La otra mirada La 1

La otra mirada

Miercoles a las 22.30 horas

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No recomendado para menores de 12 años La otra mirada - Capítulo 7: 'Pienso en mí' - ver ahora
Transcripción completa

¿Son los padres de Roberta?

Digamos que... Que se ha sobrepasado con ella.

"¿Y se la llevaron así, tal cual? -Tal cual".

Abrí los ojos y se la llevaban.

Tú eres la víctima

y Rafita es el único culpable.

Le vamos a denunciar.

Se va a enterar todo el mundo de lo que ha hecho y va a pagar.

Me hubiera gustado que las cosas hubieran sido de otra manera.

¿Quieres recuperar el tiempo?

Papá.

"Necesito cierta información

sobre el señor Peralta". "Don Rafael estaba invitado

a la fiesta del 2 de agosto. Y oficialmente fue".

¿Cómo que oficialmente? Estábamos en Canarias.

A ti no te ata nada en Sevilla.

A lo mejor no ha sido la ciudad lo que me ha atrapado.

-Conmigo también habla, ¿sabe? Pero de cosas importantes.

Somos amigos de verdad.

"Yo no sé qué te está ocurriendo,

pero encerrarte esperando a que se te pase,"

no servirá de nada.

"Necesito estar aquí contigo".

"Ángela, qué alegría verte...".

Gracias por tu ayuda.

"Por fin voy a conocer en persona a mi novio".

Doña Luisa.

¿Tu madre es mi profesora? -Se ve que sí.

-Os presento a Enrique.

Mi prometido.

"Espero que tengas una razón

para haber faltado al anuncio del matrimonio".

No seré cómplice de algo que no apruebo.

Nos van a donar un laboratorio puntero.

"Tenemos jaleo en el tribunal y don Rafael Peralta

quiere que tomemos algo. Quiere meterme en el negocio".

¿Y eso es compatible con ser juez?

Sí, claro.

No es el momento

de tener nuestro primero hijo.

(Teléfono)

No tardo.

"Es solo una loción

que usan todas las mujeres". "Para lo que quieres es peligroso".

¿Qué te pasa? Tienes mala cara.

Nada, mucho trabajo, demasiado.

(VOMITA)

(Pasos)

Cariño.

Cariño, ¿qué te pasa? ¿Estás bien? Sí.

Ven. Siéntate. Siéntate.

Ay...

Estoy bien, mi amor, de verdad, no tiene importancia.

Gracias.

Uf...

¿Qué?

¿Qué?

¿Por qué sonríes?

¿Tú crees que...?

¿Qué?

Bueno, ya sabes.

No.

No, Martín, es un simple mareo y ya está.

Está bien, un simple mareo.

Un simple mareo.

Nuestro niño.

(SUSPIRA)

¿Te ha visto ya tu padre?

Tú no estás bien.

Estoy bien, Luisa, de verdad.

Estoy bien, no te preocupes, es solo un virus.

El otro día dijiste cúmulo de trabajo,

y hoy, que es un virus.

Perdona, pero creo que debería irte a tu casa.

Ni hablar, hoy es un día histórico. Lo entiendo, Manuela.

Llevo semanas carteándome con ella y esperando la conferencia.

Lo sé, pero si no estás, no estás. Estoy.

Y para ella estoy cuando haga falta.

¿Me acompañas? ¿Cómo no te voy a acompañar?

Aunque no lo reconozcas, eres terca como tu madre.

María de Maeztu es nuestra academia.

¿Tú sabes lo que significa que esté aquí?

¿Cómo no? Representa todo a lo que aspiro.

Como directora, como pedagoga y como mujer,

El virus se pasa, pero conocerla es para siempre.

¿Seguro que estás bien? Que sí, Luisa.

De verdad.

Qué raro que no esté aquí.

¿A ti no te ha avisado?

No. ¿No?

Seguramente le habrá pasado algo. No sé.

Últimamente...

Qué extraño en Ángela. Sí.

(Bocina)

Buenos días a todas. (TODAS) Buenos días.

Por fin nos conocemos, Manuela.

Encantada. No.

Perdón. No. Disculpe.

Doña Manuela soy yo.

(RÍEN)

Un placer.

Encantada, señora de Maeztu.

Doña María. (RÍE)

Muchas gracias a todas por recibirme.

El placer es nuestro.

Es un honor tenerla en la academia. El honor es mío, créeme.

Y relaja el tono institucional. Somos compañeras.

Bueno, le presento a doña Luisa.

Ella es una de nuestras maestras

y cofundadora de la institución.

Encantada, Luisa. Un placer, doña María.

Igualmente.

¿Nos acompaña? Sí, por supuesto.

Adelante, por favor. Buenos días.

-Buenos días.

Pues esta es nuestra academia.

-Hola, buenos días. -Buenos días.

-Madre mía, Manuela.

Bueno, ella es doña María de Maeztu,

la directora de la insigne Residencia de Señoritas de Madrid.

El espejo donde esta academia se mira cada día.

Antes de nada,

mi admiración y agradecimiento a los padres

que apostáis por una buena educación.

-¡Queridísima María!

Es doña Manuela Casado, la fundadora de la institución.

Es mi madre. -Encantada.

-Como puede usted ver,

esta pequeña academia nace con vocación de llegar a ser

tan respetable como su residencia.

-Por Dios, no tiene nada que envidiarle, de verdad.

Su impronta y la de su hija son las responsables

de su brillante reputación. -Gracias a nuestra impronta

y a la inestimable ayuda de nuestros generosos benefactores.

-Muchas gracias.

"En la Residencia de Señoritas"

ponemos el foco en el individuo.

Lo siento... Lo...

Lo siento muchísimo.

Está bien. Adelante.

Decía que en la Residencia de Señoritas

ponemos el foco en el individuo.

Solo los sujetos que se desarrollan individualmente

pueden contribuir a la sociedad.

Esto que como filosofía está muy bien,

en la práctica estamos aún muy lejos de conseguirlo.

¿Por qué creéis que es así?

Las personas,

las mujeres en concreto,

estamos aún muy lejos de ser independientes.

