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La huella del crimen - El crimen del capitán Sánchez - ver ahora
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Subtitulado por Teletexto i-RTVE.

La historia de un país es también la historia de sus crímenes,

de aquellos crímenes que dejaron huella.

¿Me la dejas probar? Se removerían en la tumba

los huesos de la viejecita inglesa que me la regaló.

¿Te la regaló? ¿A cambio de qué?

Timbre.

Soy inspector de policía.

Voy siguiendo los pasos a la amiga de un peligroso anarquista

y me costa que ha entrado aquí hace media hora.

Es menuda, delgada y lleva una capellina verde

y un sombrero marrón.

Pase.

Oye, ¿cómo se desabrocha esto? Anda, no te hagas el tonto.

¿O es que las inglesas te llegan ya en cueros?

Puerta.

Un caballero quiere hablar con usted, señorita.

No te asustes, es él. ¿Él? ¿Quién es él?

¿El capitán? Que no me asuste.

¿Viene el capitán y dices que no me asuste?

¿Señorita? -Mierda. Me lo temía,...

Dame el anillo. ...Me lo temía.

Dame el anillo y decimos que es nuestra señal de compromiso.

Abra.

Te he dicho que me des el anillo. Tú estás loca, niña.

Dame el anillo. Suelta.

Y váyase. Estate quieta.

Dame el anillo. ¡Suelta!

Huye como lo que eres,

un cobarde que ha amancilladlo la honra de una menor.

Dele el anillo.

Venid. Alguno está ganando una fortuna.

Hagan juego.

Déjelo ya.

Al 29 todo.

No va más.

29, negro.

¡Qué atrocidad, Rodrigo! Menuda suerte.

Aciertas al rojo 5 veces seguidas y, por si fuera poco, 3 al 29.

Es lo nunca visto. Total, unas 5.000 pesetas y pico.

Algo más. ¿Más?

Hola, Cosme. Buenas tardes, don Rodrigo.

Y nunca mejor dicho lo de buenas. ¿Lo quiere en billetes grandes?

No, dame una ficha de 5.000 y el resto en billetes.

Sí, señor.

5.000.

Un cinco y tres ceros. Atiende primero a la señorita, Cosme

Faltaría más. Gracias.

En fichas de cinco.

Seis. Gracias.

Aquí tiene, don Rodrigo. No, he cambiado de opinión.

Dámelo también en fichas. Sí, señor.

Voy con 30.

Buenas noches, caballeros. ¿Qué tal, Rodrigo?

Nos han llegado noticias de tu estrella.

15.000 han dicho. La mitad.

No está mal. Lo que una quinta de lujo en el pardo.

20 más.

Se acabó mi racha.

¿Lo ves? Si te sientas a mi derecha, me traes suerte.

Señores, yo me retito. Quieto ahí.

¿Por qué? ¿Qué pasa?

Tenga la delicadeza de perder, si desea retirarse antes de la hora.

Yo puedo ocupar su lugar si me lo permite.

Bueno.

¿No se conocer ustedes? -Rodrigo García Jalón.

El capitán Manuel Sánchez López.

Quisiera comprobar la influencia de la joven dama sobre mi fortuna.

Espero que no sea imprescindible tenerla sentada a mi derecha.

Hoy es mi día bueno.

Sin moverte. Quieta ahí.

Lo siento, capitán.

Su joven esposa, capitán. ¿Qué?

Su esposa me ha traído suerte. No es mi esposa.

María Luisa es mi hija mayor.

¡Bernabé! Que dice mi padre que no te necesita hasta las dos.

Muy bien.

Campanas.

María Luisa.

¿Se acuerda usted de mi?

¿El caballero que desplomó a mi padre?

Le aseguro que fue contra mis propios deseos.

Los naipes, ya sabe, no tienen piedad.

Capitán, que son pocos céntimos.

El rey de los ranchos nunca aprenderá a perder.

Que no vuelvas a llamarme así, ¿me oyes?

Lo siento, capitán,

pero creí que el mote le recordaría a los tiempo heroicos de Cuba.

Cuando yo pierdo, los demás se callan.

(Ríe).

(Silba).

¡Silencio!

