La otra mirada La 1

La otra mirada

Miercoles a las 22.30 horas

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No recomendado para menores de 12 años La otra mirada - Capítulo 8: "La primera y la última palabra" - ver ahora
Transcripción completa

(Música)

¿Esto es sangre?

¿Por qué tienes este papel?

Dame esa nota. ¿Qué te traes?

Papá.

Yo vine a Sevilla para saber por qué mi padre tenía esta nota,

quién era Roberta Luna...

Pero no he conseguido saber nada.

Pero hay una niña que me necesita más que nunca.

Rafita es el único culpable.

Le vamos a denunciar.

La academia tiene que apoyarla

y sumarse a su denuncia.

Si esa denuncia se llevara a cabo... Que es lo que va a pasar.

Ponte en mi piel. Me pondría en una posición incómoda.

¿Eso es lo que te preocupa?

¿La incomodidad

o tus posibles negocios con los Peralta?

Solo le pido,

por favor, que escuche su versión.

¿Es mentira lo que afirma?

Por supuesto que sí, yo soy inocente.

No te acerques a los Peralta. -Roberta dice

que Rafita la violó.

-¿Por qué te inventas algo así?

¿Flavia?

Le prometo que lo mío con Tomás se ha acabado.

Para siempre.

Si tenía usted razón. Me aferraba a una fantasía imposible.

Pero puedes ser muy infeliz por contentar a tus padres.

Seguramente,

pero lo seré más si les decepciono.

Se me va el santo al cielo cuando estoy contigo,

pero quiero seguir así.

No descuides tus obligaciones.

Últimamente, se te nota un tanto...

ausente. No entiendo

cómo algo malo me puede hacer sentir tan bien.

Disfrútalo.

Tengo entendido que usted defiende

que el divorcio a veces es el único camino.

No es el momento ni el lugar.

Gracias a tus charlas incómodas,

el inicio de las obras del laboratorio se ha parado.

Les pido disculpas.

Muchas gracias, hija, por tus disculpas tan necesarias.

Te dije que el anticonceptivo era peligroso.

Le juro que no lo voy a volver a hacer.

Yo no veía la manera de decirte... ¿De decirme qué?

Que no quiero tener hijos.

Quiero que te vayas de esta casa ahora mismo.

¿Obligó don Rafael Peralta García de Blas

a mantener relaciones sexuales a la señorita Roberta Luna Miñambres

sin su consentimiento?

¿Puede ser esto considerado un delito?

Este jurado resolverá el caso con imparcialidad,

dejando a un lado cualquier sentimiento de odio

o afecto hacia las dos partes.

Bien.

Ahora procedo a anunciar que don Fernando Lara Zandiños

será el abogado defensor de la señorita Roberta.

Y por su parte, don Rafael Peralta,

miembro del Colegio de Abogados de Sevilla,

llevará su propia defensa.

(MURMURAN)

¿Cómo?

Silencio.

¡Silencio!

¡Silencio!

No vengas rapidito que nos van a cerrar ya la verja.

-¿Es impresión mía o nos está mirando todo el mundo?

-Nos miran porque somos guapas. -Macarena tiene razón.

Nos miran raro.

-¿Sois de la academia para señoritas? -Sí. ¿En qué podemos ayudarle?

¡Te voy a matar!

-¡Sucia vuestra amiga!

Dale el recadito que tienes en la cara.

¡Vamos, venga!

-Esto es...

-Vamos.

(Timbre)

Madre, ¿qué hace aquí? Es muy tarde.

Nunca es tarde para ver a tu madre.

De verdad,

estoy bien.

Eso es lo que más me preocupa.

No quiero que te acostumbres a vivir sola.

Esta no es la vida que te mereces.

Puede ser la vida de otras mujeres menos afortunadas,

pero la tuya no. Esta es la vida que he elegido.

¿Y no le echas de menos?

Claro que le echo de menos.

Déjale venir a dormir.

Sería imposible tomar una decisión.

¿Qué decisión tienes tú que tomar? Madre, me da igual

lo que me diga. Debo pensar con la cabeza.

Pensar con la cabeza

es actuar con cordura y tú hace tiempo que la perdiste.

Mira la vida que llevas.

¿Y ahora metes a la academia

en un juicio como ese?

Parece que no vives aquí.

Vivo aquí y soy consciente de lo que hago.

No, no lo eres. Estoy segura

de que la academia conseguirá mejor reputación

apoyando a Roberta que con un laboratorio.

Es que la reputación no consiste en las decisiones que tú tomas,

sino en lo que los otros piensan de ellas.

Sal a la calle y pregunta a la gente.

Están espantados de que apoyéis a esa niña.

Una niña de la que han abusado.

¿Qué sabes tú de abusos?

Has tenido los mejores padres, una educación ejemplar,

un marido que vale lo que pesa en oro.

Si luchas por algo,

que te afecte, no por seguirle la corriente

a la mamarracho esa de los pantalones.

¿Ha acabado?

Mira, buenas noches.

(CIERRA LA PUERTA)

"El juicio empezará el 20 de marzo".

"El veredicto será llevado a cabo

por un jurado popular de siete miembros".

Que son siete hombres.

Así es la ley.

"Y bajo la tutela del juez don Martín Arteaga Gómez Berzosa".

No os preocupéis por mí.

Estoy bien.

Me inquieta cómo estará él.

Y si eso afectará en el veredicto. Martín no haría nada

que le dejara mal como profesional. Creedme.

Dejando a un lado de Martín, hay que buscar una buena defensa.

Mi padre puede ayudarnos a buscar

al mejor abogado. Debe ser un hombre

que hable a los hombres como la mismísima Roberta.

Por supuesto. Así se lo transmitiré.

Ángela, estás muy callada. ¿Te pasa algo?

No, no, no, no.

Estoy reflexionando sobre lo que decís.

¿Os habéis parado a pensar en las consecuencias para Roberta?

Quizá...

todo esto le exponga de manera irrevocable.

