La otra mirada La 1

La otra mirada

Miercoles a las 22.30 horas

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No recomendado para menores de 12 años La otra mirada - Capítulo 5: 'La vida que quiero vivir' - ver ahora
Transcripción completa

(Música)

¿Siempre que tu pareja quiera

tienes que estar dispuesta? Nunca hagas nada

que no desees hacer.

"¿Podemos hablar? ¿Respecto a la pregunta de clase?".

Solo curiosidad. "Dime que los padres"

no han dado señales de vida. ¿No tienes relación con ellos?

Ni buena ni mala, no tienen.

"¿Una foto de qué? -De mí".

"De la fiesta".

"Tomás estuvo con la cámara".

-No tengo ni idea.

-No quiero volver a verte.

-"Nos acaban de mandar"

esto por correo a todas. Es de la academia.

¿Qué tendrán que ver?

"¿Conoces a Rafael Peralta?".

"Es un empresario".

Oí que estuvo en la fiesta.

No he oído ese nombre en mi vida.

"¿No ibas a quedarte solo dos días?".

"Sí, pero me está gustando la ciudad".

"He estado con Teresa". Ya empieza a confiar en mí.

-¿Cuándo os animáis? Cuando Dios quiera.

"Si no tuviera un hijo, ¿sería una mujer incompleta?".

No lo dudes.

"No quiero tener un hijo solo" para arreglar algo que está roto.

¿De quién es esto?

Mandas un mensaje y quien quiera te responde.

"Es como escribirte con desconocidos, pero sale publicado".

"¿Ha llegado algo para mí?".

-Nada, María Jesús.

-Te despides de ese muchacho.

-"Esto ha sido un error".

Olvídate de mí.

-Margarita,

¿bailas conmigo?

Adela, ¿verdad? -Soy David.

Encantado. -Sí, perdona.

Quiero presentarte a doña Paula. Es la madre de Macarena.

"Teresa, nadie lo entendería".

"¿Qué tengo que hacer para que guardes silencio?".

No hace falta que me lo pidas.

¿En qué estaría pensando para dejarse llevar así?

Es solo una niña.

Espero que reflexione y saque una lección de esto.

Ojalá. Pero algo tendremos que hacer.

Roberta nunca ha sido una alumna ejemplar,

pero esto sobrepasa sus límites.

Es como si algo diferente le sucediera.

Se está dejando llevar. Sí.

Y una mujer no debería dejarse llevar así.

Si se tratara de un hombre,

otra sería la mirada.

A veces pienso que la naturaleza nos ha hecho

para que ellos se muevan por impulsos más bajos

y nosotros por los más altos.

Eso no significa que haya un equilibrio.

No estoy hablando de equilibrio ni de justicia, sino de realidad.

En esta sociedad, si eres mujer y no sabes controlarte,

mal asunto.

Por eso me pesa tanto el camino que le espera a esta chiquilla.

Ojalá esté a tiempo de enmendarse.

Miro la foto y me pregunto: "¿De quién es la culpa,

de los padres que la ignoran o nuestra?".

No creo que sea cuestión de culpables e inocentes.

Algo hemos hecho mal y, hay que buscar una solución

antes de que sea tarde.

(LLORA)

Roberta, tranquila, que no es para tanto.

*

Esta foto es en la fiesta de los Peralta, ¿verdad?

Déjame sola, por favor.

¿Qué pasó ese día?

Sabes que puedes confiar en mí, ¿no?

Déjame en paz. Vete, por favor.

(LLORA)

(Sintonía de "La otra mirada")

¿Que qué te puedo contar de los Peralta?

Pues lo que sabe todo Sevilla.

Que es una familia de ricachones de toda la vida,

de los de capilla y Maestranza. Ya.

Ciudadanos ejemplares y queridos.

Hombre, ejemplares, ejemplares no diría yo.

Y queridos, queridos, tampoco. ¿Ah, no?

Pero jamás escucharás a nadie criticarles o ir en su contra.

Por lo menos en público, luego en su casa, cada uno...

¿Y por qué se guarda tanto la gente el criticarlos?

Por la fábrica que tienen.

Dan de comer a demasiada gente. Equilicuá.

Oye, ¿y ese interés por los Peralta?

Nada, mera curiosidad.

Teresa, yo no te he dicho nada ¿eh?

Soy una tumba.

(LEE) "Aquí tienes más bragas, por si ya las perdiste todas".

(RÍEN)

-¿Habéis sido vosotras?

-¿De qué hablas?

-Menos mal

que yo soy la novia de Tomás, para demostrarle a esa familia

lo que es una señorita de verdad.

Que es una broma.

Como cuando me tiraste mi ropa y mis sábanas a la basura.

Tú me dijiste que me lo merecía por chivata, ¿no?

Pues tú te lo mereces por golfa.

¡Ah!

¡¿Macarena, qué haces?!

Me duele.

(LLORANDO) Es sangre.

Macarena, a tu cuarto ahora mismo.

¿No me has oído? ¡A tu cuarto!

Respira, respira, estoy contigo.

Hola. Hola.

¿Cómo estás?

