La otra mirada La 1

La otra mirada

Miercoles a las 22.30 horas

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No recomendado para menores de 12 años La otra mirada - Capítulo 11: 'El espejo en que me miro' - ver ahora
Transcripción completa

"Manuela ha venido a verme. La tienes preocupada".

Y a mí también. "Te he engañado".

Con una mujer.

No.

-"Tengo un amigo"

que me ha ofrecido una casa

"que pone en venta su familia". "¿Y tú tienes dinero?".

"Lo tendría

si vendiéramos la nuestra".

-"Si él me pide dinero, yo se lo doy".

Se está aprovechando de ti. ¿Es que no lo ves?

"¿Real Fábrica de Tabaco?".

Quería preguntar por uno de sus trabajadores.

Me mientes con un trabajo que no tienes,

con una casa que no está en venta,

pero lo que le haces a esa niña, no. Eso sí que no.

Es un adelanto por la venta de la casa.

"No hace falta que te despidas de María Jesús".

Tomás no testificaría contra su hermano.

-A no ser que se lo pidas tú.

-"Este juzgado declara a don Rafael Peralta García de Blas,"

culpable.

No habrá vuelto a molestarte. No, no, no.

-Dijiste la verdad.

-Pero tiene consecuencias.

-Toma esto de momento. -No.

Seguiré por mí mismo.

Mi nuevo ayudante está al caer. -¿Otro?

-Ahí está. -"¿Qué hace Tomás Peralta

trabajando aquí?".

Ha demostrado que está por encima de su apellido.

¿No crees?

Gracias por lo que hiciste.

"¿No somos novios?".

Si fluye, no hace falta esforzarse.

Y si todo sale bien, llegará donde tenga que llegar.

Me disculpo por tirar hacia delante convenciéndome de que era feliz,

cuando en realidad,

hace ya años que dejé de serlo.

Quiero que te vayas de esta casa ahora mismo.

¿Por qué no le dejas venir a dormir?

Sería imposible tomar una decisión.

¿Le echa de menos?

Cada minuto.

Me obligas a volver a tomar el mando. "No vuelva a entrar"

sin mi permiso. Fuera. Estás loca.

"Hoy,"

inauguramos la que espero que se convierta

en una tradición arraigada en esta academia.

Este baúl que aquí veis

es una caja del tiempo.

Todas las alumnas van a meter dentro

un objeto que tenga especial valor para ellas

y una carta dirigida a ellas mismas dentro de diez años.

Transcurrido ese tiempo, si Dios quiere,

desenterraremos el baúl

y todas vosotras os podréis encontrar

con una nueva generación de alumnas

con las que podréis compartir cómo se han desarrollado

vuestros sueños y vuestras expectativas.

La primera para depositar su legado

va a ser nuestra querida

y destacada alumna, Manuela Martín Casado.

Permitidme que resalte

que el hecho de que además de una brillante y aplicada alumna,

y una excelente compañera, Manuela sea mi hija,

es algo que me llena de un profundo orgullo.

"Querida yo del futuro:

Estos son mis deseos para ti".

"Deseo que vivas en un hogar lleno de amor,

de felicidad y de recuerdos bonitos".

"Recuerdos construidos al lado de un marido que te quiera

y que te apoye,

y de muchos hijos que jamás se despeguen de ti".

¿Es necesario todo esto?

Echan de menos estos juguetes.

Déjales que vengan a jugar con ellos.

David, ya está bien.

Llevas semanas vaciando la casa y mi vida.

¿Cuánto tiempo más va a durar esta situación?

Para siempre. No. No puedo más.

Es... Es insoportable.

Yo no puedo esperar cada día a que salgan del colegio

y que me permitas mirarlos a través de una valla.

Yo necesito tocarles, David.

Necesito abrazarles, por favor. Ángela.

Haberlo pensado antes.

Creo que he cumplido mi castigo. Si todo saliese a la luz,

en la cárcel...

Nunca más los verías.

"Deseo que cuando leas estas líneas,

hayas encontrado las respuestas a las 1000 preguntas

que te haces cada día".

"Porque eres así,

inquieta, inconformista y curiosa".

"Pero sobre todo deseo que un día puedas mirarte al espejo

y sentirte orgullosa de lo que eres

y satisfecha de todo lo que has conseguido".

(LLORA)

(Puerta)

Ramón te espera para llevarte a la estación.

Ya estoy.

No tienes muy buena cara.

Es que las noches antes de los viajes no duermo.

Es solo eso.

Tranquila. Ya me encargo yo. Muchas gracias, Ramón.

¿Seguro que estás en condiciones de hacer un viaje a Madrid?

Que sí, de verdad. No te preocupes. Estoy bien.

Me va a sentar bien.

No sé, igual tienes razón

y no es el mejor momento para que me vaya.

¿Lo dices por mí? Sí.

No, tranquila.

Yo lo tengo todo bajo control. ¿De verdad?

Sí. Me he puesto con la fiesta de final de curso.

¿Con la fiesta?

Luisa, si tenemos tiempo, de verdad. Cuando vuelva, lo hago.

Hazme caso. Bueno.

Ay, se me olvidaba. La visita al museo.

Al Museo de Bellas Artes que pidió Teresa.

Sí. Aún me tienen que confirmar.

Tengo que volver a llamar. Se me olvidaba algo más.

Eh... Sí.

Se te olvida algo más, pero es normal.

¿El qué?

Se cumplen diez años de la caja del tiempo.

¿Qué caja del...?

Ah...

Sí. ¿Y?

Pues que sería bonito

hacer una ceremonia para desenterrarla.

Llamar a tus antiguas compañeras,

que venga tu madre...

