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La huella del crimen - El crimen del expreso de Andalucía - ver ahora
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Subtitulado por Teletexto-iRTVE.

(La historia de un país

es también la historia de sus crímenes;

de aquellos crímenes

que dejaron huella).

Tienes que levantarte, hijo.

Mmm...

Tu padre está a punto de llegar.

Ya sabes como es.

Ya voy.

Deberías intentar cambiar de vida.

No puedes seguir así.

Ya lo sé madre, ya lo sé.

Se abre una puerta

¿Ya has encontrado trabajo?

¿Lo habrás buscado, al menos?

-Sí que lo busca.

-Déjale que conteste él.

Tengo algunas ideas,

pero necesito un poco de tiempo. Ya.

Si usted quisiera, con sus influencias...

Ya lo hice una vez y dejaste mi nombre en entredicho.

A partir de ahora, en esta casa, se te dará solo el rancho.

Tendrás que arreglártelas tú solo.

Y que no me entere yo de que le das ni una sola peseta.

Los caprichos, que se los pague él.

¿Entendido?

Se me ha quitado hasta el apetito.

Sírveme el café en el despacho.

¿Ya no vas a comer más?

A mí, también se me ha quitado el apetito.

Hasta luego.

Campanadas de reloj

Toma, para que puedas invitar a alguna chica.

Eres la mejor madre del mundo.

No vuelvas tarde esta noche.

Descuida, madre.

Cien.

Mi resto.

-No voy.

-No voy.

-Lo veo.

Trío de damas.

-Trío de reyes.

Si alguien quisiera darme un crédito

yo le firmaría un pagaré.

(No va más, no va más).

Un vaso de leche fría, por favor.

Un jerez.

¿Por qué te empeñas en seguir jugando cuando llevas tan mala racha?

La única manera de acabar con una mala racha es agotarla.

Perderé lo que tenga que perder.

Así, cuanto antes, mejor.

Un coñac.

No le han ido bien las cosas, ¿eh?

He perdido hasta la camisa.

Lo que tenía y lo que no tenía.

Lo siento.

El caso es que yo juego mejor que todos esos patanes juntos.

Tú me conoces, de cuando era crupier.

Antes, cuando jugaba con el dinero ajeno, ganaba siempre.

Ahora...

Disculpe, yo creo que jugar

con el dinero propio, produce ansiedad.

Debería usted mirarlo bajo la luz de la moderna psicología.

Y al mariquita, ¿quién le ha dado vela en este entierro?

No lo ha dicho para faltar.

Para eso, lo mejor es mantener la boca cerrada.

Bueno, ¿vas o no vas por el dinero?

Sí.

Pero no quiero que bebas más.

¿Eh?

Anda, ven...,

acompáñame.

Gracias por su ayuda.

Me llamo José Donday.

José María Navarrete.

Vaya...

ya tenemos algo en común.

¿Sí?

El qué.

Somos tocayos.

¿De dónde eres?

Soy cubano.

¿En viaje de negocios?

No, exactamente.

Estoy aquí, hasta que se olvide una historia.

¿Una mujer?

¿Tú qué crees?

¿Te gustaría tomar una copa en mi casa?

Bueno.

Pero muy rápido.

Vivo con mis padres,

tengo que guardar las apariencias. Claro.

Por favor, permíteme.

Quédese con el cambio.

¿Y esto?

Me encanta la química.

Podría fabricar cualquier cosa que se venda en la farmacia.

¿Quieres?

¿Qué es?

Cocaína.

Aspira.

Ladrido de un perro

¿Qué piensas?

Estoy dándole... vueltas a una idea.

Hay otras cosas mejores que pensar.

Ven.

Timbre

¿Está don Honorio Sánchez Molina?

¿Quién pregunta por él?

José María Navarrete.

Esperen aquí.

¿Cómo se lo contamos?

Déjame hablar a mi.

Yo le conozco bien.

¿Qué hacéis por aquí?

Si queréis una habitación, deberíais hablar con Luzmina.

Venimos a hablar contigo de negocios.

Juana, déjenos solos.

Sentaros.

Muy bien, empezad.

Lo primero, decirte que el negocio no es muy honrado, que digamos.

Esos son los que más dinero dejan.

Lo importante es que sea bueno.

No puede ser mejor.

Se trata de robar el tren correo.

Casi nada.

Mira, yo trabajaba antes en eso

y hay mucha gente que me debe favores.

Con cualquier pretexto, nos introducimos en el vagón correo.