(Ríen).

¡So!

Otra vez ha perdido el capitán Sánchez.

¡Están jugando a los prohibidos! ¡A mi la tropa...!

¡Armen bayonetas! (Ríe).

Campanas.

A ver, niñas, ya es la hora.

¿Y tú que haces, no te vas? Sí, señora.

¿Me dejas?

Adiós, hasta mañana. Adiós.

¿Algo se opone a que no cojas el brazo?

Es usted mucho mayor que yo. Viudo. Y tú soltera.

La gente nos mira. Pensarán que eres mi hija.

Pensarán que soy su protegida. Deja que lo piensen.

Es usted un jugador afortunado. Yo juego poco, con mesura,

para distraer mi soledad. Lo que ves aquí no viene del azar,

viene del arrojo, del arrojo y del trabajo.

Pues yo he oído que a usted le gusta el juego y las mujeres fáciles.

He sido militar, comerciante, recaudador de contribuciones

y, últimamente, empresario de teatros.

He conocido a mujeres y he jugado

pero no siempre he ganado ni en lo uno ni en lo otro.

¿Y los criados? Tengo un ama de llaves, una cocinera

y dos sirvientes. ¿Están en la casa?

Les he dado su día de permiso. ¿Y yo donde viviría, aquí?

De momento, no.

Tengo dos hijos en edad de casarse que viven aquí conmigo.

Cuando ellos arreglen su vida, hablaremos tú y yo.

Eres para mi como una pesadilla. Te recuerdo y tiemblo.

(Todos): Y líbranos del mal, amén.

¿Tiene conejo? -Eso negro es rata estofada.

Yo vi como las cazaban ayer los soldados con escobas.

¡A comer!

Otra vez lo mismo. Tú lo has dicho, Julito.

Otra vez, otra vez lo mismo. Las sobras del rancho del mediodía.

Y puedes dar gracias a Dios.

En la cocina de la escuela, se lo dan a mi ordenanza de tapadillo.

En el ejército se come mal, pero se come siempre, recordadlo.

Recuérdalo sobre todo tú, Manuel,

que quieres seguir la vocación de tu padre.

¿Puedo repetir?

La había dejado un poco a María Luisa.

María Luisa ha dicho que no vendría a cenar.

Caja de música.

Puedo ofrecerte una vivienda cómoda, doncella, guardarropa, coche,

gato, si te gusta, y una pensión desahogada.

Como una mantenida. Yo no lo llamaría así.

Como una mantenida provisional.

Lo acepto como promesa.

(Tosen).

¿Quién va?

Soy yo.

Mala pulmonía te mate, cochina,

por andar con los piel descalzos en el suelo.

¿Cuándo has llegado? ¿Con quién has estado?

¿Con el de la casa de la moneda? ¿Con el chófer de los Carbajal?

¿O con Rubio? Ese de la perilla roja.

¡Qué vergüenza! Mi hija conocida en todos los merenderos de la Bombilla

como una perdida cualquiera.

He estado con él.

(Susurrando): Padre nuestro que estás en los cielos,

santificado sea tu nombre,...

El pan nuestro de cada día, dánosle hoy,...

(Habla en silencio).

Vete.

Perdóname. Que te vayas.

Estás helada.

Es un hombre muy rico.

Sigue.

No, besos, no. ¿Le quieres?

¿Qué dices?

Quiero decir que si le quieres más que a mi.

Vive como un rey. ¿Qué te ha dicho? ¿Qué quiere?

Protegerme a mi y a mi familia. Canalla.

¿A cuántas más a protegido antes que a ti?

¿Te ha tocado?

Dime, ¿te ha tocado? Dice que es generoso

porque sus medios de fortuna se lo permiten.

Es un hombre atractivo y sabe como tratar a las mujeres.

¡Es un viejo, es mayor que yo! No grites

y sobre todo no hagas comparaciones. Tú eres un patán.

Si vuelves a pegarme, no me verás nunca más.

Calleja no es para mi distinto de los demás, pero es más rico.

Pero es más rico.

Esta vez, vamos a hacerlo aquí, en casa. Que venga ese hombre.

Le convences para que venga,

diciéndole que estoy de viaje con una misión.