Si quieres, yo lo puedo organizar. La caja está bien donde está.

Mejor bajo tierra.

Tu madre promovió esta idea con mucha ilusión.

He dicho que no.

¿Hasta cuándo vas a estar sin dirigirle la palabra?

Luisa.

Ya.

Bueno.

Ten cuidado en el viaje. Anda.

Y... disfruta de Madrid y de las charlas de María de Maeztu.

Y sobre todo, descansa. Sí.

Gracias por quedarte al cargo.

Cuídate.

Te llamo a la vuelta.

¿Examen sorpresa?

Macarena, silencio, por favor.

-Doña Luisa, no entiendo... No hay nada que entender, Candela.

Apenas hemos hecho controles y estamos ya casi a fin de curso.

(MURMURAN)

¡Silencio!

Y concentración.

Tenéis 45 minutos.

(MURMURAN)

¡Chist!

Normalmente, espero a que acabe la primavera.

Pues nos vamos a adelantar. Tiene que estar a punto.

Si me permite... Las humedades tapadas ya, Ramón.

Estamos casi acabando el curso, no podemos perder ni un solo día.

Además, deciros que he visto a Manuela francamente cansada.

Agradecerá que adelantemos todo lo que sea posible

mientras ella esté fuera.

Las fechas de los exámenes. Ángela, Pilar...

Para que... Perdóname, Luisa.

La fechas definitivas las tendría que decidir Manuela.

No sé... Sí, Ángela,

pero como acabo de decir, Manuela ya tiene bastante.

Así que,... A ver, Luisa.

...os pido que me entreguéis vuestro informe de evaluación.

¿Qué sentido tiene hacer esto

a mitad de trimestre? El sentido

de tenerlo todo encauzado y bajo control.

¿No es más lógico esperar a cerrar el curso?

Teresa, me tengo que hacer cargo de la dirección,

de mis clases y de las de Manuela.

¿Es mucho pedir que no me discutas y que colabores, por favor?

Si quizás no te cargases con tanto trabajo que no urge,

porque estará unos días fuera... Fin del debate.

Al final de la jornada,

los informes encima de mi mesa.

Gracias. Buenos días.

(Timbre)

(Puerta)

(Puerta)

(Pasos alejándose)

(SUSPIRA)

(Puerta)

Adelante.

Ah... Ángela.

Te traigo el informe de evaluación. Ah, muy bien.

Gracias.

¿Por qué no te tomas un respiro?

Podemos dar un paseo por la alameda. No.

Ángela, de verdad.

Es que tengo mucho trabajo.

¿Necesitas algo más?

Creo que, en parte, Teresa tiene razón.

Te cargas de obligaciones que no son de tu competencia.

Al fin y al cabo, solo estás de guardia.

Ángela, ya sabes que me gustan las cosas bien hechas.

Y aunque tú consideres que estoy solo de guardia,

creo que mi responsabilidad es dar el máximo.

¿Por qué no aprovechas y estás con tu familia?

Anda, ve a casa.

Hasta mañana.

Gracias, Ángela.

Hasta mañana. Cierra la puerta, por favor.

"Dicen que me estoy extralimitando en mis tareas".

Y me dicen que, al fin y al cabo, estoy simplemente de guardia.

¿Y tú qué crees?

Yo creo que estoy haciendo mi trabajo.

Y, además, estoy ayudando a Manuela.

Que, por cierto, la veo muy cansada.

Es evidente que ella no puede con todo.

Tengo que aprovechar estos días para enderezar esta academia

todo lo que me sea posible.

Fuiste una inconsciente al rechazar la dirección

cuando saliste elegida.

Inconsciente tú,

que colocaste a tu hija desde el primer momento.

"Touché".

Es el colmo que me tenga que enterar por ti y no por ella

de que mi hija anda por Madrid.

No te ha dicho nada porque son asuntos de trabajo.

No. Más que nada porque no me habla.

Verás cuando sepa que me has invitado a tomar un té aquí.

Tú por eso no te preocupes.

¿Y tú cómo te encuentras?

Bueno...

Va por días.

Por noches, mejor dicho.

¿Has vuelto a saber algo de Arcadio? No.

Igual cuando se le acabe el dinero, vuelve a aparecer por aquí.

Toda la vida haciendo lo mejor por nuestros hijos,

y mira ahora. No sé si lo mejor para ellos,

pero sí lo mejor que lo hemos sabido hacer.

Manuela, tú que aún puedes,

¿por qué no hablas con ella?

¿Con Manuela?

¿Después de que me echó de mi despacho?

Ni en broma.

Alguna debe dar el primer paso. Claro.

Manuela.

Ella es la que me debe pedir disculpas.

Las dos igual de dignas,

igual de cabezotas...

Perdonad, me había dejado la carpeta.

Buenos días, Teresa.

¿Ha pasado algo?

Anoche estuve meditando sobre tus consejos y los de Ángela,

los cuales agradezco.

Y, sí,

me di cuenta de que teníais razón.

No me puedo echar más trabajo encima.

Así que voy a delegar parte de mis tareas.

Doña Manuela, ¿va a volver a la academia?

Exacto. ¿Cómo?

Hasta que Manuela regrese.

Doña Manuela se hará cargo

de la asignatura de Historia. Luisa.

Como todas sabéis, o casi todas,

es la misma asignatura que la propia doña Manuela

impartió, brillantemente, por cierto,

durante tantos y tantos

y tantos años. ¿Y Manuela qué opina de esto?

Doña Manuela Martín Casado,

como usted sabe, se encuentra en Madrid

cumpliendo con obligaciones propias de su cargo.

Haga el favor de sentarse. Manuela.

Déjeme a mí.

Teresa.

Siéntate, por favor.

