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No recomendado para menores de 12 años La noche de ... - Generación Tsunami - Ver ahora
Transcripción completa

Hola, ¿qué tal? Buenas noches.

El 26 de diciembre de 2004, un impresionante terremoto

en el Oeste de Indonesia

ahogó la Navidad; una serie de tsunamis,

con olas de más de 20 metros,

provocaron 230 000 muertos.

Hace 10 años, TVE fue el primer medio de nuestro país

en llegar a la zona cero de la tragedia.

Hoy, una década después, hemos vuelto y, además,

durante varias ocasiones,

para contarles la historia de superación

de las víctimas de ese tsunami:

La historia de Teuku, perdió a toda su familia:

A su mujer, a sus hijos y, 10 años después,

ha creado una nueva familia.

O la historia, por ejemplo, de Harlina, que sigue todavía

siendo presa del pasado.

Este documental es un documental de horror, de devastación,

de memoria de los que más sufrieron,

pero también una oda a las segundas oportunidades.

Les invito a ver el siguiente reportaje

de Érika Reija y Olegario Marcos.

Nunca tantas cámaras captaron una misma tragedia

desde ángulos tan alejados;

una tragedia que viajó, a través del agua,

a todos los países del Océano Índico,

una tragedia que conmovió a toda la humanidad.

10 años después, las cámaras de TVE

regresan a dos escenarios contrapuestos de la catástrofe:

Tailandia, paraíso turístico, y Aceh, una región de Indonesia

cerrada al mundo por 30 años de guerra,

la zona cero del maremoto.

Queremos rescatar del olvido a víctimas y supervivientes,

huérfanos, madres, padres, hijos del tsunami,

historias cosidas por una ola negra,

por un golpe de mar que torció, a la vez, su destino.

Ellos son los protagonistas, los creadores de este relato,

la generación tsunami.

(CANCIÓN ORIENTAL)

Roni empieza a reconstruir su hogar 10 años después;

del antiguo solo queda el suelo.

En cuestión de segundos, el tsunami le arrebató su casa,

a su padres, su infancia, todo lo que creía sólido y seguro.

Ha necesitado una década para volver.

-Durante mucho tiempo, estuve traumatizado por el tsunami,

no podía vivir en este lugar,

sentía que no estaba a salvo aquí.

Vi con mis ojos cómo llegaba la ola por detrás de mi casa.

Tenía una altura de unos 10 metros,

era más alta que mi casa.

Corrí hacia la montaña y no paré de correr hasta llegar,

pero mi padre y mi madre

se quedaron atrás.

Hasta hoy, no he podido encontrarles,

siguen desaparecidos.

La recuperación física y la emocional

no siempre caminan juntas,

Indonesia dio por finalizada la reconstrucción en 2009,

la zona cero luce hoy renovada, casi irreconocible,

gracias a la marea de solidaridad internacional

que también trajo el tsunami.

Pero quedan solares desolados como este,

nadie reclamó reedificarlo porque la familia al completo murió,

solo su vecino recuerda que un día existieron.

-Aquí había tres viviendas, eran 15 personas

de la misma familia, no he vuelto a ver

a ninguno de ellos, supongo que todos han muerto.

-Los años nos hacen olvidar que estamos hablando

de más de 200 000 personas muertas o... y desaparecidas,

eso es una magnitud tremenda.

Y hay dos efectos muy grandes:

El efecto psicológico sobre toda esa población,

que... que... que dura, que dura mucho tiempo.

Y el efecto material de destrucción,

de ver que todo lo que tú has construido,

a través de generaciones, de repente,

como un castillo de naipes, se va.

-Todo esto es nuevo: Los árboles, las casas, todo,

porque todo había sido destruido completamente por tsunami.

Me gustaría agradecer a toda la gente de otros países,

incluidos los españoles, todo el apoyo que nos habéis dado.

No me imagino qué hubiera sido de nosotros sin esa ayuda.

Después de 10 años, puedo decir que Aceh

está mucho mejor que antes.

Fauzan es uno de los héroes anónimos de Aceh,

se refugió del tsunami en casa de sus vecinos,

más alta que la suya.

Y, cuando el salón se llenó de agua,

ayudó a salvar a los que no sabían nadar.

-Me quité la camiseta y los zapatos y me lancé al agua.

Mi cerebro trabajaba deprisa, con una mano agarré

las cadenas de la lámpara que había aquí y,

con la otra, alcancé a una chica con sus hijos.

Despacio, conseguí sacarlos.

No pudo rescatar a la mujer que le había abierto la puerta,

la ola la engulló sin remedio cuando subía la escalera.

