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No recomendado para menores de 12 años La otra mirada - T2 - Capítulo 20: "No hay fracaso" - ver ahora
Transcripción completa

¿Tú conoces estos sitios

donde ayudan a mujeres que tienen una situación que no desean?

-Los conozco y no te los recomiendo.

-Te dije que me dejarais en paz.

No lo entiendo, me falta material.

Alguna chica lo habrá cambiado de sitio.

-Doña Carmen, de verdad, que no puedo hacerlo.

-Sí puedes, solo tienes que entrenar muchísimo.

-Elías, ¿estás bien? -Están aquí, ¿los ves?

Vienen a por mí, nunca me dejarán en paz.

-Flavia, ¿qué te pasa?

¡Flavia! ¡Flavia!

¿Vicente?

(SOLLOZA) Me has estado utilizando.

Mis sentimientos son reales. ¡Sal de aquí!

¿Te ves con alguien?

Es de fuera de Sevilla, pero trabaja aquí.

-Mejor dedícate a tus labores, niña.

-Han vuelto.

-No se lo puedes contar a nadie, ni a maestras ni a alumnas, júralo.

-Voy a paralizarlo todo. -Usted no puede paralizar nada.

No olvide que tiene mucho que perder.

-¿Qué tal con Tomás? -Muy bien.

Me apoya mucho, es buen chico.

-Esquizofrenia, es lo que creo que puede tener Elías.

¿A que ve y oye cosas que tú y yo no?

-¿Y esto? Estás escondiendo las medicinas,

arriesgando tu vida otra vez.

-No puedo huir más.

-Sigues enamorado de Manuela, y no puedo competir con ella.

Nunca he podido.

-Si te hubiera pasado algo no me lo perdonaría.

-Voy a vivir mi vida y nadie me lo va a impedir.

-No me creo que lo estés volviendo a hacer.

¿El qué? Frustrar el sueño de María Jesús

como frustraste el mío.

¿Tu venganza ha sido acostarte con Martín??

Lo que ha conseguido es mucho más importante

que cualquier trofeo.

-(GRITAN) ¡María Jesús ganadora!

-¡Se acabó! No me vas a torear más.

-Nunca te he querido ni lo haré, como no quise un hijo tuyo.

No fue natural.

-Lo que has hecho es delito, así que tarde o temprano

vendré a por ti.

¿Por qué has vuelto si tanto me odias?

Dentro de poco, la Academia para Señoritas será nuestra.

(SUSPIRA)

-Roberta.

¿Podemos hablar un minuto?

-Es que llego tarde a francés. -¿Y luego?

Llevo días detrás de ti y... -Mira, Tomás...

Creo que está todo claro entre los dos, ¿no?

Lo que más quiero es irme a París. Y, bueno...

Está claro que tú quieres otras cosas, ¿no?

-Entonces...

¿Está todo bien?

-Sí, está todo perfectamente.

Y gracias. -Gracias a ti, Roberta.

Bueno, me voy, que no llego. ¡Doña Luisa!

Roberta, por favor.

Una cosa es que estés exenta de ir a clase,

y otra muy distinta, es que olvides los modales.

Perdone.

A ver si mira por dónde vas. Perdone, perdone.

Buenos días.

Buenos días, Doña Luisa. Buenos días.

Ha llegado el correo.

Oiga, ¿sabe si Vicente está enfermo?

Está repartiendo el correo otro señor.

¿Qué más te da quién reparta el correo?

Lo importante es que llegue, ¿no? Es cierto.

Repártelas tú hoy.

Luisa. ¿Sí?

Tienes visita.

(Música de suspense)

Arcadio...

¡Arcadio! ¡Arcadio, hijo!

Pero ¡déjame que te vea!

¡Qué guapo estás! Gracias, madre.

¿Cómo estás? Bien.

Estoy muy bien.

No... No vengo solo. ¿Cómo?

Le presento a Catalina.

Mi prometida.

-Encantada, Doña Luisa. Su hijo me ha hablado mucho de usted.

(Sintonía de "La otra mirada")

-¿Has terminado de volverte loca? ¡No puedes echarla!

Teníamos un trato.

Teníamos muchos tratos que nunca debí cumplir, madre.

Lo siento, la decisión está tomada.

Te has propuesto hundir esta institución

y no vas a parar hasta lograrlo.

Madre, ¿cree que yo echaría a Carmen

a mitad de curso sin razones?

Nos engañó.

No vino a ayudarnos, sino a hacerme daño.

¿De qué estás hablando?

¡Carmen nunca te haría daño! ¿Está segura de eso?

Porque se ha estado acostando

con Martín todo este tiempo.

Les he dicho a las alumnas

que hay un imprevisto y que no volverá.

Si me disculpa, tengo mucho trabajo, por favor.

Pensaba que no te vería más.

La tía Pilar me llamó.

Me dijo que fuiste a su casa.

Sí.

Al principio no sabía...

...muy bien qué hacer.

Ni a dónde ir.

Hijo, siento haber sido tan dura contigo.

No se preocupe, madre.

No hice bien las cosas.

¿Sabe la cantidad de veces

que he descolgado el teléfono

para llamarla?

La he echado en falta.

Y yo a ti. Cada día.

Te escribí cartas a casa de la tía,

por si volvías a aparecer.

Pero...

Bueno...

Ya estoy aquí.

Sí.

Y creo que tienes muchas cosas que contarme.

Si se refiere a Catalina...

Es una mujer maravillosa.

Ya me imagino.

Para decidir casarte así...

Y... ¿Cuándo tenéis pensado...?

Este sábado en Santa Gema.

No, hijo, a mí me gustaría hablarlo antes contigo.

Para eso he venido, para hablarlo con usted.