¡Sabes perfectamente...! ¿Podéis dejar de discutir?

¿Estás bien?

Sí, es que me tensan los gritos.

A ver, Luisa, sabes perfectamente

que Manuela no se habla con su madre.

¿Cómo se te ocurre meterla aquí?

Manuela está en Madrid.

No hay necesidad de molestarla.

A lo mejor Luisa tiene razón y no hay por qué ver un problema.

Lo sabrá, Ángela. O igual no.

Su fundadora sabe manejarse. Y si alguien sabe manejarla,

es Luisa. ¿Tanto te cuesta llamar a Manuela

y preguntarle lo que opina?

¡Si solo van a ser unos días! ¡¿Qué te está pasando, Ángela?!

Hablamos de Manuela. Nuestra amiga, nuestra directora.

¿Sabes cuál es la mejor manera de ayudar a Manuela?

Trabajando.

Yo misma llamaré a Manuela cuando llegue el momento oportuno.

Luisa, a esto se le llama traición.

No, a esto se le llama trabajo.

Buenos días, Teresa.

Cómo se han perdido las formas en solo unos meses.

(TODAS) Buenos días, doña Manuela.

-¿Y tú? -¿Y usted?

-¿Yo qué?

-¿Que qué hace aquí?

-Ser testigo de tu impertinencia y de tu falta de educación.

-No sé si lo sabe,

pero no nos levantamos para recibir a las maestras.

-¿Y tampoco mostráis respeto por la fundadora de esta academia?

-Yo a usted no le debo ningún respeto.

-Sal de mi clase ahora mismo.

Las demás, sentaos.

Espero que no tenga que volver a pedir

que os levantéis la próxima vez que vuelva.

-Sí, doña Manuela. -Sí, doña Manuela.

Doña Manuela.

¿Usted qué cree?

Sí que ha tardado...

"Vamos a ver, Manuela".

El método que utiliza tu hija ahora

ya no se basa en imponer la disciplina por las bravas,

sino en el acercamiento y el diálogo con las alumnas.

¿Y qué va a ser lo siguiente?

¿Que las alumnas nos den clases a nosotras?

Eso mismo dije yo hace un tiempo.

¿Y por qué lo permites? Manuela,

he sido una defensora de los valores y tradiciones

y tú lo sabes,

pero ahora Manuela es la directora

y mi trabajo es apoyarla dentro de mis posibilidades.

No voy a cambiar mi forma de entender la educación,

y menos, por unos días.

Precisamente porque son unos días,

también te pido que durante ese tiempo,

te adecúes a las nuevas reglas.

Ni en broma. Manuela, por favor.

Pero es que es inaudito.

El virus ese de la mequetrefe de los pantalones

os ha contagiado a todas. Vamos a ver,

esto es muy sencillo.

Ni tú ni yo estamos de acuerdo

con el rumbo que ha tomado esta institución.

Es intolerable. Pero,

por encima de todo esto,

de la academia, de las normas de antes,

de las de ahora, está Manuela,

con la que no te hablas desde hace meses.

Yo, mejor que nadie,

sé lo que es perder un hijo sin remedio.

Así que haz el favor de aparcar tu orgullo

y hacer, al menos, el esfuerzo

de intentar entender su forma de ver las cosas.

¿Yo? ¿Y por qué yo? Para que vea que pones de tu parte.

Es ella la que ha empezado. ¡Me da igual!

Ya está bien.

Es tu hija, por el amor de Dios.

No te humillas por dar el primer paso.

Disculpa.

Discúlpame.

No quería subir el tono.

Perdona.

Ni se te ocurra

volver a llamar

"imponer la disciplina por las bravas"

a lo que solo es salvaguardar el prestigio de esta institución.

Tienes toda la razón, no volverá a pasar.

Bueno...

Y, a ver,

¿qué estáis haciendo ahora para el acercamiento con las niñas?

¿Jugáis al Corro de la Patata en el aula magna

o saltáis a la rayuela en la capilla?

Tú misma promoviste muchas iniciativas

para reforzar el encuentro entre alumnas y profesoras.

Sí.

Pero con fines académicos, no para pasarlo bien.

Bueno, de acuerdo.

Pero una de ellas, concretamente,

le gustaba mucho a tu hija cuando era alumna en este centro.

Teresa, toma.

Tu correspondencia. ¿Qué es todo esto?

Han devuelto las cartas que has mandado al portugués.

No sabía que le escribías tanto.

Solo le he escrito un par de...

No tiene que darme explicaciones.

Usted sabrá. Ramón.

(Puerta abriéndose)

Manuela, ¿qué haces así?

Tienes mala cara.

Estoy bien.

¿Tú qué haces aquí?

Tu madre dijo que estabas en Madrid y vengo a por unos libros.

Bueno, y ropa, sobre todo ropa, estoy harto de repetir camisa.

Claro.

¿Seguro que estás bien? Sí, sí.

¿Y por qué has dicho que ibas a Madrid?

Da igual, Martín.

Déjalo, por favor.

Vuelvo en otro momento, ¿no?

No, no, no.

De verdad, no me molestas, para nada.

Coge lo que necesites.

Ya sabes dónde está el armario.

Sí.

Voy a...

"Yo te tomo a ti, Martín,

como mi legítimo esposo".

Dime, Candela.

¿Hasta qué punto es bueno

crearse expectativas que no se van a cumplir?

¿A qué te refieres? No sé,

esto de la caja del tiempo que propone Manuela que hagamos...

¿No...? ¿No te gusta la idea?

No, no veo muy bien que se nos anime a tener sueños

y deseos para dentro de diez años

que posiblemente no se van a cumplir.

-¿No eres tú muy joven para ser tan cínica?

