'La otra mirada' muestra un centro de enseñanza aferrado a las tradiciones propias de la Sevilla de la época de entreguerras. Todo este universo y sus pilares se tambalean con la llegada de una nueva profesora que viene con un objetivo secreto relacionado directamente con la academia.

La serie retrata la sociedad de la época a través de mujeres adultas y valientes junto a jóvenes llenas de ilusión que afrontan problemas y retos muy actuales y es un homenaje a la institución educativa.

‘La otra mirada’ está dirigida por Luis Santamaría, Mar Olid, Fernando González Molina, el dramaturgo Miguel del Arco y Pablo Guerrero. La idea original es de Josep Cister y Jaime Vaca, quien también es coordinador de guion.

El reparto está encabezado por Macarena García, Patricia Lopez Arnaiz, Ana Wagener y Cecilia Freire, e incluye también a Begoña Vargas, Lucía Díez, Elena Gallardo, Abril Montilla, Carla Campra y Paula de la Nieta, jóvenes promesas de la interpretación que dan vida a las alumnas de la academia. Completan el elenco Gloria Muñoz, Jordi Coll, Paco Mora, Carlos Olalla, Juanlu González, José Pastor, José Luis Barquero, Alvaro Mel, Filipe Duarte, Celia Freijeiro, Pepa Gracia o Alejandro Sigüenza, entre otros.

Temporada 1

Sevilla, 1920. Teresa, una mujer de cuarenta años, llega a Sevilla huyendo del misterioso asesinato del embajador español en Lisboa y tras la pista de un nombre: Roberta Luna, una alumna de la academia de señoritas de la ciudad. Intentando recabar información sobre la joven, Teresa decide hacerse pasar por profesora y solicita plaza en la Academia. Tras sorprender a la nueva directora Manuela por sus ideas progresistas y su nueva mentalidad, Teresa consigue el puesto y pasa a ser una más en el plantel de profesoras de la academia. Sin embargo, no todo va a ser igual de fácil para Teresa, ya que allí se encuentra con la oposición de su compañera más experimentada, Luisa, y la desmotivación de unas alumnas que nunca han recibido una educación que les ayude a pensar y a valerse por sí mismas.

Temporada 2

Tras cuatro meses en la cárcel, Teresa es declarada inocente del asesinato de su padre y sale de prisión, pero la profesora no es la misma: no tiene fuerzas para encarar su relación con Roberta, su hermana, justo cuando la alumna ha tenido que aceptar que su madre María Antonia es una asesina. Sin embargo, Teresa encuentra la ilusión cuando se tropieza con Inés, una joven buscavidas africana que está sola en el mundo. Se le ocurre un plan: llevarla a la Academia para que pueda formarse.

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No recomendado para menores de 12 años La otra mirada - T2 - Capítulo 17: "Mujeres olvidadas" - ver ahora
Transcripción completa

Ellos son Jorge Merlot, director de cine

y Benito Padilla, el mejor actor de España

y mi primo favorito.

Van a impartir unas charlas.

Queremos que contéis vuestra historia

en una película de cine que vais a hacer vosotras juntas.

Concibo la visión que los hombres tienen del mundo.

Necesitamos mujeres contadoras de historias,

escritoras, directoras... ¡Corten!

-¿Ahora qué? -Quiero más complicidad.

-¿De qué?, si le acabo de conocer.

Se supone que somos novios.

Lo sabe toda Sevilla.

-¿Qué le ha hecho? -Es una buscona.

-¿Qué le ha hecho? -¿Qué pasa aquí?

-"Haga lo que haga, me va a perseguir para siempre".

¿Desde cuándo llevas en la calle? Desde pequeña.

¿Tus padres? No tengo.

"Nuestros problemas nunca serán los mismos".

-A lo mejor lo que queremos sí es igual.

Ya vienen, vámonos. -¡Déjame en paz!

-No te acerques más a él.

¿Qué ha pasado?

Roberta es mi hermana.

Ella tiene todo el derecho del mundo a saberlo, pero yo ahora...

Yo ahora me encuentro muy débil.

Estás muy rara.

Me caes muy bien, pero yo estoy aquí para estudiar y tú para trabajar.

Podríamos irnos fuera de Sevilla.

¿Y la academia?

Iba a salir a comer, ¿te apuntas?

Claro, tengo la tarde libre.

Roberta no está pasando por un buen momento.

Necesito tiempo, te lo dije.

Te estás alejando de ella.

Hace mucho tiempo que no me siento tan viva.

Poca gente le da en su segundo intento.

¿Quieres aprender más? Sí, claro.

-Si no os gusta cómo se cuenta la historia,

contadla vosotras mismas.

Las cosas no van bien. ¡¿Por qué me pediste que volviera?!

¡Mi madre me lo pidió!

A cambio del dinero que me dio para la academia.

¿Cómo van las cosas?

Ha habido un imprevisto con la ayuda, pero está arreglado.

Entiendo que no puedas con una pareja,

pero deberías cuidar de una hermana.

Gracias por venir, no sabía a quién más llamar.

(Música)

(Apaga la música)

(Ruido)

¡¿Puedes parar con eso?! ¡Ah!

(Sintonía de "La otra mirada")

Buenos días.

-Buenos días.

Que no llegamos.

Perdón.

Buenos días.

¿Qué tal?

-¿Qué pasa?

-Nada, ¿qué va a pasar?

Venga, vámonos a clase.

No llegamos.

