La noche temática
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La noche temática

Los sábados en la 23:00 h.

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Dirigido por: Cecilia Fernández

La Noche Temática comenzó su andadura en La 2 de TVE en octubre de 1995. A lo largo de su trayectoria, el programa ha conseguido unos índices de audiencia muy por encima de la media de la cadena y una aceptación por parte del telespectador que se ha mantenido prácticamente inalterable en el transcurso de los años.

La Noche Temática utiliza un formato poco habitual en la programación de las televisiones generalistas. Un formato interesante y distinto, abordar un mismo asunto desde distintas ópticas en una combinación de documentales, apoyado en ocasiones con largometrajes. Un espacio abierto a todos los conocimientos, que explora todas las corrientes de ideas, abierto a la innovación y al cambio.

Los contenidos de los documentales de La Noche Temática facilitan una mirada a los acontecimientos que han marcado el último siglo y a los asuntos que marcan las tendencias del actual. El programa invita cada semana al telespectador a perfeccionar sus conocimientos, a analizar los más importantes acontecimientos de la historia, a profundizar en los temas sociales, a conocer a fondo personajes relevantes, a descubrir otros horizontes y a entender otras culturas.

El equipo del programa utiliza una gran parte de sus recursos e infraestructuras en la búsqueda de las mejores piezas documentales que existen en el mercado mundial para proponer al espectador tanto obras originales como obras de patrimonio, nuevos talentos y valores seguros, formas sorprendentes y formas clásicas.

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No recomendado para menores de 12 años La noche temática - En busca del atleta perfecto - ver ahora
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Corren más rápido.

Saltan más alto.

Llegan más lejos.

Los atletas nos han fascinado siempre

por sus movimientos perfectos.

Antes nos contentábamos con admirar el poderío

de sus cuerpos.

Hoy sabemos que es en la cabeza de los atletas

donde debemos buscar el secreto de sus hazañas.

Hoy ya no podemos disociar el cuerpo de la mente,

el entrenamiento mental, el físico y el técnico

deben estar sincronizados y ser coherentes.

Científicos y entrenadores de todo el mundo

investigan actualmente el cerebro de los deportistas

para que puedan seguir yendo cada vez más rápido,

más alto, más lejos.

Gracias al trabajo de los neurocientíficos

para saber cómo trabaja y funciona el cerebro,

hemos hecho grandes progresos.

Los campeones de ayer ganaban con la fuerza de sus músculos,

pero los futuros dioses de los estadios

triunfarán gracias a las neuronas.

Será maravilloso.

Estamos abordando una forma de preparación

que va más allá de lo puramente mental;

trabajamos con la mente cognitiva, la asimilación de información

y la inteligencia.

Los atletas han encarnado siempre

el espíritu de una humanidad triunfante,

orgullosa de explotar los extraordinarios recursos

del cuerpo humano y de llevarlo hasta sus límites.

Pero hoy estamos asistiendo a una evolución sin precedentes

en la historia.

Hasta hoy, cada generación ha superado a la anterior;

pero desde los años ochenta, nos cuesta cada vez más

batir los récords registrados por nuestros predecesores.

El veintiuno de febrero de mil novecientos noventa y tres,

en Donetsk, el ucraniano Serguei Bubka

es el primer pertiguista del mundo en franquear la barrera mítica

de los seis metros quince.

Durante más de veinte años, nadie conseguirá destronarlo.

Veinte años, durante los cuales, cada día,

un joven pertiguista francés trabaja incansablemente,

para ocupar un día el puesto de su ídolo.

Intentará directamente seis dieciséis.

Intentará batir el récord del mundo,

el récord del mundo de Serguei Bubka.

Renaud Lavillenie podría entrar en la historia

del salto con pértiga, delante de nuestros propios ojos,

dentro de unos instantes, aquí, en Donetsk.

Renaud Lavillenie ha iniciado la carrera para su primer intento,

a seis metros dieciséis.

¿Lo superará?

Sí, acaba de batir el récord del mundo.

Al primer intento.

Es increíble.

Es increíble, Renaud Lavillenie lo ha conseguido

en el primer intento.

Contemplen cómo Serguei Bubka, aplaude de pie,

realmente emocionado.

Es un momento histórico para el atletismo

y para Renaud Lavillenie, y sin duda para el atletismo francés.

Es increíble.

Veinte años de entrenamiento para una consagración histórica.

Veinte años de entrenamiento para superar los límites

de una disciplina que considerábamos había llegado a su punto máximo.

Y, finalmente, veinte años de entrenamiento

para un simple centímetro de diferencia.

¿Serán necesarios veinte años más

para ganar de nuevo unos cuantos milímetros?

Todavía es posible batir récords,

lo hemos visto con Renaud Lavillenie, que podría batirlo de nuevo.

Cada vez nos acercamos más a la verdad,

cada vez nos acercamos más a saber cuál es el máximo potencial,

pero siempre queda un escalón, que cada vez es más pequeño.

Para superar ese último escalón, los entrenadores y los preparadores

saben que es necesario renovar en profundidad

los métodos y los enfoques.

Ahora que el cuerpo parece haber revelado todos sus secretos,

es en la cabeza de los atletas donde ponen su mirada,

para fabricar los nuevos Bubka, Lavillenie o Galfione.

El cincuenta por ciento,

o probablemente el sesenta por ciento del salto

tiene lugar al principio de la pista, con el primer paso;

es la cabeza lo que determinará desde un principio

si va a ser un buen salto, antes de realizarlo.

Primero, intentamos visualizarlo, porque todo sucede muy deprisa.

Lo imaginamos a cámara lenta en nuestra cabeza,

con los ojos abiertos, los ojos cerrados,

y todo mentalmente.

Cada atleta debe aprender a entender cómo funciona su cerebro;

no hay un salto que se parezca a otro,

no hay una carrera de aproximación que se parezca a otra,

es así de increíble.

Comprender como funciona su mente es la clave

para marcar la diferencia en el nivel más alto

de la competición.

Están surgiendo nuevos laboratorios

que combinan el entrenamiento deportivo avanzado

con los últimos descubrimientos científicos.

Yo creo que el atleta del futuro será muy diferente.

Lo que cambiará será: uno, el cometido de la ciencia

respecto al papel del cerebro en el rendimiento;

y dos, la tecnología, que nos ayudará a sacar el máximo

de los atletas.

