En multitud de ocasiones en la Historia no se ha buscado la respuesta más sencilla, sino que se interpreta a través de la magia y lo exotérico.

Serie documental de divulgación que ofrece al espectador una revisión crítica y racional de creencias ancestrales, mitologías y leyendas fantásticas.
Además, se muestra la realidad histórica y científica, rigurosa y material de distintas creencias irracionales. Durante esta primera temporada de seis capítulos, se abordan temas referidos a las brujas y sus aquelarres, animales malditos y sagrados, vampiros, hombres lobo, chamanes y horóscopo.
 

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No recomendado para menores de 7 años La navaja de Ockham - Vampiros - ver ahora
Transcripción completa

Seres de pesadilla que vuelven del otro mundo

para atacar a los vivos,

que salen de sus tumbas a chupar

la sangre de sus vecinos y familiares.

Los vampiros llegaron a verse como una plaga

en varios países de Europa,

y, todavía hoy, hay regiones

donde se toman medidas contra ellos.

Si pensamos en un vampiro,

nos viene a la mente el arquetipo del conde Drácula,

ataviado con su oscura capa

y mordiendo a sus víctimas en el cuello.

También, en la Península Ibérica hubo leyendas de vampiros.

Algunas de ellas mantuvieron aterrorizada a toda una región.

Una de esas leyendas habla de un hombre catalán

que vivió en la Edad Media y luchó contra brujas y herejes,

contra lo que él creía que era un molesto paganismo

que se estaba extendiendo en la zona.

Según se fue contando de generación en generación,

este poderoso hombre tuvo un final tan trágico como enigmático.

Existe en tierras catalanas uno de los personajes

más legendarios de la historia europea,

pero desconocido en la península ibérica.

Tal vez sea ese personaje el que dé forma

al primer vampiro aristócrata de la Historia.

Pero ¿quién fue este misterioso conde

y por qué está considerado el Drácula español?

¿Hasta dónde se remontan los mitos de los vampiros?

Y lo que es más importante,

¿qué puede decirnos la ciencia actual

sobre el origen de este mito tan atávico,

el de los chupadores de sangre?

En esta ocasión, os propongo

analizar una figura tan atractiva como inquietante,

presente en culturas antiguas y modernas,

la del ser fallecido que vuelve del otro mundo

convertido en un no-muerto.

El rey Alfonso II, el Casto,

encargó al viejo noble, ya de avanzada edad,

la lucha contra el paganismo en las tierras del Alto Ampurdán.

Para ello, le concedieron este castillo que podéis ver

justo a mis espaldas, el castillo de Llers,

con una imponente torre que hoy se puede observar ya restaurada.

Según las crónicas, el sanguinario Estruc

lo que hizo fue machacar

a la población de herejes y brujas de la localidad.

Una de esas brujas le lanzó una maldición,

y poco después, en el año 1173,

el conde moría a manos del envenenamiento por parte,

quizá, de un capitán de su ejército.

Pero esta no es la única teoría sobre el trágico final

de nuestro noble catalán.

Mira, tenemos que pensar que el conde Estruc

es un personaje tejido en la leyenda.

pero la realidad es que, tras mis investigaciones,

yo creo que es un personaje real, ¿de acuerdo?

Que existió alrededor del siglo XII, siglo XIII,

las fechas bailan un poquito.

Es un personaje que, realmente, era un nigromante.

Procede de la antigua Yugoslavia,

de lo que sería Serbia actualmente.

cuando llega a lo que sería Cataluña,

la Marca Hispánica en aquel momento,

le conceden un condado

tras haber combatido muy bravamente contra el islam.

En el momento en el que se instala en su castillo, empiezan a aparecer

jóvenes, sobre todo mujeres desangradas,

a las cuales, también, se ha consumido carne de ellas,

parte de ellas, para hacer estos rituales.

Al final, acaba en manos del pueblo, apresado,

condenado y ajusticiado como un vampiro.

Pero, curiosamente, tras su muerte vuelve a aparecer.

La maldición continúa.

Aquel hombre maldito sigue apareciendo en el pueblo.

Curiosamente, aparecen plagas

y, sobre todo, hambruna, que parecen derivar

de la maldición del conde Estruc.

Otras versiones cuentan que una monja

decidió acabar con el vampiro.

Fue hasta su tumba y le clavó una estaca en el corazón,

obligando al conde a descansar en paz...

para siempre.

Películas sobre vampiros se han rodado muchas.