No me parecía conversación de teléfono.

Arcadio...

El matrimonio no es un asunto para tomárselo a la ligera.

Y no lo hago.

Lo he meditado bastante. Pero ¿cuándo os habéis prometido?

Poco...

Ha sido muy rápido.

Ya...

Y...

¿Y tú has pensado en el futuro?

¿En formar una familia?

Eso vendrá después, ¿no? No, Arcadio.

Esa mujer te lleva unos cuantos años.

¿Qué importa la edad, madre?

¿Es incapaz de alegrarse por mí?

Arcadio, sabes que quiero lo mejor para ti.

Pero entiéndeme.

Después de casi un año apareces de repente,

comprometido con una desconocida... Lo sé, madre.

Pero si de verdad quiere que sea feliz, confíe en mí.

Dele una oportunidad.

Solo quiero que os conozcáis.

¿Y si salimos los tres esta tarde?

-¿No es raro que se fuese así?

Encima, el día de la competición.

-Ya, pero ¿por qué nos mentiría doña Manuela?

-Yo qué sé.

¿Y si no vuelve?

-Iremos nosotras a verla a Madrid. -¿Ese no es...?

¿Arcadio?

-María Jesús...

¿Qué tal estás?

Me alegro de verte.

-Muy bien.

Gracias.

Estoy estudiando y estoy muy contenta.

Ahora, si no te importa, tengo clase.

Espero que te vaya todo muy bien. -Igualmente.

-Adiós.

-¿Qué ha sido eso?

-Fueron novios el año pasado.

-No tiene importancia.

-Pues no te pega.

-Ya lo sé.

Los avances de la ciencia casi siempre

se han basado en descubrimientos anteriores,

es decir, Edison no habría llegado a la lámpara incandescente

sin los avances de Alessandro Volta,

y sin las aportaciones de ambos,

Hertha Marks no habría creado el arco eléctrico,

que fue lo que posibilitó la llegada de la electricidad.

Esto nos lleva a la conclusión de que los científicos

son responsables de sus logros,

pero también de lo que pueden llegar a hacer

los que vienen detrás.

¿Sí, Margarita?

¿Qué es lo más importante para ser una gran científica?

¿Ser hombre y blanco?

(RISAS) Señoritas, por favor.

Si Hertha Marks lo consiguió, ¿por qué no nosotras?

Nadie dice que no podáis conseguirlo.

Solo quiero que seáis conscientes

de que esta sociedad se lo pone muy difícil

a las mujeres que quieren dedicarse a la ciencia.

Pero usted es científica, ¿no?

Diseñó y patentó un invento.

No, Candela, yo no soy científica.

Yo soy profesora de Física y Química,

entre otras asignaturas.

Lo de esa patente es agua pasada y una pérdida de tiempo.

(MURMULLOS)

Bueno, vamos a centrarnos.

Quiero que os coloquéis por grupos

y observéis qué sucede al calentar el hierro de un imán.

Y apuntad los resultados en estas cuartillas.

Tenéis 40 minutos.

Doña Luisa, hemos terminado.

Doña Luisa.

Perdón.

(TITUBEA) Por favor, apagad los mecheros,

id saliendo y me entregáis los resultados.

Aquí tiene, Doña Luisa. Vale.

(Puerta cerrándose)

No voy a volver con Enrique.

Lo tengo decidido.

¿Lo has pensado bien, Flavia?

¿Qué va a pensar, Manuela?

Su marido se la quiere llevar a la fuerza.

Lo sé, pero nos guste o no, la ley está con él.

-No pueden dejar que se acerque a ella. Estaba como loco

y ya sabe que está casi recuperada.

Y que va a volver.

Claro que va a volver.

-Tenía que decírselo.

No aguantaba más.

Flavia, no tienes ninguna culpa.

No nos podemos olvidar

de que interrumpir un embarazo es delito.

Y de que, si la denuncia, puede ir a la cárcel

entre cuatro y seis años. No podemos permitirlo.

No sé, podemos intentar hablar con él.

No va a entrar en razón.

¿Tú crees que va a escuchar?

Un hombre que ya ha mostrado su agresividad,

que no le importa lo que ella diga.

No lo sé, pero tenemos que ser inteligentes.

Tenemos que resolverlo discreta y pacíficamente.

Tú tranquila, Flavia.

No se va a salir con la suya, te lo aseguro.

No, no, no, no, no...

(Campanadas)

Señoritas, vayan saliendo.

Con calma pero con brío.

¡Vamos! ¡Vamos!

¿Qué pasa? Fuego, hay que desalojar.

¿Dónde? En el laboratorio, fuego.

¡El laboratorio! Sacad a las niñas. Sí.

Vamos saliendo poco a poco. Tú ve llenando cubos.

Con tranquilidad.

(TOCA LA CAMPANA)

¡Dios Santo! Voy por mantas y cubos de agua.

Sí, rápido, Ramón. (TOSE)

¡Id saliendo, rápido!

Paloma, sigue tocando, voy a ver si hay más gente por allí.

Doña Luisa, ¿qué pasa? Hay fuego en el laboratorio.

No es grave pero tenéis que salir ya todas.

-Hacia la puerta con calma. -Antes tengo que coger mis cosas.

-Hay que salir. -Es un momento.

-No hay tiempo. -Un momento, por favor.

-(TODAS) ¡Hay que irse! -Va a ser un momento, por favor.

-¡Margarita, nos han dicho que salgamos!

-¡Por favor! Es importante, solo una cosa.

-Margarita... -¡Que no pasa nada!

(MURMULLOS)

-¡Que salgas! -¡No salgas!

Es una trampa, vamos. Que te van a coger.

-¿Qué haces? ¡Suéltala! -¡Que es una trampa!