-Iba justo detrás de mí

y, cuando miré atrás, ya no estaba.

Fauzan tampoco pudo ayudar a su hermana

que vivía en otro barrio de la ciudad.

Sospecha que su cuerpo acabó enterrado, como tantos otros,

en esta gigantesca fosa común, sin identidad, sin nombre.

-Aquí yacen unas 46 000 personas de distintos lugares de Aceh.

Traían los cadáveres por cualquier medio:

En camiones, ambulancias, coches particulares...

Hubo que excavar más de un nivel,

hasta ocho o nueve pisos bajo tierra para tantos cadáveres.

-Ordené encontrar una zona para los enterramientos,

lo preparamos inicialmente para unas 500 personas

pero, al final, en ese lugar se dio sepultura

a más de 40 000 personas

en un solo agujero, ¿quién puede imaginar

o predecir algo así?

Cuando retirábamos escombros y basuras,

aparecían cientos de cadáveres;

cuando entrábamos en las casas, cientos de cadáveres más.

-Hubo respuesta que no fueron las adecuadas,

el tema del tratamiento de los cadáveres, de los muertos.

Es decir, la manera en que, de forma precipitada,

se enterraron en fosas comunes

a cadáveres que, luego, al final, pues ha sido imposible

trazar, por parte de sus familias, dónde están sus relativos,

dónde están sus familiares pero, además, incluso,

no haber respetado esos procesos humanos psicológicos,

de duelo, de despedida que, al final, han dejado,

en muchos casos, unos traumas mayores.

Harlina es una madre rota por el tsunami.

Perdió a sus tres hijos, de 10, siete y dos años y medio,

y perdió a su marido. Los médicos tampoco pudieron

salvarle la pierna, destrozada por los golpes.

10 años después, solo le queda el consuelo de su anciana madre...

...y un montón de recuerdos de aquella otra vida que no volverá.

-Mientras estaba en el hospital, tenía esperanza

de ver a mis hijos y a mi marido.

Durante 14 días, soñé cada noche con ellos,

venía a mis niños volando como mariposas,

sonreían y estaban felices.

Un día, al despertar, me di cuenta de que debían

estar ya en el cielo, de que Dios los había llamado a su lado.

Ahora sueño con el día en que nos encontraremos

todos allí, en el cielo.

A Harlina no le gusta lamentarse ni llorar su mala suerte.

La suya es una historia de lucha y superación.

Ha encontrado la fuerza de seguir adelante e, incluso,

de ayudar a los demás. Trabaja en el mismo hospital

donde le amputaron la pierna, siempre cerca de

los enfermos en rehabilitación.

Sabe lo que duele aprender de nuevo a caminar

con una pierna ortopédica y una vida rota.

-Después del terremoto, mi marido, mis tres hijos y yo

nos subimos a una moto e intentamos escapar.

Pero la carretera estaba atascada,

no se podía avanzar porque todo el mundo trataba de huir.

El agua vino de repente y nos dio de lleno,

tan fuerte, que me separó de mis hijos y de mi marido.

Pude nadar hasta el tejado de una casa y allí me agarré,

con el agua hasta la boca.

Como ella, millones de personas quedaron malheridas

por el terremoto o el tsunami, sin ayuda.

La ola también arrasó los hospitales,

como este de Avivin, el más grande y moderno

de Banda Aceh. -Todo el hospital queda

en diferentes edificios, se encontraban anegados,

llenos de barro y nada operativos,

no había ni un solo paciente

y todas las estancias se encontraban sucias,

se encontraban, pues, con las camas fuera del...

De los edificios y sin posibilidad ninguna

de atender a ningún paciente allí.

Había apenas el que decía ser el director del hospital,

que se encontraba sentado en unas escaleras.

Se explicó un poco la historia de que, cuando sucedió

el terremoto, eh, intentaron que todas las personas

del hospital salieran fuera,

con la idea de que se podía repetir

un segundo terremoto y lo que llegó fue el tsunami,

y arrasó con, bueno, pues, prácticamente,

con todos los pacientes y con, incluso,

el personal del propio hospital,

con lo cual, allí no quedó nadie.

Mientras limpiaban el hospital y ponían en marcha

un servicio de emergencias, el tiempo corría

en contra de los heridos. -La gente estuvo semanas,

semanas estuvo sin ningún tipo de tratamiento;

con lo cual, el que tenía una factura complicada,

una fractura abierta, el que tenía algún problema de...

Vascular, evidentemente, hubo que realizar intervenciones

quirúrgicas de amputación de miembros

y, bueno, otras cosas que, posiblemente,

se podían haber evitado con un buen tratamiento

en los primeros días, que no pudieron tener.

