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Para todos los públicos La mitad invisible - Lonja de la Seda. Pere Compte - ver ahora
Transcripción completa

(Música cabecera)

Entre los turistas atisbo a nuestra protagonista,

la Lonja de la Seda, o de Valencia, a secas.

En este país tenemos algunas de las iglesias

más importantes del mundo, pero conservamos pocos edificios

tan espectaculares del gótico civil.

(Música)

Es un lugar en el que la piedra manda.

Eso sí, trabajada con la delicadeza de la seda.

(Música)

En la sensación,

en la emoción que provoca el arte,

siempre hay una mitad invisible que explica muchos porqués.

Nunca he pensado que picar piedra fuera fácil.

Aquí estoy, enfundada en un mono color presidio,

pero no me han metido en la cárcel,

la piedra te exige esfuerzo físico y precisión.

Quizás lo que ignoraba es que también hay que saber escucharla

porque al final, la piedra manda.

Una pieza como esa, que era un engarce gótico,

pues en unas 7 u 8 horas puede estar preparada

para colocar.

De paso, así aprendo que el engarce es la pieza

de la que parten los arcos de una bóveda.

Y mientras estoy inmersa en mi tarea,

Ángel me dice que si quiero ver un buen trabajo con la piedra

vaya a la Lonja de Valencia.

Está en pleno centro, en el casco antiguo,

entre callejas enrevesadas y plazas en las que apetece detenerse.

La Lonja podría pasar por un palacio, o por una iglesia,

pero se construyó para comerciar, para hacer negocios en el siglo XV.

Aquí se discutía el precio de la seda y se marcaba el del trigo.

Miro el edificio.

Me pregunto cómo se construye algo así en esa época.

Supongo que lo primero que pensó Pere Comte,

el maestro que recibió el encargo de la Lonja,

fue en hacer planos sin parar.

Yo lo intento, pero no es lo mío.

Desde luego, no se lo voy a enseñar

a quien ha dibujado la Lonja desde que era un niño.

Se trata de Manuel Ramírez,

el arquitecto y restaurador de la Lonja.

Que se quedó fascinado ante unas figuras

que le miraban amenazantes desde las alturas.

Las gárgolas, pues me daban miedo, de pequeña, lógicamente,

soñaba con esas gárgolas, jugaba por aquí, en las primeras,

los primeros cursos de arquitectura pues les dediqué

mis acuarelas, mis dibujos.

(Música sacra)

Luego vino su tesis, y por fin, la restauración de ese edificio

en el que jura estar como en casa.

Esto es una catedral para el comercio y eso indica

que mientras se hacen catedrales en otros lugares

para uso religioso aquí es para uso mercantil,

de venta al por mayor.

En la Sala de Contratación, la de estas columnas monumentales,

se envía un mensaje a los comerciantes

en una cartela que dice:

"Gustad y ver, conciudadanos, cuán bueno es el comercio

que no lleva simulación en sus labios".

La Lonja está muy bien en cuanto

a su conservación, pero no tanto por las obras

y las atenciones en su restauración,

sino porque el edificio está muy bien construido,

muy bien concebido.

Está tan bien concebido que podríamos ver, por ejemplo,

en las bóvedas cómo Pere Comte

nos está dando una clase construcción, clarísimamente.

Está utilizando unas piezas arqueadas

que imita la madera, hechas en piedra.

(Música)

Hoy en día la Lonja es más admirada que utilizada.

Como es Patrimonio de la Humanidad, turistas de todo el mundo

se acercan a descubrir esta pequeña joya.

¿Qué se llevaran con ellos?

(Música)

Todos los pequeños detalles cuentan en esta pequeña caja de orfebre.

Pero tiene truco.

No hay que asustarse para nada si se dice

que la mayor parte de los muros están repletos de cal,

es decir, que es un muro a saco, como se construyó la Torre de Pisa.

Es decir, que Pere Comte ya conoce la construcción romana

de la construcción que se hace en Italia y lo aplica aquí.

Con ese gran alarde, de tal suerte que se ve un edificio muy noble

de mucha riqueza, y sin embargo, una sencillez constructiva enorme.