Así que yo creo que el atleta del futuro

tendrá el mismo aspecto que el actual,

pero su forma de enfocar el entrenamiento y la competición

será diferente, gracias a la tecnología y la ciencia.

Pero, ¿qué sabe la ciencia del cerebro de los atletas?

¿Esconderán más allá de sus bíceps súper poderes

que merecerán ser estudiados con más detenimiento?

Es la hipótesis presentada por un equipo

de jóvenes neurocientíficos británicos

especializados en el estudio de las capacidades

en todas sus facetas.

Tras estudiar a jugadores de ajedrez y a músicos profesionales,

midieron la materia gris de cinturones negros de kárate

para saber si los atletas de alto nivel tenían un cerebro diferente

al común de los mortales.

No estaba claro para la neurociencia

si entrenarse durante mucho tiempo en una disciplina

podría modificar la estructura del cerebro.

Lo que queríamos era ver si podíamos encontrar alguna diferencia

en lo que concierne a la estructura cerebral

entre especialistas en kárate y personas que nunca

habían practicado esa disciplina.

Lo que descubrimos en el caso de los especialistas en kárate

es que eran capaces de coordinar sus movimientos.

Cuando su hombro alcanza la máxima velocidad,

su puño se movía también a la máxima velocidad.

De manera que en el punto del impacto,

todo está perfectamente sincronizado.

Si usted y yo hacemos esto, lo hacemos bien,

y parece estar bien.

Pero, en realidad no es eficaz.

Es esa pequeña diferencia la que determina la eficacia total.

Si los golpes del campeón del mundo de kárate, Gillaume Tordjman,

son así de precisos, es porque su cerebro

controla con una velocidad excepcional

todos los parámetros del movimiento, hasta el punto de poner en riesgo

los aparatos de medición del laboratorio.

Cuando comenzamos con el experimento queríamos que los karatecas

golpearan los sensores con el brazo totalmente extendido;

golpes así, varios golpes seguidos.

El primer problema era que el equipo empezó a dañarse.

Y estaba claro que no iba a durar mucho.

Lo instalamos, fijándolo,

y en seguida empezó a moverse de un lado a otro,

así que tuvimos que ser más suaves en los experimentos.

Una vez protegido el equipo,

el grupo de investigadores escaneó los cerebros de los atletas

para comprobar si había diferencias estructurales

entre los cerebros de los especialistas

y los de las personas del grupo de control.

No sabíamos dónde podíamos encontrar diferencias

entre los especialistas en kárate y el grupo de control.

Teníamos un conjunto de regiones

donde pensábamos que podíamos encontrar diferencias,

así que escogimos estas regiones,

pero no sabíamos con lo que nos íbamos a encontrar.

E identificamos dos regiones precisas que conectan el cerebelo

con el resto de la corteza cerebral.

El cerebelo está muy implicado en la coordinación del movimiento,

en la fluidez y la velocidad de los movimientos.

Es una región crucial para el control de la motricidad.

El análisis del cerebelo de los expertos

arrojó resultados sorprendentes:

contra todo pronóstico, el cerebro no había construido nuevas redes

entre las micro regiones implicadas en la ejecución del movimiento:

al contrario, simplificaba los circuitos neuronales

y reducía el número de conexiones.

Resulta desconcertante, porque cabría suponer que la excelencia

debería reforzar los circuitos,

pero si lo miramos de una forma diferente,

podemos decir: “Yo no tengo necesidad de ese circuito.

Ese circuito me impide realizar mi tarea.

Por tanto, la supresión o el debilitamiento del circuito

me harán mejor”.

En el deporte de alto nivel, los reflejos son muy rápidos,

Por tanto, al entrenarnos durante mucho tiempo,

podemos transformar una acción que resultaría complicada,

que exigiría mucha reflexión, y convertirla en un reflejo

que nuestro cerebro aplica, en lugar de verse obligado

a reflexionar muy lentamente.

Los automatismos adquiridos

durante una vida de entrenamiento intensivo

trazan en el cerebro de los atletas configuraciones neuronales únicas

y específicas de su disciplina.

El experimento llevado a cabo en la Escuela Imperial de Londres

muestra que a base de repetir el mismo movimiento,

decenas de miles de veces, cada atleta se fabrica poco a poco

un cerebro a medida, perfectamente optimizado para realizar movimientos

que nunca seríamos capaces de realizar sin esfuerzo

y sin dolor.

A esta capacidad del cerebro de deformarse y modificarse

para reforzar los automatismos, los científicos la denominan

neuroplasticidad o plasticidad cerebral.

La plasticidad cerebral es la capacidad del cerebro

para reorganizarse.

Es decir, que cuando vamos a realizar un movimiento,...

...vamos a inducir una reorganización

en las diferentes regiones del sistema nervioso,

en la corteza motora primaria, en la corteza sensorial primaria;

vamos a inducir reorganizaciones y vamos a reforzar ciertas redes

en detrimento de otras.

Vamos a orientarnos progresivamente por el camino más pertinente,

que podría ser el más rápido o el más interesante,

y de golpe vamos a afinar y mejorar en esa dirección,

desechando los caminos inútiles.

Por fin, los científicos tenían la prueba

que demostraba que el entrenamiento no da forma solo al cuerpo,

también desarrolla, y probablemente de forma especial, el cerebro.

Pero seguimos buscando una explicación

que nos aclare por qué se necesitan esas neuronas

para levantar ciento setenta y cinco kilos.

Es necesario visualizar siempre el éxito en nuestra cabeza.

Siempre debes intentar visualizar el movimiento en tu cabeza

antes de ejecutarlo en la tarima.

Siempre debes estar en contacto mental

con el peso que vas a levantar, para poder cuantificar la fuerza

que tienes que desarrollar según el peso.

Ya sean veinte kilos, cuarenta kilos o ciento cincuenta kilos, no importa.

Eso requiere siempre unos segundos, donde intentamos realmente

reunir nuestras capacidades motrices y mentales

para poder levantar el peso.

Incluso en la halterofilia, el primer movimiento del atleta

sería por tanto una operación mental;

y para el neurofisiólogo Aymeric Guillot, nos equivocamos

al considerar las disciplinas de fuerza, deportes de brutos.

