La otra mirada La 1

La otra mirada

Miercoles a las 22.30 horas

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No recomendado para menores de 12 años La otra mirada - Capítulo 3: 'Retratos en tonos pastel' - ver ahora
Transcripción completa

Daniel de Zacarías de Acevedo.

Nildo simplemente.

(Grito)

Roberto Luna.

Academia para señoritas. Sevilla.

¿Por qué te molestas en entrevistarme

si está claro que no cumplo los requisitos de las de fuera?

Me gusta tu diferencia.

Creemos que Roberta y Rafita son novios.

¿Roberta? Sí, Roberta Luna.

Teresa, es la Guardia Civil.

Quieren hablar contigo. Yo no he estado en Portugal.

-¿No conoce a la víctima?

Le di permiso de ir a por material. No sabía que había una fiesta.

Ahora te llevo, espérate cinco minutos.

-¡Que no, que me voy!

"Esto es intolerable".

A tu madre no le habría temblado el pulso.

La dirección no recae en mí por mis apellidos,

sino por mis méritos si los tengo.

Queda abierto el proceso electoral.

Las alumnas también deberíamos votar.

(ROBERTA) Me han dejado volver a las clases.

Pero no puedo salir por ahora. -¿Y el Baile de Otoño?

-Al menos te lo pasaste de muerte en la fiesta.

-Eres la única que esconde su relación conmigo.

-Es por mis padres.

Quieren que me centre en los estudios.

¿Tú me vas a votar a mí?

Tengo cinco hijos y debo pensar en ellos. Me sabe fatal.

Pero... Ya.

Rezaré para que gane Manuela.

Empiezas a caerme bien.

¿Tú quieres lo mejor para mí? "Me retiro".

Luisa, ¡si vas ganando!

Enhorabuena.

¿Qué pasa con Arcadio?

Quiere que lo coloque en la academia si gano.

Acepta tu victoria

y dile que no lo harás. Es mejor

que las cosas se queden como están.

¡David!

(DAVID) ¿Sí? Ayúdame, por favor.

¿Qué corbata te vas a poner? La de rayas.

Ponte la azul, para que vaya con mi vestido.

Ángela, que es un cuadro.

La retratista la puede cambiar al color.

¿Y los niños?

(Gritos infantiles)

¡Niños!

Dichosa manía de estar todo el día así...

Sin gritar, sin gritar. Tranquilo.

Si ya están arreglados...

De nada.

Gracias. Hale...

Vámonos, muchachos. (NIÑO) ¿Otra vez?

(DAVID) Otra vez, venga.

Vamos, muchachos.

Bueno, la importancia de los pequeños detalles. Mucho mejor.

¡Vamos, vamos, vamos!

(Timbre)

Un momento.

¡Voy!

Ángela, ¿verdad?

Soy Paula.

Qué familia más bonita.

-Soy David,

encantado. -Sí, perdona.

Pasad.

David, por favor, ¿puedes levantarte?

-Sí, claro.

-Siéntate, cariño. Gracias.

¿Te puedes poner de pie? Ángela, tú ahí, en el centro.

Portaos bien.

David, tú detrás. ¿Le puedes poner la mano

en el hombro?

Solo una cosa... ¿Puedes moverte un poco

el pelo de la cara?

Mucho mejor.

(Sintonía)

(Voces y gritos de niños)

Niños, cuidado.

¿De verdad somos todos tan iguales?

No, ni mucho menos, pero todos queréis el mismo retrato.

¿Solo pintas retratos familiares?

Ahora sí.

Antes no, antes quería hacer otras cosas,

quería viajar, exponer en París...

La juventud, supongo.

Pero ahora me dedico a esto y no quiero aburrirte.

No me aburres, tranquila, he preguntado yo.

¿Y tú qué haces? No tienes pinta de ama de casa.

Soy maestra. ¿En serio? Qué profesión más bonita.

Una familia preciosa, un trabajo vocacional...

Debes sentirte muy afortunada.

(NIÑOS) ¡Mamá! -¡Mamá!

¿Ya os habéis cansado de jugar?

-Vamos, que los críos están revoltosos.

(NIÑOS) ¡Adiós!

-¡Adiós! -¡Adiós!

-Adiós, encantado. -Gracias.

-¡Adiós!

Adiós. Ángela,...

¿podrías venir sola la próxima vez?

Es por componer el cuadro partiendo de tu figura

si a ti te parece bien...

Tú eres la artista.

Doña Ángela os va a repartir las invitaciones

para traer a un acompañante además de a vuestros padres.

El Baile de Otoño es una ocasión

para estar juntas y disfrutar,

pero también nos convertimos en anfitrionas.

Acudirán muchos familiares invitados.

Yo tengo claro a quién voy a invitar.

-¿Tú a quién se lo vas a pedir?

