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No recomendado para menores de 12 años La otra mirada - T2 - Capítulo 18: "Baile de máscaras" - ver ahora
Transcripción completa

Tenemos que tener más cuidado. -¿Más?

-¿Qué le pasa a Flavia? Está muy blanca.

-Flavia. -(VOMITA)

-No llegamos.

-Tú y yo teníamos un trato: yo a mis estudios

y tú a tus rastrojos, y sanseacabó. -Pero yo no quiero que sanseacabe.

-Me gustaría hablar sobre mi madre,

como van a hacer otras chicas.

-¿Qué va a pasar con mis estudios cuando tengamos hijos?

-Los dejarás, claro.

-Te espero a las 12 en la capilla y te lo cuento todo.

-Yo sé dónde puede estar tu madre, ven a la calle de los Arcos.

Te prohíbo que vayas a ese sitio.

-Quiero hablar contigo a solas.

Están aquí. No voy a dejar que te pase nada malo.

Las cosas no están yendo bien.

¿Por qué me pediste que volviera? ¡Porque mi madre me lo pidió!

-No te preocupes, Manuela, por tu academia, que de cara a tu madre

seguiremos estando juntos, pero se acabó, esto no tiene sentido.

Voy a quitar la mano y no vas a decir ni mu.

-¿Con Tomás Peralta?

-Todavía no lo sabe, ¿verdad? -¿El qué?

-Tomás y Roberta son novios.

No me siento capaz de...

cuidar de una relación ahora.

Pongamos el nombre de una mujer para esta calle.

-Pero ¿cómo vamos a hacer eso? -¿Dónde está mi madre?

-Ni lo sé ni me importa,

así que arrea pa dentro y no me hagas cabrear.

-¡Suéltame! ¡Suéltame!

-Flavia, estás embarazada.

-¿Está seguro? -¿No te alegras?

-Me prometió que no se lo iba a decir a nadie.

Dichosos los ojos.

-Haberme dicho que te interesaba meterte en sus bragas.

-Pero ¿tú qué quieres? ¿Eh?

Acabo de hablar con el alcalde y está encantado

con lo del nombre de la calle. Quiere que sea cuanto antes.

Tienes que firmar todo esto.

Esquizofrenia, esto es lo que creo que puede tener Elías.

¿A que ve y escucha cosas que tú y yo no?

Quiero irme a casa.

Tu padre nos pidió que no le llamáramos hasta final de curso.

Roberta, estás sola, y te necesita, y tú a ella también.

-Ha llegado el momento por el que tanto tiempo hemos trabajado.

No es el nombre que habíamos acordado.

¿Pensaba que iba a ser parte de su indecorosa revolución?

Tengo algo que contarte.

El día que me llevaron presa,

me enteré de que somos hermanas.

Mi padre y tu madre tuvieron una aventura.

Hace mucho tiempo que no me siento tan viva.

Lo único que has hecho es mentirme.

-Hija, por favor, escúchame. -Yo ya no soy tu hija.

No quiero volver a saber nada más de ti.

Señoritas, queda inaugurada la Calle de las Mujeres Olvidadas.

(Aplausos)

¿Te acuerdas de ese caso del que te hablé?

El de ese hombre que amenazó a su vecino con una escopeta.

Pues el hombre se ha presentado al juicio con la escopeta, gritando,

insultando y amenazando a todo el mundo.

Y, como es normal, la Guardia Civil lo ha apresado.

Yo no sé qué se pensaba.

Así que ahora, no solo lo voy a juzgar por un doble delito

contra la seguridad y la libertad, sino que también por desacato

y alteración del orden público.

Perdona. Perdóname, soy muy pesado con las cosas del juzgado.

(RÍE)

¿Y tú qué tal en la academia?

En la academia, las alumnas no tienen escopeta.

Menos mal.

(Sintonía de "La otra mirada")

(Suena un timbre)

Voy.

Buenos días. Buenos días.

¿Desayunamos juntas? Claro.

¿Te he despertado?

(BOSTEZA) La verdad es que sí.

Llevo varios días que no me va oigo el despertador,

pero no se lo digas a mi jefa. Estás muy guapa.

Sí, es que dormir sienta muy bien.

¿Cómo estás?

Bien.

Pero... Roberta sigue rechazándome.

No has conseguido hablar con ella.

No.

Está enfadada...

y me evita todo el tiempo.

Supongo que necesita tiempo, igual que lo has necesitado tú.

Sí, supongo que sí.

¿Tú qué tal?

Bueno.

¿Cómo llevas los cambios, te adaptas?

No sé, es raro ver cómo la gente nos ve

como el matrimonio perfecto y luego dormimos

en habitaciones separadas.

Y últimamente ni eso, hay noches que no llega a casa.

¿Y a ti te sienta mal

que quizás esté con alguien?

Bueno, si te digo la verdad, en el fondo un poco me duele,

pero tiene todo el derecho del mundo.

Se ha vuelto todo tan complicado entre nosotros.

Te voy a enseñar algo.

Pero ¿vamos a celebrar el carnaval?

Pero creí que habíamos cancelado todas las actividades de ocio.

