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No recomendado para menores de 12 años La otra mirada - T2 - Capítulo 19: "Tengo un sueño" - ver ahora
Transcripción completa

¿Tú le has dado permiso a Roberta para que falte a mi clase?

Claro que no. ¿Hay algún problema con Roberta?

-Pues que es mi hermana. -Pues no os parecéis.

Estás ocupándote de todo lo del carnaval

porque no quieres estar en casa, ¿verdad?

Estoy embarazada. -¿Qué dices?

Muy poca gente le da a diana en su segundo intento,

tienes cualidades. ¿Te estás viendo con alguien?

Es de fuera de Sevilla, aunque trabaja aquí.

-Está cansada, se pasa las noches estudiando.

-No es una vida fácil para una mujer casada,

lo que no sé es cómo se lo has consentido.

Te lo conté cuando estuve preparada,

para mí tampoco es fácil. No puedo volver atrás.

Pues eso estaría muy bien,

porque preferiría no saber nada de lo que me has contado.

-¿Tú conoces estos sitios donde ayudan a mujeres,

mujeres que tienen una situación que no desean?

-Sí los conozco,

pero no te los recomiendo.

-Vas a ser una hermana estupenda, Tere, estoy seguro.

-Siento haberme comportado como me comporté ayer,

cuando estoy enfadada no pienso lo que digo.

-Necesitamos que saques más material.

-No, no, de eso nada. -Si no lo hace, la primera persona

que se va a enterar de los líos en que andas metido será ella.

-Va a ser el mejor beso de nuestras vidas, va a ser increíble.

-Ahora no. Ya viene.

-Elías, ¿estás bien?

-¡Dejadme, basta!

¿Vicente? ¿Ese es tu interés por mí,

robar material para fabricar bombas?

Estoy agotada de fingir que todo está bien,

cuando las cosas no están bien.

Martín y yo ya no estamos juntos.

Sin ir más lejos, él se está viendo con otra mujer,

y yo me acabo de besar con un hombre.

(RÍEN)

-Doña Manuela, ¿ha visto a Flavia?

No, ¿qué pasa?

¿Qué te pasa?

Quiero que sepa que no voy a callarme más, se acabó,

y que voy a seguir tomando mis propias decisiones

aunque le duela. ¡Ayuda, ayuda!

¡Ayuda, por favor! Flavia, Flavia.

-Buenos días, señores. -Buenos días.

-Vayan pasando, por favor.

-Madre mía, aquí hay más hombres que en procesión.

-Mucho gallo pa tan poco corral, me parece a mí.

El entrenamiento empieza hoy y la competición en cuatro días.

María Jesús competirá contra las alumnas de Santa Engracia.

Hemos habilitado el salón de té como zona de descanso

para los competidores y la biblioteca para las competidoras.

Y María Jesús tiene permiso para ausentarse a las clases.

Sí, sí. ¿Sí?

¿Luisa? Sí, claro,

le ayudaremos a recuperarlas.

-Hemos venido a competir, no a mirar a las muchachas.

Buenos días. Soy Manuela Martín, la directora.

Bienvenidos. Pedro Muniesa,

entrenador del Carlos III de Madrid. Encantada.

Carmen, profesora de Educación Física.

Podéis dejar esto por aquí y os enseñaremos las instalaciones.

Gracias. -No hará falta.

Conozco esta academia como la palma de mi mano.

¡Ángela! Ángela.

¿Cómo estás? Voluminosa.

Pero ¿cómo no has avisado de que venías?

Fue una decisión de última hora y he decidido daros una sorpresa.

Qué alegría. No sabéis cuánto me alegro de veros.

Os he echado muchísimo de menos.

Y nosotras a ti.

Ángela. Carmen.

Mucho gusto. Encantada.

(Sintonía de "La otra mirada")

Me quedo en una pensión, por el centro.

No, tú te quedas en mi casa.

Vas a estar mucho más tranquila, así nos contamos.

¿Sí? Claro.

Muchas gracias, Teresa. ¿Y qué tal todo por aquí?

También tenéis que ponerme al día.

Bueno, creo que nos llevaría un poco de tiempo, la verdad.

¿Por qué no nos tomamos algo esta tarde después de trabajar?

Vale. Yo tengo trabajo,

no me va a dar tiempo. Venga, Luisa.

Un poco de aire nos vendrá bien.

Sí. Sí, tienes razón.

(Llaman a la puerta)

-Doña Manuela,... disculpe, su padre ya ha llegado.

-¿Ha pasado algo?

-Bueno, el sangrado ha remitido y parece que tenemos controlada

la infección.

Ahora lo que tienes que hacer es guardar reposo, Flavia.

Has perdido mucha sangre, vas a tener que hacer una dieta

rica en hierro, y sobre todo, tomar toda la medicación.

Lo que has hecho es muy peligroso.

No nos vuelvas a ocultar algo así.

Las maestras estamos aquí para ayudarte.

Bueno,...

volveré mañana.

-Muchas gracias por todo lo que han hecho por mí,...

pero necesito pedirles algo.

¿Qué pasa? Sé que Enrique

es mi marido y que tienen que contarle lo que ha ocurrido,

pero no le digan que fue provocado. No sé cómo reaccionaría.

(Llaman a la puerta)

-Buenos días. Buenos días.

