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Para todos los públicos La mitad invisible - Misa de difuntos - Ver ahora
Transcripción completa

Subtitulado por TVE.

Tomás de Victoria es el gran compositor de polifonía religiosa

en nuestro país.

Su música se ha interpretado desde el Renacimiento.

Y su Oficio de Difuntos u Oficium Defunctorus

sigue sonando en funerales de Estado.

Lo creó al iniciarse el s.XVII para el entierro

de la emperatriz María de Austria.

Hermana de Felipe II.

Más de 400 años después

lejos de los personajes y su significado

sigue emocionándonos.

Es la sensación.

Es la emoción que provoca el arte

siempre hay una mitad invisible que explica mucho.

Ávila, amurallada y gentil.

Noble y silenciosa.

Mística y tradicional, honesta y dura.

Así describió Cela a la capital más alta de España.

Yo la descubro hoy gracias a uno de sus hijos más ilustres.

Aquí nació Tomás Ruiz de Victoria en 1548.

Compositor y sacerdote

es uno de los mayores representantes de la música sacra española.

He cogido una de sus obras más interpretadas.

El Oficium Defunctorum publicado en 1605.

A mi estas voces me invitan a cerrar los ojos.

Y os animo a que lo hagáis conmigo.

Se detiene la música y regreso a este mundo.

Concretamente a una exposición de la Fundación de las Edades del Hombre

sobre el contexto histórico en el que vivió santa Teresa de Ávila.

Entre los documentos considerados como saberes de la época

encuentro una partitura original de Victoria del año 1600.

encuentro una partitura original de Victoria del año 1600.

Aunque es el compositor español más interpretado de la historia

en todo el mundo,

hoy en día sigue siendo bastante desconocido.

Tanto el personaje, sobre todo el personaje,

pero también gran parte de su música por el gran público.

Nos parecía que había darle una vuelta

poner al día.

Contextualizar al músico en el s.XXI

Para acercar al público de hoy en día a los jóvenes

a la gente que la música del s.XVI le suena antigua y trasnochada

ponerlo al día y que esté un poquito más cercano.

Desde el centro de estudios Tomás Ruiz de Victoria

que coordina Oscar Arroyo

reivindican la figura de este abulense

a menudo más valorado en Gran Bretaña

que aquí.

Lo hacen a través de su web y del festival Abulensis.

El Oficium Defunctorum es sin duda una de las obras

más importantes de Victoria.

Es una obra muy bien acabada.

Muy bien planteada.

Tiene algunas secciones a 6 voces otras a 4 voces.

También estéticamente se corresponde mucho

con lo que se ha dado en llamar este Renacimiento típico español.

Para conocer la obra empiezo en el contexto en el que se creó.

En la España de Victoria

Castilla era el centro del extenso Imperio de los Austrias.

Felipe II y Felipe III serán grandes defensores de la fe católica.

Amenazada por la Reforma luterana

y reforzada en el Concilio de Trento

Muchas de las creaciones artísticas del momento

están al servicio de la iglesia y de las órdenes religiosas.

Al salir de esta capilla de Mosén Rubí

uno de los muchos edificios religiosos de la ciudad de Ávila

pienso en el futuro.

Y yo me pregunto,

¿qué será de nuestra historia de aquí a 600 años?

Creo que la arquitectura

es una de las huellas más visibles que dejamos.

Fuera de las murallas casi no veo iglesias ni monasterios.

Y entre los edificios nuevos que me encuentro

dudo que muchos resistan el paso del tiempo.

Sigo mi camino a Madrid preguntándome qué y cómo

construirán en el s.XXVII.

De nuestra época quedarán seguro torres como estas

que representan a bancos y multinacionales.

Sin duda, el poder siempre dejará rastros.

Vuelvo a Tomás Luis de Victoria.

A la persona.

Tenemos muchas lagunas de su vida.

