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Para todos los públicos La mitad invisible - La chiquita piconera - Ver ahora
Transcripción completa

La Chiquita Piconera, de 1.930 fue la última obra

de Julio Romero de Torres.

Hoy, me acerco a este pintor cordobés que retrató tan bien

a las mujeres de su tiempo.

Las pintó con un realismo desafiante, sin perjuicio.

La joven María Teresa López sirvió de modelo

en La chiquita Piconera.

Voy a comprobar lo importante que es para la Córdoba de hoy

esta obra y su autor.

El pintor con nombre de joya.

En la sensación, en la emoción que provoca el arte,

siempre hay una mitad invisible que explica muchos porqués.

No he podido resistir la tentación de volver a Piconcillo,

una aldea a media hora de Córdoba,

a la que es muy fácil llegar en moto.

Yo venía de niña a ver a la familia, sobre todo en verano.

Del invierno, recuerdo con cariño las agradables reuniones

alrededor del viajero.

Con el carbón más menudo, llamado en Córdoba picón,

quemándose bajo nuestros pies.

Por los buenos tiempos y por la obra de Julio Romero de Torres,

ahora, pese al calor, me animo a recrear

la acción y la imagen que a este artista

le pareció digna de ser pintada.

Con un mensaje sensual y social a la vez.

La sierra cordobesa era y es a la vez, rica en madera de encina,

arbustos de jara,

lo más usado para el picón.

El oficio y negocio de hacerlo y venderlo

fue importantísimo para los cordobeses

más pobres y humildes durante 500 años.

Le pregunto a mi tío Eusebio por el nombre de Piconcillo.

El nombre del pueblo, viene de picón, viene de las Navas,

de la Concepción.

La tradición del picón, viene de allí,

de Constantina, Las Navas, etc.

El mejor picón, se hacía aquí.

El picón depende si lo haces de encina o de jara.

Cada picón te da el aroma del árbol del que los haces.

Mi gente es estupenda.

Mi tía Cely, me ayuda a recrear buenos recuerdos,

encendiendo una lumbre que tiene su ciencia.

Compartimos este momento fuera del tiempo

de hacer brasas sin frío.

Pero es verdad que aquí, en invierno,

siguen calentando con picón.

Yo, con energías renovadas y acompañada por mi moto,

me voy para Córdoba, donde pasó todo.

Para mí, recorrer en moto la sierra de Córdoba

camino de la capital es la mejor forma de hacerlo.

Estas son las tierras de Fuenteovejuna,

llenas de paisajes preciosos, intensos, literarios,

que me ayudan a prepararme mentalmente

para encontrar en Córdoba más cosas sobre la piconería,

sobre Julio Romero de Torres y su Chiquita Piconera.

Es un retrato realista al óleo magnífico.

En primer plano, una joven sentada

con un brasero de picón a los pies y con tacones.

Largas piernas con medias y un hombro al aire.

Mira directamente al espectador.

Nos observa.

Esta mirada y la luz de sensualidad, perduran en mi retina.

Para saber más sobre el contexto social de la obra,

de la Córdoba de principios del siglo XX,

voy al Real Círculo de la Amistad.

Es una institución donde también atesoran obras

de Julio Romero de Torres.

La escalera principal está decorada con grandes murales.

En el frontal, un canto de amor.

El conjunto son seis enormes lienzos simbolistas

en los que el pintor pudo explayarse con temas como el genio,

la inspiración o alegorías de las artes.

Romero de Torres consigue una atmósfera difusa,

con tonos monocromáticos.

Son cuadros muy evocadores.

En esta centenaria institución, me cito con José Cruz,

considerado el cronista oficial de Córdoba.

Escribió La Historia de Cinco Siglos de Piconería

y hasta su reciente final.

Cuando yo escribí el libro este, no tenía ni pensamiento

de estar aquí.

Yo era entonces teniente de artillería.

Por las tardes, cuando me permitían mis obligaciones,

iba a casa de todas las familias piconeras que quedaban

y cogí los testimonios de todos ellos.

La Chiquita Piconera, no hizo picón en su vida,

vamos a empezar por ahí.

Lo que pasa es que para Julio Romero de Torres,

un hombre tan encastado en las cosas de Córdoba,

lógicamente, lo más típico y emblemático de aquella población

eran los piconeros.

A las muchachas, en vez de decirles muchachas, les decían chiquitas.

Chiquitas para acá, chiquitas para allá.

