La princesa Paca La 1

La princesa Paca

Jueves 13 de abril a las 22:05 horas

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La Princesa Paca - ver ahora
Transcripción completa

(Música alegre)

¿Crees que habrá cambiado de idea?

Cualquiera sabe.

En la carta no decía nada, solo que accedía a vernos.

Me parece extraño su comportamiento.

-Son muchos años, quizá haya algo que no quiere que se sepa.

-Lo que está claro es que tendremos que tener mucho tacto.

No te confíes, Antonio.

Siempre se ha negado a concedernos una entrevista.

Quizá sea una buena señal.

¿Tú crees?

Señores, buenos días.

Francisca, ya están aquí los señores de Madrid

que tanto han insistido en verte.

Francisca, ya sabe por qué estamos aquí.

Usted fue testigo de excepción de una generación irrepetible.

Simplemente fue lo que me tocó vivir.

Este año es el 40 aniversario

desde que nos dejó el príncipe de las letras.

40 años.

Mucho tiempo, sí.

Doña Francisca,

lo que usted guarda en ese baúl tiene un valor incalculable.

En esos papeles no hay nada que les pueda interesar.

Quizá...

Quizá no entienda el valor que tiene Rubén Darío en las letras.

Sé muy bien lo que significa Rubén para la literatura.

-Si usted quisiera... -Se ha hecho muy tarde.

Mi esposa tiene que descansar.

Si puede intentar que lo reconsidere...

Deben entender a mi esposa.

Son muchos años y no es una decisión fácil para ella.

Lo que decida lo respetaremos y no volveremos a molestarla.

No les prometo nada.

(Música dramática)

(Coche arranca)

(VOZ EN OFF) -"¡Paca! ¡Paca!".

¡Paca!

Paca, ya vas tarde, como siempre.

¡Voy! ¡Espabila!

¿Alguien ha visto mi mantón? Yo no.

¿Has hecho lo que tenías que hacer? Sí.

Aquí lo tienes, despistada. Ay, qué bien. Gracias.

Toma. ¡No picotees!

Madre, falta el pan, o padre se pone hecho un basilisco.

-Voy. -¿Vas a ver a Jacinto?

¿Será posible?

¿Cuántas veces he de decirte que no me gusta?

¡Eh! ¡Haya paz!

La próxima vez te enteras. Tome su chusco, señorita.

Renacuaja, enana. ¡Oye!

¿Qué pasa con Jacinto? Nada.

Es buen mozo, y sabes que te ronda. No pasa nada.

Otra vez no, madre. Por favor.

Yo les hago caso en todo, pero me casaré con quien quiera.

Las vecinas empiezan a hablar. Pues que digan misa.

No tengo que casarme con cualquiera para que se callen.

A ver si le llegan voces al señor Silvela.

Cuidadito, nos ha dejado esta casa

y de él depende el jornal de tu padre.

Si esto es Madrid, madre. Madrid, la capital.

La capital...

Pues aquí son más cotillas que en el pueblo.

Y como no te cases pronto con el Jacinto...

¿Qué? Te quedas para vestir santos.

¿Qué sabrás lo que es eso, mocosa?

(Música animada)

-¡Oiga, tengo El Imparcial! ¡Regresan los héroes de Baler!

¡Los últimos soldados de Filipinas!

-¿Tardará mucho en llegar, patrón? -No seas impaciente.

Te he dicho mil veces que si me llamas patrón

me doy la vuelta y cojo a otro. Con Celestino es suficiente.

Mira, allí viene la Paca.

Lo siento.

Lo siento.

Vaya horas de llegar, hija.

Me puse a hacer cosas en casa y me entretuve.

Tome.

Vendrá el pan, ¿no? Sí, claro.

-¡A comer todo el mundo!

Buenas tardes a todos.

Que aproveche.

Vaya, pensaba que mi padre trabajaba con hombres

y no con pollinos.

Paca, es que nos tienes embelesados.

Anda, ya será menos.

Celestino, ¿me da permiso para llevar a su hija a la feria?

(RÍE) Es a mí a quien debes pedir permiso.

Y la respuesta es...

No.

(Risas)

Pues nada padre, que me voy a los rosales.

Marcha, no te entretengas.

Lo tienes crudo, Jacinto.

La Paca es mucha mujer para ti.

-Muy bien.

Escribe un artículo en tu periódico sobre la situación actual del país.

Sería una crónica sobre el efecto en la metrópoli

por la pérdida de las colonias.

Entonces, más que de los efectos acabarás hablando de los defectos.

(RÍE) ¡Políticos!

En este país el mérito no se premia.

Se premia el robar y ser un sinvergüenza.

Y según dicen, el peor de todos, su actual presidente

don Francisco Silvela. ¡Maldita sea!

¿Qué pasa? Me he perdido, Rubén.

Con tanta indignación, no sé dónde estamos.

Preguntemos a esa muchacha.

Buenas tardes, señorita. Buenas tardes las de Dios.

¿Podría usted indicarnos dónde está la Puerta del Rey?

Sí, claro, hombre.

No tiene pérdida.

Mire...

Van por ahí, giran a la derecha,

siguen todo recto y llegarán a buen puerto.

Veníamos de ahí.

Y por cierto...

Ese Silvela del que hablan es un buen hombre.

Ha dado casa y trabajo a mi padre.

Pues le pido disculpas si le he ofendido.

Ofende quien puede, no quien quiere.

Y ahora, si me disculpan, tengo mucha faena.

Tiene usted que perdonar a mi amigo, es extranjero.

Y poeta. (RÍE) ¿Eso es un trabajo?

Y más duro de lo que parece.

Trabajo duro es el que hace mi padre que trabaja de sol a sol.

Si fuese tan duro,

no estarían ustedes por aquí, paseando.

Además, yo no acostumbro a hablar con desconocidos.

Tiene usted razón.

Somos unos maleducados, no nos hemos presentado.

Mi nombre es Ramón del Valle-Inclán, también escritor.

Y mi amigo es... Rubén Darío.

Para servirla en lo que estime conveniente.

Paca.

Quiero decir, Francisca Sánchez, pero todos me llaman Paca.

Pues si no le parece una osadía, la llamaré Paca.

Osadía es que se quede con mi mano.

Si no le importa devolvérmela...

Claro, disculpe.

Señorita. Caballeros.

(Música romántica)

Ahí está tu amigo Manolito Bueno.

Nunca he visto un apellido tan poco afortunado.

Gracias. Gracias.

Creí que no veníais. Emilia.

Eres como un rayo de luz en esta España convulsa.

¿Un rayo de luz?

Eso cuéntaselo a mis amigos de la Real Academia.

Algún día valorarán tu inmenso talento

y también mis "Prosas profanas". Algún día.

Bueno, el título tampoco ayudó mucho.

Lo profano no es del agrado de las mentes biempensantes.

-No seas monaguillo, Manolito Biempensante.

Si supieras algo de poesía, los llamarías arcaicos y meapilas.

Además de incapaces de respetar el trabajo de una mujer.

Nos quieren calladitas y sumisas.

Pues con la Pardo-Bazán van aviados. (RÍE)

Eres como la protagonista de tu última obra,

"El saludo de las brujas".

¿Como Rosario? Sí.

Mira, ahí el fallo no fue el título sino el tema.

¿Qué tema, Manolito?

Hablar de las relaciones entre una casada y un imberbe

es mal asunto para una mujer. ¿Y para un hombre no?

Mira, ahí está Pío Baroja.

Acompañado por el imbécil de Unamuno.

¿Seguís enemistados por lo que dijo de ti?

En absoluto, vamos.

Me tengo que ir a Bilbao a dar una conferencia.