-Al que me dejen las buitres...

Se hablará del evento en ecos de sociedad.

Os dejo que veáis

cómo todas somos la imagen de esta academia.

Por eso debemos estar radiantes

y a la altura. Repasaremos el protocolo en mi clase.

Juntas, haremos que este año el baile sea perfecto.

Bueno, pues ya podéis volver a clase.

Muchas gracias.

Roberta...

Nos gustaría hablar contigo.

¿Que me levanta el castigo?

Doña Manuela está de acuerdo.

A cambio de mantenerte la sanción más tiempo.

No se te ve muy feliz.

Eh...

Yo les agradezco mucho que se preocupen por mí,...

pero he cometido una falta grave y no quiero ningún trato de favor.

Pero si el Baile de Otoño es tu fecha favorita de siempre.

Ya, pero tengo que cumplir mi castigo.

¿Y a qué viene de repente

ese compromiso con la disciplina?

Lo que tienes que hacer es estar con tus compañeras.

Es un día muy especial. Claro que sí.

¿No irás a privarnos de verte con ese novio tan guapo?

Muchas gracias, doña Manuela...

Bueno, muchas gracias a todas.

Quisiera hacer una propuesta.

También te parece mal el Baile de Otoño.

Ay, Teresa, tiene que ser agotador estar en contra de todo.

No estoy en contra.

El baile en sí me parece fenomenal. Pero...

Pero estamos dejando la diversión de las niñas en un segundo plano.

¿A qué te refieres?

Espero que los invitados pasen

una velada inolvidable.

Que estéis radiantes,

a la altura de las expectativas.

¿Y si alguna no quiere ir de princesita, o quiere ir sola?

Roberta no parecía muy emocionada.

Tendrá un mal día. Está encantada. ¿Lo decides tú?

Las niñas cambian

la obra de teatro, las niñas votan a la directora,

deciden cómo tiene que ser el baile...

Lo dices como si fuera malo. No.

Es que no vamos a hacer falta para nada.

O mejor aún: nos acabarán dando clases ellas.

Solo pido que nos planteemos si habría que cambiar algo.

¿Manuela?

¿A ti qué te parece?

Ángela, tú eres la coordinadora.

¿Qué piensas?

Os agradezco las opiniones, pero la última palabra es mía.

Teresa, estaría fenomenal

que vieras los ecos de sociedad

y que tú hagas tu aportación para el baile.

Claro.

Si estabas de acuerdo conmigo, ¿por qué no te has posicionado?

Teresa, tras las elecciones,

es como si estuviera en mi cargo de prestado.

No estoy en mi mejor momento como directora.

Yo solo estaba proponiendo cambios.

Lo sé y lo valoro, de verdad.

Pero hay que saber elegir las batallas que luchar.

Yo ahora mismo necesito caminar sobre seguro.

Claro.

Maldita la gana de ir al baile ese.

Pues a mí me gustan estas cosas.

Viene gente fina, te vistes bien...

Pues yo pienso ponerme lo primero que encuentre.

Si vas con esa actitud, mal. Hay que divertirse de vez en cuando.

Hablar con la gente, sacar a alguien a bailar...

Eso lo harás tú,

que mi plan es emborracharme y, en cuanto pueda, escaparme.

¿Tampoco vas a llevar a nadie? ¿Yo? Ni loca.

¿Tener que cargar toda la noche con alguien

del que me aburriré al segundo champán? No, gracias.

Vas a acabar en las sillas de las solteronas.

Pues a mucha honra.

(Música años 20)

¿Estás bien? Sí.

¿Por qué?

Te veo muy tensa. Lo noto desde aquí.

¿Mejor así?

¿A ver?... Huy, madre mía, rígida como una tabla.

Yo así no te puedo pintar.

No sé a qué te refieres. Que vas a parecer una estatua.

Y vas a acabar con la espalda destrozada por la tensión.

Pues... tú dirás...

¿Nos tomamos un café?

Buenas tardes, señoritas.

¿Qué ha pasado,

que no han salido por la mañana?

-Se resiente el gallo si las gallinas no le hacen caso.

-¿Preparando ya el baile?

-De eso quería hablarte, Álvaro. Me gustaría invitarte.

-¿Qué me dices, Margarita?

Pues me encantaría ir contigo,

pero ya me lo han pedido.

-Vaya... La culpa es mía por no preguntártelo antes.

-¿Dónde está Roberta? -No soy su madre.

-¿Sigue castigada?

(CANDELA) Sí,...

no la dejan ir al baile. -Ya

Pues por lo menos podría bajar a saludarme.

-Rafita, si quieres venir, yo tengo una invitación.

-Chica, no pierdes comba, ¿eh?

-Bien que corres tú a la verja.

Roberta... ¿No sales a darle la invitación?

