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La galería - 23-F 2019 - ver ahora
Transcripción completa

(Música cabecera)

La España que había superado la convalecencia

de la longeva dictadura franquista

se encontró de golpe y porrazo con el 23-F.

El intento de golpe de Estado orquestado

por militares nostálgico del país siniestro,

falto de libertades y sobrado de represión

que estábamos dejando atrás.

Aquella intentona quedó abortada y sirvió de vacuna democrática,

pero quienes habían secuestrado a todos los diputados y Gobierno

lograron una sentencias tan ridículas

del Consejo Supremo de Justicia Militar que les juzgó

que el gobierno de Calvo-Sotelo la recurrió de inmediato

y el Tribunal Supremo la reajustó ampliándolas claramente.

Los golpistas nunca se arrepintieron de su aventura delictiva

y sí se valieron de la democracia que buscaban exterminar

para salir muy bien parados.

Tres días después de sembrar el terror en toda España,

pudieron constatar el rechazo que provocaban

y el apoyo que suscitaba la democracia española.

La crueldad de la dictadura solo la añoraban ellos mismos,

aunque no para aplicárselas a ellos mismos.

Hoy algunos de los invitados de "La galería", que fueron

rehenes y víctimas directas en el Congreso de los Diputados,

recuerdan aquellos momentos tan difíciles.

-Yo estoy en una situación inicial de total perplejidad.

¿Qué es lo que está pasando?

Yo le hago alguna pregunta que no me contesta.

La posición es de decir:

"¿Aquí qué está pasando? ¿Qué hacen ustedes?",

esa es la posición.

A los pocos segundos,

ya no digo cuando empezaron los tiros,

mi gran preocupación

es ver cómo todo aquello pasaba

sin que ocurriera nada que lo hiciera irreversible.

Los episodios más llamativos, los momentos de más tensión, todo esto,

yo procuré templarlos en la medida en que me fue posible,

en que me fue posible templarlos.

En todo caso,

yo sí manejé mi posición

y estuve, dije lo que tuvo que decir cuando tuve que decir,

pero ya cuando las cosas estaban como estaban.

El momento inicial, el momento inicial,

hay quien podía pensar:

"Hay que decir aquí alguna frase para la historia por si acaso".

Yo decía: "Vamos a ver cómo es la situación".

Cuyas derivaciones yo no sabía. Nadie sabía.

Vamos a ver cómo es la situación, si hay posibilidades,

había confianza de que todo aquello se templara, se atemperara.

A lo largo de tantas horas pasan muchas cosas, pasan muchas cosas.

Pasan muchas cosas con diputados, con no diputados,

con los guardias civiles, con los que uno tiene detrás,

cuando uno sale, los que se le acercan.

Había de todo, allí había de todo.

¡Quito todo el mundo!

Lo recuerdo perfectamente, como si fuese hoy mismo.

Aquella noche, fue una noche de terror,

fue una noche dramática, y los que entraron aquí

merecen el título, y creo que así deben ser denominados,

como terroristas.

Y que nosotros éramos unos rehenes de terroristas.

Entonces, yo no era presidente, pero era secretario de la Mesa.

Presidía Landelino Lavilla.

Entró un salvapatrias, el teniente coronel Tejero,

y quiso que los españoles volviésemos en un macabro juego de la oca

otra vez al pozo.

Por suerte, era un anacronismo del que hoy han quedado

en el salón de sesiones los 33 impactos de bala que produjo.

-Yo, cuando me quedé en mi sitio,

una de las cosas que pensaba

es que si me hubiera tirado al suelo,

hubiera sentido vergüenza

al presentarme delante de mis hijos, ¿no?

También ese factor familiar jugó.

-A mí, en un momento determinado, estaba ya muy cansado,

era ya, yo diría que la madrugada,

me entró también el nerviosismo y el cansancio,

me levanté, quise bajar abajo y, efectivamente,

fue mi hijo Ramón el que me dijo:

"Padre, apártate, porque estos son unos brutos".

-Yo viví esa noche... Yo estaba como letrado, no como diputado.

Yo todavía no era diputado.

Estaba en la presidencia, donde se sientan los letrados,

en la presidencia.

Y fue a la seis de la tarde cuando se oyen voces

y en ese momento yo me di cuenta de que eso era un golpe de estado.

Había gente que pensaba:

Son guardias civiles que han entrado persiguiendo un comando de ETA.

Eran los propios guardias civiles los que eran los golpistas.