Le sorprendo y le digo que te he deshonrado.

Podemos obligarle con amenazas de escándalo y hasta de juzgado,

a que nos entregue una cantidad que nos saque de apuros.

Me da reparo. Será la primera vez que te da reparo

No me gusta que suban a esta casa. ¿Por qué?

Por lo modesto de nuestro ajuar.

No creo que él se preocupe por eso.

¡El chinero ha abierto!

¡Abierto al uno!

¡Abierto al dos!

(Bala). -Toma, bonita.

Toma, ve pelándolo. ¿Qué pasa hoy?

El jueves pasado sólo nos pusiste pan y chocolate y aún escaso.

¿Es fiesta mayor?

No, padre tuvo ayer suerte en el casino.

¿Y esos pelos, Julia?

Bueno, un huevo para cada uno, eh. Ocúpese.

Ayúdame, Julio. Así.

Las manzanas ahora. -¡Manzanas, plátanos,

mermelada,...! ¿A ver? Bueno, ya está.

Eso, un poquito de color.

Ya. Dame una.

¿Cómo sabes que tengo? Te huelen las manos.

Qué lista. ¿Dónde, dónde las tengo?

Aquí. No, las tengo aquí.

Una para ti y otra para mi.

(Niños):¡Al campo, al campo, al campo, al campo, al campo!

Julia, vamos. -¡A dar de comer a los conejos,

a la granja! Adiós, padre.

Tengo aquí una reunión con unos amigos.

No volváis muy pronto. Antes de la cena, ¿de acuerdo?

Antes de que se haga de noche.

Campanas.

Déjalo ya, que está en la esquina esperando.

Y no vuelvas hasta la noche.

Adiós. Adiós.

Trompeta.

El mosquetón Mauser español es un fusil...

Es la puerta de la derecha. Gracias.

...Con capacidad para 5 cartuchos y accionamiento mediante cerrojo.

Cierre la puerta, por favor.

Con una sola carga...

Timbre.

Jalón se sienta ahí. Quiero oír lo que dice, provócale, hazle hablar.

Buenas tardes nos de Dios, mi querida María Luisa.

Pase usted.

(Atención. 1, 2, 3.) (Cantan).

¿Está su papá de usted? No. Ya le dije que mi padre

estaría ausente de Madrid durante unos días.

Siéntese.

¿Le habló usted de mi proposición?

Mi padre no aceptará nunca una proposición como esa.

¿Por qué? Dice que no es usted sincero.

María Luisa, es tal la turbación que usted provoca en mis sentimientos

que si fuera necesario, yo...

Quiero decir, María Luisa, que no tengo inconveniente

en plantear a su padre que usted, esta misma tarde,

mi más formal petición de mano. Ya se, mi querida María Luisa,

que no me precede la mejor de las famas,

pero puedo jurarle

y de rodillas puedo jurar delante de su señor padre

que mis intenciones son honestas y sinceras.

No se qué decirle. Estoy desconcertada.

Usted mismo me habló el otro día de dificultades,

de su situación actual, de sus hijos,...

Olvídese de cuanto le dije, María Luisa.

Es otro hombre el que está frente a usted en estos momentos.

Un hombre que ha puesto la mano sobre su corazón,

que ha reflexionado seriamente,

y que ha llegado a la firme convicción de que la ama.

Un hombre que está dispuesto a poner a sus pies cuanto tiene y cuanto es.

Ni nada ni nadie podrá oponerse a la generosidad de mis sentimientos.

Puedo alimentar la presunción de ser correspondido,

de merecer una dicha semejante. ¿Me creería, María Luisa, si le digo

que ha arraigado en mi la idea de que sólo usted

puede hacer que cambie mi absurda vida actual de viudo desamparado,

que sólo usted puede tranquilizar mi espíritu.

Yo la amo sinceramente, María Luisa. Le ruego que me responda una palabra

que me devuelva la paz.

¡María Luisa, María Luisa! Ayúdame, los pies.

Hay que limpiar esa sangre antes de que vengan los niños.

Lávalos.

¡Ah!

¡Ah!

No grites. No grites.

¿Habéis visto esto?