Es normal,

es como viajan los del cuerpo.

¿Y luego?

Yo quiero ser rico, no preso.

Ahí interviene José.

¿Éste?

Para que te enteres,

puedo preparar un brebaje que deje dormidos a los ambulantes.

Luego, no hay más que coger el dinero,

las joyas y demás efectos... y escapar.

Es un plan muy sencillo que no puede fallar.

¿Cuánto se puede sacar?

De 50.000 duros a medio millón.

¿Tanto?

¿Estás seguro?

Depende, un poco, de la suerte.

Unos días hay más que otros,

pero, por ahí andará.

¿Y la huida?

Nos bajamos y tomamos un tren hasta la frontera más cercana.

Ya.

Necesitaremos otro hombre.

Dame..., una perra chica.

¿Te hacen?

Déjate de tonterías y dame lo que te he dicho.

Pero, ¿por qué no quieres jugar nunca?

No se debe gastar la suerte en cosas tan pequeñas.

Tienes cara de cansado.

Trinos de pájaro

Toma.

Ahhh.

Mmm, qué bien huele esto. Mmm.

No sé cómo te queda tiempo para cocinar así.

Martillazos

Trinos de pájaro

Sigues siendo un "manitas".

¿Cuánto tardarás en decir lo que has venido a decir?

Siempre serás el mismo.

Se trata de un negocio que puede proporcionarnos mucho dinero.

¿Te interesa?

Me interesa, sigue.

Ni hablar, si te interesa, ven a verme mañana a las 3,30h.

No quiero que te pases la noche cavilando.

¿A las 3,30 de la madrugada o de la tarde?

De la tarde.

Espere aquí.

Enseguida vuelvo,

dígaselo a Rufina.

Bien, vale.

Esa es la apuesta.

La idea no es mala.

La único, esos dos vainas.

Si tú lo dices, ¿cómo deben ser?

Lo malo es que sin ellos no hay plan.

¿Y con ellos, sí?

Es que, hay más cosas.

¿Más todavía?

Ese tal Navarrete;

su padre es coronel de la Guardia Civil;

ha sido ayudante personal de Primo de Rivera.

Si las cosas salen mal, tendremos las espaldas cubiertas.

Piénsatelo.

Por eso me he embarcado yo.

Lo que sí te aseguro es que si tú no entras, yo tampoco.

¿Son esos?

José María Navarrete, José Donday; Antonio Teruel.

Sentaros.

Supongo que Honorio te habrá puesto al corriente de todo.

Sí, algo me ha contado,

aunque, me parece que faltan, todavía, cosas por redondear.

¿Tú crees?

Mira, yo tengo la teoría

de que la mayor parte de estos golpes fracasan,

porque son demasiado complicados.

Depende de muchos detalles

y en cuanto falla uno solo, todo el plan se va al "carajo".

La mayor virtud de mi plan es su sencillez.

Nada puede fallar.

Además, no habrá derramamiento de sangre.

Con el narcótico, se quedarán dormidos como bebés.

¿Me permitís, un momento?

Ven.

Bueno, ¿qué?

Dos imbéciles.

Sí, pero los necesitamos.

Navarrete es la llave que abrirá el vagón.

Y ya te he dicho lo del coronel.

¿Y ese "pildorita"?

El "pildorita".

Nos proporcionará el narcótico.

No me hagas reír.

Navarrete no hace nada sin él.

Ya sabes.

No te preocupes,

a veces, estas chapuzas salen bien.

¿Cuánto se puede sacar?

Entre 250.000 y medio millón.

Bien.

A partir de ahora, nadie debe vernos juntos.

Honorio nos pondrá en contacto cuando sea necesario.

Nos reuniremos aquí y llegaremos siempre por separado.

Tú te encargarás de todo lo referente al tren

y fijarás la fecha.

Tú a tus "pildoritas".

¿Y tú, de qué te ocupas?

Yo, de lo mío.

Trinos de pájaros

Es amigo.

Tú hablas.

-Quiero verlas.

Te has dado seis cartas.

-Si tienes razón, os devuelvo lo que habéis perdido.

Pero, como te equivoques, te arranco la cabeza de un disparo.

No me gusta nada que desconfíen de mi.

Yo cuido mi prestigio.

Venga, atrévete.

-No.

-Bueno, seguir jugando vosotros.

Tengo que hablar con este amigo.

Qué, ¿te he hecho recordar épocas mejores, no?

Bueno, suéltalo de una vez,

porque dinero no quieres; nunca me lo pedirías.