Lo sé, Carmen, lo sé,

pero el carnaval es una tradición y no podemos prescindir de él,

así que haremos un evento más pequeño y con menos invitados.

Y sin cena, claro.

Tenemos botellas del año pasado

y tendremos que improvisar algo de comer,

tendremos que hacer los adornos nosotras...

Y la música la vamos a tocar nosotras, ¿no?

No. Voy a invitar yo a una banda.

¿Y quién lo va a organizar? Porque Ángela

siempre se encargaba de esto. Este año me encargaré yo.

Pero si estás hasta arriba. Vas a necesitar ayuda.

No quiero que hagáis horas de más.

Pero, Manuela, a mí no me importa.

Me encargaré yo, de verdad.

-No sé, pero está fenomenal pintado.

-Me parece una idea buenísima. -Qué ilusión.

-A mí me gustaría ir de hada. Con las alas

bordadas de dorado.

-Sencillita, como siempre.

Buenos días. (TODAS) Buenos días.

-¿Te pasa algo?

-Me duele un poco la tripa.

-¿Otra vez?

-Estoy bien.

Luego subo a descansar y se me pasa.

"El pelele", de Francisco de Goya.

Es un cartón para tapiz destinado al gabinete de Carlos IV.

¿Qué veis en él? Una escena popular.

Muy bien, ¿qué más?

¿Inés?

¿Que solo hay mujeres?

Exacto. Solo hay mujeres.

En aquel entonces, era tradición que en carnaval

las mujeres cosiesen un pelele entre todas.

Los hombres no participaban de esto.

Luego nos quejamos que coser solo es cosa de mujeres.

Es por un motivo, Macarena.

El mismo por el que manteaban al pelele.

¿Y cuál es ese motivo?

El pelele personificaba al varón, o a la autoridad,

que las relegaba al ámbito de la casa,

a las tareas domésticas, a la sumisión, es decir,

a una vida llena de limitaciones por el mero hecho de ser mujeres,

pero una vez al año, en carnaval,

podían quejarse.

El manteo del pelele

es una manifestación de rebeldía,

por eso, en honor a esas mujeres y a todas

las que no pueden manifestar libremente

su deseo, su opinión,

su inconformismo,

os propongo que hagamos un pelele entre todas.

¿Y lo vamos a mantear? Por supuesto que sí.

Haremos de nuestro descontento una fiesta.

Pero si aquí hay de todo, ¿no?

-A mí me lo tienen que hacer a medida, como todo me queda corto.

-Me gusta este.

-Te va a quedar enorme.

-Sí, pero a diferencia de la señorita, yo sé coser.

-Pues a mí no me gusta nada.

Yo quiero algo más festivo, más brillante.

Algo que esté a mi altura, y a la de mi acompañante, claro.

-¿Con quién vas a ir? -Con Elías.

-¿Tú no decías que no querías nada con el jardinero rarito?

-Vale, sí. Él es distinto, y no es de buena familia.

Es más de pueblo que las amapolas,

pero cuando me mira...

creo que me estoy enamorando, pero amor de verdad.

-¿Entonces sois novios o algo?

-Sí. Bueno, no, no.

-¿Sí o no? -A ver, novios, novios...

El otro día tuvimos una cita, pero no fue del todo bien,

aunque me cogió la mano. -Que no os habéis besado, ¿no?

Te cogió la mano y ya.

-Mira, para que vosotras sepáis, las grandes historias de amor

se tejen poco a poco, que no tenéis ni idea de romanticismo.

Pues ya es oficial.

Has acabado con las existencias de prensa de toda la provincia.

Ilumíname, ¿cómo se hace eso? No te preocupes, ya lo hago yo,

de verdad, gracias. ¿Y esto?

¿Han puesto una bomba en la fábrica de los Peralta?

Sí. Pero... ¿ha habido heridos?

No, parece que no.

Manuela, ¿tú le has dado permiso a Roberta para que falte a mi clase?

Claro que no. ¿Por qué, no ha ido?

No.

Pues esta mañana sí que ha asistido a la mía.

No te preocupes, hablaré con ella.

Por favor.

¿Hay algún problema con Roberta?

Creo que será mejor que te sientes.

Pero ¿cómo que es tu hermana?

Tu hermana de verdad.

¿Por qué no me lo habías dicho antes?

-Porque no lo sabía ni yo, Tomás.

Pero ya está, no quiero hablar más del tema.

Oye, no se lo digas a nadie, por favor.

(Llaman a la puerta)

Tomás, ¿has terminado? Sí, doña Manuela.

Muy bien, me gustaría hablar un momento a solas con Roberta.

Gracias.

Me ha dicho Teresa que no has ido a su clase.

No, no me apetecía.

Roberta,...

sé que estás enfadada, pero tienes que asistir a todas las clases.

¿Usted también lo sabía?

Es increíble, todo el mundo lo sabía menos yo.

Sé que no es fácil, y que estás desconcertada...

No quiero ir a clase de Teresa, no voy a ir.

Mientras seas alumna en esta academia

tendrás que cumplir las normas.

