Dirigido por: Pedro Costa

"La huella del crimen" es una serie de televisión producida por Pedro Costa Musté para Televisión española, en la que se recrean los casos más escalofriantes de la crónica negra española.

La serie fue emitida en tres fases, en 1985, 1991 y 2009, y se dieron cita algunos de los mejores directores e intérpretes del cine español.

Repasa los capítulos de la segunda y tercera etapa de la serie en RTVE Alacarta.

Temporada 1

La primera etapa de 'La huella del crimen' fue producida en 1985 y consta de seis episodios: 'El caso de las envenenadas de Valencia', dirigido por Pedro Olea; 'El crimen del capitán Sánchez', de Vicente Aranda; 'El caso del procurador enamorado', del también productor de la serie, Pedro Costa; 'Jarabo', de Juan Antonio Bardem; 'El crimen de la calle Fuencarral', de Angelino Fons y 'El caso del cadavez descuartizado', de Ricardo Franco. Esta primera etapa se emitió en los meses de Abril y Mayo de 1985.

Temporada 2

La segunda etapa de la serie, producida en 1990, consta de cinco episodios: "El crimen de las estanqueras", "El crimen del Expreso de Andalucía", "El crimen de Perpignan", "El crimen de Don Benito" y "El caso de Carmen Broto".

Los capítulos fueron realizados por los mejores directores de cine: Ricardo Franco, Imanol Uribe, Rafael Moleón, Antonio Drove y Pedro Costa, productor también de la serie.

Temporada 3

El productor Pedro Costa (''Las 13 rosas'', ''Pídele cuentas al rey'') retoma la mítica serie con la que se inició en TVE en 1985. ''La huella del crimen'' recrea, a través de varios telefilmes, algunos de los crímenes más conocidos de la historia de España. Esta nueva etapa está formada por tres historias llenas de misterio y suspense, basadas en hechos reales.

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La huella del crimen - El caso de Carmen Broto - ver ahora
Transcripción completa

La historia de un país, es también la historia de sus crímenes.

De aquellos crímenes que dejaron huella.

Hola. Hola.

Toma.

Uf, lo que cae.

Ésta. Vale.

Y... dame también uno de... Juan Centella.

Éste.

Gracias. Adiós. Adiós.

Timbre

Luisito, abre tú.

Y ten cuidado no se vaya a escapar una gallina.

Hola Carmen. Hola.

Toma, para ti.

¡Y de Juan Centella!

Qué se dice, ¿eh? -Gracias, Carmen.

Carmen hija, cómo vienes.

Anda, sécate que en media hora comemos.

La alondra herida.

¿Qué, nada? Nada hija. Nada de nada.

Para cada empleo hay más de cuarenta aspirantes.

Ya lo sé. Y cada uno con su enchufe y su aval de buena conducta.

¡Ay Carmen, si estás empapada! Quítate el abrigo.

Pero si hace un frío que pela. Y tú ahí... tan calentita.

Pues venga ven y aprovecha el calorcito.

Que hay sitio para las dos.

El caso es... que le debo a esa mujer una quincena

¡Ay, no te preocupes! Matilde es un poquito cursi, pero es buena.

¡Maldita sea! Una carrera.

Venga Carmen, aprovecha el calor. Luego te presto yo unas medias.

¡Ayyyyyyyyyy!

Eres una buena amiga.

No sé lo que... Lo que habría hecho yo sin ti.

Carmen, dime una cosa: ¿Tú eres virgen?

¿Por qué me lo preguntas? No, por nada.

Me violó un soldado a los quince años.

Me dejó sangrando en un pajar y con un chusco en la mano.

¿Pero lo conocías? Era del pueblo.

¡Uhhh! Entonces habría muchas más sesiones de pajar.

Sí. Y más chuscos.

Al principio lo hice por hambre, luego... pues mira, me fue gustando.

¿Te enamoraste de él? Hombre, tanto como eso, no.

Me gustaba.

Pero un día, el soldadito se vino a Barcelona y se hizo policía.

¿Y nos has vuelto a saber nada más de él?

Sé que está aquí, en Barcelona, en Jefatura,

pero... mira no, no he encontrado el momento de ir a verle.

¡Niñas, a comer!

Oye Nati, puedo yo preguntarte algo. Claro mujer, no seas tonta.

¿Cómo te las apañas para tener siempre algo de dinero?

Pues chica, que me espabilo.

¿Y tú crees que... yo también podría espabilar?

Yo creo que sí. Mira, esta noche, saldremos juntas.

Qué, te gusto o qué.

¡No tires piedras, gamberro!

¡Ven cariño, ven!

Ven, ven aquí bonito. No seas tímido, ven hombre, ven.

Mírala bien. Tú mírala bien a ella.

A que te gusta ¿eh? ¡Claro que sí!