La halterofilia es un deporte que requiere una movilización

y un gasto energético muy importantes,

por tanto un esfuerzo.

Pero el intento comienza mucho antes de lo que imaginamos,

comienza en el momento en que el levantador se concentra

e imagina el movimiento y todas las consecuencias que este conlleva,

percibiendo incluso las sensaciones propias del movimiento,

así que podríamos decir que es prácticamente

un levantamiento previo.

Para comprender lo que hace realmente el cerebro

cuando el deportista imagina su movimiento,

Guillot ha pedido al campeón francés de halterofilia más laureado,

repetir en el laboratorio el trabajo de visualización

que realiza antes de levantar el peso.

Autor de más de un centenar de publicaciones

sobre la visualización, Aymeric Guillot va a intentar hoy

comprender los mecanismos neuronales.

Lo que vamos a pedirte, cuando estés equipado,

es que visualices tu movimiento,

como haces normalmente en los entrenamientos

o en la competición.

Y después de los análisis seremos capaces de determinar

cuáles son las regiones del cerebro que están activas

cuando visualizas el movimiento, y como esas regiones

se comunican entre sí.

Así que lo que vamos a ver es una especie de imagen

de lo que hace tu cerebro cuando imaginas el movimiento.

Esta nueva técnica, utilizada aquí por primera vez

con un atleta de alto nivel, se denomina magnetoencefalografía.

Trescientos sensores registrarán el campo magnético

producido por la actividad eléctrica de las neuronas en el cerebro.

La resolución temporal excepcional de este escáner ultra preciso

permitirá también a los científicos hacer un seguimiento

de la actividad cerebral del campeón al milisegundo.

Una precisión imposible de conseguir

con las técnicas de imagenología tradicionales.

Medimos cosas que están sucediendo alrededor de la cabeza,

pero que no entran en contacto con ella.

Se trata simplemente de una especie de campo magnético

que creamos alrededor de nuestra cabeza, todos nosotros,

permanentemente para cada una de nuestras actividades,

incluso en los momentos en los que no estamos haciendo absolutamente nada,

y la dificultad es reconstruir lo que ocurre en el interior

de la cabeza.

Así que aquí podemos ver que hay una fase de reposo,

y cada pitido es cuando imagina que está levantando la barra.

Me coloco sobre la barra. Respiro.

Intento colocar bien los pies.

Realizo el primer impulso.

Tiro con fuerza con los brazos.

Me sitúo por debajo de la barra.

Un buen tiempo a nivel de reacción a la hora de recibir la barra.

Y vuelvo a subir.

Un instante para respirar con la barra apoyada en los hombros.

Controlo la bajada.

Me preparo para el impulso con las piernas.

Estoy bien colocado.

Es un ensayo perfecto.

Bueno, ya ha terminado de levantar las barras,

así que espero que no esté demasiado cansado.

Puede que esté cansado mentalmente.

Vamos a verlo. Ya hemos terminado, vamos para allá.

El desarrollo de la imagenología médica permite finalmente

analizar el funcionamiento cerebral del deportista.

Anteriormente, los científicos llegaban a supuestos empíricos,

pero actualmente son capaces de observar, en tiempo real,

cómo los atletas movilizan sus recursos neuronales

antes de realizar un movimiento físico excepcional.

La señal es muy débil, así que no es mucho lo que ofrece a la vista.

Por eso tenemos que hacer un seguimiento

con herramientas analíticas que son mucho más sofisticadas que el ojo,

para intentar detectar lo que ocurre y dónde ocurre.

Aquí vemos lo que ocurre cuando Vencelas

imagina su movimiento.

La primera fase revela algo similar a lo que observamos cuando la persona

realiza ejercicios de meditación o de relajación profunda.

Así que tenemos una especie de desconexión cerebral,

como si Vencelas quisiera vaciar su mente, focalizarse,

prepararse realmente para hacer algo.

Así que se produce una especie de retirada, de reajuste

y de desconexión de esas regiones.

Y solamente cuando esta actividad ha terminado,

aparecen unas manchas de color azul, que reflejan la actividad

en esas regiones sensorio- motrices y visuales.

Por ejemplo, aquí, en la parte posterior del cerebro,

en las regiones visuales,

que están probablemente vinculadas al momento en que él visualiza,

en que ve las diferentes fases de su movimiento.

Las regiones llamadas sensorio- motrices

estarán vinculadas a la ejecución y el control del movimiento,

en el que participarán los sistemas motores y sensoriales

que están implicados verdaderamente en la realización

y la preparación del movimiento.

Si la imagen mental producida por Vencelas Dabaya

le ayuda efectivamente a levantar la barra,

es porque esa imagen solo activa en su cerebro las neuronas útiles

para la ejecución del movimiento a realizar.

Solo los grandes atletas serán capaces

de desactivar completamente y volver a activar bruscamente

las regiones motrices de su cerebro sin mover un solo músculo.

Para confirmar esta hipótesis,

Aymeric Guillot ha realizado el experimento

con un levantador de pesas principiante.

Unos días más tarde, comparte sus conclusiones con Vencelas.

Lo que tenemos aquí son dos vídeos.

El vídeo de la derecha es el tuyo,

y el de la izquierda es el de un deportista principiante,

que hace exactamente lo mismo.

¿De acuerdo? Voy a mostrártelo.

Voy a reproducir los dos vídeos simultáneamente

y vas a ver que son totalmente diferentes.

Estamos viendo exactamente la misma secuencia,

que corresponde a la cargada;

y cómo puedes ver el no pasa por la fase inicial de vacío mental.

En lugar de eso, produce directamente una representación mental

que parece muy difusa, ya que se dispersa por varias zonas.

Es difusa y brumosa.

No es capaz de reunir la energía necesaria.

La señal aparece por todas partes, y va y viene, va y viene.

Y además, nos ha comentado que tenía muchas más dificultades

para imaginar y proyectarse,

para imaginar su movimiento con precisión

y focalizar sus diferentes fases.

Y todo eso queda claramente reflejado en la actividad cerebral,

tal y como podemos observar aquí.

Las dificultades que experimentan los deportistas no profesionales

confirman la superioridad mental de los grandes campeones.

En estos últimos, el cerebro trabaja menos, pero mejor.