El juicio paralelo que se monte de puertas para fuera

me importa bastante menos.

Lo sé, pero... lo que suceda fuera de la academia

terminará por meterse aquí dentro. No daremos marcha atrás.

¿Cómo estás?

Bien.

Si compartes tu opinión,

te arriesgas a que no estén de acuerdo.

Claro.

Pero a Roberta le conviene que seamos una piña.

Lo sé.

Bastante ha sufrido como para ponérselo más difícil.

Ángela...

¿Qué es lo que más te preocupa?

Que cargue con un estigma durante el resto de su vida.

La gente va diciendo

que estamos defendiendo a una buscona.

A expensas del veredicto, va a quedar marcada.

Desgraciadamente es así.

Es él el que debería cargar con el estigma.

Pero ¿qué otra opción tiene Roberta?

¿Quedarse en silencio?

¿Quedarse sola con su dolor?

Habrá personas que le tachen y otras le apoyarán,

y con esas se hará fuerte.

Puede hacer mucho bien

a muchas mujeres que no rompen su silencio.

Buenos días, Macarena.

Buenos días.

Buenos días, Teresa.

Cicerón.

El orador más elocuente de Roma.

Podría rellenar clases y clases recitando sus citas,

como por ejemplo, esta:

"La amistad comienza donde termina el interés".

La palabra es el poder más grande que tenemos.

En mi opinión, mucho más grande que el dinero.

Si lo pensáis,

con la palabra podemos mostrar nuestra inteligencia o estupidez,

podemos revelar secretos,

expresar sentimientos

o decir la verdad en un juicio.

"Seamos esclavos de la ley para ser libres".

¿Os ha pasado que lleváis mucho tiempo

con la necesidad de decir algo,

y cuando lo decís,

sentís que os habéis quitado un peso?

Pues eso es exactamente lo que ha hecho Roberta.

Denunciar a Rafita

para así sentirse un poquito más libre.

Y ha sido un gran decisión.

"Me da igual que nos escupan. No se lo vamos a contar"

ni a las maestras... -Yo creo que deberían saberlo.

-¿Para qué?

No va a ayudar en nada.

-Roberta es nuestra amiga y va a ganar.

Tenemos que apoyarla. -Ojalá gane y sea la de antes.

-Mucha hipocresía. ¿Quién no la ha puesto a parir

por fresca? -Una puede ser fresca cuando quiera

y puede decir que no cuando quiera. -Sí.

-Ole por lo valiente que ha sido. -Sí.

Muy valiente y muy valiente, pero nos afectará a todas.

-Mis padres se avergüenzan. -Y los míos,

pero pueden decir misa porque va a salir bien.

-¿Quién piensa que una mujer puede ganar un juicio así?

"Y luego está el juicio paralelo".

Es esa manía que tenemos en este país de criticarlo.

Pero el debate importante era en el Senado.

Con las leyes sobre la mesa. "¿Lo sabías?".

Vamos, que dormimos juntas y no me has contado nada.

-Como vino tan borracha...

-¿Y qué? -Pues que no le cree.

-¿Y si no pasó como dice Roberta?

-Si te violan, te acuerdas.

-¿Crees que denunciar a un hombre no sirve da nada?

-Y menos a un Peralta.

Con la familia de bien que son... Estarán pasándolo mal.

-¿Y a ti qué más te da?

-Porque pienso en mis padres.

Con el apellido no se juega.

-Ya.

Será eso.

"Alguien debería recordarnos cada día"

que la justicia es un derecho fundamental

como comer o tener ropa.

Y creedme cuando os digo,

y lo digo por experiencia,

que no tenéis que tener miedo a quejaros

cuando algo no os haga felices.

Y menos a denunciar o pedir justicia cuando sea necesario.

Es la forma que tenemos de empezar a cambiar las cosas.

Hola.

¿Estás bien?

Esto lo construyó el hijo tonto del capataz.

No hizo una a derechas. No me da la vida.

¿Y por qué no pides un ayudante a Manuela?

Manuela. Hablar con ella es como hablar con esta puerta.

Está a mil cosas, y más con el juicio de las narices.

¿El juicio de las narices?

Nadie se mete con los Peralta.

Con ellos no se juega.

¿No te parece justo que denuncie?

No, justo sí, pero complicado, también.

Mejor quedarse calladita, ¿no?

Eso me lo dijiste el primer día que nos conocimos.

No me acuerdo, te dije una jartá de cosas.

Sí, y bastante inútiles, por cierto.

Mira, ya me encargo yo

y le pido un ayudante para ti.

¿Y eso por qué?

Porque me parece justo...

y porque creo que de eso se trata.

De que nos ayudemos y rememos todos en la misma dirección.

Me gustaría poder decirles que todo va a salir bien,

pero no se lo puedo asegurar.

Lo que les puedo garantizar

es que estamos muy orgullosas de lo valiente que está siendo.

Está siendo un ejemplo para todas.

Gracias, Teresa.

-Si la cosa no va bien,

la niña se va.

¿Disculpe?

No la dejaremos aquí viendo cómo la señalan.

-Padre, por favor... -Tu padre tiene razón.

Si es peor el remedio que la enfermedad, vendrás a casa.

No se preocupen.

Se hará justicia.

Yo no sé si es buena idea que asistamos al juicio.

Va a ser muy duro escucharla.

Claro que va a ser duro, pero tenemos que ser fuertes.

-Da igual, Teresa.

Con vosotras allí, me vale.

-Nos lo vamos a pensar.

Hija mía...

Cuídate mucho.

Vamos.

Don Fernando es uno de los mejores abogados de Sevilla.

Ha llevado casos de los más importantes.

-Ninguno parecido a este, desde luego.

Manuela.

¿Esa niña está diciendo la verdad?

Por supuesto, don Fernando.

Te lo pregunto porque a esa edad

se tienen muchos pájaros en la cabeza.

Bueno, le aseguro que Roberta no habría llegado tan lejos

si Rafita no la hubiese violado. Ya.