Imagino que volveré dentro de dos o...

Señores.

Buenas tardes tenga usted, don Pío. Pío.

Buenas.

Es usted un escritor con mucha miga.

Se nota que trabaja en una panadería.

Y usted es un escritor de pluma.

Se nota...

...que es indio.

Señores, aquí no, por favor.

-Hagamos las cosas bien, salgamos fuera.

(RÍEN)

"Se nota que es indio", tiene gracia el panadero.

Sí, la verdad es que sí.

Una buena tertulia, la compañía de los mejores amigos,

y un buen brandy.

Solo me hace falta una cosa para mi completa felicidad.

A ver si adivino, ¿una mujer?

Muy perspicaz, Manolito. Siempre.

Hace días la he conocido.

-Para mí hace un siglo, pues no para de hablarme de ella.

¿Quién es la afortunada? Se llama Francisca. Bueno, Paca.

¿Paca? Paca, sí.

Trabaja en los Reales Jardines de la Casa de Campo

y creedme, es una mujer extraordinaria.

Pero si la has visto una vez, ¿cómo lo sabes?

Créeme, Emilia, es extraordinaria.

(RÍE) Ay, Rubén.

¿Una labriega? No puede ser.

A ver qué dices, que tienes la boca muy grande.

-Perdón... -Te sientas y te callas.

Disculpe, ¡Paca!

¿Quién permite que una ninfa como usted

vaya tan cargada?

¿Qué me ha llamado?

Ninfa.

Es un ser mitológico que vive en los bosques.

No le entiendo nada,

pero esto casi no pesa. Permítame, yo se lo llevo.

Estaba pensando estos días en usted y he decidido traerle un regalo.

Está acá, en el bolsillo de mi chaqueta.

Atrévase.

Un libro. Mi libro. Dedicado para usted.

He pensado en invitarla el viernes a tomar chocolate al Café Levante.

Si no tiene inconveniente.

Si mis quehaceres me lo permiten, lo tendré en cuenta.

Pero no le prometo nada.

A las cinco, la esperaré. ¡Que tenga un buen día!

¡Igualmente, Paca!

(Música animada)

¡Rosita!

¡Rosita! Hola, Paca.

Hola. ¿Cómo estás?

Bien. ¿Te puedo pedir un favor? Claro.

Tú sabes leer, ¿verdad? Sí.

No muy bien, pero si las letras son de molde...

De molde.

"Quiero beber el amor solo en tu boca bermeja".

Me hace gracia "bermeja", ¿qué significará?

Y yo qué sé.

"Quiero beber el amor solo en tu boca bermeja"...

"Oh, amada mía, en el dulce...".

¿En el dulce qué? Tiempo de la primavera.

Tiempo de la primavera. "Primaveral", primavera. Eso es.

"En el dulce tiempo de la primavera".

"Allí ondea y flota un santo perfume de amor.

Un pájaro vuela de un árbol a otro y...".

Pero bueno...

¿Adónde vas tú tan arregladita?

Es lo único que está limpio

y he quedado con Rosita para pasear por Las Vistillas.

(RÍE) A otro perro con ese hueso.

¿Duda de mí, madre?

Oye, nos e contesta así.

No sé qué te pasa últimamente.

Nada. ¿Nada? Pues quien nada no se ahoga.

Mira, te he parido y te conozco.

Y sé perfectamente que algo te pasa por esa cabeza tuya.

Así que o me lo dices,

o me parece que la Rosita se va a ir sola a Las Vistillas.

Pasa que estoy harta de no saber de letras.

No quiero trabajar como una burra y casarme con cualquiera.

Me gustaría saber leer y escribir.

¿Te avergüenzas de nosotros, hija? No, yo no he dicho eso, madre.

Mira...

Tu padre y yo no te hemos dado una educación

porque necesitábamos que nos ayudaras, pero...

Pero seguro que te casas enseguida. Además, el Jacinto...

¡Y dale con Jacinto! ¿No se entera que no me caso con él?

Perdona, madre.

Lo siento, de verdad. No merece que yo le hable así.

Pierde cuidado, hija.

Venga.

Vete, te estará esperando la Rosita.

Venga, va.

Y llévate a tu hermana, anda.

Por el qué dirán, mujer.

La poesía me permite ver más allá de los colores.

Degustarlos, escucharlos...

Así, por ejemplo, del azul, que es el color del mar y el cielo,

lo es también del arte y el ensueño. Por su libro se titula "Azul".

Así es. ¿Lo leyó? Sí.

Pero Paca...

Lo llevo conmigo para mis ratos libres,

así me distraigo.

¿Hubo algún poema que le gustara en especial?

Muchos. Todos.

Pero "Primaveral" es el que más me ha gustado.

Pues me haría muy feliz oírlo de su boca.

¿Ahora? Claro. Anímese.

"Mes de rosas.

Van mis... rimas...

...en ronda a la vasta selva...

...a recoger miel y aromas en las flores entreabiertas.

Amada, ven". ¿Puedo comprarme un barquillo?

Claro.

Toma.

Gracias.

¿Sigo?

"Las encinas encarnan sus ramas como para que pase una princesa".

No, "una reina".

"Oh, amada mía, es el dulce tiempo de la primavera".

Fin.

Mis versos suenan aún mejor en su boca.

No, qué va.

Aunque falta alguna estrofa. ¿Que falta qué?

Le agradezco el esfuerzo que ha hecho

de aprenderse mis versos. No sé de qué me habla.

Si quiere, puedo enseñarla a leer. No necesito que me enseñen.

Tuve una maestra. A todos...

Que no, de verdad, se equivoca conmigo.

Buenas tardes.

María.

(Música romántica)

"¿Estás despierta?". "No".

¿Puedo hacerte una pregunta?

No.

¿No quieres que diga nada a los padres

porque ese Rubén es tu novio?

¡Oye, venga! ¡A dormir ya! ¡Vamos!

Pero... solo una cosa más. ¿Qué?

¿Te parece guapo?

Sí, me parece muy guapo.

(SUSPIRA)

María. ¿Qué?

Tienes que aprender a leer y a escribir.

(Música romántica)

Cuando usted quiera.

-¡Juana!

Qué buen mozo el que ronda a tu hija.

Es extranjero, ¿verdad?

-Sí, bueno... -Cómo me alegro, hija.

(Continúa la música)

Bueno...

(SUSPIRA)

"Na".

"Una...

...vez...

...sen...".

"Una vez sentí el ansia de una sed infinita.

Dije al hada amorosa: 'Quiero en el alma mía

tener la inspiración honda, profunda, inmensa.

Luz, calor, aroma, vida'.

Ella me dijo: 'Ven', con el acento con que hablaría un harpa.

En ella había un divino idioma de esperanza".

Qué bonito.

Eres capaz de distinguir la belleza.

En los libros hay cosas hermosas, bellas.

Quiero leerlas todas. (RÍE) Paso a paso.

Primero has de aprender a leer y entender qué lees.

Sí, tienes razón. He de aprovechar el tiempo perdido.

Yo te ayudaré, pero has de ser constante.

Como hasta ahora.

(RÍE)

¡No sale! Es tinta de escribir.

(RÍE)

¿Estás con otra mujer?

No quiero ser el segundo plato de nadie.

Mi madre siempre dice que una mujer decente

no debería salir con un artista.

Es cierto, he conocido a otras mujeres.

No te voy a mentir.

Me importaría más que me mintieras a que estuvieras con otra mujer.

Pero es que yo solo tengo ojos para ti, Paca.

Debes creerme.

(Trueno)

(Música romántica)

(RÍE)

"Alma mía.