Se lo va a contar a media academia.

-¿Y qué? Tampoco estamos haciendo nada malo.

-Ya lo sé.

Pero van a hablar, y no me apetece que hablen.

Subes a arreglar cosas, y eso es muy sospechoso.

Tenemos que vernos con cuidado.

"Melilla,"

agosto de 1909.

La mujer que veis,

es la primera mujer corresponsal de guerra de España,

Carmen de Burgos, también conocida como Colombine.

Quiero comenzar con el género periodístico.

Quiero que hagáis una redacción

sobre la corresponsalía de un diario. Aquí tenéis ejemplos.

¿No íbamos a hacer una revista? Eso pone en el plan de estudios.

No la vamos a hacer. -Nos hacía mucha ilusión.

Buscar ilusión en la redacción que os he pedido.

No entiendo por qué tanto empeño en una revista.

Las alumnas llevan esperándola desde principio de curso.

Y porque estaba en el plan de estudios.

¿Qué problema hay?

Es mi asignatura y puedo llevarla como considere.

Creo que hay algo más.

¿Algo más? Sí.

¿Y qué más?

Que esta mañana has hablado mal a una compañera.

No le des importancia,

todas tenemos días complicados.

Sí que le doy importancia, Luisa.

No puedo permitir que nos hablemos mal entre nosotras

ni que una maestra, sin motivo aparente,

decida que no va a llevar a cabo una actividad.

¿Me acusas de incumplir mis funciones?

No sé, Teresa.

Sé que estás pasando por un mal momento, pero...

igual tenías razón y tenías que haberte tomado un descanso.

A ti en tu mal momento, ¿qué tal te vendría un descanso?

No te preocupes, haré a revista.

¿A qué se refería, Manuela, qué te pasa?

Martín y yo no estamos juntos.

Empezamos estirando a la izquierda.

Así. Muy bien. Estiramos más.

Muy bien.

Y del otro lado. No llamar es de mala educación.

-Y de poca cabeza meter al novio en la habitación.

-Que no es mi novio. -Casi os pilla Flavia.

-¿Qué pasa con Flavia?

Y ahora, abrimos las piernas

y tocamos el suelo con las manos. Así.

-Margarita, presta menos atención a lo que le pase a Flavia

y dedícate más al jardinero, que no te quita ojo.

-Qué pesado es.

Parece que se ha enamorado de mí, y no me extraña.

Me sigue a todos lados, parece mi sombra.

(Silbato)

Brazos en cruz y damos saltos.

Venga, todas. Más energía, por favor.

Venga.

Más arriba.

-¿Qué le pasa a Flavia, no está muy blanca?

-¿Estás bien? Tienes muy mala cara.

-¿Falta mucho?

-Doña Carmen,

¿podemos descansar? Por supuesto que no.

Si os cuesta respirar, abrid la boca...

Flavia.

-¿Qué ha pasado?

-(VOMITA)

-Parece que ha soltado algo más que aire.

Ya has recuperado algo de color.

¿Desde cuándo te encuentras mal?

-Llevo como unos días un poco cansada.

-¿Cuándo ha sido la última vez que has tenido el periodo?

-No sé, no sabría decirle, no los tengo muy regulares.

-Es importante que controléis eso bien, no solo por los embarazos.

-¿Cree que estoy embarazada?

-No sé, ¿hay alguna posibilidad?

-No. A ver, sí, pero ¿cómo voy a estar embarazada?

Habrá sido la gimnasia.

-Vamos a ver, Flavia, las nauseas, el dolor de abdomen, el hinchazón,

son síntomas de un posible embarazo.

Quiero llevarme una muestra de orina y hacer unas pruebas.

También te quiero hacer un reconocimiento.

Vamos allá. -No se lo dirá a nadie, ¿verdad?

-Primero tendré que saber si hay algo que decir, ¿no?

Ahora te vas a beber esto.

En un par de días volveré con los resultados.

Benito Padilla, Santiago Bernabéu, Fortuny y Madrazo.

¿Eso es todo lo que proponéis para la revista?

¿Una mujer?

(CARRASPEA) Flavia.

¿Qué?

¿Has elegido una mujer para tu artículo?

No.

Bueno, pues ya que tenemos que hacer la revista,

¿qué os parece si nos centramos en mujeres?

-¿Y de dónde sacamos la información?

En eso consiste el periodismo.

Tenéis que escoger una mujer que os inspire,

en la que os sintáis reflejadas.

Un referente.

-¿Puedo escribir sobre mi madre? Claro.

Una madre puede ser un gran referente.

Doña Manuela. Dime.

He seleccionado a Carolina y María Montagne

para el artículo de la revista.

Pero no sé dónde buscar más información, solo tengo esta imagen.

¿Y le has preguntado a Teresa?

Teresa.

Las hermanas Montagne, seguro que tienes más información que yo.

¿Qué necesitas?

Cualquier cosa, revistas, libros, lo que sea.

Creo que tengo en casa una revista, te la traigo mañana.

De acuerdo.

Gracias.

¿También estás planeando fugarte?

Algún día iré a África.

En Sevilla solo cuentan historias de esclavos.

Pero yo sé que hay mucho más. Allí están mis orígenes.

¿Tienes padre?

Murieron.

¿Y hermanos?

No.

Estamos solas.

¿Has pensado sobre quién vas a escribir para la revista?

Había pensado en escribir sobre ti.

Pues peor no puedes elegir.