Esos trabajos los llevaron a cabo los maestros canteros,

un oficio que todavía perdura,

aunque ahora trabajan en polígonos industriales.

Todavía se mantienen algunas técnicas

que se utilizaban en la edad media

en el acabado de la piedra, sobre todo.

En la forma final que se le tiene que dar

a la pieza y en la textura superficial que dejamos.

A Ángel Merced, picapedrero,

me lo imagino resistiendo la dureza del trabajo,

incluso la del siglo XV. Me fijo en sus manos.

Nada que ver con las de una escritora.

En restauración se suele hacer todo tipo de piezas

que componían las antiguas obras, capiteles, columnas,

basas, arcos,

que pueden ser de medio punto,

que pueden ser de bóveda de crucería,

gárgolas, de todo un poco.

Sí, las herramientas manuales son las mismas.

La pralina, el cincel, el puntero,

la escoda, la bujarda,

esas herramientas son exactamente las mismas

que se utilizaban en la Edad Media.

Ángel vería con añoranza

el estatus de los picapedreros del siglo XV.

Formaban un gremio tan considerado

que a los más ilustres se les permitió portar armas.

Supongo que en la Lonja las llevaba alguno.

Pere Comte, el gran constructor, el nombre que se repite.

Sobre él ha venido investigando Mercedes Gómez Ferrer,

que me cita en su universidad, la de Valencia.

Pere Comte fue un cantero, maestro cantero,

en realidad, en la época se llamaba maestro pedra piquer, del siglo XV,

que entre 1450 y 1506 prácticamente

dirigió y construyó todas las obras más importantes

que se hacían en la ciudad de Valencia

y no solo en la ciudad de Valencia, sino que también fue llamado

a otras poblaciones para realizar obras de muchísima importancia.

El nombre de maestro cantero se le queda corto.

Pere Comte me recuerda a esos hombres del Renacimiento,

capaces de enfrentarse a retos constantes.

Es el principal maestro de un arte

que entonces, quizás el más significativo

que es lo que se llama estereotomía,

que es el arte de cortar la piedra.

Y ese arte de la estereotomía se convierte en un arte

que precisa tanto saberes de geometría,

de cálculo de empujes, de todos los aspectos relacionados

con la construcción en su totalidad.

La Lonja será gótica en factura, pero el espíritu es renacentista.

Precisamente, en el conjunto de la Lonja, en un lugar

que no es muy visitado, pero que tiene

una de las primeras bóvedas en la arquitectura española,

construida de forma esférica

con unas pechinas como triángulos semiesféricos,

una bóveda gallonada, que está en la torre de la cárcel

de la Lonja, si esa bóveda hubiera estado decorada renacentista,

pues parecería una de las primeras bóvedas renacentistas.

(Música)

La ingeniería o la arquitectura trazan diseños y planos,

pero para llevar a cabo las ideas hacen falta manos.

(Música)

Manos imprescindibles que saben cómo llevar ese sueño

o esa teoría a las tres dimensiones.

(Música)

En teoría, el que sabe hacer, sabe mandar.

Mercedes ya nos ha demostrado lo primero.

Acerca de lo segundo, la historia dice que también.

Hoy diríamos que Pere Comte tenía capacidad de liderazgo

y se rodeó del mejor equipo.

En cualquier sitio se aprecia, incluso aquí, en el sótano.

Fundamentalmente podemos considerar que fue un gran maestro

de toda la cantidad de canteros que trabajaron en la Lonja de Valencia

que llegaron incluso a poderse contabilizar en más de 200 personas,

más de 200 nombres distintos

y que acuden a la Lonja como un lugar de formación.

Lo normal en otras obras eran unos 15 canteros,

eso da idea de la diferencia.

En la Lonja se construyó muy bien y muy rápido, solo en 15 años.

Para eso hacía falta trabajar de sol a sol.

Estaba muy regulado los tiempos de las comidas,

había una campana que marcaba el almuerzo y la comida

y se paraba estrictamente en esos momentos,

en algunos aspectos, a veces, el ritmo de la obra

venía marcado también por unos relojes de arena

que permitían calcular los tiempos para determinados aspectos

de tipo técnico, por ejemplo, para el fraguado de las bóvedas,

pues marca del reloj de arena cada media hora

y calcular así los tiempos de secado

de lo que sería los materiales de la obra.