Son otros los que marcan nuestros caminos.

Nuestros padres, nuestros maridos,

nuestros hermanos, nuestro entorno en general.

Creo que es imprescindible que las mujeres

antepongamos nuestro desarrollo y crecimiento personal.

Nuestra felicidad,

nuestra formación y nuestro derechos

a cualquier otra cosa.

Porque solo así hombres y mujeres

podremos hablarnos de igual

a igual. ¿Sí?

Disculpe, doña María.

Pero ¿eso que propone

no promueve el egoísmo?

El individualismo,

pero aunque lo tratásemos como egoísmo, ¿qué problema habría?

Que estaría animando a seguir un camino

poco ético como filosofía de vida.

Estamos todas de acuerdo en que la generosidad

es algo ético, ¿sí? Sí.

-Claro. -¿Sí?

Estupendo.

Lo mismo que hay una generosidad buena,

amable, honesta, hay una generosidad mala

que siempre busca algo a cambio.

Lo mismo sucede con el egoísmo, Luisa.

Hay un egoísmo malo que nos lleva a desear lo que no tenemos.

Pero hay un egoísmo sano

que defiende y protege lo que sí tenemos

y que nos hace seres completos y felices.

¿Se os ocurre algún ejemplo de un acto de egoísmo sano?

(MURMURAN)

¿Sí, Manuela?

Bueno, eh...

A mí lo primero que se me ha venido a la cabeza,

como conocedora de sus reflexiones,

es... su defensa abierta del divorcio.

-Pero ¿qué dices?

Calma, calma, calma. (CHISTA)

-¡Por favor, un momento!

Prosigue, Manuela, por favor.

Bueno, tengo entendido que usted defiende

que el divorcio a veces es el único camino.

Cuando los cónyuges no se identifican como pareja.

Ajá, así es.

Un matrimonio

que se ha luchado, que se ha peleado,

pero que ya no tiene sentido,

nos convierte en seres inertes.

Nos anula como personas.

Así es que sí, Manuela, el divorcio es un sano ejercicio

del individualismo.

-No...

No es el momento ni el lugar.

Madre. -Perdón.

Perdón. Déjame pasar.

(MURMURAN)

Siento muchísimo la reacción con tan poco respeto.

Doña María, de verdad. No hay nada que sentir, Manuela.

Si queremos aprender a cambiar la mentalidad,

tenemos que aprender a lidiar con sus reacciones.

Vengan desde las tripas o la cabeza.

Aquí se respira el aroma de las ideas.

Que estés al frente de esta institución,

que la dirijas, es un orgullo para todas las mujeres.

(SUSPIRA)

Creo que nunca había mirado a la academia como usted.

Pues hazlo, Manuela, y mírala como se merece.

Y haz lo que sea necesario para preservarla y defenderla.

Ha sido muy inspiradora su charla.

Tu charla.

(RÍE)

Le prometo que haré todo lo posible por esta institución.

Estoy segura de ello, Manuela. Buenas tardes.

Hola. Un placer. Manuela, tenemos que hablar.

Eh... Sí.

Esperadme en mi despacho. Voy... Salgo sola. Conozco el camino.

¡Gracias!

Acompañadme.

¿Rafita es un violador? Roberta me lo ha confesado.

Pero... ¿cómo es posible?

Si Rafita es un muchacho decente

y formal. Aparentemente, Luisa.

Conocemos a su familia de siempre.

Nadie podría inventarse algo así. No.

Desde luego.

Y...

¿Y ahora?

¿Qué se hace?

Bueno, Roberta va a presentar cargos

y yo creo que la academia debe sumarse a su denuncia.

La academia... Claro.

¿Y bien?

Sí. Eh...

A ver, es un asunto muy delicado, así que tenemos que pensar muy bien

cómo actuar. ¿Cómo que tenemos que pensar?

Lo que tenemos que hacer es algo ya.

Si nos precipitamos, perjudicaremos a Roberta.

Los Peralta cerrarán filas sobre Rafita

y lo negarán todo. Lógicamente lo negarán todo,

pero no hay otra.

Tendremos que luchar y confiar en que se haga justicia.

No sabes de qué estamos hablando. Los Peralta tienen

mucho poder e influencia en todas las esferas.

¡Es hora de que se sepa quién son! Teresa, por favor, ya.

Acabas de llegar y no sabes de qué hablamos.

Confía en mí, por favor.

De verdad, quiero hacer lo mejor para ella.

Vamos paso a paso.

(Puerta)

¿Se puede? Sí.

Pase, doña Manuela.

¿Hablamos?

¿Cómo estás?

Bueno...

Sabes que estamos aquí para cuidarte, ¿verdad?

Muy bien.

Pues cuéntame qué pasó, por favor.

Pero ¿ha venido para quedarse?

-Pues imagino que no ha venido de visita.

-¿Es verdad que ha llegado Roberta? -Está con doña Manuela.

-¿La han traído sus padres? -Ella.

Han venido juntas. -Ha pasado algo. Estaba tan seria...

-¿Sabéis algo más? A ver, niñas,

idos abajo, por favor.

No quiero que estéis aquí. Vamos.

Vamos.

¿Qué tal? ¿Te ha contado?

Sí, me ha contado.

Pero, entonces, ¿qué? ¿Cuál es el siguiente paso?

Bueno...

Lo más importante es que no se entere nadie.

Manuela, no podemos perder ni un minuto.

Lo sé, pero esto no puede llegar a las personas implicadas.

Así protegemos a Roberta.

Teresa.

Lo has hecho muy bien con todo esto.

Y Roberta está siendo muy valiente.

Por eso debemos mantener la cabeza fría.

¿Estamos?

Sí, está bien. Teresa.

¿Estamos?

Estamos.

Despejado.

-Creo que se ha fugado de casa.

-Y ha llamado a Teresa para que la recoja.

-A ver si la han secuestrado. -Y la traen para que no la vean.

Es que...

Vamos a esperar a ver si viene.

-Chist...

Solo quería asegurarme de que estás bien.

Sí, estoy bien, gracias.

