La galería Canal 24H

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Jueves a las 00.30h

Un programa de entrevistas con grandes personajes de la política que ya viajan de vuelta tras haber vivido en primera línea situaciones que pasarán a la historia de nuestrpo país. En 'La galería' hay un invitado cada semana que resume sus recuerdos y repasa sus inquietudes.

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La Galería - José Federico de Carvajal - Ver ahora
Transcripción completa

Pocos ganan ya en antigüedad en el PSOE

a José Federico de Carvajal.

Su carné ha cumplido 60 años.

El expresidente del Senado lo lleva en el bolsillo desde 1953,

cuando la posesión de ese documento podía llevarle

a la cárcel, si no algo peor. Su militancia clandestina

y el ejercicio de la abogacía

defendiendo a presos políticos le hicieron

un personaje respetado e imprescindible en la transición

y en los primeros años de democracia.

Cubiertas sus aspiraciones políticas e institucionales,

regresó al mundo del Derecho hasta hace poco.

Entré en la política para defender a presos políticos.

Que... como abogado,

en ese momento había pocos abogados. Actuaba en consejos de guerra.

Y en el Tribunal de Orden Público actué muchas veces.

Y ahí, pues...

fue el principio de mi militancia.

Pocas cosas se podían hacer.

Ya no, pero el Colegio de Abogados de Madrid era un foro político.

Y había una lucha política,

y presentamos escritos

pidiendo por ejemplo la derogación de la Ley de Orden Público.

Y aquello fue

un escándalo.

Hasta el extremo que me contó

un abogado de mi movimiento

que se habían reunido en su casa, y que se propuso darnos el paseo.

Estos avatares en su vida contrastan con la juventud indolente

de la que se confiesa protagonista,

y que le hizo buscar el tiempo perdido.

Éramos un poco bohemios,

y lo que nos interesaba era la poesía,

los versos.

Yo escribía en el colegio.

Escribía novelas.

En vez de estudiar, escribía novelas.

Que bueno, eran novelas...

tengo ahí un montón de cuadernos, ilustradas por mí mismo.

Y hacía versos.

Y eso... en ese ambiente.

Después ya sentamos la cabeza

y llegué a estudiar la carrera,

e iba un poco retrasado.

Hice dos años de Derecho en uno.

Me puse al día.

Y dando un paseo un domingo por la calle Serrano,

que antes se paseaba por esa calle.

Y un amigo mío, un capitán de aviación,

hijo de un piloto de la escuadrilla de García Morato, pues

me presentó a Antonio Villahermoso y me dijo:

"Uno de tu cuerda".

Hicimos amistad, y por él soy de PSOE.

En la época, poca gente joven

se dedicaba a la política.

No había partidos políticos. Aquello era tabú.

Se castigaba con cárcel.

De modo que

la mayor parte de la gente no era socialista

ni era nada. Solo hacían política

los falangistas.

Y de todos los que yo conocía

de los colegios donde estuve,

eran... no eran políticos.

Pero yo siempre tuve amor a la libertad.

He leído... leer

a los...

filósofos

socialistas, y me hice socialista.

Me parecía que tenían razón.

Y por eso me decían... yo iba con amigos de derechas,

o con los que no eran de derechas ni de izquierdas,

y sostenía mis ideas, lo que había leído

en libros que compraba

por el extranjero,

o que los pasaban clandestinamente

algunos que sí tenían ideas.

Y yo exponía mis ideas

y me miraban como un bicho raro.

Este se dedica a la política.

Se aprendieron eso que decía Franco: "Los políticos son los peores".

Me aceptará que en su vida política hay tres hitos capitales.

Su participación en el contubernio de Múnich,

la presidencia de la comisión gestora del PSOE

tras el 28 congreso, y la presidencia del senado.

Múnich fue el principio de la Transición Española.

Porque cuando

se produjo la Transición,

y la gente de la derecha

estaba en la política también, pero contra Franco,

yo no podía considerar amigo mío

a un Satrústegui, a un Miralles.

Yo los consideraba

compañeros en la lucha por la democracia.

Y de esta forma

pues se pudo hacer la Transición, porque no éramos enemigos.

No éramos todos amigos, teníamos ideas diferentes.

Pero había un denominador común:

La lucha por la democracia, el afán de democracia,

el ansia de libertad que se veía por todas partes.

Los que Antaño escogimos la libertad perdiendo la tierra,

y los que escogieron la tierra perdiendo la libertad,

nos hemos reunido

para otear el camino que nos lleve juntos

a la tierra y a la libertad.

Aquí estamos todos

menos los totalitarios de ambos lados.