Manuela nos está esperando.

-Maca, quería darte las gracias por defenderme antes.

-Margarita lo estaba pidiendo a gritos.

Siento muchísimo lo que ha pasado.

¿La otra niña está bien?

Sí, afortunadamente ha sido un susto. Tiene una brecha grande.

Ha habido mucha suerte.

Es muy grave. Lo sé.

Me hago cargo. No podemos tolerar

una agresión física.

No nos queda más remedio que expulsarla.

No, por favor, no haga eso. Lo siento mucho.

Macarena no tiene la culpa.

Toda la culpa es mía. Es muy buena niña.

Lo sabemos.

La conocemos. Es una niña maravillosa, pero...

Yo no intento disculparla de ninguna manera.

Pero entiéndame.

Macarena es hija de madre soltera.

Lleva toda la vida soportando que me insulten por la calle.

Que me llamen sucia, que me llamen...

Bueno, que digan que duermo con cualquiera.

De pequeña se callaba, pero a medida que fue creciendo,

ha empezado a responder

de manera violenta cuando me insultan.

Que, por lo que tengo entendido, es parecido

a lo que le ha pasado a su compañera.

Entiendo que a Macarena hay que castigarla

con el peor castigo posible, pero

¿expulsarla?

Manuela...

Te lo pido por favor.

Dele una oportunidad.

Tenemos que tomar medidas drásticas.

La expulsión es el último recurso. Luisa,

ya has oído los antecedentes que nos contó su madre.

¿Crees que no los tengo en cuenta?

Pero la violencia no se puede justificar.

Para resolver a un conflicto de este tipo

debemos apelar al diálogo.

Esto va más allá de un simple conflicto.

¿Y qué propones que hagamos?

Deberíamos dar un buen escarmiento

y que las demás tomen ejemplo.

Mientras ponemos el foco en la respuesta desmedida

de Macarena, estamos ignorando algo importante, que es por qué lo hizo.

La violencia deslegitima cualquier causa,

por noble que sea.

Roberta ha sido tratada cruelmente

por aparecer en esta foto, que según ellas es inadecuada.

Es inadecuada.

¿Justificas los insultos que ha sufrido?

No. Intolerancia absoluta

a la violencia, venga de donde venga.

Pero entonces

¿pensáis que Roberta se lo ha buscado?

Por favor, ser sinceras.

Roberta ha sido víctima de unos prejuicios

que dicen que por comportarse así, es una fulana.

Y no olvidemos que lo que Margarita y las demás han hecho con ella

también es violencia.

Diferente a la de Macarena, pero violencia. ¿Qué hacemos?

¿Las expulsamos también?

Perdonadme la franqueza, pero es lo que yo me preguntaría.

Lo bueno de no tener padre

es que me ahorro otra charla después de la de mi madre.

-No... sabía que no tenías padre.

-Ni lo conozco ni sé quién es.

-¿Tu madre no te ha contado nada?

-Nada.

-¿Y no te cabrea saber si anda por ahí o....?

-Hombre, de pequeña sí me molestaba más.

De hecho, me cogía pataletas por el tema.

Pero ya me da más igual. -¿En serio?

-Si le hubiera conocido...

Y se hubiera muerto, pues sí, le echaría de menos,

pero nunca ha existido, Roberta.

No se puede echar de menos a algo que no has tenido.

-Ya.

No son todos la panacea.

-¿No te llevas bien con el tuyo?

-Antes era la niña de sus ojos,

pero... un día dejó de hablarme y me metió en la academia

para perderme de vista.

-¿Y eso por qué?

-Eso me gustaría a mí saber.

-¿Lo ves?

A ti sí que te voy a echar de menos.

-Más te vale.

Macarena, ¿nos acompañas, por favor?

-Sí.

Entonces, ¿no estoy expulsada?

No.

¿Ni un castigo? Sí.

Vas a tener tutorías con Ángela y, juntas vais a trabajar

para ver qué hay detrás de esos impulsos que tienes.

Sí, claro, lo que ustedes me pidan.

Pues a clase.

Gracias.

Adiós. Adiós.

Su madre tiene razón, es muy buena niña.

Quiero que esté en las tutorías. ¿Quién?

Su madre. ¿Por qué?

Porque creo que puede ayudarnos

para llegar a la raíz del problema.

No haría falta.

Molestarla haciéndole venir aquí... Si tú lo ves claro...

Voy a avisarla, ¿de acuerdo?

Gracias, Arturo.

Gracias. Muchas gracias.

Roberta, quiero hablar contigo, quédate.

¿Estás mejor? Sí.

Verás, estoy muy preocupada por ti.

Me preocupa lo que pasó en la fiesta.

No pasó nada.

Me emborraché y ya está. Lo he contado muchas veces.

A veces, hay cosas de las que nos cuesta hablar porque nos perturban,

porque queremos olvidarlas o minimizarlas...

A mí no me perturba nada.

Espera, por favor.

Déjame terminar.

Tú verás si quieres engañarte o no.

Hay cosas que no se resuelven hasta que no hablas de ellas.