Bueno, no. No sé.

¿Qué pasa?

Es que he notado a doña Manuela rara.

Como si no me creyese.

Claro que te cree, Roberta.

Todas las maestras te creemos,

lo que pasa es que Manuela está muy afectada con esto.

Como todas.

Pero darás los pasos precisos, no te quepa duda.

Eso sí,

ha pedido que nadie se entere hasta que se ponga la denuncia.

¿De acuerdo?

Espero que con esto no te entren dudas.

No.

No tengo ninguna duda, eso te lo puedo asegurar.

Bien.

Pero es que siento rabia.

Solo quiero que Rafita pague por todo lo que ha hecho.

Roberta.

Estás siendo muy valiente.

Vas a ser un ejemplo para muchas.

Lo que ha tenido que sufrir la pobre callándoselo.

Y yo, mientras, invitando a Rafita al baile.

¿Quién me manda meterme donde no me llaman?

Si te soy sincera,

esa noche me sorprendió más tu reacción que la de Roberta.

Ella no es la única que se ha callado lo que le pasa.

¿Verdad?

Se me agotan las maneras de preguntártelo.

Siento mucho no haber estado para recibir a doña María de Maeztu.

No te hablo de eso. Sabes que normalmente aviso, pero...

Jaime se puso enfermo. Pero ¿el resto de días?

Tenía fiebre y sudores fríos.

Ángela, ¿por qué estás tan ausente?

Me asusté y perdí la noción del tiempo.

¿Damos un paseo?

No, madre, estoy reunida. Buenos días, doña Manuela.

Por favor, pase. ¡Ángela!

¡Hola, Roberta!

-Hola, chicas. ¿Qué tal todo? ¿Bien?

-Estupendamente, ¿y tú? -Muy bien.

Gracias. -¿Qué te ha pasado?

-Nada. -¿Has estado en tu pueblo?

-Sí. -¿Por qué te sacaron tus padres así?

-Por cosas.

-Pensábamos que no ibas a volver. -Vamos a ver,

he tenido un problema familiar y se ha resuelto. ¿Algo más?

-¿En serio no nos vas a contar qué te ha pasado?

-Roberta.

Oye...

Los discursos incómodos son los que hacen pensar.

La implantación de la sacrílega ley del divorcio

sería peor que un atentado a la moral

y al espíritu mismo de nuestra patria.

Esto lo firma Magda Donato.

Tú a esa la lees mucho, ¿no?

Sí, madre, pero no significa que piense lo mismo que ella.

Pero ¿no ves lo inoportuno que es

venderle las ventajas y las bondades de un divorcio

a una alumna como Flavia,

que está a punto de contraer un matrimonio beneficioso?

Para todos menos para ella.

Al final, todo se reduce a un laboratorio.

Aunque venda que lo hace por la felicidad de dos familias.

Y benefactoras. Nunca lo olvides.

Ahora, gracias a tus charlas incómodas,

el inicio de las obras del laboratorio se ha parado.

Los Cardesa se lo tienen que pensar.

Les asusta que apoyemos los desvaríos de la de Maeztu.

Bueno, pues ya vendrán otros que no lo piensen.

Qué poca vista tienes a veces, hija.

Piensa en los terrenos circundantes.

Primero, el laboratorio,

luego pueden venir nuevos pabellones

llenos de aulas repletas de alumnas...

Ser un referente educativo para toda Europa.

En poco tiempo, tendremos todo un campus

y empezar a impartir enseñanza universitaria.

Lo mismo que en la Residencia de Señoritas de Madrid,

que es tu gran ejemplo.

Puedes llegar a conseguir lo que yo nunca pude.

Ahora es tu academia.

Puede llegar a ser tu universidad.

(Puerta)

¿Qué tal, Tere?

¿Eh? Sa.

Ah. (RÍE)

Hola.

Pues aquí, recolocando la vida. Ya veo, ya.

¿Se puede?

Ay...

Así que después de todos los cigarros,

los viajes en el furgón

y de que me regalaras tu pitillera porque sí,

así me entero yo de que te largas sin decir nada.

Bueno, solo lo hablé con Manuela, obviamente porque es la directora.

Pues tu amigo el portugués lo sabía.

Oye, que igual es culpa mía, ¿eh? Igual yo me pensé

que lo de que éramos amigos era en serio.

O era otra cosa.

Lo siento.

(SUSPIRA)

¿Te ayudo? No, que estarás muy liado.

Venga, ayúdame.

Ayúdame con el gramófono.

¿Dónde lo quiere la señorita?

Ponlo aquí, en el escritorio.

Vaya por Dios. Lo siento.

No te preocupes.

Soy un patoso. Recoge tú esa ropa.

Solo quería ayudar y...

¿Esto es sangre?

Un papel con el nombre de Roberta lleno de sangre.

Dame la nota. ¿Qué te traes?

Dame esa nota.

Lo de la Guardia Civil. Dámela.

El periódico. Dame la nota.

Ramón, que me des la nota. Déjame.

¡Que me des la nota!

Ramón.

Escúchame.

Siéntate y te cuento todo, de verdad.

Ramón.

Confía en mí.

¿Por qué me obligas a tener que pillarte a traición?

¿Cuándo vas a dejar de huir de mí?

-Aquí no, vamos fuera.

-De verdad, Roberta, no entiendo qué te pasa.

Bueno, ¿qué? -¿Qué de qué?

-¿Te disculpas y acabamos con esto? -¿Perdón?

-Ah, vale, lo de siempre. Que quieres hacerte de rogar.

Siempre igual, te encanta hacerte la protagonista.

-No me he hecho de rogar, imbécil. -Eh.

Esa boca.

-Cuando te he querido, te he querido hasta el final,

y cuando no, no.

-¿Y cuándo no has querido tú?

-Cuando me violaste.

-Pero ¿de qué hablas?

-Te voy a denunciar, eres un hijo de puta.

-Mira, Roberta, me estás cabreando.

-Te hablo en serio, te voy a denunciar.

Tengo a la academia de mi lado.

Vas a pagar por todo lo que me has hecho.