Pero tengo entendido que eran novios.

Sí.

¿Y?

Será difícil demostrar que siendo pareja, abusara de ella.

Bueno, mi padre me ha dicho que es el mejor abogado.

Estoy segura de que armará un discurso convincente.

Me va a costar lo mío, pero lo intentaré.

No se lo tome a mal,

pero no tengo claro que don Fernando sea el abogado que Roberta necesita.

Hija, en este juicio

nos estamos enfrentando al apellido Peralta.

Y a un apellido solo se le gana con otro.

(RÍE) ¿Qué pasa?

Que me gusta que hable en primera persona del plural.

Eso significa que le importa Roberta tanto como a nosotras.

Manuela, lo que le han hecho a esa niña

te lo podrían haber hecho a ti.

Y a cualquier mujer en realidad. Ese es el problema.

Los hombres creemos que las mujeres son de nuestra propiedad

y que podemos hacer lo que queramos.

Bueno, mi caso es más bien al contrario, pero...

Menos mal que le tengo, padre.

Confía en mí.

Don Fernando es el mejor abogado

y va a hacer lo imposible por ganarlo.

Está bien.

Así me gusta.

¿Seguro que es la blusa que te pedí? -Que sí.

-A mí no me queda como a ti.

-Pues tenéis las mismas tetas.

-No se puede ser española y medir lo que yo mido.

Todo me queda fatal. -Espera, pruébate esta otra.

-Rapidito, que a Arcadio no le gusta que llegue tarde, ¿eh?

Ay...

¡Es preciosa! -Ya lo sé.

Me la trajo mi tía Sagrario de la Gran Vía.

La de cositas que te va a hacer Arcadio bajo esa blusa...

-Arcadio no hace esas cosas.

Arcadio no es como Rafita.

-Hola.

-Hola.

-¿Estás bien?

¿Quieres que vayamos a dar una vuelta?

-Lo que necesito es que...

me dejéis de mirar como si me estuvieseis juzgando.

-Es lo que tiene airear los asuntos íntimos.

Todos opinan. -Mira que eres burra.

-Bueno, habló la flor de pitiminí. Que me hace brechas

y amenaza de muerte a los mozos.

-Aún estás a tiempo de echarte para atrás.

Enfrentarte a un Peralta es un error.

-Mi error fue salir con un Peralta.

Ya sé que el juicio es el temita del año,

pero, por favor,

¿podríais hacer como si no existiese?

Lo único que conseguiréis es que me ponga nerviosa.

-Yo, por mi parte, eso está hecho.

-Sabes que tienes todas las de perder.

¿Qué haces aquí?

¿Dónde está mi libro de derecho romano?

Me lo llevé para una clase. Si te urge, mañana te lo traigo.

No. No, no.

No me urge.

¿Quieres que hablemos?

¿De qué?

Si ya está todo claro...

¿Cómo estás?

¿De verdad te crees que me apetece contarte mi vida?

Pues imagino que no, Martín,

pero es raro que estemos en casa y no hablemos.

En el juzgado,

ahí es donde tenemos que hablar.

Espero que nuestros asuntos no interfieran.

A ver...

Me desprecias como marido y dudas de mí como juez.

¿Alguna cosa más?

¿Eh?

Te puedes quedar con el libro.

Soy Roberta Luna

y Rafael Peralta me violó.

¿Estás segura de que lo hizo?

¿Propusiste a Rafita que te acercara a casa?

-Sí, varias veces.

O, bueno...

Quizá solo fue una.

No lo sé.

-¿No lo recuerdas con claridad?

No mucho, la verdad.

-¿Alguien escuchó esa conversación?

-Creo que no.

O sea, que nadie puede ratificar que tu deseo era

llegar pronto a la academia y no hacer otras cosas.

Esta pregunta es muy importante. Intenta ser lo más precisa posible.

Vamos a ver... ¿Cuánto tiempo transcurrió

desde que te marchaste de la finca hasta que llegaste a la academia?

-¿Una hora?

Bueno, qui...

Igual fue menos.

O más...

Teniendo en cuenta que cuando yo llegué había terminado la función,

eh...

¿Dos horas?

Mire, don Fernando, no lo sé.

No lo sé, no consigo recordarlo.

¿Podemos empezar de nuevo?

-El juicio comienza dentro de unas horas. No hay tiempo.

Señoras.

Ha llegado el día. Si solo fuese uno...

Todavía nos queda mucho por lo que pasar

hasta que llegue el veredicto.

Toma.

Ay, gracias, Luisa.

A este paso, vamos a tener que pedirle a la Compañía de las Indias

un cargamento solo para nosotras.

¿Cómo estás?

Pues nerviosa. Como todas, supongo, ¿no?

Luisa.

Muchas gracias por apoyarme en esto.

Hay muchos hombres dispuestos a mentir para manejarnos a su antojo.

Que menos que ponérselo un poquito más difícil, ¿no?

Bueno, pues ya estamos todas.

Vamos, ¿no? Esperad.

Antes de salir, quiero...

compartir con vosotras...

lo agradecida y orgullosa que me siento de todo el trabajo

que estamos haciendo.

La valentía de cada una, la integridad...

La implicación,

el apoyo a Roberta...

De verdad, que me hace muy feliz saber que,

a pesar de las diferencias que podamos tener,

también tenemos unos principios

que nos unen y que queremos luchar por ellos.

Vamos a ganar ese juicio.

Y vamos a hacer historia.

Vamos.

Candela, que esto parece la noche de San Juan.

-Si tanto te molesta que le ponga velas a Roberta,

mira, tápate los ojos.

Mira, mejor, vete.

-Si estás nerviosa, no la pagues conmigo.

-Y si tú estás a la contra, cierra la boca.

-Se me abren las carnes de pensar que se tiene que encontrar a Rafita.

-Hay hombres asquerosos y luego está Rafita.

-A mí Arcadio me trata como a una reina.

No me deja sola ni un segundo. Menos cuando estoy aquí, claro.