(SIRENA)

-En medio de este recuento, se suceden las peticiones

de ayuda desde los países arrasados.

-Las imágenes e historias de este drama llenan

informativos de todo el mundo.

La magnitud de la tragedia atrajo a periodistas

de todo el mundo, pero no era fácil

llegar hasta la zona cero del tsunami.

La región indonesia de Aceh, en el Norte de la isla

de Sumatra, llevaba 30 años inmersa en un sangriento conflicto

entre la guerrilla separatista y el Gobierno

Era una zona de fuerte actividad militar, cerrada a los extranjeros.

-Cuando llegamos allí, eh, nos topamos con el infierno

era la imagen viva de la devastación,

de la desolación, de la destrucción

en estado puro, en estado virgen.

Prácticamente, no habían llegado medios periodísticos, eh,

no había agencias internacionales, no había rescatadores,

no había médicos, no había medios, era una zona que había estado,

durante muchos años, aislada del exterior,

una zona muy pobre y sin estructura

para hacer frente a esa catástrofe tan enorme.

-Las aguas de este río que puedes ver,

antes, apenas se veían, estaban completamente cubiertas

por cuerpos, maderas, restos de viviendas,

restos de barcos. Barcos que, con la ola

y en el cauce del río, se habían estrellado

y agolpado junto al puente.

Era un panorama realmente desolador.

Yo creo que, de los 35 años que llevo en esta empresa,

en TVE, este fue el momento más... más impactante,

profesional y personalmente.

Esta cafetería es el punto de encuentro de la prensa local,

con una mirada distinta de la tragedia.

Los periodistas de Aceh fueron a la vez víctimas

y narradores de la catástrofe.

Hotli Simanjuntak es uno de los más reconocidos de la zona.

Pudo captar con su cámara

las primeras consecuencias del tsunami.

-Mi instinto periodístico me dijo que debía ir

al centro de la ciudad y averiguar si algún edificio

se había derrumbado por el terremoto.

Me las arreglé para llegar al centro y, mientras tomaba

algunas fotos allí, un montón de gente empezó a gritar:

"¡El agua del mar viene!". Todos se pusieron a correr.

Yo me mantuve clavado en medio del caos haciendo fotos,

no me daba cuenta de que era un tsunami.

Pero, cuando miré a mi lado derecho,

hacia el río, vi un montón de barcos

estrellándose contra el puente.

También vi a gente en unos barcos estrellándose contra ese puente.

Todo eso pasaba frente a mis ojos

y el agua era muy negra, porque traía de todo:

Muchos deshechos, coches, con tanta fuerza

que los coches daban vueltas.

Creo que son fotografías valiosas porque,

en aquel momento, solo había periodistas locales en Aceh,

ningún extranjero;

por eso arriesgué mi vida para captar estas imágenes.

Hotli estaba acostumbrado a las situaciones límite.

Como reportero de guerra, entró en la selva para retratar,

tanto al ejército indonesio

como a los guerrilleros del GAM, Movimiento de Aceh Libre.

Esas son, quizá, las mejores fotos de su carrera.

-Ir a los pueblos de la guerrilla era muy peligroso,

porque estaba prohibido. Suponía violar la ley.

Si los militares me encontraban allí,

tendría serios problemas así que, realmente,

era muy difícil cubrir el conflicto en Aceh.

A veces bromeábamos diciendo que eran juegos de guerra,

pero con balas reales.

La batalla es como un juego, pero la muerte es de verdad.

Si una bala te da, acabas muerto.

Paradójicamente, el tsunami tuvo una consecuencia positiva:

Poner fin a la sangrienta guerra civil.

Tantos muertos en la calle

hacían insoportable la idea de seguir matando.

Tres días después de la tragedia, los rebeldes decretaron

el alto el fuego y los militares pasaron

de la represión, a la asistencia humanitaria.

-Comandantes militares de toda Indonesia

vinieron para construir nuevas carreteras,

carreteras temporales. Desde Aceh a Malabo.

Lo hicieron en solo mes y medio,

para que todo el mundo pudiera utilizarlas.

A la gente le sorprendía ver a los militares

trabajando por el pueblo y eso ayudó a cambiar su imagen,

a pasar, de la guerra y la ley marcial, a la paz.

Ni los muros de la prisión de Banda Aceh soportaron

la embestida de las olas, dentro docenas de reclusos

murieron ahogados, otros aprovecharon el caos

para escapar, entre ellos, el líder de la guerrilla:

Irwandi Yusuf. Condenado por participar

en la lucha armada. Nadie podía imaginar aún

que este jefe militar rebelde se convertiría

en el primer gobernador elegido democráticamente en Aceh.

