...que es una compasión.

Y ahora márchese.

Ya sabe dónde me tiene.

¿Qué hay, madre?

Está ahí esa, Petra, la de Quintanar, quiere hablarte.

¿Hablarme? ¿Tan temprano, qué hora es?

Las nueve. Dice que es cosa urgente.

Parece asustada, le tiembla la voz.

Que pase, que pase.

Dile que pase.

Entra.

Entra, hija, entra.

¿Qué hay?

¿Qué pasa? Pronto.

Es que...

...necesito que me oiga usted en confesión, don Fermín.

Estoy...

Estoy...

...confusa.

No sé si lo que voy a hacer es una buena obra o un pecado.

Yo quiero servirle a usted.

Y servir también a mi amo.

Y a Dios.

Pero no sé si debo.

Habla, habla.

¿Qué hay, Petra?

¿Qué hay?

Habla, por Dios. ¿En confesión?

Vas a hablar ahora mismo.

Señor, yo he prometido decirle a usted todo.

Deja los disimulos.

¡Habla o te arranco yo las palabras!

Señor,...

...he visto con mis propios ojos lo que jamás hubiera creído.

El mejor amigo del amo, don Álvaro,...

...que de día no se separa de don Víctor,...

...entra...

Entra de noche en el cuarto de la señora por el balcón.

Y no sale de ahí hasta el amanecer.

La primera noche que lo vi creí que soñaba, pero era verdad.

Ese infame ha pervertido a la señorita, que era una santa.

Bien temía usted, don Fermín.

¿Y tú qué piensas hacer ahora?

¿Yo?

Dejar aquella casa, señor.

¿Qué he de hacer?

No quiero ayudar con mi silencio a la vergüenza del amo.

Remediarlo no puedo, pero puedo salir.

¿No te importa el honor de don Víctor?

¿Así agradeces el pan que comiste tanto tiempo?

Señor.

¿Qué puedo hacer por él?

En saliendo, nada. Pues me echan.

¿Ellos? Sí.

Ellos.

El señorito Álvaro, que es el que manda allí,...

...me puso de patitas en la calle.

Y no tuve más remedio que hacer la maleta.

Ya me he despedido.

El señor Mesía me ofreció colocación en la fonda.

Pero prefiero quedar en la calle.

Vendrás a esta casa.

¡Ay, señor!

¿Cómo podré yo pagar a usted y a su señora madre tal caridad?

No lo hago por ti.

Me guían sagrados intereses.

Yo colmaré tus deseos...

...si tú pones ante los ojos del amo su vergüenza.

A ver si ese señor,...

...si corre sangre de hombre por su cuerpo,...

...castiga a los traidores como se lo merecen.

Haré lo que usted mande.

Pero ¿cómo conseguiré que el amo vea lo que le están haciendo?

¿Se lo cuento?

No voy a atreverme, don Fermín.

Es mejor que sea él mismo quien lo vea.

¿Sí?

¿Eso es lo mejor?

Sí.

¿Y tú sabrás hacerlo?

Mañana, don Víctor y Frígilis saldrán a las 8 de caza.

Álvaro y la señora están al cabo de la calle.

Antes de que el amo se despierte, saltará por la ventana.

Pero si le adelanto una hora el despertador...

Despertador

Me lo habrán adelantado.

Pero ¿quién?

Es Álvaro.

Debí matarle.

La mataré.

La mataré.

Campanada

La mataré.

¡Guau!

¡Guau, guau!

Ya estoy aquí.

¡Hola! Parece que ha madrugado.

No podré nunca pagarles esta caridad que tienen conmigo.

Sabiendo lo que esos dos le estaban haciendo al amo,...

...no podía quedarme ni un minuto más.

Una máscara, eso es lo que eres.

¿Le ha visto así la señora Regenta?

¿Qué le pasa a usted, hombre?

Todo el día le he visto preocupado, tristón. ¿Qué pasa?

Soy un anciano, Tomás.

Un anciano.

¿Con esas venimos ahora?

No diga usted tonterías.

No son tonterías.

Pero jamás se me había ocurrido una idea tal.

Mi temperamento me engañaba fingiendo una juventud sin fin.

Pero la desgracia destiñe como un chubasco...