Ya, pero tampoco tengo muchas opciones.

Me gustaría hablar sobre mi madre, como harán otras chicas,

pero ¿qué voy a contar, que era una prostituta o una criada?

¿Y qué que fuese una criada o una prostituta?

Era una mujer, ¿no?

¿Me acompañarías al hospicio a buscar información sobre ella?

Lo siento, Inés, no puedo.

Y, sinceramente,

creo que es muy difícil conseguir esa información.

Bueno, a mí me gustan las cosas difíciles.

Lo vas a hacer de todas formas, conmigo o sin mí, ¿verdad?

Sí. ¿No lo harías tú en mi lugar?

Te acompaño, pero tendrás que hacer todo lo que te diga, ¿eh?

¿Te ha gustado?

-No.

Bueno, sí, es muy bonita.

Tenemos un trato, yo a mis estudios y tú a tus rastrojos.

Y se acabó.

-No quiero que se acabe.

Me gusta estar cerca de ti.

-Agradezco tu interés, pero te pedí que me dejaras tranquila

y te veo en casa esquina.

-Sí, porque es donde debo estar. -¿Por qué?

-(SILBA)

-Confía en mí.

Te espero a las 12 en la capilla y te lo cuento todo.

-Ya veremos si voy, no prometo nada.

Echo de menos Sevilla.

Estoy cansado de tanto viaje.

Ya ni siquiera te molestas en fingir interés, ¿tanto te aburro?

-No, perdona, ¿qué decías? -Es igual.

Cuéntame algo tú. ¿Cómo van las clases?

-Estamos editando una revista sobre mujeres que nos inspiran.

Yo he elegido a doña Manuela hija. -No sabía que quisieras ser maestra.

-Y no quiero, pero doña Manuela ha sabido tener una carrera

y llevar una familia.

-Hasta donde yo sé, es ejemplo de todo lo contrario.

Ni siquiera tiene hijos.

-¿Qué pasará con mis estudios cuando tengamos hijos?

-Los dejarás, claro. Para ser una madre maravillosa.

"Han puesto una bomba"

en uno de los furgones de la fábrica de Rafael Peralta.

Menos mal que no hay heridos.

Parece que se le complican los negocios.

No me gustaría decir que me alegro,

pero tampoco me gusta mentir.

-Pues alégrate menos de las desgracias ajenas,

y céntrate en la academia, que me tienes muy preocupada.

Ayer coincidí con los Ortiz de Guzmán.

Sus hijas van a estudiar en Cádiz.

Los Fernández de Molina

también han descartado la academia. Tienen cuatro hijas.

Cuatro alumnas menos. Les invitaré

a las jornadas de puertas abiertas. No seas ingenua.

Sabemos qué tienen en común sus familias,

sus negocios con Rafael Peralta.

¿Y qué quiere que haga si nos difama entre sus socios?

Una buena directora

debe saber a quién se enfrenta.

No te conviene un enemigo así. -Tu madre tiene razón.

Los puestos de responsabilidad exigen prudencia y mano izquierda.

-Al final, siempre terminamos hablando de trabajo.

-Será porque no hay nada más importante.

¿Has ido alguna vez a París?

-No.

-Dicen que las señoras, para las casas de moda,

allí se sientan

y observan cómo las maniquíes se prueban los vestidos.

Me encantaría verlo.

(Se abre una puerta)

Viene alguien. -¿Qué haces?

-No es gracioso, hay que tener cuidado.

-¿Más? Si parecemos fugitivos.

-Tiene que ser así.

-Lo sé. Tengo la lección aprendida.

No es la primera vez que paso por esto.

-Yo no soy Flavia, ¿eh?

-Lo sé.

Lo sé.

Perdona, no quería decir eso.

Es que me gustas.

Y quiero hacer cosas contigo, como pasear por Triana,

estar juntos, pero sin escondernos.

-Sabes que no debemos.

-Pero yo lo siento así.

-Tomás, yo necesito más tiempo.

-¿Lo entiendes, no? -Sí.

Hasta mañana, hija. Adiós, padre. Gracias.

Buenas noches.

Buenas noches.

Ahí. Pégate más.

Ahí. ¿Lo escuchas?

-Pero ¿qué escuchas, a Dios?

-No.

Ahí, a esa pared.

Aquí también los oigo.

Están aquí, nos vigilan.

-Pero ¿quiénes?

-Los que me quieren hacer daño.

A mi tío Antonio también le perseguían.

En el pueblo le llamaban loco,

pero de loco nada.

El Antonio tenía más razón que un santo, lo sé.

-¿Por eso te pusiste nervioso en nuestra cita?

-¿Cuándo me van a dejar tranquilo?

Lo único que quiero es hablar contigo a solas,

pero otra vez están aquí.

Sí.

-Elías,

yo creo que es mejor que nos vayamos a dormir, es tarde.

-Sé que te he molestado estos días.

Pero me da miedo que te hagan algo.

-Ellos saben que me gustas.

Pero cuando estoy contigo, me siento bien.

No voy a dejar que te pase nada malo, te lo juro.

-Yo tampoco voy a dejar que te pase nada malo.

Pero vámonos a dormir, ¿vale?

-Vale.

(Puerta)

(GRITA)

(NO PUEDE HABLAR)

También es mala pata. ¿Es que no dormís a vuestra hora?

Voy a quitar poco a poco la mano y no vas a decir ni mu.

-¡¿Con Tomás Peralta?! -Chist.