Pues me voy, ya está. Si yo no quiero estar aquí.

No digas eso porque no es verdad.

Así que te pido por favor que dejes a un lado

los asuntos personales y retomes tus estudios, ¿de acuerdo?

Hazlo por ti.

Perdona, Luisa, pero te estaba esperando fuera.

Disculpa, Vicente, me he entretenido.

Es que no lo entiendo, me falta material.

¿Sí?

Seguramente alguna de las chicas lo habrá cambiado de sitio.

Sí, pero no son cosas para que anden por ahí sueltas,

son muy delicadas y pueden ser hasta peligrosas.

Es que...

no me lo explico. ¿Habré contado mal?

Venga, no le des más vueltas.

Vamos a tomarnos un pescaíto frito, de estos de chuparse los dedos.

Sí, ya luego por la tarde...

Sí. Guardo esto y nos vamos enseguida.

El caso es que aquel año yo llevaba una máscara enorme,

al menos a él se lo parecía, porque Arcadio era muy pequeñito,

tendría cinco años,

y él tenía la costumbre de meterse debajo de mi falda,

pero como no me reconocía, venga a buscarme,

acabó toda la noche metido debajo de la falda

de Antoñita la costurera.

(RÍEN)

Era muy gracioso.

¿Sabes?

A mí me habría encantado ser padre. ¿Sí?

Es una de las cosas más bonitas del mundo,

y también más complicada. A veces una no sabe cómo acertar.

También se sufre mucho, ¿sabes?, pero...

compensa.

Yo no soy muy entusiasta de los carnavales,

no me gusta disfrazarme. ¿No?

Pero si quieres, puedo ir a ese baile contigo.

No, no, yo, si tú... Perdón.

Por cuenta del caballero.

¿Le conoces? Sí.

¿Me disculpas un momento? Claro.

¿Qué haces aquí? ¿No ves que estoy acompañado?

-Pero como no se te ve el pelo, no me dejas otra.

Quieren que hagas otro trabajo aquí en Sevilla.

-No, no, os dije que era el último trabajo,

así que dejadme en paz. -¿Tiene algo que ver la señora?

¿No te habrás encaprichado?

-Déjame en paz, y no quiero volver a verte, ¿está claro?

¿Todo bien?

Sí, sí.

Bueno, ¿y ese baile, de qué hay que ir disfrazado?

-Margarita y María Jesús se los van a arreglar ellas mismas.

Y las demás ya tienen todos los buenos.

¿Y si voy de monja?

Tengo una prima segunda que es clarisa,

quizá me pueda dejar la túnica.

¿Estás llorando? ¿Qué pasa, te has pinchado?

Flavia.

Llevas unos días de lo más rara.

Si es por lo de Roberta y Tomás, mira,

que cada uno haga lo que quiera con su vida.

-No, no es eso.

Estoy embarazada.

-¿Qué dices?

-Por favor, no se lo digas a nadie, Enrique no lo sabe.

-Tranquila.

Tranquila.

Es normal, es mucho cambio.

A lo mejor nuestras madres no lo llevaron bien al principio.

-Es que yo no quiero ser madre, o por lo menos no ahora,

y menos con Enrique.

-Pero es tu marido, Flavia. -Pero yo no le quiero,

ni le he querido nunca.

-Ya lo sé,...

pero estás casada con él.

¿Y si hablas con Teresa, o con doña Manuela?

Quizá ellas te puedan aconsejar.

-Nadie puede ayudarme.

¿Todavía estás aquí?

Sí, estoy terminando con esto.

Deja todo eso ya y vete a casa a descansar.

No, no, que si no termino, mañana se me acumula,

pero estoy bien, de verdad.

No te preocupes.

Estás ocupándote de todo lo del carnaval

porque no quieres estar en casa, ¿verdad?

Mira, la verdad es que ahora mismo, tal y como están las cosas,

me siento mejor aquí que allí, sí.

Bueno, pero hay más opciones que la academia y casa.

Y él: "Que no, que no", que yo no podía pagar la cena,

insistiendo todo el tiempo porque era una deshonra.

Reconócelo, Teresa,... te gusta poner a prueba a los hombres.

Pero me sale sin querer. Ya lo sé.

Me gusta mucho verte así, animada.

Tenemos que salir más. Pues sí.

Podía poner todas las clases de Luisa a primera hora

y hacemos este plan más a menudo.

O podemos retrasar las clases y nos llevamos a Luisa.

Estaría muy bien. A mí me encantaría.

No puedes encerrarte en la academia.

Tienes que salir más,... conocer gente nueva.

Sé por dónde vas, y te recuerdo que estoy casada.

No me refiero a eso, Manuela,

pero en ese aspecto también tienes que sentirte libre.

Creo que todavía no estoy preparada.

Ya.

Es normal, estás adaptándote, no hay prisa,

pero tienes que ser consciente

que está llegando una nueva etapa,...

que puedes hacer con ella lo que quieras

y que puede ser muy interesante.

¿Por una nueva etapa?

Uy.

Manuela. Buenos días.

Hola, qué madrugadora.