-Cuando el muro se derrumbó por el tsunami,

otro preso que estaba conmigo rompió a llorar.

El nivel de agua subía, todos pensamos que íbamos a morir.

No había forma de escapar,

incluso, aunque el muro había caído,

la avalancha de agua era demasiado fuerte.

Cuando lo vi llorando le dije: "No llores, está claro

que vamos a morir y seremos dos cadáveres.

Mañana nuestra familia descubrirá nuestros cuerpos sin vida;

si lloras, tu cara tendrá muy mal aspecto,

así que vamos a sonreír".

Así empezó el camino de Irwandi Yusuf

hacia la libertad, además del tsunami,

ha sobrevivido a múltiples intentos de asesinato

y ha vivido en la clandestinidad,

hasta que el 15 de enero de 2005

se firman en Helsinki los acuerdos de paz.

Puerta abierta a la autonomía de Aceh

y amnistía para los combatientes.

-Mi principal desafío fue mantener la situación

de paz durante mi mandato y lo conseguí.

Otro desafío era llevar prosperidad a la gente de Aceh.

Creo que lo cumplí al 80%.

La cárcel donde estuvo preso Irwandi

es el único edificio público que no se ha reconstruido.

A su alrededor, proliferan las chabolas,

pobres entre los pobres a los que la paz

no ha traído prosperidad. Entre esta miseria,

habitan ex guerrilleros no reinsertados

y algunas víctimas del tsunami.

-Cuando el mar se retiró fui a coger peces a la orilla,

entonces, llegó la ola y me dio de lleno,

me arrastró kilómetros, estoy vivo de milagro,

pero lo perdí todo. Vivía en una casa alquilada,

así que nadie me ha dado una nueva.

Por eso estoy en esta chabola.

Indonesia fue el país más cercano

al epicentro del terremoto, a solo 120 km de su costa;

el lugar donde las olas golpearon primero

y con más fuerza. Pero el tsunami más devastador

de la historia afectó en mayor o menor medida

a todos los países del océano Índico.

-En España, como en el mundo, hubo mucho interés informativo

porque fue, realmente, de una magnitud extraordinaria,

pero también hay que confesar que, inicialmente,

fue porque había occidentales; sin ellos muertos,

nos hubiera interesado menos.

(GRITERÍO)

De los 5000 muertos en Tailandia, la mitad eran extranjeros,

occidentales que pasaban en las playas de Kaolack

sus vacaciones de Navidad.

Sin previo aviso, las olas se tragaron

el lujo de los resorts donde había familias españolas

que narraron por teléfono historias de película.

-Nos encontrábamos justo en la piscina del hotel,

había dicho que pasaríamos el día fuera,

pero decidimos refrescarnos en la piscina del hotel.

Estábamos los tres niños y yo,

y mi mujer estaba justo al lado leyendo y,

de pronto, lo único que recuerdo es ver tres o cuatro sombras

de personas corriendo en nuestra dirección

y, detrás, ver la ola enorme corriendo muy rápido, ¿no?

La ola nos alcanzó por detrás, nos empujó con una fuerza brutal

y perdí los niños y fuimos arrastrados unos 700 metros.

Cuando conseguí salir, eh...

Pues, evidentemente, pensé que mis hijos habían muerto

y, bueno, fui corriendo al hospital

y allí los encontré a todos

y, bueno, realmente fue el milagro mayor

que me ha pasado en la vida,

nos consideramos unos privilegiados.

Tailandia cuidó mejor a los extranjeros

afectados por el tsunami que a su propia población local.

Salvar el turismo y, con él, la economía,

fue la prioridad del gobierno.

10 años después, la costa tailandesa

vuelve a ser el paraíso de siempre.

La reconstrucción se hizo mucho más rápido que en Indonesia.

Pocas semanas bastaron para abrir hoteles y carreteras.

Los visitantes, en cambio, tardaron en volver.

-La industria del turismo quedó paralizada. Todo estaba parado.

Los que vivimos aquí, no teníamos dónde trabajar.

Pero han pasado diez años y todo ha mejorado

en el área de Kaolack. Este hotel fue reconstruido.

La gente se siente mejor viniendo aquí.

-Vine por primera vez hace dos años y es extraordinario

el trabajo que han hecho para reparar todos los desperfectos.

-Algunas veces tengo miedo porque tengo un niño pequeño

y cuando hay olas altas, me asusto un poco.

-Me impresiona, porque estar en el sitio donde

ha pasado esto, o sea, estar en el lugar

donde ha muerto tanta gente

y donde tanta gente lo ha pasado mal.