-Elías, ¿qué quieres? -Es una trampa, ven.

-Elías, escúchame. -¿Qué pasa?

-Tengo que protegerla.

-¡Que pares, que estás loco!

-¡Quita! (GRITOS)

-Pero ¡¿qué haces?! -¡Escúchame!

¡Tomás! ¡Tomás!

-¿Qué haces? -Hay fuego ahí.

-Que no, es una trampa. -Por favor...

-¡No lo entiendes!

¡No lo entendéis! ¡Es una trampa, no salgas, no salgas, por favor!

¿Cómo ha podido pasar esto?

Debió quedarse encendido un mechero.

Siempre lo compruebo al acabar, pero...

Esta mañana lo olvidé. Luisa, por Dios.

Esto está lleno de componentes químicos.

¿Sabes lo que pasa si se queman? Sí, pienso en otra cosa.

Afortunadamente, solo ha sido un susto.

No lo entiendo, de verdad.

Hablamos mucho de las medidas de seguridad.

Medidas que, obviamente, no se han cumplido.

Ha sido un descuido, podría haberle pasado a cualquiera.

Gracias, Teresa, pero tiene razón.

No es propio de mí, y es inadmisible,

Creo que lo mejor... es cerrarlo.

Nadie ha dicho eso. Lo digo yo.

Sé lo que digo. Ahora no estoy capacitada

para garantizar la seguridad de nadie.

Así que se cierra. ¿Cómo que no estás capacitada?

No seas drástica. Más drástico habría sido

si hubiera habido alguna desgracia.

¡No quiero pensarlo! No.

Está decidido.

No se hable más, ya está.

Luisa, por Dios. ¡Luisa!

Lo siento muchísimo.

¿Estás bien? Puedes confiar en nosotras.

No. En la que no puedo confiar es en mí.

Luisa. No.

Luisa...

¡Hago lo que queráis! Por favor, no digáis nada.

-Margarita, tu novio es un loco y es peligroso,

doña Manuela debe saberlo. -¡No es verdad! Y lo sabéis.

Elías nunca dañaría a nadie. Se ha puesto nervioso.

-Ha intentado pegar a Macarena. -¿Le has visto los ojos?

-No está bien. Se han dado cuenta todos menos tú.

-Margarita, lo hacemos por ti.

Estamos muy preocupadas.

-Si lo estáis, no entréis en ese despacho.

Elías tiene una enfermedad.

-Sí, la enfermedad de la violencia.

-Esquizofrenia... Tiene esquizofrenia...

¿Sabías que Elías tenía una enfermedad mental? ¿Sí o no?

Y me pediste que le contratara sin decírmelo.

¿Y tampoco me ibas a contar lo de hoy?

Lo siento, doña Manuela.

Solo quería protegerlo.

¿Y quién protege a las alumnas, Ramón? ¿Quién?

¿Cómo explico esto a sus padres? Igual no hay que dar detalles.

No tienen que saber lo de la enfermedad, ¿no?

No sé, pero lo mínimo era que lo supiéramos nosotras.

Eso está claro.

Ahí te has equivocado, Ramón.

Pero estoy segura de que no sabías que podía ser peligroso, ¿no?

Conozco a Elías desde que nació.

Es incapaz de hacerle daño a nadie.

Y es muy centrado en su trabajo. Nunca ha dado problemas hasta hoy.

¿Me puedes asegurar que esto no se repetirá?

No, ¿verdad?

Lo siento, pero no creo que sea buena idea

que siga en la academia.

Su padre lo tenía siempre encerrado en casa

para que no hablaran de él. Eso le espera si vuelve.

No es peligroso.

Solo necesita ayuda.

Está bien.

Pero necesito que le vea un médico y que me asegure

que no es peligroso para nadie.

Lo que usted diga, doña Manuela.

Se lo agradezco muchísimo.

-Será una ceremonia sencilla.

Aunque me ha costado mucho convencer a Arcadio.

Ya sabes cómo es.

Quería una celebración por todo lo alto.

Ya... Me imagino.

Pero a nuestra edad, algo así no sería muy apropiado.

¿No crees?

¿Te he enseñado el anillo de pedida?

-Es de la mejor joyería de Cádiz.

A la piedra la llaman el champán de la gema.

-¿A que es precioso? Sí, sí que lo es.

Mi hijo siempre ha tenido un gusto exquisito.

Bueno, cuéntame, Arcadio.

¿En qué andas metido? ¿Estás trabajando?

Invertí bien el dinero, madre.

Soy socio en una conservera en Barbate.

Estamos exportando atún por Europa. ¿Eres empresario?

-Un joven de éxito, atractivo y con una madre estupenda

¿Qué más puedo pedir?

Anda, Arcadio, ¿por qué no nos traes un barquillo?

Aprovecho ahora para decirte que...

Que estamos muy agradecidos por ser la madrina,

para Arcadio es muy importante.

Sé que estabais muy unidos y te ha echado mucho de menos.

-Los mejores barquillos de Sevilla. -Gracias.

¿Quieres? No, no, gracias.

Elías, ¿recuerdas el incidente de esta mañana con Macarena?

-Venían a por Margarita.

Entiendo.

Me estáis mintiendo. Queréis engañarme.

-¿Estás bien, Elías?

¿Han vuelto las voces?

Sé que puedes escucharlas, pero no son reales.

-Quieren hacerme daño.

Y a Margarita. Pero no les voy a dejar.

Margarita tiene suerte de que quieras cuidarla.

Pero no te preocupes, ninguno estáis en peligro.

Esas voces, la confusión, el miedo...

Solo están en tu cabeza.

Son los síntomas de una enfermedad que se llama esquizofrenia.

-¿Por qué me dice eso? Me está mintiendo.