Flavia, mi amor, siento no haber llegado antes,

he venido lo más rápido que he podido.

¿Qué ha pasado?

-Perder un bebé es algo frecuente en los primeros meses de embarazo,

pero Flavia es joven y está sana, se recuperará.

-Ya has oído al doctor,

pronto se habrá quedado todo en un susto.

Nos vamos a casa, me voy a encargar de cuidarte y de que descanses.

-Me temo que eso no podrá ser.

En su estado, un viaje podría resultar fatal.

-Haremos lo que diga don Pascual.

¿Tú cómo estás?

¿Sabías que estabas...

Así,... esperando? Bueno, nosotros nos vamos.

-Sí. Y así podéis hablar a solas.

Hasta mañana, Flavia.

-¿Cómo está, está mejor?

Sí.

Todavía está un poco débil, pero está mejor, tranquilas.

-¿Se puede entrar a verla?

Ahora está con su marido,

pero en un rato, si no la cansáis mucho,

podéis hacerle compañía.

Tenemos que seguir con el día a día y la competición, ¿de acuerdo?

Cada una a sus tareas.

Padre, yo...

quería darle las gracias, no solo por cómo está tratando a Flavia

y por su discreción, sino...

también por mí.

Sabes que no hay de qué, hija.

La forma en la que me sinceré el otro día en el carnaval,

sé que no fue la más adecuada, lo siento.

Hija, hay cosas que a los padres nos duele saber,

pero que no te quepa duda de que lo que queremos es que tú seas feliz.

Quizá a tu madre le lleve algo más de tiempo

asimilar esto,

pero no te preocupes. Gracias.

Parece que se va a recuperar, pero menudo susto.

Intentaré verla más tarde.

Tengo clase, Ángela, luego te veo.

Sí, por supuesto.

Macarena.

Me alegro de verte. ¿Podemos hablar?

-Yo no tengo nada que hablar. -Por favor.

Solo será un momento, lo que tarde en aclarar...

-¿A qué ha venido?

-Acompaño a los competidores de mi colegio.

-¿Y algo más?

-Entiendo que estés molesta por cómo me fui.

-Sí. Sin despedirse.

-Si te preocupa que haya venido a remover el pasado,

eso no va a suceder.

-Eso espero.

Doña Manuela, disculpe,

me marcho ya. Que vaya muy bien, Roberta.

¿Adónde vas?

A clases extraescolares de francés.

¿Ah, sí? ¿Y cómo es que te has animado?

Me gustaría irme en verano a París, a trabajar en costura.

Qué buena idea.

¿Cómo no me has dicho nada?

No sabía que tenía que contártelo.

Se lo comenté a doña Manuela, que para eso es la directora.

Claro. Suerte.

Tiene razón, no está obligada a contártelo,

igual que no está obligada a decírselo a ninguna maestra.

No sé, creo que en mi caso es distinto.

Pues si no quieres que te vea solo como una maestra,

tendrás tú que hacerlo de otra manera.

Tenemos un problema.

Acaban de llamar del Santa Engracia,

los padres no les dejan venir,

así que no tenemos competidoras, solo María Jesús. ¿Qué hacemos?

No lo sé.

Míralos, si están como en su casa.

-Margarita Ortega-Sánchez Camaño y López de Carrizosa.

-Bienvenidos a la Academia de Señoritas.

-Sergio.

-Es precioso. El mío es un poco más básico.

-Ah, pero ¿que tú practicas?

-Sí.

-No solo practica, es la mejor arquera de Sevilla,

nuestra representante en la competición.

-Eso si a la categoría de damas se le puede llamar competición.

-¿Insinúas que no es buena? -No, no, si tirando como los niños,

seguro que sí,...

pero no se puede comparar. -Claro.

-El tiro con arco es una cuestión de técnica,

no tiene nada que ver con ser hombre o mujer.

-No sé quién te ha metido esa tontería en la cabeza,

pero lo que importa es la fuerza del brazo y de la espalda.

-¿A quién te crees que das lecciones?

Lo de la espalda y el brazo lo sabe ella.

-Para ser una academia, las formas dejan mucho que desear.

-¿Quieres comprobarlo por ti mismo?

-Uh, cuidado, Sergio, cuidado. ¿Qué pasa aquí?

Nada, que la morena, al parecer, tiene el carácter de un tabernero.

Mejor eso que la educación de un chimpancé.

Vamos, chicas.

Vamos.

Vamos.

Y el embarazo, ¿cómo lo llevas? Un poco de náuseas al principio,

pero todo bien, gracias a Dios. ¿Tú cómo estás?

Bien. Estupendamente. Señoras, ¿qué van a tomar?

Paula, qué sorpresa, no sabíamos que trabajabas aquí.

Bueno, llevo muy poquito tiempo.

¿Y sigues con el estudio de pintura?

No, no iba muy bien, lo he dejado.

Vaya.

Y bueno, usted, de vuelta a Sevilla. -Sí, solo por unos días.

-Y de enhorabuena.

Felicite a David de mi parte, estará muy contento.

Bueno, ¿qué... tomamos?

Yo, un vino tinto. ¿Y vosotras?

Sí, un vino, sí. Dos vinos y yo otro, tres vinos.

Yo no quiero nada, gracias.