Las investigaciones sobre la visualización

y la imagenología mental han dado prueba

de su eficacia sobre el terreno, pero desde hace varios años,

han demostrado también su utilidad en otros ámbitos.

Si ayudan a los atletas cuando compiten,

podrían también aliviar su carga de entrenamientos.

Hasta ahora, nadie había imaginado que se podían ahorrar

decenas de miles de horas de repeticiones extenuantes.

Para la campeona de Francia de judo, Scarlett Gabrielli,

renunciar al entrenamiento significaría privar al cerebro

de información crucial para alimentar sus automatismos.

Sin embargo, el siete de diciembre de dos mil catorce, en Tokio,

durante su segundo combate del Grand Slam

contra la argentina Paula Pareto, Scarlett se desplomó

y permaneció inmóvil en el suelo.

El violento impacto rompió los ligamentos de su codo.

La joven campeona se vio obligada a recortar considerablemente

su programa de entrenamiento.

Hace varios años, el regreso al tatami

habría sido larga y dolorosa, pero los nuevos métodos

permiten actualmente reducir el tiempo perdido.

Me lesioné el codo a principios de diciembre,

así que debía parar entre dos y dos meses y medio.

Pero oí hablar de la imagenología mental,

y que permitía regresar bien, regresar como estabas antes,

sin haber perdido la técnica o las sensaciones.

Así que ahora trabajamos, básicamente, de una forma diferente,

que debería ayudarme a recuperarme de la mejor forma posible.

Sí,muy bien, ¿puedes hacerlo otra vez, por favor?

En el Instituto Nacional del Deporte de París,

Claire Calmels es una de las primeras neurocientíficas

en poner las técnicas de imagenología mental

al servicio de la reeducación de los atletas lesionados.

Así que ahora te voy a pedir que hagas imagenología.

Por ejemplo, con la adversaria a la que te vas a enfrentar

dentro de quince días, en el campeonato del mundo.

Cuando estés preparada, yo te daré la señal.

Ya.

Cuando creamos una imagen mental,

hay zonas del cerebro que se activan,

que son generalmente las zonas motrices,

y que son las mismas que se activan cuando realizamos un movimiento.

Los atletas lesionados podrán alimentar, por así decirlo,

esa actividad motriz, esa representación motriz.

De hecho, podemos decir, entre comillas,

que al crear esa imagen se están entrenando

para la ejecución del movimiento en la realidad.

El trabajo de Claire Calmels

se basa en uno de los principales descubrimientos

de la neurociencia contemporánea:

visualizar un movimiento o hacerlo en la realidad

produce casi los mismos efectos en el cerebro.

Dicho de otra manera, podríamos alimentar nuestro cerebro

simplemente mirando trabajar a los demás.

Imaginemos una situación extrema,

por ejemplo, soy una jugadora de tenis novata,

y veo todos los partidos de Roland Garros toda la semana,

veo todos los partidos.

¿Ver simplemente los partidos de Federer o Nadal

me permitirá reproducir sus movimientos? No.

Soy una principiante, así que no seré capaz de reproducir sus movimientos.

Una lástima: seguimos sin poder hacer deporte

permaneciendo sentados delante del televisor.

La ciencia no lo resuelve todo.

Sin embargo, cuando realizamos un movimiento

se activan las mismas neuronas que activamos

cuando vemos realizar un movimiento a otra persona.

Esa es la razón por la que los científicos

han bautizado a estas neuronas como “neuronas espejo”.

Las neuronas espejo son un gran descubrimiento

que se realizó hace ya más de veinte años

por un equipo italiano de Parma, y que se llevó a cabo con monos.

Rizzolati y su equipo se dieron cuenta

de que cuando un mono iba a coger un cacahuete,

mediante registros extracelulares unitarios se dieron cuenta

de que había una neurona que se activaba.

Y lo más increíble es que detectaron que cuando ese mono

observaba a uno de sus congéneres coger un cacahuete,

o a un investigador coger el cacahuete,

se activaba la misma neurona.

Lo que quiere decir que cuando observamos

y cuando ejecutamos una acción, en los monos, en los macacos,

se produce una activación de una neurona

que se encuentra en la corteza premotora ventral del mono.

Saber que cuando yo observo un acto motor y cuando lo ejecuto,

un acto motor por ejemplo de las extremidades,

un acto de prensión, se activan las mismas zonas cerebrales,

es un descubrimiento fantástico.

La hipótesis de las neuronas espejo es particularmente fructífera

en el deporte de alto nivel.

La existencia de un sistema de observación

de la acción en el cerebro humano

no permite solo visualizar nuevos métodos de entrenamiento;

revela sobre todo por qué los grandes campeones

son capaces de adoptar las estrategias de sus adversarios

y adaptarse a ellas de una forma extremadamente rápida.

En los duelos deportivos, cuando dos adversarios se enfrentan,

ya sea en una pista de tenis, un cuadrilátero de boxeo

o un dojo de yudo, todo se basa en la capacidad para leer

y describir los movimientos del adversario.

Hay una serie de deportes

en los que ser capaz de percibir diferencias sutiles

en las acciones de los adversarios es fundamental.

Son los deportes de reacción rápida, como los deportes de raqueta:

el bádminton, el tenis; deportes en los que es necesario

saber leer las señales, los cambios sutiles.

En el bádminton te dicen si el volante

va a salir hacia la izquierda o hacia la derecha.

Así que lo esencial es leer los movimientos del adversario

en el momento en que golpea la pelota.

En el fútbol es parecido; escrutamos los movimientos

de los jugadores:

¿Va a ir a derecha o a la izquierda?

Y todo eso, antes de que toque el balón.

Realizar los movimientos perfectos no es suficiente;

es necesario también ser capaz de engañar,

de frustrar las artimañas del adversario,

y todo en una fracción de segundo.

Es ese juego constante entre defensores y atacantes

lo que convierte a los partidos de fútbol

en un inmenso campo de expresión de las neuronas espejo,

y en un fantástico territorio de investigación

para los neurocientíficos.

El uno contra uno en el fútbol es un ejemplo bastante clásico.

Cuando un jugador viene hacia ti, puede bascular hacia la izquierda,

puede bascular hacia la derecha, o puede hacer un paso más rápido.

Y si se trata de Cristiano Ronaldo, te hará tres o cuatro

antes de regatear.