-¿Qué te he dicho?

-La vas a ahogar.

-Sin gritar.

-¿Cómo ha pasado esto?

¿Quién lo sabe?

-Nadie.

-Mientes fatal.

-Lo sabe Candela.

Tienes que prometernos que guardarás el secreto.

-¿Cuándo he contado yo algo, eh?

¿Cuándo?

(Suenan las campanas)

¿Estás segura de que es aquí? Sí,

está igual. Solo falta el cartel.

Parece una vivienda.

Disculpe. -¿Qué se ofrece?

-Estoy buscando a mi madre.

¿Este es el antiguo hospicio?

-Por el precio adecuado, sí.

Gracias. Vamos.

Yo sé dónde puede estar tu madre. Ven a verme a la calle de los Arcos.

¡Eh, déjela en paz! Señora, que estoy ayudando.

¿Qué te ha dicho? Nada.

¿Crees que nací ayer?

Que vaya a la calle de los Arcos.

Este hombre solo quiere dinero.

Ni se te ocurra ir. ¿Y si dice la verdad?

¿Y si sabe algo de mi madre?

Te prohíbo que vayas a ese sitio. Y te lo digo muy en serio.

Lo volveremos a intentar otro día, ¿sí?

Doña Luisa. Sí, Roberta.

¿Ha visto a Teresa?

Sí. Esta mañana temprano vino a recoger a Inés.

No la he vuelto a ver. Si es que soy imbécil.

¿Perdona, por qué dices eso?

Me iba a ayudar con mi artículo,

pero tiene otras prioridades.

Roberta, no seas injusta, Teresa está muy ocupada.

Lo de la revista es una tontería.

¿Cómo que una "tontería"?

Mejor no tener referentes para que no te decepcionen.

¿Qué te pasa, Roberta?

¿Qué te pasa?

Nada, doña Luisa, déjelo.

Podrías prestar atención.

Margarita.

-Imposible, la psiquiatría es muy exigente.

Además, aquí falta la mitad del equipo de redacción.

-Es verdad. ¿Dónde está Teresa?

¿Y las demás?

-Inés se fue esta mañana y no ha vuelto.

-Flavia todavía no tiene nada.

No sé, está muy rara.

-¿Y Roberta? Hace mucho que no la vemos.

-Igual se ha echado novio. -¿De verdad?

-¿Qué os parece si acompañamos cada texto con una imagen?

-¿Tú no sabes nada? -Yo qué voy a saber.

-Júralo por que el pelo se te quede lacio.

-Si es que yo no sirvo para esto.

Los gastos del último mes.

A este ritmo, no llegamos a final de curso.

No te agobies.

Sigo buscando opciones.

No es solo eso.

Es por Martín, ¿no?

Le vi el otro día. ¿Sí?

Estaba destrozado.

Tiene sus motivos.

¿Por qué no me lo dijiste antes?

No sé. Lo siento. Todavía lo estoy asimilando.

Es muy raro. Seguimos viviendo juntos,

pero la situación es insoportable.

Estoy aquí para lo que necesites.

Lo sé.

¿Sois novios? -¿Cómo ha pasado?

-No lo sé, ha pasado y ya está. -Flavia no lo sabe, ¿verdad?

-¿El qué?

-Roberta y Tomás... son novios.

-Pues me alegro.

Os merecéis que os vaya todo bien.

-Gracias.

¿Esto es lo que me traéis?

¿La Duquesa de Carmona y sus pretendientes?

¿Y estos espacios en blanco qué son?

Yo estoy en ello. -Yo no tengo nada todavía.

Muy bien.

-Me hubiese encantado terminarlo, pero me falta la información.

Perdona, Roberta. Tenía cosas que hacer y...

No voy a hacerlo. ¿Cómo que no vas a hacerlo?

Ahora no quiero hacerlo. Ahora es una actividad obligatoria.

Exiges mucho para lo poco que das.

¿Cómo?

Te exijo lo que me corresponde como tu maestra que soy.

Y tú, como alumna, tendrás que ver que no eres la única.

No creo que lo sea.

Mirad, bastantes obstáculos nos ponen ya

para que solo ellos gobiernen,

lideren sus empresas y pongan sus nombres en las plazas.

Pero si nos lo tomamos a broma, no va a cambiar nada.

Vosotras veréis qué tipo de revista queréis.

(Suena la campana)

¿Desde cuándo fumas a escondidas? Necesitaba espacio.

¿Quieres que me vaya?

No.

¿Cómo estás?

Bueno,...

mucho trabajo,

pero bien.

¿Y tú? Bueno, ahí voy.

No tienes que preocuparte.

Eso es lo que hacen las personas cuando quieren a otras personas.

Tengo que irme.

Es que tengo algo que hacer.

Doña Manuela, ¿podría hacerle unas preguntas para la revista?

Claro, ¿sobre quién?

Sobre usted.

Estoy pensando en escribir

sobre mujeres que han compaginado su profesión y su matrimonio.

¿Y qué quieres saber?

¿Por qué no tiene hijos?

Lo siento si soy indiscreta.

Pero tendré que formar mi propia familia

y no sé cómo encaja eso con querer ser abogada.

Hay tantas maternidades como mujeres,

y hay mujeres que no pueden tener hijos.

Y otras que no quieren.

Yo sí quiero, pero... también quiero estudiar.

Si deseas ser abogada y madre, encontrarás la forma de hacerlo.

Puede que no sea fácil,...

pero aquí estamos para apoyarte.