-Muy bien.

Sale enseguida. Gracias.

Gracias. Qué extraño, ¿no?

¿Estás bien? Un poco cansada, eso es todo.

Aquí irán las cuatro dianas,...

en esta zona, los arqueros y aquí los invitados que, por cierto,

ya han confirmado la mayoría. Qué bien.

¿No te trae muchos recuerdos de cuando competías?

Muchos.

(Se abre y cierra una puerta)

¿Martín?

Pensaba que estarías en la academia.

He venido a por unas cosas. ¿Y no podías haber avisado?

Podemos seguir mañana, si quieres, no me importa.

No, estoy segura que Martín puede venir en otro momento, ¿verdad?

¿Cuándo? ¿Cuando a ti te vaya bien?

No puedes aparecer en casa de repente.

¿Por si estás con otro hombre?

No creo que tengas ningún derecho a reprocharme nada.

Me voy. No, nosotras estamos trabajando,

y estoy segura que puede venir en otro momento.

Dime qué necesitas y lo envío.

Real Hotel de Sevilla, ahí me alojo.

Lo siento. No te preocupes.

"¿Cómo que te vas a Madrid?". "¿A la competición?".

Estoy a tres puntos en la clasificación.

Y si gano, en julio podría estar en Estocolmo.

Manuela, los Juegos Olímpicos.

Pero ¿has convencido a tus padres entonces?

No pienso renunciar a mi sueño solo porque no lo entiendan.

Es mi oportunidad.

¿Te vas a ir sin decirles nada?

¿Y qué va a pasar mañana

con las maestras cuando vean que no estás?

Nada si no saben dónde estoy. Me tienes que cubrir.

Manuela, los Juegos Olímpicos.

(Llaman a la puerta)

Doña Carmen, hay una urgencia, la necesitan abajo.

No, no hay ningún error.

A falta de competidoras femeninas, María Jesús compite con vosotros.

¿Eso se puede hacer?

-¿Cómo va a competir una niña con nosotros?

-Si quiere un trofeo de campeona, se le da uno y punto.

María Jesús no necesita que se lo regalen, lo puede conseguir ella.

Pues que lo consiga en otra ocasión, pero competir con los muchachos,

eso es un despropósito. ¿Cuál es el despropósito?

Los muchachos se distraerían. Pues que no se distraigan.

-Si busca un novio, que se vaya a la verbena, ¿no?

-No se fijaría en vosotros ni harta de vino.

-Vamos a ver, esto no es serio. Si la niña...

María Jesús. Si compite, nos retiramos.

-Pedro, ¿de verdad es tan grave?

En igualdad de condiciones, los chicos tendrían las de ganar.

Para eso tendrían que tirar desde la misma distancia, ¿no?

Pues que así sea.

Pues que así sea. -Que no, que no, de verdad.

Está decidido.

Doña Carmen, que yo no puedo hacerlo.

Tú puedes hacerlo, lo único que tienes que hacer es entrenar,

¿de acuerdo?

Venga. Ánimo.

Te sales con la tuya, niña, pero no te lo vamos a poner fácil.

-Ni ella a ti.

-Ni caso.

Doña Carmen,... creo que no es buena idea.

Prefiero no competir. -No digas tonterías, María Jesús,

con lo que has entrenado. María Jesús,

no te puedes echar atrás ahora.

Vas a competir, vas a ganar y nos vamos a ir a Madrid.

¿A Madrid a qué?

El ganador irá a una competición.

No te lo quería decir por no ponerte más nerviosa.

¿No te gustaría competir con los mejores de España?

Sí, pero... yo no sé si... María Jesús,

¿cuántas veces te lo tengo que decir?

Es tu oportunidad. Ya no te representas a ti misma,

sino a todas.

Vas a hacer historia, créeme, lo recordarás toda tu vida.

María Jesús,... puedes hacerlo, vas a hacerlo.

Y nosotras estamos contigo.

-María Jesús, vas a ganar.

Venga, ahora a entrenar.

¿Por qué no me lo contaste?

Te habría acompañado. -Lo siento.

No quería mentirte,

no quería mentir a nadie.

(Llaman a la puerta)

-¿Se puede?

-Os dejo a solas.

-¿Cómo estás?

-Un poco mejor.

Estás muy guapa.

-Me voy a clase de francés ahora.

Voy a intentar lo de París.

Es... difícil, pero...

-Seguro que lo consigues.

¿Y qué tal con Tomás?

-Bien. Muy bien,

me está apoyando mucho, es buen chico.

-Sí.

-No hemos hablado de esto, pero... -No te preocupes,...

está todo bien, de verdad.

Me alegro mucho por vosotros.

-No quieres más, ¿no?

-Estoy harta.

-A mí tampoco me ha gustado nunca el hígado.

Ven, anda.

Déjame...

-No, Roberta, no estoy... Por favor.

-¿Y esto?

Flavia, ¿estás escondiendo las medicinas?

Pero ¿por qué, qué estás haciendo?

-No quiero recuperarme, no puedo.

Enrique dice que cuando esté bien me iré a casa.

Quiere que tengamos hijos y que me quede ahí.

Tendré que irme de la academia para siempre.

-¿Y esta es la manera? ¿Arriesgando tu vida?

-¿Y qué hago? Roberta, es mi marido.