Cuesta olvidar las interpretaciones

de Christopher Lee y de Béla Lugosi del cine clásico

o al ya más romántico Drácula de Francis Ford Coppola.

Los directores llevaron a la pantalla

la famosa novela de Bram Stoker titulada "Drácula",

publicada en 1897,

y que aprovechó el miedo a los vampiros

que había vivido la Europa

donde se criaron los abuelos del escritor.

La idea más extendida es que Bram Stoker utilizó,

como inspiración para su personaje,

a un malvado príncipe de Valaquia de nombre Vlad III.

Todos hemos oído hablar del conde Drácula,

un personaje misterioso que recreó Bram Stoker

a finales del siglo XIX en la obra titulada "Drácula".

Estaba inspirándose en un ser real que habitó en Valaquia,

de donde era príncipe, llamado Vlad III, en el siglo XV,

y que, además, fue apodado como el Empalador;

porque él luchó por la independencia

de su territorio contra el Imperio Otomano.

Era sanguinario y cruel con los enemigos, y a día de hoy,

por haber hecho famosa la tierra de Transilvania,

es considerado un héroe nacional en Rumanía.

Sin embargo, las últimas investigaciones

han desvelado que Bram Stoker

no conocía la figura de Vladislao III,

Vlad Tepes el Empalador, llamado Vlad Dracula,

y que, de hecho, bautizó como Drácula a su personaje

por pura casualidad,

tras leer un artículo en el que aparecía este nombre.

El término "drácula" deriva del diminutivo rumano "dracula"

que significa "hijo de dracul", "hijodel dragón".

El apodo viene del nombre

con el que se conocía al padre de Vlad III,

que era Vlad II, Vlad Dracul, traducido como "Vlad el Dragón";

llamado así por pertenecer a la Orden del Dragón

y no por ser diabólico.

De modo que el despertar del mito del vampiro

no lo encontramos ni en la novela de Stoker, ni en Vlad III

ni en nuestro conde Estruc,

que, por cierto, murió 300 años antes que el príncipe valaco.

Incluso, la palabra "nosferatu", tan famosa en cuentos y leyendas,

no existe realmente ni en el rumano ni en el húngaro,

y fue popularizada por la novela Drácula.

Entonces, nos preguntamos:

si todo ha sido una invención de los escritores

y su morbosa imaginación,

¿cómo explicar el pánico al vampirismo

que asoló la Europa del siglo XVIII?

La idea del muerto que vuelve desde alguna especie de limbo

al mundo terrenal para hacer daño a los vivos

se fue consolidando durante miles de años,

mucho antes de que existiera la palabra "vampiro",

y ha evolucionado hasta nuestros días.

Una de las cuestiones de mayor interés antropológico es:

¿cuándo y dónde nace el mito?

A finales del siglo XVIII el mito del vampiro, verdad, Thor,

está ya plenamente instalado en Occidente,

pero, sin embargo, reúne unos requisitos,

que luego se incorporan a la Literatura,

que preocupan durante los últimos 300 años

de una manera escandalosa. Y es lo de la sangre.

La sangre, que tengo entendido, que en el mito clásico no existe.

Hay que entender que el pueblo considera que en la sangre

están dos elementos vitales, ¿de acuerdo?:

el alma, el espíritu, y lo que es la carne, el cuerpo.

Entonces, poseer esa sangre es obtener una serie de beneficios.

Por eso, en muchas ocasiones, incluso los ajusticiados,

eran personas a las que se recurría en ese momento del ajusticiamiento,

a obtener su sangre.

Había personas que tenían más probabilidades de convertirse

en vampiro, aquellas que tenían una mala muerte.

¿Y qué es una mala muerte?

Una mala muerte es un suicida, alguien que hubiera muerto

en un naufragio, alguien maldecido por las brujas,

alguien ejecutado.

Todas esas muertes conllevan algo.

Son muertes que se producen no a lo largo de una enfermedad.

La energía vital no se ha ido consumiendo,

sino que, de repente, se rompe. No son muertes naturales.

Exactamente. No les tocaba morir.

Por lo tanto, aquellas personas podían volver a la vida,

convertirse en no-muertos.

Para responder a esta pregunta, tenemos que partir

de los dos elementos que componen la mitología vampírica:

la sangre y la muerte. Casi nada.

Teniendo presente la preocupación por la muerte,

preocupación antiquísima,

no es de extrañar que la figura del vampiro

aparezca en todas las culturas,

tanto antiguas como modernas, con algunas diferenciaciones,

tal y como nos enseñan los libros.