No vas a volver a hacérselo a ninguna chica en la vida.

-Mira, Roberta...

-Ni se te ocurra.

-¡Roberta, tú a mí no me vas a denunciar!

Ya estamos.

Las excelentes referencias de doña María de Maeztu

me llevaron a pensar que su conferencia

sería de gran interés para la academia.

Pero les pido disculpas.

Porque sus palabras no fueron las más apropiadas.

Especialmente para unas alumnas tan jóvenes e influenciables.

Lo agradecemos, Manuela.

-Igual debería de haber comprobado su discurso

antes de autorizarlo.

Tiene usted razón, Susana.

Tiene toda la razón.

No se preocupe, es un error propio de alguien tan inexperto como usted.

-Bueno, pues ya está todo aclarado. -Ajá.

-Muchas gracias, hija, por tus disculpas

tan..., tan necesarias y tan sinceras.

-Ajá.

Como muestra del respeto y del cariño que le tenemos a su familia,

queríamos pedirles

que nos concedan el honor de acompañarles,

en representación de la academia,

a la pedida de mano de Flavia.

-Si su hija acepta y se muestra más entusiasta que con el compromiso.

Claro.

Como dice mi madre, será un honor

acompañarles en nombre de la academia, por supuesto.

-Estupendo, les esperamos en la pedida.

Gracias a las dos.

-Les acompaño. Gracias a ustedes.

Buenos días. Buenos días.

Esta es la letra de mi padre.

Y esta es su sangre.

Mi padre era el embajador de España en Portugal.

Y murió en mis brazos.

Me asusté mucho.

Salí corriendo.

Por eso me buscan.

Eras tú la del periódico.

Pero, obviamente, se confunden de persona.

Obviamente.

Nunca tuvimos mucha relación.

Él se desentendió de mi madre cuando se quedó embarazada de mí.

De año en año, venía a visitarme.

Porque coincidía que estaba en la ciudad.

Y me veía,

cumplía...

y se curaba la culpa a golpe de talonario.

Me compró con la mejor educación

y regalándome todo lo que pidiera.

Y yo le pedía todos los viajes que se me antojaban.

Y no paraba de viajar.

Siempre lejos.

Cuanto más lejos, mejor.

Y siempre sola.

Siempre sola.

Y antes de verano,...

recibí un telegrama suyo

y me pidió que, por favor,

fuese a una fiesta que preparaba en la embajada de Lisboa.

Yo vine a Sevilla

para saber por qué mi padre tenía esta nota en la mano,

quién era Roberta Luna, qué tenía que ver con él, qué...

¿Qué me quería decir?

O si tenía que ver con su muerte.

Y, de verdad, que yo lo he intentado.

Pero es que no he conseguido saber nada.

Y por eso te querías largar.

¿Por qué te has quedado al final?

Bueno,

porque de camino, me he encontrado con las niñas,

la academia... Conmigo.

Con mis compañeras las maestras...

Conmigo. Con Sevilla...

La virgen, qué pesado eres...

Mira, si ya hasta te quejas como las de aquí.

Contigo.

Mira, yo... no sé lo que me quería decir mi padre,...

pero lo que sé es que hay una niña que me necesita más que nunca.

Y esa es mi prioridad.

Pues muy bien que me parece.

Y si necesitas algo,...

ya sabes dónde estoy.

(LE DA UN BESO)

Gracias.

Son ya varias llamadas de atención.

Esta mañana, Manuela me ha interrogado.

¿Y qué le has dicho?

He mentido.

Me he inventado una excusa con respecto a uno de mis hijos.

Nunca pensé que podría llegar a hacer algo así.

David dice que apenas me reconoce.

No es fácil.

Para ninguna de las dos.

Tú, al menos, no engañas a nadie.

Ángela.

Es normal.

A mí también se me va el santo al cielo

cuando estoy contigo.

Pero quiero seguir así.

Tú y yo.

Solas contra el mundo.

Bien.

¿Hola?

Hola.

¿Qué tal la jornada, cariño?

¿Cómo fue la conferencia de tu adoradísima María de Maeztu?

Bueno...

Pues no tan bien como me esperaba, la verdad.

Oye, mira, he hablado con don Rafael Peralta.

¿Y?

Pues resulta que tiene un evento

de empresarios de cerámica en su finca

y quiere que vayamos.

¿Cuándo?

Ahora.

¿Ahora?

Yo ahora no puedo.

Ha insistido muchísimo.

Especialmente en que vengas tú. Te da tiempo a ponerte algo bonito.

Pero si no es eso, Martín.

Si es que me encuentro mal desde por la mañana.

Mira la cara que tengo.

Nada que un poco de maquillaje no tape.

Además, es normal en tu estado. Esas cosas van y vienen.

Por favor, no te empeñes en que estoy embarazada.

Está bien, no me empeño, pero, venga. Ponte algo bonito.

Pero ¿no ves cómo estoy?

Es muy importante para mí.

Hazlo por mí.

Está bien.

Gracias.

¡Chist! Flavia.

-¿Qué quieres?

-No tienes por qué ser tan fría conmigo.

Solo quiero pedirte una última cosa.

-Tomás, ya te he dicho... -Por favor, no me tomes por imbécil.

No me tomes por imbécil porque no me lo creo.

No me creo que ya no me quieras.

-Ese es tu problema.

-Flavia, por favor.

Mira.

Cuando te cases, no podremos volver a vernos.

Por eso quiero pedirte esto.

-¿El qué?

-Una última noche juntos.

-La última, ya está, no te pido nada más.

Por favor. -¿Una noche para qué?

Por nosotros.

Por favor.

Hombre, don Ramón, ¿qué tal? ¿Todo bien?

Me alegro.

Antonio. ¿Qué tal? ¿Todo bien?

Me alegro.

Gracias, cariño.

Manuela.

Qué gusto verla.

Lo mismo digo.

Un placer. Felicidades por su embarazo.

No, no, no.

Mi marido le echa mucha ilusión a un simple mareo.

Bueno, yo me fío mucho de la intuición de Martín.

Por eso es alguien que quiero tener muy cerca.