No puedo seguir huyendo. -Tienes razón,

no puedes.

Pero tú también tienes un sueño, ¿no?

Mírame.

Imagínate que en unos años yo estoy en París

y tú aquí ejerciendo como abogada.

Nos mandaríamos cartas y nos contaríamos lo bien

y felices que estamos.

Flavia, yo sé que es difícil,...

pero no es imposible.

Tienes que hacerte cargo de la situación y...

pensar en ti.

-¿Es un mal momento?

-¿Qué quiere?

-He venido a hablar contigo, ayer me quedé preocupada.

-Te podrías haber preocupado antes, cuando te fuiste.

-Entiendo que estés enfadada, pero...

cuéntame cómo estás, qué haces trabajando aquí,

qué ha pasado con el estudio de pintura.

-Mi vida ya no es asunto tuyo.

-Déjame darte una explicación.

No me hubiera ido sin tener un motivo importante.

¿Acaso lo dudas? -No, no dudo nada.

Por favor, no me hagas levantar la voz ni decir cosas

de las que me voy a arrepentir. -Alguien nos vio en la academia,

me amenazaron y me asusté.

¿Qué habría pasado si hubiese salido todo a la luz?

No tenía ninguna opción.

-Muy bien, ya te has explicado, ¿ahora puedo seguir trabajando?

-Lo siento.

No volveré a...

(Llaman a la puerta)

(HABLA EN FRANCÉS)

¿Cómo van las clases de francés?

No tan bien como me gustaría.

Creo que tengo algo que te puede ayudar,

o al menos inspirarte. Mira.

Son bocetos del vestido Delphos. Y aquí una entrevista

a Mariano Fortuny. ¿Cómo la has conseguido?

Una amiga, de Montmartre. ¿Puedo verlos?

Me alegro mucho de que quieras ir a París.

Es una ciudad maravillosa.

Yo aprendí y viví tantas cosas allí.

No es seguro que vaya, porque entre que no me aclaro con el francés

y que tampoco sé coser.

Mira, si sigues trabajando así,...

con un poquito de suerte, seguro que consigues tu sueño,

porque de verdad que talento no te falta.

Teresa,...

siento no habértelo contado.

No te preocupes por eso, Roberta.

Si tienes razón, ¿por qué me vas a tratar diferente, no?

Si solo somos... un poco hermanas.

Qué raro.

Es que no sé ni cómo actuar.

Yo tampoco,

pero es normal, es algo nuevo para las dos.

Yo quiero que sepas que...

no sé, a mí me hace mucha ilusión.

A mí también.

¿Cuánto tiempo estuviste viviendo en París?

(HABLAN EN FRANCÉS)

-Lo siento. Lo siento, Carmen, no...

imaginaba que Manuela me lo iba a mandar todo de golpe.

Supongo que tiene prisa para sacarme de la casa.

Ya no estáis juntos.

Sí, me ha quedado bastante claro, sí.

Querrá más espacio para ese hombre con el que se acuesta,

ese desconocido, porque nadie le conoce, ¿no?

Nadie, ni en la academia ni en ningún sitio, tú tampoco, ¿no?

¿O tú sí? No.

Ni le he dicho que me he acostado con su marido.

Perdona, perdóname.

Perdóname, Carmen, no quería...

Lo siento, pero entiéndelo, me sorprende lo fácil que le resulta,

no sabía que significaba tan poco para ella.

¿Te das cuenta que vengo aquí cada noche y siempre hablamos de ella?

¿Cómo crees que me hace sentir? Bueno, Carmen...

Martín,... sigues enamorado de Manuela,...

y yo no puedo competir con ella.

Nunca he podido.

¿Y qué quieres que haga?

Todavía es mi mujer. Lo sé.

Por eso no podemos seguir.

Nos hemos ayudado un tiempo,...

pero esto no tiene sentido.

María Jesús, es tarde.

No podía dormir.

Es normal que estés nerviosa, es un momento importante.

¿Usted se ponía nerviosa?

Por supuesto.

Pero yo tenía un secreto:

siempre competía con la dedalera de mi entrenador,

me daba mucha suerte.

¿Y no la tendrá por ahí por casualidad?

No,...

pero tengo la mía. ¿Te ayudaría?

Sí.

¿Usted ha competido alguna vez en campeonatos nacionales?

Estuve a punto de ir a un clasificatorio

para las Olimpiadas, sí. ¿Y qué pasó?

¿No pensará salir sola a estas horas?

¿Verdad, señorita?

No puedo ser,...

pero tú lo conseguirás, estoy segura.

Si es que no abres bien... -A ver quién gana la competición.

-Ya sabes lo que pasa con estas cosas.

-Definitivamente, nos han invadido.

(Risas)

-¿Y estos de qué se ríen?

-Me ha dicho doña Luisa que soy la mejor nota de la clase.

-Ahí lo tienes.

-"Mejor dedícate a tus labores".

"Niña". -Esto ya pasa de castaño a oscuro.

No tienen derecho a entrar en nuestra habitación

ni a tratarnos así.

-¿No quieren que me dedique a mis labores?

Pues se van a enterar.

-Y no se puede estar ni en la capilla.

A ver si María Jesús les gana ya y se les quita la chulería.

¿Pasa algo?