Yo os aseguro que en la historia de España,

el congreso de Múnich

será un día singular y claro.

La Guerra Civil, que comenzó en España

el 18 de julio de 1936,

y que el régimen ha mantenido artificialmente

con la censura,

el monopolio de la prensa y radio y los desfiles de la victoria,

terminó anteayer,

el 6 de junio de 1962.

Madariaga dijo que con el comunicado final que suscribieron todos,

los 118, se había enterrado la Guerra Civil.

Lo dijo

en el Congreso, en un pleno del Congreso

del movimiento europeo.

Dijo: "Ayer tarde, en el Hotel Regina

de Múnich, ha terminado la Guerra Civil Española".

Eso es lo que le dolía a Franco.

Que no tenía el pretexto del comunismo

feroz y asesino,

porque los comunistas estaban...

estaban...

Primero fue una conferencia no comunista.

Porque en ese momento, en Europa

era el momento de la Guerra Fría,

y era mal visto. Y no se le invitó al congreso de Múnich.

No había comunismo de ninguna clase.

Ni asesino ni democrático.

Y después,

estaba la gente de la derecha.

Gente que había luchado con él,

que había apoyado el movimiento.

Y estaban renegando del movimiento, y de Franco

y de la antidemocracia, que era lo que representaba Franco.

Debía ser estremecedor para usted y todos los que estuvieron saber

que en las manifestaciones... Se me saltaban las lágrimas.

Y aún hoy, cuando recuerdo aquello.

Recuerdo que había...

El discurso de Gil Robles fue muy bonito.

Y todos decían que había terminado la Guerra Civil.

Que de verdad no había Guerra Civil. ¿Por qué?

Porque todos, los de un lado y los de otro, estaban por la democracia.

-Los españoles que estamos aquí

estamos convencidos de que el pueblo español

no se considera incompatible con los ideales democráticos.

Se nos difama en el extranjero. Se nos tacha

de dictadores. Dicen que las cárceles están llenas

de presos. Que los españoles

no son hombres, que son borregos. -¡Mentira!

Y nosotros les demostramos que este régimen que hoy

tenemos no lo hemos conquistado hipócritamente

con una papeleta. Lo hemos conquistado a cuenta de bayoneta,

con la sangre de los mejores.

Mientras ustedes estaban en Múnich, en España convocaban

manifestaciones en las que pedían que fueran a la horca.

Sí. Yo llamé por teléfono a mi casa

para preguntar qué pasaba, cómo estaban las cosas,

porque sabíamos que habían deportado a gente a Fuerteventura,

etcétera, y mi hijo y mi mujer:

"Pues gritan que los de Múnich a la horca".

Eso no me tranquilizó nada. Dije:

"Bueno, ¿qué vamos a hacer?".

Y entré por la frontera con un pasaporte

con nombre falso.

Me lo habían dado, me lo habían modificado

un amigo, Santiago Carrillo.

Y entré por Barcelona, y no tuve ningún percance

hasta que la Policía supo que había vuelto.

Me citaron para interrogarme.

Pero por suerte, había habido tal escándalo europeo

con las detenciones de los de Múnich,

que a mí no me metieron en la cárcel

porque yo creo que así se evitaban otro escándalo.

Uno detrás de otro iba a ser demasiado.

¿La conclusión de Múnich sería que a partir de ahí se desarrolló

un sentimiento de respeto por las opiniones políticas del adversario?

Sí, sí. ¿Sería esa?

La opinión política que predominaba el afán de democracia y de libertad.

Eso unificaba.

Y claro,

unificaba y además evidenciaba que el afán de democracia

y la democracia era el denominador común de todos,

y lo más importante.

Y esa importancia hacía

que estuviera por encima de las ideas.

No éramos enemigos de los que tenían ideas de derechas

que fueron a Múnich. Éramos amigos.

Y no teníamos acritud cuando discutíamos los problemas.

Cuando discutíamos la Constitución. ¿Cómo iba a ser enemigo

de Joaquín Satrústegui, de Villar Arregui,

de todos aquellos que actuaban

en contra del sistema, que luchaban por la democracia?

Éramos amigos. Pero amigos de verdad.

Y entonces, la Transición fue posible

por esa amistad. Porque teníamos respeto a los demás.

Y respeto a las ideas.

Y ahí está la Constitución,

en la que todos hemos hecho, hemos dejado nuestras ideas

en aras de las ideas de los demás,

porque fue un ejemplo de Europa,

y del mundo, la Transición Española.