Ahora estoy liada.

Ya se la daré.

¡Eh!

¿Estás evitándole?

¿Qué? No, no. Qué va.

Ya te digo que, en cuanto pueda, le daré la invitación.

Además, el baile es mi evento preferido.

Y tú, erre que erre con el merengue de toda la vida...

No conocía la pastelería.

¿Es nueva? Sí.

La han abierto como hace siete años.

Tienes que salir más.

Con cinco hijos y un trabajo, ya me dirás cuándo.

¿Todo bien?

Sí, sí, es solo que... Que nada, estoy bien, gracias.

¿Te pasa mucho?

Más de lo que se lo confieso a mi marido.

No es que no confíe en David.

Es que hay cosas que es mejor guardárselas.

Nos han enseñado

a estar calladas, sonriendo y sin quejarnos.

¿Y de qué tendría que quejarme?

Tengo un marido maravilloso, cinco hijos que...

No he escuchado

la palabra "felicidad".

Lo intento. Intento ser feliz. ¿Serlo?

¿O parecerlo?

Se hace tarde, debería irme. Esa presión no se va a ir sola.

¿Y qué debería de hacer según tú?

Grita.

¿Perdón? Que grites.

Grita fuerte. Sácalo de dentro.

No me gustan los gritos. Me ponen nerviosa.

(GRITA) ¿Qué haces?

Venga, Ángela, grita. Pero ¿a quién?

Al río, al mundo, a la vida.

Venga, Ángela, grita. (GRITA)

Más fuerte. Mira, así.

(GRITA)

Nos están mirando. ¿Y qué? Ángela, grita.

(GRITA)

(GRITAN)

(RÍEN)

(GRITAN)

Gracias.

Esos hoy ya tienen de qué hablar.

¡Uff!

(Besos)

¿Me la vas a dar ya o tengo que seguir comiéndote a besos?

-¿El qué? -Pues ¿qué va a ser?

¿Y esa cara?

-Mis padres viene al baile.

-Les pongo mi mejor sonrisa y me adorarán.

-No es buena idea, Tomás.

-No lo entiendo. Somos novios. ¿Qué más da que lo sepan?

-Mis padres son muy estrictos.

-¿Por eso me vas a ocultar?

-A mí también me da rabia.

-Si eso fuera verdad, harías algo para solucionarlo.

¡Vivan los monumentos de Sevilla!

Ni te he mirado ni te he mostrado interés,

así que ahórrate el comentario.

-¡Oye! ¿Es que

no me habéis entendido? Hola.

Hola.

Soy Nildo, nos conocemos de la embajada en Lisboa.

Sí, claro que me acuerdo, Nildo.

¿Qué haces aquí? He venido a buscarte.

Te fuiste sin decirme tu nombre.

Sí, es que tuve que irme muy pronto.

Luego me contaron lo que pasó.

¿Estabas allí? No, tuve que salir.

Desafortunadamente, porque la noche prometía.

¿Y a qué se debe esta casualidad?

He venido a pasar unos días con unos amigos.

No te pegan nada tus amigos. Discúlpales,

han estado muy poco respetuosos.

Bueno, espero que disfrutes de Sevilla.

No, espera.

Déjame invitarte a un vino.

Tengo que irme.

No, no te me vas a escapar así otra vez.

Déjame invitarte a un vino, por favor.

Un vino.

Por favor.

Un vino y ya. Un vino y ya.

¿Me ibas a decir tu nombre al final?

Elena. Elena...

Pues encantado, Elena.

Vamos.

(HOMBRE) ¿Ese que se ha ido con ese pedazo de mujer

quién es y de dónde ha salido?

(RÍE)

(NILDO) Pues el Parque de María Luisa

es asimétrico por una razón. ¿Qué razón?

Forestier, el arquitecto, creó

un trazado irregular para plasmar el amor romántico y desigual.

Te lo acabas de inventar. No, es cierto.

¿No serás de esos que creen en el amor romántico?

Bueno...

Ah, es verdad, que tú eras cínica al respecto y no creías.

¿Ah, es verdad?

Sí, en la embajada, cuando nos conocimos, dijiste algo como...

¿Cómo era? Ah, sí...

Llegará el día en el que nos juntaremos con vosotros libremente

y por amor. La que crea en él.

Qué buena memoria, ¿no?

Digamos que tu discurso me dejó impactado.

Ya veo.

Si no crees en el amor, creerás en alguna alternativa.

Creo en pasar un buen rato con alguien

hasta que deja de ser un buen rato.

¿Y eso cuándo es? A la mañana siguiente.

¿Ah, sí? Pues estamos en la mañana siguiente.

Y aquí sigues, conmigo. Por eso, precisamente, me voy ya.

Bueno, Nildo, ha sido un placer volver a verte.