-Lo normal cuando se te muere una hermana con 20 años.

Gracias, Candela.

Te puedes sentar.

A ver...

Es obvio que no todo lo que deseáis

se llegue a cumplir,

pero tener planes y proyectos es muy importante para vosotras.

Y, desde luego,

mejor opción que ir dando tumbos por ahí

sin un objetivo en la vida. ¿Eh?

¿Sí?

-Mi madre siempre dice que la vida tiene sentido

cuando nos sentamos a contemplarla, no cuando la ignoramos.

-Pero, cariño, tu madre es artista

y soltera.

Gracias, te puedes sentar.

A ver, haremos una ceremonia conjunta

para desenterrar el contenido que las antiguas alumnas

depositaron hace diez años en la caja.

Que volveremos a enterrar, pero en esta ocasión,

con vuestros objetos personales y vuestras cartas.

-A mí me parece buena idea.

(MURMURAN)

Cualquier ayuda que necesitéis para elegir el objeto

o definir la redacción de vuestras cartas,

aquí tenéis a doña Manuela.

Os dejo con ella.

Ten un poco de tacto, por favor. -Que sí.

Bien, lo primero de todo...

Creo que...

quizá esta mañana no hemos empezado con buen pie.

Yo sigo creyendo

que esta santa casa

es una institución respetable,

pero parece ser que ahora la línea entre lo respetable

y lo irrespetuoso se está difuminando.

En cualquier caso,

soy yo,

aunque sea la fundadora de la academia,

la que está aquí ahora de nuevas

y la que tiene que adaptarse a los nuevos caminos marcados.

Bien. Dicho esto, vamos a hablar de la caja del tiempo.

Esto era ya lo último que me quedaba.

O casi lo último.

Martín, no le digas a nadie que me has visto aquí.

No, claro que no.

Y mucho menos... Y menos a tu madre.

Lo sé.

Mira, igual no es el momento,

de hecho, no creo que sea el momento,

pero yo te lo pregunto y tú me dices.

¿Te importa si vengo mañana a cenar?

Mejor nos tomamos un café en la academia cuando vuelva.

¿Sí?

Sí. Sí.

(Campanadas)

A mí me parece un ejercicio precioso.

-Pero lo de hacerlo con doña Manuela madre, no sé yo.

Si fuera con doña Luisa, todavía.

-A mí me parece buena idea.

Imaginaos abriéndola dentro de diez años cuando seamos ricas.

-A saber dónde estamos dentro de unas semanas...

-Yo sí sé dónde voy a estar dentro de diez años.

Con mi Arcadio, casada y feliz.

Como Flavia. -Sí.

-Yo no pienso hacer nada con la bruja esa.

-Ha sido tu directora hasta hace nada.

-Valoro lo que tenemos y no quiero volver a eso.

-Resulta que lo que hizo doña Manuela fue malo.

-A ver, una santa, precisamente, no es.

-A ver, sí, es un ogro,

pero hizo esta academia para mujeres para que estudiásemos.

Se merece respeto. -Eso es verdad.

-Que no, que intentó boicotear mi juicio.

Ha puesto a todos en mi contra. Es una bicha.

Es de la misma calaña de los que me culparon de lo que pasó.

Anda y que la entierren a ella en la caja esa.

-Pues yo sí pienso participar.

Si no queréis pensar que lo organiza ella, no lo penséis,

pero pensad en nosotras juntas dentro de diez años.

Me gustaría hacer algo por los derechos de las mujeres.

-Pues... es básico inspirarse en mujeres

que han abierto puertas antes que tú.

No me acabo de creer este paripé.

Ya te dije que si alguien la conoce, es Luisa.

Toma.

Y busca en la biblioteca la vida de Abate Marchena.

¿Sabes quién es? -No.

-Murió hace justo 100 años.

Y él también es un referente cultural, histórico

e intelectual.

Y un revolucionario.

Y de Utrera.

Sí.

Aunque haya a quien le cueste aceptarlo,

también en Sevilla pueden nacer los grandes cambios de la historia.

-"A mí me gustaría tener"

un puesto de responsabilidad

o crear algo muy importante, como usted.

Doña Margarita.

-"¿Por qué no le dedicas tu carta"

a tu futuro esposo, a Enrique?

Es el hombre indicado.

Vas a tener una vida plena

y vais a ser muy felices

tu familia y tú.

"Me acuerdo perfectamente de todas mis alumnas,"

y tu hermana fue una de las mejores.

¿Por qué has querido asistir

a las clases de refuerzo de Biología con doña Luisa?

-Para subir mi nota y poder aspirar a una carrera universitaria.

-Hay pocas mujeres en investigación. -Lo sé,

y por eso voy a dejarme la piel. -¿Ves?

Tú también tienes un objetivo.

Y uno que puede ser un gran ejemplo

para futuras generaciones de alumnas de la academia.

Piensa en meter en la caja

algo para ti, anda.

No me parece buena idea que metas algo

para tu futuro, supuesto, esposo.

-Es que Arcadio es lo que más quiero en mi vida.

-A ver, María Jesús,

Arcadio no va a volver.

-¿Disculpe?

-Que te olvides de él.

Si Dios quiere, no vas a volver a verle nunca.

Arcadio se ha marchado de Sevilla.

Para siempre.

¿Querías decirme algo?

-¿Tú... dónde te ves dentro de diez años?

-Pues...

Hasta hace dos días, como quien dice,

iba a heredar parte del imperio Peralta,

pero hoy estoy limpiando cristales,

no sé yo muy bien... dónde.

-Lo siento, soy una idiota.

-Que no, mujer, no es tu culpa. -Debería pensar las cosas

antes de hablar. Lo siento. -Ya.