Yo acababa de terminar mi tesis doctoral sobre la Guardia Civil,

y me di cuenta inmediatamente, porque había estado en Guzman el Bueno,

donde tiene su sede la Dirección General de la Guardia Civil,

yo vi allí a Tejero, cuando iba al archivo histórico para hacer la tesis

y yo vi a Tejero en algunas ocasiones,

como consecuencia de la operación Galaxia estaba todo muy movido,

y había un ambiente golpista enorme, que se percibía.

Cuando yo vi por el pasillo a un guardia civil corriendo dije:

Estamos en un golpe de estado.

Después subió a la tribuna Tejero para decir, con la pistola,

para decir: ¡Quieto todo el mundo!

Y ya no volvió a entrar en el hemiciclo, por cierto,

ya se quedó fuera,

y dejó a los guardias civiles vigilando a los que estábamos allí,

que eran diputados y que eran letrados.

También algunos letrados estuvimos allí.

¿Todo el tiempo? Todo el tiempo no,

porque cuando a las doce de la noche

se dan cuenta de que no somos diputados, que somos funcionarios,

en ese momento nos dejan salir al pasillo

y nos encontramos con Tejero que nos dice: Váyanse de aquí inmediatamente.

Nos echó Tejero personalmente a los letrados que estábamos allí,

nos echó a la calle.

Cuando el señor Fraga Iribarne a las 9 de la mañana

ha tenido un altercado con las fuerzas que nos vigilaban

y que ha provocado el ingreso de nuevo

de todos los guardias civiles con las metralletas caladas

apuntando a todos los diputados.

-Íñigo Cavero. ¿Qué hizo Íñigo Cavero?

También se jactó y echó una especie de fervorín

diciendo que a los representantes del pueblo...

Había momentos en que se bajaba un poco la guardia y se estaba mejor,

pero de repente había una orden, aparecían todos los guardias aquí,

en el anfiteatro, apuntando con los CETME.

La verdad que nos dieron muy mala noche, muy mala.

-Al margen de la preocupación personal,

hay una sensación de fracaso colectivo.

Es decir, esto es volver a empezar, es la historia de la España negra,

personaje como Tejero.

Es una sensación de fracaso colectivo el que aquello pudiera pasar.

Por lo tanto, es una etapa que la hemos de tener muy presente

y que la verdad es que uno al final dice:

"Fantástico que pasase".

Yo creo que a raíz de este fracaso muchas cosas se recondujeron

y el propio papel del Ejército en un estado democrático.

Yo creo que esto fue positivo desde esta perspectiva,

pero una gran sensación de vergüenza, de vergüenza.

-La primera impresión que uno tuvo cuando aparecieron

unos señores vestidos de guardias civiles,

con los tricornios y unos bigotes enormes

es que era una zarzuela.

Que era un montaje, que era una cosa grotesca:

"¿Esto qué es?".

Cuando empiezan a disparar, la cosa se pone seria.

Te das cuenta de que es un nuevo intento de golpe militar.

El número "n" de los muchos que había en España

La cosa es grave.

Inmediatamente sacan a Adolfo Suárez y después de una vez

sacan a Felipe González, Santiago Carrillo,

al vicepresidente para la Defensa, Gutiérrez Mellado,

y el ministro de Defensa, Rodríguez Sahagún.

A Suárez lo llevan a la sala que llaman de portería

y a nosotros, a los cinco, nos llevan a la sala llamada Del Reloj,

porque hay un reloj antiguo muy complicado allí.

Nos ponen a cuatro en las cuatro esquinas y uno en el centro.

Rodríguez Sahagún estaba en el centro.

Delante de cada uno de nosotros un señor con una metralleta.

-Sobre todo, me alarmé mucho cuando se llevaron al presidente Suárez,

cuando se llevaron a Felipe González, Alfonso Guerra, Santiago Carrillo

y algunos pensábamos:

"Dios mío, los matarán, los matarán y luego nos matarán a los demás".

Luego, yo solo me convencía diciendo:

"Qué demonios, aquí no va a matar nadie a nadie,

en último caso, ¿a mí qué me van a hacer?

Pues me meterán en un campo de concentración,

me tendrán unos pocos de años y después me dejarán...".

Después aproveché también, porque a la salida del Hemiciclo,

la idea que había es que nos sacaban para matarnos.

A mí hubo un amigo, que era de UCD, pero que era y es amigo,

Antonio Jiménez Blanco, que era presidente del Consejo de Estado,

no estaba en el Congreso cuando llegan Tejero y los suyos,

pero él viene y quiere entrar, quiere ser rehén

como Pepe Vida Soria, un diputado socialista que no estaba

y vino también, porque quería ser rehén.