Entonces tenía 15 años María Teresa.

Se la llamó la chiquita piconera, pero en realidad,

esa señora no hizo picón nunca.

También hizo otras cosas que o vienen al caso.

Pepe entiende los motivos del pintor.

Una mujer guapa y le pusieron el picón más como un adjetivo

que como un sustantivo.

La piconería es esfuerzo, sudor, trabajo, dolor, pena, muerte.

Es todo.

Es un conjunto en la vida.

Sobre significados, hablo también con el director

del Museo de Bella Artes de Córdoba.

Está situado en so patio familiar de los Romero de Torres.

Para José María Palencia, en La Chiquita Piconera,

hay un mensaje sobre la explotación de las mujeres.

Cree que el pintor no rehuía el tema de la prostitución.

Lo que hace ahí es explicitar una condición de la mujer

y una condición negativa en cuanto a que tiene

que ganarse la vida de esa manera.

Pero a la vez, la hace belleza, la revierte.

Algún tipo de preocupación por ese mundo sí que tenía,

porque realmente, él se movía también entre el mundo de los famosos,

de los artistas, de las actrices.

En 1.929, poco antes de pintar La Chiquita Piconera en Córdoba,

que la pinta aquí, en este patio.

Ya pintó aquí en Madrid, otra versión de La Chiquita Piconera

con Elena Pardo.

Julio Romero de Torres fue el pintor

más exitoso y popular de su numerosa familia.

Eran ocho hermanos, dos de ellos pintores de talento también.

Con su esposa, tuvo tres hijos, pero ya no queda nadie.

Él vivió entre Córdoba y Madrid, donde daba clase

y también pintó muchísimo.

Gracias a esta película de 1.926, La Malcasada,

podemos ver a Julio Romero de Torres en acción,

acompañado de su amigo el escritor Ramón del Valle Inclán.

En la escena, está pintando a la actriz María Vaquero.

Siempre cerca, está su querido e inseparable hidalgo Pacheco.

Romero de Torres era un artista y un intelectual muy respetado.

Julio Romero ya es de la Generación del 27.

Aunque no llega al vanguardismo, pero el que es un pintor

de la Generación del 28 es su hermano,

Rafael Romero de Torres.

Lo que pasa es que, de alguna manera,

ese componente social que la Generación del 98,

introduce en la cultura española, florece de una manera no sustancial,

pero sí perceptible la obra de Julio Romero.

Yo veo en La Chiquita Piconera un cuadro que quizás

no es único, en el sentido de que tiene antecedentes

y es sólo un rebable, una vuelta de tuerca final

de la propia obra del artista que resume definitivamente

todos los componentes que él ha querido ir manifestando

a lo largo de su trayectoria.

Este patio no es uno más de los preciosos patios

que hay en Córdoba.

Aquí se refiere a la historia de una saga de artistas.

De hecho, los Romero de Torres, desde hace un siglo y medio,

están muy presentes en ésta, la más popular y turística

plaza del casco antiguo de Córdoba.

Me impresiona cuánto pasado alberga.

Estos pasos que estamos dando ahora mismo,

aunque parece inceíble, son los mismos pasos

que daba Julio Romero de Torres hace mucho tiempo

y que hoy en día, todo el mundo conoce como

la plaza del potro.

Y justo al lado del Museo de Bella Artes,

también está el remodelado Museo de Julio Romero de Torres.

Con su otro patio acogedor lleno de detalle.

Me refieren algunas caricaturas del pintor

y muchos de los objetos que le definen.

Sus pinceles, aquel famoso billete de 100 pesetas con su Fuensanta,

el más reproducido de la historia.

Su sombrero cordobés, el perro Pacheco,

detalles para imaginarle mejor.

Fue una persona muy alta, muy delgada.

Esa estampa que se veía por Madrid, porque tenemos que tener en cuenta

que Julio, desde 1.916 fue el profesor de la Escuela

de Bellas Artes de San Fernando,

que entonces era la Escuela Especial de Pintura,

Escultura y Grabados.

Todos los días daba clase en la escuela

y cuando llegaba, esa estampa con la capa cordobesa,

el sombrero cordobés y el galgo Pacheco negro.

Era una estampa inolvidable.

Como inolvidable resulta el color de las paredes del Museo.

Rojo Caravaglio, se llama.

En dos niveles y repartidas en seis salas,

se exponen un centenar de obras, legadas por la familia,

donadas o adquiridas por el ayuntamiento, el titular.