Pues a mí me gusta.

Que hables.

Aunque sea sin pensar lo que dices.

-¡Hola, Tomás!

¿Me echarías una mano?

-Claro, Margarita.

¿Y esto para qué dices que es?

¿Para la caja del tiempo? -Para mi yo del futuro.

-Tu yo del futuro. -Claro.

Cuando desenterremos la caja,

yo tendré la edad de doña Manuela hija,

sería un vejestorio, así que qué mejor regalo

que una imagen de mí misma. -Claro, Margarita.

-¿Así qué te parece?

-Inclina la cabeza.

-¿Crees que podría ser buena actriz? -Por supuesto.

-Vale. ¿Me das alguna idea?

-Sorpréndete.

Ahora, tristeza. -Ay.

Sí.

Sí, sí, claro que sigo aquí.

Oiga, ¿puede hacer el favor de pasarme ya?

¿Cómo?

Claro.

Gracias.

¿Va todo bien?

Llevo ni se sabe el tiempo esperando a que mis padres contesten.

No han sido capaces de responder.

Desde el juicio, todo ha ido a peor.

¿Fueron mal las cosas en casa en Semana Santa?

Mi madre me preguntó un par de veces por los estudios,

pero mi padre no fue capaz ni de mirarme a la cara.

No te calles lo que necesites decirles.

No te lo quedes dentro.

Es imposible hablar con ellos. No me escuchan.

Yo tampoco tenía una relación muy estrecha con mi padre.

A tu edad, me podía pasar meses sin hablar con él.

¿Y qué hacías?

Pues escribía lo que me pasaba,

lo que sentía, lo que... quería contarle.

¿Y te respondía? No, no, no se lo enviaba.

Lo escribía para mí.

Y, luego, cuando estábamos juntos,

algunas las compartía, y otras, no.

Y así era todo más sencillo.

¿Tú has pensado ya lo que vas a meter en la caja?

¿Y eso qué tiene que ver ahora?

Se me está ocurriendo que podías aprovechar

para sacar todo esto que tienes dentro,

y no sé, escribirle algo a tu padre, por ejemplo.

Incluso meter algún objeto que te vincule con él.

Quizá dentro de diez años, lo veas distinto.

A ver, a ver...

¿Me estás diciendo

que estás apoyando un ejercicio de doña Manuela?

Lo negaré delante de cualquier juez.

¿Le querías?

A tu padre.

No sé, como estabas tanto tiempo sin verle...

Sí.

Dime, María Jesús.

¿Qué necesitas?

Quería preguntarle por Arcadio.

Quería saber si podía llamarle a casa de sus abuelos.

No, eso es imposible.

Es que allí no hay teléfono, ¿sabes?

¿Qué te pasa, María Jesús?

Se ha ido por mí, ¿verdad?

¿Cómo?

Por eso no quiere hablar conmigo. No, María Jesús.

No empieces a fustigarte. No tiene nada que ver contigo.

Se ha ido por... Doña Manuela dice que no va a volver.

¿Perdón?

¿Es verdad?

¿No está en casa de sus abuelos?

No. ¿Y dónde está?

Eso ahora da igual, María Jesús.

Yo misma le pedí que se fuera

y no le permití que se despidiera de ti.

Lo siento mucho. Tenía que habértelo contado antes.

Sé que ahora te cuesta, pero...

algún día entenderás que es lo mejor que podía pasar.

Lo siento.

¿No me decías que tenía que ser más cercana con ellas?

¿Qué es para ti ser más cercana? ¿Decirle que no va a volver jamás?

Alguien tiene que espantarle los pájaros de la cabeza.

Tú estás siendo muy blandita.

No puedo decirle la verdad de sopetón y que lo entienda.

Hay que tener más tacto, ir más despacio.

Suenas igual que mi hija.

Habláis de ellas como si fueran de cristal.

Yo fundé esta academia

para enseñarles a ser mujeres fuertes,

no mujeres sumisas con estudios. Bien. Venga, hasta mañana, anda.

Mira, me pones...

(Campanadas)

"Operadora 114". Operadora.

"Dígame".

Con la Academia de Señoritas de Sevilla.

"Enseguida le paso". Espero.

(Teléfono)

¿Dígame?

¿Madre?

¿Hija? (CUELGA)

Doña Manuela, qué pronto ha vuel...

¿Y su maleta?

¿Cuándo has llegado?

No te esperaba tan pronto. Eso está claro.

Si acabamos de hablar por teléfono. ¿Se puede saber qué hace aquí?

Así que no estabas en Madrid. ¿No estabas en Madrid?

¿Perdón?

Luisa me llamó para que le ayudara.

Luisa.

¿Podemos hablar... en tu despacho?

¿Y bien?

Hay una explicación. La estoy esperando.

Como sabes, estamos cerrando el curso y hay mucho que hacer.

Y me dijiste que me fuera tranquilamente

porque estaba todo controlado y ya veo que no.

Tú dijiste que ibas a estar en Madrid y ya veo que no.

Mira, Manuela,

solo necesitaba ayuda para cubrir tus clases.

Y como tu madre siempre ha dado... Cualquiera de las maestras

podría haber cubierto mis clases.

¿Por qué la llamas a ella si sabes que no la quiero aquí?

Solo ha venido para echar una mano con su mejor intención.

Bueno...

Ya estoy de vuelta, así que ya se puede marchar.

Está poniendo mucho de su parte, Manuela.

Hasta aquí, Luisa.

Ya puedes volver a tus responsabilidades de siempre.

Gracias.

Ya está todo aclarado.

Todavía no nos has contado dónde has estado.

No es asunto suyo,

y mucho menos, un tema para tratar en un claustro.