Así que hay toda una serie de movimientos

que tienes que tratar de percibir y analizar.

Los jugadores de alto nivel o de élite

sobresalen a la hora de interpretar los gestos más sutiles

en los movimientos de sus adversarios,

y responden en consecuencia.

Cuando perciben algo, cuando ven algo,

es casi como si lo sintieran en sus propios músculos.

La percepción del movimiento se inscribe en la región motriz

de su cerebro.

Para entender cómo los mejores futbolistas

consiguen anticipar las acciones de sus adversarios,

Robin Jackson y sus colegas de la Universidad Brunel

realizaron un escáner a un equipo de futbolistas profesionales,

y posteriormente los sometieron a una prueba

denominada test de oclusión temporal.

La idea es muy sencilla:

En la pantalla, un atacante se dispone a chutar un balón,

pero la imagen se detiene justo antes de que golpee la pelota.

El jugador debe entonces adivinar si el balón irá hacia la derecha,

o hacia la izquierda.

Era la primera vez que el sistema de neuronas espejo

era potencialmente considerado como el origen

de nuestra capacidad de anticipación.

Conversando un día con Robin Jackson, me habló de sus trabajos

sobre la anticipación, que utiliza la tarea de predicción,

lo que llamamos la oclusión temporal,

una tarea que consiste en ser capaz de predecir

los movimientos de otra persona, para reaccionar en consecuencia.

Yo le dije: “Sería un experimento fantástico

para probar en un escáner”,

y efectivamente, vimos que el cerebro

mostraba una actividad muy intensa.

Era algo que hacía realmente trabajar al cerebro.

Y me impresionó mucho, porque pensé:

“Tal vez estamos ante una de las tareas importantes

para las que está diseñado nuestro cerebro”.

Podemos identificar con mucha precisión el momento

en el que ocurre algo importante en el cerebro.

En el caso de la capacidad de anticipación de un futbolista,

cuando un atacante está a punto de cambiar de dirección,

observamos que hay una conexión entre la actividad

de la corteza motora del cerebro y la actividad del glúteo medio.

El glúteo medio es precisamente el músculo

que separa la pierna de la línea media del cuerpo.

Y es muy activo cuando tomamos apoyo para cambiar de dirección,

como ocurre cuando un delantero encara a un defensor.

Cuando un lanzador trata de engañar al portero,

el movimiento de su cadera puede traicionarle.

Es una de las pistas más sutiles

que predice un cambio repentino de dirección

y que sólo los mejores futbolistas son capaces de detectar.

Si son capaces de descifrar la señal a tiempo,

disponen de unos milisegundos para adaptarse a ella

y suspender su movimiento reflejo.

El jugador suspende efectivamente su reacción

durante una fracción de segundo antes de tomar su decisión,

para así tomar la decisión más precisa posible.

Por lo tanto, los jugadores expertos son más precisos,

no sólo porque las acciones que observan

tienen una mejor resonancia en su cerebro,

sino también porque son capaces de detener su movimiento reflejo

ante una finta o engaño.

Y eso significa enseñar al cerebro

a desconfiar de sus propios reflejos.

Es una paradoja sorprendente:

Los futuros genios del fútbol pasan innumerables horas

practicando unos movimientos que finalmente decidirán

no usar en el campo.

Esa capacidad de frenar la respuesta refleja,

o por el contrario, de dejar que se exprese libremente

según el contexto, constituye en realidad uno de los atributos

más sofisticados de las neuronas espejo.

Y es precisamente lo que admiramos en el juego sutil y creativo

de los mejores jugadores de la historia.

Zidane, que en mi opinión es uno de los mejores jugadores

en la historia del fútbol, se movía de una manera

que hacía que todo pareciese fácil y simple.

Buscaba la calidad y la perfección en la ejecución de los gestos,

de la acción y de los movimientos, y los tenía automatizados.

Era algo inherente en él.

Y en eso consiste el deporte de alto nivel.

En la capacidad de comprender rápidamente

las diferentes situaciones y adaptarse instantáneamente.

Hasta ahora creíamos que el talento innato

era un don de la naturaleza o algún tipo de lotería genética,

pero los últimos descubrimientos han asestado un duro golpe

a ese viejo mito.

La capacidad de adaptación ultra rápida se puede entrenar

como cualquier otra habilidad deportiva.

Ahora parece obvio que el aspecto mental es primordial en el deporte.

El cerebro, igual que el cuerpo, debe estar bien desarrollado

y bien entrenado.

Pero se trata de un aspecto relativamente nuevo.

Me recuerda a la situación

que vivimos hace quince o veinte años,

cuando comenzamos a abordar la preparación física.

Salvo que ahora estamos abordando otra forma de preparación

que va más allá de lo puramente mental.

Ahora trabajamos con la mente cognitiva,

la asimilación de información y la inteligencia.

Hasta el momento,

los neurocientíficos se habían contentado

con observar el cerebro de los atletas.

Pero ahora el objetivo es transformarlo.

Para que el rendimiento deportivo

se beneficie de los avances científicos,

los investigadores dedican ahora su tiempo a la formación

de talentos emergentes.

Un futbolista o un jugador de hockey sobre hielo

ve un movimiento continuo con muchos elementos simultáneos.

Los jugadores necesitan reaccionar muy rápido,

y el cerebro tiene una manera muy específica de gestionarlo.

Para ello, deben coordinar múltiples procesos cognitivos

de forma simultánea.

Eso es básicamente lo que hemos recreado aquí.

Nuestro enfoque consistió en crear algo

que pudiera estimular esos diferentes sistemas simultáneamente,

con el fin de entrenar y mejorar sus capacidades.

El sistema de entrenamiento cognitivo desarrollado

por Jocelyn Faubert en la Escuela de Optometría de Montreal

se llama "Neurotracker".

Cuatro, ocho, siete, tres.

Promete revolucionar los métodos de entrenamiento,

y la buena noticia es que los futbolistas

quizás aprendan finalmente a amar las matemáticas.

Tenemos ocho bolas amarillas, ¿de acuerdo?

Cuatro de ellas se iluminan momentáneamente de color rojo.

A continuación, durante un intervalo de ocho segundos,

las bolas recorrerán la pantalla, chocando entre sí o entrecruzándose.