Disfruta el resto de tu viaje.

Oye, me quedo en la posada González Quintanilla,

por si te apetece, no sé, volver a vernos.

No te prometo nada.

Ha sido una noche increíble, Elena.

Teresa. ¿Eh?

Vaya carita traemos. ¿Quién se ha muerto?

Es que vengo sin dormir.

Y no te fíes de alguien que a estas horas esté sonriente y feliz.

O está loco o esconde algo.

(Pasos)

Buenos días.

¡Buenos días!

¿Qué te digo? Oye, ¿sabes qué necesito mucho?

¿Qué? Un café.

¿Me acompañas?

Oye, ¿se nota mucho que llevo la ropa de ayer?

Madre mía, he pasado una noche...

He estado con un hombre que... ¡Che, che!

Yo de esas cosas no hablo con mujeres.

¿Y por qué no?

Una mujer no debe contar sus cosas. ¿Y un hombre sí?

Entre hombres es más natural.

Nos hemos pasado la noche hablando.

¿Hablando?

¿En serio?

¿Hay tantas cosas de las que hablar?

Y más.

No se te ocurre ninguna, ¿no?

¿Eh?

Nada.

(CANDELA) No sé si invitar a Antonio de Herrera.

Tiene coche,...

pero la mano un poco larga.

¿El hijo de los Ybarra? Es guapo.

Pero le apesta el aliento.

¿Me estás escuchando?

-Sí... Bueno, no.

Necesito un favor.

-Ten la agenda, pero no hay nada. -No, ya tengo acompañante.

Ese es el problema.

-A ver.

-Quiero ir con Tomás Peralta.

-Con Tomás...

Sí que apuntas alto, chica.

-Somos novios.

-¿Qué?

¿Tomás y tú?

¿Novios?

Vaya tela con la mosquita muerta...

-Pero no puedo invitarle.

-¿Por qué?

-Es complicado. ¿Me ayudas?

-Sí, sí,

claro.

Estás distinta hoy, ¿no? Como siempre.

Ay, Ángela, toma, el contacto de los músicos.

Gracias, pero he pensado que llamaremos a una banda de jazz.

¿Has dicho jazz? Sí.

Está de moda y gustará a las chicas.

¿No va a haber trío de cuerda?

Parece ser que no.

Estarás contenta, ¿no?

Estoy igual de sorprendida. Es cosa mía.

Le he estado dando vueltas

y no nos harán daño algunos cambios.

Brindemos por ello.

Solo serán unos detalles.

Música, colores... ¿Colores?

¿Te refieres a la mantelería también?

Todo saldrá perfecto, os lo prometo.

Bueno,...

si me disculpas, yo tengo que...

No sé por qué tanto empeño en cambiar los postres.

Si decías que si algo funciona, no hay que tocarlo.

El merengue es una apuesta segura. ¿Y las rosquillas?

¿Las rosquillas? ¿Qué es esto, un convento?

Yo creo que el merengue es la mejor opción.

Nada de merengues.

Me quedo con el helado.

El frescor nos vendrá bien.

Hemos cerrado la música, el menú... Sí, sí.

¿Qué falta? ¿La mantelería?

(RAFITA) Doña Manuela...

Quería hablar con usted.

¿Ahora? Si no es molestia.

No, claro, claro. Vengo a pedirles perdón

por el lío en que se metió Roberta

y por cualquier problema que les costara.

Bueno, no te preocupes.

Aceptamos las disculpas.

Porque no se volverá a repetir. ¡No!

Quería decirles que fue por mi culpa.

Y rogarles que le levanten el castigo.

¿Que le levantemos el castigo?

Sé que ella se muere por ir.

Y me dolería mucho que se lo perdiera por mi culpa.

(Llaman a la puerta)

Roberta, soy doña Ángela.

¿Podemos hablar?

Está Rafita Peralta abajo

preguntando por ti.

No puedo bajar ahora.

Dígale, por favor, que en cuanto pueda le llamaré.

¿Por qué no se lo dices tú misma?

Cree que sigues castigada y que no vas a ir al baile.

¿Ha sucedido algo con él?

Nada, nos hemos peleado y prefiero no ir al baile.

Entiendo que tienes una edad complicada.

Ahora te parece un mundo, pero esto también pasará.

¿Por qué no pones de tu parte? No.

Doña Ángela, yo es que no puedo bajar ahora.

Yo luego hablo con él y lo que haga falta, pero ahora no puedo bajar.

Está bien. Yo se lo digo.

(CANDELA) ¡Tomás, espera!

¿Tienes pareja para el baile?

-Eh... No.

-Pues ya sí.

-No es por faltar, preciosa, pero no creo

que mi hermano quiera ir contigo.

-¿Y tu hermano tiene boca?