Eso lo ha conseguido más que yo. -Bueno, mujer,

tampoco será para tanto.

-Oye, y otra cosa, Manuela,

y perdone que la aborde con este tema,

pero hay como un rumor,

una denuncia infundada contra mi hijo, aquí presente,

y parece ser que su academia la va a poyar.

No sé de dónde ha sacado esa información.

Me imagino que querían evitar que estuviéramos sobre aviso, ¿no?

Bueno, creo que es un tema muy delicado...

-Roberta está movida por rencor. -Rafael.

No es el momento ni el lugar para hablar de esto.

Solo le pido, por favor,

que escuche la versión de mi hijo.

Seguro que le resulta de extrema utilidad, ¿verdad?

-Solo te piden que escuches su versión.

Está bien.

Por supuesto.

-Gracias. -Acompáñeme.

Tenía ganas de hablar con usted, doña Manuela.

Mire, ya sé que usted no quiere creerme, pero inténtelo.

¿De dónde sacas que no quiero creerte?

Me escucha porque se lo han pedido ellos,

pero la academia ya tiene una decisión tomada.

¿Qué me estás queriendo decir? ¿Que es mentira lo que afirma?

Por supuesto que sí, yo soy inocente.

Yo no violé a Roberta. Roberta y yo nos queremos.

Mire...

Doña Manuela,

la verdad es tan solo una cuestión de puntos de vista.

Candela.

Candela, ¿estás despierta?

Ni yo cuando me escapaba me ponía tan elegante.

¿Adónde vas?

-Por ahí. -Ya.

Te vas a escapar con Tomás, ¿no?

-Solo esta noche.

-Pero ¿no te ibas a casar?

-Si tu vida no es asunto nuestro, la nuestra no es asunto tuyo. Adiós.

-Flavia.

¡Flavia!

Te lo dije y te lo vuelvo a repetir:

no te acerques a los Peralta.

-Roberta, me voy.

-Rafita me violó.

-¿Qué dices?

-¿Te acuerdas del día de la fiesta que me escapé?

Que Tomás me hizo una foto y que todas habéis visto.

Pues ese día fue.

-Si estabas borracha, ¿cómo sabes qué fue lo que pasó?

-Ojalá nunca tengas que estar en la situación

de que te pregunten si te han violado.

-Tomás jamás haría algo así.

-Rafita tampoco lo haría.

Y, mira.

De verdad, Flavia, insisto,

solo quiero ayudarte,

pero si tú no quieres,...

tú sabrás.

Buenas noches, princesa.

-Hola, guapo.

¿Vamos? -No.

-¿Qué haces? -Por aquí.

-¿Qué haces? -Flavia.

-Que no. -Flavia.

-¿Qué haces? -Chist.

-¿Estás loco? Tomás, que no. Tomás.

Para.

¡Tomás!

¿Y esto?

-Ni Dios entra aquí por la noche.

-¿Lo has hecho todo tú? -No cierran muy bien las ventanas...

¿Bailamos?

¿Qué pasa, Flavia?

-Nada de besos, por favor.

Solo abrázame.

¿Qué canción estás bailando tú?

-Una de Marion Harris.

Tiene la voz más bonita y más triste que he escuchado.

-¿Y qué dice la letra?

-"¿Cómo puedes decirme que te vas a ir?".

"No me digas que nos separemos".

"No le partas el corazón a tu amor".

"Cuando te marches y me quede llorando,

no habrá forma de negarlo".

"Te sentirás triste".

"Echarás de menos al amor que nunca tuviste".

-No digas eso.

-Es lo que dice la canción.

Por favor, Flavia, no te vayas.

¿Qué te pasa? Te veo en la mirada que te pasa algo.

Y yo, que me quieres decir algo y no te atreves.

Es sobre la denuncia, lo sé.

Si esa denuncia se llevara a cabo... Que es lo que va a pasar...

¿No te puedes poner en mi piel? Me pondría en una posición incómoda.

¿A quién crees que darían ese juicio? ¿Eso te preocupa?

¿La incomodidad o tus posibles negocios con los Peralta?

Lo dices como si entrar en su sociedad fuera algo mal.

Ante todo, Martín, te recuerdo que eres juez.

Ya lo sé, ya lo sé, Manuela, y esa chica tendrá un juicio justo.

Solo te pido que retrases la denuncia dos días,

dos semanas como mucho, hasta que firme.

Piensa en lo bien que nos vendrá a ti y a mí.

Y a nuestro hijo.

Aquí nadie ha confirmado nada.

Martín Arteaga Martín.

Claro, que no solo existe, si no que tiene nombre y sexo.

Vamos, pero ilusionémonos un poco, ¿no, Manuela?

¿Sabes lo que podríamos hacer antes de que nazca?

Martín, ya, por favor, ya.

Te lo pido. Podría dejar mi puesto en el juzgado

e irnos con un velero por el Mediterráneo.

Imagínatelo, mira.

Baleares,

Cataluña, Niza, Italia, y hasta Grecia.

Navegando hasta el siguiente puerto. Atracando al atardecer.

Y... Y cenando en la cubierta con la puesta de sol.

Solos tú y yo.

¿Y mi academia?

¿Tu academia? Ajá.

Seguro que Luisa estará más que encantada de sustituirte.

Cuando firme con los Peralta, no nos preocuparemos por el dinero.

Pero si nunca hemos tenido que preocuparnos.

Ya, bueno, pero...

Dime que no te encanta la idea.

Estaba pensando en lo injusto que es

que el tiempo pase tan rápido en la felicidad...

y tan lento en la penuria.

-Eso no es verdad.

Yo estoy muerta de pena.

Se me está pasando la noche superrápido.

-¿No habíamos dicho que nada de besos?

-No, si tienes razón.

Nada de besos.

¿Por qué me miras así?

-Flavia, olvídate de tus padres.

-¿Cómo voy a olvidarme de mis padres?

-No dejes que decidan por ti.

Piensa en lo que de verdad tú quieres.

-Tengo que decirte algo.

-¿El qué?

-Roberta dice...

que Rafita la violó.