Y seguro que Enrique también lo hará.

¿Tienes alguna pregunta más?

(NIEGA)

¿Ves como no era para tanto?

Mejor esto que estar escondidos por Sevilla.

-Ya da igual, lo saben todas.

¿Cómo va la revista? -No voy a hacerla.

-Vamos por Triana. Aquí se está levantando viento.

-Qué viento. Si eras tú el que quería estar por la playa.

-Pero prefiero ir por Triana.

-Dichosos los ojos.

-Vámonos. -Así que, por eso me vendiste...

Haberme dicho que te interesaba meterte en las bragas de mi novia,

así todo queda en familia. -¿Qué quieres, eh?

¡Dímelo! -Tomás, por favor, vámonos.

-Que te busques a una señorita de verdad,

o te hará lo mismo que a mí,

hermanito.

-Yo no soy tu hermano.

Tú y yo no somos nada.

-Un Peralta nunca deja de serlo. -No soy un Peralta.

Ese apellido está manchado.

Así, bien anclado.

Hoy no es mi día, doña Carmen.

Si es que tengo alguno bueno...

No te machaques tanto, yo creo que estás entrenando muy bien.

He pensado incluirla en mi reportaje para la revista.

Si le parece bien.

Sería un honor.

Teresa dijo que eligiésemos a alguien que nos inspirase.

Y yo, cuando pienso en usted y todo lo que ha conseguido,

me da mucha envidia.

Envidia sana, claro.

Tú puedes llegar a ser mucho mejor que yo, mucho mejor.

Se lo agradezco, doña Carmen, pero es imposible.

Yo nunca voy a conseguir lo que ha hecho usted.

Solo tienes que creer en ti.

Yo creo que está claro, ¿no?

-No, tú ya has ocupado el espacio de Roberta.

-"La Guerrero" luce más en portada.

-¿Y si ponemos la entrevista de Flavia a doña Manuela?

-No sé, no me está quedando muy bien.

-Pues no se hable más, la portada para mí.

-Roberta.

Estamos votando la portada, ¿tienes alguna idea?

-Que no quiero saber nada de esa estúpida revista.

-Para nosotras es importante, podrías colaborar.

-¿Importante?

Nada va a cambiar por poner a cuatro mujeres en un papel.

Este mundo está hecho por y para los hombres.

Solo tenéis que dar un paseo para comprobarlo.

-Tiene razón. Y Teresa también.

Los negocios, los nombres de las calles...

Ellos lo manejan todo.

-¿Y si hacemos que cambie?

Pongamos el nombre de una mujer para la calle de la academia.

-Pero ¿cómo vamos a hacer eso? ¿Con una placa y todo?

-Imposible. En mi pueblo, todas las calles tienen nombre de hombres.

-¿No queréis una buena portada?

-Sabéis lo que van a decir las maestras, ¿no?

Ni hablar.

Ya hemos llamado suficiente la atención este año.

¿Eso se puede hacer? ¿Cambiar el nombre de una calle?

Pidiéndoselo al ayuntamiento, sí. ¿Y qué nombre quieren poner?

Carmen de Burgos. Imposible.

El alcalde no lo va a aceptar.

¿Ni siquiera vas a intentarlo?

Lo siento, pero no, Teresa.

Creo que es perder el tiempo.

Siempre reclamamos que se nos tenga en cuenta,

y ahora que podemos reivindicar el trabajo de una mujer,

¿la vamos a dejar pasar?

Lo sé, Luisa, soy la primera que admiro a Carmen de Burgos,

de verdad, pero tengo que mirar por el bien de esta academia.

Esto solo nos va a traer mala prensa.

Es algo que surge de las niñas en una actividad

que hay que llevar a cabo, y no quieres apoyarlas.

¿A qué viene esto, Teresa?

No me he empeñado en llevar a cabo ninguna actividad,

te he pedido que hagas tu trabajo y que cumplas con el plan de estudio.

Es la segunda vez que me acusas de no cumplir con mi trabajo.

Creo que nos estamos desviando del tema.

Es que no me lo estás poniendo fácil, Teresa, no sé qué hacer.

No estás bien, pero no quieres días libres.

No te dejas ayudar, pero haces las cosas a mala gana.

¿Qué quieres? Dímelo. ¿Qué necesitas?

¿Podemos concluir el debate y proceder a la votación?

Manos a favor de cambiar el nombre de la calle.

Empezad con el trámite. Proceded.

Gracias.

Ha llegado el momento de tomarme esos días libres.

¡Han dicho que sí! Las maestras están de acuerdo.

-Qué bien.

-¿Qué haces? -Voy a vender algunas cosas.

-Necesito dinero. -¿Para qué?

Para saber algo de mi madre. Hay un hombre que puede ayudarme.

-¿A cambio de dinero?

-Sí, tampoco es tan raro. En la calle todo tiene precio.

-¿Va Teresa o alguna maestra contigo?

No deberías ir sola.

Mira, si me quieres ayudar, afloja monedas, no consejos.

-Te dejo dinero,...

pero voy contigo.

-¿Me estás chantajeando?

-Bueno, por eso te van a dar una miseria.

¿Trato?

No te lo vas a creer.

He hablado con el alcalde y está encantado con lo de la calle.

Quiere que sea cuanto antes.

Me tienes que firmar todo esto.

Madre mía, una inauguración por preparar, lo que nos faltaba.

¿Y todo esto para el cambio de placa?