Un secuestro. El señor García Jalón desapareció de su casa

el 24 del pasado mes y hasta la fecha no se tiene noticias de su paradero.

Sus hijos, alarmados por tan prolongada ausencia,

han presentado denuncia en el juzgado esta mañana.

¿Jalón? -Que se lo ha tragado la tierra.

¿La tierra? Que va. Estará escondido debajo de una almohada de plumas.

Y con toda seguridad, en gratísima compañía.

Bueno, Rodrigo,... -Por lo visto, aquí,

en el recuento de caja, sobran 5.000 pesetas

y falta una ficha de idéntica cantidad.

¿La ficha de Jalón? -De Rodrigo, sí.

Eso no es nuevo. Jalón opina que es más seguro

tener el dinero en el casino que en el banco.

La ficha estará con él bajo su propia almohada.

La señorita.

¿Preguntaba usted por mi? Sí.

Usted dirá. ¿Puede usted cambiármela?

¿Cómo ha llegado a sus manos? La ganó mi padre en una partida.

¿Fuera de aquí? Sí.

Lo siento, señorita. No estoy autorizado a pagar esta ficha

nada más que a su legítimo propietario

o a quien se la hubiese ganado dentro de este casino.

Sólo tiene que darme la mitad. No.

Me conformo con mil pesetas. Lo siento.

Señores, ¿a qué no saben quién tiene la ficha de García Jalón?

La hija del capitán Sánchez.

Se me ocurre una idea terrible

que explica la desaparición de nuestro querido amigo.

El capitán se lo ha servido a la tropa

de la Escuela Superior de Guerra, en un rancho extraordinario.

Es capaz.

¿Quieres agua?

Timbre.

Ve tú, Manolita. Si es mi asistente le dices que vuelva más tarde,

después de la siesta.

¿El capitán Manuel Sánchez?

Anda, avisa a tu padre. -Pasad.

Quédese usted fuera.

Padre, es un señor con unos guardias.

¿Caballeros? Venimos a hacer un registro

en su domicilio, capitán. Comprenderán que les exija

la presentación del debido mandamiento judicial.

No lo necesitamos. En su condición de militar nos basta con la autorización

del general Ceballos, jefe de la Escuela Superior de Guerra.

¿Quiere verlo?

(Lloro).

Colmaté, si no es nada.

¿Cómo llegó la ficha de 5.000 pesetas a las manos de usted?

¿Qué ficha? ¿No estuvo usted esta mañana

en el casino con la pretensión de que la cambiasen

una ficha de 5.000 pesetas? No, yo sólo fui a ver a una amiga

que trabaja en el guardarropa.

¿Y esto? Eso no es mío.

Yo nunca he visto esa ficha. Veremos.

Veremos de quién es.

Don Ramón, venga un momento. Aquí hay un sótano con animales.

¿Qué hacen aquí estos animales?

Las cabras se alimentan con cualquier cosa

y dan leche para los críos.

Las balas.

Es muro reciente. Está todavía húmedo.

Los animales triscan hasta la pared. Hay que repasarla de vez en cuando.

Las piquetas.

Oh, señora mía, oh, madre mía, yo me consagro del todo a vos

y en prueba de mi filial afecto os ofrezco en este día mis ojos,

mis oídos, mi lengua, mi corazón, en una palabra, todo mi ser.

Ya que soy todo vuestro, oh, madre de bondad,

guardarme y defenderme como cosa y posesión vuestra.

Aquí está García Jalón.

Tengo 20 años. Se leer y escribir,

pero no he podido recibir instrucción más amplia

por la obligación y necesidad que tenía de tener a mis hermanos.

Trabajo como oficiala en un obrador de plancha.

¿De qué conocía usted al señor García Jalón?

De nada. Yo sólo lo vi una vez en el casino, eso es todo.

¿Un vasito de agua?

María Luisa, usted sabe también, como yo,

que el cuerpo de don Rodrigo García Jalón

apareció horriblemente mutilado emparedado en la casa de ustedes.

Por otra parte, pocos días antes, se presentó usted en Bellas Artes

con intención de cobrar una ficha que pertenecía

al difunto señor García Jalón.