Pues hala, este es para ti. Estrénate.

¡Hala venga, ánimo!

Qué, ¿es la primera vez? Sí.

¡Estreno doble!

Pero hombre, ¡toca! Si lo has pagado.

¡Uh! El Vesubio.

¡La policía, la policía!

¡Quietas! ¡Quietas, dónde vais!

¡No corráis!

Mil gracias Agustín. Sabía que no me fallarías.

En cuanto he llegado esta mañana

y me he enterado que has dicho mi nombre...

¿No te habré comprometido? ¡No mujer!

Pues te has ahorrado un mes y un pelado.

¡Ah! Y te he roto la ficha. ¡Gracias, gracias!

Vamos, te invito a desayunar, vamos.

¿Te acuerdas cuando en el pueblo soñaba con venir aquí?

Yo pensé que esto era otra cosa.

Barcelona para mí era... Jauja.

Sí, no te rías. Jauja.

Barcelona era un a palabra mágica.

Todo lo que no tenía en el pueblo, lo tendría aquí.

En la Barcelona de mis sueños, no había... hambre, ni miserias,

ni estrecheces.

Ya te digo; Jauja.

Pero el sueño duró poco.

A la semana de llegar,

ya me di cuenta que de... Jauja nada.

Barcelona... es un infierno para tanta gente.

¿Y por qué no te vuelves entonces? ¿A dónde, al pueblo?

Pues si aquí te va tan mal.

Me va mal, pero no me rindo. Sé lo que busco.

Siempre has tenido la cabeza llena de pájaros.

¿Y no son hermosos?

Es lo que más me gusta de Barcelona,

los pájaros de la Rambla de las flores.

Oye una cosa Carmen; ahora te hablo en serio.

Barcelona está llena de chicas como tú,

que no tienen otra salida que hacer la vida.

Si tú quieres hacerla, por lo menos hazla con categoría.

Con categoría... se dice fácil. Tú estás muy bien.

Yo te puedo buscar un sitio, una buena casa.

¿Dónde, en Jauja?

Te hablo en serio. Una casa de las mejores, la Carola

Pero por favor, deja la calle.

Tú, a la calle. Y tú también.

Hola, buenas noches. -Pero Carola, ya estuve otra vez aquí

Pues por eso, ¡aire!

¿Estás gomas son buenas? -Buenísimas, son americanas.

¿Me da dos? -Sí.

¡Ay chico, lo siento! Pero las tarifas no las pongo yo.

Pero qué colección de floreros.

Pero a qué habéis venido, a descansar o al asunto, ¿eh?

Pues ahí las tenéis, de todos los tamaños y colores.

¡Qué pasa!

¿No os dice nada esto o qué?

Carmen, que ha venido Diego, el de las medias.

¡No me digas!

Perdona mi amor.

Es muy bonito, pero muy caro.

¿Caro? No seas tacaña, Laura, que tu nena se lo merece.

A mí me gusta mucho. -Sí, pero es caro.

¡Hola Diego! ¡Hola Carmencita!

¿A ver que traes, a ver? De todo, de todo.

¡Oh! Qué bonito. Me lo quedo, te lo pago el lunes.

¿Y qué más traes?

Además traigo, un sujetador francés, con dientes y todo.

A ver... ¡Oh no! Prefiero el corsé.

Pero Carmen, ¿a dónde vas todos los días?

A pasear. A ver gente, a que me vean.

No soporto esa rutina de la Carola. Dormir, de dormir a la Carola.

La vida tiene que ser otra cosa. ¿Otra cosa?

Pues yo me conformaría con bien poco.

Encontrar un hombre formal y casarme.

Pues como no venga a buscarte a la cama,

no sé dónde lo vas a encontrar.

¡Estoy guapa? Sí, muchísimo.

Lo necesito. Es lo único que tengo.

Música

Esto, de parte del señor Muñoz; aquel señor del fondo.

Ramón Muñoz. Dígale que no tengo pluma.

¿Me permite que me siente?

Qué pluma más rara.

No es una pluma, es un nuevo invento:

el lápiz atómico; lo llaman bolígrafo.

¿Bolígrafo?

Mire, tiene dos colores: rojo y azul. ¿Cuál prefiere?

Azul.

Adelante, escriba.

Ramón Muñoz.

Carmen Broto.

Unas buenas cortinas que ven los novios,

poner tras ellas, poner tras ellas.

Y por si algún curioso por las rendijas

curiositean, curiositean,

con buen paño de Béjar, se hacen macizas.

En la noche de bodas, qué hay en tu cama,

colcha de seda, colcha de seda.

Quién pudiera esta noche envelar.

Y escuchar lo que a solas dirán.

Quizá acaso, callados estén.

En silencio se ama...

Te he ido a buscar a Can Llibre, pero no estabas.