-Elías,...

don Pascual tiene razón. Es un buen médico.

-No.

-Confía en mí.

Sabes que jamás te mentiría.

Quiero que veas algo.

Aquí lo explica todo.

No eres al único al que le pasa. Le pasa a otras personas también.

-Si estoy enfermo, ¿puedo curarme?

¿Desaparecerán las voces?

-Lamentablemente,

la enfermedad que padeces, la esquizofrenia, no tiene cura.

Al menos por ahora.

-Pero hay rutinas que pueden ayudarte.

-Claro que sí.

Debes llevar una vida ordenada.

Comer bien, dormir, salir, hacer ejercicio...

-No se preocupe, de eso me encargo yo.

-Así me gusta, Ramón.

Creo que ya han sido muchas emociones por hoy.

Si te parece bien, te voy a poner una inyección

para que descanses.

-Volvía de clases de francés y pasaba por aquí cerca.

¿Estás ocupada? ¿Molesto?

No. Acomódate.

Nos han confirmado la fecha del examen de francés en Madrid.

En dos días nos vamos con la maestra.

Y estás nerviosa.

Sí.

¿Y si no apruebo?

Si no consigo el trabajo, ¿qué hago?

No te anticipes.

No sufras por algo que aún no ha pasado.

Ahora céntrate, estudia, que seguro que te sale muy bien.

Y si no sale, no pasa nada. El fracaso no existe, Roberta.

Será lo que tenga que ser. Tú confía.

¿Podemos repasar un poco?

Claro.

(FRANCÉS) "¿Quiere agua o un té?".

(FRANCÉS) "Agua, gracias".

Es una máscara de África.

¿También has estado allí?

Sí.

¿Y están tan atrasados como dicen?

Bueno, atrasados depende de quién lo juzgue, ¿no?

Por ejemplo, la Wodaabe es un tribu nómada

donde el divorcio está normalizado.

Las mujeres son las que gobiernan. ¿De verdad?

Y tú, que has viajado tanto, ¿no te aburres en Sevilla?

Bueno...

La cosa es que...

Aquí, en Sevilla, he encontrado algo

que no tengo en otro sitio.

(FRANCÉS) "¿Empezamos?".

(FRANCÉS) "Sí".

-Bueno, ya está dormido.

Tras descansar se sentirá mucho mejor.

¿Usted qué opina, padre?

Con buenos cuidados no debería haber problema.

Elías no es violento ni peligroso.

En general, los esquizofrénicos nunca lo son.

Así que, si eso te preocupaba, puedes estar tranquila.

Pero lo de hoy, ¿se puede volver a repetir?

Si él está tranquilo y siguen las pautas,

no debería volver a suceder.

Y estoy convencido de que, en un entorno como este,

Elías podrá llevar una vida normal.

Una oportunidad que no tendría

si acabara en una institución mental.

Los tratamientos que siguen allí, hija...

son devastadores.

No es así...

Supongo que debemos intentarlo, aunque sea, ¿no?

-¿Qué haces estudiando tan tarde?

-Nada que te importe, pero si quieres chivarte...

-Siento mucho lo de esta mañana.

Sabes que no soy una chivata.

Pero estábamos muy preocupadas.

¿Esta es la enfermedad que tiene?

Doña Manuela nos ha contado. Se ha armado bastante revuelo.

Debes quererle mucho para estar con alguien así.

-¿Así cómo?

Si tuviera otra enfermedad ¿estaríais tan preocupadas?

Da igual en cuántos libros busques.

A penas se sabe nada sobre enfermedades mentales.

Y nadie reconoce que podría pasarle a cualquiera.

A ti. A tu familia.

A tus amigos.

Y si pasa... se esconde.

Por vergüenza.

Y porque lo diferente da miedo.

-Me siento mal por él.

-Elías no necesita tu compasión. -Ya lo sé, Margarita.

Solo digo que empiezo a entenderlo.

A mí también me han tratado siempre como la diferente.

Tú la primera, cuando llegué.

-Y te pido disculpas. Me porté fatal.

-Pues sí. Fuiste una idiota.

Repipi.

-Supongo que conocer a Elías

me ha hecho darme cuenta de muchas cosas.

Y por eso espero que puedas perdonarme.

Y a él aceptarle.

-Bueno.

Lo segundo seguro.

Y lo primero ya veremos.

-La última vez que nos vimos aquí dijiste que nos casaríamos.

-No sé si va a ser posible.

-Me da igual.

Quiero pasar el resto de mi vida contigo.

-¿Y Roberta?

-Hemos hablado.

Estoy enamorado de ti, Flavia.

Siempre lo he estado.

Y esta vez nada me apartará de ti.

Lo juro por Dios.

-No blasfemes.

-Perdón.

-Si doña Manuela y Teresa no convencen a Enrique

las cosas pueden complicarse mucho.

-Sea como sea, estaremos juntos.

-¿Estás seguro?

-Más que nunca.

Roberta.

Llamé a la academia para decir que te quedas a dormir.

Vete a la cama.

¿Y tú? Yo me quedo en el sofá.

Tienes pijamas en el armario.

Pero si cabemos las dos en la cama.

Está bien, recojo y voy.

¿Reboreda joyeros?

Mire, estoy buscando una pieza especial.

El champán de la gema le llaman.

Ah...

Muy bien. Gracias.

El champán de la gema. Sí, ya.

No se preocupe.

¿Solo en Rusia?

Ya...

Claro...

Imagino que debe ser muy fácil conseguir una buena imitación.

¿Conservas Alcaide?

Mire, me gustaría hablar con uno de sus socios.

Arcadio Pérez Fernández.

Ah...

Muy bien.

Me habré equivocado.

Arcadio Pérez Fernández.