Está usted perdiendo el tiempo y me lo hace perder a mi.

¿Mi padre está preso? Preso está. Igual que lo está usted.

¿De modo que ya jamás me veré frente a él?

Es lo más probable.

Pues si es así, declararé confiada en que ya no debo temerle.

Mi padre es un canalla,

un hombre cuyos instintos no conocen seguramente las fieras.

Lo temo horriblemente. Desde los 10 años que me persigue,

pegándome, amenazándome con la muerte,

haciéndome víctima de sus caprichos.

Yo me defendía desesperadamente

pero no pude frustrar sus criminales tentativas.

He tenido dos hijos con él, un niño y una niña, Manuela y Luis.

Y los dos murieron a los pocos meses.

Don Rodrigo García Jalón quería protegerme.

Quería protegerme a mi y a mis hermanos.

Vino a nuestra casa para hablar de ello con mi padre.

Pero cuando él llegó, mi padre estaba ausente.

Don Rodrigo ocupó una silla en la salita

y yo me senté frente a él a la espera de que llegase mi padre.

De repente, aparecieron unos enmascarados con palos

y empezaron a golpearnos. Mi padre estaba entre ellos.

Y luego, ya no distinguí nada más, porque perdí el conocimiento

a causa del dolor que me produjo un golpe en la muñeca.

Cuando me recobré, estaba encerrada en mi habitación.

Mi padre no quiso darme ninguna explicación.

Me dio la ficha y me ordenó que fuese a cobrarla al casino.

Y allí ya sabe usted lo que pasó.

¿Y no pudo usted reconocer a esos enmascarados?

No.

No estoy segura,

pero creo que uno de ellos es el asistente de mi padre, Bernabé.

Y el otro puede que fuera un soldado albañil, cuyo nombre no conozco.

Uno que tiene un bigote rubio.

Preguntada la acusada si pudo reconocer a los enmascarados,

responde que no está segura y que cree que a parte de su padre,

uno de ellos podía ser el asistente del propio capitán Sánchez,

y el otro, un soldado cuyo nombre ignora.

Yo, señor juez, soy un héroe de guerra.

Mi hoja de servicios es brillantísima.

He sido aprendiz de cornetas; soldado; cinco meses, cabo;

sargento, cuatro años; dos, teniente segundo y once, primero;

y durante cuatro años y algunos meses, capitán.

Una vida dedicada enteramente a mi patria.

"Valor acreditado" dice la hoja. He participado en 79 combates.

Y en Cuba, en la acción de Peralejo,

se me concedió la cruz al mérito militar.

Me ofrecí yo solo a cruzar la línea de fuego

para transmitir una orden urgente.

¿Y sabe lo que dijo el general Martínez Campos,

cuando me vio regresar bajo un diluvio de balas?

Dijo: "Hay que ascender a ese cabo".

Y ahora ustedes vienen a arrojar sobre mi cabeza toda esa ignominia.

Lo que acaba de leerme no es más que una vil patraña,

inventada por esa ramera

conocida desde la Bombilla a la Puerta del Sol.

Yo no conocía al señor García Jalón mas que de vista.

¿Por qué iba a acometer tan absurdo asesinato?

Se obstina usted en negar la evidencia.

Señor juez, yo no niego nada. Me limito a no afirmar lo que ignoro

Le aconsejo que usted haga lo mismo.

Esa es la única evidencia.

Entonces, ¿cómo se explica usted la aparición del cadáver

horriblemente mutilado emparedado en su propia casa?

Me resisto a creer que eso sea verdad.

Tan verdad como el sol que luce en estos momentos.

¿Pero es que no pueden comprender qué demonio perverso habita

en esa mujer, en esa mala hija?

La puerta está abierta para todo aquel que quiera satisfacer

sus instintos en ella. Y yo, que tengo mis ocupaciones,

no puedo montar la centinela para impedirlo.

Cualquiera pudo haber acometido el crimen.

¿Con qué intenciones entró el propio García Jalón en mi casa?

El cariño por el resto de mis hijos

junto con el respeto por el uniforme que ostento,

me han impedido apartarme de esa criatura viciosa y maligna,

aún a sabiendas de que acabaría por llevarme a la deshonra,

a la ruina y a la muerte.