Al pasar, Jiménez Blanco,

que estaba sentado en el escalón al lado de Adolfo Suárez, me dice:

"Alfonso, te ha tocado, qué vamos a hacer, lo siento".

Dame un poco de ánimo.

La idea era que nos podían haber dado un tiro en la nuca

a los que estaban allí.

Entonces, para que supieran que no había sido así

o al menos todavía no había sido así,

yo quería un ardid para que lo supieran en el Hemiciclo.

Entonces, no había llevado abrigo, yo no usaba abrigo,

pero le dije a un ujier que pasó por allí:

"Venga un momento.

¿Me haría usted el favor de pedirle a los diputados socialistas

que están en la segunda banca mi abrigo que tengo frío?

Que me traigan el abrigo que tengo frío".

Claro, me mandaron un abrigo que no era el mío

y así se enteraron de que yo estaba vivo.

-En aquellos momentos, todas las personas que estaban con Tejero

estaban dispuestas a matar.

-Sí, aquello fue tremendo.

Más sufrió España, lo que más en peligro estaba era la democracia.

Yo ahí puedo decir que no me sorprendió,

porque es que estaba en el ambiente.

Naturalmente, no un golpe como ese, pero claro,

yo tuve una conversación con Felipe González

en un avión Madrid-Cataluña, cuando las elecciones en Cataluña.

Eran unas votaciones en Cataluña, el año 80,

y él me hablaba de que había que sacar a Suárez

de la presidencia del Gobierno como fuera.

Que si había que ponerse de acuerdo en un presidente militar,

habría que ponerse de acuerdo como una transición.

Yo le dije que jugar con los militares en aquel momento

era jugar con fuego.

Luego, me enteré de los contactos del Partido Socialista

con militares, eso se ha sabido luego y se ha publicado.

Yo, después de una entrevista con Garaikoetxea, en Euskadi, en Vitoria,

y otra a continuación, a los dos días, con Pujol en Barcelona,

yo denuncié esos contactos en rueda de prensa.

Están las hemerotecas.

La indignación y los ataques que yo recibí

de los dirigentes del Partido Socialista

se los puede usted imaginar.

-Aquello podía consolidarse y fue un momento muy complicado.

Previamente, nos habían llamado a ver si estábamos de acuerdo

en que hubiera un gobierno presidido por un militar.

Entonces, Arzalluz dijo:

"Por un militar, ¿y por qué no por un obispo?".

Ahí quedó toda la conjura en relación con nosotros.

Dijeron: "Estos no, estos parece que no están por la labor".

-Yo estaba en una sede que teníamos entonces,

y estaba allí Anasagasti con su secretaria haciendo no sé que cosas.

Y yo estaba hablando por teléfono con el partido de Guipúzcoa.

Y me vino Anasagasti y me dijo: Oye, que hay un lío en el Congreso.

Una especie de asalto al poder. ¿Pues qué es?

Y le dije: Espera que luego te llamo.

Y fui allí y vi. Al principio no sabía de lo que oía de la SER,

no sabía si había entrado la Guardia Civil detrás de ETA,

porque había habido una intentona de ETA.

Pero en cuanto oí la palabra Tejero, ya le conocíamos al individuo.

Dije: Esto es un golpe.

Enseguida empecé a moverme, a llamar, porque llamaban de muchos juntas,

ya estábamos organizados aquí,

llamaban a ver qué hacían, si reunían la documentación y la guardaban...

Y yo les dije: Tranquilos, que estamos en el tema.

Si las cosas vienen muy mal os llamaremos

para que os retiréis todo lo que podáis,

y os escondáis los que tengáis que esconderos.

Y entonces empezamos a mirar capitanías generales.

Yo tenía un chico, que era del partido,

que nos proporcionó los mensajes de Milans del Bosch,

porque estaba en capitanía general de Valencia,

estaba al frente de ese aparato.

-Uno de los guardias civiles que había, un sargento precisamente,

me preguntó cuando yo iba a los servicios,

quién era Bandrés.

Yo me negué por supuesto a decirle quién era,

porque le veía al hombre con un cierto ánimo de hostilidad.

-Estaba yo con una gripe monumental, y no sabía que había pasado nada.

Y mi mujer estaba fuera.

Estaba en Bilbao con mis hijos, en el dentista o no sé qué...

Irrumpió en mi habitación, yo vivía en un ático en Ajuria-Enea,

un colaborador y me dijo:

Coge si tienes algún papel comprometedor que ha habido un golpe.

¿Cómo? ¿Qué ha habido un golpe de estado? No tenía ni idea.

Y no hables por teléfono de aquí, imagina como estarán.

Vamos a casa de unos familiares.