Sí.

¿Está seguro?

¿No hay ningún socio con ese nombre?

Mire bien, por favor.

Enrique, le agradecemos que haya venido.

Sabemos que es un tema delicado.

Estamos al corriente

de todo lo que ha pasado con Flavia.

Comprenderá que se trata

de un asunto privado entre mi esposa y yo

que resolveremos en cuanto vuelva a casa.

Bueno...

Precisamente ese es el problema, Enrique.

Flavia no quiere volver a casa.

Por eso queríamos hablarle

de la opción de nulidad matrimonial.

¿Qué? Enrique...

Los dos sois jóvenes.

Creo que merecéis compartir la vida con alguien que os haga felices.

Nuestras familias acordaron algo que no romperemos.

Ellos no saben lo que ha hecho.

Y por el bien de Flavia, mejor que no se enteren.

Díganle que estoy dispuesto a mantener en secreto

que ha cometido un delito. Siempre que todo siga igual.

Dejar los estudios no es seguir igual.

Si insiste en no volver, la denunciaré. Es mi esposa.

¿La mandaría a la cárcel?

Qué buen esposo, Enrique. Enrique, por favor, no te vayas.

Podemos hablar con ella y conseguir que vuelva a casa.

Pero nos tienes que dar algo con lo que negociar.

-Pensaba decírselo yo mismo.

Pero ya veo que Catalina se ha adelantado.

No te he llamado por eso.

Y no. No voy a ser la madrina.

Bueno...

Así deja claro que no la ha aceptado.

Y dice que quiere lo mejor para mí.

He venido hasta Sevilla a casarme para estar cerca de usted.

¿Y con qué dinero piensas organizar esa boda?

¿Con el que le vas a robar a esa pobre infeliz?

¿De qué hablas, madre?

De que no hay ninguna conservera.

Y no eres socio de nada.

Y ese champán de la gema

es tan falso como todas tus historias.

Pero... Pero ¿por qué sigues mintiendo?

¿Tan mal lo he hecho contigo que no te avergüenza actuar así?

Esa mujer piensa que la quieres.

Y la quiero.

Eso se lo aseguro. ¿Sí? ¿Esa es tu forma de querer?

¿Engañándola fingiendo ser alguien que no eres?

¿Cómo crees que se va a sentir ella

cuando descubra que la has utilizado?

Se le vendrá el mundo encima, te lo aseguro.

Mírame.

Arcadio, mírame.

Te vas a sentar con ella.

Le vas a decir la verdad.

Y vas a anular esa boda.

Si realmente has cambiado, si de verdad la quieres,

lo vas a hacer bien esta vez.

No, madre.

No puedo.

O lo haces tú

o, con todo el dolor de mi corazón,

lo hago yo.

En tus manos queda.

-Hombre, ¿de vuelta al tajo?

-Sí. -Pues date brío, tenemos que podar.

Y a la hora de la comida...

¡Partidita!

-(RÍE) -Vas a ver lo que es

perder a la brisca. -Oye, Ramón.

Quería darte las gracias.

Sé que has dado la cara por mí, como siempre.

-No es nada.

Además, en dos días pasa otra cosa y olvidado.

-Ya...

-Tú a lo tuyo, compadre.

Ni caso. ¡Y apunta bien con la regadera!

Que luego me dejas esto para darme un baño.

-¿Es verdad lo que dice esta circular?

¿Van a cerrar el laboratorio? Sí, así es.

Pero no pueden hacer eso.

Es por vuestro bien, Margarita, créeme.

Doña Luisa, he decidido que estudiaré Psiquiatría.

Y usted sabe que sin una buena base de ciencias

no podré ir a la universidad. La decisión está tomada.

No te preocupes. Te ayudaremos a ir a la universidad.

¿Y lo que dijo el otro día en clase qué?

¿Perdón?

Dijo que la vida nos pondría trabas para ser científicas.

Y es usted quien nos pone trabas. No.

Yo no te pongo trabas. Te estoy evitando un sufrimiento.

No tienes ni idea de lo complicado que es para una mujer

dedicarse a la ciencia. La vida no te lo pone fácil.

Te toparás más de una vez con el mismo muro.

Y un día te darás cuenta de que has sacrificado

los mejores años de tu vida. ¿Y para qué?

Para no conseguir nada.

Y por eso cierra el laboratorio, ¿no?

Para que ni pueda intentarlo. No.

Lo cierro para que no fracases.

Le agradezco su preocupación, doña Luisa.

Pero se olvida de que no soy usted.

-Hombre, Vicente. Estaba preocupado.

-¿Qué hay, Ramón?

Me han cambiado de ruta.

Luisa.

¿Podemos hablar?

¿Nos disculpas, Ramón? Sí.

¿Cómo te atreves a venir aquí?

Vete o llamo a la policía.

Me voy de Sevilla en unos días, y no quería irme sin darte explicaciones.

Muy bien.

Llama a la policía, mientras lo haces, podré explicarme.

No soy un asesino, Luisa, jamás he herido a nadie.

Solo he defendido los derechos de los trabajadores,

para que tengan condiciones de seguridad.

Sí, buenos días. Con la policía de Sevilla, por favor.

Si alguien hubiese hecho lo mismo

en la fábrica en la que trabajaba Amelia,... ahora estaría viva.

La mató una máquina que el patrón no quiso revisar,

por ahorrarse los costes.

Desde que murió,

me he dedicado a luchar contra eso,

recorriendo España de punta a punta.

Necesitaba que su muerte tuviese algún significado,

no podía vivirla como una derrota.

Quería que sirviese para algo, yo qué sé.

¿Has terminado?

No me avergüenzo de nada de lo que he hecho,

pero se acabó. Solo quería que lo supieses.