-Lo siento, Candela.

-¿Podemos hablar o te tienen que dar permiso los mayores?

Ven, anda, a ver,

tú coge esta invitación y no preguntes.

-Gracias, pero no voy a ir contigo.

-¡Que no es para ir conmigo!

A ver, sí, vienes conmigo,

pero en el baile habrá otras personas, ¿me entiendes?

-Mil gracias, Candela. -Nada, hombre.

Hasta luego, anda.

(PARA SÍ) Tanta planta y tan pocas luces...

(Timbre)

Pasa.

Dame un segundo, que termino con unos clientes.

Buenas tardes.

¿Me acompañan?

Nos vemos el martes.

Ya estoy contigo.

Es la tercera familia que pinto esta semana.

¿Por qué no usas estos colores?

Siempre pedís lo mismo,

que el retrato sea una copia del original.

Y para eso ya está la fotografía.

Eres buena en lo que haces.

Sí, los clientes están contentos, pero...

me encantaría hacer otras cosas.

¿Sabes quién es Chagall?

Pues es un pintor que lo mismo te pinta

una cara azul que un caballo verde.

¿Y por qué no lo pruebas?

¿Por qué no intentas hacer otras cosas?

Píntame a mí así.

No sé,

con la cara morada y los ojos amarillos.

Como quieras.

¿De verdad?

¡Sí!

Bueno, ¿por qué no?

Ángela, ponte cómoda, ponte como tú quieras.

Te puedes levantar, te puedes tirar en el sofá...

Puedes hacer lo que tú quieras.

¡Me encanta!

Prueba...

a subir los pies.

¿Me disculpas un segundo? Sí, claro.

Quieta, quieta, quieta...

¿Qué te parece?

Igual me he dejado llevar demasiado.

Para nada.

Me encanta.

¿Sí?

¡Me veo a mí!

Te los pago.

No, de verdad, no hace falta.

Cariño, creo que deberíamos cancelar el retrato.

¿Y eso?

No creo que haya sido buena idea.

Y no tengo tiempo de encargarme de nada más.

Como quieras.

"En un evento como el Baile de Otoño, la imagen lo es todo".

Hay que demostrar que es especial con una sonrisa.

Una cara larga sería una falta de respeto.

Catalina de Aragón,

retratada por Michel Sittow. Quiero que os fijéis en la pose.

¿Qué veis? ¿María Jesús?

Pues que está un poco tiesa, ¿no?

Exacto.

La pose intenta transmitir orden.

¿Alguien sabe algo de Catalina de Aragón?

Fue reina consorte de Inglaterra. Eso es. Se casó

con Enrique VIII y cuentan que la engañó muchas veces. Sin embargo,

no la vemos enfadada ni triste, más bien sumisa.

Y es que una mujer

como ella no podía dejar a un hombre como él.

"Daremos conversación a las parejas"

y nos aseguraremos de que pasen una buena noche.

Nuestra actitud hablará de nosotras mismas.

"La Encajera", de Vermeer.

Representa a una mujer elaborando un encaje, se la ve tranquila.

Mujeres dedicadas a sus tareas.

Nunca enfadadas ni sobrepasadas.

"Una mancha en el vestido es intolerable".

Abrillantad los zapatos. La pulcritud demostrará

que os habéis ocupado de vuestras tareas.

"Sonreír eternamente, guardar las formas,

ser la más guapa, la más feliz".

Es una mentira

y un peso demasiado grande.

Nos han dicho siempre cómo sentirnos y comportarnos,

pero lo peor de todo es que lo hemos aceptado.

Llorad. "Sonreíd".

Enfadaos.

Sed felices. Sentíos tristes.

La imagen... Os convierte en algo que no sois.

¿Sí?

¿Quién dicta el protocolo?

Son normas sociales y de sentido común.

¿Y por qué?

¿Perdón? No me da la gana ir al baile

ni sonreír ni poner buena cara.

Me da igual lo que digan.

Nadie me obligará a ser una falsa. -El problema eres tú.

Niñas... -Cállate.

-No, no me callo.

Y deja de ser el centro de atención.

¡Que no voy al baile y punto! Silencio.

La clase ha terminado.

Cuidado...

Pensaba que había dicho que nada de merengues.

No sé.

A la cocina, por favor.

La mantelería. ¿Qué te parecen estos?

En la línea de toda la vida, ¿no?

Pensaba que ibas a innovar.

No. Y necesito el cuarteto de cuerda.

¿Y la banda de jazz? ¿Te tengo que dar explicaciones?

Ángela, ¿pasa algo?

Manuela...

Roberta se ha encerrado en su habitación.

Pero ¿qué ha pasado? Teresa...

Tú no habrás hablado con ella por casualidad, ¿no?

Roberta no quiere ir al baile y se lo ha dicho a Ángela.