-¿Por qué no me has contado que Ángela había vuelto?

-¿La has visto?

¿Qué te ha dicho? -Muy poco,...

pero que tengo que hablar con ella. -No, mamá.

Nos abandonó.

¿Quieres que te diga cómo estuviste durante mucho tiempo?

-No hace falta, Macarena, yo lo sé mejor que nadie.

Y ha sido muy duro,...

pero ahora sé que tuvo sus motivos.

Y si nosotras la juzgamos, le estamos haciendo lo mismo

que las personas que la obligaron a marcharse, ¿comprendes?

Lo mismo que las personas que ni nos entienden ni lo harán nunca.

Estamos en el mismo lado, Macarena,..

por eso tengo que hablar con ella.

-A ver.

Preciosa.

¿Te sientes un poco mejor?

Podréis volver a intentarlo. Eres muy joven.

-Es que...

nunca quise tenerlo.

Siendo madre, pensará que lo que he hecho es horrible.

-Claro que no.

¿Sabes? Yo siempre quise ser madre,

a la vista está,

pero David quería tenerlos nada más casarnos,

y yo todavía estaba terminando mis estudios,

así que le dije que no era el momento.

Flavia,...

no te sientas culpable por decidir qué quieres hacer o cuándo,

es tu vida, y tú deberías ser dueña de ella.

(Llaman a la puerta)

-¿Interrumpo? -Adelante.

Os dejo tranquilos.

-Te he traído una revista. ¿Cómo te encuentras?

-He estado mejor.

-Flavia,... cuando te vi venir...

Si te llega a haber pasado algo, no me lo llego a perdonar.

-Lo que ha pasado no ha tenido que ver contigo.

-Si lo sé, pero aun así me siento culpable.

Estabas mal y... no lo supe ver.

-Gracias,...

pero fui yo quien no quiso saber nada de ti cuando volviste.

He estado pensando mucho, y me he dado cuenta

que nadie me obligó,

ni mis padres, ni Enrique,... ni tú.

El "sí, quiero" lo dije yo sola,

y culpar a los demás no me ha ayudado a avanzar.

-Flavia, ¿qué haces? -No.

He tardado mucho en reaccionar, pero lo voy a hacer ahora,

voy a vivir mi vida, y nadie me lo va a impedir.

Estaba harta de estar ahí dentro.

Gracias.

-Pero despacito, hasta la escalera y volvemos.

No quieras vivir la vida demasiado rápido.

-Hombre,... la de los pantalones.

-¿Es que usted nunca se pone ropa de mujer o qué?

(RÍE) Llevar pantalones no te convierte en hombre,

chiquitín.

Teresa.

¿Podemos hablar un momento?

Sí, claro.

-Me planté delante de la diana, cogí el arco, cargué...

-¿Qué es todo esto?

-Sergio, mira. -Ese es mi arco.

-Como veis, se nos da muy bien dedicarnos a nuestras labores.

-¿Habéis sido vosotras? Mira, como le pase algo a mi arco,

te juro que... -¿Vas a pegarle a una niña?

¿Se puede saber qué está pasando?

¿Qué es todo esto?

¿Lo habéis hecho vosotras?

Han entrado sin permiso y han cogido nuestras cosas.

-Empezasteis vosotros, chivato. Bueno, se acabó,

vais a recoger todo esto inmediatamente hasta el último hilo.

Estáis expedientadas. -Podrían haber roto algo.

-Es material muy valioso. He dicho que se acabó.

Deberíais reflexionar todos sobre los valores del deporte.

Y María Jesús, lo siento pero no vas a competir.

Ponle una sanción o algo, pero no le puedes hacer esto,

que ha entrenado muchísimo.

¿Y qué van a pensar el resto de entrenadores?

¿Y si vuelve a suceder en mitad de la competición?

Esto puede ir a más, y no me puedo arriesgar.

No exageres, ha sido una chiquillada.

Para mí, esto dista mucho de ser una competición sana,

así que lo siento de verdad, pero María Jesús no competirá,

no hay nada más que hablar.

Por favor.

No me puedo creer que lo estés volviendo a hacer.

¿Hacer qué?

Frustrar el sueño de María Jesús, como frustraste el mío.

¿Qué estás diciendo, Carmen?

Mis padres me sacaron de aquí porque tú me delataste.

Pero ¿qué dices?

Te fuiste a trabajar con ellos. ¿Y tú te lo creíste?

Fue lo que le dijeron a todos, pero fue porque intenté fugarme.

No sé, te habrían sacado igualmente

al descubrir que no estabas. ¿Y si me hubiera clasificado qué?

Era mi única oportunidad, Manuela.

Carmen, por favor, era una locura.

Eras una niña y pretendías ir sola, de noche,

viajando con desconocidos,

te podía haber pasado cualquier cosa,

y yo no me lo habría perdonado. Te entró miedo, igual que ahora.

No sé, lo siento mucho, pero creo que hice lo correcto,

y lo voy a volver a hacer ahora.

Y espero que María Jesús sea lo suficientemente madura

como para perdonármelo.

Yo entiendo perfectamente vuestro enfado.

He visto su comportamiento, sus provocaciones,

pero hay que entender a Manuela también.

También quiero deciros que a mí, estéticamente,

me ha parecido una propuesta muy interesante.