Un grupo de socialistas en la clandestinidad,

en los años 60, una época dura,

nos habíamos refugiado

en un reservado de un restaurante en Madrid,

porque habían venido

un grupo de políticos socialistas europeos

que querían conocer la realidad de la represión

del régimen de la dictadura de Franco.

Y estábamos ahí reunidos, de noche, cenando en un reservado,

contándole lo que sabíamos de lo que pasaba en España,

de lo que debíamos soportar, y cuando entraba el camarero,

todos hablábamos de la Cibeles: "¿Les gustó? ¿Han ido al Retiro?".

Salía el camarero y volvíamos a hablar,

todos un poco con la cautela y el susto que vivíamos en el momento.

Y de pronto se abre la cena, al final, y aparece

una persona alta,

fuerte, con un traje impecable.

Para entonces podríamos decir vestido de marqués.

Con un traje de chaleco.

Pero no uno cualquiera, un chaleco cruzado.

Y da un grito extraordinario diciendo: "Salam aleikum".

Entonces todos ahí estábamos asustados.

Porque claro, los valores que tenía nosotros entonces...

Yo era un joven provinciano

con un concepto de una cultura obrerista

respecto a la lucha contra la dictadura.

Y Federico Carvajal entró como si fuera una plaza pública:

"Aquí los socialistas". A gritos.

-Yo había leído a Jacinto Benavente.

Y en la obra "Los intereses creados",

Crispín dice:

"Antes perder la piel que un traje. Nada importa más que el parecer".

Antes me desprendiera yo de la piel que de un buen vestido.

Nada importa tanto como parecer, según va el mundo.

Y el vestido es lo que antes parece.

Eso se me quedó grabado.

Dije: "Es verdad". Y procuré ir siempre bien vestido para parecer.

Es lo que importa.

Sí, chocaba.

A mí, unos comunistas del Colegio de Abogados

me llamaban el lujo del PSOE.

Pero me ha ido bien.

Yo iba a la cárcel y me miraban con respeto.

Y yo veía abogados vestidos de progres

y no les hacían caso.

Usted vivió de cerca los desencuentros en el PSOE

entre Rodolfo Llopis y González.

Y después, las discusiones sobre el marxismo

hasta llegar al 28 congreso.

Ahí se presentó un problema. Llopis fue un gran secretario.

Durante muchos años mantuvo el PSOE en la clandestinidad,

y lo mantuvo en el exilio. Pero él

quería volver de presidente del Gobierno.

Y luchaba por ello.

Y nosotros queríamos que la Ejecutiva se trasladara al interior.

Ahí debía estar.

Ese traslado al interior, es decir, en la clandestinidad,

era una apuesta que podía acabar con toda la Ejecutiva

ante el Tribunal de Orden Público.

Huy. Ahí tuve yo muchas actuaciones.

Ahí defendí...

Una de mis defensas estelares fue a Gerardo Iglesias,

el secretario del Partido Comunista más tarde.

Y me dejó asombrado. Era un hombre de un gran espíritu.

Tenía un gran espíritu comunista.

Cuando le condenaron a 5 años, yo fui a la cárcel todo atribulado.

Y él me consolaba a mí en vez de yo a él. Me decía:

"No te preocupes". Y se me quedó grabado. Decía: "Le pegaba usted

cada hachazo al tribunal".

La dimisión de González,

al no aceptarle el 28 congreso el abandono del marxismo, y su rechazo

a presentar candidatura

a la secretaría general aupó a José Federico a una responsabilidad

inesperada: la presidencia de la comisión

que dirigió en 1979 los complicados pasos del PSOE

hasta el congreso extraordinario que recondujo el regreso del líder.

La verdad, estoy muy satisfecho de cómo actuó la comisión gestora.

Creo que logramos introducir la disciplina del partido,

y hacer... prepararlo

para las próximas elecciones, que tuvimos

mayoría absoluta.

¿Y esa disciplina incluía también

a Felipe González?

Porque se rumoreaba que él dirigía la gestora desde la sombra.

Eso es mentira.

No es cierto, perdón.

Eso no es cierto.

Felipe González, yo quiero decir en su honor

que jamás me ha intentado mediatizar

ni como presidente del Senado ni como presidente de la gestora.

Y él ha guardado siempre

un respeto profundo a mi actuación,

y me dijo en una ocasión:

"Lo que tú hagas está bien hecho",

con motivo de los incidentes que tuvimos en Valencia.

Expulsó al alcalde de Valencia

porque...

porque... bueno, no clarificaba las cuentas

de los dineros para las elecciones.

Y yo pensaba que un socialista debe tener

las cuentas claras. Al final, los servicios prestados

al partido, incluyendo la presidencia de la gestora,

le llevaron a la presidencia del Senado.