Lo que quiero es, asaltar el tren correo.

Y cuentas conmigo. Sí.

Pero, dejando metido en este asunto que no me gusta nada.

¿Conozco a alguno?

Honorio Sánchez Molina.

Es flojo y miedoso.

Mmm, pues ese es el mejor.

Los otros son un par de señoritos maricones.

¿Y por qué te metes?

Porque no aguanto más;

si sale, bien... y si no voy "p'a lante".

¿Qué decides?

Yo también estoy cansado de engañar a tanto patán.

No me has preguntado cuánto vamos a sacar.

¿Hay suficiente como para llegar a Colombia?

Y para instalarse allí, definitivamente.

Es un viejo sueño.

Entonces, dices que en tu casa, ¿todos estáis bien?

Todos bien, a Dios gracias.

¿El coronel, también bien?

Estupendamente.

Ya le conoce usted, es como un roble.

Pues, me alegro.

Perdóname, un instante.

Enseguida vuelvo.

Por mí no se preocupe, don Carlos.

Ya está bien de afanar un día un jamón

y otro un par de gallinas.

Pues tú, no le hacías ningún remilgo. ¿Sí?

y en menudo lío me metí, por nada.

No creas que no te agradecí que me tapases aquella vez.

Pero una cosa es distraer un jamón y otra... asaltar el Expreso, ¡joder!

¡Vamos a acabar todos en "chirona"!

¡Qué va! Es un plan perfecto.

Y tú eres el que menos riesgos corre.

Tú aparecerás... como una de las víctimas.

No tienes nada que temer.

Ya...

¿Y... Lozano?

Cuando se despierte, contará que subisteis al vagón en Aranjuez.

Y ahí entras tú para decir

que se durmió antes de que nos bajásemos en Alcázar.

Je..., eso está bien.

Con lo estricto que es,

pasará un mal rato por haberse dormido.

¿Y yo?

¿Qué voy a decir yo, cuando me interrogue la policía?

Que no sabes nada.

Que después de Alcazar, también tú te quedaste dormido.

Ya..., les parecerá extraño.

Que les parezca lo que quieran.

Mientras no te saquen de ahí,

¡nada podrán probar!

¿Estás seguro?

Tan seguro...

como que te vas a llevar más de 10.000 duros.

No puedes seguir quitándote el miedo con coñac,

te vas a destrozar.

Miedo, ¿por qué?

Te pasa siempre que andas metido en algo que no te convence.

Te conozco demasiado bien.

Toma.

Estaba en la portería.

Es el soplo del ganador de una carrera de caballos.

Aunque fuera verdad...

También me prometiste que ibas a dejar de jugar.

Sí, pero esta apuesta será definitiva.

Ya verás.

Llaman a la puerta

Hola Carmen, ¿y Antonio?

Está arriba, trabajando. Bueno.

Trinos de pájaros

¿Por qué no dejas eso?

Dentro de poco, vas a ser rico. Ya.

(¿Qué te pasa, no confías en nuestro plan?).

(Yo, solo confío en mi mismo).

(¿Se sabe ya la fecha del atraco?).

(Sí, será el 11 de abril).

(Pero, convendría tener una reunión antes

para ultimar detalles).

(¿Te parece bien el día 7?).

El 7 no; el 9.

Un poco tarde;

si falla algo, no podremos arreglarlo.

Mejor.

Bueno...

como quieras.

El 9...

en la pensión.

¿Cierro?

No, no hace falta.

Deja eso ya, mujer.

No puedo, tengo que entregarlo hoy.

¿Qué pasa?

Estás llorando.

No es nada Antonio.

Eres la única razón por la que aguanto esta vida.

Este es Francisco Piqueras,

pero, todo el mundo le conoce como Paco, Paco el Fonda.

Vendrá, también, con nosotros.

Lo siento.

No tengo nada contra él, pero no puede ser.

Si Paco no viene, yo me retiro.

Por eso retrasaste la reunión. Sí.

Y para que nadie pudiera rajarse.

Vosotros decidís.

En el vagón no pueden entrar más de dos personas.

Llamaría la atención.

Subiremos tres.

Tú, Paco y yo.

Y nosotros dos, ¿qué hacemos?

Tú te encargarás de conseguir el automóvil.

Este, ya ha cumplido.

Yo no sé conducir.

¿Y tú?

Sí.

Pero no lo voy a hacer.

Pásame la "cheira".

Yo no tengo porqué conducir, Josemari.

¡Ah!

Paco te hubiera rebanado el pescuezo.