Toda la información que nos regalan estos expertos

no son imaginaciones suyas, quiero ver los documentos

que les han servido para reproducir la construcción de la Lonja.

Estoy en el Archivo Municipal, cuya sede es el palacio Cervelló.

Aquí trabajan con una máxima en latín que se cita en la entrada,

y que quiere decir que las palabras vuelan y lo escrito queda.

He entrado en la exposición porque está la taula de canvis,

la mesa de cambios. Aquí, dicen,

se emitieron las primeras letras de cambio

en Europa occidental en el siglo XIV y ya van unas cuantas.

En la biblioteca me han asegurado que puedo consultar

los libros de cuentas de la construcción de la Lonja,

los libros de oro, las fechas de los lomos impresionan.

Está escrito cada pago a cada uno de los obreros,

empezando por Pere Comte. Consta cada moneda

que se gastó en la Lonja,

porque se construyó gracias a los impuestos de los ciudadanos.

A pie de obra hay un escriba que sería el equivalente a un notario,

que deja constancia de todo aquello que entra y sale de la obra.

Quién lo hace, cómo lo hace, por qué lo hace,

cuándo se hace, etc., y de ahí que, al mismo tiempo,

la obra sea una obra realizada con un fundamento piramidal.

Casi jerárquico, de gran jerarquía.

Después del maestro está el "sontsobrero", es decir,

hay como una especie de aparejador de las obras.

A partir de ahí aparece también el maestro de obras,

el maestro albañil.

Hay pedra piquer, hay carpinteros,

vidrieros, obreros, "traginers"...

Cientos de trabajadores controlados con tanto detalle

que no parece que en la Lonja hubiera una caja B.

(Música)

Gobierno tras gobierno se mantiene la premisa

de construir obras perdurables a mayor gloria de un imperio

o de una ciudad, símbolos de prestigio y de grandeza.

A veces el precio a pagar por los contribuyentes ha sido muy alto,

y no hablo solo del endeudamiento. Se me entiende, ¿verdad?

Si Valencia es hoy una ciudad moderna,

ya lo era en el siglo XV, y también importante.

Era la segunda ciudad más grande de la península, después de Granada.

Una urbe próspera gobernada por dos grupos.

La nobleza y la burguesía estaban unidas por matrimonios,

por intereses, y buscaban, sobre todo, una arquitectura

que diera satisfacción a sus necesidades prácticas,

por ejemplo, garantizar el suministro de trigo para la comida,

el aprovisionamiento de agua, los puentes para atravesar la ciudad,

las murallas para las defensas, y también sus necesidades morales,

por ejemplo, la beneficencia.

Amadeo Serra es profesor de Historia del Arte

en la Universidad de Valencia.

Me lleva por la Valencia del XV como si hubiera vivido esa época.

Es curioso, porque se produce en un momento

en que está llegando el final del esplendor comercial de Valencia

y era en un veranillo de San Martín,

en el final ese de los días de propina de la época de esplendor,

construir un edificio que sirviera de reclamo

para atraer a más comerciantes.

Que el mismo edificio, con su espectacularidad,

como un museo Guggenheim en Bilbao,

atrajera la atención de la gente, atrajera los capitales,

atrajera a los viajeros y fuera, realmente,

un orgullo también para los habitantes de la ciudad.

Escuchando a Amadeo pienso que cualquiera

de los transeúntes con los que nos cruzamos

forma parte de esa historia.

Fuera de la Lonja y también dentro.

Cada uno tenía su establecimiento, que a veces era simplemente una mesa,

para trabajar, para realizar los intercambios.

Cuando alguien quería comprar trigo

sabía a qué zona de la sala tenía que ir.

Quien quería comprar tejidos, a otra zona.

Estaba organizado, de una manera no muy formal,

pero bastante eficaz para que los comerciantes encontrarán

lo que querían, donde querían, y pudieran comparar.