Sin embargo, podemos narrar su biografía

a través de tres o cuatro grandes etapas.

La primera es la etapa abulense

donde se forma musicalmente.

Es una ciudad a la que siempre se siente unido

porque cada uno de los libros que imprime

lleva el epíteto de abulensis.

Después tenemos una segunda etapa que es la etapa romana.

Que dura 20 años.

Es una Roma efervescente, postredentina,

celebrativa, ávida de música.

Donde los príncipes y las instituciones

que allí existen,

demandan estos repertorios porque están convencidos

de que la música sirve para evangelizar.

Victoria se aprovecha de esta Roma.

Será la Roma que le de el éxito internacional.

Por último, una tercera etapa.

El retorno a su país.

No a su ciudad natal sino a Madrid.

A la corte.

Durará hasta el final de su vida, los últimos 25 años.

Es musicóloga y pertenece al Centro de Estudios Tomás Luis de Victoria.

Le pregunto cómo se imagina este artista.

Yo creo que fue un hombre

por un lado muy pragmático.

Su familia Abulensis se había hecho a sí misma.

Eran burgueses.

Comerciantes, letrados.

Su padre había muerto cuando él era joven.

Creo que había aprendido los valores de la necesidad del dinero.

A lo largo de su vida supo manejar bien

estas cuestiones.

Pero fue un hombre también muy preocupado

por formarse espiritualmente como persona.

Esta es mi doble visión del personaje

En su música también se puede ver.

Televisión española lo imaginó así en esta ficción de 1978,

algo difícil de hacer, porque de Victoria

nos ha llegado muy poca documentación.

Me enseña sus cartas y dedicatorias.

En ella se intuye esa doble cara de la que hablaba.

Mientras unas tratan de gastos de impresión,

otras, muestran su vocación musical.

Me lee un escrito dirigido a Felipe II

en el que se entrevé su intención de volver a España.

"Así pues, habiendo trabajado especialmente en esta disciplina

a la que la misma naturaleza me guía

Con un secreto instinto e inclinación,

para que el fruto de mis ingenios alcanzaran más difusión.

Me entregué a la labor de adornar con modulaciones

especialmente aquellas partes que se celebran con más frecuencia

en la iglesia católica".

Los textos ayudan, pero no son suficientes para saber qué pensaba.

Por suerte, nos queda su música.

Y la emotividad que hay en ella.

Quiero acercarme a sus composiciones.

Conocer al que se instala en Madrid.

El que compuso el Oficio de Difuntos y fue capellán de este monasterio.

Fue en este convento de las Descalzas Reales

un antiguo palacio, donde se instaló Victoria

tras su etapa romana.

Aquí vivía también la persona para la que escribió

la Misa de Difuntos.

Una de sus obras más escuchadas.

Y ahí está la emperatriz María enterrada.

Victoria era su capellán.

Y eso le permitía disponer de tiempo para componer.

Además el espacio inspira, aún hoy.

Estamos en pleno centro de Madrid y aquí siguen viviendo

monjas de clausura.

Y sigue existiendo el silencio como sonido ambiente.

Un lugar mágico.

En este claustro, con Alfonso de Vicente

musicólogo y experto en Victoria.

Descubro el ABC de la música religiosa del s.XVI.

La polifonía es un adorno del canto gregoriano.

Y el Renacimiento lo que le va a aportar

es fundamentalmente una armonía más consistente.

La música renacentista se caracteriza

por un principio y un método a todas las artes,

que es el equilibrio.

Y la igualdad.

La igualdad de voces.

No hay una voz que destaque sobre las otras.

O si destaca es en un momento, pero luego destaca la otra

y luego otra, y luego otra.

Mediante un recurso técnico que es la imitación.

Los más técnicos saben lo que es un canon o una fuga.

Hablamos de influencia.

Por un lado está Palestrina.

El gran compositor romano con el que Victoria coincidió

en Italia.