Estás en contra

de este baile. Mentira.

Es verdad. Te dedicas a caldear los ánimos, criticar el protocolo

y decir que coartamos su libertad.

¿Y la libertad de las que sí queremos hacer

lo que se espera y disfrutar del puñetero baile?

¡Ángela!

Dios te salve, María, llena eres de gracia,

el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres

y bendito es el fruto de tu vientre.

Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores,

ahora y en la hora de nuestra muerte.

Por favor...

(Música de baile)

Hola, disfrutadlo mucho.

Mira, mis alumnas. Hola.

Qué preciosas. Muchas gracias.

De verdad, estáis muy guapas.

(Conversaciones)

La que se pondría lo que pillara.

No atiendas a mi ropa y sí a la tuya,

que llevas la bragueta abierta.

Muchas gracias. No.

¿No te gusta el champán? Me da dolor de cabeza.

Qué guapa. Tú sí que estás guapa.

Nos vemos ahora. Bien.

¿Qué haces aquí? Soy tu invitado...

no invitado.

Pero ¿cómo me has encontrado otra vez?

Teresa, la mujer que va en pantalones.

Toda Sevilla te conoce.

Ramón,

este es Nildo. Es un amigo que está pasando unos días aquí.

-Encantado.

¿Con el que se tira toda la noche hablando?

-Hablas de mí. Lo tomaré como un piropo.

No te emociones, portugués,

que yo hablo de muchas cosas con mucha gente.

Ya que estás aquí, vamos a tomar algo.

Por favor. ¿Nos vemos luego?

(Música clásica)

(MUJER) Buenas noches.

Doña Manuela, don Pascual...

Gracias por venir. Espero que todo sea de su agrado.

Está todo precioso, Ángela. Felicidades.

-Así es. -¡Manuela!

Hola, madre. -¿Cómo estás?

-¿A ver? Hola, padre.

¿Qué tal? ¿Te estás divirtiendo en el puñetero baile?

Sí.

Está todo... perfecto.

Vamos a emborracharnos. Sí.

Con el blanco queda muy bonito. ¡Ángela!

Mira...

Quiero presentarte a doña Paula,

ella es la madre de Macarena.

Doña Ángela López Castaño, nuestra profesora de protocolo.

Sí, sí... Ah, ¿os conocíais?

Es mi retratista.

¡Anda! Qué casualidad.

-Mi madre siempre dice que las casualidades no existen.

-Anda, Macarena, ve con tus amigas.

-Adiós. Voy a saludar a doña Manuela.

Sí.

¿Macarena

se lo está pasando bien?

Sí. De momento, sí.

Si me disculpas, tengo que saludar a otros invitados.

Vengo ahora.

(Llaman a la puerta)

¿Estás bien?

Estás muy rara, con el baile, con tu novio...

Teresa, perdona que te lo diga, pero no te metas, por favor.

De acuerdo, no me meto.

Pero es evidente que quieres estar ahí abajo.

Así que hazme el favor y baja.

No puedo ir sola.

No vas a estar sola,

vas a estar con tus amigas.

Sí, claro, y me siento en las sillas de las solteronas

y mañana está toda Sevilla hablando de mí. Pues no.

Ya lo hacen, Roberta. Todos los días.

Te acuerdas, ¿no? Sí.

Pero tampoco tengo nada que ponerme. Pues baja así.

¿Así?

Serás la única que vaya disfrazada de sí misma.

Roberta, no puedes perderte un momento precioso

por el qué dirán.

Precisamente tú eres mucho más fuerte que eso.

Es que no hago más que meterme en líos

y meter a todo el mundo.

¿Por qué estás tan encima de mí?

Precisamente por eso.

Anda, levántate y baja ahora mismo

y dales una lección de seguridad femenina.

Ya.

Ya.

(Música clásica)

¿Y Flavia?

-No lo sé. Estará a punto de llegar.

Bendito Cristo de las Tres Caídas...

-Ay, ese es guapo, pero un poco bajito...

-Pues que se suba a un taburete.

-No parece que tu pareja te haga mucho caso.

No te pasaría con una señorita digna de un Peralta.

¿Me estás escuchando?

-Sí, sí, sí. Hasta luego,... ¿Mari Carmen?

-Me llamo Margarita.

(Música clásica)

Habría preferido que me invitaras tú,

pero ha merecido la pena por verte así.

Pareces una princesa.

-Y tú eres un zalamero.

-¿Están tus padres por aquí? -Sí,

y tenemos que ser discretos.

-¿No podemos bailar?

-¿Eso significa para ti ser discreto?

-Pues si no bailas conmigo, me vuelvo con Candela.

-En 15 minutos en nuestro escondite.

-Se me va a hacer eterno.

Me alegro mucho de que al final te hayan dejado venir.