La creencia de que algunos muertos van a parar

a algún lugar desde el que pueden volver a la vida es muy antigua.

Los arqueólogos han encontrado una tabla de arcilla

de la Antigua Mesopotamia de más de 4000 años de antigüedad

que contiene escrita

la leyenda del descenso de la diosa guerrera Ishtar,

conocida como Innana por los sumerios,

al país inmutable, una especie de inframundo.

En escritura cuneiforme puede leerse:

"Guardián, abre tu puerta y entraré".

"Si no abres, la golpearé y romperé sus barrotes,

destruiré sus dinteles y candados,

haré levantar a los muertos de sus tumbas

para que devoren a los que estén vivos".

El antecedente más antiguo del vampirismo

podría hundir sus raíces en una interpretación hebrea medieval

del relato bíblico del Génesis,

según la cual, una mujer, debido a su actitud,

se convirtió en un ser diabólico.

Hablamos de Lilith,

para algunos, el primer vampiro de la Historia.

Lilith aparece en la Biblia, en el Libro de Isaías,

simplemente como un demonio femenino,

derivado de la criatura maligna mesopotámica Lilitu.

El folclore judío de la Edad Media interpretó que esa Lilith

podría ser la primera mujer de Adán, anterior a Eva.

Según esta tradición popular,

Lilith se negó a someterse a Adán

y, por ello, tuvo que abandonar el paraíso,

adquiriendo connotaciones maléficas.

Desde aquel momento,

fue acusada de succionar la sangre de los niños,

consiguió convertirse en una mujer temida en la leyenda

y es tildada de vampiresa.

Aunque, por aquellos entonces, no existía la palabra "vampiro"

ni tampoco las modernas descripciones

de los chupadores de sangre.

Ese invento es muy posterior

y tiene denominación de origen europea.

Lejos de la frívola imagen actual del vampiro,

la Antropología nos habla de creencias muy arraigadas,

de prácticas y rituales relacionados con la muerte.

Desde antiguo, se creía que los cadáveres de los vampiros

no se descomponen,

sino que se conservan enteros y flexibles.

El vampiro aristócrata de la literatura decimonónica

no tiene nada que ver

con los putrefactos vampiros campesinos

que se temían y, aún hoy, se temen en países como Rumanía.

Si hay un país que atrae miradas, que atrae la curiosidad,

porque reúne la mayor cantidad de leyendas y de mitos vampíricos,

ese país es Rumanía. ¿Qué tiene de especial Rumanía?

Varios factores. Primero, su situación geográfica.

Europa Oriental, el fin de Europa.

Al otro lado, tras aquellos bosques tenebrosos,

que también tienen mucho que ver en su orografía,

como los Cárpatos y Transilvania, se esconde lo desconocido.

¿Qué ocurre?

También hay personajes, como Vlad Tepes,

que van a dar forma al mito, al terrorífico mito del vampiro.

Del no-muerto.

Eso hace que en folclore aparezcan

una serie de rituales relacionados con la muerte. ¿Por qué?

Porque hay muchas malas muertes.

Es decir,

imaginemos que un niño que no es bautizado y fallece,

se puede convertir en vampiro.

Una mujer embarazada que es observada por un vampiro,

aquel niño se convierte en vampiro. ¿También?

Un niño que haya nacido rodeado de la placenta,

también se puede convertir. Es increíble.

Los suicidas, etcétera. ¿Qué ocurre? Se crean una serie de rituales.

Y uno de los rituales más conocidos, sobre todo en aquellas tierras, es:

en el momento que fallece alguien,

cuando es extraído de aquella casa para llevarlo

a una zona especial dentro de los cementerios

donde se van a enterrar a estas personas,

se extrae por la ventana, se entabla la ventana,

la ventana se rodea con ajos para protegernos de los vampiros,

se plantan rosales silvestres,

se esparcen semillas.

¿Por qué? Porque los vampiros son obsesivos,

y, si entran en la casa, se van a entretener

en contar aquellas semillas. ¡Qué curioso!

O sea, esas tablas en la ventana impiden que el vampiro,

el muerto resucitado, con forma de vampiro, entre de nuevo en casa.

Y si entra, se va a distraer.

Y, luego, además, aquellos vampiros, cuando eran enterrados,

prioritariamente eran enterrados bocabajo,

por si volvían a la vida,

no encontraran la salida, escarbaran hacia abajo.

Incluso, hace unos años, hay casos de personas que han fallecido

y, creyéndose que han sido vampirizada,

su cuerpo ha sido ritualizado.