...todas las canas del espíritu.

¿Qué desgracia, qué canas?

No le entiendo.

¿Puedo tutearle, Tomás?

Ana me engaña.

Yo mismo lo he vito con estos ojos.

No.

No digas nada.

No hay consuelo posible.

Álvaro Mesía entra por las noches en su alcoba.

¿Lo sabías tú acaso?

¿Qué voy a hacer?

¿Qué voy a hacer ahora?

Si pudiera parar el tiempo...

Pero el tiempo no se para.

Yo tengo que hacer algo.

Cumplir con mi deber, matar, anunciar al mundo mi venganza.

Pero me siento tan débil.

Tan viejo.

Lo primero que tienes que hacer es calmarte.

Y no pensar en deberes ni en venganzas.

Aquí me tienes.

Ahora no es Perales el que trabaja.

Soy yo.

No es Calderón el que inventa casos de honra.

Es mi dama de capa y espada.

¿Cómo podía recrearme yo en aquellas tristezas ajenas?

Si me duelen tanto cuando son propias.

¿Por dónde empiezo, Tomás?

¿La mato a ella?

¿Le busco a él?

No vas a matar a nadie, Víctor. Cálmate.

Ya veremos si debes perdonar o no.

No tengo derecho para aconsejarte nada trágico.

Cuando te casé con ella, porque yo te casé, Víctor,...

...creí hacer la felicidad de ambos.

La mía sí la hiciste.

La de ella, durante más de 10 años, pareció que también.

Pareció.

Pero...

...la procesión andaba por dentro.

10 años fue buena.

La vida es corta. No fue tan poco.

Ya.

¿Te empeñas en coserle el cuerpo?

Sea.

Pero hay que ver cuándo y cómo.

Hay que tener calma.

¿Quién te dice que no me despreciará,...

...que no intentará huir con el otro?

No seas majadero. El otro es un zascandil.

Espero a que el fruto cayera de maduro.

Ella no está enamorada de Mesía.

En cuanto vea que la abandona antes que pelear,...

...le despreciará.

Le maldecirá.

Digas lo que digas, ella me vende.

Te vende, te vende.

Si armas una escena de honor ultrajado, habrá una de entierro.

Tomás, dices las cosas de un modo...

La verdad.

Pero si no puedes atender a razones ni a tu conciencia,...

...llama, sube, alborota, quema la casa.

Piénsatelo bien.

Cuidado con lo que haces.

Hasta mañana temprano.

Mi señor don Víctor.

¿De dónde sale usted?

¡Menudo susto me ha dado!

¿Se puede saber qué quiere?

Amigo mío,...

...temo...

Temo no acertar con la embocadura del asunto que me trae aquí.

Es espinoso y, por desgracia, de poco agradable acceso.

¡Qué pasa, por los clavos de Cristo! De Cristo tengo que hablarle.

Y de sus clavos, de sus espinas y de la cruz.

Por compasión. En su despacho.

Señor Quintanar.

Usted es un buen cristiano.

Yo, sacerdote.

Tiene algo que decirme.

Vengo a hablarle de lo que sé como sacerdote.

Pero la conciencia de quien me lo comunicó exige que yo dé este paso.

Una persona.

Que le manda venir a estas horas.

Don Víctor.

Confiéseme si sabe algo de un asunto que le interesa mucho.

Sí, señor.

Sí, señor.

Hoy sé algo que no sabía ayer.

Y que me importa muchísimo.

Más que mi vida.

Pero si usted no habla claro...

Una persona que ha protegido un crimen que le perjudicaba a usted...

...a acudido a confesar su complicidad bochornosa.

Y a decirme que había puesto en poder de usted tal descubrimiento.

Pero temiendo desgracias por su manera torpe de proceder,...

...me declaró lo que había para evitar una venganza sangrienta.

Petra.

¿Ha sido Petra?

Esta mujer ha divulgado mi deshonra.

Esto ha sido una venganza.

No he dicho que el mundo sepa.

¿Usted cree que Petra ya lo habrá contado a todo el mundo?

Dios mío.

La maledicencia se ha apoderado de ciertos rumores.

Vetusta entera habla.

Por desgracia, hace meses.

Desde el verano.