Le pregunto a su directora si es viable

este modelo de museo.

Claro, en todos los países, el genius loquis, es decir,

el sabio del lugar, tiene un museo.

Y nos proporciona las señas de identidad de esa ciudad.

El que haya un museo a la memoria de su pintor, de su escultor.

La directora, me hace notar que en el caso

de Julio Romero de Torres, es tan popular el pintor

como esta obra completa.

Una obra de la que Mercedes, no se cansa de hablar.

También nos cuenta que cada año son miles

los visitantes que como nosotros, vienen a verla de cerca.

Por eso, la han colocado estratégicamente,

con una excelente perspectiva.

La Chiquita Piconera es el centro del Museo.

Vas avanzando, vas avanzando

y ahí está, el cuadro protagonista.

Me apunto algunos detalles.

En un hoyo y temple sobre el lienzo que mide 80 % centímetros,

bastante más con el gran marco dorado.

Y una imagen hipnótica.

Por último, la sala donde habla de la ciudad,

que es la última sala.

En ella está el gran poema de Córdoba,

que Julio lleva el lienzo de todas las culturas

que pasaron por esta ciudad, La Córdoba romana, la visigoda,

la Córdoba árabe, la judía, la Córdoba renacentista

y guerrera en el Gran Capitán, la Córdoba taurina, la religiosa.

Está también el díptico, que es el pecado y la gracia.

Todos esos cuadros sugieren la seña de identidad,

el homenaje a San Rafael, a la virgen de Los Faroles.

Y el final, el testamento pictórico del artista,

La Chiquita Piconera.

Nos lo dejó el pintor donde la ciudad

la recoge con todas sus tradiciones, el río, el campo de la verdad

y el brasero con el picón.

En ésta y otras obras, la presencia de la ciudad,

de sus símbolos y paisajes, se hace evidente.

Hace tiempo, vivió unos meses en Córdoba.

Recuerdo aquellos días con ternura, pero hoy miro la ciudad

con ojos distintos.

Anoto detalles que voy redescubriendo y miro a través de las cámaras.

Las cámaras, siempre nos ayudan a mirar.

Me parece que éste es un punto que encaja bastante

con lo que nos enseñaba Julio Romero de Torres

en La Chiquita Piconera.

Por eso, buscamos el encuadre, la imagen perfecta.

Nos hace muchísima ilusión cuando encontramos el plano

más parecido al cuadro.

Y sorteando bastantes turistas, bueno muchos,

desde el famoso puente romano,

la vista sobre el Guadalquivir es preciosa.

Córdoba tiene un aire especial, ese que Romero de Torres

buscó captar para envolver sus retratos.

A veces, como envuelve la música.

Enfilo otra vez hacia la plaza del Potro.

Justo delante de la casa y Museo de Julio Romero de Torres,

hay una magnífica posada, una reliquia del siglo XIV,

donde se venera el flamenco.

Es el lugar ideal para hablar con Francisco del Cid,

un experto y crítico en la música andaluza.

Me cuenta la devoción de Julio Romero de Torres

por el flamenco.

Su pasión era el flamenco y la pintura

era el instrumento que él empleaba

para plasmar el flamenco.

Él tiene una serie de cuadros que están ahí en el Museo,

que están referidos la gran mayoría a lo que es el flamenco, a la copla.

Uno lo dedica a las seguidillas, otro a la soleá,

a la serrana, a la alegría, etc.

Él había dicho en muchas ocasiones que prefería tener la voz

y el poder de transmisión de un Juan Breva,

que tener la calidad de los pintores, como por ejemplo Naro Da Vinci,

al que consideraba el mejor del mundo.

Con Paco hablamos de duendes y musas y me cuenta

de las famosas escapadas del pintor para ensimismarse e inspirarse.

¿Cuál sería la banda sonora de La Chiquita?

Precisamente, la canción de La Chiquita Piconera,

esa que hicieron: el maestro Quiroga, Castejó y el gran letrista

Rafael de León.

Tiene un cuadro muy emblemático dedicado a la soleá,

con la letra: "Mira qué bonita era,

se parecía a la virgen de Consolación de Utrera".

Es una letra de soleá.

Ese cuadro, plasma muy bien lo que es la tristeza de la soleá.

¿Le parece un cuadro emblemático?