Y por otro, maestros españoles como Cristóbal de Morales.

Famoso también por su Réquiem.

Quizás lo que más diferencia de Victoria de los compositores

de su época,

es el sentido vertical de su música.

El sentido del acorde.

Y eso le lleva a que su música también es bastante escueta.

Porque está todo muy sintetizado.

No hay, digamos, hojarasca.

Vamos a entrar en la sala capitular.

Aquí nos muestra una de las joyas del archivo del monasterio.

Un ejemplar del Oficio de Semana Santa

que trajo Victoria desde Roma en 1586.

Y tiene una sorpresa muy interesante el libro.

Aquí hay unos añadidos.

Manuscritos suyos.

De su grafía, y por tanto también la música suya.

Que es la única música que de momento conocemos

de mano de Victoria.

Viendo estas partituras le pregunto por qué muchos definen esta música

como colorida.

Lo que hace Victoria con estas posibilidades

consigue montones de variaciones.

Es decir, tenemos cuatro voces nada más.

Pero pocas veces suenan las cuatro voces.

A veces son tres.

A veces son las voces agudas.

La variedad de sonoridad es esa variedad de colorido

de la que se habla.

De nuevo en Ávila repaso lo que he visto hasta el momento.

Su propia letra, partituras, cartas.

Aún puedo encontrar más huellas.

En el archivo catedralicio está las actas capitulares de la época.

Aquí se registraban entre otras cosas

los libros de partituras que llegaban.

Y por supuesto, están los suyos.

También leo como Victoria recomienda un organista.

Sin duda, todos los documentos confirman un gran reconocimiento

por parte de sus contemporáneos.

Visito la catedral de Ávila.

Aquí cantó y se formó Tomás de niño.

Más tarde sería sus misas y motetes los que se cantarían en este coro.

La música entonces era esencial en las celebraciones religiosas

porque la liturgia era cantada.

A veces se entonaba la misa entera.

Y otras, solo motetes.

En las misas había fragmentos que variaban

y otros que siempre eran los mismos.

Como el Agnus Dei o el Sanctus.

La genialidad de los artistas venía justamente

en la música que se ponía a esa letra.

Y que variaba según la liturgia de cada momento.

No es lo mismo una misa de Angelis una misa de Gloria

hecha para la liturgia de Pascua de la celebración

de la resurrección del Señor.

Que una música hecha con la misma letra

pero para una misa de difuntos.

Raúl García experto en liturgia y canónigo de esta catedral,

me ayuda a entender el significado de la obra.

Me explica que las misas de difuntos se unifican a partir

del Concilio de Trento.

Pero que son muy distintas de las actuales.

En el s.XX, el Concilio Vaticano II sustituyó el latín

por las lenguas vernáculas.

Y puso de cara al celebrante.

Pero sobre todo cambió la teología.

En la época de Victoria la muerte de una persona

sobre todo se vivía con miedo.

Se entendía que la salvación había que ganarla.

Y había que pedir a Dios y clamarle

que no fuese duro en su juicio.

Y que no tuviese en cuenta sus pecados.

Para nosotros entendemos hoy día esta misa,

como el hecho de que un cristiano participa de forma real

no solo sacramental de la muerte y resurrección de Cristo.

Por lo tanto hoy día, vivimos la muerte de un cristiano

de una manera más desde la esperanza y participar en la resurrección.

Yo no soy creyente, así que no comparto

ni el aleluya que hoy se canta ni el miedo de entonces.

Lo que sí comento con Raúl tras pasear por esta catedral

es que antes aunque la iglesia vivía la muerte con miedo

en la sociedad era algo cotidiano.

Hoy en cambio, los creyentes la viven con esperanza.

Pero la realidad es que la muerte se queda relegada

a lugares apartados.

A días concretos.

Y a conversaciones incómodas.

Volviendo al Oficium Defunctorum

Raúl destaca la elección de un texto que pertenece

al Oficio Nocturno y no a la misa.