Perdura en tu idea divina.

Todo está bajo el signo de un destino supremo".

"Por el camino que hacia la esfinge te encamina.

Corta la flor al paso".

"Deja la dura espina.

En el río de oro, lleva a compás el remo".

(Continúa la música)

Nunca he estado con un hombre.

(SUSPIRA)

Esto hay que arreglarlo como Dios manda.

¿Te creías que tu madre se chupa el dedo? Pues no.

Ya sabía yo que te veías con un hombre.

¡Qué vergüenza!

Lo único que quería ese indio era robarte la honra.

¿Un poeta?

No será decente si no se gana el pan con el sudor y sus manos.

No renunciaré a esto. Da igual lo que digan usted o padre.

A padre ni mentarlo, ¿me oyes? ¡Ni mentarlo!

Ya me encargaré yo de manejar con él.

Usted no lo entiende. ¿Que no lo entiendo?

Claro que lo entiendo.

Entiendo que todos los hombres buscan lo mismo.

Venga, vamos.

Ahora sé el origen de la belleza de su hija, doña Juana.

El jabón solo para lavar la ropa.

Decía mi madre, que en gloria esté.

Mis intenciones son honestas, señora.

Ángela María...

Al fin un poco de sensatez.

Entonces, hablaré con el padre Dimas para que lo prepare todo rápidamente.

Espero que la ermita de nuestro pueblo

esté a su altura, señor mío.

Verá, es que...

Lamentablemente, no es tan sencillo.

¡Acabáramos!

Ya consiguió lo que buscaba, y ahora,

si te he visto no me acuerdo. No, no es eso.

Es que nosotros no nos podemos casar.

Porque yo ya lo estoy.

Nada bueno se podía esperar de un mestizo.

No volverá a ver a mi Paca en su vida.

Vamos, hija.

Paca, te lo puedo explicar. ¡Vamos!

Todo tiene explicación. Poeta...

Paca, te lo puedo explicar.

(Portazo)

(Música dramática)

-Valiente hijo de siete padres el tal Darío.

La niña se ha dejado engatusar, y tú tenías que haber estado atenta.

¡A mí no me eches la culpa de nada!

Np me eches la culpa, bastante disgusto llevo yo ya.

(LLORA)

Paca.

Déjame. Paca, lo siento.

Me vas a buscar un problema, Rubén.

Ya has conseguido lo que querías de mí.

No es cierto, me duele que digas eso.

Y a mí tus mentiras. Estamos igual.

No es cierto que haya más mujer que tú.

Mi esposa pertenece al pasado.

Paca, por favor, escúchame.

Es que todo tiene una explicación.

Tú dirás.

Mira, yo enviudé hace años en Nicaragua.

¿Cuántas veces has estado casado?

Dos.

Mi primera esposa murió de una enfermedad.

Y tiempo más tarde, una mujer llamada Rosario

se aprovechó de mi debilidad y cometí el error de casarme.

¿Y dónde está ella ahora? Pues en Nicaragua.

Pero créeme que nunca la quise.

Solo quería mi fama y mi apellido.

Hace más de 5 años que no sé nada de ella.

Pero sigues casado con ella. Son solo papeles, Paca.

Yo te quiero a ti.

¿Y ahora por qué te voy a creer? Debiste contarme la verdad.

Claro que sí, pero temí perderte, Paca.

Vente a vivir conmigo.

Podemos vivir como marido y mujer.

¿Cómo vamos a vivir como marido y mujer?

¿Sabes lo que dirá la gente? ¿Qué nos importa lo que digan?

Claro, para ti es muy fácil decirlo.

Yo quiero que estemos juntos.

He solicitado una nulidad matrimonial,

y si tú quieres, nos casaremos.

Yo te quiero cuidar.

(Música dramática)

Al menos podrías llamar a la puerta.

Es una crónica desde Madrid.

De tu amado esposo.

Ya sabía que estaba en España.

Entonces sabrás que los mejores literatos intelectuales le idolatran.

Tu querido Rubén estará haciendo un buen dinero desde que te abandonó.

A mí nadie me abandona.

Volverá. Sí...

Pues como no le ponga yo una pistola en la cabeza,

como hice la primera noche que mancilló...

...tu honra.

No recuerdo que fuera así como sucedieron las cosas.

¿Ah, no?

¿Y al sacerdote que levanté de madrugada

antes de que el novio se arrepintiera?

Tienes razón.

Que mi marido esté en España mientras yo estoy aquí

es inadmisible.

No es bueno para nuestro apellido.

Ni para tus ansias de poder.

¿Qué vamos a hacer?

Rubén es mi marido.

Y me voy a encargar de que nunca se le olvide.

Pásame la bata.

(Música dramática)

Madre, me marcho.

Si cruzas esa puerta, has muerto para tu madre.

¿Qué esperabas?

¿Que tu padre y yo comulgáramos con ruedas de molino?

Tu sitio no está con ese hombre.

Me gustaría mucho que me entendiera, madre.

Si entenderlo lo entiendo.

Te has comportado como una fulana. No, no diga eso.

Yo no soy ninguna fulana.

Dios sabe que... No.

No pongas a Dios en tu boca.

Todo el mundo hablará de nosotros. Nos vas a buscar la ruina.

¿No te ibas?

(GOLPEA) ¡Pues aire!

(Música dramática)

(Puerta se cierra)

¡Paca!

No te vayas... (LLORA)

No pasa nada. No llores.

No pasa nada, María. Está todo bien. ¡María!

Entra en casa.

Corre, ve. Si está todo bien.

No te vayas... Cuida de padre y madre.

(Continúa la música)

(RESPIRA AGITADAMENTE)

¿Y tu familia qué ha dicho?

Mi familia no me habla.

¿La echas de menos?

Sí. Claro.

Has sido muy valiente. No era una decisión fácil.

No le voy a mentir, Emilia. A veces...

...me da mucho miedo haberme equivocado.

Pero soy muy feliz. (RÍE)

Estoy aprendiendo a leer y a escribir.

Eso está muy bien.

Pero este mundo tampoco es fácil.

Aquí solo hay dos cosas más envidiadas que la inteligencia.

La bondad y la belleza. Y tú lo tienes todo.

Mira, Paca, yo he escrito algunas novelas, artículos,

y no sé cuántas cosas más.

Pero te aseguro que no soy ni la mitad de valiente que tú.

Rubén es un hombre muy afortunado.

Es usted muy amable, Emilia.

No me trates de usted, Paca, por favor.

Podría ser tu madre y pinto canas, pero no tantas.

(RÍE) Eres muy amable, Emilia. Eso sí.

(RÍE)

Bueno, Emilia...

¿Qué te parece mi ninfa?

Tenías razón, Rubén.

Es una mujer maravillosa.

No dejes que nadie te diga lo que tienes que hacer.

Sigue tu instinto y tu corazón.

Nadie.

Yo andaba de los nervios antes de este encuentro.

(RÍE) Normal.

Bueno, Valle, cuéntanos.

¿Cómo van los ensayos de tu obra?

Salvo que tengo que tratar con actores

y todos sabemos lo que eso conlleva, no me puedo quejar.

Bueno, pues excelentes noticias.

No, maestro, es que no me puedo quejar.

O ellos se rebelarán.

(RÍEN) Ahora en serio, amigos.

Os quiero agradecer el apoyo en la preparación de "Cenizas".

Especialmente a Rubén y a Emilia.

Sin vuestra ayuda económica no habría sido posible.

-Sí, porque apoyo moral, el que necesite. Pero parné...

(RÍE) Nada.

El talento merece mecenazgo, amigo.

Brindemos por "Cenizas".