Hoy las playas de Tailandia cuentan con refugios

y sistemas de alerta. En caso de un nuevo tsunami,

estos altavoces avisarían en varios idiomas.

Algo tan simple, habría evitado en 2004 miles de muertos.

-Entonces perdimos a mucha gente

porque no sabíamos lo que era un tsunami.

Ahora podríamos hacerlo mejor

y salvar a mucha gente, si ocurriera de nuevo.

Si algo temen más los tailandeses que la fuerza del mar,

son los fantasmas. Desde la catástrofe,

abundan historias de almas errantes vagando por las playas.

También aquí se enterró precipitadamente a los muertos

en fosas comunes, sin los ritos que mandan su religión

para completar el tránsito a la otra vida.

El 95% de los tailandeses son budistas.

Creen en el karma y la reencarnación.

Y las ofrendas a los espíritus forman parte de su día a día.

-Cada mañana, preparamos un poco de comida, bebida y algunas flores

para los espíritus del mar y las montañas.

La recuperación no ha sido igual para todos.

Los moken son unas de las comunidades más marginadas

en Tailandia. Los llaman gitanos del mar.

Nómadas cuya única patria son sus barcas de madera.

La mayoría no tiene documentos de identidad.

Nunca los tuvieron o los perdieron en el tsunami.

Sin nacionalidad y sin derechos, se sienten perseguidos.

-Tengo muchos problemas con la policía.

No puedo coger ni un autobús, porque me obligan a bajar.

Una ONG trabaja para que estos nómadas del mar

se asienten en la costa y para que Tailandia

los reconozca como ciudadanos.

-Son personas que no tienen una identidad,

pero tampoco un país. Han sido nómadas.

Históricamente, vivían en las islas, en el mar,

y ahora tienen un problema

a la hora de asentarse en las comunidades.

Hay que buscarles una identidad, eso significa que Tailandia

tiene que reconocerlos como tales y darles los derechos

que les corresponden, tanto en educación, como en salud.

Curiosamente, los moken tuvieron una baja mortalidad en el tsunami.

Su conocimiento del mar les hizo interpretar los signos

y escapar al interior de las islas.

Pero perdieron sus ya precarios medios de vida,

tanto sus barcas como la pesca de cangrejos y almejas,

esenciales para su alimentación y su existencia.

-Durante el tsunami, esta zona fue devastada.

La ola cubrió parte de esos manglares

y muchos ecosistemas y hábitat de los animales

que viven aquí se destrozó y estropeó.

Actualmente, se produce una reforestación

de la zona, con la colaboración de las escuelas y la comunidad,

para que esto, en el caso de que volviera a ocurrir,

pudiera servir de barrera natural para frenar

parte de las olas que puedan llegar.

-Estamos explicando a los niños cómo plantar los manglares.

Queremos concienciarlos desde la infancia

sobre la importancia del bosque.

Estudios científicos han demostrado que los niños moken

ven mejor bajo el agua que los demás.

La razón es que sus ojos se han acostumbrado a bucear.

Estos y otros rasgos convierten a los moken

en una comunidad atractiva y exótica.

Ahora quieren abrirse al turismo como antídoto

al desconocimiento y la marginalidad.

-Uno de los problemas de la zona, es que es muy turística

y el turismo puede ser invasivo a la hora

de convivir con la ecología. Lo que pretende este proyecto,

es que haya un turismo sostenible.

Pretendemos que los turistas conozcan

una Tailandia distinta, más cercana

a la vida de las comunidades, más auténtica.

No solo que venga un turismo de sol y playa

y se marchen, sino que conozcan

las formas de vida de las comunidades.

Con el tiempo, el tsunami se ha convertido también

en una atracción turística.

Tanto en Tailandia como en Indonesia,

memoriales y museos recuerdan el impacto de las olas

para que aquel 26 de diciembre

y sus víctimas no caigan en el olvido.

Muchos barcos se han dejado en el mismo lugar

donde los estrelló la fuerza del mar,

como advertencia para las generaciones venideras.

Imágenes de pesadilla en el pasado,

despiertan ahora la curiosidad del viajero.

Esta central eléctrica flotante se ha convertido

en un símbolo del poder de la naturaleza.

Aunque pesa toneladas, las olas la empujaron

cinco kilómetros tierra adentro,

destruyendo todo a su paso.

-Incluso aunque España está muy lejos de aquí,

hay muchos españoles que vienen.

Están entre los cinco países extranjeros que más nos visitan.

El año pasado visitaron este barco más de 200 españoles.

Este barco no es solo una atracción turística,

también tiene un valor educativo y un valor histórico.

Es un patrimonio muy importante para la gente de Aceh.