¡Ah!

Este es el "pantoporum", mezclado con jerez.

José... ha probado con un perro de 10 kilos

y lo ha dormido más... de 20 horas.

Silbato de tren

Billetes, por favor.

Así que, los tres van a Cuenca.

-¿Cómo lo sabe?

-Por los billetes, claro.

-Menos mal.

Por un momento, llegué a pensar que era usted adivino.

No ha tenido ninguna gracia.

Tranquilo.

Silbato de tren

Silbato de tren

¡Ors!

¡Ors!

(¡Ors!).

Ors...,

atiende ahí, te están llamando.

Golpes en la puerta.

(¡Ors!).

Estoy con dos amigos y vamos a Alcazar,

¿podemos subir?

Espera.

Señor Lozano, es Navarrete...

¿Se acuerda de él?

El hijo del coronel.

-¿Que quiere ese "tarambana"?

-Que viene con unos amigos y quiere subir, hasta Alcazar.

-Eso va contra las ordenanzas.

-Navarrete, ha sido uno del cuerpo.

-Yo me lavo las manos, haz lo que quieras.

-No tiene porqué enterarse nadie.

-Allá tú.

No puedo abrir, está atascada.

Vamos, por la ventana.

Buenas noches, señor Lozano.

¿Qué tal, Navarrete?

¿Cómo te va la vida?

Muy bien, gracias.

Estos..., estos son dos amigos,

que me acompañan a Alcazar. ¡Ya!

-Venid, por aquí.

Silbato de tren

Dame unos vasos.

Avisa al viejo.

Eche un trago, señor Lozano.

Todavía no he cenado.

Pues, por eso mismo;

el jerez abre el apetito.

A esta edad, ya nada me abre el apetito.

Salud.

Salud.

-Qué, ¿echamos unas manitas?

-Es una buena idea,

así, nos distraeremos un rato.

En este trabajo, se aburre uno mucho.

-Yo no juego

y nadie, en su sano juicio, jugaría...

con quien maneja así las cartas.

Vamos, señor Lozano,

si es por matar el tiempo, no es por dinero.

Sí, sí... Jugar vosotros; yo tengo trabajo.

No se duerme.

Silbato de tren

(¿Le gusta a usted Escudo?).

(Es el rey del KO).

(No levanta tres palmos del suelo, pero arrea...)

El otro día, se cargó a un tío

que le sacaba, por lo menos, dos cabezas.

Menuda carnicería.

No lo mató... porque Dios no quiso.

Si lo hace así en América... se hace con el título.

¿Le gustan los caballos de Madrid?

¿Por favor, falta mucho para el expreso de Andalucía?

Estará a punto de llegar.

Gracias, espéreme aquí.

Silbato de tren

¿Y el automóvil? Ahí.

¿Qué ha pasado?

Un horror.

Josemari.

Silbato de tren

Voy a buscar al chofer.

¡¿Eh?!

He contratado un taxi.

¡Te mato!

Ahora no, Antonio.

Silbato de tren

¡Deténgalo! ¡No me han dado la correspondencia!

-Lo siento, las órdenes son determinantes;

un minuto de parada.

Si los ambulantes de correos están dormidos o borrachos,

yo no tengo ninguna responsabilidad en ello.

-Es que, es muy raro. -No sería la primera vez.

-Yo, por si acaso, voy a telegrafiar a Córdoba.

(¿Qué hacemos con el taxista?).

¿Me encargo yo de él? ¿Estáis locos?

No lo permitiré.

Otra muerte más, no.

Así se habla, Josemari.

Cállate.

Entonces, ¿qué hacemos?

Nada, ya es demasiado tarde.

Yo me voy a la cantina.

Y yo también.

Bueno, ya está.

Me tomo un "cafelito" y seguimos camino.

Está bien.

(¡Un "cafelito"!).

Buenas noches.

-Buenas noches, pareja.

-Buenas noches. Buenas noches.

Lo de siempre.

-Vaya frío que hace, para andar patrullando.

-A nosotros, haga frío o calor, siempre nos toca.

¿Qué...,

para el sur?

-Que va, para Madrid, a lleva a estos señores.

Venga, vámonos.

-Han perdido el tren en Alcazar de San Juan

y hemos venido a recogerles.

¡Vámonos! Buenas noches.

-Con Dios. -Adiós.

Qué gente tan rara.

-Oye, apunta la matrícula.

¡Eh! ¡Eh!

¡Eh!

¡No contesta nadie dentro!

-Estarán durmiendo.