Necesitas poner nombre a lo que está pasando para ordenar tu cabeza

y poder superarlo.

¿Qué pasó?

¿Rafita abusó de ti?

¿Qué? ¿Qué dices? Pasara lo que pasara,

nada fue culpa tuya. Claro que fue culpa mía.

Fui yo la que me emborraché.

Y eso es lo que pasó, que me bebí hasta el agua de los floreros.

Emborracharse no justifica nada.

¿Me puedo ir ya o te lo tengo que escribir en la pizarra?

Claro.

Entiendo que esté muy ocupada, pero tiene que venir a las tutorías.

Es por el bien de su hija.

Paula, le voy a ser clara,

su hija tenía un pie fuera de esta academia, y por usted y por ella,

le he dado una oportunidad.

Lo mínimo que puede hacer, por favor,

es poner un mínimo por su parte,

igual que estoy poniendo yo de la mía.

Estupendo. Muchas gracias.

Que tenga un buen día.

Ya está, la madre de macarena estará en las tutorías.

No sabes lo que me ha costado convencerla.

Por cierto, quería pedirte un favor.

¿Se puede saber qué te pasa?

Perdóname, no me pasa nada, es solo que estoy exhausta.

Pero ¿por qué? ¿Te puedo ayudar?

No, no, de verdad. Pídeme lo que necesites.

(Se abre una puerta)

Tengo que hablar contigo. Es muy importante.

Claro.

Ahora te cuento, ¿sí? Gracias.

¿Cómo?

¿Te lo ha dicho Roberta?

No.

¿Y cómo lo sabes?

¿Tienes pruebas?

No, pero sí todos los indicios.

Es evidente su cambio de actitud desde la fiesta de los Peralta.

Ha estado rarísima con su novio,

la pregunta que hizo en clase de sexualidad...

Un momento.

¿Te das cuenta de lo que estás diciendo sin estar segura?

Sí. Tenemos que hablar inmediatamente con sus padres.

Lo que estás diciendo

es muy grave. Claro que es grave.

¿Y Rafita Peralta?

¿Y si no es verdad?

¿Vamos a acusarle por una corazonada?

Manuela, créeme, no es una corazonada.

Tenemos que hacer algo.

(EXHALA)

Está bien.

Confío en tu sentido común.

Pero hay que ser discretas.

Vamos a hacer una cosa,

no hagamos nada hasta que tengamos pruebas concretas, ¿vale?

Manuela... Teresa,

es importante.

Bien.

Manuela,

¿qué quería decirte Teresa?

Nada. Me querías pedir algo.

Ah, sí, perdona, quería que hablaras con tu marido.

¿Con David? Sí.

¿De qué?

Manuela quiere que dé un seminario. Sí.

Sobre los prejuicios y las verdades preconcebidas.

No ha salido la mancha y es el favorito de Jaime.

No te preocupes, ahora es el de cuadros.

Eso no es cierto.

Sí. ¿Desde cuándo?

Pues hace un par de meses.

¿Por qué quiere Manuela que dé el seminario?

Porque te conoce desde hace muchos y cree que lo podrías hacer bien.

Fenomenal.

Según ella, la mayoría de los prejuicios los creáis los hombres.

Quien mejor para romper Claro, claro.

Quién mejor que un amo de casa que cuida de sus hijos,

cocina y es un mantenido de su esposa, ¿no?

Quería decir que un futuro maestro abierto de mente.

Si no te ves, no te preocupes, yo hablo con Manuela.

¿Tú me ves haciéndolo?

Sí.

Te lo preguntaré de otra forma, ¿quieres que lo acepte?

No sé, ya sabes que yo quiero lo que tú quieras.

Ya, pero no te veo muy a favor.

Claro que estoy a favor.

Me preocupa que pierdas horas de estudio, pero si te apetece...

A mí me apetece muchísimo.

Pues ya está, solucionado.

Vamos a ver...

(EXHALA)

"Queridos José Francisco y María Antonia:

permítanme que me presente".

"Me llamo Teresa Blanco

y soy maestra de su hija Roberta".

"Me dirijo a ustedes por un asunto

que me tiene preocupada".

Ángela, un café me vendría de perlas. ¿Me dará tiempo?

Sí.

Ángela, perdona, pero estás rarísima toda la mañana.

¿No estarás preocupada por mi charla?

No, no, no.

Confío en ti.

Buenos días. -Buenos días.

¿Te acuerdas de mi marido David? Sí, claro. Hola, David.

Encantada de verle. -Igualmente.

Si no le importa, espéreme.

Llegaré enseguida. Claro.

Ven, que te voy a enseñar dónde vas a dar la charla.

Tienes ganas de empezar, ¿verdad?

Sí. Llevo años estudiando para ser maestro

y, tengo muchas ganas de hacerme con un estrado para dar clase.

A veces siento que estoy donde no me corresponde.

¿Cómo?

Soy una privilegiada pudiendo trabajar. Gracias por permitírmelo.

Ángela, lo hago muy feliz.

Ya lo sé.

¿Estás ya más tranquila? Sí.

Gracias.

Te dejo para que te hagas con el espacio.