Tenía cosas que hacer, y tú ¿qué, tus paseos matutinos?

Sí.

Aunque sin maquillar, y con la misma ropa de ayer.

¿Te estás viendo con alguien?

Estamos empezando.

¿Sí? Sí.

¿Y quién es, le conocemos?

No, es de fuera de Sevilla, aunque trabaja aquí. Sí.

Madre mía, todavía recuerdo las primeras citas con Martín.

Es una etapa preciosa.

¿Por qué no le invitas al carnaval y así le conocemos?

No, no. Alguien tiene que cuidar de las alumnas,

y tú estarás con Martín, así que mejor que no.

Bueno.

Sabía que Sevilla te iba a traer cosas preciosas.

-¿Tú ya tienes tu disfraz, Flavia? -Estoy en ello.

-Tranquila, ya lo hago yo. -Yo puedo.

-María Jesús,... ¿tienes un momento?

-Sí, claro.

-Le he estado dando vueltas,

y como tú tuviste una relación formal y seria con Arcadio...

-Seria, seria... -Bueno, el caso

es que necesito tu consejo.

He decidido que voy a besar a Elías en la fiesta del carnaval.

Es el momento perfecto.

-No sé,...

es que no creo que sea el mejor momento.

-Pero ¿por qué no? Estáis juntos, os gustáis,

hay música, hay baile.

-Es que va a ser mi primer beso.

-Que yo ya he besado a otros chicos, vamos, que tengo experiencia,

más que tú seguramente, pero este tiene que ser especial, perfecto.

-Tú tómatelo con naturalidad, que el primer beso

no tiene por qué ser perfecto. -¿Y la beso así sin más?

-Claro, tú espérate al momento.

No tiene por qué ser todo planificado.

-A las 10 en punto, justo en el centro de la pista de baile,

él me mirará, yo le miraré...

y nos daremos un beso de película.

-Cuando Arcadio me besó...

-Este va a ser mucho mejor.

-Seguro que ella no se espera que sea el mejor beso de su vida.

-Será el mejor beso de nuestras vidas, va a ser increíble.

Muchas gracias, María Jesús, me has ayudado mucho.

-Pero si no he dicho nada. -Gracias.

Te he llamado para hablar de esto.

Y también sé que has suspendido un examen de doña Luisa,

y es la primera vez que ocurre. ¿Qué ha pasado?

Es que se me atascan los reyes Godos

y me hago un lío con las fórmulas de Química.

No volverá a pasar.

Anda, siéntate.

Flavia, yo sé lo complicado que puede llegar a ser

compaginar el matrimonio con los estudios,

pero si quieres ser abogada, te vas a tener que esforzar,

porque sigues queriendo ser abogada, ¿verdad?

Es lo que más quiero en el mundo.

Muy bien,...

pues entonces no bajes la guardia

y, así llegarás donde quieres llegar.

Venga, vuelve a clase.

-No has tocado la comida, ¿no te gusta?

-Es que no tengo mucha hambre. -Está cansada,

se pasa las noches estudiando.

-No es una vida fácil para una mujer casada.

No sé cómo se lo has consentido.

-Pídele otra cosa, no le gusta. -Que no tengo hambre.

En breve tendré que volver solo me han dado una hora de permiso.

-No entiendo esa tozudez de seguir estudiando,

y menos en ese sitio. -Tráigale otra cosa a la señora.

-Que no tengo hambre.

-Una sopa, que te suba un poco el color.

-¡Que no tengo hambre! -Hija.

-¿Cómo se te ocurre hablarle así a tu madre? Discúlpate.

-Me vuelvo a la academia.

Gracias por la comida.

-Tendrá un mal día. Disculpen.

Aprovechando las fechas en las que estamos,

me gustaría que hablásemos de las máscaras.

Para los griegos, por ejemplo, eran elementos

que utilizaban en las representaciones teatrales.

Perdón. Siéntate.

En la cultura africana, se consideran elementos de poder,

pero me interesaría saber para qué creéis vosotras que sirven.

¿Decorar un salón?

Pueden tener una función ornamental.

¿Para ti, Roberta?

Para mí, ninguna.

-Pues a mí me parece divertido,

porque puedes ser otra cosa distinta y pasártelo bien.

Muy bien.

Pues yo creo que sirven para fingir, para ocultarnos ante los demás.

-Mira, Teresa sí que sabe de eso.

¿Qué has dicho, Roberta? No, nada.

No nos podemos fiar de alguien que lleve máscara.

Nadie te pide nada, solo un poquito de respeto.

Para exigir respeto, primero hay que darlo.

No es el momento.

El momento siempre lo eliges tú.

Mira, se acabó, vete a terminar el pelele.

Vete.

Bien, ¿por dónde íbamos?

No voy a consentir que vuelvas a hablarme así en clase.

Tienes que aprender a discernir, y en clase soy tu maestra.

¿Has entendido esto?

¿Quieres que hablemos?

No.

Te lo conté cuando estuve preparada,

para mí tampoco es fácil, hago lo que puedo.