Pero más allá de la procedencia lo interesante es su significado.

Una lectura que pertenece al libro de Job.

Cuando no entiende porqué siendo justo

ha recibido tanto castigo y tantos males en esta vida.

Cuando él ha sido justo y es una lectura

que es un clamor a Dios de alguna manera

no entendiendo ese momento de lo que él está viviendo.

Habla en latín.

"Estoy hastiado de mi vida.

Voy a dar curso libre a mis quejas.

Hablar con la amargura de mi alma".

Ese grito existencial, de impotencia ante la muerte.

Fiándose de Dios en definitiva pero a la vez esa impotencia

que uno no puede evitar.

Tras superar la barrera del latín,

escucho ese clamor existencial que me hablaban gracias

a una parte del coro de RTVE.

El coro sinfónico profesional más antiguo de nuestro país.

Normalmente son 45 cantantes.

Pero este tipo de música se interpreta en grupos más reducidos.

Luis de Victoria para un coro como el nuestro,

supone de entrada, un gran reto.

Y una responsabilidad porque es nuestro compositor.

Es una música increíble e increíblemente difícil de cantar.

El hecho de que no hubiera mujeres, eran voces de niños,

con lo cual ya ahí tenemos una dificultad.

No es lo mismo una voz de mujer que una voz de niño

aunque la tesitura sea la misma.

Por ejemplo la voz de las contraltos la dificultad estriba en la escritura

Ya que muchas veces lo cantaban voces de hombre.

En un registro más agudo de contratenor.

Tenían una tensión en la voz que las contraltos no tienen.

Me interesa mucho esta reflexión del director del coro

Javier Corcuera.

Realmente, como lo escuchamos hoy

y como se oyó en la época tiene poco que ver.

Y así sucede con toda la música antigua.

En el caso de los coros,

actualmente la mayoría, como éste, son mixtos.

Este está compuesto por cuatro tipos de voces.

La de mujer aguda,

sopranos.

La de mujer grave,

contraltos.

La de hombre aguda, los tenores.

Y por último, la de hombre grave,

que son los bajos.

Ellos mismos se describen como pueden.

Deberíamos ser cristal,

entre otras cosas.

Brillo.

Luminosidad.

Y luego, solemos ser la voz cantante.

La melodía más reconocida.

Se supone que nuestra producción suele ser hacer trabajo armónico.

Es lo que hace que aunque sean cuatro líneas

suene como mucho más.

Como el terciopelo del coro.

Algo de brillo.

Sí es brillo, es brillante.

Los bajos, sin duda, somos los soportes de las otras voces.

Y somos la base sobre la que se levanta luego

toda la estructura.

Ya que hablamos de tierra, marrón.

Los vuelvo a escuchar a todos juntos.

A todos los colores o a todos los materiales unidos.

Me imagino que interpretar esta música debe ser muy especial

para ellos.

Cantar Victoria es retomar el origen de nuestro oficio.

Es una fusión perfecta entre el texto,

y la música.

Es una música majestuosa, conmovedora, grave,

intensísima.

Victoria es la esencia.

Es volver a la esencia.

Para mi es una música muy íntima.

Es una cuestión personal.

Que remueve mucho el sentimiento más espiritual.

Aunque uno no sea creyente yo no lo soy.

Tiene un espíritu esta música que une a gente

que tiene todo tipo de creencias.

O de no creencias.

Para cualquier artista, cantante o músico

esto es un regalo.

El regalo me lo han hecho ellos a mi.

Gracias.

Tras la emoción busco el lado científico.

Lo invisible que permite interpretar a Victoria.

En esta consulta de otorrinolaringología

el doctor Cobeta me explica que la voz no depende

de un solo órgano.

Participan la laringe, el aparato respiratorio

y sobre todo, las cuerdas vocales.

El funcionamiento de las cuerdas vocales

es extraordinario.