Hay unos permisos para que la academia

sea la sede de una competición de tiro con arco.

¿Ah, sí? Sí.

Las agrupaciones deportivas dan fondos para la organización,

sería un empujón para María Jesús.

¿Qué te parece?

Que ya es hora de volver a llenar la vitrina de trofeos.

(Llaman)

Adelante.

Doña Manuela, me gustaría hablar con usted.

Claro, pasa al despacho. ¿Está todo?

Gracias. Lo pongo en marcha. Gracias.

Cierra la puerta.

Quiero irme a mi casa.

¿Por qué? ¿Qué ha pasado?

Si no me cuentas que ha pasado, no puedo ayudarte, Roberta.

Solo quiero que llame a mi padre para que venga a buscarme.

Tu padre nos pidió que no le llamáramos hasta final de curso.

¿Por qué?

No lo sé.

Supongo que pensó que era lo mejor para ti.

Pues no lo es.

Y ahora estoy aquí atrapada.

Me pediste unos días libres, y lo he hecho.

Espero que no me traigas un sermón.

Teresa, no vengo a discutir.

Te lo agradezco, porque estoy agotada.

He venido a disculparme.

Teresa, siento si he sido muy dura contigo.

Pero es que me siento impotente.

La Teresa que conozco, nunca habría llegado a este punto.

Quizá esa Teresa se quedó en la cárcel.

De ti depende recuperarla.

Créeme que lo he intentado, pero no puedo.

¿Por qué te empeñas en hacerlo tú sola?

¿Por qué no cuentas conmigo? ¿O con Ramón?

¿O con Roberta?

Sobre todo con Roberta, está de lo más contenta.

Si sigues así, la vas a perder.

Hoy me ha pedido dejar la academia. Quería hablar con su padre.

¿Y qué le has dicho?

La verdad,... suavizada, pero la verdad,

que su padre nos pidió que no le molestáramos.

Roberta está sola, Teresa.

Te necesita, y tú a ella también.

Es que no estoy bien.

Y no quiero hacerle daño. No le vas a hacer daño.

Ella te adora.

Te entenderá y te querrá tal como eres.

Con tu dolor y con tu pasado.

Como hago yo.

Mírame a los ojos.

Necesitabas un tiempo y lo has tenido.

Pero se acabó, ha llegado el momento.

No puedes permitirte perder a Roberta, no puedes.

Sé que no sirve de mucho, pero... lo siento por el espectáculo.

Y lo que más me duele es que he caído en su juego.

Me he comportado...

...como un Peralta.

-Bueno,...

ya tenemos otra cosa en común,...

nuestros padres son unos cretinos.

-Podríamos hacer una competición, a ver quién gana.

Tendríamos que dejar de amargarnos y vivir nuestra propia vida.

Quizá algún día seamos un referente para alguien.

Están haciendo un buen trabajo.

Se les ve muy motivadas con la revista.

Sí.

Madre, ¿qué hace aquí tan pronto?

La inauguración es dentro de tres horas.

He venido a acompañar a tu padre, no nos quedaremos.

¿Por qué? Eso le he dicho yo,

con lo que le gustan a ella los actos oficiales.

No pienso participar en esta farsa.

Ya he presentado mis disculpas. Madre, por favor,

debería estar orgullosa de lo que han conseguido.

¿Y qué han conseguido?

¿Crees que el alcalde aceleraría tanto los trámites si no quisiera

nada a cambio? Me temo que esto es una trampa.

Me indigna, pero estaré en ella.

No esperaba que trajeras compañía.

Esto es limosna, chiquilla,

y lo que yo sé vale un tesoro. -Es todo lo que tengo.

Ahora, dime dónde encontrar a mi madre.

"¿Eso es todo lo que tengo?".

Vente, que la persona que sabe algo está ahí dentro.

-Que salga. No nos movemos de aquí.

-Tú tienes mejor futuro que esta.

Arrea pa casa. ¿Te crees que por vestirte

de señorita dejas de ser una salvaje?

Deberías de agradecerme lo que te voy a enseñar aquí.

-¿Dónde está mi madre?

-Ni lo sé ni me importa.

Arrea pa dentro y no me cabrees.

-¡Suéltame!

¡Suéltame! -¡Corre!

¡Corre!

-¡Hija de Satanás! ¡Ya vendrás a pedirme trabajo!

La prueba de orina ha dado positivo,

tanto en aceite como en trigo.

La exploración no deja lugar a dudas.

Flavia, estás embarazada. -¿Está seguro?

-Sí. ¿No te alegras?

-Repítame las pruebas, por favor, tiene que haber un error.

-Las pruebas son correctas. La noticia te puede sorprender...

-No se lo diga a nadie. ¿Me lo promete?

Ni a Enrique ni a mis padres ni a nadie, se lo ruego.

-Esto es algo que ellos tendrán que saber.

Tú, ni puedes ni debes ocultarlo.

-Se lo diré, se lo diré, pero deme unos días, por favor.

(EXHALA)

Pero ¿bueno, qué ha pasado? ¿Por qué vais descalzas?

Da igual.

¿Cómo que da igual?

¿Habéis ido a la calle de los Arcos?

Te lo prohibí, Inés.

¿Y tú has ido con ella?

¿Estáis bien? ¿Qué ha pasado?

¿Qué ha pasado? ¡Nada! ¡Porque nadie sabe nada!

¡Nunca voy a saber nada de mi madre! Pero ¿eso a quién le importa?