Le agradezco su ayuda, pero...

ya no la necesito aquí.

Se puede marchar.

¿Y...?

¿Y la caja del tiempo?

¿Qué? Las niñas

están muy ilusionadas.

Te dije claramente que... Manuela,

a ti te gustaba mucho cuando tenías su edad.

Hablaré con las alumnas, lo cancelaré inmediatamente.

Por favor.

Pues... ha sido un placer compartir con ustedes,

señoras, estos momentos fugaces. Manuela...

Necesito un rato para preparar el claustro.

Os espero en media hora. ¿Quieres hablar?

No, quiero estar sola. Gracias, Teresa.

¿Tienes un minuto, por favor?

Claro.

"Sé que me vas a odiar"

por decir esto, pero...

no puedo evitar empatizar con tu madre.

Tú no sabes lo doloroso que es para una madre

que le priven hablar con sus hijos.

Incluso para la tuya,

por muy dura que se esfuerce en parecer.

David se... ha llevado a nuestros hijos de casa.

¿Qué?

Desde Semana Santa.

¿Y no has podido verles?

Pero, Ángela...

¿Cómo no me lo has contado antes? ¿Recuerdas hace unos meses,

cuando estaba especialmente esquiva, que me preguntaste qué me pasaba?

Claro. Yo te pedí volver a casa, pero...

hice algo horrible para David y para los niños.

Pero no para mí.

Mi familia es lo que más quiero en el mundo,

pero, Manuela, lo que pasó me hizo tan feliz...

Ángela...

Perdóname por meterme en donde no me llaman, pero...

aunque no te lo creas,

tu madre se ha intentado amoldar a tu dinámica en la academia.

Ha puesto todo de su parte, se ha acercado a las niñas...

Lo de la caja ha sido por eso. Eso fue Luisa.

¿Cómo?

Que lo organizó para que mi madre viniese

y nos volviéramos a ver.

¿Te puedo ayudar de alguna manera?

No.

Hola.

-Hola.

Retiro lo que te dije.

Mejor no lo hagamos. -¿El qué? ¿Hablar?

-Pues sí.

Al menos, como si tal cosa.

-Te veo todos los días aquí.

¿Te giro la cara? -No, tampoco.

Bastante puñeta es ser el que te limpia los cristales,

como para encima ser el amiguito que los limpia.

Mira, que no.

Lo mejor es que cada uno se dedique a lo suyo.

Yo a mi faena, y tú, a tus clases.

Y cuando haya más gente,

nos cruzamos, nos saludamos y ya.

-Pero esto es injusto.

Me da la sensación de que yo soy la culpable de que estés aquí.

-Un poco sí. -¿Perdona?

-Yo estaría tan a gusto en mi finca.

-Creí que lo hiciste por evitar una injusticia.

-Claro que sí,

pero sabes que también lo hice por alguien más.

No solo por ella.

-Es decir,

que solo me acerque a ti por temas de trabajo, ¿no?

Mantenimientos y arreglos.

-Pues te lo agradecería bastante. -Muy bien.

¿Y qué tiene de malo que Luisa haya querido provocar un encuentro?

Martín, ¿después de todo lo que ha pasado?

¿No estás siendo un poco injusta?

¿Injusta?

Tu madre te ha preparado para sacar lo mejor de ti.

Me prepara para que sea una mujer que no soy.

Te dio la dirección de su academia. Porque no tenía más hijas.

Pero tenía a Luisa.

Luisa no me lo ha podido poner más difícil.

Y aun así, has salido adelante aún más fuerte.

De verdad, no veo ningún fracaso por ninguna parte.

No sé.

Llevaba años soñando con dirigir la academia, y cuando me llega,

nada es como me lo imaginé.

Sabía que iba a tener que trabajar, que esforzarme,

que dejarme la piel,

pero no sabía que iba a ser tan complicado.

A veces los sueños cuestan, pero hay que seguir luchando.

Eso lo he aprendido hace poco.

¿De verdad quieres vivir separada de ella para siempre?

Es tu madre, sabemos cómo es.

No es, ni de lejos, perfecta, pero... nadie lo es.

Ni tú.

Aunque yo crea que sí.

No malgastes el tiempo alejada de ella mientras la tengas.

"Los sueños se cumplen,

querida Manuela, o por lo menos, eso quiero pensar".

"Quiero pensar que cada día

tomamos decisiones que nos puedan parecer

las mejores del mundo y luego las peores,

pero que no dejan de ser semillas

para conseguir la mejor versión de nuestras vidas".

(Teléfono)

¿Sí? "¿Acepta la llamada de Manuela?".

Sí, acepto la llamada.

"Ahora le paso".

"¿Luisa?". ¿Manuela?

¿Todo bien? ¿Pasa algo? "No, no, no. Todo bien".

Mira, eh...

Te quería pedir que...

"¿Sí, Manuela? Dime, ¿qué necesitas?".

Te quería pedir que organizaras la ceremonia de la caja del tiempo.

¿En serio?

"Sí".

Claro, Manuela, sin problema. Yo me encargo.

"Estupendo".

Manuela. "Dime".

¿Aviso a tu madre?

Sí, por favor.

Muy bien. "Gracias, Luisa".

Hasta mañana. "Hasta mañana, Manuela".

Átalo ahí, niño.

Va a quedar estupendo, doña Manuela.

"Las mujeres"

tenemos el cargo social

de ser las embajadoras de nuestras casas

y de nuestras familias.

Unas maneras correctas son el reflejo de una vida correcta.

Flavia, por favor, ¿puedes salir al estrado?

Te escojo como voluntaria,

aprovechando que tenemos una próxima esposa de su hogar.