No te molesto más. Gracias por escucharme.

Ha aceptado que acabes el curso,

pero en junio tendrás que volver con él.

¡¿Qué?! ¡No!

No, no, no.

Es la única forma de evitar que te denuncie.

-¿No se puede hacer nada más?

De momento hemos ganado tiempo. Ya se nos ocurrirá algo.

-No quiero ganar tiempo.

Enrique me trata como si fuera un objeto.

Flavia, te entendemos, entendemos tu rabia perfectamente.

Yo lo siento muchísimo.

Pero vamos a encontrar la manera.

La cárcel no es una opción, te lo aseguro.

No. Tiene que haber otra manera.

Tú nos has enseñado a respetarnos a nosotras mismas.

¿Y cómo voy a hacerlo si dejo que me trate así?

Tomás.

¿No te parece in justo que doña Luisa haya cerrado el laboratorio?

Seguro que a Helen Boyle no le ponían tantos problemas.

¿Qué pasa?

-Me recuerda a mi pueblo.

Cuando oía las voces, corría a lo alto del campanario.

Allí, el viento se oía más, y las voces más lejos.

Me sentía seguro. Me lo enseñó el tío Antonio.

Era como un truco.

-Pero no vas a tener que usarlo más,

porque vas a estar bien.

-¿De verdad quieres esto para ti?

¿Qué quieres decir?

-Pues estar con un chico que...

-Quiero estar contigo, y punto. -Pero, mírame.

No vamos a poder ser una pareja como las demás.

-¿Y quién quiere ser como los demás? Somos tú y yo.

-Pero si ni siquiera nos hemos podido besar.

-Yo no tengo prisa porque eso pase, ya llegará.

¿Tú tienes prisa?

-No. -¿No?

Pues ya está.

Vamos a comprar aceitunas.

Hola, buenos días. ¿Me pondrías dos de aceitunas?

-Dos de aceitunas. -Sí.

Con don Enrique Hidalgo, por favor.

Soy Flavia.

Escúchame, no soy de tu propiedad, ¿me oyes?

No pienso volver a casa contigo, ni en junio, ni nunca.

Espero que te quede claro.

Buenas noches. Don Enrique.

Vengo a por mi mujer. Mire abajo.

Usted y yo arriba. No son horas.

No pueden entrar así, y menos para llevarse a una alumna.

He denunciado a Flavia y aquí tiene el requerimiento.

Y ahora, ¿nos deja pasar para que la justicia actúe?

¿Dónde está?

No lo sé, debería estar durmiendo. No me iré sin ella.

Vamos a relajarnos.

Tú eres su compañera de cuarto. ¿Dónde está?

¡Suéltala ahora mismo!

¡¿Que dónde está?!

-Yo la he visto en la plaza. -¿En qué plaza?

-Yo en el río. -No, está en la Giralda.

-En el Parque de María Luisa. -En la Maestranza.

-Muy bien.

La encontraremos. Os lo garantizo.

Buenas noches. Buenas noches.

Vamos.

Venga. A la cama, niñas.

Las cortinas siempre echadas.

Y no os acerquéis mucho a las ventanas.

Tenéis comida en la despensa. Puedes coger ropa.

Muchísimas gracias.

Sé que os metéis en un lío haciendo esto.

No pienses ahora en eso.

No tenía que haberle llamado. Fue un impulso.

Tranquila, no es fácil. Yo habría hecho lo mismo.

Ahora, descansad.

No hagáis ruido y no abráis la puerta.

-Tranquila, Teresa, nadie sabrá que estamos aquí.

Bien.

Y, por supuesto, no puedes salir, bajo ningún concepto.

Me encantaría quedarme, pero Arcadio y yo tenemos cita con el sastre.

¿Con el sastre?

Sí. Le he dejado una nota, no tardaré en marcharme.

No pretendo quitarle más tiempo,

pero necesitaba saber si... mi hijo había hablado con usted.

¿Sobre qué?

Mire, esto para mí no es fácil,

pero no puedo permitir que siga creyendo lo que no es.

-Espere, madre. Arcadio.

No siga, ya lo hago yo.

Bueno, os dejo. No.

Quiero que usted también lo escuche.

Lo que quiere decirte mi madre,

y que tendría que haberte dicho yo,...

es que no soy un hombre de fiar.

No soy socio de ninguna conservera.

De hecho, trabajo en una fábrica textil.

Solo soy un peón.

Y que es verdad que al principio

me acerqué a ti

porque tenías dinero, básicamente.

Pero poco a poco te fui conociendo,

y fuimos compartiendo cosas...

Me di cuenta de que eres una mujer maravillosa.

Fuerte.

Inteligente.

Y que eres lo más bonito del mundo, por Dios.

Soy patético.

Si hasta el anillo es falso.

-Ya lo sabía.

Lo de la conservera,

lo del anillo, tu pasado...

Todo.

¿Y por qué no había dicho nada?

Sabía que tarde o temprano me lo contaría.

Me da igual lo que hayas hecho o sido antes.

Sé quién eres ahora.

Un hombre honesto y muy valiente.

Y sin duda, hay que agradecérselo a tu madre.

Voy a renunciar a la herencia...

para demostrarte que no quiero nada tuyo,

solo a ti.

-No es necesario. -Quiero hacerlo.

-De verdad.

-Quiero tener la conciencia tranquila.

Y que mi madre se sienta orgullosa.

Gracias por acompañarme, hijo.

Gracias a usted, madre.

Sin usted no hubiese tenido el valor

de casarme con la verdad por delante.

Y hablando de sincerarnos,

¿usted no me quiere contar na?

¿A qué te refieres?

En Sevilla hay un rumor.

Dicen que la han visto paseando con un hombre.