¿Qué quieres, darme pena? Lo que quiero es despertar

un poquito de empatía en ti y que estés bien,

eso es lo que quiero. Pero ¿cómo voy a estar bien?

¿Cómo voy a estar bien después de todo lo que me has dicho?

Me has apartado de ti, me has hecho sentir como si no te importase nada.

Y me has mentido a propósito. Roberta, te he pedido disculpas,

he intentado explicarme, no sé qué más puedo hacer.

No puedo volver atrás. Pues eso estaría muy bien,...

porque preferiría no saber nada de lo que me has contado.

Está bien.

Ya sé que no es fácil que seamos las mejores hermanas del mundo

de la noche a la mañana,...

pero en clase me tendrás que respetar.

Hasta mañana, Ramón. Eh, ¿qué te pasa?

No sé si estoy haciendo las cosas bien, Ramón.

Bueno, mujer,... alguna cosilla seguro que haces bien.

Déjame que piense... No estoy para bromas.

Espera.

¿Qué haces ahora? Tengo que arreglar el disfraz.

Anda, termino de recoger y pensamos en cosas que hagas bien,

que alguna habrá.

Vamos.

-¿Qué es ese potingue? -Miel, aceite de oliva

y una yemita de huevo.

Lo usaba María Antonieta.

-Ya, pues huele fatal. Anda, chicas, iros a acostar ya.

-Y con esos ingredientes, ¿tú estás segura que es una receta

para la cara y no de rosquillas?

-Lo he leído en "La bella dama". ¿Queréis probar?

-No, yo no quiero. -Yo tampoco, a mí me salen granos.

-Venga, iros ya a dormir. -Pues yo sí quiero.

-¡Ah! ¿Qué haces?

-Lo que yo decía: rosquillas.

Y no me des.

-Tú a mí tampoco.

-Quieres guerra, ¿eh? -No, no queremos guerra.

-¡Repipi! -¡Bruta!

-¡Malcriada! -¡Machorra!

-Mira que sois...

-Oye, por favor, estaos quietas ya.

(RÍEN)

-Para, para.

Señoritas, pero ¿qué es todo esto?

A mí no me hace ninguna gracia. ¡Pero ninguna gracia!

Tan adultas para unas cosas y tan niñas para otras.

Venga, cada una a su habitación. ¡Venga!

Venga, venga.

Quiero todo esto recogido.

(Se cierra una puerta)

-Te debe haber hecho algo muy gordo.

-Es solo un muñeco.

-Bueno, simboliza algo importante para nosotras, las mujeres.

Y para Teresa.

¿Tiene algo que ver con lo que ha pasado en clase?

-Es personal.

-Yo creo que Teresa es buena maestra,

y muy buena persona.

Tiene su carácter, pero yo la veo una mujer de frente.

No entiendo qué te pasa con ella.

-Pues que es mi hermana.

-Pues no os parecéis.

-Solo somos hermanas por parte de padre.

Es una historia muy larga, no me voy a poner a explicártela ahora.

Ahora tengo una hermana y me sigo sintiendo igual de sola.

-Yo te entiendo, Roberta.

También me he sentido sola en muchas ocasiones.

Y tampoco he tenido una figura de unos padres como referente.

Pero tienes que darte cuenta de que no lo estás.

De que tienes una hermana que se preocupa por ti.

Que no será perfecta, pero si no fuera por ella,

yo estaría en la calle.

No la apartes de tu vida.

-¿No puedes dormir?

Anda, hazme un hueco.

-¿Cómo voy a ser madre si solo quiero estar con vosotras?

Cuando todo esto se sepa tendré que irme de aquí.

-¿Por qué no hablas con Enrique?

-Me dijo que cuando tuviésemos hijos dejaría mis estudios.

Lo tiene todo decidido.

Estoy cansada, Candela.

No puedo dejarles que sigan decidiendo por mí.

Y menos sobre mi cuerpo.

-Lo sé.

Es muy injusto.

-Me contaron que hay unos sitios a las afueras de Sevilla.

A lo mejor Inés sabe algo. -No.

No, no. Y si te pasa algo, ¿qué?

Encontraremos otra manera.

-Ojalá hubiese otra manera.

-Por favor, Flavia, prométeme que no vas a ir ahí.

Que hablarás con Teresa, doña Manuela o con quien sea.

-(ASIENTE)

Ten paciencia, los hermanos pequeños somos así,

puñeteros. Y tanto que puñeteros.

Mi hermana Isabel...

Yo siempre le buscaba las cosquillas y ella se defendía.

Me daba collejas, pellizcos, qué bruta era.

Pero había que entenderla a ella también.

Era una cría, y por ser la mayor, le tocó cuidarme.

¿Ves esto?

Me lo enseñó para no tener que depender de una mujer.

Qué lista es tu hermana. Sí. Eso viene de familia.

También me enseñó a ser aseado, noble, ahorrador...

Y a ver que todo lo que merece la pena en la vida,

se consigue con esfuerzo y sin rendirse.

Y luego, cuando vinieron los pequeños,

me tocó hacer lo mismo con ellos,

porque mi hermana ya se había casado.

Entonces la entendí.