Desde antes se murmura de la frecuencia con que venía don Álvaro.

Conozco sus exaltadas ideas respecto al honor.

Y temía que obedeciendo a impulsos disculpables,...

...se tomara venganza terrible.

Sobre todo, de don Álvaro.

Cuyo crimen, hay que reconocerlo,...

...no puede ser más digno de castigo.

Dios mío.

Yo había depositado en él mi confianza.

Y mi amistad.

Pero amigo mío,...

...aunque yo como hombre de experiencia...

...me explico la cólera que le domina,...

...en cuanto sacerdote, tengo que aconsejar la suavidad.

Mirando las cosas como el mundo las mira, esta traición pide sangre.

Usted debería desafiar a Mesía y matarle.

Pero ¿y la caridad?

¿Y el amor al prójimo?

Nuestra religión manda olvidar los agravios.

Y cargar con la cruz.

Debe salir de Vetusta cuanto antes.

-¿No entiende usted que no puedo hacer eso?

Todo Vetusta pensará que me voy por miedo.

Por cobardía.

-Don Víctor pudo matarle de un tiro esta mañana y no lo hizo.

Bastante desgracia ha provocado ya con su comportamiento.

Y no olvide que aquí, el ultrajado es Quintanar.

Márchese de Vetusta y olvídese de la cobardía.

Eso no es cobardía.

Es hacerse justicia a sí mismo.

Usted merece la muerte con su traición.

Y yo le conmuto la pena por el destierro.

-Está bien. Mañana tomaré el tren para Madrid.

Tiene mi palabra.

Está bien, señor magistral.

No haré ningún disparate.

Meditaré sobre lo que usted me ha dicho.

Procuraré armonizar...

...las exigencias de mi honor...

...y lo que la religión pide.

Y ahora,váyase.

Hágame el favor, váyase.

Conozco el desprecio que el mundo arroja sobre el marido que perdona.

La sociedad es injusta con los tolerantes.

Miserable.

Aprovecharse de mi amistad.

De la debilidad de una mujer enferma.

No hay perdón posible. Cálmese.

Ahora tengo que marcharme.

Es ya tarde.

Exijo como padre espiritual que he sido y sigo siendo de usted...

...que si esta noche sorprendiera un nuevo atentado,...

...si ese infame, que ignora que usted lo sabe volviera,...

...yo sé que es mucho pedir,...

...pero un asesinato jamás tiene disculpa a los ojos de Dios.

Nada de sangre.

En nombre de la que vertió por todos el crucificado.

Es verdad.

Ese hombre tiene que volver esta noche.

No es esto en lo que quedamos.

Debiste consultarme antes de llamar a este señor.

El señor Ronzal será un buen padrino.

No pongo en duda la idoneidad del señor Ronzal.

No me refiero a eso y tú lo sabes.

Esta decisión es un error.

Mesía me ha prometido marcharse. ¿Y mi honra?

Deja en paz tu honra y piensa con la cabeza.

Mesía tiene miedo.

Si tiene miedo, mejor.

Ni un día se ha de aplazar esto.

Ya que mi deshonra es pública, que la reparación también lo sea.

Y además, terrible y rápida.

Pero si estás malo.

No importa.

Mejor.

Si no desafían a ese hombre,...

...busco otros padrinos.

Ya veremos si pueden conmigo los truenos y las tormentas.

Vamos.

Señores.

15 pasos, pudiendo avanzar tres cada cual.

Disparará primero el agraviado y después, el ofensor.

Daré tres palmadas.

En los intervalos, pueden apuntar.

A la voz de mando, deben ustedes disparar.

Juro por mi honor que no consentiré ningún simulacro de desafío.

¿Tienen algo que añadir?

Dense ustedes la mano.

Colóquense espalda contra espalda.

Cuenten los 15 pasos.

Ya.

Palmada

Palmada

Palmada

¡Disparen!

La bala le ha entrado por la vejiga.

-Vamos, amigo.

Llama a la puerta

Es don Víctor, que viene malherido.

-Tenga.

-Que preparen agua caliente.

Llora

¿Qué, don Tomás, cómo está el bendito?

-La vejiga llena.

Peritonitis de no sé qué.

Eso dicen.

-¿La qué?