Para mí, tienen unas connotaciones muy andaluzas,

más que flamencas, tiene unas connotaciones muy andaluzas.

Yo, La Chiquita Piconera, cuando la vi

en mi adolescencia por primera vez, la asocié mucho

con la Mona Lisa de Leonardo Da Vinci.

La he considerado como uno de los cuadros femeninos

más importantes de lo que es la pintura,

por lo menos, la pintura latina.

¿Y quién era esta Mona Lisa?

Pues esta mujer, María Teresa López,

entonces una niña de 15 años.

La reconozco en muchas pinturas en la sala del Museo

dedicada a los retratos, de los que hizo más de 500.

No fue la única modelo y entonces,

era de las más famosas.

Pero, ha perdurado por la Fuensanta de los Billetes y Monedas

y por La Chiquita del últimos cuadro.

Julio tuvo montones de modelos, por no decir,

una por cada cuadro, al ser un extraordinario retratista.

Pero, quizás, la más popular sea su última modelo,

que fue María Teresa López.

María Teresa López, nació también circunstancialmente

en Argentina, pero de padres cordobeses.

Julio empieza a pintarla con 13 o 14 años

en cuadros, estudios de expresión, ángeles, mujer de Córdoba, Carmen.

Estudios de expresión que luego llevaba

a grandes composiciones.

Se convirtió en el cronista gráfico de una época

cuando pintó a todo el mundo del espectáculo,

actrices de cine, cantantes, cantaoras, bailaoras, bailarinas.

Para María Teresa, la modelo,

cargó con el estigma de la mala reputación

durante mucho tiempo.

Hasta que ya en democracia, el ayuntamiento de Córdoba,

la rescató de la pobreza.

María Teresa murió hace unos años, habiendo recibido

el reconocimiento de su ciudad y una simbólica reparación moral.

Yo la conocí personalmente en un homenaje

que se le dio aquí en Córdoba.

Se le hizo un festival, porque estaba viviendo

en unas condiciones pésimas.

El final de sus días fue en un geriátrico.

Estaba el mito de la relación de amor que mantuvo con el artista.

Ella siempre lo negó.

Por suerte, nada de esto le pasará a María.

La modelo del escultor José Manuel Belmonte

para su obra La Regadora.

Coincidimos en que los gustos y costumbres,

han cambiado para bien y ya no hay cotilleos que valgan

para un trabajo tan respetable como ser modelo de un artista

y tener un respeto mutuo.

Una consideración que denegaron a María Teresa,

la invisible Chiquita Piconera.

En poco tiempo, esta escultura de Belmonte, La Regadora,

ya se ha convertido en la más fotografiada de Córdoba.

Escultor y modelo, me cuentan más detalles

del trabajo en el estudio, donde las horas

parecen que fueron llevaderas.

Ya han pasado un par de años y María,

pese a que va cambiando de aspecto, se reconoce en la escultura,

aunque sea un poco más alta que ella.

Fue una pasada.

Además, fui a ver cómo trabajaba en su taller

desde otro punto de vista.

Fue muy buena modelo, se portó muy bien,

estuvo muy quietecita.

Además, parece tímida, pero es una mujer muy inteligente.

Yo no sabía que se trabajaba de esa forma,

no posaba entera como la figura está aquí,

sino que si estábamos trabajando este brazo,

pues estaba sólo el brazo

y el resto del cuerpo, estaba descansando.

O un pierna, el torso, depende.

No suelo se muy cruel con mis modelos,

las dejo que descansen.

Le pregunto a Belmonte por sus sensaciones

de La Chiquita de Romero de Torres.

Pues, a lo mejor, nostalgia y tristeza.

Veo mucha tristeza, sobre todo en sus ojos,

hay una cierta melancolía.

Yo creo que eso fue un poco el sello, el papel importante que tuvo

con los Romero en su época, el representar algo

que tampoco se había representado nunca.

Era una belleza muy concreta de un sitio muy determinado.

Este lugar del que habla Belmonte es una Córdoba

en la que ahora, paseando,

recupero un poema sobre el pintor de su Chiquita.

"Y con lento paso vuelve a resolver el misterio

de los ojos de Rosario, que se los dejó entreabiertos,

espera el pincel de bruma, que los rescaté del sueño.

La Chiquita Piconera, envuelta en su mantón negro,

tiene su negra mirada fija sobre su brasero.

A su breve estancia llega, queriendo apagar el fuego,

la brisa del agua oscura que trae Julio Romero.