-Yo también. -Oye, ¿y Rafita?

-Se encontraba mal. -Ah.

Pues, hija, sí que se recupera rápido tu novio.

-Hola, amor mío.

¡Señorita!

¿Dónde va?

-Iba a airearme un poco, señora Manuela.

-Con el pequeño de los Peralta, ¿no?

-Somos solo amigos... -Flavia, por favor,

que no me he caído de un guindo.

Le estoy diciendo la verdad.

¿Por qué no puedo tener los amigos que quiera?

¿Por qué tengo que dar explicaciones?

-Cuidado con ese tono, señorita.

-No estoy haciendo nada malo.

-Pues vamos a contárselo a tus padres.

Todo esto lo hacemos por tu bien.

Ahora mismo vas y te despides de ese muchacho.

Para siempre. ¿Entendido?

¿Entendido o no?

-Sí, señora Manuela...

¿Bailamos?

¿En serio?

Esto es un baile. Y la gente baila.

Entonces necesitaré un poco más de esto.

Ahora vuelvo.

Pensaba que no te gustaba el champán.

Y yo que ni loca traías acompañante.

Ha venido él solito.

Sé que te lo digo cada vez que salimos juntos,

pero estás más preciosa que nunca.

Hacía ya tiempo que no me lo decías.

Vamos con Ángela y David.

Hola.

Buenas, David. -Muy buenas.

Martín, qué alegría. Te prodigas poco.

-Estamos en el juzgado hasta arriba, es lo que toca.

-Vaya, unos ahogados con tanto trabajo

y otros sin nada. -¿Qué tal las oposiciones?

Llevamos demasiado sin vernos y eso no puede ser.

En cuanto pueda, cenamos los cuatro. Eso.

¿Qué tal los niños?

Bien. (DAVID) Bueno, ¿y vosotros qué?

¿Para cuándo os animáis?

-Bueno...

Para cuando Dios quiera, ¿no? -Sí, lo cierto es que los hijos

son una bendición.

Esta copa no está limpia.

Está todo bien, Ángela.

Luisa, ¿y cómo es que no ha venido Arcadio?

Tenía otro compromiso.

¿Encuentra trabajo?

Y esta no es la cubertería. Se han equivocado.

Está todo perfecto, Ángela. ¡No, no, mira, mira!

Faltan flores, tenía que haber encargado más.

Está todo perfecto. ¡No, no!

¿Y la preparación a maestro?

Los merengues debían haber salido ya.

Esto es intolerable. Os pido mil disculpas.

Tranquilízate, por favor. Voy a ver qué ha pasado.

Espera un segundo, Ángela.

Pero ¿se puede saber qué te pasa?

Salgamos un segundo.

Ángela...

Ángela, está todo estupendo, así que relájate y disfruta.

Lo estoy intentando. No, no es así.

¿Sabes que sí falta un detalle

para que esta noche sea como la todos los años?

¿El qué?

Que bailes conmigo.

¿Dónde estabas?

¿Estás bien?

¿Qué te pasa?

Dime algo.

-Quiero que te vayas.

-Pero ¿por qué?

-Porque no quiero estar más contigo.

-¿Qué ha pasado? ¿Ha pasado algo?

-Por favor, no preguntes.

-¿Es por tus padres? Mira, Flavia...

-¡Que no quiero volver a verte!

-Entonces ¿por qué le pides a Candela que me invite?

-Iba a dejarte.

Por eso no quería invitarte, no sabía cómo hacerlo.

-No es verdad.

No es verdad.

-Esto ha sido un error.

Por favor, olvídate de mí.

(Música clásica)

(Música alegre)

Margarita...

-Vaya, ya te acuerdas de mi nombre.

-¿Bailas conmigo?

-¡Por supuesto!

Hey...

¿Qué ha pasado? ¿Qué pasa? ¿Qué pasa?

-Ve al baile, de verdad.

-¿Y dejarte aquí sola, hecha un trapo?

No, ni loca.

¿Qué pasa, dime?

Vale, tranquila, tranquila, ya está.

Ya está.

(HOMBRE) ¿De verdad cree eso?

Es imparable.

Está pasando aquí con las cigarreras.

-Sí, están en huelga.

-Se quejan por vicio.

Si trabajamos, queremos hacerlo en las mismas condiciones.

(HOMBRE) Algunas hasta quieren votar.

(RÍEN)

-¿Qué será lo siguiente? ¿Mujeres en el ejército?

(Grito)

(Disparo)

(NILDO) ¿Estás bien?

¿Te acompaño fuera? ¿Seguro?

-Quieren beber como nosotros y esto es lo que pasa.

¿Teresa?

¿Teresa?

¿Teresa?

Aunque no te hayas puesto vestido, estás muy guapa.