-Parecéis hermanos siameses. -¿Qué hacéis aquí arremolinadas?

¿Os habéis vuelto todas beatas de repente?

-Doña Manuela, buenos días. -Venid conmigo.

"Alma máter".

"¿Sabéis lo que significa?".

-Creo que es sinónimo de universidad.

-Pero literalmente quiere decir "madre que nos alimenta".

Esta academia es vuestra alma máter.

La madre que os alimenta de conocimientos.

Y a la que siempre vais a estar agradecidas.

Por eso...

espero que no repitáis los mismos errores

que vuestra compañera Roberta.

Y... quiero que le digáis a vuestros padres

que cuando acabe este juicio,

si es necesario,

volveré a tomar el control de esta academia.

(MURMURAN)

¡Silencio, por favor!

(Maza)

¡Silencio!

Gracias.

Como todos saben,

es la primera vez que este juzgado de Sevilla

se enfrenta a un caso así.

Por ello se ha estimado necesario dar voz a todas las partes.

Para empezar, me gustaría escuchar

los motivos que han llevado a la academia para señoritas

a respaldar a la señorita Roberta Luna Miñambres.

Así que, como actual directora de la academia,

doña Manuela Martín Casado, si es tan amable de acercarse...

Disculpe, pero no tenía notificado

que tuviera que declarar. No lo haga,

aunque podría afectar a la parte demandante.

Cuando me enteré de lo que había sucedido,

lo primero que sentí fue miedo.

Miedo por lo que podría pasar con nuestra academia.

Roberta.

Te he dado muchas clases,

pero creo que esta será la lección más importante.

Aprender no es solo conocer el mundo,

es vivirlo como tú quieres vivirlo, sin miedo.

Tú eres la única dueña de tu cuerpo y de tu vida.

Es inadmisible

que un hombre considere

que su mujer es un cuerpo a su disposición.

¿Alguna pregunta?

-Roberta le pidió

que la llevara de vuelta a la academia. ¿Por qué no lo hizo?

-Mire usted, de la finca a la academia son 15 minutos escasos.

Había tiempo de sobra para seguir con la fiesta y llegar.

-O sea que, según usted, Roberta llegó tarde

porque se fue andando.

Sin embargo, se presentó en la academia

días después para asumir que la culpa había sido suya.

-Por protegerla.

Los Peralta podemos tener mil fallos, pero somos unos caballeros.

-¿Estaba usted en condiciones de coger el coche?

Mi defendida afirma que iba usted bastante borracho.

-Podríamos decir que contento, en todo caso.

Aunque, bueno, ese día todos estábamos contentos.

¿Verdad?

-Proceda a contar los hechos como cree que sucedieron.

-No.

Se los voy a contar tal y como sucedieron.

Estábamos disfrutando de una fiesta con familiares y amigos.

"Gente buena ante todo".

Quiero que te quedes un ratito más.

¿Te vas a ir sola?

Pero ¿sabes lo que vas a tardar?

Venga, que te llevo.

-Si es que eres un sol.

Te quiero.

-"Nunca me dijo que no".

Yo no violé a Roberta Luna.

Yo no te violé.

¡No te dije que quería! -Señorita Roberta Luna,

no es su turno. -Ni que no quisieras.

Nunca me dijiste que no. Ni es día.

-¿Tiene más preguntas?

-No, señoría, eso es todo.

No me gusta este abogado.

-Vuelva a su sitio. Dale tiempo.

-"Tomás".

Esto que te quede claro,

ninguna mujer le dice que no a un Peralta.

Jamás. -"Hemos llegado"

al final de la sesión de hoy.

Mañana asistiremos a la declaración

de los señores don Álvaro y don Tomás Peralta.

Se cierra la sesión.

No te preocupes, queda mucho juicio por delante.

El jurado le ha creído. El muy falso sabe engatusar a todos.

-¡Un poco de calma!

-Es una vergüenza que estudien aquí.

¿Qué está pasando aquí?

-Se podía haber llevado con mucha más discreción.

Apoyamos a todas las alumnas.

Si fuera vuestra hija, también.

-No le pasaría algo así.

Mire, señora... Teresa.

Déjame a mí. -Sí.

Cállate, que ya has hablado bastante.

-Todo, y digo todo, es por su culpa.

Qué original.

Entiendo que están buscando lo mejor para la educación de sus hijas,

pero podrían, por favor, ¿ponerse en la piel de Roberta?

Lo que está pasando es mucho más grave que cualquier molestia

que puedan estar sintiendo.

-Eso es hacernos de menos. -Tienen razón, Manuela.

-O se retiran del caso, o las sacamos.

Mire... Hagan lo que crean que tengan que hacer.

-Haz algo tú.

O me vas a obligar a volver a tomar el mando.

Madre mía de mi vida...

(SILBA)

La que se ha formado en el claustro.

-¿Esto es así todos los días?

-No, qué va.

Pero cuando se lía, se lía gorda.

Seguro que te han entrado ganas de salir corriendo.

-No me he visto rodeado

de tantas mujeres guapas nunca. Mejorando lo presente.

-Margarita.

-Diego.

-Diego.

¿Y te quedas aquí mucho tiempo?

-Si va bien, me quedaré de ayudante fijo.

-Mis compañeras romperán cosas para que se las arregles.

-Además de guapa, graciosa, lo tienes todo, hija.

¿Cómo está?

-Pues ¿cómo va a estar? Hecha polvo.

El teatrero de Rafita lo ha hecho de maravilla.

Aunque para teatrera tú.

Haces que te interesa, pero te da igual.

-Eso no es verdad, Candela.

Mis padres se han excedido mucho con ella.

-Solo piensas en Tomás. -Pero ¿qué quieres que haga?

Si condenan a Rafita, es como si condenasen a los Peralta.

-Tomás estuvo en la fiesta, ¿no?

Pues podrías preguntarle a él si vio algo que pudiese ayudarla.

Su familia no le hablará, pero aquí le pondríamos una estatua.