Por "Cenizas". Por "Cenizas".

Señora, señores...

Mi querida Paca y yo debemos marcharnos.

Bueno, pues nada...

Han sido muy amables conmigo. Lo que tú mereces.

Hasta muy pronto, Paca. -A más ver.

Hasta luego.

No les doy ni un mes.

No seas cazurro, Manolo.

Si están locos el uno por el otro, salta a la vista.

¿El príncipe de las letras con una analfabeta?

-Manolito, mejor es callarse

y que todo el mundo sospeche de tu poca sabiduría

que hablar y eliminar cualquier duda sobre ello.

(RÍE)

No me llame Manolito.

Rubén.

Rubén. ¿Sí?

Esta mañana en el colmado he intentado que me fiaran

y muy amablemente me han mandado con viento fresco.

Pues ve a otro.

Ya, pero yo creo... Paca, ¿no ves que intento trabajar?

No has tenido inconveniente en prestarle dinero a Valle

para esa obra de teatro.

Pero ¿tú qué sabrás?

¿Para qué crees que estoy intentando escribir este estúpido artículo

sobre la coronación de Campoamor?

¿Tú crees que es por gusto?

Es humillante, con lo que me pagan, con mi relevancia, con mi prestigio.

Así que si no te importa, déjame que escriba

para que termine esta crónica y puedas ir a tu maldito colmado.

Muy bien.

Paca.

Intenta que te fíen en otro.

(Música dramática)

-Francisca.

¿Qué haces?

Recordando.

Quisiera que entendieras que pronto...

...ni tú ni yo estaremos aquí.

Y todo lo que hay en ese baúl...

Lo entiendo.

Pero es que...

...hay cosas aquí que nunca te he contado,

y que solo nos pertenecen a Rubén y a mí.

Ya.

Te dejo sola. No, quédate.

Es que sois tan diferentes.

Tú tan tranquilo...

...pero tan seguro.

Y él...

...tan fuerte, pero a la vez tan sensible.

(VOZ EN OFF) "Padre... padre...".

¡Padre!

¿Rubén?

¿Estás bien?

Una pesadilla. Vuelve a dormir.

(SUSPIRA)

¿Qué te pasa?

Ya te lo he dicho, Paca. Una pesadilla, vuelve a la cama.

¿Y tienes que beber?

Solo es un vaso.

Mira, Rubén, yo creo que hoy ya has bebido bastante.

Déjame, Paca, tú no lo entenderías. ¿Por qué no lo entendería?

¿Tan ignorante me ves? No he dicho eso.

Y no quiero seguir con esta discusión.

Me marcho.

Te vas por ahí a beber con alguna de tus putas, ¿no?

No vuelvas a hablarme así. ¡Entonces dime qué te pasa!

¡Solo quiero ayudarte!

Cuando yo era pequeño, mi padre nos abandonó.

Y tengo la misma pesadilla desde hace tiempo.

Veo a mi padre.

Me dice que me odia, que se avergüenza de mí.

Y yo corro rápido, cada vez más, pero nunca le alcanzo.

Últimamente me miro en el espejo y le veo a él.

Basta ya, Rubén. Paca, pero ¿qué haces?

¡Escúchame!

No necesitas beber para aliviar tus penas ni escribir,

me tienes a mí. ¿Eh?

Me tienes a mí.

(Música dramática)

¿Me permites?

Querido Rubén, cuánto tiempo.

Un honor, don Álvaro. Muchas gracias por la invitación.

¿Y su amigo don Ramón, tarde? Discúlpele, estará al llegar.

Es un placer abrir nuestra casa al más ilustre escritor.

Espero que pronto nos honre con su amistad.

Seguro que así será. Deseo escuchar de sus labios

los mejores versos de sus "Prosas profanas".

Aurora, querida, no agobies a nuestro invitado.

Conde y condesa, les presento a Francisca.

Un placer. Encantada.

Tienen una casa muy bonita.

Encantada, querida.

Mucho... Y dígame, señor Darío,

¿cuál es su poema favorito?

Pues el mismo que usted, señora, no le quema duda.

Hola.

Veo que ya has conocido a los condes.

(ASIENTE) ¿Te das cuenta, querida?

En esta vida nos hacen pagar por todo.

A mí por tener más talento que la mayoría de los varones,

y a ti por decidir libremente que amas a un hombre

y no hacer caso a los biempensantes hipócritas,

que saltarían sobre ti si pudieran.

Vamos.

-Doña Emilia, en sus últimos escritos,

da una visión muy cruda de las condiciones en que han vivido

nuestros compatriotas en los últimos acontecimientos

y su pesar por lo ocurrido.

He de reconocer que me duele en mi patriotismo

el hecho de haber perdido las colonias,

pero si lo piensan bien,

ha sido un desenlace muy lógico.

Porque por parte de todos los Gobiernos

y todos los partidos políticos,

Filipinas ha llegado a considerarse una especie de...

...remediavagos peninsulares.

No la entiendo, doña Emilia.

-Lo que quiere decir, condesa,

es que los administradores que acudían a las islas

eran todos unos ineptos, unos inútiles y unos corruptos.

El siglo XIX será recordado

como la época de mayor infamia de este país.

No todo es decadencia, Valle.

Mira si no ese arquitecto catalán.

¿Gaudí? Gaudí.

Sí, es un arquitecto que va en contra las normas establecidas.

Eso es un verdadero artista.

No sé si me gusta lo que hace, es demasiado...

-¿Moderno? -Modernista.

Y no lo dude, será uno de los grandes.

Estoy seguro de ello.

¿Qué le parece, señor Darío, el modernismo?

Pues...

Los nuevos poetas americanos

hemos tenido que independizarnos mentalmente de España.

-Y muy bien que han hecho.

El modernismo es un arte nuevo, universal y cosmopolita.

-La poesía española tiene las piernas anquilosadas

por su excesiva rigidez y solemnidad.

-¿Eso cree, don Ramón? -Sí lo creo.

Entonces, usted creerá que escritores tan ilustres

como don Miguel de Unamuno son solemnes.

Unamuno, más que solemne, es imbécil.

Ramón, por favor.

(RÍEN)

¿Y quién le gusta a usted, don Ramón?

Pues, además de los que están en la mesa,

José Martí, por ejemplo.

-¿José Martí? No he oído hablar de él.

¿Y usted, querida?

Es un escritor muy brillante, condesa.

Y fundador del Partido Cubano Revolucionario.

-Cuba... Por Dios.

Cuba lo único que nos ha traído son desgracias y humillaciones.

Perdón.

A mí me pasaría lo mismo.

Está todo tan exquisito

que no puedes ni esperar a que te sirvan.

(RÍE) Muy bueno, condesa.

Y dígame, Paca...

El nombre es tan divertido que no me canso de repetirlo.

(RÍE)

Paca... (RÍE)

¿Qué opina de la pérdida de las colonias?

(Campana reloj)

Lo único que sé es que si un gran imperio

permite que su pueblo pase hambre...

...mejor no serlo.

Mejor no serlo. Brindo por ello.

Mejor no serlo. Bien dicho.

Salud. Salud.

(Música dramática)

¿Tú has visto cómo me miraba? Pero olvídalo, Paca.

Seguramente, no la vas a volver a ver nunca más.

Para ellos siempre seré una campesina

que vive amancebada con un hombre casado.

Eres mi mujer.

La condesa es una estúpida, deja de preocuparte.

¿Cómo no me voy a preocupar?

Estoy embarazada y no podré bautizar a mi hijo.

¿Qué?

Que vamos a tener un hijo.

Y quiero bautizarlo.

Pero ¿es cierto eso que dices?