Sí, hemos cenado en el Chipi.

¿Te has enterado de que Núñez a muerto?

El avión que ha caído en El Prat.

Me traía de Madrid, el contrato con la naviera.

Yo lo he sentido mucho.

Era uno de esos pocos catalanes con los que se podía tratar.

Bueno ¿y lo de Elgoibar?

Pero qué pasa, ¿no os conocéis?

No te preocupes, puedes hablar lo que quieras.

Es Carmen, mi novia. Blasco.

Encantado señora. Mucho gusto.

Bueno, yo os dejo con vuestros cupos y vuestros negocios.

He visto por ahí a Peña y me parece que le voy a hacer una visita.

¿La loca de Peña?

Hay que ver lo que os gusta a las mujeres los maricones.

No lo entenderé jamás. Disculpad.

Hola.

¿Estás sola? El que estás solo, eres tú.

A veces es mejor estar solo que mal acompañado, ¿no crees?

Y que acaso callados estén.

Que en silencio se ama también.

Aplausos

¡Uf qué calor! Qué mona estás.

¿Es verdad que a tu todo poderoso novio,

le gusta que la gente le aplauda en público?

¡A Ramón? Sí.

Y luego uno de sus guardaespaldas le da una propina a los de la cla.

No empecemos. Pero si todo el mundo lo sabe.

Es que te has buscado un querido muy excéntrico;

multimillonario, pero excéntrico.

Mira, no empiezas a hablar mal de Ramón, porque me voy de la mesa.

Tú mucho criticar, mucho criticar, pero... cuando necesitas algo...

Oye, ¿quién es ese del pelo blanco?

Miralles. Tiene una fábrica en Tarrasa

y es directivo del Bara. ¡Ah sí!

Pues parece que más que el fútbol, lo que le gusta son los futbolistas.

Hace un momento eras tú el que estaba mal acompañado.

Me gustaría verte a solas. ¿Pero a ti te gustan las mujeres?

Dame ese margen de confianza. ¿A qué hora quedas libre?

Sobre medianoche, como Cenicienta.

Antes de que la carroza se convierta en calabaza.

Cuando el príncipe de camino a su palacio,

me deja en mis dominios del paseo de San Juan.

Paseo de San Juan... ¿Conoces el Alaska?

Vivo enfrente. Te espero allí esta noche.

Esta noche no. Entonces, ¿cuándo?

Otro día. Ahora... ya sabes dónde encontrarme.

¡Nati qué sorpresa! Pasa, pasa. Carmen, qué distinta estás.

Años que no te veo. Estás muy bien. Bueno, vengo muy cansada, chica.

Si es que me he ido a la dirección tuya,

a la que tenías antes.

¿El piso de alquiler? Este ya es mío.

¡A mi nombre!

Ya, si allí me han dado esta dirección.

Señora, ¿dónde le ponemos este cuadro?

Ahí, en la chimenea.

Qué cosa más rara, ¿no?

Es un Dalí, un capricho de Ramón. Si supieras el precio...

Ven, te voy a enseñar la habitación.

¡Uy Carmen, qué maravilla! Esta cama tan redonda.

Sí, él todo lo hace así: a lo grande.

¿Puedo? ¡Claro!

¡Ay que ilusión, Carmen!

¡Ay Carmen! qué maravilla, chica.

Qué, ¿la has estrenado ya? Sí, mujer.

Es mi herramienta de trabajo.

¿Te acuerdas de la pensión?

Que a veces teníamos que dormir juntas, para no pasar frío.

Sí.

Pero aquí te aseguro que no paso ningún frío.

Mira, a que sí. A que es una buena herramienta de trabajo.

A que sí. Anda loca, calla, calla.

Que esos tíos son capaces de echársenos encima.

¡Jesús! Pobrecitos, que va.

Carmen, ¿sigues pensando en Agustín?

No. No pienso en ningún hombre.

¿Ni siquiera en tu príncipe azul? ¿Ramón?

Le respeto. Sigo las reglas del juego.

Y no le llames príncipe porque es un rey;

todos, les llaman así.

Se codea con generales, con ministros, con banqueros.

A fuerza de influencias ha conseguido controlar

los cupos de importación del algodón.

Todo el algodón que entra en España pasa por sus manos.

¡Caramba! Y tú qué, ¿sigues en la Carola?

A ver, dónde si no. Ay Nati, Nati.

¿Quieres tomar algo? No, por mí no te molestes.

Si ni tan siquiera sé lo que hay.

Y en la pensión, ¿cómo están todos?

Bien Carmen. Bueno no, la verdad que muy mal.

Luisito, el chico de Matilde está muy grave.

Tiene una pulmonía y... y no saldrá de ella.

¿Qué dices, Luisito?

Sí. Solo lo salvaría la penicilina.