Debería dar las gracias por estar aquí,

es más de lo que tiene cualquier morena.

Esquizofrenia. Esto es lo que puede tener Elías.

-Quedamos en que no te ibas a acercar a él.

-¿A que ve y escucha cosas que tú y yo no?

-Sí.

-Eso es porque tiene una percepción alterada de la realidad.

Se pone nervioso, se angustia y dice cosas incoherentes.

Por eso parece raro, pero no es raro, Ramón.

Tiene una enfermedad.

-¿Cómo podemos ayudarle? -No sé.

Según el libro, lo mejor que podemos hacer es...

tratarle con normalidad, intentar que esté tranquilo,

al menos hasta que investigue más

o encuentre a alguien que le ayude.

Te lo dejo para que te lo vayas leyendo, ¿de acuerdo?

-Gracias.

Margarita, ¿has visto a Roberta?

No ha querido bajar.

Gracias.

Creo que está todo más o menos organizado. ¿Cuánto queda?

El permiso para que participes en la competición de tiro.

Falta la firma de tu padre.

Pero... Si yo he podido, tú podrás.

Gracias, doña Carmen.

-Buenas.

No me lo puedo creer.

Voy a echarle ahora mismo.

Delante de la prensa, ni se te ocurra, es lo que está buscando.

Qué poca vergüenza.

Buenos días, alcalde. -Peralta, buenos días.

-¿A qué ha venido?

No tiene derecho a estar aquí.

-No hay mayor desprecio que no hacer aprecio.

-¿Estás bien?

-Sí.

Esta columna, que nunca me ha gustado.

¿Y tú?

Me han dicho que no te sienta muy bien la gimnasia.

Siento que te enteraras así de...

-No pasa nada.

Está todo bien, de verdad.

Quería mantenerlo en secreto, por lo de mi...

Por lo de Rafita.

Se ve que no ha sido fácil.

Flavia, ¿estás bien?

-Es por los exámenes, me exijo demasiado.

-No te preocupes por eso,

que vas a ser la mejor abogada de Sevilla,

eso lo sabe todo el mundo.

Anda, ve, te vas a perder el lío que hay montado con la placa.

-(LLORA)

Esta iniciativa ha nacido de nuestras alumnas.

Así que,

¿quién mejor que una de ellas para hablar hoy?

Cuando Teresa nos propuso escribir sobre nuestros referentes,

pensé en las pocas mujeres que salen en las revistas

y me puse muy nerviosa, como ahora, más o menos.

Nos pedías un imposible.

Primero pensé en escribir sobre mi madre.

Pero después me di cuenta de que muy cerca, tenía a alguien

que también estaba haciendo historia, Inés.

Inés es la primera mujer negra en estudiar

en nuestra academia.

Y seguramente sea la primera mujer negra

en estudiar en Andalucía o a lo mejor en toda España.

Y aunque esté siendo difícil para ella,

el día de mañana otras mujeres se mirarán en sus logros,

igual que lo hago yo.

Así que, este es nuestro homenaje

a todas las mujeres que rompen barreras.

Porque sus logros hacen que nos preguntemos

qué tipo de mujer queremos llegar a ser,

y cada una de ellas nos abre un mundo nuevo.

(Aplausos)

-Gracias. Muchas gracias.

Por fin ha llegado el momento

por el que tanto tiempo hemos estado trabajando.

-Ese no es el nombre. -Por favor.

-¿Se habrá equivocado? Esta placa homenajea al escritor,

diplomático y académico Juan Varela.

Andaluz ilustre y firme defensor

de la educación de las mujeres para conseguir tres pilares esenciales:

recato, honestidad

y decencia.

Doña Manuela tenía razón.

Ya sabemos por qué tanta prisa:

está haciendo campaña, y de paso, dejando claro de qué lado está.

(MURMURAN)

No era el nombre acordado. Ya lo sé.

¿Acaso pensaba que iba a ser parte de su indecorosa revolución?

¿Perdón?

Promueve actividades que alejan a estas señoritas de la virtud.

Por no hablar de su empeño en admitir a una morena.

Déjeme decirle que... No, señora.

Está acostumbrada a hacer lo que le da la gana, pero eso se acabó.

Sevilla es mi ciudad.

Y cuando se le olvide, mire esta placa.

Y ahora, sonría, por favor.

-Felicidades por el acto.

Ni yo habría elegido un nombre mejor.

Es que no es justo. Habéis hecho todo lo posible,

tenéis que estar muy orgullosas. Nosotras lo estamos.

¿De qué?

¿De que nos hayan engañado?

He leído vuestros artículos

y me ha hecho muy feliz

ver que habéis descubierto a mujeres que os inspiran.

Gracias a vosotras, ya no serán invisibles.

Y aunque la portada no sea la esperada,

podéis escribir un gran artículo.

-No. El día de hoy aún no está escrito.

A ver, ¿qué nos han enseñado estas mujeres?

Y vosotras. Que para conseguir algo hay que pelear.

Sí, Inés, pero la lucha acaba

cuando nos topamos con un muro infranqueable, créeme.

Cuando te ignoran, no sirve de nada callarse.

Aunque nos engañen, no somos idiotas.

Y que ese muro, hay que saltarlo.

Así que no sé vosotras,

pero yo me voy a pintar la placa que nos merecemos.

Y quien quiera mancharse las manos, que me siga.

Este, estos dos...

Muy bien, pues ya estaría.