¿Qué pasa?

¿En qué piensas? ¿No te alegras?

Claro que me alegro.

(Música romántica)

(SUSPIRA)

-Hola, buenos días. -Buenos días.

¡Pa...!

Madre.

Estoy embarazada.

¡Paca!

¡Paca! ¿Qué pasa?

¿Qué haces de pie? ¿No deberías estar sentada?

Estoy embarazada, no enferma.

Además, me viene bien andar mientras leo.

Pues practica con esta carta.

¿Y mi beso?

A ver...

Pero lee en alto.

"Por lo que tendrá que incorporarse a su puesto en París...

...en el menor plazo posible".

Estás ante el nuevo corresponsal de La Nación

para cubrir la inminente Exposición Universal.

¿Te destinan a París? Sí.

¿Cuánto tiempo?

Pues no lo especifica. Un año, tal vez más.

¿Un año? Se acabaron nuestros problemas.

Ganaré mucho más dinero.

Pero deberemos abandonar Madrid enseguida.

Ya. Te va a encantar París.

Es una ciudad viva, alegre, próspera.

No como Madrid. (RÍE)

Pero Rubén, que estoy embarazada.

¿No te das cuenta que no puedo viajar así?

Tienes razón. No sé en qué estaría pensando.

Ahora mismo escribo para decirles que rechazo su ofrecimiento.

Lo importante sois vosotros. No, espera.

Tú te vas a París. Necesitamos el dinero.

Y después de dar a luz, pues...

...nos reuniremos contigo allí.

Y yo os escribiré todos los días.

Más te vale. (RÍE)

¡Que no, don Ramón! ¡Que no!

Buenas, señores. ¡Eso querría yo! ¡Que fueran buenas!

Señores. Cómo está el ambiente.

Buenas. Hola.

Pero...

no va a ser sencillo tener un hijo siendo una madre soltera.

Pero es que no está soltera, Emilia.

Un café solo, por favor. Y un brandy, por favor.

Tú me entiendes.

No hay nada peor que una mujer tenga un hijo

sin pasar por el altar.

Porque esta sociedad está hecha por y para los hombres.

Y tú lo sabes. Tarde o temprano nos casaremos.

Paca es una mujer fuerte y constante.

Bueno, deberías ver los progresos que hace con la escritura.

Estoy muy orgulloso de ella.

Pues espero que no se dedique a la literatura,

porque incluso en las letras se discrimina a las mujeres.

-¡Eso no hay cráneo que lo sostenga!

Y nos tratan como madres solteras.

Ay, Emilia... No creo que sea para tanto.

¿No?

Me han rechazado para entrar en la Real Academia.

(SUSPIRA)

Lo siento, yo no... No, no lo sientas.

Así es esta sociedad.

Sé que no soy la primera en intentarlo,

pero te aseguro que volveré a postularme.

Claro. -¡Escúchame, copón!

¡Un segundo, por favor!

Quizá algún día no pase nada por que una mujer sea madre soltera

o miembro de la Real Academia.

O las dos cosas.

Todo lo que usted dice carece de validez.

¡Es usted un majadero! ¡Pero cómo se atreve!

¡Elija! ¡Pistola o sable!

-¡Mamarracho! -¿Mamarracho yo?

-Mantengan la calma, por favor. -Por favor, caballeros.

¡Rubén!

Manolito, siempre en las mismas.

¿Que le han amputado el brazo?

Al darle con el bastón, se le clavó en el gemelo

y, al parecer, la herida se infectó.

Y cuando despertó tenía el brazo engangrenado.

Pero ¿quién fue el causante? Manolito Bueno, ¿quién si no?

¡No! Todo el día así, y al final pasó.

Qué barbaridad.

¿Y cómo está? Bien.

Dice que es el nuevo Cervantes. (RÍE)

Gracias.

Pues aquí es.

Llegó la hora, mi amor.

-¡Pasajeros al tren!

(Campana)

Cuidado con las francesas.

Me han dicho que son muy guapas.

En cada una de ellas te veré a ti.

No, ni las mires.

Eres mío y no te pienso compartir con nadie.

(RÍE) Pronto estaremos juntos los tres.

Te voy a echar mucho de menos. Y yo a ti.

(Música romántica)

(Puerta)

-¡Paca!

Carta de Rubén. ¡Por fin!

Mujer, que tu marido está en la Francia, no en Lavapiés.

Ay, ay, ay.

Pero ¿qué te crees? ¿Que vas a leerla para ti sola?

En voz alta y clara.

"Mi muy querida Paca.

Mucha falta me haces desde que nos despedimos en la estación.

Y qué bálsamo supone recibir tus pensamientos hechos palabra.

Espero que la cantidad de dinero sea suficiente.

París te espera".

María...

Ve a buscar ayuda. ¿Qué?

¿Qué pasa?

Pues que he roto aguas.

¡Ayuda! ¡Mi hermana se ha puesto de parto!

¡María!

Corre, ve a buscar a la partera.

¡Corre, ve!

(Música dramática)

(SE QUEJA)

Estarán al llegar, Paca. Ya verás. No puedo esperar más, de verdad.

(SE QUEJA) Por favor, que lleguen ya.

Yo no he estado nunca en un parto.

(Puerta)

¡Ya están aquí!

-Agua caliente y paños limpios.

Hija mía.

¡Madre! Cariño.

No voy a dejar que mi nieto venga al mundo

sin ayuda de su abuela.

(SE QUEJA) Gracias, madre.

Prepárate a empujar.

¡Vamos, que es para hoy!

Tranquila, todo va a ir bien.

(SE QUEJA)

¡Los paños!

Ya le veo la cabeza. (GIME)

¡Empuja con todas tus fuerzas cuando yo te lo diga!

Ya le veo la cabeza. (SE QUEJA)

¡Empuja!

(GRITA)

(RÍEN)

Qué alegría que estén aquí conmigo celebrando.

"Garçon, une autre bouteille, s'il vous plait".

-Enhorabuena, maestro. Muchas gracias.

¿Es hembra o varón? Carmencita.

Una niña recia como un roble y linda como una estrella.

¿Y cuándo viaja a Madrid? Complicado, Manuel.

Las crónicas sobre la Exposición Universal

me retienen en la ciudad. Pero tendrá que conocer a su hija.

Pronto vendrán a París. Vaya.

Habrá que buscar otro sitio para reunirnos, Antonio.

De eso nada. En casa de don Rubén Darío

siempre habrá un buen chiscón para los hermanos Machado.

-Sí, eso consúlteselo a Paca. (RÍEN)

"Avec moi, mes amis". (BRINDAN)

El tiempo que no estaba con él se me hacía eterno.

Siempre estaba atareado con su trabajo, viajando.

Siendo el centro de todas las atenciones.

Todo el mundo le adulaba y quería estar con él.

Y eso tampoco le hizo bien.

¿No vino a conocer a su hija? No pudo.

Viajaba por toda Europa enviando las crónicas al periódico.

Crie sola a mi hija.

Bueno...

Con la ayuda de mi madre y hermana.

-Bueno, ¿entonces qué? ¿Nanay de bodorrio?

Tenemos que esperar la anulación de su anterior matrimonio.

Pues mal vamos.

Ya sabes, las cosas de palacio...

A este paso, caso yo antes. ¡Pero bueno!

Eso sí, chitón a madre. Descuida.

Punto en boca.

Entonces, ¿haces tú mi trabajo ahora?

Sí, pero te he hecho caso, estoy aprendiendo a leer.

Qué bien, María.

¿Es ese padre?

-Por fin os encuentro, hijas mías.

(RESPIRA AGITADO) ¿Pasa algo?