Pero a ver Carmen, ¿dónde se encuentra?

Ya. Y tú has venido para eso, ¿verdad Nati?

Yo me considero tu amiga, Carmen. Y he venido para verte...

Pero bueno, la verdad es que sí, que he venido para eso.

Chica, como tú ahora tienes... tantas influencias.

¡Eh, Cenicienta!

¿Quién eres? ¿No te acuerdas, Cenicienta?

Soy tu príncipe. ¡Ah!

¿Y... qué quieres? A ti.

Pero... ¿a ti te gustan las mujeres?

Lo vas a comprobar ahora mismo.

Con qué me aprietas... ¡Tarzán! ¡Qué ganas te tengo!

Llevo una semana haciendo guardia.

Sí que se te nota hambriento. Pero aquí no, vamos arriba.

Tengo cama.

Poco has dormido esta noche, ¿eh, Jesús?

He estado toda la noche follando.

Mira. Fíjate qué mujer.

¿Estás celoso?

¿Te hubiera gustado estar en mi lugar?

¿O quizá en el suyo? ¡No te metas conmigo!

¡Sabes de sobra que no me gustan estas bromas!

Pues qué te gusta a ti... chachito.

¡Déjame en paz. Vete a la mierda!

¿Dónde está mi padre?

Dónde va a estar, en el huerto.

Le interesan más las coles que las llaves.

¡Ah! Pepita te ha llamado. No sé cuantas veces.

¿Y qué quería? -¡Sí hombre, a mí me lo va a decir!

Vaya hombre. Por fin se te ve el pelo.

No habíamos quedado,

que le dedicarías un par de horas diarias,

a reparar este cacharro.

Y que me ayudarías en las cuentas del despacho.

He tenido otras ocupaciones.

Más importantes, imagino.

Pepita te ha llamado dos veces. Ya lo sé.

Pero hijo, si te has prometido con ella,

¿por qué no te portas normalmente?

Sé normal. Ten un oficio normal.

Y después, haz lo que quieras. Ese es mi lema, hijo.

Ya lo sé, pero he estado ocupado. Jesús, al aparato.

Espere aquí un momento, por favor.

Timbre

Hola Matilde.

¡Carmen, qué sorpresa!

Nunca pensé que pudieras ser tú. Pero deja que te vea, hija.

Qué bonita estás; pareces de cine.

¿Cómo está Luisito?

A veces un poco mejor, pero a veces, un poco peor.

Pero no se me cura.

Nati... Nati ha venido a verme, sabes,

y... bueno, te he traído esto.

¿Qué es? Penicilina.

¡Carmen! ¡Penicilina!

Nunca podré agradecértelo bastante.

Luisito se curará.

Esto demuestra el buen corazón que tienes, hija.

Gracias, por haberte acordado de nosotros.

Anda, anda, que me vas a hacer llorar a mí también, mujer.

Jesús Jimeno, vaya pieza.

Antes le he visto entrar en el bar,

y algo de él me ha llamado la atención.

¿No me has visto? -No señor.

Pues ahí donde le ves, es el espadista más fino de Barcelona

Era, señor comisario, era.

Precisamente, he venido a traerles esto.

Es un obsequio que quiero hacerle

a la brigada de investigación criminal,

y se lo entrego por mediación suyo.

Creo que puede serles, de gran utilidad.

¡Coño! Técnica del robo.

"Condenso en este libro el fruto de mis experiencias delictivas

y mis conocimientos sobre: cerraduras, candados,

cajas de caudales y etcétera.

Y espero que no sirvan de provecho a ningún granuja,

sino para que la policía,

sepa como actúan los espadistas para precaverse de ellos.

Me he convertido en un hombre honrado, señor comisario

Se lo juro.

He puesto en marcha una vieja cerrajería,

en la calle Legalidad, 37.

De espadista a cerrajero.

¿Tanto has cambiado, Jimeno?

Oye, esto es una joya.

Y éste, otra.

Jesús Jimeno López, anarquista.

Responsable de la FAI en el Guinardó durante el 36.

Agua pasada, señor comisario.

Claxon

Hola Jesús. A sus pies, doña Pepita.

¡Vaya cochazo! ¿Le gusta?

Me lo ha prestado un industrial amigo mío.

No es un último modelo pero... ¿Qué marca es?

Un Cadillac. Lo has oído, un Cadillac.

Qué tarde se me ha hecho

y aún no he empezado a preparar la comida.

Cierra tú, nena. ¡Venga, vámonos!

Adiós. Adiós.

Bueno qué pasa, ¿por qué tantas llamadas?

Ni te has acercado en toda la semana por aquí.

Por qué ya no vienes como antes. ¿Es que ya no me quieres, Jesús?

Mujer, te lo he dicho mil veces: estoy ocupado.

Tengo... amistades que cultivar. Influencias que mover.