-¿Y qué hacemos?

-Yo tengo que dar la salida ya.

Toque de cornetilla

Silbato de tren

¡Le sobran ocho duros!

Así está bien.

¡Gracias!

Esos, se han debido de pelear con los otros dos.

-A saber de dónde vendrán, a estas horas.

-Pues, no creo que vengan de juerga.

Venga, esos churritos.

¿Qué sucede?

-No sabemos.

Llame usted otra vez, por si acaso.

Mire por la ventanilla.

-Está todo muy revuelto.

-¿Tienen algo para forzar la puerta? -Sí, señor.

-Adelante. -Por favor.

Que desenganche, inmediatamente, este vagón.

Y que nadie entre, hasta que llegue el juez de guardia.

Ustedes, acompáñenme.

Hay que avisar, inmediatamente, a Madrid.

-Bien, señor.

Trinos de pájaros

¿Qué tal?

¿Qué ha pasado?

Adelante y en silencio, mi mujer duerme.

Paco, haz cinco partes.

Dale a ese maricón su parte y que se largue.

Si le vuelvo a ver... por mis muertos que lo mato.

Eso, ya hemos visto que lo haces muy bien.

¿Acaso creías que podíamos birlar todo esto

sin que nadie recibiera ningún daño? ¡Coño!

Podíais haber esperado a que se durmieran.¡Idiota!

¿Cuándo hubieran despertado, qué hubieran dicho?

Ors era amigo mío y... estaba compinchado.

¿Sería hasta que le torturaran?

Y el otro, ¿qué hubiera contado el otro?

A lo hecho, pecho.

Yo estoy con estos dos.

Si lo hubiera sabido antes...

nunca habría participado.

Terminaremos todos en el garrote.

Claro que acabaremos todos en el garrote,

¡pero no por mi culpa! si no por la de ese.

Ir a robar en taxi...

¡Hay que ser gilipollas!

Deberíamos habernos cargado al taxista.

Sí, hombre, ¡encima!

Bueno, ya tenéis vuestra parte, ¿no?

Pues, ¡largo de aquí!

Vámonos, Josemari.

¿A dónde?

¿Qué dirá mi padre?

Tu padre es el único que puede salvarnos.

Estás loco, Antonio.

Además, esto no se le hace a un amigo.

¿Tú también?

¿En qué bando estas?

Ya, en ninguno.

Esta es tu parte.

¿Qué piensas hacer?

Nada, ¿por qué?

Yo que tú, desaparecería de aquí.

Demasiado tarde.

No, para mí.

Al fin, voy a conocer Colombia.

Venga, un abrazo.

Toma.

Nunca he podido engañar a un amigo.

Hice seis partes.

Después del "cafelito", no volvieron a hablarse entre ellos.

Estaban como enfadados;

al menos, eso me pareció.

Finalmente, los dejé a todos en el Portillo de Embajadores.

Y el "petimetre" me dio una espléndida propina.

-¿Y qué le hace pensar

que pudieran estar involucrados en el asalto al expreso?

-No sé, se me ocurrió esta mañana, al leerlo en la prensa.

Su comportamiento, desde luego, era muy extraño.

-¡Cabo!

-A la orden, comisario.

-Lleve a este señor al gabinete de identificación;

a ver si puede reconocer a alguien. -Sí, señor.

¿Qué le parece? -¡Bah!

¿Pero usted cree que puede haber alguien tan imbécil

para ir a cometer un atraco y volverse en taxi?

¡No me joda, hombre!

-Ya, aunque peores chapuzas tenemos que oír por aquí todos los días.

-Chapuzas, sí; pero no que dejen dos "fiambres".

-En eso, sí que tiene razón.

-Eso han sido los anarquistas,

que son los únicos que tienen cojones y organización para hacerlo.

Terminaremos por caparlos a todos.

Pero, mientras tanto, son los únicos que los tienen bien puestos.

-¿Qué hacemos, entonces, lo olvidamos?

-Investigar su declaración, ¿qué, si no?

Menos da una piedra.

Por arriba, están que arden.

¡Fermín!

-¡Va!

-Aquí, estos caballeros, que son policías

y preguntan por los tipos aquellos, ¿te acuerdas?

-¿Qué tipos?

-Sí, los del otro día,

los que bajaron del taxi a las 6 de la mañana.

-¡Ah..., aquellos cuatro!

-¿Reconoció usted a alguno?

-Ni reconocerles, ni conocerles, pero hacían un curioso grupo,

sí señor. -Curioso, ¿por qué?