Fue en la fiesta de la finca de tu familia.

Fiesta en la que tú también estabas. -No entiendo a qué viene esto ahora.

No sé por qué inventas eso en un momento como este.

-Me lo ha dicho Roberta. -¿Por qué haces estas cosas?

-¿El qué? -La noche del baile, igual.

Te empeñas en boicotear el momento.

No quieres ser feliz conmigo. -No estoy...

-¡Y me sales con la mierda esta de mi hermano!

-Tomás. -¡Rafita jamás, jamás...!

-Tomás, escúchame, por favor, lo siento, ¿vale?

No debería haber dicho nada. -Nada de besos.

-Por favor, Tomás, por favor. Por favor...

¿Tomás?

¡Tomás!

Tomás, ¿qué haces aquí?

¿Flavia?

Tus padres han hecho un gran esfuerzo por darte lo mejor.

¿Te acuerdas de lo que dijo la señora de Maeztu ayer?

Que el egoísmo malo se sustenta de anhelos y fantasías.

Y esa cosa que tienes con Tomás Peralta

no es más que una irrealidad a la que te agarras

y no te deja ver el daño que puedes causar a tu familia.

Lo siento, doña Manuela.

Le prometo que lo mío y lo de Tomás se ha acabado para siempre.

¿De verdad? Sí.

Si yo sé perfectamente que no tienes mala intención

y que eres una niña que quiere vivir cosas,

pero, de verdad, esto tiene que parar.

¿Puedo decir algo?

Claro.

La señorita de Maeztu

también dijo que veláramos por nosotras.

Y yo le juro que lo intento,

pero es que no consigo saber

dónde acaban mis padres y dónde empiezo yo.

Manuela y Luisa dicen que llevo días en otro mundo.

Y es verdad.

Estoy en este.

Pero ya va siendo hora de volver al real.

¿Seguro que no puedes quedarte un poquito más?

Lo siento, me tengo que ir.

¿Y si vamos al cine?

¿Al cine? Sí.

El mejor sitio para escapar del mundo real.

Ya. Y con un poco de suerte, nos verá toda Sevilla.

Bueno, a lo mejor podríamos dejar una butaca de por medio

para que no sospecharan. (RÍE)

No, no, déjalo.

Imposible. Eso sería en un cine normal,...

no en nuestro cine.

(Puerta cerrándose)

Manuela.

Manuela.

Ahora no, Teresa, por favor.

Llevas toda la mañana evitándome. Te he dicho que ahora no.

¿Qué pasa? ¿No puedes mirarme a la cara?

¿Y tú no puedes, por una vez, hacer lo que te pido?

¿Qué te pasa?

Que ayer por la tarde hablé con Rafita Peralta.

Sí.

Y te rogué que no se enterase nadie más,

te lo rogué, y menos él y su familia.

Manuela, yo no he dicho nada.

Y de todas formas, no es tan grave. Se hará pública la denuncia.

Claro que es grave.

Ahora han tenido tiempo para prepararse

y no sabes cómo es su versión. Lo convincente que puede ser.

¿Estás poniendo en duda el relato de Roberta?

Yo no, Teresa,

pero un juez y un jurado sí lo va a hacer.

¿Estás bien?

Teresa.

Enfrentarnos a los Peralta hará que los padres se asusten

y quieran sacar a sus hijas de aquí.

¿No lo entiendes?

Podrías, aunque sea por una vez,

pensar en el bien de esta academia, por una vez.

(SUSPIRA)

Tranquila.

Todo sea por tu bien,

por el de tu academia.

Hay días que suenas como la directora que admiro,

y otros eres exactamente igual que tu madre.

¡Manuela!

¿Qué ha pasado?

¡Manuela!

Que alguien llame a un médico.

¿Qué ha pasado?

¿Y Ángela?

¿Dónde está Ángela? Teresa.

Venga, ya te lo puedes quitar.

¿Qué es todo esto?

¿Qué es una película sino contar una vida en imágenes?

Bienvenida a nuestro cine.

Había una vez una mujer muy hermosa,

muy hermosa y con un corazón de oro,

pero llena de dudas.

Y durante mucho tiempo,...

ella pensó que era feliz,

pero pronto se dio cuenta de que tenía un vacío en su interior.

Así que decidió emprender un viaje hacia lo desconocido.

Llegó a un lugar

lleno de caminos insospechados,

y aunque ella no sabía muy bien qué se iba a encontrar al final,

la necesidad de llenar ese vacío

era mayor que cualquiera de sus miedos.

Y un día,...

se encontró a una mujer como ella.

Igual de perdida.

Igual de asustada.

Juntas se escondieron

en un lugar en el bosque

donde nadie más, salvo ellas, podía entrar.

Un lugar secreto

que les proporcionaba toda la felicidad

que hasta entonces no habían tenido.

Un santuario donde ser libres.

Donde ser ellas mismas.

Fin.

¿Qué ha pasado?

Te has caído en la academia, Manuela, pero, tranquila, estás bien.

¿Cómo te encuentras?

Bien.

Te advertí que ese anticonceptivo era peligroso.

Te dije que debías dejar de usarlo.

Y lo sé, padre.

No puedes jugar con estas cosas. Piensa en ti.

Le juro que no lo voy a volver a hacer.

No lo voy a volver a utilizar. Se lo juro.

-¿Podrían dejarnos solos?

Por favor.

Llevo aplicándomelo unas semanas.

Tú estabas tan ilusionado y...

Y yo no veía la manera de decirte... ¿De decirme qué?

Que no quiero tener hijos.

Al menos, por ahora.

No en el momento en el que estamos.

¿Y lo que yo quiero?

No estamos preparados.

Un hijo tiene que ser la copa de un árbol,

no sus raíces.

¿Te haces a la idea de cómo me siento ahora?

Me lo imagino. No.

No, no tienes ni idea. Sí.

Mi mujer prefiere arriesgar su vida antes que tener un hijo conmigo.

Martín. Y ni ha intentando hablarlo conmigo.

¿Cómo? ¿Tan egoísta eres?