Y allí puedes tranquilamente hablar y enterarte de cómo va la cosa.

Y empecé a llamar a Zarzuela, y hasta que el rey se pudo poner...

Tres veces el general Valenzuela me dijo que estaba hecho un lío,

y que disculpara, que ya me llamaría.

Hasta que me llamó, ya muy tarde, ya estaba en Ajuria-Enea.

Y me dijo: Jo, vaya noche.

Ya me dijo que la cosa estaba encauzada.

Previamente había estado llamando a unos y a otros pues dije:

Me he metido en la boca del lobo, dicho con todo respeto,

la llamada al capitán general, que era un hombre muy cordial

que estaba en Burgos.

Y aquel hombre empezó a bromear.

Me dijo: Aquí está todo mal, menos mis hijos,

que se creen que mañana no van a ir al colegio,

tenía 13 o 14 hijos.

Pues están apañados si se creen que van a tener una excusa con esto.

Y yo dije: Este desenfado de la situación

me es más significativo que todas las declaraciones solemnes.

-El comportamiento de la institución militar

en toda la etapa de transición política ha sido ejemplar,

con independencia de posiciones personales,

cualquiera que sea la impresión que a cada uno de ellos

le pudiera producir el proyecto político

que estábamos llevando a efecto.

Me parece también al mismo tiempo que no se puede tolerar

la actuación de personas que intentan trasladar

al plano de operatividad en una función que está legitimada

por depender de un poder elegido por el pueblo

como es el Gobierno de la nación.

No se puede tolerar que intenten utilizar

de las armas y de los hombres

en una función para la que no están en absoluto legitimados.

-En el momento...

-El 23 de febrero, en la manifestación que iba a continuación,

en la que yo iba al lado de un líder comunista, etcétera,

yo tengo la sensación de que la gente se dio cuenta

que lo que se había logrado era irreversible,

que habría problemas, como tiene que haber siempre.

España estaba en franquía. Ese debate ha durado hasta hoy.

(GRITAN)

Y yo me vi, con otros compañeros que quedábamos de la dirección confederal

yo llevaba entonces la secretaría de información y de publicaciones,

y en contacto con los secretarios generales,

mi opinión era que en lugar de andar con iniciativas espontaneas

lo que teníamos que hacer era recontarnos y contarnos

con el elenco de fuerzas democráticas

que permanecíamos fieles a la Constitución

y dispuestos a defenderla,

y no andar con iniciativas de cada cual por su lado.

Digo esto porque hubo algún compañero,

que con la mejor buena fe y con un voluntarismo muy comprensible,

pensaba: Convocamos una huelga general,

y acto seguido montamos un núcleo clandestino para dirigir esto...

No, esto si que no.

Convocar huelga general, un poco a tontas y a locas, no.

Entonces yo llamé al sr. Laina,

y decir: Bueno, esta es nuestra posición.

Hicimos una resolución, redacté una resolución,

que fue firmada unitariamente por Comisiones y UGT.

-El único golpe de estado digno de este nombre

fue el que se escenificó aquí mismo.

El 23-F, cuando oías las noticias de que Milans del Boch,

y quizá también en Andalucía, algunos sugerían,

y quizá también en algún otro sitio podían estar movilizándose,

y la amenaza latente de si se movilizaba

la Brigada Acorazada del Goloso.

¿Y usted llevaba aquí, de diputado...?

Pues llevaba un año.

Yo estaba muy ilusionado de las cosas que estaba haciendo como diputado,

y dije: Pero cómo es posible que hagan esto.

Una cosa del s. XIX ya casi en el S. XXI.

Sentías una profunda vergüenza de que eso pudiera pasar en el país.

Y sentías rabia porque sabías que esos no representaban

el sentimiento del país.

Sabías que ellos eran los que estaban históricamente equivocados.

Que el país lo que quería era más libertad,

mayor representación... El país no estaba por la revolución.

El país no tenía ningún deseo de parecerse a la Unión Soviética,

que entonces todavía existía, o a los países alineados, digamos,

con la Unión Soviética.

El pías lo que quería era ser como el resto de la Europa occidental.

No tener que salir a Francia o Inglaterra

y sentir una especia de complejo de inferioridad,

de vergüenza ajena de pertenecer a España,

que tenía un régimen tan extraordinariamente anticuado

y tan poco representativo.

Por fortuna aquello acabó demostrándose,

aunque durante mucho tiempo tuvimos dudas,

que era una especie de vacuna contra los golpes de estado.

En el momento en el que aquel episodio terminó,

yo pude reiniciar la actividad

con una total normalidad.

De manera que hacer las convocatorias inmediatas para el día siguiente,

para continuar.