(Música dramática)

-Lo siento en el alma.

-Si la cría no ha salido de casa.

-Hay en Madrid varios focos de la epidemia.

Últimamente no doy abasto.

No, doctor, por favor.

No permita que le pase nada a mi niña.

¿Qué podemos hacer?

La viruela es una muy grave para una niña tan pequeña.

Lo único que pueden hacer es rezar.

(LLORAN)

Madre... Hija mía.

No puede ser... Mi hija...

(Música dramática)

(LLORA) Mi niña...

(LLORA)

Te conviene salir a pasear.

Ya verás como el aire te sentará bien.

(Campanas de fondo)

Menos mal que puedo contar contigo. Claro que sí.

Puedes contar conmigo, con tu familia, con tus amigos...

Pero creo que deberías reunirte con Rubén.

Ya sabes cómo es, Paca.

Y ahora os necesitáis más que nunca.

Ojalá pudiera...

...consolarte de algún modo. Tu consuelo es mucho.

Eres fuerte, Paca. Y valiente. Te lo he dicho muchas veces.

Pero hay algo...

...que admiro profundamente de ti.

¿El qué?

Tu libertad.

Eres libre, Paca.

(RÍE)

Aunque tú no lo sepas,

eres una de las mujeres más libres que he conocido.

(LLORA)

Y aléjate de esta casa,

que solo te trae recuerdos y tristeza.

(Música dramática)

¡Paca!

(Continúa la música)

¿Cómo estás? Bien.

Bien...

Disculpa.

Te presento a Julio Sedano, él es mi secretario.

Señora. Encantada.

Es que me nombraron cónsul de Nicaragua en París.

Tendrás que aprender francés, aunque seguro que lo harás.

Bueno, lo intentaré.

Paca, lo siento.

Yo quise ir, pero...

Quería decírtelo cuando estuviésemos juntos.

Ahora tengo muchas obligaciones y debo irme.

(Puerta se cierra)

(Música dramática)

(Puerta)

Paca.

¿Qué tal el día? Bien.

Le he pedido a Sedano que le escriba a Rosario

para que firme la nulidad matrimonial.

No me gusta mucho Sedano.

Tuvimos diferencias políticas en el pasado,

pero ahora debe cumplir con su deber.

Oye, esto está muy bien.

Me preocupa la herencia.

¿Qué va a pasar si decidimos tener otro hijo?

(Puerta mueble)

¿Qué pasará con vosotros si a mí me sucede algo?

(Sonido botellas)

¿Dónde están?

¿Tú qué crees?

Lo has tirado todo. ¡Todo!

No tenías ningún derecho a hacerlo. ¿Cómo que no?

No, no tenías ninguno, Paca. Lo necesito para escribir.

El tiempo que he estado solo... ¡Rubén! Que nos conocemos.

Sé perfectamente la vida que has llevado en París.

A quién habrás metido en esta casa mientras yo cuidaba a nuestra hija.

Eres injusta. ¿Injusta?

¿Tú te crees que yo soy boba?

¿Que no sé la de juergas que te habrás corrido

mientras yo cuidaba a nuestra hija? Tengo que escribir. Necesito beber.

Sé muy bien cómo eres cuando no estás conmigo.

Y aguanto porque te quiero.

Pero no pienses ni por un momento

que voy a consentir que el alcohol acabe con nosotros.

No sabes el dolor que pasé con la muerte de Carmen.

¿Que no sé del dolor?

Que no sé del dolor...

La parí.

La tuve en mis brazos.

La di de mamar.

Y tuve que ver...

...cómo la enterraban.

¿Que no sé del dolor?

¿Dices que necesitas beber para escribir?

Pues mira...

Yo te necesito a ti para vivir.

Tendrás que elegir.

Si quieres matarte bebiendo...

...igual que he venido, me voy.

Pero ¿quién se ha creído que es para humillarme de esta manera?

El que quiere dejar de ser tu marido.

Ni siquiera tiene la gallardía de ponerse en contacto conmigo.

Lo ha hecho todo a través del secretario ese.

El tal Sedano. ¿Sedano?

¿Julio Sedano?

Ese mismo, sí.

¿Secretario de Rubén Darío?

¿Tú conoces a ese hombre?

Es un viejo amigo, estudiamos juntos varios años.

Odia a las personas como Rubén, políticamente está muy alejado de él.

Pues entonces tengo que conocerlo.

Bien, intentaré ponerme en contacto con él.

Aunque es una persona, ¿cómo diría?

Interesada.

Mejor.

Hay que hacer algo, Andrés.

Sé por boca de Zelaya

que Rubén lleva tiempo moviendo hilos

para promover la ley del divorcio aquí en Nicaragua.

Complicado. Mira, es un tema espinoso.

Además, no creo que la Iglesia acceda.

Todo eso para casarse con una campesina.

Con una analfabeta.

Te juro una cosa, hermano.

O Rubén vuelve conmigo, o voy a acabar con él.

Pues espero que no lo hagas a través de tu santería, hermanita.

¿Y cómo crees que un memo como tú llegó tan lejos en la política?

¿Por tus méritos?

¿O por mis conjuros?

(Música alegre)

Venga, ¿otra? (ASIENTE)

Los árboles tienen ramas.

Eh... "Les arbres...".

"Les arbres ont...".

¿"Branches"? (ASIENTE)

Has aprendido francés muy rápido. (RÍE)

(HABLA FRANCÉS)

Estoy convencido de que aprenderás cualquier cosa que te propongas.

Mira, por ahí viene Sedano.

Don Rubén. Señora.

¿Traemos noticias nuevas?

Ha sido contundente con su respuesta.

Y no va a facilitar la nulidad de su matrimonio.

Lo siento.

¿Qué más podemos hacer?

Creo que no debemos hacernos muchas más ilusiones, Rubén.

Bueno, pues mañana será otro día. Y no uno cualquiera.

Mañana estará lo más importante de las letras hispanoamericanas

disfrutando de sus versos, don Rubén.

Vienen Valle y Emilia, tengo tantas ganas de verles.

Y aún tengo que escribir los versos que prometí.

¿"On y va"?

Por favor.

(Música dramática)

Soy un fraude.

Y mañana todos lo sabrán.

Me prometiste que no beberías más.

¿Y qué importa un poco más o menos de alcohol?

No, Rubén.

Me prometiste que no beberías más.

¿Es que no me escuchas?

No puedo escribir.

No se me ocurre nada.

Mañana no iré.

No tienes nada que demostrar.

Solo tienes que confiar en ti.

Pero es que no puedo.

No se me ocurre nada.

Ayúdame, Paca.

¿Y qué hago?

Es que yo ya no sé cómo ayudarte, no sé...

¿Qué hago?

Paca, desnúdate.

Desnúdate.

¿Y qué más quiere que haga?

Baila.

(Música sensual)

"Dichoso el árbol que es apenas sensitivo.

Y más la piedra dura porque esa ya no siente.

Pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo

y mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser y no saber nada.

Y ser sin rumbo cierto

y el temor de haber sido, y un futuro terror.

Y el espanto seguro de estar mañana muerto.

Y sufrir por la vida y por la sombra

y por lo que no conocemos y apenas sospechamos.

Y la carne que tienta con sus frescos racimos

y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos.

Y no saber a dónde vamos ni de dónde venimos".

(Aplausos y vítores)

¡Bravo!

¿Chicha? Así es, mi querida Rosario.

Traído directamente desde Managua a París

en valija diplomática.

Son las ventajas de ser embajador.

Y cuénteme, ¿cómo van las cosas por Managua?

Sabe que no soy una experta en temas políticos.