-No lo entiendes, Candela.

Tomás no testificaría jamás en contra de su hermano.

-A no ser que se lo pidas tú.

-Que no.

Que intenté hablar con él

y se puso como un loco cuando saqué el tema.

-Flavia.

-Yo no puedo hacer nada, lo siento.

Entonces, levanté la mano y solté un discurso

que se quedaron todas pasmadas. Si no es por mí,

no sabrían lo que es una urna electoral.

-Así me gustan las mujeres, con poderío.

Ole. -Me ha costado lo suyo, no creas,

pero por fin estoy en el sitio que me merezco.

Bueno, ¿y tú qué?

Háblame de tu trabajo.

-Lo mío no tiene mucho misterio. De pequeño, jugaba al toro

y soñaba con ser como Belmonte.

Pero ¿tú sabes? Mi familia es muy humilde.

Y a los 12, se acabaron todos los sueños.

Me puse de chapuzas para tirar de mi familia.

-¿Me enseñas?

-¿A qué? ¿A lijar?

Tú vales más que para hacer esto. -De todo se aprende.

-Toma.

No, así no.

Mira, ven.

Dale la vuelta.

¿Se puede saber qué narices es eso

de que le devuelva el mando de la academia?

Lo tendré que hacer si no consigues calmar a esos padres.

¿Cómo?

¿Cómo? No para de ponerles en mi contra.

Te los pones en tu contra tú solita. Pensé que lo sabía todo de usted,

pero no me imaginaba lo egoísta que podía llegar a ser.

Egoísta es la mujer que no quiere tener hijos

para no poner en peligro su posición.

A eso lo llamo yo querer ser libre.

Mira dónde conduce demasiada libertad.

Usted me habría tratado como una furcia

si me hubiera pasado lo de Roberta.

¿Es así como la ve?

Esa niña se buscó lo que le pasó.

¡Deje de hablar de ella como si tuviera la culpa!

¡Pero que se escapó de la academia y se emborrachó!

¿Es que ni en eso me vas a dar la razón?

No quiero que vuelva a entrar en la academia sin mi permiso.

¿Te has vuelto loca?

¡No la soporto más, madre! ¡No puedo más!

Usted se cree que la voy a querer toda la vida porque es mi madre,

pero está equivocada.

Fuera.

Estás loca.

¿Tú no deberías estar en la cama?

No puedo dormir.

Tienes que intentarlo.

Mañana va a ser otro día duro, Roberta.

Todos los días lo han sido desde aquella fiesta.

Siento mucho lo que ha pasado con los padres de Flavia.

¿Y si... pasó todo como dice Rafita?

¿Y si al yo no decirle que no,

le di permiso para que lo hiciese? Roberta, no.

No decir no, no significa decir sí.

Es muy importante que esto te quede bien claro.

¿Es verdad que...

su marido y usted ya no están juntos?

Bueno, nos hemos dado un tiempo,

pero eso no va a afectar en el veredicto.

Tranquila.

¿Usted cree que podemos convencerles?

Eso espero. Deberíamos ser un equipo.

¿Un equipo el jurado y nosotras? A ver...

Ellos ya tienen una opinión clara y todas sabemos cuál es,

pero ahí estás tú para cambiarla.

Digamos que tú tienes la primera palabra, y ellos, la última.

Ay...

Cada día nos adornan más.

Vamos a acabar pareciendo árboles de Navidad.

Venga, a la cama.

Hermano.

-Dime. -¿En qué piensas?

-En nada.

Solo estoy un poco nervioso. -Pues, tranquilito.

Tú al grano, sin marear la perdiz, sin enredarte en las respuestas.

¿Estamos? -Álvaro.

Soy el pequeño, no el tonto. -Pues, venga,

que no se diga de los Peralta. Hola.

Buenos días, maestra.

Buenos días.

Un cigarro no tendréis...

Gracias.

Qué nervios, ¿no?

Sí, no es agradable ver sufrir a un familiar.

Y mucho menos, cuando es tu hermano.

Claro. Estaréis desenado que llegue vuestro turno para defenderlo.

Sí. Para eso estamos.

Una pena que nadie pueda testificar a favor de Roberta.

Bueno, ni en contra, ¿no? Porque vosotros no visteis nada.

Cuando pasó todo.

Quiero decir, que no estabais. -Bueno...

No es momento de responder a eso. Claro. Claro, claro.

Mejor luego, delante del juez.

Vais a hacerlo muy bien.

Se os ve dos muchachos con clase.

Con elegancia, con principios...

Honestos...

Todos los buenos atributos de vuestro apellido.

Gracias por el cigarro.

"La hora Peralta"

lo llamaban en la academia.

-¿Puede explicarnos qué es eso y qué tiene que ver en este asunto?

-Mis hermanos y yo pasábamos todos los días

a la misma hora por la puerta de la academia.

Las alumnas se juntaban al otro lado de la verja

para mirarnos y decirnos que si guapo,

que si quiero casarme contigo... -¿Con consentimiento de las maestras?

-Ah...

Pues yo imagino que sí.

(MURMURAN) Nadie salió a regañarlas.

-¡Silencio! ¡Silencio, por favor!

Siga.

-De todas las chavalitas,

Roberta era la que más pinchaba a mi hermano para entrar.

Claro, que podría haber sido mi hermano u otro cualquiera.

Sin ir más lejos, aquí la amiga, el día de la fiesta,

estuvo un buen rato coqueteando conmigo.

"La virgen".

Vas más cargada que un burro de Mijas, chiquilla.

Sabes que si yo no estuviese con Rafita,

tú no te me escapabas. -"Se notaba que Roberta

iba buscando lo que iba buscando".

-Señorita Roberta Luna,

¿recuerdas esas muestras de cariño hacia don Álvaro Peralta?

-Es posible.

No lo recuerdo, bebí demasiado.

-No tengo más preguntas para don Álvaro.

(MURMURAN)

-Por favor. -¡Padre, padre, por favor!