La forma de sentarse no es de ninguna manera baladí.

La espalda debe estar recta

y dibujar una postura estable

y ordenada.

Coloca un poco los hombros para atrás.

Mejor. (RÍE)

Por favor.

Probadlo cada una en vuestros asientos.

Intenta parecer

un poco más relajada. Respira.

(RÍE) Mejor.

Margarita, perfecta.

Candela, es cuestión de la colocación de los pies.

Que dibujen un ángulo recto.

Así es.

Roberta, eleva la barbilla. Exacto. Así.

Hice lo que me dijiste. Ajá.

Pero son solo palabras que estarán enterradas durante diez años.

No son solo eso.

Esas palabras han nombrado tus sentimiento y tendrá su efecto.

¿Y qué objeto has decido enterrar?

Me lo regaló mi padre.

Bueno, es el último regalo que me hizo

antes de retirarme la palabra.

¿Puedo?

¿Pasa algo?

No, no, no, no.

Es precioso.

"Ignoramos nuestra verdadera altura...".

"Hasta que nos ponemos en pie".

Emily Dickinson.

Es una de mis citas favoritas.

Toma.

Nos vemos luego.

Con esto está todo. Claro que sí.

Es un momento... Nos va a venir muy bien.

Disculpad.

No me lo puedo creer. ¡Manuela!

Estáis iguales.

Bueno, casi. El tercero.

¿En serio?

Ya sabes las ganas que tenía de ser madre, como tú.

¿Eso decía yo? Digo...

Tus objetivos siempre fueron ser madre y la directora de la academia.

Lo tenías clarísimo. Fíjate.

¿Y... cuántos tienes ya?

Bueno, digamos que... de esos dos objetivos

se ha cumplido uno. Bueno, ya llegará.

Qué alegría verte.

Hija, estás igual, igual. Y esto lo tienes

tal y como lo recordaba con tu madre.

Algo ha cambiado, la verdad.

¿Me acompañáis?

Buenas tardes a todas.

Como ya sabéis, hoy celebramos el décimo aniversario

de la brillante iniciativa,

de la no menos brillante,

anterior directora y fundadora de esta academia,

doña Manuela Casado,

mi madre.

Yo, junto a mis otras compañeras

aquí presentes,

fui una de las alumnas de la promoción

que enterró en esta caja sus deseos hace diez años.

Pero primero procederemos a enterrar

los objetos y cartas de las alumnas.

Flavia Cardesa González.

¿Puede pasar a la siguiente, por favor?

Claro. Pero ¿estás bien?

Tengo que corregir una cosa.

Enseguida vengo.

Dorotea Alonso Feijó. (CIERRA LA PUERTA)

"Querida Flavia...".

"Querida Flavia:

Ahora tengo claro lo que me gustaría decirte

y lo más importante es que seas tú misma

en cada decisión que tomes".

"Que cada cosa que elijas hacer en la vida la hagas por ti

y porque te hace feliz. Sin importar los deseos del resto".

-"Cuando me imagino una vida

al lado de Arcadio,

mi corazón se ilumina de felicidad".

"Ahora que sé que esto no es posible,

solo te pido, María Jesús,

que seas feliz contigo misma".

"Que te quieras bien".

"Me da igual qué seas y dónde estés,

pero quiérete como yo no soy capaz de hacerlo ahora".

-"No tengo dudas de que dentro de diez años estaremos más cerca

de conseguir eliminar

las injusticias contra las mujeres".

"Y yo pienso ayudar para conseguirlo".

"Me gustaría que cuando leas esta carta,

hayas conseguido que nadie te juzgue por cómo has elegido vivir tu vida".

"Sea cual sea esa vida".

-"Serás una directora de academia o una abogada de éxito".

"O puede, incluso, imagínate que llegas a ser actriz".

"Las posibilidades son tantas,

que no puedo decidirme aún por ninguna de ellas".

"Lo único que tengo claro es que cuando leas esta carta

y veas mi foto,

ya serás doña Margarita".

-"Si acabas consiguiendo

con tu esfuerzo y la ayuda de maestras como doña Luisa

descubrir, no sé, alguna vacuna milagrosa

que salvara la vida de cientos, o incluso, de miles de personas,

¿no merece la pena todo el esfuerzo que estoy haciendo ahora?".

"Espero que dentro de todo este tiempo,

puedas responder que sí".

"Que mereció la pena".

-"He elegido este espejo porque cada vez que me miro,

me recuerda el cambio de la relación".

"Fue lo último que me regalaste antes de enviarme aquí".

"Después, nada volvió a ser igual".

"Pero no estoy dispuesta a dejarlo así".

"No importa lo que haya pasado si dos personas quieren escucharse".

"Todo se puede arreglar".

(Aplausos)

-"¡Un momento!".

Un momento, por favor. Un momento.

Ha llegado el momento de abrir

los recuerdos de nuestra promoción.

Si me lo permitís,

seré yo quien proceda a abrir mi objeto personal y mi carta.

"Querida yo del futuro:

Estos son mis deseos para ti".

"Deseo que vivas en un hogar lleno de amor,

de felicidad y de recuerdos bonitos".

"Recuerdos construidos al lado de un marido que te quiera

y que te apoye,

y de muchos hijos que jamás se despeguen de ti".

"Deseo que cuando leas estas líneas,

hayas encontrado todas las respuestas

a las mil preguntas que te haces cada día".

"Porque sé que eres así, inquieta,

inconformista

y curiosa".

"Pero sobre todo deseo que puedas un día mirarte al espejo

y sentirte orgullosa de lo que eres

y satisfecha de todo lo que has conseguido".

Perdón.