No. Eso se acabó.

No se cierre a la vida, madre,

que le puede dar muchas sorpresas.

La espero en la iglesia.

No encuentro a Elías, ¿Le habéis visto?

No. -Se fue esta mañana temprano.

Tenía cosas que hacer. -¿Te ha dicho el qué?

-No, pero debería haber vuelto.

María Luisa, no encuentro a Elías. Y si le da una crisis y está solo...

Margarita, tranquila, le encontraremos.

¿Habéis preguntado a Manuela?

No está.

Ha salido al banco.

No encuentro a Elías. -¿Has mirado en el jardín?

-De punta a punta. ¿Y qué hacemos?

¿Llamamos a la policía?

Asegurémonos de que no está en la academia.

Que no está, suele estar en el jardín

Era don Telmo,

que Elías se ha subido a la torre y se quiere tirar.

Vamos, ya.

¡Margarita! ¡Margarita! ¡Margarita!

¡No, Elías!

¡Margarita! ¡Suélteme!

¡Margarita!

Teresa, ocúpate de las niñas. Sí, sí.

Elías, quédate muy quieto, por favor.

-¡Elías! No, no, iros.

Iros, por favor. ¡No, no!

Elías, no lo hagas.

-No quiero ser una carga ni para ti, ni para nadie.

-No lo eres.

Elías, baja de ahí, por favor.

¡No te acerques! No, no me acerco.

-No me acerco, pero ven aquí y vamos a casa.

Allí podemos hablar mejor.

-No hay que hablar más.

Si salto ya no oiré voces,

no me cogerán.

¡No, no, no! ¡Quieto! ¡Por favor!

Así es todo mucho mejor.

Mi tío Antonio lo vio muy claro.

-Elías, sé que nos dijeron que no hay cura,

pero yo voy a estudiar mucho para que la haya. Confía en mí.

-Es imposible, siempre voy a ser así.

Nunca hay cura.

Escucha a Margarita, por favor.

Confía en ella.

Piensa en tu tío Antonio.

Él estaba solo y no tuvo oportunidad para curarse.

Pero tú no lo estás, nos tienes a todos.

Me tienes a mí.

No me puedes dejar sola, Elías.

Te necesito. Y te quiero.

Vamos a hacerlo tú y yo juntos.

Somos tú y yo.

-(LLORA)

(Llaman)

¿Sí?

Acaba de irse don Pascual. Está mucho más tranquilo.

Ramón y Margarita están con él.

Pasa.

Esa niña ha demostrado una entereza y una fuerza

que ya querríamos muchos.

A mí, Margarita me recuerda a una amiga.

¿Ah, sí? (ASIENTE)

La conocí hace año y medio o algo así.

Al principio pensé que se había tragado el palo de una escoba.

Pero...

fui conociéndola mejor,

y resultó ser una mujer:

muy fuerte, inteligente,

luchadora,

incluso inventora.

Yo me compraría estas botas. ¿Sí?

Sí.

Reconozco que últimamente no ha estado muy animada.

Lo sé.

No he hecho más que ponerme trabas por miedo a volver a fallar.

Y lo peor de todo

es que he trasladado todo eso a las niñas.

Bueno, todavía estás a tiempo de hacerles ver

que estabas equivocada.

De los errores se aprende.

Sí.

Descansa, hoy ha sido un día duro.

Igualmente, Teresa.

Sigue donde lo dejaste.

Perdón.

No te preocupes.

¿Qué tal está, Elías?

-Mejor. Gracias por preguntar.

No, no hace falta. Hoy no vamos a dar clase.

Hoy os quiero pedir perdón.

Y quiero hacerlo porque una mujer de ciencias, como yo,...

debería estar siempre abierta a los descubrimientos.

Que Teresa y yo somos hermanas.

-¡¿Qué?!

-¿ero... ¿hermanas, hermanas? -Sí.

-Pero ¿es en serio?

-No me lo puedo creer. -Pero Roberta...

Debería emocionarse con los cambios que depara el futuro.

Cuando llegues a Madrid, llama o manda un telegrama.

Teresa, que me voy a hacer un examen, no a la guerra.

Anda, ven aquí.

Sin embargo,

por unas circunstancias personales,

me paralicé y no supe dejar atrás mis errores.

Pues ya está.

Mi amigo Carlos, el del puerto, nos puede meter en un barco a América.

Solo tenemos que llegar a Cádiz.

Entonces, ¿lo vamos a hacer, nos vamos?

-Si es lo que quieres, podemos empezar una vida juntos.

Pero eso no es lo peor de todo, lo peor de todo,

es que os hice pensar que los errores no se corrigen.

Estás muy guapo, hijo.

Usted también, madre.

Que no merece la pena luchar por lo que se quiere ni confiar.

Sobre todo, os quiero pedir perdón

porque olvidé que soy vuestra maestra.

Así que, muchas gracias por abrirme los ojos.

Es una alarma detectora de humos.

De momento es un prototipo,

pero con esto, el laboratorio va a ser un lugar seguro.

Y por hacerme ver que mi mayor logro lo tengo delante de mí.

Sois cada una de vosotras.

No sé a dónde nos va a llevar esto, pero voy a necesitar tiempo.

Sí, necesitamos reencontrarnos.

Por mi parte, te aseguro que se acabaron las mentiras.

Estoy dispuesta a confiar una vez, dos no.

Haré lo que sea para recuperar tu confianza.

Luisa,...

¿qué te ha hecho cambiar de opinión?

La vida.

No voy a volver a tener miedo, el miedo paraliza.

Y todavía tengo muchas cosas que aprender, y que ofrecer también.

Y tanto.

He oído que estáis construyendo un aparato para apagar fuegos,

que lo llamáis alarma antiincendios.