Muy bien. Luego nos vemos.

El objetivo es que pienses antes de actuar.

Cariño, yo sé que cuesta.

Llevarse por impulsos no trae nada bueno.

Exacto. Gracias, Paula.

He pensado

que podemos empezar haciendo un ejercicio.

-¿Un examen? No, un simulacro.

Quiero que imagines que tu madre anda por la calle

y yo voy a atacarle. -¿Va a pegar a mi madre?

No. Voy a ser agresiva con ella verbalmente.

Quiero que me digas lo que a cada momento se te pasa por la cabeza.

Sí, doña Ángela.

Vamos allá.

Eres...

Tú eres...

¿Todavía no se te ha pasado nada por la cabeza?

Hombre, es que hasta que no le diga nada a mi madre, pues no.

Cierto.

¿Cómo te atreves,...

cómo se te ocurre...?

No puedo.

¿Está usted bien, doña Ángela? -No pasa nada.

Es un simulacro. No pasa nada.

Lo siento, pero no puedo.

Hasta mañana, mamá. -Hasta mañana, cariño.

Hasta mañana, Ángela.

-Doña Ángela,

¿me puedo ir al seminario o me necesita?

No, no, está bien. Vete, no quiero que llegues tarde.

Adiós.

Paula,

¿te puedo acompañar?

Claro.

Pensaba que podía con todo:

mi familia, mi trabajo, tú y yo...

¿Tú y yo?

Ahora siento como si llevara el peso del mundo sobre mis hombros.

Para mí tampoco está siendo fácil.

Pero no sabes lo que me duele mirarle a los ojos a mi hija.

¿Habías pasado antes por algo similar?

No, nunca. Nunca.

Tengo el mismo miedo que tú y estoy igual de perdida que tú.

Ángela,

quizá provoqué yo la situación y que pasará lo que pasó.

No, no. Bueno, da igual.

Da igual que la provocara, pero se tiene que acabar.

Y ya está, así, con las dos vidas.

Pero ¿qué es lo que quieres?

No lo sé. No sé lo que quiero, por eso quería hablarlo contigo.

Yo tampoco lo sé, pero sé lo que no quiero

y, yo, esto no lo quiero.

¿Qué tienes en la cabeza para nosotras, Ángela?

¿Vamos a darnos la mano por Triana?

¿A besarnos en la Alameda?

*

Lo siento, pero no, no quiero que me insulten solo por salir a la calle.

Nos guste o no, el mundo no funciona así.

Es lo que nos ha tocado, donde nos ha tocado y ya está.

Así que tienes razón, no podemos con todo.

Y hay que elegir.

En esta academia nunca ha habido docentes masculinos.

Es una decisión que puede sentar precedentes.

Me hubiera gustado que lo hubieras consultado en el claustro.

Pensé que no haría falta, que lo veríais con buenos ojos.

¿No te parece buen momento para acabar con ciertos prejuicios?

¿Nos vamos sentando, por favor?

Eh...

Bien...

Buenos días a todos. Perdonad, buenos días a todas.

Me llamo David. ¿Qué tal la tutoría?

Igual debería de encargarse otra maestra.

¿Cómo?

Macarena es un poco inaccesible, pero te harás a ella.

Sí. Tú confía.

...soy el marido de doña Ángela.

Podéis interrumpidme cuando queráis, preguntadme...

Espero que esto sea un debate abierto donde participéis todas.

Y, por favor, si os aburrís, no hagáis como nuestro hijo pequeño

y prendáis fuego a todas las mesas.

-(RÍEN)

¿Qué pensáis del hombre de esta fotografía?

-Parece un mendigo de los que te encuentras por la calle Sierpes.

-A mí me parece un loco que no se lava.

-Vaya, bien. Y ahora, ¿qué pensáis de esta otra foto?

¿Quién puede ser esa señora?

-Esta es una solterona que morirá sola.

-Pues sí que os da información una simple imagen.

Esa señora solterona que morirá sola es, Emma Goldman.

No sé si habéis oído hablar de ella, pero es una feminista

que lucha por vuestro derechos.

Y, el otro, al que habéis llamado borracho y loco es,

una de las mentes más privilegiadas de la historia.

Se llama Dmitri Mendeléyev, padre de la tabla periódica.

-Pues no hay quién se aprenda eso.

-¿Cómo es posible que hayáis llegado a pensar

que uno era un borracho y un loco y, que la otra moriría en soledad?

¿Qué habéis visto en esas imágenes que os diera esa información?

Creo que no ha sido algo que hayáis visto con los ojos,

sino con la mente.

Han sido vuestros prejuicios.

Nuestros prejuicios, porque los tenemos todos

y los pasamos de unos a otros.

¿Alguien puede decirme

qué son los prejuicios?

Adelante.

-Una opinión generalizada y falsa de alguien.

-Bien. Añadiría que es un mecanismo de defensa

para dar una explicación fácil y cómoda a lo que es diferente

y, así, nos protegemos de ello.