Y todo eso requiere tiempo.

En este país sin relaciones, no tienes nada que hacer.

Y en cuanto consiga un poco de dinero, nos casamos.

Pues, ya puedes darte prisa.

¿Por qué? Creo que estoy embarazada.

¿Estás segura? He tenido dos faltas.

¿Y lo saben tus padres?

No, pero... ¿cuánto crees que tardarán en saberlo?

Esto, ¿también es francés?

Esta misma mañana han cruzado la frontera francesa.

¿Seguro? Doris, ven acá. Ven.

Es que... esta noche... tenemos un número muy especial,

para alguien muy especial. ¿Y quién es el afortunado?

Secreto de Estado. Secreto de confesión.

Calla tonta. ¿O es que quieres ir al infierno?

¡Venga vamos!

¿Quieres tomar algo? -No, ahora no.

Éstas, están más locas que de costumbre.

¿Sabes por qué? Ni idea.

Así que... eres amiga de Carmen desde hace años.

Desde los tiempos duros.

¿Has visto esto?

Mira.

Suena himno español

Lo ha traído Carmen de Madrid.

Diego, pon una placa, quieres.

Carmen, ¿de dónde son estas fotos?

Del viaje a Madrid que hicimos con Ramón.

Pues tienes aquí, la historia de España contemporánea.

Carmen, ¿te gusta "Cachito"? Sí, hombre.

Atención: A la una, a las dos... ¡a las tres!

Música

Cachito, Cachito, Cachito mío,

pedazo de cielo que Dios me dio.

Te miro yte miro y al fin bendigo.

Bendigo la suerte de ser tu amor.

Me preguntan que por qué eres mi Cachito

y yo siento muy bonito al responder.

Porque eres...

A que Doris está divina.

Ya lo creo, ¿pero para qué la estás preparando?

Secreto.

Diego, ¿qué le parece? -Nena, bocatto di cardinale.

¿De cardinale o de obispo?

Pues si te crees que los niños nacen con un pan debajo del brazo,

es que eres más lila de lo que pensaba.

Para casarse y encima de penalti, no se puede partir de cero.

Con una mano en los cojones y la otra en el culo.

¿Y qué quieres que haga yo?

No puedo abandonar a Pepita, así como así.

No sé de que te sirven todas esas relaciones

de las que tanto presumes.

Mucho exhibirte con esa Broto,

pero sigues siendo un muerto de hambre.

No sé a qué viene ahora hablar de Carmen.

No estás diciendo siempre que tiene joyas,

como para parar un tren.

Sí ¿y qué?

Lo que yo te digo; un lila.

Tú consígueme una llave del piso y verás lo que hago yo con sus joyas.

Pero qué quieres, ¿buscarme la ruina?

Tú tráeme la llave.

Después ya hablaremos... de bodas y bautizos.

Ale, acaba de secarte tú.

A ver, trae. Bueno, ¿qué te parecen los niños?

Pues que has elegido muy bien. Ya está.

Bueno y vosotros, ya sabéis.

Tenéis que hacer todo lo que yo os he dicho;

pero despacio, sin prisas.

Y estar tranquilos, él ni os tocará.

¡Carmen!

Carita de ángel,

es la que Dios te dio.

Mis labios pronuncian temblando de amor.

Carita de ángel, caída del cielo.

Los ojos te brillan...

Pero cómo te has atrevido a traer a esa mujer a mi casa.

Salgo con ella mamá, que tiene de malo.

Pero cómo te atreves a mostrar en público a tu plan.

Ahí tienes a Terita Villalonga,

ha venido desde Madrid a verte.

Pero si la he recogido esta mañana en la estación, mamá,

y he comido con ella.

Por favor. A ver si le haces más caso.

¡Señor gobernador!

Mamá, te presento al señor Baeza Alegría.

Discúlpenme. -Señora.

Ha sido un honor para mí, tenerle en mi casa.

Estoy muy satisfecho con el trato que me están dando los catalanes.

Aunque siempre hay alguna excepción, claro.

Pero yo ya me siento en Barcelona como si fuese mi casa.

Espero que no le haya defraudado Barcelona.

No, al contrario. Estuve una vez con papá.

Pero ahora pienso verla más detenidamente.

Un gran hombre su padre. Usted me lo recuerda mucho.

¿Por qué? Siempre tan ocupado.

Quiero que tenga un buen recuerdo de mí.

¿Me permite que a partir de mañana le envíe una piedra cada día?

¡Una piedra! ¿Piensa usted que me voy a hacer un chalé?

No, una piedra preciosa. ¡Qué tonta!

¿Cuáles le gustan más?

La de color rojo. Un rubí.

Cada día, un rubí.

Se levanta el telón,

y aparece el cadáver con un puñal en el pecho,

y a su lado, la cagadita.