Sí.

¿Lo ves?, nunca es tarde. Nunca es tarde para aprender.

Hablando de eso, ¿cuándo te vas a decidir a montar tú sola

en la bicicleta?

Esas copas, don José.

Les aseguro que con este proyecto,

todos vamos a salir muy beneficiados.

Así que, caballeros, a brindar.

Por nosotros.

Buenos días. Tengo que hablar con usted.

Ahora mismo.

Este es un local de caballeros.

Váyase, hablaremos en otro momento.

Llevo días detrás de usted.

No responde mis llamadas. Así que, haga honor a este sitio

y atiéndame como un caballero.

Uno no puede hacer nada cuando se ponen temperamentales.

-(RÍE)

Está bien.

Por aquí, por favor.

Soy un hombre muy ocupado, así que dígame qué es lo que quiere.

Romper nuestro trato.

No voy a aceptar la dirección de la academia.

Y también decirle que está llena de deudas.

No podrá sacarle ningún beneficio.

Le agradezco su sinceridad, pero ya lo sabía.

Y respecto a lo de sacarle beneficios, discrepo.

No entiendo. Nunca he querido esa Academia.

Representa todo lo que ni yo ni mis socios

queremos para esta ciudad.

¿Cómo?

Voy a cerrarla para siempre.

En su lugar, construiré un hotel.

¿Me ha engañado?

Lo mismo que ha hecho usted con ellas.

No puede hacer eso. Claro que puedo, ya lo he hecho.

Y precisamente, a estas alturas,...

yo creo que estarán recibiendo la noticia.

Que tenga un buen día.

Caballeros... -(RÍEN)

Cosas de mujeres.

Estupendamente. Muchas gracias, teresa.

Qué bien.

Deseando volver al laboratorio. Me alegro por ti.

Buenos días. Buenos días.

¿Doña Manuela Martín? Soy yo.

Vengo a entregarle una notificación judicial.

Firme aquí, por favor.

Muchas gracias. Que pasen un buen día.

Gracias.

¿Cómo?

¿Qué pasa? Manuela, nos tienes en ascuas.

(LEE) "Tienen un plazo de 24 horas

para desalojar la Academia para Señoritas

por orden de su nuevo dueño... don Rafael Peralta".

¿Rafael Peralta?

(Pasos)

Hace unas semanas firmaste unos documentos

que ceden la academia a Rafael Peralta.

El edificio, sus bienes, terreno,

todo.

Tenemos que estar fuera de aquí mañana a primera hora.

¿Adónde vamos a ir?

Queremos nuestro dinero. Con su madre, esto no habría pasado.

¡Ya está! Lo siento.

Aunque esté difícil, no nos podemos rendir.

Nosotras siempre hemos ido con la cabeza bien alta.

Yo estoy dispuesta. Vosotras, ¿qué decís?

Vamos a quebrantar la ley, y puede tener consecuencias.

Lleva a los hombres y sácalas de allí esta noche.

-¿Eso te he enseñado yo?

-¿Quién le dice que mi padre no tira el edificio con ellas dentro?

Todos tienen que saber quién es Rafael Peralta.

Dile a tu padre que no nos vamos de aquí

y que vamos a luchar.

¿Qué va a pasar con nosotros?

-Hare todo lo posible para que podamos quedarnos.

¿Por qué voy a darte dinero después de lo que nos hiciste?

-Traicioné a mi familia y me avergüenzo.

Hay muchos más como él,

hombres poderosos que nos niegan nuestros derechos,

entre ellos, el derecho a una educación.

Por eso es muy importante conocer nuestra historia,

porque nos recuerda que unidas,

podemos alcanzar muchos derechos.

Este edificio es mío. Hasta donde yo sé,

tu padre nos lo ha arrebatado. Si lo quiere, que venga él.

¿Y si se rompe?

Está seguro, tranquila. ¡Todos el mundo fuera!

(Disparo)

-¡Ah!

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  • T2 - Capítulo 20: "No hay fracaso"

La otra mirada - T2 - Capítulo 20: "No hay fracaso"

08 jul 2019

Luisa recibe la visita de alguien inesperado: su hijo Arcadio acompañado de Catalina, su prometida, una mujer de la misma edad que Luisa. Arcadio quiere reconciliarse con su madre y retomar el tiempo perdido, pero la profesora de ciencias no sabe qué pensar ni qué hacer al respecto.
A su vez, Doña Manuela intenta hacer recapacitar a su hija acerca de la decisión tomada respecto a Carmen, pero la joven directora es firme: no quiere que Carmen vuelva a pisar la academia.
Mientras tanto, Flavia comunica a sus profesoras que ha tomado una difícil decisión: no va a volver con su marido Enrique.
Por otra parte, un incendio en el laboratorio de ciencias provoca que Elías pierda los nervios y acabe protagonizando una situación en la que se pone en evidencia delante de toda la academia. En su intento por apoyar y ayudar a Elías, Margarita investiga y llega a la conclusión de que lo que el chico tiene es una enfermedad mental: esquizofrenia

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  1. Irina B.

    ¡Me encanta esa serie! También soy profesora y para mí es como ver mis luchas personales... Gracias a las actrices y los guionistas, ¡un trabajo estupendo!

    ayer
  2. Serrana

    Por qué no puedo verlo si hasta el capítulo 19 lo pude ver!!!! Sean coherentes!!!¿¿

    pasado viernes
  3. Margara

    ¿ porque en Uruguay no puedo verlo? Gracias Margara

    pasado jueves
  4. Marina

    No tiene sonidooooo

    pasado jueves
  5. Jesus Mendoza Bautista

    porque no me deja verlo estoy en Mexico y no puedo reproducirlo

    pasado martes