Mi amor,

¿puedes, por favor, escucharme por una vez?

¿Por una vez?

¿Por una vez? Pero si siempre te escucho.

Lo que he hecho es despreciable, lo sé, pero...

Tienes todo lo que cualquier mujer soñaría para ser feliz,

incluso te consiento tu trabajo.

¿Y qué haces? Mentir en lo más sagrado que hay.

De verdad, ¿no puedes, por una vez,

pensar que igual has hecho algo mal,

algo para que yo llegue a este extremo?

Ni se te ocurra, ¿me oyes? Ni se te ocurra echarme la culpa.

-Ya basta, Martín.

Mi hija necesita descanso.

-Martín.

Hijo...

Hija, siento que mi indiscreción haya causado todo esto.

Pero, tranquila,

todo se arreglará.

Lo que tienes que hacer es descansar.

Ya está. Lo siento.

(LLAMA AL TIMBRE)

(SUSPIRA)

Hola.

Manuela, ¿qué haces levantada?

Que estoy mejor.

Pasa.

¿Un café?

No, gracias.

Venía solo a ver qué tal estabas.

Y, bueno, a pedirte disculpas también.

Ayer me di cuenta de que estabas muy débil,

pero no sé, Manuela,

no supe parar la discusión y seguí y seguí.

Lo siento mucho.

Tú no tuviste nada que ver.

Nada.

Y la discusión fue necesaria.

¿Lo fue?

Sí.

¿Me esperas y me acompañas a la academia?

¿No deberías descansar un poco?

Necesito oxigenarme.

Cuidado.

Agárrate.

Bueno, entonces, a ver que me entere yo.

¿Cómo va una por la vida sin rendirle cuentas a nadie?

(RÍEN)

Pues, a ver, para empezar,

es un camino que se suele hacer sola.

Y fuera de esta ciudad, entonces.

Es una opción que no se contempla aquí

para las mujeres.

Pero también te voy a decir

que quizá sea como yo me he convencido

de que tiene que ser.

¿Y por qué?

Bueno, porque... nunca he dejado que nadie se acerque demasiado.

Pero, bueno, tú tienes a Martín

que cuida de ti y te apoya.

Pero cuando no rindes cuentas a nadie,

tampoco traicionas a nadie cuando buscas tu felicidad.

Ya.

Pero quizá exista una compañía

que no se sienta traicionada cuando buscas tu felicidad.

¿Qué crees?

Pues no lo sé, la verdad.

¿Tú qué crees?

Yo no lo sé.

¿Tú qué crees?

Yo tampoco lo sé, Teresa.

Dímelo tú.

(Música)

Teresa, ha llegado esto para ti.

Muchas gracias.

No hay de qué.

Manuela está en la sala de maestras saludando a todas.

Por si quieres verla. Sí,

claro que sí. Ha sido un susto. He venido con ella

y está totalmente recuperada ya.

Ángela, ¿podemos hablar un momento? Por supuesto.

Como últimamente es tan difícil verte...

¿Cómo estás? ¿Qué tal todo?

Todo muy bien. Me alegro.

Tienes muy buena cara desde hace días

y eso me tranquiliza.

Pero, Ángela, si me permites un consejo...

No descuides tus obligaciones aquí.

Es que, últimamente, se te nota un tanto... ausente.

Huy.

¿Has perdido la alianza?

No.

Se me ha debido de caer mientras bañaba a uno de los críos.

Claro.

Te veo en la sala de maestras. Ahora voy.

(QUITA LA MÚSICA)

Ángela.

No entiendo cómo algo malo me puede hacer sentir tan bien.

Disfrútalo.

Gracias.

Voy a ver a Manuela.

"Querida Teresa:

Sé que al final no te has ido de Sevilla".

"Yo sí me he ido, sin despedirme, a tu estilo".

"Me voy a Madrid por un trabajo,

pero seguro que te volveré a ver pronto".

"Si vienes a la capital, no dudes en avisarme".

"Te dejo mi contacto".

"Nildo".

Gracias.

Ha sido un susto, pero ha quedado en eso.

Muchas gracias, Luisa.

¿Qué te parece que, por unos momentos,

seamos Ángela y Manuela

en lugar de maestra y directora?

Por favor.

Está bien.

Empiezo yo.

Llevo semanas aplicándome un anticonceptivo

que me dio mi padre para no tener un hijo con Martín.

¿Cómo?

Como lo oyes.

Y lo peor es que...

Es que Martín se muere por tener ese hijo.

Y, claro,

todo este tiempo se lo he ocultado,

hasta que se ha enterado de la peor de las maneras.

Parecías ilusionada cuando dijiste que buscabais el crío.

Lo sé.

Porque no paraba de repetírmelo para convencerme.

Pero... hubo un día,...

que no recuerdo bien,...

en el que empecé a pensar en mí misma

hasta el punto de ponerme en peligro con tal de ser feliz.

Ya está.

(SUSPIRA)

Te toca.

Tranquila.

Estoy aquí para cuando estés preparada.

Me ha gustado eso de ponerse en peligro con tal de ser feliz.

Tomo nota.

Hay que ser muy valiente para hacer eso.

Esa era la chiquilla que te gustaba tanto, ¿no?

-Esa es. Flavia se llama.

-¿Para qué te metes? Nadie te ha preguntado.

-Un hermano pregunta, uno responde. -Tomás.

Esto que te quede claro.

No dejes que esa chiquilla se te escape.

-No va a hacer nada. Es un suave y un flojo.

-Cállate, coño.

Si se pone en serio, nos deja a dos velas.

Hermano, escúchame... Tomás.

Ninguna mujer le dice que no a un Peralta.

Jamás.

Un beso.

(SUSPIRA) Gracias por venir, doña Manuela.

Ha sido un acto precioso.

Flavia.

Ayer cuando hablamos...

Nada de lo que has hecho es egoísta, nada.

Lo habríamos hecho cualquiera.

Si tenía usted razón.

Me estaba aferrando a una fantasía imposible.

Igual sí es posible.

Eso es lo que te quiero decir.

No.

Estuve pensando en lo que le dije.