Se baja el telón.

Se levanta el telón y aparece otra cagadita más.

Se baja el telón.

Se sube el telón y aparecen cuatro o cinco cagaditas más.

El título de la película: "El asesino anda suelto".

Carita de ángel, consérvate así.

Y ahora, señoras y caballeros, ¡todos a bailar!

Rascayú, cuándo mueras qué harás tú.

Rascayú, cuando mueras qué harás tú.

Tú serás un cadáver nada más.

Rascayú, cuando mueras qué harás tú.

Oigan la historia que contó...

Señorita, perdón, dos señoritas preguntan por usted.

Era un viejo que la suerte impía,

su rico bien arrebató la parca.

Todas las noches iba al cementerio...

¿Qué pasa? Carmen perdona, pero tenía que verte

¿Qué ocurre? Han detenido a Laura.

¿Detenido? Sí, se la han llevado de la Carola.

¿Pero qué ha hecho? Nada, ¡te lo juro!

Es que esta tarde ha habido un tiroteo en el Paralelo.

Han matado a un policía y a uno de la banda del Facería.

Y ha habido redadas.

¿Y qué tiene que ver Laura en todo esto?

No sé... Yo sabía que estaba metida en algo, pero...

Y los policías que se la han llevado no eran de los corrientes.

¡Ay Dios! Esperad un momento.

...Estos muertos se me han revolucionado.

Rascayú, cuando mueras qué harás tú...

Yo se lo planteé claramente.

Necesitamos una licencia de importación.

Naturalmente le dije: el primer coche que cruce la frontera será para usted

Pero para cubrir las apariencias, le haremos una facturita.

Se lo pondremos en quinientas pesetas ¿qué le parece?

Y entonces... -El pájaro se lo pensó:

"quinientas pesetas", murmuró,

y por fin, sacando un billete de mil, dijo:

"Pues muy bien; póngame dos"

Esto es cosa de la brigada político social.

Ya te lo he dicho Carmen; anarquistas.

Yo no puedo hacer nada. Pero ahí tienes al gobernador.

¡Carmen!

¿Ramón?

¿Por qué nos has llamado desde abajo?

¿Quieres tomar algo antes de ir al Liceo?

No hay Liceo.

Pero si hemos quedado con Silvia Bertini

y su amigo de Madrid.

Y he reservado mesa en la parrilla del Ritz,

para después de la ópera.

No hay Liceo, ni parrilla, ni Ritz, ni hostias.

Pero bueno, vamos a ver, ¿qué pasa?

Qué te revuelve por dentro; escúpelo.

Pasa que los negocios los hago yo.

Tú tenías que haberte limitado a ocupar la mitad de la cama.

¿Pero qué dices?

Estás utilizando descaradamente mis amistades e influencias.

¿Qué tienes que ver con esa ramera de la banda del Facería?

Por la que el otro día te atreviste a molestar

al mismísimo gobernador, en mi propia casa.

Tenía que hacer este favor.

Es una historia antigua que tú no entenderías.

Antigua...

Y el chanchullo que te traes con el coronel Murillo, ¿qué?

¿Es también antiguo?

¡El coronel Murillo! He hecho cierta amistad con su mujer

y... me ha hecho algunos pequeños encargos,

como unos perfumes franceses que le llevé el otro día.

Eso es todo.

De paso le pediste que recomendara a su marido, director del Consorcio,

a Figueras, para la concesión de las obras.

Y a Díaz Ramos, que echara tierra al asunto de Palau; ese pirata.

Y a muchos más a los que has cobrado o pagado a tu manera.

Te han informado mal, Ramón. ¿Mal?

Carmen, esto se acabó.

Yo buscaba una querida, no un competidor.

En esta casa se trafica con todo: divisas, cocaína.

Si no, preguntádselo al maricón de Peña.

Hasta espionaje.

Pero tú quién te has creído que eres, Matahari.

Me has puesto en ridículo ante todo Barcelona.

Pronto voy a tener que pedir un número para subir a verte.

Jimeno, ese macarra. Peña, Velasco, Juan Manuel,

Diego el de las medias.

Román, González... ¿sigo? ¡Estás muy equivocado!

Casi todos esos, son maricas. No me buscan a mí.

Y yo... solo me divierto explotando sus vicios.

Y el obispo, el eminentísimo señor obispo.

¿Es también un vicioso? ¿Quién te ha hablado de él?

Se acabó.

¿Quién te lo ha dicho? ¿Quién me quiere hundir?

Dime la verdad Ramón, tú eres el gran hombre de negocios,

y yo ya estoy empezando a ser un mal negocio para ti, ¿verdad?

Es mucho mejor negocio casarse con la hija de un banquero,

como... Terita Vilallonga.

¡No te vayas así, Ramón!