¿Ahí? Sí.

Muy bien, Margarita.

-(RÍE)

El discurso te quedó muy cursi.

Pero nadie había dicho así algo de mí.

-Y eso que me callé lo bien que sabes meterte en líos.

-No creo que nunca sepa nada de mi familia.

Pero... ya no me siento tan sola.

-¿Quién es la cursi ahora?

Señoritas, queda inaugurada la calle de Las mujeres olvidadas.

(Aplausos)

Les has enseñado a no rendirse.

No, me lo han enseñado ellas a mí.

Disculpa.

(Llaman a la puerta)

Tus compañeras han colgado su propia placa.

¿No vas a bajar a verla?

Me da igual.

Manuela me ha contado que estás pensando irte de la academia.

¿Tengo algo que ver en esa decisión?

Creía que era yo la egocéntrica.

Roberta,... entiendo que estés enfadada.

Quiero pedirte disculpas por el desencuentro de ayer en clase,...

porque sé que no he estado para ti.

Me gustaría hacerlo mejor.

Quisiera sincerarme contigo.

¿Te apetece dar un paseo?

Aquí me trajo Manuela

cuando salí de la cárcel.

Y cuando llegué,... me abrumó.

La belleza, la luz, la brisa...

Pero también me puse muy triste.

He estado tan privada de esto...

La cárcel ha sido algo muy sórdido.

Muy duro.

Y eso te enquila.

Te pierdes a ti misma, y de eso es muy difícil recuperarse.

Pero estoy en eso, Roberta.

Sé que no he hecho bien las cosas últimamente.

Tengo muchos miedos.

No quiero perder las cosas valiosas que tengo,

y tú eres muy importante para mí.

Tú también eres muy importante para mí, Teresa.

Lo sé.

Tengo algo que contarte.

Dime.

El día que me llevaron presa...

me pasó algo que...

me impactó mucho más.

Me enteré de que somos hermanas.

Pero ¿qué dices?

Mi padre es el tuyo.

Pero ¿cómo vamos a ser hermanas?

Mi padre y tu madre tuvieron una aventura.

Roberta, escúchame... No, no, no, no.

Roberta...

Roberta.

Roberta.

Roberta. -No voy a entrar.

-Sí, ábrala, es mi hija. -Que no voy a entrar.

-¿Cómo estás?

¿Has recibido mis cartas? Como no contestabas...

-¿Por qué me has mentido? Me lo ha contado Teresa,

tú no has sido capaz.

-Hija, yo... Intentaba protegerte...

-¿Protegerme de qué?

Lo único que has hecho toda la vida es mentirme.

-Sé que estás enfadada, pero ahora...

-No tienes ni idea de cómo me siento.

Si te hubiera importado, me lo habrías contado.

-Vas a estar bien. Teresa va a cuidar de ti.

-Nadie va a cuidar de mí porque nadie lo ha hecho nunca.

-No digas eso, tienes que ser fuerte.

-Guardia. -Hija, por favor, escúchame.

Hija. -Yo ya no soy tu hija.

¿Cómo...?

Has hecho lo que tenías que hacer, Teresa.

Se está haciendo muy tarde.

Voy a salir a buscarla.

Roberta, ¿de dónde vienes?

No quiero volver a saber nada más de ti.

¿Vamos a celebrar el carnaval?

En aquel entonces, era tradición que en carnaval,

las mujeres cosiesen un pelele entre todas.

Personificaba al varón

que las relegaba al ámbito de la casa.

Una vez al año, en carnaval,

podían quejarse.

Estoy embarazada. -¿Qué dices?

-¿Cómo voy a ser madre si lo único que quiero es estar con vosotras?

"No puedo dejar que decidan por mí".

-No entiendo esa tozudez de estudiar en ese sitio.

-"Me dijeron que hay unos sitios a las afueras de Sevilla".

Quizás Inés sepa algo.

¿Cómo llevas los cambios, te adaptas?

No sé. Es raro ver como la gente

nos ve como el matrimonio perfecto,

y luego dormimos en habitaciones separadas.

Últimamente ni eso, hay noches que no llega a casa.

¿Sin maquillar y con la misma ropa de ayer?

¿Sales con alguien?

¿Le has dado permiso a Roberta para que falte a mi clase?

Mientras seas alumna, vas a tener que cumplir las normas.

Pues me voy.

Te he pedido disculpas.

Me he explicado lo mejor posible, ¿qué más puedo hacer?

No puedo volver atrás. Eso estaría bien.

Serás una hermana estupenda,

estoy seguro.

Me falta material. ¿Sí?

Alguna de las chicas lo habrá cambiado de sitio.

Necesitamos más material. Si no lo haces,

ella será la primera en enterarse de los líos que andas metido.

-Va a ser el mejor beso de nuestras vidas, va a ser increíble.

-Están aquí.

-Elías, ¿estás bien? -Dejadme.

¿Qué tal va el paripé?

Como alguien me diga la suerte que tengo con Martín, me quito la vida.

Estoy agotada de fingir que todo está bien,

cuando las cosas no están bien.

Quiero que sepa que no voy a callarme más, se acabó.

Voy a seguir tomando mis propias decisiones, aunque le duela,

sean las que sean, aunque me equivoque,

porque no soy perfecta ni quiero serlo, no quiero,

lo único que quiero ser es libre de una vez, libre.

La otra mirada - T2 - Capítulo 17: "Mujeres olvidadas"

17 jun 2019

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