No sea modesta, usted sabe mucho más de lo que parece.

Los males de siempre siguen asolando la nación.

Todo por culpa del incompetente de Santos Zelaya.

Comparto su ideal al respecto.

Hablando de cosas que compartimos, señor embajador.

Quiero hablarle de mi esposo.

Ha llegado a mis oídos que tampoco es santo de su devoción.

En el pasado tuvimos algunas diferencias.

Irreconciliables.

Por eso estoy en París.

Aunque todavía no puedo hablarle del tema que me ocupa.

(Llaman a la puerta)

Justo a tiempo. Permiso.

Sedano.

Señora.

-Señor embajador, ¿cómo está? -Muy bien, Sedano.

Me alegro.

Bueno, Rosario, ¿qué quiere usted de nosotros?

Según me ha informado el señor Sedano,

mi esposo tiene la intención de rehacer su testamento.

Quiere dejarle todo su patrimonio y su obra a esa española.

Y la señora está embarazada de nuevo.

Ya suficiente tenemos con las ideas liberales de don Darío.

Pero que su fortuna se quede en el extranjero...

Señores, estaremos de acuerdo en que es algo

que Nicaragua no se puede permitir.

(Música dramática)

Rosario.

¿Té? No, gracias.

Qué grata sorpresa, esposo.

Hacía diez años que no nos veíamos. Seamos breves.

Veo que además de tu juventud, perdiste los buenos modales.

¿Qué quieres?

Siempre tan brillante para algunas cosas,

y tan ignorante para otras.

Está muy claro lo que yo quiero, Rubén.

Has embargado mis cuentas.

Me dejaste sin plata.

Yo simplemente he hecho valer mis derechos como legítima esposa.

Me debías el pago de la pensión desde hace mucho tiempo.

Si tenemos que vivir debajo de un puente, lo haremos.

Pues vete a vivir debajo de un puente, Rubén.

Porque te lo voy a quitar todo.

Tú y tu putita española se van a quedar sin nada.

Pero ¿qué te hizo ella? Me quitó a mi esposo.

¿Te parece poco?

¿Qué es una mujer sin su hombre? Pero yo no soy ni seré tuyo.

Déjanos en paz, Rosario.

Felicidades por el nuevo embarazo.

Espero de todo corazón que no les pase lo mismo

que con su primera hijita.

(Música dramática)

Serás la propietaria de todos mis bienes.

Así Rosario no podrá embargárnoslos.

Es la primera vez que me alegro de que no estemos casados.

Además, este viaje por Europa nos permitirá tener algo

para los tiempos que se avecinan.

Es la única manera de afrontar que Rosario nos dejara sin plata.

Yo ya entiendo por qué te tienes que marchar.

Lo que pasa es que...

...no quiero.

(Llaman a la puerta)

Ya voy yo.

Disculpe la molestia, don Darío. Vengo de la notaría.

Los papeles de la cesión a coña Paca de las propiedades están listos.

Excelentes noticias. Así viajaré mucho más tranquilo.

No se preocupe, estoy seguro de que regresará antes del parto.

Ojalá, Julio.

No quisiera perderme el nacimiento de mi hijo.

Señora.

Julio, asegúrese de que no le falte nada a mi mujer.

Sí, señor. Señora, permiso.

Yo le acompaño. Gracias.

(SUSPIRA)

(Música siniestra)

Espíritu de la noche, espíritu del mal.

Yo te invoco, te imploro, te necesito.

Para que la semilla de mi esposo siga siendo yerma.

Yo, Rosario Murillo, maldigo a la dueña de este pañuelo.

Porque me quisiste quitar lo que es mío...

...yo me voy a quedar con tu hijo y con tu marido.

Porque mi felicidad es tu sufrimiento.

Porque mi felicidad es tu sufrimiento.

Porque mi felicidad es tu sufrimiento.

(GRITA)

(HABLAN EN FRANCÉS)

(GRITA)

(HABLAN FRANCÉS)

Maestro, ¿cómo está? Antonio, qué bueno que estés aquí.

¿Cómo está Paca y el niño? ¿Bien?

Paca perdió mucha sangre en el parto, pero ambos están bien.

Si les pasa algo, no me lo perdono. ¿Están bien cuidados?

Mi mujer cuida del niño como si fuera de su sangre.

Maestro...

¿Qué más pasa, Antonio?

Sedano contrató a una enfermera pero Paca cada vez estaba peor.

Yo llamé a un médico amigo y no tardó ni cinco minutos en echarla.

No entiendo, ¿qué quieres decir?

A Sedano le han visto varias veces con Rosario Murillo.

¿Hablaste con Sedano? Sí.

¿Y bien? Lo niega todo.

Si Rosario o Sedano tienen algo que ver...

No hay certeza, solo sospecha.

Ya.

Bueno, yo me tengo que ir. Dale las gracias a Leonor.

Claro.

En cuanto Paca se recupere venid a cenar.

Se lo agradezco, maestro. Eso es a ti, Antonio.

Bien está lo que bien acaba.

(Música dramática)

¿Es usted Rosario Murillo?

¿Quién lo pregunta?

Francisca Sánchez.

¿Puedo pasar?

Adelante.

Veo que te has recuperado pronto después del embarazo.

Sí.

Bueno, dime lo que tengas que decir.

Solo quiero que deje a mi marido en paz.

¿A tu marido?

Te recuerdo que solo hay una legítima esposa.

Puede seguir engañándose,

pero para Rubén solo hay una mujer en su vida.

Y esa soy yo.

No voy a permitir que una como tú me arrebate

lo único que me interesa de ese hombre.

Él ya tiene un hijo. Y lleva su apellido.

¿Un hijo?

Qué ilusa eres.

Yo también tuve un hijo de él.

Un niño precioso.

Se parecía mucho a Rubén.

Pero se murió pronto.

Como tu hija.

No te había dicho nada, ¿verdad?

Todo eso pertenece al pasado.

Él no quiere saber nada más de usted.

¡Vete de aquí! Y cuida bien de tu bastardo.

No te atrevas a hablar de mi hijo.

Rubén no va a tener descendencia si no es conmigo.

¿Qué dices? Que mi santería lo puede todo.

La semilla de Rubén está maldita y va a seguir así porque yo quiero.

¡Por eso tu hija murió!

¿Qué hace tu santería contra esto?

(Música dramática)

Nunca se pudo demostrar

si fueron ellos los que casi me matan.

Pero ¿por qué tanto odio?

¿Por qué ese intento de separarnos? Si nunca sería suyo.

¿Y lo consiguió?

¿Consiguió separaros? No.

Rosario nos unió más.

Pasaron unos años.

Nuestro hijo crecía.

Pasamos mucho tiempo separados por el trabajo de Rubén.

Pero nosotros seguíamos siendo muy felices.

Sé que se está cuidando,

pero durante años le insistí en que abandonara el alcohol.

Demasiados excesos.

Le advertí que a largo plazo sería muy perjudicial para su salud.

Cada uno tiene su naturaleza,

y yo he sido toda la vida un hombre de excesos.

El hecho es que a pesar de que aún no ha cumplido el medio siglo

tiene el cuerpo de un anciano.

Su hígado ha dicho que no aguanta más.

Déjese de rodeos, doctor. Sea claro.

Le quedan pocos meses de vida.

Un año tal vez.

La cirrosis avanza y no hay nada que pueda detenerla.

(Música dramática)

Yo le voy a pedir un favor, no le diga nada de esto a Paca.

Ella se dará cuenta tarde o temprano de lo que está pasando.

(Bullicio)

Está muy bonito.

Antonio.

Rubén, mira. ¿Has visto?

Paca, id entrando. ¿Por qué?