Mañana te entregaré una escritura de este piso a tu nombre,

y no te vuelvas a acercar a mis amistades.

¿Quién me ha hundido?

Quién me ha delatado. ¿Quién ha sido?

Adiós Carmen.

No me verás, nunca más.

¡Camarero! Otro coñac, por favor.

Pero Carmen, el mundo no se acaba con Muñoz.

Está bien, se ha ido y qué.

No solo se ha ido él. Con él se han ido muchas cosas.

Mañana todos sabrán que hemos reñido y...

el mundo entero se reirá de Carmen Broto.

Pero veremos quién ríe el último.

Intentarán hacerme el vacío; hundirme.

Pero los tengo a todos en mis manos.

A los uno y a los otros. En mis manos... a todos.

Míralos. Ahí los tienes.

Un fabricante, un empresario teatral, un tendero,

un gandul del movimiento... Maricas; todos.

Déjalos.

¿Qué vas a tomar?

¿Qué los deje? Pero si he venido a por ellos.

Por favor, un coñac para la señora, yo tomaré una menta.

Te vas a poner verde por dentro.

¡Ven, ven acá!

Sírveles una botella de champán a esos maricas.

¡Sí, maricas! Maricones. He dicho maricones.

¿O es que no hablo bien el idioma del Imperio?

Por favor, Carmen. Nada de escándalos y menos aquí.

Pero es que no les oyes; se están riendo de mí.

Pero eso es imposible, Carmen.

No han tenido tiempo de enterarse de nada.

¿Esos? Esos se enteran de todo.

Y a veces, antes de que ocurra.

Pero ahora se van a enterar de quién es Carmen Broto.

Te lo digo en serio, si armas follón, me voy.

¿Tienes miedo, Robert Taylor? Pues anda, ¡lárgate!

Como quieras.

Las ratas abandonan el barco, ¿eh?

Cuando el barco se hunde.

Hola Carmen, monada.

Pero Carmen... -¿Por quién vamos a brindar?

Por ti, ¡mamón! Pero por qué...

¡Eh, sentaos! Queridas sentaos, monas sentaos.

Vamos a hablar con claridad.

Estamos entre putas, ¿no? Pues bien.

¿Quién ha sido el hijo de puta que le ha hablado de mí a Ramón?

¡Caballero! La nota. Ah, sí.

No, mejor cárguela a la cuenta de don Ramón.

¡Hijos de puta! ¡Hijos de puta!

En la cárcel os voy a meter.

Os vais a enterar de quién es Carmen Broto.

¡Os vais a enterar!

¡Vamos Carmen, vamos! ¡Y tú suéltame, rata!

Qué tú también eres marica.

Pero quién te crees que eres. Si no eres nadie.

Como yo, como todos.

Pero a quién se le ocurre ir a Jefatura a denunciar.

Puedo probar todo lo que he dicho.

Y crees que allí no lo sabían todo ya.

Que les has descubierto algo.

Si no he hecho más que empezar.

No les he contado, ni una cuarta parte.

¡Pero tú eres idiota! Que serás de pueblo toda tu puta vida

Pero que le vas a contar a quién.

Y sobre todo, hay nombres que no tenías que haber pronunciado nunca.

Pero si ya te he dicho que tengo pruebas de todo.

¡Dale con las pruebas!

Pero qué quieres decir con eso.

Quiero decir que me lo sé todo de ellos.

De sus negocios y de sus vicios. Me lo sé todo.

Y hasta tengo fotos.

Pero por qué yo, don Tomás.

Porque tienes un expediente así de gordo,

y yo puedo hacer que lo archiven.

Son cosas del pasado, don Tomás.

Si el expediente llega a las autoridades militares,

¡Adiós muy buenas!

La semana pasada todavía fusilaron a cuatro de los tuyos,

en el campo de la Bota.

No seas tonto Jimeno y aplícate el cuento.

Pero yo ya no tengo nada que ver con esa gente.

Y usted lo sabe muy bien.

Un expediente así de gordo, Jimeno.

Dios quiera que no le eche el ojo alguien que te quiera mal.

Y si lo hago... ¿quedaré limpio?

Como una patena.

¡Pero eso no eran los planes!

Una cosa era robarle las joyas y otra muy distinta...

¡Quieres callarte de una puta vez! Me tienen cogido de los huevos.

Y hasta que no haga lo que quieren, no me dejarán en paz.

Se trata de ella o de mí. ¿Cómo quieres que te lo explique?

Además, no sé a qué viene tanto acojone.

Tú serás el cebo, solamente el cebo.

Consigue un coche, la sacáis por ahí y luego la traéis aquí.

No tenéis más que seguir las instrucciones que se os den.

Si lo hacéis así, todo saldrá bien.

¿No veis que a nadie pueda interesarle que esto se destape?

Y tú qué dices,

¿estás de acuerdo?