Efectivamente, fue por eso.

Antes tuve un puesto muy importante en el Senado.

Yo fui en las Cortes Constituyentes

secretario tercero de la Mesa del Senado

y presidente de la Comisión Constitucional.

Y creo que la prensa me trató bien.

Y que quedaron satisfechos

de mi gestión como presidente.

Recuerdo que se inquietaron los partidos cuando usted reunió

a la Comisión Constitucional antes de las fechas previstas

para hacer un seguimiento de los trabajos en marcha.

Lo que pasa es que uno de los miembros de la comisión

me dijo que por qué no nos reuníamos alguna vez.

Y la convoqué, a ver qué querían.

Y pensaron que debíamos seguir los debates en el Congreso.

Y eso provocó un poco de asombro, no sé por qué.

Y decían: "Oye, ¿cómo es lo de seguir los debates en el Congreso?".

Y dije: "Bueno, si eso es un problema,

pues lo dejamos". Y suspendimos

el seguimiento. Después estuvimos

todo un verano discutiendo

la Constitución en el Senado.

Creo que ha sido positivo y que para la historia quedarán

estos debates constitucionales y la intervención de todos,

y que ha sido brillante.

Yo no sé si debo decir que Tarradellas me visitó.

Me dijo que le concedíamos demasiadas cosas a Pujol.

De repente, su vida privada interesaba más que la política.

Era pasto de la prensa amarilla.

Pues sí. Hubo una revista

que publicó

unas declaraciones

de Helena Boyra

en varios medios, diciendo: "Memorias de Helena Boyra".

Y memorias

de mi mujer, que tenía entonces 25 años,

¿qué memorias podía tener con 25 años?

Y era mentira.

Tuve la suerte

de que eso se lo dijeron,

que había hecho una entrevista con una periodista,

y el vicepresidente del Senado,

uno de los vicepresidentes,

iba con ella.

Y me dijo que había dicho: "No hago declaraciones, dejadme en paz".

Y sin embargo, publicaron

un refrito de otras declaraciones de otras veces,

de historias de la prensa, diciendo que eran sus memorias.

Cosa que a mí me asombró.

¿El acoso era insufrible?

Era insufrible. Yo recuerdo que salimos,

un día paramos el coche y nos bajamos,

y tuvimos una conversación con los periodistas.

He de decir que al día siguiente

le mandaron un ramo de flores a Helena Boyra,

lo cual agradecí.

Respondieron con amabilidad al mal humor que teníamos nosotros.

Y preguntamos

por qué nos seguían así.

Hay que hacer un esfuerzo, volver a tener ese espíritu de consenso

y de reconciliación.

Hay que buscar esa fórmula

de que el ideario, aquel ideal de Múnich

sea una realidad.

Como dijo Fernando Álvarez de Miranda, presidente del Congreso

en las Cortes Constituyentes, hace falta recuperar el escrito de Múnich.

Porque verdaderamente, en una situación tan difícil,

que los dos partidos principales estén enfrentados

es flaco favor que se le hace a los españoles.

No es tan difícil dejar a un lado los puntos

más candentes, y el resto, que es mucho,

llegar a un acuerdo.

Con el mismo espíritu

de Múnich y el de la Constitución,

que es creer en tu derecho

y en el de los demás

para llegar al acuerdo y a la concordia.

Además de aquí, ¿las cosas deben cambiar

en Europa? Claro.

¿El europeísmo que defendían tiene algo que ver con el de ahora?

No.

No contábamos con Merkel.

Pero creo que la calle se convencerá. Si no, vamos a la catástrofe.

En medio de este maremágnum aparece el 15-M.

¿Cree que hay que cambiar la forma de hacer política?

Hombre, pues no lo sé.

Es un momento en que los políticos están mal vistos.

Perose olvida que los políticos han hecho y conseguido cosas.

Por ejemplo, la libertad.

La Transición la hicieron los políticos.

Y eso ha sido muy importante. Eso se les debe.

No han actuado tan mal cuando han conseguido

cambiar el sistema y traer la democracia. Todo eso.

Nada le ha cambiado el sentido del humor con el que afrontó la vida.

Ni siquiera el estar ahora en silla de ruedas.

Su mujer, Helena Boyra, 30 años más joven que él,

aseguraba que nunca se arrepintió

de casarse con José Federico de Carvajal.

En el Senado es Federico el Grande,

porque su cuadro de la galería de expresidentes es el mayor de todos.

La Galería - José Federico de Carvajal

16 ago 2019

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