Pero también entendí que si mi hermana me sigue queriendo

y me perdonó los dolores de cabeza que le di,

es porque la sangre tira.

Vas a ser una hermana estupenda, Tere.

Estoy seguro.

(Llaman a la puerta)

¿Se puede? -Sí.

-¿Vas a lo del pelele? -Sí. ¿Y tú?

-No.

Le he pedido permiso a Teresa para quedarme estudiando.

-¿Quieres algo?

-Tengo un problema. Bueno, yo no, una conocida.

Sabe qué hacer pero no dónde ir.

-O te explicas mejor, o no entiendo nada.

-¿Tú conoces esos sitios donde ayudan a mujeres,...

mujeres que tienen una situación que no desean?

-Ya. Y yo como soy negra tengo que conocerlos, ¿no?

-No, no, yo.. Da igual.

-Sí, espera.

Los conozco.

Pero no te los recomiendo, no son ninguna tontería.

Una mujer muy cercana a mí tuvo también un problema

como el de tu "conocida".

Su jefe le obligaba a hacer algo más que limpiar.

Un día tuvo que ir a uno de esos sitios y no volvió.

Para ir allí hay que tenerlo claro.

¿Tu conocida está segura?

Bueno, parece que ya estamos en Carnaval.

Manuela ha hecho un gran trabajo con lo que había.

Por cierto, ¿has pensado en tu disfraz?

Sí, claro.

Pero no te diré nada, no quiero arruinar la sorpresa.

¿Qué haces aquí?

Te dije que me dejarais en paz.

-Necesitamos que saques más material.

-De eso nada.

Déjame tranquilo de una vez, porque si no...

-¿Qué vas a hacer, llamar a la Guardia Civil?

-Luisa se ha dado cuenta de que falta material.

No me voy a arriesgar.

-Precisamente, si no lo haces,

la primera persona en enterarse en qué has andado metido, será ella.

Me basta con cruzar esa verja.

Lo queremos mañana.

(RÍEN)

Al final va a tener su gracia lo del muñeco.

Pelele.

Siento haberme comportado como me comporté ayer.

Cuando estoy enfadada no pienso lo que digo.

No te preocupes, todo está en orden.

¿No quieres ir con tus compañeras a mantearlo?

(ASIENTE)

Anda, vete.

¡Una, dos

y tres!

-Más alto, más alto.

¡Una, dos y tres!

¡Una, dos y tres!

¡Una, dos y tres!

(RÍEN)

¡Una, dos...!

-¡Bien!

A dónde hemos llegado, banderines,

con lo que ha sido el Carnaval en esta institución.

-Está precioso, hija. Muy original.

Gracias, padre, gracias.

No me lo puedo creer.

Subo y me cambio. No, por Dios.

Hacen falta más Cleopatras. -Buenas noches.

Buenas noches. ¿Disfrutamos de la fiesta?

Sí, por favor. Mira las niñas.

Buenas noches. -Buenas noches.

-Esta mujer ya no sabe cómo llamar la atención.

Buenas noches. Buenas noches.

Qué guapas estáis. Muchas gracias, doña Carmen.

-Roberta, te ha quedado precioso. -¿Podemos hablar un momento?

Por supuesto.

Quería pedirle perdón por lo del otro día.

No hay nada que perdonar.

Tranquila. Gracias.

Ya empieza el baile.

-Ahí está. Deseadme suerte.

Doña Rocío, don Francisco, bienvenidos.

Buenas noches.

Vicente.

Estás imponente. Gracias.

¿Y tu disfraz?

Lo llevo puesto. Voy de cartero.

(RÍEN)

¿Me concedes el honor de ser mi pareja en la fiesta?

Claro.

Lucía, qué guapa.

¿Seguro que vas a estar bien?

¿No quieres bajar un ratito? -No tengo ganas de fiesta.

-¿Has pensando qué vas a hacer? ¿Vas a hablar con alguna maestra?

-Mañana hablaré con doña Manuela.

-Luego subo para contarte todos los cotilleos, ¿sí?

-Candela.

Estás preciosa.

(Música)

Al final me quedó bien tu disfraz.

Pero si solo metiste el bajo.

Y si no llega a ser por mí, lo llevarías arrastrando.

Ramón, creo que tenemos que hablar de todo lo que pasó.

No. No pasa nada, Tere, no hay nada de qué hablar.

No me mires así, soy más moderno de lo que piensas.

¿Sigues sin querer hablar del tema? -¿Qué quieres saber?

-Pues yo sí.

Si tienes alguna hermana más que yo no sepa.

(SUSURRAN)

Buenas. ¿Es la casa de doña Elisa?

-Sí, pasa.

(Llora el bebé)

-Yo soy María.

-Flavia.

-Todo va a salir bien, Flavia.

Hasta ahora, ¿eh?

(Música)

Ay, Teresa. ¿Qué tal va el paripé?

Si tengo que escuchar otra vez la buena pareja que hago con Martín

o la suerte que tengo, me suicido.

No me extraña. No puedo más.

Manuela, ¿puedes venir un momento? Quiero que saludes a Los Montálvez.