Pues, hay ciertas enfermedades que, si bien no son el origen,

según parece, del mito de los vampiros,

sí que refuerzan esta leyenda porque se asocian a ellos.

Tú, como médico, qué nos puedes decir sobre estos males.

Que mejor lo explica es la Porfiria.

Son enfermedades de la sangre, son X enfermedades

que tiene alterado

la síntesis de una proteína que se encarga

de transportar la hemoglobina, las personas que tienen anemia,

que tienen una especial apetencia por el hierro, por la sangre.

¡Qué curioso!

Y tienen manifestaciones cutáneas, muchísima sensibilidad

a la radiación ultravioleta. Cuando toman Sol,

les produce cicatrices, irritaciones labiales,

con lo cual la apariencia es una apariencia muy rara,

con los dientes grandes, incisivos granes.

Al retraerse las encías, el diente parece mayor de lo que es.

Y que, además, tienen lesiones cutáneas.

Por lo que salen por la noche.

Claro, para que nadie les vea.

Para que nadie les vea y porque el Sol les daña

a nivel cutáneo.

Es curioso lo que dices, porque si hablamos de la sangre,

una de las claves del mito del vampiro es la sangre.

Y, precisamente, la sangre, esa fuerza vital,

esa energía que se absorbe,

los vampiros creían que, al beber sangre, ¿verdad?,

de las víctimas, iban a incorporar a su propia sangre la vitalidad.

¿Esto médicamente...? No tiene explicación.

Si bebiéramos sangre, cosa que no te aconsejo,

no te produciría nada.

La sangre no pasaría al torrente circulatorio

y la sangre la eliminaríamos con las heces.

No tiene ninguna validez desde el punto de vista científico.

Otra cosa es la apetencia.

Y la segunda, la anemia. La anemia produce palidez.

Esa característica blancura que se asocia, también,

con el mito del vampirismo y que vemos en muchas películas.

Esto es buenísimo.

Y si, además, unimos otra cosa que es que,

como tú nos contabas, los familiares de los vampiros

cuando habían visto que la actividad de su familiar

ya fallecido parecía indicar que había estado merodeando

y devorando víctimas,

lo que hacían era desenterrar al cadáver

para ver si se había convertido o no en un vampiro,

y decían que el vampiro, supuesto, ¿verdad?

El vampiro supuesto había comido,

tenía la tripa llena, tenía los dientes largos,

tenía las uñas largas e, incluso, parecía tener restos de líquidos

que podían ser sangre cerca de la boca. ¿Tiene explicación?

Sí, pero no con el vampiro.

Tiene explicación científica. Síntomas de la putrefacción.

Se acumulan gases, se hincha el abdomen,

si clavamos una estaca va a salir el aire,

va a salir un pitido o un silbido, que era lo que oían ellos.

Las uñas no crecen, ni el pelo. Los tejidos se mueren.

Ni los dientes. Tampoco. ¿Qué es lo que sucede?

Que si en una epidemia enterramos a personas vivas dentro de la tumba,

que están a punto de morirse, podían intentar rasgar los ataúdes,

quedarían las marcas,

y sí que veríamos como las uñas habían crecido

o aspectos de alteraciones de rasgados, de heridas.

¿Y lo del líquido cerca de la boca? ¿Cómo podemos...?

Pues, lo mismo. Los gases...

El contenido del estómago haría que subiera el líquido

y saliera por la nariz.

Dado que los vampiros son criaturas malignas,

el ser humano se las ingenio desde siempre

para intentar combatirlos.

Aquí tengo una serie de objetos que lo que buscaban

era ahuyentar a esos vampiros de nuestro entorno.

Agua bendita, importante para alejar a los vampiros,

junto con el crucifijo, por supuesto.

Y otro de los elementos que aparece en la literatura

y en el cine es el ajo.

Tengamos en cuenta que Dios representa la luz y lo luminoso,

contra los vampiros, que representan la noche

y la oscuridad.

Dios combate a los vampiros con su luz,

de ahí que el agua bendita y el crucifijo

tengan todo el sentido del mundo. Pero ¿y el ajo?

Hay un elemento crucial en la lucha contra los vampiros: el ajo.

Desde tiempos remotos, se le dota de poderes sobrenaturales,

poderes curativos.

Además, hay una particularidad que los aldeanos

y pueblerinos de ciertas épocas le podían atribuir:

la posibilidad de luchar contra los vampiros. ¿Por qué?

Por una razón muy interesante.