Son herramientas que tiene nuestro entorno

para no dejarnos vivir la vida que deseamos vivir,

porque le resulta hostil, y nosotros a cambio, permitirnos

que nos controlen para no enfrentarnos

a ese entorno y satisfacerle.

-¿Y qué le importa a la gente cómo vivamos nosotras?

-¿Alguien ha oído hablar de las sombras de Carl Jung?

¿Alguien nos puede ayudar?

Adelante. La sombra

es esa parte oscura que nos negamos a reconocer

de nosotras mismas y que proyectamos en otras personas, ¿no?

Exactamente. -A la gente le molesta

lo que nos se atreve a ser.

-Y eso es lo que le ha ocurrido a la muchacha de esta fotografía.

Quizá...

os suene.

Se llama Roberta Luna Miñambres.

Más allá de los márgenes

de la primera foto, es la historia de un importante químico.

Más allá de los márgenes de la segunda nos encontramos

con la vida de una importante activista feminista.

Y más allá de los márgenes de esta foto,

esta es la historia de una compañera vuestra

que conocéis de sobra

como para que os forméis una idea vaga de ella.

Y que para colmo, os incomode cómo vive o deje de vivir su vida.

Creo que es el momento de hacerse alguna pregunta.

*

Has estado brillante. Felicidades.

Como se nota que me quieres.

-Don David, quería darle las gracias.

Me ha encantado su charla, ha sido muy inspiradora.

-Gracias a ti por aguantarla.

-Bueno, hasta pronto. -Hasta pronto.

¿Te pasa algo?

No. Mi tutoría con ella.

Digamos que no resultó tan inspiradora como esperaba.

Tú tendrías que estar dando clase, y sin embargo,

te pasas el día estudiando y poniendo lo mejor de tu parte

* Ángela, lo hago muy a gusto.

Tus tutorías son más complejas que la charla que yo acabo de dar.

Simplemente has tenido un mal día y ya.

Gracias.

Gracias a ti.

Pero ¿qué coño haces? -Eres un hijo de puta.

-¿Qué dices?

-Se que has sido tú el que ha mandado las fotos.

-¿De qué me estás hablando?

-La foto que me hiciste en tu finca.

-Esa foto no la he revelado. -¿No?

-No.

Le di la película a mi hermano y me olvidé de ella.

-¿A Álvaro?

-A Rafita.

-¡¿Quién te crees que eres para darle un bofetón a mi novio?!

-Vámonos, llegamos tarde.

-Lárgate.

Siempre tan subidita.

Es insoportable. ¿Estás bien?

-Sí. No ha sido nada. -¿Llevas una venda en la cabeza?

-Para sujetar las horquillas.

¿Te gusta mi vestido?

-¿Por qué van todas tan arregladas?

-A una merienda. Nosotros también vamos.

-Mejor ve tú.

Yo no pinto nada. -Claro que pintas.

Flavia dice que podemos llevar a nuestros novios,

las que tenemos.

-Ya, Margarita, pero...

-Tomás Peralta, vas a venir a esta merienda sí o sí.

No me hagas discutir, que me duele la cabeza.

(DA GOLPECITOS EN LA COPA)

Un momento de atención, por favor.

Bienvenidos a todos. Os hemos invitado hoy aquí

porque...

Bueno, que Flavia tiene algo importante que deciros.

Flavia.

-Bueno, lo primero, daros las gracias a todos por haber venido.

Alguien dijo que un premio no significaba nada

si no tenías gente querida con quién compartirlo.

Y yo tengo la suerte de compartir mi peculiar premio con vosotros.

Os presento...

a...

Enrique, mi prometido.

(Aplausos)

Ay, hija, no sabes cuánto te envidio.

A ver si tarda lo mismo que tú en animarse.

-Margarita, que lleváis cuatro segundos.

-Ya, pero las cosas, cuando se ven, se ven.

-Ya sé por qué me escondía.

-Encantado. Enrique Hidalgo.

-Tomás Peralta. Os deseo mucha suerte.

Y toda la felicidad del mundo.

-Chicos, venid conmigo.

Vuestros padres os están esperando.

Es una pena que mi hija no haya podido venir.

Me hacía mucha ilusión.

-Parece que últimamente, anda muy ocupada.

-Disfrutemos de la merienda.

-¿Te ha molestado que te hablara antes?

Era por ir rompiendo el hielo.

Y por aquello de que nos vamos a casar.

-¿No te importa que te casen con una desconocida?

-Bueno.

Una vez asumido y visto lo guapa,

lo fina y lo señorita de bien que eres, ya me importa menos.

Es usted realmente preciosa, señorita Flavia.

Futura señora de Hidalgo. -Déjalo ya, anda.

-Ahora, te toca a ti besarme a mí.

Poco a poco.

El siguiente seguro que será más sentido.

¿Te apetece un helado?

Luego, si quieres, nos vamos a una iglesia y nos casamos.

Hola, Teresa.

Perdóname. ¿Dónde estabas?

No te escuchaba.

Estaba dándole vueltas a la cabeza.

¿Te preocupa algo?

Me preocupa una alumna.

¿Quién?

Obviamente, ni debo, ni quiero ni voy a contártelo.