Cuesta reconciliarse con el agua después de un tsunami.

Pero los acehneses no han tenido otro remedio.

La pesca es su principal sustento y casi todos viven del mar,

el mismo mar que un día les trajo la muerte

de forma inesperada. Ni siquiera los pescadores

sabían lo que era un tsunami.

No había ninguno en Aceh desde hacía más de 100 años.

-Aquel día amaneció tranquilo.

Estábamos pescando en unas islas cercanas.

De repente, el barco empezó a agitarse.

Ahora sé que fue por el terremoto.

Poco después, vimos una ola gigante en dirección a nuestro barco.

Todos teníamos pánico.

El capitán ordenó volver a la isla,

pero los tripulantes dijeron que no podíamos escapar,

que teníamos que ir hacia la ola.

Así lo hicimos. No sé cómo, conseguimos sobrepasarla.

-En mi barco íbamos 30 personas, incluyéndome a mí.

Cuando vino la ola, nos hizo volcar.

Todo el mundo cayó al agua.

Yo logré agarrarme a un trozo de madera y sobrevivir,

pero el resto de mis compañeros murieron.

Además de la pesca, el 80% de los negocios de Aceh

quedaron arrasados. En cambio, hubo una actividad

que floreció durante los días más negros:

la compraventa de oro, el oro de los muertos.

-Muchos supervivientes recogían el oro de los cadáveres

o se lo encontraban entre los escombros

y lo vendían para poder sobrevivir,

porque habían perdido todo en el tsunami.

En lugar de verse afectada, mi economía mejoró,

porque mucha gente de fuera vino

a Banda Aceh para ayudarnos y también compraban oro.

En esta zona de Indonesia, les fascina llevar adornos dorados,

simples complementos o marca de estatus.

Retirar el oro de los cuerpos era lo habitual

y hubo quien lo donó a proyectos benéficos.

-Me movía hacerlo un sentimiento religioso.

Los musulmanes creemos que cuando morimos,

no debemos llevar nada más

que los buenos valores de nuestra vida.

Por eso, nos entierran envueltos en telas blancas sencillas,

sin oro y joyas.

Era tal el número de muertos en Aceh,

que las autoridades dejaron de contar.

Meses después del tsunami, seguían apareciendo cadáveres

casi a diario. Había voluntarios con experiencia en recogerlos.

Ya lo habían hecho durante los años de plomo del conflicto.

Pero hay situaciones para

las que ningún ser humano puede estar preparado.

-Durante algún tiempo, buscamos sin descanso a mi hermano,

desaparecido en el tsunami. Pero un día le dije a mi padre:

"Si está vivo, él nos encontrará".

Así que dejé de buscarlo y continué mi trabajo.

Un día encontré un cadáver que se parecía al de mi hermano.

No podía creerlo, pero era mi hermano.

Ese día algo se rompió en mí.

No pude seguir recogiendo cadáveres.

Indonesia es el país con más musulmanes del mundo.

En medio de una devastación total, sorprendentemente,

las principales mezquitas quedaron en pié.

Lejos de atribuirlo a una construcción más sólida,

los imanes lo interpretaron como una señal divina.

-En mi opinión, el desastre fue culpa nuestra,

culpa del ser humano. Como musulmanes,

estábamos cometiendo muchos errores.

Además del conflicto, no rezábamos lo suficiente,

no leíamos el Corán y hacíamos cosas malas,

como el juego, las apuestas y otros vicios.

Así que Dios estaba enfadado con nosotros

y nos envió este desastre. Fue un castigo de Dios.

Mensajes como este han contribuido a reforzar

el islamismo en Aceh, donde la sharia es ley.

La fe también ha servido de refugio para las víctimas.

A pesar de que la explicación científica del tsunami es clara:

un megaterremoto bajo el mar.

Un seísmo de nueve grados en la escala de Richter

a solo 30 kilómetros de profundidad.

-Para que nos hagamos una idea más clara,

imaginemos, por ejemplo, toda la Península Ibérica

que se partiera por la mitad y, además, una de las partes

montara sobre la otra unos ocho metros.

Es algo indescriptible.

En realidad, aunque hablamos de epicentro,

se trata de una gran fractura.

Y desde el fondo del mar, se van transmitiendo

cambios de presión importantes hacia la superficie del océano.

Ahí se produce una ola que apenas es perceptible.

A partir de ahí, comienza a viajar esa ola

por la superficie a las velocidades que va un avión.

-La catástrofe natural no es evitable.

Pero, digamos, la magnitud de las consecuencias sí lo es.