Este asunto a colmado mi cáliz, es agua vertida.

Tengo pocas esperanzas de que pueda aclararse de forma cabal.

Soy inocente, pero no puedo soportar el deshonor que ha caído sobre mi.

Deseo con toda mi alma que se me lleve cuanto antes al paredón.

Abra, por favor.

Un momento.

De parte de su hija Manuelita, mi capitán.

María Luisa, hasta en su cama, gozó en estos mismos momentos.

Quisiera ver a esa mujer, aunque fuera por el agujero de la llave.

¿Habéis visto a María Luisa? Sí.

El domingo. ¿Qué dice?

¿Qué dice? Qué como vivir.

¿Cómo está? Más flaca.

¿Ha preguntado por mi?

¿Ha preguntado por mi?

(Llora).

Hora es ya de que una vez resuene enérgica y decidida

en favor de aquel a quien en todos acusan,

de aquel a quien todos detestan, de aquel a quien todos repudian,

de aquel a quien todos maldicen, de aquel a quien todos execran,

de aquel a quien todos ultrajan, de aquel a quien todos vejan,

de aquel a quien todos escarnecen,

de aquel a quien todos señalan como el ser más abyecto del orden

y como el más grande criminal que contemplaron las generaciones.

Ni el ex capitán Manuel Sánchez López es el prototipo del criminal temible,

despreciable e indigno hasta de que se le defienda,

ni es un monstruo de maldad, ni es otra cosa que un desventurado

a quien vicisitudes de la existencia redujeron

a la triste condición de la iglesia. -Con todo, hay que reconocer

que no existe paridad entre ambos delincuentes,

que media entre ellos harta distancia, malos, perversos,

corrompidos los dos. Pero la maldad el padre, congénita en su naturaleza,

concienzuda, reflexiva, razonada y hasta jactanciosa;

la de la hija, adquirida por sus vicios de educación,

por el medio en que se desarrolló su vida entera, con semejante padre

y con una madre borracha y, a caso, prostituida,

despertó a la juventud a María Luisa.

Atropellada su inocencia en la aurora misma de la vida,

violentado su cuerpo aún no formado,

ella no pudo ser más que lo que quisieron que fuese.

La enseñaron impurezas y fue impura, aprendió a ser sucia y fue sucia,

la educaron para el crimen y fue criminal.

El fiscal reconoce que mi infortunada defendida fue violada por su padre

en la tierna edad en que no se podía defender.

Y que intentó emanciparse del dominio de aquel con el que ya hacía tiempo

le repugnaba tener contacto carnal.

Nos dice también el fiscal que ella vio en Jalón

al libertador de su esclavitud. Parece probable.

Dentro de su desdicha,

la propuesta de aquel hombre le brindaba una situación apetecible.

Sería una manceba, es cierto, pero estaría contemplada, regalada y libre

de los malos tratos de su padre.

No comería rancho ni recibiría golpes.

De esclava infeliz pasaría a ser casi una señora.

Escucha fiscal, ha sido débil e inconsecuente,

porque en tu informe has construido con bloques de realidad,

con acentos de tu alma, la inocencia de mi defendida.

Quisiera hacer la defensa de su padre sin tomar para nada en boca

el nombre de María Luisa Sánchez,

y no he de investigar si era buena o era mala,

era el ídolo de su padre, era la obsesión perenne de mi defendido,

era, en una palabra, el objeto constante de su loca pasión.

Sánchez es un loco que mató por amor y por celos,

espoleado por un instinto irracional.

Yo no se acusar, pero ante esta catástrofe moral

que hace de mi defendida la víctima de las víctimas,

con el espanto en el alma, estrangulo en los labios como protesta,

la severa condena de una apocalíptica maldición.

Yo niego la paternidad de ese hombre.

No tuvo padre la triste y desdichada María Luisa.

Sánchez es nieto de histérica,

es hijo de padre que estuvo loco antes de que él naciera,

es hijo de madre

que falleció a consecuencia de padecimiento cerebral,

es hermano de seres que, en la edad infantil, fallecieron

víctimas de meningitis tuberculosa

y el mismo Sánchez sufrió a los 9 años esta enfermedad,

que atrofiando el cerebro,

deja en perpetuo estado patológico a los que sobreviven.