¿Crees que vendrán?

Han ido al cine, al Metropol. Estrenaban "Alma en suplicio".

Me parece que son ellos.

¡Carmen!

Hola Carmen. Hola.

Me alegro de que me hayas llamado después de la que te monté.

Ya está olvidado.

Quería despedirme de ti; ya sabes que me caso.

Sí, y me alegro por ti.

Vaya, no sé que tengo que... os caso a todos, ¿eh?

No digas tonterías.

Venga, vamos a tomar una copa para celebrarlo.

Ah, viene un amigo mío con nosotros. Es de confianza.

Oye, tu amigo no habla ni borracho, ¿eh?

Creo que le ha dejado impresionado tu belleza.

¡No me digas!

Se toma así.

Llevadme a casa y no me hagáis beber más.

No comprendo cómo... podéis aguantar tanto.

Oye, sabes que me estoy poniendo... cachonda.

Venga, una cama.

Una cama y yo os voy a dar gratis, aquello que otros,

han pagado una fortuna por conseguir.

¿Dónde estamos? ¿Dónde me lleváis?

¿Qué hacemos aquí?

Claxon

Ladridos

¿Qué pasa ahí?

Pero esta mujer está sangrando.

Habrá que llevarla a algún sitio.

No hace falta. Soy médico y la llevará a mi clínica.

¡Ahhhhhhhhhh!

Está borracha y se ha tirado del coche en marcha.

¡Ahhhhhhhh!

Ladridos

Ladridos

¿Qué tienes, qué te pasa? No es nada.

Nada ¿y esto?

¡Se está moviendo!

Déjame a mí.

Tú vete, esto ya lo termino yo.

Ya sabes dónde tienes que esperar y no te vayas hasta que yo llegue.

Aunque me retrase.

Ladridos.

Tú sígueme.

Toma. Las joyas son para ti.

¿Recuerdas la hora y el lugar de la cita?

Sí. Pues no falles.

Ellos te ayudarán a pasar. Te escribiré a Marsella.

Sobre todo hijo, hazme caso. ¡Padre!

Disparo

¡Alto, no se mueva!

¡Quieto, quieto!

¡Alto o disparo!

Disparo

¿Irá solo? -Mira a ver qué encuentras.

Habrá que avisar a la policía.

Creo que ha salido todo bien.

He tenido tiempo y lo he hecho a conciencia.

¡Perfecto!

¡Ahhhhhhh!

¡Ahhhhhh!

¡Ahhhhhh! ¡Ahhhhhh!

¡Ahhhhhh! ¡Ahhhhhh!

¡Venga, circulen! ¡A trabajar, a sus casas!

¡A sus órdenes señor comisario!

Qué se sabe del hijo. -Lo estamos buscando.

¿Y el otro empleado?

Ha aparecido muerto en una pensión de la calle Mendizábal.

Suicidio. -Parece. Envenenado con cianuro.

Lo mismo que Jimeno padre.

Ahora hay que buscar al hijo; que no se os escape el hijo.

No se culpe a nadie de mi muerte... soy inocente.

La vida es un sueño. José Camps.

Por favor Pepita, tienes que venir. Nos iremos juntos.

¿La policía? ¿En tu casa?

Ya te lo explicaré todo.

Han matado a mi padre y también a Camps

Y ahora van a por mí. Escucha: coge todo el dinero que puedas.

¡No, no les digas nada a tus padres! Ya les escribirás luego.

Ven, de prisa. Te espero en el puerto.

En el almacén abandonado que hay a la entrada de la Barceloneta.

¡Pepita!

¿Te han seguido? No sé. ¿Qué has hecho qué ha pasado?

Lo que importa ahora es que nos vayamos.

Irás a comprar dos billetes para Mallorca, para esta noche.

Pero ¿Qué le ha pasado a tu padre y a Camps?

Los han matado. Y si yo llego a ir a la cita, también.

No querían dejar rastro. Ya te lo explicaré todo.

Confía en mí.

Unos meses después del asesinato de Carmen Broto,

Ramón Muñoz, su protector, se casó con la hija del banquero.

Jesús Jimeno, el único superviviente de los autores del crimen,

fue condenado a muerte.

Aunque un indulto del generalísimo Franco,

le libró del garrote.

Gracias a otro indulto del entonces jefe del Estado,

salió en libertad, a los diez años de su encierro.

Jimeno tuvo buenos abogados.

Recibió ayudas económicas en la cárcel,

y obtuvo un buen puesto de trabajo,

nada más ser puesto en libertad.

Quizás por estas razones, él haya preferido, siempre,

guardar silencio sobre las circunstancias que rodearon,

al crimen de Carmen Broto.

Subtitulación realizada por Teresa García Román.

La huella del crimen - El caso de Carmen Broto

09 ago 2017

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