Pasados los ocho segundos, aparecerá un número en cada bola

y tendrás que darme los números de las cuatro bolas

que estaban iluminadas en rojo.

Cinco, tres, ocho, seis.

Por primera vez, un simulador virtual apunta directamente

a las facultades cognitivas de los futbolistas profesionales

y futuras estrellas del fútbol.

El Neurotracker, fruto de varios años de trabajo de laboratorio,

pone en manos de las nuevas generaciones un sistema

para rivalizar con los mejores jugadores internacionales.

Ocho, cinco, dos, siete.

Es lo que sigue distinguiendo a los jugadores

en los deportes de alto rendimiento.

Es su capacidad superior y casi mágica

de anticipar lo que va a pasar en el juego,

y de explotar ese talento en todo momento.

Pero creemos realmente que es la visión

lo que les permite hacer eso; es su capacidad de percibir

y entender lo que está sucediendo.

Para desarrollar las capacidades analíticas del jugador,

el programa concebido por Jocelyn Faubert y sus colaboradores

ha adaptado la abstracción científica a las limitaciones reales

del campo de fútbol.

Su elaborado diseño

traduce la complejidad de los partidos de fútbol

en formas simples:

Movimientos, líneas y flujo.

Las personas experimentamos el flujo óptico todos los días

en nuestra vida cotidiana.

Cuando caminamos entre una multitud, por ejemplo,

hay un movimiento dinámico que avanza hacia nosotros

de forma constante.

Es similar a lo que sucede en un campo de fútbol:

La información visual que rodea al jugador es siempre dinámica.

La idea es recrear un movimiento similar al que experimenta el jugador

cuando está en el campo, agregándole una escena dinámica

a su alrededor.

Es un entrenamiento que ayuda a sobrecargar el cerebro.

Ayuda a automatizar las redes neuronales de los deportistas,

lo que hace su trabajo más fácil cuando salen al campo.

Cinco, ocho, dos, tres.

Perfecto, sigue así.

El campo visual periférico

está lleno de redes neuronales de tipo magnocelular

que se encargan de la percepción del movimiento.

A medida que estimulamos la visión periférica,

lo que hacemos es estimular esas redes de neuronas,

de tal manera que entrenamos al jugador de ataque a ser más rápido

y más fluido en la forma en que procesa la información.

En resumen, bastaría con tener una puntuación alta en videojuegos

para ganar el balón de oro.

Fácil, ¿verdad?

Bien, ahora inténtelo ustedes.

Sigan las cuatro pequeñas bolas rojas durante cinco segundos.

¿Están listos?

Adelante.

La gente tiende a pensar que los atletas

no usan mucho su cerebro.

Y es rotundamente falso,

porque todos orientamos nuestros recursos hacia algo.

No estoy diciendo que sean más inteligentes,

pero ciertamente hay una forma de inteligencia ahí;

una capacidad mental optimizada para poner en práctica lo que hacen.

La ciencia ha salido de los laboratorios

para entrar en los terrenos de juego.

Sin embargo, aunque los investigadores están dispuestos

a sudar la camiseta, todavía tienen que convencer a los deportistas

de que les hagan un pequeño hueco en el equipo.

La investigación en laboratorio es genial,

pero lo importante es cómo se traduce realmente en el campo.

Qué porcentaje puede trasladarse a la práctica,

y cuál es su grado de eficacia.

¿Vamos a ganar un diez o un veinte por ciento de eficacia?

¿El dos o el tres por ciento?

Sabiendo que incluso un dos o un tres por ciento

sigue siendo un porcentaje enorme.

Si eso nos hace ganar una décima de segundo,

puede ser la diferencia entre tener el balón y no tenerlo,

y que el balón traspase la línea de gol o no la traspase.

Hemos publicado ya varios estudios al respecto,

pero todavía estamos aprendiendo y mejorando.

Los atletas no son los únicos que están cambiando,

nosotros también estamos mejorando en lo que hacemos.

Pero sí, el entrenamiento que ofrecemos tiene un impacto

en el nivel de rendimiento.

Y sí, se traduce claramente en el terreno de juego.

Se puede apreciar en el número de pases,

en el porcentaje de pases exitosos, y así sucesivamente.

Y todos esos elementos de nuestra investigación

se han verificado no solo aquí, sino también en otros lugares.

En la actualidad hay otros laboratorios

que están utilizando nuestro enfoque de Neurotracker

para evaluar, predecir y mejorar el rendimiento.

El Neurotracker, concebido en Montreal,

ha atravesado el Atlántico.

Desde el Manchester United hasta el Barcelona,

pasando por el Olympique de Lyon.

Los mejores centros de formación europeos

apuestan ya por el entrenamiento cognitivo

para entrenar a sus futuros campeones

y detectar a jóvenes talentos.

Al utilizar el Neurotracker en los jóvenes,

nos dimos cuenta de que, además de incrementar la percepción,

también fortalece la capacidad del cerebro

a la hora de almacenar experiencias,

así como la capacidad del cerebro para reaccionar rápidamente

a las señales recibidas, señales que se perciben

de forma algo difusa y periférica porque realmente no hay tiempo

para mirar el juego como un todo.

Hay que procesar tres o cuatro elementos de información

muy rápidamente.

Seis, cuatro, dos, siete.

La visión periférica

es lo que permite a las grandes leyendas del fútbol

conocer la posición exacta de sus compañeros

y sus adversarios en el campo,

sin ni siquiera tener que girar la cabeza.

Antes pensábamos que era producto del genio, o de la magia.

Pero en un futuro próximo,

cualquiera será capaz de fabricarse su propio Zidane o Messi,

en lugar de tener que comprarlo a precio de oro en el mercado.

El fútbol ha entrado en una espiral de evolución tan vertiginosa

que la única solución ahora es formar a tus propios jugadores.

De ahí la fuerte inversión que hemos hecho en Lyon,

gastamos entre siete y diez millones de euros al año en formación.

Es evidente que la formación mental será cada vez más importante,

y si ese es el futuro del fútbol, creo que el Olympique de Lyon

estará mejor colocado que otros equipos,

puesto que hemos innovado e investigado

por delante de los demás en ese ámbito.

La primera generación de atletas entrenados con métodos cognitivos

espera ahora el momento de mostrar su potencial.