-¿Prefieres que vayamos a tu habitación?

-Prefiero no ir a ningún sitio. -¿Te pasa algo?

-¿Quién te ha invitado al baile? Porque yo no he sido.

-Doña Ángela, tu maestra. -¿Qué?

-Me pidió que viniera para arreglar las cosas.

-No me lo puedo creer. -No sé qué tenemos que arreglar.

Me evitas, no me invitas... ¿Me vas a decir qué te pasa conmigo?

Es por lo de la fiesta en mi casa, ¿verdad?

Pues te pido disculpas.

No debí dejarte volver sola cuando te prometí que te llevaría.

-¿Y ya está? -¿Ya está qué?

Estaba muy borracho y quería estar más tiempo contigo.

-¡No, eso no fue lo que pasó!

(Música clásica)

¿Doña Ángela?

Doña... ¡Doña Ángela!

¡Doña Ángela!

Quiero hablar con usted.

¿No puede esperar? ¿Me puede explicar por qué se mete

en mi vida sin permiso? Insisto, Roberta, mejor lo dejamos.

¿Por qué ha invitado a mi novio si yo no quería?

¿Y tú por qué les mientes a todos diciendo que estabas castigada?

¿Por qué no das las gracias simplemente

en lugar de boicotearlo todo?

¡Te quejas y te quejas y te quejas!

Tus amigas están felices, tus maestras

nos dejamos la piel para que pases una noche perfecta,

¿y tú qué haces? ¡Te quejas y te quejas y te quejas!

Tienes una vida privilegiada

y a ti solo se te ocurre quejarte.

Eres una consentida y una desagradecida.

Por favor, Ángela.

Roberta...

Roberta, vete a tu cuarto.

Yo no he dicho nada para que se ponga así conmigo.

Roberta, no lo digo más,

a tu cuarto ahora mismo.

Música, por favor, que continúe la fiesta.

(Música clásica)

Vamos a bailar, Manuela. No puedo.

No pasa nada.

No pasa nada.

No has hecho nada malo. Solo querías ayudarla.

Así que tranquilízate, Ángela, tranquilízate.

Todo está bien.

Nada está bien, David.

Nada, nada...

Necesito aire.

(LLORA)

¿Estás bien?

¿Te marchas ya?

Sí, bueno...

Macarena está con sus amigas y yo no pinta nada.

No sé por qué he reaccionado así. Qué vergüenza.

Estoy bien, de verdad. Vete tranquila.

Bueno, pues...

No sé, nos vemos por aquí, supongo.

Paula...

Tengo mucho miedo.

¿De qué?

No sé cómo ser yo misma.

No puedo tirarlo todo por la borda.

No puedo.

Yo no te lo estoy pidiendo.

(Pasos)

Chicas, mirad, os vais a caer redondas.

-¡No me lo creo!

Habrá que interceptar la correspondencia.

Luisa, por favor.

¿Prefieres que cualquiera de ellas aparezca embarazada?

¿Qué hay de malo en que quieran disfrutar sus cuerpos?

(NIÑA) Pero ¿así es como se ve?

-Quiero aprender

a ser una buena amante.

Cuando se trata de disfrutar de la sexualidad,

a las mujeres se nos educa en la culpa, en la deshonra.

Aparte de ese terrible incidente,

¿lo demás lo viste bien?

¿Tú no te quedabas solo dos días?

Todos los involucrados en estos asuntos

son unos viciosos.

Por no tacharlos de enfermos.

Toma. Vamos.

No quiero traer al mundo un hijo para que arregle algo

que está roto. Cariño, ¿recuerdas

a don Rafael Peralta?

(RAFAEL) Está usted radiante, Manuela.

El placer es algo biológico. Somos animales.

(NILDO) ¿Ah, sí?

¿Siempre que él quiera

tienes que estar dispuesta?

Supongo que dejarás la dirección.

  • Capítulo 3: 'Retratos en tonos pastel'

La otra mirada - Capítulo 3: 'Retratos en tonos pastel'

09 may 2018

Ángela acude a un estudio de pintura junto con su numerosa familia para hacerse un retrato. Allí conoce a Paula, una artista que despierta en ella sentimientos que hasta ahora desconocía. Y en el colegio, la propia Ángela encabeza la organización del Baile de Otoño. Por otra parte, Teresa se encuentra con Nildo, un viejo conocido de Lisboa que parece buscar algo más que su amistad y que hace disparar las dudas y los recelos de la nueva profesora sobre el funesto suceso ocurrido en la capital portuguesa. Mientras tanto, Flavia y Tomás viven con intensidad su amor sin saber que pronto se verán abocados a separarse. Por último, a pesar de que le levantan el castigo, Roberta no quiere ir al Baile de Otoño, algo que sus compañeras no logran entender.

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