-Señorita Roberta Luna, por favor.

¿Esa foto la tomó Tomás Peralta con su consentimiento?

Repito.

¿La tomó con su consentimiento?

-Sí.

-La fotografía se admite como prueba.

¿No va a protestar?

-Solicito que Tomás Peralta suba al estrado.

Me gustaría conocer su versión.

-Yo volvía para Sevilla

"y me la encontré en el camino". -Roberta.

-Sube, anda, que te llevo. -No, déjame.

-"Si mi hermano la hubiese forzado, me habría pedido ayuda".

Y luego habría estado deprimida o llorando por las esquinas.

No hubiera ido al baile de otoño de la academia.

Yo la vi pasándoselo estupendamente. Roberta no quería ir al baile.

(MURMURAN)

Estaba claro que le pasaba algo con Rafita.

-Nadie le ha dado la palabra.

Gracias.

Dijo que se había peleado con Rafita.

Eso es verdad.

Se encerró en su habitación y estaba muy deprimida.

Rafita nos pidió que le levantáramos el castigo.

Estaba claro que no tenía la conciencia tranquila.

¡Silencio, no lo voy a repetir!

-Con la venia, señoría.

-Diga.

-Roberta quería ir a ese baile y asumí las culpas para que fuera.

Nada que no habría hecho cualquier hombre enamorado.

-Gracias.

-¿Alguna objeción?

-No, señoría, eso es todo.

-El juicio concluirá mañana

con la declaración de la señorita Roberta Luna Miñambres.

Y permítanme que les diga que este jurado

agradecería menos espontaneidad por parte del público.

Se cierra la sesión.

(Maza)

¿Quieres que despida a don Fernando? Le dije que no estaría a la altura.

Pero es absurdo.

Sin abogado, Roberta no tendría defensa mañana.

Pues buscamos a otro,

pero no podemos permitirnos perder por su culpa.

¡Manuela, por favor!

¡Tú haces las cosas como te da la gana,

pero a tu padre no le digas cómo hacerlas!

Es el mejor abogado para este juicio.

Pero, padre... Ni pero ni padre.

Mañana si no está él, no habrá nadie. Lo hará hasta el final.

(Puerta)

Perdón. Manuela, tienes que salir al jardín.

¿Más padres?

Algo peor.

¿Alguien sabe quién ha sido?

¿Tú has visto a alguien? Qué va, doña Manuela,

Cualquiera podría haberlo hecho.

En el fondo, es lo que toda la ciudad piensa.

-Lo siento. (LLORA)

¡Quitad eso ya!

-Anda, échame una mano.

No.

Yo mañana no me presento.

Roberta, por favor,

mañana es el día más importante.

Por fin vas a poder contar tu verdad.

¿Para qué? Todos piensan que soy una puta.

Y lo peor, es que también lo piensan

de mis compañeras y es por mi culpa.

Quien piense eso, no te conoce,

y denota bastante estupidez. No merece la pena.

Las que te conocemos estaremos contigo hasta el final.

Mis padres me conocen perfectamente

y me han dejado sola.

Bueno, ahora no pienses en eso.

Cuando pase todo esto, podréis hablar

y lo vais a solucionar.

¿No habéis visto cómo me han mirado cuando se han ido?

Ahora tienen que estar en casa

muertos de vergüenza, y encima también por mi culpa.

No es tu culpa.

Por favor, tienes que entender eso.

Mira, ahora nos tenemos que centrar en demostrar la culpa de Rafita.

Así que deja de llorar y a por todas, ¿me oyes?

No.

No puedes quedarte

con esto dentro toda la vida.

Es injusto.

(Campanadas)

Hola.

Mira, no hemos tenido nada que ver con las pancartas.

-De ti lo sé.

-Y de mi hermano también deberías saberlo.

-Vale, de acuerdo.

Solo quería pedirte perdón

por fastidiar la noche que pasamos juntos.

-No me creo que me hayas hecho venir solo para pedirme eso.

-Mira, Tomás,

sé que la sangre es lo más importante,

pero Roberta está hundida.

-Mi hermano tampoco está muy bien.

-Cualquiera puede haber puesto esa pancarta.

Todo el mundo ha sentenciado a Roberta sin escucharla.

-¿Estás sentenciando a Rafita?

-Vale, lo siento.

Solo quería que la ayudases.

-¿Por qué la iba a ayudar?

-Porque no eres como tus hermanos.

Protegiendo a Rafita,

solo conseguiréis que sigan acosándola.

-Me parece muy hipócrita que me pidas esto.

Tú vives dominada por tu familia.

Te vas a casar porque tus padres te lo piden.

No me vengas pidiendo algo que ni siquiera tú harías.

No podemos haber llegado hasta aquí para rendirnos ahora.

Podría intentar hablar con ella.

No va a servir de nada.

Está obcecada con retirarse. Si sus padres fueran de otra forma,

podríamos convencerlos para que hablaran con ella,

pero ya habéis visto.

Pobre Roberta... Y lo peor es que duda de sí misma.

Nosotras la creemos.

Claro. Por supuesto.

La maldita hora Peralta.

Eso lo van a usar para declararle inocente.

Dirán que ha sufrido acoso.

Y si no usan eso, utilizarán la foto,

y si no, la pena negra que tenía que haber tenido...

Hay que poner el foco en ella. Absolutamente.

Tiene que declarar mañana.

Si no, está todo perdido. Esperemos que cambie de opinión.

¿Y si no lo hace?

"(Timbre)"

¿Qué pasa?

Tranquilo. Tranquilo. Dijiste que era urgente.

Sí, pero no tiene nada que ver conmigo.

(SUSPIRA)

Martín.

No quiero incomodarte, pero me gustaría saber

si se pudiera aplazar la sesión de mañana.

No es el lugar ni el momento de hablar de esto, Manuela.

Si la academia quiere pedir un aplazamiento,

debe hacerlo en mi despacho. Claro.

Claro. Perdóname.