¿No se pueden saludar ellos solos? Estoy con Teresa.

Tengo negocios con ellos,

y quieren saludarte.

Vamos, por favor. Está bien.

(Música)

-¿Te he dicho que estás muy guapa? -Sí,

pero gracias otra vez.

Tú también estás muy guapo.

Son casi las diez ya.

-¿Tienes que irte a algún lado?

-No. Estaba esperando a que me lo pidieses tú, pero...

Mira, da igual.

¿Bailamos?

-De acuerdo.

-Así. Así.

Me alegro mucho de que estés aquí conmigo.

Gracias por venir.

¿Sabes? Llevo tiempo pensando en algo que me apetece hacer.

-Yo también.

-Estoy muy a gusto contigo. Y me gustaría demostrártelo.

-No.

Ahora no.

-¿Cómo que no? ¿Y si no es ahora, cuándo?

-Están aquí.

Ya vienen.

El cielo... se va a caer.

Lo sé.

-(RÍEN) -Elías.

-Elías. -Elías, ¿estás bien?

-¡Dejadme!

-Elías, ¿estás bien? -(RÍE)

-Ya están aquí.

(Violín)

¿Estás bien?

-Basta.

Dejadme. ¡Basta!

-Margarita, ¿qué ha pasado?

-Nada, que se ha agobiado con tanta gente.

No, voy yo.

(ESCUCHA VOCES DISTORSIONADAS)

-¿Estás bien?

¿Estás bien?

-Elías, estoy aquí, tranquilo.

Estoy contigo.

-Tenía que salir de ahí, vienen a por mí.

-¿Quieres salir a tomar el aire?

-No me van a dejar en paz nunca. Yo quería...

-Deja que te abrace.

No te preocupes, estoy contigo,

voy a estar contigo.

Con cuidado...

Ve a jugar allí con tu hermano.

Perdona, es que no tenía con quién dejarlos.

Hoy es Carnaval.

¿Has estado en Venecia?

-Nunca he viajado al extranjero.

-Pues te encantaría. Yo fui con mi marido

de viaje de novios.

Es una ciudad donde todo parece que brilla.

Sus casas,

sus góndolas, sus canales...

Si cierro los ojos, parece que estoy allí.

Mira, ciérralos, ya verás.

Parece que oigo las risas de los enmascarados de un baile cercano.

Y el sonido del agua chocando contra la quilla de las góndolas.

¿Lo oyes?

Y un violinista en la Plaza de San Marcos

tocando "La Chacona" de Vitali.

Allí,... el tiempo va más despacio.

Es como estar en un cuento.

(Música)

Qué torpeza la mía.

No te preocupes, Vicente. Es una faena.

Eso sale con vinagre, voy a la cocina.

No es para tanto. Con un poco de agua se va.

Voy a por vinagre.

Los Montálvez han sido muy amables,

nos han invitado a su casa a pasar el fin de semana.

-Eso está bien, esas son las amistades

que os interesa cultivar.

Yo tengo cosas que hacer el fin de semana.

-No podemos hacerles ese feo. -Claro que no.

Son gente muy influyente.

Tenéis que causarles una buena impresión.

-Nosotros siempre la damos, ¿verdad?

Si me disculpáis.

Hola.

(SUSPIRA)

¿Me das uno?

Gracias.

(TOSE)

¿Está bien?

Sí, perdona.

No parece muy habituada a fumar.

Es una excepción, la verdad,

y créeme si te digo que la ocasión lo merece.

¿Me permite? Sí, claro, perdona.

Hay que llevar un poco de humo a la boca. No mucho.

Y después, retener el humo dentro un segundo,

para que no queme. Y expulsarlo suavemente.

Pruebe ahora.

(TOSE)

Cuando lleve cien, ya no toserá.

Se nota que no he fumado nunca, ¿verdad?

Si me viera mi madre...

Bueno, no se preocupe,

se me da bien guardar secretos.

Perdóname, perdóname.

Disculpa, no sé qué me ha pasado.

Pero... Perdona.

Carmen, ¿has visto a Vicente?

No, hace un rato que no le veo.

Gracias.

(Ruido de cristales)

Vicente, ¿qué estás haciendo?

¿Qué haces con ese frasco? Luisa, déjame que te explique.

¿Estabas robando?

Sí.

Pero...

¿Por qué? ¿Para qué quieres tú...?

No son para mí, me pidieron que lo hiciera.

¿Quiénes? La organización.

El hombre del otro día, el de la terraza,

fabrica explosivos.

¿Cómo? Bombas caseras.

¿Y tú qué tienes que ver con él?

Yo trabajo para ellos.

¿Trabajas fabricando bombas?

¿Y eso qué tiene que ver con un cartero?

Mi empleo es solo una tapadera.

Pero ¿tú quién eres?

Me obligaron a hacerlo.

Me has estado utilizando.

No, no, eso no. Ese es tu interés por mí,...

robar material para fabricar bombas.

Luisa, escúchame, te lo ruego.

Mis sentimientos hacia ti son reales.

Eres lo único bueno que me ha ocurrido en años.