Además, no sabrías quién es.

¿La que se peleó en el baile con la otra maestra?

Como llamó tanto la atención...

Mejor, te acompaño a tu posada.

Yo debería volver a la academia.

¿Te importa? No.

Sí, he estado con ella.

Dice que está muy preocupada

porque ha pasado algo grave con una alumna.

Estoy casi seguro de que habla de Roberta.

David.

Buenos días, cariño.

¿Qué haces arreglado?

Manuela quiere que me pase por el despacho para pedirme algo.

Nos vemos en la academia.

Buenos días.

¿Cómo tú por aquí?

Macarena me ha pedido que os eche una mano en la tutoría.

Eso quería Manuela.

Pero si te molesta, os dejo a solas y me marcho.

No, si no tienes que prepararte para tu seminario...

-Yo quiero que se quede.

Macarena quiere que te quedes y yo, encantada de que lo hagas.

¿Qué?

Hola, buenos días.

¿Qué quieres?

Estoy buscando a la secretaria de don Rafael Peralta.

¿Sabes dónde está?

La secretaria de don Rafael, dice.

¿No tiene secretaria?

Sí, claro que tiene.

¿Por qué no va a tener?

Ya.

¿Entonces?

Ahora mismo, no te va a poder atender, pero yo te ayudo.

¿Qué es lo que necesitas? Ya me encargo yo.

No, ahora que ha llegado el patrón,

la secretaria estará con él.

Muy bien. Gracias.

Pero que si me esperas,

podemos jugar tú y yo a patrón y secretaria.

Un día, fui al mercado con mi madre.

Y yo me acuerdo que tenía como seis o siete años.

Y las clientas y las dueñas de los puestos

empezaron a insultarla.

-Tranquilízate.

Y tómate tu tiempo, que no te dé vergüenza.

¿De acuerdo?

-Pues eso, que...

Que empezaron a insultarla mucho.

Le dijeron que...

que si vaya vergüenza dejar a una cría sin padre.

Que si vaya...

Que si vaya golfa,

que va por ahí acostándose con cualquiera.

Que si vaya puta.

Y luego, le tiraron fruta y pescado.

Y yo...

Y yo me puse delante para protegerla, pero no pude.

No pude.

Porque era muy pequeña.

Le dieron igualmente.

(LLORA)

-Macarena.

Ya lo has contado, lo has sacado de dentro.

Y has sido muy valiente.

Y es normal que tu madre esté tan orgullosa de ti.

Adiós, nos vemos en casa. Luego nos vemos.

Macarena está encantada con tu marido.

Sí.

Parece que han congeniado bien.

Quizá sería mejor que no llevaras la tutoría.

Es lo mejor.

Qué ilusión, va a ser mi primera amiga que se casa.

¿Cuándo va a ser la boda?

-Pronto, aún no se han puesto de acuerdo.

-Cuando sea, vas a estar preciosa.

Envidia de la mala malísima.

-Supongo que nos invitarás a todas.

-Chicas, tengo un poco de lío. Luego sigo contándoos.

Madre, no la esperaba aquí. Tranquila.

No he venido a recuperar mi silla. De momento.

¿Qué quiere?

Espero que tengas una buena razón

para haber faltado al anuncio del matrimonio.

No pienso ser cómplice de algo que no apruebo.

Supongo que no ha superado que yo eligiera a mi propio marido.

Y ahora, se ha resarcido con Flavia.

Son dos buenas familias con hijos en edad de merecer

a los que he tenido la fortuna de poder presentar.

Prefiero la versión de dos familias pudientes

a las que usted está juntando para conseguir algo.

Porque estoy segura de que usted saca algo de esto.

No he hecho nada que no sea lo normal,

lo que se viene haciendo toda la vida.

Entre las dos familias, suman casi todas las farmacias de la comarca.

Me queda claro en qué salen beneficiados ellos.

¿Y usted?

A lo mejor no saco nada para mí, sino para la academia.

Para ti.

Ellos, que son gente agradecida,

no como tú,

nos van a donar un laboratorio puntero.

Como solo hay un puñado en toda Europa.

Tu referente.

¿Te imaginas cuántas Marie Curie

pueden salir de esta academia con un laboratorio como ese?

A ver cuándo los hijos os dais cuenta

de que los padres queremos lo mejor para vosotros.

(Puerta)

Adelante.

Necesito...

Perdone, no sabía que estaba usted aquí.

No pasa nada.

¿Cómo que dejas la academia?

Por lo menos, las clases.

No me siento fuerte para dar ejemplo a las alumnas.

Ángela, si es por las tutorías, no te preocupes.

Te tienes que hacer a la alumna. No tiene nada que ver.

¿Entonces?

Lo necesito, de verdad.

Si me lo permites, me relevo a tareas administrativas y papeleo.

Ángela, por favor.

¿Me puedes decir qué te pasa?

Además de la directora, soy tu amiga.

¿Por qué no me cuentas qué te pasa y buscamos una solución?

Necesito pasar más tiempo en casa, simplemente.

¿No estás bien con David? No, no, está todo bien.