Porque el hecho de que unas estructuras

que tienen menos de dos centímetros en algunos casos,

se puedan oír sin micrófono en la arena de Verona,

dice mucho a favor de la acústica de la arena de Verona

pero sobre todo dice más a favor de las cuerdas vocales.

Las cuerdas vocales están en el centro del cuello

son horizontales.

Hay dos, una derecha e izquierda.

Están unidas por la parte anterior.

Y permiten la respiración.

Luego para hablar o para cantar

se juntan en el centro y al paso del aire, vibran.

Controlar bien la longitud o la tensión de las cuerdas

es lo que hacen los cantantes.

Lo fundamental para un profesional es tener normalidad vocal,

buena afinación y sentido artístico.

Y sobre todo mucha formación.

Sacrificio en el cuidado de su voz.

En el caso del canto coral

los artistas además, deben lograr la integración

de todas las voces.

En la música coral interviene otro elemento importante

que es la sincronía.

Entre la recepción del sonido de los demás

y la emisión del propio sonido.

Y el cantante y el coro tiene por un lado que emitir perfectamente

pero por otro lado tiene que hacerlo mucho en sincronía con su audición.

El doctor es un apasionado de su trabajo.

Su afición y sus amistades le llevaron a especializarse.

Aquí se sientan cantantes.

Yo estoy solo de paso.

Me cuenta que mis cuerdas son cortas y podría ser soprano.

Podría pero no lo intentaré.

Verme por dentro ha sido una experiencia.

Una experiencia que no pienso volver a repetir.

Y si no mirarme antes.

Estás grabando mi momento de estrés porque van a meterme

un tubo por la nariz.

Por suerte yo me dedico a otra cosa y en esta risa nerviosa

quedará todo.

Pasado el mal rato vuelvo al primer escenario del Oficio Defunctorum

de Tomás Luis de Victoria.

Estamos en el coro del monasterio.

Aquí es donde cantan.

En principio el coro es para las monjas.

Para que hagan el oficio divino.

Alguna vez es posible que cantaran los capellanes.

Seguramente estas paredes fueron las primeras en escuchar

la obra que hoy analizamos.

Fue en marzo de 1603.

En el funeral de la emperatriz María de Austria.

Aquí enterrada.

Todo parece indicar que el Oficio de Difuntos

se interpretó por primera vez en la iglesia

de aquí del monasterio de las Descalzas.

El único dato que tenemos es que además vinieron unos cantores

de la catedral de Toledo.

Cuatro cantores.

Alfonso de Vicente, calcula que esto más los capellanes y niños

que formaban el coro del monasterio, sumaban 12.

Un número que indica la importancia del acontecimiento.

Él insiste en el papel de estas composiciones

más allá del sentido religioso.

Tenía una función de representación.

Más aún cuando estamos hablando de este tipo de música elaborada

y compleja.

Que se interpretaron en la Capilla Real

o en este caso la capilla de las Descalzas.

Es decir, es la representación del poder.

Este es el Salón de Reyes.

Seguimos hablando de símbolos de poder

rodeado de retratos de miembros de la Casa Real.

Este monasterio al que vino la emperatriz al quedar viuda

era el último reducto del Imperio de los Austrias en Madrid.

Lo fundó su hermana, Juana.

También hija de Carlos V.

Sigo la pista de la familia en una exposición sobre el retrato

en las colecciones reales.

Aquí han traído algunas pinturas del monasterio de las Descalzas.

Ver a otros familiares de la emperatriz María

me ayuda a conocer mejor a la persona para la que Victoria

compuso su obra.

Miro detalles, busco parecidos.

Veo alguno de los 15 hijos que tuvo con Maximiliano II de Austria.

Me fijo en la rama austriaca de la familia.

Pero también en la de aquí.

Felipe III, por ejemplo, era al mismo tiempo sobrino y nieto

de la emperatriz.

Historias de familia.