Con ellos llega un enfoque completamente nuevo

al deporte y al fútbol, que espera triunfar mañana en los estadios.

La ciencia, la educación, la pedagogía y el desarrollo

son extraordinarios.

Cada pequeño descubrimiento abre tantas posibilidades

que los desarrollos parecen infinitos.

Y lo realmente maravilloso cuando trabajas

en el campo de la investigación es que puedes trabajar con hipótesis.

Puedes probar una cosa, y si no funciona, intentar otra.

Creo que el entrenamiento cognitivo, con sus nuevos equipos

y sus nuevos enfoques, se expandirá rápidamente.

Y será maravilloso,

porque hay un margen de progresión extraordinario

en los deportes colectivos.

El progreso científico ha abierto una nueva era

en el mundo del deporte.

Los atletas ya estaban rodeados de un impresionante equipo

de fisioterapeutas, dietistas y especialistas de todo tipo.

Ahora tendrán también que contar con la aportación

de los neurocientíficos.

En Londres, la poderosa compañía farmacéutica GlaxoSmithKline,

acaba de inaugurar un nuevo tipo de instalación,

a la vez laboratorio científico y salón de entrenamiento deportivo.

El objetivo es crear el atleta completo,

capaz de integrar las capacidades cognitivas y físicas

en un solo cuerpo.

Lo que vamos a hacer es lo que llamamos una evaluación

de procesamiento cognitivo fundamental.

En lenguaje más profano significa simplemente

que vamos a estudiar cómo funciona vuestro cerebro,

y la relación con vuestro rendimiento deportivo. ¿De acuerdo?

El rendimiento de los atletas es único

si lo comparamos con el de la población normal.

Podemos aprender muchas cosas de estos deportistas

estudiando cómo funciona su cerebro.

Y la manera en que gestionan su entorno y sus acciones

puede ayudar a GSK y al Laboratorio de Rendimiento Humano

a desarrollar la ciencia y a encontrar mejores productos

para nuestros consumidores.

Y también, muy posiblemente, ayudar a la población

desarrollando mejores medicamentos y mejores tratamientos.

¿Listos?

En el Laboratorio de Rendimiento Humano,

el cerebro de los atletas se convierte en la materia prima

de una verdadera industria del rendimiento.

Se toma a algunos futbolistas de alto nivel,

se los somete a un ejercicio intenso,

y se comprueba el estado de sus neuronas

con la esperanza de encontrar la fórmula mágica

que permita en el futuro fabricar campeones en serie.

Hemos regulado la cámara ambiental con la misma temperatura

que en Río de Janeiro durante los Juegos Olímpicos.

Básicamente estudiamos el impacto de la humedad y la temperatura

sobre su capacidad, no solamente física,

sino también cognitiva.

Para ello hacemos test basados en el tiempo de reacción

inmediatamente después de la evaluación

para ver el impacto que tiene el ejercicio,

combinado con el calor y la humedad, sobre sus funciones cerebrales.

En este gimnasio futurista, la ciencia y la tecnología

parecen haber puesto el sueño del rendimiento supremo

al alcance de un clic.

El cuerpo y el cerebro son llevados al límite,

como si fuera posible programar hasta la última neurona

de los atletas.

Sin embargo, todavía estamos muy lejos de poder encorsetar el cerebro

en un programa informático.

Aunque hoy sabemos cómo aumentar la capacidad cerebral

de nuestros atletas, es absolutamente ilusorio

pretender que podemos controlar a la perfección

todo lo que les pasa por la cabeza.

El esquí es un deporte muy solitario.

Una vez que traspasas el portillón

dejas atrás a tu equipo y a tu entrenador,

y durante los dos minutos siguientes,

no hay nadie a tu alrededor.

No escuchas nada.

Estás sólo tú, con tus pensamientos, y el viento en el casco.

Es muy fácil, incluso a velocidades tan altas,

darle vueltas a la cabeza preocupado, pensando en lo que te espera

en la próxima puerta, o en los errores que cometiste,

o incluso en la colada que tienes pendiente.

Los pensamientos se desmadran sin control, ¿verdad?

Todos los campeones saben que de nada sirve

desarrollar sus capacidades cognitivas,

si no logran dominar el flujo de sus pensamientos.

Para crear el atleta perfecto,

no basta con tener un cerebro perfectamente calibrado.

Los atletas deben aprender también a controlar las divagaciones

de su mente.

Incluso en el nivel más alto,

entre los atletas que tienen precisamente todo lo que necesitan

para controlar todos los aspectos de su rendimiento,

la mente todavía tiene, pese a todo, una suerte de grado de libertad

que puede hacer que pierdan la concentración.

Parece casi inimaginable, dado su nivel de entrenamiento,

pero eso demuestra que la mente,

especialmente cuando se trata de la atención,

es realmente la última frontera en deportes de alto rendimiento.

Hoy en día, las técnicas de entrenamiento cerebral

trabajan todavía con modelos cuyo cerebro

se encuentra en situación de reposo.

Sin embargo, la competición en el mundo real,

sumerge al deportista en un contexto de máxima tensión.

El principal reto de Manuel Osborne Paradis

es controlar sus emociones durante los dos minutos

que dura el descenso.

Lanzado a tumba abierta

a más de ciento veinte kilómetros por hora,

el pensamiento parásito más leve podría costarle la vida

o, cuanto menos quitarle un lugar en el podio.

Penny Werthner, antigua campeona de atletismo, lleva veinte años

ayudando a los mejores atletas del mundo a mantener el máximo

de sus capacidades en entornos particularmente estresantes.

Estamos midiendo la actividad eléctrica del cerebro.

Tomamos mediciones

mediante electroencefalografía en diferentes bandas de frecuencia,

para poder expresarlas de manera más sencilla.

A grosso modo, tenemos las ondas Delta,

que son las correspondientes al estado de sueño.

Tenemos las ondas Theta, que están más cerca de la ensoñación,

cuando nuestra mente divaga.

Y luego tenemos las ondas Alpha, y las ondas Beta altas y bajas,

que corresponden a la rumiación de los pensamientos,

a la preocupación provocada por el estrés.

La respuesta que recibimos en la pantalla

cuando están conectados a los electrodos,

nos brinda una manera muy concreta e ilustrativa

de decir: “Así es como debes de estar”.