Esta parte de la Lonja, la del Consulado del Mar,

tardó más tiempo en ser construida. 45 años.

Entre estas cuatro paredes

se dirimían asuntos financieros y mercantiles a modo de tribunal.

Las ventanas tienen vidrieras, pero en su momento estaban cubiertas

con telas enceradas que daban luz matizada a la Lonja.

Creo que la mejor forma de disfrutar de la sala del Consulado

es tumbado boca arriba en el suelo y mirando al techo.

Solo así puedo admirar esta decoración en madera

tan rica en detalles que trasladaron desde la Casa de la Ciudad

y que fue creada por Joan del Poyo.

(Música)

Me dicen que la actividad más parecida

a lo que pasaba en la Lonja se encuentra en la Cámara de Comercio,

donde se reúne una sección del actual Consulado del Mar.

Es la reunión de la mesa de cítricos,

la única que se celebra semanalmente.

Desde luego, no es lo mismo que en el siglo XV,

cuando la Lonja estaba en ebullición.

Con la visión de la reunión de cítricos en mente

me meto en la piel de los comerciantes.

Antes se negociaba paseando y en corrillos.

De ahí la configuración de la Lonja.

Los edificios no solo se componen de piedras.

También de las personas que los han ocupado.

Que de una forma u otra los han tatuado.

Claro, que las historias más suculentas

sucedían en otros lugares.

Valencia, además de un área comercial próspera y dinámica,

ofrecía un burdel público tutelado por las autoridades

que era famoso en el Mediterráneo.

Era un recinto separado del resto de la ciudad,

pero donde se ejercía la prostitución bajo la tutela de las autoridades.

Había muchísima violencia.

Junto a la Lonja se ejecutaron a maleantes, criminales,

que fueron condenados a muerte.

Amadeo Serra se ha ido

para dar una clase de arte gótico a sus alumnos.

A mí me ha dejado soñando con esa época.

El entorno de la Lonja bullía de actividad.

Había una gran cantidad de puestos

donde se podía comprar todo lo necesario para la vida cotidiana,

las viandas, los alimentos,

y también productos de más alto precio,

que eran los tejidos, por ejemplo,

o cualquier oficio artesanal con talleres que daban a la calle

y que servían también de puntos de venta.

A veces el cliente necesitaba un intermediario.

Entonces había unas personas que se llamaban corredors d'orella,

porque ellos ponían el oído

y se enteraban de dónde había un producto a buen precio,

dónde había una ocasión

y luego las amas de casa que compraban,

los esclavos que iban a hacer los recados,

los niños que correteaban por las calles,

los que llevan las mercancías,

no estaban reguladas las horas de carga y descarga...

(Música)

¿A qué olía el siglo XV? A algo muy distinto de ahora, desde luego.

Nos hemos librado de olores fétidos y pestilentes.

A cambio de otros, claro.

Hoy, para recuperar aromas antiguos,

recurrimos a paseos por campos y jardines

aunque lo que más excita nuestra pituitaria es la comida.

Me imagino que los aromas del mercado de la época

serían muy parecidos a los que encuentro por aquí.

Custodiada por el mercado central, modernista,

y la Iglesia de los Santos Juanes, barroca,

la Lonja luce a todas horas.

A pesar de que tuvo sus horas bajas en las que ejerció de almacén,

cuartel, hospital y, por fin, monumento.

Durante una época, hasta el siglo XVIII,

la Lonja subsistió gracias a un producto valioso

que se manufacturaban la ciudad: el tejido de seda.

Yo soy más de ferias que de Fallas.

No sé qué tal me quedaría un vestido de faralaes de seda.

Aquí todavía quedan tejedores,

pero ya no se crían los gusanos de seda.

Estoy en Garín 1820 porque aún conservan telares artesanales.

Otros como estos tejieron la historia de la Lonja.

Rafael, el tejedor, me cuenta que cuando se iniciaba

pasó más de seis meses donde ahora estoy yo,

solo mirando y aprendiendo.

Esto, simplemente, lo que hace es por el color.

Ahora hacemos lo que es el tejido.

Se hace con la lanzadera esta que tenemos aquí.

Y ahora volvemos a pasar las barquitas de espolín...