Es decir, si ese tsunami hubiera ocurrido en países

más preparados, con unas autoridades

más preocupadas por su población,

con unas construcciones mejor hechas,

etcétera, pues, probablemente, hubiera habido menos muertos.

Así que creo que eso debería hacernos pensar.

En los países afectados, aseguran haber aprendido

las lecciones del tsunami

para que un desastre como este jamás se repita.

-Cuando el mar se retira, no se puede ir a la orilla

a coger pescado, porque, en unos 20 minutos,

el mar volverá con fuerza.

Muchos en la costa Oeste de Sumatra no sabían

estas lecciones, así que las olas los sorprendieron

recogiendo cangrejos y peces.

Muchas personas murieron en ese momento.

En segundo lugar, hemos aprendido que mucha gente

murió porque no sabía nadar.

Así que una de las actividades de los programas de desarrollo

de la ONU y UNICEF, ha sido enseñar a nadar,

sobre todo, a mujeres y niños.

Y lo tercero, muy importante, es entrenar a personas

para que busquen refugio en altura.

Esas lecciones se enseñan ahora desde la infancia.

En las escuelas primarias de Aceh, la educación en catástrofes

se ha convertido en asignatura obligatoria.

Los niños deben aprender qué es un maremoto,

cómo se produce y la manera de reaccionar si hay una alerta.

Indonesia es una zona de fuerte actividad sísmica

y quieren estar preparados para el futuro.

-Tenemos que asegurarnos de que todo este conocimiento

pasa a las generaciones venideras,

para que sean conscientes de los riesgos

a los que se enfrentan en esta región.

Señales como esta en plena calle,

recuerdan hacia dónde hay que correr.

También en el resto del planeta el tsunami de 2004

marca un antes y un después,

tanto en la prevención de catástrofes

como en la respuesta humanitaria.

-Fue un electrochoque. Igual que para la respuesta

en situaciones de conflicto, el de Ruanda,

fue un antes y un después,

en el caso del océano Índico, del tsunami,

fue el principio de un proceso de cambio profundo

en el cual estamos inmersos todavía.

-Yo creo que este tsunami de 2004 fue el detonante

para que muchísimos gobiernos se interesaran

por ver cómo tenían sus sistemas de alerta,

por si habían sufrido también en sus propias costas

un tsunami. Y por eso, se han desarrollado ya,

a raíz de ello, sistemas de tsunami

en muchísimas partes del mundo.

Sin importar la distancia, España se volcó

desde el principio en ayudar a las víctimas.

La respuesta del estado y de la sociedad

fue muy generosa. Múltiples ONG y voluntarios

se movilizaron para levantar Aceh de sus escombros.

-Nosotros hemos podido estar trabajando diez años

gracias a la colaboración ciudadana,

al gran apoyo que recibimos, que permitió recaudar

48 millones de euros, cubriendo la primera parte

de emergencias, pero participando en la rehabilitación

o construcción de escuelas, centros de salud

y un programa muy importante de construcción

de nuevas viviendas y de rehabilitación

de viviendas que habían quedado dañadas.

Entre la infinidad de ciudadanos españoles que pasaron

de la emoción a la acción, encontramos a Yamila.

Su familia proviene de Aceh y ella sintió

que debía involucrarse de manera especial en ayudar a los suyos.

Se enroló como traductora a bordo del buque Galicia,

junto a 500 soldados españoles que partieron para ayudar

en su misión más lejana.

-La primera imagen fue desde el buque.

Solo había como árboles medio tumbados y nada más.

O sea, no se veía ningún edificio en pié.

O sea, lo que alcanzaba la vista.

Además, me acuerdo que era un día como gris,

triste y dijimos:

"¿Pero dónde estamos?" Parecía...

La típica imagen de película del fin del mundo.

Mi abuelo materno,

que, además, es de la zona de Banda Aceh,

muy afectado el barrio donde vivió,

de hecho, desapareció por completo.

Y tuve la oportunidad, una vez que estuvimos allí,

de acercarme por la zona.

La verdad es que fue devastador,

porque es que no quedaba nada.

Nada. Ni una casa ni... Nada.

Solo todo arrasado y agua.

De parte de las víctimas,

ahora lo pienso mucho, ahora que soy madre,

digo: "¿Cómo sería?"

Conocí el caso de una mujer que tenía cinco hijos

y no encontraba ninguno.

¿Cómo...? Y aun así, ella se levantaba

cada día, iba... "Me voy a buscar a mis hijos".

¿Pero adónde iba a ir a buscar a sus hijos?

Esa entereza, esas ganas de salir adelante con una sonrisa,

lo que digo siempre, con una sonrisa, agradecida.