-Nada.

Nada, que se muere.

No tiene que preocuparse, Ana. Solo está herido.

No queremos moverle de Palomares. ¿Herido dónde?

¿Es grave? No, no.

Se le disparó la escopeta. Quiero verle.

No, hasta mañana no hay tren.

Pues un coche. ¡Ana!

Se me engaña.

Si fuera cierto, usted estaría a su lado.

¿Por qué? Pensé que estaría intranquila.

No le creo, voy a buscarle.

¡Escúcheme, Ana!

Escúcheme.

No tiene que ir a ningún sitio.

Víctor ha muerto esta tarde.

Un accidente de caza.

¿Muerto?

Quiero verle muerto.

¡Aaa!

Ana.

Cálmese, Ana.

Cálmese.

Es solo una pesadilla.

Beba.

Pobrecilla.

Como era tan romántica, hasta una cosa como esa le salió así.

Para que todo el mundo se enterase.

¿Recuerdan el paseo del viernes santo?

-A mí ya me dio mala espina aquella desfachatez.

Aquello de ir enseñando los pies descalzos.

El escándalo.

La imprudencia, la torpeza.

-Pobre don Víctor.

-Sí, pobre.

Dios le haya perdonado, pero merecido se lo tenía.

Merecidísimo.

Aquella amistad con Mesía.

-¿Qué hará Álvaro ahora?

-Por lo pronto, ha puesto tierra de por medio.

-Don Víctor se ha ido para siempre y Mesía sabe Dios cuándo volverá.

El tiro de Mesía del que la Regenta tiene la culpa...

...rompe la tradición pacífica del crimen silencioso y precavido.

-Algunas damas principales de Vetusta engañan a sus respectivos esposos.

Pero no a tiros.

-¿Y ese Mesía qué estará haciendo en Madrid?

Vegallana me ha contado que ha huido por remordimiento.

Pero está dispuesto a encontrarse con la Regenta...

...donde y cuando ella diga.

-Mesía ha reanudado en Madrid...

...las relaciones con el ministro que veraneaba en Palomares.

Me lo habrán oído muchas veces.

Todo era hipocresía.

Aquellas confesiones de horas.

Aquellos conciliábulos sin fin.

Aquel no salir de la catedral ni a sol ni a sombra. Todo hipocresía.

-Hipocresía y perversión.

Extravíos babilónicos.

¿Y qué dice el magistral?

-¿El magistral?

Ya lo ven ustedes. Nada.

No dice absolutamente nada.

Fermo. 35 años.

Gracias, madre.

Tomás.

Yo quisiera salir de esta casa.

Ah, esa es una buena idea.

Pensaba proponerle salir mañana a dar un paseo por el pueblo.

No me refiero a eso.

Quiero buscar otro sitio...

...donde vivir.

Esta casa en rigor no es mía.

Es de los herederos de Víctor. De su hermana doña Paquita, con hijos.

Pero ¿en qué cabeza cabe?

Además, ya me he ocupado yo.

¿Usted?

¿De qué se ha ocupado?

El caserón ahora es de usted.

Legalmente y moralmente.

Es más, mañana le traeré los documentos que he preparado...

...para pedir su viudedad.

Primero morir de hambre.

Si no solicita sus derechos pasivos, se va a morir de hambre de verdad.

Prefiero reclamar la orfandad por ser hija de militar.

Échele usted un galgo.

Además, eso no valdrá nada. Pues eso yo no lo firmo.

Pues yo lo firmaré por usted.

Y de lo de irse de esta casa, ya puede usted olvidarse.

Esta casa es muy grande.

Me siento muy sola aquí.

De noche tengo miedo.

No tenga miedo, duermo en el cuarto de abajo.

Hace ya muchos meses,...

...cuando usted cayó enferma,...

...me tomé la libertad.

Es usted tan bueno.

Hoy tampoco ha venido nadie.

No necesitamos a nadie, Ana.

Campanadas

Absuelve en latín

Ah.

"Ana volvió a la vida,...

...rasgando las nieblas de un delirio que le causaba nauseas".

"Había querido sentir sobre la boca...

...el vientre viscoso y frío de un sapo".

La Regenta - Capítulo 3

27 ago 2017

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