No ha podido ser, lo siento.

Lo he intentado.

No se preocupe, ¿qué le vamos a hacer?

-Me da rabia que esos mequetrefes se hayan salido con la suya.

Que conste que estoy segura que habrías ganado.

-Gracias, doña Carmen.

Me hacía ilusión competir,...

pero tener que aguantar los comentarios de los chicos

y tener que representar a la academia y a todas las mujeres,

me ha hecho darme cuenta que a mí lo que me gusta es practicar.

Empecé sin saber coger ni el arco,

y ya el hecho de haber descubierto algo que me gusta

y tener una ilusión... ya es mucho.

Y me da igual si no compito mañana, o si no compito nunca.

Lo que he aprendido estos meses

y lo orgullosas que estáis de mí...

-Como para no estarlo.

-Eso ya es una victoria,...

y nunca voy a poder agradecérselo lo suficiente.

Gracias.

Muchas gracias por todo. Es un placer.

(Llaman al timbre)

¿Te importa abrir?

Paula.

Buenas noches.

Macarena y Teresa lo han preparado para que podamos hablar tranquilas.

-Pasa.

¿Te quieres sentar?

-He pensado mucho si debía venir a verte.

Lo siento si el otro día fui muy dura contigo.

-Estabas en todo tu derecho.

-¿Por qué no me lo dijiste?

-Si te avisaba, tú también habrías salido huyendo

y no era justo, la amenaza era contra mí,

era suficiente con que yo me marchase.

-¿Y cómo estás?

-No ha sido fácil,...

pero poco a poco he ido rehaciendo mi vida.

-Te envidio.

Envidio tu capacidad de seguir adelante.

-No me ha quedado otra.

-Yo no he podido, ¿sabes?

Me hiciste creer que nada de lo que tuvimos era real,

que las palabras, los besos, los momentos no existieron.

-No lo he olvidado, nunca lo olvidaré.

-Ya, pero yo no puedo vivir solo con eso.

Te perdí dos veces, Ángela.

Una el día que te fuiste, y otra, el día que se me olvidaba tu cara.

Quería recordarte y no era capaz.

¿Sabes cuándo dejé de pintar? Justo ahí,

cuando me di cuenta que ya no podía pintarte.

-Paula.

-Así que me alegro mucho que hayas rehecho tu vida,

ojalá yo hubiera podido, te lo digo de verdad.

¿Manuela? ¿Qué haces aquí todavía?

Nada.

Luisa,...

¿tú recuerdas cuando Carmen se fue de la academia?

Sí.

Se la llevaron sus padres a Madrid, a trabajar, creo.

Y fue un poco extraño, se la llevaron de la noche a la mañana.

¿Por qué lo preguntas?

Por nada, porque...

a veces, por querer hacer el bien, acabas provocando algo peor.

Buenas noches, Luisa. Buenas noches.

Tenía que haber venido antes,...

o haberte escrito. -Ángela, ya está.

¿Eh?

Lo siento si antes he sido injusta contigo.

¿Y cómo le vas a poner?

-Isabel. -¿Isabel?

Bueno, ¿y si es niño?

-Lo siento, pero no pienso traer más varones al mundo.

-Ay.

Se ha movido.

-¿No es precioso...

sentir algo así?

Dar vida.

-Y luego dejarle marchar.

-Tú también creabas vida.

Y puedes volver a hacerlo.

Píntame.

-No.

-Ahora estamos solas tú y yo.

-Ángela,...

Ángela, no es buena idea. -Espera. Esto puede servir.

Por favor. Hazlo por mí.

-Estoy bien, no te tomes al pie de la letra lo que te he dicho antes.

-Nadie me ve como lo haces tú.

-(SONRÍE)

Muy bien.

Ponte cómoda.

(Llaman a la puerta)

Adelante.

Hola. Hola.

Acabo de hablar con María Jesús. He decidido que compita mañana.

Tendrá una sanción y me ha prometido

que no va a haber más problemas, pero la verdad

es que creo que se lo merecía. Gracias.

Se habrá puesto muy contenta.

Sí.

Carmen,...

yo no tenía ni idea de lo que provoqué,

ni lo doloroso que fue para ti, es que no lo sabía.

Igual me confundí y debería haberte apoyado,

pero me asusté, te podía pasar algo,

pero lo que no entiendo es por qué nunca me lo dijiste,

por qué no hablamos de esto. No lo sé.

Estaba enfadada.

Contigo,

con tu madre, con mis padres.

Con la vida en general.

De un plumazo perdí todos mis sueños, Manuela,

y no he vuelto a tener ilusión por nada en la vida.

Carmen, no digas eso, no es verdad.

¿Tú te has visto con María Jesús?

Ha ganado muchísima confianza, y el resto de las alumnas

que no querían oír hablar de deporte y míralas ahora,

se quejan un poquito menos.

Ya.

No ha sido fácil. Claro que no, ya lo sé,

pero todo eso lo has conseguido tú, y creo que podemos

conseguir mucho más juntas.

Ahora formas parte de la academia, Carmen,

te necesitamos,...

y el sueño que tenemos todas de cambiar las cosas

y de luchar por nuestros derechos, también es tu sueño.

No quiero que volvamos a distanciarnos

por no hablar las cosas, no quiero.