Córdoba contempla el cuadro desde su admirar eterno

y un viento de soleá, que temblando sube al cielo,

marca el paso del pintor y su paseo ribereño.

El pintor y su obra, siguen siendo inspiración

para poetas y estudiosos.

En muchos rincones de Córdoba, siempre entre flores,

encuentro rastros de Julio Romero.

Su fama y su identificación con la ciudad,

no han dejado de crecer en el siglo transcurrido.

Las obras del pintor, se cotizan al alza

en el mercado del arte y en Córdoba,

su figura se utiliza como marca cultural y turística.

Julio Romero, ha conseguido algo muy difícil para un artista,

formar parte del imaginario colectivo cordobés, andaluz y español.

Y ser un artista reconocible.

Julio Romero de Torres, murió de hepatitis

el 10 de mayo de 1.930, tenía 56 años.

Le dio tiempo a terminar La Chiquita Piconera y poco más.

Dicen las crónicas que la ciudad entera le lloró,

sin distinción de clases.

Desde entonces, el panteón familiar en el cementerio de San Rafael,

siempre tiene flores.

Es muy visitado por los cordobeses y los turistas,

que saben del pintor de las mujeres.

Yo suelo ser una asidua visitante del cementerio.

Me gustan las formas, el silencio, el olor de las flores.

No sé, me dan paz.

Son tópicos, pero me gustan, como también no irme de aquí

sin cumplir otro rito cordobés.

Quiero probarme un sombrero típico y voy a la sombrerería Rusy,

una tienda centenaria.

Aquí también veneran a Romero de Torres.

Mario, el propietario, es todo amabilidad

y me da muchos detalles sobre medidas y formas.

He sacado el más clásico, como el que llevaba

Julio Romero de Torres.

Éste es el modelo más clásico, parecido al que llevaba el pintor

siempre que salía a la calle.

La verdad es que me parece un objeto, cuanto menos curioso,

que lo inventaron los jornaleros hace tres siglos

para protegerse de la lluvia y ahora es un adorno

para ir elegante y de postín.

En esta tienda centenaria, parece que el tiempo se ha detenido.

Mario, nos hace ver que su arte consiste en hacer un sombrero

a la forma, más que a la medida de la cabeza.

este ingenio, lo hace posible.

En menos de una semana y por unos 200 euros,

tienes tu sombrero cordobés único e intransferible.

Luego ya, cada quien tiene gracia o no para llevarlo.

El equipo se traslada a la hora bruja

a una terraza con vistas de postal para cerrar el circulo.

Desde aquí y a esta hora bruja, Córdoba es una ciudad preciosa,

porque es una mezcla perfecta de historia,

porque está llena de cultura y de armonía.

Creo que artistas como Julio Romero de Torres,

también la han hecho más bella con su mirada y con su obra.

Quizá, por eso, no me imagino a la Chiquita Piconera

en ningún otro lugar que no fuera Córdoba.

  • La chiquita piconera

La mitad invisible - La chiquita piconera

24 oct 2015

En este capítulo nos sumergimos en el mundo del pintor cordobés Julio Romero de Torres para escudriñar en uno de sus cuadros más famosos, el retrato de La Chiquita Piconera, de 1930. Fue la última obra que pintó antes de morir este pintor figurativo con nombre de copla y, para muchos, es un retrato icónico como Mona Lisa latina.

Clara Peñalver, también de origen cordobés, se acerca al pintor más famoso de la ciudad, donde hoy en día se sigue conservando y potenciando la huella de Julio Romero de Torres. Especialmente en el casco viejo, donde está la casa natal de la familia Romero de Torres. En la famosa Plaza del Potro está el Museo Julio Romero de Torres, con sus mejores obras pero con La chiquita piconera en un lugar de honor. Descubriremos detalles de quién fue y que pasó con la modelo del cuadro, la influencia del flamenco o la huella estilística en un popular escultor cordobés, José Manuel Belmonte.

Montada en su moto, Clara Peñalver también viaja por la vecina sierra cordobesa hasta un pequeño pueblo, Piconcillo, donde saludar a su familia, antiguos piconeros. Con ellos y con el cronista oficial de Córdoba podremos entender cuán importante fue la piconería para la supervivencia de tantas generaciones antes de la electricidad.

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  1. Eric

    ¿Alguien sabe como se llama la canción que se escucha de fondo sobre el minuto 19?

    20 dic 2016