El estrés, la excitación

o los estados de concentración profunda

hacen variar considerablemente las ondas cerebrales.

La técnica utilizada por Penny Werthner

permite a los atletas controlar por sí mismos dichas variaciones.

Por pura fuerza de voluntad,

el campeón de esquí Manuel Osborne-Paradis

puede ahora competir contra los mejores skippers.

Cuanto más consigue controlar sus ondas de estrés,

más rápido avanza su pequeño velero.

Cuando empecé a practicar el juego de los veleros con Penny,

estábamos tratando de averiguar el lapso temporal

en el qué empezaban a surgir mis dificultades,

es decir, en que momento del tiempo

se producían mis pérdidas de concentración o mi mente divagaba.

Y cada vez que hacíamos una prueba de dos minutos,

siempre era entre el minuto treinta y el minuto cuarenta y cinco segundos

cuando mi cerebro se desconcentraba más.

Y si hacemos un repaso a mi carrera,

todas mis grandes caídas, todas las carreras que he perdido,

han ocurrido siempre entre el minuto treinta

y el minuto cuarenta y cinco.

Ganan una tremenda dosis de confianza

a medida que van progresando en el entrenamiento,

porque se dan cuenta de que pueden efectivamente gestionar ese factor

por sí mismos.

Los tres atletas con los que trabajé para los Juegos Olímpicos de Londres

en dos mil doce lo gestionaron de manera excelente,

y dieron lo mejor de sí mismos.

De hecho, ganaron medallas.

Ningún programa informático dará jamás a los atletas

un control absoluto sobre las emociones

que los impulsan.

Pero es posible aprender a orientarlas

para frenar sus automatismos

y dejar expresar libremente su creatividad.

Cuando estás lleno de confianza, sientes que todo fluye por sí solo.

Esquiar consiste en ir haciendo un giro tras otro,

y aprovechar la velocidad generada en cada giro

para acometer el siguiente.

Cuando todo va bien, y sigues la línea correctamente,

todo fluye mucho mejor.

Cuando sientes ansiedad

y comienzas a acumular tensión en los hombros, nada fluye.

Todo se vuelve mecánico, y pierde fluidez.

Si utilizas la respiración para calmarte,

es mucho más fácil deslizarse y dejar que la fluidez de la montaña

y los esquís trabajen juntos.

En la década de mil novecientos noventa,

el psicólogo húngaro Mihaly Csikszenmihalyi

llamó "flujo" a ese estado mental en que el rendimiento es óptimo

sin sentir la más mínima sensación de esfuerzo.

Para los atletas, es una especie de Santo Grial,

la antítesis del estrés y la ansiedad.

El flujo es un río que fluye,

que no serpentea en todas direcciones,

sin rumbo por entre las rocas.

Es una fase de flujo laminar,

donde todo se mueve en la misma dirección,

donde toda la energía viaja en la misma dirección.

Y lo que encontramos a nivel neuronal con esta idea es, probablemente,

un estado que minimiza las interferencias negativas.

Por eso es por lo que el flujo se describe generalmente

como una sensación particularmente agradable.

El flujo es algo muy difícil de conseguir para cualquier atleta.

Es ese momento crítico

en el que todo lo que te rodea entra en una sincronía perfecta

donde sientes que la bola del martillo está exactamente

donde tú quieres que esté; en el que sientes que todo tu cuerpo,

hasta el más pequeño músculo que has entrenado durante horas

hace exactamente lo que se supone que deben hacer

en el momento preciso, y con el ritmo adecuado.

Creo que el flujo tiene mucho que ver con el ritmo y la música.

Entras en una dinámica en la que, de repente,

el mundo se detiene.

De repente, eres casi un dios,

con un control absoluto de todo lo que te rodea.

Y puedes manejar hasta el más pequeño gesto,

hasta el más pequeño movimiento.

Cuando estás en el flujo, todo se ralentiza,

y puedes ver realmente la bola del martillo,

y tu relación con la bola.

Y sientes que puedes girar la bola exactamente por donde tú quieres,

y decidir el momento en que vas a poner toda tu energía,

toda la energía de tu ser, en esa bola,

para liberarla en el universo.

Y cuando la lanzas, es el momento supremo.

Como el “big bang” de la creación.

Bajo las luces del escáner, los cerebros de los atletas

comienzan a revelarnos algunos de sus secretos.

Y el constante perfeccionamiento de los equipos

permite a los científicos profundizar cada vez más

en la mente de los atletas.

No hace mucho, los deportistas necesitaban miles de horas

de entrenamiento intensivo para tener la esperanza

de entrar algún día en la leyenda.

Miles de horas de esfuerzo,

repitiendo con paciencia los mismos gestos y movimientos

para afinar sus redes neuronales.

Miles de horas corriendo, saltando, lanzando y chutando

para chocar finalmente con los límites del cuerpo humano.

Sin embargo, los avances en investigación y neurociencia

están abriendo una nueva era para el mundo del deporte.

Los estimuladores neuronales ya están llegando a gimnasios

y centros de entrenamiento.

El siguiente paso es acercarlos a los atletas sobre el terreno.

El atleta tenía ya un cuerpo perfecto.

Ahora tendrá también un cerebro en consonancia.

Y todo el mundo aguarda ya con impaciencia

el próximo advenimiento de los nuevos dioses del olimpismo.

La noche temática - En busca del atleta perfecto

52:04 12 ago 2017

A través de un exhaustivo estudio del cerebro de los atletas de élite se ha observado que el entrenamiento físico intensivo modifica su corteza cerebral, lo que les da una mayor rapidez y precisión. Pero estos atletas ya están a punto de alcanzar los límites físicos del cuerpo humano. La única posibilidad de mejorar su rendimiento es el entrenamiento mental y cognitivo.

Contenido disponible hasta el 27 de agosto de 2017.

Histórico de emisiones:
17/06/2017

A través de un exhaustivo estudio del cerebro de los atletas de élite se ha observado que el entrenamiento físico intensivo modifica su corteza cerebral, lo que les da una mayor rapidez y precisión. Pero estos atletas ya están a punto de alcanzar los límites físicos del cuerpo humano. La única posibilidad de mejorar su rendimiento es el entrenamiento mental y cognitivo.

Contenido disponible hasta el 27 de agosto de 2017.

Histórico de emisiones:
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