Y... Y yo creo que,

sobre todo, pues eso, al final el ser humano

nos sorprende, la fortaleza que tiene

y la capacidad de superación.

-En los primeros meses, todos estaban buscando.

Era fácil encontrar gente que venía con fotos

de niños que habían perdido,

iban con fotos de niños encontrados.

Banda Aceh y la provincia, se convirtió

en un hervidero de: "No encuentro a mi marido,

a mi hijo. Tengo esta foto.

He encontrado a este niño. Tengo esta foto".

Lo más impresionante, como has visto

en la visita a Aceh, es el apoyo de todos,

desde el gobierno hasta la guerrilla.

Gente enfrentada y que trabajaron juntos por hacerlo.

Hubo un movimiento popular muy grande para recomponerlo.

Intan fue una de esas niñas que se perdieron en el agua.

Con solo diez años, la ola la arrastró

a kilómetros de su casa.

La apartó de su madre y sus hermanos.

-No sabía nadar, pero me agarraba

a todo lo que podía en el agua para sobrevivir,

incluso me agarré a la cabeza de un hombre, sin cuerpo.

Intan despertó del shock sobre un montón de cadáveres.

Seguía viva, pero sola. Durante más de un mes,

se creyó huérfana. No lo estaba.

Su madre no paró hasta encontrarla, con ayuda de UNICEF.

-Diez años después, todavía no he superado del todo el trauma.

Pero intento ser positiva, porque la vida debe continuar.

Para mí lo que pasó no fue un castigo de Dios,

como dice mucha gente en Aceh.

Yo creo que Dios me ha regalado una nueva vida,

así que intento no pensar en las cosas malas.

Gracias a lo que ocurrió aquel día, soy lo que soy.

De aquella experiencia, nació, quizás, una escritora.

Intan quiere transformar su historia en una novela.

-Estoy escribiendo un libro basado en mi experiencia,

para que las generaciones futuras no olviden lo que ocurrió.

Quiero que mis hijos y mis nietos sepan

que sobreviví a un gran desastre.

Uno de los hermanos de Intan sigue desaparecido.

Su madre nos pide que enseñemos este retrato

por si estuviera vivo en algún lugar,

para que pueda encontrarles.

Un pequeño resquicio de esperanza que se apagó

hace tiempo para la mayoría.

Teuku perdió a toda su familia,

incluida a su mujer y dos niños pequeños.

Ha buscado consuelo en la oración y en un nuevo matrimonio.

Como casi todos los viudos de Aceh,

encontró pronto una nueva esposa.

-Me he vuelto a casar con otra mujer y tenemos

otros dos hijos. Así que se puede decir

que he rehecho mi vida. Pero muchas veces me acuerdo

de la anterior. Es algo que no se puede olvidar,

aunque hayan pasado diez años.

Más difícil tienen las mujeres rehacer su vida

en una sociedad tradicional y profundamente islámica.

Nadie ha vuelto a pedir en matrimonio Nurhayati,

que con solo 23 años se convirtió a la vez

en huérfana, viuda y madre de un niño muerto.

Unas fotos gastadas por el tiempo

es lo único que le queda de ellos.

-Echo mucho de menos el apoyo de mis padres.

Cuando veo a los otros niños, siempre pienso en mi hijo,

en que si aún estuviera vivo, tendría 18 años.

Nurhayati tiene ahora 33 años y vive completamente sola

en esta casa flotante construida por una ONG.

El suyo fue uno de esos pueblos borrados del mapa en 2004.

Aquí, como en el resto de Aceh, los supervivientes

se hacen compañía unos a otros.

Todos perdieron a alguien aquel 26 de diciembre.

Uno de cada tres muertos en el tsunami, era un niño.

Ausencias que siguen muy presentes diez años después.

Otros muchos, se convirtieron en huérfanos.

Toda una generación marcada por la tragedia.

-Hubo 23 000 niños que quedaron huérfanos en ese momento.

Y a partir de ahí, hay que recomponer

toda una vida para ellos. Tienen que empezar a vivir

de nuevo y, sobre todo, tienen que empezar a vivir

de otra forma distinta, sin su familia

y al lado del mar, que es el responsable de su desgracia.

Diez años después, las risas de los niños

vuelven a mezclarse con el agua.

Son la nueva generación, la esperanza.

Demasiados pequeños para recordar una catástrofe

que, sin embargo, ya forma parte de su identidad colectiva.

Heredan un lugar transformado para siempre

aquel 26 de diciembre. Son, sin quererlo,

hijos del tsunami, los que han hecho renacer

la alegría después del desastre.

Un desastre con huellas y heridas profundas

que los años no puede borrar.

La noche de ... - Generación Tsunami

26 dic 2014

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