No te tenía que haber hecho venir hasta aquí.

No me gusta verte así.

No quiero darte pena.

No. No, Manuela, no, eso no me lo puedes quitar.

El que tiene que dar pena soy yo, que soy el dejado.

Tonto...

Te echo mucho de menos.

Y yo, Martín.

Mucho, pero...

Martín, por favor.

Mañana me voy a arrepentir.

Pues...

arrepintámonos los dos.

Ha estado bien, ¿no?

Sí.

Quizá era esto lo que necesitábamos.

Olvidarnos de los problemas y...

Y hacer el amor como si nos acabáramos de conocer.

Pero sin agobiarse. No quiero que te agobies, Manuela.

Yo solo digo que...

puede ser que esto sea el principio de algo distinto.

Puede ser.

¿Tú la crees?

A Roberta, digo.

Sabes que no puedo revelar nada, Manuela.

Entiendo.

Martín, por favor,

que tus negocios con los Peralta no interfieran en tu decisión.

No.

¿Qué pasa?

¿Esto era lo que querías?

Pedirme que culpe a Rafita.

Era esto, ¿no? Martín, por favor.

Eso no es verdad, Martín.

Martín.

(Guitarra)

Nuestro hermano chico montando una celebración.

Increíble. -¿Quién le ha visto y quién le ve?

-Hay que brindar porque se haga justicia.

Venga, otra ronda.

-¿Otra? ¿Nos quieres emborrachar o qué?

-Yo estoy muy tajado. -Que un día es un día.

-Bueno, venga, otra.

-(SILBA)

-Por la hermandad Peralta, con más solera que la de la Trinidad.

Podéis pedirle muchas cosas a la vida,

pero unos hermanos así

es el regalo más grande que te puede dar Dios.

Gracias. Gracias por estar ahí... siempre.

Podéis pedirme lo que queráis, que por vosotros lo doy todo.

-Y yo por ti, hermano.

-Pues yo quiero saber

si de verdad le hiciste algo a tu chiquilla.

-Pero dame un abrazo primero, ¿no?

¿Preguntar sin darme un abrazo?

-A ver, hermano, coño,

que Roberta y yo éramos novios.

Cuando dos son novios, nadie viola a nadie.

-Eso es verdad.

Pues no se hable más. -A ver...

Iba que no se tenía ni en pie. No sé si estaba por la labor.

Fácil no me lo puso la jodía. -Bueno, déjalo.

No vamos a hablar de este tema.

-Coño, que siga. -No, no, en serio.

-Hermano, sigue.

-A ver, que...

tuve que ser yo el que la montara a ella.

Ya me entendéis.

Chist...

Tomás, ¿qué pasa?

Estaba que no podía ni hablar.

Ni para decir sí ni para decir no.

Pero que no hacía falta.

Una mujer nunca dice no a un Peralta.

O no, ¿eh?

(RÍEN)

Estate tranquila.

Decidas lo que decidas, estamos contigo.

Yo también.

El otro día, el mozo de Ramón me tocó el culo.

¿Cómo? Todo porque fui

a hablar con él,

pero eso no le da derecho a manosearme.

Roberta, siento haberte juzgado.

He sido una imbécil pensando que no deberías denunciar.

Yo lo hago ahora aquí, delante de todas.

-El verano pasado,

un amigo de mi padre estuvo mirándome mientras me cambiaba.

Y cuando se lo conté a mi padre, dijo que era normal.

Que no me preocupase.

-Yo ya no voy a mi pastelería favorita

porque enfrente hay una taberna y me dicen de todo.

Y se supone que yo me tengo que sentir halagada,

pero no,

me siento incómoda.

Pues cuando yo estaba embarazada de Arcadio,

un día, en la parroquia de San Esteban,

un hombre me pidió que le besara.

Yo le quité la cara, claro.

Y me amenazó con contar a todos que era una cualquiera.

Nunca volví a pisar esa parroquia

por miedo a que me insultaran.

Yo... tengo un primo que siempre ha tenido la mano muy larga.

Una vez, estaba jugando con mi hermana,

y sin venir a cuento, se levantó para tocarle los pechos.

No fui capaz de gritar ni de pedirle que no lo hiciera.

No hice nada.

Nada.

Solo hay una voz. Es normal que tengas miedo.

Lo que estás pasando es muy difícil, pero eres una valiente.

Has sido una líder sin que nadie te lo pidiera.

Yo, desde luego, nunca te lo pedí,

pero ahora te necesitamos.

Por favor, no te rindas.

(RÍEN)

Señorita Roberta Luna Miñambres,

puede acercarse a declarar.

-¿Cómo está, señorita Roberta?

-Le ruego que conteste las preguntas que se le hagan.

-Bien.

-¿Me permite que la tutee?

Por favor, cuéntenos qué pasó aquella tarde.

-Te pedí que me llevases a la academia y no lo hiciste.

-Nadie te obligó a ir a esa fiesta.

-No, fui yo la que decidió ir,

pero solo quería estar un rato. -Si solo era un rato,

si no querías nada conmigo esa tarde, ¿por qué te pusiste tan guapa?

Si hasta te pusiste el brasier de encaje...

Sigue, por favor.

-Decidí irme yo

porque si te seguía esperando, no iba a llegar.

Entonces, apareciste por detrás

con las llaves del coche en la mano.

Me besaste y yo te besé.

Y, entonces, empezaste a manosearme.

Cada vez con más fuerza.

Hasta que me caí al suelo.

Y me violaste.

-¿Gritaste para pedir ayuda?

Tampoco intentaste defenderte.

Pegarme, arañarme...

Ni un rasguño me hiciste.

Ni siquiera dejaste que mi hermano te llevará.

Si la señorita Roberta necesitaba ayuda, ¿por qué no la pidió?

Tu versión coincide con la de mis hermanos y con la mía.

¿O es que crees que hemos mentido?

-No.

-Así que...

¿puedes afirmar delante del jurado

que todo pasó como lo hemos contado?

-No.