"Durante muchos años,

he sido testigo de primera mano

de la lucha constante y de los esfuerzos

realizados por una mujer

para lograr un lugar único

donde educar a las mujeres del futuro".

"Esa mujer es, quién si no,...

mi madre".

"Ella no es solo la persona que vigilaba para que no me cayera

cuando era pequeña".

"No es solo mi heroína particular".

"Es mi mejor amiga

y la persona que más admiro en este mundo".

"Manuela, como te conozco,

ahora mismo estarás echa un mar de lágrimas mientras lees esto".

"Así que tómate un segundo para abrir

tu objeto personal".

(Campanadas)

"Si pudiera pedir un deseo para dentro de diez años,

sería, sin duda,

el de poder convertirme en alguien parecido a mi madre".

Me gustaría que se acercase doña Manuela Casado

a recibir el homenaje como creadora de esta academia.

Por favor.

Toma.

Mi anillo.

Es...

una réplica del anillo que llevaba Juana de Arco

cuando la quemaron por hereje.

El que te regaló la abuela cuando eras pequeña.

No lo habías perdido.

Ha sido muy bonito.

Y muy intenso.

Y para alumnas y exalumnas.

Ah, sí, me he colado. Me declaro culpable, su señoría.

Tú eres su señoría.

Bueno, sí, pero me declaro culpable igualmente.

No quería dejarte sola

después de lo que hablamos el otro día.

Gracias por el café.

Gracias por tomártelo conmigo.

¿Tú crees que ya podemos pasar a lo de la cena en casa?

Tengo que despedirme de mis invitadas.

Lo hablamos en otro momento,

¿de acuerdo?

Sí.

Esta noche te vienes a dormir a mi casa.

No hace falta que me cuentes nada si no quieres,

pero ya vale de estar las dos solas. ¿No crees?

Gracias, Manuela.

Me voy.

Muy bien, madre.

Ha sido una ceremonia preciosa.

Gracias por celebrarla.

Y por invitarme.

No hay de qué.

Un placer.

¿Qué hacía aquí Martín?

No se le escapa una, ¿eh?

Ha venido a saludar, simplemente.

Si a mí me parece estupendo que venga.

Y a mí, que a usted se lo parezca.

¿Le acompaño a la puerta?

No vas a decirme dónde has estado, ¿verdad?

Son cosas mías.

¿Te estás viendo con otro?

Madre, por favor, no empiece.

Está bien, está bien.

Si solo quiero hablar contigo, pero no hay forma.

Madre.

Yo solo quiero comunicarme con mi única hija.

Porque creo que tengo derecho.

Veo a otras madres... Ya, por favor.

Hoy hemos dado un paso muy grande

para volver a andar lo que hemos desandado.

Tengamos el resto del día en paz, que ha acabado muy bien.

Está bien.

Me voy.

No hace falta que me acompañes.

Madre. ¿Qué?

Quiero que sepa que lo siento mucho. ¿El qué?

Que nunca vaya a cumplir sus expectativas.

Mira, sé que te gusta el suspense, pero me va a dar un tabardillo.

Sí, un espejo muy bonito, ¿y qué?

Es idéntico al que acaba de meter Roberta en la caja del tiempo.

Y hasta tiene una inscripción en el reverso que es igual.

Me lo regaló mi padre cuando tenía la edad de Roberta,

y a ella, el suyo.

Entonces, ¿tu padre y el de Roberta...?

Se conocían.

Lo masculino y lo femenino

a veces no se ajusta con la realidad.

Y definirlo de esta manera, solo nos puede hacer daño a todos.

"Cancelado acuerdo entre el embajador de España en Portugal

y José Francisco Luna". Su padre.

Quizá fue un ajuste de cuentas.

Por bastante menos que eso aquí te matan.

Ni este pintalabios ni todo el maquillaje que os pongáis,

os va a ayudar a ser más

o menos mujeres.

Las que somos guapas, lo somos de nacimiento.

"Somos valientes

y decididas".

"Somos impredecibles y espontáneas".

"¿Por qué tenemos que renunciar a nuestros deseos?".

"¿Por qué tenemos que elegir un solo camino?".

"¿Por qué no podemos tenerlo todo?".

Si vuelves a acercarte,

me los llevo de Sevilla.

Os animo a dos cosas.

Que no juzguéis nunca a nadie.

¡Machorra!

(HABLAN A LA VEZ) ¡¿Qué está pasando?!

Que seáis valientes

y seáis los hombres y las mujeres que queráis ser.

¿Exactamente tú y yo qué somos ahora?

  • Capítulo 11: 'El espejo en que me miro'

La otra mirada - Capítulo 11: 'El espejo en que me miro'

11 jul 2018

Debido a un viaje a Madrid, Manuela deja la academia en manos de Luisa. Pero en realidad, todo es una mentira, ya que la joven lo que hace es encerrarse en su casa. La directora no levanta cabeza desde que apartó a Martín de su vida. Mientras tanto, en la academia, Luisa, desbordada de trabajo, llama a la antigua directora, Doña Manuela, para que le ayude en la dirección. La madre de Manuela vuelve a ponerse al frente de la institución que fundó, pero a cada minuto comprueba con frustración cómo esta ha cambiado desde que su hija tomó las riendas. No obstante, Luisa intenta hacerle ver el lado bueno de los cambios de su hija y le recuerda una actividad que ella hizo en sus tiempos y que podría volver a hacer: la caja del tiempo. Por otra parte, Flavia intenta ocultar sus sentimientos por Tomás cada vez que lo ve por los pasillos; y Roberta intenta ponerse en contacto con sus padres, ya que tras el juicio se han mantenido alejados de ella.

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  1. Daniela

    Roberta y Teresa son hermanas???

    ayer