Sánchez es anormal y es loco.

Este tribunal dictará sentencia en el plazo previsto

por el código de justicia militar.

Pero antes de dar por finalizado, este consejo considera oportuno

conceder la palabra al encausado

por si estima conveniente alguna puntualización.

María Luisa...

¿Me perdonas?

María Luisa,... Quiero verte.

¡Necesito verte, necesito verte!

¡Debes pedir permiso para venir a verme! ¡Ven a verme!

¡Ven a verme!

El consejo declara que la causa y los hechos probados

merecen la calificación de delito complejo de robo

con ocasión del que resultó homicidio.

Del que son criminalmente responsables,

en concepto de autor, Manuel Sánchez López,

y de cómplice, María Luisa Sánchez Nogueról.

En consecuencia, el consejo condena a María Luisa Sánchez Noguerol

a la pena de 20 años de reclusión temporal,

y a Manuel Sánchez López,

ex capitán de la escala de reserva de infantería,

separado del servicio después de la comisión de delito,

a la pena de muerte.

Como ya no tengo familia, ¿quién se ocupará de mi cadáver?

No se preocupe, todo está dispuesto.

Hijo mío, son los hombres quienes te han condenado.

Dios no lo ha hecho. Bien al contrario él, en su misericordia,

te brinda la oportunidad de la más amplia contrición

y hasta el beneficio de la fe, en milagro.

Si tu alma está limpia,

si tu espíritu fervorosamente así lo quiere,

sólo saldrán divinas palabras de consuelo

de los fusiles que han de segar tu vida en esta tierra.

¿A qué te han condenado los hombres?

A nada.

Te han puesto en las manos de Dios, donde ya estabas,

donde están ellos, donde estamos todos.

Qué vana presunción,

la de adelantar una falsa muerte a la que todos estamos condenados.

Ya no tengo miedo a morir, padre.

Pero aborrezco la idea de abandonar cuanto he amado y sigo amando.

Creo en Dios padre, todo poderoso, creador del cielo y de la tierra,

y en Jesucristo, su único hijo y nuestro señor,

que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,

que nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder...

Prepárense para cargar... ¡Armas!

¡Carguen armas!

¡Apunten armas!

¡Fuego!

Disparos.

¡Paralicen armas!

...Desde allí ha de venir a juzgarlo a los vivos y a los muertos.

Creo en el Espíritu Santo, en la santa iglesia católica,

en la comunión de los santos,... -¡Derecha!

...En la resurrección de la carne y la vida perdurable. Amén.

María Luisa, estos señores son el capellán

que confesó y dio la comunión a su padre,

don Luis Arróez y el señor Conde de Cerrajerías,

hermanos de la paz y de la caridad que consolaron a su padre

en sus últimos momentos.

Vienen a ofrecerle a usted un recuerdo.

Lo recibirá usted con gusto. -Es un recuerdo de su padre.

Lo recibiré gustosa. Le ofrecemos este rosario

que en los últimos momentos tuvo su padre entre las manos.

Los últimos instantes de su padre, María Luisa,

fueron de verdadero cristiano.

Pidió que rezara usted por él un Padre Nuestro.

(Susurra): Padre nuestro que estás en los cielos,

santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino,

hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo,

el pan nuestro de cada día, dánosle hoy,

perdónanos nuestras deudas,

así como nosotros perdonamos a nuestros deudores,

no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Pocos años después, María Luisa comenzó a dar muestras

de una profunda perturbación.

Murió en la cárcel a la edad de 33 años,

sumergida su mente en las más terribles pesadillas.

Subtitulación realizada por Mercedes Escudero.

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La huella del crimen - El crimen del capitán Sánchez

28 jul 2017

1913. Madrid. El capitán Sánchez tiene dos pasiones en su vida: el juego y su hija. Historia de un crimen real ocurrido en Madrid en 1913. El Capitán Manuel Sánchez López, y sus cuatro hijos llevan una vida mísera a causa de su pasión por el juego.

Histórico de emisiones:
22/08/2012

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