Dónde acaban mis padres y dónde empiezo yo.

Mi felicidad no existe sin la de ellos.

Pero puedes ser muy infeliz solo por contentar a tus padres.

Seguramente.

Pero lo seré más si les decepciono.

(Música)

(Pasos)

(Puerta abriéndose)

¿Te encuentras mejor?

Sí.

Bien.

Creo que, para empezar, me merezco una disculpa.

Y, luego, una explicación. ¿No crees?

Estoy de acuerdo.

Me disculpo por no haberte dicho de forma clara

que no quería tener un hijo.

Me disculpo por cada vez que he sonreído...

en lugar de decirte cómo me sentía de verdad...

y lo mal que estaba.

Me disculpo por...

haber llegado hasta el punto de engañarme a mí misma

y tirar hacia delante convenciéndome de que era feliz

cuando en realidad... hace ya años que dejé de serlo.

Me disculpo por haberme anulado...

y haberme rendido a ti

para que no perdieras tu posición social.

Me disculpo por haberme dejado cegar

por la ambición de tener la mejor academia

en lugar de atender las necesidades de una alumna

que lo único que hacía era pedirme ayuda a gritos.

Me disculpo por satisfacer tu egoísmo

volviéndome aún más egoísta que tú.

Por todo esto me disculpo.

¿Eh?

Esto es increíble, Manuela. No hay forma de arreglarlo.

¿Sabes por qué no voy a disculparme?

Por no haber mirado hacia otro lado ante una injusticia

solo porque a ti, Martín, un juez,

por Dios bendito, un juez,

no le viene bien para sus intereses. ¡Ya, se acabó!

¡No, claro que se acabó!

Quiero que te vayas de esta casa ahora mismo.

¿Perdona?

Que cojas tus cosas, que hagas la maleta y que te vayas.

La casa sigue a nombre de mi padre,

así que no tendrás nada que reclamar.

¡Manuela!

Nos vemos en el juicio de Roberta, Martín.

¿Es impresión mía o nos está mirando todo el mundo?

-¿Vosotras sois de la academia? -Sí.

La gente dice que defendemos a una buscona.

¿Alguien sabe quién ha sido?

Es lo que toda la ciudad piensa. -Lo siento.

O la academia se retira del caso o las sacamos.

Hagan lo que crean.

-Haz algo tú.

¿Tú la crees?

¿Y te quedas aquí mucho tiempo? -Me quedaré de ayudante de Ramón.

Una pena que nadie testifique a su favor.

Ni en contra, ¿no?

Vosotros no visteis nada.

Será el propio señor Peralta García de Blas

el que interrogue a la señorita.

-Si no querías nada conmigo, ¿por qué te pusiste tan guapa?

Si hasta te pusiste el brasier de encaje...

-Una puede decir que no cuando no le dé la gana.

-Mucha hipocresía veo.

¿Quién no la ha puesto a parir alguna vez por fresca?

Cuando dos son novios, nadie viola.

La han sentenciado sin siquiera escucharla.

-¿Estás sentenciando a mi hermano?

¿Y si no pasó como dice Roberta?

¡No la soporto más, madre, no puedo!

Fuera. Doña Manuela Martín Casado,

si puede acercarse, por favor...

No tenía notificado que tuviera que declarar.

Yo mañana no me presento. Tiene que declarar mañana.

"Si no, está todo perdido".

Quiero que le digáis a vuestros padres

que volveré a tomar el control de esta academia.

  • Capítulo 7: 'Pienso en mí'

La otra mirada - Capítulo 7: 'Pienso en mí'

06 jun 2018

María de Maeztu, una de las humanistas más prestigiosas de la época, visita la academia y da un discurso a favor a la importancia del beneficio y desarrollo personal de cada persona. Alentada por las palabras de su referente, Manuela comienza a darle vueltas a su situación personal con su marido Martín, el cual sigue obsesionado porque su mujer se quede embarazada. Mientras tanto, Flavia ha de comenzar a preparar su pedida de compromiso con Enrique. Sin embargo, Tomás le pide una noche juntos antes de que se ate a un hombre al que no quiere. Por otra parte, Roberta encara la verdad y está dispuesta a denunciar a Rafita Peralta. Mientras tanto, Ángela empieza a descuidar su trabajo en la academia porque vive su momento más dulce con Paula.

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  1. Lizeth Chávez

    Excelente serie, estoy encantada!!!¿¿

    ayer
  2. Mary

    Hola , desde chile viendo la estupenda serie, somos muchos los que la seguimos, mi pregunta es si la seguiran subiendo, nos hemos quedado en el capítulo 7 , esperamos con ansias la continuación. Muchas gracias, saludos fraternos.

    pasado martes
  3. Natalia

    Simplemente me encanta, me encanta el mensaje que dan, soy de Colombia y debería darse aquí también la serie

    16 jun 2018
  4. Pili

    Es verdad. Repitieron el capítulo 1 antes de ayer. Alguien sabe por qué?

    15 jun 2018
  5. Rebeka

    Gran serie !!!!!, buen reparto, bien cuidado todos los detalles de la época en que está basada, y con un excelente guión.......Felicitaciones!!!. Ahora pregunto, por qué no han dado el capítulo 8 ???, acaso es festivo en España ???, ya que cuando lo es siempre sucede que suspenden el capítulo como si la serie también estuviese aprovechando el día de descanso. Un saludo

    15 jun 2018
  6. GirlsGirlsGirls

    Hermosa serie Felicitaciones!!! guion increíble y grandes actrices, nada malo que decir, todo lo contrario gracias por mostrar la "Otra mirada" de las mujeres.

    14 jun 2018
  7. Ofelia

    Porque están repitiendo el capítulo 1 en lugar de poner el 8??

    13 jun 2018
  8. Ingrit

    Felicidades por tan buena serie, en todos los sentidos. Maravilloso el trabajo de las protagonistas...todas

    11 jun 2018
  9. Ferrela

    Muy buena serie

    10 jun 2018
  10. isabel aranda

    muy buenos cada capitulo!!!!!!!

    08 jun 2018