Los alquimistas quemaban arsénico en algunas de sus fórmulas.

El olor que se desprendía era muy parecido al de los ajos.

Por lo tanto, ajos y la posibilidad de vencer a los vampiros

están muy unidos desde la Antigüedad.

Cuando se trata de acabar con el vampiro para siempre,

encontramos en la literatura un instrumento clásico:

la estaca.

Hoy sabemos, gracias a las excavaciones arqueológicas

de un grupo de expertos,

que las estacas sí se utilizaron contra supuestos vampiros,

aunque no como siempre hemos imaginado

y no como nos ha enseñado el cine.

Lejos de lo que podríamos pensar de que las estacas servían

para matar a los vampiros y alejarlos,

por tanto, del horizonte,

pues, realmente, las estacas para lo que se utilizaban era

para inmovilizar al vampiro una vez muerto,

cuando ya estaba en el ataúd.

En Bulgaria, en la costa del Mar Negro,

se han encontrado necrópolis donde, hasta época contemporánea,

aparecen esqueletos que fueron retenidos

a través de estacas colocadas debajo de las calaveras

o en la zona del pecho.

Y el objetivo es que no volvieran a buscar

lo que era suyo cuando se hiciera de noche.

La sangre, líquido de gran poder simbólico desde la Prehistoria,

representa la energía y la fuerza vital.

La sangre contiene la vida, en la sangre reside la vida,

es el vehículo mismo de la vida.

Por eso, los vampiros románticos de las leyendas la buscan

y la acechan para intentar evitar envejecer.

Pero ¿tiene sentido poder rejuvenecer

gracias a la sangre de personas jóvenes?

La sangre se ha asociado con el poder vital

y han sido muchos los intentos,

a lo largo de la historia, de apropiarse

de la salud de un joven a través de captar su sangre.

En el siglo XV, el alquimista alemán Libavius

lo intentó conectando las arterias de un chico

con un señor mayor.

No sabemos el resultado,

pero el procedimiento se describió como "La fuente de la juventud".

Existe un animal que, a partir de cierto momento,

simbolizó la criatura de la noche en la que se transformaban

los vampiros cuando querían desplazarse: el murciélago.

Y lo más curioso de todo es que hay algunos

que sí se alimentan realmente de sangre.

Y son mamíferos, como nosotros.

La mayoría de los murciélagos son insectívoros.

Tenemos, además, algunos murciélagos que cazan vertebrados, muy poquitos,

cazan pequeñas iguanas, pajaritos, aves...

Y luego, está el raro de todo este grupo,

los más raros y los más peculiares son los vampiros,

los murciélagos hematófagos, que se alimentan de sangre.

Los murciélagos vampiros son muy pocas especies de las 1300

solo hay tres que se alimenten de sangre,

pero les han dado la fama a todos los demás.

Bueno, pues, estos animales tienen adaptaciones peculiares.

Una de ellas es que tienen dos incisivos muy largos,

dirigidos hacia adelante, aquí,

que les permiten acercarse a la piel del huésped

y hacer un pequeño corte, sangrar y, entonces, lamer la sangre.

Además de eso, tienen en la nariz...

La nariz es chata como la de un cerdo,

y tiene ahí unos receptores de infrarrojos

que les permiten detectar las zonas más cálidas,

porque las zonas más cálidas emiten más infrarrojo.

Entonces, dentro de la piel, detectan qué zonas son más cálidas

y esas son las zonas por donde pasa una vena o una arteria,

con lo cual, se dirigen a ella, cortan ahí,

y tienen sangre fácilmente porque sangra con facilidad.

A ello hay que añadir que la saliva tiene una proteína curiosa,

la draculina, se llama, que es un anticoagulante.

Un anticoagulante que, además, ha sido estudiado

porque puede tener aplicaciones médicas para personas

que tengan problemas de ictus y así.

Y, claro, este anticoagulante hace que, mientras el murciélago

esté lamiendo la parte mordida, la sangre sigue manando

y, por tanto, no tiene que succionar la sangre,

sino solo lamerla,

y eso hace que el huésped, por ejemplo, no despierte.

No se entera de que ha sido mordido y que está sangrando.

Más o menos, suelen tomar 20-25 centímetros cúbicos de sangre.

Medio vaso, diríamos, de agua. Pues algo así.

Toman sangre de mamíferos, "desmodus rotundus",

y entre los mamíferos estamos nosotros, los humanos.

Entonces, también, son capaces de morder a humanos

y alimentarse de sangre de las personas.