Con David y con los niños.

Por eso, necesito pasar más tiempo ahí.

Me siento como perdida en la academia.

No estás siendo justa conmigo.

No me estás contando la verdad y así no te puedo ayudar.

¿Por qué no le ofreces el puesto a David?

Él lo ocuparía encantado y ha demostrado que lo vale.

Lo siento.

Ángela, ¿ya te vas?

He dejado las clases.

Dejo mi puesto como maestra.

¿Cómo?

Pero ¿qué ha pasado?

Necesito un poco de tiempo para mí.

Pues tómate unos días libres.

Pero no dejes tu trabajo.

Estoy completamente desenfocada de mis tareas como maestra.

Empiezo a sospechar que todo lo malo que sucede es culpa mía.

Pero ¿de qué hablas?

Aquí todas tenemos que asumir responsabilidades.

¿Qué vamos a hacer sin ti, Ángela?

Bueno, David ocupará mi puesto.

¿Cómo que David?

A ver, no entiendo nada.

En primer lugar, la academia no se puede permitir perderte.

Y en segundo lugar, y me vas a perdonar,

a pesar del aprecio que le tengo a tu marido,

no me parece adecuado que ocupe un puesto en la academia.

Gracias por preocuparte por mí.

Vamos a la sala de maestras y te cuento sobre dinámicas y horarios.

Estupendo. ¿Cómo está Martín?

Bien, muy bien, como siempre.

Como siempre, ocupado, seguro.

Hace tiempo que no quedamos a tomar unos vinos.

Sí, está hasta arriba de trabajo, ya sabes.

Tenemos que hacer por quedar los cuatro a cenar.

Se pierden las buenas costumbres. Claro que sí.

Vamos.

Aquí tienes el contrato.

Revísalo y si tienes alguna duda, estoy en mi despacho.

¿De acuerdo? Muchas gracias, Manuela.

Hola, David. Buenos días, Luisa.

¿Cómo estás? Bien, muy bien, muchas gracias.

Enhorabuena por tu charla del otro día.

Me alegra que le gustara.

¿Cómo está Ángela? Bien, bien.

Sinceramente,...

la noto un poco rara.

David, perdona si me meto donde no me llaman.

Creo que comete un tremendo error abandonando la academia.

Yo pienso lo mismo y así se lo he dicho.

Pero no me hace ni caso.

Últimamente, la noto muy angustiada.

Y no sé por qué.

¿La cantidad que hay en la casilla del sueldo es correcta?

Sí, Luisa, es correcta.

¿Va a cobrar el doble que cualquiera de nosotras?

¿Te crees que no me he dado cuenta?

Pero aunque parezca una injusticia, es la ley vigente en este país.

Es inaudito. Lo sé.

Me hubiera encantado que nada de esto hubiera sucedido.

Pero no puedo hacer nada más.

Perdonen.

¿Son los padres de Roberta?

Quiero pedirles disculpas si les he alarmado con mi carta.

No la hubiese escrito si no fuese un tema serio.

Pero ¿qué ha pasado con nuestra hija?

Bueno...

Roberta ha sufrido un trauma.

Digamos que...

Que se han sobrepasado con ella.

-Pero ¿qué dice?

-Sobrepasar... Pero ¿sobrepasar quién?

Un chico.

Su novio. -¿Su novio?

¿Tú sabías que la niña tenía novio?

¿Y quién es el novio?

Rafita, el hijo mayor de los Peralta.

Supongo que lo conocerán.

-¿Por qué se lo cuenta a usted y no a mí, que soy su madre?

No se ofenda, tampoco me lo ha admitido.

Un momento.

¿Usted me está diciendo que nos ha hecho venir desde el pueblo

porque tiene unas sospechas que mi hija no le ha confirmado?

Son sospechas fundamentadas.

Conozco a mi hija. Ah, que la conoce.

¡Es lo que me faltaba!

Solo les pido que hablen con ella. Roberta necesita ayuda.

-Se acabó, estoy harto de escuchar sandeces.

Vamos.

-No.

No puede desentenderse de ella. -Vámonos.

Buenos días, don Tomás. -Hola, Ramón.

¿Puede llamarme a la señorita Margarita?

-Claro que sí, espere ahí un segundo.

-Tomás, buenos días.

Perdón por el retraso, te estaba preparando una sorpresa.

-¿Es para mí?

-¿Para quién va a ser, si no?

Te he escrito un poema al final.

¿No te gusta la poesía?

-A ver, Margarita.

-Esto suena a que vas a romper conmigo.

¿Vas a romper conmigo?

-Eres una chica muy guapa. Y muy cariñosa.

Cualquier hombre se moriría por tenerte a su lado.

-Menos tú, ¿no?

-Margarita, es que yo... -¿Tú qué?

-Lo que sientes por mí es lo que siento yo por otra chica.

(Puerta)

(Puerta)

¡Ángela!

¡Soy Luisa!

¡Luisa, ahora no es un buen momento!

Ábreme, te lo ruego.

Solo quiero hablar contigo.

(Puerta)

Ángela, por favor.