-Eran como agua y aceite, sí señor, que es que no mezclaban.

Dos de ellos eran unos "finolis", sí señor.

Y a los otros dos,

no me gustaría encontrármelos en una calle oscura.

-Dicen que, a lo mejor, eran los del expreso.

-¿Recuerda por dónde se fueron? -Sí, señor;

a mi me pagan para tener los ojos muy abiertos.

-¿A dónde fueron?

-Los "finolis" hacia arriba y los otros..., por allí.

-Muy bien, ¿en caso de que les necesitemos?

-A mí, me pueden encontrar, todas las noches, aquí;

sí señor, mientras el cuerpo aguante.

-Y a mí, a partir de estas horas. -Vale, vale... vale.

-¡Ah!

(Uno de los señoritos llevaba un maletín).

-Gracias. (-Con Dios).

(Quiero que recuerdes siempre,

que he deseado lo mejor para ti

y que he sufrido lo indecible, viéndote, tan cruelmente,

arrastrada a esta miseria de vida).

(En esta hora tan terrible,

deseo proclamar también

que el principal instigador y organizador del asalto

ha sido José María Sánchez Navarrete

como antiguo oficial de Correos que era).

Pues claro que me extrañó;

nadie hace visitas a las 7 de la mañana.

-Si notó algo sospechoso, ¿por qué no dijo nada?

-Yo no sospeché nada,

¿por qué iba a sospechar?

-Acaba de decir que le pareció extraño.

-Pero es que, en esa gente, todo es extraño.

Pasos fuera

Llaman a la puerta

(Abran la puerta).

(Policía).

Llaman a la puerta

Toma,

guárdatela.

¿Y qué hago?

Léela si me sucede algo, ¿entendido?

Antonio... Confía en mí.

Anda..., vístete.

¿No le han echado el guante?

-No estaba en casa.

-Pues, por aquí no ha salido.

A lo mejor es que está en otro sitio.

-Si sabe algo, dígalo inmediatamente

o incurrirá en un delito de encubrimiento.

-Yo no sé nada.

Quizá esté en la buhardilla esa, dónde hace sus jaulas.

-Mmm...

Tú, espera aquí.

-Buenos días, ¿qué desean?

-Buscamos a Antonio Teruel. -No está en casa.

-¿Podemos pasar?

Señora, tendrá que acompañarnos a la comisaría.

Portazo

¿Qué sucede?

Levántate.

La policía pregunta por ti.

¿La policía?

Sí, la policía.

¿Se puede saber en qué andas metido, esta vez?

Yo... yo no he hecho nada, lo juro.

Ah, ah, ah...

No dejes que me lleven.

Usted tiene influencias.

Ni quiero, ni puedo ayudarte.

Ah, ah...

¡Yo no fui...!

¡Lo juro!

Es que no puedes comportarte con un poco de dignidad,

aunque solo sea una vez.

¡Anda, vístete!

Yo... no... los he matado...

(Francisco Piqueras, alias Paco "El Fonda",

fue sorprendido por la Guardia Civil

en el tren que le conducía a Portugal, camino de Colombia.

Momentos antes de morir, en el garrote,

y haciendo gala de una inusitada sangre fría,

se despidió de los allí presentes, exclamando:

¡Buenos días, señores!

Honorio Sánchez Molina,

detenido en una finca de la provincia de Ciudad Real

y considerado, a pesar de sus protestas,

como el organizador y cabecilla principal del atraco,

fue ejecutado, al igual que sus compañeros,

cuando amanecía, el 9 de mayo de 1924.

Este atraco, ideado por el ex empleado de Correos,

Sánchez Navarrete,

fue utilizado como disculpa por el directorio militar

para implantar un decreto sobre bandidaje y terrorismo

que ha tenido vigencia en España hasta principios de los años 70.

El único de la banda que consiguió salvar la vida,

fue José Donday, "pildorita", quien, tras entregarse en París,

en la embajada española y permanecer, durante muchos años,

en el Penal del Dueso,

terminó oscuramente sus días en un país sudamericano).

Subtítulos realizados por: Chus Suárez Liaño.

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La huella del crimen - El crimen del expreso de Andalucía

07 ago 2017

En abril de 1924 cinco individuos llevaron a cabo un asalto al tren expreso de Andalucía. El grupo era de lo más heterogéneo. Dos homosexuales, un croupier en paro, un jugador de ventaja y un vicioso del juego lleno de deudas.

Histórico de emisiones:
18/07/2012

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