Yo tampoco.

Podemos hacerlo mejor.

Sí.

Buenos días, doña Carmen.

¿Dónde va tan temprano, si hoy es el gran día?

Tengo cosas que hacer, pero volveré a tiempo.

¿Has pasado la noche en vela?

-Estoy inspirada.

-Se ha hecho tarde.

-¿Y no podemos quedarnos un poco más?

¿Cuándo vamos a volver a tener esto?

-Esta ya me la has comprado dos veces.

-Que no, que no puede ser.

-Gracias, Tomás.

-Se supone que volvemos a ser amigos, ¿no?

Pues a los amigos no hace falta darles las gracias.

-Todas las veces que hemos intentado ser amigos no lo hemos conseguido.

(Pasos)

(Llaman a la puerta)

-Flavia, ¿qué...?

Quiero hablar con mi esposa. A solas.

¡Se acabó, no me vas a torear más, recoge tus cosas,

nos vamos ahora mismo!

-Yo me quedo.

-¿Qué has dicho?

-Que no me voy a ir contigo,

voy a seguir estudiando, y voy a ser abogada.

¿Sabes para qué?

Para que ninguna mujer tenga que pasar el infierno

que he pasado yo.

-Este momento duro te lo voy a pasar por alto,

pero no me hagas insistir.

-Es que no te quiero.

Nunca te he querido ni lo voy a hacer,

al igual que no quise un hijo tuyo.

No fue natural.

-Eso no es verdad.

-Desgraciadamente sí.

-¡Te vienes conmigo aunque sea a rastras!

-Me haces daño. -¡No lo compliques!

-¡Que me dejes! -¡Eh!

Ni te acerques.

-Os creéis muy afortunados, ¿no?

Creéis que estáis enamorados y que el mundo va a ser vuestro,

pero eres mi mujer, Flavia,

y lo que has hecho es delito,

así que si no es hoy, será mañana, pero volveré.

-(GRITA)

-Pero ¿al final va a competir? -Eso parece.

Mucha suerte, María Jesús.

Pase lo que pase, estamos orgullosas de ti.

Gracias.

¿Y doña Carmen?

No puedo empezar sin ella.

Ha salido, pero seguro que está al llegar.

Me dijo que me iba a dejar su dedalera.

¿Y la necesitas para tirar?

No,... pero me iba a dar suerte.

Doña Carmen.

¿Y su padre?

Mi padre me ha pedido que la reciba yo.

No, necesito hablar con él. ¿No quiere un café?

¿Qué no ha entendido exactamente de "necesito hablar con él"?

Mi padre me ha pedido que le dé las gracias.

Que me reciba él ahora mismo. Voy a paralizarlo todo.

Usted no tiene capacidad de paralizar nada,

y no olvide que tiene mucho que perder.

Buenos días.

-Acordaos, espalda recta, cabeza alineada con el arco

y abrís bien de espalda.

-Vamos, María Jesús, estamos contigo.

-Dales su merecido.

¿Ángela no debería estar aquí?

Le ha surgido un imprevisto. Nada grave, supongo.

Nada, no, está bien, tranquila.

-Creo que son los mejores que has hecho.

Gracias. -No.

Gracias a ti,...

y a Macarena y a Teresa por la complicidad.

-Y ahora,...

¿nos decimos adiós, sin más?

-Supongo.

-¿Y si no lo hacemos?

-Tú te tienes que volver a Madrid. -Sí, pero y si nos despedimos

como si fuéramos a vernos luego.

Esta noche.

¿Y si fingimos que esta es nuestra vida?

Que todos los días nos despertamos de una misma cama

y nos vamos juntas al trabajo, ¿te imaginas?

Pasearíamos por el puente de Triana, sin escondernos,

sin hacer creer que solo somos amigas.

Gritaríamos al mundo que estamos enamoradas,

que nos sentimos vivas

y que hemos tenido la inmensa suerte de encontrarnos.

Podríamos ser libres,

sin miedo a que nos juzguen, a que nos agredan

o a que nos encierren.

Seríamos felices.

-Algún día.

-Algún día.

-Te veo esta noche, mi amor.

-Arqueros, prevenidos.

(Suena un silbato)

(Aplausos)

-¡Bravo, María Jesús!

-Si es que es la mejor.

-Habrá sido suerte.

-Arqueros, prevenidos.

(Suena un silbato)

-¡Bravo, María Jesús!

-¿Eso también ha sido suerte?

-Última flecha.

-Reconozco que has llegado lejos, pero no vas a ganar, lo sabes.

-¡María Jesús ganadora!

-(TODAS) ¡María Jesús ganadora!

¡María Jesús ganadora!

¡María Jesús ganadora!

¡María Jesús ganadora!

¡María Jesús ganadora! ¡María Jesús ganadora!

¡María Jesús ganadora! Perdón.

-A lo mejor ya he ganado.

-Arqueros...

-Virgencita del Socorro, por favor, que lo consiga.

Venga, tú lo puedes conseguir.

-Se merecía ganar. Bueno, lo que ha conseguido

es mucho más importante que cualquier trofeo.

Venga.

-Vamos. -María Jesús...

-¡María Jesús ganadora!

-(TODAS) ¡María Jesús ganadora!

¡María Jesús ganadora!