Perdona el estado de la casa, estoy ordenando un poco.

¿Qué te puedo ofrecer?

Nada, gracias.

¿Quieres que te ayude a recoger esto?

Y después, te vienes conmigo a la academia

y le dices a Manuela que continúas.

No, no, de verdad.

Os agradezco que os preocupéis por mí, pero no es necesario.

Ángela, ¿qué es todo esto?

Te lo he dicho, estoy ordenando un poco.

Yo no estoy hablando de tu casa.

Tu casa la puedes ordenar cuando quieras. Estoy hablando de ti.

Y de tu sitio, que es la academia.

No esconderte aquí huyendo de...

Vete a saber de qué.

Mira, Ángela.

Yo no sé que te ocurre ni pretendo que me lo cuentes.

Pero encerrarte aquí, esperando a que se te pase,

no va a servir de nada. ¿Sabes por qué?

Porque no se te va a pasar.

Tu casa no es el refugio que necesitas.

Créeme.

Lo sé por experiencia.

(CHISTA)

(LLORA)

Flavia.

Flavia.

-Tomás, ¿qué haces aquí?

-Lo he dejado con Margarita.

-¿Por qué me cuentas esto?

-Estaba con ella para darte celos.

Yo a quien quiero es a ti.

Te quiero con locura.

-Vete, por favor.

-No, no me pienso ir hasta que me digas que no me quieres.

No sé por qué te casas con ese, pero no es amor.

No lo hagas, Flavia, es tu vida.

-Tú no lo entiendes.

Ya no te quiero.

Roberta.

Roberta, despierta. ¿Qué pasa?

Mamá, papá, ¿qué hacéis aquí?

Me alegro mucho de que vuelvas.

Es en la academia donde tú quieres estar.

(Timbre)

Ya sé que es una locura.

Y que no sabemos cómo ha sucedido, pero...

Necesito estar aquí contigo.

¿Cómo que se la han llevado?

Te dije que mantuvieras a los padres al margen.

Y una vez más, has vuelto a hacer lo que has querido.

¿Qué hacemos ahora con Roberta?

Si ha pasado lo que crees que ha pasado,

¿qué hacemos, cómo le ayudamos?

Al final, mi madre y el resto van a tener razón.

Voy a tener que replantearme que estés aquí.

Nunca debimos perder Cuba.

Solo por sus habanos, valía la pena conservar la isla.

¿Me das uno?

No sabía que te gustaran.

Hay tantas cosas que no sabes de mí.

Si nos viéramos más a menudo...

¿Cuánto hace de la última vez, dos años, tres?

La edad te está volviendo sentimental.

Me hubiera gustado que hubiera sido de otra manera.

Bueno, la vida sale como sale.

Celebro que nos haya juntado aquí y ahora.

¿No dices nada?

¿Qué quieres que te diga, padre?

¿Ahora tienes prisa de recuperar el tiempo perdido?

Acompáñame al despacho y pongámonos al día.

¿Te importa si subo en un rato?

Te espero.

¡Ángela, qué alegría verte!

¿Estás bien?

¿Yo?

Ya las cojo yo.

¿Os habéis enterado de lo de Roberta?

Voy a ir a por ella. Ni se te ocurra.

Por favor. No.

No veo la utilidad de este cuestionario.

Podremos ofrecerles orientación sobre su futuro académico.

La que no demuestre aptitudes ahora, no lo hará en el futuro.

Señorita.

¿Qué hace esta mujer aquí?

¿La has llamado tú?

¿Sabes si María Jesús está en la habitación?

No, lo siento, doña Luisa.

Ha salido a pasear con su novio.

No puedo permitir que esa niña caiga al vacío.

A ti no te ata nada a Sevilla.

A lo mejor no ha sido la ciudad lo que me ha atrapado.

-Conmigo, también habla.

-Seguro que te comentó que no es feliz aquí.

¿No?

Nadie sabe ni os puede decir cuál es el mejor camino

a tomar por cada una de vosotras.

Vamos, que no sirvo para nada, que me dedique a mis labores.

¡No tomes decisiones por mí, no voy a volver!

El destino lo escribimos con nuestras elecciones.

¿Piensas que no podemos cambiar nada?

Nos dijiste que nos rebeláramos contra la autoridad.

Si viene a ver a don Rafael... No, vengo a verte a ti.

Eres su secretaria y su amante.

Váyase o llamo a la Guardia Civil.

Esto es muy grave y conlleva una sanción.

¿Se puede saber qué es esto?

Ya no eres la mujer que me entrevistó.

Mi hijo no puede mostrar sus sentimientos de una manera sana.

Es preciosa.

¿Arcadio?

Arc...

¿Que dejas la academia?

Sí.

  • Capítulo 5: 'La vida que quiero vivir'

La otra mirada - Capítulo 5: 'La vida que quiero vivir'

23 may 2018

La aparición pública de una foto de Roberta en actitud poco decorosa realizada en la fiesta en la finca de Rafita Peralta provoca divisiones en el grupo de compañeras; por un lado, se encuentran las que apoyan a Roberta y, por otro, las que consideran que es una fresca.

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