-¿Eres tan amable de decir en qué no estás de acuerdo?

-¿Alguna vez me has querido?

-No soy yo el que tiene que responder.

-Desde que empezamos a ser pareja, habías demostrado tu amor.

Pero ese día no.

Ese día no eras el Rafita al que yo conocía, no eras tú.

-Mira, no sé adónde quieres llegar.

-Miren, yo sé que no me creen,

pero por un segundo...

les pido que piensen en sus hermanas,

en sus hijas,

en sus mujeres.

Darle la razón a Rafita Peralta...

es como dársela a cualquier hombre que las quiera hacer daño.

Me da igual el veredicto,

tú eres el culpable de todo esto. -Mira,

lo sería si te hubiese forzado... -¡Sí lo hiciste!

-¿Qué estás haciendo? -Mi hermano violó a Roberta Luna.

-Pero ¿qué haces?

(MURMURAN)

-¡Basta! ¡Silencio, silencio, por favor!

-Señoría, me gustaría subir al estrado

para contar toda la verdad.

-Tomás.

-Adelante, don Tomás.

-¿Qué haces? ¿Estás jodido de la cabeza o qué te pasa?

-Cuando quiera.

-Anoche estuve de vinos con mi hermano.

Y Rafita me dijo que Roberta iba tan borracha

que no podía ni articular palabra.

Así que si no hubiera querido hacer nada,

no podría haberlo manifestado.

Rafita dijo que le dio igual.

Porque como él siempre dice,

ninguna mujer le dice que no a un Peralta.

-Se admite el testimonio como prueba y se aplaza el veredicto.

(Maza)

Doña Luisa.

Reparte tú el resto, por favor.

Carta del juzgado.

Martín ya tiene el veredicto.

(MURMURAN) Chist...

Este juzgado ha acordado declarar

a don Rafael Peralta García de Blas...

culpable.

"¡Culpable!". "(GRITAN)"

Por ello... Espera. Espera, que hay más.

Un momento, hay más, hay más.

Será amonestado con una multa de 3000 pesetas

que deberá pagar en un plazo de una semana.

(Puerta)

Adelante.

¿Puedo pasar?

Sí.

Es que es ridículo, Teresa.

3000 pesetas no es nada para los Peralta.

Es ridículo,

pero no te puedes quedar con eso.

¿Tú te das cuenta de lo que acabas de hacer?

¿Eres consciente de que acabas de hacer historia?

¿Que has dado un paso importantísimo

y que gracias a ti,

a partir de ahora, muchas denunciarán?

Es que yo no sé si vale la pena todo este mal trago.

Las cosas no cambian.

A la primera, no.

Se hace poco a poco.

Tú acabas de dar el primer paso.

Mis padres no han llamado, ¿verdad?

No.

Gracias por todo, Teresa, de verdad.

Gracias a ti.

Todas te lo agradecemos.

Eres increíble.

Ya lo he despedido. No volverá a pisar la academia.

Menudo ojo he tenido, ¿eh?

Si le pasas una, ya no hay quién le pare.

Son cosas de chavales, no le demos más vueltas.

Hay que darle todas las vueltas del mundo, Ramón.

Estas cosas no las podemos dejar pasar.

Estaré más alerta con el próximo.

Al próximo lo elijo yo.

Perdona.

Doña Manuela, lo siento otra vez, ¿eh?

Padre. -Hola, hija.

Le debo una disculpa.

No creo que don Fernando

tenga que ver con el veredicto final,

pero hemos ganado.

Si es que eres una cabezota...

¿Cuándo te darás cuenta de que tu padre nunca te fallará?

¿Por qué no vienes a cenar a casa?

No.

Todavía no.

Un poco de silencio, por favor.

Enhorabuena, Margarita,

enhorabuena, doña Luisa,

doña Manuela,

Flavia, Candela...

Enhorabuena a todas.

Este juicio no lo he ganado yo sola,

lo hemos ganado todas.

Si algo he aprendido de esto,

es que no hay que callarse por miedo a quedarse sola.

Siempre va a haber alguien dispuesto a escucharte

y a unirse a ti.

Y yo debo ser la mujer más afortunada del mundo,

no ha hecho falta que salga de la academia

para que eso ocurra.

Gracias.

Hoy arrancamos con las actividades de Semana Santa

y después gozaremos de unos merecidos días de vacaciones.

¿Quién guardará la academia? Me puedo quedar yo.

¿Vas a estar bien sola?

Las he visto. Habla con Macarena.

No puede decir nada.

Si llegara a oídos de mi familia... ¡Que esto también va conmigo!

Podrían encerrarme, como a ti.

Mi padre no quiere que esté en casa.

Seguiré por mí mismo.

Sin que nadie me ayude.

Necesito pensar en mi familia y en el futuro.

¿No quieres tener otro hijo?

¡Aaah!

¡Que todo el mundo se entere! Maestras, alumnas... Don David...

Manuela. Te quería hablar de Ángela.

Dime que saldrá bien.

Los momentos importantes de mi vida los he pasado sola.

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La otra mirada - Capítulo 8: "La primera y la última palabra"

20 jun 2018

A pesar de que el claustro de profesoras apoya a Roberta, el juicio de la joven contra Rafita Peralta por violación sacude los cimientos de la academia, debido a que la gran mayoría de los padres de las alumnas no entienden que la institución se haya posicionado a favor de una alumna que se ha querellado contra el primogénito de una de las familias más influyentes de Sevilla. Manuela, a la cabeza de las profesoras, intenta apagar las protestas de los padres, pero la situación no le va a resultar fácil sobre todo porque tiene que soportar ver a Martín tras su separación, ya que actúa como juez en el juicio. Roberta no se siente del todo segura a la hora de declarar en el juicio: la joven se encuentra desprotegida y falta del apoyo de sus padres para encarar tal situación. Mientras tanto, Tomás lucha contra sus propios sentimientos de cara al juicio y es que el joven sabe que puede tener la clave de cara al veredicto.

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