¡María Jesús ganadora!

-No estuvo mal, para ser una niña. -Tú tampoco, para ser un idiota.

-Hombre, hay que reconocer que lo de la lana estuvo gracioso.

-¿Esa es tu manera de pedir perdón? -No, para eso mejor...

os invitamos a merendar. -Eso es otra cosa,

pero cada uno se paga lo suyo.

-Mira, señoritas no lo sé, pero cabezotas sois un rato.

Manuela, tenemos que hablar.

¿Podemos ir al despacho un momento?

No, estamos bien aquí.

¿Por qué lo has hecho, Carmen?

¿El qué? ¿Por lo que hablamos ayer,

porque me culpas de que tu vida no fue lo que esperabas?

Desde luego que no ha sido lo que esperaba, no.

¿Y por eso te acuestas con Martín?

¿Cómo has podido hacerme esto? Lo siento.

No lo entiendo, Carmen.

Te he contado todos los detalles de mi relación con Martín,

me has visto sufrir muchísimo,

¿y te ibas por las noches a su hotel?

De todas formas, se acabó,...

sigue enamorado de ti. Pero esto

no tiene que ver con él,...

tiene que ver con nosotras, con nuestra amistad.

No me des lecciones de amistad, Manuela.

¿Qué estás diciendo, Carmen?

Que hubiera sido bonito que vinieras a verme a Madrid,

cuando te necesitaba. Era una niña, Carmen, no podía,

estaba estudiando. Ya,

cosa que yo no pude hacer.

¿Es que no podemos pasar página de verdad?

¿Pasar página cómo?

Si no tenía absolutamente nada, me quedé sin nada.

¿Qué hacéis aquí?

¿A qué has venido?

¿Por qué has vuelto si tanto me odias?

¿Para hacerme daño?

Quiero que te vayas, Carmen.

Recoge tus cosas y vete, por favor.

Dile a María Jesús que lo siento.

Gracias.

¿Qué ha pasado?

-No, no, no, gracias, no, gracias de verdad por acelerar los trámites.

Un placer contar con amigos como usted, señor alcalde.

Dé recuerdos a su señora.

Gracias, gracias. Adiós, adiós.

-¿Y ahora qué, padre? -Chist, ahora esperar

a que se haga efectivo. Paciencia.

Dentro de poco, la academia para señoritas será nuestra.

Te has propuesto hundir esta institución

y no vas a parar hasta conseguirlo. Luisa.

¿Sí? Tienes visita.

Arcadio. Arcadio, hijo.

No voy a volver con Enrique. Lo tengo decidido.

(TOCA LAS CAMPANAS)

¿Qué pasa? Fuego, hay que desalojar.

Id saliendo. Rápido.

Le presento a catalina, mi prometida.

-Su hijo me ha hablado mucho de usted.

-Hago todo lo que queráis, pero por favor no digáis nada.

-Tu novio es peligroso, doña Manuela tiene que saberlo.

-Eso no es verdad.

Interrumpir un embarazo es delito, y como la denuncie

puede ir a la cárcel entre cuatro y seis años.

No estoy capacitada para garantizar

la seguridad de las niñas ni de nadie.

Luisa. No.

Quiero pasar mi vida contigo. -¿Y Roberta?

-Yo estoy enamorado de ti, Flavia, y siempre lo he estado.

-¿Te he enseñado ya el anillo de pedida?

Queríamos hablarle de la nulidad matrimonial.

Llegamos a un acuerdo que no vamos a romper.

Ellos no saben lo que ha hecho, y es mejor que no se enteren.

-Da igual en cuántos libros busques, apenas se sabe nada

sobre enfermedades mentales,

y nadie reconoce que le puede pasar a cualquiera.

He venido hasta Sevilla a casarme para estar cerca de usted.

¿Y con qué dinero piensas organizar la boda?

¿Con el que le vas a robar?

¿Don Enrique? Vengo a por mi mujer.

Mire abajo, usted y yo, arriba.

Luisa.

¿Cómo te atreves? Vete o llamo a la policía.

Nunca he querido esa academia.

Representa todo lo que ni yo ni mi socio queremos para esta ciudad.

¿Doña Manuela Martín? Sí, soy yo.

Es una notificación judicial.

¿Cómo? Voy a cerrarla para siempre.

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La otra mirada - T2 - Capítulo 19: "Tengo un sueño"

01 jul 2019

Se acerca la competición de tiro con arco y llegan a la academia los alumnos competidores de Madrid. Para sorpresa de todas, Ángela es la maestra que los acompaña. Flavia es atendida por el Doctor Pascual y está fuera de peligro. Los competidores intentan hacer de menos a las alumnas.

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  1. Sandra

    Sin lugar a dudas la mejor serie española que he visto. Sublime, excelente, actuaciones implacables, un guion totalmente creíble porque muchas mujeres han tenido que luchar muchísimo por una educación. Desde Argentina mi más profunda admiración y deseo pronto ver la 3era temporada

    pasado lunes
  2. María

    ¡Vaya una serie ridícula! No es nada creíble pero claro, en estos días hay que hacer una serie de este estilo...

    14 jul 2019
  3. AMCD

    Muchísimas gracias por esta serie de calidad incuestionable, actores profesionales y fondo y formas exquisitas.

    06 jul 2019