Debería llamar a la policía.

Sal de aquí.

Luisa... ¡Sal de aquí!

¿Has fumado?

¿Desde cuándo fumas tú?

En realidad, no me conoce casi nada.

Sí, madre, sí, he fumado, ¿qué problema hay?

Soy una mujer adulta, ¿se lo recuerdo?

Estás perdiendo el juicio.

No, estoy intentando recuperarlo, es lo que hago.

¿Sabe qué le digo, madre?

Que estoy cansada.

Sí.

Estoy agotada de fingir que todo está bien,

cuando las cosas no lo están.

Para que lo sepan, por ejemplo,

Martín y yo ya no estamos juntos.

No somos una pareja, cada uno hace su vida.

Él se está viendo con otra mujer

y yo me acabo de besar con un hombre que no conozco.

-¿Qué?

Ya está, madre, ya está.

Quiero que sepa que no voy a callarme más, que se acabó.

Voy a tomar mis propias decisiones, aunque le duela,

sean las que sean, aunque me equivoque,

porque no soy perfecta, ni quiero serlo.

No quiero. ¡Quiero ser libre de una vez!

Libre.

Libre.

¿Y tú no vas a ir tras ella?

(Aplausos)

Flavia.

Chicos, ¿habéis visto a Flavia?

-No.

-Doña Manuela, ¿ha visto a Flavia? No. ¿Qué pasa?

La estoy buscando y no sé dónde está.

-Yo creo que sé dónde puede estar.

-¿Tú? ¡¿Qué le has dicho?!

-Ha sido su decisión.

Si lo quería hacer, nadie lo iba a impedir.

¿Qué pasa?

-Que Flavia está embarazada.

(LLORA)

Para mí que le han salido granos.

Seguro.

-Pero ¿no se suponía que Flavia no iba a bajar?

-¿De dónde vienes?

¿Qué te pasa?

¿Estás bien? Flavia.

Flavia, Flavia. Flavia.

-Traed algo. -Pide ayuda. ¡Flavia!

¡Flavia, mírame! ¡Flavia!

¿Habéis mirado bien? En la capilla, en el baño.

¿No? Pues buscad. Voy a preguntar yo.

Doña Manuela, por favor, venga.

¡Ayuda, ayuda, ayuda, por favor!

¡Flavia, Flavia!

¡Flavia! ¡Doña Manuela!

¡Doña Manuela, por favor!

¡Por favor, llamad a mi padre ya!

¡Por favor! ¡Ayuda!

¡Flavia, mírame, por favor!

¡Por favor, pedir ayuda, por favor!

Flavia, Flavia,... escúchame.

Flavia. ¡Por favor, pedir ayuda! Por favor.

El entrenamiento empieza hoy y la competición en cuatro días.

Hemos venido a competir, no a mirar a las muchachas.

Ángela. Ángela.

Estás... ¿Voluminosa?

No le digan que fue provocado, no sé cómo reaccionaría.

-Me gustaría irme en verano a París a trabajar en un taller de costura.

-Para ser una academia, las formas dejan mucho que desear.

-¿Quieres comprobarlo por ti mismo?

Paula, qué sorpresa, no sabíamos que trabajabas aquí.

Doña Carmen, yo no puedo hacerlo.

Tú puedes hacerlo. Vas a competir, vas a ganar

y nos vamos a ir a Madrid. ¿A qué?

No puedo seguir huyendo.

-Si te pasa algo, no me lo perdono.

Sigues enamorado de Manuela.

Yo no puedo competir con ella, nunca he podido.

Vengo a hablar contigo. Me quedé preocupada.

-Haberte preocupado antes, cuando te fuiste sin despedirte.

¿Nunca se pone ropa de mujer o qué?

(RÍE)

Llevar pantalones no te convierte en hombre, chiquitín.

"Mejor dedícate a tus labores".

-Pero esto ya se pasa de castaño oscuro.

"Voy a vivir mi vida y nadie me lo va a impedir".

¿Qué está pasando?

No me creo que lo estés volviendo a hacer.

¿Hacer qué?

Frustrar el sueño de María Jesús, como frustraste el mío.

¡Quería recordarte y no era capaz! ¿Sabes cuándo dejé de pintar?

¡Justo ahí, cuando me di cuenta que ya no podía pintarte a ti!

¡Se acabó, no me vas a torear más!

¡Nos vamos ahora mismo!

¿Por qué has vuelto si tanto me odias, para hacerme daño?

Venga, María Jesús, tú lo puedes conseguir.

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  • T2 - Capítulo 18: "Baile de máscaras"

La otra mirada - T2 - Capítulo 18: "Baile de máscaras"

24 jun 2019

Se acerca el Carnaval y tanto alumnas como profesoras empiezan a preparar con ilusión el evento en la Academia. Mientras tanto, Manuela sigue sufriendo sus problemas matrimoniales con Martín, del que se siente cada día más distanciada

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  1. Serrana

    ¿Por qué se pudo ver hasta el capítulo 18 en la app y ahora lo bloquean? ¡QUÉ FALTA DE RESPETO!¿¿

    pasado domingo