Una exposición muy interesante.

Pinturas que comunican mucho más allá de la mirada.

Imágenes que van desde Isabel la Católica

hasta Juan Carlos I, Felipe ahora VI.

La posición, la ropa, el fondo.

Todo habla de historia.

Y volviendo a mi tema yo me pregunto:

¿En cuantas muertes de la Casa Real sonaría y sonará

Oficium Defunctorum de Victoria?

La prueba de la relación del poder

con el Oficio de Difuntos de Victoria

del que solo quedan cuatro originales

me la muestra Alfonso de Vicente.

Esta es una edición facsímil.

Y aquí vemos, como en la portada tenemos el escudo imperial.

Y la dedicatoria que hace dedicada

a la infanta Margarita, la hija de la emperatriz

que fue monja aquí.

Pero que no dejaba de ser archiduquesa

aunque fuera monja también.

La dedicatoria es toda una exaltación de la familia de los Austrias.

Fue sin duda el gran compositor de los Austrias.

Pero más allá del poder, Victoria fue consciente de su don.

Y para él lo más importante de la música eran sus efectos.

Copio alguna de sus frases en este diario.

Y también lo haré en las redes sociales

para que podáis deteneros si queréis.

Intento ser un músico,

y me gustaría seguir el camino de una forma u otra

nos marque Victoria, Manuel de Falla

o a las Cantigas de Santa María de Alfonso el Sabio.

No es un camino fácil.

Pero bueno,

es un camino estrecho, pero ya se sabe

es durillo pero,

es lo que hay.

Ese camino difícil tuvo su reconocimiento en 2011.

Josep Soler ganó el premio Tomas Luis de Victoria

un galardón equivalente al Cervantes de la composición.

Tengo las obras completas de él en esta casa.

Siempre se aprende.

Es una música excepcional si se interpreta como tal.

Muy bien escrita porque sabía el oficio.

A diferencia de los músicos de aquella época a los de ahora,

es que todos sabían el oficio

y hacían la música que les salía del corazón

o lo que les pedía lo adecuado.

Esta muy bien escrita.

Para la voz y para lo que se quiere expresar.

Y a pesar de la adaptación al texto

la realidad es que no entendemos lo que dicen

pero la música emociona igual.

Soler insiste en la importancia de la música.

Él también ha firmado un Réquiem.

Por eso le pregunto qué es lo que se piensa

al crear una obra así.

De despedida.

¿Qué podía tener Victoria

en la cabeza cuando compuso este oficio?

No sé qué podía pensar Victoria.

Victoria estaba en un convento

había convivido con la emperatriz viuda.

Se murió, puede ser que tuvieran una gran simpatía.

Y este efecto pasara a la música.

Pero de una manera puramente personal.

No sé si hay alguna forma que esta música

pueda transmitirnos este efecto.

No lo sé.

Nadie puede saberlo realmente.

Y allí le dejo escribiendo música.

Compone cada día.

En este caso lo hace para que podamos grabarlo.

Y lo titula como nuestro programa.

¿Quién sabe si seguirá después y si estas notas sonarán algún día?

Me despido de Tomás Luis de Victoria y de su Oficio de Difuntos

en esta iglesia de las Descalzas.

Aunque él no la conoció así

porque se reconstruyó tras el incendio del s.XIX

se supone que está aquí enterrado.

Pensando en mi final busco otro lugar lejos de la ciudad.

Un paisaje abierto.

En el que solo me acompañen el viento y el azul del cielo.

Como música.

Como música mejor ni me lo pienso porque esto al fin y al cabo

es una despedida hasta la semana que viene.

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La mitad invisible - Misa de difuntos

07 nov 2015

Se profundiza en los aspectos esenciales y triviales de la obra a través de entrevistas a expertos, visitas a lugares relacionados con la obra, búsqueda de archivo gráfico y un largo etcétera que dependerá de la obra escogida

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