¿Y qué barquita queda? ¿A ver? Estas. Cada una tiene su colorcito.

Ahí dejo a Rafael. Si algo no le falta es paciencia.

22 cm al día. Tres meses para acabar esa pieza.

Pues esto estaba pintado de azul

con estrellitas doradas que representaban el cielo.

Salvador Aldana es catedrático de Historia del Arte.

Uno de sus libros se titula "Simbología de la Lonja"

y es la chuleta de los guías que pasean a los turistas.

Para él la Lonja es un libro abierto que le habla desde cada rincón.

Y de ese libro lo primero que quiero es el título.

El comercio justo lleva al bien. El comercio injusto lleva al mal

y, por lo tanto, todo eso dentro de un concepto religioso

como se tiene el siglo XV.

Delante de la Puerta del Pecado me muestra símbolos curiosos

y extraños.

Luego salimos para ver desde fuera la Puerta del Este,

la que mira a Jerusalén.

Está, prácticamente, toda llena de figuras

que eran comunes en la Edad Media, es decir,

el monje perverso que aparece con cogulla

y luego aparece con la parte posterior de animal.

Aparecen arpías. Aparecen sátiros...

Casi todas ellas, prácticamente todas,

representan elementos antinaturales

que van contra las personas

y, por lo tanto, las personas tienen que luchar contra ellas.

Pero al mismo tiempo hay recuerdos del mundo antiguo.

Por ejemplo, está Sansón desjarretando a un león.

Y el Salvaje y el Hombre Sano, por seguir con alguna más.

Me abruman las metáforas que habitan la Lonja.

Barqueros, pescadores, animales mitológicos...

Aldana ha estudiado hasta la última gárgola.

Yo me refiero a una señora

que está en el ángulo de Cordellats y el Mercat,

que está cogiéndose... está cogiéndose el sexo.

Esa se ha interpretado muchas veces como que es una señora

que es la lujuria. No.

Aparte de que es un vierteaguas,

esta señora está, desde la Edad Media,

representando la pureza.

El que tenga las manos en el sexo

no quiere decir que sea una figura erótica.

Y no hay que olvidarse de los números.

En la Lonja les dotaron de significado.

El cinco es el número del hombre. Y el tres el símbolo de la dignidad.

El ocho simboliza la resurrección.

Empiezo a buscarle sentido a todos los números que veo.

Las matemáticas son omnipresentes. Hasta la música es pura matemática.

(Música)

Es una vihuela de arco.

Un instrumento típicamente valenciano del siglo XV

y este, en concreto, aparece representado en una tabla pintada

por Valentí Montoliu, seguramente,

en las mismas fechas en que se estaba construyendo la Lonja.

La tabla lleva el nombre de "La Mare de Déu de la Llet",

"La madre del Dios de la Leche", es una tabla preciosa

en la que aparece este instrumento que convertí hace unos años

de las dos a las tres dimensiones para que pudiese sonar.

Es una reconstrucción de un instrumento del siglo XV

y también con música, en este caso una música inglesa,

vinculando lo que era la Lonja de la Seda a los comercios

que hubieron en este siglo en Francia, en Inglaterra, en Italia,

en Génova, en Valencia..., con la venta misma de la seda.

Es una estampida, seguramente, de principios del siglo XV,

que un poco rememora estas músicas

que tal vez se escuchasen en este lugar.

Carles Magraner montó hace unos años Capella de Ministrers.

El grupo se dedica a recuperar el patrimonio musical

de la Corona de Aragón.

(Música)

En la Edad Media decían que la música era pecado

y, por desgracia, todavía hoy algunos fanáticos lo predican.

A mí, estos acordes, me llevan al cielo.

(Música créditos)

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La mitad invisible - Lonja de la Seda. Pere Compte

18 oct 2016

Se profundiza en los aspectos esenciales y triviales de la obra a través de entrevistas a expertos, visitas a lugares relacionados con la obra, búsqueda de archivo gráfico y un largo etcétera que dependerá de la obra escogida. En esta ocasión se trata del edificio gótico civil de la Llotja de la seda, en Valencia, obra de Pere Compte.

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