Y, claro, se puede dar el hecho de que el alimentarse de sangre,

de noche, volando, siendo muy oscuros,

porque son casi negros, son unos animales pardos,

pero con las alas muy oscuras;

pues, claro, esto puede alimentar leyendas

y todas estas historias truculentas que se cuentan de vampiros,

historias un poco extrañas, ¿no?

Y, bueno, hay que recalcar que las leyendas que se cuentan

de, en fin, de personas atacadas por murciélagos

y así, que a veces surgen en las películas o en los libros,

son totalmente falsas. No tienen justificación.

También, hay vampiros de otra clase, sedientos de sangre,

pero que no salieron de la tumba ni surcan los cielos.

El vampiro de Dusseldorf, en Alemania,

Bertrand, el sargento muerte francés, o John George Haigh,

el vampiro de Londres.

Son humanos.

Psicópatas asesinos que, por disfrutar con la sangre

de sus víctimas, torturando y matando,

recibieron el nombre de vampiros.

Quizá para dar a entender que nos son como nosotros,

que están más próximos a las bestias que a las personas.

Lejos de toda crueldad, la estética del vampiro tiene, hoy en día,

adeptos que incluso se agrupan y celebran rituales.

Creer en los vampiros es algo totalmente irracional.

La realidad es que, cuando indagas, encuentras la razón,

el porqué de esa superstición.

Pero en la actualidad, en Barcelona, como en otras ciudades europeas:

Madrid, Turín, Paris...

Hay sectas de vampiros.

Sectas que realmente realizan rituales vampíricos

donde consumen sangre humana que ellos mismos donan, ¿vale?,

los que forman parte de este grupo. Estructuras piramidales.

Algunos idolatran a Lord Byron, vampiro por antonomasia literario.

El vampirismo que nosotros conocemos es un vampiro de seducción,

no es el vampiro del no-muerto,

ese ser lleno de pústulas, o de ese asesino psicokiller;

realmente, es un vampiro seductor.

Las características que tenemos literarias del Drácula,

del vampiro de Polidori, ¿de acuerdo?,

incluso, Carmilla de Sheridan Le Fanu, ¿de acuerdo?

Es el que va a dar a que estas sociedades vampíricas actuales

idolatren el vampirismo.

-La figura del vampiro en la ficción actual,

tanto en las series como en la literatura,

como en las películas, tiene diferencias con respecto

a los vampiros tradicionales.

Como vemos en la representación de "Crepúsculo".

Podemos ver a un vampiro que es completamente atractivo,

tiene rasgos masculinizados, tiene tez pálida correspondiente

a la figura del vampiro,

pero se le atribuye un carácter que le hace incluso interesante.

Y podemos ver en las películas de ciencia ficción,

como "Underworld", "Blade" o esta misma película,

que estos vampiros tienen poderes sobrenaturales.

Pueden dar grandes saltos, una gran agilidad, superfuerza,

e incluso capacidades intelectuales que les hacen realmente poderosos.

Desde este punto de vista, a cualquier joven

o a cualquier persona que vea estas películas

le gustaría convertirse en algo así.

Podríamos decir que serían los "influencers"

de esta época dentro del mundo de las criaturas mitológicas.

Sin embargo,

estas criaturas no tienen nada que ver con respecto

al vampiro tradicional.

El vampiro tradicional, no olvidemos

que es un ser que ha vuelto a la vida.

Es decir, es un no-muerto.

Además de eso, podemos ver que tienen bastante mala pinta,

un aspecto enfermizo y que no tiene el mismo atractivo

que los vampiros de la ciencia ficción actual.

Y mucho menos los mismos poderes.

Algo característico que atribuiríamos

a los vampiros como tal, como seres ficticios,

es la capacidad que tienen para contagiar a otros seres

y, de esa manera, poder, de algún modo, reproducirse

o expandir dicha enfermedad tal y como sería,

por ejemplo, el contagio de un virus.

Vampiros seductores y atractivos.

Un puro invento de la pluma de sus escritores.

No tienen nada que ver

con los vampiros que se temían antaño,

cadáveres en descomposición de campesinos vestidos con harapos.

Los primeros fueron resultado de la imaginación de los escritores

y de su intención comercial,

mientras que los segundos fueron el producto de la ignorancia

y de la superstición.

Y es que los vampiros sobrenaturales

no existen ni existieron nunca, pero su mito es casi universal.

Como universal es el miedo a la muerte

y el terror atávico a que los no-muertos,

que ya no deberían estar entre nosotros,

regresen de su tumba.

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