Emilia. Rubén.

Emilia.

¿Entramos, señores? Sí.

Hola, Rubén. ¿Cómo estás?

¿Cómo se atreve a venir después de lo que pasó?

Lo que pasó...

...es que si a su mujer no la hospitalizan tras el parto

no estaría aquí. Mire, Sedano.

No quiero remover el pasado

porque no quiero encontrar lo que creo que hay.

Vine aquí a hacerle una propuesta.

La ley del divorcio en Nicaragua está a punto de promulgarse.

Yo soy uno de los impulsores del proyecto.

Pues doble enhorabuena.

Rosario está dispuesta a firmar el divorcio.

¿De cuánta plata estamos hablando?

10 000 francos. 10 000 francos...

A cambio, la aceptación de la demanda de divorcio.

Cuando se produzca un acuerdo entre las dos partes...

...en Managua.

Cuídate.

Me voy a Nicaragua, no a la Guerra Mundial, Paca.

Prométeme que nos vamos a ver pronto.

En breve podréis viajar tú y Rubén a Nicaragua

y nos casaremos. Te lo prometo.

(Música romántica)

(Sirena tren)

Bueno...

(Sirena tren)

(Tren arranca)

Tenemos pendiente la firma de la cantidad económica

por parte de Rosario.

Cosa que se hará antes de la vista antes el juez.

Parece que la ley de divorcio ha levantado un gran revuelo, amigo.

¿La ley de divorcio? (RÍE)

La ley Darío, querrás decir.

Has sido el impulsor, amigo mío.

La nación se divide entre rubenistas y rosaristas.

Pues mañana todo habrá terminado y así ya no habrá más bandos.

Vas a estar guapísima.

¿Me terminas de abrochar? Sí, claro.

Lástima que no sea una boda de verdad.

¡María, te lo acabo de decir! Es una boda de verdad.

Es una boda civil. Pero estaréis casados, ¿no?

Claro, todo es exactamente igual.

Solo que en vez de casarte en una iglesia,

te casas en un juzgado.

¿Y por qué no os casáis en Madrid? Porque en España no se puede.

No hay divorcio, solo te puedes casar por la Iglesia.

¿Y por qué la Iglesia no deja?

Porque para la Iglesia, siguen estando casados.

Pues no lo entiendo.

Estás preciosa.

(RÍE)

La reforma del Código Civil establece que la separación de los esposos

durante cinco años sin verse ni mantener contacto alguno

es causa inmediata de divorcio.

-Mi cliente, don Félix Rubén García Sarmiento,

acredita que esa separación se hizo efectiva hace dos décadas.

Y que la última vez que coincidió con su esposa,

Rosario Murillo de Solórzano, fue en París, en el año 1904.

¿Corrobora ese dato, doña Rosario?

No, señoría.

Pero ¿cómo puedes negar que has tenido tratos conmigo?

¿No recuerdas los 10 000 francos

que me ofreciste en Madrid hace un mes?

Para que aceptara acabar con nuestra unión, señor juez.

Eso es falso, señoría.

Tengo un testigo que lo acredita.

No puede haber tal testigo, porque no hubo ese encuentro.

¿Y ese testigo puede corroborar su declaración, doña Rosario?

Así es, señor juez. Está afuera.

Haga pasar al testigo.

-¡Llame a un médico! ¡Ayuda!

Rubén.

¡Rubén!

Rosario y su hermano vinieron a verme.

Preguntaron sin ninguna vergüenza por tu testamento.

Quiero que redactes uno nuevo.

Necesito dejar eso bien atado.

(Música dramática)

He escrito esta carta, necesito que la envíes.

Porque yo no creo que pueda volver.

No...

No digas eso, querido amigo.

Pronto estarás de nuevo con Paca y tu hijo Rubén.

No los voy a volver a ver.

No tengo fuerzas ni para escribir.

Ayúdame, coge mi escribanía.

Me quedaré unos días más en Managua...

...para cerrar un contrato para un futuro libro.

No he conseguido el divorcio.

Pronto estaré en España con vosotros.

"Pronto volveré a España para estar con vosotros.

Hoy os quiero más que nunca.

Rubén".

No desesperes, Paca.

Si él supiera que a mí ya me da igual el divorcio.

Me da igual la boda, me da igual si estamos casados o no.

Solo quiero es que esté aquí, estar con él.

En poco tiempo estará de vuelta, ya verás.

Aquí, hablando con nosotras.

(SUSPIRA)

En la tertulia también se le echa de menos.

Además, es el único al que Valle respeta.

Me pasa una cosa, Emilia.

El día que le vi marchar, tuve una sensación extraña.

Como una punzada en el estómago.

Y he vuelto a tener la misma sensación

al leer el telegrama.

Entonces, ve a por él.

No esperes a que vuelva.

Ve a buscarle, Paca.

¿Estás lista, hermana? Sí, casi.

No se te vaya a olvidar algo.

Yo creo que lo llevo todo.

¿Me acercas el abrigo azul? Sí, claro.

La primera vez que cruzarás el mar.

Paca... (RÍE)

¿Quién te ha visto y quién te ve?

(Llaman a la puerta)

¿Abres? Sí, claro.

(Puerta)

(Puerta se cierra)

(Música dramática)

-Y con las nuevas rosas triunfantes volverá...

Te han herido buscando la soñada Florida.

La fuente de la eterna juventud, capitán.

Que en esta lengua madre, la clara historia quede.

Corazones de todas las Españas, llorad.

Rubén Darío ha muerto en sus tierras de oro.

Esta nueva nos vino atravesando el mar.

Pongamos, españoles, en un severo mármol

su nombre, flauta y lira, y una inscripción, no más.

"Que nadie esta lira pulse si no es el mismo Apolo.

Que nadie esta flauta suene si no es el mismo Pan".

(Aplausos)

(Música dramática)

Damas y caballeros.

Ante ustedes, la viuda del príncipe de las letras.

La princesa Paca.

(Aplausos)

(Continúa la música)

Muchísimas gracias, Francisca.

Cuídenlo. No se preocupe.

Gracias.

(Coche arranca)

Francisca.

Ya es hora de que leas la última carta de Rubén.

(VOZ EN OFF) "Te prometí volver pero no podré cumplir mi promesa.

Espero que me perdones.

Sé que no nos volveremos a ver y quiero que sepas

que, en el fondo, nunca supe quién fui realmente

hasta que te conocí.

Pude ser nicaragüense, chileno, argentino, español o francés.

Pero la única patria que tuve fuiste tú, Paca.

Siento no haberte hecho mi esposa.

Eso me acompañará a la otra vida hasta que volvamos a encontrarnos,

pero para ti, mi ninfa,

dejo mi bien más preciado.

Toda mi obra literaria es tuya, pues tienes mucho que ver en ella.

Es mi legado, solo para ti.

Hasta siempre, princesa".

(Música dramática)

La Princesa Paca

13 abr 2017

El poeta Rubén Darío vivió una historia de amor con Francisca Sánchez, una joven analfabeta a la que conoció la primavera de 1899 y con la que vivió hasta su muerte.

En 1956, Francisca Sánchez, casada con José Villacastín, y ya en el ocaso de su vida, recibe en Navalsaúz natal la visita de dos escritores, Antonio Oliver y Carmen Conde. El matrimonio trata de convencerla de que done el contenido del baúl donde guarda los recuerdos de Rubén Darío al Estado. Solo así podrá conocerse en profundidad aspectos relevadores de la vida del escritor. Paca, en un principio, se niega, pero la visita de los dos escritores le hace recordar su juventud.

Contenido disponible hasta el 28 de abril de 2017.

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