(RADIO) -Mañana habrá mesa a las 9:30, portavoces a las 12

y pleno a las 16:30 de la tarde.

-Tranquilidad, tranquilidad,

permanezcan en sus sitios, es igual.

-La siguiente.

-Luego me fui a ver cómo estaba el edificio,

qué tipo de disposiciones o medidas había que adoptar

para que todo estuviera preparado para reanudar el pleno,

que volví a convocar el pleno al día siguiente,

que es cuando se produjo ya la investidura

del presidente Calvo-Sotelo.

-Señorías,

el Congreso de los diputados, el Parlamento español,

las Cortes Generales de España han sufrido

un grave y brutal atentado merecedor de la más dura calificación.

La representación del pueblo español,

la libertada e independencia de los diputados

y la autoridad misma de esta presidencia

han sido desconocidas y maltratadas por la fuerza de las armas.

Debo yo, debemos todos,

ya lo ha hecho el señor presidente de la cámara,

manifestar nuestra gratitud a su majestad el rey,

que ha sido el cauce por el que la democracia a discurrido

ese lunes y ese martes cuando los diputados y el gobierno

estábamos secuestrados en este palacio.

-Leopoldo fue, desgraciadamente, un primer ministro breve.

Era un hombre adusto en su manifestación exterior,

pero al mismo tiempo era un hombre muy inteligente, muy preparado,

con un sentido seco del humor muy percutante.

Fue el hombre que aseguró que los militares responsables del golpe

acabaran todos delante de los tribunales,

y aquellos que fueron encontrados culpables en la cárcel,

lo cual en aquel momento era un dato excepcional.

El hombre que realmente garantiza,

por una parte la solidaridad de España con occidente,

y por otra el fin del golpismo militar es Leopoldo Calvo Sotelo.

-Yo creo que el comportamiento del Gobierno fue de coraje

en el tratamiento de la sentencia, porque la sentencia inicial

fue una sentencia muy permisiva, muy tolerante.

Recurriendo y después teniendo el apoyo judicial

para revisar la sentencia,

yo creo que el Gobierno hizo una lección de coraje.

-Era un aburrimiento pensar que los militares pudieran creer

que esa era la solución de España,

que había que oponerse a esa idea de la manera más brutal y profunda.

Luego, lo que me encantó realmente fue la maravilla de este pueblo,

cómo reaccionó después del fracaso del golpe de Estado

con manifestaciones, la alegría de esas manifestaciones,

la fuerza de esas manifestaciones.

Realmente, da gusto ver al pueblo español vivo y activo

a lo largo de este periodo último.

Hemos hecho cosas realmente maravillosas,

realmente la resiliencia del pueblo español, la fuerza,

la defensa de los valores básicos realmente ha sido algo espectacular.

Yo no creo que haya en el mundo, de hecho no la hay,

una historia de una transición tan positiva, generosa y solidaria

como la que hemos tenido en España. No la hay.

-Eso para mi ha estado muy presente en mi vida.

Yo tengo un gran celo en defender nuestra democracia,

en defender nuestra Constitución, en defender nuestras libertades,

porque sé que en algún momento no hemos tenido,

y porque sé que en algún momento estuvimos a punto

de volverla a perder.

-Que perciban con nitidez y de una vez por todas

que en una sociedad plural, que lleva viviendo seis años en democracia,

somos muchísimos, la inmensa mayoría de los españoles,

los que estamos dispuestos a hacer lo que sea preciso

por defender la libertad.

Que tengan también la convicción muy clara

de que un intento de golpe de Estado o un golpe de Estado

conduce inevitablemente en España a una confrontación bélica,

a una confrontación entre españoles, porque somos muchísimos

los españoles que no estamos dispuestos a tolerar

que se nos prive de la libertad.

El aplauso de todos los diputados

al teniente general Gutiérrez Mellado,

vicepresidente del Gobierno el día 25,

fue el reconocimiento explícito del valor demostrado

en defensa de la democracia

y la señal inequívoca de que los españoles apoyaban

al Ejército que representaba Gutiérrez Mellado

y repudiaban el que querían imponer desde el túnel del tiempo

los golpistas de Milans de Bosch, Tejero y compañía.

Ese aplauso y el de todos los españoles

puso a cada uno en su sitio.

(Aplausos)

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La galería - 23-F 2019

22 feb 2019

Programa de entrevistas con grandes personajes de la política que ya viajan de vuelta tras haber vivido en primera línea situaciones que pasaran a la historia de nuestro país. Todos ellos protagonistas de nuestra Transición política, social y cultural a la democracia.

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